15 de julio de 1897: la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” cumple un año en medio de una grave crisis económica y política en el país

15julio1897
Los colaboradores y editors de “La Ilustración Guatemalteca“.  Imagen tomada de esta publicación cultural.

La revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” refleja fielmente la situación de la libertad de prensa en Guatemala durante el gobierno del general José María Reina Barrios.  Cuando la economía estaba en su apogeo, eran comunes los artículos sobre las inauguraciones de fastuosos edificios, la construcción del Ferrocarril del Norte, poemas de los lectores, reportes fotográficos de Alberto G. Valveavellano, y artículos sobre competencias ciclistas.  Pero cuando empezaron a aparecer los primeros indicios de la crisis económica que asoló al país en 1897, el tono de la revista empezó a cambiar y empezaron a aparecer artículos criticando la situación del país y algunas noticias sobre los cambios que estaba imponiendo el gobierno.

La revista era impresa por los senores Baldomero y Arturo Siguere, y sus principales colaboradores eran los guatemaltecos Rafael Spínola, Joaquín Méndez y Ramón Salazar, además del farmacéutico español Antonio Macías del Real.  Spínola y Salazar eran diputados y fueron ministros de estado, y luego, junto con Macías del Real serían cercanos colaboradores del presidente Manuel Estrada Cabrera.   Por esa razón, se observa que si bien hay crítica al gobierno de Reina Barrios, ésta es impresa en cortos artículos o incluso frases, mientras que los logros del gobierno o los asuntos familiares del presidente son publicados en grandes reportajes.

El mejor ejemplo de esta situación se observa en el fascículo No. 24 del volumen I de la revista, el cual fue publicado el 15 de julio de 1897 y con el que la revista cultural cumplía un año de existencia.  En primer lugar, este fascículo muestra varias fotografías de página completa el fallecimiento de la madre del presidente, Celia Barrios de Reina, acaecido el 5 de julio, y en su resumen quincenal dice lo siguiente:

El día cinco del corriente, a las 8:45 de la noche, falleció, auxiliada con todos los sacramentos, la señora Doña Celia Barrios de Reyna, madre del señor Presidente de la República.  Se celebraron solemnes honras fúnebres en la Catedral Metropolitana, a las cuales acudió un público numeroso y distinguido.

Presidió el duelo el Consejo de Ministros.

Al concluirse la celebración de la misa, el Ilustrísimo Señor Arzobispo hizo la solemne absolución.

Los editores y redactores de La Ilustración Guatemalteca se asocian al dolor general producido por la muerte de la finada, querida por todos, por ser su lema: ‘no hacer mal a nadie, sino siempre caridad y justicia’.

Además, contiene un reporte detallado de varias páginas y fotografías sobre el avance de la construcción del Puerto de Iztapa, el cual iba a sustituir al puerto de San José en la costa sur del país, dadas las limitaciones logísticas de este último, e iba a servir como puerto para el Ferrocarril Interoceánico que el gobierno estaba construyendo.

Pero, en una sola frase en su sección de “Resumen Quincenal” en la última página dice: “La terrible pena de muerte se ha vuelto a poner en vigor.  Es triste tener que adoptar ciertas medidas para moralizar a los pueblos.”

Lo que realmente estaba ocurriendo era que el país estaba entrando en un período difícil, pues la economía estaba cayendo estrepitósamente.  De hecho, el 27 de abril el gobierno había aprobado un exorbitante préstamo a los bancos ingleses por dos millones de libras esterlinas para poder terminar la obras del Ferrocarril del Norte y del Puerto de Iztapa, pero cuando esto no ayudó, el presidente Reina Barrios disolvió a la Asamblea Legislativa y se había erigidio en dictador el 18 de junio para poder así reunir a otra que modificara la constitución a su conveniencia.  Para evitar protestas por sus medidas dictatoriales, el 2 de julio había emitido un decreto, restituyendo la pena de muerte.

Este fue solamente el preludio a las Revoluciones que estallaron cuando el presidente extendió su período presidencial hasta 1902, y que eventualmente le costaron la vida el 8 de febrero de 1898.


BIBLIOGRAFIA:


14 de julio de 1898: para asegurarse la victoria electoral el presidente interino Manuel Estrada Cabrera envía una circular a todos los jefes politicos para que destituyan a todos los alcaldes que no eran de su confianza

 

14julio1898
José Leon Castillo, férreo opositor del régimen de los presidentes José María Reina Barrios y Manuel Estrada Cabrera. Imagen tomada de La Ilustración Guatemalteca.

 

En 1898 la Asamblea Legislativa convocó a la elección de presidente luego de que el 8 de febrero de ese año fuera asesinado el presidente José María Reyna Barrios y el licenciado Manuel Estrada Cabrera fuera nombrado presidente interino. Aparte de Estrada Cabrera, los otros candidatos que se presentaron a la elección fueron:

  • José León Castillo: exdiputado que contaba con cinco clubes castillistas en la capital y setenta en los departamentos, y quien era el líder de la revolución de oriente contra Reina Barrios. Era el candidato más fuerte;
  • Francisco Fuentes: tenía la mayoría de sus partidarios en Quetzaltenango
  • Próspero Morales: exministro de la Guerra del general Reina Barrios y uno de los líderes de la Revolución quetzalteca.

El periódico opositor “La Ley” apoyaba a León Castillo y basaba la candidature de éste en el hecho de que como Estrada Cabrera había sido ministro de Gobernación hasta pocos meses antes de la muerte del general Reina barrios, su gobierno sería muy similar al del fallecido president. Es decir, habría inicialmente leyes muy liberales y desarrollo en la instrucción y en las obras públicas, y al cabo de unos pocos años habría un régimen despótico, que acabaría con la hacienda pública, confiscaría bienes, atacaría la libertad de prensa, llenaría de luto a las familias guatemaltecos y prorrogaría inconstitucionalmente su período presidencial.

Por su parte, los allegados al presidente interino hacían circular un periódico satírico llamado “El Torpedo“, supuestamente editado por Napoleón Rivera Cabezas, el cual era impreso en la Tipografía Síguere y Cía, misma que había impreso La Ilustración Guatemalteca y en donde trabajaron numerosos amigos y colaboradores de Estrada Cabrera. Este periódico, además que criticar duramente a Castillo, hacía burla de su persona y de los periódicos que lo apoyaban.

Previendo un fraude electoral, el 6 de junio de 1898, el periódico castillista exigió que la Asamblea Nacional Legislativa se convocara para el primero de agosto porque ese día en se inicaban las elecciones para evitar que el presidente interion recibiera pliegos de las juntas electorales municipales y pudiera modificarlas.  Por supuesto, esta solicitud fue ignorada y el 27 de junio de 1898 Estrada Cabrera emitió un decreto para que la Asamblea Nacional Legislativa se reuniera el 1.° de septiembre para realizar el escrutinio de votos de las elecciones. La comisión electoral permanente solicitó entonces al presidente interino que revocara ese decreto y que convocando a la Asamblea para los primeros días de agosto y no esperar hasta septiembre, pero el presidente denegó la solicitud porque la comisión permanente no era un cuerpo consultivo y no tenía la atribución de hacer iniciativas de la ley y que no tenía derecho a vetar lo actuado por le ejecutivo.

El 12 de junio de 1898, el periódico “Pro Patria”, que también apoyaba a León Castillo criticó severamente a las tácticas de Estrada Cabrera para las elecciones, afirmando que Estrada Cabrera toleraba la prensa independiente durante la época electoral, pero que cuando los setecientos mil indígenas que estaban aprendiendo a decir “Vas botar Cabrera” hubieran depositado sus votos, el gobierno ya no les permitiría circular.

Pero el presidente interino siempre les salía adelante. El 14 de julio de 1898 Estrada Cabrera envió una circular secreta a todos los jefes políticos y comandantes departamentales ordenándoles despedir inmediatamente a los alcaldes que no eran de la confianza del gobierno y que nombraran personas afines a Estrada Cabrera; de esta forma, solamente sus partidarios intervinieron en las mesas electorales. También se ordenaba que alistaran las boletas de votantes y que las elaboraran registradores cabreristas, dejando un número considerable en blanco, y que pagaran estos servicios con fondos que el presidente había destinado para ello. Finalmente, se les ordenaba que si algún candidato opositor tenía una considerable cantidad de votos, que movilizaran a los adeptos cabreristas y que hicieran votar cuantos fuera necesario.

Ya para el 28 de julio las anomalías contra la candidatura de Castillo eran muy descaradas:

  • la policía amenazaba a los vendedores de la “La Ley” para que no lo siguieran ofreciendo (de hecho, hubo graves acusaciones de que el gobierno estaba sacando criminales peligrosos de las cárceles para trabajar a favor de la candidatura de Estrada Cabrera, vapuleando, amenazanda e incluso asesinando a los partidarios de León Castillo, y que habían conformado la policía secreta).
  • aparecían circulares castillistas apócrifas que hacía la policía secreta,
    los principales miembros de los clubes castillistas que estaban en el interior de la república fueron hechos prisioneros,
  • el registro de ciudadanos no daba boletas a los partidarios de León Castillo.

Al final de cuentas, Estrada Cabrera fue elegido por una abrumadora mayoría de votos y fue proclamado presidente de la República para el período 1899-1905 el 25 de septiembre de 1898. Luego continuaría reeligiéndose hasta que finalmente fue derrocado el 14 de abril de 1920, y de más está decir que todos los pronósticos que hicieron los periódicos castillistas sobre su régimen se cumplieron.


BIBLIOGRAFIA:

  • Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  • El Torpedo (25 de junio de 1898). «Garantías constitucionales». El Torpedo 1 (2) (Guatemala: Síguere y Cía.).
  • Gramajo, J.R. (1927). Las Revoluciones Exteriores contra Estrada Cabrera. Coatepeque, Mazatenango, Guatemala: Tipografía Torres y Hermanos.
  • La Ilustración Guatemalteca (1897). «Dipultados al Congreso: José León Castillo». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía.) I (22).

9 de julio de 1884: el gobierno del general J. Rufino Barrios establece multas para los curas párrocos que bauticen recién nacidos que no hayan sido inscritos en el Registro Civil

9julio1884
Plaza de Quezaltenango en 1875, mostrando la Catedral original antes del terremoto y erupción del volcán Santa María de 1902.  Para entonces, el registro bautimal era la forma preferida para llevar un registro de los recién nacidos. Fotografía de Eadweard Muybridge.

La relación de los gobiernos liberales que gobernaron Guatemala entre 1871 y 1944 y la Iglesia Católica fue muy tirante, aunque mejoró un poco con la llegada al gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera en 1898.  Esta crisis se originó por la enemistad entre los criollos liberales en el poder y los criollos conservadores que eran miembros de las otrora poderosas órdenes regulares de la Iglesia y que fueron expulsados por el gobierno, al igual que los arzobispo Bernardo Piñol y Batres y su sucesor, Ricardo Casanova y Estrada. Además, la constitución promulgada en 1879 específicamente indicaba que se prohibía la existencias de monasterios y congregaciones religiosas, y el que el clero tuviera propiedades.

A pesar de las expulsiones y expropiaciones, el gobierno liberal comprendía que era importante mantener a los curas párrocos, ya que ellos se encargaban de impartir la doctrina entre la población, así que les permitió permanecer en el país aunque les retiró el diezmo obligatorio dejándolos en una posición económica por demás precaria. Pero dado que el registro bautismal era tradicional, se hacía difícil la implementación de leyes laicas, como la del Registro Civil para la inscripción de los nuevos habitantes.

En 1884, era tal la cantidad de padres de familia que no inscribían a sus hijos en el registro y que solamente los bautizaban en la fe católica, que el gobierno del general J. Rufino Barrios se vió obligado a emitir el siguiente decreto que multaba severamene a los párrocos que bautizaran a aquellos niños que no estuvieran registrados:

Palacio de Gobierno: Guatemala, 9 de julio de 1884.

Considerando: que a pesar de las disposiciones vigentes, no todos los padres de familia y demás personas obligadas por laley cumplen con hacer que se inscriban los recien nacidos en el libro respectivo: que tal modo de proceder, no solamente es un óbice para que la estadística de nacimiento sea completa y cual corresponde a su objeto, sino que implica perjuicios que más tarde pueden ser irreparables para las familias, por referirse al estado civil de las personas; y que para evitar esos inconvenientes se está en el deber de dictar medidas eficaciones; el general Presidente acuerda:

  1. Los párrocos no procederán al bautizo de ninguna persona, mientras no se le exhiba constancia de estar previamente asentado el nacimiento en el Registro Civil.
  2. Los párrocos que no cumplieren con la disposición anterior, incurrirán en la multa de diez pesos; por la primer reincidencia y por las sucesivas, la multa será de veinticinco pesos. En caso de insolvencia, el párroco sufrirá un día de prisión por cada peso que no pudiere pagar.
  3. Las multas las aplicarán de un modo económico, en las cabeceras de departamento, los Jefes Políticos, y en los demás municipios, los jueces de paz, los jueces municipales o los alcaldes.  Las multas ingresarán a la Tesorería Municipal correspondiente. 
  4. Contra la providencia de la Autoridad que imponga la multa, no habrá más recurso que el de responsabilidad.
  5. Los encargados del Registro darán aviso a la Autoridad de las infracciones del presente acuerdo, de que tuvieren conocimiento; para lo cual continuarán, como hasta ahora, examinando los libros parroquiales.

El presente acuerdo comenzará a regir quince días después de publicado en el Periódico Oficial.

 

  • J. Rufino Barrios
  • Díaz Mérida

BIBLIOGRAFIA:


18 de junio de 1897: el gobierno del general José Maria Reina Barrios establece el municipio de Quesada en el departamento de Jutiapa

18junio1897.jpg
Localización geográfica del municipio de Quesada en Jutiapa, Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commnons.

El poblado de Quesada surgió en 1740 cuando se creó la hacienda llamada “Santa Catalina Quesada“, propiedad de Domingo López Urruela, originario de Quesada, Jaén, Andalucía en España, quien nombró a su hacienda en honor a su pueblo natal.

Tras la Independencia de Centroamerica en 1821, la constitucion del Estado de Guatemala promulgada el 11 de noviembre de 1825 estableció los circuitos para la administración de justicia en el territorio del Estado basado en los curatos existentes y menciona que “Quezada” (como apareció escrito en dicha constitución) era parte del Circuito Jalpatagua en el Distrito N.º 3 Mita, junto con Jalpatagua, Sacualpa, Tempisque, Conguaco, Asulco, Comapa, Moyuta, Pasaco, Sapuyuca, San Vicente, Coco, Platanar, San Diego, Laguna Grande, Don Melchor, San Isidro, Soyate y Coatepeque.

Durante el gobierno conservador del general Rafael Carrera, la hacienda pasó a manos del renombrado escritor guatemalteco José Milla y Vidaurre, porque se dice que dicho lugar le encantó cuando lo visitó por primera vez entre los años 1849 y 1850, en compañía del general Carrera. Posteriormente, el escritor la valuó en 18,000 pesos sólo por la tierra, incluyendo el casco de la hacienda.

Tras la muerte de Milla y Vidaurre en 1882, el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas ayudó a la formación de la aldea de Quesada cuando accedió a comprar la hacienda para favorecer a los arrendatarios de la misma en 1886, de acuerdo al siguiente decreto:

Palacio del Gobierno:
Guatemala, noviembre 3 de 1886.

Considerando:

que los arrendatarios de la hacienda de Quezada, por carecer de terrenos propios para hacer sus siembras, han solicitado el auxilio del Gobierno á fin de poder adquirir en propiedad la superficie de que dicha finca se compone, exceptuando la parte que se conoce con el nombre de “Potrero Grande”, y que las dueñas del referido inmueble están anuentes á enajenarlo en los términos indicados en la exposición hecha al efecto; por tanto, el Presidente de la República, deseoso de favorecer á los solicitantes y de promover, mediante la división de la propiedad territorial, el incremento de la agricultura en aquella localidad, acuerda:

1.° Se aceptan las condiciones indicadas en el memorial respectivo, teniendo en consecuencia, erogarse por el erario, de la partida asignada para gastos extraordinarios de Fomento, la suma de quince mil pesos, en las fechas que la segunda cláusula de dicho documento expresa;

2.° La Secretaría de Gobernación y Justicia dictará oportunamente las providencias convenientes para que la hacienda de que se trata se distribuya entre los arrendatarios actuales, de una manera equitativa.

Comuniqúese, repóngase esta hoja con papel del sello de cincuenta centavos, y la escribanía del Gobierno extienda las certificaciones que se soliciten.

  • Rubricado por el señor General Presidente.
  • Rodríguez

Posteriormente, el 18 de junio de 1897, en medio de una fuerte crisis económica, la Exposición Centroamericana, y un nuevo intento pacífico de alcanzar la Unión de la región, el gobierno del general José María Reina Barrios elevó a la categoría de municipio del departamento de Jutiapa a Quesada, accediendo a la solicitud de los vecinos de la aldea:

Palacio del Poder Ejecutivo :

Guatemala, 18 de junio de 1897.

Vista la solicitud de los vecinos de la aldea de Quesada, jurisdicción de la villa de Jutiapa, sobre que se erija dicha aldea en distrito municipal, y considerando que posee todas las condiciones que fija el artículo 4 del Decreto número 242; el Presidente de la República, con presencia del informe del Jefe Político del departamento de Jutiapa y del dictamen fiscal, acuerda de conformidad; debiendo considerarse como parte integrante del municipio de Quesada, la aldea de Don Diego y el caserío de Santa Gertrudis.

Comuníquese.

  • Reina Barrios.
  • El Secretario de Estado en el despacho de Gobernacion y Justicia: Manuel Estrada C.

BIBLIOGRAFIA:


26 de junio de 1887: el presidente Manuel Lisandro Barillas rompe el orden institucional y se constituye en dictador luego de una rebelión en Huehuetenango

General Manuel Lisandro Barillas, presidente de Guatemala de 1885 a 1892.  A pesar del autogolpe de 1887, terminó su período constitucional en 1892 y entregó el poder a su sucesor tras convocar a elecciones.  Imagen tomada del libro “Guatemala, Land of Quetzal“.

Uno de los presidentes olvidados de la historia guatemalteca es el general Manuel Lisandro Barillas, quien gobernó a Guatemala entre 1885 y 1892.  Y no es que esté olvidado por ser un mal presidente, ya que comparado con los gobiernos de la llamada “época democrática” que se inició en 1985, el suyo fue un régimen de altos quilates.  Su figura fue relegada al olvidado sencillamente porque fue enemigo personal del licenciado Manual Estrada Cabrera, quien se encargó no solamente de borrarlo de los libros de historia sino de eliminarlo físicamente, ordenando su asesinato en la Ciudad de México en 1907.

Barillas llegó al gobierno por su gran habilidad política luego del fallecimiento del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa el 2 de abril de 1885.  El entonces ministro de la Guerra, el general Juan Martín Barrundia, supo desde un principio que el primer designado a la presidencia, Alejandro Sinibaldi, no tenia carácter para gobernar y empezó a mover sus influencias para hacerse con el poder.  Pero no contaba con que los miembros de la Asamblea se dieron cuenta de sus intenciones y consiguieron convencer a Barillas para que fuera a la Ciudad de Guatemala lo más rápido posible para hacerse cargo de la situación.

Ya en el poder, Barillas le hizo a Barrundia lo que luego haría Estrada Cabrera con él: no solamente lo neutralizó políticamente, sino que organizó una intensa campaña de desprestigio acusándolo de ser el autor de todas las barbaridades y vejámenes que se dieron durante el gobierno del finado general Barrios.  Y luego, cuando Barrundia quiso unirse a una invasion salvadoreña contra Guatemala, hizo que la policía lo matara cuando se resistió a su arresto a bordo de un barco mercante estadounidense.

En 1887, ya siendo presidente constitucional, hubo una sangrienta rebelión que Barillas sofocó a sangre y fuego en Huehuetenango, la que aprovechó como excusa para suspender las garantías constitucionales, muy al estilo de lo que quiso hacer Jorge Serrano en 1993.  Aquel 26 de junio de 1887 suspendió las garantías constitucionales y se instituyó en dictador, acción que fue comunicada a los otros gobiernos de Centroamérica y al de México, indicándoles que la media era transitoria y obedecía a una crisis interna.

Aprovechando la suspension de garantías, Barillas disolvió a la Asamblea Legislativa y convocó a una Asamblea Constituyente, por medio de la cual hizo modificaciones a la constitución de 1879, las cuales estuvieron listas en noviembre de 1887, y por medio de las cuales a pesar de la suspension del regimen institucional en junio, su período seguía siendo constitucional.  También aprovechó para acusar al arzobispo Ricardo Casanova y Estrada de estar publicando documentos de la Curia Romana sin autorización, y así tener una excusa para expulsarlo del país.  (De hecho, Casanova no regresó a Guatemala a hacerse cargo de su di♀cesis sino hasta 1897.)

Por su importancia histórica el decreto se reproduce a continuación, ya que presenta muchas similitudes con autogolpes que se dieron en los años posteriores:

MANUEL LISANDRO BARILLAS, general de division y Presidente de la República de Guatemala

A sus conciudadanos:

El Poder Ejecutivo ha dictado hoy un decreto que la utilidad pública demanda y la necesidad exige.

El 11 de diciembre de 1879 se expidió la Constitución política fundada en los principios del Derecho público y de conformidad con las reformas que el espíritu moderno ha implantado.

Esa ley, llamada en su mayor parte, a vivir muchos años, sirviendo de base al engrandecimiento de la Patria, fue reformada el 20 de octubre de 1885.

Las reformas se hicieron en momentos de agitaciones y de transición, sin que, en todas ellas, precediera la calma que requería una obra de tanta magnitud y trascendencia. 

Los legisladores, guiados por el deseo de limitar en lo absoluto la acción del Poder Ejecutivo, le prescribieron reglas cuya observancia pone en la necesidad de sucumbir.

Las dificultades fueron aumentadas por las Legislaturas del año anterior y de presente, las cuales emitieron considerable número de leyes aun más restrictivas e impracticables. Algunas de ellas arrebatan al Poder Ejecutivo facultades indispensables para el Gobierno, de que no lo habían privado ni aún las reformas de 1885.

No aspiro al poder absoluto, no quiero omnímodas; pero es preciso que tenga la autoridad que exige el cumplimiento de la muy alta mission que el Pueblo me ha confiado. No hay Gobierno sin hacienda, y ésta no puede existir si el Poder Ejecutivo carece de medios para mantenerla y acrecentarla.  El Crédito, elemento económico que todo Gobierno debe sostener aun a costa de los más grandes sacrificios, ha sufrido considerablemente.

Vine al Poder en virtud de la revolución gloriosa de 1871, cuyo programa estoy obligado a defender y no puedo hacerlo bajo el peso de disposiciones que me detienen el paso y me conducen a la más odiosa reacción.

No quiero una dictadura; aspiro a que sea libre el Pueblo que me ha honrado su confianza, y por lo mismo he decretado la convocatoria de una Asamblea Constituyente.  Tampoco aspiro a poner en peligro los triunfos liberales que deben ser nuestra guía, alcanzados por los legisladores de 1879.  Sólo me propongo que la Constituyente que hoy convoco, revea las reformas de 1885.  Este alto cuerpo se reunirá el 1 de octubre del presente año: de manera que el Poder que asumo en virtud del artículo 1 del decreto dictado hoy, es muy transitorio. (Este artículo decía:  El Poder Ejecutivo asume el Poder Supremo de la Nación, quedando en consecuencia suspenso el regimen constitucional).

Guatemala, junio 26 de 1887.

Manuel L. Barillas

BIBLIOGRAFIA:

17 de abril de 1913: concluyen las exequias fúnebres del arzobispo de Guatemala, Ricardo Casanova y Estrada

17abril1913

Fotografía del arzobispo Ricardo Casanova y Estrada tomada por el fotógrafo japonés Juan José de Jesús Yas.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Ricardo Casanova y Estrada fue el décimo primer Arzobispo de Guatemala de 1886 a 1913.   Ante de llegar a la mitra, fue un estudiante aventajado en la Pontificia Universidad de San Carlos en donde fue discípulo del célebre escritor, abogado y diplomático José Milla y Vidaurre.  Entre sus compañeros universitarios estuvieron Ramón Rosa y Marco Aurelio Soto, criollos liberales hondureños que fueron ministros del gobierno de J. Rufino Barrios tras el derrocamiento de Vicente Cerna y Cerna en 1871 y luego fueron colocados por Barrios en el gobierno de Honduras.

Aunque las relaciones entre el presidente Barrios y los representantes de la Iglesia Católica habían mejorado considerablemente hacia el final de su gobierno, tras su repentina muerte en 1885 su sucesor, el general Manuel Lisandro Barillas continuó con la política de distanciamiento contra el clero.​  De hecho, en 1887, suspendió las garantías constitucionales, y amparado en su poder dictatorial, y en el artículo 92 del Código Penal vigente en ese entonces y que castigaba con arresto o multa a todo aquel que sin permiso de la república emitiese decretos de la Curia Romana, expulsó al arzobispo Casanova y Estrada, por estar recopilando disposiciones de la Curia Romana y publicándolas como suyas en edicto impresos fuera de Guatemala.

Casanova continuó su trabajo arzobispal en el exilio a tal punto que en 1893 hizo imprimir en Roma el nuevo “Ritual del arzobispado de Guatemala”, que sustituyó al “Manual de Párrocos” que había estado vigente desde 1886.

En 1897, con motivo de la celebración de la Exposición Centroamericana que organizó el presidente general José María Reina Barrios, Casanova envoi una carta de apoyo al evento, lo que le valió que el presidente guatemalteco le permitiera regresar al país.  Su recibimiento fue multitudinario y a partir de ese momento su trabajo para restablecer su diócesis fue incansable.

Tras el asesinato de Reina Barrios, y para evitar que hubiera problemas con el cuerpo del fallecido general, permitió que éste fuera sepultado en la catacumbas de la Catedral Metropolitana, a pesar de que Reina Barrios era liberal y mason de grado 33.  En ese tiempo, también se tuvo que enfrentar al estilo dictatorial del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, que se iniciaría en 1898.

Durante una visita pastoral en el departamento de Quetzaltenango, el obispo Casanova y Estrada sufrió de un grave ataque cuando estaba en Santa Catarina Ixtahuacán; decidió entonces regresar de inmediato a la Ciudad de Guatemala por el camino de San Felipe, llegando a Cantel el 12 de abril. Allí recibió tratamiento médico, pero a las once de la noche del 13 de abril se concluyó que no había nada que hacer y se le administró la Extremaunción, muriendo a las 2 de la madrugada del 14 de abril de 1913.

Tras varios días, en que sus restos fueron trasladados a la Ciudad de Guatemala y recibieron numerosos homenajes, fue sepultado en la cripta de la Catedral Metropolitana, debajo del altar de la Inmaculada Concepción, como lo había solicitado. Su tumba simplemente dice: “Ricardo Casanova y Estrada, XI arzobispo de Guatemala, 14 de abril de 1913. Rogad por él.”


BIBLIOGRAFIA: