17 de marzo de 1920: Estrada Cabrera libera a los presos políticos

Tras recibir informes de que el gobierno de los Estados Unidos lo apoyaría nuevamente, el licenciado Manuel Estrada Cabrera libera a todos los presos políticos

17marzo1920
Masiva protesta con el licenciado Manuel Estrada Cabrera que se realizó el 11 de marzo de 1920 pasando por la Penitenciaría Central, y que el presidente no pudo reprimir porque ya había perdido el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. En el recuadro: el presidente Estrada Cabrera en los últimos años de su gobierno. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 13 de marzo de 1920, dos días después de la multitudinaria manifestación en su contra, el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien sabía que había perdido el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, se sentó en la mesa de negociaciones con los representantes del Partido Unionista teniendo como mediador al cuerpo diplomático.1

Por iniciativa del embajador inglés las reuniones se llevaron a cabo en la Legación estadounidense, empezando a las 2:30 de la tarde.  Las reuniones eran presididas por el decano del cuerpo diplomático, que en ese momento era el embajador de España.  A partir de ese momento, y sin importar que había dos representantes de la rama obrera del Partido Unionista —siendo uno de ellos el líder obrero Silverio Ortiz—, las discuciones se hicieron en inglés.  Los puntos que se discutieron aquel día fueron:

  1. Que el gobierno se comprometa a que todas las autoridades cumplan la ley a cabalidad.
  2. Que se ordenara la libertad de los reos y detenidos políticos
  3. Que se ordenara la restitución a sus hogares de los reos políticos que estaban confinados en otros puntos.2

Sin embargo, como los delegados de Estrada Cabrera no tenían facultad para autorizar los puntos segundo y tercero por lo que se decidió cerrar la sesión y esperar la respuesta del presidente.2

Pero hubo una nueva reunión el 15 de marzo en la que se discutieron dos nuevos puntos, sin que se llegara a conclusión alguna con respecto a los presos políticos.  Fue aquí que, cansados de no entender las largas discusiones en inglés y de que no hubiera resultado en cuando a la libertad de los presos, los representantes obreros del Partido Unionista decidieron ya no asistir a más reuniones con los representantes de Estrada Cabrera.3

Cuando se abrió la sesión del 16 de marzo, los miembros del Cuerpo diplomático no quiseron realizar la reunión porque «falta la representación obrera que, constituye la veradera representación del pueblo«.  Entonces se acordó que una delegación compuesta por el embajador francés, el embajador inglés y el secretario de la legación estadounidense se reuniera con Estrada Cabrera para indicarle que el pueblo se negaba a negociar con sus delegados en tanto no se comprometiera a liberar a los presos políticos.4

Por otra parte, ese mismo día el presidente guatemalteco había manifestado al jefe de la Legación estadounidense que «veía la situación de Guatemala sumamente seria y que ponía la suerte de su país en manos del gobierno de los Estados Unidos». Al saber esto, el 17 de marzo el Departamento de Estado envió instrucciones al jefe de la Legación, Benton McMillin, para que hiciera saber a Estrada Cabrera que el gobierno de los Estados Unidos declararía públicamente que tenía plena confianza en las promesas del presidente guatemalteco y que veía con horror cualquier intento de derrocarlo, siempre y cuando Estrada Cabrera hiciera una proclama pública reconociendo los derechos garantizados por la Constitución y comprometiéndose a no reprimir al Partido Unionista ni a ningun otro partido opositor.4

Estrada Cabrera no hizo la proclama, pero sí liberó a los presos políticos ese mismo día satisfecho de que habría recuperado el apoyo del gobierno norteamericano.  Los presos unionistas fueron recibidos con ovaciones en la casa del Partido, y algunos hasta fueron llevados en hombros desde una cuadra de distancia.  Además, ese mismo día se unieron al Partido Unionista los empleados de correos, los telegrafistas y los empleados de aduanas, y por la noche, hubo manifestaciones de júbilo en la reunión  de la Liga Obrera, a la que asistieron cuatro mil personas.5

Por supuesto, los Unionistas no estaban al tanto de las negociaciones que tuvo Estrada Cabrera con el jefe de la Legación estadounidense, y creyeron que había sido la comisión de diplomáticos y sus reuniones con los representantes de Estrada Cabrera lo que habían logrado la liberación de los presos políticos.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles! Guatemala: Tipografía Nacional. p. 451.
  2. Ibid., p. 452.
  3. Ibid., p. 454.
  4. Ibid., p. 455.
  5. Ibid., p. 457.

16 de marzo de 1968: secuestro del arzobispo Casariego y Acevedo

16marzo1968
Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala. A la izquierda, el Palacio Arzobispal, de donde fue secuestrado el arzobispo Casariego y Acevedo. En el recuadro: retrato oficial del arzobispo quien fue elevado a cardenal por el Papa en 1969. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y de Parroquia Santa María de Todos los Santos.

El gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro estuvo constantemente extendiendo el estado de alarma o el estado de sitio en toda la República y favoreciendo los intereses de las élites económicas ante los constantes ataques y atentados perpetrados por los grupos rebeldes de izquierda.   De hecho, para principios de 1968 había favorecido el fortalecimiento del ejército mediante lo siguiente:

  1. Permitió el ingreso de los Boinas Verdes (Green Berets) del Ejército de los Estados Unidos para entrenar a los miembros del ejército en la lucha contrainsurgente con tácticas aprendidas en las guerras de Corea y de Vietnam.
  2. Recibió 17 millones de dólares de ayuda militar recibida por el gobierno de los Estados Unidos
  3. Creó el Instituto de Previsión Militar y el Centro de Estudios Militares.1

Si bien todo esto iba contra los principios del presidente, quien era de izquierda, éste había firmado un pacto con los militares para poder tomar posesión en 1966 y no le quedaba más que aceptar las condiciones que se le imponían.2  Es más, a principios de 1968 llegó al colmo de dar refugio en el Palacio Nacional a muchos de sus antiguos correligionrios quienes dormían allí en catres y sofás porque ese era el único lugar en donde estaban a salvo de las «listas de la muerte» que el Ejército había preparado en contra de los activistas izquierdistas.3

La estrategia militar estaba a cargo de tres figuras principales: el coronel Carlos Arana Osrio, comandante de la guerra contrainsurgente en Zacapa y jefe de los grupos paramilitarse que aterrorizaban a la población rural; el coronel Manuel Francisco Sosa Avila, director de la Policía Nacional y coordinador de los grupos paramilitares conocidos como «escuadrones de la muerte«, y el coronel Rafael Arriaga Bosque, Ministro de la Defensa Nacional, quienes urdieron un plan para salir definitivamente del presidente Méndez Montenegro.3

El sábado 16 de marzo de 1968, como ya era costumbre, el presidente emitió un decreto, extendiendo el estado de alarma:4

Decreto número 629:

Julio César Méndez Montenegro, Presidente Constitucional de la República,

Considerando: que los enemigos del orden público y la paz social persisten en la comisión de acciones de violencia contra las personas y sus bienes para intranquilizar a la familia guatemalteca, ya sea mediante actos directos de agresión armada o haciendo estallar artefactos explosivos, además de otros hechos graves de terrorismo;

Considerando: que en consecuencia, no habiendo desaparecido totalmente las causas que dieron origen al establecimiento del Estado de Alarma y a la limitación en el libre ejercicio de las garantías individuales en todo el territorio nacional se hace indispensable dictar las medidas necesarias a fin de que el Gobierno legítimamente constituido pueda hacer uso de las facultas de excepción que la Constitución de la República contempla para los casos en que se pretende quebrantar el orden institucional,

Por tanto, […] en Consejo de Ministros, decreta:

Artículo 1°. — A partir del día dieciséis de marzo del año en curso se prorrogan por treinta días más, en todo el territorio nacional, el Estado de Alarma y la limitación en el libre ejercicio de las garantías individuales. […]

Artículo 6°. —Las personas contra quienes existieran indicios fundados de que actúan para alterar el orden público, podrán ser detenidas sin necesidad de mandamiento judicial o apremio.[…]

Artículo 8°. — Los órganos de publicidad está obligados a evitar las publicaciones que puedan causar confusión o pánico, o agraven la situación.

Artículo 9°. — Las providencias, resoluciones o disposiciones que dictaren las autoridades encargadas de mantener el orden público, tendrán carácter eminentemente ejecutivo y los actos derivados de su aplicación no podrán ser impugnados de amparo, sino hasta que cese la vigencia de este decreto.[…]4,Nota_a

A pesar de la prórroga del estado de alarma, ese mismo día por la tarde el arzobispo metropolitano de Guatemala, Mario Casariego y Acevedo fue secuestrado.  El arzobispo era de origen español y nacionalizado guatemalteco y había sido Arzobispo Coadjutor, Vicario General de la Iglesia Católica guatemalteca, y capellán de la Escuela Politécnica, y gracias a la participación de su predecesor, Mariano Rossell y Arellano, en el derrocamiento del gobierno del teniente coronel Jacobo Árbenz Guzmán, contaba con importantes relaciones con el ejército y las élites económicas guatemaltecas.3

Este secuestro correspondía al plan de Arana, Sosa Ávila y Arriaga Bosque, quienes culparon a las Fuerzas Armadas Rebeldes —único grupo guerrillo que existía en ese entonces— de haberlo perpetrado. Los militares pensaron que aquello provocaría un enorme rechazo hacia los grupos guerrilleros y protestas masivas contra el gobierno, tras lo cual darían un golpe de Estado y restaurarían el orden. Finalmente, ya en el poder, harían negociarían con los supuestos guerrilleros y quedarían como los héroes que salvaron la situación y rescataron al arzobipos.5

Como esperaban, inmediatamente después del secuestro, el Presidente tuvo que declarar el Estado de Sitio el lunes 18, el cual fue aprobado por medio del siguiente decreto del Congreso: 6

Decreto Número 1739

El Congreso de la República de Guatemala,

Considerando: Que el pueblo de Guatemala se ha visto conmovido ante el inaudito secuestro de que ha sido víctima el Ilustrísimo y Reverendísimo Arzobispo Metropolitano de Guatemala, Monseñor Mario Casariego, lo cual constituye un ataque a las instituciones sociales, culturales y espirituales de los guatemaltecos, un desprecio a la máxima autoridad católica del país y una perturbación grave de la paz;Nota_b

Considerando: que no obstante haber emitido el Presidente de la República en Consejo de Ministros, el Decreto 629 que impuso el Estado de Alarma por treinta días en todo el territorio nacional, a partir del 16 de marzo del año en curso, se han producido hechos de honda repercusión en la paz social y el orden público, que atentan contra la seguridad el Estado, por lo que el Presidente de la República en Consejo de Ministros ha impuestos el Estado de Sitio a través del Decreto número 630, por treinta días a partir del 18 de marzo en curso, por tanto:

Con base en el artículo 151 de la Constitución de la República, decreta:

Artículo 1°. — Se ratifica el Decreto número 630 emitido por el Presidente de la República en Consejo de Ministros, estableciendo el Estado de Sitio en toda la República por treinta días a partir del 18 de marzo de 1968, limtando el libre ejercicio de las garantías individuales que cita dicho decreto e imponiendo la vigencia de la Ley de Orden Público.[…]

La vigencia del Decreto número 630 del presidente de la República deberá interpretarse en el sentido de que se conservan incólumes los recursos jurisdiccionales que la constitución concede a los habitantes para la defensa de sus recursos.Nota_c

Artículo 2°. — Se faculta a la Corte Suprema de Justicia, para que durante la vigencia del Decreto del presidente de la República, número 630, pueda delegar la práctica de exhibiciones personales en uno o varios Magistrados de la misma, o de la Corte de Apelaciones, cumpliendo con las formalidades que determina la ley.[…]6

Pero el plan de los militares falló, principalmente porque el arzobispo no estuvo de acuerdo con el auto-secuestro y porque los secuestradores atraparon a Casariego prácticamente en la puerta del Palacio Arzobispal, situado a escasos 100 metros del Palacio Nacional, y que en ese momento tenía una fuerte presencia militar y policial.  Por este último detalle fue que algunos periodistas de «El Imparcial» y de «La Hora» hicieron ver de inmediato que los militares podrían estar involucrados en el hecho.5,Nota_d Y por esto, en vez de que hubiera manifestaciones contra el gobierno, lo que hubo fueron manifestaciones contra el Ejército.  Para el 20 de marzo, ya la embajada de los Estados Unidos estaba al tanto de lo que verdaderamente había ocurrido y reportó lo siguiente al Departamento de Estado: «el secuestro del arzobispo is parte de un complot militar/derechista para derrocar al gobierno.  El secuestro parece haber sido perpetrado por miembros de las fuerzas armadas para promover manifestaciones contra el gobierno.»7

En un incidente que parece sacado de una novela, un cartero vió al arzobispo cuando se lo llevaban sus captores, y los siguió en su carro hasta una casa en Villa Canales.  El cartero llamó a la Policía Nacional para reportar el hecho desde un teléfono público cercano, y se llevó una gran sorpresa cuando vió que a los pocos minutos se llevaban al arzobispo a otro lugar. Todavía tuvo tiempo para llamar a los periódicos a darles la primicia antes de ser arrestado por «esparcir rumores maliciosos en detrimento de la seguridad del Estado«.7

Viéndose descubiertos, los militares complotistas buscaron un chivo expiatorio.  El día en que fue liberado Casariego y Acevedo, la Policía Nacional arrestó a dos miembros del grupo paramilitar Movimiento Anticomunista Nacional Organizado (MANO), llamados Raúl Estuardo Lorezana e Inés Mufio Padilla.  Luego, cuando los llevaban a prestar declaración, el carro en el que iban se detuvo y sus custodios se salieron, solo para un carro que iba pasando los rociara con metralla.7

Nuevamente el plan fue contraproducente.  La indignación estalló ante lo burdo del ataque contra Lorenzana y Mufio y el presidente, envalentonado, pidió la renuncia a los tres conspiradores quienes aceptaron, pero no tuvieron que enfrentar cargos. Arriaga Bosque fue enviado a Miami, Florida como Cónsul General, Avila se fue para España como agregado militar, y Arana salió para Nicaragua como embajador y fue recibido por el presidente Anastasio Somoza como a un héroe.8

Cuando Arana regresó a Guatemala, resultó electo presidente en sustitución de Méndez Montenegro en 1970, con lo que llegó al poder constitucionalmente.


NOTAS:

    • a: por este medio se da carta blanca a las fuerzas del estado para actuar como juzguen más conveniente y esperar hasta que pase el estado de alarma para rendir cuentas, si es que alguien se atreviera a hacerlo para entonces.
    • b: nótese la revenrencia que muestran los miembros del congreso ante el arzobispo metropolitano, la cual contrasta con todos los decretos anticlericales emitidos por los gobiernos de J. Rufino Barrios en la que tachaba a la Iglesia Católica de innecesaria y obsoleta.  Esto se debía a que el fallecido arzobispo Mariano Rossell y Arellano fue uno de los principales aliados del Movimiento de Liberación Nacional para derrocar al gobierno de Arbenz, y así recuperar muchos de los privilegios perdidos en 1871.
    • c: este párrafo daba permiso a las élites económicas de utilizar grupos paramilitares para defender sus bienes.  Esto estaba en consonancia con el decreto 2795 emitido el 29 de abril de 1944 por el gobierno del general Jorge Ubico, en el que le daba autorización a las élites económicas y a la United Fruit Company de matar a todo aquel que intentara robar en sus posesiones, sin temor a tener persecusión legal.9
    • d: el periódico «La Hora» era propiedad del vicepresidente de la República, licenciado Clemente Marroquín Rojas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Donoghue, Michael (1995). Army for Progress: the U.S. Militarization of the Guatemalan Political and Social Crisis 1961-1969. University of Rhode Island. p. 146.
  2. Villagrán Kramer, Francisco (1994). Biografía política de Guatemala: Los pactos políticos de 1944 a 1970 (2a. edición). Guatemala: FLACSO.
  3. Chaulón Vélez, Mauricio José (2009). La Hermandad del Señor Sepultado del templo de Santo Domingo, en la Ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, y sus niveles de relación con grupos de poder político y económico durante el siglo XX. Guatemala: Universidad de San Carlos de Guatemala; Escuela de Historia. p. 146.
  4. Azurdia Alfaro, Roberto (19) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, LXXXVII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 121-122.
  5. Donoghue, Michael, Army for Progress, p. 147.
  6. Azurdia Alfaro, Recopilación de las Leyes, p. 60-61.
  7. Donoghue, Michael, Army for Progress, p. 148.
  8. Ibid., p. 149.
  9. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. LXIII. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 304-305. 

14 de marzo de 1811: termina el período del capitán general González Mollinedo

El capitán general Antonio González Mollinedo y Saravia entrega el mando a José de Bustamante y Guerra.

14marzo1811
Pintura de la Ermita de la Asunción en la época en que González y Mollinedo era Capitán General del Reino de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Brigadier de Infantería de los Reales Ejércitos Antonio González Mollinedo y Saravia fue nombrado capitán general del Reino de Guatemala el 6 de agosto de 1799 tras una larga carrera militar, llegando al puerto de Trujillo el 10 de junio de 1801.1  Finalmente, tomó posesión del cargo de manos de José Domás y Valle el 28 de julio de 1801.2 Era hijo  de Andrés González Saravia y de María Agustina de Mollinedo y de la Cuadra, y nació el 11 de agosto de 1743.1,Nota

Durante su gobierno no tuvo mayores problemas en la región, ya que aunque España estaba pasando la crisis de la invasión de Napoleón y pasó a ser gobernada por la Regencia, aquellos sucesos que alteraron la estabilidad política de la Península, apenas y tuvieron repercusión alguna en Guatemala. Por esto González Mollinedo y Saravia, quien tenía un trato afable y caballeroso, se dedicó a realizar reformas agrarias que impulsaron el cultivo del añil e implantó otros cultivos alternativos. También liberalizó en lo posible el comercio, mejorando las vías de comunicación y combatiendo el contrabando; y reorganizó las fuerzas militares del Reino, mejorando asimismo las fortificaciones.1

Durante su gobierno la autoridad eclesiástica era poderosa.  El clero secular estaba dirigido por un Episcopado compuesto por un arzobispo y dos obispos sufragáneos —uno en León, Nicaragua, y el otro en Comayagua—, y contaba con diecisiete vicarios, entre rectorales y medio-rectorales, y un Cabildo Eclesiástico integrado por un deán, un arcediano, un chantre, un maestre-escuela, un tesorero y dos canónigos penitenciarios y magistrales.  En todo el Reino había curatos y parroquias, santuarios y ermitas.  Y aunque las rentas de los seculares eran reducidas, muchas familias acomodades les hacían importantes donaciones que constituían sus principales ingresos.  Por su parte, las órdenes regulares —principalmente los franciscanos, dominicos y mercedarios— tienen a su cargo grandes haciendas que representaban considerables ingresos para las órdenes y para las arcas reales.3

Quizá lo más importante en cuestión religiosa era que todas las familias acomodadas estaban influenciadas por un sacerdote confesor, lo que hacía que su vida íntima estuviera rigurosamente registrada en los archivos eclesiásticos.  De hecho, aunque había un capítulo de la Inquisición en el Reino, éste realmente no era necesario ya que todas estas familias eran espiadas por su servidumbre y aunpor sus mismos familiares que se encargaban de contarle todo a los clérigos.3

En el tiempo que residió en Guatemala, González Mollinedo y Saravia fue ascendido a mariscal de campo el 31 de enero de 1802 y a teniente general el 11 de abril de 1810.  Finalmente entregó el mando a su sucesor, el jefe de escuadra José Bustamante y Guerra, el 14 de marzo de 1811.1

La regencia lo nombró como Virrey de Nueva España, a las órdenes de Venegas, ocupando la ciudad de Oaxaca. Allí fue atacado por las fuerzas del independentista José María Morelos, y aunque se defendió hasta que cayó la paza, fue hecho prisionero el 25 de noviembre de 1812, y fusilado en los llanos de las Canteras, en Oaxaca, el 2 de diciembre siguiente.1


NOTAS:

    • El historiador guatemalteco Clemente Marroquín Rojas dice que González y Mollinedo era hijo bastardo del rey Carlos IV, pero éste rey nació en 1748 por lo que lo indicado por Marroquín Rojas no es posible.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Real Academia de Historia (s.f.)  Antonio González Mollinedo y Saravia. España: Real Academia de Historia.
  2. Marroquin Rojas, Clemente (1970) [1945]. Historia de Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 8.
  3. Ibid., p. 9

11 de marzo de 1844: el convenio de Guadalupe

Tras sofocar un alzamientos en Pinula, el teniente general Rafael Carrera firma con los líderes de los alzados el convenio de Guadalupe, en la villa del mismo nombre, por medio del cual disuelven la Asamblea Constituyente y obligan a los eclesiásticos a dejar sus puestos en el gobierno de Mariano Rivera Paz.

11marzo1844
La ciudad de Guatemala en 1865, aproximadamente, vista desde el Cerrito del Carmen. Se aprecian los volcanes de Pacaya y de Agua al fondo, y entre los edificios se reconocen el Teatro Carrera, y las iglesias de La Merced, San Francisco, Catedral y Santa Teresa. En los recuadros: el teniente general Rafael Carrera, el arzobispo Francisco de Paula García Peláez, el Marqués de Aycinena y Mariano Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 3 de marzo de 1844 arribó el arzobispo coadjuctor Francisco de Paula García y Peláez al territorio guatematleco, después de haber sido consagrado por el obispo Juan Viterio en El Salvador. Tras el Te Deum que le celebraron en la Catedral de la Ciudad de Guatemala los miembros del clero, se dirigieron a la casa de gobierno, que estaba frente a la Iglesia de Santa Rosa y allí sostuvieron una reunión con el Jefe de Estado Mariano Rivera Paz, Consejo y los miembros de la Asamblea Constituyente, dando por confirmada la creación de un Estado elclesiástico en Guatemala. Pero hubo un gran ausente en aquella reunión: el general Rafael Carrera, quien para entonces era el teniente general de las Fuerzas Armadas, y quien se había salido a pacificar a unos pueblos en el oriente del país.1

Aquello era parte de una estratagema del militar, ya que su mutua desconfianza con los eclesiásticos y con los diputados, no permitía que avanzara la agenda de uno ni de los otros.  Así, mientras Carrera estaba ausente, «convenientemente» se armó una revuelta en Pinula cuando aproximadamente mil campesinos se alzaron, provocando el pánico entre los pobladores de la ciudad, quienes todavía tenían frescos en la memoria las invasiones de Francisco Morazán en 1829 y en 1840, y las invasiones de Carrera en 1839.2

Rivera Paz mandó a llamar inmediatamente a Carrera, quien regresó a la ciudad a marchas forzadas y dijo al llegar: «¡Aquí está Carrera, para quien quiera algo de él» ¿Quiénes son los sublevados? ¿Los de Pinula? Pues duerma soesegada la sociedad de Guatemala, que Rafael Carrera está para velar la tranquilidad del vecindario y para poner en cintura, a revoltosos y ambiciosos…»

Carrera se hizo acompañar de su estado mayor y al frente de sus tropas atacó a los alzados, que ya estaban casi a las puertas de la ciudad y tras una escaramuza en donde hubo algunos muertos, los rebeldes pidieron una tregua y firmaron el convenio de Guadalupe, en el poblado del mismo nombre entonces en las afueras al sur de la ciudad.  Aquel convenio demuestra que Carrera tenía un plan bien trazado para salir de sus rivales eclesiásticos y de los diputados constituyentes, y lo reproducimos a continuación por su relevancia histórica:

El teniente general Rafael Carrera, general en jefe del Ejército del Estado de Guatemala, y los jefes de las dos divisiones de los pueblos aliados que operaban hostilmente sobre la capital, hemos convenido en obsequio de la paz pública y de la sangre centroamericana, en que se atiendan las peticiones racionales de dichos jefes y los intereses del Estado bajo los puntos siguientes:

      1. La autoridad de la Asambles Constituyente debe ser subrogada por un Consejo de gobierno con tanta autoridad como la misma Asamblea.  Este cuerpo constituirá el Estado, será electo popularmente y se compondrá de un individuo por cada departamento. Para ser electo miembro de este Consejo, se tendrán las cualidades siguientes: 1°. Ser hijo del Estado y del departamento, mayor de edad, de conocidad probidad y saber, y que en todas épocas haya demostrado ser verdadero patriota, que ama el bienestar de los pueblos; y 2°. ser propietario para que esta circunstancia lo constituya en conservador de la paz.  Que se ocupe en observar la inversión de los caudales públicos y en representar las necesidades de sus ponderantes para que se promueva su fácil remedio.  De esta reducción de representantes resultará más violencia en los asuntos, menos oposición al bien general; más economía al erario; y lo que es más, la desaparición del aspirantismo.
      2. La constitución que dé el Consejo será sancionada por otro Consejo, compuesto por doble número de representantes, electos en los términos expresados en el artículo anterior; y este Consejo que no tiene más objeto que sancionar, podrá ser carga concejil.
      3. Que el Presidente del Estado se le den bastantes facultados por la Asamblea actual antes de disolverse, sin más condición que cada año deberá dar residencia de administración al Consejo.
      4. Como la administración de justicia está algo desvirtuada, y los pueblos creen que por el interés se les despoya de ella, es indispensable que estos destinos y el de los escribanos sean servidos puramente por sueldos y sin cobrar cosa alguna, y por personas que se renovarán según su buena o mala administración por el mismo Consejo el que también nombrará los letrados de probidad y honor que deben dirigir a las partes litigantes en sus asuntos; pues de esto resultará más prontitud en el despacho, menos parcialidad, más rectitud en la administración de justicia. 
      5. Que se dé un nuevo arreglo a la hacienda pública: que se disminuyan los empleados civiles y aun los militares si fuere forzoso; de esto resultará menos gravámenes a los pueblos, menos apuros para el Gobierno, y una economía para aumentar los fondos públicos, los cuales tarde o temprano servirán al ejército, sin necesidad de dejar a los propietarios, pues éstos deben ser protejidos por las leyes.
      6. Promoverá el Supremo Gobierno y el Consejo la prosperidad efectiva de los pueblos por hacer obras públicas de beneficencia, construcción de puentes y fábricas para las poblaciones industriosas que se hallen limitadas a su tejidos, hilados, etc.
      7. Nombrará el Supremo Gobierno, de acuerdo con el Consejo, un solo juez de tierras y un agrimensor para cada dos departamentos, los cuales serán escogidos entre los más honrados de la profesión, quedando sujetos a la formación de causa y pérdida de honorarios si obran mal en su ejercicio.
      8. Que se sobrecargen los drechos a aquellos efectos extranjeros que se introduzcan y puedan fabricarse en el país.
      9. Que los eclesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia.
      10. Que se conceda el fuero de guerra a las milicias del Estado, que en el día lo gozan únicamente los que están en actual servicio.
      11. El ejército de los pueblos aliados, siempre sumiso al Supremo Gobierno, y a su benemérito caudillo y general en jefe del Ejército, deseoso de dar purebas de que si están con las armas en la mano, no es con miras perversas, sino con la de solicitar la mejora de los habitantes del Estado, desde luego quieren que la reforma se haga con toda libertad, y depondrán las armas tan luego como se reuna la Asamblea, y que el Estado se halle organizado según los artículos precedentes, quedando entonces encargado de la realización y cumplimiento de este convenio el Excmo. señor Teniente General y General en jefe del ejército, debiendo advertir que este nuevo régimen adoptado durará por todo el tiempo en que reuslten beneficios al estado; quedando en libertad los pueblos para variarlo según les convenga.
      12. Y por conducto del gobierno, se dé cuenta a la Asamblea Constituyente del Estado con el presente convenio.

Cuartel general en la Villa de Guadalupe, 11 de marzo de 1844.

        • Rafael Carrera
        • Antonio Solares
        • José Clara Lorenzana
        • Manuel figueroa
        • Pedro Velásquez
        • Manuel Solares
        • Manuel Álvarez3

Tras enterarse de este convenio, el Consejero de Estado, Marqués Juan José de Aycinena, renunció a su cargo con fecha retroactiva al 7 de marzo, aunque la Asamblea no aceptó el tratado, obligando a Carrera a seguir moviendo sus piezas para que terminara haciéndolo.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 397.
  2. Ibid., pp. 398.
  3. Ibid., pp. 399-401.
  4. Ibid., pp. 402.

3 de marzo de 1983: fusilan a 6 condenados por Tribunales de Fuero Especial

Durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont fusilian a seis condenados por los Tribunales de Fuero Especial, tres días antes de la llegada del Papa Juan Pablo II.

3marzo1983
El Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896. En el paredón perimetral fueron fusilados los seis condenados a la pena de muerte por los Tribunales de Fuero Especial. En el recuadro: el Gral. Efraín Ríos Mont, al centro, con su Ministro de la Defensa, general Oscar Humberto Mejía Vítores, a su derecha. El Ministro de la Defensa dirigía los Tribunales de Fuero Especial. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y de Associated Press.

Durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont se establecieron los llamados «Tribunales de Fuero Especial«, los cuales juzgaban sumariamente a los implicados en actividades guerrilleras.  Los tribunales estaban ubicados en el Palacio Nacional —aunque esto no era del dominio público en esa época— y juzgaron más de setenta casos, los cuales resultaron veinte condenas.1

El 17 de septiembre de 1982 fueron fusilados cuatro guerrilleros, siendo aquella la primera ejecución oficial en siete años, aunque el país estaba en medio de una cruenta guerra civil que había dejado ya miles de muertos y que obligaba al gobierno a extender el estado de sitio cada 30 días. 1,2  A estos fusilamientos le siguieron otros dos, el 3 y el 22 de marzo de 1983.  Pero de todos estos, el que ocurrió el 3 de marzo de 1983 fue el que más repercusión mundial tuvo porque ocurrió apenas cuatro días antes de que llegara el Papa Juan Pablo II en su visita oficial a Guatemala.1

Los seis condenados — Walter Vinicio Marroquín González, Sergio Roberto Marroquín González, Héctor Haroldo Morales López, Marco Antonio González (de nacionalidad hondurena), Carlos Subuyug Cuc, y Pedro Raxon Tepet2 — fueron fusilados a las cinco de la manana frente al paredón del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala y los bomberos se encargaron de darles sepultura.  Subuyg Cuc y Raxon Tepet fueron ejecutados por terrorismo, mientras que el resto por secuestro.2  El hondureno González se había entrevistado con representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y les contó que había entrado a Guatemala por un puesto fronterizo en Agua Caliente solamente para ser capturado por el ejército guatemalteco y llevado a la prisión del Cuarto Cuerpo de la Policía Nacional, en donde lo mantuvieron incomunicado y lo hicieron confesar por medio del método de «capucha llanta«.  González le dijo a los representantes de CIDH que esa tortura consistía en colocar una capucha de goma del reo, la cual le cubría toda la cabeza hasta el cuello, y a la que se introducía alcohol mientras el reo está atado de pies y manos, llevándolo casi hasta la asfixia.  La CIDH verificó que los sindicados a los tribunales de Fuero Especial habían confesado luego de sufrir esta tortura.3

Los obispos de Guatemala habían enviado un telegrama al gobierno de Ríos Mont pidiendo clemencia para los condenados, en atención a la llegada del Papa, pero no fueron atendidos.  Es más, el nuncio apostólico en Guatemala, Oriano Quilici, había informado que el Papa había intercedido por los condenados y había solicitado al gobierno dar muestras de clemencia, pero la solicitud fue rechazada por la Corte Suprema de Justica.  Ya cuatro de los que murieron el 3 de marzo se habían salvado el 1 de febrero porque cuando ya estaban en el Cementerio General, veinte minutos antes de ser fusilados llegó la orden de suspender la ejecución.1

Debido a que Ríos Mont pertenecía a la Iglesia Evangélica «El Verbo» se conjeturó que no habría querido otorgar la clemencia por su oposición a la Iglesia Católica, algo que habría quedado corroborado por el desplante que le hizo a Juan Pablo II cuando éste llegó a Guatemala, al negarse a besarle el «Anillo del Pescador«.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Agencias (3 de marzo de 1983). Gran tristeza en la Iglesia de Guatemala por la ejecución de seis personas en vísperas de la visita de Juan Pablo II. España: El País.
  2. Comisión Interamericana de Derechos Humanos (3 de octubre de 1984). Resolución Nº. 15/84 Casos 8094, 9038 y 9080, Guatemala.  Organización de Estados Americanos.
  3. — (1984). Reporte del País: Guatemala.  Organización de Estados Americanos.

2 de marzo de 1900: declaran Benemérito de la Patria a Estrada Cabrera

La Asamblea Nacional Legislativa declara por unanimidad al licenciado Manuel Estrada Cabrera como Benemérito de la Patria

2marzo1900
El licenciado Manuel Estrada Cabrera, presidente de la República y comandante general del Ejército, rodeado de todos los generales y oficiales en 1915. Imagen tomada del «Libro Azul de Guatemala«.

De acuerdo al escritor Rafael Arévalo Martínez en su obra «¡Ecce Pericles!«, durante el primer año del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, éste implementó un sistema de espionaje activo y para el 15 de marzo de 1899 sus amigos y aduladores estaban en los principales puestos del gobierno y la mayoría de los diputados le era fiel.1  Entre aquellos amigos estaban los escritores Rafael Spínola, Ramón Salazar, Joaquín Méndez y Antonio Macías del Real —quienes habían estado a cargo de «La Ilustración Guatemalteca» durante el gobierno del fallecido general José María Reina Barrios2— quienes fueron ministros de estado o muy cercanos colaboradores de Estrada Cabrera3.  Otras figuras que empezaron a trascender fueron los escritores Enrique Gómez Carrillo4 y Máximo Soto Hall,5 quienes lo habían adulado desde «La Idea Liberal» durante las elecciones presidenciales de 1898, y quienes salieron a Europa con puestos diplomáticos. Y en la Asamblea Legislativa ya era presidente el licenciado Arturo Ubico Urruela —padre del general Jorge Ubico—, quien se mantendría en ese puesto durante todo el gobierno de Estrada Cabrera, que terminó hasta en 1920.6

Así pues, no es de extrañar que la Asamblea Legislativa emitiera por unanimidad de votos el Decreto 449 el 2 de marzo de 1900, en el cual declara Benemérito de la Patria al presidente guatemalteco, tan sólo un día después de haber iniciado sus sesiones ordinarias de 1900: 

Decreto Número 449

La Asamblea Nacional Legislativa de la República de Guatemala,

Considerando: que el ciudadano Licenciado Manuel Estrada Cabrera, ha prestado a la Nación relevantes servicios en momentos en que han etsado seriamente amenazados el orden constitucional, la tranquiliad pública y las instituciones liberales;

Que, con su entereza de carácter y valor cívico, puestos a prueba en más de una ocasión, ha demostrado que ha sabido corresponder dignamente a la confianza que los pueblos depositaron en él, al conferirle el elevado cargo de Presidente Constitucional de la República;

Que es un deber del Cuerpo Legislativo, acordar distinciones y honores públicos a los ciudadanos que han prestado eminentes servicios a la Patria, por tanto, decreta:

Artículo Unico. Declárase Benemérito de la Patria, al Licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Pase al Ejecutivo para su publicación.  

Dado en el Palacio del Poder Legislativo, en Guatemala a los dos días del mes de marzo de mil novecientos.

        • Arturo Ubico, Presidente
        • Rafael Spínola, Secretario
        • José A. Beteta, Secretario
        • Como caso excepcional, siguen todas las firmas de los diputados presentes en la sesión.3

Este sería solamente una de las primeras de muchas muestras de servilismo que se dieron durante el largo gobierno del licenciado Estrada Cabrera.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 51.
  2. La Ilustración Guatemalteca (15 de julio de 1897). «Nuestro propósitos»La Ilustración Guatemaleca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) I (24). p. 346.
  3. Estrada Paniagua, Felipe (1908) Recopilacion de las Leyes de la República de Guatemala, 1900-1901. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. pp. 253-254.
  4. Mendoza, Juan Manuel (1946). Enrique Gómez Carrillo; estudio crítico-biográfico: su vida, su obra y su época (2a. edición). Guatemala: Tipografía Nacional.
  5. Soto Hall, Máximo (1915). El Libro Azul de Guatemala. Bascom Jones, J. y Scoullar, William T., eds. Guatemala. pp. 166-167.
  6. Ibid. pp. 118.

28 de febrero de 1909: fallece Francisco Vela

Fallece de malaria el teniente coronel e ingeniero, Francisco Vela, autor del Mapa en Relieve de Guatemala.

28febrero1909
Esquipulas a finales del siglo XIX. En el recuadro: retrato del teniente coronel e ingeniero Francisco Vela. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El teniente coronel e ingeniero Francisco Vela, originario de Quetzaltenango, fue uno de los más importantes ingenieros de finales del siglo XIX en Guatemala. Se graduó a los 19 años de edad en la Escuela Politénica el 23 de enero de 1882 y desde entonces se destacó por el dominio de las Matemáticas, por sus estudios del sistema métrico decimal y por sus trabajos en geografía guatemalteca.1

El ingeniero Vela es más conocido por la construcción del Mapa en Relieve de Guatemala durante el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, aunque ese es solamente uno de sus logros. Vela fue el autor de libros en los temas de matemáticas, topografía, geografía, y pedagogía y además fue editor de la Revista «La Propaganda Científica«.2

Vela desempenó importantes puestos en la administración pública, y tras la construcción del Mapa en Relieve, Vela publicó la obra «Datos de la República de Guatemala «en 1908, y fue nombrado como Segundo Jefe de la la Comisión de Límites con Honduras.3  Ese mismo año, junto con los ingenieros Claudio Urrutia, Carlos Bendfeldt y Emilio Gómez Flores fueron contratados por el gobierno y la municipalidad de la Ciudad de Guatemala para levantar los planos de la misma, por medio del siguiente contrato:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 11 de abril de 1908.

El Presidente Constitucional de la República, acuerda: 

Aprobar el contrato celebrado entre la Municipalidad y los Ingenieros Francisco Vela, Claudio Urrutia, Emilio Gómez Flores y Carlos Bendfeldt, para levantar dos planos de esta Capital y sus contornos, debiéndose cubrir el valor de esos trabajos, que asciende a $40,000, la mitad por la Tesorería Nacional y la otra mitad por los fondos de propios. Comuniqúese.

        • Estrada Cabrera.
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación y Justicia, J. M. Reina Andrade.4

Desafortunadamente, mientras el ingeniero Vela cumplía con su trabajo en la Comisión de Límites, contrajo malaria por lo inhóspito de la región y falleció en Esquipulas, Chiquimula el 28 de febrero de 1909.Por su brillante trayectora, el gobierno de Estrada Cabrera cubrió los gastos del sepelio del ingeniero Vela, de acuerdo al siguiente decreto:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 2 de marzo de 1909.

Habiendo fallecido el Ingeniero don Francisco Vela, distinguido ciudadano que en distintos ramos de la Administración Pública prestó a la Nación sus importantes servicios, y que, actualmente, ocupaba el puesto de Segundo Jefe de la Comisión de Límites con Honduras,

El Presidente Constitucional de la República, acuerda:

Que la Tesorería Nacional, por cuenta del Estado, pague el importe de los gastos de inhumación del cadáver del señor Ingeniero Vela. Comuniqúese.

        • Estrada Cabrera
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda y Crédito Público, encargado del de Relaciones Exteriores, G. Aguirre.5

BIBLIOGRAFIA:

  1. González, Miguel Rómulo (1 de septiembre de 1899). «Escuela Politécnica»Revista Militar: órgano de los intereses del Ejército (Guatemala) I (19).
  2. Francisco Vela Arango»Museo Militar de Guatemala. Guatemala. Archivado desde el original el 23 de noviembre de 2012.
  3. Museo Metropolitano del Mapa en Relieve. Hipódromo del Norte, zona 2. Ciudad de Guatemala.
  4. Estrada Paniagua, Felipe (1910). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1908-1909. XXVII. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. pp. 26-27.
  5. Ibid, p. 331.

23 de febrero de 1968: develan busto en honor a Miguel Angel Asturias

El gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro devela un busto del escritor Miguel Angel Asutrias realizado por el esculto Roberto González Goyri en la Biblioteca Nacional, en homenaje por haber ganado el Premio Nobel de Literatura de 1967.

23febrero1967
Edificio de la Biblioteca Nacional de la Ciudad de Guatemala, en donde el presidente Julio César Méndez Montenegro develó el busto de Miguel Angel Asturias. En el recuadro: el busto del escritor, obra de Roberto González Goyri. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 23 de febrero de 1968 se develó un busto del poeta y novelista Miguel Ángel Asturias, ganador del Premio Nobel de Literatura de 1967, en la Biblioteca Nacional en la Ciudad de Guatemala. La obra es del escultor Roberto González Goyri y el acto se realizó en el salón contiguo a la Sala «Fuentes y Guzmán«, en el segundo piso de la Biblioteca, en presencia del Presidente de la República, licenciado Julio César Méndez Montenegro, de todos los miembros del gabinete y secretarios de la presidencia y del embajador de Suecia, doctor B. Ame Böjrnberg.1 En ese momento, gracias a haber ganado el prestigioso galardón, Asturias era embajador de Guatemala en Francia.

Al igual que otros escritores contemporáneos, Asturas había luchado contra el gobierno liberal del licenciado Manuel Estrada Cabrera en 1920, cuando formaba parte de «la generación del 20«, pero luego fue adulador del gobierno del general Jorge Ubico.  En el caso de Asturias, éste transmitía noticias desde su popular programa de radio «Tribuna del Aire«, al que algunas veces llegaba en estado de ebriedad.2, Nota_a

Tras la caída del gobierno de Ubico, Asturias colaboró con los gobiernos revolucionarios, pero salió al exilio después del derrocamiento del gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán. De hecho, el gobierno golpista de Carlos Castillo Armas le retiró la nacionalidad guatemalteca, y Asturias tuvo que viajar con un pasaporte de «no-argentino» otorgado por esa país durante esa época.3

En el exilio escribió la «Trilogía Bananera«Nota_b, en la que atacaba la influencia de la United Fruit Company en el país y acusaba a los gobiernos liberales desde Manuel Estrada Cabrera hasta el Jorge Ubico de haber entregado a la companía estadounidense los mejores recursos del país, además de permitir que ésta realizara prácticas laborales injustas con sus trabajadores; es más, incluso describe a Ubico como «la Bestia del Guacamolón» al servicio de la frutera y en alusión al Palacio Nacional que es de color verde.4 Por esa trilogía, el escritor guatemalteco recibió en 1965 el Premio Lenín de la Paz, otorgado por la Unión Soviética por haber contribuido a la causa de la paz entre los pueblos. Aquel era el máximo galardón otorgado por aquel país y le fue otorgado a Asturias porque en sus novelas denunciaba los abusos del imperialismo estadounidense.5

En Guatemala, los periódicos tenían prohibido hablar del escritor, quien escribió también la obra «Homdres de Maíz» en el exilio en 1949, en la que critica el sistema social racista guatemalteco utilizando un lenguaje vernáculo con el modo de pensar de los pueblos indígenas, por lo que sus contemporáneos -para los que fue muy difícil leer el libro dada la complejidad del lenguaje usado- lo tacharon despectivamente de «indio«.6 No obstante el olvido en su país natal, Asturias recibió el premio Nóbel de Literatura en 1967, por «su espléndido logro literario, profundamente enraizado en los aspectos nacionales y las tradiciones de los pueblos indígenas en América Latina«.7

A partir de ese momento, se inició el reconocimiento hacia el escritor en el país, siendo la develación de su busto uno de los primeros homenajes recibidos. Ahora bien, la razón para otorgarle el Nóbel fue modificada, diciendo que había sido por su novela «El Señor Presidente«, en la que critica duramente al gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, y no por la descripción de los problemas sociales de las naciones indígenas del país.


NOTAS:

  • a: De hecho, Asturias era alcoólico y no era raro encontrarlo tirado en alguna de las calles de la ciudad después de una noche de fiesta.
  • b: Compuesta por las tres novelas «Viento Fuerte«, «El Papa Verde«, y «Los Ojos de los Enterrados«

BIBLIOGRAFIA

  1. Vela, David (23 de febrero de 1968). Presidente descubrió busto de Miguel Ángel Asturias. Guatemala: El Imparcial. p. 1-4.
  2. Cardoza y Aragón, Luis (1991). Miguel Angel Asturias: Premio Lenin de la Paz 1965, Premio Nobel de Literatura 1967. Casi Novela. México: Ediciones Era. p. 92.
  3. Elías, José (2016) Guatemala honra al fin a su Nobel. Espana: El País.
  4. Cardoza y Aragón, Miguel Angel Asturias: Premio Lenin de la Paz, pp. 91, 147.
  5. Ibid., p. 138
  6. Ibid., pp. 104-105
  7. Nobel Prize Organization (2021). The Nobel Prize in Literature 1967. Nobel Prize Outreach.

21 de febrero de 1822: se disuelve la Junta Provisional Consultiva

Tras la Anexión al Primer Imperio Mexicano el 5 de enero de 1822, se disuelve la Junta Provisional Consultiva establecida por el acta del 15 de septiembre de 1821.

21febrero1822
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. aquí se firmó el acta de Independencia y la Anexión a México. En el recuadro: retrato que se cree que corresponde al brigadier Gabino Gaínza. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras haber aceptado la Anexión a México el 5 de enero de 1822, se disolvió la Junta Consultiva establecida en el acta del 15 de septiembre de 1821,1 de acuerdo al artículo 8.° de la misma:

8.° — Que el señor Jefe Político, brigadier don Gavino Gainza, continúe con el gobierno superior político y militar que este tenga el carácter que parece propio de las circunstancias, se forme una junta provisional consultiva, compuesta de los señores individuos de esta diputación provincial y de los señores don Miguel Lárreynaga, ministro de esta audiencia; don José del Valle, auditor de Guerra; marqués de Aycinena; doctor don José Valdez, tesorero de esta santa iglesia; doctor don Ángel Maria Candina; y licenciado don Antonio Robles, alcalde tercero constitucional: el primero por la provincia de León, el segundo por la de Comayagua, el tercero por Quezaltenango, el cuarto por Solóla y Chimaltenango, el quinto por Sonsonate, y el sexto por Ciudad Real de Chiapa.2

En la junta consultiva estaba, en primer lugar, el brigadier Gabino Gaínza, que había traicionado a España al pactar con los criollos aristócratas la independencia de la región, seguido por el Marqués de Aycinena, quien era el líder de dichos criollos aristócratas.  También estaba José Cecilio del Valle, quien publicaba «El Amigo de la Patria«, periódico de los aristócratas y quien redactara el Acta de Indepndencia, y el tesorero de la arquidiócesis.  En otras palabras, los principales miembros de la Junta eran todos antiguos funcionarios o influyentes personajes del gobierno colonial. Ahora bien, el problema con esto, es que el resto de criollos del antiguo Reino de Guatemala no veía con buenos ojos a los criollos aristócratas de la capital, ya que sabían que éstos tenían los mejores puestos en las administraciones civiles y religiosas —que eran entonces un gran privilegio en términos económicos—, y además consideraban que los aristócratas no les daban un trato justo con respecto al comercio del producto de sus haciendas.3

Tras la caída del Primer Imperio Mexicano en marzo de 1823, las provincias quedaron en la ruina debido a la nefastas medidas económicas del emperador Agustín de Iturbide.  Sabiendo los problemas que se avecinaban, el general Vicente Filísola —quien había quedado como gobernador de Centroamérica en lugar de Gaínza— convocó lo más pronto que pudo a una Asamblea Constituyente, a la que le entregó el poder el 1 de julio de 1823, y luego se regresó a México con sus tropas.4

La Asamblea Constituyente declaró la independencia absoluta de la región el mismo 1 de julio y nombró a la región provisionalmente Provincias Unidas del Centro de América en un acta en la que el artículo 1.° específicamente dice que la región no es propiedad de ninguna familia en particular, en alusión directa a los criollos aristócratas guatemaltecos:

Que las provincias de que se componía el Reino de Guatemala, son libres e independientes de la antigua España, de México y de cualquiera otra potencia, así del antiguo como del nuevo mundo; y que no son, ni deben ser el patrimonio de persona ni familia alguna.5

Dado que la Junta Consultiva el 21 de febrero de 1822 había aprobado la anexión a México, los criollos rurales se aglutinaron en la causa liberal y acusaron a los aristócratas de haberla promovido y les recriminaron el desastroso estado en que quedó la región luego de la caída de Iturbide.  Por eso, muchos de los decretos emitidos por las Asambleas de Centroamérica y del Estado de Guatemala iban dirigidos a restar los privilegios a los aristócratas y a los eclesiásticos,6 hasta que llegó el momento en que los aristócratas no soportaron más y dieron el golpe de estado contra Juan Barrundia en septiembre de 1826,7 iniciando la Guerra Civil Centroamericana que, en el caso de Guatemala, se extendión hasta 1851 y retrasó el desarrollo del país considerablemente.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 5.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaRXVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: http://orcid.org/0000-0002-5998-9541 
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides; capítulos de la historia de la América Central. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 178-180.
  5. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869, p. 26.
  6. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  7. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.

18 de febrero de 1869: mariscal Serapio Cruz «Tata Lapo» se rebela nuevamente

El mariscal Serapio Cruz invade Huehuetenango rebelándose una vez más contra el gobierno del mariscal Vicente Cerna y Cerna.

18febrero1869
Región montañosa en el municipio de Nentón, en el departamento de Huehuetenango. Este poblado fue el primero que tomaron los hombres del mariscal Cruz en 1869. En el recuadro: el Mariscal Cruz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y Aprende Guatemala.

El mariscal Serapio Cruz, más conocido por los guatemaltecos como «Tatalapo«, fue un militar que siempre estuvo intentando hacerse con el poder bajo la bandera liberal.  Durante el breve exilio del general Rafael Carrera en 1848-49, Cruz y su hermano Vicente se levantaron en armas e intentaron hacerse con el control del país y lucharon por la independencia de Los Altos.1  Pero durante el período de anarquía que se vivió durante la ausencia de Carrera el general Vicente Cruz fue asesinado y cuando Carrera regresó a hacerse cargo de la situación, Cruz comprendió que era mejor aliarse con él y así lo hizo.2

Durante la presiencia vitalicia de Carrera el mariscal Cruz fue incondicional del presidente e incluso se hizo su compadre, ya que la hermana de Cruz era una de las amantes de Carrera y tuvo varios hijos con él.2  Pero tras la muerte del caudillo el 14 de abril de 1865, Cruz pensó que se le abría nuevamente la oportunidad para hacerse con el poder.3

Su primer levantamiento contra el gobierno del mariscal Vicente Cerna fue en marzo de 1867, siendo derrotado por su compradre y compañero, el mariscal Antonino Solares, quien le perdonó la vida y le permitió que se retirara a El Salvador, no sin antes firmar un compromiso en Sanguayabá, por el que se comprometía a no retornar a Guatemala sin permiso del gobierno.4

Inicialmente, Cruz estuvo en El Salvador y Honduras y luego se trasladó a Comitán, desde donde empezó a planear una nueva revolución, aunque tenía el problema de que se le veía como a un guerrillero sin talento que intentaba imitiar a Carrera sin éxito.  Cerna, por su parte, vivía tranquilamente pensando que todos sus aduladores eran sinceros y no se preocupaba de movimientos rebeldes.4

Finalmente, el 18 de febrero de 1869, Cruz y sus hombres entraron a caballo a Guatemala después de la feria de Chiantla, y se apropiaron del poblado de Nentón, aprovechando que el jefe de la guardia, el capitá Máximo Ruiz, huyó del lugar junto con sus soldados al enterarse de la acometida de los rebeldes.   Cruz confiscó todo lo que pudo, reclutó algunos hombres más y partió con dirección a Quiché, pero a medio camino se enteró de que lo estaban persiguiendo los hombres de los corregidores de Huehuetenango y de Totonicapán, por lo que prefirió internarse en las selvas al norte de los Cuchumatanes.5

En Guatemala, el gobierno suspendió las garantías constitucionales y puso precio a la cabeza del mariscal Cruz, mientras éste utilizaba sus habilidades de guerrillero para hacer de las suyas en Huehuetenango y Quiché.  En todos los poblados en donde aparecía trató de hacer lo mismo que hizo Carrera en 1849, es decir, intentó acercarse a los indígenas y conseguir adeptos entre ellos.  Pero Cruz no tenía el mismo carisma que el caudillo y no consiguió mucho.5

Finalmente, luego de tres meses de estarlo persiguiendo, las fuerzas gubernamentales lograron expulsarlo hacia México.  Pero Cruz se reforzó en ese país y siguió entrando a territorio guatemalteco, llegando hasta Baja Verapaz, acción en la que contó con la ayuda de un nuevo revolucionario: J. Rufino Barrios.6  Pero su levantamiento nunca se consolidó, quedando solamente como acciones asiladas de bandidos, hasta que finalmente encontró la muerte en enero de 1870 en Palencia, a manos de un soldado y de un sargento que estaban a las órdenes de su compadre, el mariscal Solares.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 147-150.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las efemérides: capítulos de la historia de la América Central”. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 284.
  5. Ibid., p. 285.
  6. Ibid., p. 287.
  7. La Ilustración Española y Americana (1870). «Revolución de Guatemala. Muerte del mariscal don Serapio Cruz»Fundación Joaquín Díaz 14 (12).