26 de marzo de 1919: en medio de la ruina provocada por los terremotos de 1917-18 se anuncia la apertura del primer cine popular en la Ciudad de Guatemala

26marzo1919
El Teatro Colón en ruinas rodeado de asentamientos improvisados que se construyeron en sus jardines tras los terremotos de 1917-18.  En el recuadro: el presidente de Guatemala en esa época, licenciado Manuel Estrada Cabrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Narramos la siguiente anécdota que refleja la vida de los residentes de la Ciudad de Guatemala en las postrimerías del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Amelia Solares v. de Sánchez fue una mujer emprendedora que de ser una de las jovencitas de la sociedad guatemalteca se convirtió en una dama criolla acostumbrada a que se cumpliera cuanto solicitaba.  Y lo que solicitaba ahora era la autorización a construir un cine popular en noviembre de 1918, en medio de las ruinas de los recientes terremotos de 1917-18 y de la inmensa e ineficiencia burocracia del gobierno de don Manuel.

La Sra. v. de Sánchez tuvo la idea de construir un cine popular porque en aquellos días los precios para entrar a las salas de cine eran muy altos, lo que hacía imposible para los obreros de la ciudad ir a ver las últimas películas.  Su plan era construir un edificio de bajareque asísmico en la 14 calle oriente y 12 avenida sur de la Ciudad de Guatemala, el cual tendría “las mayores comodidas para el público” y el “valor de las entradas sería un 25% menor que las que cobraban los salones actualmente abierto, aunque después mejoren las condiciones“.  En esa época las películas eran extranjeras, pero habían algunos cortos guatemaltecos que proyectaban, especialmente de los ostentosos desfiles de las Fiestas Minervalias.

Y con esa idea, le hizo llegar al gobernante una petición, a la que este le respondió:

“A: Amelia S. de Sánchez
12 Ave. sur 43
Telégrafos nacionales. República de Guatemala.
C.K.S. D.H. De La Palma 10 de Nov. de 1918
Recibido en Gmla. a las 9. h. 30 m. Receptor J. C.
Corresponde la resolución del asunto de usted al Ministerio de Fomento y a la Municipalidad, a quienes puede ocurrir, que sin duda será atendida.  Correspondo con igual sentimiento al cortés saludo de usted.

Estrada C.”

Con la respuesta del presidente, la Sra. v. de Sánchez envió su solicitud al ministro de fomento, Luis Mendizábal.  Aquella solicitud  para la construcción del recinto refleja los miedos, el servilismo y la situación que se vivía en Guatemala en esa época.  He aquí un fragmento:

La solicitud no es tal que pueda causar el menor perjuicio a la clase proletaria.  La sencillez, la decencia y la economía, serán con la moralidad, sus fundamentos, proporcionado mayores comodidades y ventajas y mejor clase de diversiones que la de los salones actuales.  Las funciones serán con las formalidades comunes a espectáculos de igual naturaleza y en los días martes, jueves, sábados, domingos y días festivos que convengan así a la empresa, con previo conocimiento de la respectiva autoridad. Mi solicitud y propósito son los más favorables que se puede dar para esta clase de diversiones, dedicadas a la gente proletaria y, además el edificio, aunque sencillo, contribuirá en parte al resurgimiento de la capital“.

Y es que en 1919 era evidente la ineptitud del gobierno de Estrada Cabrera para solucionar los problemas de la Ciudad de Guatemala tras los terremotos de 1917-18: los escombros estaban todavía sin recoger y los destrozos todavía eran evidentes.  Mientras las élites habían mandado a sus familias a sus propiedades en la Costa Sur o a la Verapaz y habían dejado en la ciudad únicamente a las personas que llevaran los negocios familiares debidamente refugiados en albergues de primera calidad, el resto de la población sobrevía en asentamiento en parques en las faldas del Cerrito del Carmen, los campos de Gerona, los jardines del arruinado Teatro Colón y en la Plaza de Armas.

La ineficiencia del gobierno afectó a la solicitud de la Sra. vda. de Sánchez; no fue sino hasta luego de varios meses de trámites, que finalmente apareció la siguiente información el 26 de marzo de 1919 en el Diario de Centro América:

“Ecos Sociales: Teatro Guatemala: se anuncia para los primeros días de abril próximo la inauguración del nuevo Teatro Guatemala, en donde se exhibirán las más notables producciones de la cinematografía mundial.”

El 14 de abril ya estaba listo el edificio para el cine, y se inauguró el 19 de abril, con una función a beneficio  de las obras sociales del gobierno del licenciado Estrada Cabrera.  La Sra. vda. de Sánchez indicó lo siguiente: “ha sido mi primera intención el inaugurarlo con una función en honor al Excelentísimo Señor Presidente de la República, Doctor don Manuel Estrada Cabrera, a beneficio del Asilo de Maternidad Joaquina, pero como otro salón tiene ya anunciada tal función, se ha decidido realizarla siempre en honor del Protector de la Beneficencia, a beneficio de El Ropero Infantil, para lo cual se ha dirigido al Sr. Presidente, poniéndole a sus respetable órdenes el cine y ofreciéndole la función de inauguración que deberá tener lugar el sábado de los corrientes si al Señor Presidente así le parece”.

He aquí lo que publicó el Diario de Centro América al respecto el 15 de abril de 1919:

“Ecos Sociales: Inauguración del Teatro Guatemala

Con una selecta función cinematográfica a beneficio del Ropero Infantil del Asilo Joaquina de Maternidad, la noche del sábado próximo 19 del corriente será inaugurado el Teatro Guatemala, situado en las esquinas de la catorce calle oriente y 12 avenida sur.  Edificio completamente asísmico, es de los que ofrecen mayores garantías, por la solidez de su construcción y el cuidado que se puso en el arreglo de las puertas de entrada y salidas.  El lunetario es amplio, y la decoración interna fue hecha con los detalles del claso.

Ya cuentan, pues, los capitalinos con un centro más de espectáculos, al que concurrirán, principalmente, las muchas familias apreciables que residen en el sureste de la ciudad.”


BIBLIOGRAFIA:


15 de marzo de 1892: el general presidente Manuel Lisandro Barillas entrega la presidencia al general José María Reina Barrios

15marzo1892
Monumento al general José María Reina Barrios en la Avenida de La Reforma a principios del siglo XX.  Al fondo, el Pabellón de la nefasta Exposición Centroamericana con la que el presidente quiso promover la economía guatemalteca. En los recuadros: los presidentes Barillas y Reina Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.  

Durante el régimen liberal que se extendió del 30 de junio de 1871 al 20 de octubre de 1944, solamente en una ocasión el presidente saliente entregó la banda presidencial a su sucesor; todos los demás o fueron derrocados, o murieron en el poder.  El único que entregó la banda presidencial por su propia voluntad fue el general Manuel Lisandro Barillas, que prefería la vida tranquila de Quetzaltenango que seguir en la presidencia.

Tras las elecciones correspondientes en las que el general José María Reina Barrios venció a sus rivales, los licenciados Francisco Lainfiesta y Lorenzo Montúfar gracias al voto de los soldados analfabetos, el general Barillas le entregó el poder el 15 de marzo de 1892, como queda registrado en el Acta siguiente:

“En la ciudad de Guatemala, a los quince días del mes de marzo del año de mil ochocientos noventa y dos; previa la protesta prevenida por la Constitución, ante la Asamblea Nacional Legislativa, prestada por el ciudadano General José María Reina Barrios, Presidente de la República, se trasladó al Salón de Recepciones del Palacio del Poder Ejecutivo, acompañado de los Diputados a la Asamblea Legislativa, del ciudadano General Manuel Lisandro Barillas, a cuyo cargo ha estado la Presidencia de la República; de los Secretarios de Estado; del Presidente y Miembros del Poder Judicial; del Cuerpo Diplomático; del Consejo de Estado; del Jefe Político de este Departamento y de la Municipalidad de la capital; del General Comandante de Armas y Generales del Ejército; de las Juntas Directivas de las Facultades y Emplados superiores de Hacienda e Instrucción Pública.

Acto continuo el ciudadano General Manuel Lisandro Barillas procedió a darle la respectiva posesión al ciudadano General José María Reina Barrios.

Y para constancia de este acto solemne, se firma la presente por los ciudadanos General Barillas y General Reina Barrios; Presidente y Secretarios de la Asamblea y Secretario de Estado en el Despacho de Gobernación y Justicia, General Licenciado Francisco A. Villela.”

Una vez en el poder, el general Reina Barrios emitió el siguiente comunicado a sus conciudadanos que podían leer (es decir, a los habitantes pudientes de la Ciudad de Guatemala y de los cabeceras departamentales):

“José María Reina Barrios

General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala

“A sus conciudadanos,

“El 14 de enero del corriente año, tuve el honor de dirigir un manifiesto a los guatemaltecos, indicando en él cuáles serían los principios políticos que servirían de norma a mi Gobierno, caso de que resultara electo para la primera Magistratura de la República, para la cual se me postulaba entonces.”

“Hoy he tomado posesión de ese elevado cargo, y desde él tengo el gusto de saludar a mis compatriotas, ratificadno cuando dije en mi expresado manifiesto.”

“Llego al poder sin odios ni prevenciones contra persona o agrupación alguna, pues los ataques que se me han dirigido desde la prensa, los creo, no hijos de la mala fe de sus autores, sino más bien el resultado de la exacerbación política, tan natural en los países que por primera vez hacen uso de sus derechos; la mayor satisfacción que tendré en mi vida pública, será la de probar con mis hechos de gobernante, que los que me atacaban tan rudamente, sin ocultar su aversión hacia mi persona, estaban muy equivocados en cuanto a mis propósitos e intenciones.”

“Esa será mi mejor venganza.”

“Abrigo una noble ambición; y es la de establecer en mi país el régimen democrático más genuino, sin las intolerancias del sectario, ni las exageraciones del iluso.”

“La libertad de hoy más, no debe ser una vana palabra, ni quedar solamente escrita en la Constitución.”

“Por más que tenga un credo politico bien definido, comprendo que estoy en la obligación de ser, no el jefe de un partido, sino el de la Nación entera, y aunque es cierto que no es fácil gobernar con todos los partidos indistintamente, sí es un hecho que bajo los anchos pliegues de la bandera liberal, todos tienen cabida, pues ella presta amparo y protección aun a los mismos que la maldicen.”

“No basta fundar las instituciones sobre bases sólidas y duraderas, sino que es necesario que se formen hombres que se encariñen con ellas y que sean su sostén cuando peligren.  La saña del gobernante por los méritos de las personas notables de su país, aunque sean sus adversarios, es no solo bochornosa para él, sino prejudicial a la Nación.”

“Deseara que bajo mi administración, además de que florezcan las artes, las industrias, el comercio y todos los ramos que hacen la riqueza de un país, se dieran a conocer todas las inteligencias y todas las aptitudes de los hijos de Guatemala, a fin de poderla presentar reivindicada ante el mundo con su cuadro de hombres notables por su patriotismo, por sus luces y por su honradez.”

“En fin: mucho queda por hacer, y sé que no es obra de un día el restaurar las fuerzas del país; pero también sé cuánto puede esperarse de un pueblo patriótico como el de Guatemala, dispuesto a ayudar a los hombres públicos a fundar un gobierno justiciero, inflexible para los abusos, sean de los mismos amigos o de los adversaries, y que proceda de acuerdo con la opinion pública sin desviarse de la senda de la libertad y de la ley.”

“Conciudadanos: He ahí expresadas con breves palabras mis intenciones, las que me propongo llevar a cabo con la cooperación y el auxilio de todos vosotros.”

“La obra es patriótica, y todos y cada uno de los hijos de Guatemala, están en el deber de contribuir a su realización.  Eso tiene derecho a esperar, y eso espero de vosotros, el que ha consagrado toda su vida al servicio público, y no tiene más norte que la felicidad de su patria.”

Y al ejército dirigió la siguientes nota:

“Al Ejército:  

“Compañeros de armas: El voto libre de los pueblos me ha llamado a ocupar el puesto de Presidente de la República, el cual ha aceptado, contando como debía contar, con el patriotismo de los guatemaltecos y muy especialmente con la cooperación del valiente ejército, fiel sostenedor de la Independencia Nacional.”

“Uno de mis principales cuidados durante mi administración, será el de promover en todos sentidos la constante mejora y buena organización de las milicias, que son las llamadas a dar respetabilidad al país, y a conservar incólumes los sagrados intereses de la Nación. Vuesta lealtad nunca desmentida, vuestro valor probado en cien combates y vuestra reconocidas prendas de moralidad y de honradez, no me dejan dudar de que mi empresa será fácil y de que unidos todos como debemos estarlo en defensa de nuestras liberatades, lograremos hacer de la patria guatemalteca un país envidiable por su prosperidad y grandeza.”

“Señores Jefes y Oficiales: a vosotros toca ayudarme con vuestra ilustración y patriotismo, yo espero que no me negareis vuestro concurso, con el cual he contado para procurer por todos los medios de que pueda disponer, la ventura de nuestra querida patria.”

Como nota aparte, cabe indicar que aquel día surgió a la vida pública un personaje que se mantendría allí hasta 1920: el licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien fue nombrado como Ministro de Gobernación y Justicia.


BIBLIOGRAFIA:


13 de marzo de 1840: el aún presidente de la moribunda República Federal de Centro América y jefe de Estado de El Salvador, Francisco Morazán, parte de San Salvador para invadir Guatemala

13marzo1840
Instalaciones del Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala.  Aquí se atrincheraron las fuerzas salvadoreñas con que Morazán intentó hacerse del control en Guatemala.  En los recuadros:  el general liberal Francisco Morazán y el general conservador Rafael Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el artículo del periodista Federico Hernández de León, el cual describe la forma de pensar de la Guatemala de 1840 y la vorágine de acontecimientos que se sucedieron en los primeros meses de ese año y que resultaron en el fin de la carrera de Francisco Morazán y en el auge de Rafael Carrera:

“Aparentemente, [el general Francisco] Morazán vió con un operetesco desprecio a [Rafael] Carrera; las leyendas que corrían alrededor del guerrillero chapín, lo hacían ridículo. Sobre todo su analfabetismo era inconcebible.  Un hombre que no sabía leer ni escribir, no podía servir, sino para causar lástima.  Aquel ‘indio’ rechoncho, de mirada desconfiada, de gesto evasivo, era puesto en solfa y había un empeño en propalar toda suerte de historietas que ayudaran al ridículo, para matar al caudillo a golpes de desaire.  Algo se lograba; pero Carrera iba a lo que iba, y a golpes de machete, como si se tratara de los días en que el hombre se disputaba con las fieras la posesión de alimento, Carrera batió las voluntades y destruyó a sus enemigos.”

“Morazán era el Jefe de Estado de El Salvador, cuando Carrera destruyó el Estado de Los Altos.  Los altenses fueron víctimas primero, del azuzamiento llegado de El Salvador; después de las fuerzas de Guatemala que derrotaron a los independientes en las tierras de Sololá, y Carrera pudo subir hasta las crestas altivas del Zunil y Almolonga y, como en siglos pretéritos realizara el conquistador, empapar el suelo con la sangre inocente de muchos quetzaltecos.  Quetzaltenango sucumbía con el mayor de los desamparos y sus jefes y sus directores caían unos, los menos desgraciados, con el pecho atravezado por las balas y, los otros, en manos del enemigo que más habrían de servir de cortejo al vencedor y de irrisión a la plebe que se solazaba con su martirio y la desgracia…”

“En febrero – el 17- regresaba Carrera de los Altos, dejándolos ‘pacificados’.  Se nombraba gobernador de aquellas regiones al italiano Francisco Cáscara, un notable mercenario que llegara a los más encumbrados puestos, después de salir de los más profundos semilleros del hampa.  Carrera en un manifiesto a los vencidos, les decía: -Hoy he sabido que se halla posesionado del gobierno político y militar de Quetzaltenango, el respetuoso general de brigada Francisco Cáscara, que el supremo Gobierno se ha servido nombrar para este despacho; y deseando corresponder a la confianza con que me habeis honrado, os lo recomiendo, porque estoy seguro que él sabrá gobernaros.”

“Mientras tanto, en El Salvador se resolvían las órdenes contra el régimen de Guatemala, que así mataba una nacionalidad y se incorporaba su personalidad.  Las amenazas llovían a diario.  la prensa salvadoreña agotaba los cargos.  En un manifiesto que tengo a la vista, dirigiéndose los salvadoreños a los de Los Altos les decían: -Esperad en el venturoso día de nuestra nueva vida política, ese gran día de regeneración y de gloria.  Y vosotros, ¡infames! que por tanto tiempo habéis abusado de la credulidad de los pueblos, empapándolos de sangre y lágrimas para recobrar vuestros antiguos timbles, ¡¡¡Temblad!!!”

“No solo templores con tres admiraciones estampaban los vecinos; también soltaban grandes tiradas de versos.  Sé de unos de pie quebrado, por este corte:

La dignidad augusta
De Estado libre cobraréis -¡o alteños!
Y la coyunda injusta
de vuestros crudos dueños
Breve rota será por los saldeños.

Este último verso debió ser: ‘En breve tiempo será rota por los salvadoreños’, pero resultaba así un verso tan largo que, ni quebrándolo, cabía en la estrofa.”

“Lo cierto del caso es que a Morazán, se le subió el Chico a la cabeza y dispuso poner en cintura a los de Guatemala y al indio que los dirigía.  Morazán sabía qe no podía tolerar tanto avance. Lo malo era resultaba en que sus determinaciones las adoptaba en los momentos en que las tropas guatemaltecas ya estaban descansadas de las fatigas de Occidente; que sus jefes se encontraban dispuestos a las nuevas luchas y Carrera toma sus disposiciones de defensa, para el caso de un seguro ataque: se levantaban emprésticos, se fabricaba armadura, se construían balas de piedra y de plomo, se apuntaban las lanzas y se tejían las hondas… En tanto, la prensa libraba las primeras escaramuzas.”

“Morazán leventó una columna de mil cuatrocientos hombres.  El sería el redendor del pueblo sacrificado.  Primero tomaría la capital del estado; después pondría al jefe que se le antojase; inmediante el Estado de Los Altos tomaría de nuevo su personalidad y, llegado el caso, si se quería formar otro estado con el Petén y Verapaz, también se podía hacer. ¡No nos habíamos de quedar por estado de más o estado de menos!”

“El 13 de marzo de 1840 Morazán dejaba el Estado de El Salvador y entraba en el de Guatemala.  El gobierno quedaba en manos de don Antonio J. Cañas.  Morazán avanzaba sobre nuestras tierras con la firma seguridad de un triunfo definitivo y ruidoso.  Algo le preocupaba la presencia del analfabeto que mandaba las tropas enemigas.  Se decían muchas cosas de él y el hondureño no las tenías todas consigo.  Pero seguía avanzando con paso firme, en tanto que por el camino  se le unían algunos descontentos y gentes que tuvieron agravios que vengar y daños que reparar.”

“Los jefes y oficiales que acompañaban a Morazán eran bravos y aguerridos.  La victoria se entreveía y el 17 de marzo, pudieron los invasores contemplar la capital desde las alturas de Pinula y saborearse con una posesión segura.  Carrera anticipadamente replegó sus tropas sobre Aceituno.  En una hora, Morazán tomó la ciudad y abrió las puertas de las cárceles, fusiló a dos o tres extraviados y, cuando se preparaba a dictar sus disposiciones radicales, Carrera cayó desde Aceituno y, bajo una lluvia de balas, Morazán salió de estampida, camino de la Antigua, para perderse entre los caminos que le llevaran a El Salvador.”

“Fue el golpe más doloroso para Morazán.  Al llegar a El Salvador, derrotado por el analfabeto, sacrificados sus mejores soldados y la juventud de su milicia, demostrada la ineficacia de sus sangrientos esfuerzos, salió de las tierras centroamericanas, para vivir dos años más en el destierro y encontrar al cabo una muerte aparatosa y cruelmente atormentadora.  El año de 1840 señala, por lo que importa a los destinos de la América Central, un período muy importante.  El fracaso rotundo de Morazán permitió que nuevo shombres jugaran en el escenario. De haberse mantenido en la jefatura del estado salvadoreño, los sucesos cambiaran.  Pero la estrella de Morazán tramontaba en 1840 y el derrumbamiento de su gloria habría de terminarse con alunicente rapidez…”


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (13 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala. Guatemla: Nuestro Diario.

 

11 de marzo de 1920: multitudinaria manifestación organizada por el Partido Unionista contra el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera

11marzo1920
La manifestación unionista a su paso por la Penitenciaría Central el 11 de marzo de 1920.  En el recuadro: el licenciado Manuel Estrada Cabrera, presidente de Guatemala desde 1898.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1919 la relación entre los Estados Unidos y el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera se fracturó.  El distanciamiento se inició durante la guerra civil que se desató en México tras el asesinato del presidente Francisco Madero y la contrarevolución de Victoriano Huerta, cuando los Estados Unidos intentaron desmembrar el sur de México con la ayuda de Estrada Cabrera y forma la República Suroriental con parte de Chiapas, Tabasco y Petén; para conseguir este fin, el presidente guatemalteco intentó sobornar a un general antihuertista que estaba en el país, el lugarteniente de Venustiano Carraza, Ricardo Carrascosa, pero no lo consiguió.  A partir de allí, el gobierno estadounidense solamente estaba esperando una excusa para deshacerse del gobernante guatemalteco, al que había apoyado incondicionalmente desde 1900 sin importar el partido del gobernante de turno en el Imperio Norteamericano.

La excusa para que los estadounidenses le quitaran el apoyo al gobernante guatemalteco llegó con las charlas del obispo de Facelli, José Piñol y Batres, quien era miembro de la familia Aycinena y primo del líder conservador Manuel Cobos Batres, quien escribió los discursos y quien aborrecía al presidente por ser ser liberal y por considerarlo “mestizo de indio“.  El obispo de Facelli dio varias charlas entre las ruinas del templo de San Francisco en mayo de 1919 (que no estaba reconstruido tras los terremotos de 1917-18) en donde acusaba al gobierno liberal de Estrada Cabrera de todos los abusos que había cometido durante su ya larga gestión de más de 20 años.  Los esbirros del gobierno empezaron a perseguir al obispo, aunque sabían muy bien que la profunda fe católica del pueblo guatemalteco les impedía arrestarlo y llevarlo a la Penitenciaría Central, como habían hecho con todos los enemigos del gobierno hasta ese momento.

Estrada Cabrera entonces optó por reducir al obispo de Facelli a prisión domiciliaria en el Palacio Arzobispal, ya que el arzobispo de entonces, Julián Raymundo Riveiro, había sido puesto en la mitra por el propio presidente guatemalteco tras la muerte del arzobispo Casanova y Estrada en 1913 y era incondicional al presidente.  Tras un período en estas condiciones, Piñol y Batres fue exiliado del país el 21 de agosto de 1919.

Los conservadores, reunidos en el Partido Unionista, organizaron una comisión para quejarse del maltrado que había sufrido el obispo a manos del gobierno y consiguieron que el Secretario de Estado Joseph Patrick Tumulty (quien era el presidente de hecho tras el derrame cerebral que sufrió Woodrow Wilson, retirara su apoyo al gobierno guatemalteco ese mismo mes de agosto.  A partir de este momento, el Partido Unionista surgió como la espuma y se fue envalentonando más y más.

Así se llegó al 11 de marzo de 1920, cuando los Unionistas organizaron una manifestación contra el gobierno en la Ciudad de Guatemala, algo que no se había visto en varias décadas.  La marcha iba encabezada por el ciudadano José Azmitia, quien portaba la bandera centroamericana y quien no quiso entregarla a los otros miembros del partido que tenían que portarla por turnos, porque sabía que Estrada Cabrera había colocado francotiradores con órdenes de asesinar al que llevara la bandera.  Azmitia, ya había estado en prisión varias veces desde el atentado de La Bomba en 1907 pues, aunque no había tenido nada que ver en el asunto, fue a ponerse a las órdenes de las familias de los implicados frente a los esbirros del gobierno.

La marcha fue un éxito rotundo para el Partido Unionista, ya que aunque no derrocó al presidente en ese momento, si lo debilitó considerablemente y abrió las puertas para que los cabreristas traicionaran al presidente y pactaran con los unionistas declararlo mentalmente incapaz el 8 de abril de 1920.

(NOTA ACLARATORIA:  a nuestros lectores que han tenido el libro “¡Ecce Pericles!” como referencia del gobierno de don Manuel, es conveniente indicarles que dicho libro adolece de parcialidad hacia los conservadores, mostrando a los miembros del Partido Unionista como héroes de una gesta patriótica y defenestrando al presidente liberal.  Aquel libro fue escrito por el periodista Rafael Arévalo Martínez, quien tiene un sesgo marcadamente conservador y dejó en el tintero numerosas aclaraciones sobre las fuentes que utilizó para escribir su libro.  Por ejemplo, se basa en la obra “Mi Diario” del escritor y diplomático mexicano Federico Mexicano, quien era el embajador de México en Guatemala, para describir los horrores que se vivieron tras el atentado de La Bomba en 1907, pero convenientemente olvida mencionar que dicho diplomático era representante del gobierno conservador del general Porfirio Díaz, y que éste era enemigo declarado de don Manuel por la alianza que éste último tenía con los Estados Unidos.  Otro ejemplo es que Arévalo Martínez omite las relaciones familiares entre los líderes del Partido Unionista, quienes eran descendientes de la otrora poderosa familia Aycinena que gobernó el país junto con Rafael Carrera de 1838 a 1871.)


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7 de marzo de 1844: Rafael Carrera consigue que el marqués Juan José de Aycinena presente su renuncia como Consejero de Estado

7marzo1844
Ciudad de Guatemala en 1870, vista desde el sur.  Al fondo, las montañas en donde se alzaron los campesinos contra el gobierno de Rivera Paz en 1844.  En el recuadro, el marqués de Aycinena, obispo Juan José de Aycinena, quien era Consejero del Despacho de Rivera Paz.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

De todas las leyendas que se han tejido sobre la figura del Rafael Carrera destaca la que dice que era un analfabeta que servía únicamente como brazo armado de la familia Aycinena.  Pero la realidad era totalmente opuesta: Carrera era el que se imponía y los conservadores tuvieron que plegarse a sus designios. El siguiente es un ejemplo de la forma en que Carrera conseguía sus objetivos, pasando por encima del mismo Marqués de Aycinena.

En 1844 gobernaba nuevamente el licenciado Mariano Rivera Paz, ahora asesorado por el marqués Juan José de Aycinena, como Secretario del Despacho.  En ese momento Carrera era el teniente general a cargo de la Comandancia del Ejército y el clero había recobrado mucho del poder que le habían arrebatado en 1829;  el marqués de Aycinena era presbítero y la mayoría de los diputados defendían los intereses de la Iglesia.

El clero no miraba con buenos ojos a Carrera, pues recelaba de su poder entre los campesinos y obreros, y éste resentía la resistencia que los religiosos le presentaban.  En medio de esta situación no avanzaba la agenda de ni uno ni otro.  Entonces Carrera urdió una estratagema para consolidarse en el poder absoluto.

Primero se retiró de la Ciudad de Gutaemala a “hacer un recorrido por los pueblos“; y mientras estaba ausente conveninetemente estalló una rebelión campesina en Pinula y El Aceituno.  En esos tiempos estaba todavía muy fresco el recuerdo de las invasiones de Morazán y los habitantes de la ciudad se asustaron pensando que el licenciado jefe de Estado y el sacerdote que era su consejero no iban a ser capaces de defenderlos contra semejante amenaza. Entonces, en medio de la zozobra, retornó Carrera a la ciudad y reunió a sus tropas para salir a enfrentar a los alzados.

Tras una escaramuza en las cercanías de la Villa de Guadalupe, se firmó el tratado de Guadalupe, y se alcanzó la paz el 11 de marzo. Los artículos principales de aquel acuerdo pedían que se disolviera la Asamblea Legislativa y, textualmente, exigían: “que los elesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia“.  Aquella era una alusión directa al Marqués de Aycinena, quien entonces decidió presentar su renuncia con fecha retroactiva al 7 de marzo, la cual dice:

“Señor Presidente del Estado, don Mariano Rivera Paz.

Los reiterados ataques que experimenta mi salud, harto achacosa, después de algún tiempo, y al asiduo trabajo que exige el despacho de la Secretaría, mayormente en circunstancias difíciles como las presentes, me obligan a suplicar de nuevo al señor presidente, se sirva aceptar la renuncia que tengo muchas veces hecha del cargo referido.  Han pasado, ya, señor, los tiempos en que había peligros, porque la buena causa tenía enemigos poderosos; y hoy mi sutación exige de mí, el terito.  No dudo, señor presidente, que usted tendrá la dignación de hacerme esta gracia que recibiré como una recompensa de mis pequeños servicios. Soy, con toda consideración, de usted muy obediente servidor.

Guatemala, marzo 7 de 1844.

Juan J. Aycinena”

La renuncia fue aceptada, obligando a Rivera Paz a conformar un nuevo gabinete de gobierno,  y Carrera ganó la partida frente al líder  de los criollos conservadores, que eventualmente llegaría a ser su Ministro de Asuntos Eclesiásticos.


BIBLIOGRAFIA:


 

19 de febrero de 1992: fallece el eminente periodista David Vela, ex-director del diario “El Imparcial”

19febrero1992
Desfile Bufo de la Huelga de Dolores de 1922, año en que David Vela fue miembro del Honorable Comité y autor de “La Chalana” junto con otros miembros de la “generacióm del 20“.  En los recuadros de la izquierda: el logo y el Muñequito de “El Imparcial” periódico al que Vela dedicó toda su vida.  En el recuadro de la derecha: David Vela en 1926.  Imágenes tomadas de “El Imparcial“.

Uno de los miembros de la “generación del 20” que contribuyó al derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera y luego sería instrumental en el periodismo guatemalteco fue el licenciado David Vela Salvatierra.

Vela nació el 25 de febrero de 1901 y realizó sus estudios de bachillerato en el Instituto de Varones de Oriente, donde se graduó en 1918. Luego ingresó a la Universidad “Estrada Cabrera” desde donde participó activamente en las actividades estudiantiles contra el gobierno del presidente Estrada Cabrera en 1919 y principios de 1920. Tras el derrocamiento de Estrada Cabrera, el presidente Carlos Herrera donó un edificio para que los estudiantes universitarios fundaran su Asociación, y los de la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado fundaron la Asociación de Estudiantes “El Derecho” de la que Vela fue el primer presidente. Fue uno de los iniciadores del deporte universitario en 1922 y estuvo entre los fundadores de la Universidad Popular ese mismo año, la que fue la primera institución que llevó las actividades de extensión universitaria a los obreros de la Ciudad de Guatemala, quienes hasta entonces no tenían acceso a educación formal más allá de la escuela primaria. En la universidad fue compañero de estudios de famosas personalidades, como el escritor Miguel Angel Asturias, quien posteriormente sería galardonado con el Premio Lenín y el Premio Nóbel de Literatura, y el periodista Clemente Marroquín Rojas, patriarca de los redactores y propietarios de periódicos de Guatemala.  De sus épocas estudiantiles, Asturias escribió la novela “Viernes de Dolores” en la que narra como eran las actividades del Honorable Comité de Huelga de los estudiantes universitarios de 1922, del que todos ellos formaban parte, y menciona a Vela como “el Gato” y uno de los autores del canto de guerra estudiantil “La Chalana“, que todavía se mantiene vigente.

Pero fue en el periodismo en donde Vela verdaderamente se destacó. Se inició como redactor de “El Estudiante“, y como editor y redactor de las revistas “Electra” y “Studium”; pero fue en el periódico “El Imparcial” fundado por Alejandro Córdova en donde realmente hizo carrera.  Empezó allí como redactor en 1922, y pasó luego a jefe de redacción tras la renuncia de César Brañas a ese puesto en octubre de 1926, luego de que el periódico reinició sus actividades tras la muerte del general presidente José María Orellana, quien lo había suspendido por los ataques en su contra.  En aquella oportunidad, el periódico publicó lo siguiente: “con sincera aprobación de todos los elementos intelectuales de EL IMPARCIAL, la dirección del periódico dispuso ayer encomendar a las aptitudes trabajadoras y al entusiasmo del compañero David Vela, la jefatura de redacción, para llenar la vacante que deja César Brañas“.  Y por si fuera poco, Vela se graduó de licenciado en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro el 30 de octubre de ese mismo año y el periódico lo celebró por todo lo alto, publicando su foto en primera plana con el título “El Jefe de Redacción de El Imparcial triunfa“.

El 22 de junio de 1944, Vela fue parte de los 311 ciudadanos que firmaron un memorial solicitando al presidente Jorge Ubico Castañeda la reinstauración de las garantías constitucionales en Guatemala tras la represión de las revueltas populares de ese mes. Aquel documento, seguido por un reclamo por la represión que llevó a la muerte de la profesora María Chinchilla, fue un factor importante en los movimientos populares que concluyeron con la renuncia de Ubico Castañeda el 1 de julio de 1944.

El 1 de octubre de ese año, el presidente interino, general Federico Ponce Vaides, ordenó asesinar al periodista Alejandro Córdova por los ataques contra su persona que aparecían en el periódico, y tras el asesinato, Vela pasó a ser director del periódico, puesto en que se mantuvo hasta que “El Imparcial” quebró en 1984.

En 1952, la Escuela Centroamericana de Periodismo, adscrita a la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala, le reconoció el título de Periodista Profesional. Vela fue catedrático universitario y autor de numerosos libros y ensayos; además, perteneció a la Academia Guatemalteca de la Lengua y a la Sociedad de Geográfica e Historia de Guatemala.  Y también, junto con el periodista Rigoberto Bran Azmitia, fundó el Museo del Libro Antiguo en la ciudad de Antigua Guatemala el 16 de marzo de 1956.

El 27 de septiembre de 1954, cuando Vela era miembro de la Asamblea Legislativa ya durante la época del gobierno del coronel Carlos Castillo Armas, éste pidió que se revisaran los contratos suscritos con la United Fruit Company con el gobierno de Lázaro Chacón el 25 de mayo de 1930 y con el gobierno de Jorge Ubico, el 3 de marzo de 1936.  Al recibir la solicitud, la Asamblea eligió a una comisión específica conformada por los diputados David Vela, Oscar Nájera Farfán, Abraham Cabrera Cruz, Ramiro H. Alfaro, Luis Padilla y Guillermo Flores Avendaño (quien luego sería presidente de la República), para que estudiaran los contratos y dictaminaran al respecto.  Al día siguiente, 28 de diciembre, la comisión inusualmente presentó su dictamen de aprobación, junto con contratos adicionales que habían sido firmados el día anterior entre el gobierno de Castillo Armas y la United Fruit Company, los cuales de inmediato fueron enviados de vuelta a la Asamblea para su aprobación final.

Tras una vida intensa, Vela falleció en la Ciudad de Guatemala el 19 de febrero de 1992.


BIBLIOGRAFIA:

  • Asturias, Miguel Ángel (1978). Viernes de Dolores. Buenos Aires: Lozada.
  • Córdova, Alejandro (4 de octubre de 1926). David Vela: nuevo jefe de redacción. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  • — (30 de octubre de 1926). El Jefe de Redacción de El Imparcial triunfa. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  • Méndez, Francisco Alejandro (2010). «David Vela Salvatierra»Diccionario de Autores y Críticos de Guatemala (Guatemala: La Tatuana). Archivado desde el original el 22 de octubre de 2010.
  • Quintana, Epaminondas (1971). La Historia de la Generación del 20. Guatemala: Tipografía Nacional.
  • Villagrán Kramer, Francisco (1993). Biografía política de Guatemala: Los pactos políticos de 1944 a 1970. Guatemala: FLACSO.

17 de febrero de 1840: entrada triunfal del general Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala tras vencer y reincoporar al Estado de Los Altos

17febrero1840
El desaparecido Palacio Municipal de la Ciudad de Guatemala, que se encontraba en donde hoy en día está el Palacio Nacional.  Hasta aquí llegó el desfile triunfal de Carrera el 17 de febrero de 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Como bien dice el historiador Federico Hernández de León, “la lucha de los partidos, estimulada por los medios ha provocado la casi totalidad de los desastres sociales sucedidos en Guatemala”.  Y es que no importa si los criollos abrazan la bandera de conservadores o de liberales; o  la de comunistas o de anticomunistas; lo único que persiguen es gobernar al país, aunque carezcan (como lo han demostrado desde la anexión a México en 1822) de planes definidos y programas coherentes de gobierno.  Los enemigos políticos han cambiado de  nombre, pero los resultados han sido siempre el desastre económico de la nación.

A principios de 1840, cuando ya la República Federal de Centro América estaba en sus esterores de agonía, eran los liberales liderados por José Francisco Barrundia los que se enfrentaban por todos los medios a los conservadores aristócratas encabezados por Manuel Francisco Pavón y Aycinena. Y había, como hay ahora, traidores a la causa que se cambiaban de partido a media contienda;  nuestros más eminentes escritores locales, el poeta José Batres y Montúfar dejó a los conservadores y abrazó la causa liberal, mientras que el novelista e historiador José Milla y Vidaurre, pasó de ser un ferviente liberal antiaristócrata que ya no soportaba “el rancio abolengo” de los Aycinena, a ser uno de los ministros más importantes del gobierno del capitán general Rafael Carrera.

Era presidente en esa época el licenciado Mariano Rivera Paz, a quien Hernández de León describe como “bondadoso, afiliado en sus tiempos de simple diputado al ala de los liberales y después de un tiempo se metía de lleno al partido conservador hasta ser una de las figuras salientes y determinantes del régimen de los treinta años“. Pero. contrapuesto a aquel gobernante benévolo, estaba la fuerte figura del general Carrera, quien defendía la religión católica a sangre y fuego y, en consecuencia, tenía una relación de mutuo desprecio con los liberales anticlericales.

El Estado de Guatemala estaba muy debilitado, pues los criollos liberales se habían aglutinado en el Estado de Los Altos y constituyeron su propio gobierno, segregando prácticamente la mitad del territorio.  Los criollos liberales intentaron hacer su voluntad contra el campesinado indígena, manteniendo las leyes civiles y el impuesto individual a los indígenas, que tantos problemas le ocasionaron al depuesto Dr. Mariano Gálvez y que, eventualmente, condujeron a su derrocamiento a principios de 1838.  Aquello produjo un gran descontento entre la población campesina, y luego de que una rebelión en Santa Catarina Ixtahuacán fuera sofocada con gran violencia por las autoridades altenses que no toleraban la “insubordinación de los bárbaros“, fueron a pedir ayuda a Carrera, en quein confiaban por ser mestizo.

Carrera y el ejército guatemalteco llegaron a Quetzaltenango y, de acuerdo con Hernández de León, “los defensores de [la] integridad [de Los Altos] fueron deshechos, a los golpes de las armas oficiales mandadas por Carrera; la cabeza del coronel Corzo, puesta sobre una pica, entró en Quetzaltenango como un trofeo; en la acción de Godínez y Panajachel cayeron muchos prisioneros de importancia y Carrera pudo gloriarse de haber destruido el nuevo Estado y tener en sus manos a su mayor general, Agustín Guzmán.”  Además, Carrera le advirtió a los miembros del ayuntamiento quetzalteco que por ser esa la primera vez que lo retaban no iba a tomar represalias (!), pero que si lo volvían a molestar, sabrían quién era él en verdad.

Cuando se supo en la Ciudad de Guatemala del retorno del general victorioso, los vecinos salieron con sus trajes de domingo a esperar a Carrera y engalanaron la Calle Real (hoy 6a. avenida del Centro Histórico) con las mejores galas que pudieron encontrar.  Encabezados por los Aycinena, los pobladores de la capital alzaban vítores para el vencedor y declaron aquel 17 de febrero de 1840, como “el día más feliz de la Patria“.  Y al llegar al viejo Calvario, el ejército fue recibido por los miembros de la Municipalidad con un abundante almuerzo, antes de que continuaran su desfile de ingreso a la ciudad, llevando detrás de sí a los soldados derrotados y a los oficiales vencidos, encadenados y montados en bestias para el escarnio público.  El mayor general Guzmán iba sobre una mula, encadenado, con golpes en la cara producto de la batalla y sus heridas aún sangrantes.  Todos los vecinos vitoreaban a Carrera y davan vivas a la Virgen Santísima y a la Santa Religión.

Pero, en realidad, aquel triunfo de Carrera contra los criollos liberales en Los Altos lejos de alegrar a los conservadores de la familia Aycinena, los aterrorizó, porque sabían muy bien que el aún presidente de la Federación Centroamericana y Jefe de Estado de El Salvador, general liberal Francisco Morazán, junto con todos los liberales de Honduras y El Salvador, así como todos los exiliados guatemaltecos que allí vivian, se alzarían en armas y tomaran represalias contra ellos invadiendo a Guatemala, tal y como había ocurrido en abril de 1829, cuando los criollos aristócratas no solamente perdieron muchas propiedades, sino que fueron expulsados del Istmo.  Esta vez estaban adulando a Carrera para que los protegiera del invasor, aunque no tenían una gran confianza en el resultado.

Y tal y como lo temían los aristócratas de “las familias“, Morazán invadió a Guatemala el 17 de marzo, pero esta vez no estaba enfrentando al ejército de Mariano de Aycinena, sino a las hordas experimentadas de Carrera, y el resultado de su agresión sería muy diferente.  Los quetzaltecos, creyendo que Morazán iba a derrotar fácilmente a Carrera, se alzaron nuevamente, y tuviron la desgracia de saber quién era realmente el “caudillo adorado de los pueblos“.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

10 de febrero de 1849: entran las fuerzas de los hermanos Vicente y Serapio Cruz a la Ciudad de Guatemala, tras alcanzar la paz con el general presidente Mariano Paredes

10febrero1849
La Parroquia de La Candelaria de la ciudad de Guatemala en 1875, vista desde el Cerrito del Carmen.  De este barrio era originario el general Rafael Carrera, quien se encontraba en el exilio cuando Vicente Cruz entró a la ciudad en 1849; fotografía de Eadweard Muybridge.  En el recuadro: el mariscal Serapio Cruz, hermano de Vicente. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación parte del artículo “10 de febrero de 1849, Pax” del historiador Federico Hernández de León, el cual describe la situación de anarquía que vivía Guatemala durante el exilio autoimpuesto del general Rafael Carrera luego que los criollos le pidieran que abandonara el poder.  Tristemente, la descripción que hace Hernández de León de la vida en Guatemala de 1849, responderá a aquellos lectores que más de alguna vez se habrán preguntado “cuándo se arruinó Guatemala” que, desafortunadamente, el país nunca ha estado del todo bien…

“Todo el año de 1848 y lo que se llevaba del 49 habían sido días de zozobras y de incertidumbres. Los sucesos políticos no daban […] tranquilidad al guatemalteco que, cada noche despertaba sobresaltado, creyendo que una legión de forajidos se le metía por las rendijas de las puertas.  En las tertulias del anochecer, se referían los horrores que hicieran los ‘herejes’ encabezado por [Francisco] Morazán allá por el año 28.  ¡Qué de episodios!  Aquellos no eran hombres, sino satanases.  No había para ellos nada sagrado, ni de respeto.  Hollaban las casas del clero, martirizaban a sus ministros y hacían de las alhajas lo que se les daba la gana.

Y esos malditos liberales querían volver a las andadas.  habían logrado sacar del poder al caudillo adorado de los pueblos.  [Rafael] Carrera se había marchado para México y la Asamblea y el ejecutivo eran una [completa nulidad].  [José Francisco] Barrundia, exaltado, no daba ninguna bola.  Todo se le iba en proponer planes descabellados, en medio de discursos que solo creía una minoría exigua.  Los conservadores, por primera vez en su vida, se dividían y, dentro del mismo clero, cada cura tiraba por su lado.  Los elementos [más prominentes] trataban de imponer su voluntad al presidente [Mariano] Paredes, sin lograr que sus actos persuadieran al pueblo de la bonda de su palabra.

Y mientras tanto, Tata Lapo [el mariscal Serapio Cruz], su hermano Vicente, Agustín Pérez y más de otro forajido, mantenían la insurrección viva en el oriente y cometían toda clase de desafueros.  Carrera no quiso entrar en una lucha dudosa contra los pueblos levantados y dejó la presidencia.  Los liberales creyeron que cuando ellos tomaran la dirección de los asuntos, todo iba a salir por el buen carril.  Pero no sucedió así:  los alzados peleaban no por ideas ni principios, que no los tenían, sino por ambiciones particulares. 

Así, a pesar de la marcha de Carrera, y de los propósitos de una nueva orientación, la facción de oriente se mantuvo en actitidades.  Los chapines [es decir, los capitalinos] escuchabran con espanto los crímenes que se cometían y las nombres de Sampaquisoy, Sansur, Sanguayabá, Sansare y otros santos de este linaje, les tenían azorados y temerosos.  Cuando se supo que todas las fuerzas de los alzados estaban en palencia, ya para caer sobre la capital, hubo desmayos y pataletas, […] con los recuerdos de las hordas morazánicas.

El presidente Paredes había entrado el primero de enero y se empeño, sobre todas las cosas, en lograr la paz para el oriente.  Comisionó a Manuel Sáenz de Tejada y a Raymundo Arroyo para que se entendieran con los levantados; llevaban instrucciones de acceder a todo, con tal de lograr la paz para todos los pueblos. La paz era una necesidad; todos llamaban por ella y ya no se toleraba una existencia en que no se lograba punto de reposo.  Ninguno se exponía a salir de los muros de la ciudad, temeroso de caer en manos de una gavilla; por la noche se pasaban cerrojos y se emplazaban trancas en todas partes; pero la seguridad no era completa y, en medio del silencio de las noches, los pobres vecinos creía que, como una plaga infernal, caían los demonios sobre la ciudad inmaculada.

Sáenz de Tejada y Arroyo llegaron hasta Palencia; Serapio Cruz llegó también procedente de Chiquimula para entrar en los puntos del arreglo pacificador.  Después, pasaron los mismos comisionados del gobierno a Zacapa, en donde se encontraba Vicente Cruz y celebraron otro convenio.  Constaba de una suspensin de hostilidades hasta por ocho días, en tanto que se determinaban los puntos sobre un entendido estable. Por lo pronto, el presidente de la República renunciaba al cargo de Comandante General de las armas y lo transfería a Vicente Cerna, una buena persona, muy amiga del ausente general Carrera, y que se hallaba entregado a su labores de campo en la región de Chiquimula.  Cerna aceptó el cargo que se le dispensaba, después de publicar una proclama, un tanto simplona […]

El gobierno de Paredes procedió con la mayor cautela.  Cedió a todo lo que se le pedía.  Repasando los oficios dirigidos por Vicente Cruz, en que por sí y ante sí se proclamaba presidente de la República, causa admiración la mansedumbre de Paredes.  Hay en esos oficios una suficiencia y un tono de superioridad tan molestos que un hombre con menos cautela que Paredes lo echara todo a rodar.  Pero Paredes ya tenía entre sus planes, la manera de orientar la situación y se sometió a todo lo que le imponían los pedigüeños.  Paredes había dispuesto la vuelta de Carrera, seguro como estaba que era el único que podría poner en cintura a los revoltosos.

De esta suerte, el 8 de febrero se dió la comandancia de las armas al Brigadier don Vicente Cruz, y se invitó al vecindario a dar la bienvenida a las fuerzas revolucionarias que, en son de paz, llegarían a la capital al día siguiente.  Y así fue: al día siguiente 9, por la tarde, Vicente Cruz como un jefe victorioso entraba a la ciudad de Guatemala, a la cabeza de mil hombres, que eran salteadores de las haciendas de Oriente.  Lo recibieron con un sabroso banquete que presidió el ministro José M. de Urruela.  […] Tata Lapo y Agustín Pérez, lo mismo que León Raymundo, uno de los más sangrientos personajes de la época y jefe de una de las gavillas, no quisieran entrar. […]

Y la mañana del 10 de febrero de 1849, los vecinos de la angustiada Ciudad de Guatemala salieron de sus casas y se encaminaron a los veintitantos templos que santificaban el lugar, a despacharse misas para dar gracia al Altísimo que al fin acordara imponer el sosiego en este redil, mientras la palabra del obispo Bernardo Piñol y Aycinena, desde la Catedral repetía las evangélicas palabras del glorioso Apóstol:  ‘¡La Paz sea con nosotros!'”

En efecto, tal y como lo planeó Paredes, Carrera regresó a Guatemala ese año, haciéndolo por el occidente del país desde su exilio en México y estableciendo pactos con todos los líderes indígenas de la región; de este modo, llegado el momento, tomó la ciudad casi sin esfuerzo, obligando a los criollos liberales a salir huyendo del país y a los criollos conservadores a pactar con él para no sufrir represalias de los indígenas, como estaba ocurriendo en esos momentos con las masacres de criollos y europeos en Yucatán.  Después se ocupó de acabar con los forajidos que asolaban el oriente y, finalmente, venció definitivamente a los liberales en la Batalla de La Arada en 1851, consiguiendo por fin la verdadera paz.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.

8 de febrero de 1898: tras un año turbulento en que la economía se derrumbó y hubo tres revoluciones sofocadas, asesinan al presidente José María Reina Barrios

8febrero1898
Momento del asesinato del presidente Reina Barrios.  En el recuadro: el ciudadano suizo-británico Edgar Zollinger, asesino del presidente.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los presidentes que se preocupó más por el desarrollo de Guatemala fue el general José María Reina Barrios.  Aprovechando el aumento en el precio internacional del café, las rentas nacionales eran inmejorables y pudo convencer a muchos inversionistas para que compraran bonos para la construcción del acueducto de Acatán y del Ferrocarril del Norte.  Com guinda al pastel, organizó una lujosa Exposición Centroamericana con la que presentaría al Ferrocarril Interoceánico a los inversionistas extranjeros, y con ellos convertiría a Guatemala en un destino comercial con una posición privilegiada por su ubicación geográfica entre dos océanos y un ferrocarril único.  Por cierto que fue en la inauguración de la Exposición que se estrenó el Himno Nacional.

La economía estaba tan bien, que derogó el Reglamento de Jornaleros que obligaba a los indígenas a trabajar prácticamente de gratis en las fincas cafetaleras, y en lugar de ello creó el Instituto Agrícola de Indígenas, en el cual se educaba a los estudiantes más aventajados de cada municipio del país.  Las fabulosas instalaciones de aquel instituto fueron construidas en donde hoy en día funciona la Escuela Normal Central para Varones en la zona 13 de la Ciudad de Guatemala.  Y para enmarcar la Exposición Centroamericana, construyó varios palacios y museos, como el Palacio Presidencial en el patio del antiguo Palacio Colonial, el Palacio de La Reforma (en donde ahora está el obelisco a los Próceres) y el Pabellón de la Exposición, el cual estaba en donde ahora se encuentra el Ministerio de Educació sobre la Avenida Reforma.

Desafortunadamente para Reina Barrios, y para todo el país, el desplome del precio internacional del café cuando Brasil se recuperó de una guerra civil y empezó a producir el grano en enormes cantidades, hizo que todos los planes del presidencia se quedaran a medias y que la economía nacional se derrumbara como un castillo de naipes.  Ante el caos que se originó, en pleno año electoral, el presidente insistió en perpetuarse en el poder, dando un autogolpe de estado, disolviendo la Asamblea y consiguiendo que una nueva asamblea, compuesta por sus allegados y amigos le extendieran el mandado de 1898 a 1902.

Aquel fue el detonante para que estallaran las revoluciones de Occidente y de Oriente, dirigidas por el exministro Próspero Morales y por el gobernador José León Castillo, respectivamente.  Aunque ambas fueron sofocadas a sangre y fuego por el gobierno, el gobernante sufrió un severo desgaste.  En primer lugar, se dió cuenta de que su gestión no era aprobada ni en su región de origen, pues fue en San Marcos, si tierra natal, en donde se alzaron en armas las fuerzas de Morales.  Por otra parte, los verdaderos líderes de la revolución quetzalteca no fueron capturados, sino que en su lugar lo fueron varias personalidades altentes, entre las que estaba el filántropoco Juan Aparicio, hijo, muy querido en la región.  Reina Barrios había dado órdenes de que los fusilaran, pero la sociedad quetzalteca le rogó que los perdonara, a lo que accedió el presidente a última hora; pero cupo la mala fortunada Reina Barrios, que su ministro de Gobernación y Justicia, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, fuera enemigo personal de Aparicio por una vieja rencilla y éste se demoró en enviar el telegrama dando el indulto a los condenados, por lo que éstos fueron fusilados antes de que llegara la notificación del perdón.

Por aquel crimen, Reina Barrios destituyó a Estrada Cabrera y lo envió a Costa Rica, pero su situación era ya insostenible.  La sociedad quetzalteca no le perdonó los fusilamientos y uno de los antiguos empleados y amigos de Aparicio, el ciudadado suizo británico Edgar Zollinger decidió vengarse.  Así, el 8 de febrero de 1898, a las 8 de la noche, luego de salir de visitar a una de sus numerosas amantes y desoyendo advertencias de que había un complot en su contra, Reina Barrios murió de un disparo que Zollinger le propinó a quemarropa. La policía persiguió a Zollinger y le dió muerte a garrotazos y luego llegó Emilio Ubico, quien le dió el tiro de gracia.  El ingenio chapín le puso de sobrenombre a Ubico “el mata-muertos”.

El cuerpo de Reina Barrios fue sepultado casi inmediatamente en las criptas de la Catedral Metropolitana para evitar desórdenes.  Y aquí es conveniente indicar que las circunstancias de este sepelio fueron muy singulares:  Reina Barrios era un masó de grado 33, al igual que varios de los presidentes liberales que lo antecedieron y que estaban enemistados con la Iglesia Católica, pero el arzobispo Ricardo Casanova y Estrada autorizó que lo enterraran en la Catedral porque estaba agradecido con el fallecido presidente por haberle permitido regresar del exilio en Costa Rica en 1897.  Por su parte, el cuerpo de Zollinger fue expuesto al escarnio y estuvo en exhibició por un tiempo antes de ser sepultado; la grotesca imagen puede encontrarse en Wikimedia Commons.

En lugar de Reina Barrios quedó el licenciado Manuel Estrada Cabrera en la presidencia, pues él era el Primer Designado y por ello le correspondía. Se ha querido acusar a Estrada Cabrera de haber sido el autor intelectual del crimen de Reina Barrios, pero haciendo una evaluación de cómo se encontraba la situación del país en esos momentos, se puedo decir que había muchas personas que querían deshacerse del presidente.


BIBLIOGRAFIA:

 

 


6 de febrero de 1834: las autoridades de la República Federal de Centro América dejan la Ciudad de Guatemala y se mudan a Sonsonate en El Salvador

6febrero1834
El Palacio Arzobispal de la Ciudad de Guatemala en 2010.  Durante la época de la República Federal, este edificio sirvió de sede al gobierno del Estado de Guatemala tras la expulsión del arzobispo Ramón Casaus y Torres, debido a que el gobierno federal ocupaba el Palacio Colonial.  En el recuadro: el jefe de estado Mariano Gálvez.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Cuando se estableció la Constitución de la República Federal de Centro América, se olvidó establecer un Distrito Federal que satisfaciera a todos los estados miembros y cometieron el grave error de dejar a la Ciudad de Guatemala como la capital del estado del mismo nombre y la capital federal.  Este error había sido ya cometido en los Estados Unidos, hasta que finalmente fue subsanado con la fundación de la ciudad de Washington en el Distrito de Columbia en un área neutral entre los estados de Virginia y Maryland, pero en Centroamérica no dió tiempo a arreglarse.

En la naciente federación el presidente federal y jefe del estado de Guatemala siempre estuvieron en franco enfrentamiento. Por ejemplo, durante el gobierno de Manuel José Arce, el jefe de estado Juan Barrundia no se toleraban, llegando incluso a recriminarse asuntos tan insignificantes como quién iba a ocupar el dosel más alto durante una función solemne en la Catedral Metropolitana.

Cuando los criollos conservadores dieron el golpe de estado contra Barrundia en 1826 debido a todos los decretos anticlericales que estaba emitiendo, las autoridades  de Guatemala pensaron en trasladar la capital a Antigua Guatemalay Chimaltenango, para luego trasladarse a San Martín Jilotepeque, desde donde propusieron trasladarse a Quetzaltenango.  Cuando el vicejefe de estado, Cirilo Flores, fue a la ciudad altense para arreglar el traslado, fue linchado por el pueblo frente al convento de los franciscanos.

Tras la expulsión de los conservadores y frailes en 1829, el general liberal Francisco Morazán se hizo con la presidencia de Centroamérica ocupando el Palacio Colonial, y el Dr. Mariano Gálvez con la jefatura del estado de Guatemala, ocupando el Palacio Arzobispal tras la expulsión del arzobispo Ramón Casauz y Torres.  Y las rencillas entre ambos fueron notorias.  Gálvez era un hombre muy preparado, mientras que Morazán era un general de línea que llegó al poder por la fuerza de las armas. Eso sí, aunque no se llevaban bien en lo absoluto, eran muy diplomáticos en su trato en público y sus diferencias no eran tan notorias como las que había entre Arce y Barrundia.

Para 1833, la prensa morazanista tenía una campaña de desprestigio contra Gálvez, dirigidos por Francisco Barrundia y el señor Rivera Cabezas, quienes no estaban de acuerdo con las políticas adoptadas por el jefe de estado.  Por su parte, Gálvez no podía hacer valer su voluntad debido a que las autoridades federades estaban en la misma Ciudad de Guatemala; no obstante, emitió el siguiente comunicado:

“Una es la voz de los estados pidiendo que las supremas autoridades fijen su residencia fue del estado de Guatemala.  La Aamblea y el gobierno han acordado pedir al Congreso que atienda a aquellos votos.  No se ha expresado en esto un deseo que fuera poco atento con huéspedes tan respetables, sino una necesidad de obsequiar el pronunciamiento determinante de la nación”.

En otras palabras, en una forma muy sutil estaba mandando a las autoridades federales a que buscaran otro sitio que los hospedara. Pero a pesar del tono, los morazanista lo acusaron de localista y de que tenía impulsos de tirano pretendiendo quedarse al mando de la Federación.  Como Morazán había partido para El Salvador en marzo de ese año, el encargado del estado era José Gregorio Salazar, quien el 14 de octubre emitió un decreto ordenando que las autoridades federales se trasladaran a Sonsonate, en la provincia de El Salvador.

Y finalmente, el 6 de febrero de 1834, las autoridades federales se fueron a Sonsonate, a lomos de mula y con patachos que cargaban archivos, muebles y útiles necesarios para el funcionamiento del gobierno. Los criollos liberales que apoyaban a Gálvez estaban eufóricos, mientras que los que apoyaban al gobierno federal se quejaron de la situación. Pero los criollos conservadores fueron los más preocupados, pues se dieron cuenta de que Guatemala perdía así su preponderancia y la hegemonía sobre el resto de la Federación.

Pero la nueva capital no tardó mucho en Sonsonate.  Debido a los problemas que había en El Salvador, Morazán trasladó la capital a San Salvador el 7 de febrero de 1835, dando inicio a un rápido declive que terminó con el rompimiento federal antes de que se terminara la década de 1830.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (6 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 6 de febrero de 1834, las autoridades federales se trasladan a Sonsonate”. Guatemala: Nuestro Diario.