4 de diciembre de 1930: en medio de un caos generalizado derivado de la Gran Depresión, estalla el polvorín del cuartel de “El Aceituno” en la Ciudad de Guatemala

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Instalaciones de la Finca “El Aceituno” cuando en ellas funcionaba el Instituto Agrícola de Indígenas en 1895.  Aquí estaba localizado el polvorín que explotó en 1930.  En el recuadro, el general Lázaro Chacón, presidente de Guatemala de 1926 a 1930.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El último año del gobierno del general Lázaro Chacón fue una pesadilla tanto para el gobernante como para los habitantes de Guatemala.  Debido a la Gran Depresión que se había iniciado el año anterior tras la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York, el país estaba sumido en una profunda crisis social y económica.

En noviembre de 1930 la situación era tan grave que los comerciantes desesperados le prendían fuego a sus propiedades en la Ciudad de Guatemala para cobrar el seguro.  Y es que para entonces ya se habían producido huelgas y revueltas universitarias, además del desplome de las exportaciones de café y, prácticamente, la quiebra del Estado por la grave crisis económica que empezaba a expandirse por todo el mundo.

Para colmo de males, el 4 de diciembre, aproximadamente a las diez y media de la mañana, una explosión en la guarnición militar de “El Aceituno” estremeció a toda la ciudad, dejando a muchas viviendas sin vidrios.  El polvorín del cuartel, situado al norte de la ciudad, había estallado causando decenas de muertos entre soldados y oficiales.  Aunque la versión oficial en ese momento indicó que se trató de un caso de “pólvora mal cuidada”, surgen numerosas dudas al respecto, si se toma en cuenta lo que ocurrió después:

  • 12 de diciembre: el presidente Lázaro Chacón sufre un derrame cerebral que lo imposibilidad de continuar al frente del gobierno.  En su lugar asume el licenciado Baudilio Palma, segundo designado a la presidencia, quien aprovechó la ausencia del primer designado, general Mauro de León, para hacerse con el poder.
  • 13 de diciembre: el licenciado Palma ordena al comandante del cuartel de Matamoros, general Manuel María Orellana, que traslade al coronel Aguilar Bonilla (uno de los más capaces artilleros con que contaba el ejército) a una misión en el interior de la República.
  • 17 de diciembre: disgustado por el traslado de Aguilar Bonilla y aduciendo que la presidencia le correspondía al general Mauro de León, el general Manuel María Orellana se levanta contra el gobierno y tras un breve enfrentamiento militar en el Parque Central de la ciudad obliga a renuncia a Palma. Casualmente, en la refriega murieron el coronel Aguilar Bonilla y el general de León, quedando Orellana en el poder.
  • 31 de diciembre: los Estados Unidos no reconocen al gobierno de Orellana y lo obligan a renunciar en favor de José María Reina Andrade, a quien obligan a convocar a elecciones en las que resulta electo el general Jorge Ubico. A este último lo apoyaba el gobierno estadounidense y los personeros de la United Fruit Company, que tenía una fuerte presencia en América Latina en esa época y estaba velando por sus intereses económicos en vista de la Gran Depresión.
  • 14 de febrero de 1931: tras resultar electo presidente, Ubico toma el poder inmediatamente, sin esperar al 15 de marzo, como le correspondía de acuerdo a la Constitución vigente en ese momento.

BIBLIOGRAFIA:

30 de noviembre de 1821: ocurre la primera refriega entre partidos políticos en Guatemala, con el resultado de dos ciudadanos muertos

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Ruinas del templo de San José de la Ciudad de Guatemala tras los terremotos de 1917-18.  En la parte posterior de este templo fueron donde ocurrieron los crímenes que aquí se mencionan.  En el recuadro: el gobernador interino de Centro América, Gabino Gaínza.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La violencia política se inició en la región centroamericana inmediatamente después de la proclamación  de la Independencia el 15 de septiembre de 1821. Los criollos rurales, quienes consideraban que habían sido menos favorecidos durante el régimen colonial, vieron la oportunidad perfecta para sacudirse el yugo de los criollos aristócratas de la familia Aycinena y de la Iglesia Católica, y de inmediato abrazaron la causa de la Ilustración, aduciendo que era el momento de que se diera paso al “libre pensamiento“. Pero no había tal. Era simplemente la excusa que los criollos utilizaron para tomar el poder que tanto anhelaban.

Esta tensión entre criollos rurales y aristócratas degeneró muy pronto en violencia. En la noche del 30 de noviembre de 1821, se produjo la primera lucha entre partidos rivales, la cual resultó en la muerte de dos ciudadanos. Un grupo numeroso de miembros del partido “republicano” había salido de una reunión en la Pontificia Universidad y recorría las calles de la Ciudad de Guatemala, gritando vivas y aclamaciones a la independencia, pero tuvo la mala suerte que en la parte trase del templo de San José, se encontró con un grupo de “imperiales” que acaudillaba uno de los alcaldes dé la misma capital, Mariano Larrave.

En la refriega perecieron los republicanos Mariano Bedoya y Remigio Maida.

Este fue el primer aviso de las cruentas guerras civiles que se desataron en la región centroamericana en las siguientes décadas. De “imperiales” y “republicanos” pasaron a ser “conservadores” y liberales“, respectivamente y tras la efímera anexión a México en 1822, se inició la Guerra Civil Centroamericana que siguió al golpe de estado en Guatemala contra el gobierno liberal de Juan Barrundia en 1826, el cual, a su vez, había sido provocado por la  gran cantidad de medidas anticlericales que su gobierno había estado tomando.

Cuando el general liberal Francisco Morazán tomó la Ciudad de Guatemala y expulsó a los aristócratas y a los miembros del clero regular de la región centroamericana, los criollos rurales pensaron que ya se habían hecho definitivamente con el poder en la región, pero no contaron con dos cosas:  el fanatismo religioso católico del campesinado guatemalteco que fue exacerbado por los curas párrocos que no fueron expulsados, y la férrea oposición que tendrían en la figura del general mestizo católico Rafael Carrera.

Si bien los liberales finalmente se hicieron con el poder en 1871 en Guatemala, llegaron con un retraso de treinta años con respecto al resto de los países del área, pues tuvieron que esperar a que falleciera el general Carrera para intentar retomar el control del país.


BIBLIOGRAFIA:


26 de junio de 1846: fracasa atentado contra la vida de Rafael Carrera durante las exequias fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres

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La Catedral de la Ciudad de Guatemala, tal y como lucía en la época en que ocurrió el intento de asesinato contra Carrera.  En el recuadro:  el capitán general Rafael Carrera, y el poeta Juan Diéguez Olaverri, líder la conjura.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El día 26 de junio del año de 1846 se iban a celebrar las exequias fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien había sido desterrado por Francisco Morazán en 1829, y cuyos restos habían sido traídos a Guatemala desde La Habana, en donde había vivido exiliado el clérigo. Era la voluntad del extinto arzobispo que fuera enterrado en el templo de Santa Teresa en la Ciudad de Guatemala, y el gobierno católico conservador no escatimó en gastos para cumplir con el deseo del finado.

La catedral estaba adornada con suntuosas colgaduras de luto y los restos del Arzobispo estaban colocados en un artístico y lujoso catafalco. Una numerosa concurrencia ocupaba el templo, entre ellos el “Protector de la Iglesia“, el general Rafael Carrera, quien en su uniforme de gala estaba bajo su dosel de Jefe de Estado, rodeado de autoridades civiles y militares y de los miembros de la familia Aycinena. El Dr. José María Castilla, ocupaba la cátedra sagrada, y hacía el elogio de las virtudes y de los méritos del arzobispo Casaus, muerto en el destierro.

De pronto, se situaron guardias en las puertas de la iglesia, y se formó en son de guerra una fuerza armada frente al templo, y se vio á un oficial ayudante entregarle al Jefe de Estado un par de pistolas, luego de cruzar unas breves palabras.  Carrera, general guerrillero acostumbrado a los rigores de la batalla, guardó tranquilamente las armas y continuó presenciando las exequias, y tranquilamente marchó con la procesión que, a eso de las tres de la tarde, dejó los restos del Arzobispo en la iglesia de Santa Teresa.

La conspiración contra Carrera estaba descubierta, y los conjurados que habían planeado capturar á Carrera en el templo, y aún darle muerte en caso necesario, no tuvieron más que ocultarse o emprender la fuga. El Gobierno, como era de esperarse, capturó a los conjurados que no lograron huir, y persiguió a los que lo hicieron. Los hermanos Juan y Manuel Diéguez, líderes de la conjura, habían logrado huir y refugiase en la hacienda de Saltan, en Salamá, Baja Verapaz, propiedad del Presbítero J. Mariano Ocaña pero fueron descubiertos y capturados por un oficial de Carrera llamado Ruperto Montoya quien lo llevó a la cárcel del Castillo de San José, que era por aquel tiempo la prisión de Estado. Como muchos los conjurados eran estudiantes de la Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, el rector Juan José de Aycinena y Piñol, líder de la familia Aycinena, se apresuró a distanciarse cuanto pudo de la conjura por temor a serias represalias.

Tras el juicio que se les siguió, los hermanos Diéguez y algunos de sus cómplices, confesaron su culpabilidad. Dijeron que se habían propuesto “llevar á cabo un cambio político, establecer un gobierno sujeto al imperio de las instituciones, y para ello, en caso de resistencia o de necesidad, estaban dispuestos a quitar la vida al Jefe del Estado”. Pero en un extraño caso de magnanimidad, Carrera perdonó la vida a los conjurados condenados a muerte tras un penoso juicio, permitiéndoles salir al exilio tras tenerlos unos cuantos meses en prisión.


BIBLIOGRAFIA:

  • Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión TIpográfica.
  • Vela Salvatierra, David (1943). “Juan Diéguez Olaverri”, en Literatura guatemalteca. Guatemala: Unión Tipográfica. 2

26 de noviembre de 1813: nace el poeta Juan Diéguez Olaverri

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El mirador “Juan Diéguez Olaverri” en los Cuchumatanes, nombrado así en honor al célebre poeta guatemalteco que escribió el poema “Los Cuchumatanes”.  En el recuadro:  el retrato de Diéguez Olaverri.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Diéguez Olaverri nació en Huehuetenango el 26 de noviembre de 1813 y posteriormente realizó sus estudios en la Academia de Ciencias y Estudios, de donde obtuvo el título de abogado y luego trabajó con la administración de Mariano Gálvez.  Gozaba de mucho prestigio ya que su padre había sido uno de los firmantes del Acta de Independencia en 1821.

Cuando Gálvez implementó los códigos de Livingston el 1 de enero de 1837, los pueblos campesinos se levantaron contra el régimen no solamente por los códigos, sino por el impuesto personal contra los indígenas que había restablecido Gálvez, mientras que el descontento entre los criollos liberales por la forma selectiva en que se aplicaba el habeas corpus de los códigos hizo que se formulara una queja formal ante la Asamblea Legislativa, reunida el 16 de julio de 1837, lo que dió origen al cisma en el partido liberal entre el Partido Ministerial y el Partido de la Oposición que lucharon con encarnizamiento, concluyendo con el triunfo de los opositores y con la caída del Jefe del Estado el 2 de febrero de 1838. En aquel partido opositor estaban: el vice- Jefe Dr. Pedro Valenzuela, José Francisco Barrundia, Doroteo y Simón Vasconcelos, el Dr. Pedro Molina y sus hijos, Venancio Castellanos, el Dr. D. Mariano Padilla, Miguel García Granados, y el aún joven, Diéguez Olaverri. Era tal la rivalidad, que cuando vieron que Gálvez utilizaba política de tierra arrasada contra las aldeas de donde provenían las rebeliones campesinas, no dudaron en aliarse con los rebeldes católicos campesinos dirigidos por un joven general guerrillero llamado Rafael Carrera, quien entonces contaba con tan solo 24 años de edad.

Aquellas luchas internas entre los liberales no solamente resultaron en la caída de Gálvez y la toma de la Ciudad de Guatemala por las tropas rebeldes, sino que provocaron que el Dr. Pedro Molina, rector de la Academia de Ciencias, saliera para San Salvador a asistir como facultativo al vice-Presidente de Centro -América Diego Vigil, resultando en que la Academia de Ciencias y Estudios quedara práticamente disuelta a fines de 1838.

Tras la caída de Gálvez, Diéguez fue nombrado jefe de sección del Ministerio y autorizó las providencias generales del Gobierno. Su reputación literaria se formaba en ese período de su vida; por esa época, el escritor José Milla, entonces muy joven, le consultó su primer poema “La Bruja y el Fraile”, que al final no se publicó.

En julio de 1842, a propuesta de la Suprema Corte de Justicia, y en atención a su horadez y capacidad, fue nombrado juez de Primera Instancia del departamento de Sacatepéquez, suscrito el despacho por el Jefe del Estado, Mariano Rivera Paz y refrendado por su Ministro el obispo Juan José de Aycinena. Posteriormente, en 1844 desempeñó el mismo cargo de juez en la Ciudad de Guatemala.

Pero cuando en 1846, como todavía no se había establecido una constitución en el Estado a pesar de haber convocado a constituyentes desde 1838, y viendo cómo Rafael Carrera había manejado la política del estado a su antojo hasta hacerse con el poder, Diéguez formó un partido con jóvenes estudiantes universitarios que decidieron llenar aquel vacío constitucional, convocar una constituyente auténtica, y dar al poder militar una organización regularizada. Así, el 26 de junio de 1846, cuando habrían de celebrarse en la Iglesia Catedral las honras fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres, muerto en la Habana, Diéguez, sabiendo que Carrera habría de concurrir á la función religiosa, dió la orden a los suyos para que fueran armados al templo a asesinar al Jefe de Estado. El plan fracasó y Diéguez y su hermano Manuel tuvieron que salir al exilio a Chiapas tras pasar un tiempo encarcelados en el Castillo de San José.

Durante su destierro escribió “La Garza“, la cual es considerada como una de sus mejores poesías y en la que se considera que describe su propia personalidad.  Por su parte, en “Tardes de Abril” describe las bellezas naturales de Guatemala.  Otra poesías por las que es reconocido son “A mi Gallo” y “Los Cuchumatanes“.

Los hermanos Diéguez regresaron a Guatemala en 1860, y eventualmente hicieron las paces con Carrera, quien lo dejó tranquilos mientras vivió.

Juan Diéguez vivió sus últimos años en Quetzaltenango y Antigua Guatemala, y tras la muerte de un hijo suyo y la de su protector, el padre Ocaña, falleció el 28 de junio de 1866 en la Ciudad de Guatemala.  Como su familia no tenía dinero, la Junta del Colegio de Abogados donó doscientos pesos para el sepelio y el gobierno del mariscal Vicente Cerna le concedió a su viuda y sus cinco hijos sobrevivientes una modesta pensión, que luego prorrogó el general Miguel García Granados por unos años más.

Las poesías de Diéguez Olaverri fueron compiladas por Jorge Arriola, quien eventualmente las publicó.


BIBLIOGRAFIA:

  • La Ilustración Guatemalteca (15 de septiembre de 1896).  Nuestro grabados.  La Ilustración Guatemalteca: Siguere, Guirola y Cía. Guatemala.

18 de noviembre de 1881: se abre oficialmente la Penitenciaría Central para que los reos varones cumplan sentencias

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Vista aérea de la Penitenciaría Central y del Estadio “Autonomía” en la década de 1950.  Este espacio es ocupado en el siglo XXI por el Ministerio de Finanzas y el Banco de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Una de las prisiones más lúgubres y terribles que han existido en la Ciudad de Guatemala es la trístemente célebre Penitenciaría Central, en donde purgaron sus condenas muchos presos varones entre 1881 y 1957, cuando fue finalmente clausurada por el gobierno del coronel Carlos Castillo Armas.  La estructura fue demolida en 1968 para dar luegar a la construcción del edificio del Ministerio de Finanzas Públicas y parte del Centro Cívico de la Ciudad.

La Penitenciaría empezó a recibir presos el 18 de noviembre de 1881, como lo muestra el siguiente decreto del general J. Rufino Barrios:

Palacio Nacional: Guatemala, 18 de noviembre de 1881

Habiéndose terminado ya la parte del edificio de la Penitenciaría de esta ciudad, destinada para recibir a los reos condenados por sentencia firme; y atendiendo, por una parte, a que allí se encontrarán éstos, por la amplitud del local y por otras favorables circunstancias en mejores condiciones que en la cárcel pública; y deseando además que cuando ántes vaya haciéndose la posible separación entre los que ya están condenados por ejecutoria a ciertas penas y los procesados que no lo están todavía, el Presidente de la República acuerda:

  1. Que los presos que actualmente cumplen en la cárcel de hombres de esta capital condenas de obras públicas o de más de un año de prisión, sean trasladados a la Penitenciaría para continuar extinguiéndola allí, en la forma que proceda, conforme a los términos de la sentencia respectiva; y
  2. Que igualmente sean trasladados al mismo edificio, para el cumplimiento de sus condenas, en los mismos términos expresados, los que en lo sucesivo fueren remitidos de los otros departamentos a la cárcel de éste o por los tribunales del último fueren condenados a pena que exceda de un año de arresto o que tenga la calidad de obras públicas.

Comuníquese.

  • J. Rufino Barrios
  • Cruz

Se inició así la triste historia del recinto, en donde muchos presos políticos padecieron torturas y vejámenes entre 1881 y 1957.  Del gobierno de Barrios, y su ministro de la Guerra, Juan Martín Barrundia, se cuentan terribles historias sobre los tormentos que sufrían sus enemigos en la Penitenciaría, como indica el embajador mexicano Federico Gamboa en “Mi Diario“, publicado en 1910:

“A los términos de la calzada, dándole la espalda a edificio de líneas agradables, […], otro monumento muy italiano en su factura y en sus componentes, erigido a la memoria del general D. J. Rufino Barrios. Allí está él, cabalgando en brioso bridón que parece fuera a despeñarse, y empuñando en su diestra la bandera de esta patria suya, que él trató con tantísima crueldad y dureza tanta. ¿Será de veras la muerte un Leteo?…

Lo pregunto porque aún existen centenares de familias que le narran a usted pormenorizadamente las persecuciones horrorosas y los tormentos bárbaros que el general Barrios consumó en sus deudos muertos, y sin embargo, aquí está él, en monumento de bronce y mármoles, en actitud heroica, con coronas de flores agostadas que indican que la gratitud nacional viene y las deposita en el pedestal, de cuando en cuando; y una agrupación política, que se llama a sí misma liberal, ha hecho de la memoria de Barrios, tan escarnecida por algunos, su símbolo, su arquetipo y su modelo.

Si se tratara de escribir la historia de este país, ¿a quién habría que hacerle caso, a los que atacan al hombre con pruebas fehacientes en su contra, o a los que lo defienden y dignifican?… ¡Allá ellos!

Guillermo F. Hall, un acomodado banquero de origen británico y padre de la escritoria Elisa Hall de Asturias, escribió su propio libro, “La Penitenciaría de Guatemala“, luego de haber estado en prisión por haberse negado a hacer negocios turbios con los allegados del presidente Manuel Estrada Cabrera. En su obra, Hall describe lo siguiente sobre la época de Barrios y Barrundia:

“Tata Juan” era el decano de la penitenciaría, había permanecido en ella desde su fundación. Había sido verdugo de los tiempos de Rufino Barrios y Barrundia.​ Era la conversación favorita de este rufián el referir a sus admiradores los crímenes que había cometido, tanto por cuenta propia, como en su carácter de verdugo. […] Hacía alarde de haber [asesinado] por su propia cuenta a veintiséis individuos; no recordaba a cuantos había dado muerte a palos en las bóvedas de la penitenciaría por orden de Barrunda y de Barrios -¡eran tantos!​ Contaba […] el modo cómo procedía a cumplir las órdenes de sus amos; cómo después de propinar a sus víctimas doscientos o trescientos palos, se acostaba un rato a descansar al arrullo de los ayes de su “paciente” [para luego reanudar] la tarea con más encarnizamiento, dándole palos sobre los ojos para deshacérselos, porque […] “así gritaban menos”.

Las atrocidades que sucedían en la lúgubre prisión no terminaron con la muerte de Barrios en 1885. Al contrario, en el libro “¡Ecce Pericles!“, el escritor conservador Rafael Arévalo Martínez describe lo que ocurría en el recinto a los presos políticos durante el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera, todos ellos miembros del Partido Conservador. Por su parte, en la obra “Hombres contra Ombres” del escritor Efraín De los Ríos, éste relata los vejámenes que sufrió en carne propia por los esbirros del presidente Jorge Ubico; De los Ríos menciona al famoso “Tatadiós“, quien residió muchos años en la Penitenciaría y era el cruel y desalmado encargado del denominado “callejón de los presos políticos”.

El escritor conservador Manuel Coronado Aguilar, quien estuvo preso en la Penitenciaría, escribió que “Roberto Isaac, alias “Tatadiós”, es una figura social-histórica guatemalense, digna de un minucioso estudio en los campos jurídico-criminológicos. Para unos, Roberto fue un delincuente vulgar, homicida reincidente; para otros, un hombre terrible, producto del hampa; para no pocos, un sujeto frustrado, de ímpetus irreflexivos; y para muy contados, nosotros entre éstos, un enfermo grave, que por haberlo abandonado nuestra sociedad que nunca o muy poco se ha preocupado de esta categoría de seres desglosados de la vida normal, se lanzó por el empinado atajo del crimen. Roberto Isaac entraba en un “estado patológico” siempre que ingería licor, el que lo obligaba a perturbaciones consecutivas mentales y hasta fisiológicas, de efectos extensivos, que lo precipitaban hacia la impulsión y hacia la tendencia morbosa.”

Incluso durante el gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán hubo torturas en esta prisión, siendo una de las víctimas el coronel Carlos Castillo Armas, a quien sus allegados ayudaron a escapar cargándolo porque no podía caminar por los castigos recibidos.


BIBLIOGRAFIA:


17 de noviembre de 1917: con un sismo que destruye el poblado de Amatitlán se inicia el enjambre sísmico que culmina con los terremotos de 1917-18

17noviembre1917
Imágenes de edificios destruidos en la Ciudad de Guatemala tras los terremotos de 1917-18.  Tomadas de Wikimedia Commons.

Los pobladores de la Nueva Guatemala de la Asunción vivieron durante casi ciento cuarenta años con la falsa creencia de que el valle en donde se asentaba la capital del país era inmune a terremotos cataclísmicos como los que asolaron a la ciudad de Santiago de los Caballeros.  Esta creencia errada hizo que muchos edificios y casas se construyeran sin protección sísmica, incluyendo muchas de las edificaciones que hizo el gobierno del general José María Reina Barrios entre 1892 y 1898. Aunque sí se habían sentido fuertes temblores en la ciudad, como el 23 de abril de 1830 o el que destruyó a Quetzaltenango en 1902, no hubo mayores daños en la ciudad y eso reforzó la creencia de que la construcción con refuerzo antisísmico no era necesaria en la ciudad.

En 1916 un enjambre sísmico se desató en la ciudad, y aunque al principio causó alarma entre la población, lo continuo de los temblores hizo que los habitantes se acostumbraran a los mismos.   Y así, cuando un nuevo enjambre sísmico empezó el 17 de noviembre de 1917 con su epicentro en el área del lago de Amatitlán, los habitantes de la ciudad no se preocuparon demasiado al respecto, a pesar de que gran parte del poblado de Amatitlán se derrumbó y se produjeron entre diez a treinta temblores diarios.

Fue el día de Navidad de 1917 que la historia de la ciudad cambió: se produjo el primero de los cataclísmicos terremotos conocidos como “de 1917-18”, los cuales se extendieron hasta mayo de 1918 y derrumbaron a la mayoría de edificios públicos y religiosos, así como una gran cantidad de residencias.  Aquel fue el final de la “Tacita de Plata” (que era como se le conocía a la ciudad en ese entonces) y el inicio de los problemas urbanísticos de que adolece la capital guatemalteca.


BIBLIOGRAFIA:


15 de noviembre de 1892: se erogan casi dieciséis mil pesos para remodelar la Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala

15noviembre1892
La Plaza Central de la Ciudad de Guatemala aproximadamente en 1900, luego de la remodelación emprendia por el gobierno de Reina Barrios. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general presidente José María Reina Barrios recibió de su antecesor, el general Manuel Lisandro Barillas, una economía pujante gracias al incremento internacional en el precio del café, y con ese superávit se esforzó por mejorar el ornato de la Ciudad de Guatemala y la infraestructura económica del país.

Reina Barrios empezó por remodelar la Plaza de Armas, la cual no había sufrido mayores modificaciones desde su construcción original, excepto proyectos de jardinización y el traslado de todas las tiendas del Mercado Central al antiguo cementerio que estaba ubicado al este de la Catedral Metropolitana.

El 15 de noviembre de 1892, con motivo de las celebraciones del VI Centenario del Descubrimiento de América,  Reina Barrios autorizó para que el despacho de Fomento, entonces a cargo de Próspero Morales, erogara quince mil novecientos noventa y cinco pesos a los hermanos Rafael y Manuel Ayau para que construyeran un kiosco en el centro de la plaza, el cual ocuparía el lugar que hasta entonces tenía la fuente de Carlos III. La obra fue realizada con hierro y mampostería y estuvo concluida en 1896, basado en un plano realizado por Roberto Fischer.​ (La fuente de Carlos III, por su parte,  fue desmantelada y almacenada y finalmente fue reinstalada en la Plazuela España en la zona 9 de la Ciudad de Guatemala  muchos años después).

Este fue solamente el principio de los proyectos de mejoramiento del ornato de la ciudad. Posteriormente, Reina Barrios contrató al arquitecto José de Bustamante, procedente de España para la construcción del Palacio Presidencial. El contrato se aprobó el 8 de febrero de 1895, y el edificio se construyó en el predio que ocupaba la huerta ubicada en el ala suroeste del Palacio Colonial del Ejecutivo sobre la 8ª Calle con un costo aproximado de cuatrocientos mil pesos. La obra se inició el 1 de enero de 1895 y se inauguró el 24 de diciembre de 1896.

En la Plaza de Armas, también se construyó el Monumento a Cristóbal Colón, el cual se inauguró el 30 de junio de 1896. El gobierno Reina Barrios había pedido a España e Italia proyectos de monumentos para Cristóbal Colón, pero no quedó satisfecho con ninguno de ellos; por ese entonces arribó a Guatemala el escultor español Tomás Mur y su proyecto dejó impresionado al presidente guatemlteco, al punto que éste de inmediato le encargó el proyecto.​ De acuerdo a un artículo publicado en la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” en 1898, “el monumento era original en el sentido de que no utilizó una columna para colocar en lo alto de la misma al navegante; el mundo antiguo, incompleto, está representado por el hemisferio que forma la base del monumento y en el que destacan tres figuras colosales que representan a la ‘Paciencia’, la ‘Ciencia’ y el ‘Valor’ -fuerzas a las que Colón debió su triunfo.​ Estas figuras con gran esfuerzo logran hacer surgir el Mundo Nuevo, luchando contra la tradición y la ignorancia. Sobre el globo terráqueo que Colón completó, se destaca una enorme figura del descubridor de América, radiante por su triunfo y señalando no el mundo soñado, sino el mundo real y positivo que acaba de descubrir”.​ Es importante ver cómo los guatemaltecos ilustrados del siglo XIX percibían la figura del navegante descubridor, la cual constrasta completamente con la versión que de él se maneja en el siglo XXI y que ha llevado a algunos países a retirar sus monumentos del navegante. (El monumento de Mur, por su parte, fue retirado por la administración del general Jorge Ubico en 1943 cuando la Plaza Central fue nuevmente remodelada por la construcción del Palacio Nacional y eventualmente fue trasladada al Parque de Jocotenango y luego a la Avenida de Las Américas.)

Todos estos proyectos y sueños de Reina Barrios se desplomaron como castillo de naipes junto con la economía del país cuando el precio internacional del café se desplomó en 1897, provocando revoluciones y eventualmente el asesinato del presidente el 8 de febrero de 1898.


BIBLIOGRAFIA:


 

7 de noviembre de 1980: declaran como Monumento Histórico y Artístico al Palacio Nacional

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El Palacio Nacional de la Ciudad de Guatemala en 2016, visto desde el sureste.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En la Nueva Guatemala de La Asunción ha habido cuatro sedes de gobierno:

  1. Palacio Colonial o del Ejecutivo: construido tras el traslado de la ciudad e inaugurado en 1787 fue la sede el gobierno colonial y luego del gobierno de Guatemala. Estaba ubicado en donde ahora se encuentran el Parque Centenario y la Biblioteca Nacional en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Allí se firmó el Acta de Independencia en 1821, y fue destruido por los terremotos de 1917-18.
  2. Palacio Presidencial: construido por el presidente José María Reina Barrios en el patio del antiguo palacio colonial, e inaugurado para su cumpleaños el 24 de diciembre de 1896.  Fue la sede del gobierno del presidente Manuel Estrada Cabrera hasta que los atentados contra su vida lo hicieron refugiarse en la finca “La Palma” en 1908.  Estaba ubicado en donde ahora está el Archivo General de Centro América y el estacionamiento del Instituto de Previsión Militar en la Ciudad de Guatemala. Fue destruido por los terremotos de 1917-18.
  3. Palacio de Cartón: construido en donde estaba ubicado el Palacio Colonial por el gobierno de Carlos Herrera para conmemorar el Primer Centenario de la Independencia de Guatemala.  Fue destruido por un incendio pocos años después.
  4. Palacio Nacional: construido por el gobierno del general Jorge Ubico en donde antes se encontraba la Municipalidad, destruida en 1917-18.  El principal objetivo era ayudar a recuperar la economía nacional durante la Gran Depresión, dándole trabajo a numerosos albañiles que estuvieron ocupados aunque su sueldo era ínfimo.  Fue inaugurado para el cumpleaños del general Ubico el 10 de noviembre de 1943 y en él centralizó a todos los ministerios del Ejecutivo, aunque solamente lo usó siete meses, pues renunció el 1 de julio de 1944.

En el Palacio Nacional ocurrieron numerosos hechos históricos mientras fue la sede del Ejecutivo desde 1943 hasta 2001, cuando fue convertido en un museo llamado “Palacio Nacional de la Cultura”.  Entre algunos de los principales acontecimientos se pueden mencionar:

  1. 1 de julio de 1944: renuncia del general Jorge Ubico
  2. 20 de octubre de 1944: Revolución de Octubre derroca al general Federico Ponce Vaides.
  3. 18 de julio de 1949: asesinato del mayor Francisco Javier Arana.  Tras este hecho ocurrido en Amatitlán, las fuerzas leales a Arana se alzaron y ametrallaron el despacho presidencial, ubicado en el segundo nivel de la esquina suroeste del Palacio.
  4. 27 de junio de 1954: renuncia del presidente Jacobo Arbenz
  5. 30 de marzo de 1963: golpe de estado contra el general Miguel Ydígoras Fuentes
  6. 4 de febrero de 1976: terremoto destruye gran parte del territorio guatemalteco.  El Palacio Nacional sobrevive el sismo con daños menores.
  7. 5 de septiembre de 1980: atentado dinamitero perpetrado por la guerrilla urbana en contra del gobierno del general Fernando Romeo Lucas.  Aparte de las numerosas víctimas inocentes, los vitrales del Palacio fueron destruidos y el gobierno lo declaró Monumento Histórico y Artístico el 7 de noviembre.
  8. 23 de marzo de 1982: golpe de estado derroca al general Fernando Romeo Lucas
  9. 8 de agosto de 1983: golpe de estado derroca al general Efraín Ríos Mont.  Durante el gobierno de facto del general Oscar Humberto Mejía Víctores se inició la costumbre de pintarrajear las paredes del Palacio Nacional cuando ocurrían manifestaciones.  Estas protestas causaron daños considerables en el edificio.
  10. 14 de enero de 1986: toma posesión de Vinicio Cerezo, primer presidente democráticamente electo tras los gobiernos militares.
  11. 29 de diciembre de 1996: firma de los Acuerdos de Paz que terminaron con la Guerra Civil.

BIBLIOGRAFIA:


6 de noviembre de 1895: el gobierno del general José María Reina Barrios autoriza la construcción de un tren Decauville entre la Penitenciaría y el paseo 30 de junio

6noviembre1895
Edificio de la Exposición Centroamericana en construcción.  Al frente se observan los rieles del ferrocarril tipo Decauville que se autorizó el 6 de noviembre de 1895 para transporter materiales.  Fotografía de Alberto G. Valdeavellano tomada de “La Ilustración del Pacífico“.

Durante los primeros años del gobierno del general José María Reina Barrios la economía guatemalteca alcanzó su máximo apogeo gracias a pa producción del café. Gracias a esto el gobierno tuvo un superavit fiscal que utilizó para emprender obras faraónicas que embellecieran la Ciudad de Guatemala y mejoraran la estructura del Ferrocarril en el país.

A continuación se presenta el contrato que se ratificó el 6 de noviembre de 1895 para la construcción de un tren tipo Decauville entre el Puente de la Penitenciaría y el extremo sur del paseo “30 de Junio” (lo que en la Ciudad de Guatemla del siglo XXI, corresponde a ir desde  Centro Civico hasta el Monumetno a los Próceres, pasando por toda la Avenida de la Reforma). Este ferrocarril de carga iba a ser utilizado para la construcción del edificio principal de la Exposición Centroamericana, que se iba a celebrar en 1897 para promocionar el Ferrocarril del Norte que el gobierno de Reina Barrios estaba construyendo para impulsar la economía de Guatemala al servir como Canal Interoceánico.

Manuel Morales Tobar, secretario de Estado en el despacho de Fomento, con autorización del señor general presidente, por una parte, y Mauricio Frary Gross, ingeniero, por otra, han convenido en lo siguiente:

  1. Frary se compromete a construir un ferrocarril Decauville desde el Puente de la Penitenciaría hasta el extremo Sur del Boulevard 30 de Junio, o sea una longitud de 3,961 metros. Este ferrocarril tendrá un ancho de 0.60.
  2. A mitad de la línea o sea frente al sitio de la Exposición Centroamericana, se colocará un apartado para el cruzamiento de los trenes.
  3. En los términos de la línea, Frary construirá dos estaciones de 40 metros de largo y 8 de ancho, cubiertas con lámina y tendrán bancos corridos para comodidad de los pasajeros.
  4. La línea será lastrada con talpuja del Calvario, para cuyo efecto Frary colocará un ramal especial.
  5. Para la colocación de la línea Frary no hará ninguna excavación, sino que seguirá la configuración del terreno, pero sometiéndola siempre a una gradiente uniforme en el sentido del perfil longitudinal de la línea del Boulevard.
  6. Frary hará por su cuenta el transporte de todo el material de la línea, carros y locomotoras, desde la estación de Santo Domingo hasta el lugar en que se han de ocupar.
  7. En la construcción de este ferrocarril, Frary se sujetará a las siguientes prescripciones: Las curvas no serán menores de 35 metros de radio, los rieles serán unidos por eclisas y tornillos, colocará durmientes de madera de 1.20 de largo por 35 de ancho y 55 de mm de grueso, debajo de cada par de eclisas en los empalmes cuidará de que los alineamientos sean perfectamente rectos en las tangentes, y las curvas enteramente circulares y sin codos.
  8. Frary colocará un depósito de agua de un metro cúbico de capacidad en cada extremo de la línea, y el Gobierno facilitará el agua de Acatán con sus tillarías correspondientes para el servicio de dichos depósitos. (Nota de HoyHistoriaGT: el acueducto de Acatán era otro de los proyectos faraónicos en que se embarcó la administración Reina Barrios y consistía en la construcción de un Segundo acueducto para surtir de agua a la Ciudad de Guatemala, ya que el acueducto de Pinula ya no se daba abasto).
  9. El Gobierno pagará a Frary la suma de $9,350 (nueve mil trescientos cincuenta pesos) en moneda efectiva, por todos los servicios antes citados, y le proporcionará por cuenta del mismo Gobierno, cincuenta zapadores, mientras dure el trabajo de construcción, y pagará asimismo la planilla de cuatro enrieladores, un mecánico y un caporal, ascendiente á ochentinueve pesos semanales.
  10. Además dará el Gobierno a Frary, cuatro kilómetros de vía Decauville, dos locomotoras denominadas, una Algeria y la otra Celia, y diez carros cumbos, los que con calidad de préstamo proporcionará la Superintendencia del Ferrocarril al Norte, y los cuales serán devueltos por Frary al lugar de su procedencia, cuando estén terminados los trabajos de instalación del ferrocarril de que se trata. (Nota de HoyHistoriaGT: Algeria era el nombre de la esposa del presidente, Algerie Benton de Reina, y Celia el nombre de la madre).
  11. La línea estará abierta al serviejo público, con los trenes, el 24 de diciembre próximo.  (Nota de HoyHistoriaGT: el 24 de diciembre era la fecha de cumpleaños del presidente y acostumbraba celebrarlo inaugurando fastuosas obras).
  12. La suma de nueve mil trescientos cincuenta pesos la pagará el gobierno en esta forma: la mitad el 30 de noviembre próximo, y la otra mitad al recibirse el trabajo.
  13. El Gobierno concede a Frary, en igualdad circunstancias, el derecho de preferencia, para la explotación del ferrocarril de que se trata; debiendo en en tal caso, hacerse cada fin de mes un dividendo del producto líquido que en lo absoluto tenga la Empresa, para distribuirlo en la forma que se expresa en seguida: un setenticinco por ciento para las rentas nadonales, y un veinticinco por ciento para Frary, por su administración.
  14. Los materiales que havan de transportarse por cuenta del Gobierno, hacienda uso de la vía, objeto de esta contrata; tendrán en los valores ordinaries de los fletes una rebaja del ciencuenta por ciento, y las personas que por asuntos del servicio público hayan de hacer uso del ferrocarril en referencia, gozarán del pasaje libre; debiendo para el efecto, presenter la tarjeta que el Ministerio de foment haya tenido a bien expedir a su favor.

En fé de los cual y para constancia de ambas parte, se firman dos de un tenor en Guatemala, a seis de noviembre de mil ochocientos noventicinco.

(f) Manuel Morales T.
(f) M. Frary G.


BIBLIOGRAFIA:


4 de noviembre de 1822: por decreto del Emperador Agustín de Iturbide se divide al Reino de Guatemala en tres comandancias generales

4noviembre1822
Tumba y trono del emperador Agustín de Iturbide en la Catedral de la Ciudad de México.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 5 de enero de 1822, la Junta gubernativa de Guatemala declaró que la voluntad de la mayoría de los pueblos que la componían era la de anexarse al Primer Imperio Mexicano dirigido por Agustín de Iturbide.  Las únicas dos ciudades que se opusieron fueron San Salvador y Granada, quienes se alzaron en armas contra la decision, aunque eventualmente fueron sometidos por las fuerzas mexicanas de Vicente Filísola en 1823.

 

Poco después de la Anexión, el 21 de febrero de 1822 se disolvió la Junta provisional consultiva de Guatemala, que había sido creada el 15 de septiembre de 1821 para gobernar el antiguo Reino, ya que ahora era inncesaria.  Pero el imperio de Iturbide tuvo el problema de que el gobernante no estaba capacitado para tan alto cargo, y fue de efímera existencia derivado de las incosistencias en su política gubernamental y las grandes rivalidades entre los criollos conservadores y liberales.

Como un ejemplo de las constantes contradicciones de Iturbide, está la orden Imperial de dividir al antiguo Reino de Guatemala en tres comandancias generales, el cual fue emitido el 4 de noviembre de 1822.  Las comandancias que se iban a crear eran:

  1. Comandancia de Chiapas, con capital en Ciudad Real
  2. Comandancia de Sacatepéquez, con capital en la Nueva Guatemala
  3. Comandancia de Costa Rica, con capital en León, Nicaragua.

Sin embargo, esta división nunca llegó a materializarse, pues el emperador cambió de opinion poco después.


BIBLIOGRAFIA: