24 de octubre de 1858: el general Rafael Carrera inaugura el cuartel de San Rafael de Matamoros

24octubre1858
Cuartel de Matamoros a principios del siglo XX. En el recuadro: retrato del capitán general, Rafael Carrera, quien gobernó Guatemala de 1844 a 1848 y de 1851 hasta su muerte en 1865. Imágenes tomadas de Guatemala de Ayer y de la Revista Conservadora del pensamiento centroamericano.

El gobierno del capitán general Rafael Carrera empezó a construir nuevos edificios en la Ciudad de Guatemala luego de conseguir finalmente la paz al derrotar a los criollos liberales centroamericanos en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851.1 Estas edificaciones se inauguraban el 24 de octubre, fecha de nacimiento del caudillo mestizo, y entre ellos destacan el Teatro de Carrera inaugurado en 1854, y el cuartel de San Rafael de Matamoros, inaugurado en 1858.

Si bien estaba diseñado para proteger la entrada noreste de la Ciudad de Guatemala, en realidad el cuartel de Matamoros no tenía mayor importancia estratégica; de hecho fue construido en el barrio de La Candelaria porque de allí había nacido el presidente vitalicio. Su construcción es típica de las fortalezas defensivas españolas de la época con forma de estrella, y los trabajos se iniciaron el 8 de mayo de 1853 bajo las órdenes del agrimensor José María Cervantes, quien siete años antes había construido el Fuerte San José de Buena Vista (el cual sí era de vital importancia estratégica para la defensa de la pequeña ciudad).2 El terreno para construir el fuerte fue adquirido a José de León Pineda en 1852.3

El día de su inauguración el 24 de octubre de 1858, se realizó una procesión con la imagen de San Rafael Arcángel, del templo de la Concepción, la cual fue llevada en hombros por los jefes y oficiales del ejército para conducirla al nuevo edificio.3 (Nota de HoyHistoriaGT: en esa época, el gobierno era de tipo teocrático y la Iglesia Católica y los miembros de la familia Aycinena tenían mucha influencia en la administración pública, aunque el general Carrera era quien tenía la última palabra en muchas de las decisiones.)4

Aparte de servir para acantonar a los cuerpos de infantería, el edificio sirvió como prisión, al igual que el cuartel de San José Buena Vista.4 Pero lo trabajos de construcción continuaron, aunque fueron finalizados por el gobernador del Fuerte, el Sargento Mayor Fernando Almendarez, luego del fallecimiento de Cervante en 1863. Almendarez construyó varias bartolinas en las instalaciones.2

Posteriormente, el cuartel ha tenido una importante participación en la vida política del país. De allí atacaron las fuerzas del presidente Manuel Estrada Cabrera a la ciudad de Guatemala durante la Semana Trágica de 1920,3 y fue el primer cuartel en ser derrotado por las fuerzas revolucionarias en 1944.    También, el 17 de diciembre de 1930, el comando del cuartel, general Manuel María Orellana, dió un golpe de estado contra el presidente provisional, licenciado Baudilio Palma, aduciendo que era al general Mauro de León a quien le correspondía la presidencia tras la renuncia forzada del general Lázaro Chacón el 12 de diciembre.5 Posteriormente,  el 1 de Julio de 1945, durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo, el Alto Mando del Ejército lo convirtió en el Cuartel General J. Rufino Barrios.3

El 13 de noviembre de 1960, un grupo de desertores y prisioneros descontentos con el estado del Ejército y con el entrenamiento de guerrilleros cubanos en Retalhuleu, se sublevó en el cuartel, matando a varios de los oficiales a cargo y robando armamento que luego llevaron a Zacapa y Puerto Barrios, lo que muchos autores consideran el inicio de la guerra civil que asoló a Guatemala hasta 1996, y que actualmente se conoce como “Conflicto Armado Interno” por cuestiones legales derivadas de los Acuerdos de Paz de 1996.6

En el siglo XXI, durante la época de los gobiernos democráticos el cuartel alberga a la Guardia Presidencial y otras dependencias del Ejército, aunque es más conocido por ser una prisión de lujo para personajes de la sociedad guatemalteca que gozan de muchos privilegios y que pueden conseguir que los jueces no los envíen a las prisiones regulares.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  2. Ministerio de la Defensa Nacional (s.f.) Historia de la Guardia Presidencial. Guatemala: Ejército de Guatemala.
  3. Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala. Guatemala. Editorial: Amigos del País, Guatemala.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press
  5. Hernández de León, Federico  (17 de diciembre de 1930). «Manuel María Orellana, presidente de la República». Nuestro Diario (Guatemala).
  6. Villagrán Kramer, Francisco (1994). Biografía política de Guatemala. Los pactos políticos de 1944 a 1970.  Guatemala: FLACSO. p. 307.

 

18 de octubre de 1826: el coronel José Pierson, jefe del ejército del Estado de Guatemala, bate en Salcajá a los que lincharon al Jefe de Estado Cirilo Flores

18octubre1826
Iglesia de San Jacinto en Salcajá, la cual según la tradición data de 1524, siendo la primera iglesia católica formal que hubo en Guatemala. En el recuadro, el presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la Independencia de Centroamérica, varios mercenarios europeos intentaron probar suerte en la región para hacer fortuna. Entre ellos destacan los franceses José Pierzon, Isidoro Saget y Jean-Baptiste Fouconnier y el inglés Gordon.1

En 1826, Pierzon ya era coronel y estaba en las filas de las fuerzas federales apostadas en el Estado de Guatemala. Sin embargo, tras la decisión del general presidente Manuel José Arce y Fagoaga de encarcelar al jefe del Estado de Guatemala Juan Barrundia en septiembre de ese año,2 Pierson desertó del ejército Federal para y organizó las tropas estatales de Guatemala refugiándose en la región de Los Altos, en el occidente de Guatemala.1

A principios de octubre Pierson salió de Quezaltenango a perseguir las tropas federales del comandante Manuel Montúfar y Coronado. Asistió a la Dieta de los Cuatro Jefes del Estado de los Altos, en donde se fomentó la organización de un verdadero frente de oposición militar al poder del Presidente Arce, a quien los criollos liberales de la región consideraban como un traidor a sus ideales por haberse aliado a los interes de los criollos aristócratas de la Ciudad de Guatemala.3

En preparación de sus tropas para enfrentar a las fuerzas federales, Pierson cometió el error de confiscar los caballos de los pobladores de Quetzaltenango por la fuerza, incluyendo los de las órdenes religiosas, lo que agitó los ánimos en contra del gobierno del Estado, reunido a la sazón en esa ciudad altense luego de que huyeran de Guatemala tras la prisión de Barrundia.3 Indirectamente, esta imprudencia fue la causa de la muerte del Jefe de Estado interino, Cirilo Flores, cuando fue a intentar a calmar los ánimos de la población quetzalteca que creía que los criollos liberales querían expulsar a los frailes del Estado.4

Al enterarse de la salvaje muerte de Flores Pierson decidió aplastar a los promotores de la misma, combatiéndolos el 18 de octubre de 1826 en Salcajá, donde murieron 40 soldados, pero en donde abusó de las facultades que le fueron confiadas y sacrificó multitud de víctimas inocentes.1,5 Posteriormente ocupó brevemente la población hasta fue derrotado por las fuerzas federales del comandante Francisco Cáscara, teniendo que salir huyendo a Malacatan, buscando asilo en la frontera con Soconusco, pero su fuerza fue aplastada allí el 28 de octubre, aunque Pierson logró huir al Estado de Chiapas pero sus compañeros fueron aprehendidos entre ellos varios diputados del estado de Guatemala amigos de Flores.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Belaubre, Christophe (2007). Principales aspectos de la experiencia militar de José Pierson en Centroamérica. AFEHC.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  4. Fernández Ordíñez, Rodrigo (2008) ¡Muerte al hereje!: el linchamiento de Cirilo Flores Estrada. Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación
  5. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 37.

 

13 de octubre de 1826: linchan al jefe de Estado Cirilo Flores en Quetzaltenango

13octubre1826
Vista general de la ciudad de Quetzaltenango en la década de 1880. En el recuadro: busto del Jefe de Estado Cirilo Flores que se encuentra en la ciudad de Quetzaltenango. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y del Departamento de Educación de la Universidad Francisco Marroquín.

El primer presidente de la República Federal de Centro América, el general Manuel José Arce y Fogoaga, fue electo en 1825 tras un proceso electoral poco satisfactorio y desde que tomó posesión el 29 de abril de ese año, tuvo que hacer malabares para gobernar a la naciente república federal, intentando mediar entre los criollos aristócratas y los criollos liberales, quienes se odiaban mutuamente. La situación de Arce se vió agravada cuando el jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia decide retornar la capital del Estado a la ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, pues ahora había dos gobiernos constituidos, ubicados a pocas calles uno del otro; cada uno con su propio ejército, y sus propias necesidades y pretensiones.1

La tensión llegó al máximo cuando Barrundia fue destituido y hecho prisionero en septiembre de 1826,2 luego de que los aristócratas rechazaran los decretos anticlericales y el decreto que clausuraba el Consulado de Comercio (los cuales afectaban directamente sus intereses económicos) y consiguieran influir en el presidente Arce para modificarlos.3 Esto llevó a que tanto el Congreso como el Senado federales se declararan disueltos al no aprobar las acciones del presidente federal, quien asumió poderes dictatoriales y llamó a nuevas elecciones legislativas, convocando a un Congreso extraordinario que se habría de reunir en la Villa de Cojutepeque, en el Estado de El Salvador.2

Pero en el estado de Guatemala, la situación estaba lejos de estar bajo control. Tras la destitución de Barrundia, asumió como jefe del Estado Cirilo Flores el 6 de septiembre de 1826, en medio de la persecución política contra los criollos liberales que había lanzado el presidente Arce. Por esto, en una reunión secreta el Consejo de Estado y la Asamblea Legislativa del Estado acordaron trasladar su sede a la ciudad de Quetzaltenango, para iniciar desde allí labores el 15 de septiembre de ese año, pero Flores logró detenerlos en Chimaltenango y acordaron que la Asamblea se instalara en la villa de San Martín Jilotepeque, desde donde emite un decreto llamando a que se establezcan las milicias de “voluntarios defensores de la constitución” para defender la autoridad el Estado el 22 de septiembre.4

Ante esto, el presidente federal los amenazó con disolver la Asamblea por la fuerza, y los diputados decidieron trasladarse definitivamente a Quetzaltenango el 29 de septiembre y así poder para iniciar sesiones allí el 10 de octubre. En esa ciudad, no obstante, ya había un mal ambiente contra el el jefe interino Flores, ya que éste se expresado en público contra algunas preocupaciones religiosas, y porque, algunos días antes, había fomentado el proyecto de introducir el agua a la plaza pública por arquerías hechas con capitales de obras pías.5

Los frailes regulares, principales colaboradores de los criollos aristócratas por sus mutuos intereses económoicos, circularon pastorales subversivas e hicieron correr rumores haciendo creer a sus feligreses que los liberales eran masones y que estaban tratando de acabar con los conventos de religiosos. Además, acusaron a los liberales de que querían remover a los curas seculares de sus curatos, y tomarse la plata y vasos sagrados de las iglesias y el dinero de las cofradías. Incluso se llegó al extremo de asegurar que había intentos de degollar a los sacerdotes. Baste decir que la voz de alarma corrió entre los quetzaltecos, y se regó entre los indígenas de los pueblos vecinos. Flores, mientras tanto, estaba preocupado por una posible agresión del Presidente de la Federación y ordenó las medidas necesarias para la defensa de la ciudad, alistando tropa en todos los pueblos y estableciendo como plaza fuerte la población de Patzún. Como no disponía de dinero de forma inmediata, decretó un empréstito forzoso, lo que no fue bien recibido por la población. Y, por si esto fuera poco, el coronel José Pierson, comandante de las fuerzas del estado, dio orden a algunos de sus oficiales para que, en la misma noche, los sacasen por fuerza a los caballos de casa de sus dueños, armando un alboroto cuando la tropa llegó a un convento y abrió la puerta a sablazos para sacar a las bestias.5

Aquel fue el detonante de la tragedia.

Al día siguiente los frailes franciscanos anunciaron que abandonarían la ciudad por no poder seguir soportando las arbitrariedades de los liberales, lo que enardeció a la población, que empezó a agolparse en la puerta de los conventos. El alboroto iba escalando sin control, por lo el alcalde Pedro Ayerdi y el regidor Tomás Cadenas se presentaron en la casa de Flores para ponerlo al tanto de los sucesos, y éste dispuso ir al convento franciscano a dar explicaciones. Pero fue recibido con improperios e insultos, y tuvo que refugiarse en el convento. Cuando entró al asilo sagrado algunas mujeres se arrojaron sobre él, le arrancaron bruscamente el bastón y el gorro que llevaba en la cabeza, con parte del pelo y le dieron golpes con el mismo bastón, mientras que otras le tiraban de su ropa. Si no hubiera sido por el fraile Antonio Carrascal, que logró llevarlo hasta el púlpito, lo matan allí mismo.5

Flores descubrió entre la multitud a José María Marcelo Molina y Mata, y sabiendo que éste gozaba de algun influjo en la población, lo llamó para que subiese al púlpito, y desde allí hablase a la multitud. Molina y Mata logró llegar, pero apenas pronunció las primeras palabras en favor de Flores, cuando el pueblo gritó “Muera el hereje, y usted no se meta a defenderlo, porque también corre peligro“. Pero Molina y Mata siguió intentando y logró aplacar los ánimos, prometiendo que Jefe de Estado interino saldría desterrado. Pero en ese momento, una descarga de fusilería de la tropa sobre el pueblo echó por tierra todo el plan. El pueblo en masa se echó sobre la tropa, desarmó una parte, y puso en fuga a los demás, mientras que los frailes hicieron a Flores descender del púlpito, atravesaron con él la iglesia y parte del claustro, y le conducían con gran fatiga a la celda del cura. Pero antes de llegar, Longino López lo arrancó de los brazos de los religiosos, le dio el primer golpe con un palo, y lo entregó a la horda fanática y rabiosa, compuesta en su mayor parte de mujeres; como furias desencadenadas se echaron sobre el Flores, con piedras, palos y puñales, golpeándolo e hiriéndolo salvajemente hasta matarlo.5

Tras estos terribles sucesos los criollos aristócratas se hicieron con el poder en Guatemala, pero el resto de estados se alzó en armas iniciando la Guerra Civil Centroamericana, la cual terminó en su primera fase el 14 de abril de 1829, cuando el general liberal hondureño Francisco Morazán invadió Guatemala, hizo prisioneros a los aristócratas6 y al cabo de unos meses expulsó a las órdenes religiosas del territorio centroamericano.6 Irónicamanete, si bien los frailes habían hecho circular noticias alarmantes sobre lo que querían hacer los liberales en 1826 solamente para alterar los ánimos de sus feligreses, todos sus temores se cumplieron en 1829: Morazán expulsó a los frailes y quitó el diezmo obligatorio a los curas párrocos, también les confiscó todos sus bienes, y las tropas liberales se robaron todo lo que pudieron de los vasos sagrados y joyas de los templos. De hecho, los frailes no regresarían a Guatemala sino hasta 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arce, Manuel José (1830). Memoria de la conducta publica y administrativa de Manuel José Arce, durante el periodo de su presidencia : escrita en defensa de las calumnias que contra su persona han vertido los mismos que se rebelaron contra el gobierno y la nación de Centro-América. México: Imprenta de Galván á cargo de Mariano Arévalo. OCLC 054265435.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p.p 32-36.
  3. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  4. Asamblea Legislativa and Guatemala. Departamento de Guerra (22 de septiembre de 1826), Hoja suelta-Decreto, S. Martin Xilotepeque, Guatemala, 22 de septiembre de 1826 San Martin Xilotepeque, Guatemala.
  5. Fernández Ordíñez, Rodrigo (2008) ¡Muerte al hereje!: el linchamiento de Cirilo Flores Estrada. Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.

 

10 de octubre de 1826: tras el golpe de Estado en Guatemala, el presidente federal Manuel José Arce convoca a un congreso extraordinario

10octubre1826
Mapa de México y de la República Federal de Centro América en 1830. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el golpe de estado que se dio en Guatemala con la prisión del Jefe de Estado Juan Barrundia el 25 de septiembre de 1826,1 el presidente federal, general Manuel José Arce y Fagoaga, de propia autoridad y sin consultar al Congreso Federal, convocó para la Villa de Cojutepeque, en el Estado de El Salvador, un Congreso Nacional extraordinario, plenamente autorizado para restablecer el orden constitucional en la República Federal de Centro América.2

De acuerdo al propio Arce, hubo tres ataques que se dieron contra su decreto:  el primero consistió en ocurrir al talismán del federalismo, inventado que se proyectaba destruirlo; el segundo fue decir que era obra de los miembros de la familia Aycinena, la cual era detestada por los criollos liberales en toda Centroamérica; y tercero, se dijo que no era un decreto legal porque solamente el Senado podía convocar a un Congreso, según la constitución federal.3 A raiz de esto, empezaron a producirse revueltas en los Estados; por ejemplo, el 13 de octubre de ese año, el vice-Jefe del estado de Guatemala, Cirilo Flores, quien estaba al frente del Estado por la prisión de Juan Barrundia, fue asesinado en una iglesia en Quetzaltenango cuando llegó a intentar calmar los ánimos que estaban caldeados por los edictos anticlericales que se habían emitido recientemente; ese mismo día, muchos miembros de la Asamblea y Consejo Representativo fueron perseguidos y tuvieron que huir, dejando prácticamente disueltos los tres poderes del Estado de Guatemala.4

La situación empeoró en el Estado, ya que el 18 de octubre el coronel José Pierzon, quien estaba al mando de las fuerzas del Estado de Guatemala y era leal a Barrundia y Flores, llegó a Salcajá y aniquiló a los autories del motín que le costó la vida a este último;  el gobierno federal, a su vez, envió a sus propias fuerzas a combatir a Pierzon, lo que llevó al combate de Malacatán, en las que las tropas federales al mando del brigadier Francisco Cáscaras batieron y dispersaron a las fuerzas guatemaltecas.4

La situación se salió de control en toda la región, ya que los criollos liberales acusaban a los criollos aristócratas guatemaltecos de estar detrás de las acciones de Arce, y consideraron al presidente federal como un traidor a su causa, desatando la Guerra Civil Centoramericana que se extendió inicialmente hasta 1829, cuando las fuerzas liberales al mando del general Frncisco Morazán invadieron Guatemala, hicieron prisioneros a sus autoridades y expulsaron de la región centroamericana a los criollos aristócratas y al propio Arce, además de los miembros de las órdenes regulares, principales aliados de los aristócratas conservadores.  Pero, en realidad, el Estado de Guatemala la inestabilidad continuó, ya que siete años después, una revuelta campesino-católicada liberada por el general guerrillero Rafael Carrera derrocó al gobierno del jefe de Estado liberal Mariano Gálvez, dando inicio a un período de inestabilidad y anaquía que incluyó la efímera separación del Estado de Los Altos, y que no terminó sino hasta en 1851, tras décadas de endeudamiento y estancamiento por las constantes invasiones, guerras y revueltas.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-36.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 36.
  3. Arce y Fagoaga, Manuel José (1903).  Memoria del general Manuel José Arce primer presidente de Centro América. San Salvador: La Luz. p. 139
  4. Marure, Efemérides de los hechos notables, pp. 37-38.
  5. Woodward, Ralph Lee (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

 

17 de septiembre de 1837: el líder conservador y consejero de Rafael Carrera, Luis Batres Juarros, contrae matrimonio con Adela García-Granados y Zavala, hermana del general Miguel García Granados, líder liberal

17septiembre1837
Parte de la Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la época en que se casó Batres Juarros. Se aprecia el Portal del Comercio, el Colegio de Infantes y el antiguo mercado, ya desaparecido. En los recuadros: miniaturas de Francisco Cabrera de Adela García-Granados y Luis Batres Juarros. Imágenes tomadas de la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

La figura de Luis Batres Juarros es muy importante para la historia del Gobierno conservador de los 30 años porque junto con Manuel Francisco Pavón Aycinena eran los principales líderes intelectuales de los criollos aristócratas durante la época del general Rafael Carrera.  De hecho, su esposa Adela García-Granados fue mentora de Ramona García, la primera esposa del general Rafael Carrera cuando éste llegó al poder en 1844.1

Tanto los Batres Juarros como los Pavón y Aycinena eran las familias aristocráticas más acaudaladas durante la época colonial; para que el lector se de una idea, he aquí las fortunas documentadas de las familias Batres Juarros, Pavón, Aycinena y García-Granados al momento de la Independencia de Centro América, las cuales están expresadas en pesos, con una conversión de $16 pesos por cada onza de oro español:

  • Pavón: $1,250,000
  • Aycinena: $750,000
  • Batres Juarros: $500,000
  • García-Granados: $650,0002

El 17 de septiembre de 1837, siguiendo la costumbre de los matrimonios endogámicos entre aristócratas, Batres Juarros se casó con Adela García-Granados y Zavala, nacida en 1814 y hermana del general Miguel García Granados, quien muchos años más tarde sería el líder de la revolución liberal que se hizo con el poder en 1871.3 Este hecho es importante tanto a nivel político como social, ya que era uno de los matrimonios de las familias criollas más aristocráticas de Guatemala, y fue celebrado cuando el gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez estaba combatiendo la revuelta campesino-católica dirigida por el general guerrillero Rafael Carrera. 4

De Adela, escribió el escritor liberal cabrerista Máximo Soto Hall: “el ovalado rostro de Adela; la boca perfectamente delineada y ligeramente provocativa; la nariz fina y recta; los ojos, unos ojos de sorprendete atracción y belleza; la palidez transparente que se adivina en una blancura mate; el cabello renegrido y lustroso; el cuello torneado y alto; la distinción jerárquica del busto; los rasgos artísticamente distintivos de Adela…5  Y por su belleza, es que se cuenta que el renombrado poeta e ingeniero agrimensor José Batres Montúfar, primo de Batres Juarros, sufrió enormemente por este enlace, y que le dedicó a Adela unos sencillos versos que han sido memorizados por innumerables guatemaltecos:

“¡Yo pienso en ti, tú vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.

En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de luz que el sol envía
al través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entra el vano estrépito del mundo
la melodía de tu nombre suena.

Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme el ciego frenesí
sin proferir un solo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento…
¡y pienso en ti!5

En 1848, cuando la situación del país era caótica, los criollos conservadores pensaron que era el momento de salir de Carrera, a quien hasta ese momento habían considerado como un caudillo barato que les había ayudado a recuperar el poder.  Fue Luis Batres Juarros el que le entregó la renuncia para que la firmara y la entregara a la Asamblea Legislativa. Al respecto, dice el periodista guatemalteco Clemente Marroquín Rojas: “los liberales comprendieorn que Carrera no era un general cualquiera que se dejara manejar y ellos, que creyeron dominarlo en los momentos de su distancianiemto de los nobles, se convencieron de que tenía mucha personalidad.  Sin embargo, insistieron en la lucha y esta fue culminando, hasta que llegó a estallar en los días de agosto de 1848.5  Para terminar con las rebeliones, lo alzamientos en la montaña, las ambiciones de los hermanos Cruz, los problemas críticos del erario nacional y la lucha de los partidos criollos, Carrera renunció y se fue exiliado a México.1,5

Pero la situación real del país se evidenció con la ausencia del caudillo.  Los liberales tomaron el poder pero no pudieron aprovechar su oportunidad, y cuando la situación estaba en completa anarquía, llevaron al general conservador Mariano Paredes a la presidencia, quien permitió el retorno de Carrera en 1849.6  Al enterarse del regreso del general mestizo, los liberales guatemaltecos huyeron hacia El Salvador, mientras que los conservadores, con Batres Juarros a la cabeza, tuvieron que quedarse en el país porque eran aborrecidos en el resto de Centroamérica, y además, se vieron obligados a pactar con Carrera, ya que éste tenía fuertes lazos con los líderes indígenas guatemaltecos y los conservadores temían que se produjera otra masacre contra los europeos, como ya estaba ocurriendo en Yucatán.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia. Memorias de un Siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 238-239. 
  3. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). «Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia»Revista conservadora del pensamiento centroamericano (Managua, Nicaragua) XXIII (111). p. 183.
  4. Ibid., p. 145.
  5. Ibid., p. 146.
  6. Ibid., p. 147.
  7. Don E. Dumond (2005). El Machete y la Cruz: La Sublevación de Campesinos en Yucatán. México: UNAM, pp. 488. ISBN 978-9-70322-309-1.

10 de septiembre de 1829: unos cuantos conservadores intentan tomar la Ciudad de Guatemala tras el exilio de Manuel José Arce y Mariano de Aycinena

10septiembre1829
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Allí residía el gobierno de la República Federal de Centro América cuando Manuel José Arce era presidente. En el recuadro: el presidente Arce. Imágenes tomadas de la colección de La Calle donde tú vives y Wikimedia Commons.

La prensa partidista en Guatemala siempre ha sido dura con sus oponentes.  Esto queda ejemplificado cuando el periódico liberal “La Antorcha Centro-Americana” publicó las siguiente notas el 10 de septiembre de 1829:

  • Con respecto al exilio del expresidente Manuel José Arce y del ex-jefe de Estado Mariano de Aycinena:  “el 7 del corriente salieron de esta Capital con destino a embarcar a los puertos del norte, el ex-presidente C. Manuel José Arce, y el intruso Jefe de Estado C. Mariano Aycinena.  Este escarmiento en estos dos funcionarios traidores a sus juramentes y a los compromisos que debían a su Patria, es un saludable ejemplar para que los Jefes venideros no lo sigan en suerta tan desgraciada y afrentosa“.1
  • Con respecto a los acontecimientos que siguiente al exilio de los arriba indicados: “Se descubrió una conspiración en esta Capital en que se trataba de apoderarse de la plaza, destruir el orden restablecido, y reponer el imperio de los intrusos.  Uno de los proyectos era degollar a las personas empleadas en el Gobierno, y otras que pudieran resistirse.  Se deduce de la causa que contaban con armas, parque, dinero y algunos hombres. Esta tentativa es una verdadera reacción del partido que sucumbió, y que ha tenido animosidad de intentarla por la indulgencia con que han sido tratados los criminales.  Ellos no se contienen por el sentimiento noble de la gratitud de que debían estar penetrados. Ellos acaso ni aun están bastantemente convencidos de la moderación con que se se ha procedido.  Jamás se han contenido los delitos por dejarlos de castigar; esta máxima que hemos procurado gravar, ha producido contradicciones poco honrosas a sus autores, porque suponen o mucha ignorancia o complicidad en los delitos. Hay filósofos que opinan que todo crimen supone una perturbación en la mente; pero ninguno lo manifiesta tanto, como la conspiración intentada: ella era un verdadero acto de despecho, pues no tenía la más remota probabilidad del suceso. Cuando hubiesen conseguido una sorpresa habría sido momentánea; pues la opinión pública en que se apoya el actual Gobierno lo habría sostenido y destruido a los audaces conspiradores.”1

Es importante indicar aquí lo siguiente:

  1. El “orden restablecido” se refiere al triunfo de la invasión liberal dirigida por el general Francisco Morazán, que derrocó al jefe de Estado conservadora Mariano de Aycinena y al gobierno federal,2 entonces a cargo del vicepresidente Mariano de Beltranena, ya que el general Manuel José Arce estaba separado del cargo.3  Las autoridades conservadores habían llegado al poder en septiembre de 1826, luego del golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia.4
  2. El “imperio de los intrusos” se refiere al gobierno que presidía Mariano de Aycinena, líder del partido criollo conservador, al que detestaban los criollos liberales por todas las prebendas de que dicho grupo gozaba durante la época colonial.  De hecho, Morazán declaró como usurpador a todo lo actuado por Aycinena y su gobierno.5
  3. El “partido que sucumbió” era el partido conservador. 
  4. No hubo tal “indulgencia para los criminales” ni “moderación“, como asegura el artículo.  Tras la rendición, Morazán ocupó la plaza, y luego invitó a todas las autoridades estatales y federales al Palacio Colonial, a donde llegaron vestidos de gala, y fueron hechos prisioneros en el acto, ya que Morazán declaró unilateralmente nula la rendición.6  Todos estos personajes pasaron en prisión varios meses y sus propiedades fueron confiscadas; además de que se les obligó a devolver los salarios que habían devengado cuando eran miembros del gobierno.2,3  Por otra parte, las tropas de Morazán saquearon cuanto pudieron de las mansiones de los conservadores y de las iglesia católicas, al punto que surgió el dicho popular “se fue con Pancho” por todo lo que se perdió tras la invasión.
  5. La “opinión pública en que se apoya el actual gobierno” era obviamente favorable, pues estaba conformado por los liberales guatemaltecos.  Los conservadores habían sido expulsados del país o reducidos a prisión.

Por supuesto, cuando los conservadores retomaron el poder en 1839, luego del derrocamiento del gobierno del liberal Mariano Gálvez, la prensa que les era favorable publicó artículos similares en contra del caído gobernante y sus malhadados Códigos de Livingston.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. La Gaceta de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala»La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62).
  3. Hernández de León, Federico  (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala. pp. 114-120.
  6. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  7. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

25 de agosto de 1811: Antonio de Larrazábal comienza su función como diputado de Guatemala ante las Cortes de Cádiz

25agosto1811
Portada de la Constitución Política de la Monarquía Española publicada el 19 de marzo de 1812. En el recuadro: el presbítero Atonio de Larrazábal, diputado por la Capitanía General de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 24 de agosto de 1811, en Cádiz, se aprobaron los poderes como diputados de Andrés Ángel de la Vega, diputado por Asturias; Francisco Salazar y Carrillo, por la ciudad de los Reyes del Perú; y Antonio de Larrazábal y Arrivillaga, por Santiago de los Caballeros de Guatemala.1 El Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros había elegido el 24 de julio de 1810 a tres candidatos y por sorteo resultó electo el presbítero Larrazábal, quien era miembro de la influyente familia Aycinena.

Ese día se eligió para presidente de las Cortes a Ramón Giraldo y Arquellada por 70 votos; como vicepresidente a Francisco de La Serna y Salcedo por 80 votos; y secretario a Juan Valle por 76 votos.  Luego de la elección, pasó a la comisión de Poderes un escrito de los hermanos Andrés y Manuel de Llano, diputados suplentes por Guatemala, para que se proceda a la salida de uno de ellos ya que ya se ha aprobado el poder de Larrazábal, como de diputado propietario de esa provincia.  El otro diputado propietario era José Francisco Morejón, quien iba en camino desde Honduras en la Capitanía General de Guatemala.1

Al día siguiente, 25 de agosto, comenzó el debate del Proyecto de Constitución que dió lugar a la Constitución Política de la Monarquía Española, que sería finalmente promulgada en Cádiz, el 19 de marzo de 1812.  La comisión encargada de redactar el borrador de la Constitución había hecho muy buen trabajo, y de hecho muchos artículos se aprobaron sin apenas debate en la sesión pública. El presidente Ramón Giraldo y Arquellada abrió el debate diciento: “Señor, ha llegado felizmente el deseado día en que vamos á ocuparnos en el más grande y principal objeto de nuestra misión. Hoy se empieza á discutir el proyecto formado para el arreglo y mejora de la Constitución política de la Nación española, y vamos á poner la primera piedra del magnífico edificio que ha de servir para salvar á nuestra afligida Patria, y hacer la felicidad de la Nación entera, abriéndonos un nuevo camino de gloria…”1

Tras este discurso inicial, uno de los secretarios leyó lo siguiente:1

Proyecto de Constitución política de la Monarquía española, presentada a las Cortes Generales y Extraordinarias por su Comisión de Constitución.

En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad.

Las Cortes generales y extraordinarias de la Nación española, bien convencidas, después del más detenido examen y madura deliberación, de las antiguas leyes fundamentales de esta Monarquía, acompañadas de las oportunas providencias y precauciones que aseguren de un modo notable y permanente su entero cumplimiento, podrán llenar debidamente el grande objeto de promover la gloria, la prosperidad y el bienestar de toda la Nación, decretan la siguiente Constitución política para el buen gobierno y recta administración del Estado.

Y se puso a discusión el Título I y el Artículo 1.°, sobre la Nación española y los españoles, los cuales se aprobaron después de largas deliberaciones.1

Cuando fue aprobada en 1812, la constitución representó reformas legislativas importantes, entre las que destacan el decreto que establece la soberanía nacional y la división de poderes y el de libertad política de la imprenta, aprobado en la Real Isla de León el 19 de noviembre de 1810.2 La legislatura de 1813-1814, ya de carácter ordinario, celebró sus sesiones entre el 1 de octubre de 1813 y el 25 de febrero de 1814 y su sede estuvo en varios lugares: el Oratorio de San Felipe Neri en Cádiz, el Convento de Carmelitas en la Isla de León y, ya en Madrid, en el Teatro de los Caños del Peral, mientras se habilitaba el Convento de María de Aragón. En la última sesión se da cuenta de la llegada de Fernando VII a Játiva en su camino de regreso de su retiro en Francia a España.2

El 2 de abril, 69 diputados, con Bernardo Mozo de Rosales a la cabeza, firmaron el conocido como “Manifiesto de los Persas”, solicitando a Fernando VII la vuelta al Antiguo Régimen y la abolición de la Constitución de 1812. Los diputados absolutistas escogieron el nombre del Manifiesto de la costumbre de los antiguos persas de tener cinco días de anarquía tras la muerte del Rey. De esta forma, el período absolutista de Fernando VII rigió de 1814 a 1820, y se inició con una orden del rey de hacer prisioneros a todos los diputados que habían participado en la redacción de la Constitución de 1812.2 Luego, cuando se produjo la revolución liberal en 1820,3 la Constitución de Cádiz estuvo nuevamente en vigencia, y durante este período se produjo la Independencia absoluta de México y la independencia de la Capitanía General de Guatemala.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Congreso de los Diputados (2011). Hace 200 años. Diario de las Cortes de Cádiz.  Madrid: Congreso de los Diputados.
  2. — (2014). Cortes de Cádiz. 1810-184.  Madrid: Congreso de los Diputados.
  3. Peña González, José (2006). Historia política del constitucionalismo español. Madrid: Dykinson. ISBN 978-84-9772-906-2OCLC 212905232.

16 de agosto de 1849: el general Rafael Carrera, entonces Comandante en Jefe del Ejército, es retado a un duelo a muerte por un problema de faldas

16agosto1849
Ciudad de Guatemala en 1892. En el recuadro: retrato del Capitán General Rafael Carrera, cuando era presidente de la República de Guatemala.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El capitán general Rafael Carrera regresó a la palestra política en Guatemala tras retornar de su exilio autoimpuesto en México en agosto de 1848.  Al regresar, fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército por el presidente general Mariano Paredes y se convirtió en el poder detrás del trono.1

En esa época se acostumbraba que los personajes importantes de la sociedad y la política tuvieran numerosos amoríos a donde quiera que fueran.  Y siendo el que tenía el poder en Guatemala, Carrera no tenía reparos en cortejar a las damas, a pesar de estar casado con Petrona García, quien se había quedado en México tras el retorno de su esposo a Guatemala.1

La siguiente anécdota que relata el historiador Antonio Batres Jáuregui en su obra “La América Central ante la Historia“, se retrata claramente la personalidad del general Carrera, quien era mestizo, y su posición de dominio ante los criollos miembros del partido conservador, quienes tuvieron que aliarse a él para evitar ser víctimas de la ira de los campesinos indígenas (como estaba ocurriendo en la Guerra de Castas de Yucatán2), que eran leales a Carrera:

Aunque sin instrucción, el indio — como impropiamente se le ha llamado, pues era mestizo —, llegó a adquirir maneras cultas, y recibía cortesmente en su casa, a los diplomáticos, cónsules y particulares. Daba banquetes y bailes oficiales, invitando a la mejor sociedad y personajes de alto rango, con toda cortesía y distinción. En la tarde del 16 de agosto de 1849, se encontraba el general Carrera por Jocotenango, como particular, celebrando la feria, en una jacarandana, en la cual, al son de la marimba, bailaban y tomaban licores espirituosos. Pasaron por allí don Joaquín y don José Arzú, quienes fueron mandados llamar afablemente por Carrera. Una muchacha muy guapa figuraba como reina del bureo. Enamoradizo, como siempre fué, aquel capitán general había bailado polka con ella y se había prendado de sus atractivos y zalamerías. Don José Arzú, joven gallardo, valiente y amigo de románticas aventuras, comenzó a cortejar a la diva. Luego se apresuró el doctor don Francisco Aguilar (alias Rosa Manteca), a decirle oficiosamente : “Tenga cuidado, niño José, porque el general Carrera anda tras la Conchita”, que tal era el nombre de la damisela codiciada. “Aquí todos somos iguales, y el general es caballero, repuso Arzú. Yo jamás he temido a nadie”, replicó con arrogancia; y siguió danzando con la simpática chapina. Al rato se acercó Carrera a su rival, y con varonil ademán, le preguntó : “¿Ha traido usted sus pistolas?” “No ando con armas — le contestó Arzú — ; pero dondequiera, estoy a la disposición de usted, como hombre”. “Mañana, a las ocho, nos encontraremos tras de la Plaza de Toros; yo iré solo y llevaré las armas”, exclamó el presidente. “Desde luego, no faltaré”, contestó don José Arzú.3
Siguió la fiesta; solamente el doctor Aguilar, compadre y amigo de Carrera, pudo percibirse del reto, y se quedó temblando… Don Luis Batres Juarros, Consejero de Estado y político de prestigio e influencia, pudo evitar decorosamente el lance. A los pocos días, el presidente invitaba a una comida, en su casa, a varios amigos suyos, sin etiqueta oficial, y entre ellos, a don José y a don Joaquín Arzú, a quienes nunca les guardó rencor.”4

BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  3. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia. Memorias de un Siglo 1821-1921. III. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 213.
  4. Ibid., p. 214.

15 de agosto de 1862: el escritor José Milla y Vidaurre escribe un artículo sobre la Feria de Jocotenango de la Ciudad de Guatemala

15agosto1862
El Parque de Jocotnenago en 1915.  Este parque llevó nombre “Estrada Cabrera” y “Morazán” hasta que le fue devuelto su nombre original.  En el recuadro: el escritor José Milla y Vidaurre.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el artículo que el escritor guatemalteco José Milla y Vidaurre escribió el 15 de agosto de 1863, retratando la Feria de Jocotenango (conocida en el siglo XXI como Feria de Agosto), y describiendo cómo se vivía en la Ciudad de Guatemala durante los últimos años del gobierno del presidente vitalicio, el capitán general Rafael Carrera.

El dia 15 del corriente, a eso de las diez de la mañana, me constituí en Jocotenango. no tanto para ver la feria cuanto para ver los que van á verla. Armado con mi espíritu do observación como con un instrumento cortante, fui a reunir los materiales para este articulejo; o hablando con mas exactitud, fui a tomar una fotogralia de la feria. Si ella aparece desordenada, confusa é ininteligible, podrá ser efecto de torpeza del fotografista, o por el contrario, demasiada fidelidad del cuadro. Si es lo primero, yo tendré la culpa; si lo segundo, la tendré también, por haber escogído ese asunto como objeto del bosquejo. En uno y otro caso, me someto al fallo y no prometo la enmienda, visto que ni yo sé fotografiar mejor, ni hay por acá cosas mejores en que ejercitar el arte. Basta de introducción.I.

La plaza, las calles y los callejones de Jocotenango han recibido su visita de la policía, anual como la feria, transitoria como ella y como todas las cosas de este bajo mundo. Las paredes (donde las hay) están blanqueadas; los poéticos cercos de chichicaste (donde no hay paredes,) han visto caer sus vigorosos retoños, dejando libre el rustico sofá que cubre un tapiz verde, principio de vejetacion que se llevan á sus casas, pegado á los trajes, los que tienen la fortuna de disfrutar de la comodidad de esos bancos. Los árboles los árboles soa los únicos que es tan siempre iguales, y sospecho lo estarán hasta la consumación de los siglos. Mas de una hora permanecí el dia 15 bajo la sombra que proporcionaba uno de esos ancianos respetables, de la cual disfruté yo, pobre pedestre en compañía de un coche, cuatro caballos con sus correspondientes ginetes y una mesa, almacén portátil de golosinas. Tuve el estraño capricho de entablar un diálogo con aquel vejetal, ya fuese porque algunos hombres hemos de charlar hasta con las plantas, ya porque van haciéndose muy raros los individuos del reino Jiwnano con quienes puede tenerse un rato de conversación instructiva y agradable.1

Pasados los cumplimientos de estilo y el obligado ‘¿cuánto ha que no nos vemos?,’ yo, que procuro ser bien criado hasta con los árboles, estuve buscando circunloquios y precauciones oratorias para preguntar á mi amigo su edad y su nombre. El pícaro viejo contestó lo primero con una alusión histórica a uno de nuestros últimos capitanes generales del tiempo del gobierno español, y a lo segundo con una descripción científica. No habiendo entendido ni una ni otra, me propuse pasar el caso en consulta con cualquiera de los muchos sabios que tenemos, algunos de los cuales no dejarían de andar aquel dia viendo la feria. En seguida me refirió mil detalles curiosos de mas de cincuenta quinces de Agosto que había visto pasar; describiéndome los trajes antiguos, los coches antiguos, los hombres antiguos, las mujeres antiguas, el modo con que aquellos cortejaban á éstas en la feria antiguamente, en lo cual no hallé grandes diferencias con la moda actual, aunque él, como buen viejo, declaro todo lo moderno detestable; dijo que éramos, en todo y por todo unos farsantes, unos malos imitadores de los usos y costumbres de otros tiempos, citándome por ejemplo la crinolina, que dijo ser una exageración del tontillo de sus mocedades. Para poner término á la charla insustancial de aquel anciano descontentadizo, le pregunté cómo estaba tan descuidado y feo en un dia de tanta concurrencia; qué habla sido de algunos de sus compañeros, cuya falta estaba yo notando desde algún tiempo todos los años, y por qué no se les reponía con árboles jóvenes. Un ligero murmullo, como de impaciencia, fué la única respuesta que obtuve, y viendo que no podia sacar una palabra mas á aquel caprichoso vegetal, me despedí de mi amarillento y descuidado interlocutor y fui á mezclarme en la barahunda de la concurrencia.

(Nota de HoyHistoriaGT: Milla critica aquí el descuido del bosque que ocupaba el barrio de Jocotenango, que es donde se realizaba la feria y que actualmente es la zona 2 del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Milla podía darse el lujo de criticar a las autoridades porque él mismo era funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores y amigo personal del presidente Carrera).

II.

La plaza y la calle principal de Jocotenango presentan el espectáculo más animado y pintoresco. Millares de personas de condiciones diversas y de trajes tan diferentes como sus condiciones, se empujan unas á otras y apenas dejan espacio sufíciente para que puedan abrirse paso individuos de menor volumen que el mío. Las vendimias se ostentan por todas partes en ordenado desorden, bajo las anchas sombras de petate. Aquí las mesas cubiertas de vasos y garrafas de agua loja; allí los dulces, ofreciendo á las moscas gratuito y espléndido banquete; acá las delicadas tunas de Panajachel; allá las sabrosas camuesas de Totonicapan; los zapotes, los pepinos, las naranjas; la chancaca, la pepitoria y las rapaduritas. Todo se ofrece abundante y barato á los aficionados, menos las nueces de Momostenango, que este año están tan escasas como el dinero y como el buen sentido. Pero la sociedad puede ir pasando sin dinero, y el sentido común no hace una falta muy notable, que digamos. Las nueces es cosa diferente. La feria de Jocotenango sin nueces, es un cuerpo sin alma, una niña sin camisa garibaldina, una república sin revoluciones.2

(Nota de HoyHistoriaGT:  para 1862, la República de Guatemala, creada el 21 de marzo de 1847, había pasado por la revolución de 1848 que obligó a renunciar y salir al exilio al presidente general Rafael Carrera, la contrarrevolución de 1849, cuando Carrera regresó al poder y reincorporó a Los Altos, que se habían segregado nuevamente en 1848, y al intento de invasión de los liberales desde Honduras y El Salvador, que Carrera evitó en la batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851.  Luego de eso, siguió la anarquía hasta que por fin se nombró presidente vitalicio al general Carrera en 1854.  Y esto sin contar la Guerra Civil Centroamericana de 1826 a 1829, y laguerra campesino-católica contra el gobierno liberal de Mariano Gálvez en 1837-38.  De allí que era como “una república sin revoluciones”).

A medida que adelanta el dia, la concurrencia crece. Los carruages van y vienen, abriéndose camino con dificultad por entre la masa compacta de gente de a pié y de á caballo que lo ocupa todo. Los cocheros aguejan sus bestias; y creyéndose, quizá, desde lo alto de sus pescantes, unos presidentes investidos con facultades extraordinarias, sacuden latigazos a diestra y a siniestra, sin hacer caso de los derechos del hombre ni de las garantías constitucionales. El calor es insoportable; el viento gira bajo la razón social de aire, polvo y compañia; millares de pitos de Patzún, soplados por vigorosos alientos infantiles, producen un ruido infernal, capaz de romper los tímpanos menos delicados. Damas elegantes cabalgando en briosos alazanes, (estilo figurado) pasan y vuelven a pasar de un punto á otro, sin saber por qué ni para qué, á no ser para tener el gusto de ver y mas aun la satisfacción de que las vean. Hábiles jinetes tienen la peregrina ocurrencia de sacar plumas en medio del gentío, olvidándose de que pueden sacarle á uno, de paso, el ánima del cuerpo. Los chalanes de la ciudad y de los pueblos circunvecinos van y vienen en sus caballos que desaparecen bajo las anchurosas albardas y los abultados pellones. Algunos caminan como he leído no sé dónde lo hacian los templarios, dos en un caballo. Escuadrones de chiquillos recorren las calles y la plaza, sobre rocines, ostentando la alegría expansiva y candorosa de su feliz edad. De cuando en cuando una figura extraña del uno ó del otro sexo, de a caballo o de a pié, tiene el privilegio de ocupar por diez minutos la atención de la concurrencia. Un coche que se rompe,un mal jinete que compra el terreno, una ligera camorra que se suscita por cualquier motivo y acaba de cualquier modo, esos son les acontecimientos notables que interrumpen la uniformidad del espectáculo.

III.

Entretanto, ¿dónde está la feria? ¡Oh, la feria! La feria es para la mayor parte de la gente que va á Jocotenango una cosa secundaria, un pretexto para reunirse, y nada mas. ¿Qué importan los bueyes a esa desdeñosa belleza que atraviesa el gentío recostada en el fondo de su carretela? Si se vendiera alguna otra cosa; ¡pero bueyes! ¿Qué tiene que ver con los muletos ese elegante metinietre que por nada de esta vida pondría sus frescos y limpios guantes en contacto con esas inmundas bestias? ¿Qué nos importan los animales con cuernos a mí y a tantos otros como yo, que somos animales de pluma?3

No así, por cierto, á Don Agaton Cuerna Vaca, hacendado opulento, que montado en una mula lerda, recorre el campo de la feria desde las seis de la mañana, seguido de un numeroso estado mavor de caporales y de vaqueros. Va en albarda, con grandes estriberas de hierro, de chaqueta, sin chaleco ni corbata, ni otros molestos adminículos, cubriendo sus tostadas facciones un enorme sombrero de palma, como de partideno. Discute científicamente sobre bueyes, caballos y muletos; compra, vende, se ajita, se afana, grita, se enfada, hace subir ó bajar los precios, es el rey de la feria. Lo vi durante una hora regatear un caballito, y confieso que no me habia imaginado pudiese desplegarse tanta habilidad diplomática en tan insignificante transacción. ¡Qué defectos puso Don Agaton á la pobre bestia! ¡Cómo le descubrió más tachas que si fuese muía de alquiler, todo por quedarse con el jaco por quince pesos! La retórica de Cuerna Vaca anonadó ai propietario, de tal modo, que entregó el caballo y se fué creyendo haber hecho un magnífico negocio. El hacendado ató su nueva compra á la cola de la muía que montaba, y volvió á la ciudad á eso de las tres de la tarde, atravesando las calles principales como un guerrero victorioso que lleva en pos de sí, como trofeo, los despojos del enemigo. El 15 de agosto de 1863, Don Agatón Cuerna Vaca irá á la feria y llevará el mJsmo caballo, ya gordo y amaestrado; pedirá por él cien pesos, y si le ofrecen ochenta, contestará muy serio: — Mas me costó aquí el año pasado. — ¡Oh sublimidad del arte del negociante! ¡Vender caro y comprar barato!4

IV.

Pero dejemos ese tipo y pasemos á otro que se encuentra también regularmente en la feria, y no es menos curioso que el que dejo lijeramente bosquejado. Don Inocente Patallana es lo que se llama un buen hombre, expresion que en el estilo común suele ser equivalente de algo que no quisiera Ud. ser, lector amado. Dios ha derramado sobre él sus bendiciones; es decir, le ha dado una descendencia que lleva trazas de llegar á ser tan numerosa como la de Abraham. Tiene once hijos vivos y efectivos, y después del último, la esposa de Don Inocente ha dicho como los periodistas cuando dejamos incompleto algún artículo: se continuará. Es pues el caso que las criaturas de Patallana, desde ocho días antes de la feria, le sacaban los últimos restos de juicio que le quedaban, instando para que los llevase á Jocotenango, á caballo. Patallana sumó sus oncegénitos y con una lógica admirable, dedujo que necesitaba once caballos, once sillas, once frenos para habilitarlos, añadiendo otro caballo con su respectivo jaez para él, pues los muchachos no debían ir solos, por su cuenta y riesgo. Ahí fueron las congojas y los apuros del bueno de Don Inocente. Al principio pensó en solicitar la remonta; pero desistió, temiendo hubiese en ella algunos caballos demasiado bravos. Alquilar era mucha cosa; pues el número que se necesitaba haria subir considerablemente el desembolso. Pensando y repensando el caso, se decidió al fin por el recurso mas obvio y mas común en tales circunstancias, acudir á los amigos por medio de un empréstito forci voluntario.5

Desincó en guerrillas a los interesados, que se desparramaron por la ciudad, distribuyendo esquelas y mensajes verbales, requisitorias de caballos y moríturas que recibieron los empadronados con señaladas muestras de impaciencia. Las respuestas no se hicieron aguardar. Uno estaba á pié, otro acababa de prestar su caballo, éste no tenia silla, aquel tenia que montar, el de mas acá ofrecía una grupera, el de mas allá una cincha, y casi todos declararon que no tenia freno. No faltó quien ofreciera á Don Inocente un caballo tordillo algo pesado, y admitido á pesar del defecto, a lo cual contestó únicamente el bueno del paterfamilías que la ocurrencia era graciosa, pero vieja. Entretanto los muchachos no se daban por vencidos; y al fin, aunque con mil fatigas, lograron aperarse, alquilando dos caballos, prestando otros, acomodándose dos pares de chicos en dos machos, sacando á luz unas monturas viejas que estaban sirviendo de dormitorio á las palomas en un altillo de la casa, y reservando para sí el excelente Patallana una yegua vieja que tenia una oreja posliza, hecha de cartón pintado. Habilitado el escuadrón, se puso en marcha é hizo su entrada triunfal en Jocotenango, á eso de las doce, con aplauso y jubilo de la concurrencia.

La comitiva fué de un lado á otro; de la plaza al llano y del llano á la calle principal, sin que hiciesen mella en la grande alma de Don Inocente las pullas y las bromas de sus amigos y de sus conocidos. Uno de tantos tuvo la maligna idea de jugarle una burla, y acercándosele con disimulo, mientras otro le llamaba la atención, arrancóla oreja fingida á la cabalgadura, dejando al descubierto el defecto de la pobre bestia. Ahí fué la alegría y la zumba de los que presenciaron el lance. Don Inocente acudió á buscar su oreja, digo la de su yegua, y ocupado en eso, no vio que iba sobre él un coche, tirado por dos fogosos tordillos. ”¡A un lado!” gritaron varias voces; pero el hombre no se movía. Entonces el postillon, que no podia ya contener sus caballos, sacudió un tremendo zurriagazo en las ancas de la yegua, que sacando fuerzas de flaqueza, levantó primero las partes traseras, luego las manos y dio en tierra con su caballero. Depuesta la carga, la sonta echó á correr por entre el gentío, derribando á uno de los mucliachos, volcando una mesa de comestibles y atropellando á la gente de a pié, que se hizo un remolino. En la confusión unos gritaron “¡fuego!,” otros ”¡temblor!,” otros ”¡revolución!,” otros “¡chucho con rabia!;” buscaron la policía y no se hallaba; todo era gritos, alboroto y carreras, hasta que la yegua sin oreja logró ganar una de las calles transversales y se largó para su casa. Don Inocente reunió su prole, y subiendo á las ancas del caballo de uno de sus niños, se volvió á su casa, maldiciendo de la feria de Jocotenango.6

(Nota de HoyHistoriaGT: entre bromas, Milla resume a lo que ya estaban acostumbrados los guatemaltecos en 1862: familias con numerosos hijos, incendios, terremotos y estallido de revoluciones, mientras que para imponer el orden la policía no se encontraba por ningun lado.)

IV.

Era ya tarde. Vi, pues, que debía dar punto a mis observaciones. Resumiendo éstas, dije para mí. Gran concurrencia, mucho rocín, mucho coche, calor insoportable, figuras estrambóticas y elegantes, animales que se venden y animales que no se venden, polvo, confusión, mucho ruido y pocas nueces; esto es, poco mas ó menos, la feria de Jocotenango. Para Don Agaton Cuerna Vaca estuvo buena, pues compró por quince lo que valía treinta. Para Don Inocente Patallana estuvo mala, pues queriendo proporcionar á su familia un rato de distracción, volvió a su casa burlado y magullado. La opinión que respecto á la feria expresarian en sus respectivos círculos aquellos dos sujetos, debía ser esencialmente diferente, como fué diverso el papel que en ella les destinó la suerte. No fueron menos contradictorios los juicios que tuve ocasión de oir a los mismos que venían de Jocotenango en la tarde del 15, en el espacio que media desde aquel pueble hasta mi easa. –Mucha concurrencia. — Mas hubo el año pasado. — Ahora ha sido mayor.— Pocas ventas. — Muchas, pero precios bajos. — Todo ha estado carísimo.- -¿La viste? — No ha venido. — Esto ha estado desierto.— Yo creía que no habría un traje como el mió, y he visto seis mejores. — Esto es insoportable. — ¡Qué hermosa es! — ¡Qué caballo tan penco el que montaba!— ;Será alquilado!— A veinticinco pesos la mancuerna, ¡qué barbaridad! — Mucha gente. — Jamas olvidaré este día. — No hubo nueces. — Buenas tardes. —

¿Cómo conciliar tan diferentes pareceres sobre las mismas cosas? Inútil empeño! Si de otro modo fuera, el mundo no seria mundo. Quédese pues, cada cual con su opinión y yo con la mía, que creo modestamente la mejor de todas, y convengamos ‘en que cada cual habla de la feria según le va en ella.'”


BIBLIOGRAFIA:

  1. Milla y Vidaurre, José (1882) [1865]. Cuadros de Costumbres Guatemaltecas. I. Guatemala: Tipografía El Progreso. p.: 145.
  2. Ibid., p.: 146.
  3. Ibid., p.: 147.
  4. Ibid., p.: 148.
  5. Ibid., p.: 149.
  6. Ibid., p.: 150.

14 de agosto de 1853: se subleva la guarnición del castillo de San José Buenavista

14agosto1853
Pintura de Augusto De Succa viendo a la ciudad de Guatemala desde el sur en 1870.  A la derecha se observa el Castillo de San José, y se puede apreciar como su elevación representaba una amenaza para la ciudad si su guarnición se sublevaba.  En el recuadro: el general Rafael Carrera en un cuadro en donde se muestra el mismo cuartel, ya que había sido construido durante su administración. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Si bien el capitán general Rafael Carrera quedó como dueño absoluto de  la situación tras retornar al país luego de su exilio en 1849, la situación de anarquía que se vivía en el país no cesaba.1 Y es que la pérdida de control que se produjo en los meses que siguieron a su renuncia a la presidencia el 15 de agosto de 1848 fueron tan extremos, que ni su retorno en 1849 fue suficiente para calmar la situación.2

En 1850, Carrera comentaba que “el trastorno cunde por todas partes en conscuencia precisa de que los trastornadores estánen todas las clases de la sociedad donde injustamente hablan de todo, inventan y hacen circular noticias faltas y alarmantes“, e indicaba que “este mal está en la mayor parte de los departamentos de la Repúbica“.  Esto lo obligó a tomar medidas represivas severas, decidió castigar sumaria y económicamente al que se dedicara a divulgar rumores, para “que por consiguiente no [pudiera] hablarse sino de cosas de que cada cual tenga la concienca de lo que dice y de lo que [fuera] personalmente responsable“.3

Incluso después de la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851, en la que definitivamente venció a la amenaza internacional que representaban los liberales guatemaltecos exiliados en El Salvador, y los gobiernos de dicho país y el de Honduras, la paz no retornaba por completo.3  El marqués de Aycinena, obispo Juan José de Aycinena y Piñol, propuso entonces que fuera la religión católicada la que sirviera como “cimiento del edificio social“, anteponiendo la “caridad cristiana” a los arranques pasionales que había.3  El retorno de los jesuitas, aprobado el 7 de junio de 1851, y la firma del Concordato con la Santa Sede el 7 de octubre de 1852 cimentaron esta política del gobierno conservador de Carrera, quien llegó a la presidencia por segunda vez el 6 de noviembre de 1851 luego de que finalmente se aprobó una nueva constitución para la República.4

Tras asumir la presidencia, Carrera reactivó la política de pacificación que había probado durante su primer gobierno (1844-1848).  Y de ser necesario, se ponía él mismo al frente de la tropa para retomar el control de la situación.  Un ejemplo de esto ocurrió el 14 de agosto de 1853, cuando se sublevó la guarnición del Fuerte de San José Buena Vista, el cual ponía en grave peligro a la entonces pequeña Ciudad de Guatemala, que estaba a merced de los cañones de dicho fuerte, ya que en ese entonces era el punto más alto de la ciudad.  El historiador Antonio Batres Jáuregui, en su obra “La América Central ante la Historia” relata aquel hecho de la siguiente forma:

“El 14 de agosto de 1853, un coronel llamado Leoncio Camacho, hombre intrigante, de malas entrañas y peor alma, valor y agtrevimiento temerarios, encontrándose preso, por graves delitos, en el castillo de San José, en esta capital, sublevó la guarnición, secundándolo los fascinerosos Vicente Petenero y Victor Carabó.  Aquello fue mucho más trascendental que un gran escándalo, pues llegó a constituir terrible amenaza contra los habitantes de la ciudad, que estaba en peligro inminente de ser cañoneada por la artillería de la fortaleza.  Immediatamente que supo el capitán general Carrera semejante felonía, se situó en defensa de la población, con tropa y tres cañones, en la eminencia del guarda de la Barranquilla, para evitar que el público sufriera en el combate, contra el castillo sublevado”.5

“Refieren las crónicas que, estando Carrera dirigiendo la refiega, le mataron el caballo con una granada.  Siguió el jefe a pie, aunque bastante golpeado, en el mismo sitio del suceso: le hicieron ver el peligro que corría.  ‘Todavía no me ha llegado la hora -exclamó-; no tengan cuidado.  Tráiganme otro caballo, a ver si tienen buena puntería esos traidores, a quienes pronto castigaré’.  A las doce de la noche del 17 de agosto, recuperó Carrera el fuerte, después de una lucha tenaz y violenta, en la cual murieron veinticuatro soldados y dos oficiales, quedando muchos heridos.  Cayeron prisioneros cuatrocientos hombres.  Fueron fusilados en el acto, Petenero, Carabó y otros dos cabecillas.  Tres días después aprehendieron a Camacho en Amatitlán, siendo ejecutado en el mismo castillo el 23 de dicho mes.”5

Fueron acciones como ésta las que finalmente decidieron al pueblo de Guatemala a nombrar al capitán general Carrera como presidente vitalicio en 1854, pues los pobladores ya estaban cansados de las constantes guerras y anarquía y necesitaban por fin vivir en paz.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Connaughton, Brian F. Moral pública y contrarrevolución: Nueva normativa socio-gubernativa en Guatemala 1839-1854. Parte segunda. En Jahrbuch für Geshichte Lateinamerikas 38.  Colonia, Alemania: Böhlau Verlag. p. 110.
  2. Ibid., p. 115.
  3. Ibid., p. 116.
  4. Ibid., p. 117.
  5. Batres Jáuregui, Alejandro (1946).  La América Central ante la Historia.  Memorias de un siglo 1821-1921.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 204-205.