1 de mayo de 1838: prohiben que los sacerdotes sean empleados públicos

En uno de los últimos decretos anticlericales, la Asamblea Legislativa emite un decreto prohibiendo a los crérigos ostentar cargos públicos

Pasillo de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala, que estaba cerrada cuando este decreto se emitió. En el recuadro: el doctor Pedro Molina. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego de la Independencia de Centroamérica en 1821 se formó el partido liberal entre los criollos hacendados que querían para sí el poder que habían tenido los funcionarios españoles y sus principales aliados, los criollos aristócratas.  Por otra parte, también se formó el partido conservador, conformados por dichos aristócratas y los miembros del clero.  En esa época, los clérigos participaban abiertamente en política y lo hacían siempre que podían.1

Tras la derrota del gobierno del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838 por las huestes de Mita dirigidas por Rafael Carrera,2 la Asamblea Legislativa trataba de poner orden en el estado anárquico en que se encontraba el Estado de Guatemala. Entre los miembros de aquella Asamblea estaba el padre José Quiñónez, representate del clero secular, pero la Asamblea mantenía una mayoría de criollos liberales, liderados por Pedro Molina, José Francisco Barrundia, Mariano Padilla e Ignacio Gómez.1

Quiñónez buscaba que se decretara una amnistía general con lo que pretendía que se permitiera retornar al arzobispo Ramón Casaus y Torres, a los frailes y a los aristócrats  expulsados por Morazán en 1829, a lo que se opuso tajantemente el Dr. Molina, quien puso la moción que decía: «Ningún eclesiástico puede ser en el Estado, elector ni elegido, para ningún destino político«.3

A pesar de las objeciones de varios diputados que hicieron ver que los clérigos habían sido parte importante del gobierno colonial y de los primeros años del gobierno independiente, la Asamblea dictaminó lo siguiente:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala,

Considerando: que la separación entre la Iglesia y el Gobierno y la incompatibilidad del ministerio eclesiástico con los empleos seculares se deduce de la esencia de las cosas, y es conveniente y aun necesaria, para la libertad y paz pública y para los progresos de la moral religiosa: que tal separación establecida felizmente en países libres, cultos y religiosos, donde asegura la felicidad nacional y la pureza de la fe, debe consignarse especialmente entre nosotros como necesaria en nuestras circunstancias para calmar el fanatismo y las preocupaciones, que tiende a fomentar la unión del prestigio sacerdotal al poder temporal imperando sobre las instituciones y los negocios civiles, y alarmando las conciencias y la ignorancia popular; y por último, que el precepto del evangelio y leyes canónicas y el espíritu de la Iglesia prohiben a los sacerdotes toda intervención en los asuntos públicos, como ajenos de su sagrado ministerio, se ha servido decretar y DECRETA:

    1. Los Ministros del culto, de cualquier secta religiosa, no podrán ser elegidos ni designados para ningún destino político.
    2. Se reforma en estos términos la Constitución del Estado.

Pase a la próxima Legislatura pa su sanción.

Dado en Guatemala a primero de mayo de mil ochocientos treinta y ocho.4

Fue el útimo de los decretos legislativo que atacaba los intereses del clero, pues poco después, el 25 de julio de 1838, el nuevo jefe de Estado Mariano Rivera Paz emitió un decreto anulando todos los decretos anti-aristócratas y anticlericales que habían emitido de 1829 a 1838,5 y luego los liberales perdieron el poder tras el golpe de estado de Rafael Carrera contra Carlos Salazar el 13 e abril de 1839.6


BIBLIOGRAFIA: 

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 200.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-40.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 201.
  4. Ibid., p. 203.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y ar1eglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.

28 de abril de 1844: Malespín rechaza la invasión de Arce desde Guatemala

El Salvador rechaza una invasión a su territorio realizada por el ex-presidente federal Manuel José Arce y patrocinada por el comandante de las fuerzas armadas de Guatemala, general Rafael Carrera.

La plaza central de San Salvador, donde se observa la parroquia que sirvió de primera catedral. En los recuadros: el obispo Jorge Viteri y Ungo y el jefe de Estado Francisco Malespín. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los historiadores liberales, encabezados por el licenciado Lorenzo Montúfar, pintaron a la figura del capitán general Rafael Carrera como la de un ignorante analfabeto criador de cerdos a las órdenes de los intereses de los criollos aristócratas, diciendo que era «un caite» al servicio de los «serviles«.17  Como la historia oficial del Guatemala se ha basado en la obra de Montúfar, esa es la imagen con que el general Carrera es mostrado en las escuelas.8 Sin embargo, estudios más a fondo demuestran que Carrera no estaba al servicio de nadie y que era él quien imponía sus condiciones.

He aquí un ejemplo.

Cuando el general conservador Francisco Malespín llegó al poder en El Salvador, Carrera se dió cuenta de que no le convenía, ya que éste podía llegar a ser un caudillo tan fuerte como él en el vecino país.  Malespín había sido electo en enero de 1844 para gobernar El Salvador de 1844 a 1845 y para celebrar su toma de posesión, tres días después de la misma el obispo de El Salvador, Viteri y Ungo, consagró al nuevo arzobispo de Guatemala, el doctor Francisco de Paula García y Peláez en una ceremonia que se extendió por dos días de celebraciones.9

Mientras tanto en Guatemala, estaba de vuelta el general Manuel José Arce, ex-presidente de la República Federal de Centro América, a quien Carrera apreciaba mucho ya que le reconocía sus méritos militares y había sido corneta de órdenes suyo durante la Guerra Civil Centroamericana.  Pero entonces, el anciano Arce estaba obsesionado con recuperar el poder que perdió en 1827 por lo que Carrera se aprovechó de su ambición de poder.9  Además Carrera estaba asesorado por Alejandro Marure y Manuel Pineda de Mont, y sabía que los líderes aristócratas querían sacurdirse de su molesta presencia para hacerse definitivamente con el poder en Guatemala.10

Malespín estaba organizando su gobierno, convocando a una asamblea legislativa, cuando se enteró que Arce se dirigía El Salvador al mando de un ejército.  Y es que, como ya se ha dicho, a Carrera no le gustaba la presencia de Malespín a pesar de que era conservador, y decidió apoyar a Arce para derrocarlo.  Aunque Malespín y el obispo Viteri se sorprendieron con la actitud de Carrera, rápidamente se organizaron para la defensa, y el 28 de abril de 1844, cuando Arce ya estaba en Atiquizaya, en territorio salvadoreño —con suficientes armas y dinero tratando de formar un ejército—, Malespín envió la siguiente proclama:11 

En perfecta paz interior, y en las mejores condiciones con los Estados confederados, y aun con el mismo de Guatemala, se hallaba El Salvador, ocupándose de proyectar algunas mejoras y hacer otras de fácil ejecución, en todos los ramos de la administración pública, cuando el señor Manuel José Arce se presentó al pueblo de Atiquizaya, excitando a la municipalidad y vecindario al desconocimiento de las autoridades supremas del Estado, ofreciendo apoyarlo con una partida de tropa que traía armada de Guatemala, con las armas que también conducía empaquetadas y con iguales pronunciamientos que aseguró se verificarían en todo el Estado.  Al propio tiempo en Guatemala se presentó el enviado de aquel gobierno, cerca de éste, dimitiendo su comisión, porque siendo vecino del último, no quería se pensase de que él tomaba parte o aprobaba la invasión que allá se intentaba hacer en el El Salvador.12

Y es que el representante de Guatemala en El Salvador, Juan Antonio Alvarado, supo de antemano lo que intentaba Carrera, y renunció antes de quedar involucrado en un asunto tan grave.  Por su parte, Malespín envió a su ejército comandado por Pedro Escalón, quien hizo huir a los hombres de Arce y capturó un lote de armas todavía empacadas y un lote de documentos que demostraban la relación de Carrera y Arce.12

En ese entonces existía el Pacto de Chinandega, que formaba las Repúblicas Confederadas por El Salvador, Honduras y Nicaragua, y estaban presididas por el «Supremo Delegado«, general Fruto Chamorro. El presidente salvadoreño Francisco Malespín, confiando en la ayuda de los estados de la Confederación, reunió a cuatro mil soldados y emprendió la marcha hacia Guatemala.  Mil hombres ocuparon El Coco, mientras que otros ocuparon Chalchuapa para que, Malespín llegara a Jutiapa.13

El jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, decretó el 12 de mayo la expulsión del ex-presidente Manuel José Arce por medio de la siguiente resolución: «Acuerda: que el señor Manuel J. Arce debe salir de esta ciudad dentro de 24 horas, y evacuar el territorio del Estado dentro de 20 días tomando la dirección que él elija».14 Rivera Paz también decretó el estado de guerra en Guatemala el 22 de mayo y envió al teniente general Carrera para que comandara las fuerzas para repeler aquella invasión.13

Pero cuando Malespín se enteró de que las fuerzas guatemaltecas iban a enfrentarlo, regresó a El Salvador, aduciendo que era por el mal clima de Jutiapa, aunque el clima en Chalchuapa era peor.  Malespín no era un cobarde en lo absoluto, pero sabiendo lo que planeaba Carrera, sospechaba que podrían darle un golpe de estado mientras estaba en Guatemala.13

Con todo esto, el ex-presidente Arce quedó sumamente abatido y murió dos años después, cuando se le permitió regresar a El Salvador, casi en la miseria y cuando ya Malespín había caído.12


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera, Lorenzo (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. I
  2.  (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. II
  3.  (1879). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. III
  4.  (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. IV
  5.  (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. V
  6.  (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VI
  7.  (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VII
  8. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional.
  9. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 182.
  10. Marroquín Rojas, Clemente (1971).  Francisco Morazán y Rafael Carrera.  Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 251.
  11. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 184.
  12. Ibid., p. 186.
  13. Marroquín Rojas, Francisco Morazán y Rafael Carrera, p. 253.
  14. Ibid., p. 254.

22 de abril de 1841: Larrazabal establece conmemoración de la victoria de Carrera sobre Morazán

El canónigo aristócratas Antonio Larrazabal dona quinientos pesos para que se conmemore cada año la victora de Carrera sobre Morazán del 19 de marzo de 1840.

Entrada posterior de la Iglesia Catedral de la Ciudad de Guatemala sobre la Octava avenida. Al fondo de esta calle se encontraba la residencia de Larrazabal (en el inserto). Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras el triunfo del teniente coronel Rafael Carrera sobre Francisco Morazán y el ejército salvadoreño el 19 de marzo de 1840,1 el jefe de Estado de Guatemala Mariano Rivera Paz lo ascendió a general de bridaga del ejército guatemalteco,2 mientras que el clero se vió reforzado en el Estado, el cual se declaró separado de la República Federal de Centro América el 17 de abril de ese mismo año.3

El canónigo Antonio de Larrazabal, miembro de las familias aristócratas y antiguo diputado ante las Cortes de Cádiz4, estableció una celebración perpetua de aquel acontecimiento, en honor al santo patrono del 19 de marzo  —San José— mediante el siguiente documento:5

Guatemala, a diez y nueve de abril de mil ochocientos cuarenta y uno, el señor dean y cabildo, Antonio Larrazabal, provisor gobernador del arzobispado, a quien yo, el infrascrito escribano doy fe conocer, me exhibió ante los testigos que al fin se expresan, el expediente a la letra es como sigue:

Venerable señor dean y cabildo. Antonio Larrazabal, penitenciario de esta Santa Iglesia Metropolitana, con el respeto que debo, digo: que deseo se perpetúe entre nosotros, y que sea indeleble en nuestros corazones, la gratitud y reconocimiento al Señor Dios de los Ejércitos, Padre de las misericordias, y Dios de todo consuelo por el portentoso beneficio con que nos salvó la vida el 19 de marzo de este año.  Ninguno ignora que tomada la plaza el día anterior por nuestros contrarios en la desgraciada guerra fratricida, veíamos de cerca amenazada nuestra existencia, y ya sentíamos los males que son consiguientes a la más cruel tiranía, que no son de recordar, sino solo para dar gracias al mismo Dios Salvador del mundo.Nota a Al efecto, y estando dedicado aquel día al sustituto del Eterno Padre Esposo verdadero de María Santísima y Padre putativo de Nuestro Señor Jesucristo, el Santísimo Patriarca José, suplico al venerable Cabildo se sirva admitirme el pequeñísimo obsequio perpetuo par ael día del patrocionio Dom. tercera post Pascha.

Primero: de que pertuamente en el día del patrocionio de este Patrón y abogado nuestro, haya sermón en la misma solemne que doto con doce pesos.

Segundo: que su imagen colocada en la capilla del colegio del servicio de este coro, sea traída por sus alumnos antes de las primeras vísperas y se ponga para la pública veneración de esta misma Catedral, en un trono con las luces y adorno correspondientes, y que permanezca hasta después de las segundas vísperas en que se conducirá al mismo colegio, asignando para sus velas y el trono diez pesos.Nota b

Tercero: que en el día propio de esta fiesta, se celebre por el primer dean o primera dignidad, misa rezada a las seis, delante la misma imagen; que durante el tiempo de ella, se recen por dichos alumnos, en unión del pueblo, las alabanzas y preses dedicadas a este Santísimo Patriarca, que con aprobación de lo ordinario, corren impresas, dándo al celebrante el estipendio de dos pesos y a los doce alumnos cuatro reales a cada uno. Y siendo el total de estas partidas treinta pesos, reconoceré el capital de quinientes pesos sobre mi casa, a razón de seis por ciento; sirviendo este escrito de bastante seguridad, interin extiendo la correspondiente escritura para que desde luego se de principio a esta solemnidad el domingo inmediato, 10 del corriente: por lo que al venerable señor dean y cabildo suplico se sirva admitir esta fundación tan propia de su piedad como de la devoción general de todos los fiesta a este su antiguo Patrón; Guatemala, mayo cuatro de mil ochocientos cuarenta.

          • Antonio Larrazabal

Sala capitular, mayo seis de mil ochocientos cuarenta.

Por admitida la fundación a que se contra este memorial, la que se aprueba en toda forma, dándose gracias al señor penitenciario, gobernador del Arzobispado por su piadoso celo:Nota_c Póngase en su noticia, hágase saber al padre sacristán mayor de esta Santa iglesia y mayordomo de fábrica de ella, para que tomen en sus libros la razón correspondiente, como también al padre rector del colegio de Infantes por lo tocante a sus alumnos.5

La residencia de Larrazabal se encontraba en la octava avenida del Centro Histórico de la Nueva Guatemala de la Asunción, entre la Catedral y la Iglesia del Carmen, y era de considerable valor y sin gravamen alguno, de acuerdo al anotador de hipotecas de la época, por lo que no hubo problema en que se dieran los quinientos pesos que donaba el clérigo.5


NOTAS:

  • a: Larrazabal se refiere a la victoria de Carrera sobre Morazán el 19 de marzo de 1840 y a los graves abusos que cometió Morazán cuanto tomó la Nueva Guatemala de la Asunción en 1829.
  • b: este es el Colegio de Infantes.
  • c: Larrazabal era el gobernador del Arzobispado por la expulsión del arzobispo Ramón Casaus y Torres en 1829.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 46-48.
  4. Congreso de los Diputados (2011). Hace 200 años. Diario de las Cortes de Cádiz.  Madrid: Congreso de los Diputados.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 145-148.

11 de abril de 1842: el Pacto del Jocote

Morazán firma el Pacto del Jocote con Vicente Villaseñor, quien traicionó al jefe de estado de Costa Rica, Braulio Carrillo.

Cuartel militar de la provincia de Alajuela, cerca de la cual se firmó el Pacto del Jocote. En el recuadro: el jefe de estado de Costa Rica, Braulio Carrillo, traicionado y derrocado por aquel pacto. Imágenes tomadas de «Mi Costa Rica de Antano«.

El ex-presidente de la República Federal de Centro América, general Francisco Morazán, se encontraba exiliado en David, Panamá, cuando un grupo de criollos liberales costarricenses le envió una carta pidiéndole que fuera a Costa Rica para combatir al jefe de Estado conservador Braulio Carrillo, quien el 6 de junio de 1842 se había declarado «jefe perpetuo e inamovible«. Entre aquellos liberales estaban varios enemigos personales de Carrillo, incluyendo al ex-jefe de Estado Juan Mora Fernández, y varios exiliados costarricenses que vieron en Morazán la mejor opción para retomar el poder en su Estado.1

En Perú, Morazán recibió del presidente de aquel país un batallón de cinco mil hombres, y de los desterrados costarricenses un capital de 18 mil pesos, con lo cual compró armamento y arrendó un navío para ir a Costa Rica, a donde llegó el 7 de abril de 1842.  Al enterarse, Carrillo ordenó que una fuerza de setecientos hombres al mando de su protegido, el brigadier salvadoreño Vicente Villaseñor, repelieran la invasión morazanista.1

El general Francisco Morazán desembarcó en el puerto de Calderas en el Estado de Costa Rica junto con sus tropas, y logró atraer a las fuerzas Villaseñor al paraje de El Jocote, cerca de El Coyol en Alajuela. Allí, bajo la sombra de un árbol, firmaron el «Pacto del Jocote«, por medio del cual Villaseñor traicionó al Jefe de Estado de Costa Rica, Braulio Carrillo Colina, y su ejército se unió sin combatir con el de Morazán quien fue proclamado como nuevo jefe de Estado de Costa Rica.2

En abril de 1840,cuando Morazán había salido al exilio tras renunciar como jefe de Estado de El Salvador, intentó desembarcar con sus allegados en el puerto de Puntarenas,3 pero Carrillo no se lo permitió. Ahora que los papeles se habían cambiado, Carrillo fue el que tuvo que embarcarse para salir al exilio en Sudamérica.4

Una vez en el poder, Morazán no perdió el tiempo, pues su principal meta era vengarse de la derrota que sufrió a manos del coronel Rafael Carrera el 19 de marzo de 1840 en la ciudad de Guatemala.  De esta forma, el 10 de julio hizo que se instalara en la ciudad de San José, la Asamblea Constituyente, la cual declaró que el Estado de Costra Rica se reintegraba a la República Federal de Centro América el 20 de ese mismo mes.4

Su siguiente paso fue organizar la invasión de Nicaragua, pero cuando estaba ocupado en esto, las poblaciones de San José, Heredia y Alajuela se levantaron en masa contra él el 11 de septiembre porque no estaban de acuerdo con participar en dicha guerra y, tras derrocarlo, lo fusilaron el 15 de ese mismo mes.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Francisco Morazán llega a Costa Rica para atender llamado de auxilio. Honduras: El Heraldo.
  2. Marure, Alejandro (1895) [1844]. Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa, desde el año de 1821 a 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 130.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1924].  El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 65.
  4. Marure, Alejandro. Efemérides de los hechos notables, p. 131.
  5. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Aquí entregaron y fusilaron al general Francisco Morazán. Honduras: El Heraldo.

4 de abril de 1827: tropas guatemaltecas inician el sitio a Tegucigalpa

La Catedral colonial de Tegucigalpa, Honduras. En los recuadros: Dionisio de Herrera, jefe de Estado de Honduras y teniente coronel Justo Milla, jefe de las tropas sitiadores guatemaltecas. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 el liberal Dioniso de Herrera estaba al frente del Estado de Honduras y tenía a Francisco Morazán como secretario. Por su parte, el presbítero criollo Nicolás Irías Midence era el Vicario Capitular y Provisor General de la Iglesia Católica en el estado hondureño y solamente reconocía la autoridad del arzobispo Ramón Casaus y Torres.2

Morazán influía considerablemente en las decisiones del Jefe de Estado quien se había convertido en un dictador benévolo, ya que la primera Asamblea Legislativa que se formó había nombrado a Herrera en el poder y luego había sido disuelta. Además no había consejo de Estado y la Corte de Justicia no estaba conformada porque los miembros electos no habían tomado posesión de sus cargos. Esta situación no le parecía en lo absoluto al prsbítero Irías, quien por su carácter fuerte y autoritario se oponía radicalmente a lo que disponía Herrera. Aquella situación llegó al punto en que Irías pidió a los fieles católicos que se opusieran a todo lo que decretaba Herrera, a quien llamaba «hereje» y «francmasón«; es más, incluso le pidió a los feligreses que no obedecieran las leyes estatales en lo absoluto.   Herrera, por su parte, robusteció el poder público lo que hizo que los ánimos entre los conservadores católicos y los liberales anticlericales se agitaran y bastara una excusa para llegar a la guerra.3

En ese estado de cosas, un día hicieron disparos contra la casa del  jefe de Estado, y mientras los liberales acusaron a los conservadores de atacarlos, los liberales acusaron a los primeros de haber hecho una pantomima burda para alborotar los ánimos.  Herrera ordenó que redujeran a prisión al presbítero Irías en Comayagua, pero éste logró escaparse y acusó al Jefe de Estado de abuso de autoridad, lanzando pronunciamientos en la región de Occidente y hasta en Olancho, y excolmulgó a Herrera aduciendoque tenían influencia masónica y herética. Es más, vendió algunas joyas de las imágenes religiosas para comprar armas en Belice, mientras organizaba a varios cuerpos del ejército que desertaron.4

Cuando las noticias de lo que estaba ocurriendo eh Honduras llegaron a la Nueva Guatemala de la Asunción —entonces capital de la República Federal de Centro América— el presidente Arce envió al teniente coronel José Justo Milla Pineda —padre del escritor José Milla y Vidaurre— para que pusiera orden en el estado hondureño. 4 Sin embargo, como Milla era aristócrata, en lugar de reducir al orden al presbítero Irías, se puso de acuerdo con él  y el 4 de abril de 1827 marchó sobre la ciudad de Tegucigalpa e inició el sitio de la misma.5

El sitio que hizo Milla fue brutal: hubo saqueos, incendios y tierra arrasada en los alrededores de la capital hondureña durante treinta y seis días.  Herrera, viéndose perdido, propuso la paz a Milla varias veces, pero éste no aceptó diciendo que solamente arreglaría con el Jefe de Estado si éste se rendía incondicionalmente y le entregaba las armas.  Por supuesto, ante semejantes condiciones, Herrera prefirió luchar hasta la muerte, pero fue traicionado por un hondureño de apellido Fernández, quien negoció secretamente con Milla y entregó la plaza. Herrera fue hecho prisionero y llevado a Guatemala bajo fuerte escolta, mientras que varios liberales fueron enviados a prisión a Omoa y a otros reclusorios en varias partes de Honduras.5

Sin embargo, el triunfo ante Herrera le saldría muy caro a los aristócratas, al presidente Arce y al clero encabezada por Irías Midencia, pues el secretario de Herrera, el líder liberal Francisco Morazán, quedó profundamente resentido por aquella acción y decidió vengarla a la primera oportunidad.  En primer lugar, el 11 de noviembre de 1827 Morazán venció al ejército de Milla en la Batalla de la Trinidad, y se convirtió en el nuevo Jefe de Estado de Honduras, obligando al ostentoso Irías Midence a salir al exilio, huyendo de los liberales.6

Y luego, al mando del «Ejéricto protecto de la ley» invadió Guatemala, derrotando a las autoridades federales y estatales tras el sitio de la capital, a las que redujo a prisión el 14 de abril de 1829 y eventualmente envió al exilio en septiembre de ese mismo año.7 Entre los exiliados estaban todos los aristócratas de la familia Aycinena, el teniente coronel Justo Milla, los frailes regulares de la Iglesia Católica y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.  Y en venganza a lo hecho por Milla en Tegucigalpa, permitió que sus tropas saquearan las riquezas de los exiliados y cometieran toda clase de atropellos contra los pobladores de la Nueva Guatemala de la Asunción.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 39.
  3. Ibid., p. 40.
  4. Ibid., p. 41.
  5. Ibid., p. 42.
  6. Oyuela, Leticia (1989). «Historia Mínima de Tegucigalpa» En: Colección Códices. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras. p. 70.
  7. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

Subir

28 de marzo de 1827: el decreto fatal

Tras la labor sediciosa del doctor Pedro Molina y varios criollos liberales y militares como Saget y Pierzon, el jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena los declara fuera de la ley y enemigos de la patria guatemalteca

28marzo1827
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la primera mitad del siglo XIX. En el recuadro: el Dr. Pedro Molina, quien fuera nombrado enemigo de la patria guatemalteca y decretado fuera de la ley por Mariano de Aycinena por medio del Decreto Fatal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El Dr. Pedro Esteban Molina Mazariegos, líder los de criollos liberales guatemaltecos, fue prócer de la Independencia de Centroamérica en 1821, y luego Ministro Plenipotenciario de la República de Centro América ante la República de Colombia y ante la Gran Dieta del Darién en Panamá durante el gobierno del general Manuel José Arce.1 Sin embargo, luego del golpe de estado contra Juan Barrundia en Guatemala en septiembre de 1826, se produjo una crisis política en ese estado, lo que hizo que Arce convocara a unas elecciones especiales para restablecer el gobierno estatal y que concovara a un Congreso extraordinario.  Esto fue sugerido por Mariano Prado, el jefe de gobierno en El Salvador, pero tuvo consecuencias desastrosas para el presidente, ya que en las elecciones que se realizaron en noviembre de 1826, resultó triunfador el líder aristócrata Mariano de Aycinena, y los criollos liberales acusaron a Arce de haberse aliado a los conservadores.2

Tras la nueva elección, Molina ya no regresó a Guatemala sino que radicó en San Salvador, desde donde se dedicó a acusar al presidente Arce de haber traicionado a los criollos liberales y de haberse unido a los aristócratas.1 Junto con Molina emigraron varios criollos liberales, quienes se encargaron de crear un ambiente hostil hacia Arce, ya que estaban buscando apoyo para regresar al poder que habían perdido tras la captura de Barrundia.2

Los criollos liberales guatemaltecos se dedicaron a hacer propaganda negativa contra Arce, diciendo que el presidente estaba controlado por los aristócratas y que estaba tratando de eliminar el obispado de El Salvador y de establer una forma unitaria de gobierno. Como resultado de esta propaganda, Prado ya no apoyó el Congreso extraordinario convocado por Arce, y el 6 de diciembre de 1826 invitó a todos los estados centroamericanos, exceptuando a Guatemala, a enviar sus delegaciones de congresistas a una sesidn especial del congreso a Ahuachapán, El Salvador.2

Arce dejó hacer a Pravo, pero a mediado de diciembre Prado envió tropas a las frontera entre Guatemala y El Salvador.  Si bien el Congreso de Ahuachapán nunca se reunió, tres meses después el gobierno de El Salvador decidió tomar una acción determinante en contra de la supuesta amenaza guatemalteca. Así, a mediado de marzo de 1827, tropas salvadoreñas cruzaron la frontera de Guatemala, iniciando así la Guerra Civil Centroamericana que se extendería hasta abril de 1829.2

La actitud de Molina como líder de aquella propaganda anticonservadora le valió ser proscrito en Guatemala mediante el célebre decreto del 28 de marzo de 1827, en el que el nuevo Jefe de Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena decretó por bando que eran enemigos de la patria y que quedaban proscritos los ciudadanos doctor Pedro Molina y su hijo Esteban, el licenciado Antonio Rivera Cabezas, Miguel Ordóñez, Antonio Corzo, Juan Rafael Lambur, Juan Bendaña y los coroneles Cleto Ordóñez, Nicolás Raoul e Isidoro Saget, estos dos últimos franceses. Igualmente, declaró indignos de la protección de la ley los diputados que hubiesen asistido a Ahuachapán, obedeciendo la convocatoria de Prado.3

Aquel decreto, lejos de ayudar a la causa de Arce y de Aycinena, hizo que los criollos liberales recrudecieran la propaganda en su contra, diciendo que en Guatemala existía una dictadura que exiliaba a sus ciudadanos y que restringía la libertad de prensa.3

Ese fue el inicio de la Guerra Civil Centroamericana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera Maestre, Lorenzo (1878) Reseña Histórica. I. Guatemala: Tipografía de El Progreso. p. 207.
  2. Flemion, Philip F. (Noviembre de 1973) States’ Rights and Partisan Politics: Manuel José Arce and the Struggle for Central American Union (en inglés) En: 53 (4). pp. 600–618. doi: //doi.org/10.1215/00182168-53.4.600
  3. Chamorro, Pedro Joaquín (1951). Historia de la Federación de la América Central, 1823-1840. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica. p. 214.

Subir

14 de marzo de 1811: termina el período del capitán general González Mollinedo

El capitán general Antonio González Mollinedo y Saravia entrega el mando a José de Bustamante y Guerra.

14marzo1811
Pintura de la Ermita de la Asunción en la época en que González y Mollinedo era Capitán General del Reino de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Brigadier de Infantería de los Reales Ejércitos Antonio González Mollinedo y Saravia fue nombrado capitán general del Reino de Guatemala el 6 de agosto de 1799 tras una larga carrera militar, llegando al puerto de Trujillo el 10 de junio de 1801.1  Finalmente, tomó posesión del cargo de manos de José Domás y Valle el 28 de julio de 1801.2 Era hijo  de Andrés González Saravia y de María Agustina de Mollinedo y de la Cuadra, y nació el 11 de agosto de 1743.1,Nota

Durante su gobierno no tuvo mayores problemas en la región, ya que aunque España estaba pasando la crisis de la invasión de Napoleón y pasó a ser gobernada por la Regencia, aquellos sucesos que alteraron la estabilidad política de la Península, apenas y tuvieron repercusión alguna en Guatemala. Por esto González Mollinedo y Saravia, quien tenía un trato afable y caballeroso, se dedicó a realizar reformas agrarias que impulsaron el cultivo del añil e implantó otros cultivos alternativos. También liberalizó en lo posible el comercio, mejorando las vías de comunicación y combatiendo el contrabando; y reorganizó las fuerzas militares del Reino, mejorando asimismo las fortificaciones.1

Durante su gobierno la autoridad eclesiástica era poderosa.  El clero secular estaba dirigido por un Episcopado compuesto por un arzobispo y dos obispos sufragáneos —uno en León, Nicaragua, y el otro en Comayagua—, y contaba con diecisiete vicarios, entre rectorales y medio-rectorales, y un Cabildo Eclesiástico integrado por un deán, un arcediano, un chantre, un maestre-escuela, un tesorero y dos canónigos penitenciarios y magistrales.  En todo el Reino había curatos y parroquias, santuarios y ermitas.  Y aunque las rentas de los seculares eran reducidas, muchas familias acomodades les hacían importantes donaciones que constituían sus principales ingresos.  Por su parte, las órdenes regulares —principalmente los franciscanos, dominicos y mercedarios— tienen a su cargo grandes haciendas que representaban considerables ingresos para las órdenes y para las arcas reales.3

Quizá lo más importante en cuestión religiosa era que todas las familias acomodadas estaban influenciadas por un sacerdote confesor, lo que hacía que su vida íntima estuviera rigurosamente registrada en los archivos eclesiásticos.  De hecho, aunque había un capítulo de la Inquisición en el Reino, éste realmente no era necesario ya que todas estas familias eran espiadas por su servidumbre y aunpor sus mismos familiares que se encargaban de contarle todo a los clérigos.3

En el tiempo que residió en Guatemala, González Mollinedo y Saravia fue ascendido a mariscal de campo el 31 de enero de 1802 y a teniente general el 11 de abril de 1810.  Finalmente entregó el mando a su sucesor, el jefe de escuadra José Bustamante y Guerra, el 14 de marzo de 1811.1

La regencia lo nombró como Virrey de Nueva España, a las órdenes de Venegas, ocupando la ciudad de Oaxaca. Allí fue atacado por las fuerzas del independentista José María Morelos, y aunque se defendió hasta que cayó la paza, fue hecho prisionero el 25 de noviembre de 1812, y fusilado en los llanos de las Canteras, en Oaxaca, el 2 de diciembre siguiente.1


NOTAS:

  • El historiador guatemalteco Clemente Marroquín Rojas dice que González y Mollinedo era hijo bastardo del rey Carlos IV, pero éste rey nació en 1748 por lo que lo indicado por Marroquín Rojas no es posible.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Real Academia de Historia (s.f.)  Antonio González Mollinedo y Saravia. España: Real Academia de Historia.
  2. Marroquin Rojas, Clemente (1970) [1945]. Historia de Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 8.
  3. Ibid., p. 9

13 de marzo de 1834: honras fúnebres a José Cecilio del Valle

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala rinde homenaje póstumo al licenciado José Cecilio del Valle

13marzo1834
Patio interior del desaparecido Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala, en donde Del Valle redactara el Acta de Independecia de Centroamérica el 15 de septiembre de 1821. En el recuadro: el licenciado José Cecilio del Valle. Imagenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 2 de marzo de 1834 falleció el licenciado José Cecilio del Valle, quien era un reconocido político y diplomático relacionado con la influyente familia Aycinena,1 y por ello tuvo puestos de importancia durante la época colonial llegando a ser el Auditor de Guerra.2 Sus contemporáneos le llamaban «el sabio Valle«, ya que era un erudito que publicaba serios análisis de la situación que vivían Centroamérica en esa época; además, era amigo de varios escritores de Europa y fue miembro de la Academia de Ciencias de París le inscribió en el catálogo de sus miembros.1

Del Valle fue quien redactó el 15 de septiembre de 1821 el Acta luego de que los criollos aristócratas de la familia Aycinena, la diputación provincial y las autoridades eclesiásticas pactaran con el Capitán General Interino, brigadier Gabino Gaínza, la independencia del Reino de Guatemala. De hecho, fue nombrado como miembros de la Junta Provisional Consultiva junto con el marqués de Aycinena, la cual fue encomendada de encargarse del gobierno de la región mientras se reunía un congreso que establecería la Constitución de la recién independizada región, de acuerdo al siguiente párrafo:

8.° — Que el señor Jefe Político, brigadier don Gabino Gainza, continúe con el gobierno superior político y militar que este tenga el carácter que parece propio de las circunstancias, se forme una junta provisional consultiva, compuesta de los señores individuos de esta diputación provincial y de los señores don Miguel Lárreynaga, ministro de esta audiencia; don José del Valle, auditor de Guerra; marqués de Aycinena; doctor don José Valdez, tesorero de esta santa iglesia; doctor don Ángel Maria Candina; y licenciado don Antonio Robles, alcalde tercero constitucional: el primero por la provincia de León, el segundo por la de Comayagua, el tercero por Quezaltenango, el cuarto por Solóla y Chimaltenango, el quinto por Sonsonate, y el sexto por Ciudad Real de Chiapa.2

Sin embargo, a pesar del mandato de convocar a un congreso, aquella Junta Provisional Consultiva fue la encargada de llevar a cabo la Anexión a México el 5 de enero de 1822 por presiones del emperador Agustín de Iturbide.3 La Junta Provisional se disolvió el 21 de febrero de 1822 y Del Valle partió para México, como representante de Centroamérica ante el Congreso Imperial.4

Aquella anexión tardó poco más de un año, el cual fue verdaderamente desastroso para la región centroamericana, ya que aparte de los elevados impuestos que hubo que pagar, hubo levantamientos en El Salvador que fueron sofocados a sangre y fuego por Filísola los desatinos del Emperador provocaron su inevitable caída.  En lugar de preocuparse por una administración eficiente de su enorme imperio, Iturbide se ocupó en su propia coronación, en la creación de honores y distinciones para sus cortesanos y en la de la Orden Guadalupana, para lo que gestionó un préstamo con Inglaterra, pues las arcas nacionales habían quedado vacías tras la guerra de independencia.5

Cuando el emperador Iturbide disolvió el Congreso, hizo prisioneros a los diputados, incluyendo a Del Valle quien, no obstante, fue nombrado Primer Ministro por el mismo Iturbide, pasando, como dice el historiador Alejandro Marure, «de la prisión a la primera silla del Gabinete imperial».1 Aquel nuevo puesto, no obstante, no duró mucho ya que el 31 de enero el ejército dió un Golpe de Estado respaldando al general López de Santa Anna en el Acta de Casa-Mata, lo que eventualmente forzó a Iturbide a abdicar el 19 de marzo de 1823.5

Del Valle regresó a Centroamérica, en donde desempeñó altas cargos en el Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Centro de América, y cuando se realizaron las primeras elecciones presidencial de la naciente República Federal de Centro América fue electo Presidente de la República por la mayoría del voto popular, aunque no llegó a ocupar el cargo porque el Congreso no se lo permitió y en su lugar fue electo el general Manuel José Arce.1

A pesar de su involucramiento con los criollos aristócratas, con el proceso de la Anexión a México y con el Imperio de Iturbide, tras su muerte la Asamblea del Estado de Guatemala del gobierno liberal del jefe de Estado Dr. Mariano Gálvez acordó el 13 de marzo de 1834, que en reconocimiento su altos méritos el retrato de Del Valle fuese colocado en el salón de sesiones, y que todos los funcionarios públicos vistiesen luto por tres días.1

He aquí el decreto de la Asamblea Legislativa:6

1.º — Que todos los empleados y funcionarios existentes en esta corte, vistan luto durante tres días que señalará el ejecutivo, y que en los mismos se doble en todas las iglesias de la capital a las nueve, doce de la mañana y oraciones de la noche.
2.º — Que a espensas de los miembros del cuerpo legislativo se haga copiar el retrato del ciudadano José del Valle, el cual se colocará en la sala de sesiones.
3.º — Que por la secretaría de la asamblea y en su nombre, se exite a las de los estados a fin de que se sirvan acordar las demostraciones que tengan a bien en honor de la memoria del mismo ciudadano.6

En atención al decreto anterior, la Asamblea de El Salvador le rindió los mismos honores el 9 de abril de ese mismo año.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. pp. 81-82.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las Leyes de Guatemala compuestas y arregladas a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la Republica. I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Ibid, pp. 14-16.
  4. Marure, Efemérides de los hechos notables, p. 5.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 179.
  6. Pineda de Mont, Manuel (1871). Recopilación de las Leyes de Guatemala compuestas y arregladas a virtud de orden especial del Supremo Gobierno de la Republica II. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 338-339.

12 de marzo de 1828: el «ataque del Viernes Santo» en San Salvador

Las fuerzas federales guatemaltecas atacan San Salvador para tratar de conquistar la plaza que se había rebelado a la autoridad federal tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.

12marzo1828
San Salvador en la década de 1830. En el recuadro: Mariano de Beltranena, quien era el presidente federal en funciones en la Ciudad de Guatemala que ordenó el ataque a San Salvador el viernes santo 12 de marzo de 1828. Imágenes tomadas de EfemeridesSV y Ecured, respectivamente.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 se produce el llamado «Ataque del Viernes Santo» por parte de fuerzas guatemaltecas a las fuerzas salvadorenas que se habían levantado en armas en contra del gobierno del presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga,2 a quien consideraban traidor a la causa liberal por haberse aliado a las causas de los aristócratas guatemaltecos que habían perpetrado el golpe de estado contra Barrundia debido a los decretos que éste había aprobado y que afectaban directamente sus intereses.

Ya para 1828 la guerra civil llevaba dos años y Arce se había separado del gobierno, dejándolo en manos del vice-presidente, Mariano de Beltranena, luego del desastre que sufrieran sus tropas contra los salvadoreños en Milingo en 1827.3 Los Estados de Guatemala y El Salvador habían entablado varias sangrientas batallas, aunque sin resultado favorable para ninguno de los dos.4  Los guatemaltecos llamaban «herejes«, «fiebres» y «anarquistas» a los salvadoreños, mientras que éstos llamaban a los guatemaltecos «serviles» por decir que defendían la defensa de la religión y el mantenimiento de las tradiciones coloniales.5

El 1 de marzo se enfrentaron las fuerzas de ambos estados en la Batalla de Chalchuapa.  El comandante de las tropas federales guatemaltecas era el brigadier Manuel Arzú, mientras que el salvadoreño era el mercenario ecuatoriano Rafael Merino, un individuo borracho y fanfarrón que fue vencido categóricamente por las fuerzas guatemaltecas.  La noticia fue recibida en Guatemala con gran algarabía, que incluyó el repique de campanas, quema de cohetillos y hasta monjas que prendieron velas a las ánimas del purgatorio.6

Los salvadoreños no se quedaron de brazos cruzados y se prepararon para el asalto de la ciudad de San Salvador.  El 11 de marzo recibieron una propuesta de parte de Arzú para firmar la paz, pero la rechazaron por considerarla inaceptable así se prepararon para el asalto final, en el día supuestamente más sagrado para los atacantes que defendían la religión: el Viernes Santo 12 de marzo.7

Arzú llevaba a los coroneles Montúfar, Domínguez y Aycinena al frente de sus cuerpos del ejército y decidió atacar San Salvador por tres puntos diferentes. El ataque de los guatemaltecos fue salvaje y cruel, dejando tras de sí toda clase de crímenes y desolación.  El mismo Arzú dijo en un manifiesto:

«Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.»7

Los salvadoreños, por su parte, hacían añicos a cualquier federal guatemalteco que cayera en sus manos.7

A las once de la mañana del Viernes Santo los guatemaltecos estaban en la ciudad y se entabló un feroz combate que se prolongó por varias.  Arzú, que entonces tenía más de sesenta años de edad pasó tomando licor toda la batalla y ya totalmente embriagado ordenó el cese al fuego a las cinco de la tarde.8 Los salvadoreños habían logrado resistir e incluso incendiaron el parque de los invasores,2 que tuvieron que retirarse a Mejicanos y enviar emisarios para llegar a un acuerdo de paz, mientras en la ciudad de Guatemala pasaron de la euforia a la recriminación.8

Fue aquel el principio del fin para los aristócratas guatemaltecos, que el 14 de abril de 1829 tuvieron que rendirse a las fuerzas invasoras del liberal Francisco Morazán, que los redujo a prisión, les confiscó todos sus bienes, y expulsó a la mayoría de ellos de la región centroamericana.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz en el Palacio. p. 46.
  3. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.
  4. Marure, Efemérides de los hechos notables, pp. 44-45.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 410.
  6. Ibid, p. 411.
  7. Ibid, p. 412.
  8. Ibid, p. 413.
  9. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

11 de marzo de 1844: el convenio de Guadalupe

Tras sofocar un alzamientos en Pinula, el teniente general Rafael Carrera firma con los líderes de los alzados el convenio de Guadalupe, en la villa del mismo nombre, por medio del cual disuelven la Asamblea Constituyente y obligan a los eclesiásticos a dejar sus puestos en el gobierno de Mariano Rivera Paz.

11marzo1844
La ciudad de Guatemala en 1865, aproximadamente, vista desde el Cerrito del Carmen. Se aprecian los volcanes de Pacaya y de Agua al fondo, y entre los edificios se reconocen el Teatro Carrera, y las iglesias de La Merced, San Francisco, Catedral y Santa Teresa. En los recuadros: el teniente general Rafael Carrera, el arzobispo Francisco de Paula García Peláez, el Marqués de Aycinena y Mariano Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 3 de marzo de 1844 arribó el arzobispo coadjuctor Francisco de Paula García y Peláez al territorio guatematleco, después de haber sido consagrado por el obispo Juan Viteri y Ungo en El Salvador. Tras el Te Deum que le celebraron en la Catedral de la Ciudad de Guatemala los miembros del clero, se dirigieron a la casa de gobierno, que estaba frente a la Iglesia de Santa Rosa y allí sostuvieron una reunión con el Jefe de Estado Mariano Rivera Paz, Consejo y los miembros de la Asamblea Constituyente, dando por confirmada la creación de un Estado elclesiástico en Guatemala. Pero hubo un gran ausente en aquella reunión: el general Rafael Carrera, quien para entonces era el teniente general de las Fuerzas Armadas, y quien se había salido a pacificar a unos pueblos en el oriente del país.1

Aquello era parte de una estratagema del militar, ya que su mutua desconfianza con los eclesiásticos y con los diputados, no permitía que avanzara la agenda de uno ni de los otros.  Así, mientras Carrera estaba ausente, «convenientemente» se armó una revuelta en Pinula cuando aproximadamente mil campesinos se alzaron, provocando el pánico entre los pobladores de la ciudad, quienes todavía tenían frescos en la memoria las invasiones de Francisco Morazán en 1829 y en 1840, y las invasiones de Carrera en 1839.2

Rivera Paz mandó a llamar inmediatamente a Carrera, quien regresó a la ciudad a marchas forzadas y dijo al llegar: «¡Aquí está Carrera, para quien quiera algo de él» ¿Quiénes son los sublevados? ¿Los de Pinula? Pues duerma soesegada la sociedad de Guatemala, que Rafael Carrera está para velar la tranquilidad del vecindario y para poner en cintura, a revoltosos y ambiciosos…»

Carrera se hizo acompañar de su estado mayor y al frente de sus tropas atacó a los alzados, que ya estaban casi a las puertas de la ciudad y tras una escaramuza en donde hubo algunos muertos, los rebeldes pidieron una tregua y firmaron el convenio de Guadalupe, en el poblado del mismo nombre entonces en las afueras al sur de la ciudad.  Aquel convenio demuestra que Carrera tenía un plan bien trazado para salir de sus rivales eclesiásticos y de los diputados constituyentes, y lo reproducimos a continuación por su relevancia histórica:

El teniente general Rafael Carrera, general en jefe del Ejército del Estado de Guatemala, y los jefes de las dos divisiones de los pueblos aliados que operaban hostilmente sobre la capital, hemos convenido en obsequio de la paz pública y de la sangre centroamericana, en que se atiendan las peticiones racionales de dichos jefes y los intereses del Estado bajo los puntos siguientes:

      1. La autoridad de la Asambles Constituyente debe ser subrogada por un Consejo de gobierno con tanta autoridad como la misma Asamblea.  Este cuerpo constituirá el Estado, será electo popularmente y se compondrá de un individuo por cada departamento. Para ser electo miembro de este Consejo, se tendrán las cualidades siguientes: 1°. Ser hijo del Estado y del departamento, mayor de edad, de conocidad probidad y saber, y que en todas épocas haya demostrado ser verdadero patriota, que ama el bienestar de los pueblos; y 2°. ser propietario para que esta circunstancia lo constituya en conservador de la paz.  Que se ocupe en observar la inversión de los caudales públicos y en representar las necesidades de sus ponderantes para que se promueva su fácil remedio.  De esta reducción de representantes resultará más violencia en los asuntos, menos oposición al bien general; más economía al erario; y lo que es más, la desaparición del aspirantismo.
      2. La constitución que dé el Consejo será sancionada por otro Consejo, compuesto por doble número de representantes, electos en los términos expresados en el artículo anterior; y este Consejo que no tiene más objeto que sancionar, podrá ser carga concejil.
      3. Que el Presidente del Estado se le den bastantes facultados por la Asamblea actual antes de disolverse, sin más condición que cada año deberá dar residencia de administración al Consejo.
      4. Como la administración de justicia está algo desvirtuada, y los pueblos creen que por el interés se les despoya de ella, es indispensable que estos destinos y el de los escribanos sean servidos puramente por sueldos y sin cobrar cosa alguna, y por personas que se renovarán según su buena o mala administración por el mismo Consejo el que también nombrará los letrados de probidad y honor que deben dirigir a las partes litigantes en sus asuntos; pues de esto resultará más prontitud en el despacho, menos parcialidad, más rectitud en la administración de justicia. 
      5. Que se dé un nuevo arreglo a la hacienda pública: que se disminuyan los empleados civiles y aun los militares si fuere forzoso; de esto resultará menos gravámenes a los pueblos, menos apuros para el Gobierno, y una economía para aumentar los fondos públicos, los cuales tarde o temprano servirán al ejército, sin necesidad de dejar a los propietarios, pues éstos deben ser protejidos por las leyes.
      6. Promoverá el Supremo Gobierno y el Consejo la prosperidad efectiva de los pueblos por hacer obras públicas de beneficencia, construcción de puentes y fábricas para las poblaciones industriosas que se hallen limitadas a su tejidos, hilados, etc.
      7. Nombrará el Supremo Gobierno, de acuerdo con el Consejo, un solo juez de tierras y un agrimensor para cada dos departamentos, los cuales serán escogidos entre los más honrados de la profesión, quedando sujetos a la formación de causa y pérdida de honorarios si obran mal en su ejercicio.
      8. Que se sobrecargen los drechos a aquellos efectos extranjeros que se introduzcan y puedan fabricarse en el país.
      9. Que los eclesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia.
      10. Que se conceda el fuero de guerra a las milicias del Estado, que en el día lo gozan únicamente los que están en actual servicio.
      11. El ejército de los pueblos aliados, siempre sumiso al Supremo Gobierno, y a su benemérito caudillo y general en jefe del Ejército, deseoso de dar purebas de que si están con las armas en la mano, no es con miras perversas, sino con la de solicitar la mejora de los habitantes del Estado, desde luego quieren que la reforma se haga con toda libertad, y depondrán las armas tan luego como se reuna la Asamblea, y que el Estado se halle organizado según los artículos precedentes, quedando entonces encargado de la realización y cumplimiento de este convenio el Excmo. señor Teniente General y General en jefe del ejército, debiendo advertir que este nuevo régimen adoptado durará por todo el tiempo en que reuslten beneficios al estado; quedando en libertad los pueblos para variarlo según les convenga.
      12. Y por conducto del gobierno, se dé cuenta a la Asamblea Constituyente del Estado con el presente convenio.

Cuartel general en la Villa de Guadalupe, 11 de marzo de 1844.

        • Rafael Carrera
        • Antonio Solares
        • José Clara Lorenzana
        • Manuel figueroa
        • Pedro Velásquez
        • Manuel Solares
        • Manuel Álvarez3

Tras enterarse de este convenio, el Consejero de Estado, Marqués Juan José de Aycinena, renunció a su cargo con fecha retroactiva al 7 de marzo, aunque la Asamblea no aceptó el tratado, obligando a Carrera a seguir moviendo sus piezas para que terminara haciéndolo.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 397.
  2. Ibid., p. 398.
  3. Ibid., pp. 399-401.
  4. Ibid., p. 402.