4 de junio de 1829: decreto federal de Francisco Morazán considera usurpador al gobierno conservador de Guatemala de 1826 al 29 y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias

4junio1829
En la imagen: la antigua Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro a principios del siglo XX. En este edificio funcionó originalmente la Real y Pontificia Universidad de San Carlos y luego el Congreso Federal. Allí fueron hechos prisioneros los conservadores derrotados por Morazán en 1829. Imagen tomada del Museo de la Universidad de San Carlos.

Tras la victoria del general liberal hondureño Francisco Morazán el 12 de abril de 1829, éste hizo prisioneros a los criollos aristócratas, todos ellos miembros o parientes de la familia Aycinena, que había tomado el poder en Guatemala tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.1

 

Por medio del decreto del 4 de junio de ese año, el gobierno federal se declaran nulas las elecciones del Estado de Guatemala del 31 de octubre de 1826, considera usurpadores de la soberanía de dicho Estado a todos los que legislaron hasta 1829, y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias.2

De acuerdo al historiador conservador Antonio Batres Jáuregui (quien a pesar de ser conservador fue funcionario de los gobiernos liberales desde J. Rufino Barrios hasta Manuel Estrada Cabrera), aquel decreto “con mengua del derecho natural y de todo sentimiento humanitario, fue, para nuestra desventurada tierra, causa de grandes dolores y fuego voraz que incendió la pasión partidista, a la cual se deben sangrientas luchas, devastaciones, miserias y lágrimas.”3

Dicho decreto fue recogido en la Recopilacidn de Leyes de la República de Guatemala de 1821 a 1869 escrito por Manuel Pineda de Mont, pero sus artículos 2.° y 3.° fueron editados porque incluían nombres y apellidos de las familias aristócratas que habían sido miembros del gobierno de 1826 a 1829.  El decreto dice así:

1.° Se declaran nulas y contrarias a las leyes fundamentales de la República y del Estado las elecciones celebradas en virtud del decreto anti-constitucional del presidente de la República, de 31 de octubre de 1826, y las siguientes de 27 y 28.

2.° Editado

3.° Editado

(Nota de HoyHistoriaGT: Los artículos 2.° y 3.° declaran reos de usurpación y traición a los que ejercieron la autoridad en virtud de las elecciones mencionadas en el artículo 1.°, y los listaba con nombres completos y los condenaban a muerte obligándolos antes a devolver lo que habían ganado en concepto de salario durante su gestión. Además, se agregaba la confiscación de bienes a los principales miembros de la familia Aycinena y del gobierno conservador.4)

4.° Son nulas y de ningun valor las determinaciones que con el nombre de leyes, decretos, órdenes, acuerdos, providencias y reglamentos hayan sido dictadas por estos poderes intrusos, y quedan en su vigor y fuerza las emitidas por las legítimas autoridades, hasta el 13 de octubre de 1826.

5.° Se han por válidos y subsistentes los actos emanados de la corte superior y jueces de primera instancia en lo civil y criminal en todas las causas, con excepción de las que se versan sobre materias políticas; pero quedan expeditos a las partes, en las causas puramente civiles, los recursos de nulidad e injusticia notoria, debiendo correr el término designado por la ley desde la publicación de este decreto.5

Aunque eventualmente las penas de muerte fueron conmutadas, los principales miembros del partido conservador fueron condenados al exilio, de acuerdo al decreto del Congreso Federal del 7 de septiembre de 1829, que dice así:

4.° Serán expatriados perpetuamente y confinados fuera la república, al país que designe el gobierno de acuerdo con el senado:

  • Primero: El ex-presidente y ex-vicepresidente de la República Manuel José Arce y Mariano de Beltranena,
  • Segundo: Los ex-secretarios de estado y del despacho de Relaciones Juan Francisco de Sosa, y de Guerra Manuel de Arzú,
  • Tercero: Los jefes de sección que funcionaron como secretarios en los mismos ramos, Francisco María Beteta y Manuel Zea.
  • Cuarto: Los primeros y segundos jefes del ejército federal que sirvió a disposición del gobierno durante la revolución, Francisco Cáscara, Manuel Montúfar y José Justo Milla, pues los demás quedan incluidos en este artículo bajo otros aspectos. (Nota de HoyHistoriaGT: José Justo Milla fue el padre del escritor José Milla y Vidaurre).
  • Quinto: El que se tituló jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena.
  • Sexto: Los que le sirvieron en calidad de secretarios, Agustín Prado, José Francisco de Córdova, Antonio José de Irisarri, José de Velasco, Vicente Domínguez y Vicente del Piélago.
  • Séptimo: El comandante general que fue de las armas de la federación y del estado, Antonio del Villar.1

BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala. pp. 114-120.
  2. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  3. Batres Jáuregui, Antonio (1946). La América Central ante la Historia. Memorias de un siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 131.
  4. — (1896). Literatos guatemaltecos: Landívar e Irisarri, con un discurso preliminar sobre el desenvolvimiento de las ciencias y las letras en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 185.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 239-240.

29 de mayo de 1839: tras el golpe de estado de Rafael Carrera se establece una Asamblea Constitutiva que emitió una Constitución en 1842 aunque nunca fue ratificada

29mayo1839
Plaza de Armas de la Nueva Guatemala de la Asunción en la época en que se convocó a la Asamblea Constituyente de 1839.  En el recuadro: el general Rafael Carrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los máximos líderes de Guatemala del siglo XIX fueron el general católico conservador Rafael Carrera quien impuso su voluntad de 1839 a 1865 y el general anticlerical J. Rufino Barrios, quien lo hizo de 1871 a 1885. Ambos llegaron al poder después de revoluciones, ambos fueron el verdadero poder detrás de los jefes de estado o presidentes provisorios, y ambos gobernaron sin el amparo de una Constitución durante los primeros años de sus respectivos gobiernos.  Como corolario, ambos consiguieron que las Asambleas Constituyentes les redactaran una Constitución que amparara su estilo de gobierno y les permitiera perpetuarse en el poder; Carrera consiguió su constitución en 1851 y Barrios en 1879.  Y no es que no hubiera intentos por establecer una constitución, que sí los hubo.  Lo que ocurría era que no satisfacían las necesidades de Carrera o de Barrios, y quedaban en letra muerta.

El primer intento de hacer una constitución para el Estado Independiente de Guatemala se hizo cuando éste se separó de la República Federal de Centro América el 17 de abril de 1839, y se eligió a una Asamblea Constituyente para el efecto el 29 de mayo.1 Pero el estado de cosas en el país no era estable en lo absoluto; el Estado de Los Altos se había separado en 1838 y cuando los indígenas le pidieron ayuda a Carrera para que los ayudara contra la opresión de los criollos liberales de la región, éste combatió a las fuerzas altenses y recuperó el territorio para Guatemala.2 Esta situación, a su vez provocó que el jefe de Estado de El Salvador, el líder liberal Francisco Morazán invadiera a Guatemala.  Carrera y Morazán se enfrentaron en la capital guatemalteca y el general guatemalteco infringió una definitiva derrota al hondureño, quien huyó a El Salvador dejando a sus hombres a su suerte.  Aunque el hecho resultó en una decisiva victoria para las armas guatemaltecos, retrasó la discusión de la Asamblea Constituyente,3

La Asamblea finalmente redactó y firmó un proyecto el 29 de enero de 1842 y dió orden de imprimirlo el 20 de abril del mismo año luego de que una comisión conformada por los criollos aristócratas Aycinena, Pavón, Dardón, Colom, Andreu y Estrada le diera su aprobación.  Luego de impresa, se empezó a discutir en sesión pública el 1 de julio de 1843, aprobando el 6 de ese mes el primer artículo.  Pero hasta allí llegó la discusión, que quedó en suspenso el 3 de octubre cuando los diputados Pavón y Andreu solicitaron que ya no se siguiera discutiendo.4  Así terminó el primer intento de redactar una constitución para el gobierno conservador.

Viendo que el clero, y en especial el marqués de Aycinena, Juan José de Aycinena y Piñol, estaban intentando hacerse con el poder absoluto en el país, Carrera organizó una falsa sublevación en Pinula, la que utilizó para firmar un convenio en la Villa de Guadalupe el 11 de marzo de 1844, por medio del cual se organizó un congreso que prohibió a los clérigos participar en política, con lo que salió del molesto Aycinena.  Por otra parte, aquel congreso redactóuna constitución el 16 de septiembre de 1845, pero nunca fue sancionada porque dicha constitución era copia de la que habían redactado en el Estado de Los Altos y no aplicaba al estado guatemalteco.  Esto dió por finalizado el segundo intento de escribir una constitución para el Estado.4

Carrera finalmente se hizo con la jefatura del Estado en 1844, en sustitución de Mariano Rivera Paz, pero cuando en 1846 todavía no se había establecido una constitución en el Estado un partido de jóvenes estudiantes universitarios decidieron llenar aquel vacío constitucional, asesinando al presidente Carrera para así convocar una constituyente auténtica, y dar al poder militar una organización regularizada. Así, el 26 de junio de 1846, cuando habrían de celebrarse en la Iglesia Catedral las honras fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien había muerto en el exilio en la Habana, los estudiantes llegaron armados al templo para asesinar al Jefe de Estado, pero su plan fracasó y los tuvieron que salir al exilio a Chiapas tras pasar un tiempo encarcelados en el Castillo de San José.5,6

El 21 de marzo de 1847 Carrera fundó la República de Guatemala, convirtiéndose en su primer presidente, y nuevamente convocó a a una constituyente en 1848, la cual fue disuelta en 1849 luego de queCarrera tuviera que salir al exilio cuando el país entró en una completa anarquía y los criollos (tanto conservadores como liberales) le pidieron la renuncia.  Carrera se fue a México, y regresó en 1849, aunque como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, bajo el presidente Mariano Paredes, aunque todo el país sabía quien era el que verdaderamente gobernaba.7  La Asamblea Constituyente se disolvió, y el asunto quedó nuevamente incluso.4

Fue hasta después del triunfo de Carrera en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851, que finalmente una Asamblea Constituyente logró aprobar la Constitución de la República de Guatemala, la cual estuvo vigente hasta el 30 de junio de 1871, cuando fue sustituida por el Acta de Patzicía que firmaron los criollos altenses liberales para desconocer el gobierno del mariscal Vicente Cerna, dando inicio nuevamente a un largo proceso para redactar una nueva constitución.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. Tomo I. Imprenta de la Paz. p. 85.
  2. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  3. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, p. 86
  5. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión TIpográfica.
  6. Vela Salvatierra, David (1943). “Juan Diéguez Olaverri”, en Literatura guatemalteca. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 2 y siguientes.
  7. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  8. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, pp. 79-85.

 

19 de mayo de 1849: la Asamblea Legislativa deroga el decreto del 13 de octubre de 1848 en el que había declarado al teniente general Rafael Carrera “reo de muerte”

19mayo1849
Fotografía de Eadweard Muybrdige que muestra una vista de la Ciudad de Guatemala desde el Cerrito del Carmen en 1875.  En el recuadro: moneda guatemalteca del período del gobierno de los 30 años, en que aparece la efigie del presidente vitalicio, general Rafael Carrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 13 de enero de 1849 el presidente de Guatemala, general Mariano Paredes, se dirigió a la Asamblea Legislativa para pedirle que revisara los motivos por la cual habían emitido el Decreto del 13 de octubre de 1848 en el que declararon al teniente general Rafael Carrera fuera de la ley y reo de muerte si osaba regresar a Guatemala, y en el que declararon a sus colaboradores como reos de traición.  Los miembros de la Asamblea, todos ellos criollos liberales o descontentos con el régimen de Carrera, no dieron marcha atrás y mantuvieron vigente el decreto en mención.1

 

Pero la anarquía seguía y muchos grupos de forajidos hacían lo que querían en el país; de hecho, el 10 de febrero de 1849, el presidente Paredes tuvo que pactar con los generales alzados Vicente y Serapio Cruz para intentar calmar un poco la situación.2 El 27 de febrero, la situación empezó a cambiar para los diputados, cuando desde Yucatán, Carrera manifestó su intención de regresar “a salvar” a Guatemala, sin importarle el decreto mencionado, y dispuesto a responder personalmente de los cargos que se hicieron en su contra cuando ya había partido al exilio. La prensa liberal, aprovechando que  el general guatemalteco estaba a más quinientos kilómetros de distancia, lo llenó de insultos y se publicaron volantes en los que lo llamaban “indio“, “tirano“, “hombre rudo“, “hombre de las selvas“, entre otras cosas.1

Pero la situación del país empeoraba día a día, por lo que el 19 de mayo de ese año la Asamblea Legislativa se vió obligada a derogar el decreto contra el general Carrera, ya que éste estaba a pocos kilómetros de la frontera entre Chiapas y Guatemala.  La prensa sigue atacándolo, pero en tono más mesurado; ahora lo llaman “militar duro“, “audaz guerrero“, y “soldado sin entrañas“.3

Y como la situación del país siguiera en completo caos, el 3 de agosto, la Asamblea Legislativa lo declaró Comandante General de las Armas de la República.  Ahora la prensa dió un giro completo y lo llamaba “general invicto“, “salvador de Guatemala“, “hombre providencial“, “estratega genial y maravilloso“. Y no solamente la prensa se apresuró a adularlo.  El 8 de agosto, Carrera ingresó a Guatemala y Quetzaltenango, que poco antes había intentado formar nuevamente el Estado de Los Altos, no solamente firmó un tratado de paz con él, sino que se apresuró a brindarle a los miembros de su ejército para que combatiera a su lado.3

Los diputados, ya viendo que el retorno del caudillo es inminente, y sabiendo que había establecido pactos con los líderes indígenas de la región occidental de Guatemala durante su retorno, temían que se desatara una carnicería contra los criollos, como ya estaba ocurriendo en Yucatán, que había sido la residencia temporal de Carrera durante su exilio.  Muchos de los liberales se ocultaron, y otros, como el joven Lorenzo Montúfar y Rivera, se escondió en la casa del ingeniero Julián Rivera, pariente suyo, y luego huyó del país disfrazado de clérigo.  Y no sólo los liberales temían el retorno de Carrera, pues habían sido los criollos conservadores y los miembros del clero los que le habían pedido la renuncia al ex-presidente el 15 de agosto de 1848.4

Pero Carrera no persiguió a nadie, ya que no tuvo necesidad de hacerlo.  Una comitiva con el presidente Mariano Paredes a la cabeza salió a recibirlo mientras los liberales huían, y los conservadores, que no eran bien recibidos en el resto de Centro América por aristócratas, tuvieron que pactar con él sabiendo que tenía fuertes alianzas con los líderes indígenas y temiendo que los lanzara en su contra.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  2. Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.
  3. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 257.
  4. Ibid. p. 258.

3 de mayo de 1865: la Cámara de Representantes elige al Mariscal Vicente Cerna como presidente de Guatemala

3mayo1865
El Mercado central de la Ciudad de Guatemala, construido por el gobierno del Mariscal Vicente Cerna y destruido por el terremoto de 1976.  En el recuadro: el Mariscal Cerna.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El licenciado Pedro de Aycinena asumió la presidencia provisoria tras la muerte del Capitán General Rafael Carrera el 14 de abril de ese año, ya que de acuerdo a la constitución vigente a él le correspondía por ser el minismo más antiguo.  Su primer acto oficial fue enviar una proclama a la población anunciado la elección del nuevo presidente a la brevedad posible.    (Nota de HoyHistoriaGT: es importante destacar que debido a que Carrera había si nombrado presidente vitalico en 1854, la constitución tuvo que ser modificada para regresar al sistema de presidentes electos cada cuatro años.) 1,2

El decreto de Aycinena dice así:

Pedro de Aycinena,

Ministro de Relaciones Exteriores, encargado interinamente del Gobierno;

Por cuanto: ha llegado el caso previsto en los Artículos 5° y 9° del Acta Constitutiva de la República, con motivo del fallecimiento del Excmo. Sr. Capitán General D. Rafael Carrera, Presidente de la República;

POR TANTO:

Con presencia de lo dispuesto en dichos Artículos, y oído el parecer del Consejo de Estado,

TIENE A BIEN DECRETAR Y DECRETA:

Art. 1.° — Se convoca d la Cámara de Representantes, para que constituyéndose en Asamblea general, con la concurrencia de los funcionarios que al efecto designa el Art. 5° se verifique la elección de Presidente Constitucional de la República.

Art. 2° — Con tal objeto, la Cámara abrirá su sesión extraaordinaria el dia 1.° de Mayo próximo entrante; celebrando una Junta preparatoria el dia 28 del corriente.

Art. 3° — El Ministro de Gobernación queda encargado de la Ejecución del presente Decreto.

Dado en el Palacio del Gobierno, en Guatemala, á catorce de abril de mil ochocientos sesenta y cinco.

El Ministro de Gobernación,

M. Echeverría.

Y por disposición del Sr. Ministro encargado interinamente del Gobíerno, se imprime publica y circula.— Guatemala, Abril 14 de 1865.

Echeverría.3

La elección fue realizada el 3 de mayo de 1865 por los miembros de la Cámara de Representantes que, al igual que como ocurriría con las Asambleas Legislativas que hubo en los gobiernos liberales, estaba compuesta por allegados del fallecido presidente.  Los candidatos que se presentaron fueron el Mariscal Vicente Cerna y el general Manuel González.4   El Mariscal Cerna era de origen mestizo y había sido uno de los correligionarios de Carrera desde la época en que ambos peleaban juntos durante el alzamiento católico campesino que derrocó al gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez en 1838.  Gracias a su amistad con Carrera tuvo puestos de importancia en la administración del gobierno, siendo el Corregidor del entonces vasto departamento de Chiquimula y llegando al máximo escalafón del ejército guatemalteco.  Por otra parte, el general González era descendiente de una de las familias criollas del país, pero quien acababa de regresar de México tras una larga ausencia.4

El Mariscal Cerna resultó electo, y desde su toma de posesión fue llamado “Huevo Santo” por el pueblo guatemalteco dada su parsimonia, la falta de vivacidad en su caráter y, sobre todo, por las estudiadas práticas jesuitas de piedad y catolicismo con el que el nuevo presidente se presentó ante la sociedad.5  También se dice que fue nombrado así porque, a diferencia de Carrera, no acostumbraba a tener agasajos con jovencitas durante sus viajes a los diferentes poblados que visitaba.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 87.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 4.
  3. Aycinena, Pedro de (14 de abril de 1865). Decreto del Ministro de Relaciones Exteriores, Encargado Interinamente de la Presidencia. Guatemala: Imprenta de la Paz. p. 1.
  4. Ibid, p. 5.
  5. Ibid, p. 6.

22 de abril de 1812: la Gaceta de la Regencia de España e Indias informa que el Consejero de Estado José de Aycinena había pacificado El Salvador

22abril1812
El cura José Matías Delgado durante el primer grito de independencia en El Salvador en 1811.  En el recuadro: retrato de José de Aycinena, publicado en la nota que la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo publicó para celebrar su victoria contra el alzamiento de El Salvador.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los criollos aristócratas centroamerianos llegaron a tener mucha influencia en las esferas del poder peninsular, al punto de que algunos consiguieron títulos nobiliarios, como el del marqués de Aycinena, y muchos fueron asesores y consejeros del Capitán General, además de ostentar importantes cargos en el gobierno colonial y altos puestos en la jerarquía de la Iglesia Católica.  De allí que, no apoyaran el proceso de Independencia sino hasta que se dieron cuenta de que la situación del rey Fernando VII era insostenible y les convenía más intentar establecer un gobierno local en la región.  El resto de criollos, por el contrario, resentía este favoritismo hacia los aristócratas y veía en la Independencia la solución para sacudirse del dominio aristocrático.  De allí se formaron los partidos conservador y liberal casi inmediatamente después del 15 de septiembre, los que llevaron a la región a una guerra civil que se extendió hasta la década de 1850.1

Para que el lector se de una idea de cómo estaba la situación de los criollos durante los últimos años de la colonia, reproducimos a continuación el reporte que dió la Gaceta de la Regencia de España e Indias sobre el papel que jugó José de Aycinena, hijo del marqués de Aycinena en el combate contra el alzamiento independentista que se produjo en la provincia de El Salvador en 1811:2

“En la provincia de San Salvador, reino de Guatemala, había prendido el fuego de la insurrección a principios de noviembre último; pero lo han logrado sofocar en sus principios las acertadas y eficaces providencias del capitán general D. José de Bustamente, auxiliado del patriotismo y fidelidad general de los habitantes, del celo de los ayuntamientos, del excelente espíritu de estado eclesiástico, y de la prudencia, luces y energía del Excelentísimo Sr. Consejero de Estado D. José de Aycinena, que comisionado para restablecer y asegurar el orden y la tranquilidad, lo ha conseguido felizmente, continuando el sosiego el 17 de diciembre, fecha de sus últimos oficios en la ciudad de San Calvador, capital de la provincia.”2

El nombre completo de Aycinena era José Alejandro de Aycinena y Carrillo y era Dr. en Leyes y abogado graduado en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo. También fue catedrático y rector de la Universidad y, gracias al poder de su familia, fue alcalde de la Nueva Guatemala de la Asunción, abogado de la Real Audiencia, director de la Sociedad Económica de Amigos de la Patria y Consiliario del Ilustre Colegio de Letrados.3

La influencia de los Aycinena durante el gobierno del capitán general José de Bustamante y Guerra se inició desde la llegada del nuevo gobernante en marzo de 1811, ya que José de Aycinena y su amigo José María Peinado organizaron la fiesta de recepción.​ La carrera política de ambos fue en ascenso a partir de ese momento, y tras la gestión de Aycinena para acabar con los insurrectos en El Salvador fue nombrado Intendente de San Salvador, puesto que dejó en manos de su amigo Peinado en 1812.4,5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena»Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica). Archivado desde el original el 9 de septiembre de 2014.
  2. Regencia de España e Indias (Abril de 1812) Gaceta de la Regencia de España e Indias. 52. Cádiz: Imprenta Real. p. 426.
  3. Cañas, José Simeón (1812). Oración encomiástica ofrecida por el Rector y Claustro de la Real y Pontificia Universidad de Guatemala al Excmo. Señor don José de Aycinena y Carrillo. Guatemala: Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala.
  4. González Alzate, Jorge (2012). «José María Peinado: esboce de la biografía de uno de los actores más destacados e influyentes del período llamado “constitucional” a raíz de la promulgación de las Cortes de Cádiz de 1812»Asociación para el fomento de los estudios históricos de Centroamérica. Guatemala.
  5. Vives, Pedro A. «Intendencias y poder en Centroamérica: La Reforma incautada»Anuario de Estudios Centroamericanos (Costa Rica: Universidad de Costa Rica) 13 (2).

14 de abril de 1865: muere el presidente vitalicio de Guatemala, capitán general Rafael Carrera

14abril1865
Vista de la Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala desde la Catedral Metropolitana en la época en que falleció Rafael Carrera.  De todos los edificios, el único que sobrevive hasta hoy es el Palacio Arzobispal que se observa en primer plano.  Al fondo está el Palacio Colonial a la izquierda, el antiguo Ayuntamiento a la derecha y el mercado central que antes en la plaza.  En el recuadro: el general Rafael Carrera y su verdadera firma.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Una de las figuras olvidadas en la historia de Guatemala es, indudablemente, la del capitán general Rafael Carrera.  Lo único que dicen de él en los textos de historia que se redactaron luego de la Reforma Liberal de 1871 fue que era un “cachureco” borracho y analfabeto que firmaba como “Raca Carraca” y que era el brazo armado de la familia Aycinena, supuesto verdadero poder tras el trono.1  Por su parte, los escritores marxistas que investigaron la historia de Guatemala durante la década de 1950 y 60 se refieren a Carrera como un “reyezuelo” y casi no profundizan en su gestión puesto que un gobierno católico que se preocupara por el bienestar de los indígenas no encaja en su narrativa de dominación de clases dominantes en el país.2

Las razones por las que los liberales se esforzaron por destruir el recuerdo histórico del general Carrera son varias, entre ellas:

  1. Carrera era mestizo y su fisonomía era predominantemente indígena.3  (Incluso los criollos conservadores como, por ejemplo, Manuel Cobos Batres, intentaron decir que no era posible que tuviera ascendencia indígena porque tenía muchas cualidades, al mismo tiempo que decía que el licenciado Manuel Estrada Cabrera no era un digno presidente pues era “mestizo de indio“.4)
  2. El principal apoyo del gobierno de Carrera fueron los pactos que estableció con los líderes indígenas, en especial del occidente guatemalteco que era en donde los criollos liberales pretendían establecer su propio Estado.
  3. La Iglesia Católica era el principal aliado de Carrera, ya que éste fue nombrado líder campesino por gracia de la Virgen María en la guerra civil contra el gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez.
  4. Al retomar a sangre y fuego el Estado de los Altos en 1840, Carrera destruyó el sueño de los criollos liberales guatemaltecos de formar su propio estado con la rentable frontera con México y con el potencial de importantes puerto en Ocós y Champerico.
  5. Carrera derrotó al héroe máximo de los liberales centroamericanos, el general Francisco Morazán en marzo de 1840, dando fin no sólo con la carrera política de éste, sino con la República Federal que añoraban los liberales.
  6. En la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851, Carrera venció a un ejército liberal formado por aliados de Honduras, El Salvador y Guatemala, sometiendo a ambos estados a su control a partir de entonces y eliminando la amenaza liberal a su régimen conservador.
  7. Durante todo el tiempo que Carrera fue presidente vitalicio, los criollos liberales guatemaltecos se mantuvieron en el exilio por el terror que les inspiraba.
  8. Cuando venció a Gerardo Barrios en 1863, Carrera no se detuvo sino hasta llegar a San Salvador, en donde dió orden de destruir a cañonazos la tumba de Francisco Morazán.3

Por supuerto, el general Carrera no era perfecto, ni mucho menos.  Por ejemplo, a pesar de ser fanático católico tenía la costumbre de ser agasajado con un grupo de muchachas jóvenes que le eran ofrecidas en cada poblado por donde pasaba, especialmente tras alguna victoria militar; y no se diga del sinnúmero de amantes que tuvo, entre las que hubo actrices e incluso una hermana del general Serapio Cruz (Tata Lapo).  También hizo nombrar capitán a su hijo Francisco, cuando éste era todavía un niño, y sus esbirros tenían mucha crueldad, como en la ocasión en que un barbero intentó agredir a Carrera y sus guardias no solo mataron al atacante, sino que los desmembraron y pusieron las partes del cuerpo en las entradas de la Ciudad de Guatemala como escarmiento.3  Y, quizá lo peor de todo, es que hizo muchos préstamos a bancos ingleses cuando necesitó armas para sufragar los gastos de su ejército, llegando al colmo de entregar en concesión a los ingleses la región comprendida entre el río Belice y el río Sarstún para poder obtener armas para combatir al filibustero estadounidense William Walker.5

La muete del “caudillo adorado de los pueblos“, como le decían sus aduladores, ocurrió el Viernes Santo, 14 de abril de 1865 en la Ciudad de Guatemala, y le sobrevino por una grave enfermedad estomacal que algunos historiadores indican que se produjo por un envenamiento que sufrió durante unas vacaciones, y otros por un cáncer de estómago.  Lo cierto es que Carrera pasó sus últimos días entre los hedores de su propio excremento, al que ya no podía controlar y murió poco después de ver pasar la procesión de Jesús Nazareno de La Merced.

He aquí el decreto emitido por el gobierno conservador tras la muerte del presidente vitalicio:

“Por cuanto habiéndose servido Dios Nuestro Señor llamar a sí al excelentísimo señor capitán general don Rafael Carrera, presidente de la República;Debiéndose verificar los funerales de su excelencia con la solemnidad correspondiente y hacerse las demostraciones públicas debidas, con motivo de tan doloroso suceso.

Por tanto: oído el parecer del consejo de estado; tiene a bien decretar y decreta:

Artículo 1°. Los funerales del excelentísimo señor capitán general don Rafael Carrera, presidente de la república, se harán el día 17 del corriente a las nueva de la mañana en la Santa Iglesia Catedral, donde será sepultado el cadáver en el lugar destinado al efecto.

Artículo 2°. El ministro de gobernación, justicia y negocios eclesiásticos se pondrá de acuerdo con el muy reverendo arzobispo metropolitano para disponer la solemnidad con que deba verificarse el acto.

Artículo 3°. El ministro de hacienda y guerra dictará sus disposiciones para que se hagan al cadáver de su excelencia los honores prescritos por la ordenanza general del ejército.

Artículo 4°. Los funcionarios y empleados públicos, civiles, militares y de hacienda de la capital, vestirán luto durante treinta días.  Los de los departamentos, por igual tiempo, desde que reciban el presente decreto.

Artículo 5°. Las oficinas públicas, tiendas de comercio y talleres estarán cerrados el día en que se hagan los funerales de su excelencia el presidente.

Artículo 6°. Los ministros de gobernación, y de hacienda y guerra dispondrán que las autoridades y corporaciones concurran a las exequias y tomarán las demás disposiciones correspondientes a la solemnidad del acto.

Artículo 7°. Los corregidores de los departamentos, poniéndose de acuerdo con los curas párrocos, dispondrán se hagan honras solemnes por el eterno descanso del alma de su excelencia.”6

La muerte de Carrera obligó a restituir la constitución de 1851, ya que ésta había sido modificada el 21 de octubre de 1854 porque Carrera había sido nombrado presidente vitalicio. Esas reformas fueron una concesión personal y exclusiva, de modo que cuando falleció el presidente se consideró que legalmente debía restablecerse la constitución de 1851.  De acuerdo al artículo 9°. de aquella constitución el ministro de relaciones exteriores, Pedro de Aycinena, quedó como presidente interino y cuyo primer acto oficial fue convocar a la Cámara de Representantes para que eligiera al nuevo presidente de la República.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 147-150.
  2. Martínez Peláez, Severo (1990). La patria del criollo; ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca. México: Ediciones en Marcha.
  3. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  4. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  5. Aycinena, Pedro de; Wyke, Charles Lennox (1859). «Tratado Aycinena-Wyke 1859». Google Docs. Guatemala.
  6. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 351-352.
  7. — (1859). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. Tomo I. Imprenta de la Paz. pp. 85-87.

 

7 de marzo de 1844: Rafael Carrera consigue que el marqués Juan José de Aycinena presente su renuncia como Consejero de Estado

7marzo1844
Ciudad de Guatemala en 1870, vista desde el sur.  Al fondo, las montañas en donde se alzaron los campesinos contra el gobierno de Rivera Paz en 1844.  En el recuadro, el marqués de Aycinena, obispo Juan José de Aycinena, quien era Consejero del Despacho de Rivera Paz.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

De todas las leyendas que se han tejido sobre la figura del Rafael Carrera destaca la que dice que era un analfabeta que servía únicamente como brazo armado de la familia Aycinena.  Pero la realidad era totalmente opuesta: Carrera era el que se imponía y los conservadores tuvieron que plegarse a sus designios. El siguiente es un ejemplo de la forma en que Carrera conseguía sus objetivos, pasando por encima del mismo Marqués de Aycinena.

En 1844 gobernaba nuevamente el licenciado Mariano Rivera Paz, ahora asesorado por el marqués Juan José de Aycinena, como Secretario del Despacho.  En ese momento Carrera era el teniente general a cargo de la Comandancia del Ejército y el clero había recobrado mucho del poder que le habían arrebatado en 1829;  el marqués de Aycinena era presbítero y la mayoría de los diputados defendían los intereses de la Iglesia.

El clero no miraba con buenos ojos a Carrera, pues recelaba de su poder entre los campesinos y obreros, y éste resentía la resistencia que los religiosos le presentaban.  En medio de esta situación no avanzaba la agenda de ni uno ni otro.  Entonces Carrera urdió una estratagema para consolidarse en el poder absoluto.

Primero se retiró de la Ciudad de Gutaemala a “hacer un recorrido por los pueblos“; y mientras estaba ausente conveninetemente estalló una rebelión campesina en Pinula y El Aceituno.  En esos tiempos estaba todavía muy fresco el recuerdo de las invasiones de Morazán y los habitantes de la ciudad se asustaron pensando que el licenciado jefe de Estado y el sacerdote que era su consejero no iban a ser capaces de defenderlos contra semejante amenaza. Entonces, en medio de la zozobra, retornó Carrera a la ciudad y reunió a sus tropas para salir a enfrentar a los alzados.

Tras una escaramuza en las cercanías de la Villa de Guadalupe, se firmó el tratado de Guadalupe, y se alcanzó la paz el 11 de marzo. Los artículos principales de aquel acuerdo pedían que se disolviera la Asamblea Legislativa y, textualmente, exigían: “que los elesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia“.  Aquella era una alusión directa al Marqués de Aycinena, quien entonces decidió presentar su renuncia con fecha retroactiva al 7 de marzo, la cual dice:

“Señor Presidente del Estado, don Mariano Rivera Paz.

Los reiterados ataques que experimenta mi salud, harto achacosa, después de algún tiempo, y al asiduo trabajo que exige el despacho de la Secretaría, mayormente en circunstancias difíciles como las presentes, me obligan a suplicar de nuevo al señor presidente, se sirva aceptar la renuncia que tengo muchas veces hecha del cargo referido.  Han pasado, ya, señor, los tiempos en que había peligros, porque la buena causa tenía enemigos poderosos; y hoy mi sutación exige de mí, el terito.  No dudo, señor presidente, que usted tendrá la dignación de hacerme esta gracia que recibiré como una recompensa de mis pequeños servicios. Soy, con toda consideración, de usted muy obediente servidor.

Guatemala, marzo 7 de 1844.

Juan J. Aycinena”

La renuncia fue aceptada, obligando a Rivera Paz a conformar un nuevo gabinete de gobierno,  y Carrera ganó la partida frente al líder  de los criollos conservadores, que eventualmente llegaría a ser su Ministro de Asuntos Eclesiásticos.


BIBLIOGRAFIA:


 

26 de febrero de 1842: asume la presidencia del Estado de Guatemala el licenciado José Venancio López

26febrero1842
La Iglesia del Cerrito del Carmen en la época en que ocurrieron estos hechos.  En el recuadro, el licenciado José Venancio López, quien fuera presidente del Estado de Guatemala, presidente de la Asamblea Legislativa, miembro del Consejo de Gobierno y Regente de la Corte Suprema de Justicia, todo bajo la tutela del general Rafael Carrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Agobiado por las exigencias del general Rafael Carrera para el mantenimiento de las tropas a su cargo, y ante la amenaza de que el general Francisco Morazán volviera a invadir a Guatemala tras regresar a Centroamérica en 1841, el Jefe del Estado de Guatemala, licenciado Mariano Rivera Paz, decidió que había tenido suficiente presentó su renuncia al cargo el 14 de diciembre de ese año.

La Asamblea Legislativa, presidida entonces por el historiador Alejandro Marure, conoció la renuncia del presidente del estado hasta el 14 de febrero de 1842, cuando reanudó sus funciones.  Para entonces, Marure había pasado de ser el político liberal que escribió documentos contra el partido conservador durante el gobierno del Dr. Mariano Gálvez, a convertirse en un conservador incondicional a Carrera; así pues, el 25 de febrero, la Asamblea que él dirigía aceptó la renuncia de Rivera Paz por medio de un lacónico decreto que dice:

  1. Se admite la renuncia que de la presidencia del estado ha dirigido de mano el señor Mariano Rivera Paz
  2. El presidente de la Asamblea, a nombre de ésta le dará las debidas gracias por los importantes servicios prestados.

La Asamblea, por mayoría absoluta, eligió al licenciado José Venancio López, quien hasta entonces era el Regente de la Corte Suprema, era diputado y ya ha había sido presidente de la Asamblea Legislativa.   Aceptó la designación el 26 de febrero, a sabiendas de que enfrentaba una situación muy delicada, y la Asamblea lo confirmó de esta forma:

  1. Se faculta ampliamente al gobierno, para adoptar todas las medidas convenientes y necesarias a la seguridad interior y exterior del estado, levantando fuerzas, solicitando bajo el crédito del estado, recursos pecuniarios, por medio de contratos o empréstitos, para el sostenimiento de las mismas fuerzas; y aquellos arbitrios no fueren bastante, imponiendo contribuciones ocn el acuerdo del Consejo;
  2. En cuanto lo permitan las circurnstancias del estado, el gobierno prestará a los otros aliados, los auxilios de fuerza o pecuniarios que le fueron pediddos, cumplieando leal y fielmente con los tratados que existen. Y
  3. Continuará el Consejo del Gobierno, creado en virtud del 4 de octubre último; y sus atribuciones serán las mismas que antes tenía.

Guatemala, 26 de febrero de 1842.

Alejandro Marure, presidente

Afortunadamente para López la temida tercera invasión de Morazán nunca ocurrió, ya que el caudillo liberal fue fusilado en Costa Rica, donde era presidente, el 15 de septiembre de 1842.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (26 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 26 de febrero de 1842, Asume la presidentcia del Estado el Regente de la Corte Suprema”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

20 de febrero de 1838: tras la caída del gobierno del Dr. Mariano Gálvez se emite un decreto que deroga las disposiciones anticlericales y anticonservadoras que emitió Francisco Morazán en 1829

20febrero1838
Mapa del Estado de Guatemala en 1832 sobre el que gobernó el Dr. Mariano Gálvez.  Sombreado a la izquierda aparece el territorio de lo que sería el Estado de Los Altos entre 1838 y 1840 (incluyendo parte del actual México) y sombreado a la izquierda el enclave británico en Belice que existía desde antes de la Independencia en 1821.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El final del gobierno del Dr. Mariano Gálvez y el del gobierno del general José María Reina Barrios guardan muchas similitudes.  Ambos gobernantes liberales tuvieron unos brillantes primeros años de gobierno, para luego caer víctimas de las crisis políticas o económicas que se produjeron hacia el final de su período presidencial no sin antes adoptar un gobierno despótico y dictatorial para internar mantenerse en el poder.  Si bien Gálvez no fue asesinado como Reina Barrios, no fue porque no tuviera enemigos, sino porque logró huir a tiempo.  Y, en ambos casos, ambos gobernantes dejaron un vacío de poder que resultaría en el establecimiento de férreas dictaduras:  la del general conservadorRafael Carrera y la del licenciado liberal Manuel Estrada Cabrera.

En el caso específico del Dr. Gálvez, aún mucho antes de su salida del gobierno, los criollos liberales que habían sido su apoyo estaban divididos y tenían problemas para enfrentar a su enemigo común: los campesinos católicos que se habían alzado contra el gobierno.  Los liberales no lograron ponerse de acuerdo a la hora de hacer gobierno y cometieron un grave error que, a la larga, les costó el poder durante 30 años.

He aquí lo que ocurrió:

El Dr. Pedro Molina, uno de los principales líderes liberales, se dió cuenta de que existían numerosas leyes que se habían establecido durante el gobierno de los 7 años de Gálvez que iban en contra de lo estipulado en la Constitución del Estado, y que estaban vigentes; entonces, elevó una solicitud a la Asamblea Legislativa para que se emitiera una resolución declarándolas inconstitucionales y, por lo tanto, automáticamente derogadas.

La Asamblea analizó la petición y viendo que el Dr. Molina tenía toda la razón, emitió el siguiente decreto el 20 de febrero de 1838:

  1. Ninguna ley evidentemente contraria a la Constitución, puede ni debe subsistir.
  2. Cuando se presente alguna ley notoriamente contraria a la Constitución, los tribunales deberán arreglarse en sus juicios, al sentido claro de la fundamental, informando en seguida al cuerpo legislativo.
  3. Con respecto a los casos dudosos de contradicciones, los tribunales y cualquier ciudadano pueden pedir a la Asamblea la declaratorio correspondiente, sin perjuicio de que dichos tribunales resuelvan desde luego, según entiendan de justicia y por su propio convencimiento.
  4. La declaratoria que haga el Cuerpo Legislativo solamente podrá aplicarse a los casos posteriores al que motivó la duda; y sin que pueda tener jamás efecto retroactivo.

En la práctica, el decreto se traducía en que se daba carta abierta a los criollos conservadores para que solicitaran que se derogaran las disposiciones que había dictado Francisco Morazán en 1829 cuando después de invadir guatemala, y que incluían:

  1. Confiscación de los bienes de los criollos aristócratas (especialmente de la familia Aycinena)
  2. Deportación de los criollos conservadores
  3. Expulsión del arzobispo Ramón Casaus y Torres
  4. Clausura de conventos
  5. Reforma social amparada en la separación de Iglesia y Estado

¡Es decir, los liberales destruyeron la obra reformadora de su propio líder, el general Morazán, quizá sin querer!  Pero el decreto del 20 de febrero ya estaba emitido y los conservadores, amparándose en él, pidieron a la Asamblea que derogara los siguientes decretos:

  1. Decreto del 4 de junio de 1829:  en éste se establecía claramente el nombre de las personas que no podían disfrutar de la gracia de un indulto que daba el gobierno liberal, mostrando una parcialidad atentatoria, claramente opuesta a los estipulado en la Constitución.
  2. Decreto del 22 de agosto de 1829: en éste el general Morazán, actuando como Jefe de Estado de Guatemala sin estar debidamente autorizado para ello, daba una larga lista de personas que serían deportadas, después de una injusta prisión.

Los conservadores se dieron cuenta del alcance del decreto del 20 de febrero, tal y como queda claro en el mensaje que le mandaron a la Asamblea:  “[…] usando del derecho de petición y con el debido respeto ocurrimos al cuerpo legislativo, no para implorar gracia, ni solicitar favor, sino para reclamar el cumplimiento de las garantías, violadas en nuestras personas, así como en las de otros muchos de nuestros conciudadanos que también han sido víctimas de medidas de circunstancias, que redujeron a completa nulidad las leyes fundamentales del estado y de la república“.

A pesar de ser una Asamblea liberal, y de que la petición fue analizada por doctores también liberales, la respuesta fue la siguiente: “Los legisladores que las dieron se olvidaron no sólo de que no tenían facultades para ello porque ninguna autoridad del estado es superior a la ley, sino hasta de su propia dignidad y delicadeza.  Ellos habían sido perseguidos y a su vez se convirtieron en enemigos facultados para autorizar la persecución, las prescripciones, la confiscación de bienes… Los mismos que con las armas habían recobrado sus destinos perdidos eran lo que erigiéndose en jueces de su propia causa, declararon nulos e intrusos a los que entraron a ocuparlos por su deserción vergonzosa, olvidándose de que ellos eran los verdaderos autores de ese desorden.”

La Asamblea, pues declaró nulos los decretos de Morazán y le envió a este el fuerte mensaje de que se había tomado atribuciones que no le correspondían.  De este punto ocurrieron dos cosas que llevarían a la caída de los liberales:  los conservadores exiliados pudieron retornar y se aliaron junto con los que ya residían en Guatemala con los campesinos católicos dirigidos por el general Rafael Carrera y, encencieron la cólera de Morazán, que llegó al Estado y destituyó a las autoridades sustituyéndolas, otra vez, por gente de su confianza.  Estos dos hechos llevarían al encuentro final entre Carrera y Morazán en marzo de 1840, en donde se selló el destino de ambos líderes.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

 

17 de febrero de 1840: entrada triunfal del general Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala tras vencer y reincoporar al Estado de Los Altos

17febrero1840
El desaparecido Palacio Municipal de la Ciudad de Guatemala, que se encontraba en donde hoy en día está el Palacio Nacional.  Hasta aquí llegó el desfile triunfal de Carrera el 17 de febrero de 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Como bien dice el historiador Federico Hernández de León, “la lucha de los partidos, estimulada por los medios ha provocado la casi totalidad de los desastres sociales sucedidos en Guatemala”.  Y es que no importa si los criollos abrazan la bandera de conservadores o de liberales; o  la de comunistas o de anticomunistas; lo único que persiguen es gobernar al país, aunque carezcan (como lo han demostrado desde la anexión a México en 1822) de planes definidos y programas coherentes de gobierno.  Los enemigos políticos han cambiado de  nombre, pero los resultados han sido siempre el desastre económico de la nación.

A principios de 1840, cuando ya la República Federal de Centro América estaba en sus esterores de agonía, eran los liberales liderados por José Francisco Barrundia los que se enfrentaban por todos los medios a los conservadores aristócratas encabezados por Manuel Francisco Pavón y Aycinena. Y había, como hay ahora, traidores a la causa que se cambiaban de partido a media contienda;  nuestros más eminentes escritores locales, el poeta José Batres y Montúfar dejó a los conservadores y abrazó la causa liberal, mientras que el novelista e historiador José Milla y Vidaurre, pasó de ser un ferviente liberal antiaristócrata que ya no soportaba “el rancio abolengo” de los Aycinena, a ser uno de los ministros más importantes del gobierno del capitán general Rafael Carrera.

Era presidente en esa época el licenciado Mariano Rivera Paz, a quien Hernández de León describe como “bondadoso, afiliado en sus tiempos de simple diputado al ala de los liberales y después de un tiempo se metía de lleno al partido conservador hasta ser una de las figuras salientes y determinantes del régimen de los treinta años“. Pero. contrapuesto a aquel gobernante benévolo, estaba la fuerte figura del general Carrera, quien defendía la religión católica a sangre y fuego y, en consecuencia, tenía una relación de mutuo desprecio con los liberales anticlericales.

El Estado de Guatemala estaba muy debilitado, pues los criollos liberales se habían aglutinado en el Estado de Los Altos y constituyeron su propio gobierno, segregando prácticamente la mitad del territorio.  Los criollos liberales intentaron hacer su voluntad contra el campesinado indígena, manteniendo las leyes civiles y el impuesto individual a los indígenas, que tantos problemas le ocasionaron al depuesto Dr. Mariano Gálvez y que, eventualmente, condujeron a su derrocamiento a principios de 1838.  Aquello produjo un gran descontento entre la población campesina, y luego de que una rebelión en Santa Catarina Ixtahuacán fuera sofocada con gran violencia por las autoridades altenses que no toleraban la “insubordinación de los bárbaros“, fueron a pedir ayuda a Carrera, en quein confiaban por ser mestizo.

Carrera y el ejército guatemalteco llegaron a Quetzaltenango y, de acuerdo con Hernández de León, “los defensores de [la] integridad [de Los Altos] fueron deshechos, a los golpes de las armas oficiales mandadas por Carrera; la cabeza del coronel Corzo, puesta sobre una pica, entró en Quetzaltenango como un trofeo; en la acción de Godínez y Panajachel cayeron muchos prisioneros de importancia y Carrera pudo gloriarse de haber destruido el nuevo Estado y tener en sus manos a su mayor general, Agustín Guzmán.”  Además, Carrera le advirtió a los miembros del ayuntamiento quetzalteco que por ser esa la primera vez que lo retaban no iba a tomar represalias (!), pero que si lo volvían a molestar, sabrían quién era él en verdad.

Cuando se supo en la Ciudad de Guatemala del retorno del general victorioso, los vecinos salieron con sus trajes de domingo a esperar a Carrera y engalanaron la Calle Real (hoy 6a. avenida del Centro Histórico) con las mejores galas que pudieron encontrar.  Encabezados por los Aycinena, los pobladores de la capital alzaban vítores para el vencedor y declaron aquel 17 de febrero de 1840, como “el día más feliz de la Patria“.  Y al llegar al viejo Calvario, el ejército fue recibido por los miembros de la Municipalidad con un abundante almuerzo, antes de que continuaran su desfile de ingreso a la ciudad, llevando detrás de sí a los soldados derrotados y a los oficiales vencidos, encadenados y montados en bestias para el escarnio público.  El mayor general Guzmán iba sobre una mula, encadenado, con golpes en la cara producto de la batalla y sus heridas aún sangrantes.  Todos los vecinos vitoreaban a Carrera y davan vivas a la Virgen Santísima y a la Santa Religión.

Pero, en realidad, aquel triunfo de Carrera contra los criollos liberales en Los Altos lejos de alegrar a los conservadores de la familia Aycinena, los aterrorizó, porque sabían muy bien que el aún presidente de la Federación Centroamericana y Jefe de Estado de El Salvador, general liberal Francisco Morazán, junto con todos los liberales de Honduras y El Salvador, así como todos los exiliados guatemaltecos que allí vivian, se alzarían en armas y tomaran represalias contra ellos invadiendo a Guatemala, tal y como había ocurrido en abril de 1829, cuando los criollos aristócratas no solamente perdieron muchas propiedades, sino que fueron expulsados del Istmo.  Esta vez estaban adulando a Carrera para que los protegiera del invasor, aunque no tenían una gran confianza en el resultado.

Y tal y como lo temían los aristócratas de “las familias“, Morazán invadió a Guatemala el 17 de marzo, pero esta vez no estaba enfrentando al ejército de Mariano de Aycinena, sino a las hordas experimentadas de Carrera, y el resultado de su agresión sería muy diferente.  Los quetzaltecos, creyendo que Morazán iba a derrotar fácilmente a Carrera, se alzaron nuevamente, y tuviron la desgracia de saber quién era realmente el “caudillo adorado de los pueblos“.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera”. Guatemala: Nuestro Diario.