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25 de febrero de 1842: José Venancio López es nombrado jefe del Estado

25 de febrero de 1842: Venancio López es nombrado jefe del Estado

25febrero1842
El templo de Santo Domingo en 1875 en una fotografía de Eadweard Muybridge. En el recuadro: el licenciado José Venancio López. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En los primeros tiempos de la vida de la República Federal de Centro América y del Estado de Guatemala, los gobernantes no se aprovechaban del presupuesto de la nación. Por ejemplo, el presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga fue obligado a renunciar en 18281 y en 1829 todos sus bienes fueron embargados por Francisco Morazán, quien además lo expulsó del territorio centroamericano junto con los líderes aristócratas.2 Arce intentó regresar al poder, pero no lo consiguió y cuando murió en su natal El Salvador en 1847, estaba prácticamente en la miseria.3

Otro ejemplo se dió cuando el mariscal Vicente Cerna fue derrocado por la Revolución Liberal el 30 de junio de 1871. Cerna salió huyendo para El Salvador con veinte reales prestados y cuando regresó al país el 2 de julio de 1877, el gobierno de Barrios tuvo que emitir este breve acuerdo para que Cerna no se muriera de hambre en sus últimos días: «habiendo ingresado a esta ciudad el general de división don Vicente Cerna, será alta, de orden del señor general presidente, en el presupuesto respectivo.»3

Incluso hubo casos, como el de Bernardino Lemus, que no aceptó la presidencia del Estado de Guatemala en 1841, porque el sueldo de dos mil quinientos pesos anuales era muy bajo y no le servía para cubrir sus gastos. Ante esta situación, el presidente del Estado, Mariano Rivera Paz, tuvo que continuar en el puesto, soportante la presión que tenía del general en Jefe del Ejército, Rafael Carrera.4 Sin embargo, cuando Carrera, quien también era Consejero de Estado, tuvo una fuerte discusión con el Ministro de Gobernación, presbítero Jorge de Viteri y Ungo en la que ninguno de los dos dió su brazo a torcer, Rivera Paz presentó su renuncia el 14 diciembre de 1841.4

En lugar de Rivera Paz debería haberse quedado Carrera, pero éste se encerró en su casa y no quiso saber nada del asunto, por lo que tomó el poder interinamente el licenciado José Venancio López, Regente de la Suprema Corte de Justicia y otro de los Consejeros de Estado. El 14 de febrero de 1842 se reunió la Asamblea Constituyente para deliberar sobre el asunto, y el 25 de ese mismo mes acordaron lo siguiente:5

La Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala: habiendo tomada en consideración, que admitida la renuncia que de la Presidencia del Estado, hizo el señor don Mariano Rivera Paz, debía proceder a elegir a la persona que debía entar al ejercicio del S.P.E. y habiéndolo verificado por aclamación, ha decretado: se nombra Presidente del Estado al señor licenciado José Venancio López, Regente de la Suprema Corte de Justicia.

Pase al Gobierno para su publicación y cumplimiento.

Dado en el salón de sesiones: Guatemala a 25 de febrero de 1842.

(f.) Alejandro Marure, presidente; A. Andreu, secretario; Marcos Dardón, secretario5

Por aquel entonces, López tenía aproximadamente cincuenta años de edad y era una persona huraña y austera a quien no se le había conocido ni un sólo amorío, ya que estaba completamente entregado a su profesión de abogado. Además era de complexión endeble y enfermiza, lo que lo dejó en una posición sumamente delicada para gobernar, y eso sin contar que tenía que vérseles con Carrera y la familia Aycinena.5

Su gobierno, como era de esperarse, no duró mucho. Carrera le exigía que le pagaran a sus soldados todos los sueldos atrasados, y el gobierno no tenía cómo cubrir los cuarentamil pesos exigidos. Finalmente, cuando falleció el maestrescuela de la Catedra, Bernardo Martínez, dejó tal cantidad de bienes que el licenciado López dictó un acuerdo en que se mandaba tomar, como préstamo, los bienes de Martínez, y que se vendieran en subasta para cubrir el presupuesto de las fuerzas armadas. La situación se complicó cuando los deudos de Martínez reclamaron sobre la herencia, pues para entonces, ya Carrera había subastado todo y le había pagado a sus soldados. El licenciado López no quiso tener que vercon el asunto y renunció a puesto, devolviéndose a Rivera Paz el 13 de mayo de ese mismo año.6

Ya cuando llegó el general J. Rufino Barrios a la presidencia en 1873 la situación cambió dramáticamente, ya que el gobernante liberal tenía una férrea voluntad y se imponía en todo, por lo que no tuvo problema en utilizar los fondos públicos como si fueran de su propiedad7 y amasar una inmensa fortuna8 gracias a los contratos que otorgó a varias compañías, a las leyes agrarias9 y laborales10 que él mismo instituyó y que le permitieron producir con mano de obra indígena prácticamente gratuita8, además de a una serie de prebendas adicionales que tenía.11


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 310.
  2. Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 323.
  4. Ibid, p. 324.
  5. Ibid, p. 325.
  6. Ibid, p. 326.
  7. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226,227.
  8. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 3.
  9. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 69-73.
  10. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 304-306.
  11. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. p. 413.

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21 de octubre de 1854: aclaman a Carrera como presidente perpetuo

21 de octubre de 1854: proclaman a Carrera como presidente vitalicio

Cansados de décadas de constantes guerras, los representantes conservadores y clericales de Guatemala proclaman al capitán general José Rafael Carrera y Turcios como presidente vitalicio de la República. Gobernó hasta su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1865.

Los miembros del gabinete de Rafael Carrera.
Los miembros del gabinete de Carrera: abajo, a su izquierda, se halla Pedro Aycinena y abajo, a su derecha, Manuel Cerezo. Verticalmente, bajo la figura de Carrera, está la efigie de Manuel Echeverría quien tiene a su izquierda a J. Antonio Azmitia y a su derecha, a Juan Matheu. Debajo de Echeverría, se encuentra el retrato del arzobispo Francisco de Paula García Pelaez; a su izquierda, esta el del Dr. José Luna y a su derecha el de Juan José de Aycinena, Inmediatamente siguen los de José Milla y Vidaurre y el de Antonio José de lrisarri. Luego continuan de izquierda a derecha: Cayetano Batres, Manuel Arrivillaga, Bernardo Piñol y Aycinena, Pedro José Valenzuela y Marcelo Molina; los de la última fila son: J. Víctor Zavala, José Montufar, Vicente Cerna, Ignacio Aycinena, Antonio Padilla e Ignacio García Granados. Imagen tomada de «Huellas de una familia vasco centroamericana en 5 siglos de historia«.

El surgimiento de la figura de Carrera:

Véase también: Rafael Carrera

El surgimiento de la figura del general Rafael Carrera y su impacto en la racista sociedad guatemalteca dominada por los criollos, es resumido por el historiador estadounidense Ralph Lee Woodward, Jr. de la siguiente manera:1

«una personalidad como la de Rafael Carrera y sus seguidores no surgen de cualquier lugar de este país; aparecen en la región oriental que nunca fue hábitat indígena, campesinos pobres y propietarios en precario de tierras áridas como Castilla. Los curas y los políticos conservadores estimularon ahí el rechazo al régimen liberal (que proyectaba a largo plaza traer población blanca de Bélgica y Holanda a la región de Verapaz y Chiquimula y eliminar la tierra comunal de los indígenas y campesinos) y luego de mil detalles […] prepararon una insurrección. Y buscando un liderazgo militar encontraron, a disgusto, una figura cerril, pero que gozaba de fuerte apoyo entre los belicosos mestizos de la región de Mita: era Rafael Carrera, dueño de una porqueriza al por mayor. Renuente, primero, pero sensible al ruego popular, organizó y encabezó finalmente una cataclísmica expresión de descontento campesino, quizá la mayor nunca habida en la historia social. Cuando entraron a la ciudad de Guatemala en febrero de 1838 eran una masa de 8 a 12 mil gentes, que saquearon, asesinaron y se pasearon durante 3 días por una ciudad extraña, que nunca habían conocido. El descalabro del régimen liberal, en ese momento, no fue propiamente una victoria conservadora sino de los alzados, el efecto disolvente del primer gran levantamiento campesino, la ‘Rebelión de la Montaña’. Lo ocurrido fue algo más que un desborde de masas animadas por la oferta de saqueo, fanatizadas por la Iglesia; fue, en rigor, un desafío sin precedentes a todo el orden político por el hecho de invadir y entrar con violencia a la ciudad de Guatemala. Sus efectos marcaron la historia inmediata, llenaron de terror proléptico la sensibilidad de los grupos dominantes. […] como el primer ingreso de las masas ladino/mestizas, y parcialmente grupos indígenas en la política nacional, tuvo efectos negativos para la conciencia criolla, tanto liberal como conservadora, pero racista en ambos casos.«1

Carrera se impone ante los criollos:

Véase también: Familia Aycinena, Estado de Los Altos

Al paso de los años, y a pesar de la anarquía y las fuertes amenazas de invasión de los estados dominados por los criollos liberales, Rafael Carrera siempre salió avante, dominando por la fuerza a los liberales de Los Altos, estableciendo pactos con los indígenas del occidente de la República y derrotando al principal caudillo liberal, el general Francisco Morazán en la ciudad de Guatemala en marzo de 18402. Llegó, incluso, a renunciar al poder voluntariamente en 1848, solamente para que lo llamaran de vuelta pocos meses después.3 Finalmente, cuando aplastó definitivamente las ambiciones de los criollos liberales en la batalla de La Arada el 2 de febrero de 18514, su poder se consolidó de forma absoluta siendo nombrado presidente poco después de que se emitiera por fin la constitución de la República de Guatemala, la cual había quedado pendiente desde 1838.5

Carrera es nombrado presidente vitalicio:

El pueblo guatemalteco, harto de las constantes guerras, proclamó al presidente Carrera como presidente perpertuo en mayo de 1854, y el 21 de octubre de 1854, se firmó formalmente el acta siguiente:6

«En Guatemala a veintiuno de octubre de mil ochocientos cincuenta y cuatro, reunidos en la sala del consejo de estado, los funcionarios públicos, que suscriben esta acta, ministros del despacho, consejeros, diputados a la cámara de representantes, regente y magistrados de la corte suprema de justicia y jueces de primera instancia, miembros del venerable cabildo eclesiástico, jefe superiores de hacienda, y del ejército, corregidores de los departamentos, prelados de las órdenes regulares, párrocos de la ciudad y diputaciones de la municipalidad, claustro de doctores, y sociedad de amigos del país, presididos por el ilustrísimo y veneradísimo arzobispo metropolitano, como vocal nato del consejo, y en virtud de excitación especial; después de haber abierto la sesión con un discurso relativo al objeto de la reunión, el señor ministro presidente del mismo consejo manifestó: que la reunión den respetables funcionarios tenía por objeto aclamar, como se había hecho en los departamentos, jefe supremo perpetuo de la nación al catual presidente excelentísimo señor capitán general don Rafael Carrera, pidiéndose al mismo tiempo se hagan en el acta constitutiva las consiguientes modificaciones, segun todo consta de las actas que están a la vista.

Que conforme al dictamente de la comisión, adoptado por el consejo, proponía a los funcionarios presentes concurriesen, si lo tenían a bien, a hacer más general y uniforme la importante manifestación de aprecio y de confianz ahecha en los departamentos, proclamado pública y solemnemente perpetua la autoridad que tan dignamente ejerce su excelencia.

Y reconociéndose con general aceptación que lo aclamado en los departamentos, es también lo que se desea declarar solemnemente, por constituir la benéfica autoridad de su excelencia el bienestar presente de la república, y las esperanzas de su futura prosperidad y engrandecimiento, se nombró una comisión para que propusiera la forma en que debía expresarse; y con vista de su dictámen, fue aprobado, por unanimidad y aclamación de todos los concurrentes, se haga constar en la presente acta: ‘Que la junta general de autoridades superiores, corporaciones y funcionarios públicos, reunida en este día, ha reconocido que la suprema autoridad que reside en la persona de su excelencia el general Carrera, por favor de la Divina Providencia y la voluntad de la nación, no debe ter limitación de tiempo, aclamándose en consecuencia su perpetuidad: y que debe modificarse el acta constitutiva, por el orden establecido en ella misma, para que esté en armonía con este suceso. Que al expressar este unánime sentimiento, todos los concurrentes esperan que el Todopoderoso continuará su protección a Guatemala, y dará a su excelencia la fuerza necesaria para llenar los grandes deberes que le están encomendados, y el acierto y prudencia necesarios para gobernar la república con bondad y justicia’.

Se acordó igualmente que todos los funcionarios presentes pasen a casa de su excelencia el presidente a felicitarle por este suceso, dirigéndose en seguida a la santa iglesia Catedral, en donde se cantará un solemne Te Deum; y finalmente, que la presente acta, después de firmada, se deposite en el archivo del consejo de estado.»6

¿Quiénes firmaron el acta?

Véase también: curas seculares, frailes regulares

Entre todos los firmantes del acta destacan los siguientes personajes entre criollos conservadores y miembros del clero:

  1. Francisco: el arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula García y Peláez
  2. Manuel Francisco Pavón y Aycinena: líder conservador y en esa época ministro de Gobernación, Justicia y Asuntos Eclesiásticos
  3. José Nájera: líder conservador y ministro de Hacienda y de la Guerra
  4. Pedro de Aycinena: ministro del Interior, encargado del despacho de Relaciones Exteriores
  5. Luis Batres Juarros: líder conservador y consejero de estado.
  6. Mariano Paredes: brigadier, consejero de estado, corregidor de Verapaz y expresidente de la República.
  7. Pedro José Valenzuela: consejero de estado, diputado y vice-rector de la Universidad de San Carlos; había sido jefe del estado de Guatemala
  8. Ignacio de Aycinena: corregidor de Guatemala
  9. Vicente Cerna: brigadier, corregidor y comandante general de Chiquimula; posteriormente sería el sucesor de Carrera en la presidencia en 1865.
  10. J. Ignacio Yrigoyen brigadier, corregidor de Quetzaltenango y comandante general de los Altos.
  11. José M. Espínola: coronel; era tío del escritor Rafael Spínola
  12. Santos Carrera: coronel y hermano de Carrera.
  13. Serapio Cruz: coronel. Cruz es el famoso «Tatalapo«, quien posteriormente se alzaría en armas contra el presidente Cerna y fue convertido en mártir por los historiadores liberales.
  14. José Víctor Zavala: coronel y diputado. Gran colaborador de Carrera, y quien se cubriría de gloria en la Guerra Nacional de Nicaragua contra los filibusteros de William Walker. Es el famoso Mariscal Zavala.
  15. José Milla y Vidaurre: represente de la cámara y oficial mayor del ministerio de Relaciones Exteriores. Es uno de lo más reconocidos escritores guatemaltecos.
  16. José Nicolás Arellano, canónigo electo y presidente de la congregación del Oratorio.
  17. Manuel C. Espinosa, canónigo electo y rector del Colegio de Infantes.
  18. Francisco A Espinosa, cura del Sagrario
  19. Prudencio Puertas, canónigo honorario y cura de Candelaria.
  20. Quirino Flores, protomédico.
  21. José Luna, diputado a la junta por el claustro de doctores. Era el médico personal de Carrera.
  22. Fr. Julián Hurtado, guardián del Colegio de Cristo, La Recolección6

Bibliografía:

  1. Torres Rivas, Edelberto (2008). La Restauración Conservadora: Rafael Carrera y el destino del Estado nacional en Guatemala. En: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura (35), pp. 347-348, ISSN: 0120-2456.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 113.
  4. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 335.
  6. Pineda Mont, Manuel (1859). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Imprenta de la Paz. pp. 87-89.

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17 de septiembre de 1837: boda inspira el poema «Yo pienso en ti»

17 de septiembre de 1837: boda inspira el poema «Yo pienso en ti»

Parte de la Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la época en que se casó Batres Juarros. Se aprecia el Portal del Comercio, el Colegio de Infantes y el antiguo mercado, ya desaparecido.
Parte de la Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la época en que se casó Batres Juarros. Se aprecia el Portal del Comercio, el Colegio de Infantes y el antiguo mercado, ya desaparecido. En los recuadros: miniaturas de Francisco Cabrera de Adela García-Granados y Luis Batres Juarros. Imágenes tomadas de la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

La figura de Luis Batres Juarros es muy importante para la historia del Gobierno conservador de los 30 años porque junto con Manuel Francisco Pavón Aycinena eran los principales líderes intelectuales de los criollos aristócratas durante la época del general Rafael Carrera. De hecho, su esposa Adela García-Granados y Zavala fue mentora de Ramona García, la primera esposa del general Rafael Carrera cuando éste llegó al poder en 1844.1

Tanto los Batres Juarros como los Pavón y Aycinena eran las familias aristocráticas más acaudaladas durante la época colonial; para que el lector se de una idea, he aquí las fortunas documentadas de las familias Batres Juarros, Pavón, Aycinena y García-Granados al momento de la Independencia de Centro América, las cuales están expresadas en pesos, con una conversión de $16 pesos por cada onza de oro español:

  • Pavón: $1,250,000
  • Aycinena: $750,000
  • Batres Juarros: $500,000
  • García-Granados: $650,0002

El 17 de septiembre de 1837, siguiendo la costumbre de los matrimonios endogámicos entre aristócratas, Batres Juarros se casó con Adela García-Granados y Zavala, nacida en 1814 y hermana del general Miguel García-Granados y Zavala, quien muchos años más tarde sería el líder de la revolución liberal que se hizo con el poder en 1871.3 Este hecho es importante tanto a nivel político como social, ya que era uno de los matrimonios de las familias criollas más aristocráticas de Guatemala, y fue celebrado cuando el gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez estaba combatiendo la revuelta campesino-católica dirigida por el general guerrillero Rafael Carrera. 4

De Adela, escribió el escritor liberal cabrerista Máximo Soto Hall: «el ovalado rostro de Adela; la boca perfectamente delineada y ligeramente provocativa; la nariz fina y recta; los ojos, unos ojos de sorprendente atracción y belleza; la palidez transparente que se adivina en una blancura mate; el cabello renegrido y lustroso; el cuello torneado y alto; la distinción jerárquica del busto; los rasgos artísticamente distintivos de Adela…«5 Y por su belleza, es que se cuenta que el renombrado poeta e ingeniero agrimensor José Batres Montúfar, primo de Batres Juarros, sufrió enormemente por este enlace, y que le dedicó a Adela unos sencillos versos que han sido memorizados por innumerables guatemaltecos:

«¡Yo pienso en ti, tú vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.

En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de luz que el sol envía
al través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entra el vano estrépito del mundo
la melodía de tu nombre suena.

Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme el ciego frenesí
sin proferir un solo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento…
¡y pienso en ti!5

En 1848, cuando la situación del país era caótica, los criollos conservadores pensaron que era el momento de salir de Carrera, a quien hasta ese momento habían considerado como un caudillo barato que les había ayudado a recuperar el poder. Fue Luis Batres Juarros el que le entregó la renuncia para que la firmara y la entregara a la Asamblea Legislativa. Al respecto, dice el periodista guatemalteco Clemente Marroquín Rojas: «los liberales comprendieorn que Carrera no era un general cualquiera que se dejara manejar y ellos, que creyeron dominarlo en los momentos de su distancianiemto de los nobles, se convencieron de que tenía mucha personalidad. Sin embargo, insistieron en la lucha y esta fue culminando, hasta que llegó a estallar en los días de agosto de 1848.5 Para terminar con las rebeliones, lo alzamientos en la montaña, las ambiciones de los hermanos Cruz, los problemas críticos del erario nacional y la lucha de los partidos criollos, Carrera renunció y se fue exiliado a México.1,5

Pero la situación real del país se evidenció con la ausencia del caudillo. Los liberales tomaron el poder pero no pudieron aprovechar su oportunidad, y cuando la situación estaba en completa anarquía, llevaron al general conservador Mariano Paredes a la presidencia, quien permitió el retorno de Carrera en 1849.6 Al enterarse del regreso del general mestizo, los liberales guatemaltecos huyeron hacia El Salvador, mientras que los conservadores, con Batres Juarros a la cabeza, tuvieron que quedarse en el país porque eran aborrecidos en el resto de Centroamérica, y además, se vieron obligados a pactar con Carrera, ya que éste tenía fuertes lazos con los líderes indígenas guatemaltecos y los conservadores temían que se produjera otra masacre contra los europeos, como ya estaba ocurriendo en Yucatán.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia. Memorias de un Siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 238-239.
  3. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). «Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia». Revista conservadora del pensamiento centroamericano (Managua, Nicaragua) XXIII (111). p. 183.
  4. Ibid., p. 145.
  5. Ibid., p. 146.
  6. Ibid., p. 147.
  7. Don E. Dumond (2005). El Machete y la Cruz: La Sublevación de Campesinos en Yucatán. México: UNAM, pp. 488. ISBN 978-9-70322-309-1.

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10 de septiembre de 1829: conservadores se rebelan tras expulsión de Arce y de Aycinena

10 de septiembre de 1829: conservadores se rebelan tras expulsión de Arce y de Aycinena

Unos cuantos conservadores intentan infructuosamente tomar la Ciudad de Guatemala tras enterarse de que el ex-presidente Manuel José Arce y y el ex-jefe de Estado y líder conservador Mariano de Aycinena han sido enviados al exilio.

Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Allí residía el gobierno de la República Federal de Centro América cuando Manuel José Arce era presidente. En el recuadro: el presidente Arce.
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Allí residía el gobierno de la República Federal de Centro América cuando Manuel José Arce era presidente. En el recuadro: el presidente Arce. Imágenes tomadas de la colección de La Calle donde tú vives y Wikimedia Commons.

Informe oficial del exilio de los exfuncionarios:

La prensa partidista en Guatemala siempre ha sido dura con sus oponentes.  Esto queda ejemplificado cuando el periódico liberal «La Antorcha Centro-Americana» publicó las siguiente notas el 10 de septiembre de 1829:

  • Con respecto al exilio del expresidente Manuel José Arce y del ex-jefe de Estado Mariano de Aycinena: «el 7 del corriente salieron de esta Capital con destino a embarcar a los puertos del norte, el ex-presidente C. Manuel José Arce, y el intruso Jefe de Estado C. Mariano Aycinena. Este escarmiento en estos dos funcionarios traidores a sus juramentos y a los compromisos que debían a su Patria, es un saludable ejemplar para que los Jefes venideros no lo sigan en suerta tan desgraciada y afrentosa«.1

Informe oficial de lo ocurrido en la ciudad:

El mismo periódico liberal reportó también:

  • Con respecto a los acontecimientos que siguiente al exilio de los arriba indicados: «Se descubrió una conspiración en esta Capital en que se trataba de apoderarse de la plaza, destruir el orden restablecido, y reponer el imperio de los intrusos. Uno de los proyectos era degollar a las personas empleadas en el Gobierno, y otras que pudieran resistirse. Se deduce de la causa que contaban con armas, parque, dinero y algunos hombres. Esta tentativa es una verdadera reacción del partido que sucumbió, y que ha tenido animosidad de intentarla por la indulgencia con que han sido tratados los criminales. Ellos no se contienen por el sentimiento noble de la gratitud de que debían estar penetrados. Ellos acaso ni aun están bastantemente convencidos de la moderación con que se se ha procedido. Jamás se han contenido los delitos por dejarlos de castigar; esta máxima que hemos procurado gravar, ha producido contradicciones poco honrosas a sus autores, porque suponen o mucha ignorancia o complicidad en los delitos. Hay filósofos que opinan que todo crimen supone una perturbación en la mente; pero ninguno lo manifiesta tanto, como la conspiración intentada: ella era un verdadero acto de despecho, pues no tenía la más remota probabilidad del suceso. Cuando hubiesen conseguido una sorpresa habría sido momentánea; pues la opinión pública en que se apoya el actual Gobierno lo habría sostenido y destruido a los audaces conspiradores1

Situación política:

Véase también: Francisco Morazán

Un análisis no-partidista de la situación arroja lo siguiente:

  1. El «orden restablecido» se refiere al triunfo de la invasión liberal dirigida por el general Francisco Morazán, que derrocó al jefe de Estado conservadora Mariano de Aycinena y al gobierno federal,2 entonces a cargo del vicepresidente Mariano de Beltranena, ya que el general Manuel José Arce estaba separado del cargo.3 Las autoridades conservadores habían llegado al poder en septiembre de 1826, luego del golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia.4
  2. El «imperio de los intrusos» se refiere al gobierno que presidía Mariano de Aycinena, líder del partido criollo conservador, al que detestaban los criollos liberales por todas las prebendas de que dicho grupo gozaba durante la época colonial. De hecho, Morazán declaró como usurpador a todo lo actuado por Aycinena y su gobierno.5
  3. El «partido que sucumbió» era el partido conservador.
  4. No hubo tal «indulgencia para los criminales» ni «moderación«, como asegura el artículo.  Tras la rendición, Morazán ocupó la plaza, y luego invitó a todas las autoridades estatales y federales al Palacio Colonial, a donde llegaron vestidos de gala, y fueron hechos prisioneros en el acto, ya que Morazán declaró unilateralmente nula la rendición.6 Todos estos personajes pasaron en prisión varios meses y sus propiedades fueron confiscadas; además de que se les obligó a devolver los salarios que habían devengado cuando eran miembros del gobierno.2,3  Por otra parte, las tropas de Morazán saquearon cuanto pudieron de las mansiones de los conservadores y de las iglesia católicas, al punto que surgió el dicho popular «se fue con Pancho» por todo lo que se perdió tras la invasión.
  5. La «opinión pública en que se apoya el actual gobierno» era obviamente favorable, pues estaba conformado por los liberales guatemaltecos.  Los conservadores habían sido expulsados del país o reducidos a prisión.

Por supuesto, cuando los conservadores retornaron a Guatemala en 1839, luego del derrocamiento del gobierno del liberal Mariano Gálvez, la prensa que les era favorable publicó artículos similares en contra del caído gobernante y sus malhadados Códigos de Livingston.7


Bibliografía:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. La Gaceta de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala». La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62).
  3. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala. pp. 114-120.
  6. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  7. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.

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4 de junio de 1829: Morazán anula lo actuado por gobierno de Aycinena

4junio1829
La antigua Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro a principios del siglo XX. En este edificio funcionó originalmente la Real y Pontificia Universidad de San Carlos y luego el Congreso Federal. Allí fueron hechos prisioneros los conservadores derrotados por Morazán en 1829. Imagen tomada del Museo de la Universidad de San Carlos.

Tras la victoria del general liberal hondureño Francisco Morazán el 12 de abril de 1829, éste hizo prisioneros a los criollos aristócratas, todos ellos miembros o parientes de la familia Aycinena, que había tomado el poder en Guatemala tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.1

Por medio del decreto del 4 de junio de ese año, el gobierno federal declara nulas las elecciones del Estado de Guatemala del 31 de octubre de 1826, considera usurpadores de la soberanía de dicho Estado a todos los que legislaron hasta 1829, y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias.2 De acuerdo al historiador conservador Antonio Batres Jáuregui, aquel decreto «con mengua del derecho natural y de todo sentimiento humanitario, fue, para nuestra desventurada tierra, causa de grandes dolores y fuego voraz que incendió la pasión partidista, a la cual se deben sangrientas luchas, devastaciones, miserias y lágrimas3, Nota a

Dicho decreto fue recogido en la Recopilacidn de Leyes de la República de Guatemala de 1821 a 1869 escrito por Manuel Pineda de Mont, pero sus artículos 2.° y 3.° fueron editados porque incluían nombres y apellidos de las familias aristócratas que habían sido miembros del gobierno de 1826 a 1829.Nota b El decreto dice así:

1.°— Se declaran nulas y contrarias a las leyes fundamentales de la República y del Estado las elecciones celebradas en virtud del decreto anti-constitucional del presidente de la República, de 31 de octubre de 1826, y las siguientes de 27 y 28.

2.°— Editado

3.°— Editado

4.°— Son nulas y de ningun valor las determinaciones que con el nombre de leyes, decretos, órdenes, acuerdos, providencias y reglamentos hayan sido dictadas por estos poderes intrusos, y quedan en su vigor y fuerza las emitidas por las legítimas autoridades, hasta el 13 de octubre de 1826.

5.°— Se han por válidos y subsistentes los actos emanados de la corte superior y jueces de primera instancia en lo civil y criminal en todas las causas, con excepción de las que se versan sobre materias políticas; pero quedan expeditos a las partes, en las causas puramente civiles, los recursos de nulidad e injusticia notoria, debiendo correr el término designado por la ley desde la publicación de este decreto.5

Aunque eventualmente las penas de muerte fueron conmutadas, los principales miembros del partido conservador fueron condenados al exilio, de acuerdo al decreto del Congreso Federal del 7 de septiembre de 1829, que en su parte conducente dice así:

4.°— Serán expatriados perpetuamente y confinados fuera la república, al país que designe el gobierno de acuerdo con el senado:

  • Primero: El ex-presidente y ex-vicepresidente de la República Manuel José Arce y Mariano de Beltranena,
  • Segundo: Los ex-secretarios de estado y del despacho de Relaciones Juan Francisco de Sosa, y de Guerra Manuel de Arzú,
  • Tercero: Los jefes de sección que funcionaron como secretarios en los mismos ramos, Francisco María Beteta y Manuel Zea.
  • Cuarto: Los primeros y segundos jefes del ejército federal que sirvió a disposición del gobierno durante la revolución, Francisco Cáscara, Manuel Montúfar y José Justo Milla,Nota c pues los demás quedan incluidos en este artículo bajo otros aspectos.
  • Quinto: El que se tituló jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena.
  • Sexto: Los que le sirvieron en calidad de secretarios, Agustín Prado, José Francisco de Córdova, Antonio José de Irisarri, José de Velasco, Vicente Domínguez y Vicente del Piélago.
  • Séptimo: El comandante general que fue de las armas de la federación y del estado, Antonio del Villar.1

NOTAS:

  • a: a pesar de ser conservador, Batres Jáuregui fue alto funcionario de los gobiernos liberales desde J. Rufino Barrios hasta Manuel Estrada Cabrera.
  • b: los artículos 2.° y 3.° declaran reos de usurpación y traición a los que ejercieron la autoridad en virtud de las elecciones mencionadas en el artículo 1.°, y los listaba con nombres completos y los condenaban a muerte obligándolos antes a devolver lo que habían ganado en concepto de salario durante su gestión. Además, se agregaba la confiscación de bienes a los principales miembros de la familia Aycinena y del gobierno conservador.4
  • c: José Justo Milla fue el padre del escritor José Milla y Vidaurre.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala. pp. 114-120.
  2. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  3. Batres Jáuregui, Antonio (1946). La América Central ante la Historia. Memorias de un siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 131.
  4. — (1896). Literatos guatemaltecos: Landívar e Irisarri, con un discurso preliminar sobre el desenvolvimiento de las ciencias y las letras en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 185.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 239-240.

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19 de mayo de 1849: solicitan a Paredes levantar la pena de muerte a Carrera

19 de mayo de 1849: solicitan a Paredes levantar la pena de muerte a Carrera

La Asamblea Legislativa solicita al presidente interino Mariano Paredes que derogue el decreto del 13 de octubre de 1848 en el que había declarado al teniente general Rafael Carrera reo de muerte en caso osara retornar el territorio guatemalteco.

Fotografía de Eadweard Muybrdige que muestra una vista de la Ciudad de Guatemala desde el Cerrito del Carmen en 1875. En el recuadro: moneda guatemalteca del período del gobierno de los 30 años, en que aparece la efigie del presidente vitalicio, general Rafael Carrera.
Fotografía de Eadweard Muybrdige que muestra una vista de la Ciudad de Guatemala desde el Cerrito del Carmen en 1875. En el recuadro: moneda guatemalteca del período del gobierno de los 30 años, en que aparece la efigie del presidente vitalicio, general Rafael Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Mantienen prohibición sobre Carrera:

Véase también: renuncia de Carrera , pena de muerte para Carrera

El 13 de enero de 1849 el presidente de Guatemala, general Mariano Paredes, se dirigió a la Asamblea Legislativa para pedirle que revisara los motivos por la cual habían emitido el Decreto del 13 de octubre de 1848 en el que declararon al teniente general Rafael Carrera fuera de la ley y reo de muerte si osaba regresar a Guatemala, y en el que declararon a sus colaboradores como reos de traición. Sin embargo, en ese momento, los miembros de la Asamblea —la gran mayoría de ellos criollos liberales o aristócratas descontentos con el régimen de Carrera—, no dieron marcha atrás y mantuvieron vigente el decreto en mención.1

Situación de la República:

Véase también: Mariano Paredes, Serapio Cruz

Pero la anarquía seguía y muchos grupos de forajidos hacían lo que querían en el país; de hecho, el 10 de febrero de 1849, el presidente Paredes tuvo que pactar con los generales alzados Vicente y Serapio Cruz para intentar calmar un poco la situación.2 El 27 de febrero, la situación empezó a cambiar para los diputados, cuando desde Yucatán, Carrera manifestó su intención de regresar «a salvar» a Guatemala, sin importarle el decreto mencionado, y dispuesto a responder personalmente de los cargos que se hicieron en su contra cuando ya había partido al exilio. La prensa liberal, aprovechando que el general guatemalteco estaba a más quinientos kilómetros de distancia, lo llenó de insultos y se publicaron volantes en los que lo llamaban «indio«, «tirano«, «hombre rudo«, «hombre de las selvas«, entre otras cosas.1

Sin embargo, como la situación del país empeoraba día a día, el 19 de mayo de ese año la Asamblea Legislativa se vió obligada a pedir al presidente Paredes que derogara el decreto contra el general Carrera, ya que éste estaba a pocos kilómetros de la frontera entre Chiapas y Guatemala. La prensa siguió atacándolo, pero en tono más mesurado; ahora lo llamaban «militar duro«, «audaz guerrero«, y «soldado sin entrañas«.3

Levantan la pena de muerte a Carrera:

Véase también: Rafael Carrera

Así pues, Paredes emitió el decreto 35, levantando la pena de muerte que pesaba sobre Carrera a lo que respondieron los líderes del partido liberal arreglando precipitadamente sus maletas y huyendo hacia El Salvador, a pesar de que Paredes les indicó que solamente había anulado un decreto que atantaba contra la Ley Constitutiva de Garantías que había sido aprobada en diciembre de 1839 y que él no le iba a entregar el poder a Carrera, ya que solamente lo iba a entregar a quien le correspondiera por ministerio de la ley.4

Los líderes liberales sabían que todo aquello era una farsa de Paredes y huyeron como pudieron. Ya en el exilio, se enteraron de que el presidente provisorio había nombrado a Carrera como comandante general de las armas de la República y que el 7 de agosto, había montado a caballo para salir a recibir en persona a Carrera, a quien acompañó en su entrata triunfal en la capital.4


Bibliografía:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  2. Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.
  3. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 257.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capiítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 396.

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12 de abril de 1829: Aycinena y Morazán negocian el cese al fuego

12 de abril de 1829: Aycinena y Morazán negocian el cese al fuego

El 12 de abril de 1829 fue un día aciago para los criollos aristócratas guatemaltecos ya que fue el día en que tras dos meses de sitio, tuvieron que negociar la rendición de la plaza de la Nueva Guatemala de la Asunción ante el Comandante Francisco Morazán, general del «Ejército Protector de la Ley» que invadió a Guatemala en medio de la Guerra Civil Centroamericana que se desató cuando los conservadores y miembros del clero dieron un golpe de estado contra el Jefe de Estado Juan Barrundia en 1826.1

Salón de actos del edificio de la Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, en donde redujeron a prisión a los criollos aristócratas tras la capitulación del 12 de abril de 1829. En el recuadro, el general Francisco Morazán.
Salón de actos del edificio de la Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, en donde redujeron a prisión a los criollos aristócratas tras la capitulación del 12 de abril de 1829. En el recuadro, el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas del Porvenir de Centro América de 1892.

Invasión de Morazán a Guatemala:

Véase también: Guerra Civil Centroamericana

Morazán había invadido a Guatemala luego de la represión del Jefe de Estado Mariano de Aycinena contra los liberales que habían intentado desconocer su autoridad en enero de 1829, y estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, ya su principal motivación era vengar la destrucción de Tegucigalpa y la prisión del Jefe de Estado Dionisio de Herrera —de quien era secretario— en mayo de 1827 a manos de las fuerzas guatemaltecas comandadas por el teniente coronel aristócrata Justo Milla.2

Como incluso hasta antes de la invasión Morazán ya había dado muestras de que no iba a aceptar la rendición de las autoridades de Guatemala,3

Rendición de Aycinena:

Aycinena resistió hasta donde consideró conveniente, pero cuando vió la causa perdida envió los siguientes mensajes a Morazán:4

Al C. Francisco Morazán, General en Jefe de las Fuerzas de El Salvador y Honduras

Estoy de acuerdo con las bases que Ud. fija en su primera nota, y esto quise decir en la mía última. En tal concepto, mandaré a mis comisionados al punto que Ud. designe, desde luego que se sirva darme el correspondiente aviso. Reitero a Ud. mis consideraciones y respetos . D.U.L. Guatemala, 12 de abril de 1829.

        • Mariano de Aycinena

C. Francisco Morazán. Los CC. brigadier Manuel de Arzú y el teniente coronel Manuel F. Pavón, son los comisionados que he nombrado para las conferencias en que se debe arreglar el modo en que ocupe Ud. la plaza con sus tropas. Ya he dado mis instrucciones y suscribo a cuanto ambos convengan. Reitero a Ud. mis consideraciones y respetos . D.U.L. Guatemala, 12 de abril de 1829.

        • Mariano de Aycinena

Acuerdo de capitulación:

De aquella reunión, se suscribió el siguiente acuerdo de capitulación:

El general en jefe del Ejército Unido Protector de la Ley, y los CC. brigadier Manuel de Arzú y teniente coronel Manuel F. Pavón, comisionados del Jefe del Estado, como comandante de las fuerzas que existen en la plaza mayor de esta ciudad han convenido en la siguiente capitulación:

Artículo 1.°— Desde esta hora habrá una suspensión de armas y tanto el ejército del General Morazán, como el que se haya en la plaza, recogerá sus partidas a los puntos que ocupan, evitando todo acto de hostilidad.

Artículo 2.°— Mañana a las diez del día entrará el ejército sitiador a la plaza principal de esta ciudad.

Artículo 3.°— Las tropas sitiadas se replegarán antes de este acto a sus cuarteles y se depositarán en la sala de armas todas las existentes en la misma plaza mayor.

Artículo 4.°— El general Morazán, si lo tuviere por conveniente, incorporará a su ejército los individuos de las fuerzas capituladas que no quisieren ser licenciados, ya sean de las milicias del Estado, o de la fuerza federal que existe unida a ellas.

Artículo 5.°— Cuatro comisionados del ejército sitiador pasarán mañana a las ocho del día a la plaza, para asegurarse del cumplimiento del artículo 3.° y luego que se hayan recibido formalmente de todos los elementos de guerra y armas que existen en la plaza, darán aviso de ello, para la ocupación de la misma plaza.

Artículo 6.°— El general Morazán garantiza las vidas y propiedades de todos los individuos que existen en la plaza.

Artículo 7.°— Les dará pasaporte, si lo tuviere por conveniente, para que salgan a cualquier punto de la República, o fuera de ella.

Artículo 8.°— El general Morazán y los comisionados a nombre del jefe que representan, ofrecen bajo su palabra de honor, cumplir esta capitulación en la parte que les toca.4

Los aristócratas son reducidos a prisión:

Véase también: Familia Aycinena

Morazán citó a los aristócratas en el Palacio de Gobierno el 14 de abril, y allí mismo unilateralmente declaró nulo el acuerdo del 12 de abril —especialmente el artículo 6.° en el que se había comprometido a respetar vidas y bienes y el 7°. en el que se comprometía a darles pasaporte para salir del país— y redujo a prisión no solamente al ex-jefe de estado Mariano de Aycinena,5 sino que a todos los miembros del gobierno y de la familia de éste para luego expulsarlos de la región unos cuantos meses más tarde.6

Si el lector lee con detenimiento el artículo 8.° del acuerdo de capitulación, se dará cuenta de que los hechos que siguieron a la firma de dicho documento demostraron que la palabra de honor del general Morazán no valía nada ya que la venganza de las atrocidades cometidas contra Tegucigalpa en 1827 era su principal motivación en esos momentos.


Bibliografía:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. pp. 34-36.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 39-42.
  3. Aycinena y Piñol, Mariano (27 de octubre de 1828) Manifiesto del Jefe de Estado de Guatemala. Guatemala: Imprenta Mayor.
  4. Raoul, Nicolás (1829) Partes a los gobiernos aliados protectores de la ley sobre la restauración de Guatemala. Guatemala: La Unión.
  5. Hernández de León, Federico (1929).El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  6. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

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26 de febrero de 1842: José Venancio López asume la presidencia del Estado

26 de febrero de 1842: José Venancio López asume la presidencia del Estado

Luego de la renuncia de Mariano Rivera Paz, y tras haber sido nombrado por la Asamblea Constituyente el 25 de febrero, el licenciado Venancio López asume la presidencia del Estado de Guatemala.

La Iglesia del Cerrito del Carmen en la época en que ocurrieron estos hechos.
La Iglesia del Cerrito del Carmen en la época en que ocurrieron estos hechos. En el recuadro, el licenciado José Venancio López, quien fuera presidente del Estado de Guatemala, presidente de la Asamblea Legislativa, miembro del Consejo de Gobierno y Regente de la Corte Suprema de Justicia durante la época del general Rafael Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Rivera Paz presenta su renuncia:

Véase también: Rafael Carrera, Mariano Rivera Paz

Agobiado por las exigencias del general Rafael Carrera para el mantenimiento de las tropas a su cargo, el Jefe del Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, decidió que había tenido suficiente y presentó su renuncia al cargo el 14 de diciembre de ese año.

La Asamblea Constituyente, presidida entonces por el historiador Alejandro Marure, conoció la renuncia del presidente del estado hasta el 14 de febrero de 1842, cuando reanudó sus funciones. Para entonces, Marure había pasado de ser el político liberal que escribió documentos contra el partido conservador durante el gobierno del Dr. Mariano Gálvez, a convertirse en un conservador incondicional de Carrera y miembro del Consejo de Gobierno.1

Eventualmente, el 25 de febrero la Asamblea presidida por Marure aceptó la renuncia de Rivera Paz por medio de un lacónico decreto que dice:

    1. Se admite la renuncia que de la presidencia del estado ha dirigido de mano el señor Mariano Rivera Paz
    2. El presidente de la Asamblea, a nombre de ésta le dará las debidas gracias por los importantes servicios prestados.1

Asamblea nombra a Venancio López como presidente:

Ese mismo día, la Asamblea eligió al presidente interino, licenciado José Venancio López, como presidente del estado por mayoría absoluta. El licenciado López, además de presidente interino, era el Regente de la Corte Suprema, diputado y Consejero de Estado junto con Marure, el general Rafael Carrera y Luis Batres Juarros.2 Muy a su pesar, dado su carácter huraño y a su complexión débil y enfermiza, el licenciado López aceptó la designación el 26 de febrero, incluso a sabiendas de que enfrentaba una situación muy delicada, y la Asamblea lo confirmó de esta forma:

    1. Se faculta ampliamente al gobierno, para adoptar todas las medidas convenientes y necesarias a la seguridad interior y exterior del estado, levantando fuerzas, solicitando bajo el crédito del estado, recursos pecuniarios, por medio de contratos o empréstitos, para el sostenimiento de las mismas fuerzas; y aquellos arbitrios no fueren bastante, imponiendo contribuciones ocn el acuerdo del Consejo;
    2. En cuanto lo permitan las circurnstancias del estado, el gobierno prestará a los otros aliados, los auxilios de fuerza o pecuniarios que le fueron pediddos, cumplieando leal y fielmente con los tratados que existen. Y
    3. Continuará el Consejo del Gobierno, creado en virtud del 4 de octubre último; y sus atribuciones serán las mismas que antes tenía.

Guatemala, 26 de febrero de 1842.

(f.) Alejandro Marure, presidente1

López renuncia a la presidencia:

Véase también: Francisco Morazán, clero secular (curas párrocos)

López renunció el 13 de mayo debido a las protestas que se originaron luego de que autorizó a subastar la fortuna que había dejado el maestrescuela de la Catedral para pagarle a las tropas de Carrera, y ante la amenaza de que el general Francisco Morazán volviera a invadir a Guatemala tras regresar a Centroamérica en abril de ese año.2


Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (26 de febrero de 1926) «El capítulo de las efemérides: 26 de febrero de 1842, Asume la presidencia del Estado el Regente de la Corte Suprema». Guatemala: Nuestro Diario.
  2. – (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 324-327.

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17 de febrero de 1840: entrada triunfal de Carrera tras reincoporar a Los Altos

17 de febrero de 1840: entrada triunfal de Carrera tras reincoporar a Los Altos

Entrada triunfal del general Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala tras vencer y reincoporar al Estado de Los Altos.

17febrero1840
El desaparecido Palacio Municipal de la Ciudad de Guatemala, que se encontraba en donde hoy en día está el Palacio Nacional. Hasta aquí llegó el desfile triunfal de Carrera el 17 de febrero de 1840. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Rivalidades entre grupos criollos en Guatemala:

Como bien dice el historiador Federico Hernández de León, «la lucha de los partidos, estimulada por los medios ha provocado la casi totalidad de los desastres sociales sucedidos en Guatemala».1 Y es que no importa si los criollos abrazan la bandera de conservadores o de liberales —o la de comunistas o de anticomunistas—; lo único que persiguen es gobernar al país, aunque carezcan de planes definidos y programas coherentes de gobierno, como lo han demostrado desde la anexión a México en 1822.2 Los enemigos políticos han cambiado de nombre, pero los resultados han sido siempre el desastre económico de la nación.

El Estado de Guatemala en 1840:

Véase también: Mariano Rivera Paz, Rafael Carrera

A principios de 1840, cuando ya el pacto de la República Federal de Centro América estaba disuelto, eran los liberales liderados por José Francisco Barrundia los que se enfrentaban por todos los medios a los conservadores aristócratas encabezados por Manuel Francisco Pavón y Aycinena y Juan José de Aycinena. Y había, como hay ahora, traidores a la causa que se cambiaban de partido a media contienda; de hecho, nuestros más eminentes escritores locales, el poeta José Batres y Montúfar dejó a los conservadores y abrazó la causa liberal, mientras que el novelista e historiador José Milla y Vidaurre, pasó de ser un ferviente liberal anti-aristócrata que ya no soportaba «el rancio abolengo» de los Aycinena, a ser uno de los ministros más importantes del gobierno del capitán general Rafael Carrera.1

En 1840 era Jefe del Estado Mariano Rivera Paz, a quien Hernández de León describe como «bondadoso, afiliado en sus tiempos de simple diputado al ala de los liberales y después de un tiempo se metía de lleno al partido conservador hasta ser una de las figuras salientes y determinantes del régimen de los treinta años«. Pero. contrapuesto a aquel gobernante benévolo, estaba la fuerte figura del comandante campesino Rafael Carrera, quien defendía la religión católica y a los intereses del campesinado a sangre y fuego y, en consecuencia, tenía una relación de mutuo desprecio con los liberales anticlericales.1

En ese momento el Estado de Guatemala estaba muy debilitado, pues tras el derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838,3 los criollos liberales se habían aglutinado en el Estado de Los Altos y constituyeron su propio gobierno, segregando prácticamente la mitad del territorio y llevándose consigo el 75% de la capacidad productiva.4 Los criollos liberales intentaron hacer su voluntad contra los campesinos e indígenas, manteniendo las leyes civiles y el impuesto individual a los indígenas, que tantos problemas le ocasionaron al depuesto Dr. Mariano Gálvez.5 Aquello produjo un gran descontento entre la población campesina, y luego de que una rebelión en Santa Catarina Ixtahuacán fuera sofocada con gran violencia por las autoridades altenses que no toleraban la «insubordinación de los bárbaros«, fueron a pedir ayuda a Carrera, en quien confiaban por ser mestizo.4,5

Carrera retoma el Estado de Los Altos:

Véase también: masacre de Santa Catarina Ixtahuacán, Estado de Los Altos

Carrera y el ejército guatemalteco llegaron a Quetzaltenango y, de acuerdo con Hernández de León, «los defensores de [la] integridad [de Los Altos] fueron deshechos, a los golpes de las armas oficiales mandadas por Carrera; la cabeza del coronel Corzo, puesta sobre una pica, entró en Quetzaltenango como un trofeo; en la acción de Godínez y Panajachel cayeron muchos prisioneros de importancia y Carrera pudo gloriarse de haber destruido el nuevo Estado y tener en sus manos a su mayor general, Agustín Guzmán.» Además, Carrera le advirtió a los miembros del ayuntamiento criollo quetzalteco que por ser esa la primera vez que lo retaban no iba a tomar represalias (!), pero que si lo volvían a molestar, sabrían quién era él en verdad.1

Cuando se supo en la Ciudad de Guatemala del retorno del general victorioso, los vecinos salieron con sus trajes de domingo a esperar a Carrera y engalanaron la Calle Real (hoy 6a. avenida del Centro Histórico) con las mejores galas que pudieron encontrar. Encabezados por los Aycinena, los pobladores de la capital alzaban vítores para el vencedor y declaron aquel 17 de febrero de 1840, como «el día más feliz de la Patria«. Y al llegar al viejo Calvario, el ejército fue recibido por los miembros de la Municipalidad con un abundante almuerzo, antes de que continuaran su desfile de ingreso a la ciudad, llevando detrás de sí a los soldados derrotados y a los oficiales vencidos, encadenados y montados en bestias para el escarnio público. El mayor general Guzmán iba sobre una mula, encadenado, con golpes en la cara producto de la batalla y sus heridas aún sangrantes. Todos los vecinos vitoreaban a Carrera y daban vivas a la Virgen Santísima y a la Santa Religión.1

Invasión de Morazán a Guatemala en represalia:

Véase también: Francisco Morazán

Pero, en realidad, aquel triunfo de Carrera contra los criollos liberales en Los Altos lejos de alegrar a los conservadores de la familia Aycinena, los aterrorizó, porque sabían muy bien que el ex-presidente de la Federación Centroamericana y ahora Jefe de Estado de El Salvador, general liberal Francisco Morazán, junto con todos los liberales de Honduras y El Salvador, así como todos los exiliados guatemaltecos que allí vivian, se alzarían en armas y tomarían represalias contra ellos invadiendo a Guatemala, tal y como había ocurrido en abril de 1829,6 cuando los criollos aristócratas no solamente perdieron muchas propiedades, sino que fueron expulsados del Istmo. Esta vez estaban adulando a Carrera para que los protegiera del invasor, aunque no tenían una gran confianza en el resultado.7

Y tal y como lo temían los aristócratas de «las familias«, Morazán invadió a Guatemala el 17 de marzo, pero esta vez no estaba enfrentando al ejército de Mariano de Aycinena, sino a las hordas experimentadas de Carrera, y el resultado de su agresión sería muy diferente. Los quetzaltecos, creyendo que Morazán iba a derrotar fácilmente a Carrera, se alzaron nuevamente, y tuvieron la desgracia de saber quién era realmente el «caudillo adorado de los pueblos» después que éste fuera derecho a Quetzaltenango tras derrotar categóricamente a Morazán en la Ciudad de Guatemala el 19 de marzo.8


Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) «El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera». Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaR, XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: 0000-0002-5998-9541
  3. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-25.
  4. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular.
  5. Solís, Memorias de Carrera, 1837 a 1840. p. 25-70.
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  7. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.
  8. Solís, Memorias de Carrera, 1837 a 1840. p. 70-90.

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24 de julio de 1839: firman una alianza en contra de Francisco Morazán

24 de julio de 1839: firman una alianza en contra de Francisco Morazán

Los Estados de Guatemala y de Nicaragua firman una alianza en contra del presidente de El Salvador, el líder liberal hondureño y ex-presidente de la República Federal, Francisco Morazán.

24julio1839 Dibujo a lápiz del general Francisco Morazán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Situación de la República Federal:

Véase también: República Federal de Centro América, Francisco Morazán

Para 1839 la República Federal de Centro América por la que tanto habían luchado los criollos liberales prácticamente había colapsado, y su principal caudillo, el general , era ahora el Jefe de las Fuerzas Armadas de El Salvador. La figura del entonces teniente coronel Rafael Carrera en Guatemala iba a ser decisiva para terminar tanto con la Federación como con la carrera política del caudillo hondureño, ya que Carrera guardaba un enorme resentimiento hacia Morazán por las atrocidades que éste había cometido contra los campesinos del Oriente guatemalteco y contra su propia familia en 1838 y no iba a descansar hasta derrotar al caudillo liberal.1

La Batalla del Espíritu Santo:

Véase también: batalla del Espíritu Santo

El 6 de abril de 1839 Morazán se enfrentó al general hondureño Francisco Ferrera y a tropas nicaragüenses en la batalla del Espíritu Santo, cerca del rió Lempa. Ferrera había pactado una alianza cn el Estado de Nicaragua para atacar a El Salvador, y le había informado de esto a Carrera, quien por ese entonces estaba en las serranías de Mita, de acuerdo a los lineamiento del pacto del «Rinconcito», luego de ser vencido por las fuerzas de Morazán. En aquella batalla resultaron triunfadoras las tropas salvadoreñas, aunque quedaron debilitadas, lo que sirvió para que los criollos liberales salvadoreños ratificaran su confianza en Morazán fuera elegido presidente de El Salvador.2

Golpe de estado de Carrera contra Carlos Salazar:

Véase también:  golpe de estado del 13 de abril de 1839

Aprovechando esta situación, Carrera perpetró un golpe de estado, invadiendo la Nueva Guatemala de la Asunción con sus huestes de Mita para expulsar al jefe de Estado Carlos Salazar, que Morazán había impuesto en enero de 1839, y restuyendo a Mariano Rivera Paz. Con esto, se inició el gobierno de los 30 años en Guatemala, durante los cuales se reforzaría el régimen conservador pro-eclesiástico, totalmente opuesto a las ideas políticas de los liberales y de Morazán.3

Pacto de Alianza contra Morazán:

El 24 de julio de 1839, Nicaragua y Guatemala celebraron un tratado de alianza en contra del gobierno salvadoreño, al mismo tiempo que Carrera llamó a los salvadoreños a la insurrección popular, lo que provocó algunos levantamientos, que fueron vencidos sin mucho esfuerzo por el gobierno de Morazán.1

Al no lograr subvertir desde dentro la autoridad del presidente salvadoreño, tropas hondureñas y nicaragüenses invadieron el país a finales de septiembre de 1839. Nuevamente el general Morazán, con seiscientos salvadoreños derrota en la batalla de San Pedro Perulapán a los más de dos mil invasores comandados por los generales conservadores.1

Consecuencias:

Véase también: Estado de Los Altos, derrota definitiva de Morazán

Mientras tanto, en Guatemala, tras un levantamiento indígena en Santa Cataria Ixtahuacán que fue socofocado a sangre y fuego por las tropas del Estado de Los Altos,4 Carrera había retomado aquel Estado —que era el refugio de los criollos liberales en el occidente de Guatemala— tras vencer a las fuerzas comandadas por el general Agustín Guzmán.5 Al enterarse de esto, y envalentonado por sus recientes victorias, Morazán decidió invadir Guatemala por segunda vez y acabar con Carrera y los conservadores guatemaltecos de una vez por todas. Sin embargo, en lugar de la victoria, encontró una espantosa derrota, que significó el final definitivo de la Federación y de su propia carrera.6


Bibliografía:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 49-53.
  3. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  4. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglava a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 48-49.
  6. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 159-161.

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13 de abril de 1839: Carrera restituye al Jefe de Estado Rivera Paz

13 de abril de 1839: Carrera restituye al Jefe de Estado Rivera Paz

El 13 de abril de 1839 las huestes de Mita al mando de Rafael Carrera ocupan la ciudad de Guatemala, forzando al jefe de Estado Carlos Salazar a huir por los techos de las casas. De esta forma, Carrera restituyó en el poder a Mariano Rivera Paz y dió inicio al gobierno conservador de los 30 años.

13abril1839
Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala a mediados del siglo XIX. En el recuadro: moneda de la época del gobierno del general Rafael Carrera con la inscripción «R. Carrera, fundador de la Re. de Guatemala». Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Versión de Federico Hernández de León:

Reproducimos a continuación la descripción que hace de los eventos del 13 de abril de 1839 el renombrado historiador Federico Hernández de León en su obra «El libro de las Efemérides»:1

Se hará cargo el lector de la importancia que entraña la fecha de las efemérides de hoy. Es el alfa de un partido, de un partido que luchaba desde los días de la independencia por ocupar el poder de manera estable. Grandes tipos de sus filas se habían acercado al solio, como don Mariano de Aycinena que se sostuvo durante dos años y medio; pero hasta el aparecimiento de Carrera, el partido no se consideró potente, ni la paz llegó a consolidarse como se consolidara después del año 51 con la batalla de la Arada. Pequeñas convulsiones agitaron el cuerpo social; pero nada comparable con los años vividos.

El general Morazán había colocado en la jefatura del Estado de Guatemala al general don Carlos Salazar, arrancando de su puesto a don Mariano Rivera Paz, en condiciones un tanto violentas. El general Salazar había derrotado unos meses antes a Carrera, en la acción de Villa Nueva y, de ser más ágiles las fuerzas de Salazar, después de dicha acción, alcanzan al mismo Carrera, y se hubieran sacudido de un element que había de darles muchos e intensos dolores de cabeza. Carrera derrotado y herido de gravedad, pasó de Villa Nueva a la Antigua y de allí, dando un rodeo, volvió a la querencia, a la Montaña, seguido de sus leales.

El triunfo de don Carlos Salazar sobre el guerrillero y sus huestes, le creó una reputación firme y le agració ante los ojos del general Morazán, al grado que influyera poderosamente para que se le diese la jefatura del estado. Pero don Carlos, con todo y ser general, le faltaba la energía y el empuje que se necesitaba en aquellos críticos días, y la reacción empezó a tejer sus tramas, poniéndose en comunicación con Carrera que estaba en Mita, repuesto del susto que llevara en la acción de Villa Nueva. Con elementos suficientes. Carrera se pronunció contra el gobierno de Salazar y marchó resuelto a la capital.

Algunos liberales se dieron cabal cuenta de la trascendencia que aparejaba aquel movimiento del guerrillero. Se fueron con el jefe del estado y le hicieron ver la gravedad de la situación. Don Carlos Salazar no dió importancia al asunto.

— Así hemos vivido desde hace tiempo — dijo — ; los de Carrera se conforman con mantener la bandera levantada en sus montañas.

Los liberales no lo creían así. Notaban los movimientos interesados de algunos hombres prominentes, sobre todo del canónigo Larrazábal, que públicamente expresaba su disgusto con un sistema ayuno de representación, sin respaldos morales, sin energías y que contribuía a una perenne excitación. Por otra parte, don Luis Batres se movía con grandes empeños.

Los últimos triunfos de Morazán sobre los conservadores de Honduras, alentaban al señor Salazar, sin comprender que, esos mismos triunfos operaban en el ánimo de los conservadores en un sentido de resguardo y de defensa. La batalla del Espíritu Santo ganada por los salvadoreños mandados por Morazán, contra los ejércitos aliados de Nicaragua y Honduras, provocó la precipitación de los acontecimientos, y Carrera se presentó a las puertas de Guatemala, como Alarico a las puertas de Roma. Y en el amanecer del 13 de abril de 1839, se oyó un grito angustioso que decía:

— ¡ Los bárbaros de la Montaña están en las garitas de la ciudad!

Carrera y sus gentes habían caminado toda la noche, esquivando los encuentros de particulares y, al clarear el alba estaban en las lindes de la Parroquia Vieja y el Martinico, dirigiendo el ala hacia el barrio de Santo Domingo. Eran muchos los que acompañaban al guerrillero; tipos de aspecto feroz, verdaderas hordas de salvajes, mal vestidos, de recias y escasas barbas, peludos y de mirar siniestro. El que los dirigía, debía ser un tipo superior, que para manejar aquellos trogloditas se necesitaba de un corazón bien puesto y de unos hígados, mejor puestos aún.

Sonaron los primeros tiros y los vecinos atrancaron sus puertas. Los liberales despertaron en sus lechos con la zozobra en el alma.

— ¡Allí está Carrera! — gritaban azorados los tranquilos vecinos, de casa a casa.

Unos se aventuraban a salir de sus domicilios, para dirigirse a carrera abierta, por el rumbo opuesto al que traían los invasores. Otros, precipitadamente abrían hoyos en los patios, para guardar sus riquezas. Y quiénes, con el espanto en la cara, subían a los cobertizos para guarecerse en los tapancos, en franca familiaridad con las ratas y las cucarachas. Aquel despertar del 13 de abril, fué algo siniestro.

Don Carlos Salazar, el aguerrido militar que derrotara a Carrera en Villa Nueva, que tuviera a su cargo la jefatura del estado, que fuera por su condición de hombre público, la figura más significada, hizo un papel desairado. Al enterarse que las hordas entraban por las calles, disparando sus fusiles y atropellando lo que encontraban, no tuvo arrestos para dirigirse a un cuartel y ponerse a la cabeza de sus hombres. Arrimó nervioso una escalera a una de las paredes de su casa y, por los tejados, como un gato perseguido, se trasladó a otras casas de amigos y, luego, ridículamente disfrazado, dejó la ciudad y abandonó Guatemala…

No era esa la manera de abdicar de un puesto tan elevado. Cuando se llega a tan altas jerarquías, se debe guardar todo el coraje de una vida, para terminar de manera digna. Salazar llegó a ganar la frontera y se dirigió al Salvador; luego, a Costa Rica: allá murió atormentado con el recuerdo de su fuga vergonzosa y con la responsabilidad que le cabía por no haber oído los consejos de sus amigos y las indicaciones de quienes le pedían en la semana anterior al 13 de abril, que se tocase llamada general y se pusiese a la cabeza de un grupo de patriotas, para detener la avalancha de salvajes que se avecinaba.

Carrera, entre tanto, se dirigió resuelta y animosamente a la casa de don Mariano Rivera Paz y le presentó su espada.

— No venimos — dijo el jefe bravio — a matar gente, sino a restituir a las autoridades. Vuesa merced fué arrancado por Morazán de su puesto y nosotros venimos a colocarlo de nuevo en su lugar …

Rivera Paz se dejó hacer y acompañado de una improvisada escolta de aquellos feroces, se dirigió a la casa del gobierno y tomó posesión de la jefatura del estado. Inmediatamente llamó a sus hombres al ministerio y se expidió un despacho urgentísimo a don Pedro Nolasco Arriaga, expatriado desde el año 29 en Honduras, para que pasara a ocupar uno de los sillones ministeriales.

Pero a pesar de las declaraciones de Carrera, sus gentes se dirigieron a las casas de los principales liberales en busca de Barrundia, del doctor Gálvez, de la familia Molina, de don José Bernardo Escobar y de cuantos hombres habían adversado al partido conservador. Los liberales no esperaron ser cogidos en sus casas y se asilaron en conventos y casas particulares de sacerdotes amigos, en donde podían estar a cubierto de las arremetidas.

Desde aquel día. Carrera fué definitivamente el hombre de la situación. Se le llamó el «caudillo adorado de los pueblos»; las turbas le victoreaban, y a su paso solo homenajes de respeto y entusiasmo recibía. El jefe del estado, vivía pendiente de sus labios y todos los señorones de la aristocracia le vieron con verdadero respeto y temor. Se hicieron los nombramientos importantes: don José Antonio Larrave, jefe politico de Guatemala; alcalde, don Marcial Zebadúa; síndico de la Municipalidad, don Manuel Beteta; jefe político de la Antigua, don Andrés Andreu; de Escuintla, don Pantaleón Arce; de Chimaltenango, don Manuel Gálvez y, de Amatitlán, el inmenso poeta don José Batres y Montúfar.

Al año siguiente, en el mes de marzo, Morazán quiso arrojar a Carrera de Guatemala; el arrojado fué el propio Morazán, que no paró sino hasta el Perú. A los dos años moría el guerrero hondureño, en tanto que Carrera y los conservadores se regodeaban en Guatemala y lanzaban sus rayos a todo el resto de la América Central.1


Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.

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15 de diciembre de 1848: restablecen milicia cívica en la Ciudad de Guatemala

15diciembre1848
Una excursion en las faldas del Cerrito del Carmen.  Al fondo, la Iglesia de La Candelaria. En este barrio nació el general Rafael Carrera. Imagen de Eadweard Muybridge, tomada en 1875.

En 1848, los criollos de ambos partidos consideraron que Rafael Carrera había servido a sus fines y le pidieron la renuncia a la presidencia.  Carrera, a quien los historiadores liberales describieron como un ignorante analfabeto que firmaba «Raca Carraca«, en realidad era un genio militar y además un hábil politico que conocía a los criollos mejor que nadie.  Así que renunció sin protestar pues sabía que más temprano que tarde estarían rogando por su retorno al país.

Tal y como Carrera había imaginado, tan pronto como él salió al exilio Guatemala cayó en una grave crisis de ingobernabilidad, que se manifesto con invasiones de liberales desde El Salvador y Honduras, formación de bandas de forajidos que asaltaban en los caminos y un intento del Estado de Los Altos por independizarse nuevamente.

En diciembre de 1848, la situación llegó a tal punto, que el gobierno del Estado restableció la milicia cívica en la Ciudad de Guatemala, y reproducimos a continuación el decreto completo para que el lector se de una idea del caos que se vivía:

Artículo 1.°: se restablece en todo su vigor y fuerza el decreto de 23 de agosto de 1823 sobre organización de la fuera cívica, dado por la asamblea nacional constituyente, con las modificaciones que contiene el presente decreto. 

Artículo 2.°: en el día de hoy y el de mañana, quedarán formados en esta capital cuatro batallones:

    • El primero se compondrá de los varones que habitan en las parroquias del Sagrario y Santo Domingo
    • El segundo de los de Los Remedios
    • El tercero de los de San Sebastián; y
    • El cuarto de los de la Merced y Candelaria

Artículo 3.°: para facilitar la pronta organización de estos cuerpos el gobierno nombra comandantes de ellos; 

    • Para el primero al coronel don José Piloña
    • Para el Segundo al coronel don Manuel Abarca
    • Para el tercero al señor Arcadio Gatica; y 
    • El cuarto al señor Cristino Irías

pero luego que estén organizados dichos cuerpos, nombrarán ellos sus comandantes en la forma que previene el reglamento citado.

Artículo 4°. Por ahora, la fuerza cívica será destinada a defender la ciudad de la invasion actual: pasado el peligro, quedará en el pie en que la constituye el reglamento referido, y recibirán sueldo únicamente los que presten servicio de guardias y lo necesiten.

Artículo 5°. Los comandantes nombrados, emplearán toda su energía para reunir en el término, prefinido, todos los individuos de que ha de componerse su respectivo cuerpo, que son los llamados al alistamiento en el último bando publicado.

Artículo 6°. Los individuos que hoy component la guardia urbana y la de Minerva, se alistarán en sus respectivos cantones en la que hoy se demonina guardia cívica; mas no se disolverán aquellos dos cuerpos hasta no estar organizados los cívicos; y con el objeto de dar al alistamiento más respetabilidad, los señores curas exhortarán a sus feligreses para que llenen este deber; cuyo servicio será considerado por el gobierno como corresponde.

Artículo 7°. El ministro de la Guerra queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Poco o nada pudo hacer la guardia cívica frente a los avances de las revoluciones que se enfrentaban al gobierno criollo y a finales de 1849, Carrera había regresado de México estableciendo pactos con todos los líderes indígenas del occidente guatemalteco, y era nuevamente el hombre fuerte de Guatemala.  De hecho, lo sería hasta su muerte en 1865.


BIBLIOGRAFIA:


18 de junio de 1862: sepelio de Luis Batres Juarros

La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1860. Nótese que las torres de los campanarios de la Catedral no estaban construidos todavía. En el recuadro: Luis Batres Juarros. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 18 de junio de 1862 se celebraron en la Catedral Metropolitana de la Nueva Guatemala de la Asunción las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, con toda la solemnidad de la Guatemala católica conservadora del gobierno del capitán general Rafael Carrera.1 A la ceremonia presidida por el arzobispo, asitió el presidente Carrera, ya para entonces todo un personaje culto y de mundo —muy lejos del criador de cerdos analfabeta que había dirigido la revolución contra el gobierno liberal del Dr. Mariano Galvez en 1838—. Al presidente vitalicio lo acompañaron todas las autoridades de la época, los embajadores y una gran multitud que abarrotó las tres naves de la iglesia.1,2

Contrario a las falsas versiones divulgadas por los historiadores liberales encabezados por Lorenzo Montúfar3, Ramón Salazar y el hondureño Ramón Rosa4, Carrera no solamente no fue un instrumento de los conservadores, sino que todo lo contrario: gobernó con mano de hierro no solo a los criollos conservadores, sino a toda la población guatemalteca. Y Batres Juarros fue uno de sus principales colaboradores, razón por la que las exequias fúnebres fueron magníficas.2

Batres Juarros era también un personaje con mucha personalidad, pero en una Guatemala en donde existía la figura del presidente Carrera, solamente había lugar para un líder.1,5 Eso no impidió que los criollos conservadores lograran muchas cosas en ese período, principalmente gracias al empeño de Batres, quien era hombre de Estado y velaba por los intereses de su clase económica con empeño inquebrantable. Además, su esposa Adela García-Granados —hermana del general Miguel García-Granados y Zavala— fue la mentora de Ramona García, esposa de Carrera.6

De todos los puestos que ocupó en el gobierno conservador, es quizá el de Canciller en el que más éxitos obtuvo y al que llegó por haber ayudado a Carrera a regresar del exilio en México cuando la situación en el país estaba al borde del caos absoluto.1

Pero en ese entonces, como ahora en el siglo XXI, los criollos estaban divididos en dos grandes grupos rivales, incapaces de reconocer los méritos de los oponentes y dispuestos a tomar o arrebatar el poder politico y económico a la primera oportunidad. De esa cuenta, cuando los criollos liberales tomaron el poder en 1871, sus historiadores se encargaron de tergiversar los acontecimientos acaecidos durante los treinta años del gobierno conservador y de desprestigiar a sus principales estadistas.3,4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Montúfar, Lorenzo; Salazar, Ramón A. (1892). El centenario del general Francisco Morazán. Guatemala: Tipografía Nacional.
  4. Rosa, Ramón (1974). Historia del Benemérito Gral. Don Francisco Morazán, expresidente de la República de Centroamérica. Tegucigalpa: Ministerio de Educación Pública, Ediciones Técnicas Centroamericana.
  5. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena». Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica).
  6. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). «Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia». Revista conservadores del pensamiento centroamericano (Managua, Nicaragua) 2 (112).

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23 de mayo de 1854: los pueblos aclaman a Carrera como presidente perpetuo

23 de mayo de 1854: los pueblos aclaman a Carrera como presidente perpetuo

El 23 de mayo de 1854, los representantes civiles, militares, y religiosos de todos los corregimientos y principales poblaciones del país prácticamente al unísono acordaron nombrar como presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera y Turcios. Y también los principales miembros de su gobierno estuvieron de acuerdo con este nombramiento.1

Acta que declara al capitán general Rafael Carrera como presidente vitalicio de Guatemala.
Acta que declara al capitán general Rafael Carrera como presidente vitalicio de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Estructura del gobierno de Rafael Carrera:

Véase también: Rafael Carrera, clero secular, Familia Aycinena

El gobierno del general Carrera era muy particular, ya que estaba estructurado por tres grandes grupos de poder: el propio general Carrera y su férrea personalidad, la familia Aycinena y los altos mandos del clero secular, encabezado por el arzobispo Francisco de Paula García Peláez. Había incluso personajes que estaban en varios grupos, tal el caso del marqués Juan José de Aycinena, quien no solamente era obsipo de Trajanópolis, sino que además era rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gabinete de Carrera. Aparte de esto, Carrera tenía una excelente relación con los líderes indígenas, y gracias a los pactos que suscribió con éstos mantuvo la integridad de la República.2

Aquel gobierno conservaba la influencia de la Iglesia Católica e incluso celebró un Concordato con la Santa Sede en 1852.3 Solamente la fuerte personalidad del general Carrera y su gran habilidad militar evitó que las fuerzas de los criollos liberales centroamericanos invadieran el país, aunque lo intentaron varias veces.2 México, por su parte, inmerso en su propia guerra de Reforma y luego en la guerra contra las fuerzas estadounidenses y francesas, no tuvo injerencia en Guatemala en ese tiempo.

Aunque los autores liberales retrataron al gobierno de Carrera como una época oscura y retrógrada en donde él era simplemente el brazo armado de los Aycinena,4 esto no pudo ser más lejano a la realidad pues fueron los criollos conservadores quienes tuvieron que aceptar a Carrera como presidente para no tener que salir del país ya que no eran bienvenidos por los regímenes liberales del área y, además querían evitar a toda costa que los indígenas los lincharan, como estaba ocurriendo en Yucatán con la Guerra de Castas. Y así el nombramiento como presidente vitalicio fue hecho oficial el 25 de octubre de 1854, por medio de un acta en la que se aconsejaba modificar la constitución para reflejar que Carrera era presidente de por vida.2

Versión de Federico Hernández de León:

He aquí como describe el escritor Federico Hernández de León el momento en que Carrera fue elegido presidente perpetuo:1

«Esta traición a las instituciones políticas, cometida por las generaciones del año 54, alcanza una excusa.

Ya era mucha la fatiga ocasionada con treinta años de guerrear. No había garantía ni para la persona, ni para los bienes. La agricultura incipiente, las industrias reducidas, el comercio sin in desarrollo beneficioso, se sentían aún más constreñidos, por causas de las revueltas internas y de las invasiones de los otros Estados. Liberales y conservadores se habían sucedido en el poder y, ni las restricciones, ni los procedimientos drásticos, ni la habilidad política, ni la hombría de bien, ni la astucia, dieran resultado para ordernar tanto alboroto. Solo Carrera lograra, con la rudeza de su espada, aquietar Los Altos, sofocar los levantamientos de la Montaña, poner en cintura a los agitadores y dar la acción de La Arada, que equivalía al sometimiento de Honduras y El Salvador.1

Y los pobres guatemaltecos de mediados del siglo [XIX] vieron en Carrera a un Salvador y buscaron su arrimo. No les importó cometer la inmensa traición a los principios de la democracia defendida y preconizada: lo que los pueblos ansiaban era sosiego, una tranquilidad que les prestara garantía de vida y de acción. -¿A qué costo?- A cualquiera: ya no importaban los procedimientos. Paz era lo que necesitaban; paz a cualquier precio para poder dedicarse a distender las actividades. Y Carrera daba las seguridades de poner en cintura a todo el mundo, a los de arriba como a los de abajo, a los de fuera como a los de dentro.5

A Carrera le llamaban ‘Caudillo’, ‘Salvador de la Patria’, ‘Protector de la Religión’, ‘Hijo Predilecto’, ‘Enviado de la Providencia’; el clero veía a Carrera con arrobos místicos, la aristocracia con respeto profundo,, los liberales con terror, el pueblo con simpatía. El guerrillero se imponía: el rudo montañés, era por estos tiempos un hombre que ya leía y firmaba, que se trajeaba como un dandy, que conservaba con alguna soltura y salpicaba sus frases de observaciones pertinentes, que galanteaba a las niñas bien y que, cada vez que se avistaba con el consul inglés Mr. Chattfield, le decía con acento de la otra vida: -‘Hallo, Mr. Chattfield; how do you do’?5

[…]

Habrá de confesarse que Carrera no llegó a más porque no quiso. El país se le ponía bajo sus plantas: el servilismo y el vasallaje de los guatemaltecos, tocaba las lindes. Triste herencia, que después se repitiera ante la figura del general Barrios y, más tarde, ante la […] de Estrada Cabrera5

Y así, Carrera gobernó hasta su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1865.

¿Quiénes firmaron el acta?

Entre los firmantes del acta del 25 de octubre hay varios personajes históricos que se pueden clasificar en tres grupos: correligionarios de Carrera durante su época de guerrillero, los miembros del clero y los miembros del partido conservador. He aquí algunos de ellos:6

El lector interesado puede darse una idea de como era la vida durante la larga presidencia del general Carrera leyendo la obra de José Milla y Vidaurre «Cuadros de Costumbres«7 y la de Ramón Salazar «El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud«8 las cuales describen ese período desde la perspectiva de los criollos conservadores, y desde la de los liberales, respectivamente.


Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 335.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  4. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 114-165.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides. pp. 336-337.
  6. Junta General de Autoridades (1854). Acta declarando presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  7. Milla y Vidaurre, José (1865). Cuadros de costumbres guatemaltecas. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  8. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.

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19 de abril de 1855: muere Manuel Francisco Pavón y Aycinena

19 de abril de 1855: muere Manuel Francisco Pavón y Aycinena

Muere el líder conservador Manuel Francisco Pavón y Aycinena, uno de los principales ideólogos del gobierno del general Rafael Carrera.

Iglesia de La Merced, en donde fue sepultado Francisco Pavón y Aycinena (en el recuadro). La foto es de 1906. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Introducción:

Uno de los personajes del régimen conservador que ha sido más desprestigiado por los historiadores liberales que reescribieron la historia de Guatemala luego de la Revolución Liberal de 1871, fue Manuel Francisco Pavón, de quien dice el historiador Federico Hernández de León: «ha sido pararrayos de las iras liberales y sobre su figura, cuando yo era muchacho, tejí una leyenda en la que aparecía don Manuel Francisco con todas las características del Tenebroso de mis antepasados los quiches».1

Reseña biográfica de Pavón:

Véase también: Guerra Civil Centroamericana, Gobierno de los 30 años

La figura de Pavón empezó a destacar cuando su primo, Mariano de Aycinena se convirtió en el gobernador del Estado de Guatemala, luego de la prisión del Jefe de Estado Juan Barrundia en 1826 tras su fallido golpe de estado contra el presidente Manuel José Arce.2 Cuando Francisco Morazán y su ejército liberal invadieron Guatemala en represalia por el golpe de Estado, Pavón tuvo la idea de ofrecerle la dictadura del Estado a Morazán a fin de mantener la integridad de la Federación Centroamericana, algo que el invasor rechazó pues desconfiaba y aborrecía a los criollos aristócratas guatemaltecos luego del ataque que estos ordenaron contra Tegucigalpa. Dice Hernández de León al respecto: «Morazán – hay que decirlo rotundamente – no tuvo una vision elevada y, desconfiado, rechazó la oferta. Aquella dictadura habría salvado la Federación, habría impuesto la paz y los destinos de la nacionalidad fueran muy otros».3

Luego de que triunfaran los guerrilleros campesino-católicos al mando del general comandante Rafael Carrera en 1838,4 Pavón trabajó incansablemente para que su familia recuperara el poder que había tenido antes de que Morazán les embargara todos sus bienes y los expulsara de Centroamérica en 1829.5 Y cuando los criollos pensaron que Carrera no podría resolver el caos que se vivía en Guatemala por las bandas de forajidos e invasiones liberales desde El Salvador en 1848, fue el propio Pavón el que le pidió la renuncia al general presidente.6

Cuando Carrera regresó al país definitivamente en 1849, Pavón se convirtió en su principal aliado, pues los aristócratas tuvieron que pactar con Carrera porque no eran bien vistos en las naciones vecinas y no querían ser linchados como ya les estaba ocurriendo a los criollos de Yucatán. Pavón era un trabajador incansable: fue ministro de Estado, diplomático y diputado, entre otras cosas, y redactó varias leyes, entre ellas la Ley de Pavón de educación pública. Además, colaboró con el Ministro Plenipotenciario Británico, Frederick Chatsfield, quien tenía en ese entonces una gran influencia en el gobierno guatemalteco.5

Enfermedad y muerte:

Véase también: familia Aycinena

Pero por este régimen de trabajo, Pavón enfermó de gastritis y luego de unas vacaciones en Costa Rica y las Antillas con Chatsfield, regresó a Guatemala con molestias estomacales de las que ya no se recuperó, pero aun así siguió trabajando. Dice Hernández de León: «en cuanto tornó a la capital, volvió a las actividades. Hizo modificaciones en todos los ramos administrativos. Como se le diera el ministerio de relaciones exteriores, se hizo traspasar las dependencias de correos, caminos, colonizaciones y lo que hoy está a cargo de fomento y agricultura. Luego se metió a dirigir la enseñanza y el cultivo de las artes. Era muy mal escritor, pero tenía las iniciativas a montones. Estableció legaciones, celebró un concordato y el hombre se multiplicaba atendiendo un inmenso radio de actividades. El estómago, sin embargo, era un verdugo y le daba unos mordiscos que le hacían ver las estrellas«.5

En 1853 se enfermó gravemente, pero eso no le impidió trabajar decidídamente en las reformas a la constitución de 1851 para que ésta fuera alterada de froma que estuviera en armonía con el sistema de Presidente Vitalicio que se estableció cuando se proclamó a Carrera como tal en 1854. Este fue su último gran proyecto, dejando completo el sistema político con las facultades y prerrogativas que correspondían al jefe de Estado vitalicio.7

Tras terminar el proyecto se tomó unas largas vacaciones en Escuintla para tratar de recuperar su salud, pero éstas fueron contraproducentes. El 17 de marzo regresó a la ciudad de Guatemala, ya muy debilitado por la enfermedad. El Dr. Abella, su médico de cabecera, intentó salvarlo, pero sin éxito. La nota fúnebre que se publicó en 1855 dice lo siguiente sobre sus últimos momentos: «El 15 de abril, como el mal se hiciese más y más intenso, el Sr. Pavón recibió el Sagrado Viático en la visita general de enfermos, administrándoselo el Cura Rector de la parroquia del Sagrario. Desde entonces, varios de los padres jesuitas, y especialmente Luis Amoros, su confesor, no le abandonaron, proporcionándole los consuelos de la religión, al mismo tiempo que su esposa, hermanas y todas las demás personas de su familia y amigos íntimos, le prodigaban los cuidados más esmerados y afectuosos. Con anticipación había hecho sus disposiciones testamentarias, nombrando por albaceas y ejecutores de su última voluntad, además de sus hermanos, a los señores Pedro de Aycinena, Ministro de Gobernación, Luis Batres, Consejero de Estado y licenciado Lázaro Galdames. Tranquilo después de haberse preparado a la muerte y viéndola acercarse con la resignación del cristiano y la serenidad del filósofo, el día 18 se agravó el mal que padecía, y por la noche, después de haber caído en algunos parasismo, volvió en sí y pidió llamasen al Sr. Dean y Provisor del Arzobispado y al Sr. Canónigo Puertas, eclesiásticos a quienes tenía mucho afecto. Ausente de la ciudad el Sr. Barrutia, solo el Sr. Puertas pudo acudir al llamamiento hacia las dos de la madrugada del 19; y poco después a las cinco menos cuarto, rodeado de eclesiásticos y de las personas de su familia, Manuel F. Pavón entregó su alma al Señor, sin grandes padecimientos físicos y con mucha traquilidad de espíritu. Contaba 57 años, dos meses diez y nueve días de edad«.7, Nota

Carrera y sus ministros no estaban en la ciudad, sino que se encontraban en Chimaltenango, y desde allí emitieron un acuerdo por el cual estipulaban la forma en que se iban a realizar los funerales de Pavón en la bódeva de la Iglesia de la Merced, y ordenaba que los empleados públicos llevaran luto por tres días. La ceremonia luctuosa fue espléndida, con una misa fúnebre en la Catedral presidida por el arzobispo y con la presencia del cabildo criollo, el clero secular, los doctores de la Universidad, los ministros de Estado, el cuerpo diplomático, el Consejo de Estado, y muchos otros empleados del gobierno. Posteriormente, el féretro fue transportado a la iglesia de La Merced, en hombros del Ministro de Gobernación, del Embajador de México —que era el decano del cuerpo diplomático en Guatemala—, del Regente de la Corte de Justicia, del Consejo más antiguo, del Mayor general del Ejército y del Prior del Consulado de Comercio.8

Carrera se encontraba de gira por Los Altos, pero cuando regresó a la ciudad el 7 de mayo, emitió un decreto por el cual ordenaba que se colocara el retrato de Pavón en la sala de sesiones del Consejo de Estado y dispuso que a la viuda se le asignara una pensión vitalicia equivalente a la mitad del salario que devengaba el difunto Ministro.8


Notas:

  • a: nótese como, al contrario de lo que ocurría en los gobiernos liberales, la prensa oficial enaltecía a la Iglesia Católica durante el gobierno de Carrera. Además, nótese la influencia de los jesuitas en el gobierno guatemalteco de la época.

Bibliografía:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. II. Sánchez y de Guise. p. 111.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  3. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 113.
  4. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 114.
  6. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112-115.
  7. Gobierno de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala». La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62). p. 21.
  8. Ibid., p. 22.

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27 de marzo de 1829: la Conferencia de Ballesteros

27 de marzo de 1829: la Conferencia de Ballesteros

Los criollos aristócratas abandonan el Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala tras pactar la Independencia de la región con el Capitá General Gabino Gaínza.
Los criollos aristócratas abandonan el Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala tras pactar la Independencia de la región con el Capitá General Gabino Gaínza. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Para 1829 el poder del gobierno conservador a cargo de la República Federal de Centro América era cada día más débil. Las fuerzas del general liberal Francisco Morazán, al frente del autodenominado «Ejército Defensor de la Ley» asediaban a la ciudad de Guatemala desde febrero de ese año. La situación era delicada, al punto que el Ministro Plenipotenciario de los Países Bajos, el general Veerneer, convocó a una conferencia de paz el 27 de marzo para intentar llegar a un acuerdo pacífico.

Es interesante ver los diferentes actores que participaron en esa conferencia:

  • Por un lado estaba Verneer, a quien le preocupaba la construcción de un canal interoceánico en la región de Nicaragua ya que la derrota del gobierno conservador significaba que Holanda perdiería una gran cantidad de tiempo y dinero invertido para la construcción del canal.
  • Tambien estaba la familia Aycinena, criollos conservadores aristocráticos guatemaltecos que abogaban por mantener la misma estructura socioeconómica que había estado vigente durante la época colonial; de hecho, Mariano de Aycinena era el gobernador del Estado de Guatemala y el asesor del presidente federal retirado, el general Manuel José Arce y Fagoaga.
  • Y, por último, estaba el líder criollo liberal hondureño Francisco Morazán, quien contaba con el apoyo de Inglaterra y abanderaba la causa del liberalismo anticlerical para expulsar a los conservadores del poder.

La conferencia de Ballesteros no llegó a ningun acuerdo, principalmente porque Morazán estaba decidido a hacerse del poder Federal y a saquear cuanto pudiera de los bienes de los conservadores guatemaltecos y de sus principales aliados: las órdenes regulares de la Iglesia Católica.


BIBLIOGRAFIA:


21 de marzo de 1847: Carrera funda la República de Guatemala

21 de marzo de 1847: Carrera funda la República de Guatemala

Luego de más de veinticinco años de guerra civil, la Federación Centroamericana estaba disuelta y en Guatemala se había impuesto el régimen del capitán general Rafael Carrera, quien a sangre y fuego se impuso a los criollos liberales del país y los aplastó cuando quisieron formar su propio estado en Los Altos en 1838.1

Cuando se hizo evidente que Guatemala necesitaba constituirse como República para establecer relaciones comerciales con el resto del mundo, Carrera estableció la República el 21 de marzo de 1847. Con el fuerte apoyo de la Corona Británica el régimen conservador se consolidó y se convirtió en un refugio para los miembros del clero regular que habían sido expulsado de muchos países latinoamericanos por los criollos liberales de esos países, ya que dicho clero había sido la clase social económicamente más poderosa durante la época colonial.1

Mapa de la República de Gutaemala en 1847, cuando esta se estableció.  Nótese que Soconusco ya no aparece dentro del territorio y que el enclave de Belice ocupaba la región al norte del río Belice. Imagen tomada de Wikimedia Commons.
Mapa de la República de Gutaemala en 1847, cuando esta se estableció. Nótese que Soconusco ya no aparece dentro del territorio y que el enclave de Belice ocupaba la región al norte del río Belice. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Decreto de creación de la República:

Véase también: Rafael Carrera

He aquí el decreto en mención el cual, a su vez, incluye los decretos en los que se basa:2

El presidente del Estado de Guatemala, con el importante objeto de fijar, de una manera permanente, el bienestar de los pueblos, cuya administración es a su cargo, dando cumplimiento a la ley constitutiva, debida a la previsión de las legislaturas de 1832 y 33 que dice así:

El Jefe Supremo del estado de Guatemala, por cuanto la asamblea extraordinaria tuvo a bien emitir y la actual ordinaria sancionar el decreto que sigue:

La asamblea legislativa del estado de Guatemala, reunida en sesiones extraordinarias con el principal objeto de dictar medidas que aseguren en el mismo estado el orden constitucional y la tranquila pública:

Considerando: que la forma de gobierno que han adoptado la nación, no está del todo cimentada, y que antes bien, los movimientos populares del estado de El Salvador y el pronunciamiento de la Asamblea de Nicaragua, presentan los síntomas más tristes de la disolución del pacto federal.

Conociendo, que si por desgracia llegase esto a suceder, acaso los enemigos del orden para entablar la anarquía reputarán por roto el lazo que une entre sí a los pueblos del estado, desconociendo la misión de sus altos poderes.

Deseando prevenir estos males y conservar en todo caso la integridad del estado; previos los trámites prescritos por la constitución y con unanimidad de votos, ha venido en decretar y decreta:

Art. 1°.— Si por algún evento ó en cualquier tiempo llegase á faltar el pacto federal, el estado de Guatemala se considera organizado como preexistente a dicho pacto, y con todo el poder necesario para conservar el orden interior, la integridad de su territorio y poder libremente formar un nuevo pacto con los demás estados, ó ratificar el presente, ó constituirse por sí solo de la manera que mas le convenga.

Art. 2°.— El artículo anterior se tendrá como adición al 11.° , sección 1.° de la constitución del estado.

Art.3 °.— Se sujetará el presente decreto á la ratificación de la próxima legislatura ordinaria.

Dado en Guatemala, á veintisiete de enero de mil ochocientos treinta y tres.  [Siguen las firmas de los diputados]

Y la presente legislatura ordinaria, en uso de la facultad que le concede el artículo 265 de la constitución del estado, ha venido en sancionar, por unanimidad de votos, el decreto que antecede, de veintisiete de enero de mil ochocientos treinta y tres.

Dado en Guatemala, á veintiséis de febrero de mil ochocientos treinta y tres. [Siguen las firmas de los diputados, entre quienes estaba el futuro jefe de Estado Mariano Rivera Paz, entonces diputado por Verapaz]. Guatemala, abril 12 de 1833.

Ejecútese. Firmado de mi mano, sellado con el sello del estado, y refrendado por el secretario del despacho general del gobierno. Mariano Gálvez— Y por disposición del poder ejecutivo se inserta en el boletín oficial para los efectos consiguientes. —Dios, unión, libertad.— Guatemala, abril 12 de 1833.

Y considerando:

      1. Que en el espacio de ocho años transcurridos desde la disolución del pacto federal que este estado concurrió a formar con los demás de Centro América en 1824, no ha sido posible restablecer dicho pacto, ni formar otro nuevo, y Guatemala no ha podido ejercer la parte del poder público que tenía cometida a las autoridades federales, y se ha visto privado de las relaciones políticas que era de su deber abrir y fomentar, para aprovecharse de los progresos de la civilización y de los frutos de la paz, que afortunadamente ha gozado en estos últimos años.
      2. Que durante esta situación desventajosa y de tanto peligro, que ha debido cesar desde que se observó ser infructuosas las tentativas de reorganización por no haberse llegado á reunir la convención ni la dieta, convocadas en distintas épocas para aquel objeto, se han sufrido usurpaciones permanentes y otros ultrajes de parte de nuestros vecinos, sin que de la nuestra pudieran emplearse para reparar ó impedir estos males, los medios de que las naciones usan en semejantes casos por no poder dichos estados servirse directamente del derecho de gentes.
      3. Que en consecuencia, se incurriría en grave responsabilidad dejando continuar por más tiempo esta situación excepcional, cuyos enormes inconvenientes son obvios, principalmente para los que han estado encargados del gobierno, y tenido que transigir, por no ser posible terminar legalmente, cuestiones que de otra manera exponían al estado y comprometían su misma existencia.
      4. Que habiéndose ofrecido en el decreto de 17 de abril de 1839, que continuanan sin alteración las disposiciones federales que tocasen al exterior, el estado ha quedado sujeto a leyes en las cuales no puede introducir las reformas que el transcurso del tiempo y nuevas circunstancias hacen necesarias; lo que envuelve el absurdo de que hallándose el mismo estado independiente de hecho, lo es solamente para tener obligaciones, y no para hacer respetar sus derechos.
      5. Que en la expectativa de reorganización nacional, el estado no ha podido darse una constitución política, porqué en la incertidumbre de los términos y condiciones en que aquella pudiera tener efecto, era imposible fijar el número y la entidad de las facultades que el estado debiera reservarse, pudiendo tal reorganización verificarse desde la adopción de un sistema que produjese la fusión completa de intereses hasta el de la confederación intentada inútilmente; y también porque Guatemala no ha querido prevenir ni poner obstáculo de ningún género a la reforma proyectada.
  1. Por tanto, en ejecución de la ley de 27 de enero de 1833, y para que pueda utilizarse la autorización concedida por la asamblea constituyente en decreto de 27 de Julio de 1841, que dice así:

    El gobierno queda autorizado por el presente decreto y se le faculta, cuanto sea bastante, para proveer á la seguridad y defensa del territorio, y para mantener las buenas relaciones con el exterior, según convenga al estado, sin considerarse restringido en aquellas atribuciones que anteriormente ejercía el gobierno federal:

    Con anuencia del consejo y demás autoridades del estado, declara y decreta:

      1. El estado de Guatemala se halla en el caso prevenido en la última parte del artículo 1°. de la preinserta ley constitutiva: en consecuencia, le corresponde todo el poder de nación independiente; y se considera en toda la capacidad de cuerpo político.
      2. La representación popular, que será convocada para deliberar sobre el proyecto de constitución que presentará el gobierno, tomará en consideración, de preferencia, ésta declaratoria.
      3. Todos los habitantes del estado, sus autoridades y funcionarios obrarán en el sentido de esta declaratoria, dada en ejecución de una ley constitutiva; y aquellos á quienes corresponda, cuidarán de que los actos públicos como las ejecutorias y provisiones de los tribunales, sean expedidas a nombre de la REPUBLICA DE GUATEMALA.
      4. Continuando vigentes, como lo están, y en su vigor y fuerza los tratados y convenios existentes con los demás estados, sus ciudadanos gozarán en Guatemala de las consideraciones a que tengan derecho por dichos convenios, ó por los que en adelante se celebren.
      5. La absoluta independencia en que ahora se constituye esta república, no será jamás un obstáculo á la reorganización de Centro-América, y los otros estados hallarán perpetuamente en Guatemala la misma favorable disposición de su antigua confraternidad.
      6. Todo acto en contravención a lo dispuesto en la ley de 27 de enero de 1883, y a la presente declaratoria, se reputará como una hostilidad, si viniere del exterior; y si de parte de los habitantes de esta república, como una traición que será juzgada y castigada con arreglo á las leyes existentes.

Dado en el palacio del supremo gobierno de Guatemala, a veintiuno de marzo de mil ochocientos cuarenta y siete.

(f.) Rafael Carrera.

(f.) El secretario del interior, J. Antonio Azmitia.2

Gobierno conservador tras la creación de la República:

Véase también: presidencia vitalicia de Carrera

El régimen de Carrera se mantuvo hasta la muerte del caudillo, aunque tuvo un breve exilio entre 1848 y 1849, y los conservadores se mantuvieron en el poder hasta el 30 de junio de 1871.  En esa fecha los criollos liberales liderados por J. Rufino Barrios y Miguel García-Granados y Zavala vencieron al ejército del presidente, el mariscal Vicente Cerna, con apenas un puñado de insurrectos pero con modernas armas proveídas por el gobierno mexicano de Benito Juárez.1


Bibliografía:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.

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