4 de junio de 1829: decreto federal de Francisco Morazán considera usurpador al gobierno conservador de Guatemala de 1826 al 29 y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias

4junio1829
En la imagen: la antigua Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro a principios del siglo XX. En este edificio funcionó originalmente la Real y Pontificia Universidad de San Carlos y luego el Congreso Federal. Allí fueron hechos prisioneros los conservadores derrotados por Morazán en 1829. Imagen tomada del Museo de la Universidad de San Carlos.

Tras la victoria del general liberal hondureño Francisco Morazán el 12 de abril de 1829, éste hizo prisioneros a los criollos aristócratas, todos ellos miembros o parientes de la familia Aycinena, que había tomado el poder en Guatemala tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.1

 

Por medio del decreto del 4 de junio de ese año, el gobierno federal se declaran nulas las elecciones del Estado de Guatemala del 31 de octubre de 1826, considera usurpadores de la soberanía de dicho Estado a todos los que legislaron hasta 1829, y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias.2

De acuerdo al historiador conservador Antonio Batres Jáuregui (quien a pesar de ser conservador fue funcionario de los gobiernos liberales desde J. Rufino Barrios hasta Manuel Estrada Cabrera), aquel decreto “con mengua del derecho natural y de todo sentimiento humanitario, fue, para nuestra desventurada tierra, causa de grandes dolores y fuego voraz que incendió la pasión partidista, a la cual se deben sangrientas luchas, devastaciones, miserias y lágrimas.”3

Dicho decreto fue recogido en la Recopilacidn de Leyes de la República de Guatemala de 1821 a 1869 escrito por Manuel Pineda de Mont, pero sus artículos 2.° y 3.° fueron editados porque incluían nombres y apellidos de las familias aristócratas que habían sido miembros del gobierno de 1826 a 1829.  El decreto dice así:

1.° Se declaran nulas y contrarias a las leyes fundamentales de la República y del Estado las elecciones celebradas en virtud del decreto anti-constitucional del presidente de la República, de 31 de octubre de 1826, y las siguientes de 27 y 28.

2.° Editado

3.° Editado

(Nota de HoyHistoriaGT: Los artículos 2.° y 3.° declaran reos de usurpación y traición a los que ejercieron la autoridad en virtud de las elecciones mencionadas en el artículo 1.°, y los listaba con nombres completos y los condenaban a muerte obligándolos antes a devolver lo que habían ganado en concepto de salario durante su gestión. Además, se agregaba la confiscación de bienes a los principales miembros de la familia Aycinena y del gobierno conservador.4)

4.° Son nulas y de ningun valor las determinaciones que con el nombre de leyes, decretos, órdenes, acuerdos, providencias y reglamentos hayan sido dictadas por estos poderes intrusos, y quedan en su vigor y fuerza las emitidas por las legítimas autoridades, hasta el 13 de octubre de 1826.

5.° Se han por válidos y subsistentes los actos emanados de la corte superior y jueces de primera instancia en lo civil y criminal en todas las causas, con excepción de las que se versan sobre materias políticas; pero quedan expeditos a las partes, en las causas puramente civiles, los recursos de nulidad e injusticia notoria, debiendo correr el término designado por la ley desde la publicación de este decreto.5

Aunque eventualmente las penas de muerte fueron conmutadas, los principales miembros del partido conservador fueron condenados al exilio, de acuerdo al decreto del Congreso Federal del 7 de septiembre de 1829, que dice así:

4.° Serán expatriados perpetuamente y confinados fuera la república, al país que designe el gobierno de acuerdo con el senado:

  • Primero: El ex-presidente y ex-vicepresidente de la República Manuel José Arce y Mariano de Beltranena,
  • Segundo: Los ex-secretarios de estado y del despacho de Relaciones Juan Francisco de Sosa, y de Guerra Manuel de Arzú,
  • Tercero: Los jefes de sección que funcionaron como secretarios en los mismos ramos, Francisco María Beteta y Manuel Zea.
  • Cuarto: Los primeros y segundos jefes del ejército federal que sirvió a disposición del gobierno durante la revolución, Francisco Cáscara, Manuel Montúfar y José Justo Milla, pues los demás quedan incluidos en este artículo bajo otros aspectos. (Nota de HoyHistoriaGT: José Justo Milla fue el padre del escritor José Milla y Vidaurre).
  • Quinto: El que se tituló jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena.
  • Sexto: Los que le sirvieron en calidad de secretarios, Agustín Prado, José Francisco de Córdova, Antonio José de Irisarri, José de Velasco, Vicente Domínguez y Vicente del Piélago.
  • Séptimo: El comandante general que fue de las armas de la federación y del estado, Antonio del Villar.1

BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala. pp. 114-120.
  2. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  3. Batres Jáuregui, Antonio (1946). La América Central ante la Historia. Memorias de un siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 131.
  4. — (1896). Literatos guatemaltecos: Landívar e Irisarri, con un discurso preliminar sobre el desenvolvimiento de las ciencias y las letras en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 185.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 239-240.

29 de mayo de 1839: tras el golpe de estado de Rafael Carrera se establece una Asamblea Constitutiva que emitió una Constitución en 1842 aunque nunca fue ratificada

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Plaza de Armas de la Nueva Guatemala de la Asunción en la época en que se convocó a la Asamblea Constituyente de 1839.  En el recuadro: el general Rafael Carrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los máximos líderes de Guatemala del siglo XIX fueron el general católico conservador Rafael Carrera quien impuso su voluntad de 1839 a 1865 y el general anticlerical J. Rufino Barrios, quien lo hizo de 1871 a 1885. Ambos llegaron al poder después de revoluciones, ambos fueron el verdadero poder detrás de los jefes de estado o presidentes provisorios, y ambos gobernaron sin el amparo de una Constitución durante los primeros años de sus respectivos gobiernos.  Como corolario, ambos consiguieron que las Asambleas Constituyentes les redactaran una Constitución que amparara su estilo de gobierno y les permitiera perpetuarse en el poder; Carrera consiguió su constitución en 1851 y Barrios en 1879.  Y no es que no hubiera intentos por establecer una constitución, que sí los hubo.  Lo que ocurría era que no satisfacían las necesidades de Carrera o de Barrios, y quedaban en letra muerta.

El primer intento de hacer una constitución para el Estado Independiente de Guatemala se hizo cuando éste se separó de la República Federal de Centro América el 17 de abril de 1839, y se eligió a una Asamblea Constituyente para el efecto el 29 de mayo.1 Pero el estado de cosas en el país no era estable en lo absoluto; el Estado de Los Altos se había separado en 1838 y cuando los indígenas le pidieron ayuda a Carrera para que los ayudara contra la opresión de los criollos liberales de la región, éste combatió a las fuerzas altenses y recuperó el territorio para Guatemala.2 Esta situación, a su vez provocó que el jefe de Estado de El Salvador, el líder liberal Francisco Morazán invadiera a Guatemala.  Carrera y Morazán se enfrentaron en la capital guatemalteca y el general guatemalteco infringió una definitiva derrota al hondureño, quien huyó a El Salvador dejando a sus hombres a su suerte.  Aunque el hecho resultó en una decisiva victoria para las armas guatemaltecos, retrasó la discusión de la Asamblea Constituyente,3

La Asamblea finalmente redactó y firmó un proyecto el 29 de enero de 1842 y dió orden de imprimirlo el 20 de abril del mismo año luego de que una comisión conformada por los criollos aristócratas Aycinena, Pavón, Dardón, Colom, Andreu y Estrada le diera su aprobación.  Luego de impresa, se empezó a discutir en sesión pública el 1 de julio de 1843, aprobando el 6 de ese mes el primer artículo.  Pero hasta allí llegó la discusión, que quedó en suspenso el 3 de octubre cuando los diputados Pavón y Andreu solicitaron que ya no se siguiera discutiendo.4  Así terminó el primer intento de redactar una constitución para el gobierno conservador.

Viendo que el clero, y en especial el marqués de Aycinena, Juan José de Aycinena y Piñol, estaban intentando hacerse con el poder absoluto en el país, Carrera organizó una falsa sublevación en Pinula, la que utilizó para firmar un convenio en la Villa de Guadalupe el 11 de marzo de 1844, por medio del cual se organizó un congreso que prohibió a los clérigos participar en política, con lo que salió del molesto Aycinena.  Por otra parte, aquel congreso redactóuna constitución el 16 de septiembre de 1845, pero nunca fue sancionada porque dicha constitución era copia de la que habían redactado en el Estado de Los Altos y no aplicaba al estado guatemalteco.  Esto dió por finalizado el segundo intento de escribir una constitución para el Estado.4

Carrera finalmente se hizo con la jefatura del Estado en 1844, en sustitución de Mariano Rivera Paz, pero cuando en 1846 todavía no se había establecido una constitución en el Estado un partido de jóvenes estudiantes universitarios decidieron llenar aquel vacío constitucional, asesinando al presidente Carrera para así convocar una constituyente auténtica, y dar al poder militar una organización regularizada. Así, el 26 de junio de 1846, cuando habrían de celebrarse en la Iglesia Catedral las honras fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien había muerto en el exilio en la Habana, los estudiantes llegaron armados al templo para asesinar al Jefe de Estado, pero su plan fracasó y los tuvieron que salir al exilio a Chiapas tras pasar un tiempo encarcelados en el Castillo de San José.5,6

El 21 de marzo de 1847 Carrera fundó la República de Guatemala, convirtiéndose en su primer presidente, y nuevamente convocó a a una constituyente en 1848, la cual fue disuelta en 1849 luego de queCarrera tuviera que salir al exilio cuando el país entró en una completa anarquía y los criollos (tanto conservadores como liberales) le pidieron la renuncia.  Carrera se fue a México, y regresó en 1849, aunque como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, bajo el presidente Mariano Paredes, aunque todo el país sabía quien era el que verdaderamente gobernaba.7  La Asamblea Constituyente se disolvió, y el asunto quedó nuevamente incluso.4

Fue hasta después del triunfo de Carrera en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851, que finalmente una Asamblea Constituyente logró aprobar la Constitución de la República de Guatemala, la cual estuvo vigente hasta el 30 de junio de 1871, cuando fue sustituida por el Acta de Patzicía que firmaron los criollos altenses liberales para desconocer el gobierno del mariscal Vicente Cerna, dando inicio nuevamente a un largo proceso para redactar una nueva constitución.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. Tomo I. Imprenta de la Paz. p. 85.
  2. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  3. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, p. 86
  5. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión TIpográfica.
  6. Vela Salvatierra, David (1943). “Juan Diéguez Olaverri”, en Literatura guatemalteca. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 2 y siguientes.
  7. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  8. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, pp. 79-85.

 

17 de febrero de 1840: entrada triunfal del general Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala tras vencer y reincoporar al Estado de Los Altos

17febrero1840
El desaparecido Palacio Municipal de la Ciudad de Guatemala, que se encontraba en donde hoy en día está el Palacio Nacional.  Hasta aquí llegó el desfile triunfal de Carrera el 17 de febrero de 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Como bien dice el historiador Federico Hernández de León, “la lucha de los partidos, estimulada por los medios ha provocado la casi totalidad de los desastres sociales sucedidos en Guatemala”.  Y es que no importa si los criollos abrazan la bandera de conservadores o de liberales; o  la de comunistas o de anticomunistas; lo único que persiguen es gobernar al país, aunque carezcan (como lo han demostrado desde la anexión a México en 1822) de planes definidos y programas coherentes de gobierno.  Los enemigos políticos han cambiado de  nombre, pero los resultados han sido siempre el desastre económico de la nación.

A principios de 1840, cuando ya la República Federal de Centro América estaba en sus esterores de agonía, eran los liberales liderados por José Francisco Barrundia los que se enfrentaban por todos los medios a los conservadores aristócratas encabezados por Manuel Francisco Pavón y Aycinena. Y había, como hay ahora, traidores a la causa que se cambiaban de partido a media contienda;  nuestros más eminentes escritores locales, el poeta José Batres y Montúfar dejó a los conservadores y abrazó la causa liberal, mientras que el novelista e historiador José Milla y Vidaurre, pasó de ser un ferviente liberal antiaristócrata que ya no soportaba “el rancio abolengo” de los Aycinena, a ser uno de los ministros más importantes del gobierno del capitán general Rafael Carrera.

Era presidente en esa época el licenciado Mariano Rivera Paz, a quien Hernández de León describe como “bondadoso, afiliado en sus tiempos de simple diputado al ala de los liberales y después de un tiempo se metía de lleno al partido conservador hasta ser una de las figuras salientes y determinantes del régimen de los treinta años“. Pero. contrapuesto a aquel gobernante benévolo, estaba la fuerte figura del general Carrera, quien defendía la religión católica a sangre y fuego y, en consecuencia, tenía una relación de mutuo desprecio con los liberales anticlericales.

El Estado de Guatemala estaba muy debilitado, pues los criollos liberales se habían aglutinado en el Estado de Los Altos y constituyeron su propio gobierno, segregando prácticamente la mitad del territorio.  Los criollos liberales intentaron hacer su voluntad contra el campesinado indígena, manteniendo las leyes civiles y el impuesto individual a los indígenas, que tantos problemas le ocasionaron al depuesto Dr. Mariano Gálvez y que, eventualmente, condujeron a su derrocamiento a principios de 1838.  Aquello produjo un gran descontento entre la población campesina, y luego de que una rebelión en Santa Catarina Ixtahuacán fuera sofocada con gran violencia por las autoridades altenses que no toleraban la “insubordinación de los bárbaros“, fueron a pedir ayuda a Carrera, en quein confiaban por ser mestizo.

Carrera y el ejército guatemalteco llegaron a Quetzaltenango y, de acuerdo con Hernández de León, “los defensores de [la] integridad [de Los Altos] fueron deshechos, a los golpes de las armas oficiales mandadas por Carrera; la cabeza del coronel Corzo, puesta sobre una pica, entró en Quetzaltenango como un trofeo; en la acción de Godínez y Panajachel cayeron muchos prisioneros de importancia y Carrera pudo gloriarse de haber destruido el nuevo Estado y tener en sus manos a su mayor general, Agustín Guzmán.”  Además, Carrera le advirtió a los miembros del ayuntamiento quetzalteco que por ser esa la primera vez que lo retaban no iba a tomar represalias (!), pero que si lo volvían a molestar, sabrían quién era él en verdad.

Cuando se supo en la Ciudad de Guatemala del retorno del general victorioso, los vecinos salieron con sus trajes de domingo a esperar a Carrera y engalanaron la Calle Real (hoy 6a. avenida del Centro Histórico) con las mejores galas que pudieron encontrar.  Encabezados por los Aycinena, los pobladores de la capital alzaban vítores para el vencedor y declaron aquel 17 de febrero de 1840, como “el día más feliz de la Patria“.  Y al llegar al viejo Calvario, el ejército fue recibido por los miembros de la Municipalidad con un abundante almuerzo, antes de que continuaran su desfile de ingreso a la ciudad, llevando detrás de sí a los soldados derrotados y a los oficiales vencidos, encadenados y montados en bestias para el escarnio público.  El mayor general Guzmán iba sobre una mula, encadenado, con golpes en la cara producto de la batalla y sus heridas aún sangrantes.  Todos los vecinos vitoreaban a Carrera y davan vivas a la Virgen Santísima y a la Santa Religión.

Pero, en realidad, aquel triunfo de Carrera contra los criollos liberales en Los Altos lejos de alegrar a los conservadores de la familia Aycinena, los aterrorizó, porque sabían muy bien que el aún presidente de la Federación Centroamericana y Jefe de Estado de El Salvador, general liberal Francisco Morazán, junto con todos los liberales de Honduras y El Salvador, así como todos los exiliados guatemaltecos que allí vivian, se alzarían en armas y tomaran represalias contra ellos invadiendo a Guatemala, tal y como había ocurrido en abril de 1829, cuando los criollos aristócratas no solamente perdieron muchas propiedades, sino que fueron expulsados del Istmo.  Esta vez estaban adulando a Carrera para que los protegiera del invasor, aunque no tenían una gran confianza en el resultado.

Y tal y como lo temían los aristócratas de “las familias“, Morazán invadió a Guatemala el 17 de marzo, pero esta vez no estaba enfrentando al ejército de Mariano de Aycinena, sino a las hordas experimentadas de Carrera, y el resultado de su agresión sería muy diferente.  Los quetzaltecos, creyendo que Morazán iba a derrotar fácilmente a Carrera, se alzaron nuevamente, y tuviron la desgracia de saber quién era realmente el “caudillo adorado de los pueblos“.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

25 de noviembre de 1855: el capitán general Rafael Carrera presenta su primer informe anual como presidente vitalicio a la Cámara de Representantes

25noviembre1855
El Teatro Carrera, construido en la época en que se presentó el informe anual de 1855.  El escudo en el portal del teatro era el de la República de Guatemala en esa época.  En el recuadro:  la porta del informe anual del presidente, con la ortografía de la época.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 25 de noviembre de 1855 presentó el capitán general Rafael Carrera, presidente de vitalicio de Guatemala, su informe anual a la Cámara de Representantes como parte de la apertura de sesiones del cuerpo legislativo.

Los puntos que tocó Carrera en su informe fueron los siguientes:

Presidencia vitalicia:

En su reporte, Carrera reporta que las disposiciones acordadas por la Cámara de Representantes el año anterior se habían ejecutido sin dificultad, y agradeció especialmente las que tuvieron por objeto modificar la Constitución “en consecuencia del acto que declaró perpetua en su persona la autoridad que ejercía“.

Fallecimiento de Manual Francisco Pavón:

Carrera describió así la muerte del líder conservador Manuel Francisco Pavón y Aycinena: “la dolorosa pérdida de uno de sus mas celosos é inteligentes servidores, del Ministro de lo interior, miembro del Consejo de Estado é individuo de este respetable cuerpo. No fué de poco consuelo para mi, al verme privado de los servicios de este distinguido ciudadano, el observar el sentimiento unánime de pesar que ocasionó su fallecimiento.”

Tratado de relaciones con España:

Aunque habia estado suspensa la negociación iniciada para ajustar un tratado con la España, que ademas de mantener y afianzar los vínculos entre ambos países pusiera término a las cuestiones suscitadas sobre nacionalidad de sus ciudadanos.

Situación en México:

Carrera hizo referencia al derrocamiento del presidente conservador Antonio López de Santa Anna en México, indicando “los graves acontecimientos que han tenido lugar recientemente en la República mexicana, agitada durante tantos años” la tenían “de nuevo expuesta a la anarquía y al desorden“. Esto afectaba a Guatemala porque se habían interrumpido las negociaciones de un tratado que de comercio con México, y por la situación que había en esos tiempos por el reclamo territorial sobre los territorios de Soconusco y Chiapas.

Derrocamiento de Trinidad Cabañas en Honduras:

Carrera reportó que “agotados los medios de traer á un término pacífico las dificultades suscitadas por el Presidente de Honduras, fué necesario al fin emplear las fuerzas de la República para terminar una situación violenta, que no podia prolongarse por más tiempo.”  Después de dos años de estar soportando la constante amenaza del gobierno hondureño, se negoció la paz, que no aceptó el Presidente de Honduras. Entonces Carrera no tuvo más remedio que invadir Honduras y derrocar al gobierno de ese país tras dos cruentas batallas.

Situación en Nicaragua:

Como indica Carrera en su reporte, Nicaragua estaba inmersa en una guerra civil entre liberales y conservadores, y la presencia de los filibusteros estadounidenses de William Walker.  Menciona que estaba pendiente de lo que estaba ocurriendo en aquella nación, pero no había intervenido en ella todavía.

Situación en el interior de la República:

Las cosechas de 1855 fueron abundantes, aliviando así la escasez del año anterior y que afectó principalmente a las clases pobres. Por otra parte, se había mantenido la concordia y la unidad, lo que llevaba a una mejora visible de la “condición moral y material“. La tranquilidad se había mantenido en todos los departamentos, exceptuando en la Verapaz, en donde algunos forajidos vivían abrigados en las montañas “sin religión y sin gobierno“; y en Quetzaltenango, en donde un grupo de asaltantes lograron sorprender la pequeña corta guarnición, causando desórdenes y asesinatos.

Fomento e infraestructura:

Los caminos, que por tantos años permanecieron abandonados y casi intransitables, fueron reparados y estaban comenzando a construir el camino de la capital a la costa del Norte, y con miras a mejorar el comercio, ya que esa vía es la que unía al país con Europa y los Estados Unidos. También contratqaron a un buque de vapor para navegar en el lago de Izabal y en el golfo de Honduras, con la intención de hacer entronque frecuente con la línea de vapores ingleses que tocan en dicho Golfo.

Seguridad y gobernación:

En materia de seguridad, Carrera indicó que los agentes del gobierno no bastaban, por si solos, a asegurar el bien común. Indicó que necesitaban de la cooperación de todos, incluyendo el buen ejemplo del clero,  y la rectitud de los magistrados, ya que hasta entonces la acción de la justicia había estado “oscurecida en los tiempos de turbación, entre fórmulas vanas ó viciosas”. Asimismo, indicó que era necesario que todos los que ejercían funciones públicas y administrativas, trabajaran con dignidad y honradez, y que ayudaran “a la represión de los fraudes y de los abusos“.

Hacienda pública:

La hacienda pública todavía no había podido terminar los pagos de los compromisos contraidos para mantener el estado militar que se había mantenido desde 1837, y había tenido que recurrir al crédito para cumplir con sus erogaciones. A pesar de todo, Carrera reportó que había un rendimiento creciente de las rentas, lo que indicaba la continuada  amortización de la deudacon la mas estricta puntualidad. También indicó que el crédito se había afianzado más, como lo demostraba el valor que tenían en el mercado las obligaciones de la tesorería nacional.

Educación:

En su informe, Carrera indica que se había emitido un nuevo reglamento para la Universidad, con el fin de “mejorarla notablemente” y basado en la experiencia y las necesidades mismas que se experimentaban en él.  También reportó que las ciencias y las artes se estaban impulsando en el Seminario Tridentino, el cual contaba entonces con un “considerable número de profesores“, y que cerca de doscientos niños que recibían en él su educación.


BIBLIOGRAFIA:


19 de noviembre de 1844: como parte de la formación de la Compañía Belga de Colonización, se ratifica el tratado sobre sucesión y adjudicación de bienes entre ciudadanos de Guatemala y súbditos de Bélgica

19noviembre1844.png
Mapa del territorio que iba a ocupar la Compañía Belga de Colonización autorizada en 1844.  En el recuadro: la portada del documento donde se formaliza dicha colonia.  Imágenes tomadas de Amérique centrale. Colonisation du district de Santo-Thomas de Guatemala par la Communauté de l’Union, fondée par la Compagnie Belge de Colonisation. Collection de renseignements publiés ou recueillis par la Compagnie 

Por consejo del obispo Juan José de Aycinena y Piñol, el jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz le dió a la Compañía Belga de Colonización la región de Izabal en 1843 a perpetuidad a cambio de que la compañía pagara dieciséis mil pesos cada año al gobierno de Guatemala.​ Los colonos tenían que convertirse al catolicismo y adoptar la ciudadanía guatemalteca, pero tenían el privilegio de tener su propio gobierno;​ también se comprometieron a dar al gobierno guatemalteco dos mil fusiles, a construir un puente de metal sobre el río Motagua y a construir un puerto en la bahía de Amatique, en la localidad de Santo Tomás de Castilla. Además de las obras de infraestructura, Aycinena consideraba que la colonia de belgas católicos era una buena contención a las pretensiones de los británicos protestantes y su contrabando comercial en Belice.​

Para facilitar el intercambio de bienes para los colonos belgas, el gobierno de Rivera Paz y del rey de Bélgica suscribieron el siguiente convenio:

La asamblea constituyente del estado de Guatemala,

Habiendo tomado en consideración el tratado celebrado en diez y nueve de julio del corriente año entre su excelencia el presidente del estado, y su majestad el rey de los belgas, cuyo tenor es el siguiente:

Convenio celebrado entre su excelencia el presidente del estado de Guatemala y su majestad el rey de los belgas, para arreglar la manera de suceder y adquirir bienes los naturales de uno y otro pais.

Su excelencia el presidente del estado de Guatemala en Centro América por una parte, y por la otra su majestad el rey de los belgas, deseando arreglar por estipulaciones formales los derechos de los ciudadanos respectivos de ambos países, en cuanto a la trasmisión de bienes, han conferido a este efecto sus plenos poderes, su excelencia el presidente del estado de Guatemala al señor Marcial Zebadúa, decano de la suprema corte de justicia; y su majestad el rey de los belgas, al señor Marcial Cloquet, su cónsul en Guatemala, quienes después de haberse comunicado sus plenos poderes y hallándolos en debida forma, han convenido en los artículos siguientes:

Aitículo 1°. —Los ciudadanos del estado de Guatemala gozarán en toda la extensión del territorio de la Bélgica, el derecho de recoger y trasmitir las herencias ab intestato o testamentarias, de la misma manera que los súbditos belgas, y sin estar sujetos, en razón de su calidad de extranjeros, á ninguna deducción ó impuesto que no sea debido por los naturales.

Recíprocamente, los ciudadanos belgas gozarán en toda la extensión del territorio del estado de Guatemala, del derecho de recoger y trasmitir las herencias ab instestato o testamentarias, de la misma manera que los súbditos de Guatemala, y sin estar sujetos, en razón de su calidad de extranjeros, a ninguna deducción ó impuesto que no sea debido por los naturales. La misma reciprocidad entre los subditos de los dos países existirá en cuanto á las donaciones entre vivos y cualquiera otra manera de adquirir conforme a las leyes. (Nota de HoyHistoriaGT: se prepara aquí entonces el camino para que los belgas en la Colonia de Izabal puedan poseer bienes en el resto del Estado de Guatemala).

Artículo 2°.— -A la exportación de los bienes adquiridos por cualquier título que sea, ya por ciudadanos del estado de Guatemala en la Bélgica, ya por ciudadanos belgas en el territorio del estado de Guatemala, no se exigirá sobre estos bienes, ni en el estado de Guatemala, ni en el reino de la Bélica derecho alguno de los conocidos con los
nombres de ‘jus detractus, gabella hereditaria y census emigrationis’, ni otro cualquiera al que los naturales no estén obligados.

Artículo 3°. — Lo convenido en los artículos anteriores, se extiende no solamente a los derechos allí mencionados que pueden pertenecer al fisco, sino también á todos aquellos cuya percepción correspondiese a algun individuo, comunidad o fundaciones públicas. (Nota de HoyHistoriaGT: obviamente se hace referencia aquí a la Compañía Belga de Colonización que se estableció en Izabal).

Artículo 4°. — El presente convenio será ratiticado por su excelencia el presidente del estado de Guatemala y por su majestad el rey de los belgas, y canjeadas las ratificaciones dentro del término de ocho meses, ó mas pronto si ser pudiere.

En fé de lo cual, los plenipotenciarios respectivos han firmado y sellado el presente convenio, por duplicado original, en la ciudad de Guatemala, el dia diez y nueve de julio del año de gracia de mil ochocientos cuarenta y tres.

  • Marcial Zebadúa.
  • Marcial Cloquet.

Encontrándolo útil y conveniente a los intereses de los habitantes del estado; y de conformidad con el dictámen de la comisión de gobierno, ha decretado: Se aprueba el tratado celebrado entre su excelencia el presidente del estado, y su majestad el rey de los belgas el diecinueve de julio del corriente año.

Pase al gobierno para su publicacion y cumplimiento.

Dado en el salón de sesiones.

Guatemala, nueve de agosto de mil ochocientos cuarenta y tres.

  • José Mariano Rodríguez, presidente.
  • Andrés Andreu, secretario.
  • Manuel Ubico, secretario.
  • Palacio del gobienio. Guatemala, 19 de noviembre de 1844.

Por tanto: ejecútese.

Y por disposición del excelentísimo señor presidente del estado, se imprime, publica y circula.

Guatemala, noviembre 19 de 1844— Pavón.

Sin embargo, las condiciones del área eran inhóspitas y empezaron a mermar rápidamente la salud de los belgas.​ Para 1853, la colonia ya había fracasado, las obras de infraestructura prometidas no se construyeron, y los colonos belgas se habían dispersado al interior de la República de Guatemala, aprovechando el decreto arriba mencionado para hacerse de bienes en la misma.


BIBLIOGRAFIA:


30 de julio de 1823: la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América elimina los títulos y tratamientos de distinción que se utilizaban hasta entonces

30julio1823
Fuente del patio interior del desaparecido Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala en 1875.  Imagen de Eadweard Muybridge, archivo de Foto Rex, tomada de Wikimedia Commons.

Tras la declaración de la Independencia absoluta de Centroamérica el 1 de julio de 1823 luego del colapso del Primer Imperio Mexicano, los miembros de la Asamblea constiuyente que se estableció en la región a instancias del gobernador mexicano Vicente Filísola establecieron los lineamientos para redactar la Constitución de la Federación.

Como se consideraba que habían sido los criollos aristócratas quienes habían fomentado la malograda anexión al Imperio de Iturbide en 1822, y siguiendo el ejemplo de los liberales que forzaron al rey Fernando VII a aceptar nuevamente la constitución de Cádiz en 1820, la nueva asamblea emitió el siguiente decreto, eliminando el trato preferencial que se les daba hasta entonces:

La asamblea nacional constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, considerando:

Que los tratamientos y títulos de distinción son ajenos de un sistema de igualdad legal, en que los funcionarios y ciudadanos no deben tener otro título que el que sea propio de las funciones que ejercen, ni más distintivo que el que merezcan por sus virtudes cívicas; ha tenido a bien decretar y decreta:

  1. Quedan abolidos todos los tratamientos de “majestad”, “alteza”, “excelencia”, “señoría” y demás que se han usado hasta hoy.
  2. Las autoridades, corporaciones y empleados públicos no se denominarán con otro título, que el que diere la ley al destino o empleo que ejerzan.
  3. Queda abolida la distinción del “don”.
  4. Esta asamblea se denominará “asamblea nacional constituyente”.
  5. El poder ejecutivo, “supremo poder ejecutivo”.
  6. El tribunal que se organice, equivalente al supremo de justicia que establece la constitución española, alta corte de justicia.
  7. Los jefes políticos y diputaciones provinciales conservarán estos nombres.
  8. Los tribunales de las audiencias se denominarán “cortes territoriales de justicia”.
  9. Los ayuntamientos “municipalidades”.
  10. Los prelados diocesanos, tendrán el título de “padre”, unido a la denominación de “arzobispo” u “obispo”.
  11. Los cabildos eclesiásticos continuarán con este nombre.

Esta ley fue modificada el 15 de octubre de 1844 (cuando los aristócratas habían recuperado el poder en Guatemala, tal y como había ocurrido también en España en 1823 cuando Fernando VII recuperó el poder absoluto) renovando los títulos de “Excelencia” para el presidente de la República y otras autoridades, y el de “Su Ilustrísima” para los obispos, hasta que los títulos fueron removidos oficialmente por el gobierno provisorio del general Miguel García Granados poco después de la Revolución Liberal de 1871.


BIBLIOGRAFIA:


23 de mayo de 1854: los pueblos aclaman como presidente vitalicio de Guatemala al capitán general Rafael Carrera

 

23mayo1854
Acta que declara al capitán general Rafael Carrera como presidente vitalicio de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 23 de mayo de 1854, los representantes civiles, militares, y religiosos de todos los corregimientos  y principales poblaciones del país prácticamente al unísono acordaron nombrar como presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera y Turcios.  Y también los principales miembros de su gobierno estuvieron de acuerdo con este nombramiento.1

El gobierno del general Carrera era muy particular, ya que estaba estructurado por tres grandes grupos de poder:  el propio general Carrera y su férrea personalidad, la familia Aycinena y los altos mandos del clero secular, encabezado por el arzobispo Francisco de Paula García Peláez.  Había incluso personajes que estaban en varios grupos, tal el caso del marqués Juan José de Aycinena, quien no solamente era obsipo de Trajanópolis, sino que además era rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gabinete de Carrera.  Aparte de esto, Carrera tenía una excelente relación con los líderes indígenas y gracias a los pactos que suscribió con éstos mantuvo la integridad de la República.2

Aquel gobierno conservaba la influencia de la Iglesia Católica e incluso celebró un Concordato con la Santa Sede en 1852. 3 Solamente la fuerte personalidad del general Carrera y su gran habilidad militar evitó que las fuerzas de los criollos liberales centroamericanos invadieran el país, aunque lo intentaron varias veces. 2 México, por su parte, inmerso en su propia guerra de Reforma y luego en la guerra contra las fuerzas estadounidenses y francesas, no tuvo injerencia en Guatemala en ese tiempo.

Aunque los autores liberales retrataron al gobierno de Carrera como una época oscura y retrógrada en donde él era simplemente el brazo armado de los Aycinena,4 esto no pudo ser más lejano a la realidad pues fueron los criollos conservadores quienes tuvieron que aceptar a Carrera como presidente para no tener que salir del país ya que no eran bienvenidos por los regímenes liberales del área y, además querían evitar a toda costa que los indígenas los lincharan, como estaba ocurriendo en Yucatán con la Guerra de Castas. Y así el nombramiento como presidente vitalicio fue hecho oficial el 25 de octubre de 1854, por medio de un acta en la que se aconsejaba modificar la constitución para reflejar que Carrera era presidente de por vida.2

He aquí como describe el escritor Federico Hernández de León el momento en que Carrera fue elegido presidente perpetuo:1

“Esta traición a las instituciones políticas, cometida por las generaciones del año 54, alcanza una excusa.

Ya era mucha la fatiga ocasionada con treinta años de guerrear.  No había garantía ni para la persona, ni para los bienes.  La agricultura incipiente, las industrias reducidas, el comercio sin in desarrollo beneficioso, se sentían aún más constreñidos, por causas de las revueltas internas y de las invasiones de los otros Estados. Liberales y conservadores se habían sucedido en el poder y, ni las restricciones, ni los procedimientos drásticos, ni la habilidad política, ni la hombría de bien, ni la astucia, dieran resultado para ordernar tanto alboroto.  Solo Carrera lograra, con la rudeza de su espada, aquietar Los Altos, sofocar los levantamientos de la Montaña, poner en cintura a los agitadores y dar la acción de La Arada, que equivalía al sometimiento de Honduras y El Salvador.1

Y los pobres guatemaltecos de mediados del siglo [XIX] vieron en Carrera a un Salvador y buscaron su arrimo.  No les importó cometer la inmensa traición a los principios de la democracia defendida y preconizada: lo que los pueblos ansiaban era sosiego, una tranquilidad que les prestara garantía de vida y de acción. -¿A qué costo?- A cualquiera: ya no importaban los procedimientos.  Paz era lo que necesitaban; paz a cualquier precio para poder dedicarse a distender las actividades.  Y Carrera daba las seguridades de poner en cintura a todo el mundo, a los de arriba como a los de abajo, a los de fuera como a los de dentro.5

A Carrera le llamaban ‘Caudillo’, ‘Salvador de la Patria’, ‘Protector de la Religión’, ‘Hijo Predilecto’, ‘Enviado de la Providencia’; el clero veía a Carrera con arrobos místicos, la aristocracia con respeto profundo,, los liberales con terror, el pueblo con simpatía. El guerrillero se imponía: el rudo montañés, era por estos tiempos un hombre que ya leía y firmaba, que se trajeaba como un dandy, que conservaba con alguna soltura y salpicaba sus frases de observaciones pertinentes, que galanteaba a las niñas bien y que, cada vez que se avistaba con el consul inglés Mr. Chattfield, le decía con acento de la otra vida: -‘Hallo, Mr. Chattfield; how do you do’?5

[…]

Habrá de confesarse que Carrera no llegó a más porque no quiso.  El país se le ponía bajo sus plantas: el servilismo y el vasallaje de los guatemaltecos, tocaba las lindes.  Triste herencia, que después se repitiera ante la figura del general Barrios y, más tarde, ante la […] de Estrada Cabrera.”5

Y así, Carrera gobernó hasta su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1865.

Entre los firmantes del acta del 25 de octubre hay varios personajes históricos que se pueden clasificar en tres grupos: correligionarios de Carrera durante su época de guerrillero, los miembros del clero y los miembros del partido conservador.  He aquí algunos de ellos:6

  • Francisco:  es el arzobispo Francisco de Paulo García y Peláez, líder del clero secular
  • Manual Francisco Pavón:  miembro prominente del clan Aycinena y ministro de Gobernación y de Asuntos eclesiásticos
  • Pedro de Aycinena: miembro del clan Aycinena y ministro de Relaciones Exteriores
  • Luis Batres Juarros: miembro del clan Aycinena y Consejero de Estado
  • Mariano Paredes: expresidente de Guatemala, y brigadier del ejército
  • Pedro José  Valenzuela: expresidente de Guatemala y vice-rector de la Pontifica Universidad de San Carlos
  • Vicente Cerna: correligionario de Carrera desde la época de las guerrillas campesinas y corregidor de Chiquimula; sería presidente de Guatemala de 1865 a 1871.
  • J. Ignacio Irigoyen: miembro del clan Aycinena, brigadier y corregidor de Quetzaltenango
  • Santos Carrera: hermano y correligionario de Carrera, y coronel del ejército.
  • Joaquín Solares: general y correligionario de Carrera
  • Serapio Cruz (“Tata Lapo“): general, y quien luego sería elevado a héroe liberal por morir en una revolución contra el presidente Vicente Cerna.
  • José Víctor Zavala: general, amigo personal de Carrera y diputado en la Cámara de Representantes
  • Fr. José Ignacio Méndez: superior del convento de Santo Domingo
  • Fr. Julián Hurtado: guardián del Colegio de Cristo
  • José Milla y Vidaurre: escritor, representante en la Cámara y oficial mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores6

El lector interesado puede darse una idea de como era la vida durante la larga presidencia del general Carrera leyendo la obra de José Milla y Vidaurre “Cuadros de Costumbres7 y la de Ramón SalazarEl tiempo viejo: recuerdos de mi juventud8  las cuales describen ese período desde la perspectiva de los criollos conservadores, y la de los liberales, respectivamente.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 335.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  4. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 114-165.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides. pp. 336-337.
  6. Junta General de Autoridades (1854). Acta declarando presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  7. Milla y Vidaurre, José (1865). Cuadros de costumbres guatemaltecas. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  8. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.

18 de abril de 1855: muere el líder conservador Manuel Francisco Pavón y Aycinena

 

18abril1855
Iglesia de La Merced, en donde fue sepultado Pavón y Aycinena.  La foto es de 1906 y fue tomada de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes del régimen conservador más desprestigiado por los historiadores liberales que reescribieron la historia de Guatemala luego de la Revolución Liberal de 1871, fue Manuel Francisco Pavón.

 

De él dice el historiador Federico Hernández de León:  “ha sido pararrayos de las iras liberales y sobre su figura, cuando yo era muchacho, tejí una leyenda en la que aparecía don Manuel Francisco con todas las características del Tenebroso de mis antepasados los quiches”

La figura de Pavón empezó a destacar cuando su primo, Mariano de Aycinena se convirtió en el gobernador del Estado de Guatemala.  Cuando Francisco Morazán y su ejército liberal invadió Guatemala y acabó con la familia Aycinena y el clero regular en el país, Pavón ideó establecer una dictadura para Morazán a fin de mantener la integridad de la Federación Centroamericana, algo que el invasor rechazó pues desconfiaba y aborrecía a los criollos conservadores guatemaltecos.  Dice Hernández de León al respecto:  “Morazán – hay que decirlo rotundamente – no tuvo una vision elevada y, desconfiado, rechazó la oferta. Aquella dictadura habría salvado la Federación, habría impuesto la paz y los destinos de la nacionalidad fueran muy otros”.

Una vez triunfaron los guerrilleros católicos al mando del general campesino Rafael Carrera en 1838, Pavón trabajó incansablemente para que su familia recuperara el poder que había tenido antes de que Morazán les embargara todos sus bienes y los expulsara de Centroamérica en 1829.  Cuando los criollos pensaron que Carrera no podría resolver el caos que se vivía en Guatemala por las bandas de forajidos en invasiones liberales desde Honduras y El Salvador, fue el propio Pavón el que le pidió la renuncia al general presidente.

Cuando Carrera regresó al país definitivamente en 1848, Pavón fue su principal aliado.  Era in trabajador incansable: fue ministro de Estado, diplomático y diputado, entre otras cosas.  Redactó varias leyes, entre ellas la Ley de Pavón de educación pública y colaboró con el Ministro Plenipotenciario Británico, Frederick Chatsfield, entonces de gran influencia en el gobierno guatemalteco.

Por este trabajo incansable, enfermó de gastritis y luego de unas vacaciones en Costa Rica con  Mr. Chatsfield, regresó a Guatemala con molestias estomacales de las que ya no se recuperó.  Falleció en la noche del 18 de abril de 1855 y por orden del presidente Carrera, fue sepultado en las bóvedas de la Iglesia de La Merced, entonces a cargo de los padres jesuitas que habían retornado a Guatemala en 1840.


BIBLIOGRAFIA: