19 de mayo de 1779: Matías de Gálvez continúa el traslado a la Nueva Guatemala

El recién llegado Capitán General Matías de Gálvez y Gallardo continúa con la política de su antecesor, Martín de Mayorga, de forzar el traslado de la destruida Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción.

Ruinas abandonadas en la ciudad de Antigua Guatemala a principios del siglo XX. Las ruinas estuvieron en el abandono desde 1779. En el recuadro: el capitán general Martín de Mayorga. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook Central America y Wikimedia Commons.

El traslado de la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala a la Nueva Guatemala de la Asunción fue lento y penoso, a pesar de las presiones que ejercían las autoridades civiles sobre los pobladores de la capital del Reino de Guatemala.

El traslado oficial se hizo efectivo cuando el ayuntamiento de la ciudad de Santiago de los Caballeros se trasladó a la Nueva Capital el 30 de diciembre de 1775, y celebró su primer cabildo en su establecimiento provisional en la Ermita del Cerrito del Carmen el 2 de enero de 1776. Sin embargo, no todos los pobladores se trasladaron, lo que obligó a Mayorga y a su justicia mayor, Fernando del Sobral, a tomar varias medidas drásticas para forzar a quienes se resistían a mudarse. Pero conforme más órdenes de traslado llegaban a la antigua capital, más se resistían sus pobladores a mudarse, aconsejados por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz.1

A finales de enero de 1776 se empiezan a enviar materiales desde la antigua capital, los cuales eran acarreados por indígenas de Jocotenango, quienes eran hostigados como si fueran bestias de carga. Esta situación llegó a un punto tal, que el presbítero Miguel de Larrave le pidió a las autoridades que cesaran aquel hostigamiento en noviembre de ese año, y ésta, a su vez, informaron que no se podía hostigarles porque ellos preferían huir a medio camino.2

A principios del año siguiente, Mayorga ordenó que se evaluara qué se podía utilizar todavía en los antiguos edificios públicos, para determinar si se podían trasladar a la nueva capital. De esta forma, el 14 de febrero el maestro de obras Vicente Cruz le informó que había abundantes materiales en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, en el colegio de San Borja, en la antigua Compañía de Jesús, en la casa de la Moneda y en otras estructuras.2

El 23 de abril de 1777 Mayorga suprimió la enfermería del ayuntamiento, y el 17 de julio le dió un ultimátum al claustro de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo para que se trasladara a la nueva capital «dentro del término de dos meses, sin réplica ni excusa alguna«.2 Y el 28 de julio, harto de que no atendieran sus órdenes, Mayorga promulgó un bando en el que ordenaba no solo el traslado de los habitantes, sino que se derribaran todas las ruinas que todavía quedaran en pie.; Y no contento con esto, el 11 de septiembre envió una carta al rey, quejándose de que el arzobispo Cortés y Larraz estaba entorpeciendo la final traslación del pueglo de Guatemala argumentando que solamente con expresa licencia del Papa se podía construir una nueva catedral en el Reino.3

El 27 de septiembre, Mayorga visitó la antigua capital, y cuando estuvo en el Palacio de los Capitanes Generales dió órdenes de que arrancaran las puertas, ventajas, rejas, lozas, maderas, tapices, cañerías de agua, búcaros, escudos y todo lo que pudiera utilizarse en la construcción del palacio de la Nueva Guatemala de la Asunción. Y le pidió a su justicia mayor, del Sobral, «que se faltaba piedra en la Nueva Capital, arrancara las piedras de las calles«.3

Finalmente, en noviembre de 1777 el claustro de la Universidad se trasladó a la Nueva Guatemala y lo mismo hicieron los agustinos. Los dominicos ya habían empezado su traslado, y Mayorga le dió un plazo de dos meses a los betlemitas, franciscanos, mercedarios y recoletos para hacer lo mismo.3

En 1778 Mayorga prohibió que hubiera guarnición militar en la antigua capital y que ingresara toda clase de mercaderia a la ciudad, a partir del 1 de enero de 1779. El 4 de abril de 1779 Mayorga fue sustituido por Matías de Gálvez, que nombró como justicia mayor a Guillermo de Macé, quien siguió con la obra de forzar el traslado a la nueva capital. De esta cuenta, el 19 de mayo de 1779 emitió los siguientes bandos:

  • Que incontinenti se cierren todas las tiendas, y que no se venda cosa alguna y que los mencionados efectos se deben sacar de este dicho suelo, dentro del término perentorio de quince días.
  • Por cuando las órdenes de su majestad y bando que ha tenido a bien el Superior Gobierno publicar, en esta ciudad, conspirantes a su despueblo y traslación a la Nueva Capital… ha resuelto el Muy Ilustre Señor Presidente, Gobernador y Capitán General de este Reino, que todos los que ejercen oficios públicos, les amoneste, de su orden, no deben dar un golpe sobre ellos, y si disponer el que se trasladen a la cpaital u otros pueblos, distantes a lo menor cinco leguas de éste… debiendo estar enterados que todo oficial, sea de la profesión que fuere deberá desde el día de hoy, suspender su trabajo y dejar este pueblo, en el preciso y perentorio término de quince días… prevenidos de que de no hacerlo, se remitirán bien asegurados, con partida y el correspondiente oficio, sin permitir ni oir excusa alguna…4

Gálvez finalmente logró que Cortés y Larraz renunciara a la mitra en 1780 y que fuera sustituido por Cayetano de Francos y Monroy, quien ayudó considerablemente a la construcción de la Nueva Guatemala de la Asunción.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 212.
  2. Ibid., p. 213.
  3. Ibid., p. 214.
  4. Ibid., p. 215.

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1 de mayo de 1838: prohiben que los sacerdotes sean empleados públicos

En uno de los últimos decretos anticlericales, la Asamblea Legislativa emite un decreto prohibiendo a los crérigos ostentar cargos públicos

Pasillo de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala, que estaba cerrada cuando este decreto se emitió. En el recuadro: el doctor Pedro Molina. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego de la Independencia de Centroamérica en 1821 se formó el partido liberal entre los criollos hacendados que querían para sí el poder que habían tenido los funcionarios españoles y sus principales aliados, los criollos aristócratas. Por otra parte, también se formó el partido conservador, conformados por dichos aristócratas y los miembros del clero. En esa época, los clérigos participaban abiertamente en política y lo hacían siempre que podían.1

Tras la derrota del gobierno del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838 por las huestes de Mita dirigidas por Rafael Carrera,2 la Asamblea Legislativa trataba de poner orden en el estado anárquico en que se encontraba el Estado de Guatemala. Entre los miembros de aquella Asamblea estaba el padre José Quiñónez, representate del clero secular, pero la Asamblea mantenía una mayoría de criollos liberales, liderados por Pedro Molina, José Francisco Barrundia, Mariano Padilla e Ignacio Gómez.1

Quiñónez buscaba que se decretara una amnistía general con lo que pretendía que se permitiera retornar al arzobispo Ramón Casaus y Torres, a los frailes y a los aristócrats expulsados por Morazán en 1829, a lo que se opuso tajantemente el Dr. Molina, quien puso la moción que decía: «Ningún eclesiástico puede ser en el Estado, elector ni elegido, para ningún destino político«.3

A pesar de las objeciones de varios diputados que hicieron ver que los clérigos habían sido parte importante del gobierno colonial y de los primeros años del gobierno independiente, la Asamblea dictaminó lo siguiente:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala,

Considerando: que la separación entre la Iglesia y el Gobierno y la incompatibilidad del ministerio eclesiástico con los empleos seculares se deduce de la esencia de las cosas, y es conveniente y aun necesaria, para la libertad y paz pública y para los progresos de la moral religiosa: que tal separación establecida felizmente en países libres, cultos y religiosos, donde asegura la felicidad nacional y la pureza de la fe, debe consignarse especialmente entre nosotros como necesaria en nuestras circunstancias para calmar el fanatismo y las preocupaciones, que tiende a fomentar la unión del prestigio sacerdotal al poder temporal imperando sobre las instituciones y los negocios civiles, y alarmando las conciencias y la ignorancia popular; y por último, que el precepto del evangelio y leyes canónicas y el espíritu de la Iglesia prohiben a los sacerdotes toda intervención en los asuntos públicos, como ajenos de su sagrado ministerio, se ha servido decretar y DECRETA:

    1. Los Ministros del culto, de cualquier secta religiosa, no podrán ser elegidos ni designados para ningún destino político.
    2. Se reforma en estos términos la Constitución del Estado.

Pase a la próxima Legislatura pa su sanción.

Dado en Guatemala a primero de mayo de mil ochocientos treinta y ocho.4

Fue el útimo de los decretos legislativo que atacaba los intereses del clero, pues poco después, el 25 de julio de 1838, el nuevo jefe de Estado Mariano Rivera Paz emitió un decreto anulando todos los decretos anti-aristócratas y anticlericales que habían emitido de 1829 a 1838,5 y luego los liberales perdieron el poder tras el golpe de estado de Rafael Carrera contra Carlos Salazar el 13 e abril de 1839.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 200.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-40.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 201.
  4. Ibid., p. 203.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y ar1eglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República ;I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.

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25 de abril de 1702: terminan el puente de la calle de los Recoletos

Como parte de la construcción del convento de los miembros del Colegio de Cristo Crucificado de Propaganda fide se termina de construir un puente sobre la calle que da al nuevo convento.

Ruinas de la Iglesia de La Recolección en 1840. En el recuadro: las ruinas en 1875 tras el terremoto de 1874. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En 1683 se estableció el primer Colegio franciscano de Propaganda Fide en el Virreinato de la Nueva España, específicamente en Querétaro. Estos colegios-seminarios de misioneros, tenían una doble finalidad. Por un lado, eran centros de apostolado popular para las poblaciones ya cristianizadas y servían de base de penetración en los territorios habitados todavía por indígenas todavía no convertidos. El grupo original de Querétaro floreció por toda las colonias americanas, estableciendo colegios en Santiago de los Caballeros de Guatemala, Guadalupe de Zacatecas, San Ferando en la ciudad de México, Ocopa en el Perú, Tarifa en Bolivia, Chillón en Chile, y Popayán en Colombia, entre muchos otros.1

El Colegio de Guatemala fue establecido en 1694 por los padres franciscanos Antonio Margil de Jesús, y Melchor López. Ellos habían llegado a Guatemala en 1685, pero se habían traslado a la provincia de Costa Rica en donde estaban trabajando en el adoctrinamiento y reducción de los indígenas Talamancas, cuandor recibieron la orden del M. H. P. Comisario General, para que regresaran al Colegio en México. Sin embargo, cuando llegaron a Santiago de los Caballeros se encontraron con que su misión había sido modificada ya que el obispo de Guatemala, Andrés de las Navas, les pidió que fueran a la región norte de la provincia de la Verapaz —hoy Petén— ya que esta «se hallaba tumultuada«.2, Nota aComo parte de esta misión, tuvieron una parte muy importante en la conquista de los Itzaes, la cual intentaron hacer pacíficamente en un principio, pero después no tuvieron problemas en que las autoridades españolares redujeran a los indígenas a sangre y fuego en 1697.3

Cuando algunos frailes más de la orden llegaron en las años siguientes, le pidieron permiso al cabildo criollo​ de Santiago de los Caballeros para construir un monasterio; pero éste les hizo saber que no había suficientes frailes para justificar la construcción y que además ya había suficientes monasterios en la ciudad. Ante esta negativa, los frailes se dirigieron a la Real Audiencia, la cual si autorizó la construcción en 1700 del «Colegio de Cristo Crucificado de los Misioneros apostólicos«, por un decreto real.​ En 1701 se inició la construcción de los edificios cuando les fueron otorgados dos parcelas en la parte Noroeste de la ciudad y el acta del cabildo de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala del 25 de abril de 1702 indica que había quedado terminado el puente de la calle del «Colegio de los Padres Misioneros«.4

Seis años después se colocó la primera piedra de la iglesia y en 1708 se completaron el convento, la biblioteca y la enfermería. La iglesia fue inaugurada el 23 de mayo de 1717, pero pocos meses después la ciudad de Santiago de los Caballeros fue destruida por los terremotos de San Miguel.5 Tras las reparaciones correspondientes, el complejo estuvo en posición de albergar a los frailes, llegando a tener hasta 35 en 1740.

Gracias a estos colegios-seminarios, los franciscanos pudieron hacerse cargo de las misiones de los jesuitas cuando éstos fueron expulsados de todos los dominios españoles en 1767;6 es más, incluso estuvieron en condiciones de acrecentar varias de estas misiones. Así pues, a fines del siglo XVIII la gran mayoría de las misiones de América eran franciscanas, muchas veces gracias a los Colegios de Cristo Crucificado de Propaganda Fide.1

Ahora bien, aunque el nombre de «Colegio de Cristo Crucificado» podría sugerir que éstos eran centros de formación y enseñanza, en realidad se trataba principalmente de asegurar un mejor reclutamiento del personal misionero y de proporcionar a éste el ambiente propicio para que sus miembros se dedicaran exclusivamente a las misiones. Así pues, la enseñanza teórica fue esporádica y se limitaba al estudio de lenguas y principios morales. Esto era así porque para ser misionero en las colonias americanas era mucho ás importante la vocación que los conocimientos.1

En Guatemala, luego del terremoto de Santa Marta se trasladaron a la Nueva Guatemala de la Asunción en 1776 por orden del capitán general Martín de Mayorga, en donde fundaron un fastuoso templo y convento, gracias a la ayuda del marqués Juan Fermín de Aycinena, el criollo aristócrata más importante de su época y quien era síndico de la orden.7 Sin embargo, tras la independencia en 1821, debido a la guerra civil entre liberales y conservadores, fueron expulsados junto con los franciscanos, dominicos y mercedarios en 1829,8 y aunque regresaron en 1840, fueron expulsados definitivamente en 1872 por el gobierno del general presidente J. Rufino Barrios y su antiguo convento fue convertido en la Escuela Politécnica en donde se preparaban los futuros oficiales del ejército guatemalteco.9 Para entonces, la organización de los Colegios de Cristo Crucificado de Propaganda Fide estaba en decadencia, hasta finalmente desaparecieron definitivamente a finales del siglo XIX.1


NOTAS:

  • a: Lo que estaba ocurriendo era que los españoles querían tomar el control de la etnia Itzá de una vez por todas, ya que la región del Lacandón que ocupaban no solamente se había mantenido independiente y había logrado resistir la dominación europea por más de siglo y medio, sino que estaba influyendo en las comunidades indígenas ya bajo control español para que se les unieran en su resistencia.

BIBLIOGRAFIA:

  1. de Espinosa, Isidro Félix (1964). Crónica de los Colegios de Propaganda Fide de la Nueva España. Washington, D.C.: Academy of American Franciscan History. p. XV.
  2. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta.
  3. Webre, Stephen (2004). «Política, evangelización y guerra: Fray Antonio Margil de Jesús y la frontera centroamericana, 1684-1706» (DOC). VII Congreso Centroamericano de Historia, Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Tegucigalpa, 19-23 julio de 2004 (San José, Costa Rica: Universidad de Costa Rica, Escuela de Historia). Archivado desde el original el 2 de noviembre de 2014.
  4. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala. Unión Tipográfica. p 101.
  5. Ibid., pp. 115-116.
  6. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta. pp. 3-30.
  7. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.:Universidad Nacional Autónoma de México). p. 137.
  8. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 132-133.
  9. González, Miguel Rómulo (1 de septiembre de 1899). «Escuela Politécnica». Revista Militar: órgano de los intereses del Ejército (Guatemala) I (19).

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9 de abril de 1638: autorizan construir ermita de Nuestra Señora del Carmen

Los Cofrades de Nuestra Senora del Carmen reciben el permiso del presidente del Reino de Guatemala para construir su ermita en la cuidad de Santiago de los Caballeros.

Ruinas de la Ermita de Nuestra Señora del Carmen de Antigua Guatemala en 1910. Fotografía de Alberto G. Valdeavellano.

El 3 de septiembre de 1634 el obispo Agustín de Ugarte y Saravia instituyó la Cofradía del Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen en la capilla de Santa Teresa en la Iglesia Catedral de Santiago de los Caballeros de Guatemala, y el 20 de noviembre de ese año aprobó los estatutos de la misma.1 Los miembros de esta cofradía eran conocidos como «los encamisados» del Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen, y eran los encargados de recoger limosnas para costear sus gastos. Estos encamisados gestionaron durante cuatro años el permiso para construir su ermita al obispo doctor de Ugarte y Saravia y al Presidente del Reino de Guatemala, Alvaro Quiñónez Osorio. Los encamisados organizaban paseo a pie y acaballo y vestían trajes multicolores. Adornaban sus caballos con flecos, estrellas y cometas de papel de varios colores y los pobladores los acogían magníficamente ya que junto con ellos iban los «fieros» quienes hacían burla a los funcionarios y personajes del momento.2

Finalmente, el permiso eclesiástico fue concedido el 9 de abril de 1638 y el presidente Quinonez Osorio, en uso de la regalía del vicepatronato real, confiere el permiso civil al día siguiente.3 Los trabajos de la capilla comenzaron tan pronto como se tuvo el permiso delvpresidente, y la misma estuvo concluida en dos meses, ya que trabajaron día y noche en su construcción.2

El 10 de junio se realizó la ceremonia de consagración de la capilla, que era de adove y techo de paja, y que fue destruida por el terremoto de 1651. El templo fue reconstruido y fue inaugurado nuevamente el 12 de abril de 1686 a la que años más tarde se le adjuntó la casa conventual, cuando adquirieron la que casa que había sido del pintor capitán Antonio Montúfar, situada al sur del templo.2

Como ocurrió con todas las estructuras de la ciudad de Santiago de los Caballeros, el terremoto de San Miguel en 1717 destruyó al templo de Nuestra Señora del Carmen casi por completo, y para reconstruirla, la curia eclesiástica nombró prioste al presbítero Manuel de Morgan, quien pidió limosna entre los fieles. De esta forma, se reconstruyó un templo aún mayor que el anterior, a un costo cuarenta mil pesos, el cual fue estrenado en 1725. Y entre 1725 y 1728, se construyó la hermosa fachada característica del templo, la cual tenía varias imágenes de santos, además de un adorno bordado que complementaba lo más destacado del estilo barroco.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 28.
  2. Bojórquez, Cativo, Lionel Enrique (2014). Proyecto de restauración y reciclaje del Templo de Nuestra Señora del Carmen, Antigua Guatemala. Guatemala: Univerisdad de San Carlos de Guatemala. p. 14.
  3. Pardo, Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779, p. 40.
  4. Bojórquez Cativa, Proyecto de restauración y reciclaje, p. 15.

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18 de marzo de 1730: vicario de los Mercedarios anuncia su visita a Santiago de los Caballeros

El Vicario de general de Nuestra Señora de las Mercedes, fray Fernando de Sierra, anuncia su visita a la ciudad de Santiago de los Caballeros para visitar la construcción del nuevo templo mercedario

18marzo1730
Entrada al arruinado convento mercedario en 1875. En el recuadro: imagen de Jesús Nazareno de la Merced, el cual se encontraba en el templo de Santiago de los Caballeros hasta 1778, en que fue trasladado a la Nueva Guatemala de la Asunción. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook Central America y Wikimedia Commons.

La orden de los Mercedarios llegó a la región de Guatemala tras la conquista, durante la época en que era obispo el licenciado Francisco Marroquín, según él mismo relató al Emperador Carlos V en 1556.  El primer mercedario fue el padre Juan de Zambrano, O. de M. quien llegó en 1536, y dependía —como el resto de conventos en las colonias americanas— del provincial de Castilla.1

Inicialmente establecido en la capital en el valle de Almolonga, se trasladaron a la ciudad de Santiago de los Caballeros en Panchoy después del desastre del 11 de septiembre de 1541.1  Allí estuvieron a cargo de algunos poblados que entonces estaban en las afueras de la ciudad y que eventualmente fueron absorbidos por la misma; estos poblados eran: San Antonio Abad, Espíritu Santo, San Jerónimo, La Magdalena, Santa Catalina y Santiago.2

A petición de los frailes en América, en 1561 se crearon las provincias de Lima, Cuzco, Chile y Guatemala, dependiendo del general de la orden.  Los frailes de la provincia mercedaria de La Presentación de Nuestra Señora de Guatemala, en particular, llegaron a tener a su cargo numerosas doctrinas de indígenas en la región que ocupan los modernos departamentos de Huehuetenango, Totonicapán, y San Marcos, además del estado mexicano de Chiapas.3 Los mercedarios obtuvieron estas doctrinas a través del obispo y porque la orden de Predicadores les cedió algunas otras.4

Para 1613, los mercedarios tenían a su cargo las siguientes doctrinas en el área: Santa Ana de Malacatán, Concepción de Huehuetenango, San Pedro de Solomá, Nuestra Señora de la Purificación de Jacaltenango, Nuestra Señora de la Candelaria de Chiantla, San Andrés de Cuilco, Santiago de Tejutla, San Pedro de Sacatepéquez y San Juan de Ostuncalco.​5  Además, eran propietarios del ingenio «La Vega» que estaba ubicada en el moderno departamento de Santa Rosa y del trapiche «Nuestra Señora del Buen Suceso de Pechar» en Colotenango.2

En la iglesia de aquel convento de Santiago de los Caballeros ya estaba la imagen de Jesús Nazareno, la cual por su belleza era de las más veneradas por los vecinos, al punto que ya contaba con su propia Cofradía confirmada por el obispo. Aquella imagen fue consagrada en la misma forma y con los mismos ritos que la Imagen de Nuestra Señora de Sevilla el 5 de agosto de 1717 por el obispo Juan Bautista Alvarez de Toledo.4

En 18 de marzo 1730, el vicario de la provincia, fray Fernando de Sierra, O. de M. notificó al Ayuntamiento criollo de la Santiago de los Caballeros de Guatemala que iba a llegar a la ciudad procedente de Huehuetenango para revisar como iban los trabajos de reconstrucción del templo mercedario,6 que había templo había sido dañado por el terremoto de San Miguel en 17177 y para fundar el colegio de San Jerónimo.6

El colegio de los mercedarios estaba junto a la ermita del mismo nombre, pero como no tenía la autorización ni licencia del rey, fue decomisado por la autoridad civil en 1763 y convertido en la Real Aduana.8 Para entonces, la relación de la orden mercedaria —y de las otras órdenes regulares— con la corona española era tirante, dadas las Reformas Borbónicas iniciadas por el rey Carlos IIIl de hecho en 1765 las órdenes tuvieron que entregar sus doctrinas al clero secular, y en 1767 los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios del Imperio Español.9

Para 1770, según relata el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, las doctrinas que habían sido de los mercedarios eran jurisdicción de un alcalde mayor y habían sido convertidas en curatos a cargo del clero secular.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zúñiga Corres, Ignacio O. de M. (s.f.) El origen de la Orden de La Merced en Guatemala. En: Apuntes para la Historia de la Merced.
  2. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). El arte religioso de La Antigua Guatemala, 1773-1821. Crónica de la emigración de sus imágenes. México: Universidad Nacional Autónoma de México.  p. 41.
  3. Arias Medina, Fernando (2021). Crónica de la Orden de la Merced. Enciclopedia Católica Online.
  4. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta. p. 166.
  5. Pérez, Pedro Nolasco O. de M. (1966), Historia de las Misiones Mercedarias en América, Madrid.
  6. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. pp. 135.
  7. Ibid., pp. 115-119.
  8. Juarros, Compendio de la Historia, p. 167.
  9. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta. pp. 3-4.
  10. Cortés y Larraz, Pedro (1958) [1771]. Descripción Geográfico-moral de la Diócesis de Goathemala. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 18-19.

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14 de marzo de 1811: termina el período del capitán general González Mollinedo

El capitán general Antonio González Mollinedo y Saravia entrega el mando a José de Bustamante y Guerra.

14marzo1811
Pintura de la Ermita de la Asunción en la época en que González y Mollinedo era Capitán General del Reino de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Brigadier de Infantería de los Reales Ejércitos Antonio González Mollinedo y Saravia fue nombrado capitán general del Reino de Guatemala el 6 de agosto de 1799 tras una larga carrera militar, llegando al puerto de Trujillo el 10 de junio de 1801.1  Finalmente, tomó posesión del cargo de manos de José Domás y Valle el 28 de julio de 1801.2 Era hijo  de Andrés González Saravia y de María Agustina de Mollinedo y de la Cuadra, y nació el 11 de agosto de 1743.1,Nota

Durante su gobierno no tuvo mayores problemas en la región, ya que aunque España estaba pasando la crisis de la invasión de Napoleón y pasó a ser gobernada por la Regencia, aquellos sucesos que alteraron la estabilidad política de la Península, apenas y tuvieron repercusión alguna en Guatemala. Por esto González Mollinedo y Saravia, quien tenía un trato afable y caballeroso, se dedicó a realizar reformas agrarias que impulsaron el cultivo del añil e implantó otros cultivos alternativos. También liberalizó en lo posible el comercio, mejorando las vías de comunicación y combatiendo el contrabando; y reorganizó las fuerzas militares del Reino, mejorando asimismo las fortificaciones.1

Durante su gobierno la autoridad eclesiástica era poderosa.  El clero secular estaba dirigido por un Episcopado compuesto por un arzobispo y dos obispos sufragáneos —uno en León, Nicaragua, y el otro en Comayagua—, y contaba con diecisiete vicarios, entre rectorales y medio-rectorales, y un Cabildo Eclesiástico integrado por un deán, un arcediano, un chantre, un maestre-escuela, un tesorero y dos canónigos penitenciarios y magistrales.  En todo el Reino había curatos y parroquias, santuarios y ermitas.  Y aunque las rentas de los seculares eran reducidas, muchas familias acomodades les hacían importantes donaciones que constituían sus principales ingresos.  Por su parte, las órdenes regulares —principalmente los franciscanos, dominicos y mercedarios— tienen a su cargo grandes haciendas que representaban considerables ingresos para las órdenes y para las arcas reales.3

Quizá lo más importante en cuestión religiosa era que todas las familias acomodadas estaban influenciadas por un sacerdote confesor, lo que hacía que su vida íntima estuviera rigurosamente registrada en los archivos eclesiásticos.  De hecho, aunque había un capítulo de la Inquisición en el Reino, éste realmente no era necesario ya que todas estas familias eran espiadas por su servidumbre y aunpor sus mismos familiares que se encargaban de contarle todo a los clérigos.3

En el tiempo que residió en Guatemala, González Mollinedo y Saravia fue ascendido a mariscal de campo el 31 de enero de 1802 y a teniente general el 11 de abril de 1810.  Finalmente entregó el mando a su sucesor, el jefe de escuadra José Bustamante y Guerra, el 14 de marzo de 1811.1

La regencia lo nombró como Virrey de Nueva España, a las órdenes de Venegas, ocupando la ciudad de Oaxaca. Allí fue atacado por las fuerzas del independentista José María Morelos, y aunque se defendió hasta que cayó la paza, fue hecho prisionero el 25 de noviembre de 1812, y fusilado en los llanos de las Canteras, en Oaxaca, el 2 de diciembre siguiente.1


NOTAS:

  • El historiador guatemalteco Clemente Marroquín Rojas dice que González y Mollinedo era hijo bastardo del rey Carlos IV, pero éste rey nació en 1748 por lo que lo indicado por Marroquín Rojas no es posible.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Real Academia de Historia (s.f.)  Antonio González Mollinedo y Saravia. España: Real Academia de Historia.
  2. Marroquin Rojas, Clemente (1970) [1945]. Historia de Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 8.
  3. Ibid., p. 9

3 de marzo de 1983: fusilan a 6 condenados por Tribunales de Fuero Especial

Durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont fusilian a seis condenados por los Tribunales de Fuero Especial, tres días antes de la llegada del Papa Juan Pablo II.

3marzo1983
El Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896. En el paredón perimetral fueron fusilados los seis condenados a la pena de muerte por los Tribunales de Fuero Especial. En el recuadro: el Gral. Efraín Ríos Mont, al centro, con su Ministro de la Defensa, general Oscar Humberto Mejía Vítores, a su derecha. El Ministro de la Defensa dirigía los Tribunales de Fuero Especial. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y de Associated Press.

Durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont se establecieron los llamados «Tribunales de Fuero Especial«, los cuales juzgaban sumariamente a los implicados en actividades guerrilleras.  Los tribunales estaban ubicados en el Palacio Nacional —aunque esto no era del dominio público en esa época— y juzgaron más de setenta casos, los cuales resultaron veinte condenas.1

El 17 de septiembre de 1982 fueron fusilados cuatro guerrilleros, siendo aquella la primera ejecución oficial en siete años, aunque el país estaba en medio de una cruenta guerra civil que había dejado ya miles de muertos y que obligaba al gobierno a extender el estado de sitio cada 30 días.1,2  A estos fusilamientos le siguieron otros dos, el 3 y el 22 de marzo de 1983.  Pero de todos estos, el que ocurrió el 3 de marzo de 1983 fue el que más repercusión mundial tuvo porque ocurrió apenas cuatro días antes de que llegara el Papa Juan Pablo II en su visita oficial a Guatemala.1

Los seis condenados — Walter Vinicio Marroquín González, Sergio Roberto Marroquín González, Héctor Haroldo Morales López, Marco Antonio González (de nacionalidad hondureña), Carlos Subuyug Cuc, y Pedro Raxon Tepet2 — fueron fusilados a las cinco de la manana frente al paredón del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala y los bomberos se encargaron de darles sepultura.  Subuyg Cuc y Raxon Tepet fueron ejecutados por terrorismo, mientras que el resto por secuestro.2  El hondureno González se había entrevistado con representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y les contó que había entrado a Guatemala por un puesto fronterizo en Agua Caliente solamente para ser capturado por el ejército guatemalteco y llevado a la prisión del Cuarto Cuerpo de la Policía Nacional, en donde lo mantuvieron incomunicado y lo hicieron confesar por medio del método de «capucha llanta«.  González le dijo a los representantes de CIDH que esa tortura consistía en colocar una capucha de goma del reo, la cual le cubría toda la cabeza hasta el cuello, y a la que se introducía alcohol mientras el reo está atado de pies y manos, llevándolo casi hasta la asfixia.  La CIDH verificó que los sindicados a los tribunales de Fuero Especial habían confesado luego de sufrir esta tortura.3

Los obispos de Guatemala habían enviado un telegrama al gobierno de Ríos Mont pidiendo clemencia para los condenados, en atención a la llegada del Papa, pero no fueron atendidos.  Es más, el nuncio apostólico en Guatemala, Oriano Quilici, había informado que el Papa había intercedido por los condenados y había solicitado al gobierno dar muestras de clemencia, pero la solicitud fue rechazada por la Corte Suprema de Justica.  Ya cuatro de los que murieron el 3 de marzo se habían salvado el 1 de febrero porque cuando ya estaban en el Cementerio General, veinte minutos antes de ser fusilados llegó la orden de suspender la ejecución.1

Debido a que Ríos Mont pertenecía a la Iglesia Evangélica «El Verbo» se conjeturó que no habría querido otorgar la clemencia por su oposición a la Iglesia Católica, algo que habría quedado corroborado por el desplante que le hizo a Juan Pablo II cuando éste llegó a Guatemala, al negarse a besarle el «Anillo del Pescador«.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Agencias (3 de marzo de 1983). Gran tristeza en la Iglesia de Guatemala por la ejecución de seis personas en vísperas de la visita de Juan Pablo II. España: El País.
  2. Comisión Interamericana de Derechos Humanos (3 de octubre de 1984). Resolución Nº. 15/84 Casos 8094, 9038 y 9080, Guatemala.  Organización de Estados Americanos.
  3. — (1984). Reporte del País: Guatemala.  Organización de Estados Americanos.

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1 de marzo de 1735: ayuntamiento solicita expulsión de ingleses sectarios

En una época en que la Iglesia Católica tenía el dominio absoluto de los vasallos del Imperio Espanol, el ayuntamiento criollo pide al presidente del Reino de Guatemala que expulse a los ingleses sectarios protestante.

1marzo1735
El Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad de Santiago de los Caballeros en 1875. El edificio se empezó a construir tras el terremoto de San Casimiro en 1751 y soportó muy bien el de Santa Marta en 1773. Imagen tomada de Mizner Scrapbook Central America.

En la primera mitad del siglo XVIII el dominio de la Iglesia Católica sobre los vasallos del Imperio Español todavía era absoluto.  Es por ello que no es de extrañar que el 1 de marzo de 1735 el ayuntamiento criollo haya acordado solicitar al Presidente del Reino de Guatemala que expulsara a las ingleses sectarios, debido a «los perjuicios gravísimos de que […] permanezcan en [la ciudad de Santiago de los Caballeros] y [Reino de Guatemala], porque no infesten a los que justa y santamente profesan nuestra santa fe«.1

En esa época los católicos llamaban sectarios a los protestantes, y las autoridades religiosos consideraban la doctrina de Martín Lutero, el fundaron de la Reforma, como peligrosa ya que éste había dicho: «Que el Papa no es de derecho divino; que el poder que ha usurpado está lleno de arrogancia y de blasfemias; que todo lo que ha hecho y hace todavía en virtud de este poder, es diabólico; que la Iglesia puede y debe subsistir, sin tener un jefe; que aunque el Papa confesara que no es de derecho divino, sino que ha sido establecido solamente para mantener con más facilidad la unidad de los cristianos contra los sectarios, jamás resultaría nada bueno de semejante autoridad; y que el mejor medio de gobernar y conservar la Iglesia, es que todos los obispos, aunque desiguales en dones, sean iguales en su ministerio, bajo un solo jefe, que es Jesucristo; que en fin el Papa es el vedadero Anticristo«.2

El dominio de la Iglesia empezó a disminuir con la llegada del rey Carlos III al poder en 1759.  El nuevo monarca era de la familia Borbón y estaba influenciado por las ideas de la Ilustración que aprendió mientras se educaba en la corte de Nápoles, de donde era originario.  De hecho, su rompimiento con la Iglesia fue más notorio cuando ordenó que expulsaran a los miembros la Compañía de Jesús de todos sus dominios en 1767 y le pidió al Papa que clausura la orden.3

Debido a la Revolución Francesa en 1791 y a la llegada al poder de Napoleón a principios del siglo XIX, las ideas de la Ilustración se diseminaron más en España, que fue invadida por Francia.  Surgieron entonces movimientos llamados «liberales» que abrazaban un modo de pensar anticlerical y que se extendieron a las colonias americanas, especialmente entre los criollos hacendados que no eran beneficiados por las políticas comerciales de que disfrutaban los criollos aristócratas que vivían en las principales ciudades.4  De esta forma, cuando se produjo la indepencia de las colonias, pronto se iniciaron guerras civiles en América en la que los criollos liberales y los criollos conservadores aristócratas luchaban por el poder de sus respectivas regiones, utilizando como pretexto defender o atacar a la Iglesia.

En el caso de Guatemala, en particular, luego de treinta anos de guerra civil y un período de tranquilidad de veinte años bajo el control conservador ultra católico del general Rafael Carrera, los criollos liberales terminaron por imponerse en 1871, con lo que expulsaron a las principales órdenes regulares de frailes y redujeron considerablemente el poder del clero secular, llegando al extremo de expulsar a los arzobispos metropolitanos.  También se decretó la libertad de cultos y se permitió el ingreso de protestantes, aunque éstos no llegaban ni al 1% de la población en ese momento.5

La hostilidad hacia la autoridad eclesiásticas disminuyó un tanto en la primera mitad del siglo XX, aunque se mantuvo la prohibición de que se establecieran monasterios en el país.  Sin embargo, gracias a la decisiva participación del arzobispo Mariano Rossell y Arellano en el derrocamiento del régimen del coronel Jacobo Arbenz Guzmán en 1954,6 la iglesia católica recuperó parte de sus anteriores privilegios y algunas órdenes de frailes pudieron retornar al país y recuperar algunos de sus antiguos templos y propiedades.7  Pero, al mismo tiempo, se produjo un gran influjo de iglesias cristianas protestantes —la mayoría con pastores estadounidenses— que han hecho una labor considerable entre los indígenas guatemaltecos, lo que junto con el cambio de enfoque de la Iglesia Católica tras el Concilio Vaticano II y la creación de la Teología de la Liberación que exige una opción preferencia por los pobres y que ha hecho que las élites del país busquen otras religiones8, ha hecho que en el siglo XXI prácticamente la mitad de la población guatemalteca pertenezca a alguna iglesia cristiana protestante.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 144.
  2. Benigno Bossuet, Jacobo (1852) Historia de las Variaciones de las Iglesias Protestantes. I. Traductor: Díaz de Baeza, Juan. Barcelona: Librería Religiosa de Pablo Riera. p. 194.
  3. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta.
  4. Payne, Stanley G. (1977). Ejército y sociedad en la España liberal (1808-1936). Madrid: Akal. ISBN 84-7339-215-9OCLC 637325133.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: El Progreso.
  6. Rossell y Arellano, Mariano (1954). Declaración contra la demagogia comunista y liberal. La Iglesia no busca privilegios. Guatemala: Arzobispado de Guatemala.
  7. Azurdia Alfaro, Roberto (1960). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1955-1956LXXIV . Guatemala: Asamblea Nacional Constituyente. pp. 17-39.
  8. Boff, Leonardo (1989) «Teología de a Liberación: Recepción creativa del Vaticano II a partir de la óptica de los pobres»; Desde el lugar del pobre: 9-39. Ediciones Paulinas.
  9. Juárez, Eder (2013). «Iglesias evangélicas proliferan en Guatemala, ¿simple casualidad?»La Hora. Archivado desde el original el 5 de abril de 2014.

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21 de febrero de 1822: se disuelve la Junta Provisional Consultiva

Tras la Anexión al Primer Imperio Mexicano el 5 de enero de 1822, se disuelve la Junta Provisional Consultiva establecida por el acta del 15 de septiembre de 1821.

21febrero1822
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. aquí se firmó el acta de Independencia y la Anexión a México. En el recuadro: retrato que se cree que corresponde al brigadier Gabino Gaínza. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras haber aceptado la Anexión a México el 5 de enero de 1822, se disolvió la Junta Consultiva establecida en el acta del 15 de septiembre de 1821,1 de acuerdo al artículo 8.° de la misma:

8.°— Que el señor Jefe Político, brigadier don Gavino Gainza, continúe con el gobierno superior político y militar que este tenga el carácter que parece propio de las circunstancias, se forme una junta provisional consultiva, compuesta de los señores individuos de esta diputación provincial y de los señores don Miguel Lárreynaga, ministro de esta audiencia; don José del Valle, auditor de Guerra; marqués de Aycinena; doctor don José Valdez, tesorero de esta santa iglesia; doctor don Ángel Maria Candina; y licenciado don Antonio Robles, alcalde tercero constitucional: el primero por la provincia de León, el segundo por la de Comayagua, el tercero por Quezaltenango, el cuarto por Solóla y Chimaltenango, el quinto por Sonsonate, y el sexto por Ciudad Real de Chiapa.2

En la junta consultiva estaba, en primer lugar, el brigadier Gabino Gaínza, que había traicionado a España al pactar con los criollos aristócratas la independencia de la región, seguido por el Marqués de Aycinena, quien era el líder de dichos criollos aristócratas. También estaba José Cecilio del Valle, quien publicaba «El Amigo de la Patria» —periódico de los aristócratas y quien redactara el Acta de Independencia—, y el tesorero de la arquidiócesis. En otras palabras, los principales miembros de la Junta eran todos antiguos funcionarios o influyentes personajes del gobierno colonial. Ahora bien, el problema con esto, es que el resto de criollos del antiguo Reino de Guatemala no veía con buenos ojos a los criollos aristócratas de la capital, ya que sabían que éstos tenían los mejores puestos en las administraciones civiles y religiosas —que eran entonces un gran privilegio en términos económicos—, y además consideraban que los aristócratas no les daban un trato justo con respecto al comercio del producto de sus haciendas.3

Tras la caída del Primer Imperio Mexicano en marzo de 1823, las provincias quedaron en la ruina debido a la nefastas medidas económicas del emperador Agustín de Iturbide. Sabiendo los problemas que se avecinaban, el general Vicente Filísola —quien había quedado como gobernador de Centroamérica en lugar de Gaínza— convocó lo más pronto que pudo a una Asamblea Constituyente, a la que le entregó el poder el 1 de julio de 1823, y luego se regresó a México con sus tropas.4

La Asamblea Constituyente declaró la independencia absoluta de la región el mismo 1 de julio y nombró a la región provisionalmente Provincias Unidas del Centro de América en un acta en la que el artículo 1.° específicamente dice que la región no es propiedad de ninguna familia en particular, en alusión directa a los criollos aristócratas guatemaltecos:

Que las provincias de que se componía el Reino de Guatemala, son libres e independientes de la antigua España, de México y de cualquiera otra potencia, así del antiguo como del nuevo mundo; y que no son, ni deben ser el patrimonio de persona ni familia alguna.5

Dado que la Junta Consultiva el 21 de febrero de 1822 había aprobado la anexión a México, los criollos rurales se aglutinaron en la causa liberal y acusaron a los aristócratas de haberla promovido y les recriminaron el desastroso estado en que quedó la región luego de la caída de Iturbide. Por eso, muchos de los decretos emitidos por las Asambleas de Centroamérica y del Estado de Guatemala iban dirigidos a restar los privilegios a los aristócratas y a los eclesiásticos,6 hasta que llegó el momento en que los aristócratas no soportaron más y dieron el golpe de estado contra Juan Barrundia en septiembre de 1826,7 iniciando la Guerra Civil Centroamericana que, en el caso de Guatemala, se extendió hasta 1851 y retrasó el desarrollo del país considerablemente.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 5.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaR, XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: 0000-0002-5998-9541 .
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides; capítulos de la historia de la América Central. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 178-180.
  5. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, p. 26.
  6. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  7. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.

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15 de febrero de 1829: derrota de Morazán en Mixco

En un intento desesperado por evitar el sitio de la ciudad de Guatemala, las fuerzas estatales logran derrotar a las fuerzas que Francisco Morazán había enviado a Mixco.

15febrero1829
El poblado de Mixco en 1895, en una fotografía de los esposos Maudslay publicada en 1899. En el recuadro: retrato del general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1829, el general hondureño Francisco Morazán era prácticamente invencible. Después de sendos triunfos sobre las fuerzas federales al frente de su «Ejército Protector de la Ley«, Morazán había invadido Guatemala por el oriente del Estado luego de que los criollos liberales hubieran sido reprimidos violentamente tras intentar resistirse al gobierno de Mariano de Aycinena en la Antigua Guatemala.1 Gracias a su habilitad militar, Morazán avanzó fácilmente por el territorio guatemalteco llegando hasta Pinula, en donde un grupo de los liberales que se habían alzado contra Aycinena —liderado por el francés Isidoro Saget— se unió a sus fuerzas.2

El gobierno de Aycinena no contaba con jefes militares capaces de enfrentar a Morazán, ya que el ex-presidente Manuel José Arce se había retirado de la vida política tras ser destituido y se desconfiaba del general italiano Francisco Cáscara por ser leal a Arce.  Eventualmente, Cáscara renunció a la comandancia de armas y el general Agustín Prado, conservador rematado, tomó el mando pero con contaba con la experiencia militar ni con suficientes soldados para contener al ejército invasor. Prado optó por concentrar a sus fuerzas en la Ciudad de Guatemala y se preparó para el sitio final. Por su parte, con el control de las posiciones de Pinula y El Aceituno, Morazán envió a parte de sus soldados a la Antigua Guatemala por el camino de Amatitlán, para que restituyeran a las autoridades que habían sido destituidas tras el golpe de estado de 1826, desconociendo así al gobierno de Aycinena. Además, Morazán envió tropas a Mixco, para cercar completamente la ciudad y cortar el suministro de víveres a la misma.3

En una medida desesperada, el general Prado envió al coronel Pacheco al mando de mil hombres, para que recuperaran la plaza de Mixco. El 14 de febrero por la noche, Pacheco ordenó a sus hombres que marcharon en dos filas a ambos lados del camino, con las armas invertidas para que la luz de la luna no se reflejara en ella, y así llegaron hasta Mixco, en donde atacaron a las fuerzas de Morazán por sorpresa a las altas horas de la madrugada del 15 de febrero. Viéndose en desventaja, parte de las tropas huyó mientras que un grupo se atrincheró en el convento local, desde donde intentó ofrecer resistencia pero sin ningún efecto. Enterado de la derrota, Morazán reagrupó a sus fuerzas y se dirigió a la Antigua Guatemala, desde donde iniciaría el sitio hacia la ciudad. Por su parte, el general Prado no supo que hacer con su victoria y ordenó a las fuerzas guatemaltecas que regresaran a la ciudad a prepararse para el sitio que se avecinaba.4

Eventualmente, Morazán logró regruparse y finalmente tomó la ciudad el 14 de abril, haciendo prisioneros a los criollos aristócratas y a las autoridades federales a quienes expulsó de la región centroamericana junto con los órdenes regulares y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández De León, Federico (1963) [1924] El Libro de las Efemérides; Capítulos de las Historia de América Central. V Guatemala: Tipografía Nacional. p. 266.
  2. Ibid, p. 267.
  3. Ibid, p. 268.
  4. Ibid, p. 269.
  5. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.

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