12 de octubre de 1492: Cristóbal Colón y su tripulación arriban a la isla Guanahani en las Bahamas, creyendo que habían llegado a las Indias por la ruta occidental

Monumento a Cristóbal Colón realizado por el artista español Tomás Mur con motive de las celebraciones del IV Centeneario del Descrubimiento de América.  Fue instalado en la Plaza Mayor de la ciudad de Guatemala en 1896. Fotografía de Alberto G. Valdeavellano publicada por “La Ilustración Guatemalteca“.

Uno de los eventos más trascendentales en la vida del continente Americano fue la llegada de los españoles, la cual dió inicio aquel 12 de octubre de 1492 cuando Rodrigo de Triana gritó “¡Tierra!”  Para bien o para mal, dicho evento marcó un antes y un después en la vida de las naciones indígenas del continente y dió origen a varios grupos étnicos que no existían hasta entonces;  los mestizos, zambos, mulatos, entre tantos otros, poblaron el continente, creando una amplia gama de habitantes entre los que ocupaban los sitios privilegiados eran los españoles y los descendientes de conquistadores, mientras que los aborígenes quedaron relegados al útimo sitio.

Los españoles que vinieron a las Américas luego de la llegada de Colón no eran lo más granado de la población de la península Ibérica, la cual apenas empezaba a recuperarse de una prolongada guerra de varios siglos que peleó para expulsar a los invasores mahometanos que la habían conquistador.  El proceso de migración fue muy similar al de aquellos que hoy en día abandonan los países latinoamericanos en busca de una vida mejor en los Estados Unidos:  no había nada para ellos en España, así que ¿por qué no mejor probar suerte en las Indias?

Aquellos aventureros, analfabetos en su inmensa mayoría, trajeron consigo dos cosas principalmente:  las enfermedades propias de una Europa en que las condiciones higiénicas eran deplorables, y el fervor religioso de una España en donde la Iglesia Católica tenia el control absoluto de la población e impartía la liturgia en latín para que el vulgo no entendiera.  Estos dos aspectos fueron fundamentales en los procesos de conquista y colonización que se proujeron, ya que las enfermedades diezmaron a las civilizaciones indígenas y la religión de los conquistadores quemó gran parte de los manuscritos que tenían dichas civilizaciones por considerarlos “heréticos y enemigos de la Santa Iglesia”.

En cuanto al llamado descubrimiento de América, Colón nunca fue consciente de que había llegado a un nuevo continente.  Él murió en 1506 creyendo que había cumplido su deseo de llegar a las Indias por la ruta de occidente.

BIBLIGRAFIA:

 

 

14 de agosto de 1502: durante el cuarto viaje de Cristóbal Colón, se celebra la primera misa en territorio centroamericano, y de hecho la primera en todo el continente americano

Monumento a Cristóbal Colón realizado por el artista español Tomás Mur por encargo del general presidente José María Reina Barrios en 1896 con motivo de las celebraciones del IV centenario del descubrimiento de América. La estatua estaba originalmente en la Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala, y posteriormente fue trasladada a la Avenida de las Américas.  Imagen tomada de la colección de Peter van der Krogt.

En 1502 Cristóbal Colón emprendió su cuarto viaje, partiendo del Puerto de Cádiz el 9 de mayo y viajando hacia las que el creía eran las Indias Occidentales.  La expedición llegó a la Isla Guanaja y de allí a Punta Casinas en la costa de la moderna república de Honduras.

En ese lugar, el adelantado Bartolomé Colón bajó con varios tripulantes de los navíos el 14 de agosto para escuchar misa en tierra.  El 17 de Agosto de 1502 tomó formalmente posesión de esta región en nombre del rey de Castilla.  Acto seguido, los navegantes continuaron con su exploración.

De esta forma, lo que sería el Reino de Guatemala tuvo la característica de ser el primer sitio en todo el continente americano en que se celebró una misa católica.  Ya durante la época colonial, los miembros de la Iglesia tendrán un dominio prácticamente absoluto de los asuntos del Estado, situación que se mantuvo hasta la década de 1760, en que la Corona Española marcó distancias con los religiosos.

BIBLIOGRAFIA: