11 de noviembre de 1540: fundan el convento franciscano

Se funda el primer convento franciscano en la recién conquistada Guatemala

11noviembre1540
Ruinas abandonadas del convento francicano en Antigua Guatemala a principios del siglo XX. El templo fue reconstruido en 1960 luego de que fuera devuelto a los franciscano en 1956. En el recuadro: el escudo de armas de la orden de los franciscanos tallado en piedra. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación la descripción que hace el historiador eclesiástico Domingo Juarros sobre la llegada de los frailes franciscanos a Guatemala durante la conquista y principios de la colonia española:1

«El segundo convento [luego del de los frailes dominicos] fue el de los Religiosos de San Francisco. Habiendo estado en Guatemala por los años de 1528 y 29 el V. Padre F. Toribio Motolinéa, de paso para Nicaragua, y de vuelta para México, instado de los vecinos de Guatemala, dió palabra de volver a fundar.  En virtud de ella, el Caballero Gaspar de Arias que era alcalde en dichos años, se encargó del edificio del Convento, y en Cabildo de 20 de julio del año de 1530, se le dio sitio, para la expresada obra, la que emprendió con gran calor, y gastó 1000 ducados en ella, por lo que S. Majestad le hijo merced de Regidor perpetuo.  Pero la fundación del convento no se verificó, hasta el 11 de noviembre de 1540, que llegó la misión, que solicitó y costeó el Señor [Francisco] Marroquín, compuesta de 5 religiosos: F. Diego Ordoñes (Comisario), F. Alonso Bustillo, F. Diego de Albaque, F. Gonzalo Mendez (Diácono), y F. Francisco Valderas (Lego).1

Habiéndose trasladado la Ciudad de Guatemala [tras la catastrófica inundación del 11 de septiembre de 1541] el año de 1543 se fundó en el nuevo sitio Convento con la advodación de San Francisco, quedando en Almolonga el que se había erigido con el título de la Purísima Concepción.1

Llegó a Guatemala por los años de 1544 el Venerable Padre F. Toribio Motolinéa, y otros 24 religiosos: con este refuerzo se trató de fundar la Custodia del Dulcísimo Nombre de Jesús, para cuya erección había alcanzado las facultades necesarias del S. P. Paulo III desde el año de 1536, el Señor Emperador Carlos V.  Celebrose el 1er. capítulo en la Vigilia de Pentecostés, 2 de julio de 1544; en que salió electo primer custodio el citado padre Toribio.  En el Capítulo Genera de Aquila, celebrado el año de 1559, se determinó hacer una Provincia de las Custodias de Guatemala, y Yucatán; y que un trienio se tuviese el Capítulo, y residiese el Provincial en una, y otro en la otra1

Tal fue el sencillo principio de una de las órdenes regulares más poderosas que hubo en la época colonial, llegando a poseer doctrinas en el centro y sur de Guatemala, en donde tuvieron grandes extensiones de tierra en la que trabajaban los indígenas de sus doctrinas, a cambio de la enseñanza religiosa.

Los franciscanos estuvieron en la región hasta 1829, cuando fueron expulsados junto con el resto de frailes regulares por el general Francisco Morazán,2 aunque luego retornaron en 1840 cuando el gobierno conservador recuperó el poder en Guatemala luego de la revolución católico-campesina del general Rafael Carrera.3

Durante el período conservador que se extendió de 1840 a 1871, los franciscanos recuperaron gran parte del poder económico y político que tuvieron en la época colonial, aunque fuera solamente en Guatemala y ya no en toda Centroamérica.  Pero cuando triunfó la revolución liberal el 30 de junio de 1871, fueron expulsados nuevamente4 y no tetornaron sino hasta en 1956, cuando la nueva constitución del gobierno liberacionista de Carlos Castillo Armas eliminó la prohibición de que hubiera conventos de frailes regulares en el país, a cambio del arduo trabajo que hizo el clero secular al mando del arzobispo Mariano Rosell y Arellano para derrocar al gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1810). Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala I Guatemala: Ignacio Beteta. pp/ 164-165.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 273.
  4. Barrios, J. Rufino (7 de junio de 1872). «Decreto del 7 de junio de 1872 del teniente general J. Rufino Barrios, encargado de la presidencia provisoria de la República». Museo Nacional de Historia (Guatemala).
  5. Asamblea Constituyente (1956). Constitución de la República de Guatemala. Guatemala: Asamblea Nacional Constituyente.

2 de julio de 1725: muere obispo Alvarez de Toledo

Muere el Dr. Juan Baustista Alvarez de Toledo, quien fuera el XIV obispo de la diócesis de Guatemala de 1713 a 1723

2julio1725
Uno de los pasos del Via Crucis que existen en la ciudad de Antigua Guatemala entre el templo de San Francisco El Grande y la ermita del Calvario.  Estos pasos fueron construidos bajo la supervisión de Alvarez de Toledo cuando era Comisario de Terceros en esa ciudad.  En el recuadro: el obispo Alvarez de Toledo.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La historia de la Colonia Española en el Reino de Guatemala y del Estado de Guatemala tras la Independencia en el siglo XIX está íntimamente ligada a la de la religión católica en la región.  Es por ello que es importante documentar quiénes fueron los obispos y arzobispos, así como los principales de las poderosas órdenes religiosas que poseyeron enormes extensiones de tierra cultivable en el país durante esos años.

El Dr. Juan Bautista Alvarez de Toledo es un personaje religioso importante, ya que no solamente fue obispo de Guatemala de 1713 a 1723 sino que llegó a ser presidente del Capítulo de los franciscanos de Guatemala, orden a la que pertenecía.1  De acuerdo al historiador eclesiástico Domingo Juarros, su acta de bautismo es la siguiente:

«En la Ciudad de guatemla, en 20 de junio de 1655 años, yo Diego de Robles, Teniente de Cura de esta Santa Iglesia Catedral, hice los exorcismos, bautizé, puso Oleo y Cris a Juan, hijo legítimo de Don Fernando Alvarez de Quiroya y de su mujer Doña Sebastiana del Castillo y Bargas; fueron sus padrinos Don Diego Alvarez de Vega y Doña Lorenza de Estrada su mujer; dicen los padrino, que nació el 28 de mayo pasado de este año y lo firmé. 

Diego de Robles.«2

Continuando con lo indicado por Juarros, al margen de aquella partida de bautismo dice:

«Este es el Príncipe que ha ilustrado esta Ciudad, siendo Señor Obispo de ella. El Ilustrísimo Señor Doctor y Maestro Don Fr. Juan Bautista Alvarez de Toledo, Religioso de San Francisco, Obsipo de Guatemala, año de 1713.  Murió a 2 de julio de 1725, de edad de setenta años y dos meses. 

Doctor Sologaistoa2

Alvarez de Toledo quedó huérfano a temprana edad y fue recogido por una mulata que se hizo cargo de él hasta que éste tomó los hábitos de la poderosa orden de franciscanos en el convento que éstos tenían en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.  Allí sirvió como Lector, Guardián del Convento Grande, Comisario Visitador de la Provincia de Nicaragua, Definidor, Ministro Provincial, Comisario Visitador y Presidente de Capítulo de la de Guatemala. Por cierto, cuando era Comisario de Terceros, supervisó la construcción de las capillas del Via Crucis que van del templo de San Francisco a la Ermita del Calvario, y cuando fue electo Provincial hizo los bernegales de la Iglesia y otras piezas del Convento, fundó el Monasterio de Religiosas y promovió la del Colegio de Misioneros.1

Fue catedrático de la doctrina de Escoto en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo y, dada su erudición, fue nombrado Doctor por dicha Universidad por gracia del Rey de España, sin necesidad de examen.  Dada la escacez de miembros del clero secular en esa época, fue electo Obispo de Chiapas en 1708, y fue consagrado en la iglesia de San Francisco el 15 de diciembre de 1709.1  En Ciudad Real supervisó la construcción de un hospital para pobres enfermos3 y luego fue trasladado a la mitra de Guatemala el 30 de abril de 1713 y recibió sus bulas el 22 de octubre de ese año. 1

De acuerdo al historiador Juarros, siendo obispo de Guatemala Alvarez de Toledo construyó una casa para recogidas y fundó una capellanía para que se les dijera misa los días de fiesta.  También otorgó 18,000 pesos para el convento de Monjas Clarisas, y previno casa para las de Capuchinas.  También dió becas a más de veinte niñas para que fueran religiosas y gastó grandes sumas de dinero en beneficio de los conventos y alivio para los más pobres.3

Tras el terremoto de San Miguel el 29 de septiembre de 1717, fue uno de los promotores del traslado de la ciudad a una nueva ubicación y estuvo en los comités que promovieron a Santa Ana Chimaltenango y el valle de Las Vacas en lo que esperaba la respuesta real.  Al final, el rey decidió no trasladar la ciudad, y ésta fue reconstruida.4

En 1725 fue promovido a la mitra de Guadalajara, pero dada su avanzada edad renunció y se retiró.  Entonces, el rey Felipe V solicitó al Papa que restituyera a Alvarez y Toledo en la mitra guatemalteca, pero el obispo falleció el 2 de junio y fue sepultado en la Iglesia del Colegio de Cristo Crucificado en la ciudad de Santiago de los Caballeros.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1857) [1808]. Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Guatemala: Imprenta de Luna. p. 287
  2. Ibid., p. 286.
  3. Ibid., p. 288.
  4. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. pp. 115-118.

2 de mayo de 1715: documentan que tembló por si sola una cruz

Documentan que tembló por si sola la cruz en el camino que conduce de Santiago de los Caballeros a Jocotenango

2mayo1715
Las ruinas de la Iglesia de San Sebastián y el Templo de Minerva de la Antigua Guatemala en 1913.  El coadjuctor de esta parroquia fue quien comunicó que la cruz en el camino hacia Jocotenango estaba temblando por sí sola.  Fotografía de Arnold Genthe de 1913 tomada de Wikimedia Commons.

El régimen colonial en América estuvo controlado por las poderosas órdenes religiosas y obispos del clero secular hasta la segunda mitad del siglo XVIII, en que los Borbones tomaron el trono en España y empezaron una profunda reforma política que llevó a un mayor control de la Corona sobre los asuntos de la Iglesia en España.  Gracias al poder político que tuvieron, las órdenes religiosas poseyeron enormes haciendas con doctrinas de indígenas que trabajaban en dichas haciendas a cambio de la catequización que les daban los frailes.  Por su parte, los obispos y curas seculares —muchos de estos con poca o ninguna preparación religiosa— tuvieron a su favor el diezmo obligatorio, que era un impuesto más que cobraba el gobierno colonial para ellos y que les proporcionó considerables ingresos.  Esto era tolerado por la Corona antes de la llegada de los Borbones por las grandes rentas que esto representaba para las arcas reales, pero los nuevos monarcas reforzaron el regalismo, es decir, la defensa de las prerrogativas de la Corona sobre la Iglesia católica de sus Estados frente a la Santa Sede.1

Con el concordato de 1753, se amplió el derecho de patronato regio a todos los territorios de la Corona —que anteriormente existía sólo sobre Granada y América—, se limitaron las atribuciones de la Inquisición en materia de censura y en el plano judicial, y se reforzó el exequatur o pase regio, que suponía que las disposiciones del papa debían tener la aprobación real para poder ser publicadas y aplicadas en los territorios de la Monarquía.1 Como corolario, el rey de España Carlos III expulsó a los jesuitas de todos sus territorios en 1767, tras acusarlos de ser los responsables del Motín de Esquilache y para quedarse con sus grandes propiedades.  Tras esto, aunque la Monarquía no llegó a cuestionar en ningún momento los extensos privilegios de la Iglesia, el resto de órdenes religiosas y miembros del clero secular comprendieron que la situación ya no les era tan favorable como antes.2

En el Reino de Guatemala, el rompimiento entre la monarquía y el clero fue evidente cuando las órdenes regulares tuvieron que entregar al clero secular sus numerosas doctrinas, y cuando el Capitán General decidió trasladar la ciudad de Santiago de los Caballeros tras el terremoto de Santa Marta en 1773, el cual no fue mucho más destructivo que los de San Miguel en 1717 y de San Casimiro en 1751, y tras los cuales la ciudad se reconstruyó con mayor esplendor cada vez, poniándose énfasis en los edificios religiosos.3 En 1773, por el contrario, las autoridades civiles favorecieron el traslado a una nueva ciudad, y los primeros que enviaron para dicha ciudad fueron a las órdenes religiosas, obligándolas a abandonar sus palaciegos conventos, aunque no estuvieran arruinados. El arzobispo Pedro Cortés y Larraz comprendió la intención del Capitán General Martín de Mayorga, y resistió a trasladar las parroquias de Santiago de los Caballeros hasta que fue obligado a entregar la mitra de Guatemala cuando llegó el nuevo arzobispo, Cayetano de Francos y Monroy, que el rey había nombrado en su lugar,4 dado que desde 1753 la Monarquía tenía la potestad de nombrar a los arzobispos españoles.5

Antes de la llegada de los Borbones a la Corona Española, todo giraba en torno a la Iglesia Católica y las fechas más importantes, aparte de la toma del poder de un nuevo Capitán General, eran las fiestas de guardar y muchos eventos religiosos fueron discutidos en las actas del Ayuntamiento criollo o de la Real Audiencia.6  Además, cualquier evento que fuera considerado milagroso, era registrado en dichas actas por ser considerado de vital importancia; uno de esos eventos, ocurrido el 2 de mayo de 1715, es registrado por el historiador eclesiásticos Domingo Juarros, quien en su obra «Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala» reproduce la siguiente certificación del Escribano Real:7

«Yo el Alférez José de León, Escriba de S. M. certifico, doy fe y verdadero testimonio, que estando en mi casa poco más de la noche de la noche, del día 2 mayo, fuí llamado del Señor Br. Don Juan Gregorio de Cabrera, Coadjutor de la Santa Iglesia parroquial del Señor San Sebastián, por orden del Señor Doctor Don José Varon de Berrieza… Provisor y Vicario General de este Obispado, para que viese y diese fe, que la Santa Cruz de la calle que va para Jocotenango, estaba temblando y moviéndose del medio cuerpo para arriba.  Y como dicho es, doy fe y verdadero testimonio y hago saber a los Señores, que el presente vieren, que vi mover dicha Santa Cruz, a pausas y para que conste doy el presente, en la noche del día 2 de mayo, de este año de 1715. Y fueron testigos los SS. BB. Don Juan Gregorio Cabrera y Don José Toscano, el A. Domingo de Avilez, el Alférez Juan Martínez de Vericochea, y el Sargento Juan de Mendizábal, vecinos de esta Ciudad, y el Cabo de escuadra, Pascual de Figueroa.  Y así mismo doy fe que lo firmaron.

        • José de León, Escribano Real.4

Nótese como todos los que firmaron el acta aquí reproducida eran criollos o españoles y que todos eran o religiosos o militares.  Es más, el mismo Juarros era Bachiller eclesiástico y su obra histórica está completamente sesgada hacia el enfoque religioso de los acontecimientos que narra.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Domínguez Ortiz, Antonio (2005) [1988]. Carlos III y la España de la Ilustración. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-5970-3. pp. 221-253.
  2. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  3. Cadena, Felipe (1774). Breve descripción de la noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y puntual noticia de su lamentable ruina ocasionada de un violento terremoto el día veintinueve de julio de 1773. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas. pp. 5-22.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 116-118.
  5. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México). Archivado desde el original el 17 de diciembre de 2014. p. 118.
  6. Véase, por ejemplo: Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. 
  7. Juarros, Domingo (1857) [1808]. Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Imprenta de La Luna. pp. 213-214.

29 de febrero de 1528: Pedro de Angulo profesa en los Dominicos

Pedro de Angulo profesa en la Orden de Predicadores (Dominicos)

29febrero1528
La Catedral de Cobán en Alta Verapaz.  Nótese en la parte superior el escudo de la Orden de Predicadores, a la que perteneció Pedro de Angulo.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Fray Pedro de Angulo, O.D.P. fue uno de los primeros religiosos en llegar a Guatemala tras la conquista española. Nació en Burgos, y originalmente fue un aventurero más que vino a América a buscar fortuna en la década de 1520; pero tras la conquista de México tomó los hábitos en el convento de Santo Domingo que la Orden de Predicadores fundó en la ciudad, profesando el 29 de febrero de 1528.

Su primera misión fue junto con fray Bartolomé de Las Casas en Perú, para luego pasar a Nicaragua.  En 1835, el obispo Francisco Marroquín los llamó a Guatemala para que lo ayudaran a pacificar la provincia de Tezulutlán, que se resistía a ser conquistada.  Lo que había ocurrido es que entre 1530 y 1531 el capitán Alonso de Ávila accidentalmente en su ruta de Ciudad Real  hacia Acalán descubrió la laguna y peñol de Lacam-Tún. Los habitantes de esta zona que comerciaban con los pueblos previamente conquistados por los españoles evitaron un enfrentamiento directo utilizando la selva y la protección de las montañas de los Cuchumatanes como refugio. Hubo varios intentos por conquistar a los lacandones, desde Nueva España, desde la Península de Yucatán, desde Guatemala y desde Chiapa, pero todos fracasaron aunque lograron reducir a algunos poblados. De esta forma los mopones, tzeltales y choles fueron reubicados paulatinamente en pueblos de paz donde fueron evangelizados.

Los lacandones, por su parte, originalmente habían evitado la confrontación abierta, pero cambiaron de actitud y comenzaron el asalto de las localidades cercanas a los Cuchumatanes. Por esta razón aquella región se conoció como «Tezulutlán» o «zona de guerra«.

Las Casas y Angulo negociaron con el oidor de la Segunda Real Audiencia de México, licenciado Alonso de Maldonado (quien se encontraba reemplazando al adelantado Pedro de Alvarado mientras éste estaba atendiendo asuntos fuera de Guatemala), para conquistar pacíficamente los territorios insumisos por medio de los métodos de reducción y evangelización, los cuales serían llevados a cabo por los misioneros de la Orden de Predicadores.

Por este acuerdo, firmado el 2 de mayo de 1537, la «Tierra de Guerra» solo podría ser sometida por medios pacíficos y sus habitantes tendrían que acceder voluntariamente para convertirse en vasallos de la corona española y los indígenas no serían entregados por ningún motivo al sistema de encomiendas. Durante los primeros cinco años, tampoco sería permitida la entrada a ningún español so-pena de grandes sanciones, a excepción del propio gobernador quien además sería acompañado por los frailes.

Tras el éxito de las capitulaciones los lacandones se refugiaron más al norte en la selva del actual Petén, dejando el sur de sus antiguos territorios a los dominicos.  Los lacandones siguieron indómitos hasta 1697, mientras que la antigua región de Tezulutlán pasó ahora a llamarse «Vera-paz«, o «verdadera paz» por la tranquilidad que ahora reinaba.

Angulo fue instrumental en el éxito de aquella reducción pacífica y por ello fue nombrado Vicario General del convento de los dominicos en Guatemala en 1554, y luego fue nombrado el primer obispo de la Verapaz por recomendación de Fray Bartolomé de Las Casas en 1559. (Aquí es importante notar que Angulo fue nombrado obispo, es decir, jefe del clero secular, a pesar de ser un fraile regular; esto se debía a que prácticamente no había curas seculares en aquellos tiempos). De él dijo Las Casas: «nadie mejor que Angulo, que conoce toda  la región por haberla recorrido descalzo, y conoce muy bien el carácter de los naturales«. Pero los religiosos de la provincia de Guatemala se opusieron rotundamente al nombramiento, y el Presidente de la Real Audiencia tuvo que mandar que Angulo se alojara en las Casas Reales de Cobán para que frente a notario y testigos aceptara el obispado el 24 de abril de 1560.

Pero esto no evitó que siguieran el rechazo hacia Angulo, que tuvo que irse a México para evitar conflictos.  Hasta allá llegaron los despachos y las cédulas que le ordenaban que tomara las riendas de la diócesis en lo que llegaban las Bulas papales definitivas.  Por esta razón regresó a Guatemala, y cuando estaba en Salamá (actualmente en Baja Verapaz), murió repentinamente el miércoles después de la Pascua de 1562, sin haber sido oficialmente consagrado como obispo.


BIBLIOGRAFIA:

  • Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta. 
  • — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  • Pons Sáez, Nuria (1997). La conquista del Lacandón. México: Universidad Nacional Autónoma de México. ISBN 968-36-6150-5.
  • Ximénez, Francisco (1999). Historia de la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala de la orden de predicadores. Vol. I, libro II, capítulo=XII. Tuxtla Gutiérrez: Gobierno del estado de Chiapas. ISBN 968-5025-10-X.
  • Yáñez, Agustín (1992). Doctrina. Fray Bartolomé de las Casas. México: Universidad Nacional Autónoma de México. ISBN 968-36-2016-7.

3 de febrero de 1640: los frailes hospitalarios se hacen cargo del lazareto

Los frailes hospitalarios de San Juan de Dios se hacen cargo del primer lazareto en Santiago de los Caballeros

3febrero1640
Composición fotográfica realizada por Juan José de Jesús Yas de las ruinas de Antigua Guatemala a principios del siglo XX.  Se reconocen: La Recolección, el cementerio de San Lázaro, San Francisco el Grande, Tanque La Unión, Templo de Minerva (desaparecido), Parroquia San  José Catedral, La Merced, San Agustín, El Carmen, Arco de Santa Catalina, Palacio de los Capitanes Generales, Hospital de San Pedro y Ayuntamiento. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Cuando el presidente de la Real Audiencia de Guatemala, Alvaro de Quiñonez y Osorio, marqués de Lorenzana, se dió cuenta de que habí varios leprosos deambulando por las calles de la ciudad de Santiago de los Caballeros, dispuso que se construyera un lazareto en los poblados situados en las afueras de la ciudad, específicamene a dos kilómetros al este de la misma. El rey aprobó la construcción por medio de una Real Cédula de 1639 y donó 4000 ducados para la misma; luego de construído, se lo entregaron a los religiosos de San Juan de Dios para su administración, siendo el prior del convento de la orden en Guatemala y vicario provincial en ese entonces Carlos Cívico de la Cerda.1,2

El 29 de de septiembre de 1717el lazareto fue arruinado por el terremoto de San Miguel, y el 17 de febrero de 1719 el prior del convento de San Juan de Dios, Agustín de Sotomayor, pidió que se le donase agua para la reconstrucción del edificio, ya que existía mucho peligro de que los lazarinos contagiaran a los pacientes que los religiosos tenían en su hospital de Santiago si eran admitidos allí por falta de hospital apropiado.3

El Ayuntamiento aprobó la solicitud, pero debido a la escacez de recursos, no se pudo construir. Desafortunadamente, el terremoto de San Casimiro en 1751 dañó lo poco que se había avanzado hasta entonces,4 y con el de Santa Marta en 1773 se extinguió por completo el hospital.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Tomo I. Guatemala: Ignacio Beteta.
  2. — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  3. Gómez Carrillo, Agustín (1886). Estudio histórico de la América Central (3.a edición). Madrid, España: Imprenta de Hernando. pp. 94-95.
  4. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2008). Apuntes sobre las obras de rehabilitación del Colegio de la Compañía de Jesús. Guatemala. Archivado desde el original el 4 de junio de 2014.
  5. Moncada Maya, J. Omar (5 de mayo de 2003). «En torno a la destrucción de la Ciudad de Guatemala, 1773. Una carta del Ingeniero Militar Antonio Marín»Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales (Barcelona: Universidad de Barcelona) VIII (444). ISSN 1138-9796.

18 de abril de 1563: fallece el obispo Francisco Marroquín

18abril1563
Detalle de una fachada barroca en la ciudad de Antigua Guatemala, la cual fue fundada por Francisco Marroquín y Francisco de la Cueva tras la destrucción de la antigua capital.  En el recuadro: sello postal conmemorando el cuarto centenario del fallecimiento del obispo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Francisco Marroquín fue el primer obispo de Guatemala y el primer obispo consagrado en las colonias americanas el 7 de abril de 1537 en la Ciudad de México.1

Marroquín era Maestro de Sagrada Teología y egresado de la Universidad de Osma y llegó a Guatemala traído por Pedro de Alvarado después de que ambos se conocieron en Valladolid, , en Castilla.  Una vez en Guatemala, Marroquín se hizo cargo de la parroquia local y luego fue nombrado vicario de Guatemala, Chiapas y Honduras, hasta que finalmente obtuvo la mitra gracias a la bula del 18 de diciembre de 1534 del papa Paulo III.1

El 11 de septiembre de 1541, la ciudad de Santiago de Guatemala fue destruida por un deslave que bajó del volcán, matando a la mayoría de sus habitantes entre ellos los jefes de gobierno.  Quedaron a cargo del gobierno interino el obispo Francisco Marroquín y el licenciado Francisco de la Cueva, quienes se encargaron de encontrar un nuevo lugar a donde trasladar la destruida ciudad.2

El 2 de marzo de 1542 el Virrey de Nueva España (México) nombró al licenciado Alonso de Maldonado como gobernador del Reino de Guatemala, a donde llegó el 17 de mayo y de inmediato empezó a trabajar en el trazo de la nueva capital, Santiago de los Caballeros, asentada ahora en el Valle de Panchoy.  Por esa época, el obispo Marroquín hacía frecuentes viajes dentro de su diócesis, a lomo de mula y enfrentando las más difíciles condiciones pues todavía no había caminos en Guatemala; durante uno de esos viajes, se enteró de que lo estaban difamando en la ciudad por acusar a los encomenderos de estar explotando a los indígenas de sus encomiendas, y por ello envió una enérgica protesta a los miembros del Cabildo, quienes eran los promotores de las infamias, diciéndoles «palabras feas y desvergonzadas se dicen contra mí; pero aunque yo sea ruin, soy vuestro pastos y vuestro padre y habéisme de tener mucho respeto, como lo shijos deben manifestarlo a los padres«.  No era la primera vez que Marroquín se veía envuelto en un escándalo, pues ya había tenía enfrentamientos con el obispo de Chiapas, fray Bartolomé de Las Casas, O.P., por las encomiendas de indígenas que tenía Marroquín.3

El 9 de septiembre de 1542, el Marroquín solicitó al ayuntamiento criollo que se hiciera una procesión cada 11 de septiembre para recordar la destrucción de la ciudad.  El ayuntamiento aceptó, y aquella primera procesión se hizo en las ruinas de la antigua capital, ya que no se había hecho el traslado oficial a la nueva ciudad por estar ésta todavía en construcción.4

El 25 de julio de 1557, en su calidad de obispo, Marroquín asistió junto con el presidente, oidores, miembros del cabildo eclesiástico, del ayuntamiento criollo y de los vecinos importantes, a la ceremonia de juramentación del monarca Felipe II, de acuerdo a lo estipulado en cédula de 16 de enero de 1556.5 Y luego, el 1 de noviembre de 1559, instituyó la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, aunque el 9 de agosto de 1561 recibió la respuesta negativa del rey respecto al establecimiento de los padres de la Compañía de Jesús en la ciudad de Santiago.6

El 5 de abril de 1563, ya sintiéndose morir, Marroquín extendió su testamento ante el escribano Juan de Guevara.  En una de las cláusulas de dicho testamento indica que legaba las tierras en Jocotenango que había comprado a Catalina Hurtado y al licenciado Caballón además de dos mil pesos, para la dotación del colegio que había instituido por escritura el 9 de marzo de 1562.  En aquella fecha, Marroquín había presentado una escritura ante el escribano Alonso Rodríguez para un colegio para los hijos de españoles pobres, donde serían impartidas las cátedras de artes, filosofía, teología y gramática.7, Nota_a   En otra de las cláusulas del testamento, Marroquín cedió las casas que había comprado a Miguel de Aguirre por dos mil pesos para la fundación de una casa o convento para doncellas pobres y huérfanas.7, Nota_b 

Al agravarse su enfermedad, Marroquín falleció en su fastuosa residencia en San Juan del Obispo el 18 de abril de 1563, y fue sepultado «frente a la lámpara del Santísimo» en la catedral de la ciudad de Santiago el 20 del mismo mes.7, Nota_c  


NOTAS:

    • a: aquel colegio fue llamado «Colegio de Santo Tomás» y no fue en ningún momento la intención de Marroquín fundar una universidad en Guatemala.  Lo que ocurrió es que el colegio de Santo Tomás fue convertido en la Universidad cuando ésta por fin fue autorizado en 1676.
    • b: al igual que lo ocurrido con la Universidad, la intención de Marroquín ha sido tergiversada con el paso de los siglos.  El obispo no dejó dinero para fundar un convento, sino para que la casa de doncellas pobres fuera convertida en el convento de la Inmaculada Concepción de María años más tarde.
    • c: existe una leyenda que dice que la entonces recién estrenada imagen de Jesús Nazareno de la Parroquia de Candelaria lloró al momento de la muerte del obispo, dejando asombrados a lo que estaban presentes en la iglesia.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (7 de abril de 1926) “El capítulo de las efemérides: 7 de abril de 1537, Consagración del obispo Marroquín”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Juarros, Domingo (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Guatemala: Ignacio Beteta. pp. 262-263.
  3. Hernández de León, Federico (27 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 27 de marzo de 1542, Una carta del obispo Marroquín”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Pardo, J. Joaquín [1944] (1984). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala. p. 3.
  5. Ibid, p. 8.
  6. Ibid, p. 9.
  7. Ibid, p. 11.

12 de noviembre de 1695: fallece el capitán general Jacinto de Barrios Leal

Fallece el capitán general Jacinto de Barrios Leal, en medio de un período turbulento de la Capitanía General de Guatemala, en el que los miembros de la Real Audiencia y el presidente estaban inmersos en graves acusaciones de corrupción.

12noviembre1695
Castillo de San Felipe de Lara.  Ubicado en Bodegas, Izabal a las orillas de Río Dulce y el Lago de Izabal, el castillo fue destruido por los piratas en varias ocasiones.  El Capitán General Barrios Leal ordenó que fuera reconstruido luego de que él mismo fuera asaltado por piratas a su llegada al Reino en 1687. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La gestión del Capitán General Jacinto de Barrios Leal estuvo marcada por acusaciones de corrupción en su contra y en contra de los oidores de la Real Audiencia, y por conflictos con los criollos locales, lo que hizo que se nombrara al Juez Pesquisidor, licenciado Fernando López Ursino, quien lo destituyó y envió a Patulul y luego a Santa Ana, mientras investigaba lo que estaba ocurriendo en el Reino de Guatemala.1 

Después de un largo litigio, el asunto se resolvió cuando el rey restituyó a Barrios Leal en 1693, y desde ese momento éste se puso en marcha el plan para conquistar la región del Lacandón en Verapaz y Petén. El mismo Barrios de Leal se puso al frente de las tropas que habrían de participar en aquella campaña militar, pero el 18 de mayo de 1695 tuvo que regresar a Santiago de los Caballeros porque se había enfermado de gravedad y ya había empezado la temporada de lluvias que en la zona en donde se encontraba es muy copiosa.2

El 3 de noviembre de 1695 escribió una carta al rey, informándole que no había podido acabar con la coligación de los oidores Antonio de Navia y Bolaños, Francisco Valenzuela Venegas y Manuel Baltodano —quienes pedían soborno para sus fallos judiciales— a pesar que había desterrado a de Navia a tres leguas de la ciudad, porque «este ministro siempre ha antepuesto sus conveniencia y utilidad propia a la pública y de [Su] Majestad; y por lograr esto fomentaba y apadrinaba injusticias, procurando con gran conato atraer la voluntad de los demás ministros a la suya2

También le señaló en detalle que estaba organizando una nueva entrada hacia Petén Itzá, partiendo desde Cobán y atravesando el territorio de los choles.  Y concluyó la carta con una despedida: «bien que al presente yo no trato más que de disponerme para una buena muerte, respecto de hallarme bien apretado de achaque molesto que más ha de un año padezco, y este pliego con los autos de dicha sumaria los dejo prevenidos para que se remitan a Vuestra Majestad si Dios Nuestro Señor fuere servido de llevarme para si asegurando con la verdad que debo a Vuestra Majestad y según el peligro de muerte en que me hallo que así en este negocio como en todos he atendido con muy sana intención el mayor servicio de Vuestra Majestad a que estoy y he estado obligado, anteponiendo éste a todas conveniencias propias; y ruego a Dios Nuestro Señor guarde la real y católica persona de Vuestra Majestad con mayores aumentos de reinos y señoríos como la cristiandad ha menester.2

Sabiendo que el Capitán General estaba por fallecer, el capitán Lorenzo de Montúfar, solicitó al Ayuntamiento criollo de Santiago de los Caballeros que lo invistiera como Caballero de la Orden de Calatrava, el 6 de noviembre de 1695, en la Sala del Real Acuerdo.2

Barrios Leal falleció el 12 de noviembre de 1695, día en que la Iglesia Católica celebra a San Diego y fue sepultado al pie del altar de Nuestra Señora del Socorro, en la Catedral. En su testamento dejó mil pesos para la Compañía de Jesús, pero la Audiencia se los otorgó al Colegio de Cristo Crucificado de Propaganda Fide —La Recolección, lo que provocó fuertes diferencias entre las dos instituciones religiosas.2

Francisco Ximénez,O.D.P., quien llegara a Guatemala con el Juez Pesquisidor López Ursino, indicó en su crónica que Barrios Leal «murió con muy buenas disposiciones, y pidiendo perdón á todos los que había agraviado, yporque no se hallaba allí el Oidor Dn. Antonio de Navia á quien tenía retirado, mandó que le diesen el Santo Cristo con que el moría, en señal de la paz que deseaba tener con él, y de pedirle perdón de los agravios que le había hecho«.2

Por su parte, el oidor Scals logró ser nombrado presidente provisorio en lugar de Valenzuela Venegas, quien era el decano de los oidores y a quien le correspondía el nombramiento, iniciando así un problema de usurpación de funciones que se extendería hasta la llegada del siguiente presidente, Gabriel de Sánchez y Berrospe, el 27 de marzo de 1696.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cabezas Carcache, Horacio (2017) Gobernantes de Guatemala en el siglo XVII. Guatemala. p. 143.
  2. Ibid, p. 149.
  3. Juarros, Domingo (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. II. Guatemala: Ignacio Beteta. p. 140.

25 de octubre de 1709: confirman a Fray Rodrigo de la Cruz como Prefecto General de los Betlemitas

Confirman a Fray Rodrigo de la Cruz como Prefecto General vitalicio de Orden de Belén, fundada por el santo Hermano Pedro

25octubre1709
Antigua iglesia de Belén en la Antigua Guatemala a principios del siglo XX.  Tras los terremotos de 1773, los frailes tuvieron que vender sus antiguos monasterios para subsisitir, y por ello la iglesia era utilizada como fábrica.  Imagen de Arnold Genthe.

La orden de los betlemitas es una orden regular hospitalaria que se estableció en el Reino de Guatemala durante la época colonial, a instancias del santo Hermano Pedro de Betancour, y por el trabajo incansable de Fray Rodrigo de la Cruz —cuyo verdadero nombre era Rodrigo Arias de Maldonado, ex gobernador de Costa Rica—.  Esta orden tiene la particularidad de ser tanto la primera que se estableció en tierras americanas y como de ser la útima orden regular que se aprobó.

De la Cruz nació en Marbella, Granada el 23 de diciembre de 1637, y provenía de una familia que era descendiente del duque de Alba y de los condes duques de Benavente: la de Andrés Arias Maldonado, quien fuera nombrado gobernador de Costa Rica en 1656.  Poco después de llegar a Centroamérica, Andrés Arias falleció y la gobernatura recayó en su hijo Rodrigo, quien conquistó Talamanca utilizando para ellos sesenta mil pesos de su propio peculio.

En virtud a sus victorias y a su lealtad para con la corona, el rey Carlos II lo nombró marqués de Talamanca, pero para cuando llegó la bula con su nombramiento, Rodrigo Arias había tomado los hábitos de la orden de Belén, una sencilla orden de frailes que había formado el santo hermano Pedro de Betancour.  De acuerdo al historiador eclesiástico Domingo Juarros, cuando Arias se encontraba en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1666, presenció el milagro de resurrección de una señora, hecho por el santo hermano Pedro, lo que lo horrorizó y lo llenó de veneración para con el santo.  De la impresión, Arias abrazó la vida monástica y se cambió el nombre por el de Rodrigo de la Cruz.

Tan solo cuatro meses después de su conversión falleció el hermano Pedro, y de la Cruz quedó al frente de la nueva orden, y del Hospital de Nuestra Señora de Belén.  De inmediato se dedicó a organizar correctamente la orden, formando los estatutos de la Compañía Betlemítica, consiguiendo que los aprobara el Ordinario y que nuevos hermanos tomaran los hábitos.  Posteriormente, se reunieron capitularmente y eligieron a de la Cruz como su Superior el 2 de febrero de 1668.

Ya formalmente al frente de la orden, de la Cruz continuó con la construcción del Hospital, la casa de los hermanos y la iglesia de Belén, y también fundó el beaterio de Belén para mujeres.  Posteriormente viajó a Lima, en donde fundó el instituto Betlemítico en el Hospital de Nuestra Señora del Carmen y luego fue a Madrid y a Roma para obtener la confirmación de la constitución de su orden.

Regresó a Guatemala en 1676 a poner en práctica las ordenanzas y luego fue a Lima a hacer lo mismo, aprovechando para fundar Hospitales en Cajamarca, Chachapoyas, Piura y Trujillo.  Incansable en su labor, el 10 de diciembre de 1703 fue nombrado Prefecto General de la orden hasta que la Curia Romana decidiera si aquel puesto era vitalicio; esta resolución fue confirmada el 25 de octubre de 1709, en el segundo capítulo general que se celebró en el Convento de Guatemala.

De la Cruz continuó su ardua labor al frente de la orden hasta su muerte, el 25 de septiembre de 1716, cuando tenía 79 años de edad, 50 de haber ingreso a la orden y 29 de ser su Prefecto General.  Fue sepultado en la Iglesia del Hospital de México, que él mismo había fundado.


BIBLIOGRAFIA:


21 de septiembre de 1685: fray Antonio Margil de Jesús llega a Santiago de los Caballeros

Llega a Santiago de los Caballeros fray Antonio Margil de Jesús, quien fue el último fraile que intentó reducir pacíficamente al pueblo Itzá

22septiembre1826
Portada del reporte official en que se relata cómo ocurrió la consquista del pueblo Itzá en 1697.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El fraile español ntonio Margil de Jesus recibió el hábito de San Francisco, en el Convento de la Corona de Cristo de la ciudad de Valencia, España en 1675 y luego se alistó entre los misioneros que venían a la Nueva España a fundar el Colegio de Santa Cruz de la ciudad de Querétaro. Hizo misión en Querétaro y en México, y luego salió en marzo de 1684, acompañado de Fr. Melchor López, hacia las provincias de Yucatán, Chiapa y Soconusco. Continuaron su misión por las costas del Pacífico, y llegaron a Guatemala el 21 de septiembre de 1685, estableciéndose en Santiago de los Caballeros, y desde allí predicaron en la provincia guatemalteca, para luego partir a las provincias de San Salvador, Comayagua, Nicaragua y Costa Rica.1,2

Pero cuando se hallaban inmersos en el adoctrinamiento y reducción de los indígenas Talamancas, y ya habían levantado once iglesias en esa región, dos en la de los Turrabas, y una en la de los Tejabas, y «formado otros tantos pueblos con los indígenas que habían sacado de la montaña«, recibieron orden del M. H. P. Comisario General, para que se regresara a su Colegio en México. Sin embargo, cuando llegaron a Santiago de los Caballeros se encontraron con que su misión había sido modificada ya que el obispo de Guatemala, Andrés de las Navas, les pidió que fueran a la región norte de la provincia de la Verapaz (hoy Petén) ya que esta «se hallaba tumultuada«.1,2, Nota_a

Partieron inmediatamente para la referida Provincia y lograron calmar la situación en el área en donde la presencia española era considerable. Luego se adentraron en las montañas en busca de los indígenas Choles, que habían «apostatado de la fe y andaban por los bosques errantes y descarriados«.Nota_b Aunque al principio sufrieron vejámenes y torturas, los misioneros consiguieron que los Choles regresaran al catolicismo y se establecieran en ocho poblaciones o doctrinas. Esto lo consiguieron gracias a la labor que ya habían hecho los dominicos cien años antes en la región con las reducciones de Tezulutlán, lo que hizo un poco más fácil convencer a los Choles de regresar a la dominación espanola y al trabajo no remunerado en las doctrinas de los frailes, quienes a cambio «los instruían en la ley de Dios«.3

Pero cuando Margil y Melchor se adentraron en la región de los itzaes, quienes eran indómitos e independientes, la situación fue muy diferente. Los misioneros llegaron a esa región en febrero de 1694, pero no fueron bien recibidos por los indígenas, quienes no solamente los vilipendiaron sino que los expulsaron de su territorio.3 Ante esto, los misioneros regresaron a Santiago de los Caballeros en donde relataron a la Real Audiencia todo lo acontecido. Con base en este informe, a principios de 1695 salió el Presidente Jacinto de Barrios y Leal, por orden del rey a reducir a los itzaes, con 600 soldados, y varios religiosos dominicos, y mercedarios, ademas de Margil pero no logró completar su misión pues enfermó de gravedad y tuvo que regresar a la ciudad de Santiago de los Caballeros, en donde murió poco después.4


NOTAS:

    • a: Lo que estaba ocurriendo era que los españoles querían tomar el control de la etnia Itzá de una vez por todas, ya que la región del Lacandón que ocupaban no solamente se había mantenido independiente y había logrado resistir la dominación europea por más de siglo y medio, sino que estaba influyendo en las comunidades indígenas ya bajo control español para que se les unieran en su resistencia.
    • b: Lo que se traduce a que estaban en comunicación con los Itzáes que los habían convencido de luchar por su independencia.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta.
  2. — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  3. Means, Philip Ainsworth (1917). History of the Spanish Conquest of Yucatan and of the Itzas. Papers of the Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology, Harvard University VII. Cambridge, Massachusetts, EE. UU.: Peabody Museum of Archaeology and Ethnology. OCLC 681599.
  4. Cabezas Carcache, Horacio (2017) Gobernantes de Guatemala en el siglo XVII. Guatemala. pp. 143-149.

24 de abril de 1560: Pedro Angulo, O.D.P., acepta el obispado de la Verapaz

Fray Pedro Angulo, O.D.P., acepta el obispado de la Verapaz en las Casas Reales de Cobán pese al rechazo de los religiosos de la Provincia

24abril1560
Interior de la Catedral de Cobán en 1884. Grabado del libro Guatemala, the land of quetzal de William T. Brigham, publicado en 1887; nótese que todavía aparecen retablos en los muros laterales.

La Iglesia de la Verapaz la fundaron los frailes dominicos, y al principio estuvo bajo la jurisdicción del obispo de Guatemala hasta 1558, en que pasó al obispado de Chiapa, y luego fue convertida en diócesis por el papa Paulo IV en 1559.  El primer obispo nombrado fue el fraile Pedro de Angulo, O.D.P., que era originario de Burgos y llegó a América en 1524, en donde participó en la conquista y pacificación de algunas provincias de Nueva Espana antes de tomar los hábitos de la Orden de Predicadores.

Tras participar en las Capitulaciones de Tezulutlán y pacificar la región de la Verapaz junto con Fray Bartolomé de Las Casas, Angulo llegó al convento de Guatemala en 1556, y fue uno de los fundadores de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala.

A principios de 1560 llegó a Guatemala la noticia de que se fundaba la nueva diócesis y del nombramiento del padre Angulo como obispo.  Pero los religiosos de la provincia de Guatemala se opusieron rotundamente al nombramiento, y el Presidente de la Real Audiencia tuvo que mandar que Angulo se alojara en las Casas Reales de Cobán para que frente a notario y testigos aceptara el obispado el 24 de abril de 1560.

Pero esto no evitó que siguieran el rechazo hacia Angulo, que tuvo que irse a México para evitar conflictos.  Hasta allá llegaron los despachos y las cédulas que le ordenaban que tomara las riendas de la diócesis en lo que llegaban las Bulas papales definitivas.  Por esta razón regresó a Guatemala, y cuando estaba en Salamá —actualmente en Baja Verapaz—, murió repentinamente el miércoles después de la Pascua de 1562, sin haber sido oficialmente consagrado como obispo.


BIBLIOGRAFIA: