2 de diciembre de 1899: rebelión castillista en Oriente

Una rebelión liderada por el excandidato presidencial José León Castillo invade Jutiapa y Chiquimula

2diciembre1899
Caricatura aparecida en «El Torpedo» poco antes de las elecciones de 1898, en la que se muestra al candidato José León Castillo recibiendo ayuda económica del presidente salvadoreño Tomás Regalado para invadir Guatemala tras resultar perdedor. En el recuadro: el general Tomás Regalado, último caudillo de Cuscatlán. Imágenes tomadas de «El Torpedo» y de Wikimedia Commons.

El licenciado José León Castillo se distanció del gobierno del general José María Reina Barrios cuando éste dio un autogolpe de estado e intentó extender su mandado presidencial hasta 1902 luego de que estallara la grave crisis económica por la caída del precio internacional del café.  Reina Barrios lo había enviado como Jefe Político a Jutiapa en mayo de 1897, y tras le extensión de su mandato lo iba a hacer prisionero, pero Castillo huyó a El Salvador y desde allí intentó dirigir la Revolución de oriente en septiembre de 1897.  Sin embargo, por su nula preparación militar, su movimiento fracasó.1-5

Tras el asesinato del presidente el 8 de febrero de 1898, y la llegada al poder del licenciado Manuel Estrada Cabrera,6-7 la situación en el país retornó al férreo estilo dictatorial del general J. Rufino Barrios, y Castillo postuló su candidatura a la presidencia para las elecciones a las que convocó el presidente interino para agosto de ese año.8  Aquellas elecciones fueron irregulares, ya que Estrada Cabrera movió todas las influencias a su alcance para resultar electo, incluyendo sacar presos a las calles para que le sirvieran como esbirros y amedrentaran a los votantes, y la publicación de pasquines en contra de sus rivales;8 específicamente, se publicó «El torpedo» en la casa editorial «A. Siguere y Cía.» —la misma que publicaba «La Ilustración Guatemalteca«—, y en el que atacaban directamente a Castillo.  Aunque éste y los otros candidatos también publicaron periódicos en los que atacaban al presidente interino exponiendo que éste utilizaba los recursos del Estado para su campaña, Estrada Cabrera resultó electo y Castillo tuvo que salir al exilio a El Salvador, en donde lo apoyaba el general Tomás Regalado y desde donde intentó derrocar al gobierno liberal.9

Su primer intento en contra de Estrada Cabrera ocurrió el 2 de diciembre de 1899, cuando dirigió una nueva revolución en el oriente del país, invadiendo Jutiapa y de Chiquimula por unas horas. Al respecto, el presidente mencionó lo siguiente en su mensaje anual a la Asamblea Legislativa en marzo de 1900: «la paz y la tranquilidad han reinado, felizmente, en todo el país; y si bien el dos de diciembre próximo pasado, unos cuantos ambiciosos turbaron, de momento, el sosiego público penetrando a los departamentos de Jutiapa y Chiquimula, fueron rechazados por la opinión pública y batidos y deshechos inmediatamente por las fuerzas del Gobierno, tornando la calma, apenas turbada, a aquellos leales pueblos de Oriente; y los ciudadanos todos, al amparo de la ley, han vuelto á sus habituales ocupaciones, pues que comprenden que sólo con la paz y con el trabajo, pueden restañarse, siquiera sea paulatinamente, las antiguas heridas de la patria10 A esto, el presidente de la Asamblea Legislativa, licenciado Arturo Ubico Urruela, contestó: «La Asamblea deplora que en el mes de diciembre último el sociego público se haya turbado por la invasión que unos cuantos enemigos de la paz efectuaran en los departamentos de Jutiapa y Chiquimula; pero se complace á la vez en que las fuerzas del Gobierno secundadas por la opinión pública hayan impedido la realización de los propósitos de aquéllos, tornando de nuevo la tranquilidad de que felizmente se ha disfrutado en todo el país.»11

Es importante destacar que para entonces, las relaciones entre el presidente de Guatemala, el general Tomás Regalado —hombre fuerte de El Salvador— y el general José Santos Zelaya —presidente de Nicaragua— eran muy tirantes. Los tres eran conocidos despectivamente como los «Porfiritos«, en alusión a que su estilo de gobierno era semejante al del general Porfirio Díaz en México y a que los tres creían estar destinados a seguir el ideal liberal de J. Rufino Barrios de lograr la unión centroamericana. Además, debido al triunfo de los Estados Unidos en la guerra contra España en 1898, la posibilidad de construir el canal Interoceánico en Nicaragua era más real que nunca antes. Por esto, el que lograra constuir el canal, dominaría en la región centroamericana y sería un rival de peso para Porfirio Díaz y México.12

Por esta razón, Díaz apoyó cualquier movimiento que apoyara las fricciones entre los porfiritos, en especial en contra de Guatemala, ya que el gobierno de Estrada Cabrera se había aliado con los Estados Unidos para evitar que Inglaterra invadiera el país para cobrar la gran deuda que arrastraba el país debido al colapso económico de 1897. Así pues, Díaz proporcionó ayuda a Regalado para desestabilizar a Guatemala, quien a su vez patrocinó el intento fallido de José León Castillo.13


BIBLIOGRAFIA:

  1. Nuestro Diario (12 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el movimiento revolucionario de Castillo.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  2. — (13 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el auge de la Revolución.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  3. — (14 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: la Revolución recibe nuevos elementos.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  4. — (15 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el desastre de la Revolución.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  5. — (16 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: la huída de los castillistas.  Guatemala: Nuestro Diario.
  6. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008). «Disparos en la Obscuridad. El Asesinato del General José María Reina Barrios»Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación (Guatemala).
  7. — (2009). «La suerte de los que se quedan… los hechos que siguieron al asesinato de Reina Barrios»Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación(Guatemala).
  8. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 34.
  9. Rivera Cabezas, Napoleón (16 de julio de 1898) El Torpedo.  Guatemala: A. Siguere y Cía.
  10. Estrada Paniagua, Felipe (1908). Recopilación de las leyes de la República de Guatemala. XIX. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. p. IV.
  11. Ibid., p. X.
  12. Bucheanu, Jürgen (1996). The making of México’s Central America Policy, 1876-1930. XIX. (en inglés) Tuscaloosa, Alabama: The University of Alabama Press. p. 53.
  13. Ibid., p. 51.

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20 de julio de 1906: tratado de paz del «Marblehead»

Se firma el tratado de paz en el buque «Marblehead», con el que Guatemala ratifica su hegemonía en el Istmo, y se inicia de hecho la injerencia de los Estados Unidos en la región.

20julio1906
Los representantes de El Salvador, Honduras y Guatemala, reunidos con el embajador de los Estados Unidos Leslie Combs y con el de México, Federico Gamboa, a bordo del crucero estadounidense «Marblehead» para la firma del tratado de paz de 1906.  En el recuadro: el embajador Combs, de los Estados Unidos. Imágenes tomadas de «La Locomotora«.

Tras la fortuita victoria del ejército guatemalteco sobre las fuerzas salvadoreñas  comandadas por el general Tomás Regalado el 9 de julio de 1906, la situación del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera fue inmejorable.1 Hasta ese momento, las potencias de Norteamérica, Estados Unidos y México, (en donde gobernaban los presidentes Theodore Roosevelt y Porfirio Díaz, respectivamente) tenían un gran interés en mantener el control de la región centroamericana, y por ello el gobierno de Díaz había apoyado las invasiones desde El Salvador y desde el propio México para derrocar al gobierno de Estrada Cabrera, el cual se había aliado a los Estados Unidos desde el principio para contrarrestar la amenaza de una invasión inglesa.2  Dicha invasión, era una fuerte posibilidad, dado el grave endeudamiento que dejó su antecesor, el fallecido general José María Reina Barrios, debido a los grandiosos proyectos que había emprendido durante su gobierno y que quedaron inconclusos tras el desplome de la economía guatemalteca en 1897.3

Con el triunfo de las armas de Guatemala, la posición del presidente Roosevelt en la región quedó consolidada; aunque ya era más poderosa después del triunfo de los Estados Unidos contra España por las islas de Cuba y Puerto Rico en 1898, y por la construcción del Canal Interoceánico después de independizar a Panamá de Colombia, todavía no había controlado al resto de países centroamericanos, que hasta 1906 habían estado más allegados al régimen porfirista que al de los Estados Unidos. De hecho, a los presidentes centroamericanos les llamaban despectivamente «porfiritos«.4

Reconociendo su derrota, Díaz no tuvo más remedio que convocar a una reunión en aguas neutrales entre los representantes de Guatemala, Honduras y El Salvador, junto con enviados de los Estados Unidos y México.  Dicha reunión se llevó a cabo en el crucero estadounidense «Marblehead» en presencia del embajador Leslie Combs, de los Estados Unidos, y del embajador Federico Gamboa, de México, y los delegados firmaron un convenio que terminaba la contienda suscitada por la invasión de Regalado.5  Esto significó un gran triunfo para los Estados Unidos y para Estrada Cabrera, ya que los primeros y sus poderosas transnacionales impusieron sus condiciones en la región, mientras que el segundo, seguiría siendo presidente de Guatemala hasta que ya no le sirvió a los intereses norteamericanos en 1920.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia. Memorias de un siglo 1821-1921III Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 660-662.
  2. Buchenau, J. (1996). In the Shadow of the Giant, the Making of Mexico’s Central America Policy (1876-1930) (en inglés). Univ of Alabama Pr; Edición: Vintage Intl. ISBN 0-8173-0829-6. pp. 50 y siguientes.
  3. La Ilustración Guatemalteca (15 de mayo de 1897). «Resumen quincenal»La Ilustración Guatemaleca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) I (20).
  4. Buchenau, In the Shadow of the Giant, p. 57.
  5. Estrada Paniagua, Felipe (28 de julio de 1906). «Paz». La Locomotora (Guatemala: Pacheco) I (2)  pp. 1,2.
  6. Dosal, Paul (1995). Doing Business with the Dictators: A Political History of United Fruit in Guatemala, 1899-1944 (en inglés). Nueva York: Rowman and Littlefield.

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18 de abril de 1902: terremoto de San Perfecto

Fuerte terremoto provocado por el volcán Santa María destruye la ciudad de Quetzaltenango.

18abril1902
Ruinas de la ciudad de Quetzaltenango tras el terremoto de 1902.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El año de 1902, hacia el final del primer período presidencial del licenciado Manuel Estrada Cabrera, fue devastador para la región occidental de Guatemala.  Primero fue el terremoto de San Perfecto el 18 de abril, y luego la devastadora erupción del Volcán Santa María el 24 de octubre.  El sismo tuvo una magnitud estimada de Mw 7,5 y se produjo a las 20:53:50 en el departamento de Quetzaltenango.1​ El terremoto tuvo una duración de casi dos minutos y fue precedido de varios sismos premonitores y seguido de muchas réplicas, siendo los departamentos de Quetzaltenango y Sololá los más afectados. Entre ochocientas y novecientas personas fallecieron por el terremoto y hubo daños materiales importantes en la extensa zona afectada. Todas las iglesias en el oeste de Guatemala y el este de Chiapas sufrieron daños severos o fueron destruidas.2,3

El escritor Federico Gamboa —quien era el embajador del gobierno mexicano del general Porfirio Díaz en Guatemala de 1899 a 1902— se encontraba en la Ciudad de Guatemala al momento del terremoto y lo relata detalladamente en su obra «Mi Diario».4

18 de abril [de 1902].- Noche horrenda, un verdadero cataclismo del que por milagro escapamos. A eso de las 5 de la tarde, que leía yo en una mecedora, en la terraza, alcé casualmente los ojos al cielo, todo él plomizo, cual si se avecinara alguna tormenta de las que por aquí abundan cuando como en este año la temporada de lluvias se adelanta. Anocheció a poco, y despejóse el firmamento.4​ Minutos después de las 7, inopinadamente, debió de caer muy cerca de casa una formidable descarga eléctrica, cuyo estruendo nos ensordeció y cuya luz vivísima y cárdena nos dejó medio ciegos. Y de las nubes, se dejó venir un diluvio que mal año para el del abuelo Noé…»5​ De súbito, comenzó un terremoto espantoso, que sacudía la casa y la ciudad entera, con reconcentrada extrahumana fuerza devastadora; algo horrible y nunca antes sentido… Mi mujer cae de hinojos; la perra Diana aulla fatídicamente… Al pronto, quédome inmóvil con mi hijo entre mis brazos, sus grandes ojos de criatura inteligente, mirándome despavorido… Sin dismuinuir en su intensidad espantable, el terremoto continúa… Al cabo de siniestros parpadeos, la luz eléctrica se apaga; estamos en piso alto, en tinieblas, sin esperanza de salvación… Repican las arañas de cristal, crujen muebles, puertas y techos… Continúa el terremoto.5

Siempre con mi hijo en los brazos, trabajosamente me levanto de la silla, vacilo como un beodo o atacado de vértigo; a tientas y con no menores trabajos, abro la puerta, y en sus umbrales coloco a mi mujer arrodillada; Diana, sin dejar de aullar, me planta sus manos en mis espadas, que yo hinco en la jamba… El terremoto continúa sacudiéndonos en la tiniebla. Reza mi mujer en voz alta y trémula, entreverada de sollozos; mi hijito, cual si a mí me fuese dable atajar el fenómeno, susúrrame de vez en cuando muy quedó en su infantil media lengua que tiene miedo. Rezo a mi vez; pero en vista de que el temblor no cesa, pienso en que las resistencias tienen su límite, y en que, si dios no nos salva, estamos perdidos, irremisiblemente perdidos… Entonces, no por tranquilizar a mi mujer, sino por propia y honrada convicción, la exhorto a que se resigne.6

Al fin, el sismo se aplaca lentamente, y para… En los primeros instantes de respiro, mi mujer no me permite ni que vaya yo a encender una luz… Nuevo temblor rápido… La repetición me alarma, y resuelvo nuestro traslado al piso bajo, a oscuras todavía… En el resto de la noche, que nos pasamos en vela, siete sacudidas más.6​ Narración que me hace mi cuñado, del pánico que en cafés y calles originó el descomunal terremoto…6

El 21 de abril continuaban los sismos y los ciudadanos de la capital estaban sumamente nerviosos; ese día empezaban a llegar las noticias de los departamentos: Quetzaltenango estaba casi totalmente destruida y con aproximadamente novecientos fallecidos; Escuintla y Amatitlán quedaron medio arrasadas; todo el occidente quedó muy perjudicado y centenares de fincas de café y de caña quedaron por los suelos.​ El gobierno declaró calamidad nacional. Para entonces se habían producido numerosas réplicas y rumores que provocaban el pánico de los guatemaltecos; uno de esos rumores aseguraba que el presidente Manuel Estrada Cabrera y el embajador mexicano Federico Gamboa eran los únicos que habían sido informados por el Observatorio de San Francisco de que un inminente cataclismo amenazaba a Guatemala.»7


BIBLIOGRAFIA:

  1. INSIVUMEH (s.f.). «Principales eventos sísmicos del siglo XX en Guatemala». Archivado desde el original el 1 de agosto de 2008.
  2. Rose, William Ingersol (s.f.). «Natural Hazards in El Salvador»Geological Society of America (en inglés). p. 394.
  3. Rockstroh, Edwin (1902). «1902 Earthquake in Guatemala»Nature (en inglés) 66: 150. doi:10.1038/066150a0. p. 150.
  4. Gamboa, Federico (1920). Gómez de la Puente, Eusebio (ed.), ed. Mi diario, primera serie III. México: Hispano Americana.
  5. Ibid., p. 148.
  6. Ibid., p. 149-150.
  7. Ibid., p. 151.

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4 de octubre de 1901: muere Rafael Spínola

Muere el eminente orador, literato y político Rafael Spínola, creador de las Fiestas de Minerva, y quien fungía como Ministro de Fomento del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

4octubre1901
El antiguo Ministerio de Fomento de la ciudad de Guatemala.  Derribado por los terremotos de 1917-18, había sido la mansión del general Juan Martín Barrundia, ministro de la Guerra de J. Rufino Barrios.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Con tan solo 45 años de edad, Rafael Spínola dejó un amplio legado en la literatura, el periodismo, y la oratoria  guatemaltecas. Era descendiente del alférez de Caballería coronel José María Espínola Baeza y Bravo que llegó a Guatemala el 12 de junio de 1822, al mando de seiscientos hombres del ejército mexicano y bajo las órdenes del general italiano Vincenzo Filísola, a quien había mandado el emperador mexicano Agustín de Iturbide para que tomara el control de la region luego de la anexión de Centroamérica a México.1

Tras el derrumbe del Primer Imperio Mexicano, Filísola convocó a una Asamblea Constituyente para Centroamérica y se retiró a México con sus tropas, pero el coronel Espínola ya no regresó porque en Guatemala conoció a la señorita Mariana del Águila Escobar, con quien contrajo matrimonio y procreó a tres hijos. En Guatemala se cambió el apellido de Espínola a Spínola, indicando que así era como se escribía originalmente.1

Rafael Spínola era hijo de José Vicente Spínola del Águila e Isabel Orellana Corzo, quien a su vez era nieta del doctor venezolano Narciso Esparragoza y Gallardo, que se graduó en Guatemala en 1794 y quien fuera el primer médico anatómico de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, nombramiento concedido por Cédula del Rey Carlos IV.

Spínola realizó sus estudios de secundaria en el Instituto Nacional Central para Varones, sobresaliendo por su habilidad para hacer agudos comentarios a los profesores.2 En 1885, tras la muerte del general Justo Rufino Barrios el 2 de abril en Chalchuapa, el coronel del Rigoberto Cabezas inició el periódico «El Pueblo«, en donde pretendió hacer oposición al gobierno del presidente interino, general Manuel Lisandro Barillas, y en este periódico Spínola inició su carrera periodística.3 El periódico solamente alcanzó tres números pues Cabezas fue expulsado de Guatemala, y Spínola salió exiliado a México en donde conoció a varias personalidades de ese país, incluyendo al escritor y diplomático Federico Gamboa, quien en sus memorias relata que Spínola llegó expatriado y sin dinero.4-5

Al regresar a Guatemala, Spínola realizó estudios de medicina, aunque se inclinó más por la literatura, el periodismo y la oratoria.​ También incursionó en política y en 1893 era diputado de la Asamblea Nacional Legislativa, impartía clases de filosofía en el Instituto Central para Varones y era uno de los principales oradores del gobierno del general José María Reina Barrios.2

De 1896 a 1897 fue el redactor en jefe de La Ilustración Guatemalteca, revista literaria quincenal que, a pesar de su corta duración, es una referencia importante para conocer la situación política y económica de Guatemala durante los últimos año del gobierno del general José María Reina Barrios. En esta revista colaboró con Ramón A. Salazar, A. Macías del Real y Alberto Valdeavellano.6  En esa época, Spínola se casó con la mexicana Ana Florencia Strecker Frías, con quien tuvo dos hijas: Magdalena y Stella.​7

Luego del asesinato del presidente Reina Barrios el 8 de febrero de 1898, Spínola pasó al equipo de trabajo de La Idea Liberal desde donde trabajó en la campaña presidencial del licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien había sido designado como presidente interino tras la muerte de Reina Barrios. En agradecimiento a su labor el presidente Estrada Cabrera lo nombró subsecretario de Fomento cuando tomó posesión el 2 de octubre de 1898.

Cuando Estrada Cabrera inició su primer período oficial el 15 de marzo de 1899, nombró a Spínola como ministro de Fomento, quien en ese puesto tuvo dos contribuciones muy importantes para el gobierno cabrerista.  En primer lugar, fue el creador de las Fiestas Minervalias, evento educativo y propagandístico con que Estrada Cabrera promocionó su gobierno de veintidós años en el extranjero.8​ Su segunda contribución fue redactar el contrato que otorgó la concesión del Ferrocarril del Norte a una empresa ferroviaria estadounidense por noventa y nueve años, dando origen a una serie de contratos lesivos para Guatemala y el establecimiento de la United Fruit Company en el país.​9

Pero el año de 1901 fue trágico para la familia Spínola Streckler; Ana Florencia falleció en mayo, víctima de una enfermedad y Spínola murió de depresión a los 45 años de edad, el 4 de octubre de 1901, dejando en la orfandad a sus hijas.10  Magdalena, de solo 4 años de edad, fue a vivir con sus abuelos maternos, y Stella con sus abuelos paternos.​7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Figueroa, Bill (31 de julio de 2007). «Genealogía de México: Don José María Espínola Baeza y Bravo». México. Archivado desde el original el 2 de junio de 2015
  2. Morales, Domingo (1896). Prólogo de Artículos y discursos de Rafael Spínola. Guatemala: Tipografía Nacional.
  3. Soto Vásquez, Lilly (2013). «Las acciones políticas de Rigoberto Cabezas en Guatemala». Red de docentes de América Latina y del Caribe. Archivado desde el original el 2 de junio de 2015
  4. Gamboa, Federico (1910). Gómez de la Puente, Eusebio, ed. Mi diario, primera serie. México: La Europea.
  5. — (1920). Gómez de la Puente, Eusebio, ed. Mi diario, primera serie III. México: Hispano Americana.
  6. La Ilustración Guatemalteca (15 de julio de 1896). «Nuestro propósitos»La Ilustración Guatemaleca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) I (24). p. 346.
  7. Aguilar Umaña, Isabel (1998). «Un tributo póstumo a la muerte: Magdalena Spínola». Gold, Janet N. (Ed.), ed. Volver a imaginarlas: retratos de escritoras centroamericanas. Paraguay: Guaymuras. ISBN 9789992615096.
  8. Carrera Mejía, Mynor (s.f.). Las Fiestas de Minerva en Guatemala, 1899-1919: El ansia de progreso y de civilización de los liberales. Costa Rica: Universidad de Costa Rica. Archivado desde el original el 1 de junio de 2015.
  9. Bucheli, Marcelo (2008). «Multinational Corporations, Totalitarian Regimes, and Economic Nationalism: United Fruit Company in Central America, 1899-1975». Business History (en inglés) 50 (4): 433-454. doi:10.1080/00076790802106315.
  10. El Guatemalteco (4 de octubre de 1901). «Don Rafael Spínola». El Guatemalteco (Guatemala).

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24 de enero de 1899: arriba el diplomático mexicano Federico Gamboa

Arriba a la Ciudad de Guatemala el escritor y diplomático mexicano Federico Gamboa en representación del gobierno del general Porfirio Díaz ante el del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

24enero1899
El Palacio del Ejecutivo durante la época en que Gamboa arribó a Guatemala. El Palacio estaba en donde ahora se encuentra el Parque Centenario, la Biblioteca Nacional y el Instituto de Previsión Militar. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 24 de enero de 1899 arribó a la Ciudad de Guatemala el embajador de México y escritor Federico Gamboa, en representación del gobierno del general Porfirio Díaz.1 Eran momentos difíciles para México con el auge de la influencia de los Estados Unidos luego de derrotar a España y quedarse con Cuba y Puerto Rico. Díaz miraba con preocupación el acercamiento que el licenciado Manuel Estrada Cabrera había mostrado hacia los estadounidenses desde que inició su gestion en febrero de 1898.2

Gamboa dejó registrado en su obra «Mi Diario» su paso por las tierras guastemaltecas, y en ellas se deja ver su animadversión hacia el gobierno cabrerista. De hecho, desde el principio dejó constancia en dicho diario de su rechazo al régimen guatemalteco; por ejemplo, pocos días después de su llegada fue invitado al palacio del ejecutivo por el presidente Manuel Estrada Cabrera para intercambiar impresiones; Gamboa describió el palacio de gobierno de ese entonces como «un caserón destartalado y feo de los antiguos tiempos coloniales que no era agradable a la vista, aunque en su interior la decoración lo hacía un tanto más agradable».1

Luego, Gamboa recorrió la ciudad y la describió indicando que el paseo de La Reforma -o Bulevar «30 de junio»- «era bellísimo, pero que tenía dos problemas: no había nadie en él y estaba completamente descuidado«. Al circular en su carruaje por el paseo «de trazado a la europea«, logró ver tres o cuatro edificios de buena manufactura, los restos derruidos del salón de la Exposición Centroamericana de 1897, el monumento al general Miguel García-Granados y Zavala y el museo del Palacio de La Reforma con el monumento a J. Rufino Barrios, que se encontraba donde en el siglo XXI está el Obelisco.1

Conforme pasaron los años fue registrando en su diario los hechos que ocurrían en Guatemala durante el régimen de Estrada Cabrera, incluyendo el terremoto de Quetzaltenango de 1902 y el atentado de la Bomba en 1907. Muchos de estos hechos fueron referidos textualmente en la obra «¡Ecce Pericles! del escritor conservador Rafael Arévalo Martínez, quien no advierte al lector que Gamboa tenía un fuerte sesgo anti-cabrerista por la política del gobierno de Porfirio Díaz.3

Cuando Díaz fue derrocado por la Revolución Mexicana en 1911, el legado y memoria de Gamboa fueron casi olvidados por los gobiernos revolucionarios, aunque en años recientes ha habido un resurgimiento de su obra en México.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gamboa, Federico (1910). Gómez de la Puente, Eusebio, ed. Mi diario, primera serie. México: La Europea.
  2. Buchenau, J. (1986). In the Shadow of the Giant, the Making of Mexico’s Central America Policy (1876-1930) (en inglés). Univ of Alabama Pr; Edición: Vintage Intl. ISBN ;0-8173-0829-6.
  3. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.

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20 de mayo de 1907: se suicidan los autores del atentado de «La Bomba»

La policía cerca a los autores del atentado de La Bomba contra el presidente Manuel Estrada Cabrera; ellos optan por suicidarse

20mayo1907
Plano de la casa en donde se suicidaron los fugitivos tras el atentado de La Bomba.  Los símbolos P, P’, P» y P»’ representan el lugar en donde se encontraron los cadáveres.  Imagen de Enrique Invernizio, tomada de «La Locomotora«.

El 29 de abril de 1907 hicieron estallar la bomba al paso del Estrada Cabrera, quien sobrevivió milagrosamente y salió ileso.  Los hermanos Ávila Echeverría y sus cómplices habían planeado el golpe muy bien: no solamente colocaron bombas en varios puntos subterráneos de calles de la Ciudad de Guatemala, sino que tenían a un cómplice listo para disparar al presidente en caso de que este sobreviviera a la deflagración.  Pero no contaron con que Estrada Cabrera iba a resultar ileso y que su cómplice se iba a acobardar al verlo salir caminando de la nube de humo que produjo la explosion, y que iba a salir huyendo hacia El Salvador.1

Inmediatamente se inició una persecución implacable. Estrada Cabrera creyó que el embajador mexicano Federico Gamboa estaba dando asilo a quienes habían intentado matarlo y envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Barrios M., a que le manifestara al embajador que tenía informes de que los perpetradores estaban en la embajada mexicana y que esperaba que los pusiera a disposición del gobierno. Gamboa replicó en fuertes términos ya que si bien anteriormente había albergado a desafectos al régimen, esto se trataba de una cuestión muy diferente. Gamboa —quien llevaba un diario detallado de su vida, el cual sería publicado décadas después— escribió que para el 1 de mayo la fisonomía de la ciudad y de sus moradores nacionales y extranjeros había cambiado increíblemente: el terror era evidente y los relatos que se escuchaban rayaban casi en la locura. Ese día, a la hora de la cena, recibió la solicitud de asilo de los hijos de Julio Valdés Blanco —es decir, sobrinos de Jorge y Enrique Ávila Echeverría—, dos muchachas de aproximadamente veinte años y un joven de quince, que vivían a la vecindad de la embajada mexicana, y a quienes su madre los envió con él para evitar que los capturaran durante el cateo inminente que se avecinaba.​ Gamboa aceptó a las muchachas pero envió al jovencito de regreso, para que ayudara a sus familiares sin imaginarse que durante el cateo policiaco se lo llevarían prisionero y luego lo torturarían en la dirección de la policía.2

Juan y Adolfo Viteri y Francisco Valladares, otros de los conjurados, escaparon por los barrancos de Corona, camino de Chinautla; Adolfo Viteri iba disfrazado de mujer y Valladares de albañil italiano. Pero cuando iban a subir al ferrocarril en Guastatoya un testigo advirtió los pantalones masculinos debajo del vestido y fueron apresados por elementos militares de Zacapa. Por su parte, Felipe y Rafael Prado Romaña intentaron huir hacia El Salvador en cortas jornadas nocturnas para evitar retenes y puestos militares en las montañas; pero extraviados, se refugiaron en un rancho cuyo dueño los denunció; fueron enviados a prisión, donde murieron años más tarde.3

Pero los principales conjurados no aparecían y el presidente puso precio a sus vidas. Ellos estuvieron un tiempo escondidos en la casa de Francisca Santos, quien había sido sirvienta en la casa de los Ávila Echeverría; de allí pasaron a la casa de los Romaña; y luego a la embajada de España, vecina de la anterior, en donde la esposa del embajador Pedro de Carrera y Lembelle los recibió mientras el diplomático estaba ausente, pero de donde tuvieron que huir cuando se enteraron de lo que había ocurrido en la embajada de México pocos días antes.2

El 2 de mayo, al regresar de un paseo a la Avenida Reforma, el embajador Gamboa recibió una llamada de la esposa del embajador español solicitándole que la visitara; allí la dama le explicó cómo los autores del atentado se habían escondido en la casa de los Romaña y le solicitó que los sacara de la casa, pues era muy difícil la situación en ese momento. Gamboa llegó a la embajada española y se entrevistó con los perseguidos, quienes «estaban profundamente demacrados y mentalmente enajenados y juraron que saldrían de la legación española lo antes posible. También le informaron a Gamboa que habían jurados matarse en caso extremo, formando un círculo y apoyando las bocas de sus revólveres en la sien del vecino, para no caer en las manos de la policía del presidente». Por último, se despojaron de sus joyas y reliquias y se cortaron mechones de cabellos que entregaron al embajador mexicano para que los trasladara a sus familiares cuando fallecieran. Gamboa había llegado acompañado por el médico Fidel Rodríguez Parra, amigo de los perseguidos, y a quien éstos solicitaron infructuosamente cianuro de mercurio.2

Los elementos del orden fueron estrechando poco a poco el cerco hacia el centro, revisando escrupulosamente cada casa, terreno o arrabal. Por su parte, los hermanos Ávila Echeverría, Rodil y Valdés Blanco se refugiaron finalmente en la casa número veintinueve del callejón del Judío, frente a la iglesia del Cerrito del Carmen, donde residía la señora Rufina Roca de Monzón con sus hijos y algunos sirvientes. Estaban escondidos en el segundo piso para que no se enterara la servidumbre, ya que planeaban escapar confundidos con trabajadores de una finca de la dueña de la casa y luego refugiarse en la finca del doctor Mateo Morales, quien les había proporcionado los papeles de cuatro de sus mozos. Sin embargo, cuando el hijo menor de la señora Roca de Monzón se enfermó, el doctor Jorge Ávila Echeverría bajó a atenderlo, y fue visto por una de las sirvientes quien luego se lo relató a su novio, un oficial del Fuerte de Matamoros.3

En la madrugada del 20 de mayo, toda la plana mayor de Estrada Cabrera y los miembros de su policía secreta rodearon la manzana donde se escondían los perpetradores del atentado.​ A las tres de la mañana se escucharon los golpes a la puerta, la cual fue derribada pocos después; las tropas, comandadas por el coronel Urbano Madero se dirigieron a las escaleras en el segundo nivel pero allí los repelió el doctor Julio Valdés Blanco, quien mató al coronel Madero de un tiro y se parapetó junto con sus compañeros. Los sitiados se defendieron como pudieron de las fuerzas del batallón número tres, reforzadas más tarde por una tropa comandada por el general José Félix Flores.3

De acuerdo al historiador Rafael Arévalo Martínez, al final, ya sin cartuchos, los sitiados acabaron con sus vidas, tal y como se lo habían comunicado al embajador Gamboa.​3 Pero otras versiones —que quedarían evidenciadas por las fotografías tomadas por José García Sánchez y en las que se advierten discrepancias en las posiciones de las manos y brazos de los caídos— se habrían rendido, y habrían sido asesinados por los miembros de la policía secreta.

El reporte detallado de la autopsia de cada uno de los fallecidos fue publicado en La Locomotora en su número del 20 de mayo de 1907.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Invernizzio, Enrique (10 de mayo de 1907). «El 29 de abril y otras minas». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33): 6-13.
  2. Gamboa, Federico (1934). Mi diario. México: Ediciones Botas.
  3. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 216.

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15 de marzo de 1907: asesinato de Manuel Lisandro Barillas

Muere asesinado en la Ciudad de México, por orden del licenciado Manuel Estrada Cabrera, el ex-presidente Manuel Lisandro Barillas

15marzo1907
Palacio de los Capitanes Generales en 1890, tras su restauración parcial ordenada por el general Manuel Lisandro Barillas. En el recuadro: retrato a lápiz del general Barillas. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El general Manuel Lisandro Barillas Bercián, quien gobernó a Guatemala entre 1885 y 1892, es uno de los presidentes menos recordados en Guatemala. Las principales razones para ello fueron, primero, su enemistad y rivalidad con el licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien gobernó al país entre 1898 y 1920 y, segundo, el rompimiento que tuvo con los allegados del general J. Rufino Barrios luego de que éste muriera y de que Barillas se hiciera cargo de la presidencia interina en 1885.1 En ambos casos, los incondicionales de Barrios y de Estrada Cabrera se encargaron de desmerecer los logros del gobierno de Barillas o de mostrarlo como un inepto o incompetente. Véase, por ejemplo, las obras «Apuntamientos para la Historia de Guatemala» de Francisco Lainfiesta2, y «Paralelo entre dos administraciones» de Adrián Vidaurre3.

Dado que la constitución de 1879 había sido redactada para favorecer la perpetuidad del general J. Rufino Barrios en el poder,4 la Asamblea Legislativa la modificó para reducir el poder del jefe del Ejecutivo tan pronto como asumió el cargo de presidente interino Barillas en 1885.1 Cansado de esa situación, el gobernante perpetró un autogolpe de estado en 1887 e hizo reformar la constitución para devolver el poder absoluto,5 y ya con ello, expulsó al arzobispo de Guatemala, Ricardo Casanova y Estrada, con la excusa de que éste había traducido bulas papales y las distribuyó en el país en 1887.6 En cuanto a insfraestructura, ordenó la remodelación del «Teatro Nacional» —antiguamente «Teatro Carrera»— con motivo de la celebración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América y la reconstrucción del Palacio de los Capitanes Generales de la Antigua Guatemala en 1890.7

Durante su gobierno recibió personalmente al poeta nicaragüense Rubén Darío, quien llegó como exiliado desde El Salvador, tras la revolución de los Ezeta en ese país.8 Y también declaró la guerra al gobierno salvadoreño tras dicho golpe de Estado, aunque esta guerra nunca se materializó y fue llamada en broma como «la Guerra del Totoposte» por los guatemaltecos.9

Barillas fue el único presidente liberal que entregó el poder a un sucesor electo por los ciudadanos, ya que todos los otros murieron, fueron asesinados o fueron derrocados por revoluciones o golpes de estado. En 1892 le entregó el poder al general José María Reina Barrios, sobrino del fallecido general J. Rufino Barrios.7

Al principio, el gobierno de Reina Barrios fue muy progresista, gracias a la bonanza económica que se produjo por el alza internacional del precio del café. Sin embargo, cuando éste se desplomó en 1897, todos los grandes proyectos del presidente se desmoronaron y cuando el gobernante intentó extender su mandato presidencial, se produjeron revoluciones en su contra.10 Si bien Reina Barrios logró resolver la situación, fue asesinado el 8 de febrero de 1898 y fue sustituido por el primer designado, el licenciado Manuel Estrada Cabrera.10 El general Barillas le fue leal al principio e incluso dirigió al ejército que sofocó la invasión de Próspero Morales en 1898,11 pero luego salió al exilio e intentó dirigir revoluciones contra el presidente guatemalteco desde México y El Salvador en mayo de 1906, pero sin éxito. El problema era que Barillas no hizo buen uso del apoyo que recibió en México ni de la gran cantidad de enemigos de Estrada Cabrera, y en lugar de dedicarse a combatir con valor hacía vida de salón y se dedicaba a galantear con las mujeres.12

Cansado de esas escaramuzas, y sabiendo que cada vez más emigrados políticos que querían derrocarlo, Estrada Cabrera solicitó del general José Marí­a Lima que enviara a dos de sus asesinos —Florencio Morales y Bernardo Mora— a la ciudad de México para asesinar a Barillas, a quien consideraba uno de sus principales rivales políticos. Aquellos hombres perpetraron el crimen utilizando puñales, pero fueron capturados, pues no sabían que en México no contaban con la protección del presidente guatemalteco y tras confesar su crimen y que fueron enviados por el general Lima y el comandante del puerto de San José, Onofre Bone, fueron juzgados y condenados al pelotón de fusilamiento.13 Desde entonces, la calle en donde ocurrió el crimen se llama «calle Guatemala«, en donde el hecho produjo mucha indignación, especialmente porque el presidente mexicano, general Porfirio Díaz detestaba a Estrada Cabrera por la alianza que éste tenía con los Estados Unidos.14

Debido a aquella enemistad entre ambos gobiernos no es de extrañar que Ignacio Mariscal, Ministro de Relaciones Exteriores de México,Nota enviara la siguiente nota al Embajador de México en Guatemala, Federico Gamboa:

Ministro Mexicano – Guatemala -. En vista constancias causa instruídas contra Florencio Morales y Bernardo Mora, por homicio Gral. Barillas, y con arreglo artículo 5 Tratato Extradición, pida por nota detención provisional Gral. José María Lima, contra quien se ha dictado orden de prisión como instigador o cómplice del delito. Van documentos necesarios extradición. Además, conforme el artículo 16 del mismo Tratado, pida la comparecencia personal aquí del Jefe puerto San José, Onofre Bone, como testigo. Haga presente que aun cuando indicado probablemente es guatemalteco, y el Tratado no establece la obligación de entregarlo, no quita la facultad de hacerlo y tiene ese Gobierno el interés de que por tal medio se aclare en todos sus pormenores un delito de tan excepcional gravedad cometido por guatemaltecos. Conteste inmediatamente recibió.

    • Mariscal

El gobierno de Estrada Cabrera se negó rotundamente a la pretensión de Mariscal, como indica la contestación del embajador en Guatemala:

Este Gobierno acaba de responderme, nueve treinta noche d ehoy dos mayo, que fundado excepción específica artículo primero Convención extradición, no detendrá provisionalmente a Lima ni menos entregarálo después; y que bone opta, usando derecho artículo dieciséis, por prestar testimonio ante autoridad guatemalteca.

    • Gamboa15

Los restos mortales de Barillas descansan en Quetzaltenango; por su parte, el general José Marí­a Lima, nunca fue condenado por esto y llegó a ser Comandante de una Sección de Unionistas en contra de Estrada Cabrera en 1920 y en 1921 formó parte de un consejo militar que derrocó al presidente Carlos Herrera con el patrocinio de la United Fruit Company.16


NOTAS:

  • Ignacio Mariscal ya era Ministro de Relaciones Exteriores del general Porfirio Díaz en 1882, cuando firmó por México el tratado Herrera-Mariscal, por medio del cual el gobierno de J. Rufino Barrios renunció para siempre al reclamo que tenía Guatemala sobre Soconusco. Aquel tratado nefasto para Guatemala, que además perdió considerable territorio adicional, fue firmado por Manuel Herrera Moreno, hijo del entonces Ministro de Barrios que estaba relacionado con la producción azucarera en Santa Lucía Cotzumalguapa.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales, pp. 340-344.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: Período de veinte años corridos del 14 de abril de 1865 al 5 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.
  3. Vidaurre, Adrián (1907). Paralelo entre dos administraciones: apuntes para la historia. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Asamblea Nacional Constituyente (1899). Ley constitutiva de la República de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 11 de diciembre de 1879 y reformada por el mismo Alto Cuerpo en 5 de noviembre de 1887 y 30 de agosto de 1897; para uso de las escuelas. Guatemala: Tipografía Nacional.
  5. Caballeros, Adrián F. (1887). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1887 VI. Guatemala: Tipografía La Unión.
  6. Barillas, Manuel Lisandro. Mensaje presentado a la Asamblea Nacional Constituyente por el ciudadano Manuel Lisandro Barillas, general de división y presidente de la República de Guatemala, el día 1 de octubre de 1887. Guatemala: La Unión.
  7. Museo del Ejército (s.f.). «Manuel Lisandro Barillas». Museo Militar de Guatemala. Guatemala: Ejército de Guatemala.
  8. Hemeróteca PL (18 de enero de 2017). El paso de Rubén Darío por Guatemala. Guatemala: Prensa Libre.
  9. Gómez Carrillo, Agustín (1890). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala. IX. Guatemala: El Modelo. p. 116.
  10. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.
  11. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008). «Revoluciones para la Exportación: Plutarco Bowen y su final en Guatemala». Guatemala: Universidad Francisco Marroquín
  12. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 146.
  13. Torres Moss, Clodoveo (1993). La verdad sobre el asesinato del General Manuel Lisandro Barillas. Guatemala: Editorial del Ejército.
  14. Buchenau, J. (1986). In the Shadow of the Giant, the Making of Mexico’s Central America Policy (1876-1930) (en inglés). Univ of Alabama Pr; Edición: Vintage Intl. ISBN 0-8173-0829-6.
  15. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, pp. 167-168.
  16. Montúfar, Rafael (1923). Caída de una Tiranía. Páginas de la Historia de Centro América. Guatemala: Sánchez y de Guise. pp. 155-156.

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