Diciembre de 1534: el papa Paulo III, íntimo amigo del emperador Carlos V de España, emite la bula para elevar a Obispo al licenciado Francisco Marroquin, cura párroco de la capital del Reino de Guatemala

Retrato del Obispo Francisco Marroquin elaborado por el artista español Tomás Mur en 1894.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación parcialmente el texto del artículo del licenciado Federico Hernández de León, en el que se relata la elevación del licenciado Francisco Marroquin a la jefatura de la Diócesis de Guatemala.  El lector observará varios comentarios que hace el licenciado Hernández de León al repecto de algunos personajes históricos muy importantes relacionados directamente con este hecho:

” […] España aprontaba soldados que sometieran a la corona de Castilla pueblos y tierras, y largas filas de clérigos dejaban las costa de Europa, para someter a la fe del Cristianismo las inmensas tribus de idólatras que poblaban estas vastas regiones.  Era Carlos V el poderoso emperador en cuyos dominios no se ponía el sol, y en la silla papal se sentaba Paulo III, que en el trato mundane fuera conocido con el nombre de Alejandro Farnesio.”

“El pontificado de Paulo III es uno de los más ruidosos en el correr de los siglos.  Por su amistad con Carlos V, lanzó una bula de excomunión contra Enrique VIII de Inglaterra, que había repudiado a Catalina de Aragón, pariente cercana del emperador, excomunión que originó el cisma, mantenido hasta la fecha; por esa misma amistad, hizo una alianza para echarse contra los turcos, y soldados españoles y de los estados pontificios, tiñeron con su sangre las aguas del Mediterráneo; bajo tales relaciones de Amistad, San Ignacio de Loyola logró que se le reconociera la Compañía de Jesús, que después había de dar esos frutos envenenados que se llaman jesuitas y, por ultimo, convocó el famoso Concilio de Trento, encaminado a extirpar las herejías de la Refrma implantada por Lutero, súbdito del emperador Carlos V.” (Carlos V era rey de Alemania).

“Cuando a Carlos V se le ocurrió elevar a la categoría de Obispado la Iglesia de Guatemala, encontró suave terreno en la voluntad de Paulo III y le fue fácil conseguir que al licenciado don Francisco Marroquin, cura párroco de la capital del reino de Gutaemala, se le destinara para la jefatura de la Diócesis.  En diciembre de 1534, el papa expidió las bulas necesarias; pero hasta los dos años y medio se pudo celebrar la función solemne de la consagración.”

BIBLIOGRAFIA:

 

20 de noviembre de 1935: el gobierno de Jorge Ubico inaugura el Museo de Historia en el edificio del antiguo Calvario de la Ciudad de Guatemala luego de la construcción del nuevo Calvario en 1932

Una de las primeras fotografías del antiguo Calvario de la Ciudad de Guatemala, aproximadamente en 1870.  El edificio se encontraba en lo alto del “Cerro del Cielito” hasta que fue derrumbado durante el gobierno del doctor Juan José Arevalo para extender la Sexta Avenida hacia el sur de la Ciudad.  Imagen de Miguel Alvarez Arevalo, cronista de la Ciudad de Guatemala.

Uno de los templos emblemáticos de la Nueva Guatemala de la Asunción era el Calvario, ubicado en el Cerro del Cielito al final de la Sexta Avenida en el sur de la ciudad. Inicialmente, durante del traslado de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios fue ubicada provisionalmente en la esquina de la “Calle de los Pasos o de las Estaciones”​ y la “Calle de la Pedrera”​ en la parte sureste del Jardín Concordia.

En 1784 empezó la construcción de la iglesia definitiva en el “Cerro del Cielito”,  y se inauguró el 20 de febrero de 1787 con el nombre original de “Iglesia de Nuestra Señora de Los Remedios”. Ahora bien, como la iglesia estaba ubicada en la cima del mencionado cerro, para poder llegar al atrio principal se construyó una escalinata de cincuenta gradas de treinta centímetros de altura cada una, en un área de ocho por cincuenta metros.   Esto hacía difícil el acceso a la iglesia, por lo que recibió el apodo de “El Calvario” por parte los feligreses.

En 1917-18, la estructura resistió muy bien los terremotos que desolaron el resto de la ciudad; la iglesia únicamente perdió uno de sus campanarios, mientras que en su interior solamente se dañaron unas cuantas pinturas coloniales.​ Esto no impidió, no obstante, que en 1926 el gobierno del general José María Orellana anunciara el proyecto de demolición del viejo Templo del Calvario, ya que esto serviría para prolongar la Calle Real (hoy Sexta Avenida) hacia el Cantón Tívoli. Los reclamos y solicitudes de los feligreses consiguieron que la demolición no se realizara de inmediato, y que el gobierno de Orellana se comprometiera a que previamente se construiría un nuevo templo a pocos metros del antiguo.

El 30 de agosto de 1926 se inició la construcción del nuevo Templo de Nuestra Señora de los Remedios y se inauguró oficialmente el 15 de octubre de 1932, ya durante el primer período presidencial del general Jorge Ubico.​ El antiguo templo fue cerrado y a instancias del historiador Antonio Villacorta, el gobierno de Ubico convirtió al antiguo templo en el Museo de Historia, para lo cual ordenó que se reconstruyera y reacondicinara el edificio, colocando un arco al lado izquierdo del templo. El Museo de Historia se inauguró el 20 de noviembre de 1935, y funcionó como tal hasta 1944, cuando el general Ubico fue obligado a renunciar por los movimientos populares de junio de ese año.

Los gobiernos revolucionarios se instituyeron tras la Revolución del 20 octubre de 1944, y cuando ya el doctor Juan José Arévalo se encontraba en el poder, ordenó que se demoliera el antiguo templo para expandir la sexta avenida. La demolición terminó en 1946,​ y fue acompañada de numerosas protestas de los feligreses en contra del gobierno arevalista.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

19 de noviembre de 1619: se funda la Ermita del Santo Calvario en la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala

Entrada a la Ermita del Santo Calvario a principios del siglo XX.  Imagen de Arnold Genthe tomada en 1916.

La Ermita del Santo Calvario fue fundada el 19 de noviembre de 1618, cuando el alcalde de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, Juan Luis de Pereira recorrió las estaciones del Via Crucis que los Hermanos Terceros de la orden franciscana guardaban desde su templo en la ciudad, y les donó el terreno que se ubica en donde está la estación XII.

Originalmente los franciscanos colocaron una cruz y poco a poco fueron realizando la construcción del nuevo templo católico, la cual estuvo terminada en 1655.  El santo Hermano Pedro de Betancour participó activamente en la edificación de este templo.

Al respecto de la conclusión de las obras, el historiador Pedro Pérez Valenzuela escribió: “Poco le faltaba el año 1654 para terminar la iglesia del Calvario, situada en el final del muy lindo paseo de La Alameda, el cual comenzaba en el puente de Nuestra Señora de los Remedios. Ya estaba construido el atrio con su portada de bóvedas y las tres capillas al levante, para los pasos de la Pasión de Cristo; y se engalanaban de corolas los dos jardincillos formados a los costados del atrio; y frente al cuerpo de la iglesia ya se había levantado sobre cuatro airosas columnas la bóveda donde se pondría a la veneración el Crucificado”.​

El templo original fue derrumbado por los terremotos de San Miguel en 1717 pero fue rápidamente reparado gracias a la ayuda económica del Capitán General Francisco Rodríguez de Rivas. El templo reconstruido fue abierto al culto el 11 de febrero de 1720.​

El ingeniero y teniente coronel Antonio Marín halló a la ermita «desplomada y cuarteada, amenazando ruina» luego del terremoto de Santa Marta en 1773, y con los temblores de diciembre de 1773, se terminó de caer parte de la media naranja en que estaba el patio de la crucifixión.​

Marín también reportó los daños siguientes:

  • Se hizo pelo en la clave del arco del camarín nuevo
  • Se arruinó el pasadizo al púlpito
  • Aparecieron varias rajaduras horizontales, habiéndose caído una bóveda en el campanario, una bóveda

La iglesia fue nuevamente reconstruida y se mantuvo abierta al culto pero convertida en parroquia, a pesar del traslado de la capital a la Nueva Guatemala de la Asunción.  Los franciscanos, al igual que las otras órdenes regulares fueron obligados a trasladarse en 1776, pero el clero secular dirigido por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se resitió a dicho traslado y permaneció en la destruida ciudad hasta que fue obligado a renunciar cuando arribó su sucesor, el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy.  El nuevo arzobispo permitió a las parroquias que estaban en Antigua Guatemala a seguir abiertas al culto pero trasladó la Catedral a la nueva ciudad.

BIBLIOGRAFIA:

 

  • Gómez Carrillo, Agustín (1886). Estudio histórico de la América Central (3.ª edición). Madrid, España: Imprenta de Hernando. p. 240. 
  • González Bustillo, Juan (1968) [1774]. «Razón particular de los templos, casas de comunidades, de edificios públicos». En Julio García Díaz. Destrucción y traslado de la ciudad de Santiago de Guatemala. Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala. 
  • Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Tomo I. Guatemala: Ignacio Beteta. 
  • — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta. 
  • López, Santiago Sebastián (1985). «Arte iberoamericano desde la colonización a la independencia». Summa Artis. XXIX: El arte iberoamericano del siglo xviii: El barroco tardío. Madrid: Espasa Calpe. 
  • Pardo, José Joaquín; Zamora Castellanos, Pedro; Luján Muñoz, Luis (1969). Guía de la Antigua Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Editorial José de Pineda Ibarra. 
  • Pérez Valenzuela, Pedro (1967). «Le avisaba el corazón». Canturías a Santiago (Crónicas). Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra.

 

9 de noviembre de 1812: las cortes españolas eximen a los indígenas de la prestación de servicios y raciones a los curas párrocos, y los obliga a pagar diezmo como el resto de pobladores coloniales

Ruinas de la Ermita del Espíritu Santo en la ciudad de Antigua Guatemala.  En dicha ciudad abundaban los templos católicos tanto regulares como seculars.  Imagen tomada por Juan José de Jesús Yas aproximadamente en 1910.

Si bien hubo in cambio en la orientación de la Iglesia Católica luego del Concilio Vaticano II en la década de 1960 cuando se puso mucho énfasis en el servicio social de los eclesiásticos, anteriormente sus miembros habían gozado de amplios privilegios.

Durante la época colonial, por ejemplo, el clero secular estaba obligado a tener bajo su cuidado las diferentes parroquias de poblados indígenas, a cambio de los cual recibía servicios y alimentos gratuitamente por parte de los pobladores.  Este beneficio era tan deseado por el clero, que las órdenes regulares que formaron las doctrinas originales en el siglo XVI, se resistieron a entregarlas a las parroquias seculares hasta la segunda mitad del siglo XVIII y solamente porque las relaciones entre la Corona y la Iglesia se resquebrajaron.

La época turbulenta que vivió España en la década de 1810 luego de la invasión napoleónica favoreció que se emitieran leyes que modificaran muchas de las prestaciones que tenían los eclesiásticos. Si bien muchos de los diputados a las Cortes eran miembros de la Iglesia, muchos de los cambios propuestos prosiguieron y llegaron a convertirse en leyes, entre ellos la eliminación del trabajo gratuito que los pobladores indígenas hacían para sus curas párrocos.

Cuando Fernando VII recuperó el trono derogó las leyes de las cortes, hizo prisioneros a los diputadores y restableció muchos de los privilegios de la Iglesia.  En Guatemala, tras la Independencia de Centroamérica los eclesiásticos mantuvieron su posición de élite hasta 1829, en que el partido conservador fue derrotado por los ejércitos liberales de Francisco Morazán quien expulsó a todos los frailes de Centroamérica y le quitó todos los privilegios al clero secular.

Tras la derrota de Morazán a manos de Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala en 1840, el gobierno conservador se restructuró en el Estado de Guatemala y debido a que la revolución era eminentemente católica, restableció todos los privilegios que la Iglesia había tenido hasta 1829.  Dichos beneficios se mantuvieron vigentes hasta el proceso de Reforma Liberal iniciado por J. Rufino Barrios en 1873.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

2 de noviembre de 1815: nace en la Nueva Guatemala de la Asunción el Mariscal José Víctor Zavala, destacado militar en la Guerra contra los Filibusteros

Retrato del Mariscal José Víctor Zavala que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En el siglo XXI cuando los guatemaltecos escuchamos “Mariscal Zavala” de inmediato pensamos en una cárcel especial en un cuartel militar que se utiliza para mantener en prisión preventiva a personajes con ciertos privilegios.  Pero muchos desconocen quién fue José Víctor Zavala, el militar y abogado.

José Víctor Ramón Valentín de las Animas Zavala y Córdoba nació en la Nueva Guatemala de la Asunción el 2 de noviembre de 1815, en el seno de una familia de ascendencia española y por ello tuvo la oportunidad de recibir una educación muy esmerada. Siendo todavía muy joven, fue enviado a los Estados Unidos y Europa en donde aprendió inglés y francés y al regresar a Guatemala se enroló en la Academia de Ciencias y Estudios (institución que los regímenes liberales de la década de 1830 habían establecido en lugar de la Pontifica Universidad de San Carlos), en la que obtuvo el título de abogado, aunque nunca ejerció como tal.

Inició su carrera militar, cuando ingresó al Ejército al surgir los levantamientos en oriente comandados por Rafael Carrera, de quien irónicamente más tarde fue leal colaborador y amigo.

Cuando Carrera regresó de su exilio en 1848, Zavala fue enviado a detenerlo en Suchitepéquez, pero éste se puso a las órdenes de Carrera y con ello selló definitivamente el retorno del caudillo conservador.  Su colaboración fue tan estrecha que Carrera envió a Zavala a combatir a los filibusteros estadounidenses en Nicaragua en 1857.

En la Guerra contra los Filibusteros Zavala dió enormes demostraciones de valor, lo que le valió el apodo de “el D’Artagnan Guatemalteco” y un enorme prestigio entre sus conciudadanos.

Cuando Carrera falleció en 1865, hubo varios interesados en que fuera Zavala quien fuera designado como presidente, pero los manejos politicos lo dejaron por un lado y eligieron a otro Mariscal, Vicente Cerna y Cerna, como presidente.   Cerna también había sido aliado y amigo de Carrera, pero a diferencia de Zavala, carecía de estudios y preparación.

Tras la revolución liberal de 1871, Zavala fue el Ministro de la Guerra transitorio del president de facto Miguel García Granados, para poder facilitar la transición entre el régimen conservador y el liberal.

Su última acción militar fue la Intentona de Barrios, que fracas estruendosamente en Chalchuapa el 2 de abril de 1885.

BIBLIOGRAFIA:

12 de octubre de 1492: Cristóbal Colón y su tripulación arriban a la isla Guanahani en las Bahamas, creyendo que habían llegado a las Indias por la ruta occidental

Monumento a Cristóbal Colón realizado por el artista español Tomás Mur con motive de las celebraciones del IV Centeneario del Descrubimiento de América.  Fue instalado en la Plaza Mayor de la ciudad de Guatemala en 1896. Fotografía de Alberto G. Valdeavellano publicada por “La Ilustración Guatemalteca“.

Uno de los eventos más trascendentales en la vida del continente Americano fue la llegada de los españoles, la cual dió inicio aquel 12 de octubre de 1492 cuando Rodrigo de Triana gritó “¡Tierra!”  Para bien o para mal, dicho evento marcó un antes y un después en la vida de las naciones indígenas del continente y dió origen a varios grupos étnicos que no existían hasta entonces;  los mestizos, zambos, mulatos, entre tantos otros, poblaron el continente, creando una amplia gama de habitantes entre los que ocupaban los sitios privilegiados eran los españoles y los descendientes de conquistadores, mientras que los aborígenes quedaron relegados al útimo sitio.

Los españoles que vinieron a las Américas luego de la llegada de Colón no eran lo más granado de la población de la península Ibérica, la cual apenas empezaba a recuperarse de una prolongada guerra de varios siglos que peleó para expulsar a los invasores mahometanos que la habían conquistador.  El proceso de migración fue muy similar al de aquellos que hoy en día abandonan los países latinoamericanos en busca de una vida mejor en los Estados Unidos:  no había nada para ellos en España, así que ¿por qué no mejor probar suerte en las Indias?

Aquellos aventureros, analfabetos en su inmensa mayoría, trajeron consigo dos cosas principalmente:  las enfermedades propias de una Europa en que las condiciones higiénicas eran deplorables, y el fervor religioso de una España en donde la Iglesia Católica tenia el control absoluto de la población e impartía la liturgia en latín para que el vulgo no entendiera.  Estos dos aspectos fueron fundamentales en los procesos de conquista y colonización que se proujeron, ya que las enfermedades diezmaron a las civilizaciones indígenas y la religión de los conquistadores quemó gran parte de los manuscritos que tenían dichas civilizaciones por considerarlos “heréticos y enemigos de la Santa Iglesia”.

En cuanto al llamado descubrimiento de América, Colón nunca fue consciente de que había llegado a un nuevo continente.  Él murió en 1506 creyendo que había cumplido su deseo de llegar a las Indias por la ruta de occidente.

BIBLIGRAFIA:

 

 

9 de octubre de 1762: el diluvio de San Dionisio destruye la zona sur de Guatemala y de El Salvador, en especial el antiguo poblado de Petapa

Retrato del arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien dirigió la arquidiócesis de Guatemala entre 1768 y 1778.  Encontró al clero secular a su cargo en total abandono y se dedicó a recorrer a su arquidiócesis para conocerla por completo dejando para la posteridad un documento muy completo de la Guatemala colonial. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El arzobispo Pedro Cortés y Larraz llegó a su nueva arquidiócesis en 1768 y desde el principio se preocupó por recorrerla en su totalidad para ver el estado en que se encontraba luego de que los frailes de las órdenes regulares entregaron las doctrinas al clero secular a su cargo.  De Villa Nueva, llamada entonces “Villa de la Concepción”, explicó que originalmente “estaba en la parroquia de San Miguel Petapa, ubicada a 1.5 leguas de distancia de la cabecera parroquial, con doscientas dieciocho familias que hacían un total de seiscientas un personas. Este pueblo de Petapa era hermoso, comerciante, numeroso y rico; componíase su vecindario de españoles, indios y ladinos; estaba situado al margen del río llamado de Petapa, no caudaloso, aunque de bastante agua, que corre de norte a sur y que a una legua corta muere en la laguna de Amatitlán, que en los días 9, 10 y 11 de octubre tuvo una avenida furiosa que inundó y destruyó al poblado.

Esto obligó a una mudanza en la que los indios y ladinos que hacían un pueblo formaron dos. Uno es el nuevo Petapa y es el de los indios, y otro la Villa de la Concepción y es el de los ladinos, quedando en el pueblo arruinado los vecinos y pocas personas. El idioma materno de los indios y el que regularmente hablan es el pokoman.​”

La avenida furiosa que menciona el arzobispo Cortés y Larraz ocurrió el 9 de octubre, día que la Iglesia Católica celebra a San Dionisio de París, por lo que se conoció como “el diluvio de San Dionisio” y el cual seguramente fue un huracán o tormenta tropical de consideración. Por su parte, aquel pueblo arruinado de Petapa, estaba situado en donde actualmente se encuentra la cabecera del municipio de Villa Canales, mientras que la Villa Nueva de la Concepción es la que conoce actualmente simplemente como Villa Nueva.

BIBLIOGRAFIA: