20 de abril de 1915: muere Algerie Benton de Reina

Muere en Biloxi, Mississipi, Algerie Benton, viuda del asesinado presidente José María Reina Barrios, quien había caído en una espiral de alcoholismo y drogadicción tras la muerte de su esposo

La señora Algerie Benton de Reina, esposa del presidente José María Reina Barrios en una fotografía de «La Ilustración Guatemalteca«.

Tras el asesinato del general presidente José María Reina Barrios, su viuda, la ex-vedette estadounidense Algerie Benton, perdió la razón y regresó a los Estados Unidos dejando asuntos sin resolver en Guatemala, incluyendo a su hija recién nacida. El escritor e historiador Antonio Batres Jáuregui, que era Ministro y amigo del presidente Reina Barrios, relata que esto quizá fue por remordimiento, pues Algerie Benton había quedado embarazada de una relación extramarital con el general Salvador Toledo, jefe del Estado mayor de Reina Barrios, y a quien insistentemente se acusó de estar implicado en el asesinato del presidente.

Jáuregui relata que el médico Arton le contó lo siguiente pocos días antes del asesinato de Reina Barrios: «Esta mañana, a las ocho, fui como médico, llamado por doña Argelia, y al salir al corredor, me encontré con Reina, quien amablemente me preguntó ‘¿qué tenía la señora?’ ‘No es grave —le contesté — simplemente, efecto del estado de embarazo en que se encuentra.’ ‘Ja, ja, no se deje engañar, doctor: es la botella de whisky que cada noche se toma’, replicó el presidente. ‘El remedio que le recomendé es bueno para cualquier excitación’ — le contesté, comprendiendo que el general no presumía siquiera que se hallara grávida su esposa.»1

A los tres meses, nació Consuelo Reina Benton, quien fue tomada bajo custodia por el nuevo presidente, licenciado Manuel Estrada Cabrera, y enviada a estudiar a Europa por cuenta del Estado.  De acuerdo a Batres Jáuregui, Estrada Cabrera no sólo sabía que el general Toledo era el padre de la niña sino que lo había usado para que Edgar Zollinger —el asesino de Reina Barrios— llegara al despacho presidencial el 7 de febrero de 1898 para cometer allí el magnicidio.  Toledo le dió una carta de recomendación a Zollinger para que lo recibiera el presidente, pero éste estaba muy ocupado y no pudo recibirlo.2

Tras el asesinato del presidente, fue Toledo el que introdujo a Estrada Cabrera al Palacio presidencial para que asumiera la presidencia interina, como primer designado que era.  Como Toledo contaba con varios cuarteles, fue nombrado Ministro de la Guerra indemediatamente, aunque algún tiempo después tuvo que salir huyendo del país disfrazado de mujer.2

Por su parte, Algerie Benton abandonó su lujosa residencia ubicada sobre el Paseo 30 de junio —la Villa Algeria— y regresó a Nueva Orleans, en donde su uso de alcohol y drogas se desbordó, llegando a estar arrestada en Londres y Nueva York, acusada de intoxicación. Su relación con su hija fue tan distante que el New Orleans Times Picayune reportó que a consecuencia del mal estado de salud de la viuda, además de su drogadicción y alcoholismo, Consuelo fue ingresada en un convento en la ciudad de Londres —la St Mary’s Abbey School en Hendon Middlesex—, por órdenes del Ministro de Guatemala en Londres, José Tible, hermano de la madre del cronista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo.3

Para el año nuevo de 1910, Algerie Benton ingresó en el Asilo Touro-Shakespeare en Nueva Orleans, sin un centavo y casi ciega. De vez en cuando llegaba a visitar a su hija a Inglaterra, siempre acompañada de una enfermera que la cuidaba debido a los efectos de sus adicciones, y nunca mostró afecto alguno por su hija. La viuda de Reina Barrios vivió sus últimos años en Nueva Orleans y murió 20 de abril de 1915, mientras visitaba a unos amigos en Biloxi, Mississippi.​ Para entonces, Consuelo ya había regresado a Guatemala, y allí se enfermó gravemente de influenza española tras los terremotos de 1917 y 1918 y fue enviada a Nueva Orleans, Estados Unidos en 1918, pues allí vivía su abuela, C.B. Wheeler. Allí murió el 8 de junio de 1919, sin haberse recuperado de su enfermedad.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1949) La América Central ante la historia: 1821-1921. Memorias de un siglo. III. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 588-589.
  2. Ibid., pp. 590-591.
  3. Times-Picayune (Junio 8 de 1919). Miss Barrios dies.  Daughter of the Late President of Guatemala is buried here. (en inglés) Nueva Orleands, Lousiana: Times-Picayune. p. 6.

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23 de agosto de 1882: crean el municipio El Adelanto, Jutiapa

El general José María Orantes, encargado de la presidencia por viaje del general J. Rufino Barrios a los Estados Unidos, eleva a la aldeal «El Sitio» a categoría de municipio en el departamento de Jutiapa con el nombre de «El Adelanto».

23agosto1882
Paisaje del departamento de Jutiapa en 2010. En el recuadro: el general José María Orantes, encargado de la presidencia en lugar de J. Rufino Barrios en 1882. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Originalmente, la región que ocupa actualmente el municipio «El Adelanto» era habitada por indígenas de la raza pipil, que hablaban la lengua xinca. Luego de la conquista en la década de 1520, se convirtió en la aldea «El Sitio» del municipio de Zapotitlán. Éste tenía una extensión de 22 caballerías y contaba con aproximadamente 400 habitantes.1

En 1882, cuando el general presidente J. Rufino Barrios viajó a Nueva York y a Washington, D.C. para terminar el Convenio de Límites con México, dejó encargado de la presidencia al general José María Orantes en el papel, aunque en realidad quien decidía era el Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia.2 Así, el 23 de agosto de 1882, Orantes y Barrundia aprobaron que «El Sitio» se convirtiera en municipio de acuerdo al siguiente decreto:

Palacio Nacional, Guatemala, 23 de agosto de 1882.

Examinadas las diligencias relativas a la solicitud que han formulado los habitantes de «El Sitio», para que se erija dicho lugar en municipio independiente, y atendiendo a las circunstancias especiales de la expresada aldea, el General encargado de la Presidencia, con vista del informe que emitió la Jefatura política de Jutiapa, de lo pedido por el Ministerio Fiscal, y en uso de la facultad concedida al Gobierno en el artículo 5.° del decreto de 30 de septiembre de 1879, tiene a bien acordar la creación que se pide, en el concepto de que, el jefe político del departamento expresado, con asistencia de los municipios vecinos, demarcará con claridad los límites jurisdiccionales del nuevo distrito que se denominará «El Adelanto» haciéndose constar todo en una acta, de la cual deberá remitirse copia certificada a la Secretaría de Gobernación y Justicia.

Comuníquese.

        • Orantes3

En 1892, el gobierno del general José María Reina Barrios aprobó un presupuesto de quinientos pesos para construir escuelas en el municipio, de acuerdo al siguiente decreto:

Jutiapa, 23 de noviembre de 1892.

Con el mérito de las razones presentadas respectivamente por las municipalidades de El Adelanto, Moyuta y Agua Blanca, correspondientes al departamento de Jutiapa.

El Presidente Constitucional de la República, Acuerda:

Que por la Administración de Rentas departamental, se entregue a cada una de dichas corporaciones, la suma de quinientos pesos, para la construcción de edificios de escuelas, entregándose, además a la última cien pesos, para iniciar la introducción del agua potable, erogaciones que se harán de la partida de gastos extraordinarios de los respectivos ramos.

Comuníquese,

Para 1955 la situación del municipio era precaria. Información estadística de ese año muestra que en la cabecera municipal vivían 1,265 habitantes, y en todo el municipio había 2,957 personas. El idioma predominante era el español, había 56% de población indígena y el analfabestimo alcanzaba el 70%. En cuanto a infraestructura, los pobladores carecían de luz eléctrica, agua potable, asistencia médica y hospitalaria.5

Un estudio de la Universidad de San Carlos realizado en 2006 mostró que la mayoría de la población estaba comprendida entre los 0 y 14 años de edad, y que la principal fuente de trabajo era la actividad agrícola, aunque ésta no tenía teconología adeciada y solamente ofrecía bajos salarios sin prestaciones laborales. Como resultado de esto, y del hecho de que el analfabetismo era todavía alto, había numerosos habitantes dedicados al empleo informal, e incluso muchos niños menores de 10 años de edad que tenían que laborar para ayudar al sustento familiar.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. López Rosito, Mario René (2006). Municipio de El Adelanto, Jutiapa. Costos y rentabilidad de unidades pecuarias (crianza y engorde de ganado bovino). Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Ciencias Económicas. p. 1.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.
  3. Guerra, Viviano (1883). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1881-83 III. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 252-253.
  4. Gobierno de Guatemala (1894). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1892-93 XI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 296.
  5. López Rosito, Municipio de El Adelanto, p. 3.
  6. Ibid., p. 5.

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28 de agosto de 1890: muerte de Juan M. Barrundia

A manos de la policía y a bordo de un buque estadounidense anclado en Puerto de San José, muere el general Juan M. Barrundia

28agosto1890
Desembarque de pasajeros en el muelle del puerto de San José en la década de 1890. Nótese que los pasajeros eran llevados en pequeñas embacarciones de los grandes vapores al muelle antes de ser subidos en un elevador. En el recuadro: el general Juan Martín Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la muerte del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, el 2 de abril de 1885, su ministro de la Guerra, el temido general Juan M. Barrundia empezó a mover los hilos para hacerse con el poder en Guatemala. Inicialmente le fue fácil, gracias al débil caráter del primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, pero no contaba con que los miembros d ela Asamblea legislativa iban a contactar al segundo designado, el general Manuel Lisandro Barillas, entonces jefe político de Quetzaltenango, para que se hiciera cargo de la situación.1

Mediante un hábil ardid durante el sepelio de Barrios en el Cementerio General, Barillas logró hacerse con la presidencia, y para cuando Barrundia se dió cuenta de la treta, ya era tarde. Poco después salió hacia Italia nombrado como embajador de Guatemala en ese país, pero a medio camino le cancelaron el nombramiento1 ya que el nuevo presidente hizo público que Barrundia se había apropiado de grandes cantidades de fondos nacionales y que había abusado de su poder como Ministro de la Guerra durante el gobierno del general Barrios.2 Aunque éste era un secreto a voces, estas investigaciones tenían la intención de enjuiciar al exministro de la guerra, ya que determinaron que Barrundia no solamente había cometido graves abusos de poder, sino que abusos personales en contra de personas que eran sus enemigos personales.3 Así, aunque Barrios había cometido el mismo tipo de abusos y de malversación de fondos, fue Barrundia el que se convirtió en el enemigo público de Guatemala, mientras que Barrios fue endiosado por sus aduladores hasta convertirlo en un héroe que supuestamente murió por el ideal de la Unificación Centroamericana.4

Inicialmente, cuando iba camino de Italia, Barrundia se fue a Nueva York, en donde se encontró con el embajador de Guatemala en Estados Unidos, el licenciado Antonio Batres Jáuregui. Este último relata el encuentro de esta forma:5

«Averigüé que estaban en el hotel Windsor. Fui a verlos. […] Luego encontré el nombre de don Martín, y en el siguiente renglón decía, Mrs. Barrundia, […] procedentes de Guatemala. […] Salió a recibirme don Martín, y después de las frases usuales, le dije: ‘¿Usted vino con su esposa?’ ‘¿Por qué me lo pregunta?’ replicó, con el modo seco y áspero que gastaba en sus tiempos prósperos de imperioso mando. ‘No me interesa mucho – le repuse- pero, como vi, en el libro de entradas, el nombre de Mrs. Barrundia, me pareció, por ubanidad, preguntar por ella’. ‘¡Ah!, tiene usted razón -agregó- voy a ser franco, traje a la italiana, aquella bailarina, con quien tenía relaciones en Guatemala; y para que pueda vivir conmigo aquí, he puesto que es mi señora’. [Le respondí]: ‘Váyase usted mañana, a otro hotel. Esto es muy delicado, en este país. Si se descubre la falsedad, le costaría dolores de cabeza; además, es peligroso, porque constiutye prueba de reconocimiento de estado. Pida usted un cuarto contiguo al suyo, para la italiana, en nombre de ella, como si fuera su amiga, nada más procediendo con cautela. Aquí no son las cosas como allá.’ Al día siguiente les ayudé a arreglar el asunto, porque ninguno de ellos hablaba inglés. Procuré que fuese un hotel en que no hubiera la delicadeza puritana que existe, en ese punto, en todos los de primera clase».5

Como sabía muy bien que era detestado por el pueblo guatemalteco, Barrundia se cuidó de no regresar y se autoexilió en México hasta 1888, año en que luego de haber solicitado una y otra vez al gobierno de Barillas que le permitieran el retorno, éste se lo autorizó. Barillas le permitió retornar, pero le pusieron una guardia personal para protegerlo contra el descontento popular contra su persona; Barrundia creyó que pasados tres años el sentimiento de los guatemaltecos se había calmado, pero no pudo llegar a la ciudad de Guatemala, porque a todo lugar al que iba se encontraban con que la guardia no era suficiente para contener a todos los que querían vengarse de él.3

El ex-ministro decidió entonces permanecer en México e iniciar una campaña de desgaste contra el gobierno de Barillas escribiendo y distribuyendo panfletos llenos de insultos y calumnias contra el presidente guatemalteco y pidiéndole a los ciudadanos que se alzaran en armas contra él.6 La intención era derrocar a Barillas y llegar él a poder, para hacerse cargo de un gobierno similar al de Barrios, y que tantos beneficios económicos le habían producido.

De los panfletos pasó a la acción e intentó invadir a Guatemala en dos ocasiones, el 30 de marzo de 1890 y a principios de agosto de ese mismo año, pero en ambas fue neutralizado por las autoridades mexicanas. Enterado del triunfo del general Ezeta en El Salvador, se embarcó para Guatemala en el vapor estadounidense «Acapulco» con la intención de unirse al ejército salvadoreño para invadir Guatemala, pero fue interceptado en el puerto de Champerico, cuando el vapor se detuvo allí. Como el capitán del navío no aceptó a entregar a Barrundia, el vapor continuó su marcha al Puerto de San José, y para entonces el gobierno guatemalteco ya tenía un acuerdo con los Estados Unidos para apresar a Barrundia.7

Para ayudar a la captura del ex-ministro, así como para tomar todas las precauciones para protegerlo durante su traslado a la ciudad de Guatemala, el gobierno envió al puerto al subdirector de la Policía con tres agentes, quienes se pusieron a las órdenes del coronel Enrique Toriello, comandante del puerto. Acompañado de los tres oficiales, Toriello abordó el «Acapulco» tan pronto como recibió la carta donde se autorizaba la captura de Barrundia; el capitán del barco al camarote de Barrundia, pero cuando el capitán empezó a traducir al español lo que decía la carta del embajador de los Estados Unidos, éste inmediatamente sacó sus revólveres y empezó a disparar, primero a Toriello y luego a los agentes de la policía, quienes regresaron el fuego y mataron a Barrundia.8

Al enterarse, una de las hijas de Barrundia, la señora Teresa Barrundia de Bengoechea tomó un revólver fue a la Legación de los Estados Unidos en Guatemala, y entrando al despacho del embajador, lo encontró sentado en su escritorio y le disparó un tiro que fue a dar a un diccionario Webster que estaba en un atril.9 La familia del fallecido reclamó al gobierno estadounidense, generando un conflicto con los Estados Unidos que causó mucho revuelo en ese país, pero que al final se resolvió favorablemente para Guatemala, ya que ésta explicó que el ex-ministro había muerto cuando estaban intentando aprehenderlo por las siguientes razones:

    • Era contrabando de guerra y traidor a la patria, pues iba hacia El Salvador para unirse a un ejército invasor.
    • Había serias acusaciones sobre Barrundia por los crímenes que había cometido durante su gestión como Ministro de la Guerra del gobierno de Barrios.10

BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia; 1821-1921, Memorias de un siglo. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 490.
  2. Secretaría de Relaciones Exteriores (1891). Report of the secretary of foreign relations of the republic of Guatemala to the national legislative assembly concerning the capture and death of General J. Martín Barrundia (en inglés). Guatemala: El Modelo. p. 5.
  3. Ibid., p. 6.
  4. Polanco Pérez, Perla Patricia (2016). Ubico frente al héroe liberal: El Centenario de Barrios en la legitimación de la dictadura, Guatemala 1935. Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Humanidades. p. 68 y siguientes.
  5. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 508.
  6. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 7.
  7. Ibid., pp. 23-26.
  8. Ibid., p. 27.
  9. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 494.
  10. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 36.

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15 de junio de 1897: firman un pacto tentativo de la República Mayor de Centroamérica

Guatemala firma un pacto tentativo para unirse a la República Mayor de Centroamérica que formaron El Salvador, Honduras y Nicaragua

15junio1897
Los presidentes de Centroamérica en 1896, cuando El Salvador, Honduras y Nicaragua formaron la República Mayor de Centroamérica e invitaron a Guatemala y a Costa Rica a unirse. Al centro, el presidente de Guatemala, general José María Reina Barrios. Imagen tomada de «El Porvenir de Centro América«.

En 1895, se llevó a cabo un intentó de unión materializado en el Pacto de Amapala del 20 de junio, originado como reacción contra las medias coactivas adoptadas por Inglaterra contra Nicaragua al ocupar la Costa de los Mosquitos en 1804.1 En este, Honduras, Nicaragua y El Salvador constituyeron la República Mayor de Centroamérica con la aspiración de incorporar después a Costa Rica y Guatemala. Así, el 15 de junio de 1897 Guatemala y Costa Rica firmaron un tratado previo de Unión de la República Mayor durante un congreso jurfídico que se celebró en la Ciudad de Guatemala en esa fecha.2 Guatemala en ese momento estaba sumida en una profunda crisis económica y política, ya que se había desplomado el precio internacional del café dejando todos los enormes proyectos del gobierno a medias, lo que había obligado al general presidente José María Reina Barrios a disolver la Asamblea y erigirse en dictador.3

El convenio firmado en la Ciudad de Guatemala dice así:2

Tratado de Unión Centro Americana

Los Gobiernos de Guatemala, Costa Rica y el de la República Mayor de Centro América, por medio de sus respectivos Delegados Plenipotenciarios, a saber:

Los señores Licenciados don Antonio Batres Jáuregui, don Mariano Cruz y don Antonio González Saravia, por Guatemala; el señor Licenciado don Leonidas Pacheco, por Costa Rica y los señores Doctores don Tiburcio G. Bonilla y don Manuel Delgado, por la República Mayor de Centro-América;2

Deseando que se realice lo más pronto posible la Unión de la América Central de un modo definitivo, por el inmediato ensanche de sus mutuas relaciones políticas, unificadas desde ahora ante las naciones extranjeras, y teniendo los Estados bases armónicas de legislación, idénticas garantías y principios homogéneos de libertad, orden y progreso;4

al efecto, después de haberse exhibido sus plenos poderes, que se encuentran en forma, y de las conferencias y discusiones del caso, han acordado las estipulaciones siguientes:5

      • Artículo 1.°— Las Repúblicas de Guatemala, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y El Salvador, forman desde hoy una sola Nación libre e independiente que se denomina República de Centro América.
      • Artículo 2.°— Las Repúblicas signatarias que constituyen la nueva unidad política, conservan su entera libertad e independencia, excepto en los puntos que expresa este Tratado y con referencia a los cuales, debe considerárseles como una sola nacionalidad.
      • Artículo 3.°— Conservar su régimen autonómico en cuanto a su administración interna y su unificación tendrá por único objeto el que en sus relaciones internacionales aparezcan como una sola entidad para garantizar su independencia común, derechos y respetabilidad.
      • Artículo 4.°— Con este objeto las Repúblicas, que en lo sucesivo se denominarán Estados, convienen en organizar un Poder Ejecutivo Nacional, cuyo Jefe tendrá el carácter de Presidente de la República de Centro América.
      • Artículo 5.°— Los Presidentes de las Repúblicas actuales se denominarán Jefes de Estado.
      • Artículo 6.°— La Presidencia de la República de Centro América, será ejercida alternativamente en turno por los respectivos Jefes de Estado, en el orden alfabético de naciones así: Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador.
      • Artículo 7.°— El turno será anual y principiará el día quince de septiembre del corriente año, si en esa fecha hubiese recibido este Tratado su aprobación definitiva. [Los artículos de 8 al 13 indican las atribuciones del Presidente de Centro América y de su consejo]
      • Artículo 14.°— El Consejo queda además autorizado para desarrollar en sus trabajos las bases que conduzcan a unificar los intereses de Centro América, prnicipalemtne en el ramo de legislación.
      • Artículo 15.°— La representación diplomática y consular tendrá efecto en lo sucesivo en nombre de la República de Centro América.5

[El resto de artículos estipula la forma en que funcionaría el gobierno de la República.]5

Aquel convenio fue ratificado por el Ejecutivo y por la Asamblea Constituyente que había convocado el general presidente José María Reina Barrios tras erigirse en dictador, por medio de los siguientes decretos:

Decreto Número. 528

José María Reina Barrios

General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala

Considerando:

Que los señores plenipotenciarios, Delegados al Congreso Jurídico Centro-Americano, han suscrito de común acuerdo el día de ayer, un Tratado sobre puntos constituciones y arbitraje, en el cual, teniendo en mira los bien entendidos intereses generales de todas las Repúblicas de Centro América, y armonizándolos convenientemente con los particulares de cada una de ellas, se consignan, entre otras disposiciones de importancia, las bases que han de regir para unificar desde luego su derecho público constitucional y su representación en el exterior, y preparar de un modo eficaz y práctico su definitiva unión política en días no lejanos.

Que las estipulaciones del Tratado en referencia son justas, racionales y equitativas; se hallan conformes con lo que dispone la Carta Fundamental de la República y los principios del derecho moderno; y tienen un objeto eminentemente simpático y noble, cual es el de aproximar lo más posible la anhelada reorganización de la patria común; y

Que a la realización de ese elevado ideal del patriotismo, por medios pacíficos y de recíproca utilidad, están obligados a cooperar todos los buenos centroamericanos y especialmente aquellos a quienes estos pueblos tienen confiada la dirección de sus destinos y elc uidado de promover todo lo que conduzca a su progreso y prosperidad;

Por tanto, de acuerdo con el parecer del Consejo de Ministros y en uso de las facultades que ejerce, decreta:

Artículo único. Apruébanse los cuarenta y dos artículos que forman el Tratado, de que antes se ha hecho mérito; sin perjuicio de someterlo oportunamente a la Asamblea Nacional Constituyente que se convoque para los efectos legales.6

Una vez convocada, la Asamblea Constituyente aprobó el tratado el 27 de agosto:

Decreto N°. 2 La Asamblea Constituyente de la República de Guatemala

Artículo 1°.— Apruébase en todas sus partes el pacto de Unión Centro-americana, celebrado por el Congreso Jurídico de Plenipotenciarios en esta capital, el 12 de junio del presente año, quedadno así debidamente confirmado el decreto del Ejecutivo, emitido con el mismo fin, el 16 del propio mes.

Artículo 2°.— Facúltase al Poder Ejecutivo para que dentro de los límites de la Constitución y en la órbita del propio Tratado, y consultando los intereses generales de Centro América haga o acepte las modificaciones o reformas al referido pacto que tiendan a hacer efectiva y práctica la grandiosa idea de Unión Centro Americana.7

Tiempo después, los tres Estados de la República Mayor junto a Guatemala recién firmante, consideraron que era tiempo de fortalecerse a través de una Constitución permanente, por lo que una Asamblea Constituyente se reunió en junio de 1898, completando sus trabajos el 27 de agosto. El nombre se cambió a Los Estados Unidos de Centroamérica.8 Pero para entonces la situación en Guatemala había cambiado drásticamente: se habían producido dos grandes revoluciones en contra del presidente, que éste había sofocado a duras penas, aunque la situación quedó tan inestable, que el gobernante fue asesinado el 8 de febrero de 1898 y entre las medidas del nuevo gobierno, el del licenciado Manuel Estrada Cabrera, estuvo declarar nulo todo lo actuado por el fallecido gobernante cuando se erigió en dictador, y todo lo aprobado por la Asamblea Constituyente convocada por Reina Barrios.3

Así, cuando la Constitución Federal de los Estados Unidos de Centroamérica entró en vigor en noviembre de 1898 y un consejo ejecutivo federal tomó asiento en Amapala para la elección del presidente y del congreso federal Guatemala ya había derogado la aprobación del Tratado; y por si eso fuera poco, un golpe de Estado declaró desligado a El Salvador de la República Mayor, lo que provocó que ésta se disolviera definitivamente.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mariñas Otero, Luis (1958). Las constituciones de Guatemala. España: Instituto de estudios políticos. p. 165.
  2. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.
  3. Estrada Paniagua, Felipe (1908) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala 1897-98. XVI Guatemala: Tipografía Nacional. p. 105.
  4. Ibid, p. 106.
  5. Ibid, pp. 107-112.
  6. Ibid, pp. 112-113
  7. Ibid, pp. 401.
  8. Mariñas Otero, Las constituciones de Guatemala, p. 201.
  9. Sandoval Rosales, Rommell Ismael (1996). Desafíos de la Corte Centroamericana de Justicia. El Salvador: Centro de Información Jurídica. Ministerio de Justicia. p. 2.

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8 de junio de 1892: certamen para celebrar el IV Centenario de la llegada de Colón

El general presidente José María Reina Barrios convoca a un certamen para celebrar el IV Centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América

8junio1892
La carroza de «Las Ciencias» en el desfile conmorativo del IV Centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América en la Ciudad de Guatemala. Fotografía de Killdare y Valdeavellano tomada de Wikimedia Commons.

La perspectiva sobre los viajes del navegante genovés Cristóbal Colón cambió drásticamente en el siglo XX, al punto que no hubo celebraciones del V Centenario de la llegada del marino a América en 1992. De hecho, fue la tendencia de identificar los viajes de Colón con la sangrienta conquista de los pueblos indígenas de América Latina lo que le dió un fuerte impulso a la candidatura de la guatemalteca Rigoberta Menchú quien finalmente obtuvo el Premio Nóbel de la Paz en ese año. Menchú no quiso que el galardón se quedara en Guatemala, y por eso se lo entregó al entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari para que fuera el Instituto Nacional de Antropología e Historia de ese país el que se encargará de la custodia y vigilancia de la presea y pergamino que simbolizan el Premio Nobel de la Paz en el museo del Templo Mayor de la Ciudad de México.1 La galaradonada escogió a México dada la imagen de progreso que su gobernante estaba proyectando al mundo en ese momento pero, irónicamente, el 1 de enero de 1994, fecha en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá —que fue el principal logro económico de Salinas de Gortari hasta ese momento—, se levantó en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el que a la larga desnudó las verdaderas condiciones de los indígenas mexicanos, y fue el principio de la serie de sucesos que desenmascararon las verdaderas intenciones del gobierno de Salinas, quien es recordado ahora como uno de los presidentes más corruptos de su país.2

Cien años antes la situación era totalmente diferente. En esa época, todavía no habían surgido los movimientos de revisión de la Historia y todavía se recordaban los viajes de Colón como una gesta heróica de acuerdo a los lineamientos de los historiadores oficiales. Era la época en que los liberales positivistas estaban en el poder, la educación era completamente laica, el presidente era masón de grado 33 y los indígenas no eran ni siquiera ciudadanos y eran utilizados como jornaleros, soldados y constructores de caminos a cambio de una mínima paga. De esta cuenta, el presidente de Guatemala, el general José María Reina Barrios, emitió el siguiente decreto el 8 de junio de 1892, convocando a un certamen para celebrar el acontecimiento:

Decreto Núm. 443

José María Reina Barrios, General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala,

Considerando:

Que hay hechos históricos de tal magnitud y de tna favorable trascendencia, que no es dado echar en olvido las fechas en que ocurrieron;

Que el descubrimiento del Nuevo Mundo, realizado por el inmortal Colón, con el auxilio de la ilustre Soberana de Castilla, trajo a América la civilización europea y ejerció bajo otros muchos aspectos, un influjo tan poderoso como feliz en la suerte de la humanidad;

Que España y los pueblos de este Continente se preparan a conmerorar de un modo u otro aquel grandioso hecho en su cuarto centenerario, rindiendo así el homenaje debido a los Manes del insigne genovés, que al conquistar tan inmarcesible lauro de gloria, supo merecer bien de la posteridad agradecida;

Que el sentimiento público es propicio en Guatemala a las solemnes manifestaciones que el Gobierno se propone hacer para celebrar la fecha en que el gran Colón y sus heroicos compañeros llegaron a una de las islas Lucayas;

Por tanto, Decreta:

Artículo 1°.— Declárase día festivo en la República, el 12 de octubre del corriente año.

Artículo 2°.— Convócase un concurso para premiar con quinientos pesos el mejor trabajo que en prosa se escriba sobre la vida y viajes de Colón, debiendo ese escrito contener detalles sobre la venida del gran navegante al litoral de Centro América en 1502.

Artículo 3°.— Convócase otro certamen para recompensar con una medalla de oro al autor del mejor himno a Colón, y con otra igual al que escriba la música más apropiada a esa composición poética.

En este concurso y en el indicado en el segundo artículo sólo podrán tomar parte los centroamericanos; y se fija para la presentación en pliego cerrado, de las obras, al Ministerio de Instrucción Pública, un plazo que expirará el 14 de septiembre próximo; en la inteligencia de que esas composiciones, como en tales casos se acostumbra, no llevarán la firma al pie sino el signo que el autor adopte, signo que se repeteriá en el exterior de un sobre, dentro del cual irá la firma respectiva.

Los premios se adjudicarán de un modo solemne en una velada que en la noche del 11 de octubre próximo se dará en el Teatro Nacional.

Artículo 4°.— El mismo día 11 por la tarde, se efectuará un paseo de los alumnos de los colegios y escuelas nacionales de la capital, y algunos de esos alumnos pronunciarán, en el local que se designe, discursos alusivos a la festividad y poesías análogas al propio objeto.

Artículo 5°.— En la tarde del 12 se verificará un gran paseo histórico con seis carros alegóricos que representen personajes y episodios relacionados en el acontecimiento que se recuerda.

Artículo 6°.— El mismo día 12, y con la solemnidad que el caso reclama, colocará el Presidente de la República en la plaza de esta ciudad que al efecto se designe, la primera piedra de un monumento que se erigirá a Cristóbal Colón, en testimonio del culto perpetuo que Guatemala se complace en tributarle.

Artículo 7°.— El Ministro de Instrucción Pública queda encargado de todo lo que se refiere a la ejecución del presente decreto.

Dado en Guatemala, ciudad capital de la República, en el palacio del Poder Ejecutivo, a los ocho días del mes de junio de mil ochocientos noventas y dos.

      • José María Reina Barrios.
      • El secretario de estado en el despacho de Instrucción Pública, manuel Cabral3

En el concurso de prosa quedó en primer lugar el licenciado Antonio Batres Jáuregui, con su obra «Cristóbal Colón y el nuevo mundo«, y en segundo lugar quedó la joven profesora de 26 años Natalia Górriz, quien escribió «Vida y viajes de Cristóbal Colón«.4 Por su parte, el monumento a Colón fue construido por el artista español Tomás Mur y fue inaugurado en 1896.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Secretaría de Gobernación del Gobierno de México (19 de agosto de 1994) Acuerdo por el que el Instituto Nacional de Antropología e Historia se encargará de la custodia y vigilancia de la presea y pergamino que simbolizan el Premio Nobel de la Paz a que fue acreedora la ciudadana guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, en el Museo del Templo Mayor de la Ciudad de México. México: Diario Oficial de la Federación.
  2. Milenio Digital (1 de enero de 2019) Los diez datos sobre el EZLN a 25 años de su levantamiento. México: Milenio.
  3. Gobierno de Guatemala (1894). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1892-93 XI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 61-62.
  4. Argueta Hernández, Bienvenido (diciembre de 2017) El pensamiento pedagógico de Natalia Górriz. En: Revista de la Historia de la Educación en Latinoamérica 19 (29) ISSN: 0122-7238 – p. 15.
  5. Salazar, Ramón A. (1 de abril de 1898). «Tomás Mur y sus obras». La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Síguere y Cía.) II (39).

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20 de mayo de 1877: primer número del periódico «El Porvenir»

Se publica el primer número del periódico de la Sociedad Literaria «El Porvenir» de los intelectuales liberales de la época de J. Rufino Barrios

20mayo1877
Composición fotográfica del Teatro Colón (anteriormente Teatro Carrera) realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicada por la revista cultura «La Ilustración Guatemalteca» en 1897.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Sociedad literaria «El Porvenir» se formó en Guatemala con las principales personalidades literarias entre los criollos liberales que habían tomado el poder tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871. «El Porvenir» se reunió por primera vez la noche del lunes 19 de marzo de 1877, por iniciativa de Vicente Carrillo, quien fue su primer presidente, y con el objetivo de crear una «literatura nacional«.1

Los estatutos de la nueva sociedad fueron redactados por Carrillo, sometidos a discusión y aprobados por todos los miembros. Contaron desde el principio con la venia del gobierno del general J. Rufino Barrios, y todos los representantes del gobierno eran automáticamente miembros honorarios de ella, destacando entre ellos el licenciado Lorenzo Montúfar, quien no solamente era Ministro de Estado sino que era el principal ideólogo liberal anticlerical.1 Montúfar, quien fue un guía-protector de los miembros más jóvenes de la Sociedad dada su experiencia como Ministro de Estado en Costa rica y de Rector de la Universidad de Santo Tomás,1 había regresado a Guatemala durante el gobierno de Barrios, tras haber salido huyendo del país disfrazado de clérigo cuando el general Rafael Carrera regresó a Guatemala de su autoimpuesto exilio en agosto de 1849.2

Las reuniones de la Sociedad eran semanales, y de julio acordaron también imponer una cuota de 50 centavos a cada miembro, para sufragar los gastos y en agosto de este mismo año, Barrios concedió, a través de la tesorería de la Universidad, cincuenta pesos mensuales para apoyar las labores de «El Porvenir», dada la importancia de esta asociación en la formación y desarrollo de los intelectuales liberales guatemaltecos.1

El 20 de mayo de 1877 la sociedad empezó a publicar un periódico quincenal que llevó el nombre de “El Porvenir” y en su primer número incluyó una lista de los socios que la componían:

  1. Honorarios: personajes relevantes, principalmente miembros del gobierno y a las mujeres.
  2. Asistentes: los que concurrían con regularidad a las juntas.
  3. Corresponsales: socios que se encontraban fuera de la ciudad o del país y contribuían con materiales para las sesiones y el periódico.1
  4. La junta directiva se componía de presidente vicepresidente, secretario, sub-secretario, varios vocales y tesorero, aunque en de 1879 se suprimieron los cargos de presidente y vice-presidente y se eligieron doce presidentes para ejercer el cargo durante un mes cada uno. Y en mayo de 1880 ampliaron las temáticas abordadas a otras ciencias e inauguraron una serie de conferencias públicas como otro medio de difusión de sus trabajos para lo cual organizaron veladas artístico-literarias en el Teatro Nacional.1

Máximo Soto Hall, quien luego sería un ideólogo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, clasificó a los miembros de la siguiente forma: 3

  • «Sombras protectoras»: eran las personalidades de mayor edad, y entre ellas estaba el ya mencionado Lorenzo Montúfar, el padre Ángel María Arroyo, quien a pesar de ser sacerdote fue uno de los principales aliados de J. Rufino Barrios y uno de sus principales aduladores,4 Antonio Machado y el escritor José Milla y Vidaurre. Los tres primeros citados eran considerados como los grandes oradores de la época,5 mientras que Milla, era muy respetado como orador y catedrático universitario a pesar de ser conservador y miembro de los gabinetes de Carrera y Vicente Cerna antes de la revolución de 1871.3
  • Mayores de 30 años: eran los que empezaban por aquel entonces a a labrarse un nombre. Entre ellos destacan:3
    1. Antonio Batres Jáuregui: quien luego sería Ministro de Estado de Barrios y de todos los presidentes liberales hasta Manuel Estrada Cabrera, a pesar de ser conservador. Fue vice-presidente de la Sociedad desde su fundación hasta noviembre de 1877.
    2. Fernando Cruz: quien luego sería Ministro de Estado.
    3. Salvador Falla: jurista y político que fue vocal 1º y luego asumió la presidencia de la asociación desde noviembre de 1877 hasta enero de 1879.
    4. Ricardo Casanova y Estrada: por entonces un joven abogado, quien después de ser humillado por el presidente Barrios durante un litigio que se seguía por la propiedad que había sido de la Orden de San Felipe Neri de la Escuela de Cristo, decidió hacerse sacerdote y llegó a ser el arzobispo de Guatemala.
    5. Juan Fermín de Aycinena: otro escritor conservador, quien era descendiente del patriarca de su familia, que tenía el mismo nombre. Aycinena fue miembro del gobierno de Carrera, pero abandonó la política tras la Revolución de 1871.
  • Jóvenes: los literatos que apenas empezaban. Entre ellos se encontraban:
    1. Manuel Valle: joven poeta de 16 años, miembro asistente y asiduo colaborador del periódico con su poesía. Llegó a ser abogado, escribió varias obras de teatro y en 1902, junto a Virgilio Rodríguez Beteta y Francisco Contreras fundó el primer ateneo de Guatemala.3
    2. Miguel Ángel Urrutia: secretario particular de Barrios. Ingresó a la sociedad en febrero de 1879 y fue un asiduo colaborador del periódico principalmente con su poesía.<sup>3</sup>
    3. Ramón A. Salazar: médico, quien luego llegaría Ministro de Instrucción Pública de Barrios y luego editor de la revista cultural «La Ilustración Guatemalteca» durante el gobierno del general José María Reina Barrios. Fue miembro de varias Asambleas Legislativas que favorecieron al gobernante liberal de turno y también fue ministro del licenciado Manuel Estrada Cabrera. Fue uno de los principales intelectuales anticlericales guatemaltecos y director del «Diario de Centro América«, que en esa época era un periódico semi-oficial.
    4. Juan Arzú Batres: ingeniero, quien fue director del Diario de Centroamérica y padre del escritor José Arzú. Fue miembro fundador de la Academia Guatemalteca correspondiente a la española de la lengua y ocupó diferentes puestos en la directiva de la sociedad.3
    5. Guillermo Hall: tío de Máximo Soto Hall y padre de Elisa Hall de Asturias
    6. Domingo Estrada: de 22 años de edad, era hijo de Arcadio Estrada, un abogado que participó en el movimiento de 1871 y que ocupó varios puestos ministeriales durante los gobiernos liberales. Por la influencia de su padre, Estrada ocupó puestos públicos mientras todavía estudiaba en al Universidad de donde se graduó de abogado en agosto de 1877. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Guatemala sirviendo puestos diplomáticos, principalmente en los Estados Unidos. Fue vocal, tesorero, miembro de la comisión de imprenta y publicó asiduamente en el periódico «El Porvenir«.3

Entre los miembros extranjeros destacaron:

  • El ingeniero mexicano Alejandro Prieto, quien fungió en la sociedad como vocal 1º y era Secretario de la Legación de México en Guatemala. Prieto escribió el primer Tratado de Agrimensura recopilando leyes y decretos, y se hizo cargo, ad honorem, de las asignaturas de Topografía, Agrimensura y dibujos y con ello formó la Facultad de Ciencias Exactas de donde salieron los primeros veintidós Ingenieros Topógrafos. Trazó el Cementerio General y el Hipódromo del Norte. Hizo el primer estudio de los límites con México, y la nivelación de los ríos Pensativo y Democracia.1
  • El licenciado hondureño Marco Aurelio Soto,3 quien fuera Ministro del gobierno de Barrios durante los primeros años de éste, y luego fue colocado en la presidencia de Honduras junto a su primo Ramón Rosa por el general Barrios. Años después, cuando ya no le era útil, Barrios lo derrocó y lo sustituyó por Luis Bográn.
  • El poeta cubano José Martí, quien aparece en la lista de socios asistentes que se publicó en el primer número del periódico. En 1878 figura como Vicepresidente de la sociedad y pronunció un discurso en la primera velada que realizara la sociedad el 25 de julio de 1877, que fue el que le valió el sobrenombre de «Dr. Torrente«.6

Por supuesto, la ideología liberal y el progreso que proponía y documentaba la Sociedad Literaria era para las élites ilustradas y no para el ciudadano común, en particular el indígena. Los literatos se convirtieron, entonces, en apologistas de la medidas económicas anticlericales y pro-cafetaleras de J. Rufino Barrios que utilizaron a los indígenas como mano de obra casi gratuita. He aquí algunas frases publicadas en las páginas de aquel periódico por Salvador Falla, que dejan clara la posición de los intelecuales liberales:

«El aborigen, poseedor de inmensos terrenos vírgenes henchidos de fecundidad, pero que yacen hace siglos esperando la hora de la redención por el cultivo, … alega no sé qué derechos señoriales adquiridos de tiempos remotísimos y se opone con una tenacidad propia de su raza a que una mano extraña, una mano aleve toque el árbol que él no ha plantado, el árbol que no ha cuidado ni visto crecer.»7

«No le pidamos al indio iniciativa, adelanto, progreso; porque la iniciativa individual no se encuentra en la degeneración y en la ignorancia; no queramos que sienta la sed de la riqueza, la ambición del bienestar material; porque la ambición no puede avenirse con una alma empequeñecida. Pidámosle al indígena lo que puede darnos: que auxilie la obra del progreso con su mano callosa, su brazo fornido, su índole suave«.8

Así pues, para aquellos eruditos liberales, lo «nacional» era únicamente lo español y lo occidental. Juan Arzú Batres, en un artículo titulado “La imaginación y el pensamiento” llega al extremo de eliminar a toda la población indígena de América considerando que el continente era únicamente la reunión de dos razas: la inglesa y la española, y que estaba llamado a ser la síntesis de ambas y lograr con ello “que no se reconozca otra raza que la raza humana, ni otra civilización que la civilización Universal”.9

Uno de los sucesos más relevante de la Sociedad Literaria ocurrió en diciembre de 1879 cuando el presidente Barrios les encargó convocar a un concurso para elegir un himno nacional. Pretendían utilizarlo para las celebraciones que el gobierno planeaba para el mes de marzo de 1880 cuando entraría en vigor la Constitución de 1879, cuya redacción se había pospuesto por varios motivos desde que Miguel García-Granados y Zavala se había hecho con el poder en 1871. El 5 de enero de 1880 la sociedad convocó al concurso para el cual se otorgó un plazo de quince días. Nombró un jurado calificador compuesto por José Milla, José Antonio Salazar, Javier Valenzuela, Manuel Ramírez y Salvador Falla. Pero solamente se recibieron sólo trece composiciones y cuando el jurado eligió los tres primeros lugares, todos miembros de la Sociedad —Juan Fermín de Aycinena, Miguel Ángel Urrutia y Manuel Arzú y Saborío—, dictaminó que ninguno de ellos merecía el calificativo de Himno Nacional y el evento quedó como un simple concurso literario.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes Oliva, Regina (4 de junio de 2009). Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir«. En Boletín AFHEC. (41) Guatemala: Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Soto Hall, Máximo (1966). La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 53.
  4. Vela, David (1948). Literatura Guatemalteca Guatemala: Tipografía Nacional. p. 315.
  5. Ibid., p. 307.
  6. Hall, La niña de Guatemala, p. 67.
  7. Falla, Salvador (24 de julio de 1877). El Porvenir ¡Adelante!. En El Porvenir I (5), p. 65.
  8. Ibid., pp. 66-67.
  9. Arzú Batres, Juan (5 de julio de 1877). La novela. En El Porvenir I (4), pp. 53-54.

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30 de marzo de 1885: Arturo Ubico no puede entregar una comisión a Bográn

Los enviados del gobierno guatemalteco, Lic. Arturo Ubico y Lic. Antonio Batres Jáuregui logran escapar ser capturados por El Salvador y Costa Rica

30marzo1885
El antiguo muelle del puerto de Acajutla en El Salvador, en donde no pudo desembarcar el Lic. Ubico debido a la guerra con Guatemala. En los recuadros: el presidente de Honduras, Luis Bográn, y el enviado de Guatemala, Arturo Ubico Urruela. Imágenes tomadas de Fotos antiguas de Sonsonate y de Wikimedia Commons.

El general presidente, J. Rufino Barrios, había estado manipulando la política de Honduras y El Salvador desde 1876, colocando a los licenciados Marco Aurelio Soto1 y Rafael Zaldívar2 como presidentes de Honduras y El Salvador, respectivamente. A cambio, ambos presidentes le pasaban un generoso impuesto feudal cada año3 y se comprometieron a ser sus aliados en caso de guerra. Cuando Soto ya no fue del agrado de Barrios, lo sustituyó por Luis Bográn, y luego empezó sus preparaciones para intentar la Unificación Centroamericana.

Sin embargo, a diferencia de Bográn que fue su aliado incondicional y hasta fue condecorado por la Asamblea Legislativa de Guatemala como «Benemérito de Centro América», Zaldívar traicionó a Barrios y el 22 de marzo firmó un pacto con Nicaragua y Costa Rica para defenderse de la agresión «del salvaje de San Marcos», que era como llamaban a Barrios sus rivales centroamericanos.4

Barrios partió para reunirse con sus tropas en la frontera con El Salvador el 23 de marzo,5 y envió al licenciado Arturo Ubico en una comisión para el presidente hondureño Luis Bográn, y al licenciado Antonio Batres Jáuregui, a una comisión para Washington. Ambos comisionados partieron en el mismo vapor en el que también iban dos ministros salvadoreños que habían estado en Guatemala, los cuales, cuando llegaron al puerto salvadoreño de Acajutla, se encargaron de hacerle saber a todo el mundo que iban dos comisionados guatemaltecos a bordo. Por esta razón, no los dejaron desembarcar y tuvieron que seguir hasta Costa Rica, pero al llegar al puerto de Puntarenas, tampoco pudieron desembarcar pues los estaban esperando quince lanchas con veinte hombres armados cada una.6

Así pues, Ubico no pudo cumplir con su misión de entregarle doce mil pesos de plata al presidente Bográn, y se los tuvo que dar a Batres Jáuregui, que siguió su viaje hacia los Estados Unidos. Según cuenta este último en su obra «La América Central ante la Historia«, he aquí lo que pasó con aquel dinero tras la muerte de Barrios el 2 de abril de 1885:

«Ubico andaba con pocos fondos, como que creía que iba a Honduras, nada más. Me dió una libranza por mil pesos, contra don Manuel Hernández, que se hallaba en Guatemala y éste la cubrió inmediatamente que le fué presentada. Los doce mil pesos fueron a parar a San Francisco California, y por influencias de don Florentín Souza, llegaron a poder de doña Francisca Aparicio de Barrios, que era quien menos los necesitaba, y que ningún derecho tenía sobre los fondos nacionales».6

Y aquellos fondos no serían los únicos que heredara la viuda de Barrios, ya que, de acuerdo a un inventario levantado Carlos F. Murga, la Sra. Aparicio de Barrios fue la heredera universal de los bienes que el fallecido presidente guatemalteco acumuló durante su gobierno, y que ascendieron a treinta y tres millones de pesos de la época.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Lozano, Enrique (18 de diciembre de 1890). «Drama Político en Honduras». La Opinión (México, D. F.): 56.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 170-176.
  3. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 14.
  4. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El Libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 474-476.
  6. Batres Jauregui, Antonio (1949). La América Central Ante la Historia 1821-1921 Memorias de un Siglo. III. Guatemala: Tipografia Nacional. pp. 484-485.
  7. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente, p. 19.

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11 de marzo de 1920: multitudinaria manifestación Unionista

Multitudinaria manifestación organizada por el Partido Unionista contra el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera

11marzo1920
La manifestación unionista a su paso por la Penitenciaría Central el 11 de marzo de 1920.  En el recuadro: el licenciado Manuel Estrada Cabrera, presidente de Guatemala desde 1898.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1919 la relación entre los Estados Unidos y el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera se fracturó.  El distanciamiento se inició durante la guerra civil que se desató en México tras el asesinato del presidente Francisco Madero y la contrarevolución de Victoriano Huerta, cuando los Estados Unidos intentaron desmembrar el sur de México con la ayuda de Estrada Cabrera y forma la República Suroriental con parte de Chiapas, Tabasco y Petén; para conseguir este fin, el presidente guatemalteco intentó sobornar a un general antihuertista que estaba en el país —el lugarteniente de Venustiano Carraza, Ricardo Carrascosa— pero no lo consiguió.1,2 A partir de allí, el gobierno estadounidense solamente estaba esperando una excusa para deshacerse del gobernante guatemalteco, al que había apoyado incondicionalmente desde 1900 sin importar el partido del gobernante de turno en el país norteamericano, aunque no había encontrado un sustituto adecuado y apoyó su reelección en 1915.3

La excusa para que los estadounidenses le quitaran el apoyo al gobernante guatemalteco finalmente llegó con las charlas del obispo de Facelli, José Piñol y Batres, quien era miembro de la familia Aycinena y primo del líder conservador Manuel Cobos Batres, quien escribió los discursos y quien aborrecía al presidente por ser ser liberal y por considerarlo «mestizo de indio«.4 Hasta poco antes, el obispo Piñol y Batres había incondicional de Estrada Cabrera, e incluso había encabezado el comité que trabajó para conseguir la reelección del presidente en 1915, cuando todavía era obispo de Granada.5

El obispo de Facelli dio varias charlas entre las ruinas del templo de San Francisco en mayo de 1919 —que todavía no estaba reconstruido tras los terremotos de 1917-18— en donde acusaba al gobierno liberal de Estrada Cabrera de todos los abusos que había cometido durante su ya larga gestión de más de 20 años.  Los esbirros del gobierno empezaron a perseguir al obispo, aunque sabían muy bien que la profunda fe católica del pueblo guatemalteco les impedía arrestarlo y llevarlo a la Penitenciaría Central, como habían hecho con todos los enemigos del gobierno hasta ese momento.6

Estrada Cabrera entonces optó por reducir al obispo de Facelli a prisión domiciliaria en el Palacio Arzobispal, ya que el arzobispo de entonces, Julián Raymundo Riveiro, había sido puesto en la mitra por el propio presidente guatemalteco tras la muerte del arzobispo Casanova y Estrada en 1913 y era incondicional al presidente.  Tras un período en esta situación, Piñol y Batres fue exiliado del país el 21 de agosto de 1919.7

Los conservadores, reunidos en el Partido Unionista, organizaron una comisión para quejarse del maltrado que había sufrido el obispo a manos del gobierno y consiguieron que el Secretario de Estado Joseph Patrick Tumulty –quien era el presidente de hecho tras el derrame cerebral que sufrió Woodrow Wilson— retirara su apoyo al gobierno guatemalteco ese mismo mes de agosto.  A partir de este momento, el Partido Unionista surgió como la espuma y se fue envalentonando más y más.8

Así se llegó al 11 de marzo de 1920, cuando los Unionistas organizaron una manifestación contra el gobierno en la Ciudad de Guatemala, algo que no se había visto en varias décadas.  La marcha iba encabezada por el ciudadano José Azmitia, quien portaba la bandera centroamericana y quien no quiso entregarla a los otros miembros del partido que tenían que portarla por turnos, porque sabía que Estrada Cabrera había colocado francotiradores con órdenes de asesinar al que llevara la bandera.9 Azmitia, ya había estado en prisión varias veces desde el atentado de los cadetes en 1908 pues, aunque no había tenido nada que ver en el asunto, fue a ponerse a las órdenes de las familias de los implicados frente a los agentes del gobierno.10

La marcha fue un éxito rotundo para el Partido Unionista, ya que aunque no derrocó al presidente en ese momento, si lo debilitó considerablemente y abrió las puertas para que los cabreristas traicionaran al presidente y pactaran con los unionistas declararlo mentalmente incapaz el 8 de abril de 1920.8-11

(NOTA ACLARATORIA:  a nuestros lectores que han tenido el libro «¡Ecce Pericles!» como referencia del gobierno de don Manuel, es conveniente indicarles que dicho libro adolece de parcialidad hacia los conservadores, mostrando a los miembros del Partido Unionista como héroes de una gesta patriótica y defenestrando al presidente liberal.  Aquel libro fue escrito por el periodista Rafael Arévalo Martínez, quien tiene un sesgo marcadamente conservador y dejó en el tintero numerosas aclaraciones sobre las fuentes que utilizó para escribir su libro.  Por ejemplo, se basa en la obra «Mi Diario» del escritor y diplomático mexicano Federico Gamboa —quien era el embajador de México en Guatemala— para describir los horrores que se vivieron tras el atentado de La Bomba en 1907, pero convenientemente olvida mencionar que dicho diplomático era representante del gobierno conservador del general Porfirio Díaz, y que éste era enemigo declarado de don Manuel por la alianza que éste último tenía con los Estados Unidos.12 Otro ejemplo es que Arévalo Martínez omite las relaciones familiares entre los líderes del Partido Unionista, quienes eran descendientes de la otrora poderosa familia Aycinena que gobernó el país junto con Rafael Carrera y Vicente Cerna de 1851 a 1871.13-14)


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 252-258.
  2. Pérez Verdía, Luis (1914). «Revolución y Régimen Constitucionalista. Documento 521. Informe del Sr. Luis Pérez Verdía rendido al Canciller Huertista». Archivado desde el original el 19 de julio de 2014.
  3. Dosal, Paul (1995). Doing Business with the Dictators: A Political History of United Fruit in Guatemala, 1899-1944 (en inglés). Nueva York: Rowman and Littlefield.
  4. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, p. 268.
  5. Ibid., p. 269.
  6. Ibid., pp. 324-326.
  7. Ibid., p. 361.
  8. Ortiz Rivas, Silverio (1922). Reseña histórica de la parte que el elemento obrero tuvo en el Partido Unionista. Guatemala: Inédito. «Reproducido parcialmente en el libro ¡Ecce Pericles! de Rafael Arévalo Martínez».
  9. Colón Gómez, Julio (1980). «Mi tío José»Revista Ingeniería (Guatemala: Colegio de Ingenieros de Guatemala).
  10. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, pp. 211-214.
  11. Méndez, Rosendo P. (1927). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1920-1921Guatemala: Tipografía Nacional. pp.: 4-6.
  12. Gamboa, Federico (1910). Gómez de la Puente, Eusebio, ed. Mi diario, primera serie. México: La Europea. Archivado desde el original el 4 de junio de 2015
  13. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena»Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica).
  14. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). «Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia»Revista conservadora del pensamiento centroamericano (Managua, Nicaragua) XXIII (111). p. 145-147.

24 de enero de 1918: tercer terremoto de 1917-18

Se produce el tercero de los fuertes terremotos de 1917-18 que destruyeron la Ciudad de Guatemala

24enero1918
Ruinas del Cerrito del Carmen.  En los recuadros: las ruinas del Cementerio General y el campamento de la Cruz Roja «Manuel Estrada Cabrera».  Todas las fotografías fueron publicadas en la revista National Geographic en 1919; es de notar que la del Cerrito del Carmen fue tomada por el fotógrafo guatemalteco Alberto G. Valdeavellano.

Luego de los fuertes sismos registrados entre el 25 de diciembre de 1917 y el 3 de enero de 1918, llegaron a la Ciudad de Guatemala varios geólogos, entre quienes estuvieron Herbert Spinden de la «National Geographic Magazine» y Marshal Saville. Ambos estaban en la ciudad cuando ocurrió el fuerte sismo del 24 de enero de 1918 y reportaron su experiencia con lujo de detalles.

Reproducimos a continuación lo relatado por Spinden:1

«Fui lo suficientemente afortunado para llegar a la Ciudad de Guatemala veinte minutos antes del terremoto del 24 de enero de 1918. […] Otros sismos habían destruido la ciudad y albergues temporales en chozas habían sido construidos en los parques. Todos los hoteles estaban destruidos, y conseguí una habitación en el nuevo Hotel Roma, que estaba construido con las puertas del derruido hotel original en el antiguo patio de carruajes frente a la estación del ferrocarril.»

«El sol se acababa de ocultar y una luna llena estaba saliendo en un cielo completamente despejado. No percibí nada, a diferencia de otras ocasiones en que había sentido las vibraciones por un breve instante, como cuando uno percibe que se aproxima una tormenta. En eso, los platos de la mesa empezaron a saltar y las paredes y techo de lámina a crujir y a oscilar. Nos abalanzamos por las paredes hacia la calle, tropezando y cayendo. Desde cerca y lejos llegaba el rugido de paredes que se derrumbaban. Un polvo amarillento se elevó, oscureciendo la luna. Y luego el temblor empezó a ceder y finalmente terminó, pero el polvo se mantuvo en el ambiente sobre la dañada ciudad.»

«Estos últimos sismos aparentemente se centraron en la Ciudad de Guatemala, con un radio de destrucción de treinta millas. Se temía que la tierra cediera por los sismos y que surgiera un nuevo volcán en la misma ciudad. Las enormes fisuras que aparecieron en la línea férrea hacia Puerto Barrios se rellenaron una y otra vez, y solamente una labor incansable permitió que el tren operara por períodos lo suficientemente largos para traer suministros a la ciudad.

No solamente las casas fueron arruinadas, sino que las tuberías de agua se rompieron y la gente se vio expuesta a las potenciales enfermedades que surgen cuando se utiliza agua que nace por las fisuras de la calles. En los cementerios los esqueletos fueron expulsados de sus tumbas y muchos restos humanos tuvieron que ser cremados posteriormente. La pérdida de vidas humanas en la Ciudad de Guatemala probablemente no pasó de los doscientos.»1

Por su parte, Marshal Saville había salido en tren por la línea del Ferrocarril del Norte hacia Quiriguá y se encontraba en su travesía de retorno cuando se produjo el sismo. He aquí su relato:2

«El […] gran sismo llegó con la luna llena en la noche del 24 de enero. Estaba viajando de Quiriguá a Guatemala por tren, y este se había retrasado en Agua Caliente debido a un pequeño derrumbe. Así pues, en lugar de llegar a la ciudad a las 6:30 p.m. estaba atrasado más de una hora. Exactamente a las 7:20 p.m., cuando estábamos a unas cinco millas de llegar y estabamos saliendo de un profundo barranco entre las montañas, una piedra del tamaño de una pelota de béisbol cayó desde lo alto de una montaña y se estrelló contra el marco de la ventana donde yo iba sentado. Al instante se escuchó un gran estruendo, acompañado de un fuerte halón hacia el lado sur del tren. Y esto fue inmediatamente seguido de un fuerte temblor en el otro lado. El tren iba avanzando muy lentamente, quizá a tres kilómetros por hora, así que el maquinista lo pudo detener en cuestión de cinco metros».

«Mi primera impresión, debido a la piedra que había chocado contra la ventana, fue que había ocurrido un alud de una montaña y que las enormes rocas habían golpeado al tren. Pero cuando nos dimos cuenta que el tren estaba intacto, todos supimos lo que había ocurrido. Pocos minutos después empezamos a sentir los temblores de tierra, y desde ese momento hasta las 4:30 a. m. la tierra no se estuvo quieta. Sentíamos los sismos de cuando en cuando, y posteriormente supimos que se habían registrado cuarenta y tres temblores diferentes esa noche».

«El tren continuó su marcha lentamente, pero se tuvo que detener en tres ocasiones para que limpiaran los derrumbes que le interrumpían el paso. Por fin llegamos al último y más grande de los pasos entre las montañas; pero este estaba totalmente bloqueado y se tardaron una semana en limpiarlo porque tan pronto como removían parte de la tierra se producían nuevos aludes. Nosotros pasamos la noche del 24 de enero en el tren y terminamos nuestro viaje a pie a la mañana siguiente. El camino estaba bloqueado en muchos lugares, y especialmente en donde la vía férrea descendía por el barranco más próximo a la ciudad. Durante la caminata yo conté aproximadamente doscientas grietas, con dirección aproximada de sur a norte, aunque vi algunas perpendiculares a estas. La dirección de las grietas puede ser relevante, pues parecían provenir del volcán de Pacaya. Que las grietas van de la región del volcán hacia el norte, y no de norte a sur quedó demostrado por una gran grieta que ví que provenía del sur y que después se separaba en cuatro grietas más pequeñas hacia el norte.

Como los terremotos del 25 de diciembre y del 24 de enero ocurrieron en noche de luna llena, la población se alarmó por lo que podría ocurrir en la siguiente. En efecto, supimos que el 26 de febrero el servicio telegráfico se interrumpió por un fuerte sismo.»2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Spinden, Herbert J. (1919). «Shattered capitals of Central America»National Geographic Magazine (Estados Unidos) XXXV (3).
  2. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918». Graphical Review 5: 459-469. JSTOR 207805.

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29 de diciembre de 1917: segundo terremoto de 1917-18

Ocurre el segundo terremoto de 1917-18, esta vez a las 2:00 pm

29diciembre1917
Campamento establecido en las faldas del Castillo de San José (hoy Teatro Nacional).  Este fue uno de los primeros asentamientos que se formaron el ciudad de Guatemala y fue retirado hasta en 1927, cuando el gobierno del general Lázaro Chacón construyó el Barrio «El Gallito» para los daminificados por los terremotos de 1917-18.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después del sismo del 25 de diciembre, la población ya no durmió en sus casas sino que se refugió como pudo en las plazas y parques, lo que contribuyó a que los siguientes sismos no produjeran un gran número de víctimas mortales.1

El 29 de diciembre de 1917 a las 2:00 PM, ocurrió el primer sismo fuerte a la luz del día; muchas personas sufrieron desmayos por el terror y hubo una víctima mortal, el Dr. Manuel del Valle, quien murió sepultado junto con su caballo por una casa que se derrumbó mientras revisaba a los heridos mientras trabajaba en una comisión por la Cruz Roja.2

Aquel sería el último sismo fuerte por unos días y los pobladores aprovecharon para armar campamentos provisionales en los parques y plazuelas de las iglesias —las que también quedaron por los suelos—.​ Estos refugios temporales se construyeron con lo que se pudo conseguir: carruajes, mantas, muebles y demás enseres; afortunadamente, como solamente la ciudad de Guatemala fue afectada por los sismos, el resto del país envió suficientes provisiones por lo que no se desató una hambruna.3

Pero fue en el cementerio general de la Ciudad de Guatemala en donde se apreció la devastación en toda su magnitud: el lugar quedó totalmente destruido por el terremoto y se contaba que unos ochenta mil muertos habían salido literalmente de sus tumbas, quedando expuestos y poniendo en peligro la ciudad por una posible peste. Fueron quemados en una pira gigantesca, pero las tumbas quedaron en ruinas.2

Aunque en los días siguientes continuaron las réplicas, las personas se encontraban en refugios temporales pues muchos habían perdido sus hogares, y poco a poco se fueron acostumbrando a los sismos, hasta que llegó el terremoto del 3 de enero de 1918, a las 10:40 PM, que fue un terremoto aún más fuerte que los anteriores.2,4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Recinos, Adrían (1922). La ciudad de Guatemala, crónica histórica desde su fundación hasta los terremotos de 1917-1918. Guatemala.
  2. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918»Graphical Review 5: 459-469. JSTOR 207805.
  3. Prins Wilhelm (1922). Between two continents, notes from a journey in Central America, 1920 (en inglés). Londres, Inglaterra: E. Nash and Grayson, Ltd. pp. 148-209.
  4. Spinden, Herbert J. (1919). «Shattered capitals of Central America»National Geographic Magazine (Estados Unidos) XXXV (3).

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