21 de marzo de 1687: fallece Manuel Lobo, S.J., confesor del Hermano Pedro

Fallece el padre Manuel Lobo, S.J., quien fuera maestro, biógrafo y confesor del Santo Hermano Pedro de Betancur.

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Las ruinas del Convento y colegio de la Compañía de Jesús en la Antigua Guatemala en 1875. En el recuadro: un grabado que representa al Santo Hermano Pedro. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El primer libro que se escribió sobre la vida del Santo Hermano Pedro fue el que hizo el sacerdote Manuel Lobo, S.J. quien en 1626 fue enviado por sus padres a México para que prosiguiera con sus estudios en el colegio de San Ildefonso, en donde fue discípulo del padre Miguel Godínez.1

Ya en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el padre Lobo ya era parte de la congregación jesuita y era profesor en el Colegio de San Lucas de la Compañía de Jesús y allí, como maestro de los estudiantes seglares,2 tuvo la oportunidad de ser quien educó al Hermano Pedro de San José de Betancur y con el mismo estilo, régimen y método que él mismo practicaba, y en donde convivió con el futuro santo durante aproximadamente quince años.3

El 15 de noviembre de 1658, debido a su reputación en la sociedad de Santiago de los Caballeros, el padre Lobo predicó en la Catedral Primada de Santiago el sermón conmemorativo para celebrar el nacimiento del príncipe Felipe Próspero.4

En 1667, el padre Lobo publicó su obra «Relación de la vida y virtudes del V. Hno. Pedro de San José», en base a la cual, el 8 de junio de 1668, el alcalde ordinario capitán José de Aguilar y Revolledo expuso ante el Ayuntamiento criollo que habiendo fallecido el Hermano Pedro, «quien en su vida fue en esta ciudad consuelo de ella por su mucho ejemplo, caridad y buenas obras, que en servicio de Dios hizo y sus penitencias tan grandes, que con ellas y su buena vida, se vieron efecto de admiración y fue por ello venerado en esta república, por todo género de personas eclesiásticas y seglares y todos en su entierro, con general aclamación de hombre de vida ejemplar y penitente, le hicieron su entierro a que asistieron el señor don fray Payo de Rivera, arzobispo de México, siendo obispo de este obispado, con los de su cabildo eclesiástico y lo señores de la Real Audiencia y todas las comunidades de los conventos de religiosos de esta ciudad y porque habiendo tenido la dicha de haber muerte en ella, un varón de tan esclarecidas virtudes, como se saben por el tratado que de su vida se ha escrito por su confesor, el maestro Manuel Lobo, de la Compañía de Jesús, sería bien que esta ciudad por su parte haga diligencia en orden a que se hagan informaciones de la vida de tan virtuoso varón y de los casos raros que en su vida le sucedieron, que fueron  indicios de su santidad, para que conste en todo tiempo, o para los efectos que convengan«.5

Así pues, la obra del Padre Lobo fue el punto inicial para que los capitanes José Agustín de Estrada, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán —quien también fuera alumno suyo en el Colegio de San Lucas6— y el mismo Aguilar y Revolledo iniciaran la documentación para la canozación del Hermano Pedro.  Asimismo, la obra del padre Lobo también sirvió de base al fraile franciscano Francisco Vásquez de Herrera —quien también se educó en el colegio de San Lucas de los jesuitas—, para escribir su obra «Vida y virtudes del venerable fray Pedro de Betancur«, en la que éste agregó una amplia recopilación de testimonios de otros confesores del Hermano Pedro y de otros testigos.7

El padre Lobo falleció el 21 de marzo de 1687 en la ciudad de Santiago de los Caballeros, y el Ayuntamiento lo reconoció en esa fecha, por el aprecio que se le tenía por sus dotes intelectuales.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Vásquez de Herrera, Francisco , S.J. (1962) [1706]. Vida y virtudes del venerable fray Pedro de Betancur. Guatemala: Tipografía Nacional. p. xvii.
  2. Sariego, Jesús Manuel (2004). Evangelizar y educar. Los jesuitas de la Centroamérica colonial. En: Revista Diakonia. (111). p. 57
  3. Vásquez de Herrera, Vida y virtudes del venerable, p. xix
  4. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de Antigua Guatemala, 1451-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 52.
  5. Ibid., pp. 60-61.
  6. Sariego, Evangelizar y educar, p. 62.
  7. Barillas, Edgar (2019). Literatura y cine en Guatemala (III). El cine al servicio de la religión: El Hermano Pedro. Guatemala: Re-contracampo. 
  8. Pardo, Efemérides de Antigua Guatemala, p. 81.

7 de enero de 1675: Fuentes y Guzmán felicita al rey por su cumpleaños

El historiador del Cabildo de Santiago de los Caballeros de Guatemala, capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, escribe unos versos para felicitar al rey Carlos II en su décimotercer cumpleaños.

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El convento de los mercedarios en la Antigua Guatemala en 2011. En el recuadro: la firma del historiador colonial Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los primeros historiadores de Guatemala fue el capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, criollo descendiente del conquistador Bernal Díaz del Castillo, y quien en su «Recordación Florida» dejara plasmados numerosos hechos históricos mezclados con descripciones difíciles de entender debido a la forma de escribir propia de su tiempo.1 Fuentes y Guzmán era una especie de Historiador del Ayuntamiento Criollo y estaba encargado de dilucidar todos aquellos asuntos que por su antigüedad resultaban dudosos al Cabildo criollo.2 Aspiraba a obtener el título de Cronista del Reino y por ello, cuando el rey de España era Carlos II, apodado «El Hechizado» cumplió trece años de edad, le dedicó unos versos al monarca.3

He aquí cómo está estructurado aquel documento: en primer lugar, los versos tienen un título que incluye el acontecimiento, el nombre del autor y sus títulos, el nombre y títulos del capitán general y el nombre y licencia del impresor: «Fiesta Reales, en geniales días y festivas pompas celebradas, a felicísimos trece años que se le contaron a la Majestad de nuestro señor Don Carlos segundo, que Dios guarde; por la Nobilísima y siempre leal ciudad de Guatemala.  Dedícalas la obsequiosa y reverente Musa del capitán don Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, regidor perpetuo de dicha ciudad, el Ilustrísimo señor don Francisco Fernando de Escobedo, señor de las villas de Samayón y Santís en la Religión de Señor San Juan, general de Artillería del reino de Jaen, Presidente, Gobernado y Capitán general de estas provincias, etc.  Con licencia en Guatemala, por Joseph de Pineda Ibarra, impresor de libros, año de 16754

A continuación, aparece la licencia que otorgó el capitán general: «en la ciudad de Santiago de Guatemala, a los ocho días del mes de enero de mil seiscientos setenta y cinco«, la cual fue autenticada por el señor Diego de Escobar.  Después le siguen el informe técnico de Lorenzo Ramírez de Guzmán, y una aprobación del maestro Juan Velásquez de Lara, capellán mayor del Convento de Religiosos de la Concepción de Guatemala, la cual dice: «Por mando del señor doctor don Antonio de Salazar, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Guatemala, Juez provisor, vicario general y gobernador del obispado, con fecha de 10 de enero de 1675«.   Esta aprobación es seguida por la autenticación realizada por el notario apostólico y público, Miguel de Cuéllar Varona.5

Ya con las aprobaciones de que lo escrito no ofendía al rey ni al dogma católico, se presentan las recomendaciones literarias.  La primera es una décima escrita por el licenciado Francisco Márquez de Zamora, relator de la Real Audiencia, y las siguientes son sonetos del capitán Felipe Arenzana, de Gaspar Ochoa de Zárate, del capitán de mar Antonio de Lima, del capitán Juan Cristóbal de Lima y Cabrera, hijo del anterior, y, por último, un soneto de Juan Antonio Guerrero, natural de San Miguel Ultramar y vecino de la ciudad de San Juan de Puerto Rico de las Indias. Y, por último, antes de escribir su poema al rey, Fuentes y Guzmán agrega una dedicatoria al capitán general Escobedo.6

Debido a todos estos protocolos que parecen absurdos para quienes viven en el siglo XXI, la obra de Fuentes y Guzmán, en especial su compendio histórico «Recordación Florida«, está llena de conocimientos y observaciones valiosas pero que se han tomado con cierta duda debido a que todo lo escribió en forma exagerada y confusa.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de (1883) [1690]. Zaragoza, Justo; Navarro, Luis, ed. Recordación Florida. Discurso historial y demostración natural, material, militar y política del Reyno de Guatemala II. Madrid, España: Central.
  2. Martínez Peláez, Severo (1965) [2015] La Patria del Criollo; ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca.  Guatemala: Papeles de Sociedad. p. 26.
  3. Hernández de León, Federico (1963). El libro de las Efemérides. Captítulos de la Historia de la América Central. V Guatemala: Tipografía Nacional. p. 45.
  4. Ibid., p. 46.
  5. Ibid., p. 47.
  6. Ibid,. p. 48.

16 de noviembre de 1555: establecen la Correduría de Lonja

El ayuntamiento de Santiago de los Caballeros de Guatemala acuerda establecer la Correduría de Lonja y pone a su cargo a Diego Ponce

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Ruinas del templo de La Merced en la Antigua Guatemala en 1926. Al fondo se observa el complejo volcánico Fuego-Acatenango. En el recuadro: la porta de la Recordación Florida del capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, historiador criollo guatemalteco. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los Corredores de Lonja eran burócratas del reino español que incluían a los Corredores de Mercancías, de Seguros y Fletes, y de Cambio, entre otros.  Con la conquista de América la reglamentación del comercio en tan vasta región se hizo de vital importancia para el Imperio Español por lo que por Real Cédula de 1527, el emperador Carlos V instituyó el oficio de corredor de Lonja aplicable a la Nueva España.1

En las colonias americanas se extendió la aplicación de las Ordenanzas de Bilbao, que mantuvo un principio monopolista de la profesión de corredor, permitiendo a las partes libremente contratar, otorgándoles seguridad jurídica pues los documentos en que intervenían tenían carácter de instrumento público.1

De acuerdo a estas Ordenanzas, los Corredores de Lonja estaban reglamentados de la siguiente forma:2

    1. Los Corredores de Lonja debían ser nombrados por los Cónsules, con la obligación de prestar juramento, ratificándolo a principio de cada año.
    2. Debían ser naturales del Reino y vecinos de la villa, ser hombres de buena opinión y fama, prudentes, secretos, hábiles e inteligentes en el comercio.
    3. Proponer los negocios con discreción y modestia, sin exagerar las partes y calidades, proponiéndolo sinceramente.
    4. Al intervenir en letras debían llevarlas del Librador al Tomador, y estar presentes si lo pedían las partes en la entrega, peso y medida de las mercancías.
    5. Estaban obligados a llevar un libro foliado para los asientos diarios de las operaciones en que intervinieran.
    6. Se les prohibía hacer por si o para si mismos negocio alguno, bajo pena de ser multados la primera vez y destituidos la segunda.
    7. Se les prohibía ser aseguradores por mar ni tierra, ni tener interés en navíos.
    8. El corretaje debía ser pagado por mitad entre el vendedor y comprador.
    9. Debían prestar también juramento cada año de haber llevado bien su libro y demás registros.2

En la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el ayuntamiento acordó establecer la Correduría de Lonja el 16 de noviembre de 1555 y nombró a Diego de Ponce para hacerse cargo de la misma.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Astiazarán, Adrián Ahumada (2018) Evolución histórica de la Correduría Pública. Conociendo sus orígenes. En: Iuris Tantum (28). p. 243.
  2. Ibid., p. 242.
  3. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala. 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 8.

27 de julio de 1524: fundan la primera capital del Reino de Guatemala

Los españoles fundan en Iximché la primera capital del Reino de Guatemala

Ruinas de Iximché en 2008. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Desde su fundación en 1470 hasta su abandono en 1527, Iximche’ fue la capital del reino k’aqch’ikel. La arquitectura del sitio incluye un número de templos piramidales, palacios y dos campos de juego de pelota mesoamericano.  Durante algunos años, los k’aqch’ikel fueron aliados de los k’iché; sin embargo, el crecimiento del poder de los k’aqch’ikel dentro de esta alianza finalmente causó tantas tensiones que los k’aqch’ikel se vieron obligados a huir de la capital de los k’iché y de fundar la ciudad de Iximche’.1-3

Los k’aqch’ikel establecieron su nueva capital en una cumbre con buenas defensas naturales, casi totalmente rodeada de profundos barrancos, y gracias a ello la ciudad se desarrolló rápidamente, alcanzando su extensión máxima en cuestión de cincuenta años. El consejo de gobernantes de Iximche’ estaba conformado por cuatro nobles principales, que representaban a los cuatro clanes más importantes del pueblo k’aqch’ikel, aunque solo eran los señores de los clanes Sotz’il y Xajil quienes poseían el poder real.1-3

Al principio vivieron en paz con los k’iché, pero alrededor de 1491 los k’aqch’ikel combatieron y derrotaron a sus antiguos señores; esto, sin embargo, fue seguido por conflictos internos entre los clanes k’aqch’ikel, en los cuales los clanes rebeldes finalmente fueron subyugados en 1493.1-3

Además, la guerra contra los k’iché no terminó en 1491, sino que continuó durante la primera parte del siglo XVI. En esa época se produjo la llegada de los primeros españoles al área ocupada por el México actual, y el emperador Azteca envió mensajeros para avisar a los k’aqch’ikel de la presencia de los invasores. Además, los europeos trajeron consigo enfemedades contagiosas ajenas a los indígenas americanos, lo que provocó una epidemia de viruela que diezmó a la población nativa debilitando considerablemente a los señoríos locales. Para entonces, Iximché era la segunda ciudad más importante del altiplano de Guatemala después de Q’umarkaj, la capital del reino k’iché, pero la epidemia redujo su población considerablemente.1-3

Debido a la alianza propuesta en 1524, el enviado de Cortés, Pedro de Alvarado, fue bien recibido en Chi Iximche’ y los reyes k’aqch’kel proporcionaron a los españoles y a sus aliados cholultecas y tlaxcaltexas guerreros nativos para ayudar en la conquista de los demás reinos indígenas en el altiplano. Alvarado mantuvo la alianza y el 27 de julio del mismo año, Iximché fue declarada la primera capital del Reino de Guatemala.1-3

Pero gracias a las excesivas exigencias tributarias de los españoles, los k’aqch’ikel no tardaron en romper la alianza y abandonaron su capital, que fue quemada dos años más tarde por desertores españoles. Los europeos fundaron una nueva ciudad cercana, pero la abandonaron en 1527 por la continuas hostilidades de los k’aqch’ikel, que finalmente se rindieron en 1530.1-3

El poblado quedó parcialmente olvidado tras la conquista y fue hasta en el siglo XVII, que las ruinas de Iximche’ fueron descritas en la «Recordación Florida» del historiador y militar criollo Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán. En el siglo XIX, fueron visitadas varias veces por científicos que publicaron planes y descripciones del sitio, pero no fue sino hasta en la década de 1940 que se iniciaron investigaciones serias, las cuales continuaron en forma esporádica hasta principios de 1970.4-6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Guillemín, Jorge F. (1965). Iximché: Capital del Antiguo Reino Cakchiquel. Guatemala: Tipografía Nacional de Guatemala.
  2. Sharer, Robert J.; Loa P. Traxler (2006). The Ancient Maya (en inglés) (6.ª edición revisada). Stanford, CA: Stanford University Press. ISBN 0-8047-4817-9. OCLC 57577446.
  3. Polo Sifontes, Francis (1986). Los Cakchiqueles en la Conquista de Guatemala. Guatemala: CENALTEX.
  4. Nance, C. Roger (junio de de 1998). «La cerámica y palacios de Iximché: examen preliminar de la colección Guillemín proveniente de la capital kaqchikel». Mesoamérica (Antigua Guatemala: Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (CIRMA) y Plumsock Mesoamerican Studies, South Woodstock, VT) 35: 199-215. ISSN 0252-9963. OCLC 7141215.&lt
  5. Whittington, Stephen L.; David Reed (junio de de 1998). «Evidencia de Dieta y Salud en los Esqueletos de Iximché». Mesoamérica (Antigua Guatemala: Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (CIRMA) con Plumsock Mesoamerican Studies, South Woodstock, VT) 35: 73-82. ISSN 0252-9963. OCLC 7141215.
  6. Frühsorge, Lars (abril de de 2007). «Archaeological Heritage in Guatemala: Indigenous Perspectives on the Ruins of Iximche’». Archaeologies: Journal of the World Archaeological Congress (en inglés) (World Archaeological Congress) 3 (1): 39-58. doi:10.1007/s11759-007-9001-4.

18 de diciembre de 1527: Carlos V nombra Adelantado a Alvarado

Pedro de Alvarado consigue del Emperador Carlos V el nombramiento de Adelantado y autorización para conquistar islas en el Mar del Sur

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Mapa del proceso de conquista de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Contrario a la versión idealizada que se relata en las escuelas, el proceso de conquista del territorio de Guatemala fue un proceso cruento que incluyó epidemias, traiciones, masacres y estrategias de tierra arrasada.  La historia fue tergiversada a partir de la obra del capitán criollo Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán quien en su «Recordación Florida» pinta a su antepasado Bernal Díaz del Castillo y a los compañeros de armas de éste como héroes cristianos y a los indígenas como villanos paganos.1

El proceso de conquista siguió este patrón:

  1. Los aventureros españoles que llegaron al continente americano no eran lo más granado de la sociedad peninsular, en la que ya de por sí las costumbres de higiene dejaban mucho que desear.  Eso significa que cuando arribaron al nuevo continente traían consigo muchas enfermedades que rápidamente se propagaron entre los indígenas, matando a muchos de ellos y dejando al resto debilitado para el combate.
  2. Los españoles utilizaron a su favor las rivalidades que existían entre las poblaciones americanas y consiguieran que se traicionaran unas a otras.  De esa forma, se aliaron con los cholultecas y los tlaxcaltecas para derrotar a los aztecas, y luego engrosaron sus tropas considerablemente con estos indígenas para invadir el altiplano guatemalteco. Se considera que la proporción de indígenas a españoles en las tropas de Alvarado era de 5 a 1 y  a veces hasta de 10 a 1.
  3. Ya en Guatemala, recurrieron a ardides y traiciones para eliminar poblados enteros y tomar como esclavos a los sobrevivientes.
  4. Los indígenas que lograron huir se refugiaron en la Fortaleza natural de Los Cuchumatanes hasta donde no pudieron llegar los españoles.  De allí que el pueblo de los itzáes se mantuviera independiente en la selva petenera hasta 1697, cuando los españoles los atacaron y masacraron.2,3

Triunfador en Guatemala tras este proceso, Pedro de Alvarado regresó a España y consiguió que el emperador Carlos V lo nombrara Adelantado de Guatemala el 18 de diciembre de 1527.  Ya con este título, Alvarado fue facultado para conquistar todas las islas que pudiera encontrar en el Mar del Sur y las tierras hacia el poniente. Además, le correspondería a él y a sus herederos el 12% de todo lo que descubriera y tenía el cargo de Alguacil Mayor, lo que significaba que era la máxima autoridad local.4

Alvarado pasó los próximos años preparando una expedición con doce barcos hacia el sur, y así, en 1534 se hizo a la mar.  Desafortunadamente para él, no solamente tuvo muchas bajas entre sus tripulantes sino que terminó en los dominios del Adelantado del Perú, Francisco Pizarro, con quien tuvo que negociar la venta de su flota por estar completamente fuera de su jurisdicción y regresar a Guatemala.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de (1883) [1690]. Zaragoza, Justo; Navarro, Luis, ed. Recordación Florida. Discurso historial y demostración natural, material, militar y política del Reyno de Guatemala II. Madrid, España: Central.
  2. Díaz del Castillo, Bernal (2005) [1632]. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México D.F., México: Editores Mexicanos Unidos, S.A. ISBN 968-15-0863-7. OCLC 34997012.
  3. Guillemín, George F. (1967). «The Ancient Cakchiquel Capital of Iximche». Expedition (en inglés) (University of Pennsylvania Museum of Archaeology and Anthropology): 22-35. ISSN 0014-4738. OCLC 1568625.
  4. Ortuño Sánchez-Pedreño, José María (2005) Los afanes del adelantado de Guatemala, Pedro de Alvarado por descubrir y poblar en el mar del Sur.  Historia del Derecho Indiano.  Revista de Estudios Histórico Jurídicos.  Universidad de Murcia, España. XXVII, 251-279

Volcán de Fuego: el coloso que ha afectado a Guatemala desde que se tiene memoria

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Composición fotográfica del Volcán de Fuego realizada por Alberto G. Valdeavellano en 1897.  Imagen tomada de «La Ilustración Guatemalteca«.

En 1690 el historiador criollo Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán describió así al Volcán de Fuego en la Recordación Florida: «Uno de los dos montes que circundan el valle de panchoy, donde se asentó la segunda ciudad y capital de Guatemala, de la que distaba tres leguas, y al que se dió por los españoles este nombre para distinguirle del Volcán de Agua, o sea el que lanzó la manga torrencial que arruinó la ciudad vieja en 1541. En la cima del Volcán de Fuego, algo menos elevado que el de Agua, se cuaja la nieve, pero en el cráter no truena, como sucede con el de Pacaya, con el que se comunica, como con la Sierra de Sinaloa, distante de aquel setecientas leguas».

Y en 1897, la revista La Ilustración Guatemalteca relata la leyenda indígena de por qué el volcán conservó el nombre de «Volcán de Fuego» (que había recibido por sus constantes erupciones).  De acuerdo a los redactores de dicha revista cultural, contaban los indígenas de la localidad de Alotenango que cuando unos sacerdotes españoles intentaron bautizar el volcán con el nombre de «Catarina» éste se negó rotundamente a recibir las aguas bautismales, provocando una erupción tan violenta que la cruz con la que pretendían bautizarlo fue arrojada hasta el palacio del obispo en Santiago de los Caballeros de Guatemala. Los sacerdotes tuvieron entonces terror del volcán y nunca intentaron bautizarlo nuevamente.

Finalmente, el historiador colonial Domingo Juarros en su obra «Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala» publicada en 1818 habló de las erupciones que había hecho el Volcán de Fuego durante la colonia española, especificando que las que hizo en 1581, 1586, 1623, 1705, 1710, 1717, 1732 y 1737 causaron daños en los alrededores, mientras que la que hizo a fines del siglo XVIII no tuvo consecuencias desastrosas, aunque duró varios días y calentó el agua de una vertiente que baja del volcán Acatenango a tal punto que ésta no se podía cruzar.


BIBLIOGRAFIA: