26 de mayo de 1839: el Estado de Los Altos decreta su demarcación territorial

El nuevo estado de Los altos delimita sus departamentos y consigna los derechos y garantías de sus habitantes

Mapa que muestra el área aproximada que tenía el Estado de Los Altos. En ese momento las fronteras con México no estaban bien definidas y Soconusco pertenecía al departamento de Quetzaltenango. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 26 de mayo de 1839, la Asamblea Constituyente de los Altos decretó la demarcación territorial del nuevo Estado, dividiéndolo en cuatro departamentos: Quezaltenango —como se llamaba en ese entonces, y que incluía a lo territorios de Soconusco, Retalhuleu y San Marcos—, Totonicapam — como se llamaban entonces, y que incluía a Huehuetenango y Quiché—, Solóla y Suchitepéquez. En el mismo decreto consignó los derechos y garantías que correspondían a todos sus habitantes y declaraba que el nuevo Estado era uno de los que componían la moribunda Federación Centroamericana, ya que los diputados altenses tenían la esperanza de a enviar a sus representantes al nuevo pacto de confederación que esperaban que se celebrara luego del rompimiento de 1838.1,2

Ese mismo día la Asamblea de Los Altos emitió sus bases constitucionales, mientras se emitía la ley fundamental, cuyo proyecto se encomendó a José Antonio Azmitia, José Matías Quiñones y Francisco Quiñones Sunsín. La intención de los diputadores era que la Constitución de los Altos se basara en el cuadro sinóptico aprobado por la Asamblea el 29 de abril y que contenía los derechos y garantías ya mencionados, basados principios liberales de derecho público, además de que no hacía mención en él de la religión en lo absoluto, y estaba fuertemente influida por la constitución de los Estados Unidos y las primeras enmiendas que se le habían hecho a ésta.1,2

He aquí el cuadro sinóptico:3

Derechos Libertad Libertad personal
Libertad de opinión
Libertad de escribir y publicar sus pensamientos sin previa censura; pero con responabilidad.
Seguridad Nadie puede acusar, arrestar ni detener a un habitante de los Altos, sino con las formalidades y en los casos establecidos previamente por ley.
La casa de un habitante de los Altos es un asilo sagrado, que no puede ser violado, sin crimen.
Propiedad El habitante de los Altos tendrá siempre expedito el libre uso de sus bienes. El poder público del Estado garantiza las propiedades: se compromete a no exigir jamás empréstitos forzosos, a indemnizar previamente el valor de aquella propiedad que exige con urgencia la necesidad pública; y a protegerle en el ejercicio libre de su industria, sin más restricción que la que demande el interés público calificada por su representación popular.
Igualdad Todos los habitantes de los Altos son iguales ante la ley, ya premie ya castigue. La obligación de defender el Estado con las armas y de sostenerle, contribuyendo en proporción a sus haberes es igual.
Garantías Poder electoral Lo ejerce el Pueblo por medio de sus inmediatos elegidos, y éstos eligen diputados, sufragan para magistrados y el jefe de Estado
Poder constituyente Siempre es diverso del legislativo. Es convocado en los casos y de la manera prevenida en la Constitución.
Poder legislativo Lo ejercen las cámaras de Diputadores y Senadores con el veto suspensivo del Ejecutivo, y en un caso del Supremo Tribunal.
Poder ejecutivo Unipersonal, periódico, irrelegible y responsable.
Poder judicial Lo ejercen magistrados electos por el pueblo. Es independiente porque la elección de estos magistrados es para mientras dura su buena conducta, porque no hay translaciones ni promociones, y porque sus sueldos no pueden ser alterados durante la permanence de los electos en el destino.
Poder municipal Lo ejercen las Juntas Departamentales y las Municipalidades: unas y otras encargadas de la Educación Pública.
Excentricidad del P.E. Para este efecto tendrán las Juntas Departamentales la repartición de las contribuciones que decrete la Asamblea y la propuesta de los empleados del departamento.
Derecho de petición
Milicia cívica por toda fuerza pública En caso de estimarse conveniente otra fuerza que no sea cívica, nunca excederá la que se organiza de la quinta parte de la cívica que exista organizada.

En ese momento un grupo considerable de criollos liberales había emigrado a Quetzaltenango, y entre ellos estaban los antiguos líderes del derrocado gobierno del Dr. Mariano Gálvez: José Francisco Barrundia, Juan Barrundia —exjefe de Estado—, el propio Gálvez, Antonio Rivera Cabezas, Simón Vasconcelos, Juan Frem, José Bernardo Escobar, y Gregorio Márquez entre otros, quienes no solamente apoyaron la creación del Estado de Los Altos, con vana la esperanza de que junto con El Salvador —que en ese momento era gobernado por Francisco Morazán, pudieran recuperar el poder en Guatemala— sino que aconsejaron al jefe de Estado Marcelo Molina a que desoyera las invitaciones de los delegados de Guatemala para hacer la guerra a Morazán y El Salvador.4

Debido a que el Estado de los Altos se había formado con el 50% del territorio de Guatemala y contenía el 75% de la capacidad productiva de ésta, además de la importante frontera comercial con México, y salida al mar, era solamente cuestión de tiempo para que estallara la guerra entre ambos estados, como efectivamente ocurrió tras la matanza de indígenas que protestaban contra el impuesto individual en Santa Catarina Ixtahuacán el 1 de octubre de ese mismo año.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Alejandro Marure (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta de la Paz. p. 115.
  2. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 99.
  3. Ibid., p. 279.
  4. Ibid., pp. 96-97.
  5. Ibid., p. 100.

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20 de mayo de 1879: muere Marcelo Molina

Fachada de la catedral colonial de la ciudad de Quetzaltenango, destruida por el terremoto de San Perfecto y la erupción del volcán Santa María en 1902. En el recuadro: el jefe de Estado de Los Altos, Marcelo Molina. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la historia del efímero Estado de Los Altos hay dos nombres que se distinguen sobre los demás: el del general Agustín Guzmán, quien fuera vice-Jefe de Estado y comandante general de armas, y el del licenciado Marcelo Molina, quien fuera el Jefe de Estado de 1838 a 1840.  Ambos lucharon por la independencia de la región altense, y ambos se estrellaron contra un rival que les resultó imposible derrotar: el general Rafael Carrera.

Molina llegó a la jefatura de Estado el 28 de diciembre de 1838, cuando tenía 38 años de edad, y siendo bachiller en Filosfía y abogado de los Tribunales, ya había servido como juez en Quetzaltenango, Suchitepéquez y San Marcos, por lo que los criollos liberales altenses confiaron en su persona para dirigirlos.  El 2 de febrero de ese año la región se había separado de Guatemala, luego de la estrepitosa caída del régimen liberal del Dr. Mariano Gálvez a manos de las huestes de Mita dirigidas por el comandante campesino Rafael Carrera.1

Tras la separación de Los Altos, el Estado de Guatemala quedó reducido a los departamentos de Verapaz, Chiquimula, Guatemala y Escuintla, y con solamente el 25% de su capacidad productiva.2 El Estado de Guatemala estaba controlado a medias por Mariano Rivera Paz, y el presidente federal, general Francisco Morazán, tuvo que intervenir para reducir a las fuerzas de Carrera a la región de Mita, y luego sustituyó a Rivera Paz por el salvadoreño Carlos Salazar en la jefatura del Estado el 30 de enero de 1839.3

Sabiendo que la autoridad de Morazán se tambaleaba, a pesar de su triunfo en la batalla del Espíritu Santo sobre las fuerzas de Honduras y Nicaragua, Carrera perpetró un golpe de estado contra Salazar el 13 de abril de 1839, restituyendo a Rivera Paz y a sus asesores aristócratas y de inmediato empezó a pensar en recuperar el territorio del Estado de Los Altos, ya que este comprendía el 75% de la capacidad productiva de Guatemala y tenía la importante frontera con México, aparte de salida al mar en Champerico.4 A partir de ese momento, Guatemala intentó negociar con los altenses, enviando como comisionados a Luis Batres Juarros y a Manuel Piñol, a quienes recibió Molina con toda cortesía, pero sin doblegarse a sus peticiones.  Para entonces, el Estado de Los Altos tenía un serio problema: las revueltas indígenas en contra de la capitación, que era un impuesto individual abusivo que dejaba a los campesinos sin poder cubrir con sus necesidades básicas.  El 1 de octubre de 1839, tras una revuelta indígena en Santa Catarina Ixtahuacán, los indígenas acudieron a Carrera para quejarse de la masacre perpetrada en su contra por el ejército de Los Altos, y esta fue la chispa que desató la guerra entre ambos estados.5

A pesar de la habilidad militar de Agustín Guzmán, sus fuerzas fueron derrotadas por Carrera en Sololá, y él mismo fue desnudado, engrilletado, y colocado sobre una mula con una manta antes de entrarlo a la ciudad de Quetzaltenango como trofeo de guerra. Al saber esto, Molina no quiso huir y se dispuso a entregar la vida por sus ideales liberales.  He aquí cómo relató lo ocurrido:

Aproximándose a la capital del Estado [de Los Altos], se pidió por mi gobierno al comandante Carrera que admitiese comisionados y ajustase con ellos un convenio, en el cual no se le exigía otra cosa que el reconocimiento de la independencia, liberal y soberanía del Estado y las autoridades constituidas y la garantía de las vidas y propiedades.6

Los presos y presidiarios se escaparon de la cárcel, y apoderándose de las armas, amenazaron al vecindario; y no hallándose por conveniente aumentar la fuerza compuesta de los pocos vecinos que se habían reunido  para conservar el orden, a tiempo que se aproximaba la de Carrera, de acuerdo con la corporación municipal, le escribí significándole la situación de la capital exigía que apresurase sus marchas.7

Su entrada a Quetzaltenango la hizo el 29 de enero, conduciendo en triunfo al comandante general [Agustín Guzmán], atravesado en el aparejo de una mula, con dos pares de enormes grillos, y cubierto con una frazada de jerga, pues se l había despojado hasta del sombrero.  Veía y no creía esta conducta bárbara del agresor, porque no me había asegurado que venía guardando otra muy diferente; pero a pesar de esto, y de la manera incivil y desatenta con que recibió a los comisionados, a quienes ni aún ni audiencia dio, yo me decidí a permanecer en el puesto para que no se tomase por motivo de la destrucción del Estado [de Los Altos] el desaparecimiento del gobierno, y porque había ofrecido solemnemente en mis proclamas, perecer antes que abandonar la silla del gobierno en los momentos de peligro. 

En mi casa me encontró el ayudante de Carrera que fué a llamarme de su orden, y en cuya presencia, en la del párroco y en la de varios individuos que me acompañaron, temerosos del objeto de aquel llamamiento, me recibió en el cuartel de la plaza en medio de su tropa, y su saludo fue llamarme a gritos pícaro y orgulloso, diciéndome que: ¿por qué no me lo había presentado, teniéndome bajo la suela de su zapato?  Me amenazó enseguida de que me haría fusilar dentro de tres horas, y luego en ademán de llevarme a que viese al general Guzmán, a quien tenía con grillos e incomunicado en una de las piezas del cuartel, medijo que me iba a mandar conducir mancornado con él para fusilarnos juntos.  Me cubrió de todo género de injurias y amenzas manifestándome sumamente resentido de que no hubiese salido a encontrarlo, ni me lo hubiese presentado en el momento de su llegada, y concluyó despidiéndome.

En Guatemala, sin embargo, se publicó por la prensa que «yo libre ya del influjo de los facciosos, había salido a la cabeza de la municipalidad y vecindario a recibir al general Carrera».

Aunque éste había comenzado de hecho a gobernar mudando a los jefes políticos, el principal objeto de aquel indigno e inaudito tratamiento, era el de amedrentarme para que huyese.  Yo no dudaba que al fin sería sacrificado; pero mi sacrificio a la independencia del Estado, fue una resolución en que no titubeé en la prolongada ansiedad del peligro. Permanecí en mi puesto, y todavía el jefe [Mariano] Rivera Paz, para justificar la usurpación, dice en su referido mensaje: «Toda autoridad había desaparecido», y luego sin pudor añade a pocas líneas contradiciéndose torpemente: «El encargado del gobierno había quedado solo».8

Carrera le perdonó la vida a Molina quien salió al exilio a México junto su familia, en donde junto con el ex-jefe de Estado de Guatemala Mariano Gálvez abrieron un prestigioso bufete de abogados.8

Cuando ya Carrera era presidente vitalicio, Molina regresó a Guatemala, y el presidente lo llamó para que desempeñara importantes puestos en el Organismo Judicial, ya dejando las rivalidades de antaño por un lado.9

Molina vivió hasta la edad de 79 años de edad, muriendo el 20 d emayo de 1879 en la ciudad de Quetzaltengo, su tierra natal.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las Efemérides: capítulos de las Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 313.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-93.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  4. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  5. Elgueta, Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán),  p. 100.
  6. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI. p. 314.
  7. Ibid., p. 315.
  8. Ibid., p. 316.
  9. Ibid., p. 317.

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26 de febrero de 1840: Guatemala toma bajo su protección a los pueblos de Los Altos

El gobierno de Mariano Rivera Paz en el Estado de Guatemala toma bajo su protección a los pueblos del Estado de Los Altos tras la derrota de sus autoridades, y elimina el impuesto individual a los indígenas.

26febrero1840
Fachada de la catedral colonial de Quetzaltenango, que es lo único que queda de dicho edificio, destruido por la erupción del volcán Santa María en 1902. La nueva catedral fue construida por detrás de esta fachada. Imagen tomada de Wikimedia Commons. En el recuadro: retrato a lápiz del general mexicano Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas armadas del Estado de Los Altos y héroe militar de los criollos altenses. Imagen tomada de Historia Militar Mexicana.

Los criollos liberales que formaron el Estado de Los Altos tuvieron dos graves problemas: por una lado, la relación entre Los Altos y Guatemala era extremadamente tirante, ya que los altenses se habían quedado con el 50% del territorio y el 75% de la capacidad productiva del Estado de Guatemala cuando se formó su estado en 1838; y, por el otro, pueblos indígenas de la región se resistían a pagar el impuesto individual que les quería cobrar el gobierno del Estado de Los Altos. Así pues, bastaba con una excusa para que se rompieran las hostilidades, y ésta se dió con de la masacre en Santa Catarina Ixtahuacán cuando las fuerzas altenses asesinaron a decenas de indígenas que protestaban por el impuesto el 1 de octubre de 1839.1

Después de que los indígenas le pidieran ayuda, el general Rafael Carrera y sus hombres combatieron a las fuerzas altenses al mando del general Agustín Guzmán en Sololá, y tras derrotarlos categóricamente, entraron sin oposición a la ciudad de Quetzaltenango, hasta entonces capital del Estado de Los Altos. En ese momento cesó efectivamente dicho Estado, y los criollos liberales que lo formaron vieron como el gobierno del Estado de Guatemala tomó bajo su protección a los pueblos indígenas que lo componían.2

Tras la derrota de los criollos altentenses, los pueblos indígenas solicitaron al gobierno de Guatemala que reincorporara a la región del Estado de Los Altos a su territorio y que eliminara el impuesto individual. Los criollos, por su parte, consideraron esto un movimiento ilegal, pero no estaban en posición de hacer valer su posición en ese momento, por lo que el Gobierno de guatemala emitió el siguiente decreto:3

Considerando:

      1. Que los pueblos de los Altos se han pronunciado por medio de sus municipalidades, según consta de las actas que existen en la secretaría, desconociendo las autoridades que estaban establecidas, solicitando quedar bajo la autoridad de este gobierno y ser regidos por las leyes de este estado;
      2. Que en consecuencia de estos pronunciamientos se disolvieron dichas autoridades, desaparecieron casi todos los funcionarios, y habiendo quedado de hecho casi todos los pueblos sin gobierno, se acogieron al amparo del general Carrera, y éste se vió obligado á nombrar provisionalmente jefes políticos y jueces que se encargasen de la administración;
      3. Que posteriormente se ha solicitado con instancia por dichos pueblos que este gobierno los tome bajo su protección, y los preserve de los males que les amenazan si una autoridad respetable no hace guardar en aquellos el orden público;
      4. Que el gobierno de Guatemala en tales circunstancias no puede ver con indiferencia la suerte de unos pueblos hermanos de los que componen este estado, cuya seguridad es también interesada en la tranquilidad general;
      5. Y últimamente, que el gobierno de Guatemala no puede resolver por sí mismo de una manera definitiva sobre la reincorporación que se solicita por los pueblos expresados; mientras se reúne la asamblea constituyente del estado de Guatemala y de conformidad con el parecer del consejo, decreta:

Artículo 1°.— El gobierno de este estado toma bajo su protección a todos los pueblos de los Altos, y se considerarán reincorporados de su propia voluntad al mismo estado, mientras se resuelve lo que convenga sobre el particular por la autoridad a quien corresponda.

Artículo 2°.— En consecuencia, los pueblos de los Altos serán regidos según las leyes decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y el gobiemo designará á los funcionarios que deban encargarse provisionalmente de los diversos ramos de la administración.

Artículo 3°.— No se exigirán a los habitantes de los Altos otras contribuciones que las decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y se tendrá presente que está abolida la que se cobraba con el nombre de capitación. Las que deban pagarse serán recaudadas con arreglo á las leyes decretadas por la misma asamblea de Guatemala.

Artículo 4°.— Los productos de las rentas que quedan vigentes serán invertidos en los gastos de la administración de aquellos departamentos, y se llevará cuenta separada de sus rendimientos é inversión; y los sobrantes, si los hubiere, serán reservados para satisfacer en su caso las deudas contraídas anteriormente según su naturaleza.

Artículo 5°.— El gobierno nombrará, si lo creyere conveniente, un comisionado que visite los pueblos expresados, les manifieste sus deseos de hacerles bien, oiga sus quejas, procure que se consolide entre ellos el orden y la paz que tanto conviene á aquellos habitantes, y proponga al gobierno, y ponga desde luego en ejecución, todas aquellas medidas que parezcan conducentes á su tranquilidad y bienestar.

Artículo 6°.— El secretario de gobernación cuidará de dar cuenta á la Asamblea constituyente de Guatemala con este decreto y documentos relativos al asunto, para que se sirva tomarlo en consideración.3

Por supuesto que los criollos altenses no estaban conformes con esta resolución, por lo que contactaron al general Francisco Morazán, a la sazón Jefe de Estado de El Salvador para que invadiera a Guatemala y restableciera el Estado de Los Altos, a lo que Morazán accedió. El 17 de marzo de 1840 el caudillo hondureño invadió el territorio de Guatemala y el 19 de ese mes tomó posesión de la Ciudad de Guatemala. Uno de sus primeros actos fue sacar al general Agustín Guzmán de las bartolinas de la cárcel en donde estaba desde que Carrera lo humilló públicamente durante su entrada trinfual tras derrotar a Los Altos en enero, y cuando éste pudo recuperarse -pues no podía ni mover las articulaciones- salió al galope para Quetzaltenango para conformar nuevamente el gobierno del Estado de Los Altos.4

Desafortunadamente para Guzmán y los criollos altenses, todo había sido un plan de Carrera, quien hizo creer a Morazán que había tomado la ciudad, solamente para caerle por sorpresa desde El Aceituno por la noche, derrotándolo completamente y obligándolo a huir gritando «¡Que viva Carrera!» Los criollos altentes, que habían sido advertidos por Carrera en enero de que no les iba a tolerar otra sublevación, sufrieron penosas consecuencias cuando éste llegó nuevamente a Quetzaltenango tras expulsar a Morazán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 122-123.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 48-49.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159-163.
  5. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 70-90.

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2 de febrero de 1838: Quetzaltenango invita a Los Altos a segregarse de Guatemala

Ante la caída del gobierno del liberal Mariano Gálvez a manos de la revuelta católico-campesina, los criollos liberales de Los Altos optan por segregarse del Estado de Guatemala

2febrero1838
El interior de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala antes de los terremotos de 1917-18. Las hordas campesinas de Carrera exigieron a las autoridades eclesiásticas que abrieran la Catedral tras derrocar a Gálvez en 1838, ya que ésta había estado cerrada desde la expulsión del arzobispo Casaus y Torres en 1829. En el recuadro: José Francisco Barrundia, líder liberal que provocó la caída de Gálvez primero al aconsejarle decretar los Códigos de Livingston y luego al aliarse con Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez debido a la revolución católico-campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera contra el impuesto personal a los campesinos, contra las medidas anticlericales y contra las leyes del nefasto Código de Livingston,1 se desató la anarquía en el Estado y los criollos aristócratas retornaron a Guatemala para tratar de hacerse con el poder, por lo que los criollos liberales de la región de Los Altos, —que comprendía todos los departamentos del occidente guatemalteco incluyendo el Soconusco (que actualmente es parte de México)— decidieron separarse de Guatemala y formar su propio estado. El 2 de febrero de 1838, desde Quetzaltenango se nombraron comisionados que pasaron a todos los poblados de la región para pedirle a los criollos que se pronunciaran al respecto, y se estableció un gobierno provisorio integrado por el Lic. Marcelo Molina, José María Gálvez y el Lic. José Antonio Aguilar.2

Debido a las rencillas que había habido entre los criollos de QuetzaltenangoNota ay de TotonicapánNota b tras la caída del gobierno de Juan Barrundia en 1826, ambas cabeceras firmaron un tratado de amistad y paz el 22 de agosto de 1830, por lo que ambas participaron activamente en la formación del Estado de Los Altos.  Por esa razón, al recibir las noticias desde Quetzaltenango, los criollos de Totonicapán la acuerparon inmediatamente, y el 7 de febrero la municipalidad emitió el acta siguiente para invitar a la municipalidad de SololáNota c a hacer lo mismo:3

En la ciudad de Totonicapán, a siete de febrero de mil ochocientos treinta y ocho, en sesión ordinaria de este día concurrieron los ciudadanos, que al margen se anotan: se dió principio a la sesión con la lectura del acta anterior y fué aprobada. En seguida la Municipalidad nombró á los ciudadanos Vicente Hernández, Párroco encargado de esta ciudad, Anastasio González y Nicanor Dubón para que en comisión pasen á la villa de Solóla cerca de aquella Corporación Municipal á proponer tratado de alianza y unión para la formación de un Sexto Estado en la Federación de Centro-América, el mismo que han jurado ya formar los departamentos de Quetzaltenango y Totonicapán,Nota d quienes se han pronunciado independientes del Estado y Gobierno de Guatemala a consecuencia de hallarse aquel Estado en la actualidad en la más espantosa anarquía, a causa de haber sido depuesto del mando el Jefe de Estado ciudadano Dr. Mariano Gálvez por una facción sostenida por el capricho y ambición de varios partidarios desnaturalizados de la misma capital de Guatemala;Nota e y que en esta virtud la comisión nombrada haga ver a aquella Municipalidad las desgracias á que quedarían sujetos los pueblos de los Altos y los grandes bienes de que se privarían si no se lograse la oportunidad de segregarse en la ocasión;Nota f no dudando el pueblo totonicapeño que los del departamento de Solóla secundarán tan interesante proyecto, pues aun prescindiendo de las ventajas que las circunstancias actuales y políticas del Estado reportarán, demandan con urgencia una medida eficaz para salvarnos de los grandes é infinitos males que despedazan los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez; y para lograr tan interesante empresa se dio á los indicados comisionados la correspondiente certificación del pronunciamiento.

Se acordó: que del ramo de Comunidad se tomen en calidad de reintegro treinta y un pesos cinco reales para celebrar el loable pronunciamiento de segregación del Estado de Guatemala y formación de un Sexto en la República de Centro-América; con lo que se dio por concluido el presente acto, de que certifico.

        • José María Amézquita
        • Manuel Enríquez
        • Norberto Córdova
        • Felipe Say
        • Por mí y por los que no saben, Nicanor Dubón3

Por su parte, un día después de que la Asamblea del Estado de Guatemala delegó en la Asamblea Federal decidir si autorizaba la formación del Sexto Estado o no,4 el 16 de febrero de 1838 el general Agustín Guzmán -un oficial mexicano que había llegado a la región junto con las tropas de Vicente Filísola, pero que prefirió quedarse antes que regresar a México- dió a los criollos altenses el siguiente manifiesto en el que explicaba por qué era necesario desligarse de Guatemala:5

«Un funcionario republicano, cualquiera que sea su categoría, pertenece al pueblo, de él origina su poder y para él fue creado. Al pueblo debe dar cuenta de sus operaciones y su conducta pública, mucho más en las crisis políticas.

Profesando esos principios, estoy en el caso de manifestar a mis conciudadanos cual ha sido mi situación, cual mi conducta en el tiempo difícil que me ha tocado, y si he cumplido con mi primer deber, que es conservar la tranquiliad y el buen orden en los departamentos cuyas armas he mandado.

No es la elocuencia, de que carece mi pluma, la que debe trazar el cuadro que me propongo pintar; son los hechos, tales cual han pasado en estos días de consternación, de que todos son testigos. Ajeno de las afecciones que los partidos políticos dejan cuando desenfrenadas las pasiones se apoderan del corazón; mi narración será sencilla, verdadera, también imparcial, cuanto se posible en esta clase de documentos.[…]

La alarma crecía, los amagos eran terribles, la efervescencia se generalizaba, los momentos eran críticos y yo logado a un Gobierno cuya existencia ignoraba, vacilaba porque siendo un subalterno tenía que deliberar en órbita superior a mi autoridad, a mis luces y a mis fuerzas.  En lo privado y como particular conjuré algo la tempestad: la anarquía, el azote mayor para los pueblos se presentaba á mis ojos con todos los horrores de la guerra fratricida, de que la Capital estaba siendo el teatro más sangriento por un enigma inexplicable, sino se atribuye á la desesperación de un partido que no se cree suficiente para triunfar de su contrario: hablo de la unión de fuerzas que parecieron heterogénas, hicieron causa común.Nota g

[…] Mas todo parece que conspiraba á dar un corte ventajoso, pues era pacífico. Llegan las primeras noticias de la Capital, y el grito general y uniforme de ‘No existe el Gobierno á quien reconcíamos’ resuena por todos los Altos: La Capital es presa de las facciones armadas: el Vice-Presidente de la República es víctima de ellas y otras personas más han sido inmoladas por el desenfreno de las vergonzosas pasiones: la anarquía es segura, pues la fuerza que para el triunfo parecía compacta al momento, ya sea por la diferencia de principios, sea por el desorden y el pillaje, lo cierto es que se halla divergente.

Nuestros compromisos han cesado, no porque fuesen personales, sino porque la Constitución y las leyes no existen. Nadie quiere depender del desorden, en que las vidas y las propiedades carecen de las garantías que nos unen en sociedad. […]

Si en algún caso puede ser aplicable la teoría de recuperar una sociedad sus derechos primitivos, ésto es de creérsele en el estado natural, es ciertamente el presente, en que por cuestiones secundarias y confundiendo la existencia de un Gobierno con la responsabilidad de la persona que lo ejerce; estando próxima la reunión del Cuerpo soberano ante quien debía comparecer nada se aguarda, y de hecho la fuerza decide. En tales acontecimientos, cada ciudadano tiene un voto libre; si una gran parte del Estado pronuncia su separación, lo hace legítimamente, sin que pueda con justicia decirse que rompe los vínculos que lo ligaban, porque éstos disueltos por las manos que rasgaron el pacto fundamental del Estado, carecen de fuerza y valor, mientras explícitamente no sean ratificados.»5, Nota h


NOTAS:

    • a: en ese entonces, el Departamento de Quetzaltenango incluía a los modernos departamentos de San Marcos y de Retalhuleu que solamente eran provincias)
    • b: el Departamento de Totonicapán incluía a los modernos departamentos de Huehuetenango y el norte de Quiché)
    • c: el Departamento de Sololá incluía al moderno departamento de Suchitepéquez
    • d: entiéndese aquí que quienes tomaron esa decisión fueron los criollos locales
    • e: los criollos altenses no reconocen que fueron las medidas anticlericales y los impuestos abusivos sobre los campesinos los que originaron la caída de Gálvez, y prefieren acusar a los criollos aristócratas de haber instigado la rebelión contra el gobernante.
    • f: los criollos altenses sabían que el 75% de la producción del Estado provenía de su región y preferían aprovecharla ellos antes que compartirla con los aristócratas y campesinos que habían derrotado a Gálvez
    • g: aquí Guzmán acusa a los criollos aristócratas de haber coludido con los campesinos de Carrera, sin reconocer que fueron los propios criollos liberales con José Francisco Barrundia a la cabeza quienes se aliaron con Carrera para terminar con el gobierno de Gálvez.
    • h: aquí Guzmán se refiere a que estaban por iniciarse la reuniones de la Asamblea Legislativa de la Federación Centroamericana, y confiaba en que allí autorizarían la formación del Sexto Estado, como finalmente ocurrió.6

BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.  pp. 15-19.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  3. Ibid., pp. 92-93
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de Orden Especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  5. García Elgueta, Un pueblo de Los altos, pp. 93-94.
  6. Ibid., pp. 96-97.

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1 de octubre de 1839: el ejército de Los Altos masacra a 39 indígenas

El ejército del Estado de Los Altos masacra a 39 indígenas que se negaban a pagar el impuesto individual en Santa Catarina Ixtahuacán; principio del fin del Estado de Los Altos

1octubre1839
Ruinas del poblado de Santa Catarina Ixtahuacán en el departamento de Sololá, Guatemala. En el recuadro: el capitán general Rafael Carrera, quien invadió Los Altos y lo retomó para Guatemala tras la masacre del 1 de octubre. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Un asunto que se ha dejado por un lado del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez ha sido el papel que jugó el impuesto individual que se impuso a los campesinos en su derrocamiento. He aquí como describe el general Rafael Carrera en sus memorias aquel infortunado tributo:

«Muchas causas habían preparado de antemano el disgusto de los habitantes del Estado: una de ella fue la contribución personal que se había asignado por aquel Gobierno a cada uno de los habitantes, a quienes se les señaló dos pesos por persona que pagaban anualmente. Sufrieron este gravamen con resignación, sustituyendo le tributo antes abolido desde que se hizo la Independencia del Gobierno Español.«1

Carrera era originario de la Ciudad de Guatemala, pero se mudó a Mataquescuintla, entonces parte del distrito de Santa Rosa. En 1821, con la Independencia, los indígenas de Mataquescuintla solicitaron ser exentados del tributo individual (llamado también capitación) y el año siguiente no lo pagaron. Luego, en 1824, recharzaron nuevamente pagar el tributo a pesar de que todos los demás poblados del departamento de Chiquimula lo pagaron. Y ya para 1834, las autoridades del departamento de Chiquimula informaron al gobierno de Gálvez que los pueblos ignoraban el pago del impuesto.2

La capitación fue solamente uno de los elementos que alteraron a la población y la llevaron a la rebelión. Nuevamente reproducimos las memorias del general Carrera:

«En seguidas jefes militares, no de muy buena conducta fueron desacreditando al Gobierno por el despotismo y arbitrariedades con que obraban, echándose la odiosidad de sus Gobernados. Otras de las causas que contribuyeron no menos que las primeras, fue el establecimiento de [los Códigos de Livingston] en que se variaba enteramente la administración Judicial y la Religiosa, autorizando a los jueces a casar y descasar a su antojo echando por tierra de un golpe a la Religión y a sus ministros, y variando el sistema, estableciendo solamente por influencia de unos pocos a quienes parecía bueno el Código, que ellos mismos no entendían; esto causó una alarma general en todo el país, en que por naturaleza las gentes son religiosas. Todavía sufrieron tal providencia; pero en seguidas la cosa subió de punto; sobre tanto conjunto de males, vino la epimedia del Cólera morbus, epidemia desconocida en este país, y estando todos mal prevenidos con los sucesos anteriores, a la primera orden que dio el Gobierno para despejar los pueblos, botar toda la arboleda de dentro de ellos y sus inmediaciones, y cercar las fuentes de agua de que se surtían los habitantes, subió […] la agitación general3

Esto provocó el estallido de la rebelión católico-campesina contra Gálvez, quien tomó podedes excepcionales en junio de 1837, y en agosto de ese mismo año suspendió definitivamente la contribución individual. A pesar de eso, los tropas de Carrera ganaban terrirtorio en el oriente del país, y Gálvez perdió el apoyo de los criollos liberales quienes se aglutinaron en el occidente del Estado y decidieron independizarse de Guatemala, formando el Estado de Los Altos. En diciembre de 1837, Gálvez formó un nuevo gabinete con criollos conservadores recientemente retornados del exilio, pero a finales de enero de 1838 no pudo evitar que las fuerzas campesinas de Carrera entraran en la ciudad. Aquel fue el final del impuesto de capitación en el Estado de Guatemala, pues el 17 de marzo de 1838 el periódico oficial publicó que dicho impuesto no se podía cobrar porque pesaba sobre las clases más pobres y éstas se resistían a pagarla.2

Sin embargo, en Los Altos, las nuevas autoridades criollas establecieron nuevamente la capitación, y ésta fue la causa de su caída. El rechazo al cobro de dicho impuesto en Santa Catarina Ixtahuacán llevó a la masacre de 39 indígenas de ese poblado el 1 de octubre de 1839, a manos de las tropas de Los Altos. Pero no sólo era en Santa Catarina donde se negaban a pagar; muchos de los poblados no querían pagar el impuesto individual en parte porque no querían ser parte de Los Altos, y en parte porque se oponían a que las autoridades del nuevo estado los obligaron a construir un camino de Quetzaltenango a la costa sur en Suchitepéquez usando las tierras y la mano de obra de los indígenas de la región.2 Aquel episodio es narrado en forma muy diferente por los historiadores liberales; he aquí un ejemplo:

«Con motivo de una contribución impuesta por el Gobierno del Estado, los indios de Santa Catarina Ixtahuacán se sublevaron. Los jefes departamentales de Sololá y Totonicapán estuvieron a punto de perecer en la sublevación. Un indio de Santa Catarina perdió un hijo en el combate de 1 de octubre, y tuvo la salvaje ocurrencia de cortar la cabeza al cadáver de su hijo y llevarla en exhibición al palacio de Gobierno, como una prueba de la tiranía y de la crueldad de[l jefe de Estado de Los Altos].«4

El resultado fue que cuando el general Rafael Carrera se enteró de la masacre, decidió invadir el Estado de Los Altos con un ejército de 2000 hombres; para entonces las relaciones entre Guatemala y Los Altos estaban demasiado tirantes y el resultado no podía ser otro que llegar a la lucha armada.2

Aquella invasión no solamente sería el fin del Estado altense, sino también de la carrera política del general Francisco Morazán, quien invadió a Guatemala en marzo de 1840 para vengar la acción de Carrera, pero fue rotundamente vencido por las fuerzas guatemaltecas en la capital del Estado.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de documentos Históricos y biográficos. 1 Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 15.
  2. Pollack, Aaron (2019) La contribución directa y la capitación en Chiapas y Guatemala en las décadas republicanas. En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 45. Costa Rica: Universidad de Costa Rica.
  3. Solís, Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. p. 16-17.
  4. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  5. Solís, Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. p. 80-90.

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18 de mayo de 1838: se rompe el Pacto de la Federación Centroamericana

Luego de que Francisco Morazán se negara a convocar a elecciones, el Congreso Federal autoriza a los estados a organizar como mejor les parezca rompiendo el Pacto de la Federación Centroamericana

18mayo1838
Palacio Nacional de San Salvador, en la época en que allí funcionaba la capital federal de Centro América. En el recuadro: el presidente de la República Federal, Francisco Morazán, quien se había negado a convocar a elecciones en 1839, provocando así el rompimiento del Pacto Federal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La Ruptura del Pacto Federal Centroamericano ocurrió de hecho el 18 de mayo de 1838, cuando se reunió el Congreso Federal en San Salvador, entonces la capital federal, en vista de que el presidente, el general liberal Francisco Morazán, no había convocado a las elecciones generales que debían realizarse ese mismo año, ya que su período presidencial y el del vicepresidente terminaba el 1 de marzo de 1839.1 En aquella sesión del Congreso se acordó autorizar a los estados a reorganizarse como mejor les pareciera, sin tomar en cuenta las leyes nacionales. Los Estados de Nicaragua, Honduras y Costa Rica no lo pensaron dos veces y se separaron del pacto federal, constituyéndose en naciones soberanas, libres e independientes, dejando a la República Federal formada únicamente por Guatemala, El Salvador y El Estado de Los Altos.1

El 7 de julio de 1838, el Congreso Federal emitió su último decreto, indicando que «los estados federados de Centro América son, y por derecho deben ser, cuerpos políticos, soberanos, libres e independientes«.2 Ante esto, la Asamblea Legislativa del estado de Guatemala, que estaba sumergido en una guerra civil que ya había derrocado al gobierno del Jefe de Estado, Dr. Mariano Gálvez y provocado la pérdida de la mitad de su territorio por la segregación del Estado de Los Altos, emitió el siguiente decreto:3

«La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, considerando: que el decreto del congreso de 30 de mayo último que deja en libertad a los estados para reconstituirse libremente sin las restricciones del título 12.° de la constitución federal, y su aclaratoria de 9 de junio que deja vigentes las partes 2a. y 3a. del artículo 178 del mismo título, relativas a las contribuciones y fuerzas permanentes que corresponden a la federación, envuelven una reforma conveniente y necesarioa: que los estados deben recobrar el poder que les corresponde en su capacidad política; y ha llegado el momento de que se constituyan por sí mismos segun sus aptitudes; y que este paso clásico de la libertad, no debe darse, por el interés mismo de la paz pública, relajando el lazo que une los estados a la federación, y anulando indirectamente el poder nacional, mientras éste se reforma y se establece mas en armonía con los principios de los gobiernos populares; ha tenido a bien decretar y decreta: Admítese por el estado de Guatemala el decreto del congreso de 30 de mayo del corriente año, que reforma el título 12.° de la constitución federal, con las explicaciones hechas por el mismo congreso en su resolución de 9 de junio último.»3

Y poco después, emitió un nuevo decreto convocando a la elección de una Asamblea Constituyente para que se emitiera una constitución para el Estado, que para entonces estaba sumido en la anarquía y con un territorio muy reducido:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, considerando:

Que la constitución dispone convocar una asamblea constituyente cuando el título 12.° de la constitución federal fuere alterado por la República, como se ha verificado ya por un decreto del congreso, admitido por la mayoría de los estados;

Que el pacto social se ha disuelto por la creación de un nuevo estado en Los Altos, acordada también por el congreso, y establecídose de hecho un gobierno independiente al de Guatemala;

Que es necesario, además, restablecer la calma y majestad del estado, por una medida pronta y salvadora, hallándose actualmente su poder legislativo sin la basa y propiedad de representación que le corresponde; agitado en lo interior por las facciones; empeñado en una guerra de los bárbaros contra la civilización; y sin vigor ni eficacia la ley fundamental que lo ha regido, ni los poderes supremos que lo constituyen:

Considerando sobre todo, que es indispensable reconstruir la la sociedad por ella misma y convocar al soberano cuando su ley primordial no se escucha, o se ha alterado por la discordia civil; y que cualquiera que sea la razón suprema de reunir al pueblo para que restablezca el pacto, el medio de verificarlo debe ser el más claro y directo, a fin de que expida su voz soberana por el órgano de sus representantes inmediatos; que la sociedad tiene siempre un derecho inconcuso e inenagenable de examinar, de admitir o reprobar la ley, que, en uso de los poderes supremos que ha conferido, le hayan dado sus representantes al constituirla;

No pudiendo hacer un poder superior a la sociedad, y siendo la elección directa y la sanción inmediata del pueblo, los dos únicos medios de pronunciarse, al restablecer su pacto y crear los poderes supremos y los derechos primordiales de la ley fundamental;

Teniendo el cuerpo legislativo el mayor respeto a los derechos del pueblo de Guatemala, y a los principios democráticos que profesa y que constituyen desde la independencia nuestra organización social, dispone consignarlos especialmente en la acción directa del pueblo para el nombramiento de sus mandatarios; en la revisión por él mismo de su ley fundamental; y en la creación de un cuerpo constituyente numeroso, en que puedan ser bien representados los diversos intereses sociales, deliberadas sabiamente las leyes y presentada con majestad la imagen del pueblo en un cuerpo nacional; por tanto ha tenido a bien decretar y decreta:

Artículo 1.°— es convocado el pueblo del estado de Guatemala para formar por elección directa una grande asamblea constituyente que no bajará de cincuenta representantes, revestida de todo el poder supremo para reformar, adicionar o conservar en todo o en parte la constitución actual de Guatemala.

Artículo 2.°— Un reglamente para las elecciones será dado por el cuerpo legislativo; y a la asamblea constituyente será reunida el 1 de noviembre.

Artículo 3.°— La constitución o la reforma que hiciera la asamblea constituyente, con cualquier alteración que tenga la constitución actual, será revisada inmediatamente, por el pueblo, y los ciudadanos votarán individualmente por su admisión o desaprobación, segun la ley reglamentaria que la misma asamblea constituyente emitiera para esta última expresión de la voluntad pública, a que deberá arreglarse todo el estado.

Comuníquese al consejo representativo para su sanción.4

A pesar de los rimbombantes términos en que el decreto anterior fue redactado, aquella constituyente se reunió pero nunca emitió una constitución, debido a que la anarquía se mantuvo en Guatemala hasta 1851 a pesar de la mano dura que empleó el general Rafael Carrera. El mismo Carrera fue víctima de un atentado contra su vida cuando un grupo radical se cansó de esperar que se emitiera una constitución, e incluso otras asambleas se reunieron después para ese efecto pero no consiguieron emitir la carta magna sino hasta que, después del triunfo de Carrera en la Batalla de La Arada, por fin se emitió la constitución de 1851, la cual favorecía al general victorioso y a los miembros del clero.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 49.
  3. Ibid, pp. 43-44.
  4. Ibid, pp. 44-45.
  5. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, pp. 282-286.

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12 de septiembre de 1839: el Estado de Guatemala reorganiza su división administrativa

Tras la separación del Estado de Los Altos, el estado de Guatemala se ve obligado a reorganizar su división administrativa

12septiembre1839
Costado este de la Catedral de la Ciudad de Guatemala y del Palacio Arzobispal a finales del siglo XIX. En el recuadro: versión estilizada del escudo del Estado de Los Altos, mostrando el Volcán Santa María y un Quetzal.  Actualmente es utilizado como escudo de Quetzaltenango. Imágenes tomada de Wikimedia Commons.

El 16 de agosto de 1838, luego de que Quetzaltenango invitara al resto de la región a separarse de Guatemala tras la caída del régimen liberal de Mariano Gálvez,1 el presidente Federal Francisco Morazán autorizó el decreto del Congreso Federal del 5 de junio, por medio del cual se creó el sexto estado de la República Federal de Centro América, el Estado de Los Altos.2 Aquel nuevo estado tuvo como capital la ciudad de Quetzaltenango, y comprendía los territorios del occidente de Guatemala y el territorio de Soconusco —que eventualmente pasó a ser parte del estado de Chiapas, en México—.

Desde un principio el Estado de Los Altos tenía dos prioridades importantes:

    1. Construir su propio puerto en Champerico con miras a establecer una economía completamente independiente de Guatemala.
    2. Organizar su propio ejército, el cual estaba a cargo del general mexicano Agustín Guzmán, un oficial mexicano que había llegado a la región con las tropas del general Vincenzo Filísola durante la breve anexión de Centroamérica al Primer Imperio Mexicano.3

Desde el principio el Estado tenía la intención de impulsar su propia economía y de mejorar las relaciones con el gobierno del Estado de San Salvador, lo que quiere decir, con el régimen liberal del general Francisco Morazán en ese Estado.  Pero poco después de la formación del nuevo Estado, Honduras, Nicaragua y Costa Rica se declararon independentes dejando a la Federación Centroamericana reducida solamente a El Salvador, Guatemala y Los Altos.4 Los criollos liberales altenses, dándose cuenta de que quedaban muy debilitados se interesaron por conseguir esta alianza con Morazán a fin de dejar a la Guatemala conservadora en medio de dos gobiernos liberales.3

Por su parte, el Estado de Guatemala estaba muy débil luego de la guerra civil contra Mariano Gálvez y las guerras y anarquía que le siguieron, por lo que luego de la separación del Estado de Los Altos, la Asamblea Constituyente de Guatemala tuvo que dividir al Estado en siete departamentos y dos distritos, de acuerdo al siguiente decreto del 12 de septiembre de 1839:5

La Asamblea Nacional Constituyente del Estado de Guatemala:

Habiendo tomado en consideración la necesidad que hay de hacer una nueva y conveniente división del territorio, después de la separación de los departamentos que componen el Estado de Los Altos. Con presencia de los datos e informes que ha presentado el gobierno sobre el particular, ha decretado:

      1. El estado de Guatemala se divide en siete Departamentos: ChimaltenangoChiquimula, Escuintla, Guatemala, Mita, Sacatepéquez, y Verapaz.
      2. También componen dos Distritos: Izabal y Petén.
      3. Los departamentos y distritos referidos, comprenden las poblaciones y lugares que se señalan en la tabla que acompaña a esta ley.
      4. Mientras se reúnan datos más exactos, con presencia de los padrones que deben formarse para hacer por otra ley la división permanente del territorio, el gobierno queda autorizado para poder agregar o segregar de unos a otros, los pueblos o lugares que lo soliciten, con causa fundada en el mejor servicio y bien de los mismos pueblos, previo al informe de los jefes respectivos.
      5. El mismo gobierno, en las providencias que tome, para la demarcación del territorio de los departamentos, procurará en lo que sea posible, que sea la misma la de los curatos y sus comprensiones, a fin de evitar embarazos y facilitar en todo el mejor servicio público.5

BIBLIOGRAFIA:

  1. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-93
  2. Ibid, pp. 96-97.
  3. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA.
  4. Marure, Alejandro. (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. pp. 105, 110.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 471-473.

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17 de marzo de 1840: fuerzas de Morazán llegan a la Ciudad de Guatemala

Francisco Morazán, ex-presidente de la República Federal de Centro América y Jefe de Estado de El Salvador, invade a Guatemala por segunda vez

17marzo1840.jpg
Ciudad de Guatemala vista desde el sur, aproximadamente en 1870 en un cuadro de Augusto De Succa.  Por este camino ingresaron las tropas de Morazán el 18 de marzo de 1840. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras partir hacia Guatemala al mando de mil ochocientos soldados salvadoreños el 13 de marzo de 1840, el jefe de Estado de El Salvador, general Francisco Morazán, ingresó al territorio del Estado de Guatemala y llegó a la capital el 17 de marzo,  aplicando luego de aplicar la estrategia de tierra arrasada por todos los pueblos por donde había pasado, tal y como se acostumbraba en esa época.1  De hecho, cuando la invasión ocurrió al revés en 1828, y las fuerzas guatemaltecas al mando del brigadier Arzú llegaron hasta San Salvador, habían hecho los mismo.  En esa oportunidad dijo Arzú:

“Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.”2

El gobierno de Guatemala tenía distruidos en toda la línea hasta la frontera con El Salvador un cordón de vigilantes que transmitían los mensajes corriendo por montes y cañadas.  Así, cuando se supo que Morazán y sus fuerzas habían llegado al Corral de Piedra el 16 de marzo, el terror se apoderó de los habitantes de la ciudad.3 Teniendo todavía presente los recuerdos de 1829, los ciudadanos gritaban: «¡Vuelven los pirujos, los herejes, los malditos de Dios, vienen a atentar conra nuestra sagrada religión, a arrasar nuestros conventos, a saquear nuestras iglesias, a violar a nuestras vírgenes, a asesinar a nuestros hombres!3

Y mientras las campanas doblaban, algunos vecinos improvisaron su propia defensa, y los aristócratas enterraban sus monedas en los patios de sus casas, el Jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, encomendó al general Rafael Carrera que organizara la defensa de la ciudad, sabiendo que a Morazán lo acompañaban soldados experimentados y militares de la talla de los generales mercenarios franceses Isidoro Saget y Nicolás Raoul, ambos ex-soldados de las fuerzas de Napoleón en Europa.4 

He aquí el decreto de Rivera Paz:

Habiendo invadido alevosamente el Estado por las fuerzas del general Morazán, para proveer a su defensa, decreta:

Todo hombre desde la edad de 14 años a 50, se presentará en el término de seis horas a tomar las armas en la casa municipal.[…] Todo el que, pasado el término señalado en este decreto, no se presentare, será considerado como sospechoso y aprehendido como tal. 

Se declara la ciudad en estado de sitio.

El Comandante general queda encargado de la ejecución de este decreto.

Guatemala, 16 de marzo de 1840.

        • Mariano Rivera Paz5

Carrera le había dado licencia a sus tropas tras la campaña de Los Altos en enero, pero tuvo que enviar a varios agentes para reunir a los más cercanos, para que dejaran el azadón por un lado y se aprestaran a tomar las armas.6  Y mientras él se encarga de reunir a sus hombres, Rivera Paz lanzó la siguiente proclama:

Guatemaltecos, en la ceguedad y en el delirio de la desesperación, el enemigo antiguo de Guatemala, ha tenido la temeridad de invadir el Estado, y se dirige a la capital.  Ya sabéis, valientes guatemaltecos, todo lo que nos interesa defender: la santa religión, un gobierno de equidad y justicia, cual deseaban los pueblos y heroicamente acaban de establecer.  ¡A las armas, guatemaltecos! El esforzado general Carrera dirige las operaciones. Yo confío en su pericia y en el valor que os es común. El triunfo será cierto con el favor de Dios que visiblemente nos protege.

Guatemala, marzo 16 de 1840.

        • Mariano Rivera Paz6

Las tropas de Morazán llegaron con su fuerza arrolladora hasta las afueras de la ciudad, sintiendo que ya habían triunfado.  El historiador Federico Hernández de León dice al respecto: «Los jefes y oficiales que acompañaban a Morazán eran bravos y aguerridos.  La victoria se entreveía y el 17 de marzo, pudieron los invasores contemplar la capital desde las alturas de Pinula y saborearse con una posesión segura.»2

Pero las fuerzas de Morazán no esperaban que, al contrario de lo que se acostumbraba en esa época — y de lo que hicieran los aristócratas que comandaban las fuerzas guatemaltecas en 1829—, Carrera decidiera abandonar la ciudad y retirarse al Aceituno, dejándole la plaza en bandeja de plata a los invasores.  Alguien le recriminó diciéndole: «¿Pero Su Excelencia nos abandona en un trance tan cruel?», a lo que Carrera replicó terminantemente: «No tema nadie nada. Tengo un plan que no falla; ya volveré.  Yo sé cuales son mis deberes.»3,4

Antes de retirarse de la ciudad, Carrera exigió que le entregaran todos los caballos, fusiles y municiones que hubiera disponibles, y cuando los obtuvo organizó a sus hombres.  Dejó a Vicente Cruz a cargo de la defensa de la ciudad, ya que allí había suficientes municiones y una regular cantidad de soldados.  Carrera, con quinientos hombres se retió al Aceituno —en donde muchos años más tarde se establecería la zona militar «Mariscal Zavala«— y esperó.  Su plan era simple:  no dejarse sitiar y contar con fuerzas frescas para poder pelear sobre los sitiadores, o defenderse y escapar a la montaña donde era prácticamente invencible si era repelido.5

Las fuerzas de Vicente Cruz, que no llegaban a ochocientos hombres, pusieron vigías en los campanarios de la Catedral, de Santo Domingo, de La Merced y de San Francisco esperando la llegada de Morazán y sus tropas.  El 17 de marzo se supo que éstos estaban en Fraijanes y a las cuatro de la tarde ya estaban en la cuesta de Pinula.3

El ejército invasor entró a la ciudad el 18 de marzo por el Guarda de Buena Vista —conocido también como Santa Cecilia—, que era el único acceso en ese entonces, y se apoderó del Hospital San Juan de Dios, en donde instaló una cocina con las cien vivanderas salvadoreñas que traía, y dispuso su cuartel con municiones y tropa.  Mientras tanto los salvadoreños Rivas y Malespín tomaron la ciudad, junto con los hermanos guatemaltecos Rivera Cabezas, que tomaron la parte occidental de la ciudad y llegaron a tomar el Palacio Colonial, desde donde atacaron a las fuerzas de Vicente Cruz, las cuales se replegaron al atrio de la Catedral, donde resistieron como pudieron las tres horas que duró el combate.7

Aquell certero ataque dió sus frutos y Morazán se vió dueño de la plaza ese mismo día. En el Palacio encontró suficientes municiones, pólvora y varios novillos gordos con los que podría alimentar a su tropa. Rivera Paz y las tropas de Cruz, por su parte, tuvieron que salir huyendo hacia el Aceituno, en donde se pusieron a la orden de Carrera.7

Algunos criollos liberales, entre ellos Dolores Bedoya de Molina, enviaron correos expresos a Quetzaltenango comunicando a los criollos altenses que Carrera había sido derrotado, y que los criollos «serviles» habían caído.  Al saber la noticia, los quetzaltecos hicieron repicar las campanas y la Municipalidad se reunió de inmediato para anunciar públicamente la noticia y para atacar al destacamento del Corregidor guatemalteco, que fue fácilmente vencido.   Luego, declararon nuevamente la independencia del Estado de Los Altos.8

Así pues, todo estaba listo para que el destino de Guatemala, El Salvador y Los Altos se decidiera en la batalla definitiva el 19 de marzo de 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 412.
  2. — (13 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala. Guatemla: Nuestro Diario.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 439-442.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1965) El general Rafael Carrera ante la Historia. En: Publicaciones del Servicio de Relaciones Públicas, Cultura y Acción Cívica del Ejército.  I. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 20.
  5. Marroquín Rojas, Clemente (1965). Francisco Morazán y Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta Marroquín, Hnos. p. 195.
  6. Ibid., p. 196.
  7. Ibid., p. 200.

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27 de diciembre de 1838: nombran al Ejecutivo de Los Altos

La Asamblea Constituyente del recién creado Estado de Los Altos ratifica el nombramiento de las autoridades del Ejecutivo del nuevo estado

27diciembre1838
Valle de Totonicapán en 1884.  Fue en este departamento en donde se declaró la formación del Estado de Los Altos en 1838. Grabado del libro Guatemala, the land of quetzal de William T. Brigham, publicado en 1887.

La revolución que derrocó a Mariano Gálvez en Guatemala obligó los criollos liberales a replegarse hacia El Salvador y hacia los departamentos del occidente del Estado.1 Contando con el apoyo del gobierno Federal, formaron su propio Estado al que llamaron «de Los Altos» y el 27 de diciembre de 1838 la Asamblea Constituyente del nuevo estado ratificó el nombramiento de los miembros del Ejecutivo del mismo.2

Entre los miembros de aquel gobierno el más destacado fue sin duda el general Agustín Guzmán, un militar mexicano que llegó a Guatemala bajo las órdenes de Vicente Filísola cuando éste llegó a Guatemala en sustitución de Gabino Gaínza durante el efímero Imperio de Agustín de Iturbide.3 Guzmán fue el segundo jefe del Estado y el jefe de la fuerzas armadas y como tal, tuvo que enfrentarse varias veces contra el genio militar del general Rafael Carrera.4

En 1840, Guzmán fue derrotado por Carrera y enviado a la Ciudad de Guatemala montado en una mula y con sus heridas aún sangrantes.  Estuvo en prisión hasta que fue rescatado por Francisco Morazán el 19 de marzo de 1840, quien lo envió a Quetzaltenango con la noticia de que Carrera había sido vencido en la Ciudad de Guatemala.5 Guzmán no podia extender sus extremidades por haber estado encadenado todo ese tiempo, pero montó a caballo como pudo y partió con la feliz noticia. Desafortunadamente para Guzmán, solo se trataba de un ardid de Carrera y cuando se encontraba de viaje hacia el occidente, las fuerzas guatemaltecas aplastaron a las fuerzas de Morazán y lo obligaron a huir, sellando el final del Estado de Los Altos.2,5

Diez años después Carrera, ya presidente de la recién establecida República de Guatemala, renunció al cargo y aceptó salir al exilio, lo que fue aprovechado por los criollos liberales para intentar formar el Estado de los Altos una vez más. Guzmán fue nuevamente el líder de los altenses, pero sus acciones fueron nuevamente derrotadas, primero por el general presidente Mariano Paredes, y luego por el mismo Carrera cuando regresó al poder.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  3. Hernández de León, Federico (12 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 12 de febrero de 1823, Filísola recibe copia del Acta de Casa de Mata”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  5. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  6. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.

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16 de agosto de 1838: se establece el Estado de Los Altos

En Totonicapán se establece el Estado de Los Altos, que aglutina a los criollos liberales del Estado de Guatemala tras la caída del gobierno liberal de Mariano Gálvez.

16agosto1838
Grabado del Palacio de Gobierno de la ciudad de Quetzaltenango en la segunda mital del siglo XIX. Quetzaltenango fue la capital del efímero Estado de Los Altos. Imagen tomada de Appleton’s Guide to Mexico and Guatemala de 1884.

La región occidental de la actual Guatemala había mostrado intenciones de obtener mayor autonomía con respecto a las autoridades de la ciudad de Guatemala desde la época colonial, pues los criollos de la localidad consideraban que los criollos capitalinos tenían el monopolio comercial y politico con España no les daban un trato justo. Así, su representante en las Cortes de Cádiz solicitó la creación de una intendencia en Los Altos, gobernada por autoridades propias. La Independencia de Centroamérica en 1821 canceló esta posibilidad, pero el separatismo de los altenses perduró.1

Tras la disolución del Primer Imperio Mexicano y la consecuente separación de las Provincias Unidas del Centro de América del mismo en 1823, la región de Los Altos continuó buscando su separación de Guatemala. Hubo dos condiciones que fueron favorables a las pretensiones de la élite criolla altense: la creación de un marco legal en la constitución centroamericana para la formación de nuevos estados dentro del territorio de la república y la llegada al gobierno de los federalistas liberales, encabezados por Francisco Morazán.1

Ahora bien, el área de Los Altos estaba poblada mayoritariamente por indígenas, quienes habían mantenido sus tradiciones ancestrales y sus tierras en el frío altiplano del oeste guatemalteco. Durante toda la época colonial habían existido revueltas en contra del gobierno español.​ Luego de la independencia, los mestizos y criollos locales favorecieron al partido liberal, en tanto que la mayoría indígena era partidaria de la Iglesia Católica luego de siglos de doctrina y del sincretismo religioso que se produjo con sus tradiciones ancestrales.1

Tras la caída del régimen liberal del Dr. Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838 los criollos de Quetzaltenango invitaron al resto de la región de Los Altos a formar su propio estado, dado el caos que existía en Guatemala en donde las huesta de Mita al mando del comandante mestizo Rafael Carrera se estaban imponiendo.2 El resto de la región estuvo de acuerdo, y el 15 de febrero, el gobierno de Guatemala decidió que fuera el Congreso Federal el que aceptara o no la formación del nuevo Estado.3

El gobierno Federal expidió ratificó el decreto del Congreso Federal el siguiente decreto el 16 de agosto de 1838:4

El Presidente de la República Federal de Centro-América:

Por cuanto el Congreso decreta y el Senado sanciona lo siguiente:

El Congreso de la Federal de la República de Centro-América:

Considerando: que cuando un número de hombres se hallan en aptitud competente para constituirse y gobernarse como Estado independiente, tiene por la Constitución un derecho para efectuarlo, y que el oponerse a su justo deseo es contrariar el espíritu de la misma Constitución; habiendo tenido a la vista la solicitud hecha por la mayoría de los representantes de los departamentos de Los Altos para que los pueblos de ellos se erijan en Estado por tener más del número de población que previene el artículo 198 de la ley fundamental, y la capacidad necesaria para serlo, y que el de Guatemala notoriamente queda con la suficiente para subsistir, ha venido en decretar y Decreta:

Los departamentos de Sololá, Totonicapán y Quetzaltenango, con todos los pueblos y reducciones comprendidas bajo sus actuales límites, formará un nuevo Estado de la República Federal de Centro-América. En consecuencia el de Guatemala, a que aquellos han pertenecido, queda reducido a los de Chiquimula, Verapaz, Sacatepéquez y el de la Capital.

Pase al Senado. Dado en San Salvador, a 5 de junio de 1838.

Sala del Senado: San Salvador, agosto 14 de 1838. Al Poder Ejecutivo.

Por tanto: ejecútese.

Casa de Gobierno, San Salvador, 16 de agosto de 1838.

          • Francisco Morazán
          • El Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones, Miguel Alvarez4

Así se hizo oficial entonces que en el territorio que ocupan los modernos departamentos de Huehuetenango, Quiché, Sololá, Suchitepéquez, Retalhuleu, San Marcos, Totonicapán y Quetzaltenango —así como la región del Soconusco (ahora en México)— se estableciera el efímero Estado de Los Altos.

Esto forzó a que el Estado de Guatemala se reorganizara en siete departamentos y dos distritos independientes el 12 de septiembre de 1839:


BIBLIOGRAFIA:

  1. Taracena, Arturo (1997). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-93.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 43.
  4. García Elgueta, Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia, pp. 96-97.
  5. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, pp. 471-473.

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