7 de agosto de 1736: nace en España quien sería el arzobispo de Guatemala Cayetano de Francos y Monroy, quien lideró la construcción de la Nueva Guatemala de la Asunción, reformó la educación del Reino y fundó el Colegio de Infantes

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Fotografía de principios del siglo XX del arzobispo Cayetano de Francos y Monroy, tomada por Juan José de Jesús Yas.  Imagen obtenida de Wikimedia Commons.

El arzobispo de Guatemala, Cayetano de Francos y Monroy nació en Villavicencio de los Caballeros, España, el 7 de agosto de 1736. El 26 de noviembre de 1777, por consulta de Cámara, fue nombrado arzobispo de Guatemala, nombramiento era difícil ya que era en sustitución del arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien se negaba a aceptar el traslado de su arquidiócesis hacia la ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, luego de que la capital de la capitanía, Santiago de los Caballeros de Guatemala fuera destruida por los terremotos de Santa Marta en 1773. Cortés y Larraz comprendía que el traslado iba a debilitar la posición del clero en los asuntos de Estado del Reino de Guatemala y por ello se resitía a trasladar al clero secular a la nueva ciudad.

Inicialmente, Francos y Monroy decidió no aceptar el cargo que le ofrecían, pero el 20 de noviembre de 1778 fue presionado por el gobierno real, y finalmente se embarcó en Cádiz a principios de mayo de 1779. Fue acompañado por una cuantiosa corte que incluía un provisor, un secretario, un capellán, un caudatorio, un mayordomo, siete pajes y un maestro de pajes, y quienes fueron elegidos cuidadosamente con un fin político definido: retomar el control de clero guatemalteco que se encontraba en estado de rebelión casi abierto contra la autoridad del Capitán General Martín de Mayorga.

El siete de octubre de 1779, con una escolta de ocho caballeros, entró en la nueva ciudad de Guatemala, la cual apenas se estaba empezando a construir. Había arribado a Guatemala con diecisiete individuos de su familia, gastando en el viaje 64,240 pesos., y se encontró con que los frailes de las órdenes regulares, que habían vivido en suntuosos conventos en Santiago de los Caballeros, ahora lo hacían en ranchos de paja, mientras que las monjas y beatas seguían en sus conventos en la arruinada ciudad. Además, la única construcción religiosa sólida que existía era la Ermita del Carmen.

Un mes antes de la llegada del nuevo arzobispo, Cortés y Larraz publicó una carta pastoral denunciando la llegada de un usurpador y amenazando con excomulgarlo, pero eso no inmutó a Francos y Monroy, quien tomó sus primeras medidas al recién llegar, nombrado a un cura párroco para el pueblo indígena de Jocotenango y luego fue en persona a buscar a la destruida Santiago de los Caballeros de Guatemala a las beatas de Santa Rosa. Cortés y Larraz comprendió entonces que era inútil seguir resistiendo, y huyó de Guatemala.

El arzobispo Francos y Monroy estuvo muy involucrado con las corrientes liberales de los filósofos ingleses y del francés Juan Jacobo Rousseau, los cuales habían proporcionado nuevos lineamientos en la pedagogía y la formación intelectual de los infantes, y por ello, inició en la Nueva Guatemala de la Asunción una reforma educativa. Cuando el arzobipso llegó a su nueva arquidióces, solamente estaba en funcionamiento la escuela de Belén, que había sido fundada por el santo Hermano Pedro de Betancourt, y el resto de escuelas no funcionaban desde que los jesuitas habían sido expulsados en 1767. Por su parte, el resto de entidades civiles y religiosas estaban trabajando arduamente en construir sus nuevos edificios tras el traslado. Francos y Monroy fundó entonces dos escuelas de primeras letras, la de San José de Calasanz y la de San Casiano, a las que donó de su propio peculio cuarenta mil pesos para su funcionamente; además, también fundó el “Colegio San José de los Infantes” el domingo 10 de junio de 1781, el cual sigue activo hasta la fecha. Y también contribuyó económicamente con seis mil pesos para finalizar la construcción del Colegio y Seminario Tridentino de Nuestra Señora de la Asunción, quince mil pesos para el del colegio de seises, aproximadamente cincuenta mil para la iglesia y beaterio de Santa Rosa (ya que ésta era la catedral temporal) y la casa del Obispo.

Tras su ardua labor, para la que contó con el apoyo del nuevo Capitán General, Matías de Gálvez, el seis de diciembre de 1782 Francos y Monroy informó al rey que había trasladado a la nueva ciudad la catedral (aunque ésta quedó temporalmente en el Beaterio de Santa Rosa), el colegio seminario, los conventos de religiosos y religiosas, beaterios y demás cuerpos sujetos a la Mitra; todos ellos habían sido trasladados a edificios formales o en construcción. Es importante destacar que para terminar estas obras Francos y Monroy había tenido que dejar la obra del palacio Arzobispal por un lado, y conformarse con vivir en una incómoda casa de alquiler, careciendo de oficinas y habitación para su familia.


BIBLIOGRAFIA:


9 de julio de 1884: el gobierno del general J. Rufino Barrios establece multas para los curas párrocos que bauticen recién nacidos que no hayan sido inscritos en el Registro Civil

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Plaza de Quezaltenango en 1875, mostrando la Catedral original antes del terremoto y erupción del volcán Santa María de 1902.  Para entonces, el registro bautimal era la forma preferida para llevar un registro de los recién nacidos. Fotografía de Eadweard Muybridge.

La relación de los gobiernos liberales que gobernaron Guatemala entre 1871 y 1944 y la Iglesia Católica fue muy tirante, aunque mejoró un poco con la llegada al gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera en 1898.  Esta crisis se originó por la enemistad entre los criollos liberales en el poder y los criollos conservadores que eran miembros de las otrora poderosas órdenes regulares de la Iglesia y que fueron expulsados por el gobierno, al igual que los arzobispo Bernardo Piñol y Batres y su sucesor, Ricardo Casanova y Estrada. Además, la constitución promulgada en 1879 específicamente indicaba que se prohibía la existencias de monasterios y congregaciones religiosas, y el que el clero tuviera propiedades.

A pesar de las expulsiones y expropiaciones, el gobierno liberal comprendía que era importante mantener a los curas párrocos, ya que ellos se encargaban de impartir la doctrina entre la población, así que les permitió permanecer en el país aunque les retiró el diezmo obligatorio dejándolos en una posición económica por demás precaria. Pero dado que el registro bautismal era tradicional, se hacía difícil la implementación de leyes laicas, como la del Registro Civil para la inscripción de los nuevos habitantes.

En 1884, era tal la cantidad de padres de familia que no inscribían a sus hijos en el registro y que solamente los bautizaban en la fe católica, que el gobierno del general J. Rufino Barrios se vió obligado a emitir el siguiente decreto que multaba severamene a los párrocos que bautizaran a aquellos niños que no estuvieran registrados:

Palacio de Gobierno: Guatemala, 9 de julio de 1884.

Considerando: que a pesar de las disposiciones vigentes, no todos los padres de familia y demás personas obligadas por laley cumplen con hacer que se inscriban los recien nacidos en el libro respectivo: que tal modo de proceder, no solamente es un óbice para que la estadística de nacimiento sea completa y cual corresponde a su objeto, sino que implica perjuicios que más tarde pueden ser irreparables para las familias, por referirse al estado civil de las personas; y que para evitar esos inconvenientes se está en el deber de dictar medidas eficaciones; el general Presidente acuerda:

  1. Los párrocos no procederán al bautizo de ninguna persona, mientras no se le exhiba constancia de estar previamente asentado el nacimiento en el Registro Civil.
  2. Los párrocos que no cumplieren con la disposición anterior, incurrirán en la multa de diez pesos; por la primer reincidencia y por las sucesivas, la multa será de veinticinco pesos. En caso de insolvencia, el párroco sufrirá un día de prisión por cada peso que no pudiere pagar.
  3. Las multas las aplicarán de un modo económico, en las cabeceras de departamento, los Jefes Políticos, y en los demás municipios, los jueces de paz, los jueces municipales o los alcaldes.  Las multas ingresarán a la Tesorería Municipal correspondiente. 
  4. Contra la providencia de la Autoridad que imponga la multa, no habrá más recurso que el de responsabilidad.
  5. Los encargados del Registro darán aviso a la Autoridad de las infracciones del presente acuerdo, de que tuvieren conocimiento; para lo cual continuarán, como hasta ahora, examinando los libros parroquiales.

El presente acuerdo comenzará a regir quince días después de publicado en el Periódico Oficial.

 

  • J. Rufino Barrios
  • Díaz Mérida

BIBLIOGRAFIA:


19 de septiembre de 1903: el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera aclara la circular a los Jefes Políticos en la que se especifica un jornal de doce reales diarios para los mozos jornaleros de las fincas

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Temporeras (jornaleras) en una finca de café en 1875, fotografía de Eadweard Muybridge.  En los retratos: general J. Rufino Barrios, quien implement el Reglamento de Jornaleros (arriba) y el licenciado Manuel Estrada Cabrera (abajo) quien lo restableció en 1898.  La fotografía de la izquierda es de Eadweard Muybridge; todas las imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Restablecido el “Reglamento de Jornaleros” para surtir de mano de obra a las fincas del país durante el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, fue necesario emitir algunas directrices para regular su implementación. Para que el lector se dé una idea de como era aplicada en la práctica, se reproducen a continuación fragmentos de dos circulares que envió el gobierno a sus Jefes Políticos para intentar regular el reglamento y evitar los abusos que se estaban cometiendo.

El 12 de agosto de 1903, el gobierno emitió una circular enviada a los Jefes Políticos, a quienes se les informaba que el reglamento mencionado no debería “nunca convertirse en un azote para el infeliz, ni en ramo de especulación y de comercio, que es tan más infame cuanto que recae sobre los desheredados de la fortuna, sobre los padres que abandonan sus hogares, que no pueden ni subsistir con el mezquino jornal que ahora se les paga“.

Por estas poderosas razones“, continuaba la circular, “se le solicita notificar a los propietarios y pueblos de su jurisdicción, que el jornal que desde el próximo 1 de septiembre debe satisfacerse a los mozos es el de doce reales diarios, sin descuento alguno“.  Y finalizaba: “haga Ud. que los jornaleros cumplan con exactitud los compromisos contraídos; que los propietarios entre sí respeten sus mutuos derechos; que no se exploten la ignorancia o la pobreza, y que no re cobren por ninguno ni a ninguno emolumentos indebidos“.

Pero la implementación de semejante circular era muy difícil, al punto que el 19 de septiembre se envió una nueva, que decía: “Aunque es bastante clara y precisa la circular del 12 de agosto, ha sido, por ignorancia o malicia, mal interpretada.  El Presidente de la República hace las siguientes aclaraciones:

  1. La circular del 12 de agosto no se refiere en manera alguna a los mozos colonos de las fincas rústicas, culaquiera que sea la clase de cultivo a que sus propietarios los hayan destinado o en lo sucesivo los destinen.
  2. Tampoco afecta a los mozos habilitados con anterioridad o que, voluntariamente, lo fueren después de la fecha de la expresada disposición,
  3. Los contratos celebrados quedan en todo su vigor y fuerza; y los finqueros y mozos en completa y absoluta libertad para celebrar otros nuevos, al precio que les convenga.

Luego continuaba diciendo: “reitero a Ud. (como Jefe Político) de una manera enérgica y terminante, la prevención de vigilar con toda actividad y eficacia, porque no se trafique por ninguno ni para ninguno con la ignorancia o la pobreza del indio“.


BIBLIOGRAFIA:

30 de agosto de 1567: por Real Cédula, el rey Felipe II ordena al arzobispo de México enviar a un visitador para investigar supuestos delitos del Obispo de Guatemala, Bernardino de Villalpando

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Plaza central de Mazatenango, Suchitepéquez con el templo franciscano a la izquierda.  Esta fue la única provincial que el obispo Villalpando (en el recuadro) logró quitar a las órdenes monásticas.  La fotografía es una composición: Mazatenango en 1875 de Eadweard Muybridge y el retrato del Obispo de una composición realizada por Juan José de Jesús Yas a finales del siglo XIX.

El poder las órdenes regulares de la Iglesia Católica durante la época colonial casi no tuvo oposición ni por las autoridades españolas, ni por los representantes del poder criollo, ni por los miembros del clero secular, ya fuera con el obispo o con el arzobispo a la cabeza.  Fue hasta en 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios españoles, que dicha influencia empezó a mermar.

Antes de que se cumpliera la Pragmática Sanción que expulsó a los jesuitas, hubo un obispo que intentó oponerse a las órdenes religiosas, pero no por su animadversion hacia ellas, sino por cumplir con lo dispuesto en el Concilio de Trento, que había indicado que las doctrinas indígenas tenían que pasar al control del clero secular, y ya no estar controladas por los frailes (conocidos también como religiosos regulares).

Este proceso de secularización fue emprendido por el obispo Bernardino de Villalpando con todo rigor, logrando despojar a la orden de San Francisco de su provincial en Suchitepéquez, y luego intentó hacer lo mismo con las provincias que éstos tenían en Totonicapán y Quetzaltenango.

Pero de nada valieron sus edictos para evitar que los frailes fungieran como curas párrocos, pues para éstos, las doctrinas (o poblados de indígenas) eran sumamente rentables y les reportan generosos ingresos en sus haciendas, ingenios y trapiches.  Los religiosos regulares, principalmente los dominicos y los franciscanos gozaban de gran influencia en la corte del rey Felipe II (quien prácticamente vivía enclaustrado en un monasterio) y se quejaron con el gobernante, quien emitió  una Real Cédula el 30 de agosto de 1567 por medio de la cual solicitaba al arzobispo de México que enviara un visitador a Guatemala para investigar los “abusos” que estaba cometiendo el obispo Villalpando.    Asimismo, el papa Pío V envió dos bulas en las que ratifica a las órdenes religiosas su privilegio de fungir como curas.

Al darse cuenta de que estaba remando contra la corriente, el obispo guatemalteco, salió de la ciudad y empezó a recorrer su diócesis, hasta que lo encontraron muerto en su casa en lo que hoy en día es El Salvador, en agosto de 1569.


BIBLIOGRAFIA:


 

16 de julio de 1928: fallece el renombrado fotógrafo Alberto G. Valdeavellano, quien dejó numerosas imágenes de la Guatemala de principios del siglo XX

Retrato del fotógrafo Alberto G. Valdeavellano. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Entre los genios olvidados de Guatemala se encuentra indiscutiblemente el maestro fotógrafo Alberto G. Valdeavellano, quien dejara un importante y valioso porfafolio de la Guatemala del general José María Reina Barrios y del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Estudiante del entonces prestigioso y exclusivo Instituto Nacional para Varones en la Ciudad de Guatemala, fue condiscípulo de Rafael Spínola, quien luego sería uno de los principales miembros del gabinete de don Manuel y con quien entabló una gran amistad.  Gracias a su relación con Spínola, su trabajo fotográfico fue publicado en la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” en donde no solamente presentaba retratos de las personalidades y damas de sociedad más relevantes de su época, sino que también de familias indígenas, composiciones fotográficas de importantes puntos turísticos de Guatemala y fotografías del deporte de moda entre los criollos de su época: el ciclismo.

Fue también propietario de varios talleres de fotografía, entre los que se destacó “El Siglo XX”, con el cual operó a finales del siglo XIX y en donde hacía retratos de las damas de la sociedad guatemalteca.  Su trabajo era de mucha calidad e incluso llegó a publicarse en la revista estadounidense “National Geographic” en 1919, cuando dicha publicación hizo un reportaje sobre los devastadores terremotos que destruyeron a la Ciudad de Guatemala entre 1917 y 1918.

Parte de trabajo del maestro Valdeavellano se ha registrado en Wikimedia Commons, y puede consultarse en esta dirección de internet.

He aquí algunos ejemplos:

  1. Composición fotográfica de Quiriguá:
  2. Ruinas del Cerrito del Carmen tras los terremotos de 1917-18 (aparecida en National Geographic):
  3. Fotografía ecuestre del general presidente José María Reina Barrios (fue la primera foto instantánea jamás tomada en Guatemala):

BIBLIOGRAFIA: