26 de febrero de 1840: Guatemala toma bajo su protección a los pueblos de Los Altos

El gobierno de Mariano Rivera Paz en el Estado de Guatemala toma bajo su protección a los pueblos del Estado de Los Altos tras la derrota de sus autoridades, y elimina el impuesto individual a los indígenas.

26febrero1840
Fachada de la catedral colonial de Quetzaltenango, que es lo único que queda de dicho edificio, destruido por la erupción del volcán Santa María en 1902. La nueva catedral fue construida por detrás de esta fachada. Imagen tomada de Wikimedia Commons. En el recuadro: retrato a lápiz del general mexicano Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas armadas del Estado de Los Altos y héroe militar de los criollos altenses. Imagen tomada de Historia Militar Mexicana.

Los criollos liberales que formaron el Estado de Los Altos tuvieron dos graves problemas: por una lado, la relación entre Los Altos y Guatemala era extremadamente tirante, ya que los altenses se habían quedado con el 50% del territorio y el 75% de la capacidad productiva del Estado de Guatemala cuando se formó su estado en 1838; y, por el otro, pueblos indígenas de la región se resistían a pagar el impuesto individual que les quería cobrar el gobierno del Estado de Los Altos. Así pues, bastaba con una excusa para que se rompieran las hostilidades, y ésta se dió con de la masacre en Santa Catarina Ixtahuacán cuando las fuerzas altenses asesinaron a decenas de indígenas que protestaban por el impuesto el 1 de octubre de 1839.1

Después de que los indígenas le pidieran ayuda, el general Rafael Carrera y sus hombres combatieron a las fuerzas altenses al mando del general Agustín Guzmán en Sololá, y tras derrotarlos categóricamente, entraron sin oposición a la ciudad de Quetzaltenango, hasta entonces capital del Estado de Los Altos. En ese momento cesó efectivamente dicho Estado, y los criollos liberales que lo formaron vieron como el gobierno del Estado de Guatemala tomó bajo su protección a los pueblos indígenas que lo componían.2

Tras la derrota de los criollos altentenses, los pueblos indígenas solicitaron al gobierno de Guatemala que reincorporara a la región del Estado de Los Altos a su territorio y que eliminara el impuesto individual. Los criollos, por su parte, consideraron esto un movimiento ilegal, pero no estaban en posición de hacer valer su posición en ese momento, por lo que el Gobierno de guatemala emitió el siguiente decreto:3

Considerando:

      1. Que los pueblos de los Altos se han pronunciado por medio de sus municipalidades, según consta de las actas que existen en la secretaría, desconociendo las autoridades que estaban establecidas, solicitando quedar bajo la autoridad de este gobierno y ser regidos por las leyes de este estado;
      2. Que en consecuencia de estos pronunciamientos se disolvieron dichas autoridades, desaparecieron casi todos los funcionarios, y habiendo quedado de hecho casi todos los pueblos sin gobierno, se acogieron al amparo del general Carrera, y éste se vió obligado á nombrar provisionalmente jefes políticos y jueces que se encargasen de la administración;
      3. Que posteriormente se ha solicitado con instancia por dichos pueblos que este gobierno los tome bajo su protección, y los preserve de los males que les amenazan si una autoridad respetable no hace guardar en aquellos el orden público;
      4. Que el gobierno de Guatemala en tales circunstancias no puede ver con indiferencia la suerte de unos pueblos hermanos de los que componen este estado, cuya seguridad es también interesada en la tranquilidad general;
      5. Y últimamente, que el gobierno de Guatemala no puede resolver por sí mismo de una manera definitiva sobre la reincorporación que se solicita por los pueblos expresados; mientras se reúne la asamblea constituyente del estado de Guatemala y de conformidad con el parecer del consejo, decreta:

Artículo 1°.— El gobierno de este estado toma bajo su protección a todos los pueblos de los Altos, y se considerarán reincorporados de su propia voluntad al mismo estado, mientras se resuelve lo que convenga sobre el particular por la autoridad a quien corresponda.

Artículo 2°.— En consecuencia, los pueblos de los Altos serán regidos según las leyes decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y el gobiemo designará á los funcionarios que deban encargarse provisionalmente de los diversos ramos de la administración.

Artículo 3°.— No se exigirán a los habitantes de los Altos otras contribuciones que las decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y se tendrá presente que está abolida la que se cobraba con el nombre de capitación. Las que deban pagarse serán recaudadas con arreglo á las leyes decretadas por la misma asamblea de Guatemala.

Artículo 4°.— Los productos de las rentas que quedan vigentes serán invertidos en los gastos de la administración de aquellos departamentos, y se llevará cuenta separada de sus rendimientos é inversión; y los sobrantes, si los hubiere, serán reservados para satisfacer en su caso las deudas contraídas anteriormente según su naturaleza.

Artículo 5°.— El gobierno nombrará, si lo creyere conveniente, un comisionado que visite los pueblos expresados, les manifieste sus deseos de hacerles bien, oiga sus quejas, procure que se consolide entre ellos el orden y la paz que tanto conviene á aquellos habitantes, y proponga al gobierno, y ponga desde luego en ejecución, todas aquellas medidas que parezcan conducentes á su tranquilidad y bienestar.

Artículo 6°.— El secretario de gobernación cuidará de dar cuenta á la Asamblea constituyente de Guatemala con este decreto y documentos relativos al asunto, para que se sirva tomarlo en consideración.3

Por supuesto que los criollos altenses no estaban conformes con esta resolución, por lo que contactaron al general Francisco Morazán, a la sazón Jefe de Estado de El Salvador para que invadiera a Guatemala y restableciera el Estado de Los Altos, a lo que Morazán accedió. El 17 de marzo de 1840 el caudillo hondureño invadió el territorio de Guatemala y el 19 de ese mes tomó posesión de la Ciudad de Guatemala. Uno de sus primeros actos fue sacar al general Agustín Guzmán de las bartolinas de la cárcel en donde estaba desde que Carrera lo humilló públicamente durante su entrada trinfual tras derrotar a Los Altos en enero, y cuando éste pudo recuperarse -pues no podía ni mover las articulaciones- salió al galope para Quetzaltenango para conformar nuevamente el gobierno del Estado de Los Altos.4

Desafortunadamente para Guzmán y los criollos altenses, todo había sido un plan de Carrera, quien hizo creer a Morazán que había tomado la ciudad, solamente para caerle por sorpresa desde El Aceituno por la noche, derrotándolo completamente y obligándolo a huir gritando «¡Que viva Carrera!» Los criollos altentes, que habían sido advertidos por Carrera en enero de que no les iba a tolerar otra sublevación, sufrieron penosas consecuencias cuando éste llegó nuevamente a Quetzaltenango tras expulsar a Morazán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 122-123.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 48-49.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159-163.
  5. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 70-90.

Subir

15 de febrero de 1829: derrota de Morazán en Mixco

En un intento desesperado por evitar el sitio de la ciudad de Guatemala, las fuerzas estatales logran derrotar a las fuerzas que Francisco Morazán había enviado a Mixco.

15febrero1829
El poblado de Mixco en 1895, en una fotografía de los esposos Maudslay publicada en 1899. En el recuadro: retrato del general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1829, el general hondureño Francisco Morazán era prácticamente invencible. Después de sendos triunfos sobre las fuerzas federales al frente de su «Ejército Protector de la Ley«, Morazán había invadido Guatemala por el oriente del Estado luego de que los criollos liberales hubieran sido reprimidos violentamente tras intentar resistirse al gobierno de Mariano de Aycinena en la Antigua Guatemala.1 Gracias a su habilitad militar, Morazán avanzó fácilmente por el territorio guatemalteco llegando hasta Pinula, en donde un grupo de los liberales que se habían alzado contra Aycinena —liderado por el francés Isidoro Saget— se unió a sus fuerzas.2

El gobierno de Aycinena no contaba con jefes militares capaces de enfrentar a Morazán, ya que el ex-presidente Manuel José Arce se había retirado de la vida política tras ser destituido y se desconfiaba del general italiano Francisco Cáscara por ser leal a Arce.  Eventualmente, Cáscara renunció a la comandancia de armas y el general Agustín Prado, conservador rematado, tomó el mando pero con contaba con la experiencia militar ni con suficientes soldados para contener al ejército invasor. Prado optó por concentrar a sus fuerzas en la Ciudad de Guatemala y se preparó para el sitio final. Por su parte, con el control de las posiciones de Pinula y El Aceituno, Morazán envió a parte de sus soldados a la Antigua Guatemala por el camino de Amatitlán, para que restituyeran a las autoridades que habían sido destituidas tras el golpe de estado de 1826, desconociendo así al gobierno de Aycinena. Además, Morazán envió tropas a Mixco, para cercar completamente la ciudad y cortar el suministro de víveres a la misma.3

En una medida desesperada, el general Prado envió al coronel Pacheco al mando de mil hombres, para que recuperaran la plaza de Mixco. El 14 de febrero por la noche, Pacheco ordenó a sus hombres que marcharon en dos filas a ambos lados del camino, con las armas invertidas para que la luz de la luna no se reflejara en ella, y así llegaron hasta Mixco, en donde atacaron a las fuerzas de Morazán por sorpresa a las altas horas de la madrugada del 15 de febrero. Viéndose en desventaja, parte de las tropas huyó mientras que un grupo se atrincheró en el convento local, desde donde intentó ofrecer resistencia pero sin ningún efecto. Enterado de la derrota, Morazán reagrupó a sus fuerzas y se dirigió a la Antigua Guatemala, desde donde iniciaría el sitio hacia la ciudad. Por su parte, el general Prado no supo que hacer con su victoria y ordenó a las fuerzas guatemaltecas que regresaran a la ciudad a prepararse para el sitio que se avecinaba.4

Eventualmente, Morazán logró regruparse y finalmente tomó la ciudad el 14 de abril, haciendo prisioneros a los criollos aristócratas y a las autoridades federales a quienes expulsó de la región centroamericana junto con los órdenes regulares y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández De León, Federico (1963) [1924] El Libro de las Efemérides; Capítulos de las Historia de América Central. V Guatemala: Tipografía Nacional. p. 266.
  2. Ibid, p. 267.
  3. Ibid, p. 268.
  4. Ibid, p. 269.
  5. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.

Subir

2 de febrero de 1838: Quetzaltenango invita a Los Altos a segregarse de Guatemala

Ante la caída del gobierno del liberal Mariano Gálvez a manos de la revuelta católico-campesina, los criollos liberales de Los Altos optan por segregarse del Estado de Guatemala

2febrero1838
El interior de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala antes de los terremotos de 1917-18. Las hordas campesinas de Carrera exigieron a las autoridades eclesiásticas que abrieran la Catedral tras derrocar a Gálvez en 1838, ya que ésta había estado cerrada desde la expulsión del arzobispo Casaus y Torres en 1829. En el recuadro: José Francisco Barrundia, líder liberal que provocó la caída de Gálvez primero al aconsejarle decretar los Códigos de Livingston y luego al aliarse con Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez debido a la revolución católico-campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera contra el impuesto personal a los campesinos, contra las medidas anticlericales y contra las leyes del nefasto Código de Livingston,1 se desató la anarquía en el Estado y los criollos aristócratas retornaron a Guatemala para tratar de hacerse con el poder, por lo que los criollos liberales de la región de Los Altos, —que comprendía todos los departamentos del occidente guatemalteco incluyendo el Soconusco (que actualmente es parte de México)— decidieron separarse de Guatemala y formar su propio estado. El 2 de febrero de 1838, desde Quetzaltenango se nombraron comisionados que pasaron a todos los poblados de la región para pedirle a los criollos que se pronunciaran al respecto, y se estableció un gobierno provisorio integrado por el Lic. Marcelo Molina, José María Gálvez y el Lic. José Antonio Aguilar.2

Debido a las rencillas que había habido entre los criollos de QuetzaltenangoNota ay de TotonicapánNota b tras la caída del gobierno de Juan Barrundia en 1826, ambas cabeceras firmaron un tratado de amistad y paz el 22 de agosto de 1830, por lo que ambas participaron activamente en la formación del Estado de Los Altos.  Por esa razón, al recibir las noticias desde Quetzaltenango, los criollos de Totonicapán la acuerparon inmediatamente, y el 7 de febrero la municipalidad emitió el acta siguiente para invitar a la municipalidad de SololáNota c a hacer lo mismo:3

En la ciudad de Totonicapán, a siete de febrero de mil ochocientos treinta y ocho, en sesión ordinaria de este día concurrieron los ciudadanos, que al margen se anotan: se dió principio a la sesión con la lectura del acta anterior y fué aprobada. En seguida la Municipalidad nombró á los ciudadanos Vicente Hernández, Párroco encargado de esta ciudad, Anastasio González y Nicanor Dubón para que en comisión pasen á la villa de Solóla cerca de aquella Corporación Municipal á proponer tratado de alianza y unión para la formación de un Sexto Estado en la Federación de Centro-América, el mismo que han jurado ya formar los departamentos de Quetzaltenango y Totonicapán,Nota d quienes se han pronunciado independientes del Estado y Gobierno de Guatemala a consecuencia de hallarse aquel Estado en la actualidad en la más espantosa anarquía, a causa de haber sido depuesto del mando el Jefe de Estado ciudadano Dr. Mariano Gálvez por una facción sostenida por el capricho y ambición de varios partidarios desnaturalizados de la misma capital de Guatemala;Nota e y que en esta virtud la comisión nombrada haga ver a aquella Municipalidad las desgracias á que quedarían sujetos los pueblos de los Altos y los grandes bienes de que se privarían si no se lograse la oportunidad de segregarse en la ocasión;Nota f no dudando el pueblo totonicapeño que los del departamento de Solóla secundarán tan interesante proyecto, pues aun prescindiendo de las ventajas que las circunstancias actuales y políticas del Estado reportarán, demandan con urgencia una medida eficaz para salvarnos de los grandes é infinitos males que despedazan los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez; y para lograr tan interesante empresa se dio á los indicados comisionados la correspondiente certificación del pronunciamiento.

Se acordó: que del ramo de Comunidad se tomen en calidad de reintegro treinta y un pesos cinco reales para celebrar el loable pronunciamiento de segregación del Estado de Guatemala y formación de un Sexto en la República de Centro-América; con lo que se dio por concluido el presente acto, de que certifico.

        • José María Amézquita
        • Manuel Enríquez
        • Norberto Córdova
        • Felipe Say
        • Por mí y por los que no saben, Nicanor Dubón3

Por su parte, un día después de que la Asamblea del Estado de Guatemala delegó en la Asamblea Federal decidir si autorizaba la formación del Sexto Estado o no,4 el 16 de febrero de 1838 el general Agustín Guzmán -un oficial mexicano que había llegado a la región junto con las tropas de Vicente Filísola, pero que prefirió quedarse antes que regresar a México- dió a los criollos altenses el siguiente manifiesto en el que explicaba por qué era necesario desligarse de Guatemala:5

«Un funcionario republicano, cualquiera que sea su categoría, pertenece al pueblo, de él origina su poder y para él fue creado. Al pueblo debe dar cuenta de sus operaciones y su conducta pública, mucho más en las crisis políticas.

Profesando esos principios, estoy en el caso de manifestar a mis conciudadanos cual ha sido mi situación, cual mi conducta en el tiempo difícil que me ha tocado, y si he cumplido con mi primer deber, que es conservar la tranquiliad y el buen orden en los departamentos cuyas armas he mandado.

No es la elocuencia, de que carece mi pluma, la que debe trazar el cuadro que me propongo pintar; son los hechos, tales cual han pasado en estos días de consternación, de que todos son testigos. Ajeno de las afecciones que los partidos políticos dejan cuando desenfrenadas las pasiones se apoderan del corazón; mi narración será sencilla, verdadera, también imparcial, cuanto se posible en esta clase de documentos.[…]

La alarma crecía, los amagos eran terribles, la efervescencia se generalizaba, los momentos eran críticos y yo logado a un Gobierno cuya existencia ignoraba, vacilaba porque siendo un subalterno tenía que deliberar en órbita superior a mi autoridad, a mis luces y a mis fuerzas.  En lo privado y como particular conjuré algo la tempestad: la anarquía, el azote mayor para los pueblos se presentaba á mis ojos con todos los horrores de la guerra fratricida, de que la Capital estaba siendo el teatro más sangriento por un enigma inexplicable, sino se atribuye á la desesperación de un partido que no se cree suficiente para triunfar de su contrario: hablo de la unión de fuerzas que parecieron heterogénas, hicieron causa común.Nota g

[…] Mas todo parece que conspiraba á dar un corte ventajoso, pues era pacífico. Llegan las primeras noticias de la Capital, y el grito general y uniforme de ‘No existe el Gobierno á quien reconcíamos’ resuena por todos los Altos: La Capital es presa de las facciones armadas: el Vice-Presidente de la República es víctima de ellas y otras personas más han sido inmoladas por el desenfreno de las vergonzosas pasiones: la anarquía es segura, pues la fuerza que para el triunfo parecía compacta al momento, ya sea por la diferencia de principios, sea por el desorden y el pillaje, lo cierto es que se halla divergente.

Nuestros compromisos han cesado, no porque fuesen personales, sino porque la Constitución y las leyes no existen. Nadie quiere depender del desorden, en que las vidas y las propiedades carecen de las garantías que nos unen en sociedad. […]

Si en algún caso puede ser aplicable la teoría de recuperar una sociedad sus derechos primitivos, ésto es de creérsele en el estado natural, es ciertamente el presente, en que por cuestiones secundarias y confundiendo la existencia de un Gobierno con la responsabilidad de la persona que lo ejerce; estando próxima la reunión del Cuerpo soberano ante quien debía comparecer nada se aguarda, y de hecho la fuerza decide. En tales acontecimientos, cada ciudadano tiene un voto libre; si una gran parte del Estado pronuncia su separación, lo hace legítimamente, sin que pueda con justicia decirse que rompe los vínculos que lo ligaban, porque éstos disueltos por las manos que rasgaron el pacto fundamental del Estado, carecen de fuerza y valor, mientras explícitamente no sean ratificados.»5, Nota h


NOTAS:

    • a: en ese entonces, el Departamento de Quetzaltenango incluía a los modernos departamentos de San Marcos y de Retalhuleu que solamente eran provincias)
    • b: el Departamento de Totonicapán incluía a los modernos departamentos de Huehuetenango y el norte de Quiché)
    • c: el Departamento de Sololá incluía al moderno departamento de Suchitepéquez
    • d: entiéndese aquí que quienes tomaron esa decisión fueron los criollos locales
    • e: los criollos altenses no reconocen que fueron las medidas anticlericales y los impuestos abusivos sobre los campesinos los que originaron la caída de Gálvez, y prefieren acusar a los criollos aristócratas de haber instigado la rebelión contra el gobernante.
    • f: los criollos altenses sabían que el 75% de la producción del Estado provenía de su región y preferían aprovecharla ellos antes que compartirla con los aristócratas y campesinos que habían derrotado a Gálvez
    • g: aquí Guzmán acusa a los criollos aristócratas de haber coludido con los campesinos de Carrera, sin reconocer que fueron los propios criollos liberales con José Francisco Barrundia a la cabeza quienes se aliaron con Carrera para terminar con el gobierno de Gálvez.
    • h: aquí Guzmán se refiere a que estaban por iniciarse la reuniones de la Asamblea Legislativa de la Federación Centroamericana, y confiaba en que allí autorizarían la formación del Sexto Estado, como finalmente ocurrió.6

BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.  pp. 15-19.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  3. Ibid., pp. 92-93
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de Orden Especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  5. García Elgueta, Un pueblo de Los altos, pp. 93-94.
  6. Ibid., pp. 96-97.

Subir

30 de enero de 1839: Morazán impone a Salazar como Jefe de Estado

El presidente de la República Federal, general Francisco Morazán, obliga a la Asamblea del Estado de Guatemala a desconocer al jefe de Estado Mariano Rivera Paz y coloca en su lugar a Carlos Salazar.

Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del jefe de estado, Dr. Mariano Gálvez tras la revolución católico-campesina encabezada por el comandante mestizo Rafael Carrera,1 el poder quedó en manos del doctor Pedro Valenzuela, quien tuvo que renunciar en favor de Mariano Rivera Paz2, quien de inmediato derogó los decretos anticlericales y permitió el retorno de los criollos aristócratas expulsados por el general liberal Francisco Morazán en 1829.3

A Morazán, aún presidente de la República Federal de Centro América, no le hizo ninguna gracia que se permitiera el retorno de los conservadores y convocó a la Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala para que se reunieran el 30 de enero de 1839. En esa reunión, los obligó a cancelar el nombramiento de Rivera Paz y a que emitieran un decreto que dice:

1°.— Cesa en el ejercicio del poder ejecutivo y volverá al consejo el presidente del mismo cuerpo [Mariano Rivera Paz].

2°.— Se ha por jefe provisorio del Estado, electo por el cuerpo legislativo, el ciudadano Carlos Salazar.

Este decreto tenía que ser presentado a Rivera Paz para que lo firmara para autorizar su ejecución, pero Morazán no lo permitió e hizo que fuera Salazar el que lo firmara. Además, para humillar a Rivera Paz, cuando éste llegó al Palacio del Ejecutivo, se levantó y cuando el aún jefe de Estado llegaba al umbral de su despacho le dió un portazo dejándolo fuera de la sala. Rivera Paz, lejos de amedrentarse, tranquilamente se fue a su casa y Salazar empezó en sus funciones como jefe de Estado, impuesto por Morazán en una forma claramente ilegal.4

Salazar, quien era salvadoreño, gozaba de cierto prestigio porque había derrotado a Carrera en Antigua Guatemala cuando éste estaba a punto de tomar la capital del Estado antes de que cayera Gálvez. Pero también había abandonado a Rivera Paz cuando la situación se agravó, permitiendo que varios conservadores llegaran a los ministerios del Estado.5 Su primer acto oficial fue disolver a la Asamblea que lo había impuesto como jefe de Estado, y al día siguiente, 31 de enero, convocó a una nueva asamblea constituyente para que redactar una nueva constitución. Sin embargo, lo que se necesitaba en ese momento era hacerse cargo de la administración de un Estado prácticamente en ruinas, y no de elaborar nuevas leyes que nadie iba a cumplir.6

Ante esta situación, y luego de conocer de un pacto de alianza entre Honduras y Nicaragua contra Morazán, los grupos guerrilleros campesinos de Mita al mando del ahora teniente coronel Rafael Carrera empezaron a activarse nuevamente y el 24 de marzo de 1839 lanzaron una proclama contra Morazán, desconociendo a Salazar y la Asamblea de Guatemala.7 Morazán había terminado su segundo período como presidente federal y fue sustitudo por Diego Vigil dejando a Salazar todavía más debilitado. Como sus asesores liberales eran incompetentes, su régimen no tardó en sucumbir, y el 13 de abril de 1839 tuvo que salir huyendo por los techos de las casas para no caer en manos de las hordas de Carrera que entraron a la ciudad, hicieron salir huyendo a los criollos liberales y restituyeron en su puesto a Rivera Paz.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 14-87.
  2. Woodward Jr., Ralph Lee (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. — (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  5. Ibid., p. 173.
  6. Ibid., p. 174.
  7. Marure, Alejandro (1895) Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde al año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  8. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 175.

Subir

22 de enero de 1829: los liberales de Antigua se rebelan contra Aycinena

Debido a la persecusión de que eran objeto por parte del gobierno conservador de Mariano de Aycinena, los liberales en Antigua Guatemala se rebelan contras la autoridades del Estado

22enero1829
Ruinas del pórtico principal de la iglesia de la Compañía de Jesús antes de ser destruidas por los terremotos de 1917-18 y 1976. En el recuadro: el Jefe de Estado Mariano de Aycinena. Imágenes tomadas de Mizner Scrap Book of Central America y de Wikimedia Commons.

Tras el desastre de Milingo en 1827, el general Manuel José Arce fue cortesmente obligado a renunciar a la presidencia de la República Federal de Centro América, dejando el poder en manos de Mariano de Beltranena.  Para entonces, los criollos liberales habían dado la espalda al proyecto político de Arce, y lo acusaban de haberse aliado a los criollos aristócratas conservadores de la ciudad de Guatemala, que servía en ese entonces como capital de la Federación.1  Por su parte, en el estado de Guatemala gobernaba desde noviembre de 1826 el líder conservador Mariano de Aycinena, quien había llegado al poder tras el golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia y la captura de éste por parte de Arce en 1826, y quien había emprendido una labor enérgica en contra de los criollos liberales, cuyos líderes exiliados en El Salvador hacían una campaña incesante en contra de su gobierno.2

Aycinena declaró al Dr. Pedro Molina —quien estaba exiliado en El Salvador— y a sus allegados como enemigos de la patria por medio del llamado «Decreto Fatal» en marzo de 1827 y emprendió una represión contra los liberales en Guatemala, por lo que éstos se refugiaron en la ciudad de Antigua Guatemala, en donde el jefe político del departamento, Sebastián Morales, era un liberal que se había puesto al servicio del gobierno conservador para conseguir una puesto como éste, ya que Sacatepéquez y Chimaltenango eran la puerta de acceso a la región de Los Altos.3  Además, la antigua capital del Reino de Guatemala se prestaba para una conjura, ya que en ese época contaba apenas con diez mil habitantes, y quedaba sumida en la oscuridad y quietud tan pronto como se ponía el sol.4

Uno de los organizadores de aquella conjura era el Dr. Mariano Gálvez, quien en esa época no era bien visto por los criollos liberales porque había apoyado sido secretario de Gabino Gaínza y firmado el decreto de anexión a México en 1822,5 pero quien gracias a su inteligencia logró imponerse entre sus correligionarios, cuyo número crecía día a día. Y así, el 22 de enero de 1829, los liberales con  el jefe político Sebastián Morales a la cabeza, desconocieron la autoridad de Aycinena aduciendo que solamente reconocían el gobiero del despuesto Juan Barrundia.6

Los alzados, que eran aproximadamente seiscientos, pidieron que les proporcionaran armas y le ofrecieron el mando de la fuerza al coronel francés Nicolás Raoult, quien políticamente declinó la oferta, aduciendo que era ir al sacrificio, a pesar de que era uno de los principales alborotadores.  Y antes de que lograran conseguir un nuevo jefe militar, las autoridades conservadores enviaron un contingente militar a Antigua y los liberales se dispersaron como pudieron.6

A pesar de aquella derrota inicial, los liberales resultaron vencedores sobre el gobierno de Aycinena porque cuando la noticia del fracaso de la revuelta llegó a oídos del general hondureño Francisco Morazán, éste de inmediato movilizó  su «ejército protector de la ley» y emprendió camino a Guatemala, sitiando la ciudad y obligando a la renuncia de las autoridades federales y estatales el 14 de abril de ese mismo año.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 128.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  3. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 129.
  4. Ibid., p. 130.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 14-16.
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 131.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.

Subir

19 de enero de 1839: el Estado de Los Altos reorganiza su gobierno

Tras el rompimiento del pacto federal y el apoyo del Congreso Federal de los Estados que aún quedaban, el Estado de Los Altos reorganiza su gobierno

19enero1839
El valle de Totonicapn. En esta ciudad funcionó la Asamblea Constituyente del Estado de Los Altos hasta que se trasladó a Quetzaltenango en 1839. En el recuadro: el escudo del Estado de Los Altos. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Aunque existe la leyenda de que el Estado de Los Altos era únicamente el actual departamento de Quetzaltenango en Guatemala, la realidad fue que estuvo conformado por todos los departamentos del occidente guatemalteco, y su sede original estuvo en la ciudad de Totonicapán, que era cabecera del entonces enorme departamento homónimo.Nota a

El 18 de mayo se había roto el pacto federal en Centroamérica cuando Francisco Morazán no quiso convocar a elecciones federales y Honduras, Costa Rica y Nicaragua se separaron de la federación.1  Entonces, el 30 de mayo, para favorecer y fortalecer al recién creado Estado de Los Altos, el congreso federal de los estados restantes declaró que cada estado era libre de organizarse como mejor le pareciera.2 El Estado de Los Altos, se había formado luego de que las fuerzas católico-campesinas del general mestizo Rafael Carrera derrocaran al gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez en Guatemala3  y ocupaba un considerable territorio con toda la frontera con México, y con salida al mar en el puerto de Champerico. Además, con estas grandes ventajas, podía desarrollarse cómodamente dejando por un lado a Guatemala, y la guerra civil en que ésta estaba inmersa, además de adoptar el régimen económico que mejor le pareciera para el trabajo indígena.4

El 19 de enero de 1839 fue un día trascendental para Los Altos, ya que organizaron su estado en base al decreto emitido por el gobierno federal el 30 de mayo.  Entonces, para mejorar su administración decidieron trasladar la sede de la Asamblea de la ciudad de Totonicapán a la de Quetzaltenango, y organizaron debidamente el funcionamiento del Ejecutivo, mediante los siguientes decretos dado en la ciudad de Totonicapán el 19 de enero de 1839, y firmados por José Antonio Azmitia, como diputado presidente, José María Ramírez Villatoro, como diputado secretario, y por Manuel J. Fuentes, como diputado vice-secretario.5

Número 7: traslado de la sede la Asamblea de Totonicapán a Quetzaltenango

La Asamblea Constituyente del Estado de los Altos considerando: que la suspensión de sesiones, para verificar la traslación ala ciudad de Quezaltenango, pudiera disolver ó dificultar el que se reuniese el día prescrito ó cuando conviniese á los pueblos, la representación del Estado: deseando
obviar este peligro por la adopción de medidas precautorias que alejen hasta la posibilidad de tal acontecimiento, ha tenido á bien decretar y DECRETA:

Si el 28 del corriente, en que deben continuar las sesiones en Quezaltenango, ó antes, en el caso que tiene acordado el Cuerpo Legislativo, no estuviese en aquella ciudad el número necesario de Representantes para constituir Asamblea, los Diputados que se reunieren, sea cual fuere su número, obligarán á concurrir á los ausentes, pudiendo emplear las medidas coactivas que juzguen propias á compelerlos; y, además, quedan autorizados para llamar á los respectivos suplentes, recibirles juramento y darles posesión.5

Número 8: celebración de la Independencia de Los Altos6

La Asamblea Constituyente del Estado de los Altos, procurando la celebridad debida al día en que los pueblos altenses apoyadost en la ley fundamental de la República tomaron la gloriosa resolución de proclamarse por un Cuerpo Político independiente, libre y soberano ,igual en derechos a los demás estados que componen la Unión Centroamericana; considerando es paso como productor de bienes inestimables, por que adquiriendo los hijos de los Altos la prerrogativa de cuidar por  sí mismos de sus propios y peculiares intereses, podrán poner en acción sus inmensos recursos y elevarse el alto grado de prosperidad á que por la naturaleza son llamados: atendiendo, además, á que habiendo sido general la inspiración de los pueblos por su independencia, debe también ser general el júbilo, y que la ley permita y promueva la expansión del ánimo en todos los funcionarios y particulares por el aniversaiio de tan fausto día, ha tenido á bien decretar y DECRETA:

Art. 1°. Será fiesta cívica en el Estado el 5 de febrero de cada año.— En él deben cesar las ocupaciones cotidianas á que por su destino están obligados á dedicarse todos los agentes de la administración pública; y lo guardarán del mismo modo que los días religiosos de entera guarda.

Art. 2°. La autoridad política de cada pueblo reunirá en dicho día á todos los empleados y vecinos principales que haya en él; y pronunciará ó hará que se pronuncie en el lugar que juzgue más á propósito, un discurso análogo al objeto de tan augusta función.

Art. 3°. La autoridad política de cada pueblo hará además que se celebre el indicado día con toda la solemnidad, pompa y regocijos públicos que sean posibles.6

Aprovechando el decreto federal del 30 de mayo de 1838, la Asamblea Constituyente altense emitió el siguiente decreto:7

Núm. 9: Los Altos aceptan reorganizar su gobierno

La Asamblea Constituyente del Estado de los Altos, habiendo tomado en consideración el Decreto del Congreso de treinta de mayo último, que declara á los estados en libertad de constituirse sin sujeción á lo prevenido en el título doce de la Constitución federal: convencida de que semejnate reforma es tanto más necesaria al nuevo Estado de los Altos, cuanto que éste va á darse su ley fundamental, y no pueden serle aplicables reglas prescritas sin conocimiento de sus circunstancias, deseando no obstante, se respeten las restricciones indispensables á conservar la Unión Centro-Americana, ha tenido á bien decretar y DECRETA:

Art. 1°. El Estado de los Altos, en uso del poder que le da, y para los fines que expresa el artículo doscientos dos de la Constitución federal, acepta el proyecto de reforma expedido por el Congreso en treinta de mayo del año próximo pasado, el cual dice: 1. Son libres los estados para constituirse del modo que tengan por conveniente; conservando forma republicana popular y división de poderes—2. -Queda derogado el titulo doce de la Constitución federal de veinte y dos de noviembre de mil ochocientos veinte y cuatro; y sustituida con el anterior artículo.

Art. 2°. Acepta, igualmente las explicaciones hechas por el mismo Congreso en nueve de junio último, por las cuales no se entienden derogadas la segunda parte del párrafo segundo, ni la primera del tercero, del artículo ciento setenta y ocho, que dicen: ‘más conocimiento del Congteso no podrán (las legislaturas de los estados) imponer contribuciones de entrada y salida en el comercio con los extranjeros ni en el de los estados entre si. Podrán fijar periódicamente la fuerza de línea si se necesitase en tiempo de paz, con acuerdo del Congreso’.7

Y, finalmente, los diputados constituyentes organizaron  la Secretaría del Estado, en el decreto siguiente que reproducimos por ser importante para conocer como funcionaba la administración de Los Altos:8

La Asamblea Constituyente del Estado de los Altos, considerando: que el Gobierno debe tener una Secretaría, con las manos necesarias para el despacho de los negocios que  son de su resorte; qué conforme á los principios de un sistema liberal de gobierno, todo funcionario es responsable de sus propios actos ú omisiones en el ejercicio de su destino: y  deseando que la expresada oficina tenga algún arreglo aunque no sea más que provisional y mientras se da la Constitución del Estado, ha venido en decretar y DECRETA:

Art. 1°. La Secretaría del Gobierno constará de un Secretario de Estado y del despacho general; de un oficial mayor con ejercicio de decretos; de un oficial archivero y escribiente; de un escribiente y de un portero.

Art. 2°.  Además, con permiso del Secretario, podrá haber en la Secretaría escribientes meritorios, con opción á las plazas de su clase, que se provean en cualquiera de las oficinas del Estado, siempre que concurra en ellos igualdad
de aptitudes y circunstancias á las que tengan los otros que las soliciten.

Art. 3°. Para ser Secretario del Gobierno se requiere la edad de veinticinco años, y estar en ejercicio de los derechos de ciudadano.

Art. 4°. Todas las órdenes, mandatos ó disposiciones que el Jefe del Estado dictare en uso de su autoridad, deberán ser firmados por el Secretario; y ningún habitante del Estado obedecerá las que carezcan de este requisito; para lo cual se dará á reconocer oportunamente la firma del Secretario.

Art. 5°. El Secretario responde al Estado del fiel desempeño de sus funciones, así como de las órdenes, mandatos ó providencias del Ejecutivo, en que no haya salvado su voto dicho Secretario y sean contrarias á las leyes.

Art. 6°. Cuando el Secretario considere ilegal un acuerdo del Jefe del Estado, salvará su voto, escribiéndolo á continuación del indicado acuerdo.

Art. 7°. La Asamblea declarará haber lugar á formación de causa contra el Secretario del despacho: por traición, venalidad, falta grave en el desempeño de sus funciones, delitos comunes, infracción de ley y usurpación; y juzgará la Corte de Justicia del Estado.

Art 8°. En las declaratorias de haber lugar a formación de causa, así como en el juicio de responsabilidad contra el Secretario del despacho, tiene lugar lo dispuesto en el artículo ciento cuarenta y cinco de la Constitución federal

Art 9°. El oficial mayor entrará a ejercer accidentalmente las funciones del Secretario del Estado en todas las faltas de éste.-En tal caso le son aplicables todas las disposiciones de este decreto, relativas al Secretario; y para facilitar la sustitución se dará también a conocer la firma del oficial mayor luego de que haya tomado posesión de su destino.

Art. 10.—Todos los empleados de la Secretaría del Gobierno estarán bajo las inmediatas órdenes del Secretario general del despacho.

Art. 11.— Los dependientes de la Secretaría asistirán diariamente al servicio de ella siete horas á lo menos; y todas las veces y á cualquiera hora del día y de la noche, que á juicio del Jefe ó del Secretario se crea conveniente.

Art. 12. — Tanto el Secretario como los demás individuos de la Secretaría General del Gobierno serán nombrados y removidos libremente á voluntad del Ejecutivo.8

Ahora bien, a pesar del apoyo recibido por el gobierno federal, la debilidad cada vez mayor del mismo y la significativa pérdida económica que representaba para Guatemala perder la frontera con México, además de la amenaza constante para el gobierno conservador de Guatemala de tener por vecino a un estado liberal abiertamente hostil, la guerra contra Los Altos no tardó en producirse, resultando en la reincorporación de ese territorio a Guatemala a manos del general Rafael Carrera a principios de 1840.9


NOTAS:

  • a. En esa época, Totonicapán abarcaba todo el territorio de los modernos departamentos de Huehuetenango, Toconicapán y el sur de Quiché, y parte de territorio que actualmente pertence a México, debido a que las fronteras entre ambos países no estaban definidas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. pp. 104-105.
  3. Solís, Ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.
  4. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  5. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. pp. 262-263.
  6. Ibid., pp. 263-264.
  7. Ibid., pp. 264-265.
  8. Ibid., pp. 265-266.
  9. Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

15 de diciembre de 1887: Tocoy Tzimá es renombrado «Morazán»

El poblado de Tocoy Tzimán, entonces en Baja Verapaz, es renombrado «Morazán» por el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas en honor al general liberal Francisco Morazán.

15diciembre1887
Castillo de San Fernando de Omoa, en Honduras, principal puerto comercial del Reino de Guatemala durante la época colonial. Los artículos que salían de Santiago de los Caballeros pasaban por Tocoy Tzimá, en donde eran embarcados en piraguas por el río Motagua. En el recuadro: la ubicación del municipio de Morazán en del departamento de El Progreso en Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La rivalidad entre los criollos conservadores y liberales en Guatemala dio lugar a numerosas guerras, rebeliones e invasiones, que retrasaron el progreso del país por décadas.  Cada vez que uno de los dos grupos llegaba al poder, el otro conspiraba en su contra para derrocarlo, en detrimento de las finanzas e infraestrucutra del Estado, que tenía que endeudarse para conseguir las armas necesarias para repeler las invasiones, muchas veces patrocinadas por los mismos financistas que le prestaban al gobierno.1

En medio de este juego patrocinado por financistas ingleses desde el enclave británico de Belice aprovechando las rivalidades de los criollos se produjeron las guerras entre el general liberal Francisco Morazán y las fuerzas guatemaltecas.  Morazán invadió a Guatemala en 1829, saqueando la Ciudad de Guatemala2 y expulsando a los criollos conservadores y los frailes regulares de la Iglesia Católica de toda la región centroamericana.3 Después, ya convertido en presidente de la República Federal de Centro América favoreció el desarrollo de las provincias, exceptuando Guatemala, a la que miraba como el reflejo de la dominación española previa a la Independencia.4 Luego, cuando el gobierno liberal de Mariano Gálvez fue derrocado por la revolución católico-campesina liderada por el general mestizo Rafael Carrera,5 Morazán ingresó con su ejérecito a Guatemala y destituyó al jefe de Estado Mariano Rivera Paz, colocando al salvadoreño Carlos Salazar en su lugar, con la esperanza de que éste derrotara definitivamente a Carrera y consiguiera que se formara el Estado de Los Altos con todos los departamentos del Occidente de Guatemala, el cual estaría controlado por los criollos liberales de la región.

Cuando Carrera dió un golpe de estado en abril de 18392 para colocar a Rivera Paz nuevamente en el poder, y luego retomó el Estado de Los Altos a sangre y fuego a petición de los indígenas de la región en 1840,1 Morazán invadió a Guatemala para retomar el control de la situación, pues ya la República Federal se había desmoronado debido a sus errores administrativos como presidente, y solamente quedaban El Salvador, Guatemala y Los Altos; de hecho, para entonces Morazán era el Jefe de Estado de El Salvador y ya no presidente federal.   Pero en la Ciudad de Guatemala, la cual había tomado gracias a una treta del ejército liderado por Carrera, Morazán se apropió de los fondos de la municipalidad para pagar los gastos de la invasión y cuando estaba disfrutando de su supuesta victoria, fue atacado por las fuerzas de Carrera y tuvo que huir de la ciudad gritando «¡Que viva Carrera!» junto con unos cuantos de su allegados, dejando abandonados a los miembros de ejército, que fueron pasados por las armas por los guatemaltecos hasta que Carrera tuvo que intervenir para que no continuaran masacrándolos.6

El desastre de Morazán fue total, pues debido a su comportamiento con los soldados salvadoreños fue obligado a salir de El Salvador también y zarpar rumbo a el Perú, desde donde intentó regresar a Centroamérica, haciéndose con el poder en Costa Rica, en donde finalmente fue fusilado el 15 de septiembre de 1842.7 Carrera, por su parte, se afianzó como el hombre fuerte de Guatemala, y tras un corto exilio en México entre 1848 y 1849,8 retornó para hacerse cargo de la situación, venciendo de forma aplastante a los criollos liberales centroamericanos en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851,9 y quedando como presidente vitalicio hasta su muerte, el 14 de abril de 1865.10

Tras la muerte de Carrera, los criollos liberales aprovecharon para reforzarse y finalmente retomaron el poder el 30 de junio de 1871,11 y desde entonces rescribieron la historia, mostrando al gobierno de Carrera, que era aliado de los indígenas, de los conservadores y de los eclesiásticos, como una época retrógrada y a él mismo como un individuo sin educación que era títere de los criollos conservadores, que no sabía leer ni escribir y que firmaba como «Raca Carraca«.12 Al mismo tiempo, elevaron a Morazán a la categoría de héroe centroamericano y culparon a Carrera, y no a los desaciertos de Morazán, de la destrucción de la República Federal de Centro América, a pesar de que Guatemala fue el último estado que se separó de la federación cuando Carrera fundó la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847.13

Siguiendo esta línea de los criollos liberales, que dejaron por un lado todos los logros del gobierno conservador para la región guatemalteca, y lo sustituyeron por un supuesto héroe centroamericano que solamente trajo desolación y ruina al país, el general presidente Manuel Lisandro Barillas nombró al poblado de Tocoy Tzimá, en el departamento de Verapaz y paso estratégico de comercio hacia el Atlánico, como «Morazán» el 15 de diciembre de 1887, por medio del siguiente decreto:14

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, diciembre 15 de 1887.

Con esta fecha acordó el Gobierno cambiar el nombre del pueblo de Tocoy, en el de «MORAZÁN.»14

Tras la finalización del Ferrocarril del Norte por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, el municipio de Morazán pasó a formar parte del nuevo departamento de «El Progreso» el 13 de abril de 1908.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. Consultado el 28 de diciembre de 2014.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 229 y siguientes.
  5. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  6. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  7. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Aquí entregaron y fusilaron al general Francisco Morazán. Honduras: El Heraldo.
  8. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 266.
  9. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  10. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 351-352.
  11. Aceña, Ramón (1899). Efemérides militares. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 345.
  12. Montúfar, Lorenzo (1887). Reseña Histórica de Centro América. 6 Guatemala: Tipografía La Unión.
  13. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesa y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  14. Caballeros, Adrián F. (1887). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1887 VI. Guatemala: Tipografía La Unión. p. 365.

25 de octubre de 1830: severa falta de fondos de la Facultad de Medicina

La Asamblea Legislativa se niega a tratar el la crítica falta de fondos para la Facultad de Medicina de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos

25octubre1830
Interior del Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. En el recuadro: el escudo de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la historia guatemalteca existen varias falacias, que de tanto repetirse se han convertido en verdades para muchos ciudadanos.  Una de ellas es que la Universidad de San Carlos de Guatemala, la única institución pública de educación superior en el país, tiene más de trescientos años de historia. Y es que, si bien es cierto que ha existido por lo menos una Universidad en Guatemala desde 1676, la realidad es que la institución a atravesado importantes transformaciones, que prácticamente han hacen formado diferentes instituciones a través del tiempo.

La Real y Pontificia Universidad de Guatemala fue completamente descuidada tras la Independencia de Centroamérica, al punto que los estudios de medicina prácticamente desaparecieron.1 Primero, por la inestabilidad política que hubo en la región durante y después de la anexión al efímero Imperio de Agustín de Iturbide;2 luego, por la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del Jefe de Estado Juan Barrundia en septiembre de 1826 por orden del presidente Federal Manuel José Arce y Fagoaga;3 y, por último, tras el derrocamiento del gobierno golpista del conservador Mariano de Aycinena en 1829, y la subsiguiente expulsión del arzobispo y de los frailes de las órdenes regulares,4,5 porque el nuevo gobierno liberal no se preocupó por una educación superior cuyo único fin era preparar doctores de la Iglesia, abogados versados en derecho canónico (es decir, religioso) y apenas un puñado de médicos que no llegaba ni a la decena.Nota a

En este estado de cosas, los estudiantes de medicina – que eran solamente nueve en total – enviaron la siguiente carta al Jefe de Estado el 29 de septiembre de 1830, ante el abandono en que se encontraban los estudios de su carrera:1

«Los pasantes y cursantes de Medicina y Cirugía, hacemos presente que hace 6 o más años que se halla sepultada en el más triste olvido la ciencia más benéfica a la especie humana, y la más necesaria a su conservación, que la ignorancia debe ser mayor cada día a proporción que desaparezcan entre nosotros los establecimientos literarios, y en especial las Ciencias Médicas perecerán, si antes de ello no venimos a implorar protección del Gobierno. Las clases de Anatomía y Cirugía del Hospital han sido suprimidas, y casi lo mismo pasa con la de la Universidad, donde la da con celo y gratis el Lic. Buenaventura Lambur. Los jóvenes que se dedican a la Cirugía pierden su tiempo en asistir al Hospital, donde se convierten en simples espectadores o enfermeros mecánicos. El cirujano mayor, Francisco Carrillo, no enseña nada ni tendrá tiempo para ello. Los estudiantes se volverán verdaderos empíricos, charlatanes y temerarios.

En Guatemala se necesita la Cirugía más que en ninguna parte, pues abundan los heridos que claman por la Cirugía científica. Si todas las ciencias son útiles, ninguna como la Medicina. ¿Qué sería del hombre sin ella? Las pestes acaban con la raza humana y hay que pensar en los beneficios que reportó la vacuna. Guatemala tuvo grandes sabios como Flores y Esparragosa, después de ellos todo se acabó.

El Estado está obligado a protegernos, para evitar el terrible mal y gozar los bienes que promete.

Nunca hemos tenido una clase de Clínica, este vacío es de gran trascendencia, pues ¿qué hemos de hacer en un teatro de enfermedades que no sabemos distinguir, sin tener nociones de Botánica y Química para la terapéutica, sin conocer un cadáver y buscar en él las causas de las muertes repentinas?

Solo adquirimos conocimientos inciertos e inútiles, y perjudiciales para la salud.  El abogado y el eclesiástico pueden perder los bienes materiales que se recobran y tienen precio, los médicos tienen la vida del hombre, que no tiene precio, y es el don divino del cielo puesto en las sagradas manos del médico.

Las enfemedades son inseparables del hombre, y todos claman: curadme, dadme un remedio para mi mal.  Y si no hay quien cure, la ignorancia favorecerá al curanderismo, azote del género humano.

Pedimos pues protección al gobierno, restablecimiento de la cátedra de medicina de la Universidad, yde las de Anatomía y Cirugía en el Hospital, dándoles la renta necesaria. Así lo exigen los intereses de la humanidad y del Estado, en cuyo suelo tuvimos el honor de nacer.

      • Tadeo Croquer, Benedicto Sáenz, Andrés Castro, Nazario Toledio, Hipólito Matute, Eugenio Aguilar, Mariano Croquer, Mariano Aragón y José Farfán.»1

Ante este asunto de vital importancia, el Jefe de Estado pidió a la Asamblea que resolviera la situación, pero ésta se limitó a decir que aunque la Medicina era importante, el asunto no era tan urgente.1 De esta forma, la Asamblea no solamente dejó morir a la Facultad de Medicina sino que también a la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos, a la que sustituyó por la Academia de Ciencias y Estudios en 1832, la cual funcionó en el antiguo convento franciscano, que había sido expropiado en 1829.3

Esta nueva institución de educación superir tuvo una vida efímera, pues debido a la revolución campesina católica dirigida por el general mestizo Rafael Carrera en 1837-38,6 cayó en el mismo abandono que su antecesora, y finalmente fue clausurada en 1840. Ese año, se estableció nuevamente la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos, en particular su escuela de Medicina, retornando además los estudios religiosos y a la unión de la Iglesia y el Estado , aunque la Universidad ya solamente era para el pequeño Estado de Guatemala y no para toda la región Centroamericana como había sido en sus inicios.3


NOTAS:

  • a: El gobierno de los criollos liberales -que había abrazado a la Ilustración como bandera para combatir a los criollos conservadores y a la Iglesia Católica, a quienes aborrecían por sus privilegios económicos y comerciales- necesitaba de una institución laica, que preparara nuevos profesionales destinados a transformar el Estado de Guatemala en un país en donde existiera una marcada separación entre la Iglesia y el Estado.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Martínez Durán, Carlos (2009). Las Ciencias Médicas en Guatemala: Origen y Evolución. Guatemala: Editorial Universitaria. pp. 582-583.
  2. Wortman, Miles (1976). Legitimidad política y regionalismo: el imperio mexicano y Centroamérica. Nueva York, NY: State University at Geneseo.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  6. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-17.

Subir

16 de octubre de 1832: primera clase de historia en la Academia de Estudios

Se inauguran las clases de historia universal en la Academia de Estudios de Guatemala, a cargo del licenciado Alejandro Marure

16octubre1832
Vista del complejo arquitectónico de San Francisco desde el antiguo Calvario de la Ciudad de Guatemala a principios de siglo 10. En el antiguo convento de esta iglesia funcionó la Academia de Ciencias y Estudios. En el recuadro: el historiador Alejandro Marure. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En abril de 1829, tras el derrocamiento del gobierno católico conservador de Mariano de Aycinena en Guatemala y del presidente federal interino Mariano de Beltranena —quien había asumido el cargo tras la separación del general presidente Manuel José Arce y Fagoaga—,1 los criollos liberales tomaron el poder en Guatemala e introdujeron una serie de reformas que incluyeron el cierre de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos en marzo de 1832.2

En lugar de la centenaria universidad, el gobierno liberal instituyó la Academia de Estudios, una institución completamente laica e influida por las ideas de la Ilustración, la cual estuvo a cargo del doctor Pedro Molina Mazariegos.  El 16 de octubre de 1832, la Academia inauguró sus clases de Historia Universal, cátedra que estuvo a cargo del historiador oficial Alejandro Marure.

Reproducimos a continuación partes del discurso que pronunciara Marure en aquella importante ocasión para los historiadores guatemaltecos, el cual resalta las razones por las que la Historia no se había enseñado en Guatemala, y en el que ataca directamente a los gobiernos colonial y conservador y a la religión católica, y advierte de no dejarse deslumbrar por las fábulas fantásticas con que todos los pueblos han adornado sus orígenes:3

«El Jefe Supremo del Estado se ha servido poner bajo mi dirección la Clase de Historia cuya apertura tengo hoy el honor de verificar por primera vez.

Un estudio tan interesante fue enteramente desconocido entre nosotros en la época triste de nuestra abyección y esclavitud. Debía serlo.  No era posible que un Gobierno, cuyo poderío y dominación se apoyaban en nuestra imbecilidad diese protección a la enseñanza de la más útil de las ciencias.  Mas este período funesto ha pasado ya, y sólo nos quedan de él recuerdos desagradables. Hemos comenzado a existir y bajo la influencia de un gobierno eminentemente liberal, el genio de la civilización va establecerse entre nosotros.[…]

Yo he tenido el honor de ser asociado a tan noble empresa; mas esta gloria no me deslumbra ni me oculta mi pequeñez. Conozco demasiado mi incapacidad; veo en toda su extensión las grandes dificultades que deben oponerse al establecimiento de una enseñanza enteramente nueva; sé cuando se require y cuantas circunstancias deben reunirse en el individuo encargado de llevar tan arduo empeño; y no tengo la presunción de creer que en mí concurran tantas prendas.

Muy raro sería tenerlas a los veintiséis años de edad en un país que, hasta ahora, no había existido sino para las preocupaciones.[…]

El interés del trono y del sacerdocio y una política cruel, se han levantado contra la razón naciente; han procurado exterminar las verdades que combatían sus usurpaciones y sus crímenes y ahogar entonces en sangre el genio que intentaba trastornar su dominación espantosa.  La superstición, este monstruo que como dice un sabio, fija su apoyo en los cielos para conmover toda la tierra: ese engaño de los pueblos que ha vuelto de la moral un caos y de la verdad pura y sencilla un ser fantástico y oscuro en medio del terror y de las prohibiciones, y propaganda de los abusos más humillantes, consiguió el abatimiento de los hombres y el triunfo de sus errores.[…]

Más si la Historia nos sirve para conocer el verdadero estado y progresos de las ciencias, en sus distintas época, también nos sirve para conocer el origen de todos los errores, de todas las preocupaciones que han engañado tanto tiempo a los hombres y han fatigado tanto al entendimiento humano.  Hallaremos en los tiempos primitivos y en las naciones más remotas, la semilla de todos los absurdos que transformados de mil maneras diferentes han penetrado hasta nuestro siglo a través de todas las revoluciones. Veremos en las orillas del Ganges y en las del Antiguo Egipto, la cuna de la religión y el origen de esa multitud de sistemas que se han difundido por toda la tierra y han dividido a sus habitantes en mil sectas que se combaten las unas con las otras. El estudo de esta sección de la Historia ha servido a los filósofos modernos para manifestar a los pueblos que es un mismo el fundamento de todos los cultos, y mostrarles, como con el dedo, la fuente de todos los absurdos religiosos.[…]

El estudio de la historia ha servido también a muchos sabios para componer sus obras inmoratles. Montesquieu, Voltaire, Condorcet y otros escritos eminentes han ilustrado a los pueblos y destruido las preocupaciones de su siglo por medio de la historia y la filosofía.[…] Ultimamente, el Conde de las Casas parece que compila todas estas sentencias célebres cuando dice en último Atlas: ‘La Historia es la más útil de las ciencias: su estudio nos ofrece la experiencia de lo pasado y nos suministra datos para presagiar lo venidero: es el libro universal en que cada uno haciendo uso de su discernimiento, puede, con seguridad, encontrar la lección que le concierta; ella ilustra al militar y al comerciante aplicado; prepara al hombre de Estado, y manifiesta al filósofo los progresos interesantes y vaciados del espíritu humano; en una palabra, vigoriza el juicio y ameniza el trato de todos los individuos de la sociedad’.[…]

Pero es preciso estudiar la historia con mucha crítica y reflexión; es preciso no dejarnos alucinar.  Los fastos de todas las naciones están sobrecargados de milagros y de hechos portentosos con que seha procurado hacer venerables a la posteridad, las ficciones más extravagantes.  El origen de todos los pueblos está oculto en las sombras de la fábula y de la quimera.  Algunos descienden por línea recta de los mismos dioses, otros han celebrado alianzas y vivido en íntimo contacto con ellos, muchas han sido gobernados por la Divinidad en todo el cursos de sus revoluciones y sus legisladores han recibido de manos del mismo Dios todas las leyes que deberán regirlos.  También los dioses han tomado parte en las guerras y disfrutado de las delicias del amor en el seno de las hijas de los hombres.  Son innumerables las ficciones de esta especia que se hallan consignadas en los anales sagrados de todas las naciones.  Pero lejos de dejarnos engañar por las apariencias misteriosas y servir de velo al artificio, procuremos descubrir los designos que oculta, penetremos en las miras y combinaciones del legislador para no tomar por santo y milagroso, lo que solamente ha sido un recurso que han empleado los hombres hábiles para goernar a sus semejantes y dominarlos a su arbitrio.  Es preciso, igualmente, prevenirnos contra los prejuicos e interpretaciones con que algunos autores respetables han querido hacer creer lo mismo que ellos no creen o que si han creído, no han sido guiados en su creencia por sus luces, sino por respetos a la opinión establecida, o por la influencia de tal. […] No nos dejemos tampoco deslumbrar por la hazañas brillantes de algunos personajes que celebra la historia: distingamos la verdadera gloria de la falsa.»3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. Marure, Alejandro (enero de 1925) [16 de ocutbre de 1832]. Discurso que pronunció el famoso historiador Alejandro Marure, al inaugurar las clases de Historia Universal en la Academia de Estudios.  Guatemala: Anales de la Sociedad de Geografía e Historia. I (3). pp. 226-232.

1 de octubre de 1839: el ejército de Los Altos masacra a 39 indígenas

El ejército del Estado de Los Altos masacra a 39 indígenas que se negaban a pagar el impuesto individual en Santa Catarina Ixtahuacán; principio del fin del Estado de Los Altos

1octubre1839
Ruinas del poblado de Santa Catarina Ixtahuacán en el departamento de Sololá, Guatemala. En el recuadro: el capitán general Rafael Carrera, quien invadió Los Altos y lo retomó para Guatemala tras la masacre del 1 de octubre. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Un asunto que se ha dejado por un lado del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez ha sido el papel que jugó el impuesto individual que se impuso a los campesinos en su derrocamiento. He aquí como describe el general Rafael Carrera en sus memorias aquel infortunado tributo:

«Muchas causas habían preparado de antemano el disgusto de los habitantes del Estado: una de ella fue la contribución personal que se había asignado por aquel Gobierno a cada uno de los habitantes, a quienes se les señaló dos pesos por persona que pagaban anualmente. Sufrieron este gravamen con resignación, sustituyendo le tributo antes abolido desde que se hizo la Independencia del Gobierno Español.«1

Carrera era originario de la Ciudad de Guatemala, pero se mudó a Mataquescuintla, entonces parte del distrito de Santa Rosa. En 1821, con la Independencia, los indígenas de Mataquescuintla solicitaron ser exentados del tributo individual (llamado también capitación) y el año siguiente no lo pagaron. Luego, en 1824, recharzaron nuevamente pagar el tributo a pesar de que todos los demás poblados del departamento de Chiquimula lo pagaron. Y ya para 1834, las autoridades del departamento de Chiquimula informaron al gobierno de Gálvez que los pueblos ignoraban el pago del impuesto.2

La capitación fue solamente uno de los elementos que alteraron a la población y la llevaron a la rebelión. Nuevamente reproducimos las memorias del general Carrera:

«En seguidas jefes militares, no de muy buena conducta fueron desacreditando al Gobierno por el despotismo y arbitrariedades con que obraban, echándose la odiosidad de sus Gobernados. Otras de las causas que contribuyeron no menos que las primeras, fue el establecimiento de [los Códigos de Livingston] en que se variaba enteramente la administración Judicial y la Religiosa, autorizando a los jueces a casar y descasar a su antojo echando por tierra de un golpe a la Religión y a sus ministros, y variando el sistema, estableciendo solamente por influencia de unos pocos a quienes parecía bueno el Código, que ellos mismos no entendían; esto causó una alarma general en todo el país, en que por naturaleza las gentes son religiosas. Todavía sufrieron tal providencia; pero en seguidas la cosa subió de punto; sobre tanto conjunto de males, vino la epimedia del Cólera morbus, epidemia desconocida en este país, y estando todos mal prevenidos con los sucesos anteriores, a la primera orden que dio el Gobierno para despejar los pueblos, botar toda la arboleda de dentro de ellos y sus inmediaciones, y cercar las fuentes de agua de que se surtían los habitantes, subió […] la agitación general3

Esto provocó el estallido de la rebelión católico-campesina contra Gálvez, quien tomó podedes excepcionales en junio de 1837, y en agosto de ese mismo año suspendió definitivamente la contribución individual. A pesar de eso, los tropas de Carrera ganaban terrirtorio en el oriente del país, y Gálvez perdió el apoyo de los criollos liberales quienes se aglutinaron en el occidente del Estado y decidieron independizarse de Guatemala, formando el Estado de Los Altos. En diciembre de 1837, Gálvez formó un nuevo gabinete con criollos conservadores recientemente retornados del exilio, pero a finales de enero de 1838 no pudo evitar que las fuerzas campesinas de Carrera entraran en la ciudad. Aquel fue el final del impuesto de capitación en el Estado de Guatemala, pues el 17 de marzo de 1838 el periódico oficial publicó que dicho impuesto no se podía cobrar porque pesaba sobre las clases más pobres y éstas se resistían a pagarla.2

Sin embargo, en Los Altos, las nuevas autoridades criollas establecieron nuevamente la capitación, y ésta fue la causa de su caída. El rechazo al cobro de dicho impuesto en Santa Catarina Ixtahuacán llevó a la masacre de 39 indígenas de ese poblado el 1 de octubre de 1839, a manos de las tropas de Los Altos. Pero no sólo era en Santa Catarina donde se negaban a pagar; muchos de los poblados no querían pagar el impuesto individual en parte porque no querían ser parte de Los Altos, y en parte porque se oponían a que las autoridades del nuevo estado los obligaron a construir un camino de Quetzaltenango a la costa sur en Suchitepéquez usando las tierras y la mano de obra de los indígenas de la región.2 Aquel episodio es narrado en forma muy diferente por los historiadores liberales; he aquí un ejemplo:

«Con motivo de una contribución impuesta por el Gobierno del Estado, los indios de Santa Catarina Ixtahuacán se sublevaron. Los jefes departamentales de Sololá y Totonicapán estuvieron a punto de perecer en la sublevación. Un indio de Santa Catarina perdió un hijo en el combate de 1 de octubre, y tuvo la salvaje ocurrencia de cortar la cabeza al cadáver de su hijo y llevarla en exhibición al palacio de Gobierno, como una prueba de la tiranía y de la crueldad de[l jefe de Estado de Los Altos].«4

El resultado fue que cuando el general Rafael Carrera se enteró de la masacre, decidió invadir el Estado de Los Altos con un ejército de 2000 hombres; para entonces las relaciones entre Guatemala y Los Altos estaban demasiado tirantes y el resultado no podía ser otro que llegar a la lucha armada.2

Aquella invasión no solamente sería el fin del Estado altense, sino también de la carrera política del general Francisco Morazán, quien invadió a Guatemala en marzo de 1840 para vengar la acción de Carrera, pero fue rotundamente vencido por las fuerzas guatemaltecas en la capital del Estado.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de documentos Históricos y biográficos. 1 Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 15.
  2. Pollack, Aaron (2019) La contribución directa y la capitación en Chiapas y Guatemala en las décadas republicanas. En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 45. Costa Rica: Universidad de Costa Rica.
  3. Solís, Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. p. 16-17.
  4. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  5. Solís, Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. p. 80-90.

Subir