19 de junio de 1856: Walker se autodeclara dictador de Nicaragua

El filibustero estadounidense William Walker se declara dictador del gobierno de Nicaragua

19junio1856
Escena de la Segunda Batalla de Rivas durante la Guerra contra los Filibusteros en 1856.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En el siglo XIX, como en el XX y en el XXI, la rivalidad entre criollos liberales y conservadores en la región centroamericana ha generado conflictos militales que resultan en inestabilidad y poco avance en el desarrollo de las naciones del Istmo.  Y Nicaragua no es la excepción. Era tal el encono entre los liberales y conservadores nicaragüenses, —que en ese momento se hacían llamar «legitimistas» y «demócratas«—, que prefirieron llamar a los filibusteros estadounidenses para imponer orden en el país.1

El 4 de junio de 1856, el filbustero William Walker había hecho su entrada triunfal en la ciudad de León al grito de «Salvador de la Patria» y fue agasajado con banquetes, fiestas y cantos de las damas de la ciudad.  Aunque no todos estaban felices, pues entre algunos de los principales personajes de la ciudad (como Máximo Jerez y el presidente Patricio Rivas) circulaba el rumor de que el temido presidente guatemalteco Rafael Carrera había organizado un ejército para invadir a Nicaragua.1

Walker empezó a imponer su voluntad en Nicaragua, pero cuando salió a hacer una diligencia a Masaya, fue informado de que el general filibustero que había dejado a cargo de León había intentado hacer prisioneros a Rivas y a Jerez, quienes tuvieron que huir hacia Chinandega. Al llegar allí, y ya teniendo hombres a su mando, Rivas ordenó a Walker que se dirigiera a Granada. Como respuesta, el filibustero trasladó a sus tropas a Granada y se erigió en dictador y en general en jefe del ejército de la República.1

El 19 de junio por la noche, Walker no solamente se autonombró general en jefe del ejército, sino que destituyó a Rivas y lo sustituyó por Fermín Ferrer, como presidente provisiorio;  además, ordenó que se realizaran elecciones y desconoció definitivamente a Rivas con fecha retroactiva del 12 de junio. Al día siguiente, Walker (que había llegado a Nicaragua como mercenario el 23 de octubre de 1855) emitió un manifiesto al pueblo nicaragüense en el que se declaraba protector del pueblo, justificaba la eliminación del gobierno por traición e informaba de la organización de un gobierno provisional.1

Este sería el principio de lo que en Nicaragua llaman la «Guerra Nacional» y que en el resto de Centroamérica se llama «Guerra contra los Filibusteros«.2,3 Todas las naciones del Istmo tuvieron que enviar sus tropas para expulsar al advenedizo estadounidense, y en las acciones militares destacaría en gran manera el entonces brigadier José Víctor Zavala, quien tras la muerte del general Mariano Paredes víctima del cólera morbus dirigiría el temido ejército guatemalteco enviado por Rafael Carrera.46

Aquel triunfo, aunque muy importante no solamente sería nefasto para Guatemala, sino que además sería pasajero.  A cambio de las armas que se requirieron para expulsar al filibustero, Guatemala entregó al enclave británico de Belice la región comprendida entre el río Belice y el río Sarstún,7, la epidemia de cólera fue llevada de Nicaragua a Guatemala por un soldado desertor, y apenas cincuenta años más tarde, Nicaragua y el resto de Centroamérica, estaríann ya sujetos a la política del Gran Garrote del presidente estadounidense Theodore Roosevelt8 y a los designios de la frutera transnacional norteamericana United Fruit Company.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1930). El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de América Central III. Sánchez y de Guise.
  2. Rosengarten, Frederic, Jr. (1976). Freeboosters must die! (en inglés). EE.UU.: Haverford House, Publishers. ISBN 0910702012.
  3. Dueñas Van Severen, J. Ricardo (2006). La invasión filibustera de Nicaragua y la Guerra Nacional. Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana SG-SICA.
  4. Fernández Molina, Luis (2013). «El mariscal Zavala». Diario La Hora (Guatemala).
  5. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua.
  6. Museo Militar de Guatemala (s.f.). «Mariscal Zavala». Museo Militar de Guatemala. Guatemala. Archivado desde el original el 12 de agosto de 2014.
  7. Aycinena, Pedro de; Wyke, Charles Lennox (1859). «Tratado Aycinena-Wyke 1859»Google Docs. Guatemala
  8. Berman, Karl (1986). Under the Big Stick: Nicaragua and the United States Since 1848. (en inglés) South End Press.
  9. Bucheli, Marcelo (2008). «Multinational Corporations, Totalitarian Regimes, and Economic Nationalism: United Fruit Company in Central America, 1899-1975». Business History (en inglés) 50 (4): 433-454. doi:10.1080/00076790802106315.

18 de junio de 1862: sepelio de Luis Batres Juarros

Se realizan las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, miembro de la familia Aycinena y uno de los principales colaboradores del gobierno conservador de Rafael Carrera

La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1860. Nótese que las torres de los campanarios de la Catedral no estaban construidos todavía. En el recuadro: Luis Batres Juarros. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 18 de junio de 1862 se celebraron en la Catedral Metropolitana de la Nueva Guatemala de la Asunción las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, con toda la solemnidad de la Guatemala católica conservadora del gobierno del capitán general Rafael Carrera.1 A la ceremonia presidida por el arzobispo, asitió el presidente Carrera, ya para entonces todo un personaje culto y de mundo —muy lejos del criador de cerdos analfabeta que había dirigido la revolución contra el gobierno liberal del Dr. Mariano Galvez en 1838—.  Al presidente vitalicio lo acompañaron todas las autoridades de la época, los embajadores y una gran multitud que abarrotó las tres naves de la iglesia.1,2

Contrario a las falsas versiones divulgadas por los historiadores liberales encabezados por Lorenzo Montúfar3, Ramón Salazar y el hondureño Ramón Rosa4, Carrera no solamente no fue un instrumento de los conservadores, sino que todo lo contrario:  gobernó con mano de hierro no solo a los criollos conservadores, sino a toda la población guatemalteca.  Y Batres Juarros fue uno de sus principales colaboradores, razón por la que las exequias fúnebres fueron magníficas.2

Batres Juarros era también un personaje con mucha personalidad, pero en una Guatemala en donde existía la figura del presidente Carrera, solamente había lugar para un líder.1,5 Eso no impidió que los criollos conservadores lograran muchas cosas en ese período, principalmente gracias al empeño de Batres, quien era hombre de Estado y velaba por los intereses de su clase económica con empeño inquebrantable.  Además, su esposa Adela García-Granados —hermana del general Miguel García-Granados y Zavala— fue la mentora de Ramona García, esposa de Carrera.6

De todos los puestos que ocupó en el gobierno conservador, es quizá el de Canciller en el que más éxitos obtuvo y al que llegó por haber ayudado a Carrera a regresar del exilio en México cuando la situación en el país estaba al borde del caos absoluto.1

Pero en ese entonces, como ahora en el siglo XXI, los criollos estaban divididos en dos grandes grupos rivales, incapaces de reconocer los méritos de los oponentes y dispuestos a tomar o arrebatar el poder politico y económico a la primera oportunidad.  De esa cuenta, cuando los criollos liberales tomaron el poder en 1871, sus historiadores se encargaron de tergiversar los acontecimientos acaecidos durante los treinta años del gobierno conservador y de desprestigiar a sus principales estadistas.3,4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Montúfar, Lorenzo; Salazar, Ramón A. (1892). El centenario del general Francisco Morazán. Guatemala: Tipografía Nacional.
  4. Rosa, Ramón (1974). Historia del Benemérito Gral. Don Francisco Morazán, expresidente de la República de Centroamérica. Tegucigalpa: Ministerio de Educación Pública, Ediciones Técnicas Centroamericana.
  5. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena». Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica).
  6. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). «Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia». Revista conservadores del pensamiento centroamericano (Managua, Nicaragua) 2 (112).

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14 de mayo de 1897: muere Pedro de Aycinena

Muere el licenciado Pedro de Aycinena, expresidente de Guatemala y Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del general Rafael Carrera

14mayo1897
Retrato de Pedro de Aycinena. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Pedro de Aycinena fue uno de los líderes más prominentes del partido conservador de Guatemala durante el siglo XIX, no solo como miembro de la familia aristocrática Aycinena sino por su papel como Ministro de Relaciones Exteriores durante el largo gobierno del capitán general Rafael Carrera.1

La familia Aycinena inicialmente se opuso férreamente a la Independencia de Centroamérica dadas las grandes conexiones comerciales y políticas que tenía con las autoridades españolas; pero cuando la Independencia se hizo inevitable, se esforzó porque las condiciones sociales, políticas y religiosas no cambiaran en lo absoluto, razón por la que fueron llamados «conservadores» o «cachurecos» por sus rivales, los criollos liberales a quienes ellos, a su vez, llamaban «pirujos«.1

Cuando Francisco Morazán invadió Guatemala en 1829 para acabar con el gobierno federal que controlaban los Aycinena en ese momento, no solamente les expropió todos sus bienes sino que los expulsó de Centroamérica.  Junto con los Aycinena, salieron sus principales aliados: los miembros de las órdenes regulares de la Iglesia Católica, dueños de importantes haciendas y edificios en las principales ciudades de la región.2

Los conservadores, liderados por el marqués y obispo Juan José de Aycinena, estuvieron en el exilio, esperando el momento justo para retornar a su antigua patria.  Pasaron diez años, pero el trabajo que hicieron los curas párrocos entre el campesinado guatemalteco rindió sus frutos:  lograron convencer a sus feligreses que los liberales eran herejes que se habían aliado con los ingleses para combatir la Santa Religión Católica.  Se inició entonces una guerra de guerrillas de parte de los campesinos contra el gobierno liberal de Mariano Gálvez al que derrotaron en 1838, dirigidos por el general mestizo Rafael Carrera.3

Sabiendo que Carrera era mestizo, los Aycinena decidieron regresar a Guatemala para utilizarlo como su hombre fuerte, pero se encontraron con un hombre de gran carisma e inteligencia, además de férrea voluntad con quien tuvieron que pactar.  Así surgió una alianza que se prolongó hasta el 14 de abril de 1865, cuando murió Carrera siendo presidente vitalicio de Guatemala.4

Cuando Carrera fue presidente sus principales ministros fueron aristócratas de la familia Aycinena:  Manuel Francisco Pavón, Juan José de Aycinena y Pedro de Aycinena.  Este último fungió como Ministro de Relaciones Exteriores y durante su gestión se realizaron dos tratados muy importantes:

  1. El Concordato con la Santa Sede: por medio de este se le entregó a la Iglesia la educación del país, a cambio de la aprobación de indulgencias para todo aquel que matara a un liberal en combate.5
  2. El Tratado Wyke-Aycinena:  por medio de este tratado, Guatemala le cedió a la Corona Británica el territorio comprendido desde el río Belice hasta el río Sartún en usufructo a cambio de la construcción de una carretera que uniera a la ciudad de Guatemala con la ciudad de Belice.  La carretera no se construyó porque el general Carrera murió en 1865 y los gobiernos que le siguieron no trabajaron  con los ingleses en este aspecto.6

Cuando el general Carrera falleció ya habían muerto sus principales aliados: Manuel Francisco Pavón7 y Juan José de Aycinena, por lo que fue Pedro de Aycinena el nombrado como presidente interino ya que era el Ministro con mayor tiempo en su cargo.  Fungió como tal hasta que el mariscal Vicente Cerna y Cerna fue designado como presidente de Guatemala el 24 de mayo de 1865.6

Luego de la Revolución Liberal de 1871, el partido conservador cayó en desgracia y es poco lo que se menciona a Pedro de Aycinena.  Solamente se sabe que sufrio humillaciones por parte del general presidente J. Rufino Barrios quien lo obligo a esperar en una fila bajo la lluevia afuera de su residencia para darle audiencia tras hacer prisionero a uno de sus hijos,8 y que murió el 14 de mayo de 1897, por una escueta publicación que apareció en la revista cultural liberal «La Ilustración Guatemalteca«.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  3. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.
  4. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 351-352.
  5. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  6. Aycinena, Pedro de; Wyke, Charles Lennox (1859). «Tratado Aycinena-Wyke 1859»Google Docs. Guatemala.
  7. Gobierno de Guatemala  (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala»La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62). p. 21.
  8. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.
  9. class=»citation publicación»>La Ilustración Guatemalteca (1897). «Fallece don Pedro de Aycinena». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía): 263.

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12 de mayo de 1840: Carrera impone un convenio a El Salvador

Tras aplastar a las fuerzas de Francisco Morazán en Guatemala, el general Rafael Carrera impone un convenio a El Salvador por las reparaciones de guerra

12mayo1840
Mapa de oficial El Salvador de 1859, con una extensión muy similar a la que tenía en 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después de derrotar al general Francisco Morazán, líder de los criollos liberales centroamericanos, el 18 y de 19 de marzo de 1840 en la Cuidad de Guatemala, el general Rafael Carrera se fue al Estado Los Altos a pacificar a sangre y fuego la región,  en donde se habían recluído desde 1838 los liberales guatemaltecos, y a la que ya había advertido que no le iba a tolerar ningun alzamiento luego de haberlos derrotado el 29 de enero de ese año. Luego, regresó a la Ciudad de Guatemala y después se fue a El Salvador, con toda la intención de pacificar a los vecinos, también comandados por liberales, ya que Morazán había sido el presidente salvadoreño hasta ese momento.1

A diferencia de la pacificación de Los Altos, Carrera utilizó un convenio para maniatar a El Salvador, ya que Morazán ya había huído hacia Perú, embarcándose en el puerto de La Libertad junto con sus allegados, incluidos el Dr. Pedro Molina y el general Gerardo Barrios.  Carrera se dirigió a El Salvador en compañía del padre Joaquín Durán, secretario del Supremo Gobierno, y de doscientos soldados bien petrechados, entrando a la capital salvadoreña el 10 de mayo, sin ser molestado por el terror que inspiraba.1  Por su parte, Morazán había salido huyendo de la Ciudad Guatemala el 19 de marzo gritando vivas a Carrera y entonando la «Salve Regina«, y al verse a salvo se dirigió a San Salvador para reorganizar sus ejércitos y lanzarse de nuevo a la guerra; sin embargo, el estado salvadoreño lo rechazó y tuvo que salir huyendo hacia el Perú.2

Los gobernantes del vecino país, sabiendo de la reputación de Carrera, de lo aplastante de su victoria, le prepararon la mejor casa de la localidad, con servidumbre y una amplia cabelleriza para sus bestias.  Pero Carrera sabía que era él quien imponía sus condiciones y a la mañana siguiente se fue muy temprano a la caballeriza y en camiseta y pantalones arremangados se puso a cepillar a sus caballos.  En esas estaba cuando llegó el Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador y otros emisarios a quienes recibió en la misma caballeriza; como éstos le le tenían un gran terror al caudillo conservador guatemalteco apenas y pudieron expresarse en su presencia, y solalmente observaban cómo Carrera tranquilamente daba lecciones a un mozo a su servicio de cómo se cepillaba un caballo.  El padre Durán atendió entonces a los emisarios y los llevó a la sala, mientras Carrera los siguió ignorando y tranquilamente se fue a dar un paseo.1

El 12 de mayo, Carrera mandó a llamar al Ministro salvadoreño de Relaciones Exteriores y a sus ayudantes y con sequedad y sin mayor cortesía les dijo:  «No habrá mucho que hablar: ustedes son gentes ocupadas y yo también. Aquí tienen las bases del convenio que celebraremos y sépase de antemano que no atiendo a modificaciones de ninguna clase.  Sólo queda que saquen en limpio lo que dice allí y que firmemos.«3

Y así se hizo. Al día siguiente los representantes de ambos países firmaron el siguiente convenio:4,5

«Convenio celebrado entre los señores Joaquín Durán, secretario del Supremo Gobierno y Teniente General Rafael Carrera, general en Jefe de las armas del Estado, comisionados por parte del Gobierno de Guatemala; y los Señores Manuel Barberena, secretario general del Supremo Gobierno y Juan Lacayo, Jefe Político del Departamento, comisionados por el de El Salvador. Deseosos los gobiernos de Guatemala y El Salvador de afianzar la paz alterada entre ambos Estados por la conducta administrativa que observó el Gobierno [de Morazán] que acaba de desaparecer, respecto [al guatemalteco], y a los demás de la Unión, en el tiempo anterior y con el fin de que se organice pronto la República [salvadoreña] por medio de un convenio general: [los estados comisionarion a sus representantes] y reuinidos con tan interesante fin, después de haber conferencia la materia, han convenido en los artículos siguientes:4

      1. Para la reoganización de El Salvador no se ocupará en los destinos públicos a ninguno de los funcionarios y militares que cooperaron con el General Morazán en la guerra que sostuvo contra los Estados para impedir que se reorganizaran como les conviniera y para impedir también la reorganización de la República [Federal]. […]
      2. Con el fin de asegurarse el Gobierno de Guatemala de los males que aún pudieran maquinar contra este Estado trascendentales a aquel, este Gobierno [de El Salvador] se obliga a entregarle las personas que constarán en una lista que presentarán sus comisiones, las cuales personas permanecerán en aquel Estado hasta la organización de este, en que de común consentimiento podrán volvar. […]
      3. No se consentirá por el Gobierno de El Salvador, que las personas que se asegura haber emigrado de la facción de Morazán, vuelvan a él, si no es de acuerdo y por consentimiento del de Guatemala. […]4
      4. De las tres piezas de artillería y seiscientos fusiles que el Gobierno de Guatemala reclama, como traídos de aquel Estado por el General Morazán en la última vez que fue como auxiliar; el de El Salvador se obligó a devolver en el acto las primeras, y cuatrocientos de los segundos, o su precio a justa tasación de peritos, dentro de seis meses por no existir ahora en sus almacenes ni aún los precisos para su guarnición, a causa de la pérdida de ellos, que el General Morazán hizo en diversas acciones y de que otros muchos están diseminados en los pueblos.5
      5. Estando convocada ya la Asamblea Constituyente de El Salvador, su gobierno ofrece que se ocupará de preferencia en el nombramiento de sus diputados a la Convención que debe organizar la República [Federal]. […]
      6. Conviene al Gobierno de El Salvador en que para custodia y seguridad de los archivos y demás enseres de la Federación; el de Guatemala así como el de los otros Estados, nombren personas de su confianza, a cargo de quienes permanezcan hasta la reunión de la Convención.
      7. Por consecuencia de este tratado, el Gobierno de Guatemala se ogliba a entregar a el de El Salvador, los prisiones de guerra hechos por este Estado, haciendo la entre en el Río de la Paz, inmediatamente después de llegados a la Capital de aquel Estado sus comisionados, previo aviso que dará a éste, aquel Gobierno.
      8. El presente convenio comienza a ser desde hoy una obligación de los Gobiernos de ambos Estados.

Hecho en San Salvador, en la casa del Gobierno de Estado, a trece de mayo de mil ochocientos cuarenta.

        • Joaquín Durán
        • Rafael Carrera
        • Manuel Barberena
        • J. Lacayo5

Apenas terminar de fimar, Cararera sacó de sus bolsillos una factura por diez mil pesos oro, la cual correspondía a la cantidad de dinero que Morazán extrajo del tesoro guatemalteco durante la ocupación de la Ciudad de Guatemala el 19 de marzo.  Sin vacilar ni un instante, Santiago Barberena devolvió a Carrera el dinero que se le pedía.2

Baste decir que Carrera regresó a Guatemala como triunfador de ese viaje, sintiendo que había vengado las humillaciones infringidas a este país por Morazán  en 1829, mientras que el gobierno salvadoreño había tenido que aceptar que era Morazán por su ambición quien había roto irremediablamente la República Federal de Centro América.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 283-286
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 168.
  3. Ibid., p. 165.
  4. Ibid., p. 166.
  5. Ibid., p. 167.

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8 de mayo de 1866: crean departamentos de San Marcos, Huehuetenango, Petén, Izabal y Amatitlán

El gobierno del mariscal Vicente Cerna y Cerna eleva al rango de departamento a los distritos de San Marcos, Huehuetenango, Petén, Izabal y Amatitlán

8mayo1866
Lago de Amatitlán en 1892, publicado por Guatemala Ilustrada.  En el recuadro: retrato del mariscal Vicente Cerna, tomada de Wikimedia Commons.

La formación de los departamento de Guatemala ha obedecido principalmente a cuestiones administrativas, lo que en un principio se hizo siguiendo la división administrativa los curatos que las órdenes regulares habían establecido para impartir la doctrina cristiana a los indígenas locales; tras la Independencia de 1821, las autoridades criollas utilizaron los curatos para agrupar a las poblaciones y cuando éstas aumentaron en número de habitantes poco a poco fueron estableciendo nuevos departamentos.1

Tras la muerte del general Rafael Carrera el 14 de abril de 1865, su sucesor y antiguo compañero de armas, el mariscal Vicente Cerna, lo sustituyó en la presidencia de la República tras ser electo para el efecto por la Cámara de Representantes el 3 de mayo de ese mismo año.  El 8 de abril de 1866, Cerna dispuso salir a realizar un recorrido por el occidente del país, pidiéndole a los pobladores que le indicaran cuales eran los problemas que los aquejaban.2 En todos lados fue recibido muy bien por las autoridades civiles y eclesiásticas, quienes lo agasajaron con banquetes, fiestas y celebraciones religiosas.3 Ante las necesidades expuestas ante él durante su visita, Cerna dispuso elevar a categoría de departamentos a varios de los distritos de la República.  Todos, excepto Amatitlán, eran todavía distritos dependientes de otros departamentos debido a su lejanía de la capital de Guatemala:  San Marcos y Huehuetenango por ser fronterizos con México al occidente, y Petén e Izabal por lo inhóspito de su territorio.1

El decreto por el cual se constituyeron en departamentos estos territorios dice textualmente:

Palacio de Gobierno

Guatemala 8 de mayo de 1866,

Habiendo tomado en consideración la solicitud hecha por la municipalidad de San Marcos, para que el distrito de este nombre fuese elevado al rango de departamento: atendiendo a que el nombre de distrito que llevan hasta el día de hoy algunas divisiones territoriales de la república, la que tuvo su origen en un sistema que ya no existe; y

Considerando así mismo, que el régimen político militar, judicial y económico es actualmente uniforme en la república.

El Presidente

En uso de las facultades que le da el decreto del 9 de septiembre de 1839, tiene a bien acordar:

Que los territorios de San Marcos, Huehuetenango, Petén, Izabal y Amatitlán, que han conservado la denominación de distritos, se les dé en lo sucesivo la de departamento, debiendo en consecuencia sus autoridades tomar las mismas denominaciones que usan las de los otros departamentos de la república, sin que ninguno de ellos conserve dependencia de otro en su régimen político y administrativo.

Comuníquese a quien corresponda y publíquese en la Gaceta Oficial.

Cerna4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 463-467.
  2. Aguirre Cinta, Rafael (1899). Lecciones de historia general de Guatemala: desde los tiempos primitivos hasta nuestros días. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  3. Ibid, p. 173.
  4. González, Byron Ronaldo (2003). Amatitlán, ayer y hoy. El proceso histórico del rescate del lago. Monografía. Guatemala: Universidad de San Carlos de Guatemala. pp. 16-17.

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1 de mayo de 1857: Ejército Aliado Centroamericano derrota a Walker en Rivas

El Ejército Aliado Centroamericano derrota a los filibusteros estadounidenses liderados por William Walker en Rivas, Nicaragua

Defensa de las posiciones filibusteras en la ciudad de Rivas, Nicaragua poco antes de rendirse. En el recuadro: el general guatemalteco José Víctor Zavala, comandante de la fuerzas guatemaltecas que formaron parte del Ejército Aliado Centroamericano. Imágenes tomadas de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

Los conflictos entre criollos liberales y conservadores siempre han tenido consecuencias catastróficas para los países latinoamericanos.  Véase por ejemplo en México, cuando los conservadores quisieron oponerse a los cambios impuestos por los liberales liderados por Benito Juárez y para ello implantaron una monarquía en el país, la que otorgaron al Emperador Maximiliano con el respaldo de Napoleón III, emperador de Francia.  Esto tuvo resultados desastrosos no solamente para los criollos mexicanos, sino que para todo el país e incluso para el mismo Maximiliano, que murió fusilado tras solo un corto tiempo en el poder.1

En Nicaragua la cuestión no fue muy diferente.  Enemistados como siempre, los criollos liberales y conservadores entraron en disputa por el gobierno y terminaron pidiendo ayuda al filibustero estadounidense William Walker, quien vio la oportunidad perfecta para hacerse del poder en la nación centroamericana, muy apetecida por sus grandes lagos y la facilidad que estos ofrecían para pasar del Océano Pacífico al Atlántico, en una época en que todavía no existía el Canal de Panamá. Cuando Walker se autoproclamó dictador de Nicaragua, los países de la región dejaron por un lado sus diferencias y, con la ayuda de armamento porporcionado por los ingleses, y con sus mejores militares, se enfrascaron en la «Guerra contra los Filibusteros«, o «Guerra Nacional de Nicaragua«. Para entonces, Walker estaba cometiendo todo tipo de atrocidades, perpetrando frecuentes fusilamientos y quedándose con propiedades e intereses de los ciudadanos nicaragüenses.2

El 5 de mayo de 1856 el general Mariano Paredes, quien fuera presidente de Guatemala de 1848 a 1851, se puso al frente de los quinientos soldados guatemaltecos que el presidente Rafael Carrera envió para Nicaragua.  Las tropas guatemaltecas salieron hacia El Salvador, llegando a la frontera con Honduras tras un mes de marcha. Debido a la lluvia, las tropas guatemaltecas permanecieron en Nacaome, Honduras durante tres semanas y, por fin, a mediados de junio, llegaron a la frontera de Nicaragua.  Por su parte, el entonces coronel José Victor Zavala había marchado a El Salvador en misión diplomática con relación a los filibusteros y recibió órdenes del general Carrera de incorporarse en la columna de Guatemala como segundo jefe. Por su parte, Dueñas, presidente de El Salvador, movilizó a ochocientos hombres, al mando del general Belloso.3

El 12 de octubre de 1856, durante el sitio de Granada, Zavala demostró su valentía al atravesar la plaza de la ciudad hacia la casa donde se resguardaban los filibusteros bajo fuego intenso, logrando arrancar la bandera del enemigo.  Cuando regresó a sus trincheras se ubicó en la parte más alta y blandiendo la bandera le gritó a sus soldados: «¡Veis, las balas filibusteras no matan!» ​No obstante haber recibido un proyectil la bandera y otro la guerrera que vestía, el futuro Mariscal saldría ileso de la acción.4  Ese mismo día, Walker y sus hombres habían atacando la ciudad de Masaya, que estaba defendida por el general Belloso, a quien redujeron a la plaza principal y las casas circundantes; pero al enterarse de la acción de Zavala en Granada, partieron hacia ella al día siguiente.5 Cuando Walker llegó a Granada, ya Zavala y sus cerca de ochocientos hombres habían prácticamente tomado la ciudad y reducido a los filibusteros a la ilgeisa parroquial y los edificios inmediatos.  Walker los atacó en Jatelva a las 9 de mañana, y tras media hora de combate, los desalojó, quedando en poder de Granada nuevamente.6

Desafortunadamente, el general Paredes falleció el 2 de diciembre de 1856 víctima del cólera morbus y el tifus, que eran enfermedades muy comunes en esas latitudes, pasando el mando de las tropas guatemaltecas a manos del coronel Zavala.3A mediados de ese mismo mes llegaron a Guatemala las desagradables noticias de los sufrimientos que tenían las tropas guatemaltecas: el asedio a Granada y los estragos causados por las enfermedades. El general Carrera entonces ascendió a Brigadier al coronel Zavala; e hizo colocar el retrato de Paredes en el salón de honor del Consejo, además de asignarle una pensión a su viuda.3

Ya al mando de los guatemaltecos, Zavala y los otros comandantes centroamericanos entraron en discordia con el comandante salvadoreño Ramón Belloso.  La situación llegó a tal punto, que Belloso ya no estaba dispuesto a volver a la campaña, alegando varias cosas, pero principalmente porque los otros jefes le criticaban hasta su modo de hablar; y que lo llamaban por apodo, especilamente el de «Nana Bellosa» en alusión a que era cobarde.   El resto de comandantes negó que estuvieran haciendo lo dicho por Belloso, y finalmente se hizo la paz cuando todo se aclaró entre ellos.   Esto hizo evidente que era necesario nombrar a un general en jefe, lo que a resultó en una prolongación innecesaria del conflicto.7

Finalmente, el 22 de marzo de 1857 se inició el sitio de la ciudad de Rivas con un estrecho cerco a la ciudad y cortando el suministro de agua a la misma.  Los aliados sufrían no solamente los efectos de las balas filibusteras, sino que tambien los del cólera morbus, pero no conseguían que la ciudad se rindiera.  El 11 de abril intentaron asaltar la ciudad, pero no lograron tomarla, aunque sí mermaron su resistencia.  Durante el tiempo que duró el sitio habían salido las mujeres, niños y ancianos poco a poco, tras una serie de penurias y hacia el final, algunos de los filibusteros trataron de desertar, porque ya no soportaban el hambre.8

El 27 de abril los aliados cañonearon la ciudad, lo que continuó hasta el 30, cuando ya sólo quedaban algunos estadounidenses prácticamente derrotados.  Entonces, el capitán Davis de la corbeta «Santa María» ofreció su intervención para alcanzar un acuerdo de paz y el 1 de mayo de 1857 se acordó que se dejaría salir a los pocos norteamericanos que quedaban y se otorgaba amnistía a los nicaragüenses que hubieran tomado las armas en el nombre del filibusterismo. El brigadier Zavala recibió bajo su autoridad la ciudad de Rivas el 2 de mayo y fue comisionado a llevar al derrotado Walker hasta San Juan en donde fue expulsado de Nicaragua.8,9

Doce dias después llego a Guatemala la noticia de la rendición de Walker y el triunfo se celebró por todo lo alto.  Se echaron al viento las campanas de todas las iglesias, se enarboló la bandera nacional y hubo celebraciones religiosas con Te Deums.  Y cuando arribaron las tropas vencedoras, fueron recibidas como los héroes que eran en todos los poblados en que pasaron.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Harding, Bertita (1934). Phantom Crown: The story of Maximilian and Carlota of Mexico. (en inglés) New York.
  2. Dueñas Van Severen, J. Ricardo (2006). La invasión filibustera de Nicaragua y la Guerra Nacional. Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana SG-SICA.
  3. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua. p. 152.
  4. Ibid., p. 153
  5. Aceña, Ramón (1899). Efemérides militares. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 300-301.
  6. Ibid., pp. 301-302.
  7. Zavala Urtecho, Huellas de una familia vasca-centroamericana, p. 163.
  8. Latin American Studies (s.f.). «Bandera cubana filibustera». latinamericansstudies.org (en inglés).
  9. Aceña, Efemérides militares, p. 103.
  10. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.

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19 de abril de 1855: muere Manuel Francisco Pavón y Aycinena

Muere el líder conservador Manuel Francisco Pavón y Aycinena, uno de los principales ideólogos del gobierno del general Rafael Carrera.

Iglesia de La Merced, en donde fue sepultado Pavón y Aycinena. La foto es de 1906. En el recuadro: retratro de Pavón y Aycinena. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes del régimen conservador que ha sido más desprestigiado por los historiadores liberales que reescribieron la historia de Guatemala luego de la Revolución Liberal de 1871, fue Manuel Francisco Pavón, de quien dice el historiador Federico Hernández de León: «ha sido pararrayos de las iras liberales y sobre su figura, cuando yo era muchacho, tejí una leyenda en la que aparecía don Manuel Francisco con todas las características del Tenebroso de mis antepasados los quiches».1

La figura de Pavón empezó a destacar cuando su primo, Mariano de Aycinena se convirtió en el gobernador del Estado de Guatemala, luego del golpe de estado en contra del gobierno liberal de Juan Barrundia en 1826.2 Cuando Francisco Morazán y su ejército liberal invadió Guatemala en represalia por el golpe de Estado, Pavón tuvo la idea de ofrecerle la dictadura del Estado a Morazán a fin de mantener la integridad de la Federación Centroamericana, algo que el invasor rechazó pues desconfiaba y aborrecía a los criollos aristócratas guatemaltecos luego del ataque que estos ordenaron contra Tegucigalpa. Dice Hernández de León al respecto: «Morazán – hay que decirlo rotundamente – no tuvo una vision elevada y, desconfiado, rechazó la oferta. Aquella dictadura habría salvado la Federación, habría impuesto la paz y los destinos de la nacionalidad fueran muy otros».3

Luego de que triunfaran los guerrilleros campesino-católicos al mando del general comandante Rafael Carrera en 1838,4 Pavón trabajó incansablemente para que su familia recuperara el poder que había tenido antes de que Morazán les embargara todos sus bienes y los expulsara de Centroamérica en 1829.5 Y cuando los criollos pensaron que Carrera no podría resolver el caos que se vivía en Guatemala por las bandas de forajidos e invasiones liberales desde El Salvador en 1848, fue el propio Pavón el que le pidió la renuncia al general presidente.6

Cuando Carrera regresó al país definitivamente en 1849, Pavón se convirtió en su principal aliado, pues los aristócratas tuvieron que pactar con Carrera porque no eran bien vistos en las naciones vecinas y no querían ser linchados como ya les estaba ocurriendo a los criollos de Yucatán. Pavón era un trabajador incansable: fue ministro de Estado, diplomático y diputado, entre otras cosas, y redactó varias leyes, entre ellas la Ley de Pavón de educación pública. Además, colaboró con el Ministro Plenipotenciario Británico, Frederick Chatsfield, quien tenía en ese entonces una gran influencia en el gobierno guatemalteco.5

Pero por este régimen de trabajo, Pavón enfermó de gastritis y luego de unas vacaciones en Costa Rica y las Antillas con Chatsfield, regresó a Guatemala con molestias estomacales de las que ya no se recuperó, pero aun así siguió trabajando. Dice Hernández de León: «en cuanto tornó a la capital, volvió a las actividades. Hizo modificaciones en todos los ramos administrativos. Como se le diera el ministerio de relaciones exteriores, se hizo traspasar las dependencias de correos, caminos, colonizaciones y lo que hoy está a cargo de fomento y agricultura. Luego se metió a dirigir la enseñanza y el cultivo de las artes. Era muy mal escritor, pero tenía las iniciativas a montones. Estableció legaciones, celebró un concordato y el hombre se multiplicaba atendiendo un inmenso radio de actividades. El estómago, sin embargo, era un verdugo y le daba unos mordiscos que le hacían ver las estrellas«.5

En 1853 se enfermó gravemente, pero eso no le impidió trabajar decidídamente en las reformas a la constitución de 1851 para que ésta fuera alterada de froma que estuviera en armonía con el sistema de Presidente Vitalicio que se estableció cuando se proclamó a Carrera como tal en 1854. Este fue su último gran proyecto, dejando completo el sistema político con las facultades y prerrogativas que correspondían al jefe de Estado vitalicio.7

Tras terminar el proyecto se tomó unas largas vacaciones en Escuintla para tratar de recuperar su salud, pero éstas fueron contraproducentes. El 17 de marzo regresó a la ciudad de Guatemala, ya muy debilitado por la enfermedad. El Dr. Abella, su médico de cabecera, intentó salvarlo, pero sin éxito. La nota fúnebre que se publicó en 1855 dice lo siguiente sobre sus últimos momentos: «El 15 de abril, como el mal se hiciese más y más intenso, el Sr. Pavón recibió el Sagrado Viático en la visita general de enfermos, administrándoselo el Cura Rector de la parroquia del Sagrario. Desde entonces, varios de los padres jesuitas, y especialmente Luis Amoros, su confesor, no le abandonaron, proporcionándole los consuelos de la religión, al mismo tiempo que su esposa, hermanas y todas las demás personas de su familia y amigos íntimos, le prodigaban los cuidados más esmerados y afectuosos. Con anticipación había hecho sus disposiciones testamentarias, nombrando por albaceas y ejecutores de su última voluntad, además de sus hermanos, a los señores Pedro de Aycinena, Ministro de Gobernación, Luis Batres, Consejero de Estado y licenciado Lázaro Galdames. Tranquilo después de haberse preparado a la muerte y viéndola acercarse con la resignación del cristiano y la serenidad del filósofo, el día 18 se agravó el mal que padecía, y por la noche, después de haber caído en algunos parasismo, volvió en sí y pidió llamasen al Sr. Dean y Provisor del Arzobispado y al Sr. Canónigo Puertas, eclesiásticos a quienes tenía mucho afecto. Ausente de la ciudad el Sr. Barrutia, solo el Sr. Puertas pudo acudir al llamamiento hacia las dos de la madrugada del 19; y poco después a las cinco menos cuarto, rodeado de eclesiásticos y de las personas de su familia, Manuel F. Pavón entregó su alma al Señor, sin grandes padecimientos físicos y con mucha traquilidad de espíritu. Contaba 57 años, dos meses diez y nueve días de edad«.7, Nota

Carrera y sus ministros no estaban en la ciudad, sino que se encontraban en Chimaltenango, y desde allí emitieron un acuerdo por el cual estipulaban la forma en que se iban a realizar los funerales de Pavón en la bódeva de la Iglesia de la Merced, y ordenaba que los empleados públicos llevaran luto por tres días. La ceremonia luctuosa fue espléndida, con una misa fúnebre en la Catedral presidida por el arzobispo y con la presencia del cabildo criollo, el clero secular, los doctores de la Universidad, los ministros de Estado, el cuerpo diplomático, el Consejo de Estado, y muchos otros empleados del gobierno. Posteriormente, el féretro fue transportado a la iglesia de La Merced, en hombros del Ministro de Gobernación, del Embajador de México —que era el decano del cuerpo diplomático en Guatemala—, del Regente de la Corte de Justicia, del Consejo más antiguo, del Mayor general del Ejército y del Prior del Consulado de Comercio.8

Carrera se encontraba de gira por Los Altos, pero cuando regresó a la ciudad el 7 de mayo, emitió un decreto por el cual ordenaba que se colocara el retrato de Pavón en la sala de sesiones del Consejo de Estado y dispuso que a la viuda se le asignara una pensión vitalicia equivalente a la mitad del salario que devengaba el difunto Ministro.8


NOTAS:

  • a: nótese como, al contrario de lo que ocurría en los gobiernos liberales, la prensa oficial enaltecía a la Iglesia Católica durante el gobierno de Carrera. Además, nótese la influencia de los jesuitas en el gobierno guatemalteco de la época.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. II. Sánchez y de Guise. p. 111.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  3. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 113.
  4. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 114.
  6. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112-115.
  7. Gobierno de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala». La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62). p. 21.
  8. Ibid., p. 22.

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5 de abril de 1844: Estados Unidos reconoce al Estado de Guatemala

El gobierno de los Estados Unidos notifica al Cónsul General, Antonio de Aycinena, del reconocimiento oficial al Estado Independiente de Guatemala

Descripción gráfica de como viajaba John Lloyd Stephens en Guatemala durante su visita oficial de 1840. Litografía del libro Incidents of Travel in Central America, Chiapas, and Yucatan realizada por Frederick Catherwood compañero de viaje de Stephens.

Tras el desgaste provocado por la Guerra Civil Centroamericana entre los criollos liberales y los criollos conservadores, el gobierno de Guatemala finalmente se estabilizó en 1840 cuando el general Rafael Carrera expulsó al presidente de El Salvador y expresidente de la Federación Centroamericana, el general Francisco Morazán, luego de que este hubiera invadido el país en represalia por la anexión violenta del Estado de Los Altos unos meses antes.1

Para entonces, las relaciones de Guatemala con el gobierno de la Corona Británica eran muy fuertes y los Estados Unidos (que en ese entonces eran sólo un conglomerado de antiguas colonias agrícolas) querían iniciar un acercamiento con la región. Por ello, el presidente Martin Van Buren envió a su emisario, John Lloyd Stephens a que realizara una visita de buena voluntad al gobierno de Carrera entre 1838 y 1840, y éste hizo un extenso reporte que no solamente describe la violenta guerra y a la inseguridad que se vivía en esos años sino que también los maravillosos sitios arqueológicos mayas de la región.2

Aunque había ya un Consulado de Guatemala en los Estados Unidos desde el gobierno de Monroe en 1824, este era del Estado de Guatemala, parte de la República Federal de Centro América. No fue sino hasta el 5 de abril de 1844 que los Estados Unidos reconocieron al Estado Independiente de Guatemala, y enviaron la notificación correspondiente al Cónsul General de entonces, Antonio de Aycinena.3,4

La fuerte injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos del país no inició en ese entonces. Era Inglaterra la que imponía su agenda, por medio de su embajador y las casas de préstamo de las familias Skinner y Klee. Fue hasta en 1898, cuando la deuda inglesa era agobiante para Guatemala5 que el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera inició in acercamiento con los estadounidenses, que para entonces ha habían extendido su territorio hasta el Océano Pacífico y arrebatado las islas de Cuba y Puerto Rico a España.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  2. Stephens, John Lloyd; Catherwood, Frederick (1854). Incidents of travel in Central America, Chiapas, and Yucatan (en inglés). Londres, Inglaterra: Arthur Hall, Virtue and Co.
  3. Spanger, G. The American Almanac and Repository of Useful Knowledge for the year 1853. Little, Brown and Company, Boston, 1853.
  4. U.S. Embassy in Guatemala. «Policy & History«. gt.usembassy.gov
  5. Estrada Paniagua, Felipe (1908). Recopilaciónde Las Leyes de la República de Guatemala, 1897-1898 XVI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 742-743
  6. Buchenau, J. (1986). In the Shadow of the Giant, the Making of Mexico’s Central America Policy (1876-1930) (en inglés). Univ of Alabama Pr; Edición: Vintage Intl. ISBN 0-8173-0829-6.

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19 de marzo de 1840: Carrera vence de forma definitiva a Morazán

Rafael Carrera retoma la ciudad de Guatemala tras fingir una retirada y vence de forma definitiva al invasor Francisco Morazán, entonces presidente de El Salvador.

19marzo1840
El Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Aquí estuvo el cuartel general de Francisco Morazán mientras duró su breve sitio de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Rafael Carrera. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la recuperación del Estado de los Altos a principios de 1840, el presidente de El Salvador, y expresidente de la disuelta República Federal de Centro América, general Francisco Morazán, invadió a Guatemala al frente de mil trescientos salvadoreños. Ante el inminente peligro, el jefe de Estado Mariano Rivera Paz puso en manos del general de brigada Rafael Carrera, Comandante General del Ejército, y sus dos mil hombres el destino del país.1

Dado lo reducido de sus fuerzas, Carrera dejó en la plaza de la ciudad de Guatemala a unos ochocientos hombres al mando de Vicente Cruz, con la orden de hacer una ligera resistencia y retirarse tras tres horas, para reunirse con él en Aceituno, a dos millas al oriente de la ciudad —y donde posteriormente se estableció la brigada «Mariscal Zavala»—. Allí reunió más tropa y se presentaron muchos indígenas voluntarios y algunos de los soldados a quienes había dado licencia tras recuperar a Los Altos en enero.1

A las ocho de la noche, cuando las fuerzsas de Morazán ya tenían controlada la ciudad y los criollos liberales, incluyendo a Dolores Bedoya de Molina, habían enviado emisarios a Quetzaltenango avisando que los conservadores habían caído, se escucharon los gritos de guerra de las fuerzas guatemaltecas, que entonaron la «Salve Regina» al pasar por la calle de San José decididos a recuperar la ciudad. Morazán tenía una fuerza de infantería, y toda su caballería en las alturas de la Iglesia del Calvario y en los alrededores de la plaza de toros; su guardia personal estaba en el Hospital San Juan de Dios junto con las vivanderas que preparaban comida para las tropas, y parte de su infantería estaba en la Plaza de Armas, mientras que su estado mayor estaba en el Santuario de Guadalupe.2

Por parte de las fuerzas guatemalteca, Vicente Cruz atacó a Trinidad Cabañas en la plaza de toros y Sotero Carrera a las fuerzas acantonadas en el hospital, a las que venció rápidamente. Cabañas se vio obligado a retroceder hasta el Calvario, en donde estaba Morazán, quien a su vez tuvo que retirarse hasta la Plaza de Armas. Morazán supo que había perdido por lo que intentó incendiar los cajones del mercado y hacer volar la Catedral Metroplitana, pero sus oficiales se opusieron. Entonces, emprendió la fuga de la plaza a eso de las 2 de mañana del 19 de marzo, junto con los principales de los suyos, escapando por la calle que llamaban de «La Escuela de Cristo» gritando «Salve Regina» y «¡Viva Carrera!» para salvarse.2

Morazán y sus más allegados salieron huyendo de la ciudad por la garita de El Incienso, dejando en la Escuela de Cristo a 300 hombres al mando de un hijo del Dr. Pedro Molina, quien quedó con la consigna de sostener el fuego hasta perder más de la mitad de sus hombres. Al verse derrotado, Molina huyó por los barrancos de El Incienso hacia Chinautla, en donde fue escondido por la familia del licenciado Manuel Beteta.3

El 7 de abril de 1840, el periódico guatemalteco «El Tiempo» publicó: «[la primera fuga de Morazán] fue rechazada por el vivo fuego que le hacían nuestras tropas. En situación tan crítica, varios de los íntimos del invasor que odiaba a Guatemala se introdujeron a las casas cercanas a la plaza, se escondían en los techos y volvían a salir sin saber qué hacer ni qué partido tomar; pues algunos hasta la respiración sentían suspendida. Viendo Morazán frustrada su primera tentativa, recurrió a la estratagema de poner una parte de sus tropas a que sostuvieran el mortífero fuego en las trincheras, y a favor de esa maniobra y de vivas al General Carrera que entonó él mismo, pudo escapar miserablemente por una calle, como con cuatrocientos hombres, abandonnado el resto de su tropa comprometida y sujeta a una muerte cierta, por el detestable egoísmo de su general que no quiso dejar un jefe que capitulase, porque sólo pensaba en salvar su persona y la de sus parásitos«.4

Las fuerzas de Carrera, en represalia de la política de tierra arrasada que había implementado el gobernador liberal Mariano Gálvez desde que se iniciara la revuelta campesina en 1837, tomaron la plaza a sangre y fuego. De acuerdo a Ignacio Solís, editor de las «Memorias del General Carrera«, «al ocupar la plaza, los vencedores no daban cuartel. Por fortuna aparece el Padre Dr. Basilio Zeceña, tratando de amparar a los vencidos, envía a llamar a Carrera cubre con su persona y su manto a las víctimas y en él recibe algunas balas y bayonetazos, llega al fin Carrera y hace cesar la salvaje carnicería. Desde ese acto el Padre Zeceña tuvo la predilección del General Carrera. Durante muchos años aquel manto que yo tuve en mis manos, fue conservado con veneración y en él se notaban los rasgos de las bayonetas y de los balazos y las señas de donde hubo sangre. Las pilastras del portal municipal fueron los testigos de tanto horror«. Al final, hubo 414 muertos y 396 prisioneros, aparte de las cien vivanderas salvadoreñas que Morazán había traído.3

Morazán, perseguido por las fuerzas de Carrera, pasó por la Antigua Guatemala, y luego tomó para la costa sur, y no paró hasta llegar a San Salvador, en donde, enterados del desastre militar en Guatemala, lo obligaron a abandonar el poder y por eso tuvo que embarcarse para el Perú. Carrera dejó de perseguir a Morazán y se encaminó a poner orden a Los Altos, en donde los criollos liberales habían derrotado al destacamente del Corregidor guatemalteco y habían declarado nuevamente la independencia del Sexto Estado. Como era de esperarse, las consecuencias de aquella breve rebelión fueron funestas para los criollos quetzaltecos.

Después de eso, Carrera fue hasta San Salvador, en donde obligó a las autoridades de aquel Estado a firmar un acuerdo de paz en el que aceptaban toda la responsabilidad por la invasión morazánica y accedían a pagar el resarcimiento.5

Este fue el fin politico del general Morazán y el inicio del dominio del gobierno conservador de Guatemala en la región centroamericana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159.
  2. Ibid., p. 160.
  3. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  4. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 161.
  5. Ibid, p. 168.

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14 de marzo de 1851: modifican la bandera de la República

El gobierno conservador del general Mariano Paredes modifica el escudo de la República de Guatemala

14marzo1851
Diseño de la bandera de la República de Guatemala según el decreto del 14 de marzo de 1851. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El gobierno del general Mariano Paredes, estableció la nueva bandera de la República de Guatemala, por medio de un decreto publicado en la Gaceta de Guatemala el 21 de marzo de 1851, sustituyendo al que fue establecido por el gobierno de Mariano Rivera Paz el 14 de noviembre de 1843. Esta nueva bandera fue establecida para la República luego del triunfo del general Rafael Carrera sobre los aliados liberales en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de ese año, tras el que Guatemala se convirtió en la Repúbica hegemónica en la región.1

He aquí el decreto en mención:

DECRETO NÚMERO 55

El Presidente de la República de Guatemala: En atención a que desde que Guatemala se proclamó república independiente y soberana, ha debido adoptarse un pabellón particular que la distinga de las demás potencias, como también las otras señales que se usan y acostumbran en todas partes con aquel objeto;

Siendo conforme al sentimiento público el conservar aquellos colores establecidos desde antes de la declaratoria de independencia, como asimismo los que se adoptaron con posteridad a aquel suceso;

Considerando todo detenidamente, y con presencia del Decreto expedido por la Asamblea Constituyente estableciendo el escudo de armas, que debe conservarse tal como hoy existe;

De acuerdo con el dictamen del Consejo Consultivo, decreta:

    1. Los colores nacionales serán el azul, el blanco, el amarillo y el encarnado, dispuestos en la forma que manifiesta el diseño que acompaña a este decreto.
    2. El pabellón nacional llevará el escudo de armas de la República en el lugar que indica el mismo diseño.
    3. El pabellón mercante será el mismo; pero sin el escudo.
    4. El gallardete será de color rojo en caso de guerra, negro en ocasión de duelo blanco en señal de paz, o de cualquiera otro motivo de regocijo.
    5. La cucarda llevará los mismos colores nacionales, conforme al diseño.
    6. Las ciudades y corporaciones que tengan escudo de armas propios, usarán de él, colocando en el lugar destinado el escudo de la República.
    7. Este decreto se publicará para que se tenga puntual observancia; se darán por las secretarías del despacho las órdenes convenientes para que se tenga exacto cumplimiento en los departamentos y oficinas de su dependencia, y se dará cuenta con él, para su aprobación, al cuerpo representativo en su próxima reunión.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala a catorce de marzo de mil ochocientos cincuenta y uno.

    • Mariano Paredes
    • Secretario de Gobernación Pedro N. Arriaga2,3

Si bien el escudo se mantuvo en esencia como lo indicaba el decreto de Rivera Paz de 1843, se le hicieron algunas modificaciones:

  1. Se removió el círculo que rodeaba a la imagen dentro del escudo y se eliminó la inscripción «Guatemala en Centro América, 15 de Setiembre de 1821«.
  2. La imagen del escudo se dividió en dos horizontalmente. En la parte superior en lugar de los cinco volcanes se presentaron solamente tres y se agregó el océano.
  3. En la parte inferior de la imagen del escudo se agregó la nueva bandera y un pedestal con la inscripción «15 de Set. 1821«.

Esta bandera y escudo estuvieron vigentes hasta 1858, en que el gobierno del general Rafael Carrera modificó el escudo una vez más.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 193-197.
  2. La Gaceta de Guatemala (21 de marzo de 1851). «Decreto del gobierno de la República de 14 de marzo de 1851, fijando los colores de que deba formarse el pabellón nacional con otras prevenciones del caso» V (39) Guatemala: La Gaceta de Guatemala.
  3. Pineda de Mont (1869). «Recopilación de Leyes de Guatemala. compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República» I. Guatemala: Tipografía de la Paz en el Palacio. p. 56.

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