10 de enero de 1812: fundan la Universidad de León

Las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz expiden el Decreto CXVI, creando la Universidad de León, Nicaragua, en el Seminario conciliar de esa ciudad.

2abril1885
El edificio de la Universidad de León en Nicaragua en 2012. En el recuadro: el escudo del Consejo de Regencia del rey Fernando VII durante las Cortes de Cádiz, que estableció la Universidad de León. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 10 de enero de 1812, las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz expidieron el Decreto CXVI, en virtud del cual se crea la Universidad de León, Nicaragua, en el Seminario conciliar de esa ciudad, con las mismas facultades que las demás de América, á solicitud del Obispo Nicolás García Xerez. Aquella nueva universidad, segunda en el Reino de Guatemala después de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en la Nueva Guatemala de la Asunción, fue fundada por un decreto dice así:1

Decreto CXVI

De 10 de enero de 1812

Erección de Universidad en el Seminario conciliar de León de Nicaragua

Atendiendo las Cortes Generales y extraordinarias a las circunstancias particulares en que se halla el seminario conciliar de León de Nicaragua, y a las ventajas que en general resultan a la Nación de fomentar el establecimiento de educación pública, decretan:

      1. En el Seminario conciliar de León de Nicaragua se erigirá universidad con las mismas facultades de las demás de América.
      2. El Consejo de Regencia, con presencia de la solicitud y testimonio remitido por el R. Obispo de León de Nicaragua, y de los establecido en la Península con respecto a las universidades reformadas, ordenará el plan que haya de seguirse en la de León.

Lo tendrá entendido Consejo de Regencia, y dispondrá lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular.

Dado en Cádiz a 10 de enero de 1812.

        • Manuel de Villafañe, presidente
        • Josef Antonio Sambiela, diputado secretario
        • José María Gutiérrez de Terán, diputado secretario.1

Al Consejo de Regencia. Reg. fol. 174.1

Este establecimiento, el único de educación literaria que existía en Nicaragua, y la segunda universidad en el Reino de Guatemala durante la época colonial, casi había desaparecido totalmente durante la inestabilidad que aquejó a Centroamérica tras la formación de las Provincias Unidas del Centro de América el 1 de julio de 1823.2 Finalmente, la universidad fue restablecida el 10 de octubre de 1831, por medio el decreto que se reproduce a continuación y que muestra la fragilidad de la región centroamericana en la época en mención:3

La Asamblea Constituyente del Estado:

considerando: que uno de los medios mas eficaces de promover la felicidad pública, y consolidar el sistema que nos rige, es facilitar la instruccion de la juventud y propagar las luces atendiendo á que esto se logra en mucha parte con los establecimientos literarios, y considerando: que el único que habla en el mismo Estado, que es la Universidad de esta ciudad, al presente se halla reducido á nulidad, suspensa la enseñanza de las ciencias que allí se estudiaban y sin esperanza de su establecimiento sin una especial proteccion de los Supremos Poderes del propio Estado y sin los auxilios pecuniarios que exige la escasez de sus fondos; ha venido en decretar y decreta:

Art. 1°. El Gobierno dispondrá que á la mayor brevedad posible se restablezcan las aulas y la enseñanza de las ciencias que se estudiaban en la Universidad de esta ciudad; dando al efecto las correspondientes órdenes para que el Rector de dicha Universidad, si lo hubiere, y estubiere en la misma ciudad, ó el Doctor más antiguo en su defecto, haga reunir el Claustro, quien acordará y dispondrá lo conveniente á fin de que se verifique el pronto restablecimiento de la espresada enseñanza, siguiendo en todo lo dispuesto por la Constitucion particular de la propia Universidad, y por las demas disposiciones legales.

Art. 2°. El mismo Claustro dispondrá que el Catedrático de Derecho romano dé tambien alternativamente lecciones de Derecho público, y explique asi mismo la Constitucion Federal de la República y la del Estado cuando esté decretada; debiendo los cursantes concurrir á esta aula al mismo tiempo, que cursan la de leyes para poder obtener el grado de Br. en uno ú otro derecho.

Art. 3°. Tambien deberá el Claustro cuidar de que las ciencias que se estudian en la Universidad se expliquen por Autores de buena opinion, y análogos á las luces del siglo.

Art. 4°. La Tesorería de diezmos proveerá a la Universidad del fondo de vacantes que debe ingresar á la Tesorería general, mil doscientos pesos, para el pago de las rentas de los Catedráticos de Gramática, Filosofía, Teología, Moral, Teología dogmática, Cánones, Instituta y Medicina; cuya cantidad se distribuirá en esta forma: cien pesos para el Catedrático de Cánones, la misma cantidad para el de Medicina, y doscientos pesos para los restantes: el mismo Catedrático de Cánones gozará ademas otros cien pesos de los fondos de la Universidad, y el de leyes los doscientos que siempre ha disfrutado de los mismos fondos. Comuníquese al Gobierno para que lo haga cumplir, publicar y circular

Dado en Leon á 21 de octubre de 1825.

      • Gregorio Porras, diputado presidente
      • Silvestre Selva diputado secretario
      • Francisco Parrales, diputado secretario

Es copia fiel de su origen. Ministerio general del Supremo Gobierno. Granada, octubre 10 de 1831.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cortes Generales y Extraordinarias (1812). Colección de los decretos de órdenes que han expedido las Cortes Generales y Extraordinarias. II España: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. p. 50-51.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa. Guatemala: Tipografía Nacional. p.170. 
  3. De la Rocha (s.f.). Recopilación de las Leyes, Decretos y Acuerdos Ejecutivos de la República de Nicaragua en Centro– América. Nicaragua: Asamblea General de la República de Nicaragua.

25 de agosto de 1811: Larrazábal asume como diputado en Cádiz

Antonio de Larrazábal comienza su función como diputado del Reino de Guatemala ante las Cortes de Cádiz

25agosto1811
Portada de la Constitución Política de la Monarquía Española publicada el 19 de marzo de 1812. En el recuadro: el presbítero Atonio de Larrazábal, diputado por la Capitanía General de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 24 de agosto de 1811, en Cádiz, se aprobaron los poderes como diputados de Andrés Ángel de la Vega, diputado por Asturias; Francisco Salazar y Carrillo, por la ciudad de los Reyes del Perú; y Antonio de Larrazábal y Arrivillaga, por Santiago de los Caballeros de Guatemala.1 El Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros había elegido el 24 de julio de 1810 a tres candidatos y por sorteo resultó electo el presbítero Larrazábal, quien era miembro de la influyente familia Aycinena.

Ese día se eligió para presidente de las Cortes a Ramón Giraldo y Arquellada por 70 votos; como vicepresidente a Francisco de La Serna y Salcedo por 80 votos; y secretario a Juan Valle por 76 votos.  Luego de la elección, pasó a la comisión de Poderes un escrito de los hermanos Andrés y Manuel de Llano, diputados suplentes por Guatemala, para que se proceda a la salida de uno de ellos ya que ya se ha aprobado el poder de Larrazábal, como de diputado propietario de esa provincia.  El otro diputado propietario era José Francisco Morejón, quien iba en camino desde Honduras en la Capitanía General de Guatemala.1

Al día siguiente, 25 de agosto, comenzó el debate del Proyecto de Constitución que dió lugar a la Constitución Política de la Monarquía Española, que sería finalmente promulgada en Cádiz, el 19 de marzo de 1812.  La comisión encargada de redactar el borrador de la Constitución había hecho muy buen trabajo, y de hecho muchos artículos se aprobaron sin apenas debate en la sesión pública. El presidente Ramón Giraldo y Arquellada abrió el debate diciento: «Señor, ha llegado felizmente el deseado día en que vamos á ocuparnos en el más grande y principal objeto de nuestra misión. Hoy se empieza á discutir el proyecto formado para el arreglo y mejora de la Constitución política de la Nación española, y vamos á poner la primera piedra del magnífico edificio que ha de servir para salvar á nuestra afligida Patria, y hacer la felicidad de la Nación entera, abriéndonos un nuevo camino de gloria…»1

Tras este discurso inicial, uno de los secretarios leyó lo siguiente:1

Proyecto de Constitución política de la Monarquía española, presentada a las Cortes Generales y Extraordinarias por su Comisión de Constitución.

En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad.

Las Cortes generales y extraordinarias de la Nación española, bien convencidas, después del más detenido examen y madura deliberación, de las antiguas leyes fundamentales de esta Monarquía, acompañadas de las oportunas providencias y precauciones que aseguren de un modo notable y permanente su entero cumplimiento, podrán llenar debidamente el grande objeto de promover la gloria, la prosperidad y el bienestar de toda la Nación, decretan la siguiente Constitución política para el buen gobierno y recta administración del Estado.

Y se puso a discusión el Título I y el Artículo 1.°, sobre la Nación española y los españoles, los cuales se aprobaron después de largas deliberaciones.1

Cuando fue aprobada en 1812, la constitución representó reformas legislativas importantes, entre las que destacan el decreto que establece la soberanía nacional y la división de poderes y el de libertad política de la imprenta, aprobado en la Real Isla de León el 19 de noviembre de 1810.2 La legislatura de 1813-1814, ya de carácter ordinario, celebró sus sesiones entre el 1 de octubre de 1813 y el 25 de febrero de 1814 y su sede estuvo en varios lugares: el Oratorio de San Felipe Neri en Cádiz, el Convento de Carmelitas en la Isla de León y, ya en Madrid, en el Teatro de los Caños del Peral, mientras se habilitaba el Convento de María de Aragón. En la última sesión se da cuenta de la llegada de Fernando VII a Játiva en su camino de regreso de su retiro en Francia a España.2

El 2 de abril, 69 diputados, con Bernardo Mozo de Rosales a la cabeza, firmaron el conocido como “Manifiesto de los Persas”, solicitando a Fernando VII la vuelta al Antiguo Régimen y la abolición de la Constitución de 1812. Los diputados absolutistas escogieron el nombre del Manifiesto de la costumbre de los antiguos persas de tener cinco días de anarquía tras la muerte del Rey. De esta forma, el período absolutista de Fernando VII rigió de 1814 a 1820, y se inició con una orden del rey de hacer prisioneros a todos los diputados que habían participado en la redacción de la Constitución de 1812.2 Luego, cuando se produjo la revolución liberal en 1820,3 la Constitución de Cádiz estuvo nuevamente en vigencia, y durante este período se produjo la Independencia absoluta de México y la independencia de la Capitanía General de Guatemala.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Congreso de los Diputados (2011). Hace 200 años. Diario de las Cortes de Cádiz.  Madrid: Congreso de los Diputados.
  2. — (2014). Cortes de Cádiz. 1810-184.  Madrid: Congreso de los Diputados.
  3. Peña González, José (2006). Historia política del constitucionalismo español. Madrid: Dykinson. ISBN 978-84-9772-906-2OCLC 212905232.

12 de julio de 1820: reconocen a Atanasio Tzul como rey

Los principales de Totonicapán desconocen a las autoridades españolas y reconocen a Atanasio Tzul y a su esposa como reyes.

12julio1820
El valle de Totonicapán en 1887.  En el recuadro: una pintura del siglo XIX que representa a Atanasio Tzul, el calpul k’iche’ de Totonicapán que dirigió el alzamiento contra las autoridades coloniales.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Atanasio Tzul, miembro de la nación k’iche’ en Totonicapán, era originario del Cantón Paquí y provenía de una familia de jaboneros que habitaban el Barrio Linkah. Su esposa era Felipa Soc y aunque no existen datos oficiales acerca de su fecha de nacimiento y muerte, generalmente se admite que nació en el siglo XVIII y murió en la primera parte del siglo XIX.1

Tzul inició su vida política en 1813, cuando llegó a ser calpul (Principal) de la Parcialidad de Linkah.2 Por ese entonces, el Imperio Español estaba atravezando una grave crisis derivada de la Invasión de Napoleón y luego el establecimiento de las Cortes de Cádiz, cuando obligaron al rey Fernando VII a renunciar al absolutismo. En Cádiz se reunieron representantes de todas las regiones de España y de las colonias, y lograron redactar una Constitución que reflejaba mejor las necesidades de los habitantes del Imperio. Cuando los principales de San Miguel Totonicapán, encabezados por Atanasio Tzul y el macehual Lucas Aguilar, se enteraron que la Constitución de Cádiz de 1812 otorgaba a los indígenas los mismos derechos que a los españoles y ladinos, eliminando el trabajo gratuito que los pobladores indígenas hacían para sus curas párrocos, los principales y concejales de San Miguel Totonicapán, encabezados por Tzul, primer calpul y por el macehual Lucas Aguilar, escribieron a Fernando VII para agradecérselo pues creyeron que él era quien lo había decidido.3

En 1816, Tzul, al servir el cargo de Alcalde de San Miguel Totonicapán se limitó a exigir únicamente siete reales como pago de los impuestos de comunidad y para los sueldos del cura párroco y de las autoridades.3

Pero en la cuaresma de 1820 la situación política cambió nuevamente, cuando se supo que Fernando VII había puesto nuevamente en vigencia la Constitución absolutista, derogando la de 1812. Para entonces, Tzul ya era reconocido como representante no oficial de las parcialidades de Linkah, Pachah, Uculjuyub, Chiché y Tinamit, y volvió a unir fuerzas con Lucas Aguilar ante el interés del pueblo que representaban por acabar con los trabajos grautidos para los eclesiásticos y el tributo real que ya habían sido suprimidos por las cortes de Cádiz en 1811, pero que fueron restituidos por Fernando VII. Tzul y Aguilar hicieron entonces un frente común contra el Capitán General Carlos Urrutia, el arzobispo de Guatemala, Ramón Casaus y Torres, las órdenes regulares, la élite criolla local y los caciques de Totonicapán.1-3

Lo primero que hicieron Aguilar y Tzul fue realizar gestiones ante el Alcalde Mayor para verificar lo hecho por Fernando VII, y cuando lo confirmaron, prepararon un alzamiento.  De esta forma, el 9 de julio, durante la celebración de la nueva constitución, Tzul asistió a la ceremonia vestido a la española, con casaca, sombrero al tres, espadín, bastón y medalla al cuello, pero el 12 de julio por la noche, los principales y los líderes de la revuelta reconocieron como reyes a Tzul y a su esposa, y simbólicamente les impusieron las coronas de San José y Santa Cecilia. La debilidad política y militar del imperio español, los primeros intentos por una autonomía política y la competencia entre oficiales españoles fueron clave para el éxito del levantamiento,2​ que rechazó el tributo, removió al Alcalde Mayor, José Manuel Lara de Arrese e impuso el gobierno de Tzul.1​  Al menos durante unos días entre julio y agosto de 1820, Tzul actuó como el representante más destacado del gobierno indígena.2

Pero el alzamiento fue de corta duración, y el líder k’iche’ sería azotado durante nueve días1​ y encarcelado más tarde en Quetzaltenango, después de que el movimiento fuera reprimido por alrededor de mil milicianos ladinos provenientes de San Carlos Sija.​ El 25 de enero de 1821, él y otros dirigentes solicitaron la gracia del indulto, el cual les fue concedido el 1 de marzo de 1821, después de una manifestación de individuos totonicapenses.1

Aquel alzamiento fue decisivo para que los criollos aristócratas negociaran la Independencia con el capitán general Gabino Gaínza y mantuvieran el sistema tributario pero ahora en beneficio del gobierno local, como lo evidencia ​el siguiente párrafo del Acta de Independencia del 15 de septiembre de 1821:

«Que siendo la Independencia del gobierno español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el congreso que debe formarse, el señor jefe político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Móbil, A. (1991). 100 Personajes Históricos de Guatemala. Guatemala: Serviprensa Centroamericana.
  2. AFEHC. «Atanasio Tzul»Historia centroamericana. Archivado desde el original el 25 de junio de 2010.
  3. Castro Gutiérrez, Petrona del Rosario; Alonzo Alvarado, Natalia Marina; Herrera Juárez, Maridalia; Méndez Lacayo, Luis Fernando (2011). La rebelión de Atanasio Tzul: legado histórico en Paqui, Totonicapán. Quetzaltenango, Guatemala: Universidad de San Carlos de Guatemala, Centro Universitario de Occidente. Archivado desde el original el 7 de mayo de 2015.
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 1-4.

22 de abril de 1812: José de Aycinena pacifica El Salvador

La Gaceta de la Regencia de España e Indias informa que el Consejero de Estado José de Aycinena había pacificado El Salvador

22abril1812
El cura José Matías Delgado durante el primer grito de independencia en El Salvador en 1811.  En el recuadro: retrato de José de Aycinena, publicado en la nota que la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo publicó para celebrar su victoria contra el alzamiento de El Salvador.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los criollos aristócratas centroamerianos llegaron a tener mucha influencia en las esferas del poder peninsular, al punto de que algunos consiguieron títulos nobiliarios, como el del marqués de Aycinena, y muchos fueron asesores y consejeros del Capitán General, además de ostentar importantes cargos en el gobierno colonial y altos puestos en la jerarquía de la Iglesia Católica.  De allí que, no apoyaran el proceso de Independencia sino hasta que se dieron cuenta de que la situación del rey Fernando VII era insostenible y les convenía más intentar establecer un gobierno local en la región.  El resto de criollos, por el contrario, resentía este favoritismo hacia los aristócratas y veía en la Independencia la solución para sacudirse del dominio aristocrático.  De allí se formaron los partidos conservador y liberal casi inmediatamente después del 15 de septiembre, los que llevaron a la región a una guerra civil que se extendió hasta la década de 1850.1

Para que el lector se de una idea de cómo estaba la situación de los criollos durante los últimos años de la colonia, reproducimos a continuación el reporte que dió la Gaceta de la Regencia de España e Indias sobre el papel que jugó José de Aycinena, hijo del marqués de Aycinena en el combate contra el alzamiento independentista que se produjo en la provincia de El Salvador en 1811:2

«En la provincia de San Salvador, reino de Guatemala, había prendido el fuego de la insurrección a principios de noviembre último; pero lo han logrado sofocar en sus principios las acertadas y eficaces providencias del capitán general D. José de Bustamente, auxiliado del patriotismo y fidelidad general de los habitantes, del celo de los ayuntamientos, del excelente espíritu de estado eclesiástico, y de la prudencia, luces y energía del Excelentísimo Sr. Consejero de Estado D. José de Aycinena, que comisionado para restablecer y asegurar el orden y la tranquilidad, lo ha conseguido felizmente, continuando el sosiego el 17 de diciembre, fecha de sus últimos oficios en la ciudad de San Calvador, capital de la provincia.»2

El nombre completo de Aycinena era José Alejandro de Aycinena y Carrillo y era doctor en Leyes y abogado graduado en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo. También fue catedrático y rector de la Universidad y, gracias al poder de su familia, fue alcalde de la Nueva Guatemala de la Asunción, abogado de la Real Audiencia, director de la Sociedad Económica de Amigos de la Patria y Consiliario del Ilustre Colegio de Letrados.3

La influencia de los Aycinena durante el gobierno del capitán general José de Bustamante y Guerra se inició desde la llegada del nuevo gobernante en marzo de 1811, ya que José de Aycinena y su amigo José María Peinado organizaron la fiesta de recepción.​ La carrera política de ambos fue en ascenso a partir de ese momento, y tras la gestión de Aycinena para acabar con los insurrectos en El Salvador fue nombrado Intendente de San Salvador, puesto que dejó en manos de su amigo Peinado en 1812.4,5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena»Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica). Archivado desde el original el 9 de septiembre de 2014.
  2. Regencia de España e Indias (Abril de 1812) Gaceta de la Regencia de España e Indias. 52. Cádiz: Imprenta Real. p. 426.
  3. Cañas, José Simeón (1812). Oración encomiástica ofrecida por el Rector y Claustro de la Real y Pontificia Universidad de Guatemala al Excmo. Señor don José de Aycinena y Carrillo. Guatemala: Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala.
  4. González Alzate, Jorge (2012). «José María Peinado: esboce de la biografía de uno de los actores más destacados e influyentes del período llamado «constitucional» a raíz de la promulgación de las Cortes de Cádiz de 1812»Asociación para el fomento de los estudios históricos de Centroamérica. Guatemala.
  5. Vives, Pedro A. «Intendencias y poder en Centroamérica: La Reforma incautada»Anuario de Estudios Centroamericanos (Costa Rica: Universidad de Costa Rica) 13 (2).

10 de abril de 1821: Gaínza advierte a no seguir ejemplo independentista de Iturbide

El Capitán General de Guatemala, Gabino Gaínza, advierte a la población de no seguir el ejemplo independentista de Agustín de Iturbide en México.

10abril1821.jpg
La ermita de la virgen de la Asunción, alrededor de la cual se construyó la Nueva Guatemala de la Asunción, nueva capital del Reino de Guatemala.  En el recuadro, retrato que se cree que corresponde al  capitán general interino Gabino Gaínza.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Si bien Gabino Gaínza es conocido como el primer gobernador de la Centroamérica independiente, debe recordarse que fue el último de los capitanes generales nombrados por el Rey de España para gobernar el Reino de Guatemala.; y como tal, defendió los intereses de la corona junto con los criollos aristócratas guatemaltecos —reunidos en la familia Aycinena.—.

Cuando Gaínza tomó el poder en Guatemala como Capitán General Interino el 9 marzo de 1821, la situación del gobierno del rey Fernando VII estaba muy debilitada con el triunfo de la revolución liberal de Rafael de Riego, que había restablecido la Constitución de Cádiz en España en 1820.1,2 Esto había sido aprovechado por los criollos mexicanos de la Nueva España —en donde tenía papel destacado Agustín de Iturbide— para proclamar el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821, el cual era un programa político de veinticuatro puntos, entre los que destacaban los siguientes:

    • se declaraba la independecia de Nueva España
    • se proponía un régimen monárquico moderado constitucional adecuado a la entidad cuyo trono era ofrecido a Fernando VII de España o a alguno de sus hermanos
    • se establecía la exclusividad de la religión católica «sin tolerancia de otra alguna«2

Como en ese momento los resultados de este levantamiento en México no estaban todavía claros, Gaínza envió la siguiente proclama, presentándose a sus nuevos gobernados y adviertiéndoles sobre lo que podría ocurrir si no mantenían su lealtad a la Corona Española:3

Habitantes de la Provincia de Guatemala«Encargado del mando Superior Político y Militar y responsable de la seguridad del país es mi primera confianza el justo y bien merecido crédito de vuestra índole y proceder: siempre fieles al Rey, siempre unidos a la Monarquía, y siempre obedientes y respetuosos a las leyes y a las autoridades, habéis sido en la América un ejemplar de virtudes, la emulación de otros pueblos, y la envidia de los Jefes á quienes cupo la suerte de mandar países más desgraciados. Yo conozco esta fortuna y la de hacer mis servicios en vuestro favor; yo no podré prescindir de las consideraciones justas que merecéis. Una lealtad firme y experimintada, a pesar de los peligros que os han rodeado por largo tiempo, no puede alterarse ahora en los momentos más felices, cuando experimentáis un sistema de administración franco y liberal, y cuando de la Constitución política que os gobierna, de vuestro propio influjo y cooperación por medio de Diputados, podeis esperar mayores franquicias y justas libertades: acostumbrados á despreciar la seducción y la intriga, y á triunfar de las asechanzas, nada os puede engañar en el día, para haceros separar de vuestros deberes, y manchar vuestro honor acrisolado.Nota a

Guatemalenses, nada importa el nuevo grito revolucionario que en las Costas de Acapulco confines de la Nueva España, ha dado el infiel, el ingrato Coronel Iturbide, revelándose contra su Rey, y contra la madre pátria, siendo su primer ensayo el robo de mas de un millón de pesos de aquel comercio y las naves Filipinas, cuyo caudal se había conferido á su custodia; paso que descubre por si solo el extravío y perversidad de sus intenciones. Se han extendido por el anterior correo las noticias y aun los planes de su rebelión y maquinaciones, y todo ello emvuelve la más atroz perfidia, fingiendo respeto a una Religión que ultraja, amor a un Rey que despoja, unión con una Nación que hostiliza, y afecto a unas autoridades que desprecia. Este inesperado suceso si en su primer momento, pudo llenar de amargura á los Jefes, Corporaciones, y al pueblo pacífico de la Nueva España por la renovación de la guerra, y sus desastres, lejos de inspirar temor, irritó de tal manera a todos, que hicieron la más firme resolución contra el pérfido proyecto de independencia y sus autores, y salieron cuerpos de tropa capaces de abogar ea su origen esta nueva rebelión, que iba a reproducir los inmensos males que asolaron otra vez aquel país por fortuna ya pacificado.Nota b

Felizmente en el correo de ayer se reciben sobre este acontecimiento noticias las más plausibles, y el Gobierno las tiene de oficio de hallarse desvanecido el riesgo y casi extinguida la nueva rebelión en sus mismos principios: desertaron casi todas las tropas con que se contó para el levantamiento abandonado las banderas rebeldes de Iturbide; este caudillo fugó con solo cien hombres que lo siguieron pasando el río Mescala y quemando sus balsas; perdió el millón de pesos fruto de su rapiña, negándoselo el otro cabecilla. Guerrero que lo custodiaba, y era el grande auxilio para su nueva empresa; finalmente se recuperó el 15 de marzo el Puerto da Acapulco por las tropas del Rey y hs dos fragatas de guerra Prueba y Venganza, cuyo punto apoyaba las operaciones de aquel rebelde; de un modo tan breve y decidido se descubre en la Nueva España otra vez el horizonte de la seguridad y la paz, solo alterada por momentos, y se nos manifiesta á todos, que Dios protege vigorosamente la causa justa contra la perfidia de los hombres; el Gobierno es franco en su conducta, y presenta al público cuantos noticias tiene sobre estos sucesos.Nota c

Guatemalenses, que nada sea capaz de alterar vuestra paz y tranquilidad presentes: uníos a un gobierno que os ama y os protege, permaneced firmes en vuestra lealtad, y resueltos á contrarrestar los tiros de la perfidia y del engaño. Despreocuparos y desistid de esos pártidos, que aunque sin malicia ni fines siniestros os irriten, os desunen, os hacen enemigos, y os pueden conducir a un abuso en que hasta ahora no habéis incidido. El gobierno a su vista, circunspecto cual corresponde, y harto experimentado en esta clase de divisiones, que degenerando han afligido después a los felices países de América, siente vuestra desunión, y en su mismo silencio la reprueba: os advierte, que en todo pueblo dividido nace con el tiempo la corrupcicn, y esta trae consigo males sensibles, otro día inevitables; y acaso incautos estáis unos y otros trazando vuestro daño y vuestra ruina: el gobierno os exhorta a la paz y a la concordia, como el primero de vuestros deberes, y como el medio más eficaz que asegura vuestro bien y felicidad futura: el Gobierno os previene que semejantes disensiones (hasta ahora, por decirlo asi, domésticas o particulares) no pasen la raya, no toquen al orden público, no lleguen á producir el abuso fatal, que obliguen a desplegar la autoridad en su caso: el Gobierno en fin espera de vosotros mismos el convencimiento y desengaño; y que por vuestro interés desagais á buenas, lo que él puede en momentos disipar de un modo fácil.Nota d

Este es el lenguage de la franqueza y de la sinceridad, el que puede usar un Jefe que puesto en la fiel valanza de la imparcialidad y la ley, detesta toda arbitrariedad é injusticia, sin escuchar la voz de la seducción, y el influjo; y que penetrado de sus deberes, y de cuanto merecéis por vuestras virtudes, sacrificará por vuestro bien su propia tranquilidad y reposo, apreciará la rectitud y probidad, distinguirá a las clases, protejerá al honrado pueblo, defenderá la Constitución y las leyes, y no consentirá que en abuso de fueros y libertades se atente contra el Gobierno de la Monarquía, contra el respeto de las autoridades, ni contra el orden ni jerarquía de los ciudadanos, que forman la base del estado.

Guatemalenses, si conoceis como hasta aqui. Sí practicáis estas máximas, que garantizan vuestra conservación y felicidad, solo encontrareis en mi un Gefe pacifico, un padre, un compatriota vuestro que os cuide, que es dirija y defienda; si alguno las desconoce y se declarase contra ellas, me veréis un Militar resuelto y firme, que procederá contra el agresor hasta el exterminio; me está encargado el conservaros la paz: estos son mis deberes: he de cumplirlos.

Guatemala 10 de abril de 1821.

        • Gabino Gaínza3

Cuando en los meses siguientes la situación del monarca español se fue deteriorando a la par de que la de los independentistas mexicanos se fue reforzando, Gaínza quedó muy lejos de «cumplir sus deberes» y junto con los criollos aristócratas vieron que era conveniente cambiar de rumbo y por ello convinieron en declarar la Independencia el 15 de septiembre de 1821.  Por eso fue que la estructura administrativa del Reino de Guatemala (es decir, Capitán General, ayuntamiento criollo y cabildo eclesiástico) permaneció inalterada tras la declaración y luego decidió anexarse al imperio de Agustín de Iturbide el 5 de enero de 1822.

En cuanto a Rafael del Riego y el gobierno español, la rebelión liberal fracasó ya que Fernando VII logró restablecer el absolutismo con ayuda extranjera el 7 de abril de 1823. Aunque del Riego pidió perdón y clemencia al rey y a todos aquellos a los que hubiera ofendido por sus posibles crímenes liberales, en una carta publicada por la Gaceta de Madrid. Pero todo fue en vano ya que España había perdido definitivamente muchas de las colonias en el breve período liberal y fue declarado culpable de alta traición, por haber sido uno de los diputados que había votado por la incapacitación del rey. El 7 de noviembre de 1823, del Riego fue arrastrado en un serón hacia el patíbulo situado en la plaza de la Cebada en Madrid y ahorcado y decapitado,​ entre los insultos de la población de Madrid.4


NOTAS:

    • a: aquí Gaínza está dirigiéndose a los criollos aristóscratas, quienes hasta el momento habían sido leales a la corona e incluso habían combatido a los movimientos independentista junto con los españoles.  Por otra parte, la Constitución que menciona es la que se había emitido en Cádiz y que había sido restituida por el golpe de estado de 1820, debilitando la situación del rey.
    • b: nótese que México había vuelto a ser una colonia española pacificada a pesar de que celebra su independencia como que hubiera ocurrido en 1810. La Independencia definitiva de México ocurrió hasta en 1821, aprovechando la debilidad del gobierno español en ese momento.
    • c: este párrafo es lo que puede considerarse en la actualidad como «fake news», ya que las fuerzas de Iturbide no solamente no fueron derrotadas, sino llegaron a hacerse con el poder en México. De hecho, Iturbide fue proclamado Emperador el 24 de mayo de 1822, ya cuando Centroamérica se había unido a México.
    • d: este párrafo es una profecía del desastre que se cirnió sobre Centroamérica después de la Independencia: en efecto, los criollos de la región trazaron su daño y ruina, y lo que menos hubo fue paz y concordia ya que poco después de la Indepedencia se produjo la guerra civil centroamericana, la expulsión de los criollos aristócratas y el desmembramiento de la Federación Centroamericana, de la que se formaron cinco débiles naciones que vivieron en constantes guerras y golpes de estado durante el resto del siglo XIX.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Villoro, Luis (2009). «La revolución de independencia«. Daniel Cosío Villegas, ed. Historia general de México. México: El Colegio de México. pp. 489-523. ISBN 968-12-0969-9.
  2. Zárate, Julio (1880). «La Guerra de Independencia«. Vicente Riva Palacio, ed. México a través de los siglos. III. México: Ballescá y compañía.
  3. Gaínza, Gabino (10 de abril de 1821) «Proclama a los habitantes de la provincia de Guatemala«. Provincia de Guatemala.
  4. Burgos, Carmen de (1931) : «Gloriosa vida y desdichada muerte de don Rafael del Riego» Madrid: Renacimiento.

29 de septiembre de 1833: muere Fernando VII

Muere el rey Fernando VII, el monarca español que perdió los territorios de América durante su turbulento reinado

29septiembre1833
Retrato del moarca español Fernando VII en 1828 con el uniforme de Capitn General y portando la orden de Carlos III.  Pintura de Vicent López Portaña, tomada de Wikimedia Commons.

El rey Fernando VII tuvo un tormentoso gobierno. Padeció la invasión de las tropas de Napoleón, tuvo que gobernar con los liberales y aceptar su Constitución de Cádiz en 1812, y cuando recuperó el poder en 1814 tuvo que enfrentar sublevaciones de la tropa acantonada en la península que debía partir hacia América para reprimir la insurrección de las colonias españolas en 1820.​ Aunque la sublevación inicial no fue exitosa, el gobierno tampoco fue capaz de sofocarlo, y poco después se extendió por toda España. Fernando VII se vio obligado entonces a jurar la Constitución en Madrid el 10 de marzo de 1820, con la histórica frase: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional«, que no tenía nada de franqueza. Y es que con Fernando VII se hundió el régimen absolutista más por su propia debilidad que por la fuerza de los liberales. En seis años, había sido incapaz de modernizar las estructuras estatales ni cambiar las estructuras sociales ni que mantenían los privilegios de los aristócratas, ambos objetivos que se había propuesto en 1814.1

Comenzó así el Trienio Liberal o Constitucional, durante el cual se propusieron medidas en contra del absolutismo y se suprimieron la Inquisición y los señoríos. Sin embargo, aunque el rey aparentaba acatar el régimen constitucional, conspiraba secretamente para restablecer el absolutismo; además, utilizó los poderes constitucionales para entorpecer la aprobación de reformas que deseaban implantar los liberales. Por su parte, los liberales mostraron ser novatos en los asuntos de Estado y una errónea confianza en que la restauración de la Constitución acabaría por sí sola con los anhelos independentistas en América.​2,3

Los liberales pronto se dividieron entre los «moderados» y los «exaltados«; los primeros solían tener más experiencia, edad y cultura, mientras que los segundos habían desempeñado un papel destacado en el triunfo liberal de 1820.​ Al igual que ocurriría con Miguel García Granados y J. Rufino Barrios en 1871 en Guatemala, los primeros se conformaban con menores reformas y estaban más dispuestos a colaborar con las viejas clases dominantes, mientras que los segundos ansiaban mayores cambios.4 Los liberales también tenían otro problema: el pueblo español, en su mayoría analfabeto, prefería el absolutismo del rey. ​ Tal y como ocurrió en Guatemala durante el gobierno de Mariano Gálvez (1831-1838)5 el principal adversario del gobierno constitucional, además de los eclesiásticos, fue el campesinado, que constituía el setenta y cinco por ciento de la población española, apegado a tradiciones y viejas instituciones y perjudicado por algunas medidas de los liberales. Y como ocurrió con el gobierno de Gálvez, los seguidores del rey organizaron movimientos guerrilleros en 1822, que contaron con apoyo popular y adoptaron una posición fundamentalmente reaccionaria acosando al ejército regular. Y es que los gobiernos liberales intentaron establecer medidas que no se aplicaban al pueblo español de la época.2,3

Para recuperar el poder, Fernando VII estaba solicitando ayuda a Francia y a Rusia, para que interviniesen en España contra los liberales al punto que tras el Congreso de Verona, las potencias solicitaron al Gobierno español que renunciase a la Constitución, petición que fue rechazada.​ Este rechazo decidió finalmente a Francia, que había buscado en vano una solución política, a invadir España en una operación bien planeada para evitar las requisas y saqueos de la anterior invasión napoleónica.​ Finalmente, la intervención del ejército francés de los «Cien Mil Hijos de San Luis» bajo los auspicios de la Santa Alianza, restableció la monarquía absoluta en España en octubre de 1823.6

Fernando VII eliminó todos los cambios del Trienio liberal, restableciendo los privilegios de los señoríos y mayorazgos, con la única excepción de la supresión de la Inquisición. Y como ocurriría posteriormente en Guatemala, los liberales tuvieron que partir al exilio para evitar la persecución.​ Eso sí, para garantizar el trono de Fernando, los franceses mantuvieron un conjunto de guarniciones en el país, que ejercieron también un efecto moderador del absolutismo del rey.6

Se inició la última década de su reinado, la llamada «Década Ominosa» (1823-1833), en la que se produjo una durísima represión de los elementos liberales,​ acompañada del cierre de periódicos y universidades en la primavera de 1823. La Real Cédula de 1 de agosto de 1824 prohibió «absolutamente» en España e Indias las sociedades de francmasones y otras cualesquiera secretas.​ También, una de las primeras medidas del nuevo Gobierno absolutista fue la creación del Consejo de Ministros, que en los primeros años mostró escasa cohesión y poder, pero que resultaba una novedad en el sistema de gobierno.6,7

Los liberales intentaron recuperar el poder varias veces, pero fracasaron en todos sus intentos. Junto a la represión de los liberales, empero, se llevó a cabo también una serie de reformas moderadas que modernizaron parcialmente el país y que auguraron el fin del Antiguo Régimen y la instauración del Estado liberal, que se consumó tras la muerte de Fernando el 29 de septiembre de 1833.​ También durante esta época se consumó la desaparición del Imperio español ya que en un proceso paralelo al de la península tras la invasión francesa, la mayor parte de los territorios americanos declararon su independencia y comenzaron un tortuoso camino hacia repúblicas liberales. Solo las islas caribeñas de Cuba y Puerto Rico, junto con las Filipinas, las Marianas (incluyendo Guam) y las Carolinas, en el Pacífico, permanecían bajo el dominio de España. En 1829 una expedición partió desde Cuba con la intención de reconquistar México al mando del almirante Isidro Barrada, pero la empresa acabó finalmente derrotada por las tropas mexicanas.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Payne, Stanley G. (1977). Ejército y sociedad en la España liberal (1808-1936). Madrid: Akal. ISBN 84-7339-215-9. OCLC 637325133.
  2. Sánchez Mantero, Rafael (2001). Fernando VII. Borbones, 6. Madrid: Arlanza. ISBN 84-95503-23-9.
  3. La Parra López, Emilio (2018). Fernando VII. Un rey deseado y detestado. XXX Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. Barcelona: Tusquets. ISBN 978-84-9066-512-1.
  4. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: Período de veinte años corridos del 14 de abril de 1865 al 5 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra.
  5. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. 
  6. Peña González, José (2006). Historia política del constitucionalismo español. Madrid: Dykinson. ISBN 978-84-9772-906-2. OCLC 212905232.
  7. Ramírez, Pedro J. (2014). La desventura de la libertad. Madrid: La esfera de los libros. ISBN 978-84-9060-097-9.

9 de marzo de 1821: Gaínza asume como Capitán General Interino del Reino

Gabino Gaínza asume como Capitán General Interino del Reino de Guatemala por enfermedad de Carlos Urrutia de Montoya; sería el último gobernador colonial

9marzo1821
Los criollos guatemaltecos saliendo del Real Palacio luego de reunirse con Gabino Gaínza para pactar la Independencia de Centro América el 15 de septiembre de 1821.  Grabado de Agustión Iriarte tomada de Wikimedia Commons.  En el recuadro: retrato que se cree corresponde al Capitán General Gabino Gaínza.  Imagen tomada de Gabino de Gaínza y otros Estudios.

El 18 de mayo de 1816 se emitió la Real Cédula por medio de la cual Gabino Gaínza había sido nombrado como Sub-Inspector General de las Tropas Veteranas y Milicias de Infantería y Caballería del Reino de Guatemala.  Gaínza era Brigadier de los Reales Ejércitos, con amplia experiencia militar obtenida en batallas en la Plaza Orán, Gibraltar, Plaza de Mobila, Isla de Cuba, Trujillo, y muchos otros lugares; además había ascendido rápidamente gracias a su dedicación a los estudios, su inteligencia y su subordinación a la ordenza.  Si bien en Chile sufrió su primera derrota desastrosa a manos de las tropas independentistas del general Juan MacKenna en 1814, para entonces Gaínza contaba con una carrera militar de cuarenta y cinco años, era el comandante general de las tropas españolas y había reconquistado toda la Provincia de Concepción en Chile y recuperado la comunicación terrestre con Lima.1

En 1818 el implacable Capitán General José de Bustamante y Guerra dejó el poder en el Reino de Guatemala porque la corona española lo necesitaba en las filas de los Reales Ejércitos y fue sustituido por Carlos de Urrutia y Montoya, un hombre de avanzada edad y en cuyo gobierno los independentistas ganaron terreno.2  Ahora bien, no fue solamente la debilidad de Urrutia y Montoya la que ayudó a los independensitas centroamericanos, sino la situación en general del Imperio Español, ya que en 1820 el rey de España Fernando VII se vio forzado a restablecer la constitución de Cádiz de 1812 por el golpe de estado liberal liderado por Rafael del Riego, y a consecuencia de ello se implementó en todo el Imperio libertad de prensa,3 lo que fue aprovechado por el doctor Pedro Molina Mazariegos, líder los criollos liberales, quien comenzó a publicar «El Editor Constitucional», periódico en el que se criticó al gobierno de la colonia, se defendieron los derechos de los centroamericanos y se promovió la independencia.4  Por otra parte, en México, la revolución que había iniciado en 1810 había sido sofocada por las autoridades española, pero con el nuevo rompimiento del orden constitucional en España, se alzaron nuevamente las fuerzas criollas, estaba vez de la mano del conde Agustín de Iturbide, quien junto a otros alzados declaró su independencia total de España a través del Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821 e incluso llegó a ofrecer el trono de la Nueva España al rey Fernando VII, dada su débil posición en el gobierno español en ese momento.5

Gaínza estaba en Madrid cuando recibió el nombramiento de sub-inspector general y allí seguía cuando el capitán general Carlos de Urrutia y Montoya sufrió una hemiplejía, según se deduce de los siguientes mensajes: 

Capitanía General de Guatemala

El Excmo. Señor Secretario de Estado y del Despacho Universal de la Guerra  me ha dirigido dos Reales Ordenes que una en pos de otra son como siguen:

Ministerio de la Guerra:

Excmo. Sr. Al Alcalde Secretario de Despacho de Gracia y Justicia digo con esta fecha lo siguiente: Considerando el Rey Nuestro Señor la necesidad que hay en el Reino de Guatemala, de jefes de superior graduación, ha tenido a bien mandar se establezca allí un segundo cabo que desempeñe la Capitanía General y Presidencia, en ausencia y enfermedades del propietario.  Nombrando S. M. desde luego para este destino al Mariscal de Campo D. Alexandro de Horo, Comandante General del Istmo de Panamá, quien deberá marchar inmediatamente a ocupar su nuevo empleo.  Igualmente ha resuelto el Rey que en lo sucesivo el Comandante General de Istmo de Panamá sea para la clase de Coroneles graduados, o efectivos, cuyo empleo resumirá la Sub-Inspección Particular de aquel punto, como lo tiene Horo. Y, por último, es la voluntad de S.M. que el Brigadier Gabino Gaínza, Sub-Inspector nombrado para Guatemala, que se halla en esta plaza, se ponga en marcha sin pérdida de tiempo para su destino pues hace en él suma falta.

De Real Orden traslado a V.E. para su inteligencia y gobierno. Dios Guarde a V.E. muchos años.  Madrid, 13 de enero de 1820.

Sr. Capitán General de Guatemala.6

Dada la orden real, Gaínza se puso en camino, y cuando llegó a Guatemala el capitán general Urrutia y Montoya le entregó el poder interinamente por medio del siguiente comunidado:

Palacio de Guatemala a las cinco de la tarde del día nueve de marzo de mil ochocientos veinte y uno.

Hallándome enfermo desde el mes de agosto último, y considerando los Facultativos que me han sistido, Doctores don pedro Molina y don Vicente Carranza, que es de urgente necesidad para lograr el restablecimiento de mi salud la absoluta separación por algún tiempo del mando, cuyos cuidados han detenido la convalecencia y en concepto de los mismo me pueden ocasionar una repetición del ataque de hemiplejía que me acometió. En esta virtud, y en la de hallarse ya en esta capital el Señor Brigadier don Gabino Gaínza, Sub-Inspector General de las Tropas de estas Provincias, que por su carácter y antigüedad es el Jefe llamado al mando en los casos en que yo no pueda desempeñarlos, conforme a la Real Orden de Sucesión de Mandos, y habiendo manifestado todo lo referido en la Excma. Diputación Provincial con su acuerdo y conformidad, he venido en delegar, como delego el mando en todos sus conceptos de Militar, Político y de Hacienda en el referido Señor Gaínza por el tiempo de uno o dos meses, o el que necesita para reparar mi salud hasta hallarme en disposición de resumir los empleos que por dicho tiempo le cedo de Capitán General, Jefe Político Superior, y Superintenden General, sub-delegado de Hacienda Pública.  Comuníquese esta providencia a la misma Excma. Diputación Provincial, al Tribunal Superior de la Audiencia Territorial, a los Ilmos. Prelados Diocesianos, y a los demás Cuerpos y Autoridades de esta provincia que corresponda y dése cuenta a su Majestad de esta misma delegación que tengo anuncia por los Ministerior respetivos. 

        • Carlos Urrutia
        • José Ramón Zelaya7

Aunque Gaínza inicialmente hizo del conocimiento público que no iba a tolerar movimientos independentistas,8 Centroamérica experimentó una agitación social de niveles intolerables durante su breve gobierno, lo que obligó a la diputación provincial, a los criollos aristócratas y a las autoridades eclesiásticas a solicitar a Gainza una reunión para discutir el difícil tema de la independencia el 15 de septiembre de 1821.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Del Cid, Fernández, Enrique (1959). Don Gabino de Gaínza y otros Estudios. En: Colección de autores guatemalenses «Carlos Wyld Ospina». Guatemala: Universidad de San Carlos de Guatemala. p. 23-24.
  2. Gómez Carrillo, Agustín (1887). Elementos de la historia de Centro-América. Guatemala: Tipografía de Arenales.
  3. Burgos, Carmen de (1931). “Gloriosa vida y desdichada muerte de don Rafael del Riego” Madrid: Renacimiento.
  4. Del Cid, Don Gabino de Gaínza y otros Estudios, p. 29.
  5. Zárate, Julio (1880). La Guerra de Independencia. Vicente Riva Palacio, ed. México a través de los siglos. III volumen. México: Ballescá y compañía.
  6. Del Cid, Don Gabino de Gaínzsa y otros Estudios, p. 25-26.
  7. Ibid, p. 26-27.
  8. Gaínza, Gabino (10 de abril de 1821) “Proclama a los habitantes de la provincia de Guatemala“. Provincia de Guatemala.

21 de diciembre de 1813: Bustamante y Guerra se entera de la Conjuración de Belén

El Capitan General de Guatemala, José de Bustamante y Guerra, se entera de la Conjuración de Belén por un delator

21diciembre1813
Patio del Instituto Normal para Señoritas Belén en 1913, cien años después de la Conjuración de Belén.  El convento fue convertido en Instituto por las autoridades liberales en la década de 1870.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Muy pocos son los nombres de los Capitanes Generales que recuerdan los guatemaltecos.  Están, por ejemplo, Martín de Mayorga por el traslado de la capital desde Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción; y Matías de Gálvez, su sucesor, por la construcción de los más importantes edificios de la nueva ciudad.  Tambien se recuerda a Gabino Gaínza, quien traicionó la confianza depositada en él y lideró a Centroamérica tras la independencia de España en 1821.  Y durante la época inmediatamente anterior a la independencia está José de Bustamante y Guerra.

Bustamante y Guerra llegó a Guatemala en 1811 y ante la revolución de Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos en México, preparó tropas en Guatemala, creó el «cuerpo de voluntarios de Fernando VII» y desde su puesto se enfrentó a los constitucionalistas locales, reprimiendo duramente a los independentistas. También se opuso a la Constitución de Cádiz de 1812 y todo lo que fuera a reformar el gobierno español.

A pesar del régimen opresor, a partir del 28 de octubre de 1813, y después de la elección del rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, empezaron a celebrarse en la celda prioral del Convento de Belén varias juntas organizadas por fray Juan Nepomuceno de la Concepción con el objeto de derrocar al capitán general Bustamante y Guerra y lograr la independencia de la región.​ En noviembre hubo otra reunión en casa de Cayetano y de Mariano Bedoya, hermanos menores de Dolores Bedoya de Molina, y cuñados de Pedro Molina, todos ellos ricos criollos hacendados que no estaban de acuerdo con el gobierno de Bustamante. Además,​ entre los conjurados había varios miembros de los cleros tanto regular como secular, demostrando el interés de las diferentes facciones de la Iglesia católica en el alzamiento contra Bustamante y Guerra.

Pero el 21 de diciembre de 1813, Bustamante y Guerra se enteró de que en el convento de Belén se reunían los sediciosos gracias a la delación de José Prudencio de La Llana, y de inmediato dictó un auto para que el capitán Antonio Villar y su ayudante, Francisco Cáscara, apresaran a los religiosos de ese monasterio. Muchos fueron apresados ese día y otros traicionados cuando el teniente de dragones Yúdice escribió a Bustamante y Guerra para pedir la clemencia del rey al verse descubierto y le dió nombres de los conjurados.​ Finalmente, para cubrir todas sus bases, Bustamante comisionó a su sobrino. el carmelita fray Manuel de la Madre de Dios, en la casa de correos, para que abriese toda correspondencia que cayera en sus manos.

Todos los apresados fueron juzgados y condenados a diferentes penas, entre ellas encierro y destierro, aunque nadie fue desterrado porque la situación de las colonias y del propio monarca español estaba muy inestable.  Por su parte, Bustamante y Guerra logró su confirmación en su puesto por el rey Fernando VII cuando éste retomó el poder absolute en 1814 y fue destituido en agosto de 1817 para que regresara a España, a donde arribó en 1819 y entró nuevamente a formar parte de la Junta de Indias. En 1820 fue recompensado con la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y se le nombró director general de la Armada hasta 1822.


BIBLIOGRAFIA:


19 de marzo de 1812: «¡Viva la Pepa!», se promulga la constitución Cádiz

Las Cortes de Cádiz, reunidas en 1811 promulgan la Constitución de Cádiz el día de San José, por lo que es llamada «La Pepa».

19marzo1812
Cortes de Cádiz en 1812.  Cuadro de Salvador Vinegra.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Entre 1808 y 1814 dentro del contexto de las Guerras Napoleónicas, las potencias aliadas de España, Reino Unido y Portugal lucharon contra el Primer Imperio francés de Napoleón, quien pretendía instalar en el trono español a su hermano, José Bonaparte.1 Esta fue llamada «Guerra de Indendencia de España» y ante el vacío de poder que se originó, los poblados españoles se organizaron en juntas locales con representates militares, eclesiásticos y civiles, las cuales al agruparse resultaron en la formación de las Cortes de Cádiz en 1811.2

Las Cortes aprobaron la nueva Constitución el 19 de marzo de 1812 —día de San José por lo que la población la llamó cariñosamente «la Pepa«—. ésta constaba de 384 artículos organizados en diez títulos todo basado en el principio de que la soberanía reside en la Nación, compuesta por ciudadanos libres e iguales.  La Constitución no contenía una declaración explícita de derechos, pero los principios de derechos y libertades figuran en varios artículos, los cuales —aunque son comunes en el siglo XXI—, eran imposibles de imaginar antes de la Constitución Cádiz. Entre ellos; entre estos, quizá el más destacado fue el de la libertad de prensa y la eliminación de la censura del gobierno y de la Iglesia Católica.3

Otras innovaciones radicales incluyeron:

    • la división de poderes: el ejecutivo recaía en manos del Rey y sus Secretarios de Despacho, o Ministros, el legislativo lo ejercían las Cortes unicamerales y el judicial era potestad de los tribunales de justicia independientes, comunes a toda la Nación
    • principio de soberanía nacional, la legitimidad del Monarca no provenía del origen divino, sino de la Nación reunida en las Cortes y de las leyes que estas promovieran.
    • el Rey sólo conservaba aquellas funciones que las Cortes no podían ejercer por sí mismas. Era la cabeza oficial del poder ejecutivo, pero el principio de responsabilidad ministerial sentaba las bases para que delegara la toma de decisiones: la responsabilidad de los actos regios recaía sobre el Gobierno, pues los ministros debían refrendar con su firma toda decisión del Monarca.
    • el establecimiento de escuelas primarias en todos los municipios, así como un Plan General de Enseñanza
    • la igualdad de los ciudadanos ante el impuesto
    • la plena igualdad entre los ciudadanos de la Península y los ciudadanos de los territorios de ultramar3

En cuanto a la religión, esta se mantuvo igual, pues un tercio de los diputados eran eclesiásticos y por ello sostuvieron que la religión de la Nación española era la «católica, apostólica y romana, única verdadera«, protegida por ley, y prohibió el ejercicio de cualquier otra. Eso sí, la Iglesia perdió algunos privilegios, como la censura previa de las publicaciones, además de que fue aprobada la abolición de la Inquisición.3  Es importante destacar que el representante de Guatemala ante las Cortes fue el canónigo del cabildo eclesiástico Antonio de Larrazábal y Arrivillaga.4

Además de la Constitución, las Cortes de Cádiz promulgaron entre 1810 y 1813 varios decretos que desmantelaban las estructuras económicas y sociales del Antiguo Régimen. Un decreto del 6 de agosto de 1811 abolió el régimen señorial, célula básica de la organización local; medida de trascendental importancia que debía preceder a la aprobación de la Constitución. En el Antiguo Régimen, aproximadamente la mitad de la población española vivía bajo el régimen señorial. Los señores feudales tenían plena potestad para administrar justicia y nombrar autoridades en los señoríos sometidos a su jurisdicción. Así, cada señorío se regía por sus propias leyes, tenía sus propios órganos de justicia y sus propios sistemas tributarios, pues los señores percibían de sus vasallos rentas derivadas del ejercicio de su jurisdicción: tasas judiciales, monopolios locales, derechos de peaje, tasas por la caza, la pesca, el uso de pastos o de molinos. Los vasallos también debían realizar prestaciones personales, como trabajar algunos días en las tierras, molinos o fábricas del señor.5-7

Las Cortes se caracterizaron por la poca representación que se concedió a las provincias americanas, pobladas por 13 millones de personas pero representadas por apenas 30 diputados, frente a las peninsulares, con 10 millones de personas pero 77 diputados. Esta fue una de las causas principales de la poca capacidad de las Cortes para satisfacer las demandas de los criollos.5

En 1812, las Cortes de Cádiz mantienen la autoridad de la Real Audiencia de Guatemala y la denominación de la capitanía general homónima, pero suprimen la noción de Reino de Guatemala al dividir su territorio en dos provincias —la provincia de Guatemala —que incluía Chiapas, Honduras y El Salvador— instalada el 2 de septiembre de 1813 y la provincia de Nicaragua y Costa Rica, cada una gobernada por un jefe político superior y sin subordinación entre sí, y que elegían entre ellas siete representantes a las Cortes.8

En 1811, cuando José de Bustamante y Guerra  inició su mando en Guatemala, lo hizo con los títulos de «Gobernador del Reino de Guatemala«, «capitán General de Guatemala«, «Superintendente General Subdelegado del cobro y distribución de la Real Hacienda«, «Juez Privativo de Tierras y Papel Sellado«, «Conservador de la renta de Tabaco» y «Subdelegado de Correos y de los ramos de Minas y Azogues«. Sin embargo, al entrar en vigencia la Constitución de Cádiz se le cambia el título de Gobernador por el de «Jefe Político Superior de la Provincia de Guatemala«.8

El 22 de marzo de 1814, ya cuando Napoleón había abdicado en Francia, el rey Fernando VII derogó la constitución de 1812 y reinstaló el absolutismo, por lo que José de Bustamante y Guerra volvió a ser Gobernador del Reino de Guatemala, mientras que el representante de Guatemala, Larrazábal, fue hecho prisionero, primero en Cádiz y luego en el Convento de Belén en Guatemala.4

Todas estas alteraciones en el orden politico de España y de sus colonias americanas estuvieron de la mano de las grandes revoluciones independentistas en las colonias mayores, es decir, los virreinatos de Nueva España y Nueva Granada.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aymes, Jean-René; Conard-Malerbe, Pierre (2008). La Guerra de la Independencia en España (1808-1814) (6.ª edición). Madrid: Siglo XXI. ISBN 978-84-323-1335-6.
  2. Rodríguez Espinosa, M. (2011). «Cádiz, la ciudad cosmopolita y la traducción durante la Guerra de la Independencia». En Zaro, Juan Jesús. La traducción como actividad editorial en la Andalucía del siglo XIX. Sevilla: Alfar. pp. 27-56. ISBN 978-84-7898-379-7.
  3. Peña González, José (2006). Historia política del constitucionalismo español. Madrid: Dykinson. ISBN 978-84-9772-906-2OCLC 212905232.
  4. Belaubre, Christophe (2015). «Larrazábal, Antonio: Principales etapas de la vida de un influyente canónigo de la Iglesia Catedral de Guatemala que fue diputado a las Cortes de Cádiz en representación de Guatemala». AFEHC.
  5. Ruiz Jiménez, Marta (2009). «Directorio de diputados de las Cortes de Cádiz» en Trienio: Ilustración y liberalismo, ISSN 0212-4025, 53, pp. 5-115.
  6. — (2002). «Elecciones de Diputados por Madrid a las Cortes de Cádiz (I): Cortes Generales y Extraordinarias (1810-1813)» en Revista de las Cortes Generales, ISSN 0213-0130, 57, pp. 257-292
  7. —(2008). «Organización interna de las Cortes de Cádiz» en Congreso internacional «Guerra, sociedad y política» (1808-1814) / coord. por Francisco Miranda Rubio, 1, ISBN 978-84-9769-235-9, pp. 667-690
  8. Universidad de San Carlos (2006). Historia Institucional de Guatemala: La Real Audiencia, 1543-1821. Guatemala: Universidad de San Carlos de Guatemala. Archivado desde el original el 26 de junio de 2015.

31 de julio de 1766: nace Rafael García Goyena

Nace en Guayaquil, Ecuador, Rafael García Goyena, fabulista y abogado radicado en el Reino de Guatemala que satirizó en fábulas los últimos años de la Colonia

Interior del Castillo de San Fernando de Omoa en Honduras. Allí estuvo preso el fabulista García Goyena por seis meses en 1787. En el recuadro: retrato en miniatura de García Goyena realizado por el pintor Francisco Cabrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Nacido en Guayaquil, Ecuador, el 31 de julio de 1766, Rafael García Goyena era hijo de Joseph García Goyena y Barra, un mercader oriundo de Tafalla en Navarra, España, y de la dama aristócrata criolla Baltasara de Castelú.  Poco después, su padre los abandonó para trasladarse a la Capitanía General de Guatemala, en donde consiguió colocarse como cajero de la casa del marqués Juan Fermín de Aycinena.1

Aproximadamente diez años después, cuando ya había hecho algo de fortuna, su padre lo hizo llevar a la recién fundada Nueva Guatemala de la Asunción, cuando contaba con doce años de edad, para que realizara sus estudios.  Allí estudió su bachillerato en filosofía en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos, y luego inició los estudios de Ciencias Jurídicas y Sociales.   De su época de estudiante escribión posteriormente: «¡Pobre juventud! Tú eres el blanco adonde asesta sus tiros el entusiasmo: la preocupación de los maestros es la causa de tu ruina; nada importa que tengan deseos de instruirte, si les falta la doctrina necesaria; lejos de excitar en ti el amor a las ciencias presentándotelas con toda la belleza y claridad posibles, proceden nada menos que al contrario, pues te las manifiestan oscuras y horrorosas; principan por donde casi debían acabar, si felices circunstancias lo permitiesen, por el estudio más difícil y escabroso, por la latinidad2

Al cumplir los veinte años de edad, se enamoró de la joven Plácida de León con quien contrajo matrimonio en secreto, pero su padre, al enterarse, no aceptó aquél matrimonio y lo hizo llevar al Colegio de Cristo Cruficicado -convento de La Recolección – donde funcionaba la Inquisición en Guatemala, y allí lo encerraron en una celda de penitencia para que se arrepintiera de lo que había hecho.3  Además, con la ayuda del marqués de Aycinena, lo enviaron a La Habana, para que trabajar con Miguel Arniz, primer contador de Cuba.4

Tras el penoso camino por las regiones inhóspitas que había entre la ciudad de Guatemala y el castillo de San Felipe en Izabal, García Goyena arribó a Izabal en donde le informaron que debía embarcarga en el bertantín «San Pío«para seguir su viaje a Cuba.  Sin embargo, cuando llegó al puerto de Omoa encontraron que sus documentos no estaban en regla y el comandan lo hizo prisionero el 22 de enero de 1787.  García Goyena estuvo preso hasta que finalmente sus familiares lograron sacarlo libre en julio de ese año.4

Ya en la ciudad reinició sus estudios y se graduó de licenciado en derecho en 1791, y el doctorado en 1804.  De su gestión como abogado sobresale la que hizo en 1811 durante el proceso contra los conjurados de Belén, cuando alegó en favor de los reos para que no fueran juzgados por la autoridad militar.  Por aquel entonces ya había heredo una regular fortuna de su padre, pero no pudo conservarla por ser generoso y extravagante en extremo; además contrajo matrimonio por segunda vez, y tuvo seis hijos, con lo que perdió completamente su fortuna.5

El historiador Alejandro Marure describió así algunas de las fábulas de Goyena en discurso pronunciado en la Academia de Ciencias y Estudios (institución laica que funcionó en lugar de la Pontificia Universidad de San Carlos entre 1831 y 1838): «La fábula de ‘Los Sanates en consejo’ es un remedo ingenioso de lo que pasa muchas veces en los Congresos humanos. La que tiene por título ‘Los animales congregados en Cortes’, y cuyo argumento, como el de la primera, está tomado de un hecho histórico, nos reproduce fielmente en el fingido lenguaje de las fieras que claman libertad, el mismo idioma que usan, de ordinario, esos espíritus turbulentos que descuellan en los tiempos de revueltas. […] No era posible haber representado más al vivo algunas de las escenas de que debíamos ser testigos, en medio de la conflagración que iba a abrasarnos durante el largo período de licencia y anarquía.​ Así era como Goyena, ocultando la verdad entre los velos de la ficción y usando de la fábula como de una institución política, ponía delante de nuestros ojos la imagen de nuestros extravíos, así era como daba lecciones de prudencia a sus conciudadanos, al borde ya de una transición peligrosa, y les mostraba el abismo en que pudiera hundirnos una regeneración súbita«.6

El mérito de García Goyena como fabulista e historiador no fue reconocido por sus contemporáneos, además que en su época era prácticamente imposible imprimir cualquier documento.  Por ello, García Goyena falleció olvidado, pobre y enfermo en la Ciudad de Guatemala el 9 de noviembre de  1823.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Samayoa Chinchilla, Carlos (1946) De la fábula y de García Goyena. En: Colección «Los Clásicos del Istmo». Guatemala: Ediciones del Gobierno de Guatemala. p. XXII.
  2. Ibid, p. XXIV.
  3. Ibid, p. XXV.
  4. Ibid, p. XXVI.
  5. Ibid, p. XXVII.
  6. Batres Jáuregui, Antonio (1894). Fábulas del dr. d. Rafael García Goyena: precedidas de la biografía del autor y de un juicio crítico de sus obras. Madrid: Librería de la viuda de Hernando y Cía.