17 de abril de 1838: nace Angel María Arroyo

Nace el Padre Arroyo, influyente colaborador del general J. Rufino Barrios, quien abrazó la causa liberal a pesar de ser sacerdote

Una calle de la ciudad de Guatemala en el siglo XIX. Al fondo se ve la Iglesia del Carmen, de la que el padre Arroyo fue prioste. En el recuadro: el doctor Angel María Arroyo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes influyentes en la política guatemalteca que han caído en el olvido es el doctor Angel María Arroyo, quien era conocido simplemente como «el padre Arroyo» durante el gobierno del general presidente J. Rufino Barrios. En su carrera eclesiástica fue prioste de la Iglesia del Carmen y maestro de ceremonias de la Catedral.1

Arroyo nació el 17 de abril de 1838, en medio de la turbulencia provocada por el derrocamiento del jefe de Estado Mariano Gálvez a manos de la revolución católico campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera.  Dado que se crió durante el régimen de los 30 años, llegó a ser monseñor y prelado doméstico de Su Santidad.  Durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna llegó a la Cámara de Representantes en 1867 y formó parte del grupo de «los avanzados» junto con el mariscal José Víctor Zavala, el licenciado Arcadio Estrada y Miguel García-Granados.1

Tras el triunfo de la revolución de 1871, abrazó la causa liberal a pesar de la persecución a los intereses de la iglesia y formó parte de todas las Asambleas Legislativas y Constiyentes, llegando incluso a ser el presidente de varias de ellas.2  Fue adulador incondicional del general Barrios, a pesar de ser sacerdote, y bautizó a varios hijos de ministros, de quienes el presidente fue el padrino.3,Nota a

Eventualmente, Barrios lo convenció de dejar los hábito y cuando el presidente pidió permiso a la Asamblea Legislativa para salir de viaje a hacerse cargo personalmente de la negociación del Tratado de Límites con México, el padre Arroyo propuso que el Estado pagara los viáticos del gobernante, a pesar de que era de todos sabido que Barrios utilizaba el erario nacional como si de sus fondos personales se tratara.4  Arroyo dijo en aquella oportunidad: «Nunca imaginé que pudiera presentar la más pequeña dificultad ante la conciencia de ninguno de los señores representantes la moción que, impulsados por un sentimiento de verdadero patriotismo, hemos hecho a la Asamblea varios diputados… Nunca creí que sonara en el seno de la Asamblea la palabra de ‘atravesamos crisis económica’, cuando se está tratando de hacer la erogación más justa y más fundada y ha de ser la base del engrandecimiento y de la riqueza nacional, atendiendo el carácter progresista del ilustre viajero…»  Al final, la Asamblea aprobó la petición, aunque Barrios la rechazó diplomáticamente y Arroyo lo acompañó en el viaje.5

En 1884 a Barrios le interesaba reconciliarse con la iglesia católica para tener más apoyo para su plan de lograr la Unificación Centroamericana, y lo nombró como ministro plenipotenciario de Guatemala ante la Santa Sede, quedando encargado de redactar el Concordato de 1884, el cual quedó listo el 2 de julio de ese año, pero ya no pudo ser discutido por la Asamblea Legislativa porque ésta había cerrado sus sesiones ordinarias para ese período.5,Nota b

Cuando murió el general Barrios el 2 de abril de 1885, Arroyo era presidente de la Asamblea Legislativa y fue instrumental para evitar que el Ministro de la Guerra, general Juan M. Barrundia, se quedara en el poder.  Consiguió que el primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, renunciara en favor del segundo designado, general Manuel Lisandro Barillas,6 quien a la sazón era Jefe Político de Quetzaltenango y quien llegó a la ciudad a marchas forzadas para hacerse con el poder, en medio del sepelio del fallecido ex-presidente.7

Durante el gobierno de Barillas fue ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, pero su cercanía con el presidente Barrios hizo que fuera víctima de los conservadores por haberse aliado con «el enemigo de la religión y de las tradiciones» sabiendo la corrupción imperante en el régimen y el destino de las propiedades confiscadas.8

Arroyo fue también  miembro fundador de la Academia Guatemalteca de la Lengua y murió en México el 8 de febrero de 1893, a donde había salido exiliado tras la salida del general Manuel Lisandro Barillas de la presidencia el 15 de marzo de 1892; para entonces, había perdido la razón víctima de una enfermedad provocada por sus excesos. Sus restos fueron repatriados en 1901 y fueron colocados en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.9


NOTAS:

  • a: entre ellos estaba Jorge Ubico Castañeda, hijo del licenciado Arturo Ubico Urruela, ministro y embajador durante el gobierno de Barrios.
  • b: este concordato ya nunca fue ratificado por el gobierno del general Barillas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1929]. El libro de las Efemérides: Capítulos de los Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 117.
  2. Ibid., p. 118.
  3. Arroyo, Manuel María (1883). Contestación de la Asamblea Nacional legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional don J. Rufino Barrios le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883. Guatemala: El Progreso.
  4. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226-227.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 149.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. p. 341.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 33-34.
  8. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 120.
  9. Ibid., p. 121.

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7 de marzo de 1885: Barrios decreta la libertad de prensa en Centroamérica

El general J. Rufino Barrios, en calidad de haberse autonombrado Jefe Supremo del Ejército de la Unión Centroamericana, declara que habrá libertad de prensa en toda la región.

7marzo1885
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1875 en una fotografía de Eadweard Muybridge. A la derecha la fuente de Carlos III en donde Barrios hizo fusilar a los supuestos implicados en un complot en su contra en 1877. En el recuadro: el general J. Rufino Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Al momento de embarcarse en su ambicioso proyecto de lograr la Unión Centroamericana, el estado mental del general J. Rufino Barrios estaba sumido en una obsesión en contra de los autores de un atentando en su contra que había ocurrido el 13 de abril de 1884, al punto que, según su ministro de Fomento Francisco Lainfiesta, solamente de eso hablaba en las reuniones de Ministros.

De acuerdo a Lainfiesta, aquellas reuniones transcurrían de esta manera:1

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos, de la ramerita de [Guillermo] Rodríguez, del chicherito, etcétera y repentinamente se acercaba a decirnos: «Si ustedes quieren, saquen a esa tal Rodríguez sáquenlo, sáquenlo; pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos.»

Esto decía y repetía con frecuencia, como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: «Si esto no acaba pronto, voy a parar en loco».

Santos Soto [otro de los acusados] recibió orden de permanecer en el interior y en la hora del movimiento de Palacio, frente a la entrada de la casa, para que todos le viesen entrar y fuese como un fantasma funesto que a muchos había de causar susto. […] Además, pasaba Soto algunas horas en el despacho presidencial, sentado allí entre los ministros, lo que parecía expresamente dispuesto así por Barrios en son de burla o menosprecio de sus altos funcionarios.1

A don Juan Rodríguez lo hizo trasladar al Palacio Nacional, frente por frente de la casa de la presidencia, ocupando el lujoso saloncito destinado al despacho del presidente. Allí encontré a Rodríguez inesperadamente […] Por la noche le hacía pasar Barrios a la casa y permanecer hasta las nueve, […] tomando parte en la terturlia que allí formaban algunos de los ministros. Yo estuve una vez en esa terturlia.2

Concluye Lainfiesta su relato diciendo: «Si no fue mediando un verdadero trastorno mental, ¿sería posible imaginar procedimientos tan torcidos y extravagantes como los relacionados?»2

Con respecto a la situación en el país a principios de 1885, dice Lainfiesta:

El país se encuentra como desmayado o detenido en su anterior derrotero de movimiento y acción. El precio del café es desfavorable y esto desalienta a los agricultores; la Hacienda Pública, entregada a las más ruinosas transacciones para sobrellevar a medias el peso de las necesidades; el crédito de los ministros de Barrios a excepción de Cruz y Díaz Mérida, y el de varios particulares, comprometidos en fianzas a favor del Tesoro Nacional, arrancadas en son de companerismo y amitad; y la atmósfera general, pesada y oscura a cauas de las crueles zozobras y sufrimientos del ano fatal recién pasado. Y Barrios delirando siempre con la bomba y con nuevos proyectos de asesinato de su persona; hasta concluir con que era indispensable llevar a cabo la Unión Nacional, único recurso, decía «que nos queda para asegurar la tranquiidad y las conquistas de la revolución de 1871».3

En medio de esta situación, ante las críticas contra su idea de unión que se estaban dando en Nicaragua, Honduras y El Salvador, y que se referían a él como «el salvaje de San Marcos«, Barrios emitió un decreto aduciendo que iba a permitir la libertad de prensa en toda Centroamérica, tal y como supuestamente lo había estado haciendo en Guatemala bajo los principios liberales.4 Por supuesto, aquello era propaganda para su proyecto unionista, porque en Guatemala no había tal libertad de expresión; basta solamente el ejemplo de la renuncia en 1882 del embajador de Guatemala ante los Estados Unidos, licenciado Lorenzo Montúfar, para darse cuenta de que lo que se publicaba en el país era únicamente alabanzas a favor del presidente.5

Reproducimos a continuación aquel decreto unilateral que emitió Barrios el 7 de marzo de 1885 para que el lector juzgue su contenido:

J. Rufino Barrios, General de División y Supremo Jefe Militar de la Unión de Centro-América,

Considerando: que proclamada la Unión de las Repúblicas de la América Central debe tratarse de alcanzar desdo luego un sus más impotantes objetos, el que sean amplias, electivas y prácticas las garantías de que los ciudadanos, eficazmente amparados por la autoridad y por la ley, han de gozar bajo un régimen verdaderamente liberal;

Que el Jefe de la Unión se ha esforzado por establecer y consolidar en la República de Guatemala tales garantías, y entre ellas, muy principalmente, la libertad de la prensa, sin la que no puede decirse que haya instituciones de- mocráticas ni que el ciudadano sea libre, cuando no tiene el ejercicio de uno de sus más sagrados derechos; pero, ó no se han comprendido é interpretado debidamente los propósitos que a este respecto le inspiran los principios que profesa; ó no han podido secundarse a causa de la incertidumbre y pequeñez en que la desunión ha mantenido a estos pueblos, pequeñez que así como no ha permitido que adquieran riqueza y prosperidad material, tampoco les ha hecho sentir la necesidad de usar de aquellos derechos indispensables en una República realmente digna de este título y formada de hombres libres;

Que hoy es tiempo de que la prensa, sacudiendo todo temor, use de toda la libertad que necesita para ser provechosa y fecunda, y para constituirse en vigorso auxiliar é intérprete de la opinión y en poderosa palanca del progreso; y es tiempo de que comprendiéndose rectamente la intención del Jefe de la Unión de sostener por todos los medios á su alcance, la libertad y respeto de esa salvadora institución; le ayuden todos aprovechándose de ella y procurando los beneficios que de su amplio ejercicio han de resultar;

Que de ese modo se darán á conocer y podrán cor regirse los desmanes en que incurran las personas revestidas de autoridad; y por lo mismo, es preciso impedir severamente que éstas, puedan en algún caso, abusar de su posición, y salirse de los límites que fijan las leyes actuales para el ejercicio de esa libertad, que solo son propiamente los de no emplearla para ejecutar un delito, DECRETA:

Art. 1.° — El Jefe Supremo de la Unión, bajo su más estrecha responsabilidad, ampara, protege y sostiene en todo Centro-América la amplia libertad de la prensa, sin previa censura y sin otras restricciones qne las de la ley vigente.

Art. 2.° — Lejos de oponerse a que se comenten ó censuren sus propios actos oficiales, o los de cualquiera otra autoridad o empleado, excita a todos a que públicamente externen sus opiniones a este respecto, y las defiendan sin ningún miramiento o reserva.

Art. 3.° — Cualquiera autoridad o empleado que, de hecho o abusivamente, fuera de los casos, o sin la forma y garantías que la ley establece,proceda en cualquier sentido, contra periodistas o escritores que por la prensa censu- ren sus actos ó los del Gobierno ó sus agentes, incurrirá en destitución inmediata de su cargo ó empleo é inhabilitación perpetua para ejercerlo.

Dado en Guatemala, a 7 de marzo de 1885,

        • J. Rufino Barrios
        • Fernando Cruz6

A pesar de este decreto y otro emitido el 9 de marzo en el que aseguraba que no buscaba la presidencia de la región para sí, Nicaragua y Costa Rica se pusieron en pie de guerra, y México reforzó su frontera. Finalmente, el 22 de marzo se firmó el tratado de alianza entre Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, y se declaró la guerra contra Guatemala.4 Irónicamente, el tratado se firmó en El Salvador, cuyo presidente Rafael Zaldívar había sido títere de Barrios desde que éste lo había puesto en el poder en 1876.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  2. Ibid, p. 326.
  3. Ibid, p. 354.
  4. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
  5. Gobierno de Guatemala (1882). La traición del doctor Lorenzo Montúfar juzgada por los pueblos. Guatemala: El Progreso. pp. 3 y siguientes.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1884-1885. IV. Guatemala: Imprenta de la Unión. pp. 338-339.
  7. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala. p. 176.

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3 de enero de 1883: la Asamblea no acepta la renuncia de Barrios

La Asamblea Legislativa informa al general presidente que no acepta la renuncia que éste presentara el 29 de diciembre de 1882, debido al terror de que el Ministro de la Guerra, general Juan Marín Barrundia, quedara en su lugar.

2agosto1954
Palacio Colonial en la Ciudad de Guatemala, sede del Ejecutivo durante el gobierno del Barrios. En los recuadros: los generales J. Rufino Barrios y Juan M. Barrundia, presidente y Ministro de la Guerra, respectivamente. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 29 de diciembre de 1882, el general presidente J. Rufino Barrios hizo llegar sorpresivamente su carta de renuncia a la presidencia a la Asamblea Legislativa, que estaba en reuniones extraordinarias para conocer el Tratado de Límites entre Guatemala y México firmado poco antes.1 Ya en 1880 cuando fue electo presidente constitucional tras haber fungido durante siete años como presidente de facto basándose solamente en el Acta de Patzicía,2 Barrios había presentado su renuncia aduciendo su estado de su salud y la alternabilidad en el ejercicio del poder; en ese momento, Barrios no tenía la intención de renunciar, sino de más bien dar una imagen democrática a los miembros del cuerpo diplomático y forzar a sus aliados en la Asamblea a ratificarlo en el poder. Como era de esperarse, la Asamblea no aceptó la renuncia y antes bien, propuso que fueran ellos los que fueran retirados en vez de Barrios.3

En 1882, Barrios adujo quebrantos de salud y decepciones en el ejercicio del poder, además de la alternabilitidad de autoridades.1 La Asamblea estaba entonces presidido por el licenciado Francisco Lainfiesta, quien era amigo personal de Barrios, y relata así lo acontecido: «Yo fui llamado a casa de Barrios pues era presidente de la Asamblea, para imponerme que influyese con los diputados a que le aceptase la renuncia, asegurándome que tenía por objeto hacer la unión de Centro América que él, de acuerdo con [el presidente de El Salvador] Zaldívar, proclamaría valiéndose de su prestigio militar, en cuanto saliese de la presidencia; y tantas fueron las observaciones que me hizo que estuvo a punto de convenir en la renuncia. […] Barrios obligó a los diputados Anguiano y Sáenz a tomar la palabra en favor de la aceptación de la renuncia, cuando aquélla se discutía, pero no pudiendo disimular su mandato antes en ridículo. Barrios quería que se le aceptase la renuncia y que entrase Barrundia a subrogarle«. Pero esto fue lo que hizo que los diputados no aceptaran la renuncia del presidente: el terror que inspiraba el Ministro de la Guerra, el general Juan Martín Barrundia.3

Una vez tomada la decisión, la Asamblea le contestó a Barrios con la adulación desmedida con que estaban acostumbrados los diputados liberales a dirigirse al Jefe del Ejecutivo:4

La Asamblea Nacional Legislativa, escuchó con profunda pena la lectura de la importante esposición que os servísteis dirigirla, renunciando la Presidencia de la Repúlica, a que os llamó el sufragio popular, unanimemente declarado en la eleccion que se verific6 en los primeros dias del año de mil ochocientos ochenta. Y ese sentimiento de justo pesar con sinceridad revelado por el Cuerpo Legislativo, no es tan solo la voz cariñosa de la amistad, que os excita a continuar en la difícil labor del poder supremo; no es tan sólo el voto de vuestros numerosos partidarios, que no dejan ni dejarán jamás de aclamar a su Caudillo: es tambien la solemne consagración del principio que sirve de fundamento a los gobiernos democráticos, y según el cual, corresponde a las Asambleas, representar con fidelidad los deseos, tendencias y aspiraciones de sus comitentes.

En efecto, Señor, los pueblos de la República, que con no acostumbrado entusiasmo, fueron a las urnas electoraIes, para investiros con el mando de Ia Nación; Ios pueblos todos, que alarmados y presurosos, ocurrieron suplicando a Ia Asamblea que no admitiese vuestra renuncia anterior; los pueblos qne ven en Vos personificados Ios más bellos ideales al par que las más lisonjeras esperanzas de la patria; no quieren, Señor Presidente, que sus Representantes se aparten del mandato popular, aceptando esa nueva dimisión, que afecta gravemente los más caros intereses que han sido encomendados a su celo y patriotismo.

Poderosos sin duda son los motivos en que fundais vuestra renuncia. La Asamblea se complace en reconocer, y lo proclama en la faz del mundo entero, que ]os servicios cuya importancia quiere disminuir vnestra modestia, son tan incesantes, son tan provechosos a la causa de la libertad, que por ellos la República ha comenzado a marchar en la senda que conduce a su regeneración y bienestar. Vuestra so1icitud se extiende a todo: desde los más difíciles negocios que atañen directamente a Ia existencia de las nuevas instituciones a la conservación y progreso de Ia ·República, hasta muchas de las exigencias del interés privado, que reclaman vuestra autoridad; todo es sometido a la decisión presidencial y se resuelve con el recto e ilustrado criterio que adorna siempre Ios actos de vuestro benefico Gobierno. (Nota de HoyHistoriaGT: que el presidente de la República tuviera que decidir en prácticamente todos los aspectos de la administración pública y privada era resultado de la forma en que fue redactada la Constitución de 1879,5 por medio la que Barrios fue electo presidente constitucional después de haber gobernado de facto por siete años amparándose únicamente en el Acta de Patzicía3).

Llena de abnegacion y sacrificio, tal ha sido vuestra vida; y consecuencia de ese penoso trabajo, son las alteraciones que vuestra salud ha sufrido. Empero, la naturaleza que supo dotaros con singulares fuerzas, y que os permite recorrer infatigable el territorio de Guatemala, para velar por el orden y prosperidad de sus poblaciones; ella que os ha dado tal suma de vitalidad y de energía, que parece haber realizado en vos la leyenda de los titanes, sabrá devolveros la salud perdida, para que continueis, como hasta hoy, activamente, al servicio de la magnífica revolución de mil ochocientos setenta y uno. Y si a la obra de la naturaleza, con vos tan pródiga en beneficios, puede coadyuvar el cariñoso cuidado de vuestros amigos y partidarios, aquí tenéis, Señor Presidente, esta Asamblea, que empleará todo su poder constitucional y todo su afecto y gratitud hacia Vos, para allanar los obstáculos que se presenten al restablecimiento de una salud tan querida y tan deseada, como puede y debe serlo la pública salud de la nación Guatetmalteca.

Habeis hecho, en verdad, tanto o más de lo que estabais obligado a hacer. Régimen constitucional practicado sin serias dificultades; paz activa conservada sin esfuerzo aún durante los dias de vuestra ausencia; progreso revelado en multitud de mejoras; tales son, Señor, los rasgos más prominentes de vuestra obra grandiosa. En el interior se difunden cada día más los propósitos y tendencias que labran la felicidad de los pueblos. El trabajo, que significa bienestar de las familias y desapego a la anarqufa, viene siendo la divisa de las gentes pacíficas y laboriosas, que no dan pábulo al reclamo de mezquinas ambiciones. La instrucción, que significa conocimiento de los derechos y deberes, se generaliza, para que los ciudadanos reflexionen sobre la importancia de las nuevas instituciones, y sepan defenderlas en el día de la prueba. Pueblo laborioso y que tiende a la Ilustracion, el pueblo de Guatemala tiene derecho a ser feliz; tal puede columbrarse que sea su futuro. Eso no obstante, la Constitucion, bellísima ley que consagra los más avanzados principios de la moderna escuela, esté expuesta a sufrir los ataques de la traición y de las preocupaciones. (Nota de HoyHistoriaGT: la Asamblea se refiere aquí como pueblo a las personas que se consideraban ciudadanos en ese entonces: los criollos, los que sabían leer y escribir y los que poseían un negocio o un oficio que les permitiera subsistir).

La nueva generacion, creada al calor de los planteles de enseñanza por vos establecidos, está preparada a recibir la buena simiente; pero antiguos intereses pueden mostrarse reacios, para que el árbol de la libertad germine o crezca fecundo bajo la sombra de las doctrinas democráticas. El trabajo, las industrias y el comercio, beneficiosos si son dirigidos por acertada empresa, se convierten en improductivos, si carecen en las altas regiones gubernamentales de las atinadas medidas que los ponen en provechosa relacion con los productos y consumos.

Los brillantes progresos realizados merced a vuestra administracion, pueden de un día a otro peligrar bajo la ruda y descarnada mano de la anarquía. Y esa vuestra obra que tanto os ha costado, ·y que todos los espíritus imparciales contemplan como una gran victoria conseguida sobre un pasado que abraza más de trescientos afios, habrá de exponerse a los embates de la contraria suerte, por la falta del grande hombre, a quien el genio quiso fayorecer con sus dones mas preciados. ¡Señor General Presidente; habeis allegado a Guatemala un venturoso porvenir, pero vos también estáis envuelto en sus destinos!

Saludable freno es en las democracias el principio de la alternabilidad de Ios fnncionarios públicos, y particularmcnte, la de aquellos que desempefian las primeras magitraturas. Vos así lo reconocéis y lo proclamais, agregando una idea luminosa a las muchas que brillan en el programa de vuestras creencias políticas. Los pueblos completamente regularizados; aquellos en donde Ia ley es sagrada y el orden público una institución que todos los ciudadanos se proponen respetar, pueden ofrecer el ejemplo de la practicabilidad de ese principio, fecundo para afianzar sobre sólidas bases las públicas libertades. Guatemala ha de sustentarlo a su vez; pero la Asamblea no tiene la honra de creer; como Vos, que la presente sea la oportunidad de llevarlo al difícil terreno de la práctica.

Aquí donde hay mucho que trabajar y muchas contrariedades qne sufrir, el poder no presenta goces ni satisfacciones duraderas: diríase que está erizado de espinas, que solo pueden quebrantarse por los hombres que, como vos, son de carácter superior. El principio, que con justicia establecéis, es un antídoto contra bastardas ambiciones; y ciertamente, vos, que acabareis de cimentar sobre fundamentos inconmovibles el orden, el progreso· y la libertad, dejareis, conforme a nuestro deseo, al concluirse vuestro período, para el que faltan·aun más de tres años, el campo libre a las legítimas aspiraciones de los que quieran sucederos en los delicados trabajos del Poder Ejecutivo. Sea enhorabuena y en su tiempo, la alternabilidad, uno de los medios que hagan accesibles las altas esferas del poder a los liberales bien intencionados y decididos; pero no constituya jamás por el deseo de implantarla desde luego, y quiza con anticipación, un elemento disolvente, que haga de la sociedad inextricable caos y convierta la presidencia en amarga y terrible manzana de discordia. La bonancible situación de la República en sus relaciones exteriores, es un motivo más para que la Asamblea os encarezca la necesidad de no perder las ventajas obtenidas. Habeis mantenido con El Salvador y Honduras la política de mutna consideracion y fraternal armonía, que lograsteis establecer gracias a vuestro atinado y prudente manejo. Nicaragua mantiene con nosotros los mismos lazos de amistad que nos han unido, y con la República de Costa-Rica hemos reanudado relaciones. Pertenece al pasado la antigua cuestion con Mexico, cuyo arreglo pacífico y conciliador, es el nuevo lauro que habeis adquirido, y que mereció sin reservas la más completa y unánime aprobacián de la Asamblea. (Nota de HoyHistoriaGT: si bien toda la respuesta de la Asamblea al presidente Barrios está llena de exageradas alabanzas para el dictador guatemalteco, este párrafo raya en el extremo. Aquí los diputados llaman un «lauro» el entonces recién firmado tratado Herrera-Mariscal, que ha sido uno de los peores manejos de la política exterior de Guatemala y que representó una pérdida considerable de territorio además de la renuncia definitiva al reclamo sobre el territorio de Soconusco6).

La paz nos sonríe por doquiera, y nos brinda generosa sus halagos: bajo su ejida
protectora, Guatemala como las demás secciones de la América Central, debe continuar entregada al trabajo y a la educación de los pueblos, resolviendo los problemas de que dependen el progreso nacional, la vitalidad, la grandeza y la ventura de la patria. Mas para alcanzar tan lisonjeros objetivos, ¿quién sino vos, está predestinado a ser el obrero que prosiga levantando el edificio del bienestar de la República?

[…] Señor General Presidente; todas las miradas se dirigen hacia vos, todos los ánimos se contristan al saber vuestra renuncia, y el mayor deseo de este Cnerpo es armonizar los motivos que la fundan con la confianza y tranquilidad de la Republica.. Si la Asamblea ha creído de su deber no aceptar esa dimisión, se promete, sin embargo, encontrar algun medio que concilie el mal estado de vuestra salud con la necesidad de vuestros servicios; medida que pudiera adoptarse en las próximas sesiones ordinarias, cuando tal vez los acontecimientos que puedan sobrevenir en orden a la unión Centro-Americana, os hayan colocado en la posibilidad de escogitar un recurso favorable, para obtener la conciliación que pretende el mismo Cuerpo Legislativo.

Senor General Presidente; la Representación nacional espera y confía que continueis al frente de los destinos de los pueblos, labrando el bienestar de Guatemala y procurando realizar los ideales de la patria que nos legaron los inolvidables Próceres de la Independencia; y ojalá que en esa labor, cuya importancia excede a toda ponderación y que la historia escribirá en sus anales con letras de oro puedan ayudaros todos los ciudadanos y todos y cada uno de los diputados que componen esta Asamblea. Ellos se conceptuarían dichosos, si lograsen coadyuvar en la medida de sus facultades y conforme a los anhelos de sus patrióticas aspiraciones, a la reconstrucción de la República que nos legaron nuestros padres y que unida con estrecho lazo queremos dejar a nuestros hijos.

Salón de Sesiones: Guatemala, 3 de Enero de 1883.

        • Francisco Lainfiesta, Presidente.4

BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: período de 20 años corridos del 15 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 278.
  2. Ibid., pp. 236-237.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 3-4.
  4. Exposición de la Asamblea Legislativa de la República de Guatemala al señor general J. Rufino Barrios consignando los motivos que fundan la resolución de no admitir a aquel funcionario la
    renuncia que de la presidencia constitucional dirijió a la misma Asamblea en 29 de diciembre de 1882, expedida el 3 de enero de 1883. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  5. Asamblea Nacional Constituyente (1899). Ley constitutiva de la República de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 11 de diciembre de 1879 y reformada por el mismo Alto Cuerpo en 5 de noviembre de 1887 y 30 de agosto de 1897; para uso de las escuelas. Guatemala: Tipografía Nacional.
  6. Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 171-177.

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24 de noviembre de 1873: crean el departamento de Jalapa

El gobierno del general presidente J. Rufino Barrios crea el departamento de Jalapa para mejorar la administración del oriente de Guatemal

24noviembre1873
Bandera del departamento de Jalapa, en Guatemala. En el recuadro: el acta por medio de la cual el general presidente J. Rufino Barrios decretó la creación del departamento de Jalapa en 1873. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante una gira por el oriente de la República a finales de 1873, hostil, el general presidente J. Rufino Barrios emprendió una serie de pequeñas reformas para favorecer la economía de los departamentos de la región, los cuales le eran hostiles a los criollos liberales de occidente que tomado el poder tras el triunfo de la revolución de 1871.1 El 30 de octubre, estando en Jutiapa, acordó abolir la contribución urbana,2 y el 4 de noviembre concedió una amplia amnistía a todos los desertores y rivales políticos que se habían asilado en El Salvador2. Asimismo, dispuso incrementar el impuesto a las bebidas alcohólicas en todos los departamento de la región, y fundó un colegio de secundaria para varones3 y un Hospital público en la ciudad de Chiquimula4.

Al regresar a la Ciudad de Guatemala, emitió el siguiente decreto favoreciendo la creación del departamento de Jalapa, desmembrándolo de Jutiapa:5

Decreto Número 107

Considerando: que la extensión del departamento de Jutiapa es tan grande que dificulta la vigilancia de las autoridades en todos los puntos de su comprensión.

Que es necesario limitar ésta para que sea más eficaz la acción administrativa; y que la importancia de las poblaciones situadas en la circunferencia de Jalapa demanda una atención preferente,

Decreto:

    • Artículo 1°.— Se establece un nuevo Departamento que se denominará Jalapa, cuya cabecera es la villa de este nombre.
    • Artículo 2°.— Compondrán este Departamento las poblaciones siguientes: Jalapa, Guastatoya, Sansare, Sanarate, soledad, Alzatate, Ingenio de Ayarce, Monjas, Chaparrón, Agua Blanca, Jilotepeque, Pinula, Santo Domingo, Achiote, Jutiaplilla y Achiotes del Cerro de Jumay. En consecuencia, los límites de estas poblaciones serán el lindero del Departamento que se establece.
    • Artículo 3°.— Se deroga el artículo 3°. del decreto número 30 de 10 de noviembre de 1871, que agregó al Departamento de Guatemala a los pueblos de Sansare, Sanarate y Guastatoya.

Dado en Guatemala, a veinticuatro de noviembre de mil ochocientos setenta y tres.

        • J. Rufino Barrios
        • El Secretario de Estado en los despachos de Gobernación, Justicia y Negocios Ecleasiásticos: Marco Aurelio Soto5

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 229.
  2. Ibid., p. 230.
  3. Ibid., p. 231.
  4. Ibid., p. 232.
  5. Ibid., p. 233.

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26 de octubre de 1874: primera ley de vialidad

El gobierno del general presidente J. Rufino Barrios decreta que todos los habitantes estaban obligados a trabajar en caminos públicos tres días al año

26octubre1874
Plaza y catedral de Cobán, Alta Verapaz, en 1880, aproximadamente. En el recuadro: retrato del general presidente J. Rufino Barrios, rodeado de los elementos liberales: el quetzal y la bandera azul y blanco establecida en 1871. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Desde que llegó al poder 1873, el gobierno de J. Rufino Barrios enfocó sus esfuerzos en crear una infraestructura eficiente para poder comunicar las principales zonas agrícolas en que empezó a cultivar el café a gran escala con los centros urbanos y los puertos y fronteras. 1

Para conseguir los trabajadores necesarios para la construcción y conservación de caminos, el gobierno liberal estableció la modalidad del trabajo forzoso, aunque los pobladores con mayores recursos tenían la opción de pagar en efectivo a cambio de no realizar el trabajo.  En la práctica, fueron los indígenas más empobrecidos los que realizaron el trabajo, no solamente porque no tenían dinero alguno para pagar para no hacerlo, sino porque las autoridades departamentales tendían a obligarlos a prestar trabajos pesados.2

El primer decreto de trabajo forzoso fue el Decreto N.°  126, del 26 de octubre de 1874, el cual decía así:3

J. Rufino Barrios, General de División y Presidente de la República de Guatemala

Considerando:

Que no se da cumplimiento al decreto de la Asamblea Legislativa de 17 de abril de 1830, que impone la obligación a todos los habitantes de la República, de trabajar en los caminos públicos cada año, durante tres días, cuya obligación se ha hecho pesar hasta hoy sobre la clase menesterosa.3, Nota a

Que no es posible dar ensanche y desarrollo al comercio y agricultura del país, sin vías de comunicación que faciliten el tránsito, las cuales no pueden mantenerse en buen estado, ni mejorarse como el Gobierno se propone, sin el auxilio general de los habitantes de la República, ya sea con su trabajo personal o con la compensación correspondiente.

Que es un deber del Gobierno reformar las disposiciones de beneficio público, como la de que se trata, decretada hace 44 años, para que esté en relación con las circunstancias actuales del país, y resolver, al mismo tiempo, las dudas que ella ofrece en su ejecución y que han sido consultados.

Que la retribución de dos reales diarios que establece, para los que no quieran prestar su servicio personal, no es proporcionada al precio a que han llegado los jornales en la actualidad; y 

Que la expresada ley carece de sanción para los que, estando comprendidos en ella, y sin causa justificada, pretenden eximirse de su cumplimiento, siendo indispensable determinar la apena en que incurran los contraventores o remisos, para que no quede ilusoria una disposición de observancia general.  En uso de las facultades de que me hallo investido, tengo a bien decretar y

Decreto:

Art. 1.°— Todo vecino está obligado a trabajar personalmente en los caminos públicos, tres días en cada año, o pagar el jornal que corresponde, teniéndose por vecino para los efectos de esta ley, al que tenga un año de residencia en cualquiera punto de la República.

Art. 2.°— Están exceptuados de esta obligación: los militares que se hallen en activio servicio y cuyo sueldo no pase de cincuenta pesos; los enfermos habituales, y los menores de catorce años y mayores de cincuenta, si estos últimos fueren jornaleros o artesanos y no tuvieren un capital que llegue a mil pesos. 

Art. 3.°— Para hacer efectiva aquella obligación, se formarán por las municipalidades registros o listas de todos los vecinos de su jurisdicción a quienes comprende la presente ley.

Art. 4.°— Todo vecino que desée exonerarse de prestar personalmente ese servicio, puede hacerlo satisfaciendo en dinero efectivo, el valor correspondiente al jornal de los tres días a razón de tres reales diarios y ocurriendo precisamente del día 1.° al 5 de octubre de cada año, en las cabeceras de departamento, a la Jefatura política y en las demás poblaciones, a la respectiva Municipalidad a hacer el entero que corresponde.Notab

Art. 5.°— Los que, debiendo prestar su servicio personalmente por no satisfacer el jornal establecido en el artículo que antecede, no ocurrieren después de la primera reconvención al lugar que se les designare, quedan obligados a trabajar durante cuatro días, en vez de tres, o a pagar la compensación de dichos cuatro días, como se previene en el artículo anterior; haciéndose efectiva esta obligación por la vía de apremio.

Art. 6.°— Debiendo procedrese en el mes de octubre de cada año, a la compostura general de los caminos públicos con el servicio que esta ley establece, las municipalidades cuidarán de publicarla por bando en los dos primeros domingos de septiembre de cada año, en el pueblo o pueblos de su jurisdicción, lo mismo que en las aldeas y caseríos, a fin de darle toda publicidad y que nose alegue ignorancia por los obligados a su cumplimiento.

Art. 7.°— La Municipalidad de cada lugar, formará una lista con dos columnas de todos los vecinos a quienes comprende esta ley; en la primera columna se colocará a los que estén dispuestos a pagar el jornal correspondiente a los tres días de servicio; y en la segunda a los que opten por prestarlo personalmente.  Dicha lista será remitida a la jefatura política a más tardar el primero de octubre de cada año, para que la autoridad departamental pueda saber el número de operarios efectivos con que cuenta para los trabajos y los fondos disponibles. […]

Art. 15.°— El Ministro de Fomento queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Dado en Guatemala, a veintiseis de octubre de mil ochocientos setenta y cuatro.

        • J. Rufino Barrios
        • El Ministro de Fomento, José María Samayoa3

Pero esa ley no bastó. El 30 de mayo de 1877 fue reformada, disponiendo que todo veicno estaba obligado a contribuir anualmente con la suma de dos pesos para atender a la reparación y conservación de los caminos públicos; y nuevamente fue reformada el 21 de marzo de 1878, porque la modificación de 1877 era muy gravosa para los pobladores.2

Sea como fuere, el gobierno de Barrios, gracias a estos decretos, tuvo a su disposición suficiente mano de obra barata para construir y darle mantenimiento a los caminos, a expensas de las comunidades indígenas del país.


NOTAS:

BIBLIOGRAFIA:

  1. Cazalia Avila, Augusto (1976) El desarrolo del cultivo del café y su influencia en el régimen de trabajo agrícola; época de la Reforma Liberal (1871-1885). p. 49.
  2. Ibid., p. 50.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 304-306.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

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23 de agosto de 1882: crean el municipio El Adelanto, Jutiapa

El general José María Orantes, encargado de la presidencia por viaje del general J. Rufino Barrios a los Estados Unidos, eleva a la aldeal «El Sitio» a categoría de municipio en el departamento de Jutiapa con el nombre de «El Adelanto».

23agosto1882
Paisaje del departamento de Jutiapa en 2010. En el recuadro: el general José María Orantes, encargado de la presidencia en lugar de J. Rufino Barrios en 1882. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Originalmente, la región que ocupa actualmente el municipio «El Adelanto» era habitada por indígenas de la raza pipil, que hablaban la lengua xinca. Luego de la conquista en la década de 1520, se convirtió en la aldea «El Sitio» del municipio de Zapotitlán. Éste tenía una extensión de 22 caballerías y contaba con aproximadamente 400 habitantes.1

En 1882, cuando el general presidente J. Rufino Barrios viajó a Nueva York y a Washington, D.C. para terminar el Convenio de Límites con México, dejó encargado de la presidencia al general José María Orantes en el papel, aunque en realidad quien decidía era el Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia.2 Así, el 23 de agosto de 1882, Orantes y Barrundia aprobaron que «El Sitio» se convirtiera en municipio de acuerdo al siguiente decreto:

Palacio Nacional, Guatemala, 23 de agosto de 1882.

Examinadas las diligencias relativas a la solicitud que han formulado los habitantes de «El Sitio», para que se erija dicho lugar en municipio independiente, y atendiendo a las circunstancias especiales de la expresada aldea, el General encargado de la Presidencia, con vista del informe que emitió la Jefatura política de Jutiapa, de lo pedido por el Ministerio Fiscal, y en uso de la facultad concedida al Gobierno en el artículo 5.° del decreto de 30 de septiembre de 1879, tiene a bien acordar la creación que se pide, en el concepto de que, el jefe político del departamento expresado, con asistencia de los municipios vecinos, demarcará con claridad los límites jurisdiccionales del nuevo distrito que se denominará «El Adelanto» haciéndose constar todo en una acta, de la cual deberá remitirse copia certificada a la Secretaría de Gobernación y Justicia.

Comuníquese.

        • Orantes3

En 1892, el gobierno del general José María Reina Barrios aprobó un presupuesto de quinientos pesos para construir escuelas en el municipio, de acuerdo al siguiente decreto:

Jutiapa, 23 de noviembre de 1892.

Con el mérito de las razones presentadas respectivamente por las municipalidades de El Adelanto, Moyuta y Agua Blanca, correspondientes al departamento de Jutiapa.

El Presidente Constitucional de la República, Acuerda:

Que por la Administración de Rentas departamental, se entregue a cada una de dichas corporaciones, la suma de quinientos pesos, para la construcción de edificios de escuelas, entregándose, además a la última cien pesos, para iniciar la introducción del agua potable, erogaciones que se harán de la partida de gastos extraordinarios de los respectivos ramos.

Comuníquese,

Para 1955 la situación del municipio era precaria. Información estadística de ese año muestra que en la cabecera municipal vivían 1,265 habitantes, y en todo el municipio había 2,957 personas. El idioma predominante era el español, había 56% de población indígena y el analfabestimo alcanzaba el 70%. En cuanto a infraestructura, los pobladores carecían de luz eléctrica, agua potable, asistencia médica y hospitalaria.5

Un estudio de la Universidad de San Carlos realizado en 2006 mostró que la mayoría de la población estaba comprendida entre los 0 y 14 años de edad, y que la principal fuente de trabajo era la actividad agrícola, aunque ésta no tenía teconología adeciada y solamente ofrecía bajos salarios sin prestaciones laborales. Como resultado de esto, y del hecho de que el analfabetismo era todavía alto, había numerosos habitantes dedicados al empleo informal, e incluso muchos niños menores de 10 años de edad que tenían que laborar para ayudar al sustento familiar.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. López Rosito, Mario René (2006). Municipio de El Adelanto, Jutiapa. Costos y rentabilidad de unidades pecuarias (crianza y engorde de ganado bovino). Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Ciencias Económicas. p. 1.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.
  3. Guerra, Viviano (1883). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1881-83 III. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 252-253.
  4. Gobierno de Guatemala (1894). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1892-93 XI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 296.
  5. López Rosito, Municipio de El Adelanto, p. 3.
  6. Ibid., p. 5.

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¿Quién fue Carl Gustav Bernoulli?

Carl Gustav Bernoulli: médico suizo, quien solicitó que se creara la ley de Vagancia y quien saqueó los dinteles de los templos de Tikal con la venia del gobierno del general J. Rufino Barrios

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Primeras excavaciones arqueológicas en Tikal.  Fotografía del investigador inglés Alfred Percival Maudslay publicada en 1890.  En el recuadro: parte de los dinteles del Templo IV que fueron enviados a Suiza por Bernoulli y que se encuentra en el Museo de Culturas de Basilea.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Carl Gustav Bernoulli es un ciudadano suizo que ha caído en el olvido en la historia de Guatemala, pero que tuvo una influencia muy profunda en el devenir de los indígenas del país durante el gobierno liberal del general J. Rufino Barrios.

Bernoulli, quien nació el 24 de enero de 1834, era descendiente de una familia prominente de Basilea, Suiza, y emigró a Guatemala en 1858, cuando ésta todavía era gobernada por el gobierno ultra católico del capitán general Rafael Carrera.1  En Guatemala se dedicó a la medicina y farmacia, y luego de la toma del poder por los gobiernos liberales, a plantar café y a explorar los antiguos yacimientos de cultura Maya1 los cuales habían sido descubiertos por Ambrosio Tut y luego documentados por una comisión encabezada por el coronel Modesto Méndez en 1848.2 En su reporte al gobierno del general Carrera, Méndez escribió: «Yo debo de cumplir con mi deber, pues me sería sensible que otros curiosos extranjeros vengan a dar publicidad a todos los objetos que estoy viendo y palpando. Vengan en hora buena esos viajeros con mayores posibles y facultades intelectuales, hagan excavaciones al pie de las estatuas, rompan los palacios y saquen las curiosidades y tesoros que no podrán llevar jamás sin el debido permiso; pero nunca podrán nulificar ni eclipsar el lugar que me corresponde, al haber sido el primero en descubrir estas ruinas; sin gravar los fondos públicos les abrí camino, y tuve el honor de comunicar al supremo gobierno de la república, cuanto interesante y superior se encuentra en la capital de este imperio; sin miras de interés personal o particular, únicamente satisfecho y persuadido que mi persona y cortos bienes pertenecen a la patria, al gobierno y a mis hijos.»3

Bernoulli estudió medicina en Würzburg, Berlín y Paris y recibió su doctorado de la Universidad de Basilea en 1857.  Luego de graduarse, visitó al ya anciano explorador alemán Alexander von Humboldt, y decidió viajar a Guatemala para explorar las ruinas mayas.  Durante los primeros diez años de su estancia en el país se dedicó a practicar medicina en la capital y abrió farmacias en Mazatenango y en Retalhuleu, y adquirió unos terrenos en Suchitepéquez.  En 1868 se mudó definitivamente a Retalhuleu ya que le encantaba la botánica y clasificó las diversas variedades de plantas de cacao que pudo encontrar, además de coleccionar numerosas plantas en su viveros y mantener extensa correspondencia con botánicos de Alemania y de los Estados Unidos.1  Durante esta época escribió artículos científicos para revistas alemanes de medicina, geografía y botánica y envió de contrabando varias reliquias mayas y especies de animales a su amigo Fritz Müller en Basilea, quien era el director de las colecciones de los museos de la ciudad.1

En 1877, ya cuando el general J. Rufino Barrios estaba en el poder en Guatemala, Bernoulli viajó a las ruinas de Tikal junto con O.R. Cario, un joven botánico y geógrafo que había sido enviado a Guatemala por el director de las colecciones botánicas de Göttingen.  Los exploradores recabaron una gran cantidad de información, la cual sirvió de base para la tesis de Cario, y descubrieron los dinteles de madera de los templos mayas.  Fue así como gracias a Bernoulli, y a la complicidad del general presidente J. Rufino Barrios, los famosos dinteles del Templo IV fueron robados de Tikal y enviados al Museo de Culturas en Basilea, Suiza, por intermedio de Franz Sarg, un cafetalero alemán que vivía en Alta Verapaz.1

Bernoulli era miembro de la Iglesia Reformista Suiza, la cual criticaba abiertamente el papel de la Iglesia Católica en Centroamérica, aprovechando el ambiente anticlerical que imperaba entre los miembros del gobierno liberal de Barrios.  Y la imagen de los indígenas guatemaltecos que Bernoulli describía en sus artículos era muy negativa, además de ser un reflejo del darwinismo social y el racismo de la época.1  En sus reportes alegaba que los indígenas solamente podían ser gobernados por medio del terror y atribuía la escasez de mano de obra para las fincas cafetaleras a la «haraganería natural» de los indígenas.  En base a esto, y como para entonces ya poseía fincas cafetaleras, hizo varias peticiones al gobierno de Barrios para que se hiciera un cambio en el sistema de registro y vigilancia de los trabajadores indígenas; su idea era que cada jornalero tuviera un pasaporte en el cual se registrara meticulosamente su rendimiento laboral.4  El gobierno de Barrios adoptó la idea y creó la primera Ley de Vagancia el 14 de septiembre de 1878,5 la cual sería luego modificada por el gobierno del general Jorge Ubico.6

Bernoulli ya no vió el efecto de sus peticiones, pues cuando emprendió el regreso a Basilea en 1878, cayó enfermo durante el viaje y murió en San Francisco, el 18 de mayo.4  En cuanto a los dinteles mayas robados, éstos han estado en exhibición en el Museo de Culturas y han recibido reconocimiento mundial ya que los investigadores han descifrado la importante información astronómica que contienen.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Schmölz-Häberlein, Michaela (2005).  Carl Gustav Bernoulli. En: Germany and the Americas: Culture, politics and history. (Adam, Thomas, ed.) I. Santa Barbara, California: ABC CLIO. (en inglés) p. 142.
  2. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008). El descubrimiento de Tikal por Ambrosio Tut y Modesto Méndez. Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación.
  3. Méndez, Modesto (6 de marzo de 1848). «Informe del Corregidor del Petén Modesto Méndez de 6 de marzo de 1848»La Gaceta de Guatemala (Guatemala).
  4. Schmölz-Häberlein, Carl Gustav Bernoulli. p. 143.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  6. Chacón Córdova, Carolina (2018). La figura del general Jorge Ubico Castañeda: dictador o tirano. En: 200 años en camino, Bicentenario de la Independencia – 2021. Guatemala: Autorictas Prudentium. pp. 5-7.

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18 de julio de 1935: Ubico inaugura la Plazuela Barrios

Como parte de las celebraciones del centenario del general J. Rufino Barrios, el presidente Jorge Ubico inaugura la Plazuela Barrios en la Ciudad de Guatemala

18julio1935
En la imagen: la Plazuela Barrios en 1935, con el monumento al fallecido general J. Rufino Barrios que originalmente estaba en el Palacio de la Reforma en donde en el siglo XIX se encuentra el Obelisco a Los Próceres, y que fue derribado por los terremotos de 1917-18. En el recuadro: los líderes de la Reforma Liberal. Aparte de Barrios y García-Granados y Zavala, están en primera fila: los mariscales José Víctor Zavala y Serapio Cruz (ambos incondicionales del gobierno conservador del general Rafael Carrera). Imagenes tomadas de La Gaceta de 1935.

Los gobiernos liberales, a partir del régimen del general Manuel Lisandro Barillas se dedicaron a impulsar el mito heróico del general J. Rufino Barrios por encima de otras figuras históricas guatemaltecas, en especial las de los regímenes conservadores, particularmente la del capitán general Rafael Carrera, fundador de la Repúbica de Guatemala y presidente vitalicio de la misma de 1854 a 1865.1

Gracias al triunfo de la Revolución de 1871, dirigida por Miguel García Granados y J. Rufino Barrios, se logró retomar las reformas iniciadas por el gobierno liberal del Jefe de Estado Mariano Gálvez junto con la del presidente federal, el general Francisco Morazán, quien había invadido a Guatemala y expulsado a las autoridades conservadoras y principales miembros del clero secular y de las órdenes religiosas en 1829.2 Desafortunadamente para los criollos liberales, aquellas reformas habían terminado abruptamente luego de la nefasta implementación de los Códigos de Livingston, que impulsaban el matrimonio civil, el divorcio y los juicios de jurados.3,4 De aquellas modificaciones legales, únicamente sobrevió el Habeas Corpus tras la revolución campesino-católica de 1837-38, por ser lo único que se adaptaba a la realidad del campesinado guatemalteco en ese momento, y que se había alzado contra los «herejes liberales«.4,5

Barrios ha sido llamado «Reformador» y «héroe» por los historiadores liberales, encabezados por el Dr. Lorenzo Montúfar, debido a que Francisco Morazán no era de Guatemala, y que el Dr. Mariano Gálvez no solamente fue derrotado por las fuerzas de los campesinos encabezadas por Rafael Carrera, sino que sus métodos militares de tierra arrasada contra las posiciones de los alzados no fueron aprobados por muchos de sus correligionarios liberales en su época, provocando una fractura entre ellos en medio de la guerra civil.6 Además, Barrios murió en el campo de batalla, algo que han mitificado los liberales diciendo que «[…] el Caudillo de la Unión rindió tributo a la tierra en los campos de Chalchuapa, […] y todavía llega a nosotros el eco de aquella tragedia que, como los esquilianas, envuelve a los héroes en un temblor sagrado, por la grandeza de sus propósitos y porque, en sus páginas, los héroes desfilan envueltos en un halo de fatalidad. […] a estas horas, Barrios ya no sólo es héroe y caudillo del liberalismo, sino un símbolo nacional, una gloria de la Patria«.7

Los historiadores liberales han creado un mito alrededor de Barrios, dejando por un lado la tiranía que impulsó éste durante su gobierno, la cruel persecución contras sus enemigos8 el terrible tratado Herrera-Mariscal que resultó en una pérdida considerable de territorio guatemalteco cuando se finiquitaron los límites con México,9 el despojo de terrenos de los indígenas y de los religiosos para favorecer a su cúpula de allegados, la entrega de la Verapaz a inmigrantes alemanes,10 el uso de los indígenas como mano de obra gratuita y como miembros de la milicia,11 y el uso de los fondos nacionales como sus finanzas personales.12-15 Esta mitificación fue hecha a propósito, a fin de legitimar las transformaciones sociales, económicas y políticas impulsadas por las políticas liberales desde 1871, en especial el concepto de ciudadanía que más les convenía y que dejaba a los indígenas por un lado.1

El concepto de ciudadanía apareció por primera vez en la Constitución de 1879, escrita a la medida de Barrios, y consiste en un perfil de ciudadano alfabeto, consciente de sus derechos y obligaciones.16 De esta forma, iniclamente eran ciudadanos los varones mayores de 21 años que sabían leer y escribir o tenían renta, industria, oficio o profesión; luego, la reforma de 1887 impulsada por Manuel Lisandro Barillas tras su golpe de estado para modificar la constitución para que no le restringiera el uso del poder,17 amplió el concepto hacia los miembros del ejército y a los mayores de 18 años que poseían un grado o título literario.16 Barillas utilizaría esta nueva definición de ciudadanos para permitir que los soldados analfabetos votaran y elegir así a un sucesor que le conviniera, como ocurrió en la elección del general José María Reina Barrios en 1892.

Aprovechando el centenerario del nacimiento del héroe liberal que se celebraba en 1935, el general Jorge Ubico, quien era ahijado de Barrios e hijo de uno de sus cercanos colaboradores —el poderoso político y cafetalero, licenciado Arturo Ubico Urruela—,18 se legitimó ante la población como sucesor del héroe mediante celebraciones en honor al fallecido gobernante, con inauguraciones de monumentos como la Plazuela Barrios el 18 de julio de ese año, y de la Torre del Reformador,1 y afianzó su liderazgo como heredero del régimen liberal mediante la modificación a la constitución que se hizo en mayo de 1935 y que permitió, entre otras cosas, la reelección del gobernante.19


BIBLIOGRAFIA:

  1. Polanco Pérez, Perla Patricia (2016). Ubico frente al héroe liberal: El Centenario de Barrios en la legitimación de la dictadura, Guatemala 1935. Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Humanidades. p. 68 y siguientes.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. García Laguardia, Jorge Mario (2011). La Reforma Liberal en Guatemala. Guatemala: TipografíaNacional. p. 26.
  4. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  6. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  7. Anzueto Vielman (14 de febrero de 1935). Datos biográficos del General Barrios. Guatemala: en La Gaceta, revista de Policía y Variedades III (27). p. 131-138.
  8. Rodríguez, Guillermo (Mayo de 1886) Exposición y documentos presentados a la Asamblea Nacional Legislativa por Guillermo Rodríguez, acusado y sentenciado con pretexto de la bomba del 13 de abril de 1884.  Guatemala: Tipografía de Arenales.
  9. Comisión Guatemalte de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 164-170.
  10. Caso Barrera, Laura (Diciembre 2014). Viajeros alemanes en Alta Verapaz en el siglo XIX. Su aportación al conocimiento de las lenguas y cultura mayas. Revista Brasileria de Lingüística Antropológica. 2. p. 414.
  11. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 69-73.
  12. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 3 y siguientes.
  13. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 413.
  14. Wagner, Regina (2001). The History of Coffee in Guatemala. Guatemala: ANACAFE, Villegas Editores. p.125.
  15. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226,227.
  16. Asamblea Nacional Constituyente (1899). Ley constitutiva de la República de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 11 de diciembre de 1879 y reformada por el mismo Alto Cuerpo en 5 de noviembre de 1887 y 30 de agosto de 1897; para uso de las escuelas. Guatemala: Tipografía Nacional.
  17. Caballeros, Adrián F. (1887). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1887 VI. Guatemala: Tipografía La Unión.
  18. Samayoa Chinchilla, Carlos (1950). El dictador yo. Guatemala: Imprenta Iberia.
  19. Valladares de Ruiz, Mayra (Agosto de 1995). Los gobiernos liberales y sus fuerzas políticas 1871-1944. En Estudios del IIHAA, 2 (95). Guatemala: Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas, Universidad de San Carlos. p. 106.

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20 de mayo de 1877: primer número del periódico «El Porvenir»

Se publica el primer número del periódico de la Sociedad Literaria «El Porvenir» de los intelectuales liberales de la época de J. Rufino Barrios

20mayo1877
Composición fotográfica del Teatro Colón (anteriormente Teatro Carrera) realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicada por la revista cultura «La Ilustración Guatemalteca» en 1897.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Sociedad literaria «El Porvenir» se formó en Guatemala con las principales personalidades literarias entre los criollos liberales que habían tomado el poder tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871. «El Porvenir» se reunió por primera vez la noche del lunes 19 de marzo de 1877, por iniciativa de Vicente Carrillo, quien fue su primer presidente, y con el objetivo de crear una «literatura nacional«.1

Los estatutos de la nueva sociedad fueron redactados por Carrillo, sometidos a discusión y aprobados por todos los miembros. Contaron desde el principio con la venia del gobierno del general J. Rufino Barrios, y todos los representantes del gobierno eran automáticamente miembros honorarios de ella, destacando entre ellos el licenciado Lorenzo Montúfar, quien no solamente era Ministro de Estado sino que era el principal ideólogo liberal anticlerical.1 Montúfar, quien fue un guía-protector de los miembros más jóvenes de la Sociedad dada su experiencia como Ministro de Estado en Costa rica y de Rector de la Universidad de Santo Tomás,1 había regresado a Guatemala durante el gobierno de Barrios, tras haber salido huyendo del país disfrazado de clérigo cuando el general Rafael Carrera regresó a Guatemala de su autoimpuesto exilio en agosto de 1849.2

Las reuniones de la Sociedad eran semanales, y de julio acordaron también imponer una cuota de 50 centavos a cada miembro, para sufragar los gastos y en agosto de este mismo año, Barrios concedió, a través de la tesorería de la Universidad, cincuenta pesos mensuales para apoyar las labores de «El Porvenir», dada la importancia de esta asociación en la formación y desarrollo de los intelectuales liberales guatemaltecos.1

El 20 de mayo de 1877 la sociedad empezó a publicar un periódico quincenal que llevó el nombre de “El Porvenir” y en su primer número incluyó una lista de los socios que la componían:

  1. Honorarios: personajes relevantes, principalmente miembros del gobierno y a las mujeres.
  2. Asistentes: los que concurrían con regularidad a las juntas.
  3. Corresponsales: socios que se encontraban fuera de la ciudad o del país y contribuían con materiales para las sesiones y el periódico.1
  4. La junta directiva se componía de presidente vicepresidente, secretario, sub-secretario, varios vocales y tesorero, aunque en de 1879 se suprimieron los cargos de presidente y vice-presidente y se eligieron doce presidentes para ejercer el cargo durante un mes cada uno. Y en mayo de 1880 ampliaron las temáticas abordadas a otras ciencias e inauguraron una serie de conferencias públicas como otro medio de difusión de sus trabajos para lo cual organizaron veladas artístico-literarias en el Teatro Nacional.1

Máximo Soto Hall, quien luego sería un ideólogo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, clasificó a los miembros de la siguiente forma: 3

  • «Sombras protectoras»: eran las personalidades de mayor edad, y entre ellas estaba el ya mencionado Lorenzo Montúfar, el padre Ángel María Arroyo, quien a pesar de ser sacerdote fue uno de los principales aliados de J. Rufino Barrios y uno de sus principales aduladores,4 Antonio Machado y el escritor José Milla y Vidaurre. Los tres primeros citados eran considerados como los grandes oradores de la época,5 mientras que Milla, era muy respetado como orador y catedrático universitario a pesar de ser conservador y miembro de los gabinetes de Carrera y Vicente Cerna antes de la revolución de 1871.3
  • Mayores de 30 años: eran los que empezaban por aquel entonces a a labrarse un nombre. Entre ellos destacan:3
    1. Antonio Batres Jáuregui: quien luego sería Ministro de Estado de Barrios y de todos los presidentes liberales hasta Manuel Estrada Cabrera, a pesar de ser conservador. Fue vice-presidente de la Sociedad desde su fundación hasta noviembre de 1877.
    2. Fernando Cruz: quien luego sería Ministro de Estado.
    3. Salvador Falla: jurista y político que fue vocal 1º y luego asumió la presidencia de la asociación desde noviembre de 1877 hasta enero de 1879.
    4. Ricardo Casanova y Estrada: por entonces un joven abogado, quien después de ser humillado por el presidente Barrios durante un litigio que se seguía por la propiedad que había sido de la Orden de San Felipe Neri de la Escuela de Cristo, decidió hacerse sacerdote y llegó a ser el arzobispo de Guatemala.
    5. Juan Fermín de Aycinena: otro escritor conservador, quien era descendiente del patriarca de su familia, que tenía el mismo nombre. Aycinena fue miembro del gobierno de Carrera, pero abandonó la política tras la Revolución de 1871.
  • Jóvenes: los literatos que apenas empezaban. Entre ellos se encontraban:
    1. Manuel Valle: joven poeta de 16 años, miembro asistente y asiduo colaborador del periódico con su poesía. Llegó a ser abogado, escribió varias obras de teatro y en 1902, junto a Virgilio Rodríguez Beteta y Francisco Contreras fundó el primer ateneo de Guatemala.3
    2. Miguel Ángel Urrutia: secretario particular de Barrios. Ingresó a la sociedad en febrero de 1879 y fue un asiduo colaborador del periódico principalmente con su poesía.<sup>3</sup>
    3. Ramón A. Salazar: médico, quien luego llegaría Ministro de Instrucción Pública de Barrios y luego editor de la revista cultural «La Ilustración Guatemalteca» durante el gobierno del general José María Reina Barrios. Fue miembro de varias Asambleas Legislativas que favorecieron al gobernante liberal de turno y también fue ministro del licenciado Manuel Estrada Cabrera. Fue uno de los principales intelectuales anticlericales guatemaltecos y director del «Diario de Centro América«, que en esa época era un periódico semi-oficial.
    4. Juan Arzú Batres: ingeniero, quien fue director del Diario de Centroamérica y padre del escritor José Arzú. Fue miembro fundador de la Academia Guatemalteca correspondiente a la española de la lengua y ocupó diferentes puestos en la directiva de la sociedad.3
    5. Guillermo Hall: tío de Máximo Soto Hall y padre de Elisa Hall de Asturias
    6. Domingo Estrada: de 22 años de edad, era hijo de Arcadio Estrada, un abogado que participó en el movimiento de 1871 y que ocupó varios puestos ministeriales durante los gobiernos liberales. Por la influencia de su padre, Estrada ocupó puestos públicos mientras todavía estudiaba en al Universidad de donde se graduó de abogado en agosto de 1877. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Guatemala sirviendo puestos diplomáticos, principalmente en los Estados Unidos. Fue vocal, tesorero, miembro de la comisión de imprenta y publicó asiduamente en el periódico «El Porvenir«.3

Entre los miembros extranjeros destacaron:

  • El ingeniero mexicano Alejandro Prieto, quien fungió en la sociedad como vocal 1º y era Secretario de la Legación de México en Guatemala. Prieto escribió el primer Tratado de Agrimensura recopilando leyes y decretos, y se hizo cargo, ad honorem, de las asignaturas de Topografía, Agrimensura y dibujos y con ello formó la Facultad de Ciencias Exactas de donde salieron los primeros veintidós Ingenieros Topógrafos. Trazó el Cementerio General y el Hipódromo del Norte. Hizo el primer estudio de los límites con México, y la nivelación de los ríos Pensativo y Democracia.1
  • El licenciado hondureño Marco Aurelio Soto,3 quien fuera Ministro del gobierno de Barrios durante los primeros años de éste, y luego fue colocado en la presidencia de Honduras junto a su primo Ramón Rosa por el general Barrios. Años después, cuando ya no le era útil, Barrios lo derrocó y lo sustituyó por Luis Bográn.
  • El poeta cubano José Martí, quien aparece en la lista de socios asistentes que se publicó en el primer número del periódico. En 1878 figura como Vicepresidente de la sociedad y pronunció un discurso en la primera velada que realizara la sociedad el 25 de julio de 1877, que fue el que le valió el sobrenombre de «Dr. Torrente«.6

Por supuesto, la ideología liberal y el progreso que proponía y documentaba la Sociedad Literaria era para las élites ilustradas y no para el ciudadano común, en particular el indígena. Los literatos se convirtieron, entonces, en apologistas de la medidas económicas anticlericales y pro-cafetaleras de J. Rufino Barrios que utilizaron a los indígenas como mano de obra casi gratuita. He aquí algunas frases publicadas en las páginas de aquel periódico por Salvador Falla, que dejan clara la posición de los intelecuales liberales:

«El aborigen, poseedor de inmensos terrenos vírgenes henchidos de fecundidad, pero que yacen hace siglos esperando la hora de la redención por el cultivo, … alega no sé qué derechos señoriales adquiridos de tiempos remotísimos y se opone con una tenacidad propia de su raza a que una mano extraña, una mano aleve toque el árbol que él no ha plantado, el árbol que no ha cuidado ni visto crecer.»7

«No le pidamos al indio iniciativa, adelanto, progreso; porque la iniciativa individual no se encuentra en la degeneración y en la ignorancia; no queramos que sienta la sed de la riqueza, la ambición del bienestar material; porque la ambición no puede avenirse con una alma empequeñecida. Pidámosle al indígena lo que puede darnos: que auxilie la obra del progreso con su mano callosa, su brazo fornido, su índole suave«.8

Así pues, para aquellos eruditos liberales, lo «nacional» era únicamente lo español y lo occidental. Juan Arzú Batres, en un artículo titulado “La imaginación y el pensamiento” llega al extremo de eliminar a toda la población indígena de América considerando que el continente era únicamente la reunión de dos razas: la inglesa y la española, y que estaba llamado a ser la síntesis de ambas y lograr con ello “que no se reconozca otra raza que la raza humana, ni otra civilización que la civilización Universal”.9

Uno de los sucesos más relevante de la Sociedad Literaria ocurrió en diciembre de 1879 cuando el presidente Barrios les encargó convocar a un concurso para elegir un himno nacional. Pretendían utilizarlo para las celebraciones que el gobierno planeaba para el mes de marzo de 1880 cuando entraría en vigor la Constitución de 1879, cuya redacción se había pospuesto por varios motivos desde que Miguel García-Granados y Zavala se había hecho con el poder en 1871. El 5 de enero de 1880 la sociedad convocó al concurso para el cual se otorgó un plazo de quince días. Nombró un jurado calificador compuesto por José Milla, José Antonio Salazar, Javier Valenzuela, Manuel Ramírez y Salvador Falla. Pero solamente se recibieron sólo trece composiciones y cuando el jurado eligió los tres primeros lugares, todos miembros de la Sociedad —Juan Fermín de Aycinena, Miguel Ángel Urrutia y Manuel Arzú y Saborío—, dictaminó que ninguno de ellos merecía el calificativo de Himno Nacional y el evento quedó como un simple concurso literario.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes Oliva, Regina (4 de junio de 2009). Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir«. En Boletín AFHEC. (41) Guatemala: Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Soto Hall, Máximo (1966). La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 53.
  4. Vela, David (1948). Literatura Guatemalteca Guatemala: Tipografía Nacional. p. 315.
  5. Ibid., p. 307.
  6. Hall, La niña de Guatemala, p. 67.
  7. Falla, Salvador (24 de julio de 1877). El Porvenir ¡Adelante!. En El Porvenir I (5), p. 65.
  8. Ibid., pp. 66-67.
  9. Arzú Batres, Juan (5 de julio de 1877). La novela. En El Porvenir I (4), pp. 53-54.

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28 de abril de 1882: autorizan a presidente Barrios a viajar a EEUU

Creyendo erróneamente que el gobierno de los EEUU lo apoyaba, la Asamblea Legislativa autoriza de una manera especial y amplia a J. Rufino Barrios para viajar a Washington a arreglar la cuestión de límites con México.

28abril1882
Atentando contra el presidente estadounidense James Garfield el 2 de julio de 1881. Junto a Garfield, quien murió pocos semanas después, está el Secretario de Estado James Blaine, quien le había ofrecido al embajador Lorenzo Montúfar (en el recuadro) que los EEUU apoyarían la devolución de Chiapas y Soconusco a Guatemala, y la Unión Centroamericana con J. Rufino Barrios como presidente. El sucesor de Garfield, Chester Arthur, destituyó a Blaine y no apoyó ninguna de estas ofertas. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1881, el gobierno del general J. Rufino Barrios envió al Dr. Lorenzo Montúfar como embajador a Washington para tratar el asunto de los límites con México, ante el Secretario de Estado, James G. Blaine, quien desconfiaba del embajador de México, el señor Matías Romero. Cuando Montúfar le hizo ver a Blaine los incuestionables derechos que Guatemala tenía sobre los territorios de Chiapas y de Soconusco, el funcionario estadounidense le dijo a través de un intérprete: «Es sencillo, señor Ministro, arreglar el asunto. No tiene usted sino proponer que los Estados Unidos sean árbitros de la cuestión; yo haré que México acepte el arbitramiento; y sé que la justicia está en favor de Guatemala; harto conozco los antecedentes. Además, convendría bajo todos los conceptos, llevar a cabo la Unión de Centroamérica. Mi gobierno apoyará al general Barrios, como presidente de ellas, porque es el hombre de grandes impulsos y prestigios, para el caso«.1

Montúfar quedó complacido con la solución del Secretario Blaine, pues a éste le interesaba mantener la paz en la región y mantener a México bajo control, y por eso apoyaba a Guatemala. El embajador guatemalteco de inmediato mandó un reporte de su reunión con el Secretario de Estado al Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala, sin saber que aquel triunfo sería de corta duración, pues el 2 de julio de 1881 hirieron al presidente James A. Garfield en la gran estación del ferrocarril de Pensilvania, cuando iba en compañía de Blaine. Garfield murió el 19 de septiembre debido al mal tratamiento médico y su sucesor, el presidente Chester Arthur, destituyó a Blaine y en su lugar colocó a Frederick T. Frelinghuysen, quien no compartía la forma de pensar de su antecesor.2

De acuerdo a la versión presentada por el historiador y diplomático Antonio Batres Jáuregui, diez días después de la muerte de Garfield, Montúfar se presentó ante el nuevo Secretario de Estado, en compañía del exministro de Venezuela en Washington, el señor Camacho Roldán. Este último no podía regresar a Venezuela por un cambio de gobierno y Matías Romero, que tenía una enemistad personal con Barrios por un terreno en Soconusco, lo sobornó para que sirivera de intérprete a Montúfar pero que no tradujera correctamente lo que dijera el Secretario de Estado. 3 Cuando se presentaron ante Frelinghuysen, éste le dijo a Montúfar:

«El gobierno del Sr. Arthur no puede ofrecer [que Chiapas y Soconusco sean devueltos a Guatemala ni que se apoyo al general Barrios como jefe de la Unión Centroamericana]. Si México aceptar voluntariamente el arbitramiento, también los Estados Unidos aceptarán proceder como árbitros de la cuestión de límites; pero sin comprometerse a nada ulterior. Chiapas y Soconusco se darán al que apareciere tener el mejor derecho sobre ellos. En cuanto a la Unión de Centroamérica, sería grato para mi gobierno, que se llevase a cabo espontáneamente; pero no podemos apoyar al que sea presidente, esa es cuestión de los pueblos; y nosotros no estamos dispuestos de intervenir en negocios internos de otros países».4

El sobornado Roldán, le tradujo el párrafo anterior así a Montúfar:

«Dice Mr. Frelinghuysen, que tien las mismas ideas que su antecesor, y que puede el señor Ministro de Guatemala, estar seguro de que respetará las ofertas que se le han hecho anteriormente, obrando Mr. Arthur en los mismos términos convenidos con el anterior Secretario de Estado. Que se complace en devolver, con aprecio, el saludo que le trae esta visita; y que tendrá gusto en tratar los asuntos con el señor doctor Montúfar que cree que pronto se podrá resolver la cuestión de límites con México; y se apoyará al general Barrios en la jefatura de la Unión Centroamericana, formada de una feliz confederación».4

Montúfar se apresuró a comunicar esto al ministro Felipe Cruz, y Barrios convocó a una reunión con el padre Angel María Arroyo, el licenciado Manuel J. Dardón, Cruz y otros amigos personales para decidir qué hacer al respecto, y decidieron que lo mejor era que Barrios fuera en persona a Washington a resolver el asunto.5 Entonces, para darle apariencia democrática a aquello, Barrios envió el siguiente mensaje a la Asamblea:

«Así pues, me propongo agotar todos los medios de acabar este envejecido asunto, semillero de resentimientos y disputas, consultando práctica y concienzudamente los positivos intereses del país, y en la persuasión de que, con ello, le presto valiosísimo servicio, y si por desgracia quedase defraudada mi esperanza, y escollaren mis esfuerzo, se habrá evidenciado al menos, que a Guatemala nada queda ya que hacer, que no se quiere por parte de México concluirlo de ningun modo, y entonces no habrá que volver a pensar en trabajos de ese género. Tratándose de negocio de esa magnitud, no quiero, sin embargo, decidirme a proceder, sin pleno conocimiento de la Asamblea, y sólo en ejercicio de las facultades que ordinariamente atribuye al Ejecutivo la Constitución, sino que quiero y pido, si la Representación Nacional estima oportuno concederla, autorización muy especial y amplia, conferida en un Decreto, para ponerle término del modo que yo juzgue que mejor conviene a los verdaderos intereses de la República.»6

Y, como ya estaba pactado de antemano, el 28 de abril de 1882, la Asamblea Legislativa publicó el siguiente decreto:

Decreto Número 42

La Asamblea Nacional Legislativa de la República de Guatemala,

Habiendo tomado en consideración el mensaje últimamente dirigido por le Jefe del Poder Ejecutivo y que se contrae a que se le faculte amplia y especialmente para poner término a la antigua cuestión de límites con los Estados Unidos Mexicanos:

Encontrando que las sólidas razones, expuesta en aquelimportante documento, obedecen a la necesidad de un arreglo definitivo en que sean consultados los intereses y el honor del país: de conformidad con el dictamente de la Comisión Extraodinaria que ha examinado el asunto y con presencia de lo dispuesto en el inciso 12, artículo 54 de la ley constitutiva.

Decreta:

Artículo Unico.- Se autoriza de una manera especial y amplia al Presidente de la República, general J. Rufino Barrios para arreglar definitivamente y del modo que juzgue que mejor conviene a los verdaderos intereses del país, la cuestión de fronteras pendiente con los Estados Unidos Mexicanos.

Dado en el Salón de Sesiones, en Gutaemala a los veintiocho días del mes de abril de 1882.

        • José Antonio Salazar, presidente
        • E. Martínez Sobral, secretario
        • Vicente Sáenz7

Según narra Batres Jáuregui, Barrios partió para los Estados Unidos junto con Arroyo y Cruz, dejando como encargado de la presidencia al general José María Orantes, y cuando llegó a Nueva Orleans, lo recibió Montúfar con una pequeña comitiva, y le dijo: «¡Señor Presidente, los tamales están servidos en la mesa!«; a lo que le respondió el presidente: «Nos los comeremos todos juntos«. Partieron para Washington, y al llegar, Barrios fue a ver al Secretario de Estado, junto con Arroyo, Cruz y el intérprete Jacobo Gaiz, cónsul de guatemala en Nueva York.8 Cuando Frelinguysen le dijo que el convenio que le había dicho Montúfar no existía, Barrios insistió tres veces, creyendo no haber entendido bien al intérprete, hasta que finalmente Cruz, que sí hablaba inglés, le dijo en voz baja que era mejor retirarse. Ya fuera del despacho del Secretario de Estado, Barrios montó en cólera e hizo llamar a Montúfar a su habitación en el hotel Arlington; cuando el embajador entró, Barrios se avalanzó sobre él, pero el padre Arroyo se interpuso, dando tiempo a que Montúfar saliera huyendo.9

Montúfar terminó presentando su dimisión el 2 de agosto, pues no estaba conforme con los malos tratos recibidos ni con lo que estaba haciendo el presidente, ya que fue predispuesto contra Barrios por el propio Matías Romero, sin saber que había sido víctima de éste desde la primera reunión con Frelinghuysen.9

Finalmente, el 3 de diciembre de 1882, Barrios envió el siguiente mensaje a la Asamblea para guardar las apariencias:10

«Las comunicaciones oficiales de los ministros que Guatemala tenía acreditados en los Estados Unidos de América y en México; me hicieron comprender que el asunto de límites, tratado a la vez en dos puntos diferentes, por diferentes personas y bajo bases diferentes, ofrecería graves complicaciones y que, para alejarlas y para llegar a un desenlace satisfactorio, era indispensable unificar la acción, ocupándome yo directamente del asunto y oyendo a la vez a los dos representantes del Gobierno. Creí imprescindible mi intervención personal, y resultó evidentemente confirmado que no me equivocaba. Me dirigí a los Estados Unidos del Norte, y desde luego comprendí que la cuestión corría y estaba corriendo un grave riesgo de convertirse en verdadero conflicto: que llegaba yo en momentos solemnes, y que, de no llegar en tan oportunas circunstancias, habría sido imposible detener más tarde el torrente de las dificultades y calamidades en que el país iba a ser envuelto.[…] Las comunicaciones del Ministro de Guatemala en Washington [Lorenzo Montúfar] decían que había tenido conferencias en esa capital con el Plenipotenciario de México: que tenían convenido ya un proyecto para someter a arbitramento la cuestión; que conforme a ese proyecto, el Gobierno de los Estados Unidos obraría como árbitro para resolverla; que este Gobierno aceptaba aquel carácter, y que debía prescindirse de toda idea de tratado en México. [Por otra parte] las comunicaciones del Dr. Manuel Herrera, Representante de la República en los Estados Unidos Mexicanos, decían sería aceptado en México el tratado propuesto por él, renunciando a Chiapas y Soconusco, mediante una indemnización; que era éste el partido que se debía adoptar; que allí debía concluirse el asunto, y que el arbitrariamiento era imposible. Las cosas no podían ocntinuarse en ese camino por más tiempo, y así, al salir para la capital de los Estados Unidos de Norte América, dí aviso por telégrafo a nuestro Representante en México para que fuera allá a reunírseme, a fin de discutir y terminar el asunto».10

Como resultado, Barrios no obtuvo el reconocimiento del gobierno de Arthur para ser el presidente de la Unión Centroamericana, y tuvo que renunciar definitivamente a los territorios de Chiapas y de Soconusco en el Tratado Herrera-Mariscal que se firmó el 27 de septiembre de 1882, con el afán de que México no invadiera a Guatemala cuando él intentara unificar a Centroamérica por la fuerza.

Ahora bien, de acuerdo al ingeniero Claudio Urrutia, jefe de la Comisión Guatemalteca de Límites con México, lo que narra Batres Jáuregui habría sido sólo una versión de lo ocurrido, ya que en su «Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México» dice: «El Tratado fue fatal para Guatemala. En todo lo que con la cuestión de límites se relacionó durante aquella época, existe algo oculto que nadie ha podido descubrir, y que obligó a las personas que tomaron parte en ello por Guatemala, a proceder festinadamente o como si obligados por una presión poderosa, trataron los ausntos con ideas ajenas o de una manera inconsciente«.11 Y tras una extensa explicación sobre los límites finaliza: En resumen, Guatemala perdió por una parte cerca de 6000 millas y ganó por otra cosa de 2000; resultado: una pérdida de 4000 millas cuadradas. Guatemala perdió 14 pueblos, 19 aldeas y 54 rancherías, mientros que México perdió un pueblo y 28 rancherías con 2500 habitantes; júzguese la equidad en las compensaciones. Así concluyó el fatal tratado de 27 de septiembre de 1882, en que Guatemala dió a México todo lo que éste quiso y mucho más12

Lo que dice Urrutia parece concordar con lo aseverado por Francisco Lainfiesta, otro estrecho colaborador de Barrios, quien dice al respecto en su obra «Apuntamientos para la Historia de Guatemala» lo siguiente: «Barrios llevaba, seguramente, la ilusión de que su presencia personal en Washington serviría eficazmente para allanar dificultades, pero el terreno estaba allá tan trabajado por [el embajador mexicano] Romero, que acaso habría sido mejor fiar el asunto a la sola intervención del ministro guatemalteco. El Gobierno Americano excusó políticamente tomar cartas directas en el asunto, conformándose con la oferta de aceptar un arbitramiento en el caso de ser solicitado por ambas partes. Las gestiones y conferencia se principiaron entre el señor Romero por parte de México, y Barrios, Cruz, Herrera (hijo) y Montúfar, por parte de Guatemala, dando por resultado que se asentasen las bases para un tratado de límites que debería celebrarse en la capital de México. El pacto fue firmado por Herrera (hijo), con aprobación de Barrios y Cruz; y aunque Montúfar ha dicho que él no lo habría firmado, por ser onerosísimo para Centroamérica; debe creerse que requerido para ese efecto, lo habría signado sin observación«.13 Y con respecto al disgusto entre Barrios y Montúfar, dice Lainfiesta: «Amostazado Montúfar, por el desaire que Barrios le hiciera, no valiéndose de él para presidir las gestiones y firma del pacto, y no pudiendo soportar el maltrato que de él recibía, le envió una lacónica carta en que le notificaba renunciar el puesto de ministro, fundado en el motivo de ese maltrato. La destemplada misiva de Montúfar apareció en uno de los acreditados periódicos de Nueva York, y fue leída por Barrios antes de tener en su manos el original. […] Montúfar se excusó diciéndome que la publicación de la carta había provenido del abuso cometido por un amigo a quien confiara el borrador; y que ese amigo fue quien sin previa consulta la hizo publicar«.14

Barrios no quedó contento con el tratado y obligó a Herrera a presentar su renuncia por incompetencia, pero comprendió que si no aprobaba el tratado después de todo lo ocurrido en Washington y Nueva York, iba a exponer a Guatemala a todos los graves, ciertos y seguros males que surgirían.15


BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 431-432.
  2. Ibid, pp. 432-433.
  3. Ibid, p. 433.
  4. Ibid, pp. 434-435.
  5. Ibid, p. 436.
  6. Cruz, Felipe (1888). La verdad Histórica acerca del Tratado de Límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía La Unión. p. 3.
  7. Guerra, Viviano (1883). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1881-83 III. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 444.
  8. Batres Jáuregui, La America Central Ante la Historia. p. 438.
  9. Ibid, p. 439.
  10. Cruz, La Verdad Histórica acercal del Tratado de Límites, pp. 6-7.
  11. Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 164.
  12. Ibid, p. 177.
  13. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 269.
  14. Ibid, pp. 270-271.
  15. Comisión Guatemalteca de Límites con México, Memoria sobre la cuestión de Límites, p. 178.

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