6 de abril de 1839: la Batalla del Espíritu Santo

En la Batalla del Espíritu Santo, el general Francisco Morazán obtiene una contundente victoria sobre los invasores de Honduras y Nicaragua en el territorio de El Salvador

Cuadro que representa la Batalla del Espíritu Santo. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Cuando inició 1839 los estados de Nicaragua y Honduras tenían una actitud hostil contra el estado de El Salvador debido a la profunda animadversión de éstos para con el ex-presidente federal, Francisco Morazán, quien para entonces era el comandante de Armas de El Salvador.  El pacto de la República Federal se había roto en 1838 cuando Morazán no convocó a elecciones para elegir a su sucesor,1 y como la capital federal estaba en San Salvador, el ex-presidente se había quedado en aquel Estado.

Honduras y Nicaragua dieron muestra de querer ir a la guerra, por lo que el Jefe de Estado de El Salvador, Diego Vigil, pidió a Morazán que se preparara para combatir a sus vecinos.  Pero no le dió tiempo suficiente al Comandante de Armas, pues sin declaración de guerra previa, el general nicaragüense Bernardo Méndez invadió a El Salvador por el lado de San Miguel al mando de mil soldados; el general hondureño Francisco Ferrera, por su parte, iba marchas forzadas para reunirse con los hombres de Méndez y acabar con la resistencia salvadoreña lo más pronto posible.2

Pero frente a ellos tenían a uno de los mejores genios militares de Centroamérica.

Morazán llegó al frente de ochocientos efectivos y acampó en la hacienda de San Francisco, en la margen del río Lempa opuesta a donde estaba el cuartel general de los nicaragüenses en Corlantique.  Allí estaban cuando el comandante de las fuerzas salvadoreñas se enteró de que Ferrera iba marchando sobre El Salvador, y decidió salir a su encuentro.  Pero cuando Morazán partió, Méndez atacó y derrotó a una de las divisiones salvadoreñas, por lo que Morazán tuvo que regresar a rehacerse.

Los nicaragüenses ya habían ocupado San Vicente —que en ese entonces era la capital del Estado de El Salvador, puesto que San Salvador todavía era la capital federal— y estaban amenazando con tomar Cojetepeque.  Morazán entonces partió hacia Cojutepeque, buscando que se unieran más hombres a su ejército.

Mediante varias maniobras que distrajeron a los invasores, Morazán los llevó a la hacienda del Espíritu Santo, en donde se libró una de las batallas más emblemáticas de la carrera del caudillo liberal.  El 5 de abril por la tarde llovió copiosamente, pero la lluvia amainó al caer la noche y los invasores decidieron atacar a Morazán, creyendo que estaba desprevenido.  Pero el comandante de las fuerzas salvadoreñas dio la señal de alerta y empezó un nutrido tiroteo entre ambos ejércitos.  La llovizna  seguía y como la noche era oscura, el combate fue a quemarropa y muchas veces entre los mismos correliginarios.3

El coronel Benítez —Jefe del Estado Mayor del Ejército de El Salvador— se aproximó a lo más crudo de la batalla y cuando se dió cuenta de que no se podía reconocer a nadie en medio de la oscuridad y los fogonazos de los tiros, gritó su nombre para servir de punto de reunión, lo que fue aprovechado por uno de sus enemigos para atacarlo con la bayoneta.  Como pudo regresó con Morazán que le recriminó su imprudencia aunque sintió profundamente la herida de Benítez quien falleció poco después.

Morazán, en medio de la oscuridad, tomó a veinticinco escoltas y se fue a donde estaba el combate.  A cada uno de los que encontraba le preguntaba si era soldado de Morazán, y si le contestaban que no, entonces los hacían prisioneros en el acto.  De esta forma, logró capturar a 29 soldados enemigos, y cuando aclaró la mañana del 6 de abril concentró a sus fuerzas en el edificio de la hacienda desde donde podía dispararle al enemigo fácilmente y en donde tenía sus reservas.4

Sin embargo, los invasores rodearon la hacienda por la retaguardia, expulsando a Morazán y a sus hombres.  En este momento, el comandante salvadoreño tomó la decisión de arremeter contra sus enemigos y gritó blandiendo su espada: «¡El que tenga valor que siga a su general!»  La arremetida resultante sorprendió a los invasores que fueron derrotados en poco tiempo y se dieron a la fuga en todas direcciones.

Al final de la acción, cuando se estaba haciendo el recuento de los graves daños y pérdidas que tuvieron ambos ejércitos, Morazán en persona salió a perseguir al enemigo.  A los pocos pasos encontrarona diez hombres que presentaron las armas con las culatas hacia arriba para rendirse; sin embargo, cuando reconocieron a Morazán uno de ellos gritó: «¡Este es el general Morazán!» y cambiaron de posición sus armas para dispararle al general, hiriéndolo en el brazo derecho.  Los que acompañaban al comandante salvadoreño mataron a los atacantes con sus bayonetas y con golpes de culata y cuando ya estaban muertos, todavía llegó otro grupo a golpearlos.5

Esta victoria fue uno de los mayores triunfos de la carrera militar de Morazán, y en ese momento todo parecía sonreirle, pues acababa de derrotar a las principales amenazas contra la reunificación de Centroamérica, que además eran los principales aliados del teniente coronel Rafael Carrera.  En cuanto a Carrera, el mismo Morazán lo había reducido junto con sus huestes campesinas a las serranías de Mita; y, por si fuera poco, el Estado de Los Altos era incondicional a su persona y en Guatemala gobernaba el general Carlos Salazar, a quien Morazán había puesto en lugar de Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.6

Pero la suerte de Morazán iba a cambiar radicalmente apenas una semana después de la batalla del Espíritu Santo, ya que sabiendo de la alianza de Honduras y Nicaragua contra el ex-presidente federal, las huestas de Carrera dieron el golpe de estado en contra de Carlos Salazar en Guatemala,7 lo que desencadenó una seria de hechos violentos que terminaron no solo con el Estado de Los Altos, sino  con la derrota definitiva del caudillo liberal en la Ciudad de Guatemala a manos de Carrera el 19 de marzo de 1840.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 49.
  3. Ibid., p. 50.
  4. Ibid., p. 52.
  5. Ibid., p. 53.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  7. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  8. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.

24 de marzo de 1839: Carrera y las huestes de Mita lanzan proclama contra Morazán

El teniente coronel Rafael Carrera y sus huestes de Mita, entonces concentradas en las serranías de Mita, lanzan una proclama contra Francisco Morazán, desconociendo al gobierno de Carlos Salazar y a la Asamblea de Guatemala.

24marzo1839
Vista panorámica de Mataquescuintla desde el mirador de Colis. En el recuadro: fotografía del capitán general Rafael Carrera cuando ya era presidente vitalicio de Guatemala en 1854. Imágenes tomadas de Mirador de Mataquescuintla «Colis» y de Pantheon World.

El 18 de enero de 1839 los nuevos gobiernos de Honduras y Nicaragua —que se habían declarado Estados Independientes de la República Federal de Centro América en 1838— formaron una alianza ofensiva y defensiva en contra del Presidente Federal Francisco Morazán.1 Ambos estados se habían separado de la Federación cuando Morazán no quiso convocar a elecciones presidenciales2 y el 18 de mayo de 1838, en la sesión del Congreso Federal, se acordó autorizar a los estados a reorganizarse como mejor les pareciera, sin tomar en cuenta las leyes nacionales, lo que fue aprovechado por Honduras, Nicaragua y Costa Rica para separarse definitivamente de la Federación.3

Aquel tratado de alianza significó el principio del fin para Morazán, y de la República Federal, formada ya solamente por Guatemala, Los Altos y El Salvador.  El tratado favorecía las aspiraciones del Jefe de las Armas de Honduras, el caudillo conservador Francisco Ferrera, quien le dió la noticia del mismo al teniente coronel Rafael Carrera, quien en ese momento se encontraba en las serranías de Mita, luego de haber firmado el tratado de «El Rinconcito«.1

El 24 de marzo de 1839 el teniente coronel Rafael Carrera y su ejército —las huestes de Mita—, hicieron un pronunciamiento en Mataquescuintla, desconociendo todos los actos de la Asamblea Ordinaria de Guatemala —convocada por el presidente federal Francisco Morazán— y al Jefe Provisorio Carlos Salazar, que había sido confirmado por dicha Asamblea luego de que Morazán sustituyera por sí y ante sí al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.4,5   En aquella proclama Carrera señaló que continuaría con sus esfuerzos en Guatemala y proclamó la soberanía estatal como uno de sus principios; además, anunció su cooperación con Ferrera, el 24 de marzo de 1839, y se pronunció contra Morazán.6

Los fuerzas de Carrera unieron la acción a la palabra, y el 13 de abril tomaron la ciudad de Guatemala, haciendo huir a Salazar por los tejados de las casas y restituyendo al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz.6  En recompensa, el gobierno guatemalteco ascendió a Carrera al cargo de Generla de Brigada.7

Cuatro días después, el 17 de abril, Rivera Paz anunció que Guatemala se separaba de la Federación,8 y el 12 y 14 de agosto se firmaron tratados con los otros estados independientes, reconociendo la soberanía mutua sin que se impidieran las alianzas y una eventual reunificación.6 Tal fue el inicio del Gobierno Conservador de los 30 años en Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera Maestra, Lorenzo (1879) Reseña Histórica de Centro América, III. Guatemala: Tipografía de El Progreso. p. 283.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975) Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército.  pp. 138, 157.
  3. Ibid.,  p. 158.
  4. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala. p. 87.
  5. Marure, Alejandro (1895) Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde al año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  6. Woodward, Ralph Lee Jr. (1983) La Política Centroamericana de un Caudillo Conservador. Rafael Carrera, 1840-1865.  En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 9. Costa Rica: Universidad de Costa Rica. p. 56.
  7. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 544.
  8. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala compuesta y arreglada pa virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 46-48.

30 de enero de 1839: Morazán impone a Salazar como Jefe de Estado

El presidente de la República Federal, general Francisco Morazán, obliga a la Asamblea del Estado de Guatemala a desconocer al jefe de Estado Mariano Rivera Paz y coloca en su lugar a Carlos Salazar.

Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del jefe de estado, Dr. Mariano Gálvez tras la revolución católico-campesina encabezada por el comandante mestizo Rafael Carrera,1 el poder quedó en manos del doctor Pedro Valenzuela, quien tuvo que renunciar en favor de Mariano Rivera Paz2, quien de inmediato derogó los decretos anticlericales y permitió el retorno de los criollos aristócratas expulsados por el general liberal Francisco Morazán en 1829.3

A Morazán, aún presidente de la República Federal de Centro América, no le hizo ninguna gracia que se permitiera el retorno de los conservadores y convocó a la Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala para que se reunieran el 30 de enero de 1839.  En esa reunión, los obligó a cancelar el nombramiento de Rivera Paz y a que emitieran un decreto que dice:

1°. Cesa en el ejercicio del poder ejecutivo y volverá al consejo el presidente del mismo cuerpo [Mariano Rivera Paz].

2°. Se ha por jefe provisorio del Estado, electo por el cuerpo legislativo, el ciudadano Carlos Salazar.

Este decreto tenía que ser presentado a Rivera Paz para que lo firmara para autorizar su ejecución, pero Morazán no lo permitió e hizo que fuera Salazar el que lo firmara. Además, para humillar a Rivera Paz, cuando éste llegó al Palacio del Ejecutivo, se levantó y cuando el aún jefe de Estado llegaba al umbral de su despacho le dió un portazo dejándolo fuera de la sala.  Rivera Paz, lejos de amedrentarse, tranquilamente se fue a su casa y Salazar empezó en sus funciones como jefe de Estado, impuesto por Morazán en una forma claramente ilegal.4

Salazar, quien era salvadoreño, gozaba de cierto prestigio porque había derrotado a Carrera en Antigua Guatemala cuando éste estaba a punto de tomar la capital del Estado antes de que cayera Gálvez.  Pero también había abandonado a Rivera Paz cuando la situación se agravó, permitiendo que varios conservadores llegaran a los ministerios del Estado.5 Su primer acto oficial fue disolver a la Asamblea que lo había impuesto como jefe de Estado, y al día siguiente, 31 de enero, convocó a una nueva asamblea constituyente para que redactar una nueva constitución.  Sin embargo, lo que se necesitaba en ese momento era hacerse cargo de la administración de un Estado prácticamente en ruinas, y no de elaborar nuevas leyes que nadie iba a cumplir.6

Ante esta situación, y luego de conocer de un pacto de alianza entre Honduras y Nicaragua contra Morazán, los grupos guerrilleros campesinos de Mita al mando del ahora teniente coronel Rafael Carrera empezaron a activarse nuevamente y el 24 de marzo de 1839 lanzaron una proclama contra Morazán, desconociendo a Salazar y la Asamblea de Guatemala.7  Morazán había terminado su segundo período como presidente federal y fue sustitudo por Diego Vigil dejando a Salazar todavía más debilitado.  Como sus asesores liberales eran incompetentes, su régimen no tardó en sucumbir, y el 13 de abril de 1839 tuvo que salir huyendo por los techos de las casas para no caer en manos de las hordas de Carrera que entraron a la ciudad, hicieron salir huyendo a los criollos liberales y restituyeron en su puesto a Rivera Paz.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 14-87.
  2. Woodward Jr., Ralph Lee (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. — (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  5. Ibid., p. 173.
  6. Ibid., p. 174.
  7. Marure, Alejandro (1895) Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde al año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  8. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 175.

18 de agosto de 1838: el Estado de Guatemala declara estado de sitio

Debido a la anarquía producida por el levantamiento católico-campesino dirigido por el general mestizo Rafael Carrera, el Estado de Guatemala declara estado de sitio

18agosto1838
Mapa de los Estados de Guatemala y de Los Altos en 1838.  Nóte el área considerable de Los Altos, que se separaron de Guatemala el 3 de mayo de ese año.  La situación de anaquía que se vivía tras el alzamiento campesino católico, hizo que las autoridades del estado declararan estado de sitio en todo el territorio.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El papel del clero secular en el levantamiento del campesinado dirigido por el general Rafael Carrera en 1837-38 ha sido minimizado por los historiadores oficiales.  Toda la revolución ha sido presentada como un alzamiento contra el moderno gobierno del Dr. Mariano Gálvez, debido a la ignorancia de la población campesina que creyó que el gobierno estaba envenenando los pozos de agua con el cólera.1  Ahora bien, si bien es cierto que la creencia de que estaban envenenando los pozos fue el detonante de la violencia, las causas del levantamiento son mucho más profundas y están enraizadas en las costumbres coloniales que se impusieron a los indígenas y mestizos, ya fuera que estuvieran reducidos en encomiendas por los criollos hacendados o en las doctrinas de los poderosos frailes regulares.  A la larga, los indígenas crearon su propia religión, por medio del sincretismo de sus creencias ancentrales con la imaginería católica española, y alcanzaron un punto en que utilizaban las imágenes de santos únicamente para representar a sus verdaderas deidades.

De esta esta cuenta, la expulsión de los frailes y del arzobispo Ramón Casaus y Torres tras la victoria de Francisco Morazán en 1829, puede considerarse como el punto de partida de la revolución que llevó a Rafael Carrera al poder. Cuando los frailes fueron expulsados, sus bienes y haciendas fueron confiscados, incluyendo a todos los indígenas y esclavos negros liberados que trabajaban en ellas.  Varias de esas haciendas, como por ejemplo la Hacienda de San Jerónimo que tenían los dominicos en la Verapaz, fueron entregadas a ciudadanos británicos en pago a su ayuda logística para vencer al régimen de Mariano de Aycinena en 1829.  Los frailes salieron del país, pero los curas párrocos del clero secular se quedaron, y empezaron a hacer trabajo de hormiga entre los indígenas de sus parroquias diciéndoles que los liberales que estaban ahora en el poder estaban aliados con los «herejes» protestantes, enemigos de la «verdadera religión«.2

El descontento de los campesinos rurales empezó a crecer cuando el gobierno liberal estableció un impuesto individual, el cual era tan abusivo que apenas les dejaba recursos para subsistir; además, había «gentes militares, no de muy buena conducta que fueron desacreditando al Gobierno por el despotismo y arbitrriedades con que obraban«.3  Si bien resistieron resignadamente, como ya estaban acostumbrados tras varios siglos de colonización, la situación empeoró en 1837 cuando el líder liberal José Francisco Barrundia convenció al Jefe de Estado Mariano Gálvez para que se hiciera oficial la traducción que Barrundia había hecho de los Códigos de Livingston, los cuales se utilizaban en el estado norteamericano de Luisiana y, a su vez, estaban basados en el Código Legal de Napoleón.  Estos códigos introdujeron leyes demasiado novedosas para la población guatemalteca, que no estaba acostumbrada a juicios de jurados, matriminio civil y divorcio.4  De más está decir que los curas párrocos aprovecharon estas desatinadas leyes liberales para atacar al régimen y acusarlo de herético entre sus feligreses.

Fue en medio de esta situación cuando llegó a Guatemala la epidemia del cólera morbus, y el gobierno de Gálvez intentó utilizar sus métodos novedosos para reducir los efectos de la epidemia.  Y cuando intentó establecer medidas sanitarias que evitaban que los pobladores tuvieran acceso a sus fuentes de agua, el descontento acumulado y fomendato por los curas párrocos estalló y se inició la revolución campesino-católica que terminaría con el gobierno de Gálvez, no sin antes crear un rompimiento entre los liberales y obligar al gobernante a emplear medidas de tierra arrasada contra los poblados del oriente del Estado, que era en donde estaban los principales focos de revolucionarios. De acuerdo al propio general Carrera: «pero en seguida la cosa subió de punto; sobre tanto conjunto de males, vino la epidemia del Cólera morbus, epidemia desconocida en este país, y estando todos mal prevenidos con los sucesos anteriores, a la primera orden que dió el Gobierno para despejar los pueblos, botar toda la arboledad de dentro de ellos y sus inmediaciones, cercar las fuentes de agua de que se surtían los habitantes, y de establecer cordones satinarios par aevitar la comunicación de unos pueblos con otros, subió de punto la agitación general».5

El historiador Alejandro Marure resume la situación que se vivía en el Estado al final del gobierno de Gálvez de la siguiente forma: «[El 16 de enero de 1838], por decreto del Gobierno de Guatemala, expedido en esta fecha, se declaró en estado de rebelión a los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez.  Otras declaratorias semejantes a ésta, repetidas con frecuencia en todo el curso del año de 38, y muy especialmente la que hizo por la Comandancia general en 18 de agosto, comprensiva de todo el Estado, mantuvieron a sus habitantes sometidos al régimen militar y privados de todas sus garantías hasta el 31 de enero de 839 en que se declaró por la Asamblea solemnemente restablecido el régimen constitucional.»6

La situación del Estado en agosto de 1838 era caótica.  Gálvez había sido obligado a renunciar a finales de enero, y los criollos liberales de los departamentos del occidente se habían segregado de Guatemala y habían formado su propio Estado de Los Altos el 3 de mayo.7  Mariano Rivera Paz llegó al poder el 22 de julio, pero fue removido por el presidente federal, general Francisco Morazán, quien lo sustituyó por Carlos Salazar.8  Y las Huestes de Mita, encabezadas por Rafael Carrera y conformadas por dos mil campesionos católicos, habían vencido categoricamente a las fuerzas liberales en los llanos de Jalapa el 15 de agosto, haciendo que Salazar decretara el estado de sitio en todos los departamentos que todavía le quedaban a Guatemala.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-14.
  3. Ibid., pp. 15-16.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 99.
  7. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular.
  8. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 172-175.
  9. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821-1871»Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.

17 de abril de 1839: Guatemala se separa de la República Federal

El Estado de Guatemala se separa definitivamente de la República Federal – fue el cuarto estado que lo hizo tras la ruptura del Pacto Federal en 1838.

17abril1839
La región del río Chixoy en Verapaz en 1884.  Guatemala estaba reducida únicamente a los departamentos del centro y oriente cuando se separó de la República Federal.  En el recuadro: el jefe de Estado Mariano Rivera Paz.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El gobierno de la República Federal de Centro América pasó de hecho a las manos del general Francisco Morazán cuando derrotó a Mariano de Aycinena tras invadir Guatemala el 14 de abril de 1829.1  A partir de allí, el destino de la República estuvo en sus manos, y puede decirse que él fue el responsable de que se formaran las cinco pequeñas y débiles repúblicas que ahora existen en la región centroamericana.  Es más, en 1839, cuando Guatemala se separó de la federación eran seis pequeños estados, pues el Estado de Los Altos se había formado con todos los departamentos del occidente Guatemala.2

El papel que tuvo Morazán —quien era un excelente militar, aunque no así estadista— en la desintegración de la República Federal parece ser el único punto en el que los historiadores criollos tanto conservadores como liberales se ponen de acuerdo. Dicen los conservadores:  «Cuando [Francisco] Morazán subió al poder, encontró una sola patria, envuelta en revoluciones, pero llena de juventud y esperanza.  Cuando bajó del solio presidencial, dejó el país envuelto en la más espantosa anarquía, convertido en cinco microscópicas repúblicas«. Por su parte, un autor liberal concedió en 1839 que: «El general Morazán ha invadido dos veces el Estado de El Salvador, en los años de 32 y 35; dos veces anuló sus autoridades; dos veces las aprisionó; y ahora, en 1839, acaba de arrancar de su silla al legítimo gobernante de Guatemala, para colocar en su lugar a un general sin misión.  Después que el triunfo lo elevó a la silla de la presidencia, el señor Morazán que había sostenido la causa de los estados, contra las pretensiones que se atribuyeron al primer presidente de Centro América [Manuel José Arce y Fagoaga], adoptó las mismas miras y conducta que tanto se ha censurado en su predecesor; el mismo o mayor empeño por concentrar todo el poder en el jefe de la federación, los mismo y aún más violentos, par amantener sojuzgadas las autoridades de los estados. En Centro América, lo que ha existido con el nombre de federación, no ha sido más que un cnetralismo disfrazado, bajo las formas de un pacto eminentemente defectuoso3

Por esta razón, uno de los primeros actos oficiales del restituido Jefe de Estado Mariano Rivera Paz tras el golpe de estado del teniente coronel campesino Rafael Carrera del 13 de abril de 1839, fue separarse de la República Federal mediante el siguiente decreto:4

El consejero Jefe de Estado:

Considerando

1°. Que los Estados de Costa Rica, Honduras y Nicaragua se han separado solemnemente del pacto federal, desconociendo al gobierno que existe en la ciudad de San Salvador, con título de nacional.

2°. Que los mismos Estados han reasumido la administración de todas sus rentas: se han dado nuevas constituciones y celebrado tratados, con el objeto de sostener sus pronunciamientos, el libre ejercicio de sus derechos y soberanía, y la libertad de los demás Estados.

3°. Que no habiéndose hecho elecciones para renovar los funcionarios llamados federales, no hay ni puede existir Congreso ni Senado, sin cuyos cuerpos el Ejecutivo que pretende ejercer por la fuerza el vice-Presidente, y a su nombre el general Morazán, es una verdadera usurpación, contraria a los principios de libertad y a los intereses de los pueblos.

4°. Siendo expresa y general la opinión de los habitantes del Estado, de secundar aquellos pronunciamientos, y un deber del Gobierno el proveer al bienestar y seguridad de los pueblos, así como también el cuidar de que el producto de sus contribuciones no se malverse.

5°. Que las rentas federales se hallan hipotecadas a la deuda contraída por el Estado en el año anterior; y no es justo ni legal el que con estas mismas rentas se cubran de preferencia créditos posteriores a aquella deuda, con perjuicio de los prestamistas, que en circunstancias tan difíciles acudieron con sus caudales al llamamiento del Gobierno.

6°. Estando dispuesto por el decreto constitucional del estado de 27 de enero de 1838, que siempre que algunos de los otros Estados desconociesen o se separasen del pacto federal, el de Guatemala se considera constituido como preexistente al pacto.

7°. En cumplimiento del referido decreto, y atendiendo a las circunstancias presentes:

Ha tenido a bien declarar:

Artículo 1°. El Estado de Guatemala, compuesto de los departamentos de Guatemala, Sacatepéquez, Verapaz y Chiquimula, es libre, soberano e independiente.Nota_a

Artículo 2°. Celebrará un nuevo pacto con los demás de Centro América, por medio de la convención decretada por el último Congreso federal.Nota_b

Artículo 3°. Sus relaciones con los demás Estados continuarán sin alteración; y lo mismo se entiende en cuanto al reconocimiento de la deuda extranjera y demás disposiciones que toca al exterior.Nota_c

Artículo 4°. Las rentas llamadas federales, entrarán a la administración del Estado, no reconociendo otros compromisos que los contraídos hasta la fecha.

Artículo 5°. Con el presente decreto se dará cuenta a la Asamblea constituyente, tan luego como esté reunida; y desde ahora se pondrá en ejecución, publicándose con toda solemnidad.Nota_d

Dado en Guatemala, a 17 de abril de 1839.

        • Mariano Rivera Paz4

Morazán, por supuesto, no aceptó esta declaración. Así pues, cuando Carrera —quien había sido ascendio a general de Brigada en abril de 18395— invadió y tomó al Estado de Los Altos por la fuerza a principios de 1840, el ex-presidente federal invadió nuevamente a Guatemala para reunirla a la Federación a la fuerza, pero lo único que encontró fue una contundente derrota a manos de Carrera y el final de su carrera militar y política.6


NOTAS:

    • a: Obsérvese Guatemala solamente contaba con la mitad del territorio con que cuenta actualmente ya que el resto se lo había llevado el Estado de Los Altos.
    • b: los intereses de las grandes potentias mundiales, primero, y de las grandes corporaciones multinacionales, después, han evitado que esto se materialice, dado que es más fácil manejar cinco débiles estados que una nación fuerte.
    • c: debido a las constantes guerras en la región esa deuda en lugar de pagarse fue aumento exponencialmente, hasta que finalmente fue pagada en 1944 por el general Jorge Ubico, el último día de su presidencia.
    • d: esta Asamblea constituyente se reunió y disolvió varias veces y no logró decretar la nueva constitución de Guatemala sino hasta en 1851 debido a las constantes guerras, invasiones y revueltas que hubo en el país.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Raoul, Nicolás (1829) Partes a los gobiernos aliados protectores de la ley sobre la restauración de Guatemala. Guatemala: La Unión.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  3. Hernández de León, Federico (17 de abril de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 10 de marzo de 1839: Guatemala se segrega del pacto federal. Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 46-48.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 544.
  6. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.

13 de abril de 1839: Carrera restituye al Jefe de Estado Rivera Paz

El teniente coronel guerrillero Rafael Carrera entra a la Ciudad de Guatemala y restituye al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz; se inicia así el gobierno conservador de «los treinta años»

13abril1839
Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala a mediados del siglo XIX. En el recuadro: moneda de la época del gobierno del general Rafael Carrera con la inscripción «R. Carrera, fundador de la Re. de Guatemala». Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación la descripción que hace de los eventos del 13 de abril de 1839 el renombrado historiador Federico Hernández de León en su obra «El libro de las Efemérides»:1

Se hará cargo el lector de la importancia que entraña la fecha de las efemérides de hoy. Es el alfa de un partido, de un partido que luchaba desde los días de la independencia por ocupar el poder de manera estable. Grandes tipos de sus filas se habían acercado al solio, como don Mariano de Aycinena que se sostuvo durante dos años y medio; pero hasta el aparecimiento de Carrera, el partido no se consideró potente, ni la paz llegó a consolidarse como se consolidara después del año 51 con la batalla de la Arada. Pequeñas convulsiones agitaron el cuerpo social; pero nada comparable con los años vividos.

El general Morazán había colocado en la jefatura del Estado de Guatemala al general don Carlos Salazar, arrancando de su puesto a don Mariano Rivera Paz, en condiciones un tanto violentas. El general Salazar había derrotado unos meses antes a Carrera, en la acción de Villa Nueva y, de ser más ágiles las fuerzas de Salazar, después de dicha acción, alcanzan al mismo Carrera, y se hubieran sacudido de un element que había de darles muchos e intensos dolores de cabeza. Carrera derrotado y herido de gravedad, pasó de Villa Nueva a la Antigua y de allí, dando un rodeo, volvió a la querencia, a la Montaña, seguido de sus leales.

El triunfo de don Carlos Salazar sobre el guerrillero y sus huestes, le creó una reputación firme y le agració ante los ojos del general Morazán, al grado que influyera poderosamente para que se le diese la jefatura del estado. Pero don Carlos, con todo y ser general, le faltaba la energía y el empuje que se necesitaba en aquellos críticos días, y la reacción empezó a tejer sus tramas, poniéndose en comunicación con Carrera que estaba en Mita, repuesto del susto que llevara en la acción de Villa Nueva. Con elementos suficientes. Carrera se pronunció contra el gobierno de Salazar y marchó resuelto a la capital.

Algunos liberales se dieron cabal cuenta de la trascendencia que aparejaba aquel movimiento del guerrillero. Se fueron con el jefe del estado y le hicieron ver la gravedad de la situación. Don Carlos Salazar no dió importancia al asunto.

— Así hemos vivido desde hace tiempo — dijo — ; los de Carrera se conforman con mantener la bandera levantada en sus montañas.

Los liberales no lo creían así. Notaban los movimientos interesados de algunos hombres prominentes, sobre todo del canónigo Larrazábal, que públicamente expresaba su disgusto con un sistema ayuno de representación, sin respaldos morales, sin energías y que contribuía a una perenne excitación. Por otra parte, don Luis Batres se movía con grandes empeños.

Los últimos triunfos de Morazán sobre los conservadores de Honduras, alentaban al señor Salazar, sin comprender que, esos mismos triunfos operaban en el ánimo de los conservadores en un sentido de resguardo y de defensa. La batalla del Espíritu Santo ganada por los salvadoreños mandados por Morazán, contra los ejércitos aliados de Nicaragua y Honduras, provocó la precipitación de los acontecimientos, y Carrera se presentó a las puertas de Guatemala, como Alarico a las puertas de Roma. Y en el amanecer del 13 de abril de 1839, se oyó un grito angustioso que decía:

— ¡ Los bárbaros de la Montaña están en las garitas de la ciudad!

Carrera y sus gentes habían caminado toda la noche, esquivando los encuentros de particulares y, al clarear el alba estaban en las lindes de la Parroquia Vieja y el Martinico, dirigiendo el ala hacia el barrio de Santo Domingo. Eran muchos los que acompañaban al guerrillero; tipos de aspecto feroz, verdaderas hordas de salvajes, mal vestidos, de recias y escasas barbas, peludos y de mirar siniestro. El que los dirigía, debía ser un tipo superior, que para manejar aquellos trogloditas se necesitaba de un corazón bien puesto y de unos hígados, mejor puestos aún.

Sonaron los primeros tiros y los vecinos atrancaron sus puertas. Los liberales despertaron en sus lechos con la zozobra en el alma.

— ¡Allí está Carrera! — gritaban azorados los tranquilos vecinos, de casa a casa.

Unos se aventuraban a salir de sus domicilios, para dirigirse a carrera abierta, por el rumbo opuesto al que traían los invasores. Otros, precipitadamente abrían hoyos en los patios, para guardar sus riquezas. Y quiénes, con el espanto en la cara, subían a los cobertizos para guarecerse en los tapancos, en franca familiaridad con las ratas y las cucarachas. Aquel despertar del 13 de abril, fué algo siniestro.

Don Carlos Salazar, el aguerrido militar que derrotara a Carrera en Villa Nueva, que tuviera a su cargo la jefatura del estado, que fuera por suj condición de hombre público, la figura más significada, hizo mi papel desairado. Al enterarse que las hordas entraban por las calles, disparando sus fusiles y atrepellando lo que encontraban, no tuvo arrestos para dirigirse a un cuartel y ponerse a la cabeza de sus hombres. Arrimó nervioso una escalera a una de las paredes de su casa y, por los tejados, como un gato perseguido, se trasladó a otras casas de amigos y, luego, ridiculamente disfrazado, dejó la ciudad y abandonó Guatemala…

No era esa la manera de abdicar de un puesto tan elevado. Cuando se llega a tan altas jerarquías, se debe guardar todo el coraje de una vida, para terminar de manera digna.  Salazar llegó a ganar la frontera y se dirigió al Salvador ; luego, a Costa Rica: allá murió atormentado con el recuerdo de su fuga vergonzosa y con la responsabilidad que le cabía por no haber oído los consejos de sus amigos y las indicaciones de quienes le pedían en la semana anterior al 13 de abril, que se tocase llamada general y se pusiese a la cabeza de un grupo de patriotas, para detener la avalancha de salvajes que se avecinaba.

Carrera, entre tanto, se dirigió resuelta y animosamente a la casa de don Mariano Rivera Paz y le presentó su espada.

— No venimos — dijo el jefe bravio — a matar gente, sino a restituir a las autoridades. Vuesa merced fué arrancado por Morazán de su puesto y nosotros venimos a colocarlo de nuevo en su lugar ….

Rivera Paz se dejó hacer y acompañado de una improvisada escolta de aquellos feroces, se dirigió a la casa del gobierno y tomó posesión de la jefatura del estado. Inmediatamente llamó a sus hombres al ministerio y se expidió un despacho urgentísimo a don Pedro Nolasco Arriaga, expatriado desde el año 29 en Honduras, para que pasara a ocupar uno de los sillones ministeriales.

Pero a pesar de las declaraciones de Carrera, sus gentes se dirigieron a las casas de los principales liberales en busca de Barrundia, del doctor Gálvez, de la familia Molina, de don José Bernardo Escobar y de cuantos hombres habían adversado al partido conservador. Los liberales no esperaron ser cogidos en sus casas y se asilaron en conventos y casas particulares de sacerdotes amigos, en donde podían estar a cubierto de las arremetidas.

Desde aquel día. Carrera fué definitivamente el hombre de la situación. Se le llamó el «caudillo adorado de los pueblos»; las turbas le victoreaban, y a su paso solo homenajes de respeto y entusiasmo recibía. El jefe del estado, vivía pendiente de sus labios y todos los señorones de la aristocracia le vieron con verdadero respeto y temor. Se hicieron los nombramientos importantes: don José Antonio Larrave, jefe politico de Guatemala; alcalde, don Marcial Zebadúa; síndico de la Municipalidad, don Manuel Beteta; jefe político de la Antigua, don Andrés Andreu; de Escuintla, don Pantaleón Arce; de Chimaltenango, don Manuel Gálvez y, de Amatitlán, el inmenso poeta don José Batres y Montúfar.

Al año siguiente, en el mes de marzo, Morazán quiso arrojar a Carrera de Guatemala; el arrojado fué el propio Morazán, que no paró sino hasta el Perú. A los dos años moría el guerrero hondureno, en tanto que Carrera y los conservadores se regodeaban en Guatemala y lanzaban sus rayos a todo el resto de la América Central.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.

15 de agosto de 1838: las huestes de Mita vencen al ejército guatemalteco

Las huestes de Mita, al mando del general campesino Rafael Carrera, aplastan a las fuerzas liberales en los llanos de Jalapa

15agosto1838
Vista del Arco de Santa Catalina en Antigua Guatemala en 1860, aproximadamente.  Así lucía la ciudad cuando las fuerzas de Rafael Carrera fueron derrotadas por el general salvadoreño Carlos Salazar en septiembre de 1838. Imagen tomada de An Ancient City of Central America, Supplement of Harper’s Weekly

Tras el derrocamiento del gobierno del doctor Mariano Gálvez el 2 de febrero de 1838,1 se produjo un vacío de poder en el Estado de Guatemala.  En medio de la anarquía imperante, Mariano Rivera Paz -un diputado que era estudiante de medicina- fue nombrado Jefe de Estado en Guatemala y tuvo que enfrentar una situación grave con las fuerzas guerrilleras del general Rafael Carrera en pie de guerra,1 con los criollos conservadores retornado de su exilio y el con los criollos liberales  segregando el 50% del territorio con la formación del Estado de Los Altos.2

Por ello , el aún presidente federal, general Francisco Morazán tuvo que llegar con un ejército a Guatemala para reducir al aguerrido general guerrillero Carrera y confinar a sus fuerzas a las serranías de Mita, retornando así temporalmente la calma para los criollos guatemaltecos, tanto liberales como conservadores.2 Pero Carrera no se quedó de brazos cruzados y ya en agosto de ese año se enconraba al mando de las «huestes de Mita»  —como le llamaban en la ciudad de Guatemala a los campesinos alzdos en armas que combatían al gobierno liberal—.  El 15 de agosto de 1838, las fuerzas guerrilleras de Carrera derrotaron a las fueras gubernamentales en los llanos de Jalapa de forma tan aplastante, que solamente un puñado de sobrevivientes pudo escapar.3

Ante estos hechos, las filas de los campesinos se engrosaron con voluntarios hasta alcanzar los dos mil miembros. Cabe destacar que en esa época peleaban tanto hombres como mujeres, y existe evidencia histórica de que la esposa del general Rafael Carrera, comandante del ejército revolucionario, peleaba en primera fila junto con su esposo.  Tambien hay registro histórico de que los soldados gubernamentales le temían más a ella que al propio Carrera.4

Las fueras revolucionarias se dirigieron entonces sobre la capital del Estado, enfrentándose nuevamente con el ejército a inmediaciones de Petapa.  Las fuerzas al mando del coronel Félix Fonseca iban solamente a hacer un reconocimiento, pero por un arranque de temeridad del coronel, atacaron a las fuerzas de Carrera, quienes los derrotaron fácilmente. Carrera y sus campesinos tuvieron el camino libre para llegar hasta la Antigua Guatemala, la cual tomaron sin ninguna resistencia el 7 de septiembre, preparándose para el asalto final a la ciudad, con la intención de no dejar de ésta piedra sobre piedra.  Pero cupo la suerte para el gobierno del Estado que gracias a una densa neblina, las fuerzas al mando del salvadoreño liberal Carlos Salazar atacaran por sorpresa a Carrera, infringiéndole una sangrienta derrota.   Por esta acción, conseguida contra las huestes de Mita cuando éstas estaban atravesando por su mejor momento, Morazán despojó a Mariano Rivera Paz de la jefatura del Estado y se la dió a  Salazar el 1 de enero de 1839.5

Pero esto solamente retrasó lo inevitable:  tras reagruparse y tomar fácillmente las ciudades salvadoreñas de Sonsonate, Ahuachapán y Santa Ana, las huestes de Mita regresaron a Guatemala, en donde se hicieron con el poder definitivo el 13 de abril de 1839, cuando tomaron la ciudad de Guatemala, obligando al jefe de estado interino Carlos Salazar a huir por los tejados de las casas y devolviendo el poder de nombre a Rivera Paz, quedando Carrera en control de la situación e iniciando el gobierno conservador de los 30 años.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-93.
  3. Aceña, Ramón(1899). Efemérides: miitares. EnL Bibliteca de la Revista Militar. Guatemala: Tipografía Nacional. pp.234-236.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 172-175.
  6. — (20 de abril de 1959). «Golpe de Estado de 1839». El capítulo de las efemérides (Guatemala: Diario La Hora).