15 de mayo de 1935: el presidente Jorge Ubico convoca a una Asamblea Constituyente para modificar la Constitución de 1879

15mayo1935
Plaza Central de Guatemala en 1945.  La construcción del Palacio Nacional de Guatemala y la remodelación de la Plaza de Armas fueron emprendidas por el gobierno del general Jorge Ubico para fomentar la economía y paliar los efectos d ela Gran Depresión en el país.  En el recuadro: retrato autografia del general Ubico.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El l de abril de 1935, el presidente general Jorge Ubicopresentó a la Asamblea Legislativa la propuesta de modificar 27 artículos de la Constitución de 1879, con el fin de “suprimir las restricciones que dificultan el libre ejercicio de la iniciativa presidencial” y, como todo fue aprobado, el 15 de mayo de 1935 convocó a una Asamblea Constituyente que conformó entre sus partidarios para que aceptara las reformas propuestas.1

La principal reforma que le interesaba al gobernante era cambiar las disposiciones hechas en 1927, durante el gobierno del general Lázaro Chacón, y que prohibían la reelección del presidente. Para legalizar esta reforma el gobernante convocó a un plebiscito, en que el que obtuvo la aprobación de la población para su reelección. Pero hubo otras modificaciones importantes:1

  • Dejó en suspenso el Artículo 66 que dice “El período de la Presidencia será de seis años3 y dispuso que el período como Presidente Constitucional de general Ubico terminara el 15 de marzo de 1943.1
  • Estableció la Ley de Probidad que estableció controles que prohibieron el enriquecimiento de los funcionarios y limitó su autoridad y funciones; hasta entonces, el artículo 17 decía: “todo poder reside originariamente la Nación: los funcionarios no son dueños sino depositarios de la autoridad, sujetos y jamás superiores a la ley y siempre responsables por su conducta oficial”.4
  • Artículo 26: “es libre la emisión del pensamiento por la palabra, por escrito y también por la prensa, sin previa censura“. 5 El gobierno de Ubico limitó la libertad de prensa prohibiendo prohibió los ataques de los periodistas a los funcionarios públicos.
  • Artículo 28: “la propiedad es inviolable, sólo por causa de interés público legalmente comprobado, puede decretarse la expropiación; y en este caso, el dueño antes de que su propiedad sea ocupada, recibirá en moneda efectiva su justo valor“. 5 Este artículo fue modificado porque se introdujo un sistema de imposición fiscal sobre aquellas haciendas cuyo rendimiento no fuera adecuado a su extensión y condiciones.1
  • Artículo 25:  “se garantiza el derecho de asociación y de reunirse pacíficamente y sin armas; pero se prohibe el establecimiento de congregaciones conventuales y de toda especia de instituciones o asociaciones monásticas”.  Las reformas ampliaron la prohibición para incluir a aquellas agrupaciones que procuren el cambio de las instituciones por medios violentos o ilegales, refiriéndose a las organizaciones comunistas y, posteriormente, fascistas.1
  • Artículo 96:  “la ley organiza las Municipalidades sin alterar el principio de elección popular directa y designa las facultades que le corresponden.”6  Este artículo fue totalmente modificado, ya que los organismos locales pasaron a depender del ejecutivo, sustituyendo a los Alcaldes por los Intendentes nombrados por el poder central.2
  • Se restringieron algunos de los derechos individuales, y se ampliaron las facultades del ejecutivo, hasta eliminar el Consejo de Ministros, aunque este siempre había sido una figura decorativa conformada casi siempre por los diputados de más confianza del gobernante de turno.2

En 1941, se reunió la Asamblea del Partido Liberal Progresista, el partido fundado por Ubico, a fin de convocar a una constituyente con el sólo objeto de reformar el artículo primero transitorio de la Constitución de 1935, de manera que permitiera la reelección del gobernante una vez más. Como resultado, en julio de ese mismo año se convocó a una Asamblea Constituyente, que en sólo dos días aprobó, con un sólo voto en contra, la reforma del artículo transitorio, autorizando la reelección de Ubico para el período siguiente, que terminaría el 15 de marzo de 1949, dejando nuevamente en suspenso el artículo 66. La justificación a la que aludió la Constituyente, conformada casi en su totalidad por personal de Partido Liberal Progresista, fue el apoyo popular de la ciudadanía y la obra realizada en las circunstancias difíciles con que encontró el gobierno en 1931, y que se debían a la Gran Depresión que empezó en 1929.2


BIBLIOGRAFIA:

  • Valladares de Ruiz, Mayra (Agosto de 1995). Los gobiernos liberales y sus fuerzas políticas 1871-1944. En Estudios del IIHAA, 2 (95). Guatemala: Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas, Universidad de San Carlos. p. 106.
  • Ibid, p. 107.
  • Asamblea Legislativa (1879). Constitución de la República de Guatemala.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 11.
  • Ibid, p. 3.
  • ibid, p. 4.
  • Ibid, p. 17.

 

11 de mayo de 1944: llega exiliado a Guatemala el derrocado presidente salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez

11mayo1944
Los campos de la Feria de Noviembre que se celebrara en Guatemala durante el gobierno del general Jorge Ubico para festejar al gobernante por su cumpleaños.  En el recuadro: el general Maximiliano Hernández Martínez presidente de El Salvador de 1931 a 1944, quien era egresado de la Escuela Politécnica de Guatemala y llegara exiliado al país tras ser derrocado por un levantamiento cívico militar.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Al igual que en Guatemala, desde 1931 existía un férreo gobierno militar en El Salvador, dirigido por el general Maximiliano Hernández el cual salió reforzado gracias a la ayuda que le dió el gobierno del general Jorge Ubico en Guatemala en 1932 contra la revolución comunista y que, irónicamente, fue el causante indirecto de la caída del presidente guatemalteco el 1 de julio de 1944.

En 1944, el mundo se encontraba todavía inmerso en la Segunda Guerra Mundial y los Estados Unidos, una de las naciones que combatía en el grupo de los aliados, tenía bases militares en Guatemala y El Salvador, y controlaba la política de estos países gracias a la fuerte presencia de la United Fruit Company y su subsidiaria, la International Railways of Central America.  Aquel año se inició con la intención del presidente salvadoreño de modificar la constitución de la República que le permitiera una nueva reelección para así extender su mandato hasta 1949. 1

Sin embargo, aunque aquello era normal en los gobiernos de América Latina en aquella época, los diputados constituyente promulgaron el 1 de marzo una constitución en la que prácticamente se le negaban a los ciudadanos salvadoreños sus derechos políticos.  Sin que los servicios de inteligencia del presidencia lo advirtieran, se estaba gestando una revuelta cívico-militar desde noviembre de 1943, cuyos dirigentes decidieron entrar en acción cuando la nueva Constitución fue promulgada; de esta cuenta, el domingo de Ramos 2 de abril, cuando el presidente se encontraba de vacaciones en el puerto de La Libertad, se produjo un alzamiento armado en su contra.2

Sin embargo, como era también común en esos años, la falta de comunicación y de coordinación entre los pocos cuarteles alzados hizo que la respuesta de los militares leales al presidente fuera rápida y eficiente, terminando con la revuelta el 4 de abril tras fuertes combates que dejaron cientos de muertos y heridos. La respuesta del presidente fue perseguir y capturar a los implicados, y a quienes pudiera acusar como instigadores de la rebelión, y juzgarlos en un Consejo de Guerra. El 11 y 12 de abril fueron fusilados más de una docena de militares y condenados a muerte varios civiles, quienes no pudieron ser ejecutados por estar ya en el exilio. Además, un régimen de terror a base de delaciones y espías se diseminó por todo el país y las capturas y juicios de militares continúan hasta el 27 de abril.2

Pero el 28 de abril, se produce un cambio radical en el país, cuando los estudiantes universitarios se declaran en huelga manifestando que no van a retornar a clases hasta que el gobierno de Hernández Martínez no haya sido derrocado.  A este huelga se unieron poco  después los estudiantes de secundaria y eventualmente hasta los de primaria. Los estudiantes organizan un comité secreto y empiezan a distribuir panfletos contra el gobierno y a hacer correr rumores entre la sociedad. El gobierno no acierta a dar con los organizadores, y viendo la incompetencia manifiesta de éste para dar con los responsables, varias entidades industriales y comerciales se unen a la huelga; y para el 4 de mayo hasta los empleados público se suman al paro nacional.2

Los seguidores del presidente le ofrecen traer campesinos analfabetos del interior de la República a San Salvador para que abran los comercios e intituciones a machetazos si es preciso, pero Hernández Martínez decide no tomar ese camino, y por el contrario, se dirige a la población y ofrece realizar cambios sociales radicales.  Pero la situación se le sale de las manos cuando un joven estadounidense vinculado a la élite económica salvadoreña, José Wright, es asesinado por un policía aparentemente sin motivo alguno; es por este hecho que Hernández Martínez pierde el apoyo del gobierno de los Estados Unidos y es obligado a renunciar por el embajador norteamericano el 7 de mayo.2

En su discurso de despedida, Hernández Martínez dijo que “no iba a combatir contra mujeres y niños” y que por eso renuncia, abandonado el país el 9 de mayo y llegando a Guatemala, en calidad de exilado el 11 de ese mes.  Aquella revuelta victoriosa en El Salvador, que resultó en una época democrática totalmente nueva para la región centroamericana, inquietó al general Jorge Ubico, y envalentonó al pueblo guatemalteco, especialmente en la Ciudad de Guatemala, que también se levantaría contra el gobernante, y lo obligaría a renunciar el 1 de julio de ese año.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista en latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944.  El Salvador: En La Universidad. p. 52.
  2. Ibid, p. 53.
  3. Gleijeses, Piero (1989). La Aldea de Ubico. España: Dialnet Uniroja. p. 49.

22 de junio de 1944: 311 ciudadanos envían una carta al presidente general Jorge Ubico pidiendo que se restituyan las garantías constitucionales

22junio1944
El palacio de la Policía Nacional en la década de 1970, construido durante el gobierno del general Jorge Ubico.   Imaen tomada de Wikimedia Commons.

El 1 de junio de 1944, el gobierno del general Jorge Ubico incrementó el salario de los empleados públicos en un 15%, pero solo para aquellos que ganaban menos de 15 quetzales mensuales, lo que dejaba fuera a los maestros, quienes reaccionaron con una serie de protestas pacíficas con el fin de ser beneficiados con ese aumento.​ Por su parte, los estudiantes universitarios iniciaron marchas pacíficas para exigir la destitución de sus decanos, ya que, durante el gobierno de Ubico, las Escuelas Facultativas eran dependencia del Ministerio de Instrucción Pública y las autoridades eran nombradas directamente por el presidente de la República.​ Ubico accedió a cambiar a los decanos, pero los sustitutos, nombrados por el presidente, no fueron del agrado de los estudiantes, quienes en consecuencia redoblaron sus protestas.

Cuando el gobierno suprimió las garantías constitucionales luego de las protestas de los estudiantes universitarios un grupo de 311 ciudadanos le envió la siguiente misiva:

Señor Presidente de la República:

Los suscritos ciudadanos guatemaltecos, en ejercicio del derecho garantizado por el artículo 22 de la Constitución de la República, nos dirigimos a usted con las muestras de nuestro mayor respeto y exponemos:

El día de hoy promulgó su gobierno el Decreto No. 3114, que restringe las garantías constitucionales. La parte considerativa de esta disposición consigna que elementos disociadores de tendencias nazi-fascistas perturban gravemente la paz de la República procurando obstaculizar al gobierno el mantenimiento del orden. Es por todos conocida la génesis de ese decreto, y la propia Secretaría Presidencial, en un boletín dado a publicidad en la prensa, la funda en la acción de problemas de orden interno de la Universidad.

La opinión pública espontáneamente se ha solidarizado con las aspiraciones de los estudiantes en esta hora trágica en que la flor de la juventud de los países libres ofrendan sus vidas en defensa de los altos ideales de la humanidad y de la democracia, a cuya causa está afiliada nuestra patria.

Es por ello doloroso ver que el Primer Magistrado de la Nación, sin duda basado en informaciones inexactas, tendenciosas e interesadas, haya lanzado a la juventud el grave cargo de nazi-fascismo.​ La juventud, señor Presidente, jamás vibra al impulso de mezquinas tendencias y, por el contrario, interpreta y encarna los ideales más limpios y las más nobles aspiraciones. La de Guatemala no es en este caso una excepción.
Convencidos de la pureza de los ideales de la juventud universitaria guatemalteca, nos sentimos obligados, como ciudadanos conscientes, a solidarizarnos plenamente con sus legítimas aspiraciones.

Es así como, movidos tan sólo por nuestro fervoroso patriotismo, venimos a rogar la ilustrada atención de usted acerca de los apremios de la hora actual y del imperativo del deber, sentido por todos, de que el Gobierno se encauce hacia metas prometedoras que aseguren el derecho y satisfagan las legítimas aspiraciones de la familia guatemalteca.
El decreto de suspensión de garantías ha venido a crear una situación de intranquilidad y zozobra que agudiza la angustia de la hora en que vive la humanidad, en vez de asegurar la paz y el orden que pareció inspirarlo.

La restricción de garantías crea una situación de hecho, en la cual el pueblo carece de medios legales para manifestar sus justos anhelos y es susceptible de provocar consecuencias funestas que, como guatemaltecos conscientes, seríamos los primeros en deplorar.

Ante un régimen de derecho, la ciudadanía actúa dentro de la legalidad. Una situación de hecho engendra, tarde o temprano, una reacción de violencia. Con toda hidalguía reconocemos que la actual administración presidida por usted ha hecho, en lo material, obra constructiva. Empero, su labor, como todo lo humano, no ha llegado a satisfacer muchas aspiraciones populares por falta de medios de libre expresión.

Alrededor de los gobernantes actúan y medran fuerzas burocráticas e intereses creados que se fortalecen con el transcurso de los años y que llevan al mandatario visiones falseadas de la realidad ambiente. Por esta razón debe desconfiarse siempre de las “adhesiones” que, nacidas del temor o del interés, llegan hasta el gobernante a través del mecanismo oficial, las cuales jamás presentan el auténtico “sentimiento popular”. Seguramente corresponderá a usted aquilatar muy pronto el valor de tales “adhesiones”, a diferencia de la genuina sinceridad que nos anima.

Guatemala no puede substraerse a los imperativos democráticos de la época. Es imposible frustrar con medidas coercitivas los incontenibles impulsos de la generosa ideología que está reafirmándose en la conciencia universal a través de la más sangrienta de las luchas libradas entre la opresión y la libertad.

Estamos seguros, señor Presidente, de que su espíritu comprensivo acogerá la presente gestión con el mismo interés patriótico que nos mueve a dirigírsela. Confiados en él, pedimos lo siguiente:

  1. El restablecimiento de las garantías suspendidas, para que el pueblo pueda gozar, sin demora, de la plenitud de sus derechos constitucionales; y
  2. Dictar las disposiciones pertinentes a fin de que tales garantías tengan plena efectividad.

Guatemala, 22 de junio de 1944.

Este memorial fue redactado en casa del doctor Julio Bianchi y firmado por 311 personas, entre quienes figuraban destacadas personalidades de la sociedad guatemalteco, como el Dr. Carlos Federico Mora y estudiantes universitarios, entre quienes estaba el futuro presidente Julio César Méndez Montenegro.  Sin embargo, la carta no tuvo la respuesta que esperaban los firmantes, sino que al contrario, se había producido una represión violenta contra manifestantes, que resultó en la muerte de la profesora María Chinchilla el 25 de junio, y que a la larga, resultaría en la renuncia del general Ubico el 1 de julio de 1944.


BIBLIOGRAFIA:

  • De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  • Estrada, A. (1979). Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. pp. 559-574.
  • Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.

25 de septiembre de 1944: se inicia la huelga de la Escuela Normal para Varones contra gobierno del Gral. Federico Ponce Vaides

25septiembre1944
La compañía de estudiantes de la Escuela Normal para Varones durante uno de los desfiles militares durante el gobierno de Jorge Ubico.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el gobierno del general Jorge Ubico, la Escuela Normal para Varones estaba militarizada, con un personal administrativo compuesto exclusivamente por militares, y un claustro integrado por catedráticos civiles. La escuela se caracterizaba por contar con un internado obligatorio, con régimen y disciplina militar, con estudiantes becados en condiciones económicas bastante reducidas, predominio de alumnos de la provincia, y un claustro altamente calificado encabezado por el reconocido pedagogo Luis Martínez Mont, quien había sido compañero de estudios del Dr. Juan José Arevalo.

Para junio de ese año, el descontento contra el gobernante llegó al máximo, con la presentación de la carta de los 311, y la muerte de la profesora María Chinchilla durante una manifestación en que le pedían la renuncia a la presidencia. El 29 de junio más de cien mil personas se manifestaron en contra del asesinato de la maestra Chinchilla y los estudiantes de la Escuela decidieron no participar en el desfile del 30 de junio que celebraba un aniversario más de la Revolución Liberal de 1871, pese a que el régimen militar del plantel los trató de obligar.

El general Ubico cedió a las protestas generalizadas y decidió renunciar el 1 de julio de 1944 para evitar una guerra civil, dejando el poder a la Junta Militar integrada por los generales Eduardo Villagrán Ariza, Federico Ponce Vaides y Buenaventura Pineda. Al poco tiempo, la junta le entregó el poder al general Ponce Vaides.

Los estudiantes de la Escuela Normal a través de un telegrama solicitaron al nuevo presidente provisional la desmilitarización del plantel el 15 de julio de 1944, pero no fueron atendidos. Sin embargo, insistieron y consiguieron que el gobierno les otorgara la desmilitarización el 1 de agosto. Ese día los estudiantes normalistas fueron reunidos en los corredores de la Escuela Normal para escuchar la orden militar del día, que trató sobre la desmilitarización del plantel. Aquel día el personal administrativo de la Escuela Normal quedó integrado de la siguiente forma:

  • Director: Dr. Jorge Luis Arriola
  • Sub Director: Manuel Chavarría Flores
  • Inspectores: Fermín García, Eloy Amado Herrera, Víctor Manuel Valdés, César Julio Mérida y Juan José Guerrero
  • Secretario: Alberto Arriaga

Durante esta corta administración, la administración de la Escuela Normal mejoró la alimentación de los internos, desarrolló el arte literario y fomentó las relaciones inter-escolares que no existían hasta entonces. Las primeras visitas fueron de las alumnas del Instituto Normal Central para Señoritas Belén y luego se establecieron los jueves deportivos donde se invitaban a institutos de secundaria de la Ciudad de Guatemala para practicar encuentros deportivos, tanto de mujeres como de hombres. Estos cambios hicieron que el presidente Ponce Vaides viera con recelo a la Escuela Normal, por lo que destituyó y encarceló al Dr. Arriola el 25 de septiembre de 1944 y nombró como director en su lugar a Carlos Alberto Quintana quien era miembro activo del Partido Liberal y a quien la institución declaró non grato.

Como protesta al cambio de director, los miembros de la administración renunciaron, mientras que los estudiantes emprendieron varias acciones:

  • elaboraron un manifiesto pidiendo la reinstalación del Dr. Arriola como director
  • hicieron aclaraciones a la prensa sobre el Dr. Arriola
  • emprendieron jornadas de protesta para la liberación de su director
  • convocaron a una huelga general en que los internos abandonaron el edificio de la Escuela por tiempo indefinido

Tras la revolución del 20 de octubre de 1944 que derrocó al gobierno del presidente Ponce Vaives, los alzados encontraron al Dr. Arriola tendido sin conocimiento en una mazmorra de la Penitenciaría Central y lograron rescatarlo. Por su parte, durante los últimos días de octubre los estudiantes normalistas prestaron servicio en la Guardia Civil, gracias a su preparación militar.

Los estudiantes expulsados durante las protesta fueron readmitidos en la Escuela Normal y el 1 de noviembre se re-iniciaron las clases, por decreto de la Junta Revolucionaria de Gobierno. El nuevo director fue Arnulfo Maldonado, ya que el Dr. José Luis Arriola fue nombrado Ministro de Instrucción Pública.

En conmemoración de aquellos hechos, el 25 de septiembre fue declarado el “día del normalista“.


BIBLIOGRAFIA:


25 de junio de 1944: muere la profesora María Chinchilla durante una manifestación de maestros en contra el régimen del general Jorge Ubico

 

25junio1944

La respuesta del gobierno del general Jorge Ubico a la carta de los 311 que recibió el 22 de junio de 1944 con relación a las garantías constitucionales no fue positiva.  Inicialmente había mandado a llamar a un grupo de representantes de los 311 para negociar una salida pacífica al problema de las protestas generalizadas que se estaban dando en la ciudad, pero no se llegó a ningun acuerdo, pues los ciudadanos querían la restitución de las garantías, mientras que el presidente y el gobierno se empecinaban en suspenderlas.  El 25 de junio de 1944 el gobierno accedió a dialogar con los ciudadanos nuevamente, esta vez con el Cuerpo Diplomático como mediador pero mientras estaban reunidos en el Palacio Nacional la policía y el ejército dispararon indiscriminadamente contra los protestantes, hiriendo a la senora Julieta Castro de Rölz Bennett y matando a la profesora María Chinchilla Recinos.

Ante esta situacion, los miembros de la comision se dieron cuenta de que iban a ser perseguidos y enviaron una misiva al presidente el 26 de junio, en donde describían los hechos antes mencionados, aceptaban sus responsabilidades, y le exigían al presidente su renuncia al cargo como una “solución patriótica y conveniente“.

He aquí la carta de aquel 26 de junio:

Señor Presidente de la República:

El día sábado 24 de junio, a las dieciséis horas, se presentó a usted un memorial suscrito por más de trescientas personas pidiéndole: a) el restablecimiento, sin demora, de las garantías constitucionales; y b) la plena efectividad de tales garantías. Hicieron la entrega de ese memorial, en nombre de los firmantes, los licenciados Federico Carbonell y Jorge A. Serrano, quienes, al día siguiente en la mañana, fueron llamados al Palacio Nacional con el objeto de que reunieran a un grupo de personas firmantes de la solicitud, a fin de discutir la forma más conveniente y patriótica de conjurar la gravísima situación creada en el país. Atendiendo esa insinuación y guiados únicamente por móviles del más puro interés patriótico, celebramos una junta con los secretarios Salazar, Anzueto, Sáenz de Tejada, González Campo y Rivas, y como única gestión posible por nuestra parte ofrecimos acercarnos a los diversos sectores representados en las manifestaciones populares, con el objeto de conocer en forma precisa todas y cada una de sus aspiraciones y transmitirlas al Gobierno de la República. Con ese exclusivo propósito solicitamos que se nos otorgaran por escrito las garantías necesarias: seguridad personal, libertad de prensa, de asociación y de libre expresión de palabra. Ninguna de ellas nos fue concedida, y el acta, que principiaba a redactarse, quedó inconclusa ante la imposibilidad de conciliar dos criterios totalmente opuestos: el nuestro, que consideraba indispensable para solucionar la aguda crisis del país la obtención de los medios indicados; y el del Gobierno, que apelaba a mantener inalterable la situación de fuerza creada por la suspensión de garantías y que se negaba a otorgarnos en lo personal las seguridades por escrito que tan de buena fe le solicitábamos.

En vista de tales circunstancias, dimos por concluida nuestra misión.

En la tarde del propio día de ayer, el Honorable Cuerpo Diplomático acreditado en el país se sirvió convocarnos al edificio de la embajada norteamericana para comunicarnos que el Gobierno de la República había solicitado abocarse con nosotros y conocer si estábamos en disposición de reanudar las conversaciones suspendidas esa mañana. Ante la situación, cada vez más tirante, y a pesar de que ya eran conocidos de todos los incalificables atropellos del mediodía, aceptamos la iniciativa del Gobierno y acudimos nuevamente a Palacio. Encontramos la misma actitud de intransigencia de parte de la Delegación del Gobierno, formada por algunos secretarios de Estado y de la Presidencia. Fueron inútiles todos nuestros razonamientos y esfuerzos por lograr del Gobierno las facilidades que pudieran acercarnos al éxito de la misión que se quería confiarnos y que, por aquellos deplorables sucesos, aparecía cada vez más remoto. Llegados a este punto, solicitamos entrevistarnos directamente con usted esperando encontrar mayor armonía con nuestro criterio.

Usted, señor Presidente, recordará todas nuestras observaciones: la insistencia sincera y razonada con que le hicimos ver el origen popular y espontáneo del movimiento reivindicador que conmueve al país, provocado por los largos años en que el pueblo se ha visto privado del ejercicio de sus derechos; la necesidad ingente de restablecer las garantías ciudadanas; el distanciamiento real en que se ha mantenido usted del pueblo, debido a la falta absoluta de medios de libre expresión; de haberse creado hacia usted, en el país, por su actuación y la de sus colaboradores, más que un sentimiento de respeto, uno de temor individual e inseguridad social; la inconveniente centralización de las funciones públicas; el desequilibrio que significa la existencia de un Gobierno rico frente a un Pueblo pobre; la justificada impaciencia del pueblo de Guatemala ante la inmutabilidad de su Gobierno por el largo espacio de catorce años; su sistema de gobierno en pugna con las realidades del presente; la resistencia de su Administración a realizar las necesarias reformas sociales; los abusos de autoridad reiteradamente cometidos durante su administración; los perturbadores intereses creados entre sus servidores que han contribuido a falsearle la realidad ambiente; y, en fin, señor Presidente, todas aquellas circunstancias que han llevado al país a la presente situación de unánime protesta pública.
En un principio, nuestras esperanzas se vieron alentadas por la actitud receptiva de usted ante la franqueza de nuestras expresiones, ante la sinceridad de nuestros propósitos y ante el común interés patriótico que en usted suponíamos. Nos manifestó usted que la única forma de gobernar al país es la que usted ha puesto en práctica; que no restituiría las garantías constitucionales; que la libertad de imprenta suponía la inseguridad del Gobierno; que la organización de partidos políticos de oposición era incompatible con el orden público y que no los permitiría mientras estuviera en el poder; que el actual movimiento de opinión tiene su origen en corrientes ideológicas que vienen de fuera. Ante nuestra más profunda sorpresa afirmó usted que, por su prestigio y experiencia gubernativa, su alejamiento del poder significaría el caos para Guatemala, dándonos la impresión de conceptuarse insustituible al frente de los destinos del país. Le reiteramos la solicitud ya hecha al Gabinete, de todos los medios necesarios para ponernos en contacto con la opinión pública y traerle una clara expresión de los deseos ciudadanos. Accedió usted únicamente a que, sin hacer reunión de clase alguna, nos pusiéramos en contacto en forma individual con personas de los distintos sectores y le transmitiésemos las verdaderas aspiraciones del pueblo guatemalteco. Para el debido cumplimiento de nuestra gestión patriótica, y con la única garantía que nos fue concedida por usted, salimos del Palacio a cumplir la misión que voluntariamente nos habíamos impuesto.

¡Cuál sería nuestra sorpresa al darnos cuenta de que, mientras parlamentábamos en Palacio, y el Honorable Cuerpo Diplomático estaba dedicado a las nobles funciones de Mediador, la Policía y la tropa acribillaban a balazos a hombres, mujeres y niños que pacíficamente desfilaban por las calles, entre cuyas damas se contaba doña Julieta Castro de Rölz Bennett, esposa de uno de nosotros!

La indignación general por tan reprobables hechos era profunda e incontenible. La sangre de las víctimas robustecía las ansias de libertad. Considerábamos que la crueldad de la fuerza pública era insuperable obstáculo a nuestros propósitos, y así quedó confirmado al entrevistarnos con personas de los diferentes sectores sociales.

Con tan dolorosa convicción volvimos a presencia del Cuerpo Diplomático y le expusimos el fracaso de nuestras gestiones, debido a los últimos acontecimientos, de los cuales ya estaba enterado ese Honorable Cuerpo, cuyos sentimientos humanitarios fueron de nuevo evidenciados.

Esta mañana a las nueve horas fuimos llamados por el señor director general de Policía, quien, en cumplimiento de las instrucciones recibidas del señor Secretario de la Presidencia, nos notificó que la autorización que usted nos había otorgado quedaba sin efecto y que tendríamos que atenernos a las consecuencias emanadas del decreto de suspensión de garantías. La misión patriótica que habíamos aceptado quedaba definitivamente concluida por disposición del Gobierno.

Como obligada consecuencia de los hechos narrados, consideramos que es nuestro deber ineludible, según lo acordado con usted, llevar a su conocimiento la expresión inequívoca de los anhelos populares que hemos podido palpar y que son el verdadero origen de la situación angustiosa por que atraviesa Guatemala. Tales aspiraciones se concretan visiblemente, palmariamente y de manera incontrovertible en la necesidad sentida por todos, como única solución patriótica y conveniente, la de que usted renuncie de forma legal a la Presidencia de la República.

Protestamos al señor Presidente, en nuestra más alta calidad de ciudadanos, que lo que dejamos expuesto se ciñe por entero a la realidad de los hechos y del momento que vive nuestra Patria.

Guatemala, 26 de junio de 1944.

Tras unos cuantos días más de protestas, Ubico renunció el 1 de julio.


BIBLIOGRAFIA:

  • De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  • Estrada, A. (1979). Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. pp. 559-574.
  • González, José Miguel (2009). «La muerte de Alejandro Córdova». El blog chapín. Guatemala. Archivado desde el original el 17 de abril de 2014.
  • Palma, Claudia (15 de junio de 2015). «Jorge Ubico, el excéntrico “señor 25″». Prensa Libre. Archivado desde el original el 9 de junio de 2015.

4 de julio de 1944: el triunviro general Federico Ponce Vaides obliga a la Asamblea Legisltiva a nombrarlo presidente interino

4julio1944
El Palacio Nacional de la Ciudad de Guatemala en la época en que Ponce Vaides exigió ser designado presidente interino.  En el recuadro:  retrato del gobernante guatemalteco.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Contrario a la opinion popular la Revolución de Octubre de 1944 no derrocó al general Jorge Ubico, sino que a su sucesor, el general Federico Ponce Vaides.

Debido a que los Estados Unidos estaban inmersos en la Segunda Guerra Mundial, Ubico no contaba con su principal aliado, la United Fruit Company, ya que ésta había tenido que proporcionar a la marina estadounidense su flota mercante “Great White Fleet” y estaba sufriendo pérdidas considerables cuando los alemanes hundían sus buques.  Ubico entonces perdió el control de la situación en Guatemala ante una ola de protestas contra su régimen y prefirió renunciar el 1 de julio de 1944, antes que se produjera una guerra civil.

En su lugar, dejó a los tres generales de menor capacidad que pudo encontrar: Federico Ponce, Trinidad Oliva y Buenaventura Pineda, en lo que algunos historiadores consideran como un castigo para Guatemala por pedirle su renuncia, y otros como un juego politico de Roderico Anzueto, quien pensaba utilizar a los triunviros a su antojo.

Ya en el poder, a los triunviros les correspondía llamar a elecciones, lo cual fue aprovechado por los activistas civiles que se habían movilizado para derrocar el gobierno de Ubico para exigir a la asamblea que se designara como presidente interino al Dr. Carlos Federico Mora, reconocido profesional universitario. Llegaron incluso a enviar comisiones para ir a traer a cada uno de los diputados que faltaban para hacer quorum a su casa de habitación. Ya con los diputados necesarios, el acto de la Asamblea Legislativa se estaba desarrollando con toda intensidad, cuando ingresó al recinto legislativo un contingente de soldados al mando del coronel Alfredo Castañeda y una compañía de Cadetes de la Escuela Politécnica al mando del capitán Jacobo Árbenz Guzmán y ordenaron a todos los presentes desalojar el recinto. Tras el desalojo forzado de la Asamblea, los militares impidieron a los diputados que se retiraran, y éstos designaron al general Ponce Vaides como presidente, en una sesión a puerta cerrada. A los pocos días de haber llegado al poder, el nuevo presidente obligó a los indígenas que vivían en la capital del país a desfilar con garrotes para intimidar a la población civil.

A pesar de estar demostraciones de poder, el gobierno de Ponce sería derrocado el 20 de octubre de 1944.


BIBLIOGRAFIA:


12 de diciembre de 1930: el presidente general Lázaro Chacón sufre un derrame cerebral que lo imposibilita para ejercer su cargo; el Lic. Baudilio Palma asume la presidencia interina

12diciembre1930
Plana Mayor del presidente Chacón durante los primeros años de su gobierno.  Cuando la crisis económica se acentuó en 1930, hubo numerosos cambios tanto en su gabinete como en la Plana Mayor.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras una presidencia marcada por una grave crisis económica derivada la Gran Depresión de la economía mundial iniciada por la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929, el general presidente Lázaro Chacón sufrió un derrame cerebral el 12 de diciembre de 1930, que lo dejó imposibilitado para seguir al frente del país. A partir de su enfermedad, se sucedieron una serie de presidentes interinos y golpes de estado que no fueron avalados por el gobierno del presidente Hoover de los Estados Unidos, hasta que, finalmente, fue investido como presidente el general Jorge Ubico, acérrimo enemigo del general Chacón.

El general Chacón padecía desde hacía tiempo de presión alta  y solamente gracias a las atenciones de sus familiares y de la intervención médica, había prolongado el descenlace terribe que resultó en un derrame cerebral que lo dejó imposibilitado de continuar el ejercicio de la presidencia.

Reproducimos a continuación los decretos y notificaciones que se publicaron en los principales diarios del país con motivo de la grave enfermedad del presidente:

“El consejo de Ministros

Por cuanto

encontrándose inhabilitado para el ejecicio de sus funciones el general don Lázaro Chacón, presidente constitucional de la república según dictamen facultativo que consta en el acta fecha de ayer, suscrita por los doctores Ernesto Alarcón, Mario J. Wunderlich, Federico Mora, Lizardo Estrada y Máximo Santacruz.

Decreta

en cumpimiento del artículo 69 de la constitución y en defecto del primer desginado, llamar al segundo designado, licenciado Baudilio Palma, para que asuma el cargo de presidente de la República; y da cuenta de forma inmediata con este decreto a la Asamblea Legislativa.

Dado en la casa de gobierno,en la ciudad de Guatemala, a los doce días del mes de diciembre de 1930.

  • A. Skinner Klee, ministro de Relaciones Exteriores
  • Federico Aguilar V., ministro de Fomento
  • R. A. Ramírez, ministro de Agricultura
  • Samuel E. Franco, ministro de Hacienda y Crédito Público
  • R. A. Mendoza, ministro de Educación Pública
  • F. Castillo Monterroso, Ministro de Gobernación y Justicia
  • Mauro de León, ministro de la Guerra

(Nota de HoyHistoriaGT: varios de estos ministros llevaban apenas un mes en el despacho debido a las constantes renuncias derivadas de la crisis que estaba atravezando el país.  El general Mauro de León había sido hasta el 30 de octubre el primer designado a la presidencia, pero tuvo que renunciar al cargo cuando fue nombrado Ministro de la Guerra).

Ya en el ejercicio de la presidencia interina, el licenciado Baudilio Palma emitió el siguiente decreto:

Baudilio Palma, segundo designado a la presidencia de la República.

Por cuanto:

encontrándose inhabilitado para el ejercicio de la presidencia de la República el señor general don Lázaro Chacón, conforme dictamen facultativo que consta en el acta fecha 11 del corriente, suscrita por los médicos que lo asisten, doctores don Ernesto Alarcón, Mario J. Wunderlich, Carlos Federico Mora, Lizardo Estrada y Máximo Santacruz.

Por tanto:

en cumplimiento del artículo 69 de la constitución, en defecto del primer designado, y por decreto de esta misma fecha dictado por el consejo de ministros.

Decreta:

  1. Asumir el cargo de presidente de la República
  2. Dar inmediata cuenta con este decreto a la asamblea legislativa

Casa del gobierno, Guatemala, a los doce días del mes de diciembre de 1930.

  • Baudilio Palma
  • F. Castillo Monterroso, ministro de Gobernación y Justicia

Finalmente, reproducimos el Acta de las autoridades de Medicina con respecto al estado de salud del general Chacón:

En la ciudad de Guatemala, a once de diciembre de mil novecientos treinta, siendo las once de la noche, nos constituimos los infrascritos, médicos y cirujanos de la facultad de Guatmala, en la residencia del general don Lázaro Chacón, presidente de la república, situada en la sexta avenida norte, número 1, por convocatoria del médico de cabecera, doctor don Ernesto Alarcón, con el fin de examinar al señor presidente y dar nuestra opinión acerca de la enfermedad de que adolece.  Procedimos al examen, después de haber oído la historia clínica que nos refirió el doctor Alarcó, comprobando que el general Chacón sufre de hemiplegía completa del lado derecho, de parálisis facial del lado izquierdo y de afasia motriz,originada por una hemorragia cerebral que sufrió el 10 del corriente a las 5:10 am. como consecuencia de la hipertensión arterial por nefritis crónica, de que ha estado afectado desde hace varios años. 

En nuestro concepto esta enfermedad es de pronóstico reservado en cuanto a la vida del enfermo. Opinamos también que el señor presidente general Chacón se encuentra actualmente incapacitado para realizar cualquier trabajo intelectual por las circunstancias patológicas expresadas. No nos es posible determinar si la incapacidad será definitiva o en caso de ser solamente temporal, cuanto tiempo durará.
En fe de lo cual firmamos la presente acta en el lugar y fecha indicados.

  • M.J. Wunderlich
  • M. Santa Cruz
  • L. Estrada G.
  • F. Mora
  • Estoy conforme, Ernesto Alarcón

Chacón ya nunca se recuperó, a pesar de que fue llevado a Nueva Orleans, Louisina, Estados Unidos, para recibir tratamiento médico y falleció el 8 de abril de 1931, no sin antes enterarse de que su enemigo Jorge Ubico había sido electo presidente de Guatemala el 7 de febrero de ese mismo año.


BIBLIOGRAFIA:

  • Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario histórico biográfico de Guatemala. Guatemala: Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo. ISBN 99922-44-01-1.
  • Cach, Mónica (2014). «Historia de la educación en Guatemala». Monografías en línea.
  • Díaz Romeu, Guillermo (1996). «Del régimen de Carlos Herrera a la elección de Jorge Ubico». Historia general de Guatemala. 1993-1999 (Guatemala: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo) 5: 37-42. Archivado desde el original el 12 de enero de 2015.
  • Fuentes Oliva, Regina (2012). «1920, una década de cambios educativos para Guatemala». Boletín AFEHC (N°54).
  • Mora, Carlos F. et. al. (12 de diciembre de 1930) “Acta de los médicos en que se declara la imposibilidad del general Chacón para seguir en la presidencia de la República”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  • Nuestro Diario (14 de diciembre de 1930). «Informe de las autoridades de Medicina». Nuestro Diario (Guatemala).
  • Time Magazine (1930). «Wrong horse No. 2». Time magazine (en inglés) (Estados Unidos).
  • — (1931). «We are not amused». Time magazine (en inglés) (Estados Unidos).
  • — (1931). Died. General Lazaro Chacon, 56, President of Guatemala (en inglés). Estados Unidos.
  • Vela, David (30 de octubre de 1930). “El general De León habla de su llegada al ministerio”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  • — (12 de diciembre de 1930). “El general Chacón dejó la presidencia”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.

1 de julio de 1944: el general Jorge Ubico renuncia a la presidencia de Guatemala

1julio1944
Museo Nacional de Arqueología y Etnología, originalmente un pabellón de la Feria de Noviembre construido para celebrar el natalicio del general Jorge Ubico.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el mes de junio de 1944 el régimen del presidente Jorge Ubico había tenido que afrontar serias protestas por lo que había suprimido las garantías constitucionales.  Ante esto, un grupo de ciudadanos le envió la llamada “Carta de los 311” el 22 de junio, en donde le pedían que restituyera la constitución en su totalidad.  No obstante, Ubico no respondió favorablemente a esta carta, a la que siguió una segunda misiva en la cual ya se le exige su renuncia, luego de la muerte de la profesora María Chinchilla y las heridas de varios manifestantes contra el régimen en manifestaciones del 25 de junio.

Ante las anteriores misivas, y a causa del descontento popular generalizado, Ubico decidió renunciar el 1 de julio de 1944, y lo hizo mediante el siguiente manifiesto:

Manifiesto del general Jorge Ubico al pueblo de Guatemala

El día de hoy presenté a la Honorable Asamblea Legislativa la renuncia del cargo de presidente de la República. La presenté con carácter de irrevocable.

Volveré así a la vida privada, después de consagrar al servicio del país mis energías y experiencia en la vasta labor de dirección de un gobierno de orden y progreso.

Me retiro del poder dejando tras de mí una obra realizada que, si no llena ni hubiera llegado nunca a colmar mis aspiraciones de guatemalteco, es prueba no refutable del amor que como ciudadano profeso a mi patria y del cuidado que le dediqué como gobernante.
Jamás mis antecesores tuvieron que hacer frente, como yo, a una época tan preñada de dificultades y peligros; y me satisface poder asegurar que los que juzguen mi actuación hoy y mañana, con espíritu ecuánime y sereno, ajustarán su veredicto a la medida de mis pretensiones.

Un movimiento que empezaba a tomar caracteres de violencia, iniciado y proseguido hasta ahora por una minoría de los habitantes de la capital, me llevó a la decisión de resignar el mando, pues, a pesar del pequeño número de quienes se rebelaron como descontentos del régimen gubernativo, es manifiesto, en las peticiones que ellos me dirigieron, su deseo principal y unánime de que renunciara al ejercicio de la presidencia. Así lo hice, enseguida, sin dudas ni vacilaciones, porque en ningún momento del lapso de mi mandato abrigué el propósito de afirmarme en el poder contra la voluntad de mis condicionales.

Al cesar en las fatigas y sinsabores del elevado cargo que acepté en cumplimiento de un deber de ciudadano, hago expresa mi gratitud para el pueblo leal que estuvo a mi lado en circunstancias prósperas y adversas, lo mismo que para los funcionarios y empleados que me prestaron meritoria ayuda; y formulo votos muy sinceros por la ventura de mi patria y la armonía entre mis ciudadanos.

Guatemala, 1. de julio de 1944

Jorge Ubico

Los escritores liberales han dicho que Ubico renunció para evitar un inútil derramamiento de sangre en el país, mientras que los opositores al régimen indican que lo hizo para darle un escarmiento a Guatemala y que por eso dejó en su lugar a los tres militares más beodos e incompetentes de su plana mayor: Eduardo Villagrán Ariza, Federico Ponce Vaides y Buenaventura Pineda. Cuentan que, cuando la situación estaba ya inclinándose a favor de la renuncia de Ubico Castañeda, los altos jerarcas del Ejército de Guatemala conferenciaron para determinar a quiénes nombrar para una comisión que le preguntara al presidente de la República a quién pensaba nombrar como su sucesor para tan alto cargo. Los militares determinaron que lo más prudente era comisionar para esto a los generales que tuvieran menos jerarquía dentro de la institución armada guatemalteca, y por ellos escogieron a Villagrán Ariza, Ponce Vaides y Pineda. Estos solicitaron la correspondiente entrevista con el presidente, la cual, aparentemente, transcurrió en términos como éstos:

—Permiso para hablar con el señor presidente.

Ubico Castañeda, quien acostumbraba a no apartar la vista de sus documentos mientras atendía a sus visitantes, contestó sin mirarles:

—Sí, ¿qué quieren?

Los generales, temerosos, continuaron:

—Entre los miembros de su plana mayor se quisiera saber, si en caso de que, ¡Dios no lo permita!, su excelencia llegara a faltar, quién consideraría usted que es el más apropiado para sucederlo.

Sin pensarlo siquiera, Ubico Castañeda levantó la vista un momento y, señalándolos con su pluma fuente, contestó:

—¡Ustedes tres! 

En realidad, lo más seguro es que sus razones para renuncia fueron o su ya precaria salud, o bien, el deseo de emular al general Rafael Carrera y retirarse solamente para que el mismo pueblo lo llamara nuevamente para rescatar a la nación. En todo caso, lo que ocurrió fue que le solicitó al general Roderico Anzueto Valencia que le eligiera a tres generales para que lo sucedieran y este eligió a aquellos que consideró que serían lo más fáciles de manejar: Federico Ponce Vaides, Eduardo Villagrán Ariza y Buenaventura Pineda quienes, de hecho, como primer acto oficial se emborracharon para celebrar su buena fortuna.


BIBLIOGRAFIA:

  • De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  • Estrada, A. (1979). Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. pp. 559-574.
  • Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.

 

25 de mayo de 1935: se realiza un plesbicito para determinar si se extiende o no el período constitucional del presidente general Jorge Ubico

25mayo1935
Volante a favor de la extension del mandato presidencial.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Constitución de 1879 que el general J. Rufino Barrios mandó a hacer para poder extender legalmente su mandato presidencial, que ya tenia desde 1873, fue la base de los gobiernos liberales que le siguieron.  Con algunas modificaciones fue utilizada por Manuel Lisandro Barillas y por José María Reina Barrios.  Pero fueron el licenciado Manuel Estrada Cabrera y su émulo, el general Jorge Ubico, quienes hicieron caso omiso a la prohibición de reelección.  Estrada Cabrera se reeligió cuatro veces por decreto legislativo e incluso participó en las elecciones presidenciales tras quedar como presidente interino luego del asesinato del general José María Reina Barrios a pesar de que se lo prohibía la mencionada Constitución.

El general Ubico, con el antecedente del licenciado Estrada Cabrera (de quien fue Ministro y Jefe Político de Retalhuleu y Verapaz) modificó la metodología para extender su gobierno.  Hizo un referendum al que convocó a todos los ciudadanos para determinar si era conveniente que él siguiera en la presidencia.

Para justificar ese referendum el gobierno digo que había un complot de civiles que planeaban asesinar al general presidente, y que incluso había colaboradores militares que habían perdido los mensajes o comandos administrativos bajo su gobierno. Sin embargo, de acuerdo a la versión oficial, los complotistas fueron traicionados desde dentro, y muchos fueron ejecutados como resultado. Seis meses después, la Asamblea Legislativa habría recibido miles de peticiones espontáneas e idénticas de 246 municipios, en la que todos hacían un llamado para que la Constitución de 1879 fuera modificada y que Ubico pudiera extender su mandato. Ubico luego llamó a un plesbicito sobre el tema, el cual fue aprobado por unanimidad.

El escritor Efraín de los Ríos en su obra “Ombres contra Hombres” da otra versión sobre el supuesto complot.  De acuerdo a de los Ríos, cuando Ubico decidió a convocar a un plebiscito para que Guatemala decidiera si podría seguir otros seis años en el poder, el licenciado Efraín Aguilar Fuentes (director del Primer Registro de la Propiedad Inmueble) se negó a ser parte de los seguidores del presidente, y cuando éste lo citó a su despacho para recriminarle su actitud, Fuentes le dijo que estaba enterado de que el entonces director de la policía nacional, Roderico Anzueto Valencia, se había apropiado ilícitamente de veintiocho propiedades y que por esa razón ya no apoyaría al gobierno. Ahora bien, de acuerdo a De los Ríos, lo que Aguilar Fuentes no sabía en ese momento, era que Anzueto Valencia solamente era testaferro del general Ubico en unas de esas propiedades y pagaría muy caro su atrevimiento.

En las semanas siguientes, Anzueto Valencia elaboró una lista de personas involucradas en un complot para asesinar al presidente, y entre ellas apareció el licenciado Aguilar Fuentes. Todos los conjurados fueron apresados y torturados, y sus confesiones arrancadas en las torturas fueron publicadas en el periódico “El Liberal Progresista”, período oficialista. De los Ríos escribió estas fuertes acusaciones en el libro “El Jardín de las Paradojas”, el cual fue confiscado cuando De los Ríos fue apresado y enviado a la Penitenciaría Central, en donde pasó la mayor parte del resto del gobierno del general Ubico Castañeda.  Estas acusaciones vieron la luz hasta que “Ombres contra Hombres” fue publicada en 1945, ya durante el gobierno del doctor Juan José Arévalo.

Para promocionar el referendum, el gobierno de Ubico publicó panfletos en donde aparecía sentado con la República parada detrás suyo, en la misma forma en que los militares de la época se retrataban con sus progenitoras.  Los enemigos del régimen le hicieron entonces este poema, lógicamente de autor anónimo:

Si una pública mujer
por p… es conocida,
una república vendría a ser
una mujer más corrompida.
Siguiendo el decir
de esta lógica absoluta,
tenemos que convenir
que todo aquel que se reputa
ser de la República hijo
viene a resultar de fijo,
un hijo de la gran p…”


BIBLIOGRAFIA:

  • Batres Villagrán, Ariel (2009). «Ombres contra Hombres de Efraín de los Ríos». El diario del gallo.
  • De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México, D.F.: Fondo para la cultura de la Universidad de México.
  • Gaitán, Héctor (1989). La calle donde tu vives. Volumen 2 (2.a edición). Guatemala: Artemis y Edinter.
  • Grieb, Kenneth J (1996) “El gobierno de Jorge Ubico” Historia general de Guatemala 1993-1999. Guatemala: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Volume 5, p54
  • Schlewitz, Andrew James (1999) The rise of a military state in Guatemala, 1931-1966 New York: New School University. Unpublished dissertation, p319
  • Yashar, Deborah J (1997) Demanding democracy: reform and reaction in Costa Rica and Guatemala, 1870s-1950s Stanford: Stanford University Press, p42

20 de abril de 1908: el cadete Víctor Vega intenta asesinar al presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera

20abril1908
Antiguo edificio de la Escuela Politécnica, que se encontraba en el convento que había sido expropiado a los frailes de La Recolección en 1872.  En el recuadro: monumento a los caídos tras el atentado, que se encuentra en el Cementerio General.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En abril de 1907 se produjo el “Atentado de La Bomba“, del que salió ileso el presidente Manuel Estrada Cabrera, y cuyas represalias fueron terribles no solamente para los autores intelectuales y materiales, sino que para sus familias y numerosos ciudadanos inocentes ya que, siguiendo el ejemplo dejado por el general presidente J. Rufino Barrios, Estrada Cabrera aprovechó las circunstancias para deshacerse de enemigos políticos y de personas cuyos negocios le interesaban.1

Para 1908 el gobierno cabrerista mantenía su régimen dictatorial y el servilismo estaba en su apogeo; de hecho, la iglesia de Santo Domingo había cambiado el recorrido de su solemne procesión de Viernes Santo para pasar frente a la casa de habitación del presidente, situada en la 7.ª avenida sur de la Ciudad de Guatemala. Esta circunstancia fue tenida en cuenta por varios cadetes y oficiales de la Escuela Politécnica, quienes advirtieron que el capirote del traje de cucurucho (que por esos años cubría el rostro de los penitentes) era ideal para esconder a posibles conspiradores. Los cadetes concibieron un plan sencillo: aprovechando que la procesión iba a pasar frente a la casa del presidente, irían disfrazados de cucuruchos, invadirían la casa presidencial y apresarían a Estrada Cabrera. Pero para el Miércoles Santo de ese año los conjurados estaban presos: dos de ellos, durante una borrachera en una fonda, habían hablado de más y terminado en la cárcel. Estrada Cabrera, una vez que supo de la conjura, puso palizadas frente a su casa, prohibió que la procesión pasara enfrente y prohibió el uso de los capirotes en el traje de cucurucho.1,2​ Uno de los delatores fue el oficial Roderico Anzueto Valencia, agente de Estrada Cabrera, y quien años más tarde sería el brazo derecho del régimen dictatorial del general Jorge Ubico.3

El 20 de abril de 1908 estaba planificada la recepción oficial del nuevo ministro plenipotenciario de Estados Unidos, Mr. William Heinke, en el Palacio de Gobierno; esas recepciones se realizaban en el salón de honor del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el viejo palacio colonial y en ellas montaban guardia los cadetes de la Escuela Politécnica, que acababan de relevar a la guardia de línea, que se trasladó al patio del Palacio. De hecho, Estrada Cabrera era muy aficionado a que los cadetes prestaran sus servicios en exhibiciones públicas oficiales.1

El presidente, vestido de rigurosa etiqueta, llegó a la puerta del salón en el palacio en su coche de punto; el imaginaria avisó a a concurrencia, y el presidente bajó del coche, y atravesaba el corredor público frente al Pabellón Nacional cuando sonó un disparo. El cadete de la Escuela Politécnica Víctor Manuel Vega, en venganza por la prisión y las torturas de sus jefes y amigos, en lugar de presentar el arma le disparó a Estrada Cabrera a quemarropa, pero el proyectil sólo hirió a éste en el dedo meñique de la mano izquierda.​ Por una casualidad increíble, el presidente se salvó porque el corredor público era muy estrecho, y cuando pasó frente a la bandera se quitó el sombrero de copa y apartó la tela de la insignia con la mano izquierda justo cuando salía el disparo de Vega. Estrada Cabrera se tiró al suelo y rápidamente se arrastró hasta la esquina más próxima y se metió a la primera oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se puso a salvo.1​ Allí se le unieron el ministro de Relaciones Exteriores, Juan Barrios M. (revólver en mano) y el subsecretario Felipe Estrada Paniagua, además de algunos soldados. Posteriormente fue tratado por los médicos, y salió a un balcón del Palacio para calmar a los ciudadanos y evitar que se produjera la anarquía al saberse de su supuesta muerte.​4

La guardia del presidente reaccionó de inmediato, atacando a la compañía entera de los cadetes que montaba guardia, hiriendo y matando a varios de ellos, mientras que el resto fue conducido a los calabozos o logró refugiarse en casas vecinas.​ Los oficiales a cargo del Estado Mayor presidencial eran: brigadier José María Orellana, coronel Mauro de León, tenientes coroneles Ernesto de León y Juan B. Arias, comandante Carlos Jurado, capitán Lisandro Anleu y Silvano Muralles.​ Fue precisamente Anleu quien mató al cadete Vega en el lugar donde intentó perpetrar el magnicidio, quien cayó a los pies de la comitiva de Estrada Cabrera, quedando tendido entre el corredor y la alfombra de la subsecretaría de Relaciones Exteriores. ​4

Como había ocurrido tras el atentado de La Bomba los ciudadanos se apresuraron a manifestar su adhesión al “Benemérito Presidente” y “Jefe del Partido Liberal“. La manifestaciones quedaron recogidas en la obra “El crimen del 20 y el pueblo de Guatemala” de Fernando Somoza Vives, publicada en 1908 y que tenía la siguiente dedicatoria: “‘La Mañana’ y su Redactor dedican este volumen, síntesis del afecto de un pueblo a su Gobernante, al gran Repúblico licenciado don Manuel Estrada Cabrera.”5

A continuación se reproducen algunos de los mensajes publicados:

  • Felicitamos a la República por la salvación de su prestigiado Jefe y a la madre amorosa por la salvación del amado hijo
  • Con profunda pena, con dolor inmenso, [en los] corazones leales al hombre generoso, a quien sus […] enemigos gratuitos no tienen más que echarle en cara una perpetua compasión para sus obsecados adversarios
  • Señor Presidente: Guatemala entera, por nuestro medio, os presenta sin reticencias de ningun género con toda espontaneidad y con toda sinceridad también su incondicional y firme adhesión a vuestra causa y a vuestra persona, sus congratulaciones por haberos salvado providencialmente. […] Dignaos de recibir con benevolencia, Señor Presidente, esta sencilla pero ingenua manifetación de simpatía y aprecio que individual y colectivamente vienen a haceros, en esta ocasión solemne, los Representantes del pueblo de Guatemala.
  • [Tras el ataque] volvió el rostro sereno al grupo de homicidas y entró al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde después de enjugarse la preciosa sangre […] comenzó a disponer lo conveniente […] para la Nación, que felizmente permanece inalterable.
  • El pueblo entero ha condenado ese delito incalificable en que no se ve sino la mano misteriosa de alguien que quiere poner en práctica venganzas personales que la moral y el derecho no pueden admitir.5

Por el mismo estilo continúan los mensajes provenientes de toda la República y de todas las dependencias estatales, algunos con más de dos mil firmas.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  3. Unión Tipográfica (1920). Principales jefes del Cabrerismo. Guatemala: Unión Tipográfica.
  4. Estrada Paniagua, Felipe (29 de abril de 1908). «El crimen del 20». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala).
  5. Somoza Vives, Fernando (1908). El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco. Guatemala: La Mañana.