13 de abril de 1839: el general guerrillero Rafael Carrera entra a Guatemala y restituye al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz; se inicia así el gobierno conservador de “los treinta años”

La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala vista desde el tejado de la Catedral Metroplitana, aproximadamente en 1860.  No había cambiado mucho de como estaba en la época en que Carrera entró con sus hordas a la misma en 1839.  A la izquierda está el portal del comercio, a la derecho el antiguo Palacio Colonial (destuido en 1917-18) y en la esquina inferior izquierda el Colegio de Infantes.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Introducción:

El período conservador de los treinta años es una época poco estudiada en Guatemala, debido a que los gobiernos liberales que le siguieron rescribieron la historia para presentarlo como un período de oscurantismo, atraso y de sanguinaria dictadura en el que el grupo criollo aristocrático de la familia Aycinena dominaba la situación y tenía al general mestizo analfabeto Rafael Carrera como su brazo armado para que sofocara cualquier intento de rebelión.

Pero el estudio de documentos de la época muestra que no hubo atraso porque el gobierno no hubiera querido alcanzar el progreso, sino que por las constants invasions y rebeliones de criollos liberales y de sus allegados, formentadas muchas veces desde El Salvador y Honduras, las cuales perduraron hasta que el general Carrera las aplastó en la Batalla de La Arada en 1851. De ese fecha en Adelante empezó un período de paz y progreso, que incluyó la construcción del primer edificio público: el “Teatro Carrera” (luego llamado “Teatro Nacional” y “Teatro Colón”).

Los mismos documentos demuestran que no eran los criollos aristócratas quienes dominaban la situación, sino que era el general Carrera el que verdaderamente mandaba y quien les ponía las condiciones. De hecho, los aristócratas (muchos de ellos miembros del clero regular y secular) se vieron obligados a pactar con el militar mestizo por dos razones:

  1. En su calidad de criollos conservadores no podían abandonar el país, ya que perderían todos sus bienes y porque no los recibirían en las naciones vecinas, en las que gobernaban los liberales.
  2. Las fuerzas alianzas que Carrera tenía con los líderes indígenas, principalmente del occidente de Guatemala, por medio de las cuales evitó que ocurrieran masacres en contra de los criollos, a diferencia de lo que en esa época estaba ocurriendo en Yucatán.

Asimismo, debido a la marcada educación religiosa de Carrera, la influencia de las autoridades eclesiásticas tanto locales como las de la Santa Sede era muy marcada y dirigía en buena medida los destino de la nación. Se llegó incluso a firmar un Concordato con la Santa Sede en 1852, en el cual se entregó la educación a los religiosos a cambio de indulgencies para los soldados guatemaltecos que mataran a soldados liberales, por ser éstos anticlericales.

Por otra parte, aunque a los liberales se les ha acusado de haber hecho concesiones de nuestros recursos naturales a los europeos (la Verapaz a los alemanes de las familias Diesseldorf y Thomae, entre otras) y a los estadounidenses (Izabal a la United Fruit Company), los conservadores no se quedaron atrás. A fin de obtener fondos para armas, uniformes y municiones, el gobierno de Carrera tuvo que prestarle dinero a casas financieras inglesas y tuvo que ceder el territorio comprendido entre el río Belice y el río Sarstún al enclave inglés de Belice. Tambien, otorgó una concesión a perpetuidad a la Compañía Belga de Colonización en Izabal en 1840, aunque esta no prosperó por lo inhóspito de la región.

Si bien el período no fue perfecto ni mucho menos, es la época en que se fundó formalmente la República de Guatemala, en que se alcanzó por fin una paz duradera y en que el desarrollo del país realmente inició.

Descripción:

Reproducimos a continuación la descripción que hace de los eventos del 13 de abril de 1839 el renombrado historiador Federico Hernández de León en su obra “El libro de las Efemérides”:

Se hará cargo el lector de la importancia que entraña la fecha de las efemérides de hoy. Es el alfa de un partido, de un partido que luchaba desde los días de la independencia por ocupar el poder de manera estable. Grandes tipos de sus filas se habían acercado al solio, como don Mariano de Aycinena que se sostuvo durante dos años y medio; pero hasta el aparecimiento de Carrera, el partido no se consideró potente, ni la paz llegó a consolidarse como se consolidara después del año 51 con la batalla de la Arada. Pequeñas convulsiones agitaron el cuerpo social; pero nada comparable con los años vividos.

El general Morazán había colocado en la jefatura del Estado de Guatemala al general don
Carlos Salazar, arrancando de su puesto a don Mariano Rivera Paz, en condiciones un tanto violentas. El general Salazar había derrotado unos meses antes a Carrera, en la acción de Villa Nueva y, de ser más ágiles las fuerzas de Salazar, después de dicha acción, alcanzan al mismo Carrera, y se hubieran sacudido de un element que había de darles muchos e intensos dolores de cabeza. Carrera derrotado y herido de gravedad, pasó de Villa Nueva a la Antigua y de allí, dando un rodeo, volvió a la querencia, a la Montaña, seguido de sus leales.

El triunfo de don Carlos Salazar sobre el guerrillero y sus huestes, le creó una reputación firme y le agració ante los ojos del general Morazán, al grado que inñuyera poderosamente para que se le diese la jefatura del estado. Pero don Carlos, con todo y ser general, le faltaba la energía y el empuje que se necesitaba en aquellos críticos días, y la reacción empezó a tejer sus tramas, poniéndose en comunicación con Carrera que estaba en Mita, repuesto del susto que llevara en la acción de Villa Nueva. Con elementos suficientes. Carrera se pronunció contra el gobierno de Salazar y marchó resuelto a la capital.

Algunos liberales se dieron cabal cuenta de la trascendencia que aparejaba aquel movimiento del guerrillero. Se fueron con el jefe del estado y le hicieron ver la gravedad de la situación. Don Carlos Salazar no dió importancia al asunto.

— Así hemos vivido desde hace tiempo — dijo — ; los de Carrera se conforman con man-
tener la bandera levantada en sus montañas.

Los liberales no lo creían así. Notaban los movimientos interesados de algunos hombres
prominentes, sobre todo del canónigo Larrazábal, que públicamente expresaba su disgusto con un sistema ayuno de representación, sin respaldos morales, sin energías y que contribuía a una perenne excitación. Por otra parte, don Luis Batres se movía con grandes empeños.

Los últimos triunfos de Morazán sobre los conservadores de Honduras, alentaban al señor Salazar, sin comprender que, esos mismos triunfos operaban en el ánimo de los conservadores en un sentido de resguardo y de defensa. La batalla del Espíritu Santo ganada por los salvadoreños mandados por Morazán, contra los ejércitos aliados de Nicaragua y Honduras, provocó la precipitación de los acontecimientos, y Carrera
se presentó a las puertas de Guatemala, como Alarico a las puertas de Roma. Y en el amanecer del 13 de abril de 1839, se oyó un grito angustioso que decía:

— ¡ Los bárbaros de la Montaña están en las garitas de la ciudad!

Carrera y sus gentes habían caminado toda la noche, esquivando los encuentros de particulares y, al clarear el alba estaban en las lindes de la Parroquia Vieja y el Martinico, dirigiendo el ala hacia el barrio de Santo Domingo. Eran muchos los que acompañaban al guerrillero; tipos de aspecto feroz, verdaderas hordas de salvajes, mal vestidos, de recias y escasas barbas, peludos y de mirar siniestro. El que los dirigía,
debía ser un tipo superior, que para manejar aquellos trogloditas se necesitaba de un corazón bien puesto y de unos hígados, mejor puestos aún.

Sonaron los primeros tiros y los vecinos atrancaron sus puertas. Los liberales despertaron en sus lechos con la zozobra en el alma.

— ¡Allí está Carrera! — gritaban azorados los tranquilos vecinos, de casa a casa.

Unos se aventuraban a salir de sus domicilios, para dirigirse a carrera abierta, por el rumbo opuesto al que traían los invasores. Otros, precipitadamente abrían hoyos en los patios, para guardar sus riquezas. Y quiénes, con el espanto en la cara, subían a los cobertizos para guarecerse en los tapancos, en franca familiaridad con las ratas y las cucarachas. Aquel despertar del 13 de abril, fué algo siniestro.

Don Carlos Salazar, el aguerrido militar que derrotara a Carrera en Villa Nueva, que tuviera a su cargo la jefatura del estado, que fuera por suj condición de hombre público, la figura más significada, hizo mi papel desairado. Al enterarse que las hordas entraban por las calles, disparando sus fusiles y atrepellando lo que encontraban, no tuvo arrestos para dirigirse a un cuartel y ponerse a la cabeza de sus hombres. Arrimó nervioso una escalera a ima de las paredes de su casa y, por los tejados, como un gato perseguido, se trasladó a otras casas de amigos y, luego, ridiculamente disfrazado, dejó la ciudad y
abandonó Guatemala…

No era esa la manera de abdicar de un puesto tan elevado. Cuando se llega a tan altas jerarquías, se debe guardar todo el coraje de una vida, para terminar de manera digna.

Salazar llegó a ganar la frontera y se dirigió al Salvador ; luego, a Costa Rica : allá murió
atormentado con el recuerdo de su fuga vergonzosa y con la responsabilidad que le cabía por no haber oído los consejos de sus amigos y las indicaciones de quienes le pedían en la semana anterior al 13 de abril, que se tocase llamada general y se pusiese a la cabeza de un grupo de patriotas, para detener la avalancha de salvajes que se avecinaba.

Carrera, entre tanto, se dirigió resuelta y animosamente a la casa de don Mariano Rivera
Paz y le presentó su espada.

— No venimos — dijo el jefe bravio — a matar gente, sino a restituir a las autoridades. Vuesa merced fué arrancado por Morazán de su puesto y nosotros venimos a colocarlo de nuevo en su lugar ….

Rivera Paz se dejó hacer y acompañado de una improvisada escolta de aquellos feroces, se dirigió a la casa del gobierno y tomó posesión de la jefatura del estado. Inmediatamente llamó a sus hombres al ministerio y se expidió un despacho urgentísimo a don Pedro Nolasco Arriaga, expatriado desde el año 29 en Honduras, para
que pasara a ocupar uno de los sillones ministeriales.

Pero a pesar de las declaraciones de Carrera, sus gentes se dirigieron a las casas de los principales liberales en busca de Barrundia, del doctor Gálvez, de la familia Molina, de don José Bernardo Escobar y de cuantos hombres habían adversado al partido conservador. Los liberales no esperaron ser cogidos en sus casas y se asilaron en conventos y casas particulares de sacerdotes amigos, en donde podían estar a cubierto de las arremetidas.

Desde aquel día. Carrera fué definitivamente el hombre de la situación. Se le llamó el “caudillo adorado de los pueblos”; las turbas le victoreaban, y a su paso solo homenajes de respeto y entusiasmo recibía. El jefe del estado, vivía pendiente de sus labios y todos los señorones de la aristocracia le vieron con verdadero respeto y temor. Se hicieron los nombramientos importantes: don José Antonio Larrave, jefe politico de Guatemala; alcalde, don Marcial Zebadúa; síndico de la Municipalidad, don Manuel Beteta; jefe político de la Antigua, don Andrés Andreu; de Escuintla, don Pantaleón Arce ; de Chimaltenango, don Manuel Gálvez y, de Amatitlán, el inmenso poeta don José Batres y Montúfar.

Al año siguiente, en el mes de marzo, Morazán quiso arrojar a Carrera de Guatemala; el
arrojado fué el propio Morazán, que no paró sino hasta el Perú. A los dos años moría el guerrero hondureno, en tanto que Carrera y los conservadores se regodeaban en Guatemala y lanzaban sus rayos a todo el resto de la América Central.

BIBLIOGRAFIA:

26 de febrero de 1849: asesinan a Mariano Rivera Paz, ex-presidente del Estado de Guatemala cuando iba a tomar posesión del corregimiento de Jalapa en el departamento de Mita

Retrato el presidente Mariano Rivera Paz (1804-1849). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el exilio del general Rafael Carrera a México en 1848 los criollos se hicieron cargo de la situación del país, pero en lugar de recuperar la armonía y tranquilidad, Guatemala se hundió en una profundal anarquía. Cuando Carrera partió al exilio, la Asamblea Legislativa, ahora en poder de los liberales, dictó una disposición por la que se le declaraba fuera de la ley que debía aplicársele la pena de muerte si osaba regresar al país.

Se sucedieron varios presidents que renunciaron en cuestión de semanas o meses, hasta que finalmente el coronel Mariano Paredes (hasta entonces corregidor de Quetzaltenango), tuvo que ir a la Ciudad de Guatemala para hacerse cargo de la situación  Pero a pesar de los esfuerzos de Paredes, Guatemala entró en una profunda crisis: había crímenes políticos de importantes personalidades y bandoleros sueltos por todo el país; el gobierno dictaba leyes, pero nadie las cumplía.

Así, el 26 de febrero de 1849, el ex-presidente Mariano Rivera Paz fue asesinado cuando el presidente Paredes lo nombró como corregidor de Jalapa y Rivera Paz intentó tomar posesión de su cargo.  El ex-presidente (quien había gobernado a Guatemala como Jefe de Estado en 1839 y como presidente de la República de 1842 a 1845) fue asesinado por los “lucios” (Roberto Reyes y Agustín Pérez) en el lugar llamado Sampaquisoy.  Y su sucesor no corrió mejor suerte: Paredes nombró al general Vicente Cruz, hermano de Serapio Cruz (Tata Lapo) como corregidor, pero también fue asesinado sin poder tomar posesión del cargo.

Era una época oscura de crímenes politicos constantes: aparte de los corregidores de Jalapa, fue asesinado Gregorio Orantes, corregidor nombrado para Jutiapa, y Marcial Zebadúa, presidente del Tribunal Supremo de Justicia.  Por cierto que los corregimientos de Jalapa y Jutiapa pertenecían al departamento de Mita que había sido creado un año antes, el 23 de febrero. Este clima de inestabilidad propició el retorno del general Carrera, quien ingresó a Guatemala por el occidente y regresó a la ciudad en agosto de 1849.

BIBLIOGRAFIA:

15 de diciembre de 1848: en medio de una gran crisis de gobernabilidad e invasiones, el gobierno restablece a milicia cívica en la Ciudad de Guatemala

Una excursion en las faldas del Cerrito del Carmen.  Al fondo, la Iglesia de La Candelaria  Imagen de Eadweard Muybridge, tomada en 1875.

En 1848, los criollos de ambos partidos consideraron que Rafael Carrera había servido a sus fines y le pidieron la renuncia a la presidencia.  Carrera, a quien los historiadores liberales describieron como un ignorante analfabeto que firmaba “Raca Carraca“, en realidad era un genio militar y además un hábil politico que conocía a los criollos mejor que nadie.  Así que renunció sin protestar pues sabía que más temprano que tarde estarían rogando por su retorno al país.

Tal y como Carrera había imaginado, tan pronto como él salió al exilio Guatemala cayó en una grave crisis de ingobernabilidad, que se manifesto con invasiones de liberales desde El Salvador y Honduras, formación de bandas de forajidos que asaltaban en los caminos y un intento del Estado de Los Altos por independizarse nuevamente.

En diciembre de 1848, la situación llegó a tal punto, que el gobierno del Estado restableció la milicia cívica en la Ciudad de Guatemala, y reproducimos a continuación el decreto complete para que el lector se de una idea del caos que se vivía:

Artículo 1.°: se restablece en todo su vigor y fuerza el decreto de 23 de agosto de 1823 sobre organización de la fuera cívica, dado por la asamblea nacional constituyente, con las modificaciones que contiene el presente decreto. 

Artículo 2.°: en el día de hoy y el de mañana, quedarán formados en esta capital cuatro batallones:

  • El primero se compondrá de los varones que habitan en las parroquias del Sagrario y Santo Domingo
  • El segundo de los de Los Remedios
  • El tercero de los de San Sebastián; y
  • El cuarto de los de la Merced y Candelaria

Artículo 3.°: para facilitar la pronta organización de estos cuerpos el gobierno nombra comandantes de ellos; 

  • Para el primero al coronel don José Piloña
  • Para el Segundo al coronel don Manuel Abarca
  • Para el tercero al señor Arcadio Gatica; y 
  • El cuarto al señor Cristino Irías

pero luego que estén organizados dichos cuerpos, nombrarán ellos sus comandantes en la forma que previene el reglamento citado.

Artículo 4°. Por ahora, la fuerza cívica será destinada a defender la ciudad de la invasion actual: pasado el peligro, quedará en el pie en que la constituye el reglamento referido, y recibirán sueldo únicamente los que presten servicio de guardias y lo necesiten.

Artículo 5°. Los comandantes nombrados, emplearán toda su energía para reunir en el término, prefinido, todos los individuos de que ha de componerse su respectivo cuerpo, que son los llamados al alistamiento en el último bando publicado.

Artículo 6°. Los individuos que hoy component la guardia urbana y la de Minerva, se alistarán en sus respectivos cantones en la que hoy se demonina guardia cívica; mas no se disolverán aquellos dos cuerpos hasta no estar organiados los cívicos; y con el objeto de dar al alistamiento más respetabilidad, los señores curas exhortarán a sus feligreses para que llenen este deber; cuyo servicio será considerado por el gobierno como corresponde.

Artículo 7°. El ministro de la Guerra queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Poco o nada pudo hacer la guardia cívica frente a los avances de las revoluciones que se enfrentaban al gobierno criollo y a finales de 1849, Carrera había regresado de México estableciendo pactos con todos los líderes indígenas del occidente guatemalteco, y era nuevamente el hombre fuerte de Guatemala.  De hecho, lo sería hasta su muerte en 1865.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

28 de noviembre de 1848: es designado para la presidencia interina de la República de Guatemala el ciudadano José Bernardo Escobar

quetzaltenango1840
Plaza Central de Quetzaltenango en 1840. Bosquejo realizado por Frederick Catherwood y publicado en 1854 en el libro Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan de John Lloyd Stephens.

Cuando llegó a la presidencia el Teniente General Rafael Carrera, decretó la erección de la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847. Agradada en su patriotismo por las medidas del “Caudillo Adorado de los Pueblos”, como le llamaban en ese tiempo a Carrera, el 14 de septiembre de 1848 la Asamblea Legislativa emitió el Decreto que ratifica que “Guatemala es una nación soberana, una república libre é independiente“.​

Pero la Guatemala de 1848 ya no era la de 1847.  Había muchas rebeliones e inseguridad y los criollos (tanto conservadores como liberales) le habían exigido al presidente Carrera que dejara el poder.  Carrera conocía muy bien a los criollos y había aceptado irse al exilio a México después de dejar el poder, sabiendo que no iba a pasar mucho tiempo antes de que lo llamaran de vuelta.

Y tal como él vaticinó, ocurrió: a los pocos días de la firma del decreto arriba mencionado se inició la rebelión armada del general Vicente Cruz, en Antigua Guatemala que aprovechó la ausencia de Carrera y el hecho de que el general Mariano Paredes, jefe del Ejército, estuviera sometiendo insurrecciones liberales en Los Altos. Es decir, la Ciudad de Guatemala estaba prácticamente abandonada ya que los dos jefes militares más calificados del momento nada podían hacer por ella.

Cruz y sus hombres dejaron la Antigua Guatemala y, dando un rodeo, llegaron a Villa Nueva. Ante tal actitud, el gobierno convocó a la Asamblea, la cual se reunió el 27 de noviembre y ante ella presentó su renuncia el Presidente interino licenciado Juan Antonio Martínez. En el mismo acto la Asamblea aceptó la renuncia y designó presidente interino al liberal José Bernardo Escobar, personaje culto y diputado a la misma Asamblea, de quién “no se podía decir que fuera un pelele en manos de nadie“.​

Era el peor momento posible para asumir la presidencia de la República: el ejército de Cruz avanzaba casi sin encontrar resistencia y el primero de diciembre, desde San José Pinula, dirigió una nota al presidente Escobar intimidándole a entregar la plaza, ofreciendo respetar vidas y haciendas, menos las de los Molina, los Arrivillaga, Vidaurre, Manuel Dardón, el expresidente Juan Antonio Martínez, los Zepeda y José Francisco Barrundia, todos ellos, importantes criollos liberales a quienes Cruz consideraba traidores a la causa. A pesar de la situación crítica, haciendo gala de energía y patriotismo Escobar rechazó la petición de los alzados, lo que resultó en que siguieran las hostilidades. Y para colmo de males, en Palencia se encontraba ya el general Serapio Cruz (el famoso “Tata Lapo”), hermano de Vicente Cruz.

El general Cruz repitió su oferta el 12 de diciembre y Escobar sin dinero ni tropas envió varias embajadas a parlamentar, en una de las cuales iba el propio Arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula García Peláez. Por fin Cruz, admitió celebrar conversaciones, pero uno de los puntos que propuso era que se restableciera el Estado de Los Altos diciendo: “El gobierno retirará de Los Altos las fuerzas de Ocupación, para que aquellos pueblos puedan libremente decidir su future, prara lo cual no se les molestará en nada“. A pesar de ser liberal, Escobar rechazó lo que se le proponía respecto de Los Altos, por el daño que ocasionaría a la integridad territorial de la Guatemala.

Tras el fracaso de la negociación, Escobar buscó un arreglo político: quitó a Basilio Porras del Ministerio de la Guerra y lo colocó en el de Relaciones Exteriores, y entregó la cartera militar al Teniente Coronel de Ingenieros Manuel José Narciso de Jonama y Bellsolar, que estaba retirado de la vida pública desde 1829, pero conservaba simpatías entre los liberales y era además amigo personal de Carrera. Pero esta medida tampoco solucionó nada y la rebelión continuó, obligando entonces a Escobar a presentar formalmente su renuncia a la presidencia el 30 de diciembre de 1848. La Asamblea eligió a Manuel Tejada, quién renunció al día siguiente por lo que Escobar tuvo que seguir en el mando.

A principios de 1849 se reunió la Asamblea para elegir sustituto a Escobar y decidió nombrar al general Mariano Paredes quien había logrado la pacificación de Los Altos y detener la revuelta de los Cruz.  Finamente, Escobar pudo entregar la Primera Magistratura el 18 de enero de 1849 y con el fin de evitarse ofensas o represalias se exiló voluntariamente en El Salvador. Pero hasta allí lo siguieron sus enemigos: los hermanos Cruz ordenaron su envenenamiento por haber rechazado sus exigencias.

En cuanto a Carrera, en agosto de 1849 regresó a Guatemala y se convertió en el verdadero poder tras el presidente Paredes pues se aseguró de conseguir todas las alianzas que pudo entre los indígenas del Occidente guatemalteco, férreos opositores al Estado de Los Altos que pretendían establecer los criollos liberales.

BIBLIOGRAFIA: