20 de mayo de 1879: muere Marcelo Molina

Fachada de la catedral colonial de la ciudad de Quetzaltenango, destruida por el terremoto de San Perfecto y la erupción del volcán Santa María en 1902. En el recuadro: el jefe de Estado de Los Altos, Marcelo Molina. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la historia del efímero Estado de Los Altos hay dos nombres que se distinguen sobre los demás: el del general Agustín Guzmán, quien fuera vice-Jefe de Estado y comandante general de armas, y el del licenciado Marcelo Molina, quien fuera el Jefe de Estado de 1838 a 1840.  Ambos lucharon por la independencia de la región altense, y ambos se estrellaron contra un rival que les resultó imposible derrotar: el general Rafael Carrera.

Molina llegó a la jefatura de Estado el 28 de diciembre de 1838, cuando tenía 38 años de edad, y siendo bachiller en Filosfía y abogado de los Tribunales, ya había servido como juez en Quetzaltenango, Suchitepéquez y San Marcos, por lo que los criollos liberales altenses confiaron en su persona para dirigirlos.  El 2 de febrero de ese año la región se había separado de Guatemala, luego de la estrepitosa caída del régimen liberal del Dr. Mariano Gálvez a manos de las huestes de Mita dirigidas por el comandante campesino Rafael Carrera.1

Tras la separación de Los Altos, el Estado de Guatemala quedó reducido a los departamentos de Verapaz, Chiquimula, Guatemala y Escuintla, y con solamente el 25% de su capacidad productiva.2 El Estado de Guatemala estaba controlado a medias por Mariano Rivera Paz, y el presidente federal, general Francisco Morazán, tuvo que intervenir para reducir a las fuerzas de Carrera a la región de Mita, y luego sustituyó a Rivera Paz por el salvadoreño Carlos Salazar en la jefatura del Estado el 30 de enero de 1839.3

Sabiendo que la autoridad de Morazán se tambaleaba, a pesar de su triunfo en la batalla del Espíritu Santo sobre las fuerzas de Honduras y Nicaragua, Carrera perpetró un golpe de estado contra Salazar el 13 de abril de 1839, restituyendo a Rivera Paz y a sus asesores aristócratas y de inmediato empezó a pensar en recuperar el territorio del Estado de Los Altos, ya que este comprendía el 75% de la capacidad productiva de Guatemala y tenía la importante frontera con México, aparte de salida al mar en Champerico.4 A partir de ese momento, Guatemala intentó negociar con los altenses, enviando como comisionados a Luis Batres Juarros y a Manuel Piñol, a quienes recibió Molina con toda cortesía, pero sin doblegarse a sus peticiones.  Para entonces, el Estado de Los Altos tenía un serio problema: las revueltas indígenas en contra de la capitación, que era un impuesto individual abusivo que dejaba a los campesinos sin poder cubrir con sus necesidades básicas.  El 1 de octubre de 1839, tras una revuelta indígena en Santa Catarina Ixtahuacán, los indígenas acudieron a Carrera para quejarse de la masacre perpetrada en su contra por el ejército de Los Altos, y esta fue la chispa que desató la guerra entre ambos estados.5

A pesar de la habilidad militar de Agustín Guzmán, sus fuerzas fueron derrotadas por Carrera en Sololá, y él mismo fue desnudado, engrilletado, y colocado sobre una mula con una manta antes de entrarlo a la ciudad de Quetzaltenango como trofeo de guerra. Al saber esto, Molina no quiso huir y se dispuso a entregar la vida por sus ideales liberales.  He aquí cómo relató lo ocurrido:

Aproximándose a la capital del Estado [de Los Altos], se pidió por mi gobierno al comandante Carrera que admitiese comisionados y ajustase con ellos un convenio, en el cual no se le exigía otra cosa que el reconocimiento de la independencia, liberal y soberanía del Estado y las autoridades constituidas y la garantía de las vidas y propiedades.6

Los presos y presidiarios se escaparon de la cárcel, y apoderándose de las armas, amenazaron al vecindario; y no hallándose por conveniente aumentar la fuerza compuesta de los pocos vecinos que se habían reunido  para conservar el orden, a tiempo que se aproximaba la de Carrera, de acuerdo con la corporación municipal, le escribí significándole la situación de la capital exigía que apresurase sus marchas.7

Su entrada a Quetzaltenango la hizo el 29 de enero, conduciendo en triunfo al comandante general [Agustín Guzmán], atravesado en el aparejo de una mula, con dos pares de enormes grillos, y cubierto con una frazada de jerga, pues se l había despojado hasta del sombrero.  Veía y no creía esta conducta bárbara del agresor, porque no me había asegurado que venía guardando otra muy diferente; pero a pesar de esto, y de la manera incivil y desatenta con que recibió a los comisionados, a quienes ni aún ni audiencia dio, yo me decidí a permanecer en el puesto para que no se tomase por motivo de la destrucción del Estado [de Los Altos] el desaparecimiento del gobierno, y porque había ofrecido solemnemente en mis proclamas, perecer antes que abandonar la silla del gobierno en los momentos de peligro. 

En mi casa me encontró el ayudante de Carrera que fué a llamarme de su orden, y en cuya presencia, en la del párroco y en la de varios individuos que me acompañaron, temerosos del objeto de aquel llamamiento, me recibió en el cuartel de la plaza en medio de su tropa, y su saludo fue llamarme a gritos pícaro y orgulloso, diciéndome que: ¿por qué no me lo había presentado, teniéndome bajo la suela de su zapato?  Me amenazó enseguida de que me haría fusilar dentro de tres horas, y luego en ademán de llevarme a que viese al general Guzmán, a quien tenía con grillos e incomunicado en una de las piezas del cuartel, medijo que me iba a mandar conducir mancornado con él para fusilarnos juntos.  Me cubrió de todo género de injurias y amenzas manifestándome sumamente resentido de que no hubiese salido a encontrarlo, ni me lo hubiese presentado en el momento de su llegada, y concluyó despidiéndome.

En Guatemala, sin embargo, se publicó por la prensa que «yo libre ya del influjo de los facciosos, había salido a la cabeza de la municipalidad y vecindario a recibir al general Carrera».

Aunque éste había comenzado de hecho a gobernar mudando a los jefes políticos, el principal objeto de aquel indigno e inaudito tratamiento, era el de amedrentarme para que huyese.  Yo no dudaba que al fin sería sacrificado; pero mi sacrificio a la independencia del Estado, fue una resolución en que no titubeé en la prolongada ansiedad del peligro. Permanecí en mi puesto, y todavía el jefe [Mariano] Rivera Paz, para justificar la usurpación, dice en su referido mensaje: «Toda autoridad había desaparecido», y luego sin pudor añade a pocas líneas contradiciéndose torpemente: «El encargado del gobierno había quedado solo».8

Carrera le perdonó la vida a Molina quien salió al exilio a México junto su familia, en donde junto con el ex-jefe de Estado de Guatemala Mariano Gálvez abrieron un prestigioso bufete de abogados.8

Cuando ya Carrera era presidente vitalicio, Molina regresó a Guatemala, y el presidente lo llamó para que desempeñara importantes puestos en el Organismo Judicial, ya dejando las rivalidades de antaño por un lado.9

Molina vivió hasta la edad de 79 años de edad, muriendo el 20 d emayo de 1879 en la ciudad de Quetzaltengo, su tierra natal.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las Efemérides: capítulos de las Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 313.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-93.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  4. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  5. Elgueta, Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán),  p. 100.
  6. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI. p. 314.
  7. Ibid., p. 315.
  8. Ibid., p. 316.
  9. Ibid., p. 317.

Subir

8 de mayo de 1871: la proclama liberal de Miguel García-Granados y Zavala

Recolección de café en la finca «Las Nubes» en Guatemala en 1875. Nótese la gran cantidad de trabajores. Fotografía de Eadweard Muybrige tomada de Wikimedia Commons.

Ya habían pasado seis años desde la muerte del capitán general Rafael Carrera,1 y ya los criollos liberales guatemaltecos querían un cambio político y social que les permitiera salir del control de la Iglesia Católica2 y que les facilitara utilizar a las poblaciones indígenas como mano de obra barata para las plantaciones de café que tenían planificado establecer una vez en el poder.3

Aprovechando el error táctico del mariscal Vicente Cerna de reelegirse como presidente de la República en 1869,4 los liberales iniciaron las revueltas en su contra, las cuales poco a poco fueron debilitando al gobierno conservador. Tras la muerte del mariscal Serapio Cruz, Tatalapo, y el horrible destino de su cadáver,5 los liberales acusaron al gobierno de Cerna de tiránico y se alzaron en la región occidental del país, en donde ya habían intentado formar infructuosamente el Estado de Los Altos en 1838 y en 1848.6

Uno de los personajes clave en el alzamiento era Miguel García-Granados y Zavala, a quien apodaban «Chafandín«, y quien era un criollo aristócrata que había abrazado la causa liberal, dado que había salido al exilio durante el gobierno de Carrera y en los países vecinos se dió cuenta de las grandes ventajas que ofrecía la situación guatemalteca para establecer plantaciones de café; es decir, se dió cuenta de que se podía aprovechar las grandes cantidades de tierra que poseían las órdenes regulares de la Iglesia Católica, así como las tierras de que las comunidades indígenas habían poseído desde la época colonial. Y también, fue suya la idea de utilizar a los indígenas para los cultivos del café, dada la gran cantidad de mano de obra que requiere dicho cultivo a gran escala.7

Cuando juzgó que era el momento de atacar al gobierno de Cerna, García-Granados lanzó la siguiente proclama a sus conciudadanos, en la que prometía una serie de cosas que jamás se cumplirían, ya que como frecuentemente hacen los políticos, no justificó su revolución con sus verdaderas motivaciones:

Compatriotas: he sido perseguido ilegalmente por el tirano. Tengo 20 años de combatir en la Cámara esa administración arbitraria y despótica. Mis esfuerzos no han logrado derrocarla, pero al menos han contribuido a dar a conocer sus abusos y crueldades.Nota a

Como representante de la República he sido un opositor enérgico, pero legal a los actos de arbitrariedad e injusticia del gobierno. Por mucho tiempo este no se atrevió a intentar nada en contra de mí, pero el día que triunfó sobre el general Cruz, creyó asegurada su dictadura, se quitó la máscara y me encerró en una bartolina del fuerte de San José.Nota b

Por esa razón propongo el establecimiento de un gobierno cuya norma sea la justicia, que en vez de atropellar las garantías las acate y respete; que no gobierne según a su capricho e interés privado, simplemente que sea fiel ejecutor de las leyes, sumiso y jamás superior a ellas.Nota c

Guatemala necesita una Asamblea que no sea como la presente, un conjunto, con pocas excepciones, de empleados subalternos del gobierno y de seres débiles y egoístas que no miran por el bien del país.Nota d

Queremos que haya una prensa libre; sabemos que sin esa institución no hay gobierno bueno.Nota e También necesitamos un ejército que no esté basado como el presente en la arbitrariedad y la injusticia.Nota f

Guatemala, necesita una Hacienda Pública adecuada y un sistema de impuestos nuevo; existen contribuciones onerosas que pesan sobre los pobres.Nota g Compatriotas: necesitamos un sistema eminentemente legal.6


NOTAS:

  • a: García-Granados y Zavala, a pesar de ser aristócrata, siempre fue crítico del gobierno del general Carrera. En una ocasión, cuando acusó a éste de tener mucha fuerza militar en la capital, Carrera lo «invitó» a salir al exilio si no quería ser pasado por las armas.
  • b: aquí se refiere a la muerte del mariscal Serapio Cruz, «Tatalapo«. El gobierno de Cerna persiguió a los cómplices de Cruz, entre ellos a García-Granados y Zavala. Es importante destacar que Cruz había sido compadre de Carrera e incluso firmó el acta en la que se declaró a éste presidente vitalicio en 1854. Fue hasta después de la muerte de Carrera y de la reelección de Cerna que «Tatalapo» se alzó nuevamente en armas para tratar de alcanzar el poder, como ya había hecho junto con su hermano Vicente en 1848.
  • c: basta ver el desglose de la inmensa fortuna que heredó el general J. Rufino Barrios a su viuda, Francisca Aparicio en 1885 para darse cuenta de que esta frase estuvo muy lejos de llegar a ser realidad durante los gobiernos liberales.
  • d: esta es otra frase falaz, ya que la Asamblea Legislativa se dedicó a adular en forma desmedida a los presidentes liberales, empezando por Barrios y siguiendo por el licenciado Manuel Estrada Cabrera y el general Jorge Ubico.
  • e: durante los regímenes liberales solamente hubo libertad de prensa durante los primeros años del gobierno del general José María Reina Barrios.
  • f: nótese como esta frase de García-Granados y Zavala contradice la creencia popular de que durante el gobierno conservador del general Carrera no había ejército.
  • g: pocos años después de esta proclama, el gobierno del general Barrios emitió la ley de Vagancia, forzando a los más pobres a trabajar de forma casi gratuita en las fincas cafetaleras que se habían formado. Anteriormente ya había legalizado este sistema por medio del Reglamento de Jornaleros en 1877. Así pues, el de los liberales fue en efecto un sistema legal, pero para beneficio económico de un grupo específico.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 351-352.
  2. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 69-75.
  4. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 343-345.
  5. —(1963) [1924] «El libro de las efemérides: capítulos de la historia de la América Central”. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 284-287.
  6. Hemeroteca PL. (30 de junio de 2016). Una lucha armada que cambió el destino de Guatemala. Guatemala: Prensa Libre.
  7. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

Subir

1 de julio de 1875: extinguen la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo

Se extingue la Pontificia Universidad y se sustituye por facultades laices y por el Instituto Nacional Central para Varones.

Antiguo convento de los paulinos, convertido en la Facultad de Medicina por el gobierno de J. Rufino Barrios. En el recuadro: el ministro Marco Aurelio Soto. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La Universidad de San Carlos de Guatemala ha sufrido varios cambios a través de su historia. Originalmente era una institución religiosa Pontificia dedicada a otorgar doctorados en cánones, teología y derecho canónico. Posteriormente se agregó la faculta de Medicina, y luego de la Independencia de Centroamérica en 1821, fue sustituida brevemente por la Academia de Ciencias y Estudios en 1832. Esta nueva academia estaba orientada al derecho laico y desechó por completo los estudios teológicos. Sin embargo, tras la revolución católico-campesina de Rafael Carrera en 1838, la Academia quedó en el abandono y la Pontificia Universidad fue restituida y estuvo vigente hasta el 1 de julio de 1875, cuando fue extinguida por el gobierno liberal del general presidente J. Rufino Barrios.

Reproducimos aquí el documento enviado por el Ministro de Instrucción Pública —el hondureño Marco Aurelio Soto, al general Barrios en aquella fecha:

La instrucción profesional en gran parte, y la segunda enseñanza en su totalidad, han estado confiadas a la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, regida por las constituciones dadas en 1686 por el Rey don Carlos II, el hechizado. Tales estatutos que representan las ideas, necesidades y aspiraciones de una época diametralmente opuesta a la nuestra, son los que hace poco regulaban la segunda enseñanza y los que en la actualidad determinan el carácter y condiciones de la Instrucción profesional. Bien es cierto que el doctor Gálvez, Jefe del Estado, en el año de 1832 dió algunas bases a la instrucción distintas de Carlos II, y creó la Academia de Estudios; pero en 22 de septiembre de 1855, se publicó un decreto llamado de reformas de los estatutos de la Universidad, emitido por el Presidente Carrera y refrendado por el señor Echeverría, Ministro de Instrucción Pública, en cuYo primer artículo establece: «que se tendrá com fundamental de este establecimiento, las constituciones de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos, aprobadas por el Rey don Carlos II en 20 de febrero de 1686, y que se observará en lo sucesivo como estaba en uso en 1821, quedando en consecuencia derogadas las diferentes leyes y demás disposiciones que se han dado en esta materia».

Debido a la ley citada, la instrucción secundaria y profesional volvieron al antiguo sistema que apenas se comprende, se haya hecho revivir en este siglo que empuja casi de un modo fatal al mejoramiento de todas las instituciones y principalmente las que atañen a la enseñanza. La práctica correspondió de una manera fiel a los propósitos del legislador; así es que la segunda enseñanza centralizada en la Pontificia Universidad, se ha reducido antes de la ley de 28 de enero próximo anterior, a suministrar algunos conocimientos imperfectos del idioma latino, de filosofia por el padre Balmes y Arbolí y de elementos teóricos de física y de matemática. Con este sistema de segunda enseñanza, tan raquítico y en mucha paite absurdo, la instrucción profesional que se basa en ella, no ha podido menos de tener los mismos graves inconvenientes: ha sido incompleta, teórica, y en algunos ramos absurda.1

La ley de 24 de enero que Ud. se sirvió emitir ha removido las dificultades de la segunda enseñanza, sustituyendo su estrecho program, por demás estéril, con un plan de estudios en que la instrucción se descentrlaiza y se suministra de una manera amplia y eficaz, tal como la exigen nuestras peculiares circunstancias, y como la recomiendan los preceptos de la ciencia, comprobados por la observación y la practica entendidos en materia de instrucción pública.

Pero aun está por satisfacer la de dar una nueva y acertada organización a la instrucción superior: el proyecto que a Ud. presento, aunque defecuso bajo muchos conceptos, corrigiéndolo segun lo aconseje la experiencia en el transcurso del tiempo, tal vez contribuya a mejorar las carreras profesionales.

En el proyecto se crea la Universidad de Guatemala con un doble carácter: el de cuerpo científico y literario, y el de establecimiento encargado de dar la instrucción superior.

En la República se carece de una corporación que dé impulso a las ciencias y las letras. No hay razón para que no poseamos un instituto tan recomendable. Pero ya que, dados nuestros pocos elementos, no se puede establecer, por ahora, de un modo independiente, es oportuno y beneficioso enaltecer la índole de la Universidad, dándole los caracteres y atribuciones correspondientes a un cuerpo encargado de promover la ilustración del país, fomentando el cultivo de las ciencias y las letras.1

El segundo carácter de la Universidad es el que se refiere al encargo de dar la enseñanza de las carreras profesionales. Para este fin se divide en facultades que al mismo tiempo que gozan de los fueros de la descentralización, para arreglar el sistema de estudios que respectivamente les competen, dependen de un Consejo superior que responde de la unidad general del sistema, y que atiende a que las facultades cumplan con los fines de su institución.2

Las materias de enseñanza son prácticas y extensas. Esto último podría hacer creer que se trata de dificultar los estudios superiores. Mas no es así. De lo que se trata es de que los individuos que obtengan un título, no lo obtengan para ostentarlo vanamente, siendo por otra parte por su incompetencia inútiles para sí mismos, para sus familias, y para la sociedad. De lo que se trata es de levantar de su postración las carreras profesionales para que ellas lleguen a significar en los que las posean instrucción sólida, práctica y extensa que les proporcione en cualquier tiempo y en cualquier país, medios de vivir digna e independientemente.2

En cuanto a las cátedras, a primera vista aparece como más justo y liberal proveerlas por oposición de las personas que deseen desempeñarlas. Sin embargo, la observación rechaza esa idea de importancia aparente. El sistema de oposiciones fuera de las injusticias a que da lugar, aleja los profesores de gran mérito y de reputación conocida que no quieren exponerse a un éxito dudoso. Además, el resultado de un concurso no prueba siempre la superioridad en el que obtiene una cátedra, siendo preciso tambien buscar no sólo el profesor que posee la ciencia, sino a la vez el que sabe enseñarla. A esto se agrega que el resultado de las oposiciones, entre nosotros, casi siempre sería adverso a los propóstios que debe llevar la enseñanza sostenida por el Estado. Un jurado de oposición, cuanto más, puede apreciar los conocimientos profesionales, pero no el carácter de las ideas de los profesores y la influencia que éstas ejercerán bajo el punto de vista social, político y filosófico. Los antecedentes de Guatemala y sus actuales circunstancias sugieren poderosas razones para desechar el sistema de cátedras por opoisicón.2 Merced a ésta se encargarían de la enseñanza individuos que, educados en los aciagos tiempos del absolutismo y bajo la inspiración de las ideas más oscuras y retrógadas, llevarían a la cátedra la difusión constante de enseñanzas refractarias a los principios de reforma y progreso que el Gobierno de Ud. se ha empeñado en sostener a todo trance. Resultado semejante es tan inadmisible como funesto: viciaría el ánimo de la juventud, que es el porvenir del país, plagándolo de preocupaciones detestables; y así se imposibilitaría para siempre el logro del fin más grande y saludable que debe tener la enseñanza, cual es el de sembrar en los jóvenes las ideas y las aspiraciones que directamente tienden a la verdadera ilustración de la República. Por todas estas razones se establece en el proyecto que al Gobierno corresponde el nombramiento de profesores en vista de las ternas que para el efecto deben presentarle las Facultades de la Universidad, que son las llamadas a juzgar de la competencia científica de los profesores.3, Nota a

Dividida la corporación de la Universidad en Facultades encargadas de la enseñanza es natural suprimir el Colegio de Abogados y el Protomedicato, establecimientos que en la práctica han correspondido escasamente a los fines de su institución, y cuyos encargos y atribuciones pueden tenerlos con notable ventaja las Facultades de jurisprudencia y de medicina. Por tal motivo el proyecto previne la supresión de los instituto mencionados.3

En atención a lo recomendado por Soto,Nota b el general Barrios emitió el siguiente decreto:4

Decreto Num. 140

J. Rufino Barrios, General de División y Presidente de la República de Guatemala, Decreta:

La siguiente ley orgánica de instrucción superior.

Art. 1°.— Se extingue la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, y en su lugar se crea la Universidad de Guatemala.

Art. 2°.— La Universidad de Guatemala se instituye:

        1. Como cuerpo científico y literario encargado de promover el adelanto de las ciencias y de las letras en la República.
        2. como cuerpo destinado a suministrar la instrucción superior o profesional.[…]

Art. 7°.— Corresponde la dirección de la Universidad a un Consejo superior compuesto del Rector, Vice-Rector, y Decanos de las Facultades.

Art. 8°.— El Consejo superior tiene las obligaciones que siguen:

        1. Inspeccionar el servicio profesional de las Facultades.
        2. Tratar de que cada una de ellas cumpla su reglamento especial.
        3. Hacer en el sistema de enseñanza, con aprobación del Gobierno, las reformas que se consideren convenientes.
        4. Indicar al Gobierno las nuevas cátedras que en los diversos ramos de los estudios sea oportuno establecer.
        5. Dar un informe anual por medio del Rector a la Secretaria de Instrucción pública, sobre el estado de la enseñanza en cada una de las Facultades, manifestando los obstáculos que deban removerse y las mejoras que convenga introducir, y,
        6. Convocar a juntas a todos los individuos de la Universidad, siempre que se trate de asuntos de interés general en orden a la instrucción superior.Nota c

Art. 9°.— El Rector y Vice-Rector son de nombramiento del Gobierno. Su cargo durará dos años y podrán ser reelectos.[…] 4,Nota c

Art. 22.— La Universidad de Guatemala comprende, por ahora, las siguientes Facultades: de Jurisprudencia y Ciencias políticas y sociales, de Medicina y Farmacia, y de Ciencias eclesiásticas.

Art. 23.— Las Facultades enunciadas tendrán la dirección e inspección inmediatas de los estudios profesionales.

Art. 24.— Por ahora se compondrá cada facultad de nueve individuos nombrados por el Gobierno.

Art. 25.— Cada Facultad será regida por una Junta dirrectiva compuesta por un Decano, un Vice Decano, dos Vocales y un Secretario.

Art. 26.— El Decano y el Vice-Decano serán nombrados por el Gobierno: los demás individuos de Junta directiva electos por mayoría de votos de los miembros de la Facultad. Todos duraran dos años en el ejercicio de sus funciones y podrán ser reelectos.[…]5,Nota c

Art. 38.— Para el nombramiento de los profesores, las Facultades formarán sus respectiva ternas, las que aprobadas por el Consejo Superior, pasará por medio del Rector al Gobierno, quien nombrará los individuos que han de desempeñar las cátedras.[…]

Art. 40.— Los profesores tendrán el desempeño de su empleo todo el tiempo que dure su buen comportamiento.[…]6

Art. 44.— Habrá dos exámenes previos al otorgamiento del título facultativo. El primero será privado, durará cuatro horas y versará sobre todas las materias de las asignaturas de la facultad: en él servirán de réplicas tres individuos de la misma, de los que no ejerzan cargo de la Junta directiva y designados por ésta. El segundo será público y durará dos horas, y versará sobre punto de la ciencia señalado por la Junta directiva: de este asunto tratará el cursante en una tesis préviamente escrita e impresa, y servirán de examinadores los vocalesde la Junta directiva, y otro individuo de la Facultad nombrado por la Junta.[…]

Art. 49.— El Colegio de Abogados y el Protomedicato se suprimen, y sus funciiones se reasumen, en todo lo que sea compatible con esta ley, las del primero, en la Facultad de jurisprudencia y ciencias políticas y sociales, y las del segundo, en la Facultad de medicina y farmacia.

Art. 50.— Quedan derogadas todos disposiciones que directa ó indirectamente se opongan a lo dispuesto en esta ley.

Dado en Guatemala, a 1 de julio de 1875.

        • J. Rufino Barrios
        • El Ministro de Instrucción Pública, Marco A. Soto7

NOTAS:

    • a: en todo este párrafo, en el que Soto adula a Barrios ensalzándolo por los supuestos logros de la corriente liberal al eliminar la enseñanza religiosa, recomienda eliminar el sistema de cátedras por oposición aduciendo que es defectuso, pero propone sustituirlo por uno mucho peor: que el presidente de la República eliga a un profesor de una terna presentada por las facultades. Este sistema significó que los profesores universitarios eran designados por el presidente de turno, con lo que solamente las ideas liberales que le interesaban al gobierno se enseñaban en la universidad.
    • b: Soto fue colocado en la presidencia de Honduras en 1877 por Barrios, como parte de su plan para lograr la unificación centroamericana.
    • c: las autoridades de la Universidad eran nombradas y controladas directamente por el presidente Barrios. De esta forma la educación superior obedecía a las necesidades del régimen liberal.

    BIBLIOGRAFIA:

    1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes del Gobierno Democrático de la República de Guatemala. I. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 371.
    2. Ibid., p. 372.
    3. Ibid., p. 373.
    4. Ibid., p. 374.
    5. Ibid., p. 376.
    6. Ibid., p. 377.
    7. Ibid., p. 378.

    Subir

17 de abril de 1838: nace Angel María Arroyo

Nace el Padre Arroyo, influyente colaborador del general J. Rufino Barrios, quien abrazó la causa liberal a pesar de ser sacerdote

Una calle de la ciudad de Guatemala en el siglo XIX. Al fondo se ve la Iglesia del Carmen, de la que el padre Arroyo fue prioste. En el recuadro: el doctor Angel María Arroyo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes influyentes en la política guatemalteca que han caído en el olvido es el doctor Angel María Arroyo, quien era conocido simplemente como «el padre Arroyo» durante el gobierno del general presidente J. Rufino Barrios. En su carrera eclesiástica fue prioste de la Iglesia del Carmen y maestro de ceremonias de la Catedral.1

Arroyo nació el 17 de abril de 1838, en medio de la turbulencia provocada por el derrocamiento del jefe de Estado Mariano Gálvez a manos de la revolución católico campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera.  Dado que se crió durante el régimen de los 30 años, llegó a ser monseñor y prelado doméstico de Su Santidad.  Durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna llegó a la Cámara de Representantes en 1867 y formó parte del grupo de «los avanzados» junto con el mariscal José Víctor Zavala, el licenciado Arcadio Estrada y Miguel García-Granados.1

Tras el triunfo de la revolución de 1871, abrazó la causa liberal a pesar de la persecución a los intereses de la iglesia y formó parte de todas las Asambleas Legislativas y Constiyentes, llegando incluso a ser el presidente de varias de ellas.2  Fue adulador incondicional del general Barrios, a pesar de ser sacerdote, y bautizó a varios hijos de ministros, de quienes el presidente fue el padrino.3,Nota a

Eventualmente, Barrios lo convenció de dejar los hábito y cuando el presidente pidió permiso a la Asamblea Legislativa para salir de viaje a hacerse cargo personalmente de la negociación del Tratado de Límites con México, el padre Arroyo propuso que el Estado pagara los viáticos del gobernante, a pesar de que era de todos sabido que Barrios utilizaba el erario nacional como si de sus fondos personales se tratara.4  Arroyo dijo en aquella oportunidad: «Nunca imaginé que pudiera presentar la más pequeña dificultad ante la conciencia de ninguno de los señores representantes la moción que, impulsados por un sentimiento de verdadero patriotismo, hemos hecho a la Asamblea varios diputados… Nunca creí que sonara en el seno de la Asamblea la palabra de ‘atravesamos crisis económica’, cuando se está tratando de hacer la erogación más justa y más fundada y ha de ser la base del engrandecimiento y de la riqueza nacional, atendiendo el carácter progresista del ilustre viajero…»  Al final, la Asamblea aprobó la petición, aunque Barrios la rechazó diplomáticamente y Arroyo lo acompañó en el viaje.5

En 1884 a Barrios le interesaba reconciliarse con la iglesia católica para tener más apoyo para su plan de lograr la Unificación Centroamericana, y lo nombró como ministro plenipotenciario de Guatemala ante la Santa Sede, quedando encargado de redactar el Concordato de 1884, el cual quedó listo el 2 de julio de ese año, pero ya no pudo ser discutido por la Asamblea Legislativa porque ésta había cerrado sus sesiones ordinarias para ese período.5,Nota b

Cuando murió el general Barrios el 2 de abril de 1885, Arroyo era presidente de la Asamblea Legislativa y fue instrumental para evitar que el Ministro de la Guerra, general Juan M. Barrundia, se quedara en el poder.  Consiguió que el primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, renunciara en favor del segundo designado, general Manuel Lisandro Barillas,6 quien a la sazón era Jefe Político de Quetzaltenango y quien llegó a la ciudad a marchas forzadas para hacerse con el poder, en medio del sepelio del fallecido ex-presidente.7

Durante el gobierno de Barillas fue ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, pero su cercanía con el presidente Barrios hizo que fuera víctima de los conservadores por haberse aliado con «el enemigo de la religión y de las tradiciones» sabiendo la corrupción imperante en el régimen y el destino de las propiedades confiscadas.8

Arroyo fue también  miembro fundador de la Academia Guatemalteca de la Lengua y murió en México el 8 de febrero de 1893, a donde había salido exiliado tras la salida del general Manuel Lisandro Barillas de la presidencia el 15 de marzo de 1892; para entonces, había perdido la razón víctima de una enfermedad provocada por sus excesos. Sus restos fueron repatriados en 1901 y fueron colocados en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.9


NOTAS:

  • a: entre ellos estaba Jorge Ubico Castañeda, hijo del licenciado Arturo Ubico Urruela, ministro y embajador durante el gobierno de Barrios.
  • b: este concordato ya nunca fue ratificado por el gobierno del general Barillas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1929]. El libro de las Efemérides: Capítulos de los Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 117.
  2. Ibid., p. 118.
  3. Arroyo, Manuel María (1883). Contestación de la Asamblea Nacional legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional don J. Rufino Barrios le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883. Guatemala: El Progreso.
  4. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226-227.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 149.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. p. 341.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 33-34.
  8. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 120.
  9. Ibid., p. 121.

Subir

7 de abril de 1885: Zaldívar se niega firmar la paz con Guatemala

Tras la victoria en Chalchuapa, el presidente salvadoreno Rafael Zaldívar se niega a pactar la paz con Guatemala.

El antiguo Hospital Militar en la ciudad de Guatemala, acondicionado durante el gobierno de J. Rufino Barrios. En el recuadro: la muerte del general Barrios en Chalchuapa. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Cuando el general presidente J. Rufino Barrios lanzó su proclama unionista el 28 de febrero de 1885, pensaba que contaba con el apoyo incondicional de los presidentes de El Salvador y Honduras, a quienes él mismo había colocado en el poder en sus respectivos países.1

Pero Barrios no sabía que estaba siendo traicionado por el presidente salvadoreño Rafael Zaldívar, cuyo canciller había hecho que los Estados Unidos y México se opusieran rotundamente al plan de Barrios.  Barrios se enteró por medio del telegrama que el general Porfirio Díaz, presidente de México, le envió el 7 de marzo, y en donde le decía que sabía que su intento de unión era rechazado por los gobiernos de Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, y que México estaba preparado para tomar acción ante la «amenaza de la independencia y autonomía de las naciones del continente«. Por su parte, los Estados Unidos se mantenían a la expectativa, aunque en El Salvador se decía que la política de ese país era hostil hacia las intenciones del presidente guatemalteco.2

Después de que Barrios murió en Chalchuapa el 2 de abril la noticia llegó de forma confusa a El Salvador. El 3 de abril se supo que un general Barrios había muerto, pero no se sabía si era el presidente o su hijo, el general Venancio Barrios. Y luego, en la mañana del 4 de abril, llegó un parte oficial que decía «el enemigo ha habandonado todas las posiciones que ocupara ayer frente a Chalchuapa. Se dice que el general Barrios va en cama, y aquí tenemos su propia espada con sus iniciales y guarnición de oro, rota«.  Finalmente llegó el parte de la una y media de la tarde, que decía: «el plomo salvadoreño arrancó la vida del general J. Rufino Barrios, Presidente de Guatemala; ya no existe el jefe valeroso del gobierno tiránico que nos arrojó el guante3

El júbilo se desbordó entre los salvadoreños y el orgullo vencedor se hizo evidente en todo lo que se escribió en esa época.  Luego, cuando Guatemala revocó el decreto del 28 de febrero, los representantes de italia, Francia, Alemania, Inglaterra, España y Estados Unidos hablaron con Zaldívar para se firmara la paz, pero éste no aceptó.  Y es que el presidente salvadoreño, antiguo títere del fallecido presidente Barrios —y a quien le había tendido una trampa en Chalchuapa—, se desbordó de júbilo y quería llegar hasta la ciudad de Guatemala.  He aquí lo que  proclamó el 7 de abril:

El suelo salvadoreño está limpio de guatemaltecos; ante la fuerza de nuestras armas huyen despavoridos.  Sigamos adelante, hasta colocar la bandera redentora en lo alto del Palacio de los Capitanes Generales. Repito lo que decía a los comienzos de la guerra: «si avanzo, seguidme; si retrocedo, matadme; si los enemigos me matan, vengadme. ¡Oh, salvadoreños prosigamos adelante, sin detenernos un momento!»

Se me hacen propuestas de paz; las hacen cuando ya están vencidos.  Nosotros queremos la paz, porque los pueblos no pueden avanzar en la lucha fraticida. Pero habremos de exigir que se nos indemnice de los daños inferidos y, sólo con el avance sobre las tierras guatemaltecas, lograremos que se reparen en su justo precio, los daños que se nos han causado con esta guerra injusta.4

Pero Zaldívar era antipático para los mismos salvadoreños y sus llamados no obtuvieron respuesta.  Así que cuando el presidente hondureño Luis Bográn ya no siguió con ningun movimiento militar sobre El Salvador, se firmó la paz del Namasigüe el 18 de abril. Eventualmente, Zaldívar ya no podía permanecer en la presidencia y renunció cuando empezó la revolución del general Francisco Menéndez, quien fuera amigo personal de Barrios.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. pp. 332-337.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 56.
  3. Ibid,,  p. 57.
  4. Ibid,,  p. 58.
  5. Ibid,,  p. 59.

Subir

23 de marzo de 1885: J. Rufino Barrios parte para combatir contra El Salvador

El general presidente J. Rufino Barrios parte de la Ciudad de Guatemala para ponerse al frente de las tropas guatemaltecas en la campana de unificación centroamericana.

23marzo1885
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en una fotografía de Eadweard Muybridge de 1875. En el recuadro: J. Rufino Barrios y Rafael Zaldívar, presidente de Guatemala y de El Salvador en 1885, respectivamente. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El general presidente J. Rufino Barrios había estado preparando el proceso de la Unión Centroamericana por varios años, colocando presidentes a su antojo en El Salvador y en Honduras desde 1876, y pensando que con el apoyo de ambos gobiernos tomar Nicaragua y Costa Rica sería sencillo.1

Los obstáculos para la empresa unionista de Barrios no eran internos, sino externos: el gobierno del general Porfirio Díaz en México se oponía la Unión porque no le convenía que existiera un estado fuerte en la región que estuviera aliado con los Estados Unidos; por su parte, el gobierno estadounidense prefería un débil gobierno en Nicaragua al cual podría manejar a su antojo para construir el canal interoceánico.  Así pues, ambos países reprobaron la Proclama Unionista que había lanzado Barrios el 28 de  febrero y le advirtieron que considerarían la acción militar como un acto hostil contra países amigos.2

Pero el 9 de marzo empezaron los problemas internos.  Ese día, Barrios lanzó una aclaración de su proclama, tratando con ello de tranquilizar a México.3  Ese mismo día, mientras el presidente de Honduras, Luis Bográn, se adhería a la proclama de la Unión y había sido nombrado Benemérito de la Patria Centro-americana por la Asamblea Legislativa de Guatemala,4 el presidente de El Salvador, Rafael Zaldívar, le respondió evasivamente diciendo que tenía que esperar el permiso del Congreso para adherirse a la proclama.5

Barrios se dió cuenta que Zaldívar lo iba a traicionar y, en efecto, el 22 de marzo, se consumó la traición del presidente salvadoreño cuando en Santa Ana se firmó el Tratado de Alianza entre Nicaragua, Costa Rica y El Salvador para oponerse a Barrios, a quien llamaban «el salvaje de San Marcos«.4  En vista de esto, al presidente guatemalteco no le quedó otra opción que ponerse al frente de sus tropas y marchar hacia El Salvador, contando únicamente con el apoyo del presidente de Honduras, Luis Bográn, a quién el mismo Barrios había colocado en la presidencia, al igual que a Zaldívar.1

Envalentonado por el reciente pacto con Nicaragua y Costa Rica, Zaldívar arengaba a sus soldados diciendo: 

Embriagado con la copa en que liban los opresores de las naciones, el general Barrios, sin razón y contra derecho, intenta predominar sobre todos, orpimiento a los pueblos con el abrumador peso de la conquista; pero antes se inundará de sangre el pueblo salvadoreño, y veremos cubiertas de ruinas nuestras ciudades, que aceptar el yugo de una servidumbre que nos deshonraría ante las naciones del mundo y ante la historia.6

La movilización del ejército guatemalteco hacia la frontera ya había empezado y el lunes 23 de marzo de 1885, Barrios se levantó a las 4 de la mañana y se vistió para salir de la ciudad de Guatemala a reunirse con sus tropas.  Antes de partir redactó el siguiente manifiesto:

Consecuente con la promesa formal y solemne que tengo hecha a mis compatriotas, los hijos de Centro América, salgo hoy de esta capital a reunirme a las fuerzas que se hallan escalonadas en las fronteras de oriente y que he movilizado con el propósito de proteger y apoyar la unidad de Centro América.  Marcho con la conciencia de que voy a poner cuanto soy y cuanto valgo, al servicio del más grande de los deberes que el destino ha querido hacer pesar sobre mis hombros.6

A las 7 de la mañana salió Barrios montado en su yegua junto con sus hombres por la Barranquilla camino de la Villa de Guadalupe.   Entre quienes iban con él estaban: el mariscal José Víctor Zavala, el general Pedro Rómulo Negrete, el general José Beteta, el coronel Andrés Téllez; el coronel Fernando Alvarez, el teniente coronel Francisco Vachet, el teniente coronel Miguel Montenegro, el teniente coronel Tomás Terán y el comandante primero Jorge Tejada.7

La comitiva llegó a Cerro Redondo al mediodía, y allí almorzaron para emprender nuevamente la marcha hasta llegar a Barberena en donde pasaron la noche.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El Libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 474.
  2. Carregha Lamadrid, Luz (Mayo/Agosto 2018) Mirando al sur sin perder de vista el norte. México frente a la Unión de Repúblicas Centroamericanas, 1885. Región y sociedad, 30, (72) Hermosillo: Región y sociedad. doi: 10.22198/rys.2018.72.a901 ISSN: 1870-3925
  3. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. pp. 339-340.
  4. Ibid., p. 682.
  5. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 475.
  7. Ibid., p. 476.

Subir

7 de marzo de 1885: Barrios decreta la libertad de prensa en Centroamérica

El general J. Rufino Barrios, en calidad de haberse autonombrado Jefe Supremo del Ejército de la Unión Centroamericana, declara que habrá libertad de prensa en toda la región.

7marzo1885
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1875 en una fotografía de Eadweard Muybridge. A la derecha la fuente de Carlos III en donde Barrios hizo fusilar a los supuestos implicados en un complot en su contra en 1877. En el recuadro: el general J. Rufino Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Al momento de embarcarse en su ambicioso proyecto de lograr la Unión Centroamericana, el estado mental del general J. Rufino Barrios estaba sumido en una obsesión en contra de los autores de un atentando en su contra que había ocurrido el 13 de abril de 1884, al punto que, según su ministro de Fomento Francisco Lainfiesta, solamente de eso hablaba en las reuniones de Ministros.

De acuerdo a Lainfiesta, aquellas reuniones transcurrían de esta manera:1

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos, de la ramerita de [Guillermo] Rodríguez, del chicherito, etcétera y repentinamente se acercaba a decirnos: «Si ustedes quieren, saquen a esa tal Rodríguez sáquenlo, sáquenlo; pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos.»

Esto decía y repetía con frecuencia, como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: «Si esto no acaba pronto, voy a parar en loco».

Santos Soto [otro de los acusados] recibió orden de permanecer en el interior y en la hora del movimiento de Palacio, frente a la entrada de la casa, para que todos le viesen entrar y fuese como un fantasma funesto que a muchos había de causar susto. […] Además, pasaba Soto algunas horas en el despacho presidencial, sentado allí entre los ministros, lo que parecía expresamente dispuesto así por Barrios en son de burla o menosprecio de sus altos funcionarios.1

A don Juan Rodríguez lo hizo trasladar al Palacio Nacional, frente por frente de la casa de la presidencia, ocupando el lujoso saloncito destinado al despacho del presidente. Allí encontré a Rodríguez inesperadamente […] Por la noche le hacía pasar Barrios a la casa y permanecer hasta las nueve, […] tomando parte en la terturlia que allí formaban algunos de los ministros. Yo estuve una vez en esa terturlia.2

Concluye Lainfiesta su relato diciendo: «Si no fue mediando un verdadero trastorno mental, ¿sería posible imaginar procedimientos tan torcidos y extravagantes como los relacionados?»2

Con respecto a la situación en el país a principios de 1885, dice Lainfiesta:

El país se encuentra como desmayado o detenido en su anterior derrotero de movimiento y acción. El precio del café es desfavorable y esto desalienta a los agricultores; la Hacienda Pública, entregada a las más ruinosas transacciones para sobrellevar a medias el peso de las necesidades; el crédito de los ministros de Barrios a excepción de Cruz y Díaz Mérida, y el de varios particulares, comprometidos en fianzas a favor del Tesoro Nacional, arrancadas en son de companerismo y amitad; y la atmósfera general, pesada y oscura a cauas de las crueles zozobras y sufrimientos del ano fatal recién pasado. Y Barrios delirando siempre con la bomba y con nuevos proyectos de asesinato de su persona; hasta concluir con que era indispensable llevar a cabo la Unión Nacional, único recurso, decía «que nos queda para asegurar la tranquiidad y las conquistas de la revolución de 1871».3

En medio de esta situación, ante las críticas contra su idea de unión que se estaban dando en Nicaragua, Honduras y El Salvador, y que se referían a él como «el salvaje de San Marcos«, Barrios emitió un decreto aduciendo que iba a permitir la libertad de prensa en toda Centroamérica, tal y como supuestamente lo había estado haciendo en Guatemala bajo los principios liberales.4 Por supuesto, aquello era propaganda para su proyecto unionista, porque en Guatemala no había tal libertad de expresión; basta solamente el ejemplo de la renuncia en 1882 del embajador de Guatemala ante los Estados Unidos, licenciado Lorenzo Montúfar, para darse cuenta de que lo que se publicaba en el país era únicamente alabanzas a favor del presidente.5

Reproducimos a continuación aquel decreto unilateral que emitió Barrios el 7 de marzo de 1885 para que el lector juzgue su contenido:

J. Rufino Barrios, General de División y Supremo Jefe Militar de la Unión de Centro-América,

Considerando: que proclamada la Unión de las Repúblicas de la América Central debe tratarse de alcanzar desdo luego un sus más impotantes objetos, el que sean amplias, electivas y prácticas las garantías de que los ciudadanos, eficazmente amparados por la autoridad y por la ley, han de gozar bajo un régimen verdaderamente liberal;

Que el Jefe de la Unión se ha esforzado por establecer y consolidar en la República de Guatemala tales garantías, y entre ellas, muy principalmente, la libertad de la prensa, sin la que no puede decirse que haya instituciones de- mocráticas ni que el ciudadano sea libre, cuando no tiene el ejercicio de uno de sus más sagrados derechos; pero, ó no se han comprendido é interpretado debidamente los propósitos que a este respecto le inspiran los principios que profesa; ó no han podido secundarse a causa de la incertidumbre y pequeñez en que la desunión ha mantenido a estos pueblos, pequeñez que así como no ha permitido que adquieran riqueza y prosperidad material, tampoco les ha hecho sentir la necesidad de usar de aquellos derechos indispensables en una República realmente digna de este título y formada de hombres libres;

Que hoy es tiempo de que la prensa, sacudiendo todo temor, use de toda la libertad que necesita para ser provechosa y fecunda, y para constituirse en vigorso auxiliar é intérprete de la opinión y en poderosa palanca del progreso; y es tiempo de que comprendiéndose rectamente la intención del Jefe de la Unión de sostener por todos los medios á su alcance, la libertad y respeto de esa salvadora institución; le ayuden todos aprovechándose de ella y procurando los beneficios que de su amplio ejercicio han de resultar;

Que de ese modo se darán á conocer y podrán cor regirse los desmanes en que incurran las personas revestidas de autoridad; y por lo mismo, es preciso impedir severamente que éstas, puedan en algún caso, abusar de su posición, y salirse de los límites que fijan las leyes actuales para el ejercicio de esa libertad, que solo son propiamente los de no emplearla para ejecutar un delito, DECRETA:

Art. 1.° — El Jefe Supremo de la Unión, bajo su más estrecha responsabilidad, ampara, protege y sostiene en todo Centro-América la amplia libertad de la prensa, sin previa censura y sin otras restricciones qne las de la ley vigente.

Art. 2.° — Lejos de oponerse a que se comenten ó censuren sus propios actos oficiales, o los de cualquiera otra autoridad o empleado, excita a todos a que públicamente externen sus opiniones a este respecto, y las defiendan sin ningún miramiento o reserva.

Art. 3.° — Cualquiera autoridad o empleado que, de hecho o abusivamente, fuera de los casos, o sin la forma y garantías que la ley establece,proceda en cualquier sentido, contra periodistas o escritores que por la prensa censu- ren sus actos ó los del Gobierno ó sus agentes, incurrirá en destitución inmediata de su cargo ó empleo é inhabilitación perpetua para ejercerlo.

Dado en Guatemala, a 7 de marzo de 1885,

        • J. Rufino Barrios
        • Fernando Cruz6

A pesar de este decreto y otro emitido el 9 de marzo en el que aseguraba que no buscaba la presidencia de la región para sí, Nicaragua y Costa Rica se pusieron en pie de guerra, y México reforzó su frontera. Finalmente, el 22 de marzo se firmó el tratado de alianza entre Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, y se declaró la guerra contra Guatemala.4 Irónicamente, el tratado se firmó en El Salvador, cuyo presidente Rafael Zaldívar había sido títere de Barrios desde que éste lo había puesto en el poder en 1876.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  2. Ibid, p. 326.
  3. Ibid, p. 354.
  4. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
  5. Gobierno de Guatemala (1882). La traición del doctor Lorenzo Montúfar juzgada por los pueblos. Guatemala: El Progreso. pp. 3 y siguientes.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1884-1885. IV. Guatemala: Imprenta de la Unión. pp. 338-339.
  7. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala. p. 176.

Subir

28 de febrero de 1909: fallece Francisco Vela

Fallece de malaria el teniente coronel e ingeniero, Francisco Vela, autor del Mapa en Relieve de Guatemala.

28febrero1909
Esquipulas a finales del siglo XIX. En el recuadro: retrato del teniente coronel e ingeniero Francisco Vela. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El teniente coronel e ingeniero Francisco Vela, originario de Quetzaltenango, fue uno de los más importantes ingenieros de finales del siglo XIX en Guatemala. Se graduó a los 19 años de edad en la Escuela Politénica el 23 de enero de 1882 y desde entonces se destacó por el dominio de las Matemáticas, por sus estudios del sistema métrico decimal y por sus trabajos en geografía guatemalteca.1

El ingeniero Vela es más conocido por la construcción del Mapa en Relieve de Guatemala durante el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, aunque ese es solamente uno de sus logros. Vela fue el autor de libros en los temas de matemáticas, topografía, geografía, y pedagogía y además fue editor de la Revista «La Propaganda Científica«.2

Vela desempenó importantes puestos en la administración pública, y tras la construcción del Mapa en Relieve, Vela publicó la obra «Datos de la República de Guatemala «en 1908, y fue nombrado como Segundo Jefe de la la Comisión de Límites con Honduras.3  Ese mismo año, junto con los ingenieros Claudio Urrutia, Carlos Bendfeldt y Emilio Gómez Flores fueron contratados por el gobierno y la municipalidad de la Ciudad de Guatemala para levantar los planos de la misma, por medio del siguiente contrato:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 11 de abril de 1908.

El Presidente Constitucional de la República, acuerda: 

Aprobar el contrato celebrado entre la Municipalidad y los Ingenieros Francisco Vela, Claudio Urrutia, Emilio Gómez Flores y Carlos Bendfeldt, para levantar dos planos de esta Capital y sus contornos, debiéndose cubrir el valor de esos trabajos, que asciende a $40,000, la mitad por la Tesorería Nacional y la otra mitad por los fondos de propios. Comuniqúese.

        • Estrada Cabrera.
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación y Justicia, J. M. Reina Andrade.4

Desafortunadamente, mientras el ingeniero Vela cumplía con su trabajo en la Comisión de Límites, contrajo malaria por lo inhóspito de la región y falleció en Esquipulas, Chiquimula el 28 de febrero de 1909.3 Por su brillante trayectora, el gobierno de Estrada Cabrera cubrió los gastos del sepelio del ingeniero Vela, de acuerdo al siguiente decreto:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 2 de marzo de 1909.

Habiendo fallecido el Ingeniero don Francisco Vela, distinguido ciudadano que en distintos ramos de la Administración Pública prestó a la Nación sus importantes servicios, y que, actualmente, ocupaba el puesto de Segundo Jefe de la Comisión de Límites con Honduras,

El Presidente Constitucional de la República, acuerda:

Que la Tesorería Nacional, por cuenta del Estado, pague el importe de los gastos de inhumación del cadáver del señor Ingeniero Vela. Comuniqúese.

        • Estrada Cabrera
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda y Crédito Público, encargado del de Relaciones Exteriores, G. Aguirre.5

BIBLIOGRAFIA:

  1. González, Miguel Rómulo (1 de septiembre de 1899). «Escuela Politécnica»Revista Militar: órgano de los intereses del Ejército (Guatemala) I (19).
  2. Francisco Vela Arango»Museo Militar de Guatemala. Guatemala. Archivado desde el original el 23 de noviembre de 2012.
  3. Museo Metropolitano del Mapa en Relieve. Hipódromo del Norte, zona 2. Ciudad de Guatemala.
  4. Estrada Paniagua, Felipe (1910). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1908-1909. XXVII. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. pp. 26-27.
  5. Ibid, p. 331.

Subir

22 de febrero de 1951: orderan repatriar restos de Máximo Soto Hall

El gobierno del Dr. Juan José Arévalo ordena repatriar los restos del escritor y poeta Máximo Soto Hall para que sean sepultados en Antigua Guatemala.

22febrero1951
Residencia del escritor, historiador y poeta Máximo Soto Hall en la Ciudad de Guatemala en 1915. En el recuadro: Soto Hall. Imágenes tomadas de «El Libro Azul de Guatemala«.

Uno de los útimos actos oficiales del gobierno del Dr. Juan José Arévalo fue ordenar la repatriación de los restos del historiador, político y poeta Máximo Soto Hall, quien falleció en Buenos Aires, Argentina en el 14 de mayo de 1944, y quien fuera medio hermano del ex-presidente hondureno Marco Aurelio Soto, además de uno de los principales ideólogos y propagandistas del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.  De hecho, Soto Hall siguió los pasos de su medio hermano —que llegó al poder con la ayuda del presidente guatemalteco, general J. Rufino Barrios1— y consiguió ser candidato a la presidencia de Honduras con fuerte apoyo del licenciado Estrada Cabrera2, pero no ganó las elecciones por el rechazo de los hondurenos al régimen guatemalteco.3

Tras la caída del régimen cabrerista el 15 de abril de 1920, Soto Hall permaneció en el exilio, que lo llevó a Venezuela, Chile, Argentina y Uruguay, como corresponsal de la revista neoyorquina «Editor and Publisher» y en donde representó a Guatemala en congresos internacionales. Si bien regresó a Guatemala junto con su esposa Amy Miles en julio 1926 y se unió a la Sociedad de Geografía e Historia, no se quedó mucho tiempo y poco después partió para Sudamérica en donde escribió para el periódico «La Prensa» de Buenos Aires.3

Cuando el general Jorge Ubico llegó a la presidencia de Guatemala invitó a Soto Hall a colaborar con él durante una visita que hizo el escritor a su país, pero éste rechazó la oferta porque «no le gustaba la política dura del presidente«, según le dijo a un amigo, aunque parece más factible que la verdadera razón fue la imagen de intelectual antiimperialista que construyó para sí tras la caída de Estrada Cabrera, lo cual era clave para que no se recordara su pasado como colaborador y propagandista de la larga dictadura cabrerista.4

Tal parece que la estrategia de Soto Hall dió resultados puesto que el presidente Arévalo emitió el siguiente decreto el 22 de febrero de 1951:5

Palacio Nacional, Guatemala, 22 de febrero de 1951

El Presidente Constitucional de la República, 

Considerando: que el historiador y poeta guatemalteco Máximo Soto Hall, fallecido en Buenos Aires, República Argentina, en 1943 dio lustre a las letras patrias con su abundante y valiosa producción intelectual;

Considerando: que el extinto escritor expresó su deseo de que sus restos fueran depositados definitivamente en la Antigua Guatemala,

En Consejo de Ministros, acuerda:

Primero – ordenar la repatriación de los restos de Máximo Soto Hall, para ser sepultado definitivamente en la Antigua Guatemala.

Segundo – ordenar la erección de un mausoleo en el cementerio de la citada ciudad.

Tercero – encomendar al Ministerio de Relaciones Exteriores todo lo relativo al transporte y recepción de los restos, así como la construccióm del mausoleo citado.

Cuarto – Designar a los Ministros de Relaciones Exteriores y Educación Pública y a los escritores Rafael Arévalo Martínez y Virgilio Rodríguez Beteta, para que se constituyan en Comisión Oficial de Homenaje para la recepción de los restos.

Comuníquese y cúmplase.

        • Arévalo
        • Siguen las firmas de los Ministros de Estado, que incluyen a la de Elfego H. Monzón, como Ministro sin cartera.5

BIBLIOGRAFIA

  1. Lozano, Enrique (18 de diciembre de 1890). «Drama Político en Honduras». La Opinión (México, D. F.): 56.
  2. Soto Hall, Máximo (1915). El Libro Azul de Guatemala. Bascom Jones, J. y Scoullar, William T., eds. Guatemala. pp. 166-167.
  3. Molina Jiménez, Iván (2001) La polémica de El Problema de Máximo Soto Hall. 12. p. 160.
  4. Ibid., p. 161.
  5. Morales Urrutia, Mateo; Azurdia Alfaro, Roberto (1959). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1950-1951. LXIX. pp. 740-741.

Subir

18 de febrero de 1869: mariscal Serapio Cruz «Tata Lapo» se rebela nuevamente

El mariscal Serapio Cruz invade Huehuetenango rebelándose una vez más contra el gobierno del mariscal Vicente Cerna y Cerna.

18febrero1869
Región montañosa en el municipio de Nentón, en el departamento de Huehuetenango. Este poblado fue el primero que tomaron los hombres del mariscal Cruz en 1869. En el recuadro: el Mariscal Cruz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y Aprende Guatemala.

El mariscal Serapio Cruz, más conocido por los guatemaltecos como «Tatalapo«, fue un militar que siempre estuvo intentando hacerse con el poder bajo la bandera liberal.  Durante el breve exilio del general Rafael Carrera en 1848-49, Cruz y su hermano Vicente se levantaron en armas e intentaron hacerse con el control del país y lucharon por la independencia de Los Altos.1  Pero durante el período de anarquía que se vivió durante la ausencia de Carrera el general Vicente Cruz fue asesinado y cuando Carrera regresó a hacerse cargo de la situación, Cruz comprendió que era mejor aliarse con él y así lo hizo.2

Durante la presiencia vitalicia de Carrera el mariscal Cruz fue incondicional del presidente e incluso se hizo su compadre, ya que la hermana de Cruz era una de las amantes de Carrera y tuvo varios hijos con él.2  Pero tras la muerte del caudillo el 14 de abril de 1865, Cruz pensó que se le abría nuevamente la oportunidad para hacerse con el poder.3

Su primer levantamiento contra el gobierno del mariscal Vicente Cerna fue en marzo de 1867, siendo derrotado por su compradre y compañero, el mariscal Antonino Solares, quien le perdonó la vida y le permitió que se retirara a El Salvador, no sin antes firmar un compromiso en Sanguayabá, por el que se comprometía a no retornar a Guatemala sin permiso del gobierno.4

Inicialmente, Cruz estuvo en El Salvador y Honduras y luego se trasladó a Comitán, desde donde empezó a planear una nueva revolución, aunque tenía el problema de que se le veía como a un guerrillero sin talento que intentaba imitiar a Carrera sin éxito.  Cerna, por su parte, vivía tranquilamente pensando que todos sus aduladores eran sinceros y no se preocupaba de movimientos rebeldes.4

Finalmente, el 18 de febrero de 1869, Cruz y sus hombres entraron a caballo a Guatemala después de la feria de Chiantla, y se apropiaron del poblado de Nentón, aprovechando que el jefe de la guardia, el capitá Máximo Ruiz, huyó del lugar junto con sus soldados al enterarse de la acometida de los rebeldes.   Cruz confiscó todo lo que pudo, reclutó algunos hombres más y partió con dirección a Quiché, pero a medio camino se enteró de que lo estaban persiguiendo los hombres de los corregidores de Huehuetenango y de Totonicapán, por lo que prefirió internarse en las selvas al norte de los Cuchumatanes.5

En Guatemala, el gobierno suspendió las garantías constitucionales y puso precio a la cabeza del mariscal Cruz, mientras éste utilizaba sus habilidades de guerrillero para hacer de las suyas en Huehuetenango y Quiché.  En todos los poblados en donde aparecía trató de hacer lo mismo que hizo Carrera en 1849, es decir, intentó acercarse a los indígenas y conseguir adeptos entre ellos.  Pero Cruz no tenía el mismo carisma que el caudillo y no consiguió mucho.5

Finalmente, luego de tres meses de estarlo persiguiendo, las fuerzas gubernamentales lograron expulsarlo hacia México.  Pero Cruz se reforzó en ese país y siguió entrando a territorio guatemalteco, llegando hasta Baja Verapaz, acción en la que contó con la ayuda de un nuevo revolucionario: J. Rufino Barrios.6 Pero su levantamiento nunca se consolidó, quedando solamente como acciones asiladas de bandidos, hasta que finalmente encontró la muerte en enero de 1870 en Palencia, a manos de un soldado y de un sargento que estaban a las órdenes de su compadre, el mariscal Solares.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 147-150.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las efemérides: capítulos de la historia de la América Central”. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 284.
  5. Ibid., p. 285.
  6. Ibid., p. 287.
  7. La Ilustración Española y Americana (1870). «Revolución de Guatemala. Muerte del mariscal don Serapio Cruz»Fundación Joaquín Díaz 14 (12).

Subir