5 de octubre de 1892: el gobierno del general presidente José María Reina Barrios acuerda cambiar el nombre del municipio de “Chingo” por el de “Jerez”

chingo
Mapa de Guatemala de 1887.  Obsérvese los volcanes y cadenas montañosas.  Jerez está localizada en la frontera con El Salvador (que en el mapa aparece como “San Salvador”) y al pie del volcán Chingo ( que en el mapa aparece como “V. Chonco”).  Mapa publicado en “Guatemala: the land of the quetzal; a sketch de William T. Brigham en 1887.

El municipio de Chingo, localizado en Jutiapa y en la region fronteriza entre Guatemala y El Salvador, fue muy importante durante el gobierno liberal de J. Rufino Barrios.

El municipio se estableció formalmente poco después de la Independencia de Centroamérica en 1821, cuando la constitución del Estado de Guatemala promulgada el 11 de octubre de 1825 estableció los circuitos para la administración de justicia en el territorio del Estado y menciona que Chingo era parte del Circuito de Mita en el Distrito N.º 3 del mismo nombre en el departamento de Chiquimula, junto con Asunción, Achuapa, Agua Blanca, Quequesque, San Antonio, Anguiatú, Las Cañas, Limones, Mongoy, Espinal, Hermita, Jutiapa, Santa Catarina, Atescatempa, Yupiltepeque, Zapotitlán, Papaturro y San Diego.

Tras la Guerra Civil de 1838-1840 y el establecimiento definitivo del gobierno conservador de Rafael Carrera, la República de Guatemala fue fundada por el  presidente capitán general Rafael Carrera el 21 de marzo de 1847 para que el hasta entonces Estado de Guatemala pudiera realizar intercambios comerciales libremente con naciones extranjeras.  Poco después, el 25 de febrero de 1848 la región de Mita fue segregada de Chiquimula, convertida en departamento y dividida en tres distritos: Jutiapa, Santa Rosa y Jalapa.​ Específicamente, el distrito de Jutiapa incluyó a Jutiapa como cabecera, Yupiltepeque, Asunción y Santa Catarina Mita y los valles aledaños que eran Suchitán, San Antonio, Achuapa, Atescatempa, Zapotitlán, Contepeque, Chingo, Quequesque, Limones y Tempisque; además, incluía a Comapa, Jalpatagua, Asulco, Conguaco y Moyuta.

En 1876 el gobierno conservador de José María Medina en Honduras se estaba desmoronando, principalmente con el escándalo de los empréstitos para la construcción del Ferrocarril Nacional de Honduras y el desaparecimiento de representantes de Honduras en el extranjero. Los liberales hondureños solicitaban cambios en la administración pública del Estado y el presidente guatemalteco, general J. Rufino Barrios aprovechó la oportunidad para establecer un régimen liberal en Honduras que fuera afín a sus intereses de Unión Centroamericana. Así pues, tras las elecciones en El Salvador en que resultó electo Andrés del Valle, Barrios se reunió con éste en Chingo donde acordaron apoyar la invasión de Honduras para instalar al licenciado Marco Aurelio Soto como presidente de Honduras, quien hasta entonces había fungido como Ministro de Relaciones Exteriores y de Educación en Guatemala.

Barrios y del Valle se comprometieron a poner mil hombres para dicha causa, pero los hechos políticos se precipitaron en contra de Valle, y tras la Junta de Santa Ana, en donde se reunieron alrededor de doscientos incipientes cafetaleros, terratenientes, comerciantes, políticos, militares y juristas salvadoreños, se acordó junto con el presidente guatemalteco elegir como presidente de El Salvador al doctor Rafael Zaldívar, quien apoyó el nombramiento de Soto como presidente hondureño.​

Algunos años después, cuando ya Barrios había derrocado a Soto en Honduras y estaba en pleno apogee la campaña unionist en 1885, el cadete Adolfo V. Hall luchó en primera línea en El Coco y en la frontera con El Salvador, por lo que Barrios, necesitado de jefes y oficiales decididos que comandaran las tropas guatemaltecas, lo llamó y le dijo “¡Cadete: los galones que lleva en el brazo, páseselos a la manga!“, ascendiendo así a Hall al grado de Teniente Coronel del Ejército en Campaña.  El nuevo coronel redobló su coraje para el avance, pero fue alcanzado por una bala de cañón, que lo dejó horriblemente mutilado y confundido con los restos de sus compañeros de batallón.​ Las acciones posteriores, incluyendo la muerte del propio general Barrios, impidieron recuperar el cadáver del joven coronel de 19 años quien fue sepultado en alguna fosa común de la población de Chingo.

En 1892, la municipalidad de Chingo solicitó al gobierno del general José María Reina Barrios que se cambiara el nombre por el de “Jerez”; Reina Barrios, por cierto, había organizado la retirada de las fuerzas guatemaltecas tras la muerte del general J. Rufino Barrios en 1885.  He aquí el decreto autorizando la solicitud de cambio de nombre:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 5 de octubre de 1892

Con presencia de la solicitud de la Municipalidad de Chingo, relative a que se cambie el nombre de “Chingo Abajo” por el de “Jerez”, y el de “Chingo Arriba” por el de Emeralda, y el de “Hueviapa” por el Miramar; el president Constitucional de la República tien a bien acordar de conformidad.

Comuníquese.

Reina Barrios

El Secretario de Estado en el Depacho de Gobernación y Justicia: Manuel Estrada C.” 

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

27 de septiembre de 1793: muere en el destierro en Bolonia, Italia, el sacerdote jesuita y poeta guatemalteco Rafael Landívar

Tarjeta de graduación de Rafael Landívar del colegio San Borja. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Para las nuevas generaciones guatemaltecas el nombre de Rafael Landívar está identificado con una universidad privada dirigida por los sacerdotes jesuitas, o con una colonia en la zona 7 de la ciudad de Guatemala.

Pero, ¿quién fue Rafael Landívar y por qué los jesuitas llamaron así a su universidad fundada en 1961?

Landívar nació en Guatemala el 27 de octubre de 1731, en una casa en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala que estaba frente a la iglesia y convento de la Compañía de Jesús de esa ciudad.  Era de una familia acaudalada, pues era descendiente del conquistador español Bernal Díaz del Castillo, lo que le permitió iniciar su educación a los once años en el Colegio Mayor Universitario de San Borja, que al mismo tiempo era seminario jesuita. En aquellos años, el pertenecer a una orden religiosa como la de los franciscanos, dominicos o mercedarios era un gran privilegio, pero no tan alto como el ser miembro Compañía de Jesús, ya que por ese entonces la Compañía tenia mucha influencia sobre la Inquisición y la misma corona, ya que el confesor del rey de España era un sacerdote jesuita.

En 1744, Landívar se inscribió en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, de donde obtuvo su grado de bachiller en filosofía en 1746 y el de licenciado en filosofía y maestro en 1747. Posteriormente, en 1749 se trasladó a México para ingresar formalmente a la Compañía de Jesús y se ordenó sacerdote en 1755, regresando a Guatemala como rector del colegio San Borja.

Para entonces, la relaciones entre los jesuitas y la corona española empezaron a resquebrajarse. La difusión del jansenismo (doctrina y movimiento de una fuerte carga antijesuítica) y de la Ilustración a lo largo del siglo XVIII dejó desfasados los métodos educativos de los jesuitas, así como su concepto de la autoridad y del Estado. La monarquía era cada vez más laicizada absolutista y empezó a considerar a los jesuitas no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos. En 1759 subió al trono el rey Carlos III en 1759 quien, a diferencia de sus dos antecesores, no era nada favorable a los jesuitas, debido al ambiente antijesuítico que predominaba en la corte Nápoles de donde provenía. Su primer acto oficial en contra la Compañía de Jesús fue el nombramiento de un fraile no jesuita como su confesor.

En 1767, la relación llegó al punto del rompimiento final.  Por medio de la pragmática sanción de ese año, todos los sacerdotes jesuitas fueron expulsados del Imperio Español.  En Guatemala, tuvieron que embarcarse y buscar asilo, hasta que finalmente lo encontraron en Bolonia, Italia.  Allí fue a pasar sus últimos años el padre Landívar, y fue allí en donde publicó su obra cumbre, “Rusticatio Mexicana” la cual fue redescubierta en la década de 1890 por los trabajos de Ramón Salazar, el canciller del presidente José María Reina Barrios, quien consiguió que el cónsul de Guatemala en Italia obtuviera dos copias para la Exposición Centroamericana de 1897.

Todas las posesiones de los jesuitas pasaron a las otras órdenes religiosas, incluyendo sus rentables haciendas y conventos.  Aunque regresaron durante el gobierno de Carrera en 1840 no pudieron recuperar todo su antiguo splendor y fueron expulsados nuevamente por el presidente J. Rufino Barrios en 1872.  No fue sino hasta que la constitución de 1956 permitió a las órdenes religiosas retornar oficialmente a Guatemala y a tener posesiones que los jesuitas regresaron y por eso, es que sus instituciones educativas datan de finales de la década de 1950 y principios de los sesenta.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

 

16 de septiembre de 1896: el gobierno del general presidente José María Reina Barrios inaugura el nuevo edificio del Registro de la Propiedad Inmueble, hoy convertido en Museo Nacional de Historia

registropropiedad1896

El 16 de septiembre de 1896 fue inaugurado el edificio del Registro de la Propiedad​ de la Ciudad de Guatemala— obra del arquitecto José de Bustamante. La institución del Registro es una de las reformas implantadas por la legislación civil guatemalteca de 1877. En la Ciudad de Guatemala de 1896 había un promedio mensual de novecientas inscripciones que incluían enajenaciones de fincas rústicas, enajenaciones de fincas urbanas, hipotecas sobre fincas rústicas, hipotecas sobre fincas urbanas y cancelaciones hipotecarias.

Tiene una planta de setecientos cuarenta y dos metros cuadrados y una altura de catorce metros, con dos plantas y una bóveda para el archivo; es de estilo renacimiento francés y costó doscientos mil pesos guatemaltecos. Está fabricado de ladrillo y hierro y decorado con cemento y mármol y contiene veintidós piezas para oficinas y un sótano que está protegido por rejas y tela metálica.

Fue uno de los pocos edificios construidos por el gobierno del general José María Reina Barrios que sobrevivieron el terremoto de 1917-18.  Posteriormente fue convertido en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

Reina Barrios gobernó durante el período económico más próspero de los regímenes liberales, y aprovechó la bonanza para realizar obras de infraestructura majestuosas, que incluyeron el Palacio de Gobierno, el Pabellón de la Exposición Centroamericana, el Museo de la Avenida de la Reforma, los cuales fueron destruidos por los mencionados terremotos.  El presidente general José María Reina Barrios también había contratado al arquitecto José de Bustamante, para la construcción del Palacio Presidencial o Casa Presidencial. El contrato se aprobó el 8 de febrero de 1895, tres años exactamente antes del asesinato del Presidente, y el edificio se construyó en el predio que ocupaba la huerta ubicada, en el ala suroeste del antiguo Palacio Colonial sobre la 8ª Calle con un costo aproximado de cuatrocientos mil pesos. La obra dio inicio el 1 de enero de 1895 y se inauguró el 24 de diciembre de 1896. Fue la sede de gobierno de Reina Barrios y de su sucesor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera hasta que fue destruido por los terremotos.

BIBLIOGRAFIA:

7 de septiembre de 1897: estalla la Revolución Quetzalteca en contra del intento del presidente José María Reina Barrios de extender su mandato hasta 1902

La calle del Hospital en Quetzaltenango luego de los combates de septiembre de 1897.  Obsérvese las paredes acribilladas a tiros.  Imagen de la revista “La Ilustración del Pacífico

En diciembre de 1896, “La Ilustración Guatemalteca” decía que en Quetzaltenango el comercio estaba muy desarrollado, y el lujo y la riqueza se iban acentuando entre los habitantes; el comercio al por menor estaba en manos de inmigrantes chinos y judíos, mientras que el alto comercio estaba representado por las casa de Ascoli, Meyer, Maegli, Stahl, Zadik y Vizcaíno, entre otras. Ya existían el Banco de Occidente, y agencia del banco de Guatemala, del Agrícola Hipotecario y del Internacional. Por otra parte, toda la ciudad y muchos edificios públicos y particulares estaban alumbrados con luz eléctrica y la población contaba con doscientos cincuenta teléfonos; ambos servicios eran eficientes y habían sido introducidos por la casa de Juan Aparicio.  El Hospital de San Juan de Dios era, después del de la Ciudad de Guatemala, el mejor de la República por su amplitud.

Pero la prosperidad se vió alterada en 1897, cuando el precio internacional del café se desplomó luego de que Brasil saliera de una cruenta guerra civil y empezara a producir el grano en enormes cantidades. Poco a poco se fue propaganda un gran descontento en el país por el despilfarro que el gobierno había hecho tratando de promocionar el ferrocarril interoceánico mediante la Exposición Centroamericana de 1897, la cual fue un rotundo fracaso porque debido al colapso económico, el ferrocarril no fue concluido a tiempo y la exposición quebró aún más la ya endeble economía del país, obligando al presidente a tomar medidas de austeridad, como cerrar las escuelas públicas.

Un grupo de revolucionarios (entre quienes estaba el ex ministro de la Guerra del general Reina Barrios, Próspero Morales) tomó las amas con el fin de apoderarse de varias instituciones y evitar que el gobernante siguiera en el poder. El 7 de septiembre  estalló la revolución y los alzados avanzaron contra San Marcos, en donde tomaron el cuartel militar, la cárcel, las oficinas de rentas y las de telégrafos de esa ciudad. El 8 de septiembre, se registraron los primeros combates en San Juan Ostuncalco y varios revolucionarios murieron bajo las balas de los militares leales al presidente. Ese día en Quetzaltenango los militares detuvieron a Sinforoso Aguilar y Juan Aparicio, quienes fueron delatados y traicionados por unos supuestos amigos.

El 11 de septiembre, las fuerzas revolucionarias llegan a la ciudad de Quetzaltenango.  In grupo dejó sus caballos  en el ingreso principal de la ciudad, para así atacar en puntos estratégicos a los leales al gobierno de Reina Barrios mientras que otro grupo atacó desde el parque central a las fuerzas militares atrincheradas en La Pedrera y tomaron el antiguo edificio de rentas.

El 15 de septiembre las fuerzas revolucionarias proclamaron su victoria sobre las fuerzas militares y las autoridades quetzaltecas desconocieron al gobierno del presidente José María Reina Barrios. Posteriormente los revolucionarios tomaron Ocós, Colomba Costa Cuca y Coatepeque.

El 4 de octubre del mismo año el ejército, al mando del general de división Calixto Mendizábal, quien retomó el control y dio fin a la revolución.​  Pero la situación no terminó allí; el presidente Reina Barrios, ordenó fusilar a los ex alcaldes quetzaltecos, Sinforoso Aguilar y Juan Aparicio, por ser supuestamente los líderes revolucionarios. La sociedad quetzalteca mandó una petición urgente al presidente para que no se llevará a cabo la ejecución, ya que Aparicio era un filántropo muy apreciado en la region.  Reina Barrios accedió, pero su ministro de Gobernación, el licenciado quetzalteco Manuel Estrada Cabrera tenía una problema personal con Aparicio por las concesiones de la empresa eléctrica de Quetzaltenango y se demoró en enviar el telegrama con el indulto a Quetzaltenango hasta cuando estuvo seguro que la ejecución se había realizado.

Aquello sería el principio del fin del gobierno de Reina Barrios, quien murió asesinado en la ciudad de Guatemala el 8 de febrero de 1898, a manos de Edgar Zolinger, antiguo trabajador de Aparicio.  Irónicamente, fue el principio del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, el cual se prolongaría hasta 1920.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

16 de agosto de 1897: una Asamblea Legislativa hecha a la medida del presidente José María Reyna Barrios deja en suspenso la constitución de 1879 y avala la extensión del mandato presidencial hasta 1902

Las fuerzas revolucionarias en Quetzaltenango luego de tomar el control de la ciudad.  El ejército leal a Reina Barrios recuperaría la plaza pocos días después.  Imagen tomada de “La Ilustración del Pacífico” de 1897.

A mediados de 1897 Guatemala había pasado prácticamente del Paraíso al Infierno por el colapso internacional del precio del café, que dejó al gobierno en bancarrota y con una enorme deuda con bancos ingleses. El hecho de haber intentado hacer una Exposición Centroamericana que promoviera el Ferrocarril Interoceánico que el régimen había estado construyendo antes del derrumbe de la economía solamente exacerbó la crisis, pues el gobierno ya nadie quería los bonos que se habían emitido para financiar los trabajos.

Ante el descontento popular, el general presidente José María Reina Barrios ordenó a los diputados a la Asamblea Nacional Legislativa que modificaran la Constitución que había mandado a hacer el general J. Rufino Barrios en 1879 a fin de que el mandato presidencial se extendiera por cuatro años.  Cuando los diputados se opusieron, el presidente impidió que se reunieran y por ello el 31 de mayo de 1897 la Asamblea fue declarada cerrada por consunción.

Con la Asamblea disuelta, y los candidatos presidenciales clamando porque se adelanaran las elecciones, Reina Barrios organizó otra Asamblea entre sus partidarios y consiguió que dicho cuerpo declarara en suspenso la Constitución de 1879 y que extendiera su mandato presidencial hasta 1902.

Fue entonces cuando ardió Troya:  el candidato Próspero Morales, hasta entonces ministro del gobierno de Reina Barrios se levantó en armas en San Marcos iniciando la llamada Revolución Quetzalteca, mientras que otro candidato, José León Castillo, alborotó los ánimos en el Oriente del país.  Reina Barrios sofocó ambas revoluciones a sangre y fuego, pero los ánimos no se calmaron.  De hecho, toda esta situación desembocó el 8 de febrero de 1898, cuando Edgar Zollinger asesinó a Reina Barrios en la ciudad de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

 

Agosto de 1896: en la cúspide la bonanza económica, el gobierno de José María Reina Barrios autoriza la construcción del Puerto de Iztapa, el cual sería la terminal sur del Ferrocarril Interoceánico

Si le hubieran dicho al general Reina Barrios en agosto de 1896 que iba a morir menos de dos años después debido al gran descontento popular en contra de su gestión se habría reído incrédulo.  Y no era para menos:  las ventas del café estaban por las nubes, la educación de la población era inmejorable, alcanzando por primera vez a los más aventajados estudiantes indígenas, la ciudad capital se había embellecido con hermosos palacios, museos y monumentos y los ambiciosos proyectos económicos del gobierno iban viento en popa.

Entre esos proyectos, el más destacado era el del Ferrocarril Interoceánico, el cual estaba destinado a convertir a Guatemala en el principal puente comercial entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico. en una época en que todavía no se había producido la Guerra entre Estados Unidos y España de 1898, con la que los Estados Unidos se convirtieron en la principal potencia en América gracias a lo cual independizaron a Panamá de Colombia para construir un canal interoceánico allí en 1903.

El ambicioso Proyecto de Reina Barrios estaba financiado por medio de bonos del Estado los que en un principio eran muy cotizados y tuvieron mucho demanda.   El Ferrocarril que había construido J. Rufino Barrios iba de Puerto de San José a la Ciudad de Guatemala y Reina Barrios tenia el plan de concluir la ruta hasta Puerto Barrios.  Para 1896, el Ferrocarril ya iba desde el Puerto del Atlántico hasta Zacapa y se veía muy prometedor por lo que el gobierno dió el siguiente paso: empezar la construcción de un nuevo puerto en el Pacífico  ya que las condiciones de carga y descarga en Puerto de San José dejaban mucho qué desear.

Así se comenzó con la construcción del Puerto de Iztapa, que de haberse concluído hubiera sido similar al de Puerto Barrios y la salida de Guatemala hacia el Pacífico.  Pero la dependencia de Guatemala en el café como único producto de exportación hizo que cuando la revolución en Brasil terminara en 1897 y éste gigante sudamericano empezara a producer café en grandes cantidades, el precio internacional del grano se desplomara y con él la economía guatemalteca y los sueños del gobierno de Reina Barrios.  Para agosto de 1898, todos los proyectos emprendidos estaban en el abandono y el presidente yacía en las Catacumbas de la Catedral Metropolitana tras ser asesinado el 8 de febrero de ese año.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

1 de agosto de 1897: la revista cultural La Ilustración Guatemalteca cambia su nombre por el de La Ilustración del Pacífico

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Composición fotográfica de la Costa Sur de Guatemala, realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicado en “La Ilustración del Pacífico” el 1 de agosto de 1897.

Reproducimos a continuación el editorial de la revista “La Ilustración del Pacífico“, el cual describe la situación que vivieron los editores de “La Ilustración Guatemalteca” tras su primer año de vida.  La nueva revista dudaría solamente un año, pero en sus páginas se recogen los eventos que describen la destrucción de la economía guatemalteca, el fracaso rotundo de la Exposición Centroamericana y las revoluciones contra el gobierno del general José María Reina Barrios. Es más, a partir del 8 de febrero de 1898, fecha del asesinato del general Reina Barrios, la revista pierde contenido politico y se dedica a publicar artículos superficiales hasta su desaparación; aunque no lo describe, queda como reflejo del autoritarismo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien eliminó de un tajo la libertad de expresión de la que se gozaba durante el gobierno de Reina Barrios.

“Confirmado:

La fundación de un periódico ilustrado, fué acogida en Guatemala con entusiasmo, y todos prometían su cooperación : los comerciantes dando avisos, las personas amantes de la poesía subscribiéndose, los literatos mandando sus más originales composiciones.

Pero al cabo de poco tiempo, era la inversa, los anuncios parecían caros en comparación á los que se publicaban en otros periódicos, quizá subvencionados ; los lectores se disgustaban, ora porque las composiciones no eran de hijos del país, ora porque si lo eran tenían los defectos propios de la juventud ; los literatos no remitían sino trabajos encomiásticos referentes á ellos, ó elogios mutuos.

Un día aparece el retrato de un obispo : unos abonados se disgustan porque nos hacíamos clericales, éstos últimos se enfadan porque en el mismo número se retrataba á un ilustre abogado libre-pensador.

Publicamos notaciones financieras, no falta entonces quien confundiendo el patriotismo
con la oposición sistemática, nos acusan de soñadores de tristezas para la Nación.

El Fisco erróneamente cree que el papel satinado en el cual se tiran los fotograbados
es papel de escribir y carga fuertes derechos aduaneros.

De la Exposición Centro-Americana se negaron las fotografías, por haber hecho de éstas
una concesión á un artista.

Y en medio de tantos disgustos, el desaliento se apodera de nosotros, y cuando creíamos imposible la existencia de un periódico ilustrado, viene, ya el cablegrama de felicitación por nuestra tabla bursátil, ya la manifestación de respeto de un diplomático, por el hecho de la publicación del mapa de límites con Méjico, ya mil cartas de aliento, de americanos separados de aquí por la distancia y no por el corazón, que no encontraban palabras suficientemente loables para señalar lo que les agradaba poner en evidencia las condiciones políticas, económicas y literarias del país donde nacieron ; sus hombres de talento, sus éxitos, sus progresos. Cuando hubiere atrevido ó ignorante, que les dijere procedían de una república medio civilizada, ellos enseñaban el periódico ilustrado, allí se verán sus Universidades, Bancos, Teatros y Catedrales, todo esto descrito no con la pasión localista, sino por el fotograbado que no permite ni la mentira ni la adulación.

Puesta en la balanza las miserias y críticas de los primeros, en contraposición con las verdaderas manifestaciones del cariño de los segundos, entre los cuales privaba la idea de la union de los intereses americanos, ampliamos nuestro programa, para ligar con lazos estrechos de afecto á pueblos á quienes la naturaleza les dio una vía de comunicación tan amplia como in océano.

He aquí los nobles motivos por los cuales nuestra REVISTA, al cumplir un año y tomar
el nombre de confirmación, adopta el de ‘La Ilustración del Pacífico’.”

BIBLIOGRAFIA: