10 de diciembre de 1896: se perciben los primeros efectos de la crisis económica que acabaría con el gobierno y la vida del general José María Reina Barrios

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Puente sobre el río Motagua recién construido en 1896.  Imagen tomada de “La Ilustración Guatemalteca“.

En diciembre de 1896 en una pequeña nota en una esquina escondida en la página 144, la revista quincenal La Ilustración Guatemalteca” comentó que la situación económica que atravesaba el país era difícil.  Hasta entonces, el gobierno del general José María Reina Barrios había emprendido dos grandes proyectos de infraestructura: el Ferrocarril del Norte entre Puerto Barrios y la Ciudad de Guatemala y un acueducto secundario para surtir de agua a dicha ciudad, y que sería el complemento del acueducto de Pinula.  Además de esas obras faraónicas, el gobierno había construido varios edificios suntuosos para sus oficinas y un Nuevo Palacio Presidencial en uno de los patios del antiguo Palacio Colonial en el Centro Histórico.  Y, por su no fuera poco, se había propuesto realizar una Exposición Centroamericana en 1897 al major estilo de la exposición internacional de Paris, con la esperanza de que fuera el marco perfecto para inaugurar el Ferrocarril del Norte y comunicar asía Puerto Barrios con Puerto de San José y colocar a Guatemala a la vanguardia de las líneas comerciales mundiales en una época en que Cuba todavía era de España y no existía el Canal de Panamá.

Pero a finales de 1896 se empezaron a acumular los problemas económicos para el gobierno de Reina Barrios, producto de una situación totalmente fuera de su control: la bonanza económica que vivía Guatemala se debía al alto precio de exportación del grano de café el cual se había disparado cuando Brasil dejó de producir debido a una revolución.  Pero en 1896 dicha revolución terminó y Brasil volvió a producir café en cantidades industriales.

Los efectos se empezaron a sentir en diciembre:  los bancos se empezaron a negar a hacer descuentos y a prolonger los plazos, aduciendo que el balance de fin de año estaba muy cerca.  Además no se había recibido el préstamo de plata acuñada que había pedido el gobierno y el interés del dinero se había elevado.  Las hipotecas sobre las fincas rústicas ascendieron al entonces astronómico interés del dos por ciento mensual debido a la necesidad de pagar planillas y muchas contabilidades estaban en números rojos.

Desgraciadamente para Reina Barrios y todo el país, la situación era irreversible.  El 8 de febrero de 1898 murió asesinado el presidente, quien había extendido su mandato presidencial hasta 1902, lo que provocó violentas revueltas en el interior del país, cansados del despilfarro del gobierno.  Claro, ahora acusaban a Reina Barrios de haber iniciado un ferrocarril que no terminó, de dejar in acueducto a medias y de organizar una Exposición que fue un rotundo fracaso, pero todo ello hubiera resultado en una gran inversión para Guatemala si tan solo Brasil hubiera salido de su crisis un año después.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

5 de noviembre de 1887: la Asamblea Constituyente convocada por el general presidente Manuel Lisandro Barillas modifica la Constitución de 1879 en beneficio del gobernante

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Salón de Reuiones de la Asamblea Nacional a finales del siglo XIX.  Imagen tomada de La Locomotora, revista oficial del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Tras una rebelión que fue sofocada con “toda la severidad que la ley militar prescribe” a finales de octubre de 1887, el presidente de Guatemala, general Manuel Lisandro Barillas disolvió la Asamblea Legislativa y en su lugar convocó a una Asamblea Constituyente para que modificar la Constitución aprobada en 1879.

La Asamblea presentó las modificiones al Ejecutivo el 5 de noviembre de 1887, y éste las aprobó el 7 del mismo mes.

Los artículos que fueron modificados en esa oportunidad fueron:

  1. Artículo 5°.: se declararon como naturales de Guatemala todos aquellos nacidos en el país, cualquiera que fuera la nacionalidad del padre, con excepción de los hijos de los diplomáticos. Tambien fueron declarados como naturales los hijos de padre guatemalteco o los ilegítimos de madre guatemalteca nacidos en el extranjero.
  2. Artículo 6°.: se declararon como naturales de Guatemala a todos los nacidos en las otras Repúblicas de Centro América.
  3. Artículo 8°.: se declararon como ciudadanos todos los guatemaltecos varones mayores de 21 años que supieran leer y escribir o que tuviera renta, industria, oficio o profesión; todos los pertenecientes al ejército (incluyendo los soldados analfabetos) mayores de 18 años y aquellos indiviuos mayores de 18 años que hubieran obtenido un título en los establecimientos nacionales (es decir, los egresados del Instituto Nacional Central para Varones y de la Escuela Politécnica que llegaban apenas a 20 entre todos cada año).
  4. Artículo 17°.: todo poder reside en la Nación; los funcionarios no son dueños sino depositarios de la autoridad, sujetos y jamás superiores a la ley.
  5. Artículo 20°.: la industra es libre y el autor o inventor gozaba de la propiedad de su obra por quince años.  La propiedad literaria se declare perpetua.  El Ejecutivo podría otorgar concesiones por un término que no pase de diez años a los que introdujeran industrias nuevas en Guatemala.  (Este sería el principio de los concesiones a empresas extranjeras en el país).
  6. Artículo 42°.: la Asamblea Legislativa solamente puede sesionar cuando está presente la mayoría absoluta de representantes.
  7. Artículo 52°.: la Asamblea Legislativa quedaba encargada, entre otras cosas, de hacer el escrutionio de los votos populares para proclamar Presidente; en caso no hubiera mayoría, elegiría entre los tres candidatos con el mayor número de sufragios.  También podía nombrar a los designados a la presidencia cada fin de año y designer a la persona que podría cubrir al presidente cuando este se ausentara del territorio centoramericano con permiso de la Asamblea.
  8. Artículo 66°.: el período presidente sería de 6 años y el presidente en funciones no podia reelegirse a menos que pasara un período constitucional entre elecciones.  (Este artículo estaba de adorno, pues tanto Reina Barrios, como Estrada Cabrera y Ubico lograron extender su mandato constitucional más allá de los seis años que les correspondían).

Entre los diputados que modificaron la constitución estaban los siguientes personajes históricos:

  • José María Reina Barrios: diputado Izabal-Livingston, Segundo vice-presidente.  Llegó a ser presidente de la República en 1892.
  • Francisco Vela: diputado por Salamá.  Era ingeniero militar y entre sus principales obras está el Mapa en Relieve de la República y la Comisión de Límites con Honduras.
  • José María Reina Andrade: diputado por Salamá.  Ha sido el único ciudadano en la historia de Guatemala que ha sido presidente de los tres organismos del Estado, siendo presidente interino de la República en 1931, cuando traspasó el poder al general Jorge Ubico.
  • Ramón Salazar:  abogado, escritor y político que sería, además de historiador, uno de los principals editors de “La Ilustración Guatemalteca” y luego Ministro del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Entre los Ministros de Estado estaban:

  • Lorenzo Montúfar:  ideólogo e historiador del movimiento liberal guatemalteco entre 1871 y 1898.   Era el Ministro de Relaciones Exteriores y en su honor se le erigió un monumento que se encuentra en la intersección de la Calle Montúfar y la Avenida La Reforma en la zona 9 de la Ciudad de Guatemala en 1923.
  • Calixto Mendizábal: militar muy reconocido e influyente del ejército guatemalteco.  Era el Ministro de la Guerra y en 1897, fue el encargado de sofocar las rebeliones que se alzaron en contra el gobierno del general José . Reina Barrios cuando éste intentó extender su mandato constitucional.  Fue envenedado por Manuel Estrada Cabrera en 1898.

BIBLIOGRAFIA:

1 de noviembre de 1896: la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” publica un reportaje sobre el entonces lujoso Cementerio General de la Ciudad de Guatemala

Fotografía de la Alameda Central del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896.  Imalgen de Alberto G. Valdeavellano.

Reproducimos a continuación el reportaje publicado por “La Ilustración Guatemalteca” el 1 de noviembre de 1896, el cual contiene importantes datos históricos de las personas sepultadas en el Cementerio General por ese entonces y de la marcada segregación social que caraterizaba a la sociedad guatemalteca de la época.

UNA EXCURSION AL PAIS DE LOS MUERTOS

Hace pocos días que el señor Síguere, dueño de este periódico, y mis amigos los señores Joaquín Méndez y Rafael Spínola, tuvimos la idea de emprender una peregrinación curioso-artística al Cementerio General de esta ciudad.  Al efecto, tomando un landó nos dirigimos hacia donde se pone el sol, que es el lugar en donde reposan nuestros muertos queridos.

El grupo viajero tiene más o menos el mismo temperament; somos los últimos unos neurópatas.  El señor Síguere, teniendo nuestro mismo temperamento, nos lleva la ventaja de que en la ocasión sabe dominar sus nervios y encerrarlos bajo una coraza de acero que debe haber comprador en los bordes del Támesis.

En fin, el automedonte nos llevó, de esta ciudad de fiestas y alegrías a las puertas de lo que ha dado en llamarse la Cita dolente.  Y hemos llegado allí ante el hermoso portico estilo Renacimiento puro, que separa la ciudad de los vivos, de los muertos.  Se lee en el fronstispicio una inscripción latina, en estilo lapidario, que a mí me deja sin cuidado siempre que la leo.  Traspasamos el umbral y henos allí frente a frente con aquel bosque de ángeles alados, cruces solitarias, ojivas airosas que forman el vértice de los innumerables monumentos en cuyo seno reposan los muertos.

La vista que el conjunto produce es agradable.  Los tibios rayos del sol poniente lo envuelven todo en suave melancolía.  Se conoce que allí de verdad hay paz y calma.  Hasta el viento respeta aquel santuario.  Por allí no pasan pájaros ni aves canoras.  El olfato percibe olores de tierra removida, y si el oído se aguza adivinará que allí ha habido cánticos, plegarias, ayes y desesperaciones.

Los cuatro estábamos serios, sin saber por dónde dirigirnos; por fin nos decidimos por el camino de la derecho para comenzar por lo más modesto.  En el lado opuesto está el barrio de los ricos con sus capillas suntuosas, con sus templetes griegos, con sus monumentos costosos, con sus alegorías de mayor o menor gusto.

Comenzamos nuestra peregrinación.  Una de las primeras capillas que se encuentran es la de Herrera, familia de las más acomodadas del país y que tuvo por jefe a don Manuel, Ministro de Fomento del general don J. Rufino Barrios, y qu ha dejado recuerdos en el país, de haber sido una persona amable, inteligente y de las más emprendedoras de la República.

A pocos pasos se encuentra el monument de un guerrero.  Un general de aspect joven yace en tierra, muerto por bala enemiga. El ángel de la Gloria con un rostro airado mira hacia el infinito, cobijando bajo sus brazos al héroe y al mártir. 

El que ve aquel grupo heróico no llora; llora sí, de ira y de patriotismo; y del fono de su corazón se exhale esta plegaria: “Felices de los que mueren luchando por un gran ideal”. El muerto allí enterrado se llamó en vida Venancio Barrios.

Caminando más, y hacia el lado de la derecho, se encuentra una aglomeración artística de piedras tocas, carcomidas por el tiempo y ya invadidas por la yedra.  En una place de mármol se lee esta autógrafa: “Julio Rosignon”.  Ese es el nombre de un sabio naturalista francés que vino a Guatemala en días en que la ignorancia se cernía sobre nuestro país; que abrió cátedras, que difundió luces, que fue active miembro de la Sociedad Económica, que inició la idea de rodea la ciudad de parques, que creó nuestros squares, sembró varias alamdeas, introdujo el cultivo de plantas  útiles y murió pobre y olvidado.

Siguiendo el camino se encuentra hacia la izquierda un monumento muy modesto, ennegrecido por el agua y con una lápida con caracteres borrosos.  Ese monumento encierra a dos de los más grandes medicos que ha tenido el país.  Allí reposan las cenizas de los doctores Esparragoza y Pérez, los cuales fueron trasladados del antiguo cementerio al lugar donde hoy se hallan por disposición de la Junta Directiva de la Facultad de Medicina y Farmacia.

Seguimos adelante, y dando la vuelta nos diriginos hacia el panteón modesto en donde se entierra a los pobres. ¡Cuántos nombres, cuántos nombres de personas conocidas o amadas!  Allí un antiguo compañero de infancia; allí una virgen arrebatada de la tierra en sus mejores años; allí un hombre malo a quien el sepulcro le ha hecho perdonar sus faltas, ¡ay! pero todos conocidos, algunos amados.  Pasando a orillas de sus tumbas se les saluda y se les envidia; ellos descansan ya, nosotros vamos solitarios y mudos deletreando los enigmas que se encierran tras los epitafios que ocultan sus nombres.  Y así llegamos allá en donde terminan los monumentos y comienza la llanura de los pobres.  Amplia es ella, hasta perderse de vista.  Para llegar a donde reposan los miserables hay que pasar un puente de hermosas arcadias tendidas de uno al otro lado del barranco. Si golpéais duro aquel pavimento, tendréis aquelarre de cráneos, porque el vientre de aquel Puente contiene el “Osario” de aquel cementerio, y allí están confundidos, mientras no se vuelvan polvo, la multitude de huesos de las generaciones de la gente sin familia o de la familia olvidadiza que dejó caer a los restos de los suyos en aquel abismo espantoso.

Nosotros no nos atrevimos a atravezar el puente fatal, contentándonos en contemplar desde lejos las tumbas de los pobres, todas uniformes y pequeñas, sin más que nombres ignorados para el mundo y que hacen el efecto, vistas desde lejos, de batallones que se aprestaran esde este mundo al combate de la muerte contra lo desconocido.

El grupo hizo allí reflexiones que llegaron hasta tener colorido filosófico. Atrás, los ricos con sus suntuosas capillas; y sus inscripciones más o menos mentirosas; adelante y hasta perderse en el lejano confín, la muerte niveladora que se ha tragado en su sepulcro a multitud de generaciones que no han dejado rastro ni huella; y todos más o menos tristes, agachamos la cabeza, influenciados, yo no sé por qué pensamiento, siguiendo nuestro camino agobiados por la idea triste de que es mentira que existe la igualdad ni aun en la tumba. 

Regresamos por la calle que conduce al punto céntrico del cementerio, donde se encuentra el monumento de García Granados, que encierra sus restos, y ya al pie de él nos dimos a contemplar la puesta del sol que, precisamente en ese momento, ocultaba su faz tras la majestuosa y azulada mole del Volcán de Agua.  Los celajes de amarillo pálido que llenaban la inmensa extension del horizonte, semejaban un océano de oro en fusion, sobre el cual se iban a precipitar parvadas de nubecillas en formas de cirrus que se disolvían al contacto de aquel líquido hirviente.  Naturleza estaba callada y triste; no se oía ni un ¡ay! ni un gemido. Nosotros no sabíamos qué admirar más, si la ida del sol, o la tristeza y semioscuridad en que estaban envueltos los teocalis lejanos, cementerio también de los indios anteriores a la conquista y que forman tan especial contraste con el cementerio de los cristianos; o la tristeza de nuestros propios corazones que también ¡ay! son otros tantos cementerios sangrientos en donde están enterradas tantas y tantas ilusiones y esperanzas.

Embebidos estábamos ante aquel paisaje feérico, cuando nos despertó una voz plañidera.  Era la voz de la campana del cementerio, que tocaba a muerto; y uno más se deslizó bajo las arcadas del portico en carro mortuorio y acompañado de deudos y amigos que le conducían a su última morada.

La noche se nos venía encima; nosotros estábamos tristes y cavilosos y nos decidios a terminar la jornada sin punto determinado.

Lo que queríamos era saludos a nuestros muertos ilustres, que en el nuevo cementerio son pocos por contar. 

Atraídos por el arte, para estudiar los monumentos que la riqueza y el amor han levantado a los muertos de la gente privilegiada por el dinero.  En un templete griego vimos que reposaba don Angel Peña, ex-Ministro de Hacienda del general Rufino Barrios; más adelante el general don José Orantes, ex-presidente de la República. Estos han dejado capital suficiente, y sus familias les han elevado monumentos suntuosos.

Cerca de de esa tumba está la de un filántropo; don Luis Asturias, director del Asilo de Dementes y fundador de otros institutos de beneficencia. Su familia le ha erigido un monumento en mármol de muy buen gusto artístico.

Pero lo que en la Avenida en que estos muertos sobresale de toda ponderación, es el sepuldro de doña Agripina de Sánchez.  La señora fue madre de personas muy distinguidas en el país, entre las que se cuentan don Delfino Sáchez, notable Ministro de Instrucción Pública del general Barrios, muerto ya, y don Guillermo Sáchez, honrado industrial.  Ella era viuda de don Francisco Sánchez, notable hombre público en su tiempo.  Nada sé de las cualidades familiares de doña Agripina; esposa de éste último, deben haber sido muchas y su memoria muy querida cuando se le ha levantado el más hermoso monument que hay en el cementerio erigido por la piedad filial.

El monumento del general Barrios es bien conocido, es en su género lo más hermoso y heroic que tenemos en Centro América. La cripta en que reposan los restos del guerero; la oscuridad que rodea el catafalco; las leyendas de las paredes; las coronas que sus fieles le depositan de año en año al pie de aquella tumba. Basta decir que en Centro América no hay monument de mayor costo.  No fue la Nación, fue su vuida la que le consagró ese recuerdo en mármoles y bronces.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

5 de octubre de 1892: el gobierno del general presidente José María Reina Barrios acuerda cambiar el nombre del municipio de “Chingo” por el de “Jerez”

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Mapa de Guatemala de 1887.  Obsérvese los volcanes y cadenas montañosas.  Jerez está localizada en la frontera con El Salvador (que en el mapa aparece como “San Salvador”) y al pie del volcán Chingo ( que en el mapa aparece como “V. Chonco”).  Mapa publicado en “Guatemala: the land of the quetzal; a sketch de William T. Brigham en 1887.

El municipio de Chingo, localizado en Jutiapa y en la region fronteriza entre Guatemala y El Salvador, fue muy importante durante el gobierno liberal de J. Rufino Barrios.

El municipio se estableció formalmente poco después de la Independencia de Centroamérica en 1821, cuando la constitución del Estado de Guatemala promulgada el 11 de octubre de 1825 estableció los circuitos para la administración de justicia en el territorio del Estado y menciona que Chingo era parte del Circuito de Mita en el Distrito N.º 3 del mismo nombre en el departamento de Chiquimula, junto con Asunción, Achuapa, Agua Blanca, Quequesque, San Antonio, Anguiatú, Las Cañas, Limones, Mongoy, Espinal, Hermita, Jutiapa, Santa Catarina, Atescatempa, Yupiltepeque, Zapotitlán, Papaturro y San Diego.

Tras la Guerra Civil de 1838-1840 y el establecimiento definitivo del gobierno conservador de Rafael Carrera, la República de Guatemala fue fundada por el  presidente capitán general Rafael Carrera el 21 de marzo de 1847 para que el hasta entonces Estado de Guatemala pudiera realizar intercambios comerciales libremente con naciones extranjeras.  Poco después, el 25 de febrero de 1848 la región de Mita fue segregada de Chiquimula, convertida en departamento y dividida en tres distritos: Jutiapa, Santa Rosa y Jalapa.​ Específicamente, el distrito de Jutiapa incluyó a Jutiapa como cabecera, Yupiltepeque, Asunción y Santa Catarina Mita y los valles aledaños que eran Suchitán, San Antonio, Achuapa, Atescatempa, Zapotitlán, Contepeque, Chingo, Quequesque, Limones y Tempisque; además, incluía a Comapa, Jalpatagua, Asulco, Conguaco y Moyuta.

En 1876 el gobierno conservador de José María Medina en Honduras se estaba desmoronando, principalmente con el escándalo de los empréstitos para la construcción del Ferrocarril Nacional de Honduras y el desaparecimiento de representantes de Honduras en el extranjero. Los liberales hondureños solicitaban cambios en la administración pública del Estado y el presidente guatemalteco, general J. Rufino Barrios aprovechó la oportunidad para establecer un régimen liberal en Honduras que fuera afín a sus intereses de Unión Centroamericana. Así pues, tras las elecciones en El Salvador en que resultó electo Andrés del Valle, Barrios se reunió con éste en Chingo donde acordaron apoyar la invasión de Honduras para instalar al licenciado Marco Aurelio Soto como presidente de Honduras, quien hasta entonces había fungido como Ministro de Relaciones Exteriores y de Educación en Guatemala.

Barrios y del Valle se comprometieron a poner mil hombres para dicha causa, pero los hechos políticos se precipitaron en contra de Valle, y tras la Junta de Santa Ana, en donde se reunieron alrededor de doscientos incipientes cafetaleros, terratenientes, comerciantes, políticos, militares y juristas salvadoreños, se acordó junto con el presidente guatemalteco elegir como presidente de El Salvador al doctor Rafael Zaldívar, quien apoyó el nombramiento de Soto como presidente hondureño.​

Algunos años después, cuando ya Barrios había derrocado a Soto en Honduras y estaba en pleno apogee la campaña unionist en 1885, el cadete Adolfo V. Hall luchó en primera línea en El Coco y en la frontera con El Salvador, por lo que Barrios, necesitado de jefes y oficiales decididos que comandaran las tropas guatemaltecas, lo llamó y le dijo “¡Cadete: los galones que lleva en el brazo, páseselos a la manga!“, ascendiendo así a Hall al grado de Teniente Coronel del Ejército en Campaña.  El nuevo coronel redobló su coraje para el avance, pero fue alcanzado por una bala de cañón, que lo dejó horriblemente mutilado y confundido con los restos de sus compañeros de batallón.​ Las acciones posteriores, incluyendo la muerte del propio general Barrios, impidieron recuperar el cadáver del joven coronel de 19 años quien fue sepultado en alguna fosa común de la población de Chingo.

En 1892, la municipalidad de Chingo solicitó al gobierno del general José María Reina Barrios que se cambiara el nombre por el de “Jerez”; Reina Barrios, por cierto, había organizado la retirada de las fuerzas guatemaltecas tras la muerte del general J. Rufino Barrios en 1885.  He aquí el decreto autorizando la solicitud de cambio de nombre:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 5 de octubre de 1892

Con presencia de la solicitud de la Municipalidad de Chingo, relative a que se cambie el nombre de “Chingo Abajo” por el de “Jerez”, y el de “Chingo Arriba” por el de Emeralda, y el de “Hueviapa” por el Miramar; el president Constitucional de la República tien a bien acordar de conformidad.

Comuníquese.

Reina Barrios

El Secretario de Estado en el Depacho de Gobernación y Justicia: Manuel Estrada C.” 

BIBLIOGRAFIA:

 

 

27 de septiembre de 1793: muere en el destierro en Bolonia, Italia, el sacerdote jesuita y poeta guatemalteco Rafael Landívar

Tarjeta de graduación de Rafael Landívar del colegio San Borja. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Para las nuevas generaciones guatemaltecas el nombre de Rafael Landívar está identificado con una universidad privada dirigida por los sacerdotes jesuitas, o con una colonia en la zona 7 de la ciudad de Guatemala.

Pero, ¿quién fue Rafael Landívar y por qué los jesuitas llamaron así a su universidad fundada en 1961?

Landívar nació en Guatemala el 27 de octubre de 1731, en una casa en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala que estaba frente a la iglesia y convento de la Compañía de Jesús de esa ciudad.  Era de una familia acaudalada, pues era descendiente del conquistador español Bernal Díaz del Castillo, lo que le permitió iniciar su educación a los once años en el Colegio Mayor Universitario de San Borja, que al mismo tiempo era seminario jesuita. En aquellos años, el pertenecer a una orden religiosa como la de los franciscanos, dominicos o mercedarios era un gran privilegio, pero no tan alto como el ser miembro Compañía de Jesús, ya que por ese entonces la Compañía tenia mucha influencia sobre la Inquisición y la misma corona, ya que el confesor del rey de España era un sacerdote jesuita.

En 1744, Landívar se inscribió en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, de donde obtuvo su grado de bachiller en filosofía en 1746 y el de licenciado en filosofía y maestro en 1747. Posteriormente, en 1749 se trasladó a México para ingresar formalmente a la Compañía de Jesús y se ordenó sacerdote en 1755, regresando a Guatemala como rector del colegio San Borja.

Para entonces, la relaciones entre los jesuitas y la corona española empezaron a resquebrajarse. La difusión del jansenismo (doctrina y movimiento de una fuerte carga antijesuítica) y de la Ilustración a lo largo del siglo XVIII dejó desfasados los métodos educativos de los jesuitas, así como su concepto de la autoridad y del Estado. La monarquía era cada vez más laicizada absolutista y empezó a considerar a los jesuitas no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos. En 1759 subió al trono el rey Carlos III en 1759 quien, a diferencia de sus dos antecesores, no era nada favorable a los jesuitas, debido al ambiente antijesuítico que predominaba en la corte Nápoles de donde provenía. Su primer acto oficial en contra la Compañía de Jesús fue el nombramiento de un fraile no jesuita como su confesor.

En 1767, la relación llegó al punto del rompimiento final.  Por medio de la pragmática sanción de ese año, todos los sacerdotes jesuitas fueron expulsados del Imperio Español.  En Guatemala, tuvieron que embarcarse y buscar asilo, hasta que finalmente lo encontraron en Bolonia, Italia.  Allí fue a pasar sus últimos años el padre Landívar, y fue allí en donde publicó su obra cumbre, “Rusticatio Mexicana” la cual fue redescubierta en la década de 1890 por los trabajos de Ramón Salazar, el canciller del presidente José María Reina Barrios, quien consiguió que el cónsul de Guatemala en Italia obtuviera dos copias para la Exposición Centroamericana de 1897.

Todas las posesiones de los jesuitas pasaron a las otras órdenes religiosas, incluyendo sus rentables haciendas y conventos.  Aunque regresaron durante el gobierno de Carrera en 1840 no pudieron recuperar todo su antiguo splendor y fueron expulsados nuevamente por el presidente J. Rufino Barrios en 1872.  No fue sino hasta que la constitución de 1956 permitió a las órdenes religiosas retornar oficialmente a Guatemala y a tener posesiones que los jesuitas regresaron y por eso, es que sus instituciones educativas datan de finales de la década de 1950 y principios de los sesenta.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

 

16 de septiembre de 1896: el gobierno del general presidente José María Reina Barrios inaugura el nuevo edificio del Registro de la Propiedad Inmueble, hoy convertido en Museo Nacional de Historia

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El 16 de septiembre de 1896 fue inaugurado el edificio del Registro de la Propiedad​ de la Ciudad de Guatemala— obra del arquitecto José de Bustamante. La institución del Registro es una de las reformas implantadas por la legislación civil guatemalteca de 1877. En la Ciudad de Guatemala de 1896 había un promedio mensual de novecientas inscripciones que incluían enajenaciones de fincas rústicas, enajenaciones de fincas urbanas, hipotecas sobre fincas rústicas, hipotecas sobre fincas urbanas y cancelaciones hipotecarias.

Tiene una planta de setecientos cuarenta y dos metros cuadrados y una altura de catorce metros, con dos plantas y una bóveda para el archivo; es de estilo renacimiento francés y costó doscientos mil pesos guatemaltecos. Está fabricado de ladrillo y hierro y decorado con cemento y mármol y contiene veintidós piezas para oficinas y un sótano que está protegido por rejas y tela metálica.

Fue uno de los pocos edificios construidos por el gobierno del general José María Reina Barrios que sobrevivieron el terremoto de 1917-18.  Posteriormente fue convertido en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

Reina Barrios gobernó durante el período económico más próspero de los regímenes liberales, y aprovechó la bonanza para realizar obras de infraestructura majestuosas, que incluyeron el Palacio de Gobierno, el Pabellón de la Exposición Centroamericana, el Museo de la Avenida de la Reforma, los cuales fueron destruidos por los mencionados terremotos.  El presidente general José María Reina Barrios también había contratado al arquitecto José de Bustamante, para la construcción del Palacio Presidencial o Casa Presidencial. El contrato se aprobó el 8 de febrero de 1895, tres años exactamente antes del asesinato del Presidente, y el edificio se construyó en el predio que ocupaba la huerta ubicada, en el ala suroeste del antiguo Palacio Colonial sobre la 8ª Calle con un costo aproximado de cuatrocientos mil pesos. La obra dio inicio el 1 de enero de 1895 y se inauguró el 24 de diciembre de 1896. Fue la sede de gobierno de Reina Barrios y de su sucesor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera hasta que fue destruido por los terremotos.

BIBLIOGRAFIA:

7 de septiembre de 1897: estalla la Revolución Quetzalteca en contra del intento del presidente José María Reina Barrios de extender su mandato hasta 1902

La calle del Hospital en Quetzaltenango luego de los combates de septiembre de 1897.  Obsérvese las paredes acribilladas a tiros.  Imagen de la revista “La Ilustración del Pacífico

En diciembre de 1896, “La Ilustración Guatemalteca” decía que en Quetzaltenango el comercio estaba muy desarrollado, y el lujo y la riqueza se iban acentuando entre los habitantes; el comercio al por menor estaba en manos de inmigrantes chinos y judíos, mientras que el alto comercio estaba representado por las casa de Ascoli, Meyer, Maegli, Stahl, Zadik y Vizcaíno, entre otras. Ya existían el Banco de Occidente, y agencia del banco de Guatemala, del Agrícola Hipotecario y del Internacional. Por otra parte, toda la ciudad y muchos edificios públicos y particulares estaban alumbrados con luz eléctrica y la población contaba con doscientos cincuenta teléfonos; ambos servicios eran eficientes y habían sido introducidos por la casa de Juan Aparicio.  El Hospital de San Juan de Dios era, después del de la Ciudad de Guatemala, el mejor de la República por su amplitud.

Pero la prosperidad se vió alterada en 1897, cuando el precio internacional del café se desplomó luego de que Brasil saliera de una cruenta guerra civil y empezara a producir el grano en enormes cantidades. Poco a poco se fue propaganda un gran descontento en el país por el despilfarro que el gobierno había hecho tratando de promocionar el ferrocarril interoceánico mediante la Exposición Centroamericana de 1897, la cual fue un rotundo fracaso porque debido al colapso económico, el ferrocarril no fue concluido a tiempo y la exposición quebró aún más la ya endeble economía del país, obligando al presidente a tomar medidas de austeridad, como cerrar las escuelas públicas.

Un grupo de revolucionarios (entre quienes estaba el ex ministro de la Guerra del general Reina Barrios, Próspero Morales) tomó las amas con el fin de apoderarse de varias instituciones y evitar que el gobernante siguiera en el poder. El 7 de septiembre  estalló la revolución y los alzados avanzaron contra San Marcos, en donde tomaron el cuartel militar, la cárcel, las oficinas de rentas y las de telégrafos de esa ciudad. El 8 de septiembre, se registraron los primeros combates en San Juan Ostuncalco y varios revolucionarios murieron bajo las balas de los militares leales al presidente. Ese día en Quetzaltenango los militares detuvieron a Sinforoso Aguilar y Juan Aparicio, quienes fueron delatados y traicionados por unos supuestos amigos.

El 11 de septiembre, las fuerzas revolucionarias llegan a la ciudad de Quetzaltenango.  In grupo dejó sus caballos  en el ingreso principal de la ciudad, para así atacar en puntos estratégicos a los leales al gobierno de Reina Barrios mientras que otro grupo atacó desde el parque central a las fuerzas militares atrincheradas en La Pedrera y tomaron el antiguo edificio de rentas.

El 15 de septiembre las fuerzas revolucionarias proclamaron su victoria sobre las fuerzas militares y las autoridades quetzaltecas desconocieron al gobierno del presidente José María Reina Barrios. Posteriormente los revolucionarios tomaron Ocós, Colomba Costa Cuca y Coatepeque.

El 4 de octubre del mismo año el ejército, al mando del general de división Calixto Mendizábal, quien retomó el control y dio fin a la revolución.​  Pero la situación no terminó allí; el presidente Reina Barrios, ordenó fusilar a los ex alcaldes quetzaltecos, Sinforoso Aguilar y Juan Aparicio, por ser supuestamente los líderes revolucionarios. La sociedad quetzalteca mandó una petición urgente al presidente para que no se llevará a cabo la ejecución, ya que Aparicio era un filántropo muy apreciado en la region.  Reina Barrios accedió, pero su ministro de Gobernación, el licenciado quetzalteco Manuel Estrada Cabrera tenía una problema personal con Aparicio por las concesiones de la empresa eléctrica de Quetzaltenango y se demoró en enviar el telegrama con el indulto a Quetzaltenango hasta cuando estuvo seguro que la ejecución se había realizado.

Aquello sería el principio del fin del gobierno de Reina Barrios, quien murió asesinado en la ciudad de Guatemala el 8 de febrero de 1898, a manos de Edgar Zolinger, antiguo trabajador de Aparicio.  Irónicamente, fue el principio del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, el cual se prolongaría hasta 1920.

BIBLIOGRAFIA: