15 de marzo de 1945: asume la presidencia de la República de Guatemala el doctor Juan José Arévalo Bermejo

El Doctor Juan José Arevalo en el despacho presidencial luego de su toma de posesión el 15 de marzo de 1945.  Fotografía de la revista Life.

El 15 de marzo fue la fecha elegida por los gobiernos liberales para iniciar los períodos gubernamentales.  Esta costumbre se mantuvo durante los gobiernos revolucionarios, que utilizaron la misma fecha para la toma de posesión.

Pero es a partir de la Revoluciónd e Octubre de 1944 y el inicio gobierno revolucionario del Dr. Juan José Arévalo el 15 de marzo de 1945 que el gobierno guatemalteco y los gobiernos del resto de América Latina empiezan a mostrar enormes similitudes, pues tras el triunfo de los Estados Unidos y de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial se inició la Guerra Fría entre ambas super potencias.

El dominio del gobierno estadounidense en la region se hizo absoluto, y cualquier grupo que se opusiera a la política norteamericana era acusado de comunista, tal y como ocurría dentro de los mismos Estados Unidos, en donde el movmiento llamada “McCarthismo” buscaba perseguir a todos aquellos considerados como tales.   Por otro lado, el triunfo aliado, que había sido logrado con la bandera de la libertad del ser humano frente a la opresión totalitarian del fascismo y del nacionalsocialismo obligó a cambios radicales en todo el mundo.

Los aliados eran cuatro:  Estados Unidos, Francia, Inglaterra y la Unión Soviética; de éstos, Francia e Inglaterra eran los imperios coloniales más grandes del mundo antes de la Guerra, pero como los Estados Unidos y los soviéticos fueron quienes en realidad ganaron la Guerra, quedaron relegados a un segundo plano y tuvieron que permitir la independencia de sus colonias.  Por ejemplo: Palestina se indendizó de Inglaterra y allí se fundó el Estado de Israel, India se indendizó de Inglaterra formando varios países, el Congo de independizó de Francia y de Bélgica, etc.  Por su parte, los Estados Unidos dejaron de llamar colonias a sus territorios y convirtieron a Hawaii y Alaska en estados y al resto de territories en “Estados Libres Asociados” (entre ellos Puerto Rico y Guam).

En este estado de cosas, se empezaron a promulgar leyes a favor de los trabajadores, las cuales tuvieron su origen en el “New Deal” que impulsó el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, las cuales fueron implementadas por el gobierno del Dr. Arévalo en Guatemala. A partir de entonces, el gobierno arevalista ha quedado como uno de los mejores que ha tenido el país pues se implementó el Código de Trabajo, la ley del Servicio Civil, los sindicatos , el Instituto Guatemalteco de Seguro Social y grandes cambios en la educación.

Pero lo que no se enseña en la historia guatemalteca es que lo mismo ocurrió en el resto de países de la región.  Por ejemplo, el mismo tipo de leyes fue implementado por el gobierno del general Juan Domingo Perón en la Argentina, durante la misma época.  Y como luego ocurriría durante el gobierno de Arbenz, cuando los gobiernos de la región tomaban una dirección socialista, ocurrían golpes de estado militares apoyados por transnacionales estadounidenses.   Hubo golpes de estado seguidos de regímenes militares totalitarios muy similares a los de Franco, Hitler y Mussolini, pero ahora apoyados por el gobierno estadounidense.  Los derrocamientos de Rómulo Gallegos en Venezuela (petróleo), jacobo Arbenz (bananeras) y de Salvador Allende en Chile (cobre), son solo un ejemplo.

Durante los regímenes militares surgieron grupos comunistas en la región en la década de 1960, inspirados y patrocinados por la revolución cubana de 1959 y con el apoyo logístico de la Unión Soviética y los países de la Cortina de Hierro.  En Guatemala surgieron el Ejército Guerrillero de los Pobres, la Organización del Pueblo en Armas y las Fuerzas Armadas Rebeldes, mientras que en El Salvador surgió el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, en Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional y en Perú, el movimiento Tupac Amaru y Sendero Luminoso.  Los grupos guerrilleros estaban muy bien organizados y tenían contactos internacionales; por ejemplo, cuando el dictador Anastasio Somoza fue derrocado y se refugió en Paraguay, fue asesinado allí por un comando guerrillero argentino.

Tras las guerras de guerrillas siguieron gobiernos de transición por gobernantes civiles.  Así llegó Raúl Alfonsín al gobierno de Argentina y Vinicio Cerezo al de Guatemala, por poner un ejemplo.  De hecho, hasta la privatización impulsada por el gobierno de Alvaro Arzú a finales de la década de 1990 estuvo de la mano de privatizaciones que ocurrieron en toda América Latina en la misma época.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

20 de febrero de 1787: se inaugura y bendice la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, en la Nueva Guatemala de la Asunción; conocida coloquialmente como “El Calvario”

El antiguo “Calvario” al final de la Calle Real (hoy sexta Avenida) en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala en 1940.  En la época de la fotografía funcionaba como el Museo Nacional de Historia.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En 1784 se iniciaron los trabajos de construcción de una iglesia definitiva para la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios en la recién fundada ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, específicamente en las faldas del “Cerro del Cielito”, que era el final de la “Calle de los Pasos” (hoy sexta Avenida del Centro Histórico).  En ese entonces, era el límite al sur de la nueva ciudad. La iglesia se inauguró y se bendijo el 20 de febrero de 1787 con el nombre original de “Iglesia de Nuestra Señora De Los Remedios”, aunque la construcción finalizó efectivamente hasta en 1789.

Como la iglesia estaba ubicada en la cima del “Cerro del Cielito”, para poder llegar al atrio principal se construyó una escalinata de cincuenta gradas de treinta centímetros de altura cada una, en un área de ocho por cincuenta metros. Este graderio se iniciaba desde “Calle de la Habana” (hoy 18 calle del Centro Histórico)​ y su construcción fue costeada por Juan J. González Batres.​ Por lo difícil del acceso a la iglesia, ésta fue apodada como “El Calvario” por los feligreses.

Tras la Independencia de Centroamérica en 1821, la constitución del Estado de Guatemala promulgada el 11 de octubre de 1825 estableció los circuitos para la administración de justicia en el territorio del Estado; en dicha constitución se menciona que el barrio de Los Remedios, que rodeaba a El Calvario era parte del Circuito Sur-Guatemala, junto con los barrios de la parroquia de Santo Domingo y los poblados de San Pedro Las Huertas, Ciudad Vieja, Guadalupe, Pinula, Arrazola, los Petapas, Mixco, Villa Nueva y Amatitlán.

La estructura resistió muy bien los terremotos de 1917-18, y únicamente perdió uno de sus campanarios, mientras que en su interior solamente se dañaron unas cuantas pinturas coloniales.  A pesar de ello, en 1926 el gobierno del general José María Orellana anunció el proyecto de demolición del viejo Templo del Calvario, ya que esto serviría para prolongar la Calle Real hacia el Cantón Tivoli (ampliando la sexta Avenida lo que hoy es la zona 9 de la Ciudad de Guatemala). Los reclamos y solicitudes de los feligresos consiguieron que la demolición no se realizara de inmediato, y que el gobierno de Orellana se comprometiera a que previamente se construiría un nuevo templo a pocos metros del antiguo, y el cual es el modern templo de “El Calvario”.

El Proyecto fue abandonado por la crisis económica que sobrevino en 1929, y el antiguo Calvario fue convertido en el Museo Nacional de Historia, hasta que finalmente fue demolido durante el gobierno del doctor Juan José Arevalo en 1946.

BIBLIOGRAFIA:

23 de diciembre de 1953: surge a la luz el Movimiento de Liberación Nacional, con la declaración del Plan de Tegucigalpa, parte de la operación PBSUCCESS de la CIA

Documento de la CIA, desclasificado en 1975 que muestra el involucramiento de la agencia de inteligencia de los Estados Unidos en el derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Debido al enfrentamiento directo entre el gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán y los intereses de la compañía transnacional estadounidense United Fruit Company, los funcionarios de ésta poderosa empresa con fuertes nexos en el gobierno del general Dwight Eisenhower aprovecharon el ambiente McCarthista que imperaba en los Estados Unidos para derrocar al gobierno guatemalteco.

Con la ayuda del Secretario de Estado John Foster Dulles y de su hermano y  jefe de la CIA, Allen Dulles, se implementó la Operación PBSUCCESS para recuperar el control de los intereses estadounidenses en Guatemala, aduciendo el auge del movimiento comunista del gobierno de Arbenz.  Si bien sí había elementos comunistas asesorando al presidente guatemalteco (como por ejemplo, José Manuel Fortuny del Partio Guatemalteco del Trabajo) los cambios que promovía el gobierno guatemalteco estaban inspirados en las políticas del “New Deal” del gobierno del president estadounidense Franklin D. Roosevelt y no en políticas marxistas.

Los estadounidenses aprovecharon a los exiliados guatemaltecos que no estaban de acuerdo con el gobierno arbencista, muchos de ellos antiguos aliados del fallecido coronel Francisco Javier Arana, quien había muerto a manos de hombres del coronel Arbenz (entonces ministro de la Defensa) cuando éstos intentaron apresarlo en Amatitlán para enviarlo al exilio a Cuba.  Este hecho se produjo luego de que Arana hubiera dado un ultimatum al presidente guatemalteco Juan José Arévalo y haberle exigido el poder.

Los exiliados guatemaltecos asesorados por la CIA se agruparon en Tegucigalpa en donde salieron a la luz el 23 de diciembre de 1953 con el nombre de Movimiento de Liberación Nacional.  Junto con la llegada del diplomático anticomunista John Puerifoy a Guatemala en noviembre de ese mismo año y una extensa propaganda internacional contra el gobierno arbencista, la Operación PBSUCESS se puso en marcha.  Y para junio de 1954 el Movimiento de Liberación Nacional se hizo con el poder en el país, pero no gracias a sus escasos méritos militares sino a traciones del ejército guatemalteco que no estaba de acuerdo con la política del gobierno de Arbenz y que la presión del gobierno de Eisenhower obligó a Arbenz a renunciar.

El involucramiento de la CIA en el golpe de estado 1954 era un rumor que circuló durante décadas, hasta que quedó confirmado con la desclasificación de documentos del gobierno estadounidense en la década de 1990, los cuales explican los detalles no solamente de la operación PBSUCCESS sino de otras, como la PFFORTUNE destinada a patrocinar y suministrar armas a las fuerzas opositoras al gobierno y la PBHISTORY destinada a incriminar a Jacobo Arbenz para mostrarlo como un títere comunista.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

20 de noviembre de 1935: el gobierno de Jorge Ubico inaugura el Museo de Historia en el edificio del antiguo Calvario de la Ciudad de Guatemala luego de la construcción del nuevo Calvario en 1932

Una de las primeras fotografías del antiguo Calvario de la Ciudad de Guatemala, aproximadamente en 1870.  El edificio se encontraba en lo alto del “Cerro del Cielito” hasta que fue derrumbado durante el gobierno del doctor Juan José Arevalo para extender la Sexta Avenida hacia el sur de la Ciudad.  Imagen de Miguel Alvarez Arevalo, cronista de la Ciudad de Guatemala.

Uno de los templos emblemáticos de la Nueva Guatemala de la Asunción era el Calvario, ubicado en el Cerro del Cielito al final de la Sexta Avenida en el sur de la ciudad. Inicialmente, durante del traslado de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios fue ubicada provisionalmente en la esquina de la “Calle de los Pasos o de las Estaciones”​ y la “Calle de la Pedrera”​ en la parte sureste del Jardín Concordia.

En 1784 empezó la construcción de la iglesia definitiva en el “Cerro del Cielito”,  y se inauguró el 20 de febrero de 1787 con el nombre original de “Iglesia de Nuestra Señora de Los Remedios”. Ahora bien, como la iglesia estaba ubicada en la cima del mencionado cerro, para poder llegar al atrio principal se construyó una escalinata de cincuenta gradas de treinta centímetros de altura cada una, en un área de ocho por cincuenta metros.   Esto hacía difícil el acceso a la iglesia, por lo que recibió el apodo de “El Calvario” por parte los feligreses.

En 1917-18, la estructura resistió muy bien los terremotos que desolaron el resto de la ciudad; la iglesia únicamente perdió uno de sus campanarios, mientras que en su interior solamente se dañaron unas cuantas pinturas coloniales.​ Esto no impidió, no obstante, que en 1926 el gobierno del general José María Orellana anunciara el proyecto de demolición del viejo Templo del Calvario, ya que esto serviría para prolongar la Calle Real (hoy Sexta Avenida) hacia el Cantón Tívoli. Los reclamos y solicitudes de los feligreses consiguieron que la demolición no se realizara de inmediato, y que el gobierno de Orellana se comprometiera a que previamente se construiría un nuevo templo a pocos metros del antiguo.

El 30 de agosto de 1926 se inició la construcción del nuevo Templo de Nuestra Señora de los Remedios y se inauguró oficialmente el 15 de octubre de 1932, ya durante el primer período presidencial del general Jorge Ubico.​ El antiguo templo fue cerrado y a instancias del historiador Antonio Villacorta, el gobierno de Ubico convirtió al antiguo templo en el Museo de Historia, para lo cual ordenó que se reconstruyera y reacondicinara el edificio, colocando un arco al lado izquierdo del templo. El Museo de Historia se inauguró el 20 de noviembre de 1935, y funcionó como tal hasta 1944, cuando el general Ubico fue obligado a renunciar por los movimientos populares de junio de ese año.

Los gobiernos revolucionarios se instituyeron tras la Revolución del 20 octubre de 1944, y cuando ya el doctor Juan José Arévalo se encontraba en el poder, ordenó que se demoliera el antiguo templo para expandir la sexta avenida. La demolición terminó en 1946,​ y fue acompañada de numerosas protestas de los feligreses en contra del gobierno arevalista.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

26 de julio de 1957: asesinan el presidente de facto Carlos A. Castillo Armas en el interior de la Casa Presidencial

La Casa Presidencial de Guatemala, en el Centro Histórico de la ciudad durante su construcción en 1936. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El gobierno del liberacionista Carlos Alberto Castillo Armas estuvo caracterizado por la lucha anticomunista inspirada en el ambiente mccartista que había en Estados Unidos al inicio de la Guerra Fría contra la Unión Soviética, por la protección de los intereses del enclave bananero de la United Fruit Company en Bananera, Izabal y en Tiquisate, Escuintla y en terminar uno de los principales proyectos que dejó inconclusos el gobierno revolucionario socialista de Jacobo Arbenz:  la carretera al Atlántico.

En medio de esta vorágine de acontecimientos se produjo el asesinato del presidente en el interior de la Casa Presidencial.  Los acontecimientos que rodearon la muerte del malogrado coronel nunca se aclararon puesto que la versión oficial fue cambiando conforme se iban averiguando detalles.

Lo único que está claro, es lo que ocurrió después del asesinato; he aquí como lo relata Marta Sandoval en su artículo “Tres Disparos en una noche lluviosa“:

Castillo Armas, después de atender una reunión con empresarios, volvió a su habitación a descansar un rato antes de cenar. Faltaban unos minutos para las nueve de la noche cuando decidió ir al comedor. En los últimos meses la casa presidencial estaba casi desierta y los guardias eran cada vez menos. Castillo Armas recibió dos disparos camino al comedor; la primera dama trató de hacerlo reaccionar mientras gritaba: “¡Se fue por las escaleras! ¡el soldado lo mató!” Cuando los guardias subieron, encontraron el cadáver del soldado Romeo Vásquez Sánchez, quien tenía 24 años y hacía dos meses que estaba al servicio de Casa Presidencial.

A partir de aquí empieza la incertidumbre.  La primera versión oficial indicaba que después de matar a Castillo Armas, el soldado corrió escaleras arriba pero que al verse acorralado descansó la barbilla sobre el cañón y se disparó. En su cráneo encontraron una bala idéntica a la usada para matar al presidente y en su casillero un diario con 23 páginas en las que hablaba de sus planes que, inspirados en el comunismo, lograrían que el Dr. Juan José Arévalo regresara al poder al morir Castillo Armas​

Como era de esperarse, la opinión pública no quedó conforme con esa versión, y el gobierno tuvo que convocar a la prensa para mostrarles la letra de unas cartas que proporcionó la madre del sargento Vásquez y donde se constataba que era igual a la del diario. Pero lo que no terminó de convencer fue que un soldado con muy poca instrucción pudiera escribir frases como “sois chacales buscando un cadáver que roer“. Y, finalmente, la longitud del fusil del soldado Vásquez era más larga que sus extremidades superiores, de forma que para poder haberse suicidado se tendría que haber quitado la bota para poder dispararse y luego volvérsela a poner para que lo encontraran en la condición en que lo hicieron.

Los investigadores​ lograron encontrar a dos sospechosos: los guardias Víctor Manuel Pedroza de 17 años y Arturo Gálvez de 25, incriminados por su propio testimonio, ya que inicialmente dijeron que los líderes del complot eran el teniente Arnulfo Reyes y el mayor Julio César Anleu. Además, dijeron que el plan era atacar varios cuarteles al mismo tiempo para que después Reyes se convirtiera en presidente y Anleu en su Ministro de la Defensa.

Pero el 23 de agosto Pedroza y Gálvez fueron hallados inocentes de asesinato y condenados a dos años conmutables por sedición frustrada, pues en el primer día de juicio cambiaron su versión y dijeron que los habían amenazado para que inventaran toda la historia que contaron.  Esta vez dijeron que fue el coronel Manuel Pérez, jefe de maestranza del ejército, fue quien supuestamente los había convencido de lo que tenían que decir. Al final, Anleu, Reyes y Pérez salieron en libertad por falta de mérito y la investigación regresó a la hipótesis inicial de que había sido Romeo Vásquez el autor del magnicidio, a pesar de las obvias discrepancias en la versión original.

Todo siguió así hasta que el 20 de octubre de 1957 en el mirador de San José Pinula se encontró moribundo a Narciso Escobar, uno de los criminales más buscados en Cuba, quien había logrado ver la placa del carro de sus asesinos y se lo dijo a los agentes que lo recogieron, antes de expirar.  La policía detuvo el vehículo de los asesinos, pero tenía órdenes de dejarlos en libertad y así lo hizo. Esta orden provenía de Enrique Trinidad Oliva, jefe de seguridad nacional.

El carro de los asesinos estaba a nombre de Carlos Gacel, un cubano agente de la Dirección General de Seguridad de Guatemala y espía del gobierno dominicano. Cuando lo capturaron aseguró que le habían robado el carro esa misma mañana, pero cuando se sintió acorralado delató al también dominicano  Johnny Abbes García, quien era un conocido pistolero al servicio del dictador dominicado Rafael Leonidas Trujillo y que estaba en Guatemala.

Investigaciones adicionales, demostraron que el agregado militar dominicano Abbes García participó en el crimen del mirador, que Trujillo lideraba un complot para derrocar a Castillo Armas y que Narciso Escobar era cómplice; de hecho, Escobar era pistolero a las órdenes de Trujillo y recibió instrucciones para asesinar a Castillo Armas. Según esta hipótesis, al parecer Trujillo quería que Castillo Armas le otorgara la Orden del Quetzal a cambio de armas y dinero para financiar el Movimiento de Liberación, pero que el gobernante guatemalteco no se la quiso dar, incurriendo en la ira del generalísimo dominicano.​  No obstante estos descubrimientos, la inestabilidad política del país y los continuos golpes de estado y triunviratos militares favorecieron la huída de Abbes y Oliva de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

 

18 de julio de 1949: asesinato del coronel Francisco Javier Arana en el Puente “La Gloria” en Amatitlán, punto de inflexión en los gobiernos revolucionarios

Los líderes de la Revolución del 20 de octubre de 1944 durante la entrega del poder al doctor Juan José Arevalo en 1945.  De izquierda a derecho:  Jacobo Arbenz Guzman, Jorge Toriello Garrido y Francisco Javier Arana.

La muerte del coronel Francisco Javier Arana, entonces Jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala, fue el hecho que marcó un antes y un después en los gobiernos revolucionarios ya que a partir de ese momento se consolidó la candidatura presidencial del coronel Jacobo Arbenz Guzman, entonces Ministro de la Defensa Nacional del gobierno del doctor Juan José Arevalo.

De acuerdo al historiador Piero Gleijeses, el viernes 15 de julio de 1949, el coronel Francisco Javier Arana había presentado un ultimatum al presidente Juan José Arévalo: sustituir a todos sus ministros por colaboradores de Arana antes del 18 de julio a las diez de la noche, lo que constituía en golpe de estado técnico. Cuando el plazo estaba por vencerse, el lunes 18 de julio por la mañana, el coronel Arana se presentó en el palacio presidencial seguro del triunfo de su golpe de estado y le dijo a Arévalo en tono insolente y sarcástico que iba a El Morlón, la residencia presidencial a orillas del Lago de Amatitlán, para confiscar un lote de armas que Arévalo había escondido allí luego de que las autoridades mexicanas las confiscaran a un grupo de exiliados dominicanos a quienes el gobierno guatemalteco se las había regalado para derrocar al generalísimo Rafael Leónidas Trujillo.​ Las armas habían sido sustraídas de la base militar del Puerto de San José y ahora iba a confiscarlas en la residencia presidencial. Esto puso sobre aviso a Arévalo, quien supo en donde iba a encontrarse Arana y puso en marcha el plan que tenía para sacarlo al exilio y que habían urdido con sus colaboradores y su ministro de la Defensa, coronel Jacobo Árbenz Guzman.

Hábilmente, Arévalo le sugirió a Arana que se llevara al coronel Felipe Antonio Girón -jefe de la guardia presidencial- lo que confirmó a Arana de su aparente triunfo y de que Arévalo y Árbenz jamás se atreverían a enfrentase con él.  Pero cuando salió Arana, Arévalo llamó a Árbenz a su despacho y le ordenó que se hiciera cargo de la situación.  Por esta razón, el Ministro de la Defensa envió a varios hombres armados, quienes salieron desde la capital en dos carros e iban bajo las órdenes del jefe de la policía, teniente coronel Enrique Blanco y por el diputador del PAR Alfonso Martínez, un oficial retirado y amigo de Árbenz.

Cuando Arana llegó al puente de La Gloria en Amatitlán, un Dodge gris estaba parado allí obstruyéndole el paso. Y después de una corta balacera quedaron tres fallecidos: Arana, su asistente el mayor Absalón Peralta y el teniente coronel Blanco.​ Los testigos presenciales nunca confirmaron cual fue el detonante de los disparos y si la intención había sido capturar a Arana como estaba previsto.​

Al conocerse la noticia de su muerte, la Guardia de Honor -que era leal al fallecido Jefe de las Fuerzas Armadas- se alzó en armas y se iniciaron Fuertes combates en la ciudad, que tardaron veinticuatro horas. Por in momento pareció que los aranistas iban a triunfar aquél 18 de julio, pero no lograron su objetivo porque carecían de un líder que los dirigiera contra las escasas fuerzas leales al presidente que estaban dirigidas por Árbenz, quien demostró mucha sangre fría y habilidad militar.​   Por cierto, que el coronel Carlos Castillo Armas, uno de los principales colaboradores de Arana, estaba en Mazatenango observando las elecciones para el Consejo Superior de la Defensa -entidad que iba a proponer al sustituo de Arana cuando éste renunciara a la jefatura de las Fuerzas Armadas para participar en las elecciones presidenciales- y no regresó a la capital a tiempo.

Los leales al gobierno sitiaron la Guardia de Honor, que también fue atacada por la Fuerza Aérea, pero con bombas obsoletas que muchas veces no estallaron hasta que dicho cuartel finalmente se rindió.  La lucha se dio por concluida con un saldo de ciento cincuenta muertos y más de doscientos heridos.

La versión oficial -propuesta por Arévalo e impuesta por éste a sus ministros, incluyendo a Árbenz- era que los miembros reaccionarios de la sociedad guatemalteca habían sido los culpables de la muerte del coronel Arana, algo que muchos guatemaltecos vieron con incredulidad desde el principio, pues se sabía que Martínez estaba herido y que éste era incondicional de Árbenz. A partir de ese momento, se originaron los rumores de un complot par asesinar al coronel Arana, los cuales han persisitido hasta la actualidad y que inculpan directamente a Árbenz de ser el responsable de la muerte de un rival que habría estado «robándole protagonismo». Se ha especulado que Arévalo dio esta orden para traspasar toda la culpa a Árbenz de la muerte del coronel Arana.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Bermejo, Juan José (1998). Despacho Presidencial. Obra póstuma. Tipografía Oscar de León Palacios, Guatemala. 
  2. Barnoya García, J. (1979). Historia de la Huelga. Editorial Calabaza, Guatemala.
  3. Cardoza y Aragón, Luis (1994) [1955]. La Revolución Guatemalteca (2a. edición). México: Talleres de Ediciones Don Quijote. 
  4. Gleijeses, Piero (s.f.). «The Death of Francisco Arana: a turning point in the Guatemalan Revolution». Journal of Latin American Studies (en inglés) (Inglaterra) 22: 527-552. 
  5. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.

 

12 de julio de 1945: San Cristóbal Cucho recupera la categoría de municipio tras haber sido adscrito a San Pedro Sacatepéquez como aldea por el gobierno de Jorge Ubico en 1935

 

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El general Jorge Ubico durante su primera toma de posesión en 1931.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

San Cristóbal Cucho es un municipio en el departamento de San Marcos, en Guatemala.  El área que ocupa este municipio fue descubierta por los conquistadores españoles al mando de Juan de Dios y Cardona quien ostentaba el cargo de capitán al servicio del Real Ejercito Español en la década de 1520.

 

El poblado original fue fundado el 11 de octubre de 1811 y estuvo constituido por personas descendientes de la etnía Mam, juntamente con comunidades de mestizos, ya hacia el final de la Época Colonial.

Después de la Independencia de Centroamérica, se aprovechó la división territorial que existía en base a los curatos a cargo de las órdenes religiosas y del clero secular, al punto que la constitución del Estado de Guatemala promulgada el 11 de octubre de 1825 creó los distritos y sus circuitos correspondientes para la administración de justicia con esta base.  En esa constitución, ya aparece San Cristóbal Cucho adscrito al cirtuito Del Barrio que pertenecía al Distrito N.°10 (Quezaltenango), junto con los municipios de San Marcos, Tejutla, San Pedro, San Antonio, Maclén, Izlamá, Coatepeque, San Lorenzo, San Pablo, Tajumulco, Santa Lucía Malacatán, San Miguel Ixtahuacán, Zipacapa y Comitancillo.

En el siglo XIX, como ahora en el siglo XXI, las diferencias entre los grandes grupos de criollos eran irreconciliables, y cuando los liberales se dieron cuenta de que iban a perder el poder en el Estado de Guatemala a manos de los conservadores, decidieron formar su propio estado aglutinando a los departamentos del Occidente.  Fue así como el 3 de abril de 1838, San Cristóbal Cucho, junto con el resto del occidente de Guatemala, pasó a formar parte de la región que se independizó constituyó el efímero Estado de Los Altos. Aquella secesión forzó a que el Estado de Guatemala se reorganizara en siete departamentos y dos distritos independientes el 12 de septiembre de 1839.  En ese entonces, Guatemala fue reducida únicamente a los departamentos de Chimaltenango, Chiquimula, Escuintla, Guatemala, Mita, Sacatepéquez, y Verapaz, además de los distritos de Izabal y Petén.

Es importante destacar que actualmente son pocas las personas que conocen este dato histórico; y aun quienes la conocen creen que fue solamente la ciudad o departamento de Quetzaltenango la que se independizó.  En realidad, fueron todos los departamentos del Occidente: Soconusco (entonces parte de Guatemala), Huehuetenango, Quiché, Totonicapán, San Marcos, Quetzaltenango, Sololá, Retalhuleu y Suchitepéquez son los modernos departamentos que formaron parte de Los Altos en 1838.

Pero el Estado de los Altos tenía graves problemas sociales.  Eran los criollos de la región habían mostrado intenciones de obtener mayor autonomía con respecto a las autoridades de la ciudad de Guatemala desde la época colonial, pues consideraban que los criollos capitalinos que tenían el monopolio comercial con España no les daban un trato justo.  Por su parte, los indígenas no simpatizaban en lo absolute con el pensamiento liberal anticlerical ni con la idea de juicios de jurados, el matrimonio civil y el divorcio que eran las principales armas propagandísticas de los liberales.

Este intento de secesión fue aplastado por el general Rafael Carrera, quien reintegró al Estado de Los Altos al Estado de Guatemala en 1840 y luego venció contundentemente al presidente de la República Federal de Centro América, el general liberal Francisco Morazán en la Ciudad de Guatemala unos cuantos meses después.  Esa derrota de Morazán significó la consolidación territorial del Estado de Guatemala, y el fin de la Carrera política de Morazán y del Estado de Los Altos.

En 1931 tomó el poder el general Jorge Ubico, tras una serie de gobiernos fugaces y de golpes de Estado que siguieron a la renuncia del general Lázaro Chacón, quien sufrió in derrame cerebral.  En ese momento, Guatemala estaba inmersa en una profunda crisis económica derivaba de la estrepitosa caída del precio del café causada por la Gran Depresión.  Ubico era un hábil administrador y tomó fuertes medidas de austeridad, que incluyeron la simplificación de la división política de la República para reducir los costos de operación. Así pues, suprimió varios departamentos y municipios, los cuales fueron integrados a sus vecinos. San Cristóbal Cucho fue uno de los municipios afectados: el 11 de diciembre de 1935 fue anexado al municipio de San Pedro Sacatepéquez, también del departamento de San Marcos, en calidad de aldea.

Fue hasta después de Revolución de Octubre de 1944 que la administración, aprovechando que el gobierno del general Ubico dejó la macroeconomía del país en muy buen estado, decidió restaurar algunos municipios.  Así pues, San Cristóbal Cucho recobró la categoría de municipio el 12 de julio de 1945, ya durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo Bermejo.

BIBLIOGRAFIA: