7 de junio de 1846: arriban los restos del arzobispo Casaus y Torres

Tras vivir en el exilio en Cuba, los restos del arzobispo Ramón Casaus y Torres arriban a la ciudad de Guatemala para ser sepultados en la Iglesia de Santa Teresa.

Ruinas de la iglesia de Santa Teresa en la ciudad de Guatemala luego de los terremotos de 1917-18. Allí fue sepultado el arzobispo Ramón Casaus y Torres (inserto) en 1846. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Su Ilustrísima y Reverendísima, fray Ramón Casaus y Torres era originario de Aragón, España, y de ser un fraile dominico, pasó a hacerse cargo de su arquidiócesis en Guatemala en las postrimerías de la época colonial y tuvo que sobrellevar lo mejor que pudo las grandes modificaciones políticas que se introdujeron con la Independencia de la región.1 Casaus y Torres fue uno de los que juraron la independencia y desconocieron al gobierno español, pero luego de la efímera Anexión a México en 1822, de la formación de la República Federal de Centro América en 1825, y de la Guerra Civil Centroamericana de 1826 a 1829, terminó siendo expulsado de la región por el general liberal Francisco Morazán, junto con los miembros de las principales órdenes religiosas.2

Casaus y Torres salió para La Habana, Cuba —que todavía era parte del Imperio Español— y desde allí dirigió virulentas cartas en contra de las autoridades liberales, las cuales eran reproducidos por los curas párrocos hasta que finalmente lo declararon enemigo de la patria en 1830.3 De esa cuenta, el arzobispo sirvió como administrador del obispado de La Habana, en reserva de regresar a su arquidiócesis cuando las circunstancias lo permitieran. Pero murió en Cuba a los ochenta y un años de edad, el 10 de noviembre de 1845, a pesar de que cuando cayó el gobierno de Mariano Gálvez en 1838 llegaron varias comisiones guatemaltecas para que regresara al país. Casaus y Torres ya era un hombre anciano y no estaba para emprender un viaje de esta índole, y solamente aceptó a que sus restos fueran retornados a Guatemala y que fueran sepultados en el templo de Santa Teresa, al que le tenía especial aprecio.4

El envío de los restos del arzobispo fue todo un acontecimiento en Cuba. El cuerpo fue embalsamado por los médicos más distinguidos de La Habana y depositado en la Catedral de la ciudad, en una rica caja de caoba cubierta con un paño de terciopelo negro con galones de oro. El féretro fue colocado en unas andas forradas de terciopelo morado, con franjas de oro y conducido en hombros por cuatro lacayos vestidos de negro, precedidos por cuatro miembros de la curia que portaban las borlas. A las 5 de la tarde de aquel 9 de enero de 1546, el cortejo partió de la catedral para el muelle, rodeado de ocho granaderos y oficiales de Preste, con la capa de coro, el canónigo de la Iglesia Cubana, Onofre Antonio Mozo de Narváez, el obispo interino, Pedro Mendo —que era el obispo de Segovia— y el canónigo Penitenciario de la Catedral y rector de la Universidad literaria y prebendado de la Iglesia de Ceuta, José de Espinoza de los Monteros y Rubias Patas. El barco «Polka» fue el destinado para llevar los restos del arzobispo, y estaba adornado con cortinas azules, con franjas de oro y con el pabellón cubano en lo alto. Hacían guardia el teniente de navío Felipe Ramos Izquierdo, el subteniente de marina Juan Butler y el ayudante del Comandante General.5

El barco llegó a Izabal el 20 de febrero, y el gobierno del teniente general Rafael Carrera organizó un cortejo para llevarlo a la ciudad de Guatemala. Aquel penoso viaje se prolongó hasta el 7 de junio, cuando por fin llegaron los restos del arzobispo al Guarda del Golfo y fue depositado en la Iglesia de la Candelaria, para luego llevarlo a la de Santo Domingo, mientras se preparaban los oficios que iban a celebrarse en la Catedral.6

En medio de aquellos oficios fúnebres que se celebraron el 26 de mayo, unos estudiantes de la Pontificia Universidad de San Carlos intentaron infructuosamente asesinar al presidente Carrera, y la ciudad pasó del luto por el fallecido arzobispo a la zozobra provocada por la persecución que se desató contra los atacantes del gobiernante.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 433.
  2. Ibid., pp. 132-133.
  3. Ibid., pp. 361-366.
  4. Ibid., p. 434.
  5. Ibid., p. 435.
  6. Ibid., p. 436.
  7. Ibid., p. 437.
  8. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión Tipográfica.

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29 de mayo de 1862: muere Mariano Gálvez

Muere en la ciudad de México el ex-jere de estado de Guatemala, Dr. Mariano Gálvez, quien fuera parte de la Junta Provisional de Gobierno que se formó tras la independencia y jefe de Estado de 1831 a 1838.

El Castillo de Chapultepec en la Ciudad deMéxico, durante la época en que murió en ese ciudad el Dr. Mariano Gálvez. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 2 de junio de 1862, la «Hoja de Avisos» —entonces a cargo del escritor José Milla y Vidaurre— reportó la muerte del ex-jefe de Estado Mariano Gálvez con esta breve nota:

El doctor don Mariano Gálvez, jefe del estado de Guatemala que fué, y que el año de 1839 se ausentó de esta su patria para México, falleció en aquella capital el 29 del próximo pasado mayo. (R.I.P.)1

En esa época gobernaba el capitán general Rafael Carrera, quien había llegado al poder tras el derrocamiento de Gálvez en 1838, y por esta razón la Gaceta Oficial, en donde también trabajaba Milla, no publicó anda al respecto de la muerte del ex-jefe de Estado.1

Tras ser derrocado el 2 de febrero de 1838, el Dr. Gálvez —a pesar de ser líder un gobierno eminentemente anticlerical— se refugió en la casa de un clérigo amigo suyo, y allí estuvo a salvo de sus enemigos liberales hasta el golpe de estado del 13 de abril de 1839, que perpetró Carrera ingresando a la Nueva Guatemala de la Asunción para restituir en el poder a Mariano Rivera Paz, quien había sido removido a la fuerza por el presidente federal, general Francisco Morazán, en enero de ese año. Tras el golpe de Estado, Gálvez huyó de la ciudad, pues temía que las hordas de Carrera lo asesinaran.2

Su recorrido no fue fácil, pues tuvo que sortear innumerables obstáculos para llegar a las afueras de la ciudad, y luego salir en su mula a hacia Chimaltenango. Y no se fue directamente, sino que tuvo que dar grandes rodeos para evitar encontrarse con sus enemigos. Finalmente llegó a Quetzaltenago en donde estuvo un corto tiempo.  A pesar de todo, fue electo diputado por Cahabón a la Asamblea constituyente convocada por Carrera para el 1 de junio, y junto Barrundia y Agustín Guzmán protestaron no poder asistir a las reuniones de dicha asamblea por haber tenido que huir a Los Altos por la persecución de las huestes de Carrera. Tras la caída del Estado de Los Altos en enero de 1840, el nuevo jefe del distrito le ordenó que saliera de la ciudad.2

Finalmente llegó a la ciudad de México, en donde unos antiguos adversarios políticos lo ayudaron a ponerse en contacto con personas que lo podían ayudar. Gracias a ello y a su habilidad como abogado, logró establecer un bufete en México junto con el ex-jefe de Estado de Los Altos, Marcelo Molina, en donde llevó importantes casos que le representaron una gran fortuna y prestigio.3

Gálvez vivió durante veinticinco años en México, a donde se llevó a su familia, y ya nunca quiso regresar a Guatemala. Y allí murió a los sesenta y ocho años de edad, olvidado en Guatemala, en donde no se le hizo reconocimiento alguno al morir. No fue sino hasta en 1924 que sus restos fueron repatriados e inhumados con grandes homenajes en la antigua Facultade de Derecho y Notariado de la Universidad Nacional en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las Efemérides: capítulo de ls Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional:  p. 360.
  2. Ibid., p. 361.
  3. Ibid., p. 362.

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24 de mayo de 1844: José Milla escribe un poema contra Carrera

Luego de invasión de Francisco Malespín a Guatemala tras la fracasada revolución del general Manuel José Arce, el entonces joven escritor José Milla y Vidaurre arremete contra el general Rafael Carrera.

La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el escritor José Milla y Vidaurre. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El escritor José Milla y Vidaurre se caracterizó por ser ul mejor representante de la prosa guatemalteca del siglo XIX, pero sus poemas dejaron mucho que desear. Milla lo comprendió así y por eso se dedicó a la prosa, pero en su juventud, cuando militaba en el partido liberal a pesar de ser criollo aristócrata, escribió los siguientes versos en contra del general Rafael Carrera, poco después de que alentara la fracasada revolución del general Manuel José Arce en El Salvador:1

Himno Patriótico, en loor del Exmo. Teniente General, R. Carrera, Jefe del ejército, etc., con motivo de la expedición salvadoreña

quia pulvis es, et in pulverem reverteris
Porque eres lodo y en el lodo te has de convertir

Hijo de la miseria y de la nada
Tiranuelo opresor de un Pueblo inerme.
Zorra cobarde que acomete osada
A un gallinero que tranquilo duerme.

General, director, héroe, caudillo;
Arcángel, qué se yo como te llaman.
Entre bordados mal envuelto pillo
Ya los pueblos de ti venganza claman.

Por entre esa comparse de malvados,
digna guardia de honor de tu persona,
ellos van a pasar desesperados
a romper en tu frente tu corona.

En pos del enemigo corres tarde,Nota a
teniente general, pues ha sonado
al fin tu hora fatal, tiembla cobarde
dentro de tus harapos de soldado.

Excecrada y maldita tu memoria,
excecrado será cuanto tú hiciste,Nota b
y si ha de hablar de ti, dirá la historia,
que tú ni aun ser déspota supiste.

Lobos, Pais, Carrera, veteranos
del crimen, y en el terror de las banderas,
farsa vil y burlesca de tiranos,
parodias de Cartuch con charreteras.Nota c

¿Que haceis aun allí? Su voz os lanza,
el clarín de Jutiapa en son de guerra:
imprudentes huid, nuestra venganza
debajo de las entrañas de la tierra.

Aycinena, Pavón, fuera señores,
fuera con vuestro rancio servilismo,
¿soñásteis ser tal vez conservadores,
o darnos una burla del torismo?Nota d

Honorable marqués, no más Bretaña,
no más status quo ni tiranía;
vaya su excelencia no se engaña,
sin el statu quo, por Dios, ¿qué haría?

¿Cómo sin él las indemnizaciones?
¿Cómo los sueldos gruesos y continuos?
¿Cómo cobrar sin él, medios millones
por pérdidas, perjuicios y destinos?Nota e

Fuera la camarilla, sea libre
Guatemala por fin, de oscurantistas,
de esos politicones de calibre
profundos y rellenos estadistas.Nota f

Los tigres de Texigua ya se lanzan,
tiemble vuestro cobarde corazón
y ¡ay de vosotros los zorros, si os alcanzan
con sus fieros lebreles de León!

Ya hundiréis esa frente hoy orgullosa:
ya al polvo volveréis de do salisteis;
y entonces guatemala generosa,
olvidará los males que le hicisteis.

Y vivid, os dirá, vivid oh viles
general, mariscales, brigadieres,
vivid parodia ruin de los Aquiles
manejando la rueca entre mujeres.

No mancharás jamás nobles aceros
de cerdos la sangre envilecida,
¡Claros y esforzadísimos guerreros!
vivid, pues, que tan cara os es la vida.

Guatemala, mayo 24 de 1844.

José Domingo Milla.2, Nota g

Como dice el escritor e historiador Federico Hernández de León, «Milla arremete contra todos los elementos del gobierno y a Carrera lo pone como para escurrirlo.» Y es que estos versos, a pesar de ser de muy mala calidad, causaron una honda impresión entre los criollos liberales, quienes se los memorizaban como si se tratara de uno de los poemas del gran José Batres y Montúfar.

El escritor siguió atacando al gobierno de Carrera hasta 1848, cuando se dió cuenta del desastre que se produjo cuando Carrera renunció a la presidencia y salió al exilio, y los criollos liberales intentaron gobernar y solamente consiguieron hundir más al país. Entonces, se volvió conservador abrazando la causa aristócrata de su familia y trabajó para Carrera y Cerna desde 1848 hasta 1871, en que salió al exilio voluntario tras el triunfo de la revolución liberal. Durante este tiempo se hizo amigo personal del general Carrera, de quien fue consejero, embajador en los Estados Unidos, y miembro de la Secretaría de Relaciones Exteriores, bajo las órdenes de Pedro de Aycinena, el decano de los ministros de Estado.3


NOTAS:

    • a: Milla se refiere aquí a que el presidente de El Salvador, Francisco Malespín, ya había tomado Jutiapa, adelantándose a las fuerzas de Carrera. Malespín, no obstante, tuvo que replegarse a El Salvador, cuando se enteró que estaban planeando darle un golpe de estado.
    • b: Aquí se tuvo razón Milla, pues los historiadores liberales se hicieron cargo de pintar de una forma totalmente nefasta y negativa la figura del general Rafael Carrera. Los libros de historia oficiales, basados en la «Reseña Histórica» del ideólogo liberal Lorenzo Montúfar, se refieren al gobierno conservador como una época oscura sin progreso, donde Carrera era un criador de cerdos analfabeto que estaba bajo el control de los aristócratas. Nada más lejano de lo que realmente ocurrió en ese período.
    • c: Milla se burla aquí de los uniformes que utilizaban los militares guatemaltecos de la época, ya que la tropa se vestía como podía y era descalza, mientras que los oficiales disponían de uniformes regalados por el ministro británico Frederick Chatfield, los cuales no estaban hechos a la medida.
    • d: Se refiere aquí al marqués Juan José de Aycinena, obispo y hasta entonces consejero de estado de Mariano Rivera Paz; y a Manuel Francisco Pavón y Aycinena, otro de los consejos de estado e ideólogos conservadores. Nótese como les llama «serviles», mote despectivo con el que los liberales se referían a los aristócratas por haber sido funcionarios de gobierno durante la colonia española.
    • e: Acusa aquí al marqués de Aycinena de corrupción, aunque ésta no se daba durante los gobiernos conservadores porque el Estado estaba en la ruina debido a tantas guerras contra los liberales.
    • f: Milla se burla no solamente de los aristócratas sino de aspecto mofletudo del marqués de Aycinena.
    • g: En su juventud, Milla se firmaba con sus dos nombres, aunque luego dejó de hacerlo según la costumbre de la época.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 333.
  2. Ibid., p. 334-336.
  3. Ibid., p. 337.

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21 de mayo de 1844: Malespín ocupa Jutiapa

Como represalia por el apoyo que estaba dando el general Rafael Carrera a la revolución promovida por el general Manuel José Arce en El Salvador, el presidente de dicho país, general Francisco Malespín toma Jutiapa y Quesada.

Iglesia católica colonial de Jutiapa, En el recuadro: el general Francisco Malespín. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El general Francisco Malespín fue en El Salvador como los generales Rafael Carrera y J. Rufino Barrios fueron en Guatemala: hombres de espada y de circunstancias con una voluntad de hierro, superiores en el arte de mandar e imponerse y con ambiciones ascendentes.

Malespín inició su carrera político como vicepresidente de Juan José Guzmán en El Salvador, quien era enemigo declarado de los criollos liberales, pero entre ambos no había concordia y finalmente Guzmán tuvo que dejar la jefatura del estado, en favor de Malespín, quien fue popularmente electo presidente de la República en enero de 1844. Aunque rechazó la elección inicialmente, sus allegados lo convencieron de aceptar el cargo, y a los pocos días de haber tomado posesión se produjeron las maniobras revolucionarios del ex-presidente federal, general Manuel José Arce, amparadas por el general Rafael Carrera, quien no quería que un gobernante tan fuerte como él se estableciera en El Salvador.1

El presidente salvadoreño se dirigió altivamente al general guatemalteco, y como no obtuvo respuesta de éste, y Guatemala no dejó de apoyar las intenciones de Arce, Malespín levantó su ejército, depositó el mando en su vice-jefe y con facilidad invadió Jutiapa, tomando la cabecera el 21 de mayo de 1844, y ocupando además la hacienda de Quesada. Ahora bien, aunque Malespín era valiente y decidido, tuvo que retirarse a Chalchuapa, en territorio salvadoreño, aduciendo que el clima de Jutiapa era terrible, ya que se enteró por medio del mercenario francés Isidoro Saget de que los liberales Trinidad Cabañas y el yerno de éste, Gerardo Barrios, —a quienes había dado albergue tras haber huido de El Salvador con Francisco Morazán en 1840— estaban aprovechado su ausencia para complotar en su contra.2

Malespín firmó la paz de Quesada con Carrera y el 16 de junio asumió nuevamente la presidencia, obligando a Cabañas y a Barrios a huir hacia Nicaragua. De allí surgió la guerra entre El Salvador y Honduras contra Nicaragua, que disolvió el Pacto de Chinandega, y en donde Saget combatió contra Cabañas y Barrios, a pesar de que todos ellos habían compartido el exilio junto con Morazán en 1840.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (19630 [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 321.
  2. Ibid., p. 322.
  3. Ibid., p. 323.

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11 de marzo de 1844: el convenio de Guadalupe

Tras sofocar un alzamientos en Pinula, el teniente general Rafael Carrera firma con los líderes de los alzados el convenio de Guadalupe, en la villa del mismo nombre, por medio del cual disuelven la Asamblea Constituyente y obligan a los eclesiásticos a dejar sus puestos en el gobierno de Mariano Rivera Paz.

11marzo1844
La ciudad de Guatemala en 1865, aproximadamente, vista desde el Cerrito del Carmen. Se aprecian los volcanes de Pacaya y de Agua al fondo, y entre los edificios se reconocen el Teatro Carrera, y las iglesias de La Merced, San Francisco, Catedral y Santa Teresa. En los recuadros: el teniente general Rafael Carrera, el arzobispo Francisco de Paula García Peláez, el Marqués de Aycinena y Mariano Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 3 de marzo de 1844 arribó el arzobispo coadjuctor Francisco de Paula García y Peláez al territorio guatematleco, después de haber sido consagrado por el obispo Juan Viteri y Ungo en El Salvador. Tras el Te Deum que le celebraron en la Catedral de la Ciudad de Guatemala los miembros del clero, se dirigieron a la casa de gobierno, que estaba frente a la Iglesia de Santa Rosa y allí sostuvieron una reunión con el Jefe de Estado Mariano Rivera Paz, Consejo y los miembros de la Asamblea Constituyente, dando por confirmada la creación de un Estado elclesiástico en Guatemala. Pero hubo un gran ausente en aquella reunión: el general Rafael Carrera, quien para entonces era el teniente general de las Fuerzas Armadas, y quien se había salido a pacificar a unos pueblos en el oriente del país.1

Aquello era parte de una estratagema del militar, ya que su mutua desconfianza con los eclesiásticos y con los diputados, no permitía que avanzara la agenda de uno ni de los otros.  Así, mientras Carrera estaba ausente, «convenientemente» se armó una revuelta en Pinula cuando aproximadamente mil campesinos se alzaron, provocando el pánico entre los pobladores de la ciudad, quienes todavía tenían frescos en la memoria las invasiones de Francisco Morazán en 1829 y en 1840, y las invasiones de Carrera en 1839.2

Rivera Paz mandó a llamar inmediatamente a Carrera, quien regresó a la ciudad a marchas forzadas y dijo al llegar: «¡Aquí está Carrera, para quien quiera algo de él» ¿Quiénes son los sublevados? ¿Los de Pinula? Pues duerma soesegada la sociedad de Guatemala, que Rafael Carrera está para velar la tranquilidad del vecindario y para poner en cintura, a revoltosos y ambiciosos…»

Carrera se hizo acompañar de su estado mayor y al frente de sus tropas atacó a los alzados, que ya estaban casi a las puertas de la ciudad y tras una escaramuza en donde hubo algunos muertos, los rebeldes pidieron una tregua y firmaron el convenio de Guadalupe, en el poblado del mismo nombre entonces en las afueras al sur de la ciudad.  Aquel convenio demuestra que Carrera tenía un plan bien trazado para salir de sus rivales eclesiásticos y de los diputados constituyentes, y lo reproducimos a continuación por su relevancia histórica:

El teniente general Rafael Carrera, general en jefe del Ejército del Estado de Guatemala, y los jefes de las dos divisiones de los pueblos aliados que operaban hostilmente sobre la capital, hemos convenido en obsequio de la paz pública y de la sangre centroamericana, en que se atiendan las peticiones racionales de dichos jefes y los intereses del Estado bajo los puntos siguientes:

      1. La autoridad de la Asambles Constituyente debe ser subrogada por un Consejo de gobierno con tanta autoridad como la misma Asamblea.  Este cuerpo constituirá el Estado, será electo popularmente y se compondrá de un individuo por cada departamento. Para ser electo miembro de este Consejo, se tendrán las cualidades siguientes: 1°. Ser hijo del Estado y del departamento, mayor de edad, de conocidad probidad y saber, y que en todas épocas haya demostrado ser verdadero patriota, que ama el bienestar de los pueblos; y 2°. ser propietario para que esta circunstancia lo constituya en conservador de la paz.  Que se ocupe en observar la inversión de los caudales públicos y en representar las necesidades de sus ponderantes para que se promueva su fácil remedio.  De esta reducción de representantes resultará más violencia en los asuntos, menos oposición al bien general; más economía al erario; y lo que es más, la desaparición del aspirantismo.
      2. La constitución que dé el Consejo será sancionada por otro Consejo, compuesto por doble número de representantes, electos en los términos expresados en el artículo anterior; y este Consejo que no tiene más objeto que sancionar, podrá ser carga concejil.
      3. Que el Presidente del Estado se le den bastantes facultados por la Asamblea actual antes de disolverse, sin más condición que cada año deberá dar residencia de administración al Consejo.
      4. Como la administración de justicia está algo desvirtuada, y los pueblos creen que por el interés se les despoya de ella, es indispensable que estos destinos y el de los escribanos sean servidos puramente por sueldos y sin cobrar cosa alguna, y por personas que se renovarán según su buena o mala administración por el mismo Consejo el que también nombrará los letrados de probidad y honor que deben dirigir a las partes litigantes en sus asuntos; pues de esto resultará más prontitud en el despacho, menos parcialidad, más rectitud en la administración de justicia. 
      5. Que se dé un nuevo arreglo a la hacienda pública: que se disminuyan los empleados civiles y aun los militares si fuere forzoso; de esto resultará menos gravámenes a los pueblos, menos apuros para el Gobierno, y una economía para aumentar los fondos públicos, los cuales tarde o temprano servirán al ejército, sin necesidad de dejar a los propietarios, pues éstos deben ser protejidos por las leyes.
      6. Promoverá el Supremo Gobierno y el Consejo la prosperidad efectiva de los pueblos por hacer obras públicas de beneficencia, construcción de puentes y fábricas para las poblaciones industriosas que se hallen limitadas a su tejidos, hilados, etc.
      7. Nombrará el Supremo Gobierno, de acuerdo con el Consejo, un solo juez de tierras y un agrimensor para cada dos departamentos, los cuales serán escogidos entre los más honrados de la profesión, quedando sujetos a la formación de causa y pérdida de honorarios si obran mal en su ejercicio.
      8. Que se sobrecargen los drechos a aquellos efectos extranjeros que se introduzcan y puedan fabricarse en el país.
      9. Que los eclesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia.
      10. Que se conceda el fuero de guerra a las milicias del Estado, que en el día lo gozan únicamente los que están en actual servicio.
      11. El ejército de los pueblos aliados, siempre sumiso al Supremo Gobierno, y a su benemérito caudillo y general en jefe del Ejército, deseoso de dar purebas de que si están con las armas en la mano, no es con miras perversas, sino con la de solicitar la mejora de los habitantes del Estado, desde luego quieren que la reforma se haga con toda libertad, y depondrán las armas tan luego como se reuna la Asamblea, y que el Estado se halle organizado según los artículos precedentes, quedando entonces encargado de la realización y cumplimiento de este convenio el Excmo. señor Teniente General y General en jefe del ejército, debiendo advertir que este nuevo régimen adoptado durará por todo el tiempo en que reuslten beneficios al estado; quedando en libertad los pueblos para variarlo según les convenga.
      12. Y por conducto del gobierno, se dé cuenta a la Asamblea Constituyente del Estado con el presente convenio.

Cuartel general en la Villa de Guadalupe, 11 de marzo de 1844.

        • Rafael Carrera
        • Antonio Solares
        • José Clara Lorenzana
        • Manuel figueroa
        • Pedro Velásquez
        • Manuel Solares
        • Manuel Álvarez3

Tras enterarse de este convenio, el Consejero de Estado, Marqués Juan José de Aycinena, renunció a su cargo con fecha retroactiva al 7 de marzo, aunque la Asamblea no aceptó el tratado, obligando a Carrera a seguir moviendo sus piezas para que terminara haciéndolo.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 397.
  2. Ibid., p. 398.
  3. Ibid., pp. 399-401.
  4. Ibid., p. 402.

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20 de diciembre de 1855: inicia ciclo académico en la Nacional y Pontificia Universidad

Tras reformar sus estatutos para cumplir con lo estipulado en el Concordato de 1852, se inician las clases en la Nacional y Pontifica Universidad de San Carlos

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Edificio de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos en la Ciudad de Guatemala.En el recuadro: el obispo y Marqués de Aycinena, Juan José de Aycinena y Piñol, rector de la Pontificia Universida de influyente político durante el gobierno de Rafael Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera estuvo sumamente ligado a la Iglesia Católica y por medio del Concordato establecido en 1852 y ratificado en 1854 le entregó a ésta la educación del país. En esa época la Universidad de San Carlos estaba dedicada principalmente a la preparación de eclesiásticos avalada por el Papa, y por eso era Nacional y Ponticia. Así pues, como parte de lo establecido en el Concordato, los estatutos de la Universidad fueron modificados por el capitán general Rafael Carrera, presidente vitalicio de la República, el 22 de septiembre de 1855.1

Se presentan a continuación los principales aspectos de aquel acuerdo:

Considerando: que la universidad es un establecimiento de la mayor importancia, y que influye eficazmente en el buen orden social, porque en él recibe la juventud los principios que deben guiarla en las diferentes profesiones á que se dedica: atendiendo á las instancias que se han hecho al gobierno para que se dicten medidas adecuadas con el fin de mejorarlo y corregir los abusos que puedan haberse introducido, sobre lo cual se ha oído el parecer del rector y el de diversas comisiones compuestas de personas distinguidas por su saber y esperiencia. Habiendo representado el Muy Reverendo Arzobispo Metropolitano que es urgente la necesidad de que se modifiquen los estudios de los que se dedican al estado eclesiástico; y teniendo presente lo que se halla dispuesto en el concordato celebrado con Su Santidad respecto á la enseñanza de las ciencias morales y eclesiásticas. De conformidad con lo que me ha propuesto el ministerio de instrucción publica, y de acuerdo con el consejo de estado, he tenido a bien decretar y decreto:2

Artículo 1°.— Se tendrá como estatuto fundamental de este establecimiento las constituciones de la Real y Pontificia universidad de San Carlos de Guatemala, aprobadas por el rey don Carlos II, en 20 de febrero de 1686, y se observarán en lo sucesivo como estaban en uso en 1821, quedando en consecuencia derogadas las diferentes leyes y demás disposiciones que se han dado sobre esta materia.3,Nota a[…]

Art. 3°.— Por esta vez, y atendiendo á las circunstancias que se han tenido presentes, se nombra para componer el claustro de consiliarios, a los doctores don Juan José de Aycinena, arcediano de esta Santa Iglesia Metropolitana, por la facultad de cánones; don Basilio Zeceña, consejero de estado, por la de teología; don Pedro Yalenzuela, consejero de estado, por la de leyes; y don Quirino Flores, protomédico, por la de medicina; y bachilleres reverendo padre don Nicolás Arellano, prepósito de la congregación de San Felipe Neri; fray Juan Félix de Jesús Zepeda, guardián de la comunidad de San Francisco; don Francisco Abella y presbítero don Vicente Hernández. Tres dias después de la publicación de este decreto, se reunirán los consiliarios nombrados, y bajo la presidencia del muy reverendo arzobispo, procederán a elegir al rector. El rector y claustro de consiliarios nombrados, durarán dos años. Terminado este periodo, que se contará desde ello de noviembre siguiente a la publicación de este decreto, serán renovados, eligiéndose con arreglo a las constituciones para los biennios sucesivos. El rector y demás miembros del claustro podrán ser reelectos; pero no serán obligados a admitir el nuevo nombramiento sin un intervalo de dos años.Nota b

Art. 4°.— Luego que estuviere nombrado el rector, dispondrá, con permiso de la autoridad eclesiástica, el restablecimiento de la capilla, para que se celebren en ella las funciones religiosas y prácticas de piedad que estaban establecidas, y será de su cargo vigilar que los cursantes asistan a estos actos.3

Art. 5°.— Se restablece el uso del traje talar para todo acto literario público, bajo la pena de nulidad de todo grado que se conceda sin esta formalidad. El rector cuidará de que asistan a los actos literarios los cursantes de la facultad a que pertenezca el actuante.3,Nota c

Art. 6°.— Para admitirse a la matrícula en la universidad, se exigirá de los que soliciten ser matriculados la certificación correspondiente de haber sido examinados y aprobados en latinidad. Pasado un año desde la fecha de este decreto, no podrán ser admitidos al grado de bachiller los actuales cursantes, sin cumplir antes con este requisito, a no ser que lo hubiesen llenado a su ingreso.5,Nota d[…]

Art. 31.— Serán feriados en lo sucesivo los días festivos de guarda, con arreglo al decreto pontificio de 20 de enero de 1839, los de la Semana Santa, los de la Pascua de Navidad, hasta el día de año nuevo, las funciones de universidad y las fiestas cívicas establecidas: se fijará en cada clase la tabla que contenga estos feriados. Las vacaciones comenzarán el 10 de noviembre y concluirán el 20 de diciembre, en cuyo dia se hará la apertura solemne de las clases, en la forma prescrita por las constituciones.5

Art. 41.— El ministro de instrucción pública queda encargado especialmente de su ejecución; dará posesión en acto solemne al rector y consiliarios nombrados, y podrá presidir los claustros siempre que lo estime conveniente.6,Nota e

En base a este decreto, las clases de la Universidad se iniciaron el 20 de diciembre de cada año hasta 1871.


NOTAS:

  • a: es decir, se reformaron los estatutos universitarios de 18404 de forma que reflejaron lo acordado en el Concordato.
  • b: nótese cómo la gran mayoría de los principales puestos administrativos de la Universidad estaban ocupados por los líderes del clero secular —arzobispo y arcediano de la catedral— y del clero regular —vicarios y jefes de las congregaciones de frailes—.
  • c: esta costumbre todavía se mantiene en la Universidad de San Carlos.
  • d: este era necesario porque en esa época el uso del latín era obligatorio para los que querían cursar la carrera eclesiástica.
  • e: la Universidad quedó entonces convertida en una dependencia del Ministerio de Instrucción Pública.  Si bien durante el gobierno del general Carrera esto no significó mucho pues el papel de la Iglesia era preponderante no solo en la Universidad sino en todo el gobierno, sí se hizo notar tras el triunfo de la Revolución Liberal en 1871, cuando la Universidad fue separada en Escuelas Facultativas que dependendían del presidente de la República a través del Ministerio.

BIBLIOGRAFIA:

  1. La Gaceta (10 de noviembre de 1854). No oficial. Edicto. Guatemala. Imprenta de La Paz.
  2. Pineda de Mont, Rafael (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 203.
  3. Ibid., p. 204.
  4. Ibid., pp. 171 y siguientes.
  5. Ibid., p. 209.
  6. Ibid., p. 211.

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8 de diciembre de 1844: Rivera Paz renuncia a la presidencia del Estado

El Jefe de Estado Mariano Rivera Paz presente su renuncia irrevocable por la presión del capitán general Rafael Carrera

8diciembre1844
La entrada a Río Dulce en la época en que Mariano Rivera Paz era el Jefe de Estado de Guatemala, según un dibujo del arquitecto británico Frederick Catherwood. En el recuadro: el Jefe de Estado Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Después de que el teniente coronel Rafael Carrera consiguiera que Juan José de Aycinena renunciara a su cargo  el 11 marzo de 1844 tras firmar el convenido de Guadalupe con los alzados de Pinula, el Jefe de Estado Mariano Rivera Paz tuvo que formar un nuevo gabinete el 26 de abril, conformado por moderados.1

Pero luego de un intento de invasión del presidente salvadoreño Francisco Malespín en represalia a una fallida invasión de Manuel José Arce apoyada por Carrera, y del subsiguiente convenio de paz firmado en la hacienda de Quesada el 5 de agosto de 1844, el gobierno guatemalteco se quedó sin dinero para pagar a la tropa, la cual provocó una revuelta para exigir su pago.  Aunque Rafael Carrera en persona disolvió la revuelta e hizo ejecutar a los seis cabecillas, esto aceleró la caída del Jefe de Estado Rivera Paz para quien se hizo cada vez más difícil poder gobernar debido a las exigencias del general Carrera. Finalmente, el 8 de diciembre Rivera Paz declaró que el país necesitaba un cambio de administración y presentó su renuncia irrevocable.2

De inmediato se reunió inmediatamente un Consejo Constituyente, que escogió como su presidente al liberal José Venancio López, mediante el siguiente decreto:

Nosotros, los representantes de los pueblos del Estado de Guatemala en Centro América, reunidos en bastante número a consecuencia de la convocatoria mandada hacer por el decreto de 14 de marzo del presente año; después de haber examinado nuestros respectivos poderes y habiéndolos hallado conformes declaramos:

El consejo constituyente del Estado de Guatemala, libre y soberano, está solemnemente instalado.

Comuníquese al supremo gobierno para su publicación.

Guatemala, en el salón de sus sesiones a ocho de diciembre de mil ochocientos cuarenta y cuatro.

        • José Venancio López, presidente
        • Rafael de Arias y Lavairu
        • Manuel Gálvez
        • Ignacio María Ponciano
        • Rodrigo Arrazola
        • Feliz Juárez
        • Plácido Flores, secretario.
        • M.J. Arango, secretario.2

Este Consejo supuestamente constituyente solamente sirvió para elegir a Carrera para suceder a Rivera Paz, el 11 de diciembre de 1844.  De esta forma, con toda la apariencia de legalidad, Carrera consumó su segundo golpe de estado, y se hizo finalmente con el poder el 14 de diciembre de ese año.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (7 de marzo de 1926) El Capítulo de las Efemérides. 7 de marzo de 1844: Renuncia del Ministro, Señor Marqués de Aycinena. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 72-73.

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5 de enero de 1822: la Anexión a México

El antiguo Reino de Guatemala se anexa al Primer Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide

5enero1822
Las tropas mexicanas proclaman al Presidente de la Regencia, Agustín de Iturbide, como emperador de México. En el recuadro: el emperador Agustín I. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras una misiva del 19 de octubre de 1821 en la que el futuro emperador de México Agustín de Iturbide le invitaba a anexarse, el jefe político de la Junta Provisional Consultiva, Gabino Gaínza, le contestó el 3 de diciembre indicándole que era necesario consultar a diversos cabildos centroamericanos para dar una respuesta sobre la cuestión. Gaínza finalizó su carta diciendo: «Espero que Vuestra Excelencia dejará en suspenso sus decisiones, y detendrá la marcha de su división armada, hasta la llegada de mi respuesta que le enviaré por correo el 3 de enero de 1822«, en alusión a la división del ejército que Iturbide había mandado a la frontera entre ambos países.1

El 3 de enero de 1822, Gaínza envió a Iturbide su conteo aún incompleto: 32 ayuntamientos aceptaban la anexión si lo hacía la Junta Provisional; 104 aceptaron llanamente la anexión; dos se oponían de plano, mientras que otros veintinún ayuntamientos opinaban que esta cuestión sólo podía ser debatida por el congreso que debía reunirse en marzo, según lo indicaba el Acta de Independencia del 15 de septiembre de 1821.2 Si bien algunos pueblos se oponían a la Anexión, hubo muchos pueblos que se unieron por iniciativa propia al Imperio, aun saltando por encima del conducto oficial de Gaínza. Y a los dos días, la Junta Provisional Consultiva declaró la unión del Reino de Guatemala al Imperio de México en un acta firmada en la Ciudad de Guatemala, la cual dice así:1

Palacio Nacional de Guatemala, enero 5 de 1822.

Habiendo traído a la vista las contestaciones de los ayuntamientos de las provincias, dadas a virtud del oficio circular de 30 de noviembre último, en que se les previno que en consejo abierto explorasen la voluntad de los pueblos sobre la unión al imperio mexicano, que el serenísimo señor don Agustín de Iturbide, presidente de la Regencia, proponía en su oficio de diez y nueve de octubre, que se acompañó impreso; y trayéndose igualmente las contestaciones que sobre el mismo punto han dado los tribunales y comunidades eclesiásticas y seculares, jefes políticos, militares y de hacienda, y personas particulares, a quienes se tuvo por conveniente consultar, se procedió a examinar y regular la voluntad general en la manera siguiente:

        • Los ayuntamientos que han convenido llanamente en la unión, según se contiene en el oficio del gobierno de México, son ciento cuatro.
        • Los que han convenido en ella con algunas condiciones que les ha parecido poner, son once.
        • Los que han comprometido su voluntad en lo que parezca a la Junta Provisional, atendido el conjunto de circunstancias en que se hallan las provincias, son treinta y dos.
        • Los que se remiten a lo que diga el congreso que estaba convocado desde quince de septiembre, y debía reunirse el primero de febrero próximo son veintiuno.
        • Los que manifestaron no conformarse con la unión, son dos.
        • Los restantes no han dado contestación, ó si la han dado, no se ha recibido.

Traido a la vista el estado impreso de la población del reino, hecho por un cálculo aproximado, sobre los censos existentes, para la elección de diputados, que se circuló en noviembre próximo anterior, se halló: que a voluntad manifestada llanamente por la unión excedía de la mayoría absoluta de la población reunida á este gobierno. Y, computándose la de la intendencia de Nicaragua que, desde su declaratoria de independencia del gobierno español, se unió al de México, separándose absolutamente de este; la de la de Comayagua que se halla en el mismo caso; la de la de Ciudad Real de Chiapas, que se unió al imperio, aun antes de que se declarase la independencia en esta ciudad; la de Quezaltenango, Solóla y algunos otros pueblos que en estos últimos días se han adherido por sí mismos ala unión; se encontró que la voluntad general subía a una suma casi total y teniendo presente la junta que su deber, en este caso, no es otro que trasladar al gobierno de México lo que los pueblos quieren, acordó verífícarlo así, como ya se le indicó en oficio de tres del corriente.

Entre las varias consideraciones que ha hecho la junta en esta importante y grave materia, en que los pueblos se hallan amenazados en su reposo, y especialmente en la unión con sus hermanos de las otras provincias con quienes han vivido siempre ligados por la vecindad, el comercio y otros vínculos estrechos, fué una de las primeras, que por medio de la unión a México querían salvar la integridad de lo que antes se ha llamado Reino de Guatemala y restablecer entre sí la unión que ha reinado por lo pasado; no apareciendo otro, para remediar la división que se experimenta.

Como algunos pueblos han fiado al juicio de la junta lo que más le convenga resolver en la presente materia y circuntancias, por no tenerlas todas a la vista; la junta juzga que manifestada, como está de un modo tan claro la voluntad de la universalidad, es necesario que los dichos pueblos, se adhieran a ella para salvar su integridad y reposo.

Como las contestaciones dadas por lo ayuntamientos, lo son con vista del oficio del serenísimo señor Iturbide que se les circuló, y en el se propone como base la observancia del plan de Iguala y de Córdova, con otras condiciones benéficas al bien y prosperidad de estas provincias, las cuales si llegasen a término de poder por sí constituirse en estado independiente, podrán libremente constituirlo; se ha de entender que la adhesión al imperio de México es bajo estas condiciones y bases.

Las puestas por algunos ayuntamientos, respecto a que parte están virtualmente contenidas en las generales y parte difieren entre sí, para que puedan sujetarse a una expresión positiva; se comunicarán al gobierno de México para el efecto que convenga; y los ayuntamientos mismos en su caso podrán darlas como instrucción a sus diputados respectivos, sacándose testimonio por la secretaría.

Respecto de aquellos ayuntamientos que han contestado remitiéndose al congreso que debía formarse, y no es posible ya verificarlo, porque la mayoría ha expresado su voluntad, en sentido contrario, se les comunicará el resultado de esta, con copia de esta acta.

Para conocimiento y noticia de todas las provincias, pueblos y ciudadanos, se formará un estado general de las contestaciones que se han recibido, distribuyéndolas por clases conforme se hizo al tiempo de reconocerse en esta junta, el cual se publicará posteriormente.

Se dará parte a la soberana junta legislativa provisional, a la regencia del imperio y al serenísimo señor Iturbide con esta acta, que se imprimirá y ciruclará a todos los ayuntamientos, autoridades, tribunales, corporaciones y jefes para su inteligencia y gobierno.

Lejos de conseguir el bienestar de la región, aquella anexión fue el inicio de todos los problemas que han aquejado a Centroamérica desde su independencia, ya que se formaron dos grupos: el de los criollos aristócratas que favorecían un sistema monárquico y católico similar al que tenía España, y el de los criollos liberales, que se inclinaban hacia un sistema republicano, con influencia protestante.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaR, XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: http://orcid.org/0000-0002-5998-9541
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 14-16.

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3 de diciembre de 1821: Gaínza pide tiempo a Iturbide para decidir sobre la Anexión

Gabino Gaínza le responde al emperador Agustín de Iturbide, pidiéndole hasta el 3 de enero para consultar a los pueblos sobre la Anexión a México.

3diciembre1822
Pintura alegórica de la coronación de Agustín I, Emperador del Primer Imperio Mexicano del Septentrión al que se anexó Centroamérica el 5 de enero de 1822. En el recuadro: la firma de Gabino Gaínza, ex-Capitán General y entonces presidente de la Junta Provisoria Consultiva que gobernó a Centroamérica hasta esa fecha. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El acta de Independencia del Reino de Guatemala, firmada el 15 de septiembre de 1821, era un documento que dejaba en manos de un Congreso, a celebrarse el 1 de marzo de 1822, el tema de la independencia absoluta,1 de acuerdo a los siguientes artículos:2

2.° —Que desde luego se circulen oficios a las provincias, por correos extraordinarios, para que sin demora alguna, se sirvan proceder á elegir diputados ó representantes suyos, y estos concurran á esta capital á formar el congreso que debe decidir el punto de independencia general y absoluta, y fijar, en caso de acordarla, la forma de gobierno y ley fundamental que deba regir. […]

6.°— Que en atención a la gravedad y urgencia del asunto, se sirvan hacer las elecciones de modo que el día primero de marzo del año próximo estén reunidos en esta capital todos los diputados.2

El sistema representativo al que apelaban los republicanos se legitimaba en uno de los dos periódicos publicados en la capital del Reino: «El Editor Constitucional«, fundado en 1820, y que tras la independencia cambió de nombre por «El Genio de la Libertad«. Este periódico era el órgano oficial del partido de los criollos liberales e incluía a Pedro Molina, José Francisco Barrundia, al cura José Matías Delgado, Manuel José Arce, y Juan Manuel Rodríguez, entre otros. Este grupo pensaba que la monarquía, por más constitucional o moderada que fuese, era sinónimo de vanidad, desigualdad social y despotismo. Y también señalaba que el gobierno representativo del republicanismo que promulgaban no era sinónimo de democracia, ya que el pueblo limitaba sus funciones soberanas a la facultad de elegir a sus legisladores. En particular a los legisladores, era al que estaba asociada para ciertos actores y publicistas la construcción de la verdadera opinión pública.1

Si bien en un principio la Junta Provisional Consultiva presidida por Gabino Gaínza adoptó la postura republicana, como evidencia el Acta de Independencia, para mediados de noviembre de 1821 las autoridades interinas de Guatemala dieron un giro radical, decantándose por la celebración de concejos abiertos debido a que sus miembros se encontraron acorralados por las presiones mexicanas para adherirse al proyecto imperial de Agustín de Iturbide, y por la rápida desmembración del antiguo Reino. Es importante destacar que las diputaciones provinciales de Honduras y Nicaragua, así como algunos cabildos de Costa Rica, habían jurado la independencia de España, pero a la vez se declararon separados de la ciudad de Guatemala argumentando su decisión por la amarga experiencia vivida bajo su yugo durante los años de dominación colonial.1

El 19 de octubre Iturbide le había enviado un oficio a Gaínza en el cual presionaba sutilmente para que el antiguo Reino se incorporara a México. Ya para entonces algunos de los miembros de la Junta Provisional ya eran conscientes de que la única alternativa para las provincias estaba en el Plan Trigarante de Iturbide. Para el futuro emperador, los intereses de México y del Reino de Guatemala eran idénticos y consideraba que el Plan de Iguala aseguraría a todos los pueblos el goce “imperturbable de su libertad” y los protegería de cualquier invasión. Iturbide le recordaba a Gaínza que México era sinónimo de “grandeza y opulencia” y, aunque enfatizaba que no quería someter a los pueblos a su voluntad, creía conveniente enviar una división del ejército mexicano “numerosa y bien disciplinada, que […] reducirá su misión a proteger con las armas los proyectos saludables de los amantes de su patria”. Por otro lado estaba la posición de la Iglesia Católica, representada por Juan José de Aycinena, quien creía que la unión a México era lo más favorable para el Reino de Guatemala porque no trastocaría los privilegios de los clérigos y porque, para él, la fuente de la autoridad no venía de los hombres sino de Dios y por lo tanto, un gobierno republicano no tenía cabida en sus planes.1 Fue muy importante también en esta decisión la situación económica de la recién independizada región, resumida magistralmente por el coronel Antonio José de Irisarri: «La república de Guatemala debía esperar que su independencia fuera más bien asegurada componiendo una nación de nueve a diez millones de habitantes, que quedando reducida a un gran despoblado en que no habia dos millones, con sus costas indefensas, sin marina, sin erario, sin ejército, obligada hasta entonces a recibir de México un subsidio para llenar sus gastos3

En vista de todo esto, la Junta Provisional Consultiva, desobedeciendo el Acta de Independencia, ya no convocó al Congreso de 1822 sino que, debido a la premura con que Iturbide deseaba una respuesta, sugirió que fueran los cabildos abiertos quienes expresasen su voluntad. Y una vez tomada la decisión en la sesión del 28 de noviembre, Gaínza se dirigió a los pueblos del Reino el 30 del mismo mes, comunicándoles que en el oficio enviado por Iturbide le llamó la atención la superioridad de México por su riqueza, población y fuerza y que la disidencia de Chiapas, Comayagua, León y Quetzaltenango le provocó desconcierto. También les informó que temía el ingreso del ejército mexicano y confesaba que le atraía la idea de unirse a “un Imperio poderoso” que pudiera defender la libertad del Reino.

Como no contaba con la facultad para decidir un asunto tan grave, y como el asunto de la Anexión no podía esperar hasta febrero de 1822 el Congreso Nacional mencionado en el Acta de Independencia, Gaínza ordenó que los ayuntamientos en concejos abiertos expresaran la opinión de sus pueblos luego de leer la nota de Iturbide. Las contestaciones se remitirían al alcalde primero de cada partido y éste las enviaría a Gaínza con rapidez para que la Junta Provisional contestara a México. Y aquí es donde empezaron las disputas entre los criollos conservadores aristócratas y los criollos liberales republicanos ya que estos últimos argumentaban que la postura de las autoridades de Guatemala contradecía los acuerdos tomados anteriormente, pues ya habían sostenido que no era facultad de los ayuntamientos decidir sobre ese importante asunto. Por su parte, Gaínza y los criollos aristócratas señalaban que si los Pueblos son los que por sí o por medio de sus representantes pronunciaban su voluntad sobre el punto de unión o independencia de México, los concejos abiertos estaban conformes a lo estipulado en el Acta de Independencia.1

Finalmente, Gaínza contestó a Iturbide el 3 de diciembre, indicándole que era necesario consultar a diversos cabildos centroamericanos para dar una respuesta sobre la cuestión. Al final de su misiva expresó: «Espero que Vuestra Excelencia dejará en suspenso sus decisiones, y detendrá la marcha de su división armada, hasta la llegada de mi respuesta que le enviaré por correo el 3 de enero de 1822«.

El 3 de enero de 1822, Gaínza envió a Iturbide su conteo aún incompleto: 32 ayuntamientos aceptaban la anexión si lo hacía la Junta Provisional; 104 aceptaron llanamente la anexión; dos se oponían de plano, y otros 21 opinaban que esta cuestión sólo podía ser debatida por el congreso que debía reunirse en marzo.4 Si bien algunos pueblos se oponían a la Anexión, hubo muchos pueblos –como por ejemplo: Comayagua, Ciudad Real de Chiapas, Quetzaltenango, Sololá, y la Diputación Provincial de la Provincia de Nicaragua y Costa Rica4– que se unieron por iniciativa propia al Imperio, aun saltando por encima del conducto oficial de Gaínza. Por lo tanto, la Junta Provisional Consultiva declaró la unión del Reino de Guatemala al Imperio de México en un acta firmada el 5 de enero en la Ciudad de Guatemala.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaR, XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: 0000-0002-5998-9541.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Irisarri, Antonio José (1862). Refutacion de la refutacion que Don Lorenzo Montufar ha publicado en Paris de las que él llama Aserciones Erróneas publicadas por el Monitor Universal del 16 de mayo último sobre la guerra de Guatemala contra San Salvador I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 18.
  4. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, reunidas en virtud de una orden especial del Gobierno Supremo de la República, pp. 14-16.

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10 de septiembre de 1829: conservadores se rebelan tras expulsión de Arce y de Aycinena

Unos cuantos conservadores intentan tomar la Ciudad de Guatemala tras el exilio de Manuel José Arce y Mariano de Aycinena

10septiembre1829
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Allí residía el gobierno de la República Federal de Centro América cuando Manuel José Arce era presidente. En el recuadro: el presidente Arce. Imágenes tomadas de la colección de La Calle donde tú vives y Wikimedia Commons.

La prensa partidista en Guatemala siempre ha sido dura con sus oponentes.  Esto queda ejemplificado cuando el periódico liberal «La Antorcha Centro-Americana» publicó las siguiente notas el 10 de septiembre de 1829:

  • Con respecto al exilio del expresidente Manuel José Arce y del ex-jefe de Estado Mariano de Aycinena:  «el 7 del corriente salieron de esta Capital con destino a embarcar a los puertos del norte, el ex-presidente C. Manuel José Arce, y el intruso Jefe de Estado C. Mariano Aycinena.  Este escarmiento en estos dos funcionarios traidores a sus juramentes y a los compromisos que debían a su Patria, es un saludable ejemplar para que los Jefes venideros no lo sigan en suerta tan desgraciada y afrentosa«.1
  • Con respecto a los acontecimientos que siguiente al exilio de los arriba indicados: «Se descubrió una conspiración en esta Capital en que se trataba de apoderarse de la plaza, destruir el orden restablecido, y reponer el imperio de los intrusos.  Uno de los proyectos era degollar a las personas empleadas en el Gobierno, y otras que pudieran resistirse.  Se deduce de la causa que contaban con armas, parque, dinero y algunos hombres. Esta tentativa es una verdadera reacción del partido que sucumbió, y que ha tenido animosidad de intentarla por la indulgencia con que han sido tratados los criminales.  Ellos no se contienen por el sentimiento noble de la gratitud de que debían estar penetrados. Ellos acaso ni aun están bastantemente convencidos de la moderación con que se se ha procedido.  Jamás se han contenido los delitos por dejarlos de castigar; esta máxima que hemos procurado gravar, ha producido contradicciones poco honrosas a sus autores, porque suponen o mucha ignorancia o complicidad en los delitos. Hay filósofos que opinan que todo crimen supone una perturbación en la mente; pero ninguno lo manifiesta tanto, como la conspiración intentada: ella era un verdadero acto de despecho, pues no tenía la más remota probabilidad del suceso. Cuando hubiesen conseguido una sorpresa habría sido momentánea; pues la opinión pública en que se apoya el actual Gobierno lo habría sostenido y destruido a los audaces conspiradores1

Es importante indicar aquí lo siguiente:

  1. El «orden restablecido» se refiere al triunfo de la invasión liberal dirigida por el general Francisco Morazán, que derrocó al jefe de Estado conservadora Mariano de Aycinena y al gobierno federal,2 entonces a cargo del vicepresidente Mariano de Beltranena, ya que el general Manuel José Arce estaba separado del cargo.3  Las autoridades conservadores habían llegado al poder en septiembre de 1826, luego del golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia.4
  2. El «imperio de los intrusos» se refiere al gobierno que presidía Mariano de Aycinena, líder del partido criollo conservador, al que detestaban los criollos liberales por todas las prebendas de que dicho grupo gozaba durante la época colonial.  De hecho, Morazán declaró como usurpador a todo lo actuado por Aycinena y su gobierno.5
  3. El «partido que sucumbió» era el partido conservador. 
  4. No hubo tal «indulgencia para los criminales» ni «moderación«, como asegura el artículo.  Tras la rendición, Morazán ocupó la plaza, y luego invitó a todas las autoridades estatales y federales al Palacio Colonial, a donde llegaron vestidos de gala, y fueron hechos prisioneros en el acto, ya que Morazán declaró unilateralmente nula la rendición.6  Todos estos personajes pasaron en prisión varios meses y sus propiedades fueron confiscadas; además de que se les obligó a devolver los salarios que habían devengado cuando eran miembros del gobierno.2,3  Por otra parte, las tropas de Morazán saquearon cuanto pudieron de las mansiones de los conservadores y de las iglesia católicas, al punto que surgió el dicho popular «se fue con Pancho» por todo lo que se perdió tras la invasión.
  5. La «opinión pública en que se apoya el actual gobierno» era obviamente favorable, pues estaba conformado por los liberales guatemaltecos.  Los conservadores habían sido expulsados del país o reducidos a prisión.

Por supuesto, cuando los conservadores retomaron el poder en 1839, luego del derrocamiento del gobierno del liberal Mariano Gálvez, la prensa que les era favorable publicó artículos similares en contra del caído gobernante y sus malhadados Códigos de Livingston.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. La Gaceta de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala»La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62).
  3. Hernández de León, Federico  (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala. pp. 114-120.
  6. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  7. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.

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