21 de julio de 1890: Guatemala declara la guerra a El Salvador, iniciando la primera “guerra del Totoposte”

21julio1890
Volcán de Agua visto desde Santa María de Jesús en 1890.  En ese año, los gobernantes de El Salvador, el general Carlos Ezeta (a la izquierda) y de Guatemala, el general Manuel Lisandro Barillas (a la derecha) se enfrascaron en una corta guerra que fue llamada por sus contemporáneos “guerra del totoposte”.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1890, el general Manuel Lisandro Barillas tenía una buena relación con el presidente de El Salvador, general Francisco Menéndez, de tal forma que cuando éste murió durante una revolución en su contra el 22 de junio de ese año, el gobierno guatemalteco emitió el siguiente decreto:1

Decreto No. 430:
Manuel Lisandro Barillas, General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala,
Considerando:
Que se tiene noticia de haber fallecido, a causa de un movimiento revolucionario en la noche del veintidós de este mes, el Benemérito de la Patria, general don Francisco Menéndez, Presidente de la República de El Salvador:
Que este doloroso acontecimiento es motivo de duelo para el pueblo y gobierno de Guatemala, porque aquel eminente ciudadano, Jefe de una sección hermana, mantuvo leales y amistosas relaciones con esta República, y prestó importantísimos servicios a la paz y a la unión de la América Central:
Que, si por un deber de fraternidad corresponde dar prueba de deferencia al pueblo salvadoreño con motivo de la muerte de su ilustre Mandatario, ese deber es aun más imperioso en estas circunstancias, en que el vecino Estado sufre un movimiento perturbador de la tranquilidad pública, la cual mantuvo el General Menéndez con notable tino;
por tanto;
Decreta:
  1. Durante seis días, que comenzarán a contarse desde esta fecha, los empleados civiles y militares de la República llevarán luto por la muerte del Excelentísimo señor General don Francisco Menéndez, Presidente de la República de El Salvador.
  2. Durante esos mismos días estará izado, a media asta, el pabellón de la República en todos los edificios nacionales.
  3. Este decreto será comunicado por telégrafo a todos los departamentos para que en ellos se haga igual demostración.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala, a los veincuatro días del mes de junio de mil ochocientos noventa.

  • Manuel L. Barillas
  • E. Martínez Sobral, secretario de Estado de Relaciones Exteriores1

Menéndez había muerto luego del alzamiento de Carlos Ezeta, el cual de inmediato se comunicó con el general Juan Martín Barrundia, antiguo ministro de la Guerra del gobierno de J. Rufino Barrios y enemigo mortal de Barillas, y quien se encontraba exiliado en México trabajando en desestabilizar al gobierno guatemalteco que pretendía juzgarlo por apropación indebida de fondos públicos, y abuso de poder.2  Barrundia había intentado quedarse con el poder a la muerte de Barrios, pero Barillas y los diputados de la Asamblea Legislativa le ganaron la partida.

La situación empeoró y el veintiocho de junio, el gobierno guatemalteco se vió obligado a suspender las garantías constitucionales en los departamentos de Santa Rosa, Jutiapa y Chiquimula:3

Decreto No. 431Manuel L. Barillas, General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala,

Considerando:

Que los últimos graves acontecimientos de El Salvador, que han perturbado la paz en aquella República, son motivo de amenaza para la tranquilidad en nuestros departamentos limítrofes al vecino Estado:

Que es un deber del Poder ejecutivo velar por la conservación del orden público, dictando las medidas que se dirijan a ese efecto;

Por tanto,

En Consejo de Ministros y con presencia de lo dispuesto en los artículos 39 y 77 de la Constitución,

Decreta:

  1. Se suspende en los departamentos de Santa Rosa, Jutiapa y Chiquimula, las garantías individuales a que se contrae el título 2.° de la ley constitutiva.
  2. Dése cuenta de este decreto a la Asamblea Legislativa en sus próximas sesiones.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala a veintiocho de junio de mil ochocientos noventa.

  • M. L. Barillas,
  • E. Martínez Sobral, ministro de Relaciones Exteriores3

Pero cuando la situación lejos de mejorar se agravó, Barillas extendió la suspensión de garantías constitucionales a todo el país el 20 de julio, mediante el siguiente decreto:4

Decreto Número 433Manuel L. Barillas, General de División y presidente Constitucional de la República de Guatemala

Considerando:

Que los acontecimientos ocurridos en El Salvador y que han sido una amenaza para la tranquilidad del país, determinaron la emisión del decreto de 28 de junio próximo pasado:

Que habiendo tomado mayores proporciones el estado de anarquía de la vecina República, son más trascendentales para la paz de Guatemala los sucesos que en El Salvador se verifican:

Siendo un deber del Gobierno velar por la conservación del orden público: en consejo de Ministros y de conformidad con lo dispuesto en el artículo 39 y 77 de la Constitución,

Decreto:

  1. Se hace extensiva a todos los departamentos de la República la suspensión de las garantías individuales a que se refiere el decreto citado de 28 de junio anterior.
  2. Dése cuenta de este decreto a la Asamblea Legislativa para sus próximas sesiones.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala, a los veinte días del mes de julio de mil ochocientos noventa.

  • M. L. Barillas
  • F. Anguiando, secretario de Estado de Gobernación y Justicia4

Finalmente, el 21 de julio, Guatemala aceptó la guerra con El Salvador y adjudicó los recursos necesarios para el efecto.  Como la guerra duró apenas unas cuantas batallas y no se resolvió nada con ella, los guatemaltecos la llamaron burlonamente “Guerra del Totoposte“, pues sólo había servido para transportar dicho alimento al frente de batalla. 5  A pesar de esto, la guerra tuvo un importante beneficio para el presidente guatemalteco, ya que el general Juan Martín Barrundia fue muerto por la policía del país cuando se encontraba a bordo del vapor estadounidense “Acapulcoel 28 de agosto de 1890 haciendo escala en el Puerto de San José en camino a reunirse con las fuerzas salvadoreñas.2

El decreto en el Barillas solicitó el uso de recursos para los combates es el siguiente:

Decreto No. 435

Manuel L. Barillas, General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala

Considerando:

Que las circunstancias que el país atraviesa exigen gastos extraordinarios, que no pueden llenarse con el actual producto de las rentas establecidas:

Que, sin afectar los intereses de las clases pobres ni gravar los artículos de consumo general, se puede atender a aquellas necesidades, haciendo algún aumento transitorio,

Por tanto;

En Consejo de Ministros,

Decreto:

  1. Desde el 1 de agosto del presente año se pagará un peso más por cada quintar de café que se exporte.
  2. La contribución sobre la propiedad inmueble será de seis por millar desde el trimestre en curso.
  3. Se aumentar cinco centavos por cada botella de aguardiente que se extraiga de los depósitos fiscales para el consumo, desde el 1 de agosto del presente año.
  4. Se suspenden los efectos del Decreto número 101 de la Asamblea Legislativa, que declara libre la elaboración de la sal en el país.
  5. Los artefactos y productos naturales que de las Repúblicas de Centro América se introduzcan de 1 de agosto próximo en adelante, serán libres de derechos de importanción, menos la sal común, jabones, candelas de estearina o de cualquiera otra clase, aguardiente y tabaco.
  6. Los aumentos que este Decreto establece tendrán efecto solamente por un año.

Dado en el Palacio del Poder Ejecutivo: en Guatemala, a veintidós de julio de mil ochocientos noventa.

Debiendo reunirse los fondos necesarios para el sostenimiento de las fuerzas que se han levantado con motivo de los acontecimientos políticos, el presidente de la República,

Acuerda:

  1. Autorizar al señor secretario en el Despacho de Hacienda y Crédito Público, para que, de conformidad con las bases que ha formulado, contrate un empréstito por valor de un millón de pesos, que se repartirá proporcionalmente en toda la República.
  2. Igualmente se le autoriza para que nombre las personas que deban encargarse de recoger la subscripción.6

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gómez Carrillo, Agustín (1890). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala. IX. Guatemala: El Modelo. p. 116.
  2. Secretaría de Relaciones Exteriores (1891). Report of the secretary of foreign relations of the republic of Guatemala to the national legislative assembly concerning the capture and death of General J. Martín Barrundia (en inglés). Guatemala: El Modelo. p. 5 y siguientes.
  3. Gómez Carrillo, Recopilación de las Leyes, pp. 111,112.
  4. Ibid, p. 116.
  5. Hernández de León, Federico (1930) El Libro de las Efemérides. III. Guatemala: Sánchez y de Guise.
  6. Gómez Carrillo, Recopilación de las Leyes, pp. 117,118.

28 de agosto de 1890: muere a manos de la policía y a bordo de un buque estadounidense anclado en Puerto de San José el general Juan M. Barrundia

28agosto1890
Desembarque de pasajeros en el muelle del puerto de San José en la década de 1890. Nótese que los pasajeros eran llevados en pequeñas embacarciones de los grandes vapores al muelle antes de ser subidos en un elevador. En el recuadro: el general Juan Martín Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la muerte del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, el 2 de abril de 1885, su ministro de la Guerra, el temido general Juan M.  Barrundia empezó a mover los hilos para hacerse con el poder en Guatemala.  Inicialmente le fue fácil, gracias al débil caráter del primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, pero no contaba con que los miembros d ela Asamblea legislativa iban a contactar al segundo designado, el general Manuel Lisandro Barillas, entonces jefe político de Quetzaltenango, para que se hiciera cargo de la situación.1

Mediante un hábil ardid durante el sepelio de Barrios en el Cementerio General, Barillas logró hacerse con la presidencia, y para cuando Barrundia se dió cuenta de la treta, ya era tarde. Poco después salió hacia Italia nombrado como embajador de Guatemala en ese país, pero a medio camino le cancelaron el nombramiento1 ya que el nuevo presidente hizo público que Barrundia se había apropiado de grandes cantidades de fondos nacionales y que había abusado de su poder como Ministro de la Guerra durante el gobierno del general Barrios.2  Aunque éste era un secreto a voces, estas investigaciones tenían la intención de enjuiciar al exministro de la guerra, ya que determinaron que Barrundia no solamente había cometido graves abusos de poder, sino que abusos personales en contra de personas que eran sus enemigos personales.3  Así, aunque Barrios había cometido el mismo tipo de abusos y de malversación de fondos, fue Barrundia el que se convirtió en el enemigo público de Guatemala, mientras que Barrios fue endiosado por sus aduladores hasta convertirlo en un héroe que supuestamente murió por el ideal de la Unificación Centroamericana.4

Inicialmente, cuando iba camino de Italia, Barrundia se fue a Nueva York, en donde se encontró con el embajador de Guatemala en Estados Unidos, el licenciado Antonio Batres Jáuregui.  Este último relata el encuentro de esta forma:5

Averigüé que estaban en el hotel Windsor.  Fui a verlos. […] Luego encontré el nombre de don Martín, y en el siguiente renglón decía, Mrs. Barrundia, […] procedentes de Guatemala. […] Salió a recibirme don Martín, y después de las frases usuales, le dije: ‘¿Usted vino con su esposa?’ ‘¿Por qué me lo pregunta?’ replicó, con el modo seco y áspero que gastaba en sus tiempos prósperos de imperioso mando. ‘No me interesa mucho – le repuse- pero, como vi, en el libro de entradas, el nombre de Mrs. Barrundia, me pareció, por ubanidad, preguntar por ella’. ‘¡Ah!, tiene usted razón -agregó- voy a ser franco, traje a la italiana, aquella bailarina, con quien tenía relaciones en Guatemala; y para que pueda vivir conmigo aquí, he puesto que es mi señora’.  [Le respondí]: ‘Váyase usted mañana, a otro hotel.  Esto es muy delicado, en este país.  Si se descubre la falsedad, le costaría dolores de cabeza; además, es peligroso, porque constiutye prueba de reconocimiento de estado.  Pida usted un cuarto contiguo al suyo, para la italiana, en nombre de ella, como si fuera su amiga, nada más procediendo con cautela.  Aquí no son las cosas como allá.’  Al día siguiente les ayudé a arreglar el asunto, porque ninguno de ellos hablaba inglés. Procuré que fuese un hotel en que no hubiera la delicadeza puritana que existe, en ese punto, en todos los de primera clase”.5

Como sabía muy bien que era detestado por el pueblo guatemalteco, Barrundia se cuidó de no regresar y se autoexilió en México hasta 1888, año en que luego de haber solicitado una y otra vez al gobierno de Barillas que le permitieran el retorno, éste se lo autorizó.  Barillas le permitió retornar, pero le pusieron una guardia personal para protegerlo contra el descontento popular contra su persona; Barrundia creyó que pasados tres años el sentimiento de los guatemaltecos se había calmado, pero no pudo llegar a la ciudad de Guatemala, porque a todo lugar al que iba se encontraban con que la guardia no era suficiente para contener a todos los que querían vengarse de él.3

El ex-ministro decidió entonces permanecer en México e iniciar una campaña de desgaste contra el gobierno de Barillas escribiendo y distribuyendo panfletos llenos de insultos y calumnias contra el presidente guatemalteco y pidiéndole a los ciudadanos que se alzaran en armas contra él.6  La intención era derrocar a Barillas y llegar él a poder, para hacerse cargo de un gobierno similar al de Barrios, y que tantos beneficios económicos le habían producido.

De los panfletos pasó a la acción e intentó invadir a Guatemala en dos ocasiones, el 30 de marzo de 1890 y a principios de agosto de ese mismo año, pero en ambas fue neutralizado por las autoridades mexicanas.  Enterado del triunfo del general Ezeta en El Salvador, se embarcó para Guatemala en el vapor estadounidense “Acapulco” con la intención de unirse al ejército salvadoreño para invadir Guatemala, pero fue interceptado en el puerto de Champerico, cuando el vapor se detuvo allí.  Como el capitán del navío no aceptó a entregar a Barrundia, el vapor continuó su marcha al Puerto de San José, y para entonces el gobierno guatemalteco ya tenía un acuerdo con los Estados Unidos para apresar a Barrundia.7

Para ayudar a la captura del ex-ministro, así como para tomar todas las precauciones para protegerlo durante su traslado a la ciudad de Guatemala, el gobierno envió al puerto al subdirector de la Policía con tres agentes, quienes se pusieron a las órdenes del coronel Enrique Toriello, comandante del puerto.  Acompañado de los tres oficiales, Toriello abordó el “Acapulco” tan pronto como recibió la carta donde se autorizaba la captura de Barrundia; el capitán del barco al camarote de Barrundia, pero cuando el capitán empezó a traducir al español lo que decía la carta del embajador de los Estados Unidos, éste inmediatamente sacó sus revólveres y empezó a disparar, primero a Toriello y luego a los agentes de la policía, quienes regresaron el fuego y mataron a Barrundia.8

Al enterarse, una de las hijas de Barrundia, la señora Teresa Barrundia de Bengoechea tomó un revólver fue a la Legación de los Estados Unidos en Guatemala, y entrando al despacho del embajador, lo encontró sentado en su escritorio y le disparó un tiro que fue a dar a un diccionario Webster que estaba en un atril.9 La familia del fallecido reclamó al gobierno estadounidense, generando un conflicto con los Estados Unidos que causó mucho revuelo en ese país, pero que al final se resolvió favorablemente para Guatemala, ya que ésta explicó que el ex-ministro había muerto cuando estaban intentando aprehenderlo por las siguientes razones:

  • Era contrabando de guerra y traidor a la patria, pues iba hacia El Salvador para unirse a un ejército invasor.
  • Había serias acusaciones sobre Barrundia por los crímenes que había cometido durante su gestión como Ministro de la Guerra del gobierno de Barrios.10

BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia; 1821-1921, Memorias de un siglo. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 490.
  2. Secretaría de Relaciones Exteriores (1891). Report of the secretary of foreign relations of the republic of Guatemala to the national legislative assembly concerning the capture and death of General J. Martín Barrundia (en inglés). Guatemala: El Modelo. p. 5.
  3. Ibid., p. 6.
  4. Polanco Pérez, Perla Patricia (2016)Ubico frente al héroe liberal: El Centenario de Barrios en la legitimación de la dictadura, Guatemala 1935. Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Humanidades. p. 68 y siguientes.
  5. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 508.
  6. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 7.
  7. Ibid., pp. 23-26.
  8. Ibid., p. 27.
  9. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 494.
  10. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 36.

14 de mayo de 1884: la Corte de Justicia ratifica la sentencia de muerte de los supuestos autores del atentado contra J. Rufino Barrios

 

14mayo1884
Los jardines del Teatro Nacional (anteriormente Teatro Carrera y posteriormente Teatro Colón) en 1870.  Aquí ocurrió el atentado contra el presidente Barrios en 1884.  En el recuadro: el general presidente J. Rufino Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación, por su importancia histórica, el prólogo publicado en la Gaceta de los Tribunales el 15 de mayo de 1884 al respecto de la sentencia contra los supuestos autores del atentado del 13 de abril de 1884 contra J. Rufino Barrios y su ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, ya que el mismo refleja el servilismo de los funcionarios de la época hacia la figura presidencial, la cual, a diferencia de lo que ocurre desde 1985 en Guatemala, controlaba todos los aspectos no solo del gobierno sino de la sociedad en general:

Atentado del 13 de abril:

Todavía están frescas y palpitantes las impresiones de pena, que en el ánimo de las gentes que rinden fervoroso culto a la moral, dejara el odioso atentado cometido ne la noche del 13 de abril próximo anterior. Todos los guatemaltecos, cediendo a las inspiraciones del afecto y al interés que el patriotismo dicta en favor de la causa pública, manifestaron no solamente sus votos de pláceme por la extraordinaria salvación del Sr. Presidente de la República y del Sr. Ministro de la Guerra, sino también su deseo de que se averigura quienes eran los autores del crimen y se procediera contra ellos como faese de justicia.1

La autoridad judicial que sin estímulos extraños, cumple siempre su deber con la regularidad que exige una recta aminidstración, ha satisfecho también esta pública ansiedad.  En efecto, la Comandancia de Armas de este Departamento, por medio de su Auditor, licenciado D. Vicente Sáenz, practicó sin descanso con exquisita diligencia y notable tino, la mayor parte, y pudiera decirse, casi todas las diligencias necesarias para indagar, con todos sus detalles, un crimen por mucho tiempo meditado y cometido con terribles e inusitados instrumentos a favor de las sombras de la noche.1

La sentencia de la Sala 1a. de Justicia, que ve la luz en este número, puso término a la causa, aprobando en todas sus partes el fallo de primera instancia.  En ella se fulmina la pena de muerte contra tres de los principales autores del hecho.  No será la Gaceta de los Tribunales, ni serán, seguramente, los Jueces que del asunto han conocido los que no abriguen sentimientos de conmiseración hacia esos, que habiendo perpetrado gravísimo delito, se hicieron merecedores de tan terrible pena.  El Juez 1°. de 1a. instancia y los Señores Magistrados trepidarían, no hay que dudarlo, al pronunciar su fallo; pero ni el Juez ni los Magistrados pudieron dar pábulo a los dictados de la clemente que, desgraciadamente, no estaban de acuerdo con el imperioso mandato de las leyes.1

Las especiales circustancias que rodean a países de nueva formación, en que los graves atentados contra el Jefe del Ejecutivo, atacan seriamente el orden y menoscaban el prestigio de la autoridad, exigen cierta saludable severidad para mantener incólumes los intereses de la sociedad, y conservar sin detrimento las importantes atribuciones delque es, en su respectiva rama, el primer representante del poder público. Por otro lado, en estas Repúblicas de Hispano-América, que tantas veces han sufrido el embate del huracán revolucionario y que por lo mismo tienen fatal predisposición a la anarquía, con todo su cortejo de horrores, parece debido tener a raya a los trastornadores del orden público, el cual se afectaría, sin duda, con la violenta desparición del ciudadado Presidente, que simboliza, en ciertas situaciones, el principio de paz, de progreso y bienestar.2

Día vendrá en que estos pueblos, ya completamente ilustrados, hagan de la libertad de que gozan, un medio seguro de usar bien de sus derechos, y conviertan la paz en árbol protector a cuya sombra se dediquen al trabajo fructuoso y honrado; día vendrá en que todo sea orden y regularidad y en que la máquina administrativa funcione en bien general sin obstáculos casi inseparables: entonces se alejarán las revueltas y las ambiciones de mala índole; se respetará a la autoridad, y no será tan necesario como doloroso, dictar severas medidas de represión. ¡Esos tiempos, por fortuna, llegarán pronto para nosotros, mercer a las atinadas disposiciones que en favor de la ilustración del pueblo, dicta diariamente la actual Administración de la República!2

La sentencia hace un recuento de los hechos ocurridos (redactados, eso sí, por Barrios, Barrundia y sus esbirros), los cuales se resumen a continuación:

    • Se declararon culpables los siguientes individuos:
      • Santos Soto y Castellanos de 43 años de edad, de profesión asentista
      • Jesús y Abraham Soto, de 20 y 15 años de edad, respectivamente. El primero era herrero y el segundo albañil
      • José Escobar, de 60 años de edad, sastre
      • Sebastián Macal, de 20 años de edad, fundidor
      • Rafael Rivera, de 16 años de edad, impresor y entenado de Santos Soto.2
  • Se hace énfasis en que todos los acusados sabían leer y escribir.2
  • Tras la explosión, el Mayor de Plaza, Manuel H. Ortigosa encontró un cordel de cáñamo desde el lugar de la explosión hasta la puerta de entrada a la alameda del Teatro y varios fragmentos de la bomba con ciertas palabras grabadas.
  • Al oir la explosión, Fernando Córdova corrió hacia el lugar de los hechos y vió a Santos Soto bajando corriendo las gradas del teatro; Soto le dijo que le preguntar a José Escobar que era lo que había ocurrido3
  • Soto y Escobar fueron capturados y enviados al Juzgado tercero de Paz, pues concluyeron que Soto había tirado del cordel de cáñamo para activar la bomba a distancia.3
  • El sordomudo Damián Cosme, usando como intérprete a su patrón Francisco González Campo, le dijo al Mayor de Plaza que había visto en casa de Soto a Abraham Soto y a José Escobar arreglando la bomba.3
  • Jesús Soto preparó la bola de plomo que sirvió de detonante, y la bomba por encargo de Santos Soto y con la ayuda de Sebastián Macal en la Escuela de Artes y Oficios.4
  • José Escobar fue quien dió la señal para tirar del cordel.

En vista de lo descrito, se confirmaron las siguientes condenas:

  • Muerte para Santos y Jesús Soto, y a José Escobar, con base en el Código Penal y a leyes contenidas en la Recopilación de Leyes de Indias5 (que había sido descartada tras la Independencia de España en 1821 pero que fue rebuscada para esta ocasión)
  • Presidio con calidad de retención a Sebastián Macal.
  • Prisión de diez años a Abraham Soto, a pesar de tener solamente quince años de edad.5

A pesar de las condenas, y de que en efecto fueron exhibidos en capilla ardiente y luego llevados al cadalso, los tres sentenciados a muerte no fueron ejecutados, sino llevados al Fuerte de San José, en donde a fuerza de torturas involucraron a más personas en el supuesto complot.5

De acuerdo al historiador y político liberal Francisco Lainfiesta, quien fuera Ministro de Fomento de Barrios en esos momento, Barrios ya mostraba claros trastornos mentales en la época en que ocurrió el atentado, lo que explicaría su feroz persecución de los supuestos implicados.  He aquí cómo describe Lainfiesta el estado mental del presidente guatemalteco:

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos y, repentinamente, se acercaba a decirnos:

‘Si ustede quieren, saquen a esa tal [Rodríguez] sáquenlo, sáquenlo, pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos’.

Esto decía y repetía con frecuencia como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: ‘Si esto no acaba pornto, va a parar en loco’.6

La situación en el despacho del general Barrios continuaba nebulosa y sombría; largas conferencias con el ministro de la Guerra [Juan M. Barrundia]; frases sentenciosas, miradas que parecían rayos; momentos de silencio, momentos de arrebato; la imaginación paseando ardorosa y desatentada sobre el sangriento escenario del cadalso; el caos, en fin, imperando en aquella cabeza formidable, que de tan formidable poder disponía.7

Los que han envidiado a los ministros del general Barrios y los que les han hecho un cargo de haberlo sido, ¡cómo no estuvieron ocupando las sillas ministeriales en aquellas horas!7

El egoísmo era en Barrios la suprema ley.  Morir él y que quedaran vivos [sus enemigos] y que fueran a reírse de él después de muerto, y acaso a poner en práctica lo que él suponía o presentía de ellos; eso no le cabía en la cabeza.  Llevar él el anatema o el odio, dimanados de ciertos actos que como absoluto dictador hacía ejecutar, y que no llevaran todos sus ministros el mismo odio y anatema, tampoco podía consentirlo.  De allí el mandato para que los ministros estuvieran frecuentando la cárcel pública durante la secuela del proceso […]8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Presidencia del Poder Judicial (15 de mayo de 1884). Atentado del 13 de abril. Gaceta de los Tribunales, IV 1, Guatemala. p. 1.
  2. Ibid, p. 2
  3. Ibid, p. 3
  4. Ibid, p. 4
  5. Ibid, p. 5
  6. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: Período de veinte años corridos del 14 de abril de 1865 al 5 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  7. Ibid, p. 329.
  8. Ibid, p. 336.

1 de noviembre de 1877: se descubre la “conspiración Kopesky” que pretendía asesinar al presidente J. Rufino Barrios

1noviembre1877
Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala en la época en que los conjurados fueron fusilados frente a la fuente de Carlos III.  Al fondo se aprecia el Palacio Colonial.  La casa del general Barrios estaba  en la esquina opuesta del Palacio y desde allí pudo ver los fusilamientos.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 1 de noviembre de 1877 se descubrió una conspiración cuyo objetivo era asesinar al general presidente J. Rufino Barrios y a otros importantes personajes del gobierno liberal.  Las personas implicadas, incluído el aventurero polaco Antonio Kopesky quien era comandante del Cuartel de Artillería, fueron juzgadas por una Corte Marcial, convictas y confesas, y diecisiete de los implicados fueron sentenciados a la pena capital y a condenas de cárcel.  Los principales conjurados fueron fusilados el 5 y el 7 de noviembre frente a la fuente de Carlos III, entonces en la Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala, y el resto fue indultado al cabo de poco tiempo.1  Las personas fusiladas al pie de la fuente fueron:

  • El 5 de noviembre:
    • José María Guzmán (carpintero)
    • Macario Santa María
    • Tomás González
    • Francisco Carrera Limón
    • Jesús Batres (comerciante, caficultor y ganadero; se mantenía en estado de embriaguez)
  • El 7 de noviembre:
    • Manual (o Gabriel) Aguilar (presbítero)
    • Antonio Kopesky (militar polaco)
    • Francisco de León Rodas (militar conservador guatemalteco)
    • Rafael Segura (poeta y escritor; empleado público)
    • José Lara Pavón (catedrático universitario, miembro de la familia Aycinena; ya era anciano)
    • Lorenzo Leal (conservador, pintor miniaturista)
    • Rafael Gramajo
    • Carlos Alegría
    • Cipriano Montenegro
    • Abraham Carmona
    • Enrique Guzmán (destilador de aguardiente)
    • Desiderio Montenegro2

La conspiración fue organizada por dos militares, el ya mencionado Kopesky y el Capitán Francisco de León Rodas. Kopesky había llegado a México con las tropas del emperador Maximiliano y luego de quedar inválido trabajó como mercenario en Centroamérica, donde había cometido una doble traición en Omoa en 1873 y a quien el presidente Joaquín Chamorro de Nicaragua había expulsado de ese país por conspitar contra su gobierno en 1875. A pesar de esto, había sido reclutado por Barrios para que colaborara en su ejército debido a su especialización en artillería. De León Rodas, por su parte, odiaba a Barrios desde una vez que lo había humillado públicamente. El resto de conspiradores eran dos militares, un grupo de civiles conservadores, otros que eran liberales de oposición y un cura párroco.

¿Cómo fueron los hechos?  El 23 de octubtre de 1877 la Asamblea Nacional Legislativa había cerrado sus sesiones después de declarar que el tiempo propio para hacer la Constitución de la República no había llegado.  Esto significaba que el presidente Barrios podría seguir gobernando con las amplias facultades discrecionales que le concedía el Acta de Patzicía, y extendiendo su período por cuatro años a partir de la emisión de aquel decreto.1 Esto creó mucho descontento entre los opositores de Barrios pues se daban cuenta que el presidente era en realidad un dictador con carta abierta para gobernar como mejor le pareciera.

De acuerdo a la versión oficial, los conspiradores querían emborrachar y narcotizar a los guardias del presidente, para luego entrar a la casa y acabar con todo aquel que se les cruzara por enfrente hasta llegar a Barrios y su familia y matarlos a todos.3  Pero el 31 de octubre de 1877, una anciana tocó insistentemente a la puerta de la casa de Barrios, hasta que fue recibida, y le aseguró al general presidente que era la madre de un soldado de artillería y que a la noche siguiente, un grupo se alzaría para matarlo a él y a su familia.  Barrios mandó a traer un grupo de cincuenta soldados de la Guardia de Honor y los colocó de guardia en el despacho presidencial, que estaba frente a la puerta de su casa (en donde en el siglo XXI se encuenta el Parque Centenerio), para que en caso de un atentado abriran fuego desde la ventana de su oficina.4

He aquí lo que le contró Barrios al presidente de Nicaragua, Pedro Joaquín Chamorro en una carga del 10 de noviembre de ese año:

“[…] he cortado aquí una conspiración de carácter muy grave para toda la sociedad, por el abominable plan de asesinatos en que se basaba. Era dirigda por una sociedad organizada a estilo de los carbonarios, y sus indivuos ligados como aquellos con juramentos terribles para la guarda del secreto. Debía ejecutarse en la noche del 1 de noviembre y darle principio un aventurero inválido llamado Antonio Kopesky, a quien por consideración tenía empleado yo como Comandante de una Brigada de Artillería. Entre los conspiradores figuraban algún individuo de la nobleza y algunos del clero, lo cual pudo colegirse desde que se tomaron los puñales, las mordazas y el veneno preparados para la matanza y demás lances de pillaje y violencia en que pensaban cebarse. Por supuesto, éramos yo y las personas de mi familia las primeras víctimas que debían inmolarse por medio de asesinos contratados para el efecto. Los detalles de ese plan causan horror: no se concibe cómo ha podido germinar en la mente de seres humanos.”5

 

Cuando el complot se descubrió los esbirros del gobierno capturaron a muchas personas, a quienes los juzgaron y sentenciaron a muerte en Corte Marcial como escarmiento para todos los enemigos del general Barrios de acuerdo al siguiente decreto:

“J. Rufino Barrios, General de División y Presidnete de la República de GuatemalaConsiderando: que uno de los más estrictos deberes es conservar la tranquilidad pública.

Que la lenidad de la actual Administración en vez de contener a los sediciosos ha servido para alentarlos en la vía de nuevos crímenes.

Y que los monstruosos atentados que en estos últimos días se proyectaron y comenzaban a ponerse en ejecución son una prueba flagrante de que no han bastado las disposiciones preexistentes para garantizar el honor, la vida y los intereses de los ciudadanos.  Con la mira de prevenir que en lo sucesivo se repitan crímenes de esta naturaleza, en uso de las facultades de que estoy investido,

Decreto:

Artículo 1°. Serán juzgados militarmente todos los reos de sedición, rebelión o conspiración.

Artículo 2°. De la misma manera serán juzgados sus cómplices, auxiliadores o encubridores.

Artículo 3°. Los delincuentes de que hablan los dos artículos anteriores, a más de las penas corporales que les corresponden, conforme a las leyes militares y de las indemnizaciones civiles a que están sujetos todos los reos, sufrirán una multa de la mitad a las dos terceras partes de sus bienes, segun las circunstancias.

Dado en Guatemala, en el Palacio de Gobierno a cinco de noviembre de mil ochocientos setenta y siete.  J. Rufino Barrios.  (Nota de HoyHistoriaGT: entre los firmantes estaban el ministro de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, doctor Lorenzo Montúfar, y el subsecretario encargado del Ministerio de la Guerra, Arturo Ubico).6

 

En virtud del decreto anterior, a todos los implicados los torturaron a palos en los calabozos de las cárceles, un método que era muy utilizado en aquella época.4  Si bien algunos sí estaban implicados, varios autores coinciden en que no todos los fusilados fueron realmente conspiradores, sino simples chivos expiatorios que Barrios utilizó para aterrorizar a la población y hacerle ver que no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera en su camino.Por ejemplo, he aquí lo que dice al respecto Santos Soto, un perseguido político de Barrios, al respecto de Jesús Batres, quien fuera fusilado el 5 de noviembre:

[…] después de la conspiración y fusilaciones de Noviembre de 1877.  Esa conspiración sirvió de pretexto, sin que yo haya tomado en ella ninguna participación.  Jesús Batres, uno de los que fueron entonces fusilados, era primo, compadre e íntimo amigo mío.  Hacíamos en sociedad varios negocios de compras de ganado y otros, en los cuales me daba la tercera parte de las utilidades.  Yo siempre he creído que Batres tampoco tuvo parte en la conspiración de 1877, porque yo conocía muy bien su modo de pensar, y porque siendo tanta la confianza y amistad que conmigo tenía, algo me habría comunicado.  Creo que su muerte debió ser motivada por algunas otras causas, y que Barrios aprovechó aquella oportunidad para matarlo.”7

 

Barrios, por su parte, lo relató así en su carta a Chamorro:

“Descubierto providencialmente a tiempo, pudo prenderse a casi todos los conspiradores principales y cómplices asesinos. Una parte de ellos recibió ya el castigo debido, ejecutándoseles en la Plaza Mayor, entre éstos un sacerdote, y un individuo de la nobleza, el Lcdo. don José Lara Pavón. Es satisfactorio ver que el Ejército compuesto de la clase sencilla y honrada del pueblo, no pudo ser contaminada para aquel funesto plan. Nuestra sociedad, pues, ha pasado días de espanto, imaginando la magnitud del peligro, los desastres sin cuento que debieron tener lugar ejecutados por una turba de ladrones y asesinos desbordada con puñal en mano, y ha presenciado impasible el tremendo castigo de los que tales escenas de barbarie meditaron y se proponían poner por obra. Esta es una lección que debe servirnos para ser aun más vigilantes contra el fanatismo”.4

 

El presidente vió los fusilamientos desde el balcón de su casa, que estaba ubicada en la esquina suroeste de la 6a. avenida y 8a. calle, frente al Palacio de Gobierno.2 Se cuenta que los parientes y amigos que quisieron recoger los cadáveres de los fusilados fueron hechos prisioneros y torturados a palos en las cárceles y cuarteles de la ciudad,8 y que “tan pronto como el paso por las entradas de la plaza quedó libre, una multitud de curiosos de todas las clases y condiciones, entre ellos muchas señoritas elegantemente vestidas, se precipitaron en un tumulto y con avidez para contemplar los sangrientos despojos de aquellos desgraciados“.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 202.
  2. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008) La fuente del caballito. Fe de errata y excusa para documentar la ajetreada historia de la fuente de Carlos III.  Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación.
  3. Contreras, Ana Yolanda (2017) Entre la ficción y la historia; desmitificación del gobierno liberal del general Justo Rufino Barrios en la novela “Sueño de los justos”. Centroamericana 27 (1); ISNN: 2035-1496. p. 68.
  4. Palma, Claudia (1 de noviembre de 2015) Los conjurados. Guatemala: Prensa Libre.
  5. Barrios, J. Rufino (10 de noviembre de 1877) Carta al Sr. don Pedro Joaquín Chamoro, presidente de la República de Nicaragua. Guatemala. p. 1.
  6. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 156.
  7. Rodríguez, Guillermo (Mayo de 1886) Exposición y documentos presentados a la Asamblea Nacional Legislativa por Guillermo Rodríguez, acusado y sentenciado con pretexto de la bomba del 13 de abril de 1884.  Guatemala: Tipografía de Arenales. p. 50.
  8. Alonso, América; Vela, Julia; Zurita, Cecilia (2017) Vida y obra, Lorenzo Leal y Miguel Leal.  Guatemala: Instituto de Investigación en Diseño y Arquitectura, Universidad Rafael Landívar. pp. 11-12.

13 de abril de 1884: una bomba estalla cerca del general J. Rufino Barrios y su Ministro de la guerra Juan M. Barrundia sin causarles daño

13abril1884
Esquina sudeste del Teatro Nacional (anteriormente Teatro “Carrera”).  Por aquí iban pasando J. Rufino Barrios y Juan M. Barrundia cuando la bomba estalló, pero no alcanzós a herirlos.  En el recuadro: grabado del general Barrundia, el temido Ministro de la Guerra de Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La noche del 13 de abril de 1884, el general presidente J. Rufino Barrios y su ministro de la Guerra general Juan Martín Barrundia paseaban por los jardines del Teatro Nacional (antiguamente “Teatro Carrera”) en la Ciudad de Guatemala, cuando de pronto, al llegar a la esquina sudeste, una bomba estalló cerca de donde se encontraban.1  De inmediato se reunieron allí Fernando Córdova, Javier Olaverri y Manuel Ortigosa, conocidos espías y esbirros de Barrios y Barrundia y procedieron a recoger fragmentos de la bomba, entre proyectiles, pita, bola de plomo, y punzón.  Además, recibieron órdenes inmediatas de Barrios de que capturaran a los que se encontraran en la fonda de Santos Soto, un viejo oponente de Barrios.  Después de eso, Barrios y Barrundia continuaron su paseo, a pesar de las heridas que se dijo que habían sufrido.2

Para entonces, las fortunas de Barrios y Barrundia habían crecido exponencialmente gracias a sus grandes fincas cafetaleras, a las leyes agrarias que favorecían estos cultivos y a las comisiones que les otorgaban las compañías que construían la infraestructura ferroviaria y portuaria en el país.  Y, aunque aquello era del conocimiento público, la sociedad no protestaba porque el control que Barrios y Barrundia ejercían no sólo sobre Guatemala sino sobre las vecinas Repúblicas de Honduras y El Salvador era prácticamente absoluto.3

Así pues, ante el tremendo atrevimiento de atentar contra la vida del general Barrios, nadie protestó cuando se produjeron persecuciones y torturas que fueron documentadas por Guillermo Rodríguez, quien fuera acusado y condenado como principal sospechoso del atentado.

En la fonda de Santos Soto, ubicada en la esquina opuesta a la esquina del Teatro en donde se produjo la explosión, capturaron a Soto y a su familia, además de José Cordero, José Escobar y Miguel Figueroa, y otras personas, algunas de las cuales se hallaban por el Teatro, y otras que fueron aprehendidas en sus casas y comenzó a instruirse averiguación ante un Juez de Paz.  (Soto era propietario de una fonda en la que se vendía aguardiente que producía junto con el hacendado Guillermo Rodríguez en la finca “El Palomar”, y ya había tenido problemas con Barrios por la “conspiración Kopesky” en noviembre de 1877, cuando un esbirro del presidente lo incriminó en una conspiración que hubo en esa oportunidad para así no pagarle 200 pesos que Soto le había prestado.  Soto era primo, socio  y compadre de Jesús Batres, uno de los fusiliados por ese complot y a raíz de eso Soto había estado preso y exiliado en San Marcos hasta 1882).  En la única declaración que pudo dar Cordero antes de morir, aparece que momentos antes de la explosión de la bomba, y en el propio lugar donde ésta se verificó, había visto a un hombre montado en la baranda del Teatro.4

Por la mañana trasladan a la cárcel pública a todos los aprehendidos y se continúan allí las diligencias en presencia y con intervención del mismo Barrundia, de los Ministros Díaz Mérida y Sáchez, del Director de Policía Roderico Toledo, y de otras personas más, quienes ordenan el tormento de los palos a Santos Soto, a Escobar, a Cordero y a otros, incluyendo a Jesús y a Abraham Soto y a Rafael Rivera, hijos y entenado de Santos Soto.  Aquella escena se repitió durante varios días, pero no todos resistieron.  Juan Leiva, muere en la Cárcel, asesinado segun unos, suicidado segun otros, sin que se le haya tomado declaración; José Cordero muere a palos en el Batallón N°. 3, a donde había sido trasladado; Miguel Figueroa desaparece misteriosamente, y Mariano Vásquez muere en la Penitenciaría.  Otro de los procesados, Tomás Santos, recibe quinientos palos cada día en el Batallón N°.2 y sus heridas son presa de los gusanos; por su parte, Sebastián Macal, por los insultos y terribles amenazas que le hace el mismo Presidente Barrios, es obligado a confesar que fue autor de la bomba.5

Le exigieron a Santos Soto a que nombrara como su defensor a Rodríguez, a quien obligaron a aceptar ese cargo a pesar de no ser abogado, y no le dieron el permiso que solicitó para hablar con su defendido, además de imponerle que presente la defensa en veinticuatro horas.  Rodríguez encontró en proceso las declaraciones de Jesús y Abraham Soto y la de Sebastián Macal, incontestables, que no le dejaron hacer defensa alguna.  En ese momento, Rodríguez no sabía como se habían adquirido aquellas declaraciones.5

El 5 de mayo el  Juzgado 1°. de la 1a. Instancia, condenó a muerte a Santos y Jesús Soto, y a José Escobar, aplicando leyes españolas, lo que fue ratificado por la Sala primera de la Corte de Justicia, el 9 del mismo mes, aplicando las mismas leyes.  A los condenados se les exhibió al público vestidos con una túnica negra y capirote durante su capilla ardiente, pero luego los trasladan nuevamente de la Cárcel pública al Fuerte de San José, donde los vuelven a torturar a palos pues la intención del gobernante era incriminar a un grupo de “nobles”.  El casitgo es tal, que Escobar murió en la noche del 16 de mayo, mientras que Santos Soto es obligado a presenciar los palos que le dan a su hijo Jesús, mientras a él mismo lo están tortuando.  Hasta entonces, Santos había tenido la fortaleza de no mentir ante las exigencias de sus verdugos, pero ya no pudo y ya moribundo cedió a la exigencia del general Barrios, que dirigía aquellas torturas en persona quien lo tomó del pelo y le exigió que dijera que “Guillermo Rodríguez es el de la bomba“.6

Tras procurar medicinas y médicos para Soto, Barrundia se presenta al Fuerte de San José y obliga a Soto a firmar una declaración preparada de antemano y con ella proceden a capturar a Rodríguez el 18 de mayo, a quien dejan incomunicado en las bartolinas. El 19 lo llevaron ante el Auditor Vicente Sáenz, quien le tomó la primera declaración y le hizo ver que no podía haber sido Rodríguez quien hizo la bomba, pues el regresó a Guatemala de Europa en septiembre, y la bomba estaba lista desde mayo.7

Capturaron también a Cresencio Vera, quien era el mayordomo de la finca “El Palomar”, propiedad de Rodríguez, pero éste se salvó de que lo torturaran por ser ciudadano mexicano. Y además capturaron a todos los que trabajaban en la finca, incluyendo a hombres, mujeres y niños y a algunos de los hombres los torturaron a palos mientras que al resto le hicieron amenazas y promesas para que acusaran a Rodríguez. (De hecho, Rodríguez reproduce en su alegato una declaración de Santos Soto en la que éste indica que Barrios quería aprovechar aquella coyuntura para inculpar y encarcelar a varios personajes que le molestaban, entre ellos José María Samayoa, el general Julio García Granados, Carmen Cruz, Valerio irungaray, el general Felipe Cruz, José Batres y Manuel Urruela; Barrios le pidió a Soto tras numerosas torturas que los inculpara pero éste no lo hizo).8

Aparentemente, al final de uno de estos careos Barrios habría tomado un rifloe y se puso a tirar al blanco con uno de sus esbirros, riéndose y diciéndole que esos tiros seguramente asustarían a la gente en la ciudad, que debían creer que estaban fusilando a alguien y que le gustaría ver “cómo se pondrían todos los nobles al ver cómo había mandado a Rodríguez.”9

Barrios y Barrundia se turnaban para aleccionar a los acusadores o testigos y preparaban a Soto para los careos con Rodríguez, quien prácticamente no pudo defenderse y fue acusado de rebelión, de levantar a los pobladores en las inmediaciones de la ciudad, y hasta de reunirse en casas particulares en un complot para derrocar al gobierno.  Ante todo esto, Rodríguez es condenado a muerte el 21 de junio de 1884, mientras que se absolvió a su mayordomo, Cresencio Vera; su sentencia fue confirmada por la Corte de Justica el 27 de junio.  De acuerdo al alegato de Rodríguez ante la Asamblea, “la sentencia fue confirmada a pesar de contradicciones graves y evidentes y de que para entonces ya era obvio que se había empleado el tormento para obligar a todos los declarantes” e indica que los jueces y magistrados “buscaron un ardid para fundar la condenatoria a muerte que les mandaban a imponerle“.10

A Rodríguez le esperaba una humillación final: el 4 de julio, al medio día lo llevan, vestido con una túnica negra y capirote, con los brazos atados y en medio de una escolta hasta la casa de Barrios, quien le da una carta que dice: “Guillermo Rodríguez queda indultado de la pena de muerte y de la Inmediata Superior a que fue condenado por los tribunales de la república por el atentado del 13 de abril último. L. y R.  Barrios“.  El presidente también indultó a Soto, Miranda y Macal y el 27 de julio Rodríguez sale al exilio a Europa.11


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 204.
  2. Rodríguez, Guillermo (Mayo de 1886) Exposición y documentos presentados a la Asamblea Nacional Legislativa por Guillermo Rodríguez, acusado y sentenciado con pretexto de la bomba del 13 de abril de 1884.  Guatemala: Tipografía de Arenales. p. 3.
  3. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 26.
  4. Rodríguez, Exposición y documentos presentados, p. 4.
  5. Ibid, p. 5.
  6. Ibid, p. 6-7
  7. Ibid, p. 7.
  8. Ibid, p. 84.
  9. Ibid, p. 91.
  10. Ibid, p. 8-9.
  11. Ibid, p. 14.

22 de marzo de 1885: El Salvador, Costa Rica y Nicaragua firman en Santa Ana, El Salvador el Tratado de Alianza contra la Intentona de Barrios

22marzo2020
La ciudad de Guatemala en 1885, cuando J. Rufino Barrios empredió su campaña de Unificación de Centroamérica.  En el recuadro: el presidente de Guatemala, J. Rufino Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras presentar con bombos y platillos su decreto de Unión Centroamericana el 28 de febrero de 1885, el presidente de Guatemala, general J. Rufino Barrios, estaba convencido de que el proyecto sería aprobado por los liberales de todos los países de la región. Pero aunque la Asamblea Legislativa le era incondicional y lo apoyó al 100%, los problemas se dieron de inmediato cuando varios miembros de su gabinete no lo respaldaron, por lo que los destituyó de forma inmediata. Y luego tuvo problemas con los representantes diplomáticos, que solamente acusaron recibo del decretro y anunciaron que lo harían del conocimiento de sus gobiernos, con excepción de Alemania, Italia y España; los diplomáticos de los dos primeros felicitaron la iniciativa, dado los fuertes intereses que esos países tenían ya en Guatemala, mientras que el de España indicó que iba a esperar que decía El Salvador al respecto, pues era embajador de esa República también.

El presidente de Honduras, Luis Bográn, era títere de Barrios, y expresó de inmediato su apoyo a la iniciativa, mientras que el resto de países del área se opusieron a ella; pero el caso del presidente salvadoreño, Rafael Zaldívar, fue especial, pues al igual que Bográn había llegado al poder gracias a Barrios e incluso le pasaba un impuesto feudal cada año en reconocimiento por ello. Zaldívar estaba en una posición difícil el 8 de marzo le comunicó a Barrios por telégrafo que aún no podía responder pues debía esperar la resolución del Congreso. Barrios, molesto por la respuesta ambigua de quien consideraba su títere en El Salvador, le contestó:

“Y usted, de quien por haberse manifestado el más entusiasta y amigo, debí esperar emitiría desde luego un decreto de adhesión, resulta ahora convocando al Congreso para darle conocimiento de mi decreto, en vez de adoptar la resolución inmediata y enérgica que correspondía.”

“Mi determinación es irrevocable, y todo lo que no sea secundar desde luego la idea que he proclamado, será envolver a todo el país en una gran revolución, de la cual a usted y solo a usted y a su círculo, haré responsables ante Centroamérica. Reunir al Congreso como usted quiere, me parece enteramente inútil, cuando se trata de una causa que todos los gobiernos, por sus respectivas Constituciones, están obligados a abrazar y que ningún centroamericano puede atreverse a combatir.”

Para intentar hacer ver aquel proyecto como un ideal liberal y no como algo resultado de su ambición personal, el 9 de marzo de ese año Barrios publicó un manifiesto afirmando que no aspiraba a la Presidencia de la República de Centroamérica, y estaba decidido a no aceptarla en caso de que se le propusiera ocuparla. Pero el riesgo de que intentara lograr la Unión por la fuerza llevó a temer una guerra en Centroamérica.  Pero ante la amenaza de una invasión armada, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador solicitaron de inmediato el apoyo de México, y Honduras optó por aliarse con Guatemala. Y por ello, el 10 de marzo de 1885, el presidente mexicano Porfirio le respondió así a Barrios:

“La resolución tomada exclusivamente por la Asamblea de esa República es rechazada con energía por gobiernos y pueblos de las demás repúblicas centroamericanas, según telegramas que he recibido de Nicaragua, Costa Rica y El Salvador. Esta circunstancia, y la impresión creciente que la noticia causa en el pueblo mexicano, influirán en la actitud que ha de tomar el Gobierno a mi cargo ante una emergencia que es una amenaza contra la independencia y autonomía de las nacionalidades de este continente.”

México estaba a favor de la Unión, siempre y cuando no se realizara de manera forzada y se llevara a cabo por la voluntad de los pueblos involucrados; poco después, Porfirio Díaz ordenó cerrar la legación de México en Guatemala y trasladar la sede a El Salvador, donde también estaba acreditado el mismo ministro como tal.

A pesar de este apoyo, en 1885 el gobierno mexicano no mostró señales de que buscaba aprovechar la situación para apoderarse de territorio guatemalteco, pues México atravesaba entonces por una crisis económica grave; situación que había provocado la pérdida de empleos en varios sectores. Esto, no obstante, no impidió que ese país reforzara su frontera a mediados de marzo, cuando Porfirio Díaz ordenó la movilización de alrededor de quince mil hombres a la frontera con Guatemala, pues existía el temor a que Estados Unidos interviniera e incluso aprovechara la situación para apoderarse de territorio centroamericano, lo que colocaría a México en una situación difícil, al tener como vecino a dicho país tanto en el norte como en el sur.

Con respecto a los Estados Unidos (que entonces todavía no eran la potencia mundial que es en el siglo XXI, aunque sí era poderoso) al principio fue incierto el modo en que procedería el gobierno de Estados Unidos ante la acción de Barrios; a esto contribuía que a principios de marzo Grover Cleveland había tomado posesión como presidente de EE UU, siendo el primer demócrata que lo hacía en 16 años.  Pero conforme el conflicto se tornaba más serio, la posición de EE UU se fue esclareciendo; el Senado reprobó la conducta de Barrios, y acordó que cualquier invasión de Guatemala a territorio nicaragüense o costarricense, para constituir la Unión, sería considerada “como una intervención poco amistosa y hostil a los derechos de los Estados Unidos, de Nicaragua y de Costa Rica.” Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense envió cuatro buques a costas guatemaltecas, “para que se presenten en el acto como fuerza moral” y si fuera el caso, para brindarles apoyo material a los países amenazados por Barrios. Si bien Centroamérica carecía de recursos estratégicos, tenía poca población y baja prioridad para las inversiones económicas de EE UU , era importante como zona de tránsito entre los océanos Pacífico y Atlántico. Su interés principal estaba entonces en Nicaragua, donde preveía la construcción de un canal interoceánico, cuyos beneficios el gobierno nicaragüense había invitado a compartir al resto de los países centroamericanos.

De hecho, en Nicaragua acusaban a Barrios de haber iniciado su intentona de Unión Centroamericana al saber que Nicaragua no había logrado concretar el tratado con los Estados Unidos para construir el Canal Interoceánico en ese país. Y es que al principio Barrios apoyó el proyecto propuesto por Estados Unidos, e incluso había buscado y aceptado su mediación, tanto en 1881 como en los años subsecuentes, para evitar un conflicto con México por la cuestión fronteriza. Sin embargo, cuando proclamó la Unión de Repúblicas Centroamericanas también hizo alusión al riesgo que representaba la pequeñez frente a países más poderosos.

El 8 de marzo, el Congreso de Nicaragua autorizó al presidente Adán Cárdenas para que, solo o aliado con otros países que quisieran defender su autonomía, organizara la defensa nacional sin omitir esfuerzo ni sacrificio alguno, y responsabilizó a los agresores de las consecuencias que provocara la guerra. Dos días más tarde, la misma Legislatura publicó un manifiesto en el que, luego de reprobar el decreto de la Unión, invitó al pueblo nicaragüense a tomar las armas contra el invasor. El 12 de marzo Nicaragua movilizaba ya a miles de hombres armados a la frontera con Honduras, mientras Costa Rica reunía tropas para moverlas al primer aviso a los límites con territorio nicaragüense, con el fin de detener a los invasores.

El de 20 de marzo por la tarde llegaron a Santa Ana, El Salvador, los delegados de Nicaragua y Costa Rica quienes se reunieron con el presidente Zaldívar al día siguiente para tratar sobre la posición de las tres repúblicas frente a la inminente invasión armadas de Barrios.  El 22 de marzo, su posición fue publicada por medio del Tratado de alianza entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, para oponerse al “salvaje de San Marcos” (como ellos llamaban al general J. Rufino Barrios) que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas.


BIBLIOGRAFIA:


18 de noviembre de 1881: se abre oficialmente la Penitenciaría Central para que los reos varones cumplan sentencias

18noviembre1881.jpg
Vista aérea de la Penitenciaría Central y del Estadio “Autonomía” en la década de 1950.  Este espacio es ocupado en el siglo XXI por el Ministerio de Finanzas y el Banco de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Una de las prisiones más lúgubres y terribles que han existido en la Ciudad de Guatemala es la trístemente célebre Penitenciaría Central, en donde purgaron sus condenas muchos presos varones entre 1881 y 1957, cuando fue finalmente clausurada por el gobierno del coronel Carlos Castillo Armas.  La estructura fue demolida en 1968 para dar luegar a la construcción del edificio del Ministerio de Finanzas Públicas y parte del Centro Cívico de la Ciudad.

La Penitenciaría empezó a recibir presos el 18 de noviembre de 1881, como lo muestra el siguiente decreto del general J. Rufino Barrios:

Palacio Nacional: Guatemala, 18 de noviembre de 1881

Habiéndose terminado ya la parte del edificio de la Penitenciaría de esta ciudad, destinada para recibir a los reos condenados por sentencia firme; y atendiendo, por una parte, a que allí se encontrarán éstos, por la amplitud del local y por otras favorables circunstancias en mejores condiciones que en la cárcel pública; y deseando además que cuando ántes vaya haciéndose la posible separación entre los que ya están condenados por ejecutoria a ciertas penas y los procesados que no lo están todavía, el Presidente de la República acuerda:

  1. Que los presos que actualmente cumplen en la cárcel de hombres de esta capital condenas de obras públicas o de más de un año de prisión, sean trasladados a la Penitenciaría para continuar extinguiéndola allí, en la forma que proceda, conforme a los términos de la sentencia respectiva; y
  2. Que igualmente sean trasladados al mismo edificio, para el cumplimiento de sus condenas, en los mismos términos expresados, los que en lo sucesivo fueren remitidos de los otros departamentos a la cárcel de éste o por los tribunales del último fueren condenados a pena que exceda de un año de arresto o que tenga la calidad de obras públicas.

Comuníquese.

  • J. Rufino Barrios
  • Cruz

Se inició así la triste historia del recinto, en donde muchos presos políticos padecieron torturas y vejámenes entre 1881 y 1957.  Del gobierno de Barrios, y su ministro de la Guerra, Juan Martín Barrundia, se cuentan terribles historias sobre los tormentos que sufrían sus enemigos en la Penitenciaría, como indica el embajador mexicano Federico Gamboa en “Mi Diario“, publicado en 1910:

“A los términos de la calzada, dándole la espalda a edificio de líneas agradables, […], otro monumento muy italiano en su factura y en sus componentes, erigido a la memoria del general D. J. Rufino Barrios. Allí está él, cabalgando en brioso bridón que parece fuera a despeñarse, y empuñando en su diestra la bandera de esta patria suya, que él trató con tantísima crueldad y dureza tanta. ¿Será de veras la muerte un Leteo?…

Lo pregunto porque aún existen centenares de familias que le narran a usted pormenorizadamente las persecuciones horrorosas y los tormentos bárbaros que el general Barrios consumó en sus deudos muertos, y sin embargo, aquí está él, en monumento de bronce y mármoles, en actitud heroica, con coronas de flores agostadas que indican que la gratitud nacional viene y las deposita en el pedestal, de cuando en cuando; y una agrupación política, que se llama a sí misma liberal, ha hecho de la memoria de Barrios, tan escarnecida por algunos, su símbolo, su arquetipo y su modelo.

Si se tratara de escribir la historia de este país, ¿a quién habría que hacerle caso, a los que atacan al hombre con pruebas fehacientes en su contra, o a los que lo defienden y dignifican?… ¡Allá ellos!

Guillermo F. Hall, un acomodado banquero de origen británico y padre de la escritoria Elisa Hall de Asturias, escribió su propio libro, “La Penitenciaría de Guatemala“, luego de haber estado en prisión por haberse negado a hacer negocios turbios con los allegados del presidente Manuel Estrada Cabrera. En su obra, Hall describe lo siguiente sobre la época de Barrios y Barrundia:

“Tata Juan” era el decano de la penitenciaría, había permanecido en ella desde su fundación. Había sido verdugo de los tiempos de Rufino Barrios y Barrundia.​ Era la conversación favorita de este rufián el referir a sus admiradores los crímenes que había cometido, tanto por cuenta propia, como en su carácter de verdugo. […] Hacía alarde de haber [asesinado] por su propia cuenta a veintiséis individuos; no recordaba a cuantos había dado muerte a palos en las bóvedas de la penitenciaría por orden de Barrunda y de Barrios -¡eran tantos!​ Contaba […] el modo cómo procedía a cumplir las órdenes de sus amos; cómo después de propinar a sus víctimas doscientos o trescientos palos, se acostaba un rato a descansar al arrullo de los ayes de su “paciente” [para luego reanudar] la tarea con más encarnizamiento, dándole palos sobre los ojos para deshacérselos, porque […] “así gritaban menos”.

Las atrocidades que sucedían en la lúgubre prisión no terminaron con la muerte de Barrios en 1885. Al contrario, en el libro “¡Ecce Pericles!“, el escritor conservador Rafael Arévalo Martínez describe lo que ocurría en el recinto a los presos políticos durante el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera, todos ellos miembros del Partido Conservador. Por su parte, en la obra “Hombres contra Ombres” del escritor Efraín De los Ríos, éste relata los vejámenes que sufrió en carne propia por los esbirros del presidente Jorge Ubico; De los Ríos menciona al famoso “Tatadiós“, quien residió muchos años en la Penitenciaría y era el cruel y desalmado encargado del denominado “callejón de los presos políticos”.

El escritor conservador Manuel Coronado Aguilar, quien estuvo preso en la Penitenciaría, escribió que “Roberto Isaac, alias “Tatadiós”, es una figura social-histórica guatemalense, digna de un minucioso estudio en los campos jurídico-criminológicos. Para unos, Roberto fue un delincuente vulgar, homicida reincidente; para otros, un hombre terrible, producto del hampa; para no pocos, un sujeto frustrado, de ímpetus irreflexivos; y para muy contados, nosotros entre éstos, un enfermo grave, que por haberlo abandonado nuestra sociedad que nunca o muy poco se ha preocupado de esta categoría de seres desglosados de la vida normal, se lanzó por el empinado atajo del crimen. Roberto Isaac entraba en un “estado patológico” siempre que ingería licor, el que lo obligaba a perturbaciones consecutivas mentales y hasta fisiológicas, de efectos extensivos, que lo precipitaban hacia la impulsión y hacia la tendencia morbosa.”

Incluso durante el gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán hubo torturas en esta prisión, siendo una de las víctimas el coronel Carlos Castillo Armas, a quien sus allegados ayudaron a escapar cargándolo porque no podía caminar por los castigos recibidos.


BIBLIOGRAFIA:


4 de agosto de 1883: el presidente Gral. J. Rufino Barrios emite un decreto solicitando a los guatemaltecos financiar la construcción del Ferrocarril del Norte

4agosto1883
Mapa que muestras las estaciones del Ferrocarril de Norte, cuando se terminó su construcción.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El presidente general J. Rufino Barrios pensó unir a la Ciudad de Guatemala con la costa del Atlántico por medio de un ferrocarril, en igual forma como se había hecho con la costa del Pacífico, por lo que el 4 de agosto de 1883 emitió un decreto “excitando el patriotismo de los guatemaltecos“, a efecto de que con sus propios recursos se construyera el Ferrocarril del Norte como una empresa nacional. Para tal efecto, se imponía una suscripción anual y obligatoria de cuatro pesos durante 10 años, que debían pagar todas las personas que devengaban más de ocho pesos mensuales, con derecho a ser accionistas y así llevar a cabo la obra con fondos de los propios guatemaltecos.

El principal beneficiado con esta nueva línea de ferrocarril sería el Gral. Barrios ya que no solamente tendría bonos, acciones y dividendos de la compañía constructora, sino qu el tren le sería de enorme utilidad para transportar los productos de sus fincas cafetaleras, ganaderas y de otros productos.

He aquí el decreto:

A los guatemaltecos.

Conciudadanos:

El Decreto emitido en esta fecha, os impone de la resolución que he adoptado con el objeto de hacer efectiva con los recursos propios del pais, la obra importantísima del camino de hierro, que debe abrir á la República, para su prosperidad y engrandecimiento, la ruta del Norte; llamada á dar pronta salida á nuestros productos, llamada á promover y sostener el cultivo de inmensos terrenos, hoy abandonados; llamada, en fin, á traernos por las corrientes del Atlántico, los progresos de la civilización en grande escala.

Al tomar esa resolución, y al imponeros el pequeño sacrificio de hacer un corto ahorro anual, que os será devuelto con creces
por la misma obra á que se destina, creo haber interpretado el sentimiento nacional que en diversas ocasiones se ha hecho ostensible en favor de este pensamiento, que libra al pais do los costosos sacrificios que regularmente originan las concesiones privilegiadas á compañías extranjeras.

La obra que vá á emprenderse no es superior á nuestros recursos; y ejecutada per nuestra propia cuenta, habrá de parecemos excesivamente barata, cuando llevada á término, nos encontremos
disfrutando de sus inapreciables
beneficios. Esta pues es la herencia que podemos legar á nuestros hijos, porque de ella depende la riqueza del porvenir; y
será dentro de breve tiempo una
halagadora realidad, si el espíritu y la convicción que me asisten al emprenderla, encuentran, como lo espero, el auxilio y la cooperación eficaz de mis conciudadanos.

La forma adoptada para reunir el capital que demanda la construcción del ferrocarril al Norte, distribuyendo en largos plazos la pequeña suma que habrá de pagarse por suscrición, está combinada con la mira de que la clase pobre pueda cubrirla fácilmente, al mismo tiempo que sin esfuerzo, irá formando con esas cortas sumas un ahorro, que al finalizar la obra, le será de gran provecho. La misma combinación se presta para que las clases acomodadas puedan concurrir a la empresa, según la escala de sus fortunas.

A unas y otras clases, hago, pues, el llamamiento mas enérgico, en nombre del porvenir de la Patria, para que inspirados en el deseo de su grandeza y felicidad, trabajemos resueltamente en esa obra del ferrocarril del Norte, que encierra para nuestra querida Guatemala, las más hermosas esperanzas: conquistemos la gloria de ser justamente bendecidos por las generaciones venideras, cuando la historia les recuerde que al espíritu patriótico de los guatemaltecos de 1883 deben el primer paso de la locomotora desde el Atlántico al Pacífico.

jConciudadanos! Dia de inmensa gloria y regocijo será aquel en que el grito estridente del vapor, viniendo del Norte, llame á las puertas de nuestra bella Capital: apresuremos pues la llegada de ese grandioso dia, por la unión de nuestra voluntad, de nuestro esfuerzo y de nuestro trabajo.

Guatemala, Agosto 4 de 1883.
Vuestro conciudadano y amigo.
J. Rufino Barrios.

Pero la construcción del Ferrocarril del Norte era mucho más larga y difícil que la del Pacífico y cuando el General Barrios murió en 1885, los trabajos del ferrocarril se suspendieron; para entonces solamente se habían tendido 32 kilómetros de rieles. No obstante, Barrios ya se había beneficiado económicamente pues poseía trescientas caballerías del gran lote “Los Andes” a las riveras del Motagua y del trayecto construido del Ferrocarril del Norte en Izabal.

La obra no se pudo continuar durante el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas, y fue hasta que el gobierno del general José María Reina Barrios emprendió decididamente el proyecto que se construyó la línea hasta El Rancho.

La catástrofe económica y posteriores revoluciones en 1897 no permitieron construir el ferrocarril sino hasta en 1907 por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.


BIBLIOGRAFIA:


3 de agosto de 1885: se publica un desglose de la fortuna millonaria que acumuló el fallecido general J. Rufino Barrios durante su gobierno y que heredó su viuda Francisca Aparicio

3agosto1885
Francisca Aparicio y Mérida, cuando ya era la marquesa consorte de Vistabella, y quien fuera conocida por los guatemaltecos de su época como “doña Paca”. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La herencia que dejó al morir el general J. Rufino Barrios fue considerable y pasó íntegra a su viuda, Francisca Aparicio de Barrios. El documento original del inventario fue elaborado sobre la base de una auditoría realizada el 3 de agosto de 1885 por Carlos F. Murga, quien percibió seis mil pesos por sus servicios.1,2

He aquí el desglose:

Inmuebles matriculados para el 3 por millar (valores aproximados)3

Tipo de bienes Descripción Monto
Urbanas
Casas de dos niveles en la esquina del Mercado en donde estaba el Hotel Universal 80.000
Casas de dos pisos 6.ª avenida sur, número 41 18.000
Casa en la 13 calle poniente 1.000
Casa en el camino del Guarda Viejo N/A
Casa en el Barrio de la Libertad N/A
Dos casas en la antigua casa de la neveria del Carmen N/A
Una casa en Quezaltenango N/A
Fincas
La Majada“, jurisdicción de Mixco N/A
Los Tarros“, jurisdicción de Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla (esta finca la heredó a Luciano Barrios)2 N/A
Rodeo” del Incienso, departamento de Guatemala N/A
Paso Antonio“, en Escuintla N/A
El Barón N/A
Primavera” en San Cristóbal, Verapaz N/A
“Punían” en Escuintla 28.000
El Porvenir” en San Pablo, en San Marcos4; esta finca la describe el cercano colaborador de Barrios, el licenciado Francisco Lainfiesta, de la siguiente forma: “El general Barrios había dado principio al cultivo a gran escala del café, creando la finca colosal de su propiedad, nombrada “El Porvenir”; al pie del volcán Tajumulco; cuya finca es la mayor con que cuenta la República, hasta la fecha en que escribo (1886)”.5 N/A
El Rodeo” en San Marcos 30.000
Pacajá” en Quezaltenango 20.000
Las Salinas de Santa Eulalia en Huehuetenango, con instrumento de maquinaria 30.000

Inmuebles no matriculados para el 3 por millar (valores aproximados)6

Tipo de bienes Descripción Monto
Bienes raíces
Finca “El Malacate” en San Marcos7 60.000
Finca “Los Cerritos” de Nowas 10.000
Finca “Chuvá” en Quezaltenango 4.000
Finca “El Sauce” en Izabal 4.000
Un lote de los cinco de la Colonia Belga Santo Tomás, Izabal 10.000
Un terreno comprado a Encarnación Mazariegos en Escuintla 1.000
Un lote baldío junto Hacienda “Los TarrosEscuintla 800
La Finca “Monte Largo“, comprado a familia Beteta que cedió gratis al general Cruz 4.000
Salinas de Magdalena en el Quiché, con instrumentos de maquinaría 25.000
Una casa en Quezaltenango calle de San Nicolás 4.000
Fincas en sociedad con Felipe Márquez en las islas “El Mico” y Quiriguá en Izabal 30.000
Finca en sociedad con Ramón Murga, “El Ingenio de ArrivillagaAmatitlán 100.000
Una casa en Nueva York2 300.000
Mobiliario
En alhajas y muebles2 300.000
En cinco mil fanegas de maíz en San Rafael Mixco 20.000

Derechos y acciones8

Tipo de Ingreso Descripción Monto
Derechos en 1885
Participaciones sociales en 8.000 vales dotados, en que es su agente Felipe Márquez 400.000
Producto de 60.000 quintales de café que exportó a $10 liquidado 600.000
Producto de beneficio y venta de ganado de sus haciendas 100.000
Producto de panela y artículos de sus fincas 50.000
Producto de sal de sus salinas 10.000
Por $500 diarios que le pagó la administración de licores 45.000
Por $200 diarios que le pasaba la pagaduría militar y cien el Cuerpo de Artillería 27.000
Por utilidades en las empresas de vales; ferrocarriles, Bancos etc. N/A
Por gastos extraordinarios de representaciones que se hizo entregar N/A
Por el producto de una caballería N/A
Por el producto de un almacén de licores y comestibles en su casa N/A
Por tributo feudal que le mandó en el primer trimestre del año del presidente Rafael Zaldívar de El Salvador 45.000
Por utilidades en las contratas con el Gobierno, por medio de su agente Márquez
Por participación en Sociedad en el almacén de Licores y conservas de Antonio Mengarejo, sin pagar impuestos aduaneros de importación 25.000
Acciones
Banco de Occidente 30.000
Ferrocarril de Champerico concedidas gratis por no indemnizar propiedades particulares y dar todo el apoyo debido N/A
Ferrocarril del Sur, como el anterior N/A
Ferrocarril Urbano N/A
Agencias de San José y Champerico, además de los $25.000 anuales que le pasaban N/A

Inventario adicional9

Inventario Descripción Monto
Activo
Posesión de 300 caballerías del Gran lote “Los Andes” a las riveras del Motagua y del trayecto construido del Ferrocarril del Norte en Izabal. 6.000
Un palacio en París, Francia, en la calle de Lafayette 400.000
La finca San Rafael en Mixco que donó á su hijo, el general Benancio Barrios 4.000
La finca denominada “Salazar” donada al general Benancio Barrios 14.000
Pasivo
Producto de sociedad en la Casa de Préstamo de Aquiles Assardo 50.000
Participación en la compañía de vapores de Guatemala en el Atlántico girando principalmente con banano en Livingston N/A
Participación en la extinguida sociedad con D. M. Forestier de siembra en Gualán y Zacapa N/A
Acciones en la sociedad agrícola de Quina en Baja Verapaz 20.000
Donación recíproca del gobierno mejicano 600.000
Suma general $3.792,600

De los negocios, o rentas con que formó su haber y sus millones el general Barrios en bancos extranjeros (valores aproximados)10

De acuerdo al colaborador de Barrios, el licenciado Francisco Lainfiesta, “habiendo entrado Barrios en creación de fincas de café y de ganado, y en grandos compras de artículos, necesitaba de una buena parte de las rentas nacionales (sus rentas) para alimentar aquellas operaciones.  Además, había comprado algunos solares o edificios viejos de consolidación y hacía construir hermosas casas; y esos gastos tenían que salir del mismo fondo.  De nada de esto hacía el gran misterio, paliando lo que pudiera decirse, con pagar de cuando en cuando algún presupuesto militar o algunos sueldos de maestros de escuelas con fondos que sacaba de su armario, para que se viera cómo tenía a su disposición de todos su peculio particular.  Más adelante, abandonando toda muestra de disimulo, hará de la renta de aguardientes se pase diariamente la suma de quinientos pesos a uno de los bancos de la capital para los asuntos urgentes del servicio y de esas sumas nadie conocerá la inversión“.5

Descripción Monto
La renta diaria de la administración general de licores desde julio de 1873 Aprox. 2.400,000
La renta diaria desde julio de 1871 al 3 de agosto de 1885 de la administración central de occidente 50.000
Las diferentes cantidades mandadas traer por sus ayudantes a la Administración central y departamentales de Occidente, a la Tesorería general de Rentas Comunes y a la Administración general de licores de la república: 4.000,000
Los $50.000 con que lo agració la Asamblea Constituyente 50.000
Sus sueldos de Teniente general, primero, y después de Presidente con gastos de Representación del estado 240.000
Sus exportaciones de café por diez años hasta el año de 1884. 4.000,000
Sus beneficios de ganado sin pagar impuestos por diez años 1.000,000
Su venta de panela y otros productos de fincas por catorce años 800.000
Desde 1873, los $25.000 anuales que le pasaba la agencia de Champerico 800.000
$300.00 diarios desde 1871 que le sacaban extraordinariamente del presupuesto militar 424.000
El tributo feudal que le pasó por 9 años el presidente Rafael Zaldívar de El Salvador a $200.000 anualmente 1.800,000
El tributo feudal que pasó Soto de Honduras en tabaco, ganado, sin pagar exportación por $60.000 anuales y luego Bográn -en dinero en 9 años 540.000
Los dividendos sobre el Ferrocarril del Sur 30.000
Los dividentos sobre el Ferrocarril de Champerico 60.000
Dividendos sobre el Ferrocarril Urbano 10.000
Las cantidades que se apercibió del gran capital de la Carretera al Norte, y por medio de Contratas con sus socios y agentes 200.000
Grandes cantidades que se hizo llegar del Banco Nacional, de los bienes de Desamortización 500.000
De los bienes de Redención de Censos 200.000
Por valores de baldíos y redenciones que directamente le entregaban los interesados 300.000
Por cuotas negativas por no ponerles estancos de chicha y aguardientes a algunos pueblos indígenas 100.000
Por cuotas de escusas de ir algunos pueblos a trabajar a los ferrocarriles en que lo mismo lucraban algunos jefes políticos 100.000
Productos de sus salinas en Santa Eulalia, departamento de Huehuetenango 100.000
Producto de las salinas de Magdalena en el Quiché 20.000
Participación en sociedad con Antonio Melgarejo, en su almacén de Licores y Conservas sin pagar derechos aduaneros 100.000
Participación en varios negocios con Felipe Márquez 100.000
Participación en destilación del Ingenio y otros negocios con Ramón Murga 100.000
Participación en vales del Banco Nacional 500.000
Lo mismo en los vales de Tesoro 200.000
En conmutas que le quedaban por indultos de reos y a veces por suscriciones a los pueblos 100.000
Participación en negocios con Florentín Sonza, de artículos de exportación é importación, por Champerico 80.000
Participación en negocios con personas de Retalhuleu y Quezaltenango 50.000
Por suscriciones de dinero mandadas levantar a varias poblaciones de la República 100.000
Participación en negocios de exportación é importación con comerciantes de Guatemala 100.000
Por ahorros en los pagos de admininistradores, mayordomos y caporales de sus fincas y negocios, que salían en el presupuesto militar 1.000,000
Por ahorros en los mozos de los mismos puntos, con motivo de cumplir allí sus trabajos de camino de ley, abonandoles únicamente medio real diario con menoscabo de la Hacienda Pública 1.000,000
Por exoneraciones en los pagos que debía hacer en su maquinaría de fincas, suyas y de sus socios 100.000
Ganancias en sociedad de distracción á las peleas de gallos 300.000
Ganancias en sociedad en otros juegos de recreo con los Presidentes de El Salvador González y Rafael Zaldívar en asociación de Dueñas, en sus entrevistas y otros muchos en Guatemala, de enormes cantidades lo propio que a los presidentes Medina,  Marco Aurelio Soto y Luis Bográn de Honduras 400.000
Ganancias como las anteriores de diversión a las carreras de caballos 100.000
En 1884 vendió una casa en la calle principal a Zara de Zaldívar 31.000
En 1884 vendió una casa frente a la Comandancia de Armas a Mariano Barrios 9.000
Por gastos de representación tomados demás de los que expresa el presupuesto, en doce años. 400.000
En participación de ciertos negocios lucrativos con el jefe político Cajas y sucesores de Huehuetenango. El jefe político Socorro De León de Suchitepequez; y el jefe político Monterroso de Retalhuleu 200.000
Por los obsequios y ovaciones desde julio de 1871 1.500,000
Los potreros del “Suchiate” por la barra de Ocós en el departamento de San Marcos, comprados por el Sr. Gral. Barrios N/A
Por utilidades en las operaciones con los fondos del Ferrocarril del Norte en el Interior y Exterior N/A
Suma total $ 33.594,000

BIBLIOGRAFIA:

  1. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 3.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 413.
  3. Wagner, Regina (2001). The History of Coffee in Guatemala. Guatemala: ANACAFE, Villegas Editores. p.125.
  4. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 4-5.
  5. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226,227.
  6. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 6-7.
  7. Luján Muñoz, Jorge (1998) Breve historia contemporánea de Guatemala. Guatemala: Amanuense. p. 155.
  8. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 8-10.
  9. Ibid, pp. 11-12.
  10. Ibid, pp. 12-19.

 

3 de abril de 1885: debido a la muerte del general J. Rufino Barrios, el empresario Alejandro M. Sinibaldi, primer designado a la presidencia, asume el mando como Presidente Provisorio

 

3abril1885
La tristemente célebre Penitenciaría Central de la ciudad de Guatemala, a donde el general J. Rufino Barrios enviaba a sus enemigos políticos.  En el recuadro: Alejandro M. Sinibaldi, quien asumió como presidente interino el 3 de abril de 1885. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los presidentes menos conocidos de Guatemala es el empresario Alejandro M. Sinibaldi, quien fuera diputado y consejero de Estado en los últimos años del gobierno del general J. Rufino Barrios.

Sinibaldi era una persona muy inteligente y de reconocida honradez, por lo que fue nombrado como Consejero de Estado en 1882 cuando ya era diputado ante al Asamblea Legislativo, y luego como representante del gobierno de Guatemala ante la Junta del Ferrocarril del Norte para velar por los intereses de la nación durante la construcción de ese proyecto en 1883 y como Primer Designado a la presidencia en 1884.  Por otra parte, su familia de ascendencia italiana se dedicaba a la industria y tenia fuertes nexos con el gobierno de Barrios. He aquí algunos ejemplos de esto:

  • Rafael Sinibaldi: en 1882 obtuvo una concesión de parte del gobierno del general Barrios para importar material prima para la fabricación de fósforos sin ningun gravamen fiscal.  Esta extension fue extendida por cuatro años más en 1884.
  • Julián Sinibaldi: en 1884 obtuvo en concesión el uso gratuito de la Plaza de Toros por un plazo de veinte años para organizer eventos taurinos y de entrenemiento.

Estando en funciones de Primer Designado cuando murió el general Barrios en Chalchuapa el 2 de abril de 1885, Sinibaldi fue llamado a hacer cargo del Ejecutivo por el siguiente decreto de la Asamblea Legislativa del 3 de abril:

DECRETO Número 95

LA ASAMBLEA LEGISLATIVA de la República de Guatemala,

Considerando: que el infausto acontecimiento de la muerte del general J. Rufino Barrios Presidente de la República, hace necesaria la aplicación del artículo 69 de la ley Constitutiva,

DECRETA:

Artículo Unico: se declara que el Primer Designado, Don Alejandro M. Sinibaldi, en ejercicio de la Presdiencia de la República, hará una de todas las facultades que la Constitución concde al Jefe del Ejecutivo. 

Dado en el Salón de Sesiones, en Guatemala, a tres de abril de mil ochocientos ochenta y cinco.

  • Angel María Arroyo, presidente
  • E. Martinez Sobral, secretario
  • Antonio de Aguirre, secretario3

La presión que tuvo Sinibaldi era enorme, pues Guatemala había quedado a la deriva sin el caudillo que la había gobernado por casi quince años y era presa fácil de la ambición del Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, a quien todos le temían.  He aquí cómo describe Santos Soto, (un perseguido político del fallecido general Barrios a quien habían involucrado en la Conspiración Kopesky de 1877 y en el atentado de la bomba contra Barrios y Barrundia en 1884), cómo se vivió en Guatemala la noticia del fallecimiento del presidente aquel Jueves Santo 2 de abril de 1885:2

“Llegó a esta ciudad el Jueves Santo por la tarde la noticia de que Barrios había muerto.  Toda mi familia y varios vecinos me obligaron a fuerza de instancias a salir de mi casa y a ocultarme en una de enfrente, donde me alojaron unos mexicanos. Ya estaba acostado por la noche, cuando oí gran ruido de gente y policías tirando tiros y entrando a todas las casas inmediatas.  Comprendí que me buscaban para asesinarme y me estuve quieto, hasta que como a la una de la mañana tocaron a la puerta de la casa en que me había ocultado. Saltando por encima de las paredes, me pasé a la casa contigua.  No habiéndome encontrado, pasaron a registrar la casa en donde yo estaba, y al oir yo que llamaban a la puerta, volví a pasarme a la casa que ya había sido registrada.

El Viernas Santo pasé a mi casa por ver cmo se encontraba mi mujer y mis hijos, principalmente uno de estos que estaba enfermo.  Permanecí allí algunas horas, durnate las cuales llegó de espía una señora llamada Benita Rodríguez, que fue a dar aviso a Vicente Guzmán.  Queriendo poner término a aquella situación, por el peligro que corría mi familia y las personas que me habían hecho el servicio de ocultarme en su casa, me resolví a salir.  En el acto me capturaron, conduciéndome a la sección de la Merced, donde fui registrado: me quitaron hasta las cintas de los calzones, insultándome al mismo tiempo varios de los policías. Apenas me vió Guzmán me dió de bofetadas hasta cnasarse, me tiró de las orejas y me golpeó la cara contra una cómodo hasta romperme un ojo, la boca y las narices.  En seguida me preguntó que qué hacía yo solo por las calles gritando vivas a Zaldívar y mueras a Barrios, y por qué me había ido a esconder donde Najarro.  Repliqué que todo eso era falso, pero me dijo que me fuera a mi calabozo y que yo merecía más que la muerte, pero que había de morir como ellos querían y como yo lo merecía”.2

 

Los primeros dos decretos del gobierno de Sinibaldi evidencian que ya estaba bajo la influencia de Barrundia.  En el primero, le da carta blanca al ministro de al Guerra:

Palacio del gobierno de Guatemala, Abril 3 de 1885:

El Primer Designado Encargado de la Presidencia, de acuerdo con el Consejo de Ministros

Considerando:  que en asl difíciles circunstancias que atraviesa la República se hace necesario que el Ministro de la Guerra tenga toda la libertad de acción indispensable para atender a su defensa; acuerda: se faculta al Ministro de la Guerra para que obre en el sentido que reclamen los intereses nacionales.

Comuníquese.

Sinibaldi3

Y en el segundo, suspende las garantías constitucionales, lo que permitía al general Barrundia hacer lo que quisiera con quien quisiera:

Decreto Num. 319Alejandro M. Sinibaldi, Primer Designado Encargado de la Presidencia de la República de Guatemala,

Considerando: que en las circunstancias que atraviesa el país debe conceptuarse amenazada la tranquilidad pública, y que en consecuencia se está en uno de los casos previstos por el artículo 39 de la ley Constitutiva; por tanto, de acuerdo con el parecer del Consejo de Ministros:

Decreto:

  • Art. 1°.: Se declaran suspensas en toda la República las garantías individuales de que habla el Título 2.° de la Constitución.
  • Art. 2°.: Dése cuenta a la Asamblea Legislativa del presente decreto.

Dado en el Palacio del Gobierno, a 3 de abrl de mil ochocientos ochenta y cinco.

  • Alejandro M. Sinibaldi
  • J. Martín Barrundia, Ministro de la Guerra
  • Delfino Sánchez, Ministro de Hacienda
  • Fernando Cruz, Ministro de Relaciones Exteriores
  • Cayetano Díaz Mérida, Ministro de Gobernación y Justicia
  • Francisco Lainfiesta, Ministro de Fomento
  • Ramón Murga, Ministro de Instrucción Pública3

Ante esta situación, los miembros de la Asamblea Legislativa movieron sus influencias y convencieron a Sinibaldi de que renunciara en favor del Segundo Designado a la Presidencia, el general Manuel Lisandro Barillas, quien sí tenia suficiente carácter para enfrentar a Barrundia y quedarse con el poder.


BIBLIOGRAFIA: