1 de agosto de 1897: la revista cultural La Ilustración Guatemalteca cambia su nombre por el de La Ilustración del Pacífico

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Composición fotográfica de la Costa Sur de Guatemala, realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicado en “La Ilustración del Pacífico” el 1 de agosto de 1897.

Reproducimos a continuación el editorial de la revista “La Ilustración del Pacífico“, el cual describe la situación que vivieron los editores de “La Ilustración Guatemalteca” tras su primer año de vida.  La nueva revista dudaría solamente un año, pero en sus páginas se recogen los eventos que describen la destrucción de la economía guatemalteca, el fracaso rotundo de la Exposición Centroamericana y las revoluciones contra el gobierno del general José María Reina Barrios. Es más, a partir del 8 de febrero de 1898, fecha del asesinato del general Reina Barrios, la revista pierde contenido politico y se dedica a publicar artículos superficiales hasta su desaparación; aunque no lo describe, queda como reflejo del autoritarismo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien eliminó de un tajo la libertad de expresión de la que se gozaba durante el gobierno de Reina Barrios.

“Confirmado:

La fundación de un periódico ilustrado, fué acogida en Guatemala con entusiasmo, y todos prometían su cooperación : los comerciantes dando avisos, las personas amantes de la poesía subscribiéndose, los literatos mandando sus más originales composiciones.

Pero al cabo de poco tiempo, era la inversa, los anuncios parecían caros en comparación á los que se publicaban en otros periódicos, quizá subvencionados ; los lectores se disgustaban, ora porque las composiciones no eran de hijos del país, ora porque si lo eran tenían los defectos propios de la juventud ; los literatos no remitían sino trabajos encomiásticos referentes á ellos, ó elogios mutuos.

Un día aparece el retrato de un obispo : unos abonados se disgustan porque nos hacíamos clericales, éstos últimos se enfadan porque en el mismo número se retrataba á un ilustre abogado libre-pensador.

Publicamos notaciones financieras, no falta entonces quien confundiendo el patriotismo
con la oposición sistemática, nos acusan de soñadores de tristezas para la Nación.

El Fisco erróneamente cree que el papel satinado en el cual se tiran los fotograbados
es papel de escribir y carga fuertes derechos aduaneros.

De la Exposición Centro-Americana se negaron las fotografías, por haber hecho de éstas
una concesión á un artista.

Y en medio de tantos disgustos, el desaliento se apodera de nosotros, y cuando creíamos imposible la existencia de un periódico ilustrado, viene, ya el cablegrama de felicitación por nuestra tabla bursátil, ya la manifestación de respeto de un diplomático, por el hecho de la publicación del mapa de límites con Méjico, ya mil cartas de aliento, de americanos separados de aquí por la distancia y no por el corazón, que no encontraban palabras suficientemente loables para señalar lo que les agradaba poner en evidencia las condiciones políticas, económicas y literarias del país donde nacieron ; sus hombres de talento, sus éxitos, sus progresos. Cuando hubiere atrevido ó ignorante, que les dijere procedían de una república medio civilizada, ellos enseñaban el periódico ilustrado, allí se verán sus Universidades, Bancos, Teatros y Catedrales, todo esto descrito no con la pasión localista, sino por el fotograbado que no permite ni la mentira ni la adulación.

Puesta en la balanza las miserias y críticas de los primeros, en contraposición con las verdaderas manifestaciones del cariño de los segundos, entre los cuales privaba la idea de la union de los intereses americanos, ampliamos nuestro programa, para ligar con lazos estrechos de afecto á pueblos á quienes la naturaleza les dio una vía de comunicación tan amplia como in océano.

He aquí los nobles motivos por los cuales nuestra REVISTA, al cumplir un año y tomar
el nombre de confirmación, adopta el de ‘La Ilustración del Pacífico’.”

BIBLIOGRAFIA:

 

 

28 de julio de 1889: nace el eminente médico y catedrático Carlos Federico Mora

El doctor Carlos Federico Mora Portillo fue hijo de Ángela Portillo y de Enecón Mora y realizó sus estudios de secundaria en la Escuela Politécnica y en el Instituto Nacional Central para Varones y sus estudios de Medicina en la Escuela Facultativa de Medicina y Farmacia en la Ciudad de Guatemala.  Se graduó de médico el 24 de abril de 1916 con su trabajo de tesis “Consideraciones médico-legales sobre el Código Penal de Guatemala”, la cual mereció el segundo lugar del Premio “José Felipe Flores” que otorgaba esa facultad en honor a uno de los mejores médicos coloniales de Guatemala.

Mora estuvo becado en México, donde efectuó investigaciones contra la rabia y luego prestó servicio médico militar en Puerto Barrios y en el Puerto de San José; luego cursó un posgrado en la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, donde empezó su formación en ciencias de la conducta y trabajó con John B. Watson, quien influyó en su enfoque experimental de la psiquiatría. Después continuó sus estudios en el Instituto de Medicina Legal de Psiquiatría, de París, Francia, y en Roma, en donde estudió la Psicología de los delincuentes. Entre sus profesores estuvieron también Sigmund Freud, Carl Gustav Jung, Alfred Adler y Julio von Jauregg (ganador Premio Nobel de Medicina de 1927).

Al regresar a Guatemala fue nombrado director del Asilo de Alienados, donde se desempeñó de 1923 a 1927. En ese período inició la terapéutica psiquiátrica en el país, y empleó métodos como el absceso de fijación, la hidroterapia, la hipnosis y la malarioterapia —técnica desarrollada por von Jauregg y que utilizaba la fiebre provocada por la malaria para tratar la parálisis general progresiva—. Asimismo, introdujo en el país el uso de las camisas de fuerza.

Estuvo activo también en la docencia: creó la Dirección General de Educación y el Consejo Nacional de Educación y promovió la Ley Orgánica y Reglamentaria del Personal Docente de la República, aprobada en 1927, la cual fue el antecedente de lo que sería el escalafón magisterial.

Fundó el servicio de Identificación en la Dirección General de la Policía y en 1927 fue trasladado a Hamburgo, Alemania, donde fue cónsul y embajador de Guatemala. Poco después, regresó al país y fue nombrado Ministro de Educación; en diciembre de 1930, formó parte del grupo de médicos que reconocieron al general Lázaro Chacón cuando éste sufrió un derrame cerebral en diciembre de ese año, y que lo obligó a renunciar a la presidencia. ​ En 1932 estableció la cátedra de Psicología en la Escuela Facultativa de Medicina, así como Medicina Legal en la Facultad de Derecho y Notariado, todo esto mientras estuvo trabajando en el “Asilo de Alienados” (como se le llamaba entonces al hospital psiquiátrico).

En junio de 1944 fue parte de los 311 ciudadanos que firmaron un memorial solicitando al presidente Jorge Ubico Castañeda la reinstauración de las garantías constitucionales en Guatemala; este documento fue un factor importante en los movimientos populares que concluyeron con la renuncia de Ubico Castañeda el 1.º de julio de 1944.

Ubico dejó en su lugar a un triunvirato militar encabezado por el general Federico Ponce Vaides, quien debía llamar a elecciones. El pueblo se presentó a las instalaciones de la Asamblea Legislativa y exigió que se designara al Dr. Mora como el presidente interino; pero su nombramiento no se llegó a dar ya que Ponce Vaides envió un destacamento militar que desalojó la sala con amenazas de disparar, y luego obligó a los miembros de la Asamblea a nombrar al propio Ponce Vaides como Presidente del Arepública.

Su larga y fructífera carrera como docente universitario la mantuvo hasta 1970. Entre sus estudiantes estuvo el médico Augusto Aguilera, el primer psiquiatra infantil del país.

El doctor Federico Mora falleció el sábado 9 de septiembre de 1972, a los 83 años, víctima de un accidente cerebrovascular y fue sepultado en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

  • Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala. Guatemala: Amigos del País.
  • Brolo, Javier (26 de octubre de 2012). «Carta de los 311». Blog de Javier Brolo. Archivado desde el original el 2 de junio de 2014. Consultado el 20 de agosto de 2014.
  • Nuestro Diario (13 de diciembre de 1930). «Comité de médicos evalúa estado de saludo del señor Presidente de la República». Nuestro Diario (Guatemala).
  • Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica.
  • Villalobos Viato, Roberto (18 de enero de 2015). «Una mente brillante». Prensa Libre (Guatemala). Consultado el 27 de abril de 2015.

21 de julio de 1906: tras ganar fortuitamente la Guerra del Totoposte contra El Salvador, el gobierno de Estrada Cabrera se consolida en la región

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Los representantes de las naciones en conflicto junto con los Ministros Plenipotenciarios de Estados Unidos y México a bordo del “Marblehead” durante la firma del tratado de paz.  Estados Unidos patrocinó a Guatemala, mientras que México lo hizo con El Salvador y Honduras.  Imagen de “La Locomotora“.

Puede decirse que la hegemonía de los Estados Unidos en Guatemala se inició con el triunfo de su patrocinado, el presidente Manuel Estrada Cabrera, sobre los intentos de agresión de El Salvador y Honduras, patrocinados por el gobierno del general Porfirio Díaz, de México.

Si Inglaterra había tenido un papel protagónico en la región durante los gobiernos conservadores y liberales del siglo XIX, este imperio fue relegado por los Estados Unidos cuandos estos vencieron a España en la guerra de 1898.  El recién designado presidente Manuel Estrada Cabrera había recibido un país en la ruina tras el colapso de la economía por la caída del precio internacional del café en 1897, y con una gran deuda con Inglaterra.  Viendo cómo los franceses habían invadido a México reclamando lo que éste país les adeudaba, Estrada Cabrera se alió con el gobierno estadounidense y les concedió grandes concesiones para congraciarse con ellos, y así tener un socio fuerte que evitara una potencial invasión inglesa.  Así nació el enclave bananero de la United Fruit Company, y los monopolios de la Great White Fleet en el transporte marítimo de Puerto Barrios y de la International Railways of Central America en los ferrocarriles nacionales.

Al darse cuenta de esto, Porfirio Díaz empezó a apoyar a los gobernantes de El Salvador y de Honduras y así contrarrestar la presencia estadounidense en Centroamérica.  Díaz veía con mucha preocupación el auge norteamericano, especialmente después de que el gobierno de Teddy Roosevelt había independizado a Panamá de Colombia en 1903 para construir el canal interoceánico.

Los tres presidentes de Centroamérica tenían en común un estilo autoritario y dictatorial sobre sus países, al punto que eran conocidos en México y en otros países de América Latina como “los Porfiritos”.  Lo único que los diferenciaba era que Estrada Cabrera era abogado graduado de la Escuela Facultativa de Derecho de Occidente, mientras que el resto eran militares de línea dura.  En 1906, gobernaba en El Salvador Pedro José Escalón como títere del verdadero hombre fuerte, Tomás Regalado, quien era enemigo acérrimo de Cabrera y quien con la ayuda de Díaz, se animó a invadir Guatemala.

Es interesante como la situación era exactamente a la inversa de la fallida intento de J. Rufino Barrios en 1885: en esa ocasión el hombre fuerte de Guatemala invadió a El Salvador, pero murió en la frontera en circunstancias embellecidas por los historiadores liberales, pero que realmente no han sido del todo esclarecidas.  En 1906, Regalado confundió a sus hombres por un batallón guatemalteco de refresco que había llegado con uniformes similares a los salvadoreños, y cuando se acercó a ellos fue acribillado a balazos. Al igual que lo que ocurrió con las fuerzas de Barrios en 1885, cuando cayó Regalado hubo una desbandada general que terminó en una aplastante derrota para el ejército invasor.

El tratado de paz se firmó en el buque “Marblehead” con representantes de las naciones en conflicto y de sus patrocinadores, Estados Unidos y México.  Allí estuvo presente el embajador mexicano en Guatemala, el escritor Federico Gamboa, quien en su diario relata los hechos como una gran derrota para la libertad, cuando en realidad el gran perdedor fue su gobierno.  Años después, en 1945, Rafael Arévalo Martínez copió textualmente grandes partes del diario de Gamboa en su obra “¡Ecce Pericles!”, que se ha convertido en el libro referente sobre el gobierno del licenciado Estrada Cabrera, pero omite decir que Gamboa tenía una fuerte enemistad con el régimen liberal guatemalteco por ser representante del gobierno conservador antiestadounidense de Porfirio Díaz.

Por su parte, ese fue el principio de la hegemonía estadounidense en Guatemala, la cual se ha consolidado a tal punto, que en el siglo XXI es necesario tener el beneplácito del embajador, congreso y presidente estadounidense para poder gobernar en el país.

BIBLIOGRAFIA:

 

16 de julio de 1928: fallece el renombrado fotógrafo Alberto G. Valdeavellano, quien dejó numerosas imágenes de la Guatemala de principios del siglo XX

Retrato del fotógrafo Alberto G. Valdeavellano. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Entre los genios olvidados de Guatemala se encuentra indiscutiblemente el maestro fotógrafo Alberto G. Valdeavellano, quien dejara un importante y valioso porfafolio de la Guatemala del general José María Reina Barrios y del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Estudiante del entonces prestigioso y exclusivo Instituto Nacional para Varones en la Ciudad de Guatemala, fue condiscípulo de Rafael Spínola, quien luego sería uno de los principales miembros del gabinete de don Manuel y con quien entabló una gran amistad.  Gracias a su relación con Spínola, su trabajo fotográfico fue publicado en la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” en donde no solamente presentaba retratos de las personalidades y damas de sociedad más relevantes de su época, sino que también de familias indígenas, composiciones fotográficas de importantes puntos turísticos de Guatemala y fotografías del deporte de moda entre los criollos de su época: el ciclismo.

Fue también propietario de varios talleres de fotografía, entre los que se destacó “El Siglo XX”, con el cual operó a finales del siglo XIX y en donde hacía retratos de las damas de la sociedad guatemalteca.  Su trabajo era de mucha calidad e incluso llegó a publicarse en la revista estadounidense “National Geographic” en 1919, cuando dicha publicación hizo un reportaje sobre los devastadores terremotos que destruyeron a la Ciudad de Guatemala entre 1917 y 1918.

Parte de trabajo del maestro Valdeavellano se ha registrado en Wikimedia Commons, y puede consultarse en esta dirección de internet.

He aquí algunos ejemplos:

  1. Composición fotográfica de Quiriguá:
  2. Ruinas del Cerrito del Carmen tras los terremotos de 1917-18 (aparecida en National Geographic):
  3. Fotografía ecuestre del general presidente José María Reina Barrios (fue la primera foto instantánea jmás tomada en Guatemala):

BIBLIOGRAFIA:

 

5 de julio de 1871: nace el escritor y diplomático Máximo Soto Hall, uno de los principales ideólogos del gobierno de Manuel Estrada Cabrera

Maximo Soto Hall, escritor guatemalteco y medio hermano del president hondureño Marco Aurelio Soto.  Imagen de Iván Molina Jiménez, tomada de la Revista Mexicana del Caribe

Otro de los intelectuales olvidados en Guatemala por sus vinculaciones con gobiernos de cierta índole es Maximo Soto Hall, quien fuera junto a Enrique Gómez Carillo, uno de los principals ideólogos y aduladores del licenciado Manuel Estrada Cabrera durante su largo gobierno.

Máximo Soto Hall provenía de una acaudalada familia de empresarios, profesionales, políticos e intelectuales. En 1857, la familia Soto Hall se había mudado a Guatemala, a donde había sido enviado Máximo Soto en calidad de Ministro Plenipotenciario de su país. Soto Hall era hermano por parte de padre de Marco Aurelio Soto Martínez, quien fue Ministro de Educación y Relaciones Exteriones en Guatemala y luego presidente de la República de Honduras, y también era primo de Ramón Rosa Soto, quien alternaba las carteras de Educación y Relaciones Exteriores en Guatemala con Soto Martínez y luego fue Ministro General de Gobierno en Honduras.  Otras miembros de su familia incluían a la intelectural guatemalteca Elisa Hall de Asturias y su padre  fue un médico y abogado hondureño con fuertes intereses en minería y en el comercio al por mayor en Tegucigalpa, fundador de la Universidad de Honduras y candidato a la presidencia de ese país centroamericano.

Soto Hall nació como hijo póstumo, pues su padre falleció seis meses antes del parto; creció y se educó en Guatemala pues su madre, Guadalupe Hall Lara, era hija de William Hall, socio de la casa comercial «Hall, Meany & Bennet», establecida en Guatemala en 1826 y vicecónsul de la Gran Bretaña.  En su residencia se reunían los personajes más ilustres de Guatemala y recibió la educación más esmerada que se podia tener en esa época, egresando del entonces prestigioso y exclusivo Instituto Nacional Central para Varones.

Su vinculación con el gobierno de Estrada Cabrera, de la que hablaremos una una future oportunidad, hizo que luego del derrocamiento de don Manuel en 1920 su figura fuera dejada en el olvido junto con la de Enrique Gómez Carrillo, y es por ello es que muy pocos guatemaltecos los recuerdan.

BIBLIOGRAFIA:

 

  • Arévalo Martínez, Rafael (1914). Los atormentados. Guatemala: Unión Tipográfica. 
  • — (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. 
  • Barrientos, Alfonso Enrique (1948). «Ramón Rosa y Guatemala». Revista del archivo y biblioteca nacionales (Honduras) 27 (3-4). 
  • Bascome Jones, J.; Scoullar, William T.; Soto Hall, Máximo (1915). El Libro azul de Guatemala. Searcy & Pfaff. «relato é historia sobre la vida de las personas más prominentes; historia condensada de la república; artículos especiales sobre el comercio, agricultura y riqueza mineral, basado sobre las estadísticas oficiales». 
  • Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008). «Dime con quien andas y te diré qué escribes: la amistad de Gómez Carrillo y Rubén Darío». Universidad Francisco Marroquín. Guatemala. Archivado desde el original el 28 de marzo de 2016
  • Gobierno de Guatemala (1907). Álbum de Minerva 1907 VII. Guatemala: Tipografía Nacional. 
  • Mendoza, Juan Manuel (1946). Enrique Gómez Carrillo, estudio crítico-biográfico: su vida, su obra y su época II (2.ª edición). Guatemala: Tipografía Nacional. 
  • Molina Jiménez (2001). «La Polémica de “El problema (1899)”, de Máximo Soto Hall». Revista Mexicana del Caribe (Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal;Sistema de Información Científica) VI (12). 
  • Oyuela, Leticia de (2007). Ramón Rosa, plenitudes y desengaños. Tegucigalpa, Honduras: Guaymuras. ISBN 978-99926-33–67-0. 
  • Suazo Rubí, Sergio (1991). Auge y crisis ideológica del Partido Liberal 100 años. Tegucigalpa, Honduras: Alin Editora. 
  • Unión Tipográfica (1920). Principales jefes del Cabrerismo. Guatemala: Unión Tipográfica.

 

 

 

1918: tras los terremotos de diciembre de 1917 y primeros meses de 1918, empieza el declive del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera

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Durante mucho tiempo, la ciudad de Guatemala no había padecido de fuertes terremotos, y los abuelos creían que por su lejanía del Volcán de Fuego y su ubicación en lo alto de un cerro aislado de la cordillera la ciudad era inmune a los sismos de gran magnitud.  Esta fantasía fue violentamente destruida junto con numerosas estructuras que habían sido construidas en los gobiernos de José María Reina Barrios —por ejemplo, el pabellón de la Exposición Centroamericana, y el palacio del bulevar «30 de Junio»— y de Manuel Estrada Cabrera —por ejemplo, el asilo para damas «Doña Joaquina»—.

Pero fue la respuesta del gobierno del licenciado Estrada Cabrera lo que empezó a indignar a los guatemaltecos.  El Diario de Centro América (que entonces no era el periódico oficial, pero sí pertenecía a Estrada Cabrera) después de publicar dos ediciones diarias reportando los desastres, pasó a criticar al Gobierno por la lenta e ineficiente respuesta al desastre.​ En uno de los artículos de opinión de este periódico oficial se llegó a decir que las imágenes religiosas de algunos templos católicos de la ciudad se habían salvado porque, al momento del primer terremoto, “ya no quisieron seguir en una ciudad en donde imperaba el lujo excesivo, la impunidad y el terror“. Por otra parte, se dijo que existían leyes “excelentes” para la reconstrucción, las cuales, sin embargo, “no se cumplían“; de hecho se criticó que, como ocurría siempre en caso de cataclismos, “se emiten leyes y reglamentos a diario, pero lo que se necesita es de su correcta ejecución diaria, y no de tantos reglamentos“.​ Además, se publicó en primera plana, tres meses después de los terremotos, que “todavía hay escombros por toda la ciudad“.​ El propio Diario de Centro América era editado entre escombros, pese a lo cual logró tirajes de ejemplares de media hoja, a veces hasta dos al día, durante la crisis.​

La comisión de Hacienda encargada de la reconstrucción de la ciudad, después del terremoto, por fin decidió crear un Banco Nacional Privilegiado con un capital de 30 millones de pesos —que provendrían de un préstamo a bancos extranjeros—, lo cual hundió la economía nacional. Debe destacarse que uno de los miembros directivos de esta comisión fue Carlos Herrera y Luna, quien luego sería presidente de Guatemala.

En 1920, el príncipe Guillermo de Suecia llegó a Guatemala durante una travesía que hacía por Centroamérica; su viaje lo llevó a Antigua Guatemala y a la Ciudad de Guatemala en donde pudo ser testigo presencial de que no se había efectuado ningún trabajo de descombramiento y la ciudad estaba todavía en ruinas. Además, se levantaban remolinos de polvo que dejaban gruesas nubes, que hacían que penetrara el polvo por todos lados -en la ropa, en la boca y nariz, ojos y hasta en los poros de la piel-; los visitantes se enfermaban de los pulmones hasta que su cuerpo se acostumbraba al polvo. Las calles no estaban pavimentadas y sólo una de cada tres casas estaba ocupada, ya que las otras estaban ruinas.​

Los edificios públicos, escuelas, iglesias, el teatro Carrera y los museos estaban todavía en la misma condición paupérrima en que quedaron en 1918. Trozos de techo colgaban de las paredes y los pisos estaban llenos de ripio y trozos de antiguos adornos y cornisas. Bastaba un pago de algunos cientos de dólares estadounidenses para que el dueño de una casa tuviera el visto bueno de las autoridades sobre su propiedad, garantizando que la misma ya no necesitaba reparaciones y de esa forma había muchas casas abandonadas sin reparar.[25]​ Pero era en el cementerio general de la ciudad en donde se apreciaba la devastación en toda su magnitud: el lugar quedó totalmente destruido por el terremoto y se contaba que unos ochenta mil muertos habían salido literalmente de sus tumbas, quedando expuestos y poniendo en peligro la ciudad por una posible peste. Fueron quemados en una pira gigantesca, pero las tumbas quedaron en ruinas y no se había hecho ningún intento por repararlas para 1920.[25]

Por último, el Príncipe Guillermo hace mención en su libro que Guatemala había recibido muchísima ayuda internacional tras el terremoto, pero que el efectivo fue a dar a la fortuna personal del presidente, Manuel Estrada Cabrera, mientras que los bienes fueron vendidos en Honduras por algunos ministros de Estado, quienes percibieron una ganancia considerable.

Esto generó un descontento no solamente en la población sino que en el gobierno de los Estados, principal apoyo de Estrada Cabrera, lo que fue aprovechado por los criollos conservadores para aglutinarse en el Partido Unionista que eventualmente derrocó al presidente en abril de 1920.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

8 de junio de 1919: muere Consuelo Reina Benton, hija póstuma del fallecido general José María Reina Barrios y de Algerie Benton

 

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Retrato de la Sra. Reina Barrios publicado el El Porvenir de Centro América en 1896.

 

Para 1898, tras el colapso económico de 1897, la relación entre el general José María Reina Barrios y su esposa, la vedette estadounidense Algerie Benton era fría y distante y lo había sido por más de un año.  Aún así, la señora estaba encinta de seis meses cuando ocurrió el asesinato del presidente, el 8 de febrero de 1898, dando pié para que se rumorara que el padre era en realidad el general Salvador Toledo y no el presidente.  De hecho, durante una visita del médico que atendía a la señra, el general Reina Barrios le hizo ver que los problemas que la aquejaban no eran por el embarazo, sino por su alcoholismo, y también le dejó claro al médico que el hijo de la señora Reina Barrios no era del presidente.

Tras la muerte de su esposo, Algerie Benton perdió la razón y regresó a los Estados Unidos dejando muchos asuntos sin resolver en Guatemala; por ejemplo, su lujosa residencia ubicada sobre el Paseo 30 de Junio, Villa Algeria, quedó abandonada por mucho tiempo.  Cuando se fué, llevaba a una bebé en brazos, a quien puso por nombre Consuelo y se radicó en Nueva Orleans, en donde empezó a abusar de alcohol y drogas, cayendo en una espiral que la llevó a prisión en Londres y en Nueva York, acusada de intoxicación.

El New Orleans Times Picayune reportó que la viuda del expresidente había abandonado a su hija en las escaleras de la iglesia de la Magdalena en París bajo los efectos de su drogadicción y alcoholismo. Consuelo fue ingresada en un convento en la ciudad de Londres, por órdenes del Ministro de Guatemala en Londres, José Tible mientras que en 1910, Algerie Benton fue ingresada en el Asilo Touro-Shakespeare en Nueva Orleans, sin un centavo y casi ciega.  Allí vivió sus últimos años y murió 20 de abril de 1915, mientras visitaba a unos amigos en Biloxi, Mississippi.34

Por su parte, Consuelo Reina Barrios vivió bajo la tutela del presidente Manuel Estrada Cabrera quien había instruido a José Tible que la enviara a vivir a un convento en Inglaterra: la escuela de la abadía de St Mary en Hendon, Middlesex. ​ En 1915, cuando sobrevino la muerte de su madre, Consuelo ya había regresado a Guatemala, y allí se enfermó gravemente de gripe española tras los terremotos de 1917 y 1918 y fue enviada a Nueva Orleans, Estados Unidos en 1918, pues allí vivía su abuela, C.B. Wheeler, pero el viaje no le sirvió para recuperarse.

Consuelo murió el 8 de junio de 1919 en Nueva Orleans.

BIBLIOGRAFIA: