9 de junio de 1920: suprimen el departamento de El Progreso

A petición de los municipios que lo componen, el gobierno de Carlos Herrera disuelve el departamento de El Progreso, retornando a sus municipios a sus departamentos originales.

Línea del Ferrocarril del Norte a lo largo del río Motagua. En el recuadro: el presidente Carlos Herrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El departamento de El Progreso se había creado por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera mediante el decreto 683 del 13 de abril de 1908 para administrar en forma más eficiente la región por donde pasaba el Ferrocarril del Norte, que fue concluido por el gobierno ese año. El nuevo departamento incluyó a los municipios de Cabañas, Acasaguastlán, Morazán, Sanarate, San Antonio La Paz, San José del Golfo, Guastatoya, y Sansaria, en otras palabras, fue formado conparte Sudoeste del departamento de Zacapa, Noroeste del de Chiquimula, Sudeste del de la Baja Verapaz, Nordeste del de Guatemala y la mitad Norte del de Jalapa.1

Sin embargo, tras la caída del gobierno de Estrada Cabrera el 15 de abril de 1920,2 el gobierno de Carlos Herrera suprimió dicho departamento mediante el siguiente decreto gubernativo:3

Decreto N°. 756

Carlos Herrera, Presidente Constitucional de la República de Guatemala,

Considerando: que el departamento de El Progreso creado por el Decreto gubernativo número 683, no ha llenado las aspiraciones que se tuvieron en mira por el Gobierno para su creación, como se desprende de la solicitud casi unánime de las Municipalidades que lo forman, relativa a que se reincorporen a los departamentos a que pertenecieron antes de la promulgación del Decreto citado;

Considerando: que la Honorable Asamblea Nacional Legislativa mandó pasar al Ejecutivo para su resolución las solicitudes de reincorporación que le fueron presentadas por varias Municipalidades;

Considerando: que es una obligación del Gobierno atender las solicitudes de los pueblos de la República, siempre que tiendan al desarrollo progresivo de sus actividades, removiendo con ese objeto los obstáculos que se presenten, y que el departamento de El Progreso, por la carencia de las condiciones necesarias, es una remora para el adelanto de los pueblos que lo forman; por tanto;

En Consejo de Ministros, decreta:

Artículo 1°.— Se suprime el departamento de El Progreso; y en consecuencia, los Municipios que lo integran se reincorporarán a los departamentos a que pertenecían con anterioridad al Decreto N°. 683, excepto el de Guastatoya, actualmente El Progreso, que pasa formar parte del de Guatemala.

Artículo 2°.— Las actuales autoridades y funcionarios públicos de ese departamento procederán a remitir los archivos de sus Oficinas a la cabeceras de los departamentos de su origen. Para este efecto, el Gobierno nombrará los interventores que juzgue convenientes.

Dado en el Palacio del Poder Ejecutivo, en Guatemala, a nueve de junio de mil novecientos veinte.

        • Carlos Herrera
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores, L. P. Aguirre
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Hacienda y Crédito Público, A. Vidaurre
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, Alb. Mencos
        • El Secretario de Estado en el Despacho de la Guerra, E. Escamilla
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Fomento, F. Castellanos B.
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Gobernación y Justicia, A.A. Saravia3

El departamento permaneció disuelto, hasta que fue restituido por el gobierno del general Jorge Ubico en 1935.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Estrada Paniagua, Felipe (1910). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1908-1909. XXVII. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. p. 28.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 91.
  3. Méndez, Rosendo P. (1925). Recopilación de las Leyes de Guatemala, 1920-1921. XXXIX. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 93-94.
  4. — (1938) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1935-1936. LIV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 248-249.

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17 de marzo de 1920: Estrada Cabrera libera a los presos políticos

Tras recibir informes de que el gobierno de los Estados Unidos lo apoyaría nuevamente, el licenciado Manuel Estrada Cabrera libera a todos los presos políticos

17marzo1920
Masiva protesta con el licenciado Manuel Estrada Cabrera que se realizó el 11 de marzo de 1920 pasando por la Penitenciaría Central, y que el presidente no pudo reprimir porque ya había perdido el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. En el recuadro: el presidente Estrada Cabrera en los últimos años de su gobierno. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 13 de marzo de 1920, dos días después de la multitudinaria manifestación en su contra, el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien sabía que había perdido el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, se sentó en la mesa de negociaciones con los representantes del Partido Unionista teniendo como mediador al cuerpo diplomático.1

Por iniciativa del embajador inglés las reuniones se llevaron a cabo en la Legación estadounidense, empezando a las 2:30 de la tarde.  Las reuniones eran presididas por el decano del cuerpo diplomático, que en ese momento era el embajador de España.  A partir de ese momento, y sin importar que había dos representantes de la rama obrera del Partido Unionista —siendo uno de ellos el líder obrero Silverio Ortiz—, las discuciones se hicieron en inglés.  Los puntos que se discutieron aquel día fueron:

  1. Que el gobierno se comprometa a que todas las autoridades cumplan la ley a cabalidad.
  2. Que se ordenara la libertad de los reos y detenidos políticos
  3. Que se ordenara la restitución a sus hogares de los reos políticos que estaban confinados en otros puntos.2

Sin embargo, como los delegados de Estrada Cabrera no tenían facultad para autorizar los puntos segundo y tercero por lo que se decidió cerrar la sesión y esperar la respuesta del presidente.2

Pero hubo una nueva reunión el 15 de marzo en la que se discutieron dos nuevos puntos, sin que se llegara a conclusión alguna con respecto a los presos políticos.  Fue aquí que, cansados de no entender las largas discusiones en inglés y de que no hubiera resultado en cuando a la libertad de los presos, los representantes obreros del Partido Unionista decidieron ya no asistir a más reuniones con los representantes de Estrada Cabrera.3

Cuando se abrió la sesión del 16 de marzo, los miembros del Cuerpo diplomático no quiseron realizar la reunión porque «falta la representación obrera que, constituye la veradera representación del pueblo«.  Entonces se acordó que una delegación compuesta por el embajador francés, el embajador inglés y el secretario de la legación estadounidense se reuniera con Estrada Cabrera para indicarle que el pueblo se negaba a negociar con sus delegados en tanto no se comprometiera a liberar a los presos políticos.4

Por otra parte, ese mismo día el presidente guatemalteco había manifestado al jefe de la Legación estadounidense que «veía la situación de Guatemala sumamente seria y que ponía la suerte de su país en manos del gobierno de los Estados Unidos». Al saber esto, el 17 de marzo el Departamento de Estado envió instrucciones al jefe de la Legación, Benton McMillin, para que hiciera saber a Estrada Cabrera que el gobierno de los Estados Unidos declararía públicamente que tenía plena confianza en las promesas del presidente guatemalteco y que veía con horror cualquier intento de derrocarlo, siempre y cuando Estrada Cabrera hiciera una proclama pública reconociendo los derechos garantizados por la Constitución y comprometiéndose a no reprimir al Partido Unionista ni a ningun otro partido opositor.4

Estrada Cabrera no hizo la proclama, pero sí liberó a los presos políticos ese mismo día satisfecho de que habría recuperado el apoyo del gobierno norteamericano.  Los presos unionistas fueron recibidos con ovaciones en la casa del Partido, y algunos hasta fueron llevados en hombros desde una cuadra de distancia.  Además, ese mismo día se unieron al Partido Unionista los empleados de correos, los telegrafistas y los empleados de aduanas, y por la noche, hubo manifestaciones de júbilo en la reunión  de la Liga Obrera, a la que asistieron cuatro mil personas.5

Por supuesto, los Unionistas no estaban al tanto de las negociaciones que tuvo Estrada Cabrera con el jefe de la Legación estadounidense, y creyeron que había sido la comisión de diplomáticos y sus reuniones con los representantes de Estrada Cabrera lo que habían logrado la liberación de los presos políticos.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles! Guatemala: Tipografía Nacional. p. 451.
  2. Ibid., p. 452.
  3. Ibid., p. 454.
  4. Ibid., p. 455.
  5. Ibid., p. 457.

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17 de enero de 1916: tercera reelección de Estrada Cabrera

Con el fuerte apoyo de la United Fruit Company y el gobierno estadounidense, el licenciado Manuel Estrada Cabrera es reeleccto para el período 1917-1923.

17abril1916
El Templo de Minerva en la Ciudad de Guatemala, principal edificio construido por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera. En el recuadro: la tiranía de Estrada Cabrera. Imágenes tomadas de «Homage to a Patriot» y «Via Crucis of a Central American Republic«.

Tras los atentados en su contra en 19071 y 19082, el presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera, se había refugiado en «La Palma«, su finca privada en las afueras de la ciudadNota a y la policía secreta se encargaba de mantener en zozobra a la población de la Ciudad de Guatemala, por lo que todos los ciudadanos se apresuraban a demostrar que estaban totalmente de acuerdo con todo lo que dijera el presidente.3 Los niveles de servilismo y adulación llegaron a extremos increíbles, al punto que había hasta clubes de «Amiguitos del Señor Presidente» y al gobernante se le mencionaba como «la figura sagrada del Señor Presidente» y se le llamaba «el Benemérito«, el «Salvador de la Patria«, el «jefe del Partido Liberal» y cosas por el estilo.4

Ahora bien, la principal razón por la que Estrada Cabrera se mantenía en el poder eran las enormes concesiones que hacía a favor de la empresa transnacional estadounidense United Fruit Company, la cual llegó a convertirse en el poder detrás del trono en Guatemala tras firmar su primer contrato el 12 de enero de 1904 para terminar el Ferrocarril del Norte. De hecho, era tan importante la compañía en el país, que en «El Libro Azul de Guatemala«, que fue publicado en 1915 para promocionar la imagen del gobierno cabrerista internacionalmente, se incluye una amplia sección sobre la compañía fruteraNota b y se publican fotos de sus entonces modernas y lujosas instalaciones en el departamento de Izabal.5

La sede de la frutera estaba en la ciudad de Boston, en el estado de Massacussets, pero su centro de operaciones comerciales estaba en el puerto de Nueva Orleans, en el estado de Luisiana.6 No es casualidad, entonces, que en dicha ciudad se publicara el panfleto cabrerista «Homage to a Patriot» en 1915, en donde un grupo de ciudadanos guatemaltecos justificaban la reelección del presidente ante el gobierno de los Estados Unidos, para dar así la apariencia de que en Guatemala había elecciones libres. El libro comienza diciendo lo siguiente, ya traducido al español:7

El pueblo, con entusiamos ilimitado, ha designado unánimamente como su candidato, al licenciado Don Manuel Estrada Cabrera, el actual presidente de la República. No podría ser de otra manera en vista de su gran labor patriótica, su suprema inteligencia, combinada con su sagacidad política, y su gran fortaleza de carácter, las cuales han resultado en el mantenimiento continuado de la paz, todo lo cual nos debe convencer a todos los guatemaltecos, de que su reelección para el término que termina en 1923 es absolutamente necesaria.7

Y he aquí lo que concluyen aquellos ciudadanos:8

Las afirmaciones presentados con relación al Lic. Don Manuel Estrada Cabrera como Presidente de Guatemala, y nuestro candidato para la reelección para tan alto cargo, nos han llevado a formular las siguientes preguntas:

Primero: ¿quién tiene mayor mérito que él para gobernar el país con la seguridad y decisión para afrontar los grandes problemas que se nos van a confrontar y mantener así el bienestar de la República?

Segundo: ¿de quién podríamos esperar mayor energía que la que ha demostrado durante los últimos dieciséis años para preservar los sagrados interees del país sin mancha o prejuicio alguno?

Pongamos nuestra mano sobre el corazón y respondamos estas preguntas. Nuestras conciencias, si somos justos, y nuestra gratitud, si es que tenemos alguna, nos llevarán a las urnas electorales de nuestro amado país y allí sin vacilación, depositaremos nuestro voto, solemnemente y sinceramente, en favor de su candidatura, prometiendo con todo el fervor de nuestras almas mantener en su lugar a ese ilustre hombre que es el objeto de estas líneas – Manuel Estrada Cabrera. El futuro de Guatemala lo demanda.8

Al mismo tiempo,un grupo de exiliados guatemaltecos que se hacía llamar la «Junta Libertadora» publicaba otro panfleto en inglés también en los Estados Unidos, en donde se acusaba a Estrada Cabrera de un sinnúmero de atrocidades en contra del pueblo guatemalteco. He aquí lo que dice aquel documento, ya traducido al español:9

Nos han llegado rumores de cada esquina de la América Central […] en que se nos asegura el hecho de que el mandatario de la desafortunada República de Guatemala, Manuel Estrada Cabrera, se está preparando rápidamente para obtener su cuarta reelección a la primera magistratura de ese país, y, bajo esa impresión, el lector puede imaginarse fácilmente la pseudopantomima […] que le espera a la pobre gente, que, en verdad, merece mejores días, y que será forzada a ir a las urnas electorales: indígenas en la misera, soldados armados, y los ciudadanos civiles, quienes, sin duda, irán a las urnas «voluntariamente», bajo la presión de la policía secreta o la amenaza de las puntas de las bayonetas.

[…] tendremos el placer de dar una relato exhaustivo, en el extenso idioma inglés, del ignominioso y notorio personaje que actualmente nos ocupa, para que, en los Estados Unidos, la gente saque sus propias conclusiones […] del calibre e instinto del gobernante de Guatemala. […] el lector […] leerá sobre las «víctimas de Estrada Cabrera», narrando vehementemente la horrible situación de Guatemala y el doloroso via crucis que el país ha sobrellevado durante un período de diecisite años de terrorismo sempiterno.

Es bien sabido que Estrada Cabrea ha destruido inescrupulosamente y ha arruinado por completo nuestro crédito internacional. De la misma forma ha vaciado las arcas nacionales transfiriendo el dinero a donde él quiere; ha llevado el cambio monetario a un récord a la baja de sesenta por uno, y ha convertido a las instituciones de aprendizaje en centros regulares de corrupción y espionaje. Le ha otorgado a los extranjeros las minas del país con todo tipo de concesiones, sin importarle los derechos de terceras personas.Nota c Sin embargo, por otro lado,ha presentado su instinto generoso por las viudas y huérfanos que lloran tristemente la repentina desaparición de su ser querido, y […] ha construido numerosos cementarios para enterrar a sus víctimas indefensas. Tambien es la pura verdad que ha llevado su hegemonía y estado de terror a las repúblicas vecinas en América Central, aplastando los útimos vestigios de independencia y libertad.Nota d Al día de hoy, tiene un ejército compuesto por sus degenerados seguidores, a quienes no les paga, y quienes sienten vergüenza cuando los visitantes extranjeros se asombran al ver que están descalzos, hambrientos y harapientos, y que sirven con la espada a cambio de comida, mientras tratan de ocultar sus gastados uniformes. Él ha sustituido al Legislativo y al Judicial por un rebaño de eunucos, que se vanaglorian de privar a sus conciudadanos de sus pertenencias honestasNota_e […]; y no se nos escapa el hecho de que en lugar de utilizar a los hijos invulnerables del país para propósitos honestos y el engrandecimiento de la patria, Cabrera usa los servicios indignos de extranjeros degenerados para lograr sus fines; y, es una verdad indiscutible, que por medio de promesas serviles hechas al Departamento de Estado de administraciones anteriores (porque debe dejarse constancia de que el Sr. Wilson -un maestro altruista- nunca ha utilizado y nunca usará el elemento corrupto de CabreraNota f), él tuvo éxito de estrechar su mano ensangrentada con la de Mr. Knox, silenciando con ello, en un pacto efusivo, el desorden de cosas y el estado de terror que por un período de diecisite años de agonía él ha mantenido en la República de Guatemala, un logro que justifican sus serviles aduladores llamándolo «exaltado y sublime gobernante», cuando no lo describen como el descendiente directo de Carlos V.9

De acuerdo al autor conservador anticabrerista Rafael Arévalo Martínez, aquellas elecciones fueron tan fraudulentas, que resultaron en diez milones de votos para Estrada Cabrera, a pesar de que Guatemala solamente tenía dos millones de habitantes.4


Notas:

  • a: La Palma estaba ubicada en donde en el siglo XXI se encuentra el Gimnasio «Teodoro Palacios Flores», y el barrio de La Palmita en la zona 5 de la Ciudad de Guatemala.
  • b: la publicación describe las instalaciones de la Frutera en sus diferentes plantaciones en Izabal, y muestra que ésta controlaba completamente las instalaciones de Puerto Barrios y del Ferrocarril. Además, dedica una página completa al personal administrativo de la frutera, desde el presidente en Boston hasta el superintendente en Puerto Barrios,todos ellos estadounidenses.6
  • c: el gobierno de Estrada Cabrera otorgó 1,689 concesiones a extranjeros, para un total de 689,415, la mayoría de ellas a la UFCO en Izabal.10
  • d: Estrada Cabrera vio reforzada su posición en la región gracias a su alianza con los Estados Unidos11 y al triunfo fortuito sobre las fuerzas del general Tomás Regalado que murió intentando invadir Guatemala en 1906.12
  • e: la Asamblea Legislativa y el Organismo Judicial estaban al completo servicio del Ejecutivo, ya que estaban integrados por sus amigos e incondicionales. Esto fue diseñado así para favorecer el gobierno del general J. Rufino Barrios cuando la Constitución se decretó en diciembre de 1879, y fue aprovechado por los gobiernos de Estrada Cabrera y de Jorge Ubico para gobernar sin oposición.
  • f: Wilson no tuvo ningún inconveniente en cooperar con el gobierno de Estrada Cabrera, tras recibir una considerable donación de éste para su campaña presidencial. Fue hasta que Wilson quedó imposibilitado para gobernar y que Estrada Cabrera no pudo crear la República Suroriental que el gobierno estadounidense le retiró su apoyo en 1919.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Invernizzio, Enrique (10 de mayo de 1907). «El 29 de abril y otras minas». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33): 6-13.
  2. Somoza Vives, Fernando (1908). El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco. Guatemala: La Mañana.
  3. Gordillo Taboada, Gerardo (6 de julio de 1908). «Doña Joaquina Cabrera de Estrada». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) 4 (Alcance al 66).
  4. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  5. Soto Hall, Máximo (1915). El Libro Azul de Guatemala. Bascom Jones, J. y Scoullar, William T., eds. Guatemala. pp. 266-272.
  6. Ibid., p. 272.
  7. Lainfiesta, Eduardo, et al. (1915)Homage to a Patriot. Nueva Orleans, Estados Unidos. p. 2
  8. Ibid., pp. 18-20.
  9. Junta Libertadora (1914) Red Page: Via Crucis of a Central American Republic. Nueva York, Estados Unidos. p. 1.
  10. Piel, Jean (1989) San Andrés y el Quiché durante el primer siglo republicano: 1821-1920. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos. p. 68
  11. Buchenau, J. (1986). In the Shadow of the Giant, the Making of Mexico’s Central America Policy (1876-1930) (en inglés). Univ of Alabama Pr; Edición: Vintage Intl. ISBN 0-8173-0829-6.
  12. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia. Memorias de un siglo 1821-1921. III Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 660-662.

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22 de mayo de 1920: se funda la Asociación de Estudiantes Universitarios

El gobierno de Carlos Herrera funda la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU)

22mayo1920
Estudiantes universitarios de la época en que se fundó la Asociación de Estudiantes, reunidos en el patio de la Facultad de Derecho y Notariado.  En el recuadro: el presidente Carlos Herrera, quien les donó la antigua Escuela «Manuel Cabral» para que fuera la sede de su asociación.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 2 de mayo de 1918, a pesar de la evidente ineficacia del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera para resolver los problemas de la Ciudad de Guatemala las muestras de servilismo hacia la figura presidencial continuaban en el país, y se creó la Universidad «Estrada Cabrera« reuniendo en una sola entidad a todas las Escuelas Facultativas que existían en ese entonces y la cual, en su primer acto oficial, le otorgó el grado de Doctor al presidente.1 Hasta 1914, el apoyo del gobierno de los Estados Unidos hacia Estrada Cabrera había sido sólido, al punto que la revista de la United Fruit Company, la frutera transnacional estadounidense que era el principal producto agrícola e industrial de Guatemala en esa época, había publicado que era más que segura la reelección del gobernante para un término más, a pesar de estar gobernando desde 1898.2

Pero aquel apoyo para Estrada Cabrera se derrumbó cuando fue incapaz de formar la República Suroriental con la región sur de México y el Petén, aprovechando la anarquía que se vivía en México durante la revolución contra el presidente de facto Victoriano Huerta. Los Estados Unidos le habían pedido que sobornara a algún oficial mexicano para que comandara un ejército que segregara la región de Soconusco, Lacantún y Chiapas, pero el presidente guatemalteco no logró su cometido, pues el general mexicano Ricardo Carrascosa, a quien Estrada Cabrera había proporcionado armas y municiones se negó a perpetrar aquella traición a su país. Aunque el presidente guatemalteco redujo a prisión a Carrascosa, éste logró escapar y se refugió en la Legación Mexicana, en donde pidió asilo, a pesar de ser un rebelde contra el gobiero de Huerta. Tras el triunfo de la revolución de Victoriano Carranza contra Huerta, Carrascosa regresó a México dejando muy mal parado al gobiernante guatemalteco.3,4

Desde ese momento, el gobierno de Woodrow Wilson ya solamente estaba esperando una excusa para quitarle el apoyo a Estrada Cabrera, y se le presentaron dos: primero, la deficiente respuesta del presidente guatemalteco al desastre provocado por los terremotos de 1917-185 y la persecución en contra del obispo José Piñol y Batres, miembro de la familia conservadora Aycinena, luego de que éste criticara duramente al gobierno cabrerista en nueve conferencias en las ruinas del templo de San Francisco. El obispo era sobrino del político Antonio Batres Jáuregui, quien a pesar de ser conservador había trabajado para todas las administraciones liberales desde J. Rufino Barrios hasta Estrada Cabrera, y era primo de Manuel Cobos Batres, un líder conservador que fue quien le escribió los discursos.4

A sabiendas de que el gobierno estaba debilitado, los conservadores liderados por Cobos Batres publicaron el «Acta de los Tres Dobleces» a finales de 1919, en la cual se declaraban contrarios al presidente y promovían la Unión Centroamericana. Así nació el Partido Unionista, que poco a poco empezó a reunir a todos los miembros de la sociedad guatemalteca en contra de Estrada Cabrera.4 A principios de 1920, los estudiantes de la Universidad «Estrada Cabrera» se unieron a los Unionistas y tuvieron una destacada participación en las actividades contra el gobernante; era una época en que los estudiantes universitarios provenían principalmente de las clases altas de la sociedad guatemalteca, eran todos varones y apenas sobrepasaban los doscientos en total.

El 8 de abril de 1920, tras un pacto secreto entre los unionistas y cabreristas, la Asamblea Legislativa presidida por el licenciado Arturo Ubico, hasta entonces incondicional de Estrada Cabrera, declaró mentalmente incapaz para gobernar al presidente y lo sustituyó por Carlos Herrera y Luna, diputado por Santa Lucía Cotzumalguapa. Don Manuel se negó a entregar al poder y se inició la «Semana Trágica«, la cual terminó el 14 de abril con la renuncia del presidente.4 Entonces, por la colaboración prestada por los universitarios para el derrocamiento de Estrada Cabrera, el presidente Herrera clausuró la Universidad «Estrada Cabrera« y reorganizó las Facultades de la misma de la siguiente forma:

    • Facultad de Ciencias Naturales y Farmacia
    • Facultad de Derecho, Notariado y Ciencias Políticas y Sociales
    • Facultad de Ciencias Médicas
    • Facultad de Ingeniería

Asimismo, en reconocimiento a la colaboración que los estudiantes universitarios prestaron al Partido Unionista, devolvíó a las Facultades Superiores la autonomía para la elección de autoridades —que había sido retirada en 1893— de acuerdo al siguiente decreto:

Decreto No. 1031

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala

DECRETA:

Artículo 1°.— Se deroga el Decreto Legislativo No. 193, emitido el 21 de marzo de 1893, y en consecuencia, quedan en vigor las disposiciones de la Ley de Instrucción Pública, modificadas por el mencionado Decreto.
Artículo 2°.— Las elecciones de los miembros de las Juntas Directivas de las diversas Facultades Profesionales, tendrán lugar el presente año en el corriente mes de mayo, y los electos tomarán posesión de sus cargos inmediatamente; pero el período de dos años de su ejercicio se contará desde el mes de enero próximo entrante.

Pase al Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Palacio del Poder Legislativo: en Guatemala, el cuatro de mayo de mil novecientos veinte.

        • Arturo Ubico, Presidente de la Asamblea
        • Adrián Recinos, Secretario5

Finalmente, y también por reconocimiento a la contribuciones de los universitarios al derrocamiento de Estrada Cabrera, el gobierno otorgó un espacio para que éstos pudieran celebrar reuniones de toda índole:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 23 de abril de 1920.

El Presidente Constitucional de la República.

En el deseo de prestar apoyo a los jóvenes Estudiantes Universitarios y con el propósito de que tengan un local adecuado para celebrar sus reuniones y editar sus periódicos científicos,

ACUERDA:

Concederles gratuitamente el uso del edificio que ocupa actualmente la Escuela Nacional de Niñas «Manuel Cabral» situado en la 10a. Calle Oriente, contiguo a Capuchinas.

 Comuníquese.

        • Herrera
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, Manuel Arroyo7

Poco después, el 22 de mayo de 1920, se fundó la Asociación de Estudiantes Universitarios, y sus miembros orignales fueron también miembros del grupo intelectual conocido como «La Generación del 20«. Aquellos estudiantes que luego serían intelectuales y periodistas de gran renombre como Miguel Angel Asturias, David Vela, Epaminondas Quintana y Clemente Marroquín Rojas, entre muchos otros, hicieron contribuciones notables a la Huelga de Dolores ya que aparte de revivir el «No Nos Tientes» (que había dejado de publicarse en 1908), escribieron la letra de la Canción de Guerra Estudiantil «La Chalana«, en la cual hacen crítica mordaz de todos los miembros de la sociedad guatemalteca, y en 1921 reiniciaron el desfile bufo que recorre las calles de la Ciudad de Guatemala. Pero no solamente en la actividades de Huelga participaron activamente, ya que crearon la Universidad Popular en 1922 para aumentar la instrucción del obrero guatemalteco, acercándose al ideal socialista para criticar el orden establecido, dado que la cuestión social del indígena guatemalteco y el papel que debía jugar la educación como una vía de redención de los sectores populares fueron dos de los ejes principales de aquella generación.8

Ahora bien, este compromiso con los intereses de los obreros e indígenas fue únicamente una estrategia para colocarse políticamente en la esfera pública pues la «Generación del 20» compartía con la vieja guardia liberal cabrerista desprecio y temor por las culturas populares; esto quedó en evidencia a medida que los jóvenes escalaron puestos en la jerarquía estatal, ya que poco a poco fueron abandonando su ideario radical e incluso hubo algunos que colaboraron con los gobiernos liberales subsiguientes, especialmente el del general Jorge Ubico Castañeda.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. United Fruit Company (19 de junio de 1915) Latin-America A periodical for the promotion and interchange of commerce between the United Stated and the Latin-American Republics. New Orleans, Louisiana. IV (17)
  3. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  4. Pérez Verdía, Luis (1914). «Revolución y Régimen Constitucionalista. Documento 521. Informe del Sr. Luis Pérez Verdía rendido al Canciller Huertista». Archivado desde el original el 19 de julio de 2014.
  5. Batres Jáuregui, Antonio (1944) La América Central ante la Historia. 1821-1921: Memorias de un Siglo. III. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 673.
  6. Asamblea Legislativa (10 de mayo de 1920). «Decretos del Organismo Legislativo». Guatemala: El Guatemalteco, Diario Oficial de la República de Guatemala – América Central p. 1.
  7. Gobierno de Guatemala (25 de abril de 1920). «Decretos del Organismo Ejecutivo». Guatemala: El Guatemalteco, Diario Oficial de la República de Guatemala – América Central p. 1.
  8. Fuentes Oliva, Regina (2012). «1920, una década de cambios educativos para Guatemala». Boletín AFEHC (54).

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11 de marzo de 1920: multitudinaria manifestación Unionista

Multitudinaria manifestación organizada por el Partido Unionista contra el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera

11marzo1920
La manifestación unionista a su paso por la Penitenciaría Central el 11 de marzo de 1920.  En el recuadro: el licenciado Manuel Estrada Cabrera, presidente de Guatemala desde 1898.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1919 la relación entre los Estados Unidos y el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera se fracturó.  El distanciamiento se inició durante la guerra civil que se desató en México tras el asesinato del presidente Francisco Madero y la contrarevolución de Victoriano Huerta, cuando los Estados Unidos intentaron desmembrar el sur de México con la ayuda de Estrada Cabrera y forma la República Suroriental con parte de Chiapas, Tabasco y Petén; para conseguir este fin, el presidente guatemalteco intentó sobornar a un general antihuertista que estaba en el país —el lugarteniente de Venustiano Carraza, Ricardo Carrascosa— pero no lo consiguió.1,2 A partir de allí, el gobierno estadounidense solamente estaba esperando una excusa para deshacerse del gobernante guatemalteco, al que había apoyado incondicionalmente desde 1900 sin importar el partido del gobernante de turno en el país norteamericano, aunque no había encontrado un sustituto adecuado y apoyó su reelección en 1915.3

La excusa para que los estadounidenses le quitaran el apoyo al gobernante guatemalteco finalmente llegó con las charlas del obispo de Facelli, José Piñol y Batres, quien era miembro de la familia Aycinena y primo del líder conservador Manuel Cobos Batres, quien escribió los discursos y quien aborrecía al presidente por ser ser liberal y por considerarlo «mestizo de indio«.4 Hasta poco antes, el obispo Piñol y Batres había incondicional de Estrada Cabrera, e incluso había encabezado el comité que trabajó para conseguir la reelección del presidente en 1915, cuando todavía era obispo de Granada.5

El obispo de Facelli dio varias charlas entre las ruinas del templo de San Francisco en mayo de 1919 —que todavía no estaba reconstruido tras los terremotos de 1917-18— en donde acusaba al gobierno liberal de Estrada Cabrera de todos los abusos que había cometido durante su ya larga gestión de más de 20 años.  Los esbirros del gobierno empezaron a perseguir al obispo, aunque sabían muy bien que la profunda fe católica del pueblo guatemalteco les impedía arrestarlo y llevarlo a la Penitenciaría Central, como habían hecho con todos los enemigos del gobierno hasta ese momento.6

Estrada Cabrera entonces optó por reducir al obispo de Facelli a prisión domiciliaria en el Palacio Arzobispal, ya que el arzobispo de entonces, Julián Raymundo Riveiro, había sido puesto en la mitra por el propio presidente guatemalteco tras la muerte del arzobispo Casanova y Estrada en 1913 y era incondicional al presidente.  Tras un período en esta situación, Piñol y Batres fue exiliado del país el 21 de agosto de 1919.7

Los conservadores, reunidos en el Partido Unionista, organizaron una comisión para quejarse del maltrado que había sufrido el obispo a manos del gobierno y consiguieron que el Secretario de Estado Joseph Patrick Tumulty –quien era el presidente de hecho tras el derrame cerebral que sufrió Woodrow Wilson— retirara su apoyo al gobierno guatemalteco ese mismo mes de agosto.  A partir de este momento, el Partido Unionista surgió como la espuma y se fue envalentonando más y más.8

Así se llegó al 11 de marzo de 1920, cuando los Unionistas organizaron una manifestación contra el gobierno en la Ciudad de Guatemala, algo que no se había visto en varias décadas.  La marcha iba encabezada por el ciudadano José Azmitia, quien portaba la bandera centroamericana y quien no quiso entregarla a los otros miembros del partido que tenían que portarla por turnos, porque sabía que Estrada Cabrera había colocado francotiradores con órdenes de asesinar al que llevara la bandera.9 Azmitia, ya había estado en prisión varias veces desde el atentado de los cadetes en 1908 pues, aunque no había tenido nada que ver en el asunto, fue a ponerse a las órdenes de las familias de los implicados frente a los agentes del gobierno.10

La marcha fue un éxito rotundo para el Partido Unionista, ya que aunque no derrocó al presidente en ese momento, si lo debilitó considerablemente y abrió las puertas para que los cabreristas traicionaran al presidente y pactaran con los unionistas declararlo mentalmente incapaz el 8 de abril de 1920.8-11

(NOTA ACLARATORIA:  a nuestros lectores que han tenido el libro «¡Ecce Pericles!» como referencia del gobierno de don Manuel, es conveniente indicarles que dicho libro adolece de parcialidad hacia los conservadores, mostrando a los miembros del Partido Unionista como héroes de una gesta patriótica y defenestrando al presidente liberal.  Aquel libro fue escrito por el periodista Rafael Arévalo Martínez, quien tiene un sesgo marcadamente conservador y dejó en el tintero numerosas aclaraciones sobre las fuentes que utilizó para escribir su libro.  Por ejemplo, se basa en la obra «Mi Diario» del escritor y diplomático mexicano Federico Gamboa —quien era el embajador de México en Guatemala— para describir los horrores que se vivieron tras el atentado de La Bomba en 1907, pero convenientemente olvida mencionar que dicho diplomático era representante del gobierno conservador del general Porfirio Díaz, y que éste era enemigo declarado de don Manuel por la alianza que éste último tenía con los Estados Unidos.12 Otro ejemplo es que Arévalo Martínez omite las relaciones familiares entre los líderes del Partido Unionista, quienes eran descendientes de la otrora poderosa familia Aycinena que gobernó el país junto con Rafael Carrera y Vicente Cerna de 1851 a 1871.13-14)


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 252-258.
  2. Pérez Verdía, Luis (1914). «Revolución y Régimen Constitucionalista. Documento 521. Informe del Sr. Luis Pérez Verdía rendido al Canciller Huertista». Archivado desde el original el 19 de julio de 2014.
  3. Dosal, Paul (1995). Doing Business with the Dictators: A Political History of United Fruit in Guatemala, 1899-1944 (en inglés). Nueva York: Rowman and Littlefield.
  4. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, p. 268.
  5. Ibid., p. 269.
  6. Ibid., pp. 324-326.
  7. Ibid., p. 361.
  8. Ortiz Rivas, Silverio (1922). Reseña histórica de la parte que el elemento obrero tuvo en el Partido Unionista. Guatemala: Inédito. «Reproducido parcialmente en el libro ¡Ecce Pericles! de Rafael Arévalo Martínez».
  9. Colón Gómez, Julio (1980). «Mi tío José»Revista Ingeniería (Guatemala: Colegio de Ingenieros de Guatemala).
  10. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, pp. 211-214.
  11. Méndez, Rosendo P. (1927). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1920-1921Guatemala: Tipografía Nacional. pp.: 4-6.
  12. Gamboa, Federico (1910). Gómez de la Puente, Eusebio, ed. Mi diario, primera serie. México: La Europea. Archivado desde el original el 4 de junio de 2015
  13. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena»Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica).
  14. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). «Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia»Revista conservadora del pensamiento centroamericano (Managua, Nicaragua) XXIII (111). p. 145-147.

5 de julio de 1920: renuncia el Ministro de Hacienda Adrián Vidaurre

El presidente Carlos Herrera compra en cincuenta mil dólares la renuncia del Ministro de Hacienda Adrián Vidaurre, un importante líder cabrerista

5julio1920
Principales colaboradores del presidente Carlos Herrera en 1920; el licenciado Adrián Vidaurre aparece en primera fila la derecha del presidente.  En el recuadro, uno de los recibos que firmara Vidaurre por cincuenta mil dólares sin especificar justificación alguna.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y Nuestro Diario.

El licenciado Adrián Vidaurre, ex-Auditor de Guerra y diputado ante la Asamblea Legislativa, fue el principal líder del cabrerismo que negoció con los conservadores del Partido Unionista la caída del presidente liberal Manuel Estrada Cabrera en 1920 y dejar en su lugar al ciudadano Carlos Herrera, un rico productor de azúcar que hasta entonces había tenido un papel mínimo en la política nacional, aunque había diputado por Santa Lucía Cotzumalguapa, por muchos años. A cambio de su colaboración, a Vidaurre le fue entregado el puesto de Ministerio de Hacienda, además de otros tres ministerios para diputados cabreristas.1,2

Vidaurre era originario del departamento del Petén, del que fue Jefe Político durante el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas,  y durante el gobierno de Estrada Cabrera, en su calidad de Auditor de Guerra estuvo a cargo de la persecución de los autores del atentado de La Bomba y de Los Cadetes, las cuales pueden considerarse como ejemplos de creación de causas falsas contra supuestos involucrados.1,2  De hecho, Miguel Angel Asturias se basó en Vidaurre para el persona del Auditor de Guerra en su novela «El señor Presidente«.3

Ya en el gobierno, Herrera mostraba por Vidaurre una deferencia especial, considerando que éste tenía mucho de estadista, dado que había sido uno de los principales colaboradores del licenciado Estrada Cabrera durante su largo gobierno.  Y esto lo aprovechó Vidaurre para estar todo el tiempo posible con el nuevo presidente, y evitar así que los «cachurecos» conservadores del Partido Unionista lo controlaran.2

Los unionistas se dieron cuenta pero no podían hacer nada.  Pero el 5 de julio de 1920 la situación cambió. Durante una manifestación unionista en la que se exigía justicia pronta contra ex-cabreristas, los ánimos se exaltaron a tal punto, que el ministro de la Guerra, el líder unionista conservador Emilio Escamilla Hegel, tuvo que dar vuelta a unas ametralladoras para que no atacaran a los manifetantes cuando éstos vociferaban frente a la casa presidencial.  Tras esto, Escamilla y el líder unionista José Azmitiaconvencieron a los manifestantes a reunirse en la casa del partido (que era propiedad de Escamilla) y allí, tras varias horas de discusiones, el elemento obrero pidió a gritos que saliera Vidaurre del gobierno; entonces, una comisión de los unionistas fue a visitar al presidente a solicitarle que le pidiera la renuncia al ministro de Hacienda, pero el presidente se negó en repetidas ocasiones.3-5

Mientras estaba todavía la delegación unionista, llegó Vidaurre junto con el Presidente del Poder Judicial, José Beteta, ambos en estados de ebriedad, y al enterarse del motivo de la reunión montó en cólera. Vidaurre, borracho como estaba, empezó a insultar al presidente, a los unionistas y al Ministro de la Guerra, Emilio Escamilla, con todo tipo de improperios, sin importarle que estuvieran también presentes el ministro de Relaciones Exteriores, el subsecretario de Relaciones, el Ministro de México, el primer Designado y el periodista Federico Hernández de León, director de «Nuestro Diario«.3-5

De acuerdo a Escamilla, Vidaurre exclamó colérico y entre insultos soeces lo siguiente: «No, yo no volveré al ministerio si usted no me llama por un acuerdo gubernativo en el que, además, se me darán todas las satisfacciones del caso por las ofensas recibidas. Ya no hay principio de autoridad.  Ya el pueblo hace lo que le da la gana. Atenta contra altos funcionarios del gobierno sin castigo alguno.  Por allí andaba huyendo el Presidente del Poder Judicial por los cercos de chichicaste.  Y cuando el jefe de la Plana Mayor, en cumplimiento de su deber, les quiere parar los pies, el propio ministro de la Guerra les quita las ametralladoras.  No, yo no vuelvo si no me llaman por un acuerdo dándome todas las satisfacciones del caso.»3

Todos los asistentes guardaban un profundo silencio.  El presidente solamente atinó a pasarse el índice por el ojo derecho, murmurando algunas palabras.  Nadie entendía cómo una persona tan odiada e impopular como Vidaurre pretendía imponerse de aquella manera al presidente de la República.4-6

Aquel fue el final de la reunión, pero más tarde, ese mismo día, Vidaurre regresó más calmado a la casa presidencial a pedir a Herrera que le diera una concesión por cien mil árboles de caoba en El Petén a cambio de su renuncia.  Cuando Herrera se negó, le pidió entonces cien mil dólares a cambio de la mencionada renuncia.  Finalmente, tras regatear un poco, Herrera accedió a darle cincuenta mil dólares al ahora exministro, sin saber exactamente de donde sacarlos.5,6

Al día siguiente, Herrera llamó de urgencia al ministro Escamilla y le leyó la carta en que aceptaba la renuncia de Vidaurre, en forma corta y clara.  Tras leerla a Escamilla, éste estuvo de acuerdo pues el presidente Herrera todavía no había sido electo oficialmente y solamente servía en calidad de presidente interino. Poco después, Vidaurre fue enviado a Cuba como ministro plenipotenciario, con todos los gastos de viaje pagados y un sueldo de 1000 dólares mensuales.2

No era la primera vez que Vidaurre recibía cincuenta mil dólares del gobierno de Herrera.  El 11 de abril de 1920, cuando ya era presidente Herrera pero todavía estaba peleando desde «La Palma» el licenciado Estrada Cabrera, Vidaurre firmó un recibo al licenciado Alberto Mencos, ministro de Fomento en ese momento, en los siguientes términos y sin detallar el motivo de la entrega:

He recibido del Sr. Ministro de Fomento, don Alberto Mencos, 48,000 cuarenta y ocho mil dólares, y 40,000 moneda nacional.

Guatemala, 11 de abril de 1920

        • A. Vidaurre3

BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  2. Montúfar, Rafael (1923) «Caída de una tiranía«. Guatemala: Sánchez y de Guise.
  3. Asturias, Miguel Ángel (2000). Martin, Gerald, ed. El señor presidente. Universidad de Costa Rica. p. 1088. ISBN 9788489666511.
  4. Asturias Morales, A. (29 de julio de 1930) «La Lámpara de Aladino» Guatemala: Nuestro Diario.
  5. Escamilla, Emilio (27 de agosto de 1930) «Una carta del señor Emilio Escamilla». Guatemala: Nuestro Diario.
  6. Hernández de León, Federico (19 de julio de 1930) «La actuación política de don Carlos Herrera». VI Guatemala: Nuestro Diario.

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29 de abril de 1907: atentado de «La Bomba»

El presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera, se salva milagrosamente de morir cuando una bomba estalla frente a su carruaje

29abril1907
Así quedó el carruaje presidencial tras la detonación del artefacto explosivo.  Imagen tomada de la revista oficial «La Locomotora«.

Desde mediados de 1906, el abogado Enrique Ávila Echeverría y su hermano, el médico Jorge Ávila Echeverría, junto con el también médico Julio Valdés Blanco y el ingeniero eléctrico Baltasar Rodil, planearon y ejecutaron un atentado contra el presidente de Guatemala, el licenciado Manuel Estrada Cabrera. El atentado se perpetró el 29 de abril de 1907 y que se conoció en su época simplemente como «La Bomba».

Los hermanos Echeverría y sus compañeros eran de posición económica solvente, egresados del entonces prestigioso y exclusivo Instituto Nacional Central para Varones en 18901 y habían estudiado en universidades extranjeras.2 Sin embargo, al regresar al país se encontraron con un estado de cosas en el cual predominaba un ambiente de desconfianza entre las familias acomodadas porque el círculo cercano al gobernante las forzaba a realizar negocios desventajosos so pena de ser acusado de conspirar contra el gobierno si no  los realizaban.3,4 Esto afectaba los intereses económicos de sus familias por lo que planearon con todo detalle un atentado con explosivos; así pues, aprovechando los recursos económicos de que disponían, adquirieron todo lo que se necesitaba: los explosivos, los detonadores de hierro, generadores eléctricos, cables especiales, productos químicos, cajas de hierro macizo, y además compraron al cochero del presidente, Patrocinio Monterroso.  Ya con todo esto, cavaron túneles para poner artefactos explosivos en varios puntos de la ciudad de Guatemala por lo que pasaba el coche del presidente con relativa frecuencia.5

El escritor liberal Fernando Somoza Vivas, en su obra «El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco» refiere que el atentado ocurrió en dos fases; primero, los atacantes cavaron un túnel por debajo de la novena avenida de la Ciudad de Guatemala para que hacer estallar allí una bomba cuando el presidente fuera a presentar su informe anual a la Asamblea Nacional Legislativa. Para entonces ya tenían comprado al cochero del presidente, a quien habían sobornado con cincuenta mil pesos; éste, al llegar a lugar indicado, fingió que se le rompió una rienda y se detuvo justo sobre el artefacto explosivo mientras los conjurados interaron detonar la bomba sin éxito.​ Un cable había hecho corto circuito y a pesar de que intentaron detonar el artefacto explosivo diecisiete veces, no lo lograron.  Entonces, al fallar en el primer intento, cambiaron de plan: cavaron un nuevo túnel debajo de la séptima avenida sur, una vía por la que el coche del mandatario también circulaba con frecuencia.6 La situación apremiaba, pues ya ya había muchos conjurados y muchos ciudadanos más sabían vagamente que en aquellos días iba a ocurrir un atentado en contra del presidente.7

Finalmente llegó el 29 de abril de 1907. Sobre lo que ocurrió aquél día, como en muchos sucesos ocurridos en Guatemala, la rivalidad entre los criollos liberales y los criollos conservadores ha hecho que existan dos versiones sobre el tema, las cuales presentamos a continuación para que el lector saque sus propias conclusiones.

De acuerdo al escritor conservador Rafael Arévalo Martínez en su obra «¡Ecce Pericles!«, aquella mañana el licenciado Estrada Cabrera estaba de buen humor —algo que según Arévalo Martínez «no solamente era raro en su carácter sino que además sembraba el temor entre sus oficiales«— y, como cosa rara, quiso que su hijo Joaquín se sentara a su lado. Los ayudantes rodearon el carro y emprendieron la marcha. Cerca de la casa donde estaban los conjurados —ubicada frente a la Correccional de Menores— había una taberna y en la puerta algunos borrachos escandalizaban; el cochero atento sabía que estaba cerca del lugar indicado y que una línea en la pared de la calle le indicaría el sitio exacto en que tendría que detenerse. Pero los caballos no le obedecieron, y el carro se acercó a la acera de tal forma que el Jefe del Estado Mayor —el entonces brigadier José María Orellana— tuvo que subir su caballo a la acera para proteger al presidente de los que escandalizaban en la vía pública.  De esta forma, el carruaje se detuvo a unas pulgadas más allá de donde debía haberlo hecho.8

Arévalo Martínez, dice que a las siete y media de la mañana estalló la bomba, destrozando el asiento del cochero y el que estaba frente al presidente  y en el que su hijo había estado momentos antes.  El cochero murió despedazado por la bomba, ya que los conspiradores le habían hecho creer que francotiradores se encargarían de Estrada Cabrera.​ Los dos viajeros y la mayoría de sus acompañantes rodaron por el suelo tras la explosión, siendo el presidente el primero en levantarse y ayudar a su jefe de Estado Mayor a hacer lo mismo; el presidente, revólver en mano, aparecía sereno sin saber que uno de los conspiradores pasaba a su lado en ese instante con un arma amartillada dentro de su saco para matarlo. Pero al ver la fisonomía decidida del presidente, el hombre se acobardó y no le disparó y, según dicen algunos, salió huyendo y paró sino hasta que estuvo fuera de las fronteras de Guatemala; otros refieren que los encargados de rematar al mandatario en caso de que sobreviviera al atentado se habían enemistado con los organizadores del complot pocos días antes y no estuvieron al tanto de los últimos detalles de la conjura.8

Por su parte, la revista oficial liberal «La Locomotora» relató así el suceso: a las ocho de la manana, cuando Estrada Cabrera había salido en carruaje de su casa de habitación y se dirigía hacia el Sur de la ciudad en su «laudable objetivo» de inspeccionar «las obras de civilización y progreso» que estaba construyendo su gobierno, estalló la mina cargada de dinamita por medio de un aparato eléctrico en la 7a. Avenida Sur, entre la 16 y la 17 Calle Oriente.  La explosión se escuchó en toda la ciudad, pero «afortunadamente para el bien de la Patria» solamente resultó herido levemente el jefe de Estado Mayor, general Orellana, y muerto el cocheco Monterroso junto con uno de los caballos que tiraban del coche.  Estrada Cabrea salió ileso y «con el valor y serenidad que le son proverbiales», tomó del brazo a Orellana y regresó a pie a su casa.9

Aquel atentado dió paso a dos cosas.  La primera, un verdadero desfile de aduladores que fueron a felicitar al presidente a su residencia  por haberse salvado, ya que eso era, según ellos, «la salvación de la paz, del progreso y de las libertades públicas«.9 Y la segunda, una verdadera cacería humana, en la que la policía secreta del presidente se dedicó a perseguir a los autores del crimen, llevándose por delante a numerosos inocentes en el proceso que fueron torturadas para saber en donde se escondían los autores del atentado,10 hasta que finalmente éstos fueron cercados en una casa frente a la iglesia de San José en la ciudad de Guatemala, y tuvieron que suicidarse para evitar caer en las manos de la policía cabrerista.11


BIBLIOGRAFIA:

  1. Moré Cueto, Julián (1 de noviembre de 1894). «Nómina general de los jóvenes que ha recibido diploma en el Instituto Nacional Central de Varones». El educacionista: órgano del Ministerio de Instrucción Pública (Guatemala) 1 (4). p. 205.
  2. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 170.
  3. Ibid. pp. 120-121.
  4. Arriola, Osmundo (1945). Quetzaltenango, album conmemorativo de la inauguración del Ferrocarril Nacional de Los Altos. Quetzaltenango: Tipografía Arte Nuevo. p. 18.
  5. Invernizzio, Enrique (10 de mayo de 1907). «El 29 de abril y otras minas». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33). p. 6.
  6. Somoza Vivas, Fernando (1908). El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco. Guatemala: La Mañana. p. 9.
  7. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, p. 170.
  8. Ibid., p. 171.
  9. La Locomotora (10 de mayo de 1907). «Criminal atentado». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33). p. 1.
  10. Ávila Pessel, Carlos (6 de mayo de 1920). Defensa presentada por el Licenciado don Emeterio Ávila Echeverría después de ratificada la sentencia que le condenó a muerte, con relación al atentado del 29 de abril de 1907. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  11. Arévalo Martínez, ¡Ecce Pericles!, p. 182.

15 de abril de 1920: capitulación del presidente Manuel Estrada Cabrera

Tras una semana de combates, negociaciones y sobornos capitula el presidente Manuel Estrada Cabrera

El licenciado Estrada Cabrera (sentado, al centro) con visitantes cuando guardaba prisión en la Academia Militar luego de ser derrocado. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El final del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera esta relatado desde el punto de vista del Partido Unionista por el escritor Federico Hernández de León en la efeméride que reproducimos a continuación:

El 8 de abril de 1920, después que la Asamblea Legislativa declarara loco a Estrada Cabrera y removido de su puesto, el autócrata se creyó fuerte aún; quiso decretar a la República en estado de sitio y disolver la Asamblea; pero los miembros de su gabinete se opusieron, a excepción de un mal hombre, que continuó a su lado estimulando sus infernales instintos. Los patriotas, a eso de las cinco de la tarde de aquel día, se armaron como pudieron y, organizándose violentamente, se prepararon a sostener por la fuerza, los dictados de la Asamblea. Estrada Cabrera, imaginándose que infundiría el pánico en la ciudad, inició un violento cañoneo sobre la población. Así empezó la semana que se llamó trágica, semana de jueves a miércoles, en la que los vecinos de la Ciudad de Guatemala se vieron amenazados de muerte, como en los días de las invasiones de Morazán y Carrera. […]1

Después de empeñadas gestiones que llevaran a cabo los licenciados José Ernesto Zelaya, Marcial García Salas y Manuel Valladares, se llegó a conminar la rendición de Estrada Cabrera. El ultimátum se le presentó el 14 de abril y [se reproduce a continuación]:2

Enrique Haussler, Canuto Castillo y Manuel Echeverría y Vidaurre, representantes del Gobierno del señor Manuel Estrada Cabrera, por una parte; y Marcial García Salas, José Ernesto Zelaya y Manuel Valladares, representantes del Gobierno del señor don Carlos Herrera; y Saturnino González, José Azmitia, Francisco Rodríguez y J. Demetrio Avila, en representación del Partido Unionista, han convenido en lo siguiente:

          1. En que el Doctor Manuel Estrada Cabrera capitule en lo absoluto y se entregue al Gobierno del señor don Carlos Herrera, Gobierno que lo conducirá y alojará en la Academia Militar.
          2. En ue el señor Estrada Cabrera será conducido de su residencia «La Palma» a dicho lugar, con el acompañamiento de los Honorables Miembros del Cuerpo Diplomático, para su seguridad personal y a petición del Señor Ministro de Relaciones Exteriores. Además irán los seis miembros del Gabinete del señor Herrera, seis representantes del Partido Unionista, y seis Jefes Militares del Gobierno del señor Herrera. El señor Estrada Cabrera podrá llevar sus ayudantes militares.
          3. El Gobierno del señor Herrera y el Partido Unionista garantizarán la vida del señor Estrada Cabrera, de su familia y de las personas de su séquito, según la lista seleccionada por el Gobierno del señor Carlos Herrera. Todas esas personas se alojarán con el señor Estrada Cabrera en la Academia Militar.
          4. Dicha garantía la prestan ante el Honorable Cuerpo Diplomático.
          5. El Gobierno del señor Herrera, respecto a los bienes del señor Estrada Cabrera, le da plena garantía legal.
          6. Este convenio será también firmado por el señor Estrada Cabrera y por el señor don Carlos Herrera.
          7. Al acto dela capitulación concurrirán también los señores delegados García Salas, Zelaya y Valladares.

Se firma en triplicado en la Ciudad de Guatemala a los catorce días del mes de abril de mil novecientos veinte.2

Este ultimátum contrasta con el decreto de la Asamblea [del 8 de abril], en que se disponía la separación del poder del mandatario; el artículo 3° dice así:

«Mientras el doctor Estrada Cabrera se encuentre en el país, se le harán los honores correspondientes al alto cargo que ha ejercido; y se le garantiza ampliamente por el pueblo en el goce de sus derechos.»

Pero el doctor de marras no quiso aceptar lo que la Legislativa ordenaba y, al cabo de siete días, tenía que someterse a la humillación a que le sujetaba el pueblo, capitulando presa del espanto que le causaran las balas disparadas por los patriotas, sobre las cercas de su cubil.3

Pronto se regó por la ciudad, en la tarde del 14 de abril, que Estrada Cabrera aceptaba los puntos del ultimátum y que, al día siguiente, a las nueve de la mañana, se daría preso. Sólo puso por condiciones que fueran a tomarlo en su propia residencia de «La Palma», que le acompañara el cuerpo diplomático, una comisión del partido unionista, un representante del presidente Herrera y los señores Ministros que formaban el nuevo gabinete. El hombre quería marchar, por última vez, en medio de gente distinguida.3

[…] A las ocho de la mañana de aquel día, llegaron al edificio de la Legación Inglesa, en la esquina de la 9a. Avenida y 13 Calle, los miembros del cuerpo diplomático, punto de cita que se diera la noche anterior, para acudir a la rendición de Estrada Cabrera ; una larga fila de automóviles cubría la calle, en tanto que grupos de vecinos asistían, especiantes, a la organización del singular cortejo. Ya cerca de las nueve, el señor Armstrong, encargado de la Legación británica, envió aviso a la casa del gobierno que todo estaba listo y solo se esperaba la concurrencia de los señores ministros, para dirigirse a «La Palma».4

En la casa del gobierno se desarrollaba en esos momentos una curiosa escena. El señor [Adrián Vidaurre], ministro de hacienda del nuevo gabinete decía:

— ¡Yo no voy a La Palma! ¡Cómo va ser eso! Sería exponerme a sufrir las injurias que quisiera decirme Estrada Cabrera; yo he sido su amigo y considérese el papel que desempeñaría sirviendo de su aprehensor…

— ¡Pues si tú no vas, no voy yo tampoco! — exclamaba el ministro de la guerra, licenciado Beteta. — Yo también he sido su amigo, y haría el mismo papel desairado ….4

Y el doctor don Manuel Arroyo, ministro de instrucción pública, agregaba: ¡Si ustedes no van, yo tampoco podré ir! Debo a Estrada Cabrera muchas atenciones y no sería correcto que me le presentara en estos momentos. . . .

—¡Y qué diré yo!— clamaba don Alberto Mencos— que también he sido su amigo

Y en tanto que el diálogo se enredaba sobre los mismos tópicos, de la Legación Inglesa se continuaba a la pronta presentación que, de lo contrario, la capitulación se quedaría sin cumplir

Los ministros unionistas Aguirre y Saravia estimulaban a sus colegas al cumplimiento de lo pactado; pero las voces de los ministros amigos de «don Manuel» se mostraban inflexibles. Don Carlos Herrera, se pasaba el índice por los ojos, como queriéndose apartar una mala visión y daba pasitos alrededor de la sala. Los apremios de la Legación eran continuos y ya se temía que todo se echara a perder, cuando por fin se convino en que los ex-amigos del mandatario caído, no fueran expuestos a una segura inculpación.

Los automóviles se pusieron en marcha, como un gigantesco ofidio que se arrastrara hacia San Pedrito. Por las calles extraurbanas, las filas de patriotas, con sus improvisados jefes a la cabeza, saludaban a las personas de los automóviles. Al llegar a «La Palma», Estrada Cabrera recibió a la brillante comitiva, en un cenador octógono, cuyas paredes de vidrios de colores, ponían una nota más de alegría. El Viejo dictador hacía esfuerzos supremos por mantenerse sereno.5

— Quise la felicidad de la patria — chillaba— con todas las fuerzas de mi alma; si no lo logré no ha sido por falta de voluntad. Me entrego a la seguridad del cuerpo diplomático y a la hidalguía del partido unionista…

En las afueras de La Palma Julio Bianchi y Emilio Escamilla ordenaban la procesión: en el primer automóvil (un hermoso carro que fuera del ex-ministro Girón) protegido por todas las banderas de las naciones amigas, tomó asiento el caído, en medio de los ministros de los Estados Unidos y de España; en los siguientes carros, todo el resto de carne enferma sacada de «La Palma» y custodiada por los elementos del partido unionista. Don Pedro Quartín, el meritísimo representante de España, resaltaba por su talante de caballero castellano.

Y don Manuel fué depositado en el salón de honor de la Academia Militar. Con voz un tanto angustiada dijo:

— Supongo que no me dejarán aquí, comiéndome estas paredes…

Uno de los jefes unionistas lo consoló: se le daría de comer y de vestir, para lo material y un defensor para lo espiritual …. Y el fiero tirano divagaba la mirada entre el grupo de personas que le había conducido al sitio que le serviría de prisión, con gestos que movían a piedad.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 91.
  2. Méndez, Rosendo P. (1925) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1920-1921. XXXIX. Guatemala: Tipografía Nacional: p. 165.
  3. Hernández de León, El libro de las efemérides, p. 93.
  4. Ibid., p. 94.
  5. Ibid., p. 95.
  6. Ibid., p. 96.

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Febrero de 1918: tras terremotos de 1917-18 empieza el declive de Estrada Cabrera

Tras los terremotos de diciembre de 1917 y primeros meses de 1918, empieza el declive del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera

febrero1918
Una calle de la Ciudad de Guatemala en 1919. Nótese que los escombros todavía no se habían limpiado a un año de los fuertes terremotos que asolaron la ciudad. En el recuadro: retrato del presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante mucho tiempo, la Ciudad de Guatemala no había padecido de fuertes terremotos, y los abuelos creían que por su lejanía del Volcán de Fuego y su ubicación en lo alto de un cerro aislado de la cordillera, la ciudad era inmune a los sismos de gran magnitud. Esta fantasía fue violentamente destruida por los terremotos de 1917-18 junto con numerosas estructuras que habían sido construidas en los gobiernos del general José María Reina Barrios —por ejemplo, el pabellón de la Exposición Centroamericana, y el palacio del bulevar «30 de Junio«— y del licenciado Manuel Estrada Cabrera —por ejemplo, el asilo para damas «Doña Joaquina«—.1

Pero fue la respuesta del gobierno del licenciado Estrada Cabrera lo que empezó a indignar a los guatemaltecos. El Diario de Centro América —que entonces no era el periódico oficial, pero sí pertenecía a Estrada Cabrera— después de publicar dos ediciones diarias reportando los desastres, pasó a criticar al Gobierno por la lenta e ineficiente respuesta al desastre.​ En uno de los artículos de opinión de este periódico oficial se llegó a decir que las imágenes religiosas de algunos templos católicos de la ciudad se habían salvado porque, al momento del primer terremoto, «ya no quisieron seguir en una ciudad en donde imperaba el lujo excesivo, la impunidad y el terror«. Por otra parte, se dijo que existían leyes «excelentes» para la reconstrucción, las cuales, sin embargo, «no se cumplían«; de hecho se criticó que, como ocurría siempre en caso de cataclismos, «se emiten leyes y reglamentos a diario, pero lo que se necesita es de su correcta ejecución diaria, y no de tantos reglamentos«.​ Además, se publicó en primera plana, tres meses después de los terremotos, que «todavía hay escombros por toda la ciudad«.2​ El propio Diario de Centro América era editado entre escombros, pese a lo cual logró tirajes de ejemplares de media hoja, a veces hasta dos al día, durante la crisis.​3

La comisión de Hacienda encargada de la reconstrucción de la ciudad, después del terremoto, por fin decidió crear un Banco Nacional Privilegiado con un capital de 30 millones de pesos (que provendrían de un préstamo a bancos extranjeros), lo cual hundió la economía nacional. Debe destacarse que uno de los miembros directivos de esta comisión fue Carlos Herrera y Luna, quien luego sería presidente de Guatemala.4

El licenciado Antonio Batres Jáuregui, quien a pesar de ser conservador trabajó para todos los regímenes liberales desde el gobierno del general J. Rufino Barrios, escribió en sus memorias cómo afectó al presidente guatemalteco la situación tras los terremotos:

«Lo que vino a determinar la caída de Estrada Cabrera, fueron los terremotos que arruinaron esta capital de Guatemala. Yo le ví, en La Palma, a los dos días de haberse comenzado a destruir los principales edificios en 1917. Estaba enteramente desmoralizado el hombre; se le notaba el pavor y la falta de resolución. Le manifesté que estaba inservible el edificio de la Corte de Justicia y de los Juzgados; que había urgencia de fabricar unas barracas en la Plaza de Armas, y se necesitaba dinero, porque en los fondos judiciales solamente existían depósitos. Me contestó que echara mano de ellos porque él no tenía fondos para suministrar5

«Los tribunales estaban, al principio, al aire libre, en la plaza mayor. Daba lástima el estado deplorable del parque. Había en dicha plaza más de cien barracas de toda clase de gente.[…] Pero Estrada Cabrera, cada vez se atrincheraba más en La Palma. Esta circunstancia naturalmente la notaron todas las numerosas comisiones extranjeras que aquí tenían a su cargo, haciendo crecidos gastos, auxiliar a los menesterosos. Todos lo eran, en una catástrofe como aquella. En casos semejantes se ha visto siempre que el rey, o el pordiosero, y sus familias, son los primeros en acudir con su persona y dinero, a socorrer al pueblo. Esto acabó de desacreditar a Estrada Cabrera y fue la causa determinante de su caída6

En 1920, el príncipe Guillermo de Suecia llegó a Guatemala durante una travesía que hacía por Centroamérica; su viaje lo llevó a Antigua Guatemala y a la Ciudad de Guatemala en donde pudo ser testigo presencial de que no se había efectuado ningún trabajo de descombramiento y la ciudad estaba todavía en ruinas. Además, se levantaban remolinos de polvo que dejaban gruesas nubes, que hacían que penetrara el polvo por todos lados (en la ropa, en la boca y nariz, ojos y hasta en los poros de la piel); los visitantes se enfermaban de los pulmones hasta que su cuerpo se acostumbraba al polvo. Las calles no estaban pavimentadas y sólo una de cada tres casas estaba ocupada, ya que las otras estaban ruinas.​7

Los edificios públicos, escuelas, iglesias, el teatro Carrera y los museos estaban todavía en la misma condición paupérrima en que quedaron en 1918. Trozos de techo colgaban de las paredes y los pisos estaban llenos de ripio y trozos de antiguos adornos y cornisas. Bastaba un pago de algunos cientos de dólares estadounidenses para que el dueño de una casa tuviera el visto bueno de las autoridades sobre su propiedad, garantizando que la misma ya no necesitaba reparaciones y de esa forma había muchas casas abandonadas sin reparar. Pero era en el cementerio general de la ciudad en donde se apreciaba la devastación en toda su magnitud: el lugar quedó totalmente destruido por el terremoto y se contaba que unos ochenta mil muertos habían salido literalmente de sus tumbas, quedando expuestos y poniendo en peligro la ciudad por una posible peste. Fueron quemados en una pira gigantesca, pero las tumbas quedaron en ruinas y no se había hecho ningún intento por repararlas para 1920.7

Por último, el Príncipe Guillermo hace mención en su libro que Guatemala había recibido muchísima ayuda internacional tras el terremoto, pero que el efectivo fue a dar a la fortuna personal del presidente, Manuel Estrada Cabrera, mientras que los bienes fueron vendidos en Honduras por algunos ministros de Estado, quienes percibieron una ganancia considerable.7 Esto generó un descontento no solamente en la población sino que en el gobierno de los Estados, principal apoyo de Estrada Cabrera, lo que fue aprovechado por los criollos conservadores para aglutinarse en el Partido Unionista que eventualmente derrocó al presidente en abril de 1920.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918». Graphical Review 5: 459-469. JSTOR 207805.
  2. Diario de Centro América (1918). Diario de Centro América (Guatemala: Tipografía La Unión).
  3. El Guatemalteco (26 de abril de 1918). «Decreto No. 974 del Organismo Legislativo». El Guatemalteco (Guatemala) XC (38). p. 1.
  4. Foro Red Boa (2012). «Historia del Diario de Centro América». Foro red boa. Archivado desde el original el 20 de julio de 2014.
  5. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. p. 673.
  6. Ibid., p. 675.
  7. Prins Wilhelm (1922). Between two continents, notes from a journey in Central America, 1920 (en inglés). Londres, Inglaterra: E. Nash and Grayson, Ltd. pp. 148-209.

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20 de mayo de 1907: se suicidan los autores del atentado de «La Bomba»

La policía cerca a los autores del atentado de La Bomba contra el presidente Manuel Estrada Cabrera; ellos optan por suicidarse

20mayo1907
Plano de la casa en donde se suicidaron los fugitivos tras el atentado de La Bomba.  Los símbolos P, P’, P» y P»’ representan el lugar en donde se encontraron los cadáveres.  Imagen de Enrique Invernizio, tomada de «La Locomotora«.

El 29 de abril de 1907 hicieron estallar la bomba al paso del Estrada Cabrera, quien sobrevivió milagrosamente y salió ileso.  Los hermanos Ávila Echeverría y sus cómplices habían planeado el golpe muy bien: no solamente colocaron bombas en varios puntos subterráneos de calles de la Ciudad de Guatemala, sino que tenían a un cómplice listo para disparar al presidente en caso de que este sobreviviera a la deflagración.  Pero no contaron con que Estrada Cabrera iba a resultar ileso y que su cómplice se iba a acobardar al verlo salir caminando de la nube de humo que produjo la explosion, y que iba a salir huyendo hacia El Salvador.1

Inmediatamente se inició una persecución implacable. Estrada Cabrera creyó que el embajador mexicano Federico Gamboa estaba dando asilo a quienes habían intentado matarlo y envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Barrios M., a que le manifestara al embajador que tenía informes de que los perpetradores estaban en la embajada mexicana y que esperaba que los pusiera a disposición del gobierno. Gamboa replicó en fuertes términos ya que si bien anteriormente había albergado a desafectos al régimen, esto se trataba de una cuestión muy diferente. Gamboa —quien llevaba un diario detallado de su vida, el cual sería publicado décadas después— escribió que para el 1 de mayo la fisonomía de la ciudad y de sus moradores nacionales y extranjeros había cambiado increíblemente: el terror era evidente y los relatos que se escuchaban rayaban casi en la locura. Ese día, a la hora de la cena, recibió la solicitud de asilo de los hijos de Julio Valdés Blanco —es decir, sobrinos de Jorge y Enrique Ávila Echeverría—, dos muchachas de aproximadamente veinte años y un joven de quince, que vivían a la vecindad de la embajada mexicana, y a quienes su madre los envió con él para evitar que los capturaran durante el cateo inminente que se avecinaba.​ Gamboa aceptó a las muchachas pero envió al jovencito de regreso, para que ayudara a sus familiares sin imaginarse que durante el cateo policiaco se lo llevarían prisionero y luego lo torturarían en la dirección de la policía.2

Juan y Adolfo Viteri y Francisco Valladares, otros de los conjurados, escaparon por los barrancos de Corona, camino de Chinautla; Adolfo Viteri iba disfrazado de mujer y Valladares de albañil italiano. Pero cuando iban a subir al ferrocarril en Guastatoya un testigo advirtió los pantalones masculinos debajo del vestido y fueron apresados por elementos militares de Zacapa. Por su parte, Felipe y Rafael Prado Romaña intentaron huir hacia El Salvador en cortas jornadas nocturnas para evitar retenes y puestos militares en las montañas; pero extraviados, se refugiaron en un rancho cuyo dueño los denunció; fueron enviados a prisión, donde murieron años más tarde.3

Pero los principales conjurados no aparecían y el presidente puso precio a sus vidas. Ellos estuvieron un tiempo escondidos en la casa de Francisca Santos, quien había sido sirvienta en la casa de los Ávila Echeverría; de allí pasaron a la casa de los Romaña; y luego a la embajada de España, vecina de la anterior, en donde la esposa del embajador Pedro de Carrera y Lembelle los recibió mientras el diplomático estaba ausente, pero de donde tuvieron que huir cuando se enteraron de lo que había ocurrido en la embajada de México pocos días antes.2

El 2 de mayo, al regresar de un paseo a la Avenida Reforma, el embajador Gamboa recibió una llamada de la esposa del embajador español solicitándole que la visitara; allí la dama le explicó cómo los autores del atentado se habían escondido en la casa de los Romaña y le solicitó que los sacara de la casa, pues era muy difícil la situación en ese momento. Gamboa llegó a la embajada española y se entrevistó con los perseguidos, quienes «estaban profundamente demacrados y mentalmente enajenados y juraron que saldrían de la legación española lo antes posible. También le informaron a Gamboa que habían jurados matarse en caso extremo, formando un círculo y apoyando las bocas de sus revólveres en la sien del vecino, para no caer en las manos de la policía del presidente». Por último, se despojaron de sus joyas y reliquias y se cortaron mechones de cabellos que entregaron al embajador mexicano para que los trasladara a sus familiares cuando fallecieran. Gamboa había llegado acompañado por el médico Fidel Rodríguez Parra, amigo de los perseguidos, y a quien éstos solicitaron infructuosamente cianuro de mercurio.2

Los elementos del orden fueron estrechando poco a poco el cerco hacia el centro, revisando escrupulosamente cada casa, terreno o arrabal. Por su parte, los hermanos Ávila Echeverría, Rodil y Valdés Blanco se refugiaron finalmente en la casa número veintinueve del callejón del Judío, frente a la iglesia del Cerrito del Carmen, donde residía la señora Rufina Roca de Monzón con sus hijos y algunos sirvientes. Estaban escondidos en el segundo piso para que no se enterara la servidumbre, ya que planeaban escapar confundidos con trabajadores de una finca de la dueña de la casa y luego refugiarse en la finca del doctor Mateo Morales, quien les había proporcionado los papeles de cuatro de sus mozos. Sin embargo, cuando el hijo menor de la señora Roca de Monzón se enfermó, el doctor Jorge Ávila Echeverría bajó a atenderlo, y fue visto por una de las sirvientes quien luego se lo relató a su novio, un oficial del Fuerte de Matamoros.3

En la madrugada del 20 de mayo, toda la plana mayor de Estrada Cabrera y los miembros de su policía secreta rodearon la manzana donde se escondían los perpetradores del atentado.​ A las tres de la mañana se escucharon los golpes a la puerta, la cual fue derribada pocos después; las tropas, comandadas por el coronel Urbano Madero se dirigieron a las escaleras en el segundo nivel pero allí los repelió el doctor Julio Valdés Blanco, quien mató al coronel Madero de un tiro y se parapetó junto con sus compañeros. Los sitiados se defendieron como pudieron de las fuerzas del batallón número tres, reforzadas más tarde por una tropa comandada por el general José Félix Flores.3

De acuerdo al historiador Rafael Arévalo Martínez, al final, ya sin cartuchos, los sitiados acabaron con sus vidas, tal y como se lo habían comunicado al embajador Gamboa.​3 Pero otras versiones —que quedarían evidenciadas por las fotografías tomadas por José García Sánchez y en las que se advierten discrepancias en las posiciones de las manos y brazos de los caídos— se habrían rendido, y habrían sido asesinados por los miembros de la policía secreta.

El reporte detallado de la autopsia de cada uno de los fallecidos fue publicado en La Locomotora en su número del 20 de mayo de 1907.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Invernizzio, Enrique (10 de mayo de 1907). «El 29 de abril y otras minas». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33): 6-13.
  2. Gamboa, Federico (1934). Mi diario. México: Ediciones Botas.
  3. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 216.

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