28 de abril de 1844: Malespín rechaza la invasión de Arce desde Guatemala

El Salvador rechaza una invasión a su territorio realizada por el ex-presidente federal Manuel José Arce y patrocinada por el comandante de las fuerzas armadas de Guatemala, general Rafael Carrera.

La plaza central de San Salvador, donde se observa la parroquia que sirvió de primera catedral. En los recuadros: el obispo Jorge Viteri y Ungo y el jefe de Estado Francisco Malespín. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los historiadores liberales, encabezados por el licenciado Lorenzo Montúfar, pintaron a la figura del capitán general Rafael Carrera como la de un ignorante analfabeto criador de cerdos a las órdenes de los intereses de los criollos aristócratas, diciendo que era «un caite» al servicio de los «serviles«.17  Como la historia oficial del Guatemala se ha basado en la obra de Montúfar, esa es la imagen con que el general Carrera es mostrado en las escuelas.8 Sin embargo, estudios más a fondo demuestran que Carrera no estaba al servicio de nadie y que era él quien imponía sus condiciones.

He aquí un ejemplo.

Cuando el general conservador Francisco Malespín llegó al poder en El Salvador, Carrera se dió cuenta de que no le convenía, ya que éste podía llegar a ser un caudillo tan fuerte como él en el vecino país.  Malespín había sido electo en enero de 1844 para gobernar El Salvador de 1844 a 1845 y para celebrar su toma de posesión, tres días después de la misma el obispo de El Salvador, Viteri y Ungo, consagró al nuevo arzobispo de Guatemala, el doctor Francisco de Paula García y Peláez en una ceremonia que se extendió por dos días de celebraciones.9

Mientras tanto en Guatemala, estaba de vuelta el general Manuel José Arce, ex-presidente de la República Federal de Centro América, a quien Carrera apreciaba mucho ya que le reconocía sus méritos militares y había sido corneta de órdenes suyo durante la Guerra Civil Centroamericana.  Pero entonces, el anciano Arce estaba obsesionado con recuperar el poder que perdió en 1827 por lo que Carrera se aprovechó de su ambición de poder.9  Además Carrera estaba asesorado por Alejandro Marure y Manuel Pineda de Mont, y sabía que los líderes aristócratas querían sacurdirse de su molesta presencia para hacerse definitivamente con el poder en Guatemala.10

Malespín estaba organizando su gobierno, convocando a una asamblea legislativa, cuando se enteró que Arce se dirigía El Salvador al mando de un ejército.  Y es que, como ya se ha dicho, a Carrera no le gustaba la presencia de Malespín a pesar de que era conservador, y decidió apoyar a Arce para derrocarlo.  Aunque Malespín y el obispo Viteri se sorprendieron con la actitud de Carrera, rápidamente se organizaron para la defensa, y el 28 de abril de 1844, cuando Arce ya estaba en Atiquizaya, en territorio salvadoreño —con suficientes armas y dinero tratando de formar un ejército—, Malespín envió la siguiente proclama:11 

En perfecta paz interior, y en las mejores condiciones con los Estados confederados, y aun con el mismo de Guatemala, se hallaba El Salvador, ocupándose de proyectar algunas mejoras y hacer otras de fácil ejecución, en todos los ramos de la administración pública, cuando el señor Manuel José Arce se presentó al pueblo de Atiquizaya, excitando a la municipalidad y vecindario al desconocimiento de las autoridades supremas del Estado, ofreciendo apoyarlo con una partida de tropa que traía armada de Guatemala, con las armas que también conducía empaquetadas y con iguales pronunciamientos que aseguró se verificarían en todo el Estado.  Al propio tiempo en Guatemala se presentó el enviado de aquel gobierno, cerca de éste, dimitiendo su comisión, porque siendo vecino del último, no quería se pensase de que él tomaba parte o aprobaba la invasión que allá se intentaba hacer en el El Salvador.12

Y es que el representante de Guatemala en El Salvador, Juan Antonio Alvarado, supo de antemano lo que intentaba Carrera, y renunció antes de quedar involucrado en un asunto tan grave.  Por su parte, Malespín envió a su ejército comandado por Pedro Escalón, quien hizo huir a los hombres de Arce y capturó un lote de armas todavía empacadas y un lote de documentos que demostraban la relación de Carrera y Arce.12

En ese entonces existía el Pacto de Chinandega, que formaba las Repúblicas Confederadas por El Salvador, Honduras y Nicaragua, y estaban presididas por el «Supremo Delegado«, general Fruto Chamorro. El presidente salvadoreño Francisco Malespín, confiando en la ayuda de los estados de la Confederación, reunió a cuatro mil soldados y emprendió la marcha hacia Guatemala.  Mil hombres ocuparon El Coco, mientras que otros ocuparon Chalchuapa para que, Malespín llegara a Jutiapa.13

El jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, decretó el 12 de mayo la expulsión del ex-presidente Manuel José Arce por medio de la siguiente resolución: «Acuerda: que el señor Manuel J. Arce debe salir de esta ciudad dentro de 24 horas, y evacuar el territorio del Estado dentro de 20 días tomando la dirección que él elija».14 Rivera Paz también decretó el estado de guerra en Guatemala el 22 de mayo y envió al teniente general Carrera para que comandara las fuerzas para repeler aquella invasión.13

Pero cuando Malespín se enteró de que las fuerzas guatemaltecas iban a enfrentarlo, regresó a El Salvador, aduciendo que era por el mal clima de Jutiapa, aunque el clima en Chalchuapa era peor.  Malespín no era un cobarde en lo absoluto, pero sabiendo lo que planeaba Carrera, sospechaba que podrían darle un golpe de estado mientras estaba en Guatemala.13

Con todo esto, el ex-presidente Arce quedó sumamente abatido y murió dos años después, cuando se le permitió regresar a El Salvador, casi en la miseria y cuando ya Malespín había caído.12


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera, Lorenzo (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. I
  2.  (1878). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. II
  3.  (1879). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. III
  4.  (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. IV
  5.  (1881). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía El Progreso. V
  6.  (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VI
  7.  (1887). Reseña Histórica de Centro-América. Guatemala: Tipografía La Union. VII
  8. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Guatemala, Tipografía Nacional.
  9. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 182.
  10. Marroquín Rojas, Clemente (1971).  Francisco Morazán y Rafael Carrera.  Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 251.
  11. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 184.
  12. Ibid., p. 186.
  13. Marroquín Rojas, Francisco Morazán y Rafael Carrera, p. 253.
  14. Ibid., p. 254.

24 de abril de 1827: liberales salvadoreños proponen la paz a Aycinena y a Arce

El Palacio Nacional de San Salvador en 1912. En el recuadro: el Jefe de Estado Mariano Prado. Imágenes tomadas de Stephen Grant y de Wikimedia Commons.

La marcada división entre los criollos centroamericanos que se produjo tras la independencia en 1821 fue producto de resentimientos acumulados durante los útimos cincuenta años de la la época colonial, en la que los aristócratas guatemaltecos se aliaron con las autoridades españolas, con quienes hacían lucrativos negocios a costa de la producción agrícola a cargo de los criollos hacendados.  Por supuesto, todo el trabajo era hecho por los campesinos indígenas de la región, pero esto estaba fuera de discusión entre los criollos.

Cuando los aristócratas guatemaltecos se hartaron de los decretos estatales del liberal Juan Barrundia que sistemáticamente atacaban sus privilegios,1 lograron que el presidente federal Manuel José Arce lo hiciera prisionero y que convocara a una nueva elección de jefe de estado.2  En esta elección realizada en noviembre de 1826 fue elegido el líder aristócrata Mariano de Aycinena, lo cual fue el chispazo que inició la rebelión del jefe de estado de El Salvador, el liberal Mariano Prado, quien desconoció la autoridad del presidente Arce y convocó a un congreso en su territorio.3

Luego del inicio de la Guerra Civil Centroamericana y del «Decreto Fatal»  de Aycinena que declaró enemigos de la patria a los liberales guatemaltecos exiliados en El Salvador, los criollos conservadores salieron de tierras salvadoreñas para irse a Guatemala, y los criollos liberales dejaron Guatemala.4

Aquel fue el inicio de la Guerra Civil Centroamericana, ya que Prado envió sus fuerzas militares a invadir Guatemala, aunque éstas fueron rechazadas por el presidente federal Arce en la batalla de Arrazola, aunque los salvadoreños lograron replegarse y rehacerse tras la derrota.  Arce, entonces al mando del ejército federal y de las armas guatemalteca, invadió a El Salvador en represalia. Este fue un punto determinante en la guerra, ya que el presidente federal era salvadoreño y había llegado al poder gracias a los liberales en el Congreso Federal, por lo que iba muy apesadumbrado a atacar a sus coterráneos.4

Prado comprendió la situación y envió al mercenario francés Nicolás Raoult para que conferenciara con el coronel Manuel Montúfar, el enviado de Arce en el poblado de Nejapa, muy cerca de San Salvador, en donde ya estaba concentrado el ejército federal.  El documento que envió Prado el 24 de abril de 1827 decía así:56

Proyecto de concordia entre las autoridades de Centro América

Ha habido un trastorno en la República. Es indudable. No hay Congreso ni Senado federal.  Ambos partidos convienen en la permanencia de la Constitución. ¿Por qué, pues, se hacen la guerra?

El restablecimiento de las autoridades de la Federación es necesario para que sigamos gobernándonos constitucionalmente.  Al efecto, el Presidente, o Vicepresidente de la República intimarán a los senadores y diputados existentes en Guatemala, y demás puntos de la República, que se reunen en este punto; en falta de ellos concurrirán sus suplentes, compeliéndolos, si fuera necesario, del modo que la Junta Preparatoria estime conveniente.6

Los diputados y senadores que debieron renovarse, o sus suplentes, deberán concurrir también, a efecto de que se vea lo más pronto reunida la representación nacional, y ésta dé el decreto de elecciones de los que deban subrogarlos, no abandonando sus asientos hasta que no vengan a ocuparlos sus sucesores; pero el Congreso, entretaton, no podrá tratar sobre acusaciones a los funcionarios públicos, que se versaren acerca de procedimientos en el actual trastorno, hasta que su mitad no sea renovada. Podrá sí, en virtud de sus atribuciones, si a bien lo tuviere, publicar una amnistía general.

El Estado de El Salvador se abstendrá de toda intervención en los negocios de Guatemala. Las autoridades de éste deberán convenir en su propia renovación, si el Congreso pronunciare haber sido nula la elección.

Reunidas las autoridades federales en el Estado de El Salvador, o donde el Congreso decidiere, la fuerza permanente se retirará a los puntos avanzados de su destino, o a donde deban organizarse y completarse: distante treinta leguas de las autoridades federales, volviendo al Estado de Guatemala las que con motivo de los presentes acaecimientos, se hubieren leantado provisoamente en él.

Las tropas residentes de Opica se retirarán inmediatamente, y con noticia de su llegada a Guatemala, se licenciará la guarnición de El Salvador.  Las tropas que existanen Honduras, a las órdenes del comandante Milla, se retirarán también; y en habiendo llegado a Chiquimula, hará lo mismo la división auxiliar de El Salvador, a las órdenes del coronel Ordóñez.

No se intentará jamás por la fuerza la reforma del Código Federal, sino por los medios que el mismo Código previene.  El Estado de El Salvador mediará gustosamente las diferencias con el de Nicaragua, a fin de conseguir el restablecimiento del orden.  Las autoridades de los Estados se abstendrán de todo procedimiento contra las personas que hubieren tomada partido en las presentes circunstancias dejando su derecho a salvo a las personas que hubieren recibido dado para reclamarlo en juicio.6

El presidente federal Arce leyó la petición, pero la rechazó mediante este comunidado al día siguiente:7

Eso es pedir como si no se hubiese peleado; siempre por la expresión de las pasiones y de los intereses privados.  Mi elemento es la paz; mi martirio derramar sangre centroamericana; se agrava si ella es salvadoreña.

Pidan en razón que estoy pronto a convenir; pero pídase luego porque no permitiré que se pierda tiempo.  La base principal de todo acomodamiento debe ser que haya un nuevo Congreso y un Senado en que la Nación esté representada.  Los pueblos deben elegir con presencia de los sucesos ocurridos desde septiembre: sólo así se conseguirá legitimidad. Yo no aspiro a continuar en el Gobierno: he dicho que reunida la representación dimitiré el mando; pero lo he de cumplir.7

El gobierno de El Salvador juzgó como arrogante la respuesta de Arce e hizo prisionero a Raoult, por considerarlo traidor a la causa.  Después Prado se preparó para la defensa y lanzó una proclama en la que dijo: «el presidente pide como un conquistador, que hace sentir en el platillo de la balanza, el peso de los triunfos«.8

Arce se arrepentiría de no haber aceptado aquella propuesta de paz, pues fue derrotado categóricamente en la batalla de Milingo, en donde no solamente perdió ante El Salvador, sino que por esa derrota fue obligado a separarse de a la presidencia, en la que fue sustituido por el aristócrata Mariano de Beltranena.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  3. Flemion, Philip F. (Noviembre de 1973) States’ Rights and Partisan Politics: Manuel José Arce and the Struggle for Central American Union (en inglés) En: 53 (4). pp. 600–618. doi: //doi.org/10.1215/00182168-53.4.600
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 158.
  5. Ibid., p. 159.
  6. Ibid., p. 160.
  7. Ibid., p. 161.
  8. Ibid., p. 162.
  9. García-Granados y Zavala, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.

4 de abril de 1827: tropas guatemaltecas inician el sitio a Tegucigalpa

La Catedral colonial de Tegucigalpa, Honduras. En los recuadros: Dionisio de Herrera, jefe de Estado de Honduras y teniente coronel Justo Milla, jefe de las tropas sitiadores guatemaltecas. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 el liberal Dioniso de Herrera estaba al frente del Estado de Honduras y tenía a Francisco Morazán como secretario. Por su parte, el presbítero criollo Nicolás Irías Midence era el Vicario Capitular y Provisor General de la Iglesia Católica en el estado hondureño y solamente reconocía la autoridad del arzobispo Ramón Casaus y Torres.2

Morazán influía considerablemente en las decisiones del Jefe de Estado quien se había convertido en un dictador benévolo, ya que la primera Asamblea Legislativa que se formó había nombrado a Herrera en el poder y luego había sido disuelta. Además no había consejo de Estado y la Corte de Justicia no estaba conformada porque los miembros electos no habían tomado posesión de sus cargos. Esta situación no le parecía en lo absoluto al prsbítero Irías, quien por su carácter fuerte y autoritario se oponía radicalmente a lo que disponía Herrera. Aquella situación llegó al punto en que Irías pidió a los fieles católicos que se opusieran a todo lo que decretaba Herrera, a quien llamaba «hereje» y «francmasón«; es más, incluso le pidió a los feligreses que no obedecieran las leyes estatales en lo absoluto.   Herrera, por su parte, robusteció el poder público lo que hizo que los ánimos entre los conservadores católicos y los liberales anticlericales se agitaran y bastara una excusa para llegar a la guerra.3

En ese estado de cosas, un día hicieron disparos contra la casa del  jefe de Estado, y mientras los liberales acusaron a los conservadores de atacarlos, los liberales acusaron a los primeros de haber hecho una pantomima burda para alborotar los ánimos.  Herrera ordenó que redujeran a prisión al presbítero Irías en Comayagua, pero éste logró escaparse y acusó al Jefe de Estado de abuso de autoridad, lanzando pronunciamientos en la región de Occidente y hasta en Olancho, y excolmulgó a Herrera aduciendoque tenían influencia masónica y herética. Es más, vendió algunas joyas de las imágenes religiosas para comprar armas en Belice, mientras organizaba a varios cuerpos del ejército que desertaron.4

Cuando las noticias de lo que estaba ocurriendo eh Honduras llegaron a la Nueva Guatemala de la Asunción —entonces capital de la República Federal de Centro América— el presidente Arce envió al teniente coronel José Justo Milla Pineda —padre del escritor José Milla y Vidaurre— para que pusiera orden en el estado hondureño. 4 Sin embargo, como Milla era aristócrata, en lugar de reducir al orden al presbítero Irías, se puso de acuerdo con él  y el 4 de abril de 1827 marchó sobre la ciudad de Tegucigalpa e inició el sitio de la misma.5

El sitio que hizo Milla fue brutal: hubo saqueos, incendios y tierra arrasada en los alrededores de la capital hondureña durante treinta y seis días.  Herrera, viéndose perdido, propuso la paz a Milla varias veces, pero éste no aceptó diciendo que solamente arreglaría con el Jefe de Estado si éste se rendía incondicionalmente y le entregaba las armas.  Por supuesto, ante semejantes condiciones, Herrera prefirió luchar hasta la muerte, pero fue traicionado por un hondureño de apellido Fernández, quien negoció secretamente con Milla y entregó la plaza. Herrera fue hecho prisionero y llevado a Guatemala bajo fuerte escolta, mientras que varios liberales fueron enviados a prisión a Omoa y a otros reclusorios en varias partes de Honduras.5

Sin embargo, el triunfo ante Herrera le saldría muy caro a los aristócratas, al presidente Arce y al clero encabezada por Irías Midencia, pues el secretario de Herrera, el líder liberal Francisco Morazán, quedó profundamente resentido por aquella acción y decidió vengarla a la primera oportunidad.  En primer lugar, el 11 de noviembre de 1827 Morazán venció al ejército de Milla en la Batalla de la Trinidad, y se convirtió en el nuevo Jefe de Estado de Honduras, obligando al ostentoso Irías Midence a salir al exilio, huyendo de los liberales.6

Y luego, al mando del «Ejéricto protecto de la ley» invadió Guatemala, derrotando a las autoridades federales y estatales tras el sitio de la capital, a las que redujo a prisión el 14 de abril de 1829 y eventualmente envió al exilio en septiembre de ese mismo año.7 Entre los exiliados estaban todos los aristócratas de la familia Aycinena, el teniente coronel Justo Milla, los frailes regulares de la Iglesia Católica y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.  Y en venganza a lo hecho por Milla en Tegucigalpa, permitió que sus tropas saquearan las riquezas de los exiliados y cometieran toda clase de atropellos contra los pobladores de la Nueva Guatemala de la Asunción.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 39.
  3. Ibid., p. 40.
  4. Ibid., p. 41.
  5. Ibid., p. 42.
  6. Oyuela, Leticia (1989). «Historia Mínima de Tegucigalpa» En: Colección Códices. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras. p. 70.
  7. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

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28 de marzo de 1827: el decreto fatal

Tras la labor sediciosa del doctor Pedro Molina y varios criollos liberales y militares como Saget y Pierzon, el jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena los declara fuera de la ley y enemigos de la patria guatemalteca

28marzo1827
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la primera mitad del siglo XIX. En el recuadro: el Dr. Pedro Molina, quien fuera nombrado enemigo de la patria guatemalteca y decretado fuera de la ley por Mariano de Aycinena por medio del Decreto Fatal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El Dr. Pedro Esteban Molina Mazariegos, líder los de criollos liberales guatemaltecos, fue prócer de la Independencia de Centroamérica en 1821, y luego Ministro Plenipotenciario de la República de Centro América ante la República de Colombia y ante la Gran Dieta del Darién en Panamá durante el gobierno del general Manuel José Arce.1 Sin embargo, luego del golpe de estado contra Juan Barrundia en Guatemala en septiembre de 1826, se produjo una crisis política en ese estado, lo que hizo que Arce convocara a unas elecciones especiales para restablecer el gobierno estatal y que concovara a un Congreso extraordinario.  Esto fue sugerido por Mariano Prado, el jefe de gobierno en El Salvador, pero tuvo consecuencias desastrosas para el presidente, ya que en las elecciones que se realizaron en noviembre de 1826, resultó triunfador el líder aristócrata Mariano de Aycinena, y los criollos liberales acusaron a Arce de haberse aliado a los conservadores.2

Tras la nueva elección, Molina ya no regresó a Guatemala sino que radicó en San Salvador, desde donde se dedicó a acusar al presidente Arce de haber traicionado a los criollos liberales y de haberse unido a los aristócratas.1 Junto con Molina emigraron varios criollos liberales, quienes se encargaron de crear un ambiente hostil hacia Arce, ya que estaban buscando apoyo para regresar al poder que habían perdido tras la captura de Barrundia.2

Los criollos liberales guatemaltecos se dedicaron a hacer propaganda negativa contra Arce, diciendo que el presidente estaba controlado por los aristócratas y que estaba tratando de eliminar el obispado de El Salvador y de establer una forma unitaria de gobierno. Como resultado de esta propaganda, Prado ya no apoyó el Congreso extraordinario convocado por Arce, y el 6 de diciembre de 1826 invitó a todos los estados centroamericanos, exceptuando a Guatemala, a enviar sus delegaciones de congresistas a una sesidn especial del congreso a Ahuachapán, El Salvador.2

Arce dejó hacer a Pravo, pero a mediado de diciembre Prado envió tropas a las frontera entre Guatemala y El Salvador.  Si bien el Congreso de Ahuachapán nunca se reunió, tres meses después el gobierno de El Salvador decidió tomar una acción determinante en contra de la supuesta amenaza guatemalteca. Así, a mediado de marzo de 1827, tropas salvadoreñas cruzaron la frontera de Guatemala, iniciando así la Guerra Civil Centroamericana que se extendería hasta abril de 1829.2

La actitud de Molina como líder de aquella propaganda anticonservadora le valió ser proscrito en Guatemala mediante el célebre decreto del 28 de marzo de 1827, en el que el nuevo Jefe de Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena decretó por bando que eran enemigos de la patria y que quedaban proscritos los ciudadanos doctor Pedro Molina y su hijo Esteban, el licenciado Antonio Rivera Cabezas, Miguel Ordóñez, Antonio Corzo, Juan Rafael Lambur, Juan Bendaña y los coroneles Cleto Ordóñez, Nicolás Raoul e Isidoro Saget, estos dos últimos franceses. Igualmente, declaró indignos de la protección de la ley los diputados que hubiesen asistido a Ahuachapán, obedeciendo la convocatoria de Prado.3

Aquel decreto, lejos de ayudar a la causa de Arce y de Aycinena, hizo que los criollos liberales recrudecieran la propaganda en su contra, diciendo que en Guatemala existía una dictadura que exiliaba a sus ciudadanos y que restringía la libertad de prensa.3

Ese fue el inicio de la Guerra Civil Centroamericana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera Maestre, Lorenzo (1878) Reseña Histórica. I. Guatemala: Tipografía de El Progreso. p. 207.
  2. Flemion, Philip F. (Noviembre de 1973) States’ Rights and Partisan Politics: Manuel José Arce and the Struggle for Central American Union (en inglés) En: 53 (4). pp. 600–618. doi: //doi.org/10.1215/00182168-53.4.600
  3. Chamorro, Pedro Joaquín (1951). Historia de la Federación de la América Central, 1823-1840. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica. p. 214.

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12 de marzo de 1828: el «ataque del Viernes Santo» en San Salvador

Las fuerzas federales guatemaltecas atacan San Salvador para tratar de conquistar la plaza que se había rebelado a la autoridad federal tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.

12marzo1828
San Salvador en la década de 1830. En el recuadro: Mariano de Beltranena, quien era el presidente federal en funciones en la Ciudad de Guatemala que ordenó el ataque a San Salvador el viernes santo 12 de marzo de 1828. Imágenes tomadas de EfemeridesSV y Ecured, respectivamente.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 se produce el llamado «Ataque del Viernes Santo» por parte de fuerzas guatemaltecas a las fuerzas salvadorenas que se habían levantado en armas en contra del gobierno del presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga,2 a quien consideraban traidor a la causa liberal por haberse aliado a las causas de los aristócratas guatemaltecos que habían perpetrado el golpe de estado contra Barrundia debido a los decretos que éste había aprobado y que afectaban directamente sus intereses.

Ya para 1828 la guerra civil llevaba dos años y Arce se había separado del gobierno, dejándolo en manos del vice-presidente, Mariano de Beltranena, luego del desastre que sufrieran sus tropas contra los salvadoreños en Milingo en 1827.3 Los Estados de Guatemala y El Salvador habían entablado varias sangrientas batallas, aunque sin resultado favorable para ninguno de los dos.4  Los guatemaltecos llamaban «herejes«, «fiebres» y «anarquistas» a los salvadoreños, mientras que éstos llamaban a los guatemaltecos «serviles» por decir que defendían la defensa de la religión y el mantenimiento de las tradiciones coloniales.5

El 1 de marzo se enfrentaron las fuerzas de ambos estados en la Batalla de Chalchuapa.  El comandante de las tropas federales guatemaltecas era el brigadier Manuel Arzú, mientras que el salvadoreño era el mercenario ecuatoriano Rafael Merino, un individuo borracho y fanfarrón que fue vencido categóricamente por las fuerzas guatemaltecas.  La noticia fue recibida en Guatemala con gran algarabía, que incluyó el repique de campanas, quema de cohetillos y hasta monjas que prendieron velas a las ánimas del purgatorio.6

Los salvadoreños no se quedaron de brazos cruzados y se prepararon para el asalto de la ciudad de San Salvador.  El 11 de marzo recibieron una propuesta de parte de Arzú para firmar la paz, pero la rechazaron por considerarla inaceptable así se prepararon para el asalto final, en el día supuestamente más sagrado para los atacantes que defendían la religión: el Viernes Santo 12 de marzo.7

Arzú llevaba a los coroneles Montúfar, Domínguez y Aycinena al frente de sus cuerpos del ejército y decidió atacar San Salvador por tres puntos diferentes. El ataque de los guatemaltecos fue salvaje y cruel, dejando tras de sí toda clase de crímenes y desolación.  El mismo Arzú dijo en un manifiesto:

«Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.»7

Los salvadoreños, por su parte, hacían añicos a cualquier federal guatemalteco que cayera en sus manos.7

A las once de la mañana del Viernes Santo los guatemaltecos estaban en la ciudad y se entabló un feroz combate que se prolongó por varias.  Arzú, que entonces tenía más de sesenta años de edad pasó tomando licor toda la batalla y ya totalmente embriagado ordenó el cese al fuego a las cinco de la tarde.8 Los salvadoreños habían logrado resistir e incluso incendiaron el parque de los invasores,2 que tuvieron que retirarse a Mejicanos y enviar emisarios para llegar a un acuerdo de paz, mientras en la ciudad de Guatemala pasaron de la euforia a la recriminación.8

Fue aquel el principio del fin para los aristócratas guatemaltecos, que el 14 de abril de 1829 tuvieron que rendirse a las fuerzas invasoras del liberal Francisco Morazán, que los redujo a prisión, les confiscó todos sus bienes, y expulsó a la mayoría de ellos de la región centroamericana.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz en el Palacio. p. 46.
  3. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.
  4. Marure, Efemérides de los hechos notables, pp. 44-45.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 410.
  6. Ibid, p. 411.
  7. Ibid, p. 412.
  8. Ibid, p. 413.
  9. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

15 de febrero de 1829: derrota de Morazán en Mixco

En un intento desesperado por evitar el sitio de la ciudad de Guatemala, las fuerzas estatales logran derrotar a las fuerzas que Francisco Morazán había enviado a Mixco.

15febrero1829
El poblado de Mixco en 1895, en una fotografía de los esposos Maudslay publicada en 1899. En el recuadro: retrato del general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1829, el general hondureño Francisco Morazán era prácticamente invencible. Después de sendos triunfos sobre las fuerzas federales al frente de su «Ejército Protector de la Ley«, Morazán había invadido Guatemala por el oriente del Estado luego de que los criollos liberales hubieran sido reprimidos violentamente tras intentar resistirse al gobierno de Mariano de Aycinena en la Antigua Guatemala.1 Gracias a su habilitad militar, Morazán avanzó fácilmente por el territorio guatemalteco llegando hasta Pinula, en donde un grupo de los liberales que se habían alzado contra Aycinena —liderado por el francés Isidoro Saget— se unió a sus fuerzas.2

El gobierno de Aycinena no contaba con jefes militares capaces de enfrentar a Morazán, ya que el ex-presidente Manuel José Arce se había retirado de la vida política tras ser destituido y se desconfiaba del general italiano Francisco Cáscara por ser leal a Arce.  Eventualmente, Cáscara renunció a la comandancia de armas y el general Agustín Prado, conservador rematado, tomó el mando pero con contaba con la experiencia militar ni con suficientes soldados para contener al ejército invasor. Prado optó por concentrar a sus fuerzas en la Ciudad de Guatemala y se preparó para el sitio final. Por su parte, con el control de las posiciones de Pinula y El Aceituno, Morazán envió a parte de sus soldados a la Antigua Guatemala por el camino de Amatitlán, para que restituyeran a las autoridades que habían sido destituidas tras el golpe de estado de 1826, desconociendo así al gobierno de Aycinena. Además, Morazán envió tropas a Mixco, para cercar completamente la ciudad y cortar el suministro de víveres a la misma.3

En una medida desesperada, el general Prado envió al coronel Pacheco al mando de mil hombres, para que recuperaran la plaza de Mixco. El 14 de febrero por la noche, Pacheco ordenó a sus hombres que marcharon en dos filas a ambos lados del camino, con las armas invertidas para que la luz de la luna no se reflejara en ella, y así llegaron hasta Mixco, en donde atacaron a las fuerzas de Morazán por sorpresa a las altas horas de la madrugada del 15 de febrero. Viéndose en desventaja, parte de las tropas huyó mientras que un grupo se atrincheró en el convento local, desde donde intentó ofrecer resistencia pero sin ningún efecto. Enterado de la derrota, Morazán reagrupó a sus fuerzas y se dirigió a la Antigua Guatemala, desde donde iniciaría el sitio hacia la ciudad. Por su parte, el general Prado no supo que hacer con su victoria y ordenó a las fuerzas guatemaltecas que regresaran a la ciudad a prepararse para el sitio que se avecinaba.4

Eventualmente, Morazán logró regruparse y finalmente tomó la ciudad el 14 de abril, haciendo prisioneros a los criollos aristócratas y a las autoridades federales a quienes expulsó de la región centroamericana junto con los órdenes regulares y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández De León, Federico (1963) [1924] El Libro de las Efemérides; Capítulos de las Historia de América Central. V Guatemala: Tipografía Nacional. p. 266.
  2. Ibid, p. 267.
  3. Ibid, p. 268.
  4. Ibid, p. 269.
  5. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.

8 de diciembre de 1844: Rivera Paz renuncia a la presidencia del Estado

El Jefe de Estado Mariano Rivera Paz presente su renuncia irrevocable por la presión del capitán general Rafael Carrera

8diciembre1844
La entrada a Río Dulce en la época en que Mariano Rivera Paz era el Jefe de Estado de Guatemala, según un dibujo del arquitecto británico Frederick Catherwood. En el recuadro: el Jefe de Estado Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Después de que el teniente coronel Rafael Carrera consiguiera que Juan José de Aycinena renunciara a su cargo  el 11 marzo de 1844 tras firmar el convenido de Guadalupe con los alzados de Pinula, el Jefe de Estado Mariano Rivera Paz tuvo que formar un nuevo gabinete el 26 de abril, conformado por moderados.1

Pero luego de un intento de invasión del presidente salvadoreño Francisco Malespín en represalia a una fallida invasión de Manuel José Arce apoyada por Carrera, y del subsiguiente convenio de paz firmado en la hacienda de Quesada el 5 de agosto de 1844, el gobierno guatemalteco se quedó sin dinero para pagar a la tropa, la cual provocó una revuelta para exigir su pago.  Aunque Rafael Carrera en persona disolvió la revuelta e hizo ejecutar a los seis cabecillas, esto aceleró la caída del Jefe de Estado Rivera Paz para quien se hizo cada vez más difícil poder gobernar debido a las exigencias del general Carrera. Finalmente, el 8 de diciembre Rivera Paz declaró que el país necesitaba un cambio de administración y presentó su renuncia irrevocable.2

De inmediato se reunió inmediatamente un Consejo Constituyente, que escogió como su presidente al liberal José Venancio López, mediante el siguiente decreto:

Nosotros, los representantes de los pueblos del Estado de Guatemala en Centro América, reunidos en bastante número a consecuencia de la convocatoria mandada hacer por el decreto de 14 de marzo del presente año; después de haber examinado nuestros respectivos poderes y habiéndolos hallado conformes declaramos:

El consejo constituyente del Estado de Guatemala, libre y soberano, está solemnemente instalado.

Comuníquese al supremo gobierno para su publicación.

Guatemala, en el salón de sus sesiones a ocho de diciembre de mil ochocientos cuarenta y cuatro.

    • José Venancio López, presidente
    • Rafael de Arias y Lavairu
    • Manuel Gálvez
    • Ignacio María Ponciano
    • Rodrigo Arrazola
    • Feliz Juárez
    • Plácido Flores, secretario.
    • M.J. Arango, secretario.2

Este Consejo supuestamente constituyente solamente sirvió para elegir a Carrera para suceder a Rivera Paz, el 11 de diciembre de 1844.  De esta forma, con toda la apariencia de legalidad, Carrera consumó su segundo golpe de estado, y se hizo finalmente con el poder el 14 de diciembre de ese año.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (7 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 7 de marzo de 1844: Renuncia del Ministro, Señor Marqués de Aycinena. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 72-73.

3 de diciembre de 1821: Gaínza pide tiempo a Iturbide para decidir sobre la Anexión

Gabino Gaínza le responde al emperador Agustín de Iturbide, pidiéndole hasta el 3 de enero para consultar a los pueblos sobre la Anexión a México.

3diciembre1822
Pintura alegórica de la coronación de Agustín I, Emperador del Primer Imperio Mexicano del Septentrión al que se anexó Centroamérica el 5 de enero de 1822. En el recuadro: la firma de Gabino Gaínza, ex-Capitán General y entonces presidente de la Junta Provisoria Consultiva que gobernó a Centroamérica hasta esa fecha. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El acta de Independencia del Reino de Guatemala, firmada el 15 de septiembre de 1821, era un documento que dejaba en manos de un Congreso, a celebrarse el 1 de marzo de 1822, el tema de la independencia absoluta,1 de acuerdo a los siguientes artículos:2

2.° —Que desde luego se circulen oficios a las provincias, por correos extraordinarios, para que sin demora alguna, se sirvan proceder á elegir diputados ó representantes suyos, y estos concurran á esta capital á formar el congreso que debe decidir el punto de independencia general y absoluta, y fijar, en caso de acordarla, la forma de gobierno y ley fundamental que deba regir.  […]

6.°— Que en atención a la gravedad y urgencia del asunto, se sirvan hacer las elecciones de modo que el día primero de marzo del año próximo estén reunidos en esta capital todos los diputados.2

El sistema representativo al que apelaban los republicanos se legitimaba en uno de los dos periódicos publicados en la capital del Reino: «El Editor Constitucional«, fundado en 1820, y que tras la independencia cambió de nombre por «El Genio de la Libertad«. Este periódico era el órgano oficial del partido de los criollos liberales e incluía a Pedro Molina, José Francisco Barrundia, al cura José Matías Delgado, Manuel José Arce, y Juan Manuel Rodríguez, entre otros. Este grupo pensaba que la monarquía, por más constitucional o moderada que fuese, era sinónimo de vanidad, desigualdad social y despotismo. Y también señalaba que el gobierno representativo del republicanismo que promulgaban no era sinónimo de democracia, ya que el pueblo limitaba sus funciones soberanas a la facultad de elegir a sus legisladores. En particular a los legisladores, era al que estaba asociada para ciertos actores y publicistas la construcción de la verdadera opinión pública.1

Si bien en un principio la Junta Provisional Consultiva presidida por Gabino Gaínza adoptó la postura republicana, como evidencia el Acta de Independencia, para mediados de noviembre de 1821 las autoridades interinas de Guatemala dieron un giro radical, decantándose por la celebración de concejos abiertos debido a que sus miembros se encontraron acorralados por las presiones mexicanas para adherirse al proyecto imperial de Agustín de Iturbide, y por la rápida desmembración del antiguo Reino. Es importante destacar que las diputaciones provinciales de Honduras y Nicaragua, así como algunos cabildos de Costa Rica, habían jurado la independencia de España, pero a la vez se declararon separados de la ciudad de Guatemala argumentando su decisión por la amarga experiencia vivida bajo su yugo durante los años de dominación colonial.1

El 19 de octubre Iturbide le había enviado un oficio a Gaínza en el cual presionaba sutilmente para que el antiguo Reino se incorporara a México. Ya para entonces algunos de los miembros de la Junta Provisional ya eran conscientes de que la única alternativa para las provincias estaba en el Plan Trigarante de Iturbide. Para el futuro emperador, los intereses de México y del Reino de Guatemala eran idénticos y consideraba que el Plan de Iguala aseguraría a todos los pueblos el goce “imperturbable de su libertad” y los protegería de cualquier invasión.  Iturbide le recordaba a Gaínza que México era sinónimo de “grandeza y opulencia” y, aunque enfatizaba que no quería someter a los pueblos a su voluntad, creía conveniente enviar una división del ejército mexicano “numerosa y bien disciplinada, que […] reducirá su misión a proteger con las armas los proyectos saludables de los amantes de su patria”.  Por otro lado estaba la posición de la Iglesia Católica, representada por Juan José de Aycinena, quien creía que la unión a México era lo más favorable para el Reino de Guatemala porque no trastocaría los privilegios de los clérigos y porque, para él, la fuente de la autoridad no venía de los hombres sino de Dios y por lo tanto, un gobierno republicano no tenía cabida en sus planes.1 Fue muy importante también en esta decisión la situación económica de la recién independizada región, resumida magistralmente por el coronel Antonio José de Irisarri: «La república de Guatemala debía esperar que su independencia fuera más bien asegurada componiendo una nación de nueve a diez millones de habitantes, que quedando reducida a un gran despoblado en que no habia dos millones, con sus costas indefensas, sin marina, sin erario, sin ejército, obligada hasta entonces a recibir de México un subsidio para llenar sus gastos3

En vista de todo esto, la Junta Provisional Consultiva, desobedeciendo el Acta de Independencia, ya no convocó al Congreso de 1822 sino que, debido a la premura con que Iturbide deseaba una respuesta, sugirió que fueran los cabildos abiertos quienes expresasen su voluntad.  Y una vez tomada la decisión en la sesión del 28 de noviembre, Gaínza se dirigió a los pueblos del Reino el 30 del mismo mes, comunicándoles que en el oficio enviado por Iturbide le llamó la atención la superioridad de México por su riqueza, población y fuerza y que la disidencia de Chiapas, Comayagua, León y Quetzaltenango le provocó desconcierto. También les informó que temía el ingreso del ejército mexicano y confesaba que le atraía la idea de unirse a “un Imperio poderoso” que pudiera defender la libertad del Reino. 

Como no contaba con la facultad para decidir un asunto tan grave, y como el asunto de la Anexión no podía esperar hasta febrero de 1822 el Congreso Nacional mencionado en el Acta de Independencia, Gaínza ordenó que los ayuntamientos en concejos abiertos expresaran la opinión de sus pueblos luego de leer la nota de Iturbide. Las contestaciones se remitirían al alcalde primero de cada partido y éste las enviaría a Gaínza con rapidez para que la Junta Provisional contestara a México.  Y aquí es donde empezaron las disputas entre los criollos conservadores aristócratas y los criollos liberales republicanos ya que estos últimos argumentaban que la postura de las autoridades de Guatemala contradecía los acuerdos tomados anteriormente, pues ya habían sostenido que no era facultad de los ayuntamientos decidir sobre ese importante asunto.  Por su parte, Gaínza y los criollos aristócratas señalaban que si los Pueblos son los que por sí o por medio de sus representantes pronunciaban su voluntad sobre el punto de unión o independencia de México, los concejos abiertos estaban conformes a lo estipulado en el Acta de Independencia.1

Finalmente, Gaínza contestó a Iturbide el 3 de diciembre, indicándole que era necesario consultar a diversos cabildos centroamericanos para dar una respuesta sobre la cuestión. Al final de su misiva expresó: «Espero que Vuestra Excelencia dejará en suspenso sus decisiones, y detendrá la marcha de su división armada, hasta la llegada de mi respuesta que le enviaré por correo el 3 de enero de 1822«.

El 3 de enero de 1822, Gaínza envió a Iturbide su conteo aún incompleto: 32 ayuntamientos aceptaban la anexión si lo hacía la Junta Provisional; 104 aceptaron llanamente la anexión; dos se oponían de plano, y otros 21 opinaban que esta cuestión sólo podía ser debatida por el congreso que debía reunirse en marzo.4  Si bien algunos pueblos se oponían a la Anexión, hubo muchos pueblos (como por ejemplo: Comayagua, Ciudad Real de Chiapas, Quetzaltenango, Sololá, y la Diputación Provincial de la Provincia de Nicaragua y Costa Rica4) que se unieron por iniciativa propia al Imperio, aun saltando por encima del conducto oficial de Gaínza.  Por lo tanto, la Junta Provisional Consultiva declaró la unión del Reino de Guatemala al Imperio de México en un acta firmada el 5 de enero en la Ciudad de Guatemala.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaR, XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: http://orcid.org/0000-0002-5998-9541 
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Irisarri, Antonio José (1862). Refutacion de la refutacion que Don Lorenzo Montufar ha publicado en Paris de las que él llama Aserciones Erróneas publicadas por el Monitor Universal del 16 de mayo último sobre la guerra de Guatemala contra San Salvador I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 18.
  4. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, reunidas en virtud de una orden especial del Gobierno Supremo de la República, pp. 14-16.

18 de octubre de 1826: Pierzon masacra a quienes lincharon a Cirilo Flores

El coronel José Pierson, jefe del ejército del Estado de Guatemala, bate en Salcajá a los que lincharon al Jefe de Estado Cirilo Flores

18octubre1826
Iglesia de San Jacinto en Salcajá, la cual según la tradición data de 1524, siendo la primera iglesia católica formal que hubo en Guatemala. En el recuadro, el presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la Independencia de Centroamérica, varios mercenarios europeos intentaron probar suerte en la región para hacer fortuna. Entre ellos destacan los franceses José Pierzon, Isidoro Saget y Jean-Baptiste Fouconnier y el inglés Gordon.1

En 1826, Pierzon ya era coronel y estaba en las filas de las fuerzas federales apostadas en el Estado de Guatemala. Sin embargo, tras la decisión del general presidente Manuel José Arce y Fagoaga de encarcelar al jefe del Estado de Guatemala Juan Barrundia en septiembre de ese año,2 Pierson desertó del ejército Federal para y organizó las tropas estatales de Guatemala refugiándose en la región de Los Altos, en el occidente de Guatemala.1

A principios de octubre Pierson salió de Quezaltenango a perseguir las tropas federales del comandante Manuel Montúfar y Coronado. Asistió a la Dieta de los Cuatro Jefes del Estado de los Altos, en donde se fomentó la organización de un verdadero frente de oposición militar al poder del Presidente Arce, a quien los criollos liberales de la región consideraban como un traidor a sus ideales por haberse aliado a los interes de los criollos aristócratas de la Ciudad de Guatemala.3

En preparación de sus tropas para enfrentar a las fuerzas federales, Pierson cometió el error de confiscar los caballos de los pobladores de Quetzaltenango por la fuerza, incluyendo los de las órdenes religiosas, lo que agitó los ánimos en contra del gobierno del Estado, reunido a la sazón en esa ciudad altense luego de que huyeran de Guatemala tras la prisión de Barrundia.3 Indirectamente, esta imprudencia fue la causa de la muerte del Jefe de Estado interino, Cirilo Flores, cuando fue a intentar a calmar los ánimos de la población quetzalteca que creía que los criollos liberales querían expulsar a los frailes del Estado.4

Al enterarse de la salvaje muerte de Flores Pierson decidió aplastar a los promotores de la misma, combatiéndolos el 18 de octubre de 1826 en Salcajá, donde murieron 40 soldados, pero en donde abusó de las facultades que le fueron confiadas y sacrificó multitud de víctimas inocentes.1,5 Posteriormente ocupó brevemente la población hasta fue derrotado por las fuerzas federales del comandante Francisco Cáscara, teniendo que salir huyendo a Malacatan, buscando asilo en la frontera con Soconusco, pero su fuerza fue aplastada allí el 28 de octubre, aunque Pierson logró huir al Estado de Chiapas pero sus compañeros fueron aprehendidos entre ellos varios diputados del estado de Guatemala amigos de Flores.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Belaubre, Christophe (2007). Principales aspectos de la experiencia militar de José Pierson en Centroamérica. AFEHC.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  4. Fernández Ordíñez, Rodrigo (2008) ¡Muerte al hereje!: el linchamiento de Cirilo Flores Estrada. Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación
  5. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 37.

13 de octubre de 1826: linchamiento de Cirilo Flores

Una turba fanática lincha al jefe de Estado Cirilo Flores en Quetzaltenango, poco después de la prisión de Juan Barrundia

13octubre1826
Vista general de la ciudad de Quetzaltenango en la década de 1880. En el recuadro: busto del Jefe de Estado Cirilo Flores que se encuentra en la ciudad de Quetzaltenango. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y del Departamento de Educación de la Universidad Francisco Marroquín.

El primer presidente de la República Federal de Centro América, el general Manuel José Arce y Fogoaga, fue electo en 1825 tras un proceso electoral poco satisfactorio y desde que tomó posesión el 29 de abril de ese año, tuvo que hacer malabares para gobernar a la naciente república federal, intentando mediar entre los criollos aristócratas y los criollos liberales, quienes se odiaban mutuamente. La situación de Arce se vió agravada cuando el jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia decide retornar la capital del Estado a la ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, pues ahora había dos gobiernos constituidos, ubicados a pocas calles uno del otro; cada uno con su propio ejército, y sus propias necesidades y pretensiones.1

La tensión llegó al máximo cuando Barrundia fue destituido y hecho prisionero en septiembre de 1826,2 luego de que los aristócratas rechazaran los decretos anticlericales y el decreto que clausuraba el Consulado de Comercio (los cuales afectaban directamente sus intereses económicos) y consiguieran influir en el presidente Arce para modificarlos.3 Esto llevó a que tanto el Congreso como el Senado federales se declararan disueltos al no aprobar las acciones del presidente federal, quien asumió poderes dictatoriales y llamó a nuevas elecciones legislativas, convocando a un Congreso extraordinario que se habría de reunir en la Villa de Cojutepeque, en el Estado de El Salvador.2

Pero en el estado de Guatemala, la situación estaba lejos de estar bajo control. Tras la destitución de Barrundia, asumió como jefe del Estado Cirilo Flores el 6 de septiembre de 1826, en medio de la persecución política contra los criollos liberales que había lanzado el presidente Arce. Por esto, en una reunión secreta el Consejo de Estado y la Asamblea Legislativa del Estado acordaron trasladar su sede a la ciudad de Quetzaltenango, para iniciar desde allí labores el 15 de septiembre de ese año, pero Flores logró detenerlos en Chimaltenango y acordaron que la Asamblea se instalara en la villa de San Martín Jilotepeque, desde donde emite un decreto llamando a que se establezcan las milicias de «voluntarios defensores de la constitución» para defender la autoridad el Estado el 22 de septiembre.4

Ante esto, el presidente federal los amenazó con disolver la Asamblea por la fuerza, y los diputados decidieron trasladarse definitivamente a Quetzaltenango el 29 de septiembre y así poder para iniciar sesiones allí el 10 de octubre. En esa ciudad, no obstante, ya había un mal ambiente contra el el jefe interino Flores, ya que éste se expresado en público contra algunas preocupaciones religiosas, y porque, algunos días antes, había fomentado el proyecto de introducir el agua a la plaza pública por arquerías hechas con capitales de obras pías.5

Los frailes regulares, principales colaboradores de los criollos aristócratas por sus mutuos intereses económoicos, circularon pastorales subversivas e hicieron correr rumores haciendo creer a sus feligreses que los liberales eran masones y que estaban tratando de acabar con los conventos de religiosos. Además, acusaron a los liberales de que querían remover a los curas seculares de sus curatos, y tomarse la plata y vasos sagrados de las iglesias y el dinero de las cofradías. Incluso se llegó al extremo de asegurar que había intentos de degollar a los sacerdotes. Baste decir que la voz de alarma corrió entre los quetzaltecos, y se regó entre los indígenas de los pueblos vecinos. Flores, mientras tanto, estaba preocupado por una posible agresión del Presidente de la Federación y ordenó las medidas necesarias para la defensa de la ciudad, alistando tropa en todos los pueblos y estableciendo como plaza fuerte la población de Patzún. Como no disponía de dinero de forma inmediata, decretó un empréstito forzoso, lo que no fue bien recibido por la población. Y, por si esto fuera poco, el coronel José Pierzon, comandante de las fuerzas del estado, dio orden a algunos de sus oficiales para que, en la misma noche, los sacasen por fuerza a los caballos de casa de sus dueños, armando un alboroto cuando la tropa llegó a un convento y abrió la puerta a sablazos para sacar a las bestias.5

Aquel fue el detonante de la tragedia.

Al día siguiente los frailes franciscanos anunciaron que abandonarían la ciudad por no poder seguir soportando las arbitrariedades de los liberales, lo que enardeció a la población, que empezó a agolparse en la puerta de los conventos. El alboroto iba escalando sin control, por lo el alcalde Pedro Ayerdi y el regidor Tomás Cadenas se presentaron en la casa de Flores para ponerlo al tanto de los sucesos, y éste dispuso ir al convento franciscano a dar explicaciones. Pero fue recibido con improperios e insultos, y tuvo que refugiarse en el convento. Cuando entró al asilo sagrado algunas mujeres se arrojaron sobre él, le arrancaron bruscamente el bastón y el gorro que llevaba en la cabeza, con parte del pelo y le dieron golpes con el mismo bastón, mientras que otras le tiraban de su ropa. Si no hubiera sido por el fraile Antonio Carrascal, que logró llevarlo hasta el púlpito, lo matan allí mismo.5

Flores descubrió entre la multitud a José María Marcelo Molina y Mata, y sabiendo que éste gozaba de algun influjo en la población, lo llamó para que subiese al púlpito, y desde allí hablase a la multitud. Molina y Mata logró llegar, pero apenas pronunció las primeras palabras en favor de Flores, cuando el pueblo gritó «Muera el hereje, y usted no se meta a defenderlo, porque también corre peligro«. Pero Molina y Mata siguió intentando y logró aplacar los ánimos, prometiendo que Jefe de Estado interino saldría desterrado. Pero en ese momento, una descarga de fusilería de la tropa sobre el pueblo echó por tierra todo el plan. El pueblo en masa se echó sobre la tropa, desarmó una parte, y puso en fuga a los demás, mientras que los frailes hicieron a Flores descender del púlpito, atravesaron con él la iglesia y parte del claustro, y le conducían con gran fatiga a la celda del cura. Pero antes de llegar, Longino López lo arrancó de los brazos de los religiosos, le dio el primer golpe con un palo, y lo entregó a la horda fanática y rabiosa, compuesta en su mayor parte de mujeres; como furias desencadenadas se echaron sobre el Flores, con piedras, palos y puñales, golpeándolo e hiriéndolo salvajemente hasta matarlo.5

Tras estos terribles sucesos los criollos aristócratas se hicieron con el poder en Guatemala, pero el resto de estados se alzó en armas iniciando la Guerra Civil Centroamericana, la cual terminó en su primera fase el 14 de abril de 1829, cuando el general liberal hondureño Francisco Morazán invadió Guatemala, hizo prisioneros a los aristócratas6 y al cabo de unos meses expulsó a las órdenes religiosas del territorio centroamericano.6 Irónicamanete, si bien los frailes habían hecho circular noticias alarmantes sobre lo que querían hacer los liberales en 1826 solamente para alterar los ánimos de sus feligreses, todos sus temores se cumplieron en 1829: Morazán expulsó a los frailes y quitó el diezmo obligatorio a los curas párrocos, también les confiscó todos sus bienes, y las tropas liberales se robaron todo lo que pudieron de los vasos sagrados y joyas de los templos. De hecho, los frailes no regresarían a Guatemala sino hasta 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arce, Manuel José (1830). Memoria de la conducta publica y administrativa de Manuel José Arce, durante el periodo de su presidencia : escrita en defensa de las calumnias que contra su persona han vertido los mismos que se rebelaron contra el gobierno y la nación de Centro-América. México: Imprenta de Galván á cargo de Mariano Arévalo. OCLC 054265435.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p.p 32-36.
  3. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  4. Asamblea Legislativa and Guatemala. Departamento de Guerra (22 de septiembre de 1826), Hoja suelta-Decreto, S. Martin Xilotepeque, Guatemala, 22 de septiembre de 1826 San Martin Xilotepeque, Guatemala.
  5. Fernández Ordíñez, Rodrigo (2008) ¡Muerte al hereje!: el linchamiento de Cirilo Flores Estrada. Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.