4 de abril de 1827: tropas guatemaltecas inician el sitio a Tegucigalpa

La Catedral colonial de Tegucigalpa, Honduras. En los recuadros: Dionisio de Herrera, jefe de Estado de Honduras y teniente coronel Justo Milla, jefe de las tropas sitiadores guatemaltecas. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 el liberal Dioniso de Herrera estaba al frente del Estado de Honduras y tenía a Francisco Morazán como secretario. Por su parte, el presbítero criollo Nicolás Irías Midence era el Vicario Capitular y Provisor General de la Iglesia Católica en el estado hondureño y solamente reconocía la autoridad del arzobispo Ramón Casaus y Torres.2

Morazán influía considerablemente en las decisiones del Jefe de Estado quien se había convertido en un dictador benévolo, ya que la primera Asamblea Legislativa que se formó había nombrado a Herrera en el poder y luego había sido disuelta.  Además no había consejo de Estado y la Corte de Justicia no estaba conformada porque los miembros electos no habían tomado posesión de sus cargos.   Esta situación no le parecía en lo absoluto al prsbítero Irías, quien por su carácter fuerte y autoritario se oponía radicalmente a lo que disponía Herrera. Aquella situación llegó al punto en que Irías pidió a los fieles católicos que se opusieran a todo lo que decretaba Herrera, a quien llamaba «hereje» y «francmasón«; es más, incluso le pidió a los feligreses que no obedecieran las leyes estatales en lo absoluto.   Herrera, por su parte, robusteció el poder público lo que hizo que los ánimos entre los conservadores católicos y los liberales anticlericales se agitaran y bastara una excusa para llegar a la guerra.3

En ese estado de cosas, un día hicieron disparos contra la casa del  jefe de Estado, y mientras los liberales acusaron a los conservadores de atacarlos, los liberales acusaron a los primeros de haber hecho una pantomima burda para alborotar los ánimos.  Herrera ordenó que redujeran a prisión al presbítero Irías en Comayagua, pero éste logró escaparse y acusó al Jefe de Estado de abuso de autoridad, lanzando pronunciamientos en la región de Occidente y hasta en Olancho, y excolmulgó a Herrera aduciendoque tenían influencia masónica y herética. Es más, vendió algunas joyas de las imágenes religiosas para comprar armas en Belice, mientras organizaba a varios cuerpos del ejército que desertaron.4

Cuando las noticias de lo que estaba ocurriendo eh Honduras llegaron a la Nueva Guatemala de la Asunción —entonces capital de la República Federal de Centro América— el presidente Arce envió al teniente coronel José Justo Milla Pineda —padre del escritor José Milla y Vidaurre— para que pusiera orden en el estado hondureño. 4 Sin embargo, como Milla era aristócrata, en lugar de reducir al orden al presbítero Irías, se puso de acuerdo con él  y el 4 de abril de 1827 marchó sobre la ciudad de Tegucigalpa e inició el sitio de la misma.5

El sitio que hizo Milla fue brutal: hubo saqueos, incendios y tierra arrasada en los alrededores de la capital hondureña durante treinta y seis días.  Herrera, viéndose perdido, propuso la paz a Milla varias veces, pero éste no aceptó diciendo que solamente arreglaría con el Jefe de Estado si éste se rendía incondicionalmente y le entregaba las armas.  Por supuesto, ante semejantes condiciones, Herrera prefirió luchar hasta la muerte, pero fue traicionado por un hondureño de apellido Fernández, quien negoció secretamente con Milla y entregó la plaza. Herrera fue hecho prisionero y llevado a Guatemala bajo fuerte escolta, mientras que varios liberales fueron enviados a prisión a Omoa y a otros reclusorios en varias partes de Honduras.5

Sin embargo, el triunfo ante Herrera le saldría muy caro a los aristócratas, al presidente Arce y al clero encabezada por Irías Midencia, pues el secretario de Herrera, el líder liberal Francisco Morazán, quedó profundamente resentido por aquella acción y decidió vengarla a la primera oportunidad.  En primer lugar, el 11 de noviembre de 1827 Morazán venció al ejército de Milla en la Batalla de la Trinidad, y se convirtió en el nuevo Jefe de Estado de Honduras, obligando al ostentoso Irías Midence a salir al exilio, huyendo de los liberales.6

Y luego, al mando del «Ejéricto protecto de la ley» invadió Guatemala, derrotando a las autoridades federales y estatales tras el sitio de la capital, a las que redujo a prisión el 14 de abril de 1829 y eventualmente envió al exilio en septiembre de ese mismo año.7  Entre los exiliados estaban todos los aristócratas de la familia Aycinena, el teniente coronel Justo Milla, los frailes regulares de la Iglesia Católica y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.  Y en venganza a lo hecho por Milla en Tegucigalpa, permitió que sus tropas saquearan las riquezas de los exiliados y cometieran toda clase de atropellos contra los pobladores de la Nueva Guatemala de la Asunción.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 39.
  3. Ibid., p. 40.
  4. Ibid., p. 41.
  5. Ibid., p. 42.
  6. Oyuela, Leticia (1989). «Historia Mínima de Tegucigalpa» En: Colección Códices. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras. p. 70.
  7. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

1 de abril de 1829: Costa Rica se separa de la República Federal de Centro América

Viendo que la Guerra Civil Centroamericana había dejado prácticamente acéfala a la República Federal, el Estado de Costa Rica decreta la Ley Aprilia, separándose temporalmente de la misma.

1abril1829
Vista de la ciudad de San José, Costa Rica, a principios del siglo XX. En el recuadro: el jefe de Estado de Costa Rica, Juan Mora Fernández, quien aprobó la Ley Aprilia en 1829. Imágenes tomadas de Mi Costa Rica de Antaño y de Wikimedia Commons.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana el Jefe de Estado de Guatemala, el líder aristócrata Mariano de Aycinena, declaró a los liberales guatemaltecos exiliados en El Salvador como enemigos de la patria, lo que agravó aún más la ya frágil situación1 y cuando el presidente Arce fue derrotado categóricamente en Milingo, El Salvador en 1827, fue obligado a retirarse de la presidencia y fue sustituido por el aristócratas Mariano de Beltranena, quien fungía como vice-presidente de la República.2  Después de esto ya no había marcha atrás en la guerra entre los criollos aristócratas y criollos liberales, la cual se agravó en Guatemala cuando los liberales desconocieron a Aycinena en Antigua Guatemala y fueron reprimidos por el gobierno estatal en enero de 1829.3

Aquella fue la excusa que necesitaba el general liberal Francisco Morazán, para invadir Guatemala, y llegar a sitiar la ciudad, en donde se encontraban las autoridades civiles del estado y de la República Federal.  Ante esta situación, el gobierno del Estado de Costa Rica pidió reiteradamente que se llegara a un acuerdo pacífico, pero cuando se hizo evidente que Morazán no iba a parar sino hasta que hubiera tomado la ciudad al frente de su «Ejército Protector de la Ley«,4 el 1 de abril de 1829 el Estado de Costa Rica decidió reasumir la plenitud de su soberanía y se declaró en ejercicio de ella, sin sujeción ni responsabilidad, mientras se restablecían las Supremas autoridades federales, que ya estaban prácticamente derrotadas y solamente buscando como negociar su rendición.5

Al abrirse la quinta legislatura de la Asamblea del Estado de Costa Rica, el Jefe de Estado Juan Mora Fernández dijo: «El gobierno federal no existe ni la representación nacional que formaban los vínculos de la federación. El Estado se halla aislado; su administración, sus relaciones, su conservación, su defensa, su seguridad, todo depende exclusivamente de sus propios recursos y esfuerzos; y en este concepto, los supremos poderes del mismo deben reasumir, en cuanto mira a él, las atribuciones y deberes que gravitan sobre la federación. Bajo esta consideración parece inevitable os sirváis adoptar provisionalmente un régimen unitario, en cuanto al gobierno y aplicación de las rentas que eran destinadas a la federación y los objetos que le eran encargados por la ley, y formar de ellas y las del Estado una masa común para proveer a la administración en todos los conceptos«.6

Así pues, tomando en consideración lo asegurado por Mora Fernández, la Asamblea de Costa Rica emitió el decreto 175, llamado «Ley Aprilia» el cual dice:

La Asamblea Constitucional del Estado libre de Costa Rica, cierta de que a la fech ano existe en ejercicio jerarquía alguna de la Federación Centroamericana; recordando que todas las tentativas para el restablecimiento de aquel ejercicio han sido inútiles; con presencia de que si bien de hecho no existe la Federación, ésta no puede dejar de serlo de recho mientras que los pueblos todos que concurrieron legalmente a formarla, no ocncurran a romperla de la misma manera; reflexionando que en vano ha procurado por su parte Costa Rica obrar siempre sin perder de vista el pacto nacional; considerando que en todo concepto se halla aislada y en absoluta orfandad; atendiendo en fin a que esta situación le acarrea en todo concepto males incalculables, por no haber quien, de parte de la Federación, provea acerca de su prosperidd y seguridad interior y exterior, no poder hacerlo por sí misma ni administrarse, ha venido a declarar y decreta:

Aunque el Estado de Costa Rica es uno de los que componen la República Federal Centro – Americana, reasume en sí , mientras se restablecen las supremas autoridades federales de la misma, la plenitud de su soberanía y se declara en ejercicio de ella sin sujeción, ni responsabilidad a otro que a sí mismo.

Al Consejo representativo.

Dado en el Palacio de la Asamblea Nacional Constituyente, a primero de abril de mil ochocientos veintinueve.

        • Manuel Aguilar, presidente
        • Joaquín Rivas, secretario
        • Juan Diego Bonilla, secretario7

Y tal como lo esperaba Costa Rica, sucedió; el 14 de abril Morazán entró vencedor a la capital guatemalteca, y redujo a prisión a todas las autoridades federales y estatales,8 a quienes mantuvo presos por varios meses hasta que finalmente los expulsó de Centro América.9  Finalmente, en 1831 Morazán fue electo presidente de la República Federal, y Costa Rica se reintegró a la misma, formand parte de ella hasta 1838.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Chamorro, Pedro Joaquín (1951). Historia de la Federación de la América Central, 1823-1840. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica. p. 214.
  2. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 128-132.
  4. Marure, Alejandro (1895): Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América de 1821 a 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 52.
  5. Cartín, Maritza, (2020). Costa Rica en la República Federal de Centro América (1824-1838). Costa Rica: Mi Costa Rica de Antaño.
  6. Dachner, Yolanda T. (1998). Centroamérica: una nación antigua en la modernidad republicana. En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 24 (1-2). Costa Rica: Universidad de Costa Rica. p. 11.
  7. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 47-48.
  8. (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  9. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

28 de marzo de 1827: el decreto fatal

Tras la labor sediciosa del doctor Pedro Molina y varios criollos liberales y militares como Saget y Pierzon, el jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena los declara fuera de la ley y enemigos de la patria guatemalteca

28marzo1827
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la primera mitad del siglo XIX. En el recuadro: el Dr. Pedro Molina, quien fuera nombrado enemigo de la patria guatemalteca y decretado fuera de la ley por Mariano de Aycinena por medio del Decreto Fatal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El Dr. Pedro Esteban Molina Mazariegos, líder los de criollos liberales guatemaltecos, fue prócer de la Independencia de Centroamérica en 1821, y luego Ministro Plenipotenciario de la República de Centro América ante la República de Colombia y ante la Gran Dieta del Darién en Panamá durante el gobierno del general Manuel José Arce.1 Sin embargo, luego del golpe de estado contra Juan Barrundia en Guatemala en septiembre de 1826, se produjo una crisis política en ese estado, lo que hizo que Arce convocara a unas elecciones especiales para restablecer el gobierno estatal y que concovara a un Congreso extraordinario.  Esto fue sugerido por Mariano Prado, el jefe de gobierno en El Salvador, pero tuvo consecuencias desastrosas para el presidente, ya que en las elecciones que se realizaron en noviembre de 1826, resultó triunfador el líder aristócrata Mariano de Aycinena, y los criollos liberales acusaron a Arce de haberse aliado a los conservadores.2

Tras la nueva elección, Molina ya no regresó a Guatemala sino que radicó en San Salvador, desde donde se dedicó a acusar al presidente Arce de haber traicionado a los criollos liberales y de haberse unido a los aristócratas.1 Junto con Molina emigraron varios criollos liberales, quienes se encargaron de crear un ambiente hostil hacia Arce, ya que estaban buscando apoyo para regresar al poder que habían perdido tras la captura de Barrundia.2

Los criollos liberales guatemaltecos se dedicaron a hacer propaganda negativa contra Arce, diciendo que el presidente estaba controlado por los aristócratas y que estaba tratando de eliminar el obispado de El Salvador y de establer una forma unitaria de gobierno. Como resultado de esta propaganda, Prado ya no apoyó el Congreso extraordinario convocado por Arce, y el 6 de diciembre de 1826 invitó a todos los estados centroamericanos, exceptuando a Guatemala, a enviar sus delegaciones de congresistas a una sesidn especial del congreso a Ahuachapán, El Salvador.2

Arce dejó hacer a Pravo, pero a mediado de diciembre Prado envió tropas a las frontera entre Guatemala y El Salvador.  Si bien el Congreso de Ahuachapán nunca se reunió, tres meses después el gobierno de El Salvador decidió tomar una acción determinante en contra de la supuesta amenaza guatemalteca. Así, a mediado de marzo de 1827, tropas salvadoreñas cruzaron la frontera de Guatemala, iniciando así la Guerra Civil Centroamericana que se extendería hasta abril de 1829.2

La actitud de Molina como líder de aquella propaganda anticonservadora le valió ser proscrito en Guatemala mediante el célebre decreto del 28 de marzo de 1827, en el que el nuevo Jefe de Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena decretó por bando que eran enemigos de la patria y que quedaban proscritos los ciudadanos doctor Pedro Molina y su hijo Esteban, el licenciado Antonio Rivera Cabezas, Miguel Ordóñez, Antonio Corzo, Juan Rafael Lambur, Juan Bendaña y los coroneles Cleto Ordóñez, Nicolás Raoul e Isidoro Saget, estos dos últimos franceses. Igualmente, declaró indignos de la protección de la ley los diputados que hubiesen asistido a Ahuachapán, obedeciendo la convocatoria de Prado.3

Aquel decreto, lejos de ayudar a la causa de Arce y de Aycinena, hizo que los criollos liberales recrudecieran la propaganda en su contra, diciendo que en Guatemala existía una dictadura que exiliaba a sus ciudadanos y que restringía la libertad de prensa.2

Ese fue el inicio de la Guerra Civil Centroamericana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera Maestre, Lorenzo (1878) Reseña Histórica. I. Guatemala: Tipografía de El Progreso. p. 207.
  2. Flemion, Philip F. (Noviembre de 1973) States’ Rights and Partisan Politics: Manuel José Arce and the Struggle for Central American Union (en inglés) En: 53 (4). pp. 600–618. doi: //doi.org/10.1215/00182168-53.4.600
  3. Chamorro, Pedro Joaquín (1951). Historia de la Federación de la América Central, 1823-1840. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica. p. 214.

22 de enero de 1829: los liberales de Antigua se rebelan contra Aycinena

Debido a la persecusión de que eran objeto por parte del gobierno conservador de Mariano de Aycinena, los liberales en Antigua Guatemala se rebelan contras la autoridades del Estado

22enero1829
Ruinas del pórtico principal de la iglesia de la Compañía de Jesús antes de ser destruidas por los terremotos de 1917-18 y 1976. En el recuadro: el Jefe de Estado Mariano de Aycinena. Imágenes tomadas de Mizner Scrap Book of Central America y de Wikimedia Commons.

Tras el desastre de Milingo en 1827, el general Manuel José Arce fue cortesmente obligado a renunciar a la presidencia de la República Federal de Centro América, dejando el poder en manos de Mariano de Beltranena.  Para entonces, los criollos liberales habían dado la espalda al proyecto político de Arce, y lo acusaban de haberse aliado a los criollos aristócratas conservadores de la ciudad de Guatemala, que servía en ese entonces como capital de la Federación.1  Por su parte, en el estado de Guatemala gobernaba desde noviembre de 1826 el líder conservador Mariano de Aycinena, quien había llegado al poder tras el golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia y la captura de éste por parte de Arce en 1826, y quien había emprendido una labor enérgica en contra de los criollos liberales, cuyos líderes exiliados en El Salvador hacían una campaña incesante en contra de su gobierno.2

Aycinena declaró al Dr. Pedro Molina, quien estaba exiliado en El Salvador, y a sus allegados como enemigos de la patria por medio del llamado «Decreto Fatal» en marzo de 1827 y emprendió una represión contra los liberales en Guatemala, por lo que éstos se refugiaron en la ciudad de Antigua Guatemala, en donde el jefe político del departamento, Sebastián Morales, era un liberal que se había puesto al servicio del gobierno conservador para conseguir una puesto como éste, ya que Sacatepéquez y Chimaltenango eran la puerta de acceso a la región de Los Altos.3  Además, la antigua capital del Reino de Guatemala se prestaba para una conjura, ya que en ese época contaba apenas con diez mil habitantes, y quedaba sumida en la oscuridad y quietud tan pronto como se ponía el sol.4

Uno de los organizadores de aquella conjura era el Dr. Mariano Gálvez, quien en esa época no era bien visto por los criollos liberales porque había apoyado sido secretario de Gabino Gaínza y firmado el decreto de anexión a México en 1822,5 pero quien gracias a su inteligencia logró imponerse entre sus correligionarios, cuyo número crecía día a día. Y así, el 22 de enero de 1829, los liberales con  el jefe político Sebastián Morales a la cabeza, desconocieron la autoridad de Aycinena aduciendo que solamente reconocían el gobiero del despuesto Juan Barrundia.6

Los alzados, que eran aproximadamente seiscientos, pidieron que les proporcionaran armas y le ofrecieron el mando de la fuerza al coronel francés Nicolás Raoult, quien políticamente declinó la oferta, aduciendo que era ir al sacrificio, a pesar de que era uno de los principales alborotadores.  Y antes de que lograran conseguir un nuevo jefe militar, las autoridades conservadores enviaron un contingente militar a Antigua y los liberales se dispersaron como pudieron.6

A pesar de aquella derrota inicial, los liberales resultaron vencedores sobre el gobierno de Aycinena porque cuando la noticia del fracaso de la revuelta llegó a oídos del general hondureño Francisco Morazán, éste de inmediato movilizó  su «ejército protector de la ley» y emprendió camino a Guatemala, sitiando la ciudad y obligando a la renuncia de las autoridades federales y estatales el 14 de abril de ese mismo año.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 128.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  3. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 129.
  4. Ibid., p. 130.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 14-16.
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 131.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.

10 de septiembre de 1829: conservadores se rebelan tras expulsión de Arce y de Aycinena

Unos cuantos conservadores intentan tomar la Ciudad de Guatemala tras el exilio de Manuel José Arce y Mariano de Aycinena

10septiembre1829
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Allí residía el gobierno de la República Federal de Centro América cuando Manuel José Arce era presidente. En el recuadro: el presidente Arce. Imágenes tomadas de la colección de La Calle donde tú vives y Wikimedia Commons.

La prensa partidista en Guatemala siempre ha sido dura con sus oponentes.  Esto queda ejemplificado cuando el periódico liberal «La Antorcha Centro-Americana» publicó las siguiente notas el 10 de septiembre de 1829:

  • Con respecto al exilio del expresidente Manuel José Arce y del ex-jefe de Estado Mariano de Aycinena:  «el 7 del corriente salieron de esta Capital con destino a embarcar a los puertos del norte, el ex-presidente C. Manuel José Arce, y el intruso Jefe de Estado C. Mariano Aycinena.  Este escarmiento en estos dos funcionarios traidores a sus juramentes y a los compromisos que debían a su Patria, es un saludable ejemplar para que los Jefes venideros no lo sigan en suerta tan desgraciada y afrentosa«.1
  • Con respecto a los acontecimientos que siguiente al exilio de los arriba indicados: «Se descubrió una conspiración en esta Capital en que se trataba de apoderarse de la plaza, destruir el orden restablecido, y reponer el imperio de los intrusos.  Uno de los proyectos era degollar a las personas empleadas en el Gobierno, y otras que pudieran resistirse.  Se deduce de la causa que contaban con armas, parque, dinero y algunos hombres. Esta tentativa es una verdadera reacción del partido que sucumbió, y que ha tenido animosidad de intentarla por la indulgencia con que han sido tratados los criminales.  Ellos no se contienen por el sentimiento noble de la gratitud de que debían estar penetrados. Ellos acaso ni aun están bastantemente convencidos de la moderación con que se se ha procedido.  Jamás se han contenido los delitos por dejarlos de castigar; esta máxima que hemos procurado gravar, ha producido contradicciones poco honrosas a sus autores, porque suponen o mucha ignorancia o complicidad en los delitos. Hay filósofos que opinan que todo crimen supone una perturbación en la mente; pero ninguno lo manifiesta tanto, como la conspiración intentada: ella era un verdadero acto de despecho, pues no tenía la más remota probabilidad del suceso. Cuando hubiesen conseguido una sorpresa habría sido momentánea; pues la opinión pública en que se apoya el actual Gobierno lo habría sostenido y destruido a los audaces conspiradores1

Es importante indicar aquí lo siguiente:

  1. El «orden restablecido» se refiere al triunfo de la invasión liberal dirigida por el general Francisco Morazán, que derrocó al jefe de Estado conservadora Mariano de Aycinena y al gobierno federal,2 entonces a cargo del vicepresidente Mariano de Beltranena, ya que el general Manuel José Arce estaba separado del cargo.3  Las autoridades conservadores habían llegado al poder en septiembre de 1826, luego del golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia.4
  2. El «imperio de los intrusos» se refiere al gobierno que presidía Mariano de Aycinena, líder del partido criollo conservador, al que detestaban los criollos liberales por todas las prebendas de que dicho grupo gozaba durante la época colonial.  De hecho, Morazán declaró como usurpador a todo lo actuado por Aycinena y su gobierno.5
  3. El «partido que sucumbió» era el partido conservador. 
  4. No hubo tal «indulgencia para los criminales» ni «moderación«, como asegura el artículo.  Tras la rendición, Morazán ocupó la plaza, y luego invitó a todas las autoridades estatales y federales al Palacio Colonial, a donde llegaron vestidos de gala, y fueron hechos prisioneros en el acto, ya que Morazán declaró unilateralmente nula la rendición.6  Todos estos personajes pasaron en prisión varios meses y sus propiedades fueron confiscadas; además de que se les obligó a devolver los salarios que habían devengado cuando eran miembros del gobierno.2,3  Por otra parte, las tropas de Morazán saquearon cuanto pudieron de las mansiones de los conservadores y de las iglesia católicas, al punto que surgió el dicho popular «se fue con Pancho» por todo lo que se perdió tras la invasión.
  5. La «opinión pública en que se apoya el actual gobierno» era obviamente favorable, pues estaba conformado por los liberales guatemaltecos.  Los conservadores habían sido expulsados del país o reducidos a prisión.

Por supuesto, cuando los conservadores retomaron el poder en 1839, luego del derrocamiento del gobierno del liberal Mariano Gálvez, la prensa que les era favorable publicó artículos similares en contra del caído gobernante y sus malhadados Códigos de Livingston.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. La Gaceta de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala»La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62).
  3. Hernández de León, Federico  (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala. pp. 114-120.
  6. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  7. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.

5 de septiembre de 1826: capturan a Juan Barrundia

El presidente de la República Federal de Centro América, general Manuel José Arce, hace prisionero al jefe de Estado de Guatemala, Juan Barrundia.

5septiembre1826
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala, sede del gobierno Federal durante la época del presidente Manuel José Arce y desaparecido tras los terremotos de 1917-18. En el recuadro: el presidente Arce. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Las tensiones entre los criollos liberales y los criollos conservadores llegaron a su punto más crítico en 1826, cuando se emitió una serie de decretos en contra de los intereses de los frailes del clero regular1-3 y contra los de los ricos comerciantes guatemaltecos,4 quienes eran los principales miembros del partido conservador.  Éstos empezaron a influir más y más en el presidente federal, general Manuel José Arce y Fagoaga, hasta que llegó un punto en que los liberales planificaron un golpe de estado en contra de éste.

De esta cuenta, el 5 de septiembre de ese año, el presidente federal Manuel José Arce dictó un auto de prisión en contra del Jefe del Estado de Guatemala, Juan Barrundia, luego de que éste se había levantado en armas en contra del presidente federal mandando al capitán Cayetano de la Cerda a atacar con trescientos hombres a un piquete de las fuerzas federales, al mando del capitán José María Espínola.  Barrundia también había preparado un asalto al cuartel federal de la Ciudad de Guatemala programado para el 8 de septiembre, con el objetivo de capturar al presidente federal y derrocar al gobierno, aprovechando la bendición de banderas que iba a haber ese día y los doscientos soldados que había acuartelado en el Convento de San Agustín.5

El decreto emitido por Arce es el siguiente:6

Palacio del Gobierno Federal en Guatemala, a 5 de septiembre de 1826

Visto el parte de la Comandancia General de la Federación a que acompaña la capitulación habida entre el capitán José María Espínola y el capitán Cayetano de la Cerda, en el pueblo de Acasagustlán a 3 del corriente mes y año, y los demás documentos pertenecientes a este negocio;

visto así mismo el oficio del expresado Espínola de la propia fecha, en que manifiesta que la tropa que conduce Cerda es en número de 300 hombres y la de él apenas tiene 50; 

visto por último que por nota del Presidente del Senado con data de ese día, se sabe que este alto cuerpo se ha disuelto, sin resolver la consulta que el Gobierno Supremo le hizo sobre los acontecimientos anteriores entre las tropas de Espínola y Cerda.

Visto también que las providencias del Jefe de Eeste Estado par aimpedir el libre ejercicio de las tropas, que están al servicio de la Federación son terminantemente opuestas a los artículos 94, atribución 5a. y 146 de la Constitución del propio Estado;

visto por otra parte que el Presidente de la República está facultado: 

      1. Para cuidar de la observancia del orden público (artículo 113 de la Constitución Federal)
      2. Para contener insurrecciones (artículo 120)
      3. Para dar órdenes de arresto e interrogar a los que se presuman reos; poniéndolos a la disposición del juez respectivo, cuando sea informado de alguna conspiración (artículo 127)
      4. Para recoger las armas en caso de tumulto o rebelión, o ataque con fuerza armada a las autoridades constituidas (artículo 179)

Visto que el ataque que Cerda ha hecho al capitán Espínola es directo a la autoridad del Gobierno Supremo por cuyas órdenes obraba, el Presidente de República, meditando: 

      1. Que hace tiempo el Jefe del Estado unido a una facción hace la más viva resistencia a la independencia de la Nación, hollando todas las leyes y procurando por todos los medios que están a su alcance alterar la tranquilidad pública.
      2. Que habiendo dado órdenes expresas para atacar las tropas de la Federación, el Gobierno Supremo le ofició para que se abstuviese de tales procedimientos, cuyo oficio no ha contestado hasta ahora, ni ha querido prestarse a obrar de un modo legal y pacífico.
      3. Que consultando el caso al Senado este cuerpo no ha resuelto la consulta y antes bien se ha disuelto por el empeño con que los senadores partidarios de aquel jefe han querido tergiversar los hechos y han manifestado una intención decidida contra el Gobierno Supremo y a favor de la facción perturbadora.
      4. Siendo de la mayor entidad en las circunstancias que rodean a la República mantener a todo trance la tranquilidad y el orden público; sofocando en sus principios el germen de la guerra civil que ya ha comenzado.

Habido todo en consideración:

El Presidente de la República con el único designio de llenar sus deberes y el de cumplir con la patria, ha tenido a bien disponer:

      1. Que el comandante de armas de la Federación con la mayor reserva acuartele esta noche toda la fuerza con su respectiva oficialidad.
      2. Que haga preparar municios competentes para que obren los cuerpos de artillería, infantería y caballería.
      3. Que puesto todo en el mejor estado, para hacer cumplir y ejecutar a viva fuerza las providencias del Gobierno en caso de oposición, proceda a las seis y media de la mañana o a la hora que pueda a arrestar al Jefe de Estado C. Juan Barrundia, reteniéndolo en la Comandancia General hasta nueva orden.
      4. Que al mismo tiempo que se ejecute el arresto o inmediatamente que sea ejecutado, reoja con la fuerza todas las armas que tenga el Gobierno del Estado con sus pertrechos y municiones; trasladándolas con la debida separación al parque y sala de armas.
      5. Que mientras ejecute estas órdenes dé partes por medio de sus ayudantes de todo lo que ocurra.
      6. Que en el caso de resistencia obre fuertemente hasta concluir el arresto y ocupación de las armas.
      7. Que cumplida esta orden se mantenga sobre las armas hasta nueva orden.
        • Arce
        • El Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra, Manuel Arzú.6

Al frente del gobierno quedó el vice-jefe de Estado, Cirilo Flores, y este organizó una sublevación trasladando las autoridades del Estado de Guatemala a San Martín Jilotepeque, desde donde pretendieron activar las milicias «defensoras de la Constitución«, sin éxito.  Los ánimos se exacerbaron a tal punto, que cuando Flores llegó a Quetzaltenango a tratar de calmar los ánimos de los pobladores enardecidos contra la supuesta expulsión de los franciscanos, fue linchado por una turba en el interior de la iglesia.7 Eventualmente, el Jefe de Estado fue el líder conservador Mariano de Aycinena, lo que provocó que los liberales del resto de Centroamérica se alzaran en armas contra Arce y Aycinena, iniciando la Guerra Civil Centroamericana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  2. — (1871). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1870 II. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. — (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  4. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz
  5. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  6. Ibid., 33-35.
  7. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia. Memorias de un Siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 95.

4 de junio de 1829: Morazán anula lo actuado por gobierno de Aycinena

Decreto federal de Francisco Morazán considera usurpador al gobierno conservador de Guatemala de 1826 al 29 y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias

4junio1829
En la imagen: la antigua Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro a principios del siglo XX. En este edificio funcionó originalmente la Real y Pontificia Universidad de San Carlos y luego el Congreso Federal. Allí fueron hechos prisioneros los conservadores derrotados por Morazán en 1829. Imagen tomada del Museo de la Universidad de San Carlos.

Tras la victoria del general liberal hondureño Francisco Morazán el 12 de abril de 1829, éste hizo prisioneros a los criollos aristócratas, todos ellos miembros o parientes de la familia Aycinena, que había tomado el poder en Guatemala tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.1

Por medio del decreto del 4 de junio de ese año, el gobierno federal declara nulas las elecciones del Estado de Guatemala del 31 de octubre de 1826, considera usurpadores de la soberanía de dicho Estado a todos los que legislaron hasta 1829, y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias.2 De acuerdo al historiador conservador Antonio Batres Jáuregui, aquel decreto «con mengua del derecho natural y de todo sentimiento humanitario, fue, para nuestra desventurada tierra, causa de grandes dolores y fuego voraz que incendió la pasión partidista, a la cual se deben sangrientas luchas, devastaciones, miserias y lágrimas3, Nota_a

Dicho decreto fue recogido en la Recopilacidn de Leyes de la República de Guatemala de 1821 a 1869 escrito por Manuel Pineda de Mont, pero sus artículos 2.° y 3.° fueron editados porque incluían nombres y apellidos de las familias aristócratas que habían sido miembros del gobierno de 1826 a 1829.Nota_b  El decreto dice así:

1.° Se declaran nulas y contrarias a las leyes fundamentales de la República y del Estado las elecciones celebradas en virtud del decreto anti-constitucional del presidente de la República, de 31 de octubre de 1826, y las siguientes de 27 y 28.

2.° Editado

3.° Editado

4.° Son nulas y de ningun valor las determinaciones que con el nombre de leyes, decretos, órdenes, acuerdos, providencias y reglamentos hayan sido dictadas por estos poderes intrusos, y quedan en su vigor y fuerza las emitidas por las legítimas autoridades, hasta el 13 de octubre de 1826.

5.° Se han por válidos y subsistentes los actos emanados de la corte superior y jueces de primera instancia en lo civil y criminal en todas las causas, con excepción de las que se versan sobre materias políticas; pero quedan expeditos a las partes, en las causas puramente civiles, los recursos de nulidad e injusticia notoria, debiendo correr el término designado por la ley desde la publicación de este decreto.5

Aunque eventualmente las penas de muerte fueron conmutadas, los principales miembros del partido conservador fueron condenados al exilio, de acuerdo al decreto del Congreso Federal del 7 de septiembre de 1829, que dice así:

4.° Serán expatriados perpetuamente y confinados fuera la república, al país que designe el gobierno de acuerdo con el senado:

    • Primero: El ex-presidente y ex-vicepresidente de la República Manuel José Arce y Mariano de Beltranena,
    • Segundo: Los ex-secretarios de estado y del despacho de Relaciones Juan Francisco de Sosa, y de Guerra Manuel de Arzú,
    • Tercero: Los jefes de sección que funcionaron como secretarios en los mismos ramos, Francisco María Beteta y Manuel Zea.
    • Cuarto: Los primeros y segundos jefes del ejército federal que sirvió a disposición del gobierno durante la revolución, Francisco Cáscara, Manuel Montúfar y José Justo Milla, pues los demás quedan incluidos en este artículo bajo otros aspectos. 
    • Quinto: El que se tituló jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena.
    • Sexto: Los que le sirvieron en calidad de secretarios, Agustín Prado, José Francisco de Córdova, Antonio José de Irisarri, José de Velasco, Vicente Domínguez y Vicente del Piélago.
    • Séptimo: El comandante general que fue de las armas de la federación y del estado, Antonio del Villar.1

NOTAS:

    • a: a pesar de ser conservador, Batres Jáuregui fue alto funcionario de los gobiernos liberales desde J. Rufino Barrios hasta Manuel Estrada Cabrera.
    • b: los artículos 2.° y 3.° declaran reos de usurpación y traición a los que ejercieron la autoridad en virtud de las elecciones mencionadas en el artículo 1.°, y los listaba con nombres completos y los condenaban a muerte obligándolos antes a devolver lo que habían ganado en concepto de salario durante su gestión. Además, se agregaba la confiscación de bienes a los principales miembros de la familia Aycinena y del gobierno conservador.4
    • c:  José Justo Milla fue el padre del escritor José Milla y Vidaurre.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala. pp. 114-120.
  2. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  3. Batres Jáuregui, Antonio (1946). La América Central ante la Historia. Memorias de un siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 131.
  4. – (1896). Literatos guatemaltecos: Landívar e Irisarri, con un discurso preliminar sobre el desenvolvimiento de las ciencias y las letras en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 185.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 239-240.

12 de abril de 1829: Aycinena y Morazán negocian el cese al fuego

Se negocia el cese al fuego entre las fuerzas federales y guatemaltecas y las del «Ejército Protector de la Ley» dirigido por Francisco Morazán

12abril1829
Salón de actos del edificio de la Pontifiia Universidad de San Carlos de Borromeo, en donde redujeron a prisión a los criollos aristócratas tras la capitulación del 12 de abril de 1829.  En el recuadro, el general Francisco Morazán.  Imágenes tomadas del Porvenir de Centro América de 1892.

El 12 de abril de 1829 fue un día aciago para los criollos aristócratas guatemaltecos ya que fue el día en que tras dos meses de sitio, tuvieron que negociar la rendición de la plaza de la Nueva Guatemala de la Asunción ante el Comandante Francisco Morazán, general del «Ejército Protector de la Ley» que invadió a Guatemala en medio de la Guerra Civil Centroamericana que se desató cuando los conservadores y miembros del clero dieron un golpe de estado contra el Jefe de Estado Juan Barrundia en 1826.1

Morazán había invadido a Guatemala luego de la represión del Jefe de Estado Mariano de Aycinena contra los liberales que habían intentado desconocer su autoridad en enero de 1829, y estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, ya su principal motivación era vengar la destrucción de Tegucigalpa y la prisión del Jefe de Estado Dionisio de Herrera —de quien era secretario— en mayo de 1827 a manos de las fuerzas guatemaltecas comandadas por el teniente coronel aristócrata Justo Milla.2

Como incluso hasta antes de la invasión Morazán ya había dado muestras de que no iba a aceptar la rendición de las autoridades de Guatemala,3 Aycinena resistió cuando pudo, pero cuando vió la causa perdida, envió los siguientes mensajes a Morazán:4

Al C. Francisco Morazán, General en Jefe de las Fuerzas de El Salvador y Honduras

Estoy de acuerdo con las bases que Ud. fija en su primera nota, y esto quise decir en la mía última. En tal concepto, mandaré a mis comisionados al punto que Ud. designe, desde luego que se sirva darme el correspondiente aviso.  Reitero a Ud. mis consideraciones y respetos . D.U.L. Guatemala, 12 de abril de 1829.

    • Mariano de Aycinena

C. Francisco Morazán.  Los CC. brigadier Manuel de Arzú y el teniente coronel Manuel F. Pavón, son los comisionados que he nombrado para las conferencias en que se debe arreglar el modo en que ocupe Ud. la plaza con sus tropas. Ya he dado mis instrucciones y suscribo a cuanto ambos convengan. Reitero a Ud. mis consideraciones y respetos . D.U.L. Guatemala, 12 de abril de 1829.

    • Mariano de Aycinena

De aquella reunión, se suscribió el siguiente acuerdo de capitulación:

El general en jefe del Ejército Unido Protector de la Ley, y los CC. brigadier Manuel de Arzú y teniente coronel Manuel F. Pavón, comisionados del Jefe del Estado, como comandante de las fuerzas que existen en la plaza mayor de esta ciudad han convenido en la siguiente capitulación:

Artículo 1.°: Desde esta hora habrá una suspensión de armas y tanto el ejército del General Morazán, como el que se haya en la plaza, recogerá sus partidas a los puntos que ocupan, evitando todo acto de hostilidad.

Artículo 2.°: Mañana a las diez del día entrará el ejército sitiador a la plaza principal de esta ciudad.

Artículo 3.°. Las tropas sitiadas se replegarán antes de este acto a sus cuarteles y se depositarán en la sala de armas todas las existentes en la misma plaza mayor.

Artículo 4.°. El general Morazán, si lo tuviere por conveniente, incorporará a su ejército los individuos de las fuerzas capituladas que no quisieren ser licenciados, ya sean de las milicias del Estado, o de la fuerza federal que existe unida a ellas.

Artículo 5.° Cuatro comisionados del ejército sitiador pasarán mañana a las ocho del día a la plaza, para asegurarse del cumplimiento del artículo 3.° y luego que se hayan recibido formalmente de todos los elementos de guerra y armas que existen en la plaza, darán aviso de ello, para la ocupación de la misma plaza.

Artículo 6.° El general Morazán garantiza las vidas y propiedades de todos los individuos que existen en la plaza.

Artículo 7.° Les dará pasaporte, si lo tuviere por conveniente, para que salgan a cualquier punto de la República, o fuera de ella.

Artículo 8. El general Morazán y los comisionados a nombre del jefe que representan, ofrecen bajo su palabra de honor, cumplir esta capitulación en la parte que les toca.4

De esta forma, el 14 de abril los citó al Palacio de Gobierno, y allí mismo unilateralmente declaró nulo el acuerdo del 12 de abril —especialmente el artículo 6.° en el que se había comprometido a respetar vidas y bienes y el 7°. en el que se comprometía a darles pasaporte para salir del país— y redujo a prisión no solamente al ex-jefe de estado Mariano de Aycinena,5 sino que a todos los miembros del gobierno y de la familia de éste para luego expulsarlos de la región unos cuantos meses más tarde.6 

Si el lector lee con detenimiento el artículo 8.° del acuerdo de capitulación, se dará cuenta de que los hechos que siguieron a la firma de dicho documento demostraron que la palabra de honor del general Morazán no valía nada ya que la venganza era su principal motivación en esos momentos.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 34-36.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 39-42.
  3. Aycinena y Piñol, Mariano (27 de octubre de 1828) Manifiesto del Jefe de Estado de Guatemala. Guatemala: Imprenta Mayor.
  4. Raoul, Nicolás (1829) Partes a los gobiernos aliados protectores de la ley sobre la restauración de Guatemala. Guatemala: La Unión.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  6. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

22 de enero de 1855: muere Mariano de Aycinena

Muere Mariano de Aycinena, jefe de estado de Guatemala entre 1826 y 1829 y ex-líder del partido conservador

22enero1855
Fotografía de Eadweard Muybridge mostrando la finca «El Naranjo», propiedad de la familia Aycinena, en 1875. En ese entonces la finca estaba en las afueras de la ciudad de Guatemala; actualmente es el área ocupada por la colonia Villa Linda y el puente del mismo nombre en la zona 7.  En el recuadro: Mariano de Aycinena, jefe de Estado de Guatemala entre 1826 y 1829.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Muchos de los miembros del partido conservador fueron demonizados por los historiadores liberales luego de la revolución de 1871.  Uno de ellos fue Mariano de Aycinena, quien fue prácticamente borrado de los libros de historia, a pesar de haber sido líder del ayuntamiento criollo que pactó con el capitán general Gabino Gaínza la firma de la Independencia de Centroamérica en 1821.1,2

Aycinena fue jefe Estado de Guatemala de 1826 a 1829, luego de que los criollos conservadores y religiosos dieran un golpe de estado contra el gobierno liberal de Juan Barrundia, debido a la serie de edictos anticlericales que su gobierno estaba decretando.3 Aquel golpe de estado fue la chispa que encendió la Guerra Civil Centroamericana, cuyo primer episodio terminó el 14 de abril de 1829 cuando Francisco Morazán expulsó a los miembros de la familia Aycinena y los del clero regular de toda Centroamérica tras haber invadido a Guatemala y derrocado a su gobierno conservador.4

Pero en Guatemala aquella guerra se prolongó hasta 1851, cuando Rafael Carrera derrotó a los criollos liberales en La Arada y obligó a los conservadores a pactar con él para seguir en Guatemala, ya que no los querían en ningún otro estado por su orientación política y Carrera tenía numerosos pactos con las poblaciones indígenas locales con lo que logró evitar que lincharan a los conservadores como estaban haciendo los indígenas en Yucatán en esa época.5 Aycinena regresó a Guatemala, pero ya no participó en política, dejando el liderazgo de la familia a su sobrino, el obispo Juan José Aycinena, quien era hijo de Vicente, hijo mayor de Juan Fermín de Aycinena, y quien heredó el marquesado.6

De la muerte de Aycinena dice el historiador Federico Hernández de León en su columna «El Capítulo de las Efemérides» del 22 de enero de 1926: «a las cinco menos cuarto de la mañana, [murió] don Mariano de Aycinena […], después de sufrir por algunas semanas de una afección pulmonar que le causara fuertes dolores. A la hora [de su muerte] contaba el prócer sesenta y cinco años y cuatro meses de edad, se hallaba alejado de la política y sus actividades las dedicaba a las obras [religiosas].»6

Y es que la familia Aycinena y el partido conservador estaba íntimamente ligados con los principales personajes del clero desde la época colonial, dado el poder político y económico que la iglesia tuvo durante ese período y que todavía mantenía a pesar de haber sido considerablemene debilitada durante la segunda parte del siglo XVIII cuando los reyes de la familia Borbón que asumieron la corona de España.  Mariano de Aycinena, por su parte, era el último hijo sobreviviente del tercer matrimonio de Juan Fermín de Aycinena, quien fuera el marqués de Aycinena, único título nobiliario que había en Centroamérica.7

Por si esto no fuera poco, en 1855 el gobierno de Guatemala estaba  a cargo del capitán general Rafael Carrera, quien ya había firmado con la Santa Sede un Concordato8 otorgándole numerosos privilegios a los miembros del clero en 1852.  La República se había convertido así en un estado católico que sirvió de refugio para las órdenes religiosas que eran perseguidas en muchas otras naciones de América Latina por los gobiernos liberales anticlericales que en ellas se establecieron.7

Con estos antecedentes, se entiende mejor lo que cuenta Hernández de León: «todo el día 22 se mantuvo el cuerpo de don Mariano expuesto en su propia casa Nota_a , por donde desfilaran los representantes de todas las congregaciones; el 23 de  las seis de la mañana fue llevado en hombros de frailes a la iglesia del Carmen; se le recitaron misas a porrillo, hasta las ocho que se cantó la misa de cuerpo presente.  A las cuatro y media de la tarde, con un inmenso acompañamiento de particulares, salió de la Catedral el Venerable Cabildo eclesiástico, su cohorte de coros y colegio, la hermandad de San Juan de Dios, los miembros del Ayuntamiento y el déan don José María Barrutia. Terminadas las funciones en el Carmen, al caer la tarde del 23, fue sacado de nuevo el cádaver con dirección al Hospital, de donde salió la hermandad a recibirlo y conducirlo a la capilla que se le preparara.  Pasó allí la noche del 23 entre salmos y rezos y el 24, después de la misa mayor, todos los sirvientes de la casa de caridad tomaron de nuevo el cadáver y lo trasladaron a la capilla del cementerio, en donde fué sepultado.»6


NOTAS:

  • a: ubicada en donde hoy en el siglo XXI se encuentra el Edificio «El Centro» en la Ciudad de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera, Lorenzo (1887). Reseña Histórica de Centro-América. VI Guatemala: Tipografía La Union.
  2. — (1887). Reseña Histórica de Centro-América. VII Guatemala: Tipografía La Union.
  3. Asamblea Legislativa and Guatemala. Departamento de Guerra (22 de septiembre de 1826), Hoja suelta-Decreto, S. Martin Xilotepeque, Guatemala, 22 de septiembre 1826 San Martin Xilotepeque, Guatemala.
  4. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 229.
  6. Hernández de León, Federico (22 de enero de 1926). «El Capítulo de las Efemérides. 1855, 22 de enero: muere don Mariano de Aycinena«.  Guatemala: Nuestro Diario, Talleres SELCA.
  7. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  8. La Gaceta (10 de noviembre de 1854). No oficial. Edicto. Guatemala. Imprenta de La Paz

18 de septiembre de 1827: fuerte erupción del volcán Atitlán

Se produce una fuerte erupción del volcán Atitlan, seguida de varios sismos

18septiembre1827
Lago y volcán de Atitlan, aparecidos en una fotografía de 1897 publicada por Anne Maudslay en su obra «A Glimpse of Guatemala«

Reproducimos a continuación lo que relató en 1843 el historiador liberal Alejandro Marure sobre lo ocurrido en el lago de Atitlan el 18 de septiembre de 1827, cuando era jefe de estado de Guatemala Mariano de Aycinena:

«Reventó el volcán Atitlán, situado á las orillas del lago de Panajachel, en el Estado de Guatemala, arrojando una cantidad prodigiosa de mal-pais, arena y cenizas sobre la costa de Suchitepéquez, quedando toda aquella comarca, por más de cincuenta horas, envuelta en profundas tinieblas. Fueron notables los estragos que causó esta erupción, especialmente a causa de los grandes terremotos que la acompañaron. Este mismo fenómeno se repitió a principios de 828, y se ha repetido en años posteriores con no menor violencia, como está sucediendo en el presente de 1843.«1

Se deduce de lo referido por Marure que la región del Lago de Atitlan sufrió esporádicamente un enjambre sísmico que se prolongó prácticamente durante todo el gobierno de Dr. Mariano Galvez (1831-1838) y parte del gobierno del licenciado Mariano Rivera Paz (1838-1844).

El volcán Atitlan es el único de los tres que rodean el lago del mismo nombre que ha estado activo en los siglos recientes. Documentos indigenas refieren que estuvo activo alrededor de 1469, mientras que la última erupción de la que se tiene registro data del 3 de junio de 1853, en la que arrojo ceniza que provoco obscurecimiento de la región.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz.
  2. Escalante Herrera, Marco Antonio (2007) Volcán Atitlán.  Pbase. Guatemala