27 de octubre de 1828: en el marco de la Guerra Civil Centroamericana, el Jefe del Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena publica un manifiesto advirtiendo a la población de la inminente invasión de Francisco Morazán

Firma del Acta de Independencia el 15 de septiembre de 1821.  En este cuadro de Rafael Beltranena elaborado en 1910, Mariano de Aycinena aparece de pie, segundo de izquierda a derecha.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de alierse con los miembros conservadores de la familia Aycinena, el presidente de la Federación Centroamericana, Manuel José Arce y Fagoaga ordenó a dos mil tropas federales al mando del general Manuel de Arzú para ocupar El Salvador, evento que marcó el inicio de la Guerra Civil Centroamericana. Mientras tanto en Honduras, Francisco Morazán aceptó el desafío: le entregó el mando a Diego Vigil como nuevo jefe del Estado de Honduras y se fue a Texiguat, donde se preparó y organizó sus tropas con miras a la campaña militar salvadoreña.

Tras cruentos combates, el 9 de octubre las tropas federales se vieron obligadas a rendirse y el 23 de octubre el general Morazán hizo su entrada triunfal en la plaza de San Salvador. Unos días más tarde, marchó en Ahuachapán para organizar el ejército con miras a retirar a los conservadores aristócratas y eclesiásticos del poder en el territorio guatemalteco e implantar un orden constitucional afín a la Federación Centroamericana que los liberales ambicionaban.

Al enterarse de estos hechos, el gobernador conservador del Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena y Piñol trató de negociar con Morazán, pero como éste estaba decidido a acabar con la hegemonía de los aristócratas y eclesiásticos guatemaltecos, no aceptó ningún trato. Aycinena, al ver que no conseguía una solución pacífica, escribió a sus conciudadanos:

“COMPATRIOTAS:

Con el mayor sentimiento, me veo en la necesidad de anunciaros: que todos los esfuerzos del supremo gobierno nacional, y de las autoridades del Estado, por el restablecimiento de la paz, han sido inútiles: los que llevan la voz y se han apoderado del mando en S. Salvador, tienen interés en prolongar la guerra; porque ella sirve á sus miras personales, y les importa muy poco la suerte de los pueblos.Aspirando á la dominación de toda la república, y al aumento de su propia fortuna, quieren teñir de sangre éste suelo privilegiado, y destruir todas las fuentes de la riqueza de la nación y del propietario particular.Si no fuesen estos los principios de su conducta, ya habrían vuelto á la partia la tranquilidad de que antes gozara: ya habrían convenido en alguno de tantos tratados de paz que se les han propuesto, casi todos ventajosos para ellos mismos; pero los rehúsan, porque de nada se cuidan menos que del bien general.

—Mariano de Aycinena y Piñol
Manifiesto del Jefe de Estado a los pueblos
27 de octubre de 1828″

La preocupación de Aycinena era fundada: el día 12 de abril de 1829, tras una aplastante derrota y una serie de atrocidades de parte de las tropas liberales, el Jefe del Estado guatemalteco tuvo que firmar el Convenio de Capitulación en una de las esquinas del Parque Concordia con Morazán, y fue enviado a prisión con sus compañeros de gobierno; también fue hecho prisionero el expresidente federal Arce y Fagoaga, quien no había participado en los combates. En ese momento, Morazán garantizó la vida y propiedades de todos los conservadores miembros de la familia Aycinena y les ofreció pasaporte para salir del territorio a todo el que quisiera.

Pero el 19 de abril por la tarde, Morazán citó a todos los miembros del Clan Aycinena al Palacio de los Capitanes Generales, en donde tenía su cuartel; llegaron con sus trajes de gala desde el ex gobernador Aycinena hasta magistrados, jefes del ejército y vecinos para tratar “un asunto de interés público”.​ Reunidos en un gran salón, de improviso entró la tropa del francés Raoul, quienes los obligaron a formarse y luego los escoltaron hasta el edificio de la Universidad, que Morazán había convertido en cárcel.

Al día siguiente, Morazán, unilateralamente, anuló el documento de Capitulación.

BIBLIOGRAFIA:

 

3 de octubre de 1792: nace en Tegucigalpa, Reino de Guatemala, el general y líder liberal Francisco Morazán

La República Federal de Centro América en 1829, México y el Caribe.  Nótese que ya aparecía el establecimiento inglés al norte del río Belice y que Soconusco y el este de Tabasco eran parte de Guatemala. Mapa tomado de HISTORISCH-GENEALOGISCH-GEOGRAPHISCHER ATLAS von Le Sage Graf Las Cases. Karlsruhe. Bei Creuzbauer und Nöldeke 1829. 

Uno de los personajes más importantes en la historia de Centroamérica es indudablemente el general liberal Francisco Morazán, quien tuvo la distinción de ser president de la República Federal de Centro América, y Jefe de Estado de cada uno de los estados que la conformaban.  Por su gran importancia para los criollos liberales centroamericanos, la figura de este caudillo fue elevada a la categoría de un héroe benemérito por los historiadores de ese partido (entre ellos Ramón Rosa, Lorenzo Montúfar y Ramón Salazar).  Por esta razón había un parque “Morazán” en la Ciudad de Guatemala e incluso el municipio “Morazán” del departamento de El Progreso (antiguamente Tocoy Tzima).

Pero, ¿cuál fue el verdadero papel que jugó Morazán en Guatemala específicamente?

Morazán puede considerarse como el principal enemigo los criollos conservadores que vivían en Guatemala, en especial la familia Aycinena, ya que el lideró el ejército revolucionario que derrotó a las fuerzas federales de Manuel José Arce y a las estatales de Mariano de Aycinena en 1829.  Una vez consiguió que Aycinena se rindiera incondicionalmente, redujo a prisión a todos los criollos conservadores, les confiscó sus bienes y los expulsó de Centroamérica.  Entre los exiliados no solamente había politicos y militares sino que también miembros de las órdenes de frailes, pues muchos de ellos eran descendientes de criollos.

Una vez derrotados los conservadores, Morazán se consolidó como líder en Centroamérica, al mando de los liberales, quienes se apropiaron de las haciendas y posesiones de los exiliados y de los tesoros de los templos y monasterios católicos.  Con esta nueva fortuna, hicieron negocios con los ingleses del asentamiento de Belice y manejaron la República Federal de Centro América.  Pero los conservadores no se quedaron de brazos cruzados y poco a poco empezaron a retornar a la region.

En Guatemala, el clero secular hizo labor de hormiga, instigando a los campesinos rurales en contra del gobierno liberal diciéndoles que las leyes laicas contravenían lo ordenado por la Iglesia, que los liberales eran herejes por negociar con los ingleses, y que no era justo que se hubiese expulsado al arzobispo Ramón Casaus y Torres.  Finalmente, encontraron a un caudillo en el joven campesino Rafael Carrera a quien ungieron como el designado por Santa María para rescatar a Guatemala de las garras de los herejes.

Las rebeliones de Carrera hicieron que Morazán invadiera nuevamente a Guatemala desde El Salvador, implementando una política de tierra arrasada a su paso por el oriente guatemalteco pues allí era en donde tenían sus aliados el ejército campesino.  Tras una hábil estratagema, Carrera derrotó alas fuerzas de Morazán en el centro de la Ciudad de Guatemala en 1840, y con ello dio fin no solamente a la República Federal de Centro América, sino a la carrera política de Morazán que moriría fusilado cuando gobernaba Costa Rica en 1842.

Carrera nunca perdonó a Morazán por las atrocidades que cometió cuando invadió a Guatemala en 1840, y cuando el caudillo guatemalteco invadió a El Salvador en 1862, ordenó cañonear el mausoleo de Morazán hasta que no quedaran vestigio de sus restos.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

2 de octubre de 1841: la Asamblea Constituyente de Guatemala, luego de que los conservadores retomaran el poder, ordena quemar los libros prohibidos por la autoridad eclesiástica e impide la libre importación de los mismos

Virgen de la Soledad. Fotografía de Juan José de Jesús Yas, tomada del Endangered Archives Programme. Arcadia (1890-1930).

Cuando se declara la Independencia en 1821, uno de los puntos principales era que se iba a mantener la religión católica como hasta entonces se había hecho.  Sin embargo, los criollos liberales entendieron que para hacerse del poder tenían que deshacerse del poder eclesiástico y abrazaron la bandera del anticlericalismo.

El 6 de diciembre de 1828, en medio de la Guerra Civil Centroamericana que enfrentó a los criollos liberales contra los conservadores, Mariano de Aycinena (jefe de Estado de Guatemala) ordenó que fueran quemados todos los libros prohibidos por la autoridad eclesiástica, y rogó y encargó a dicha autoridad para proceder en contra de aquellos que se opusieran a tal encargo. Para poner en contexto el requerimiento de Aycinena es importante destacar que en ese momento la guerra se estaba inclinando en favor de los liberales dirigidos por el general Francisco Morazán, quien utilizaba como bandera ideológica un movimiento revolucionario basado precisamente en esos libros prohibidos.

Cuando Mariano de Aycinena fue derrocado por Morazán en 1829, la orden caducó y de hecho lo que ahora se prohibió fue la educación religiosa.  Se clausuró la Pontifica Universidad de San Carlos de Borromeo y en su lugar se instituyó la Academia de Ciencias y Estudios, la cual era una institución laica dirigida por el doctor Pedro Molina.

Cuando el gobierno liberal de Mariano Gálvez se desplomó en 1838, los conservadores retomaron el control en el Estado de Guatemala, dirigidos por el caudillo campesino Rafael Carrera, quien era un católico muy fervoroso.  De hecho, la guerra contra Mariano Gálvez tuvo todos los tintes de una Guerra Santa, pues los campesinos peleaban para que se permitiera el regreso de las órdenes regulares y del arzobispo, y que se abriera nuevamente la Catedral Metropolitana, que había estado cerrada desde que el arzobispo Casaus y Torres había sido expulsado en 1829.

Como era de esperarse, la nueva constitución fue de tintes conservadores con grandes poderes para la Iglesia Católica y uno de las enmiendas incluidas fue la de restablecer las prohibiciones dictadas por Mariano de Aycinena en 1828, además de que se establecieron penas con el objeto de impedir la libre introducción y circulación de los libros que leían los criollos liberales.

BIBLIOGRAFIA:

20 de septiembre de 1783: nace Dolores Bedoya, esposa del doctor Pedro Molina Mazariegos, gestor de la Independencia de Centroamérica y líder del partido liberal que se formó tras la misma

Celebración de los criollos luego de la declaración de la Independencia de 1821.  Doña Dolores Bedoya lucía seguramente como una de las damas en el cuadro de Fernando Beltranena que se conserva en el Museo Nacional de Historia.

De todos los guatemaltecos es conocido que la señora Dolores Bedoya de Molina organizó una celebración en las afueras del Palacio de los Capitanes Generales de la Nueva Guatemala de la Asunción, en lo que hoy en día es la Plaza de la Constitución.  Sin embargo, después de eso ya no se le mencione más en los libros de historia.  ¿Qué ocurrió con ella?  Y, ¿por qué fué tan importante su participación durante la Independencia?

María Dolores Bedoya nació en la recién fundada Nueva Guatemala de la Asunción el 20 de septiembre de 1783, y era hija de Pedro Bedoya y de Manuela Antonia González.   En esa época la ciudad apenas se estaba edificando y eran muy pocos los edificios y los servicios públicos disponibles por lo que eran frecuentes las epidemias.  A pesar de ello, la señorita Bedoya alcanzó la edad adulta y el 9 de febrero de 1804 se casó por poder con el doctor Pedro Molina, destacado médico guatemalteco que por ese entonces residía en Nicaragua.

Tras la boda, partió para Granada, en donde tuvo a sus primeros cuatro de los ocho hijos que tuvo en total.  Regresaron a Guatemala en 1814, y tienen sus otros cuatro hijos.  En esa época ya se había producido el golpe de estado que derrocó al rey absolutista en España y convocó a las Cortes de Cádiz para promulgar una constitución más republicana, la cual quedó truncada cuando el rey Fernando VII regresó al poder.  Fue en esta década que se empezaron a dar los movimientos independentistas en las colonias americanas y en la Capitanía General de Guatemala, fue cuando se formaron dos grandes grupos entre los criollos:  los conservadores y los liberales.

Los criollos conservadores eran los miembros de la familia Aycinena, la cual tenía lazos muy estrechos con las autoridades españolas al punto que muchos de ellos ocupaban cargos de importancia militar, económica, religiosa y política, además de que el patriarca de la familia, Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen, había sido nombrado Marqués de Aycinena, siendo uno de los primeros y últimos poseedores de títulos nobiliarios en el Reino de Guatemala.  Entre los otros miembros estaba José Alejandro de Aycinena quien fue militar y rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo; entre sus acciones militares estuvo pacificar las regiones que luchaban por la independencia.  Y también estuvo Juan José de Aycinena, quien también fue rector de la Universidad, pero fue además eclesiástico llegando a ser obispo in partibus de Trajanópolis.

Por su parte, los criollos liberales eran el resto de descendientes de conquistadores, quienes no tenían los mismos privilegios que los de la familia Aycinena y consideraban que habían sido relegados a un segundo plano.  Era en este grupo en donde el doctor Pedro Molina fue uno de los principales líderes, al punto que cuando se hicieron del poder en 1829, fue nombrado rector de la Academia de Ciencias y Estudios, que fue fundada en lugar de la Universidad de San Carlos, ya que los liberales ya no querían enseñar educación religiosa.

Conociendo entonces como estaba la situación de los criollos centroamericanos en 1821, se entiende major el papel que tuvo la señora Bedoya de Molina, y el por qué dicho papel ha sido documentado por los historiadores guatemaltecos:  ella era esposa del principal líder del partido liberal y la historia fue relatada por Alejandro Marure, Lorenzo Montúfar, Ramón Rosa y Ramón Salazar, todos ellos liberales.  (El lector podrá decir que autores conservadores como José Milla, Agustín Gómez Carrillo y Antonio Bátres Jauregui también fueron historiadores de renombre, pero todos ellos escribieron sus obras por encargo de las autoridades liberales de su época y sufrieron la censura correspondiente).  Le solicitaron que enardeciera los ánimos de los presents en la Plaza mayor aquel 15 de septiembre de 1821, para que los que estaban en la reunión dentro del Palacio de los Capitanes sintieran presión popular, y lo logró a la perfección.

En el Acta de Independencia se describe el rol de la señora Bedoya de Molina, ya que dice textualmente así: “reunidos en uno de los salones de este palacio la misma diputación provincial, el ilustrísimo señor arzobispo, los señores individuos que diputasen la excelentísima audiencia territorial, y el venerable señor dean y cabildo eclesiástico, el consulado y el muy ilustre colegio de abogados, los prelados regulares, jefes y funcionarios públicos: congregados todos en el mismo salón, leídos los oficios expresados, discutido y meditado detenidamente el asunto, y oído el clamor de Viva la Independencia que repetía de continuo el pueblo que se veía reunido en las calles, plaza, patio, corredores y antesala de este palacio, se acordó…”

Es decir, sabiendo que las autoridades españolas y los criollos conservadores no eran partidarios de la Independencia, enardeció los ánimos de los presents para que las autoridades se decidieran de una buena vez.

Irónicamente, a pesar de estar casada con uno de los mejores y escasos medicos de su época, su salud no era muy buena y durante sus últimos diez años padeció de una grave enfermedad, muriendo en la ciudad de Guatemala el 9 de julio de 1853 a los 70 años de edad.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

 

 

13 de septiembre de 1831: el gobierno de la República Federal de Centro América establece una férrea política restringiendo la libre locomoción de criollos y mestizos

El Puerto de San José en 1860. Era la única salida del territorio guatemalteco hacia el Litoral Pacífico, pero los barcos atracaban muy esporádicamente.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la expulsion de los miembros del partido conservador del territorio centroamericano, la República Federal de Centroamérica estableció una rígida política para verificar que todos los extranjeros que llegaran al Estado se reportaran a las autoridades de gobierno.

Las medidas exigían que todos los visitantes extranjeros se reportaran a la autoridad edil o gubernamental más próxima, so pena de cárcel.  Tambien se exigía que los jefes ediles notificaran a su inmediato superior de la llegada de cualquier extranjero y que todos los viajeros tuvieran un pasaporte para viajar entre Estados de la República Federal, y entre departamentos de cada Estado, ya que, según decía la ley, “nadie puede transitar libremente”.

Ahora bien, el mismo decreto hace la salvedad de que los comerciantes y los indígenas estaban exentos al requisite del pasaporte, lo que evidencia la intención de no permitir que los criollos conservadores retornaran a la región.

Además de las autoridades ediles, el decreto hace énfasis en que todos los centinelas y dueños de pensiones estaban obligados a hacer cumplir la ley y que debían notificar a las autoridades la presencia de cualquier visitante.

Con semejantes leyes, los conservadores no se atrevieron a retornar al territorio centroamericano, y esperaron pacientemente la oportunidad para hacerlo.  Esta se present cuando se declaró una epidemia de cólera en 1837 y los campesinos se alzaron contra el gobierno liberal del doctor Mariano Galvez enarbolando la bandera de la religion católica.

BIBLIOGRAFIA:

24 de julio de 1820: el doctor Pedro Molina funda “El Editor Constitucional”, primera publicación privada en la Capitanía General de Guatemala

Retrato de Molina Mazariegos tomado de Wikimedia Commons.

Muchos conocen al doctor Pedro Molina como uno de los promotores de la Independencia de Centroamérica, ya que con su periódico “El Editor Constitucional” se dedicó a abogar por la separación de la región de la corona española.  También, son muchos los que saben que su esposa, Dolores Bedoya de Molina, estuvo motivando a las personas que acudieron a la Plaza de Armas el 15 de septiembre de 1821 para que apoyaran la declaración de la Independencia.

Pero, ¿quién fue en realidad el doctor Pedro Molina Mazariegos?  Primero que todo, fue uno de los muy escasos médicos que se graduó de la Escuela de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo. Además de ser galeno, fue catedrático de la Universidad, y como tal fue fue consultado sobre las llagas de estigmata que se decía aparecían a la monja María Teresa Aycinena hacia finales de la época colonial.  Cabe destacar que Molina pertenecía al grupo criollo que consideraba que la familia Aycinena tenía demasiados privilegios por sus estrechas relaciones con la corona española y quizá esa rivalidad haya influido en el dictamen desfavorable que elaboró sobre la mencionada estigmata.

Viendo que la situación de la Capitanía General era precaria y que el gobernante era débil y timorato, Molina inició la publicación de su periódico a favor de la Independencia.  Su ideal era que ya no era posible continuar con las estructuras coloniales y había que establecer un sistema político más progresista, entendiendo por ello, independiente no solamente de la corona, sino que también de las órdenes religiosas, que hasta ese momento conservaban aún un buen porcentaje del poder prácticamente absoluto del que habían gozado hasta 1767.  Puede decirse que Molina fue el ideólogo de los criollos anticlericales que posteriormente se aglutinaron en el Partido Liberal, opuesto al Conservador.

Tras la Independencia, Molina fue un personaje influyente en la política de la región. llegando incluso a ser Jefe del Estado de Guatemala luego de que Francisco Morazán invadiera a Guatemala en 1829 y expulsara a todos los miembros de la Familia Aycinena y de las órdenes regulares de la Iglesia Católica de todo el territorio centroamericano.    Ya cuando el doctor Mariano Gálvez fue Jefe de Estado de Guatemala, Molina fue nombrado como rector de la Academia de Ciencias y Estudios, que fue la institución laica que fue creada por los liberales en sustitución de la desaparecida Real y Pontificia Universidad.  Desafortunadamente, debido a las convulsa situación que se vivía en Guatemala, no se pudo apoyar a la Academia de Ciencias y ésta fue cerrada poco después de que los conservadores retomaron el poder en el país y restablecieran la Pontificia Universidad, solo que ahora únicamente para el Estado de Guatemala.

La figura de Molina siguió siendo muy relevante incluso cuando ya era de edad avanzada.  Cuando los conservadores recuperaron el poder del Estado de Guatemala en 1838, todos los liberales huyeron a El Salvador o hacia el Occidente de Guatemala para formar el Estado de Los Altos y así formar dos frentes para expulsar a los conservadores de Guatemala.  Por su edad, Molina no abandonó el país, pero sí colaboró arduamente con la causa liberal.  Luego de que el general Rafael Carrera derrotara a Los Altos y los reincorporara a Guatemala por la fuerza, el todavía presidente federal Francisco Morazn decidió invadir una vez más a Guatemala para acabar con Carrera y los conservadores, pero fue derrotado de forma aplastante y tuvo que huir del país.  Fue un hijo de Molina quien ayudó a Morazán a huir de la Ciudad de Guatemala, en donde dejó a sus soldados abandonados a su suerte.

BIBLIOGRAFIA:

 

23 de julio de 1823: la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas de Centro América sustituye los términos de Audiencia y Ayuntamiento por los de Cortes Territoriales y Municipalidades, respectivamente

Mapa de Centroamérica en 1823.  Tomado de “A statistical and commercial history of the Kingdom of Guatemala 

En julio de 1823, tras separarse de México por el colapso del efímero imperio de Agustín de Iturbide, las autoridades de la región empezaron a distanciarse de las costumbres españolas  Primero, especificaron que “las Provincias Unidas del Centro de América eran libres e independientes de España, de México y de cualquier otra potencial de Antiguo y del Nuevo Mundo, y que no eran ni debían ser propiedad de familia alguna“.  Y luego, el 23 de julio, eliminaron los tratamientos de “alteza”, “majestad”, “excelencia” y “señoría” para los funcionarios públicos y de “eminencia” para los prelados.  Ese mismo día se cambió el nombre de “Audiencia” por el de “Corte territorial” y el de “Ayuntamiento” por el de “municipalidad”.

¿A qué correspondían esos cambios?  Eran un afán por manifestar su oposición al status quo, y en particular a las familias criollas más poderosas y que se habían aglutinado en el Partido Conservador.  Debe recordarse que la “Audiencia” no solamente era una corte sino que era el símbolo del poder peninsular en la colonia, mientras que el “Ayuntamiento” era el símbolo del poder criollo que se anteponía a los españoles.

Estos cambios fueron principalmente comésticos y como las tensiones entre los grupos criollos se fueron tensando hasta terminar en la Guerra Civil Centroamericana unos años más tarde, se produjo el rompimiento de Centroamérica en cinco pequeñas y débiles naciones que no solamente no son ni independientes ni soberanas, sino que están regidas por un puñado de familias que rigen sus destinos.

BIBLIOGRAFIA: