10 de febrero de 1849: entran las fuerzas de los hermanos Vicente y Serapio Cruz a la Ciudad de Guatemala, tras alcanzar la paz con el general presidente Mariano Paredes

10febrero1849
La Parroquia de La Candelaria de la ciudad de Guatemala en 1875, vista desde el Cerrito del Carmen.  De este barrio era originario el general Rafael Carrera, quien se encontraba en el exilio cuando Vicente Cruz entró a la ciudad en 1849; fotografía de Eadweard Muybridge.  En el recuadro: el mariscal Serapio Cruz, hermano de Vicente. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación parte del artículo “10 de febrero de 1849, Pax” del historiador Federico Hernández de León, el cual describe la situación de anarquía que vivía Guatemala durante el exilio autoimpuesto del general Rafael Carrera luego que los criollos le pidieran que abandonara el poder.  Tristemente, la descripción que hace Hernández de León de la vida en Guatemala de 1849, responderá a aquellos lectores que más de alguna vez se habrán preguntado “cuándo se arruinó Guatemala” que, desafortunadamente, el país nunca ha estado del todo bien…

“Todo el año de 1848 y lo que se llevaba del 49 habían sido días de zozobras y de incertidumbres. Los sucesos políticos no daban […] tranquilidad al guatemalteco que, cada noche despertaba sobresaltado, creyendo que una legión de forajidos se le metía por las rendijas de las puertas.  En las tertulias del anochecer, se referían los horrores que hicieran los ‘herejes’ encabezado por [Francisco] Morazán allá por el año 28.  ¡Qué de episodios!  Aquellos no eran hombres, sino satanases.  No había para ellos nada sagrado, ni de respeto.  Hollaban las casas del clero, martirizaban a sus ministros y hacían de las alhajas lo que se les daba la gana.

Y esos malditos liberales querían volver a las andadas.  habían logrado sacar del poder al caudillo adorado de los pueblos.  [Rafael] Carrera se había marchado para México y la Asamblea y el ejecutivo eran una [completa nulidad].  [José Francisco] Barrundia, exaltado, no daba ninguna bola.  Todo se le iba en proponer planes descabellados, en medio de discursos que solo creía una minoría exigua.  Los conservadores, por primera vez en su vida, se dividían y, dentro del mismo clero, cada cura tiraba por su lado.  Los elementos [más prominentes] trataban de imponer su voluntad al presidente [Mariano] Paredes, sin lograr que sus actos persuadieran al pueblo de la bonda de su palabra.

Y mientras tanto, Tata Lapo [el mariscal Serapio Cruz], su hermano Vicente, Agustín Pérez y más de otro forajido, mantenían la insurrección viva en el oriente y cometían toda clase de desafueros.  Carrera no quiso entrar en una lucha dudosa contra los pueblos levantados y dejó la presidencia.  Los liberales creyeron que cuando ellos tomaran la dirección de los asuntos, todo iba a salir por el buen carril.  Pero no sucedió así:  los alzados peleaban no por ideas ni principios, que no los tenían, sino por ambiciones particulares. 

Así, a pesar de la marcha de Carrera, y de los propósitos de una nueva orientación, la facción de oriente se mantuvo en actitidades.  Los chapines [es decir, los capitalinos] escuchabran con espanto los crímenes que se cometían y las nombres de Sampaquisoy, Sansur, Sanguayabá, Sansare y otros santos de este linaje, les tenían azorados y temerosos.  Cuando se supo que todas las fuerzas de los alzados estaban en palencia, ya para caer sobre la capital, hubo desmayos y pataletas, […] con los recuerdos de las hordas morazánicas.

El presidente Paredes había entrado el primero de enero y se empeño, sobre todas las cosas, en lograr la paz para el oriente.  Comisionó a Manuel Sáenz de Tejada y a Raymundo Arroyo para que se entendieran con los levantados; llevaban instrucciones de acceder a todo, con tal de lograr la paz para todos los pueblos. La paz era una necesidad; todos llamaban por ella y ya no se toleraba una existencia en que no se lograba punto de reposo.  Ninguno se exponía a salir de los muros de la ciudad, temeroso de caer en manos de una gavilla; por la noche se pasaban cerrojos y se emplazaban trancas en todas partes; pero la seguridad no era completa y, en medio del silencio de las noches, los pobres vecinos creía que, como una plaga infernal, caían los demonios sobre la ciudad inmaculada.

Sáenz de Tejada y Arroyo llegaron hasta Palencia; Serapio Cruz llegó también procedente de Chiquimula para entrar en los puntos del arreglo pacificador.  Después, pasaron los mismos comisionados del gobierno a Zacapa, en donde se encontraba Vicente Cruz y celebraron otro convenio.  Constaba de una suspensin de hostilidades hasta por ocho días, en tanto que se determinaban los puntos sobre un entendido estable. Por lo pronto, el presidente de la República renunciaba al cargo de Comandante General de las armas y lo transfería a Vicente Cerna, una buena persona, muy amiga del ausente general Carrera, y que se hallaba entregado a su labores de campo en la región de Chiquimula.  Cerna aceptó el cargo que se le dispensaba, después de publicar una proclama, un tanto simplona […]

El gobierno de Paredes procedió con la mayor cautela.  Cedió a todo lo que se le pedía.  Repasando los oficios dirigidos por Vicente Cruz, en que por sí y ante sí se proclamaba presidente de la República, causa admiración la mansedumbre de Paredes.  Hay en esos oficios una suficiencia y un tono de superioridad tan molestos que un hombre con menos cautela que Paredes lo echara todo a rodar.  Pero Paredes ya tenía entre sus planes, la manera de orientar la situación y se sometió a todo lo que le imponían los pedigüeños.  Paredes había dispuesto la vuelta de Carrera, seguro como estaba que era el único que podría poner en cintura a los revoltosos.

De esta suerte, el 8 de febrero se dió la comandancia de las armas al Brigadier don Vicente Cruz, y se invitó al vecindario a dar la bienvenida a las fuerzas revolucionarias que, en son de paz, llegarían a la capital al día siguiente.  Y así fue: al día siguiente 9, por la tarde, Vicente Cruz como un jefe victorioso entraba a la ciudad de Guatemala, a la cabeza de mil hombres, que eran salteadores de las haciendas de Oriente.  Lo recibieron con un sabroso banquete que presidió el ministro José M. de Urruela.  […] Tata Lapo y Agustín Pérez, lo mismo que León Raymundo, uno de los más sangrientos personajes de la época y jefe de una de las gavillas, no quisieran entrar. […]

Y la mañana del 10 de febrero de 1849, los vecinos de la angustiada Ciudad de Guatemala salieron de sus casas y se encaminaron a los veintitantos templos que santificaban el lugar, a despacharse misas para dar gracia al Altísimo que al fin acordara imponer el sosiego en este redil, mientras la palabra del obispo Bernardo Piñol y Aycinena, desde la Catedral repetía las evangélicas palabras del glorioso Apóstol:  ‘¡La Paz sea con nosotros!'”

En efecto, tal y como lo planeó Paredes, Carrera regresó a Guatemala ese año, haciéndolo por el occidente del país desde su exilio en México y estableciendo pactos con todos los líderes indígenas de la región; de este modo, llegado el momento, tomó la ciudad casi sin esfuerzo, obligando a los criollos liberales a salir huyendo del país y a los criollos conservadores a pactar con él para no sufrir represalias de los indígenas, como estaba ocurriendo en esos momentos con las masacres de criollos y europeos en Yucatán.  Después se ocupó de acabar con los forajidos que asolaban el oriente y, finalmente, venció definitivamente a los liberales en la Batalla de La Arada en 1851, consiguiendo por fin la verdadera paz.


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (10 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 10 de febrero de 1849, Pax”. Guatemala: Nuestro Diario.

21 de enero de 1849: el diplomático Elijah Hise se convierte en el primer encargado de la embajada de los Estados Unidos ante el gobierno de la República de Guatemala

21enero1849
La ciudad de Guatemala vista desde el sur aproximadamente en 1870.  Pintura de Augusto de Succa.  En el recuadro: el diplomático estadounidense Elijah Hise, quien fue el primer encargado de la embajada de los Estados Unidos en Guatemala en 1849.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El gobierno del estado independiente de Guatemala fue reconocido por el gobierno de los Estados Unidos en 1844, pero los cambios politicos en la region centroamericana se siguieron sucediendo a una velocidad vertiginosa hasta que finalmente el capitán general Rafael Carrera fundó la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847 y se convirtió en su primer presidente.

El gobierno de los Estados Unidos estableció oficialmente su embajada en Guatemala el 21 de enero de 1849, la cual estuvo interinamente a cargo del diplomático Elijah Hise por disposición del presidente James K. Polk hasta el 23 de junio de ese año en lo que el gobierno norteamericano retiró a su embajador de la república debido a la inestabilidad que existía en la misma.

Hise nació el 4 de julio de 1802 en el estado de Pennsylvania, y luego se mudó junto con su familia a Russelville, Kentuky en donde hizo su carrera política. Se graduó de la Universidad de Transilvania en Lexington, en donde estudió derecho y posteriormente fue electo a la Casa de Representantes del estado en 1829, cuando solamente tenia 27 años de edad.  Posteriormente, Hise intentó ser el secretario del estado de Kentucky en 1836, pero no ganó la elección. Tras terminar su mission diplomática en Guatemala en 1849, Hise fue miembro del Congreso de los Estados Unidos hasta su muerte, el 8 de mayo de 1867.  Por su labor por el estado de Kentucky, el poblado de Hiseville fue nombrado en su honor.

En cuanto a la embajada en Guatemala, ésta no volvería a ser ocupada sino hasta el 18 de abril de 1853, por el conflictivo diplomático Solon Borland, quien ya había tenido una tormentosa carrera militar y política en los Estados Unidos. Borland era el embajador ante todos los estados que se habían formado en la región e inmediatamente después de su llegada a Managua, hizo un llamado a su gobierno para que repudiara el tratado de Clayton–Bulwer que se había firmado con la Gran Bretaña, y para que el ejército estadounidense ayudara a los hondureños contra los ingleses. Aunque dejó la region el 31 de diciembre de 1854, su trabajo en Nicaragua dió pié para la invasion de los filibusteros de William Walter en ese país, lo que provocó la Guerra Nacional que unificó a los ejércitos centroamericanos contra los estadounidenses en 1856.


BIBLIOGRAFIA:

 


8 de noviembre de 1851: la Asamblea constituyente emite un decreto sobre asuntos de los indígenas

8noviembre1851
Grupo familiar indígena de Chinautla, en el departamento de Guatemala. Fotografía de Alberto G. Valveavellano publicada en “La Ilustración Guatemalteca” en 1897.

A continuación presentamos un decreto que no solamente muestra la diferencia que había entre los gobiernos conservadores y liberales con respecto al trato de los indígenas, sino que demuestra cómo estos pueblos originarios de la región han sido considerados como pobladores de segunda categoría a pesar de ser la mayoría del país. A este respecto, el decreto en mención incluso hace referencia al uso de la legislación española colonial, de un gobierno “paternalista para esta clase recomendable”, y a las prácticas de curas párrocos predicadores de la misma época para su aplicación con la población indígena.

Durante el gobierno del general Rafael Carrera, a pesar de las alianzas que éste tenía con los principales de los pueblos indígenas y de la protección que les otorgaba, también existían mandamientos de colonos campesinos para trabajos en fincas lejanas de sus pueblos de origen, pero la diferencia principal con respecto a los gobiernos liberales fue que los territorios de las comunidades indígena se mantuvieron intactos.  La Reforma Agraria impulsada por los liberales luego de que J. Rufino Barrios tomara el poder en 1873 resultó en la expropiación de estas tierras por medio de artimañas legales que dieron lugar a la formación de grandes fincas cafetaleras que beneficiaron tanto al presidente como a sus colaboradores.

Es también importante destacar que en la Recopilación de Leyes de 1869 de donde se obtuvo este decreto, existe una sección dedicada única y exclusivamente a la legislación decretada para intentar combatir el alholismo endémico que ha afligido a las comunidades indígenas desde la época colonial.

(Se hace al salvedad de que en el siguiente decreto se ha modificado el término “indio” que aparece en el orignal de 1851 por el de “indígena”).

DECRETO DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE, DE 8, DE NOVIEMBRE DE 1851, SOBRE VARIAS DISPOSICIONES RESPECTO A LOS INDIGENAS.

La asamblea constituyente de la república de Guatemala.

Habiendo tomado en consideración la iniciativa del gobierno, y animada en favor de los indígenas del mismo espíritu que dictó el artículo 3°, sección 2da. de la ley constitutiva de 5 de diciembre de 1839, ha venido en decretar y decreta:

Art. 3°.- Los corregidores tomarán el mayor interés:

  1. En perseguir la embriaguez y holgazanería en los indígenas; cuidando al mismo tiempo de que los destinados por mandamientos á los trabajos de particulares, sean bien tratados, pagados con puntualidad, no solo de sus jornales, sino también del tiempo que inviertan en ida y vuelta á sus pueblos; y en caso de enfermedad, donde no haya hospitales, asistidos y curados por aquellos en cuyo servicio se hallaban.
  2. En que los fondos de comunidad se cobren, conserven y administren con puntualidad, seguridad y legalidad, verificándose siempre su inversión en favor exclusive de los indígenas, donde solo ellos los formen; y que para su aumento se practiquen las siembras de comunidad, si ajuicio de los corregidores fueren éstas convenientes á los indígenas.
  3. Que se levanten, conserven y reparen los edificios para cabildos y cárceles, cuidando de la mejora de éstas en cuanto á su salubridad y seguridad, y que no sean lo que hasta ahora han sido.  (Nota de HoyHistoriaGT: entre 1837 y 1851 Guatemala se mantuvo en constantes guerras en contra de El Salvador, Honduras y el Estado de Los Altos, y estuvo azotada por bandas de forajidos. Como resultado, las comunidades rurales estaban prácticamente en el abandono como lo indica este inciso).
  4. Que los indígenas se mantengan separados en su administración de justicia ó municipal, si asi lo solicitaren, y que los justicias ó municipales cumplan con puntualidad, y no falten á los pasajeros, por su justo precio, los auxilios que necesiten en su tránsito por los pueblos de indígenas.
  5. Que se establezcan escuelas donde no las haya, ó se mejoren las que existen; y que en ellas se enseñe de preferencia á los indígenas el idioma castellano y la doctrina cristiana; siendo recomendables aquellos maestros que mayor número de indígenas presenten con esta instrucción. Para el cumplimiento de este deber se pondrán de acuerdo los corregidores con los padres curas, á quienes se recomienda el mayor celo en la instrucción moral y religiosa de la juventud de sus parroquias. (Nota de HoyHistoriaGT: el clero secular fue parte integral del triunfo de la revolución campesina que llevó a Rafael Carrera al poder en 1838. Fue gracias al indoctrinamiento de los curas párrocos que lograron unificar a los campesinos bajo la bandera de la religión católica y así combatir a los “herejes” liberales).
  6. Con igual acuerdo, cuidando que se levanten o reparen las casas parroquiales y las iglesias y que éstas se conserven con la limpieza y decencia correspondiente al culto. (Nota de HoyHistoriaGT: con el general Carrera al mando del poder ejecutivo las órdenes religiosas y el clero secular recuperaron gran parte de los privilegios que tuvieron hata 1829. De esta cuenta, corrió por cuenta del Estado reparar las iglesias y casas parroquiales, como se ve en este artículo).
  7. Que los indígenas no sean despojados, ni a pretexto de ventas, de sus tierras comunes, no habiéndose hecho aquellas con las formalidades de almoneda, como lo previene la ley 27. titulo 1°, libro 6? de la recopilación de indias: ni se les moleste para el servicio de armas. ni se les permita abandonar los pueblos para vivir en los montes ó andar vagando; y los gobernadores cuidarán de recogerlos y obligarlos á que reconozcan el pueblo de su vecindario
  8. Por último, los corregidores cuidarán de que en ningún caso se conviertan contra los indígenas las disposiciones que á su favor se han dado: si hubieren de tener gobernadores sean estos de su misma clase: si éstos se excedieren en los castigos que por sus costumbres pueden aplicar, sean contenidos, reprendidos y también castigados: si hubiere de procederse contra algún indígena ó parcialidad de indígena, o ellos tuvieren que entablar ó seguir acción alguna, donde no se hallare el fiscal, se lea nombrado de oficio un protector que los auxilie; pero cuidando de que no se abuse de su ignorancia para sujetarlos a estafas ó exacciones indebidas.

Art. 4°.— Los corregidores cuidarán de que en el archivo de sus respectivos departamentos haya y se conserve un ejemplar do la recopilación de Indias, á cuyas leyes deberán arreglarse en los casos que ocurran: y tanto los mismos corregidores, como los jueces y demas autoridades de los pueblos de indígenas deberán, en el ejercicio de sus funciones, penetrarse del espíritu de aquellas leyes, para gobernar paternalmente esta recomendable clase y cuidar de que no se abuse de su ignorancia, ni se les perturbe en sus costumbres, no siendo éstas, como dice la ley, claramente injustas.

(Nota de HoyHistoriaGT: esta protección paternal y cuidados que se despliegan sobre las poblaciones indígenas se derivan de las alianzas que el general Carrera cultivó entre los pobladores rurales del país y que le permitieron obligar a los criollos conservadores a aceptar su gobierno, ya que éstos temían que los indígenas se alzaran y los lincharan).

Art. 5°. — El gobierno poniéndose de acuerdo con el ordinario eclesiástico, podrá, con el objeto de civilizar y reformar las costumbres de los indígenas, restablecer las pensiones de religiosos misioneros como existian antes con igual fin.


BIBLIOGRAFIA:


22 de octubre de 1851: tras emitirse la nueva constitución, el presidente Mariano Paredes renuncia y en su lugar es designado el general Rafael Carrera

21octubre1851
Patio de la Catedral Metropolitana de Guatemala a mediados de la década de 1940. El poder del clero durante el gobierno conservador de Rafael Carrera fue muy importante.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de la victoria de la Batalla de La Arada, era solamente cuestión de tiempo que la Asamblea Constituyente emitiera una constitución a la medida de las aspiraciones del general Rafael Carrera y que éste fuera electo o nombrado presidente de la Repúbica.  Y así ocurrió, en efecto.  El 19 de octubre de 1851 se emitió la nueva constitución de la República de Guatemala, por la asamblea que había sido convocada en 1848, y el 22 de octubre, el general presidente Mariano Paredes renunció a la presidencia.  Como era de esperarse, el general Rafael Carrera fue designado presidente de la República para el perído 1851-1855.

Carrera ya había sido Jefe del Estado de Guatemala de 1844 a 1847 y presidente de la República de 1847 a 1848, y había sido el hombre fuerte detrás de todos los jefes de estado y presidentes títere, pero nunca había gobernando con una constitución que le sirviera plenamente y que incluso tiene hasta un artículo transitorio en el que queda claro que lo van a designar como presidente (aunque no lo mencionan por nombre).  Es por ello que reproducimos aquí algunos artículos de aquella carta magna, que estuvo vigente de 1851 a 1871, aunque el orden constitucional de la presidencia se vió alterado entre 1854 y 1865, cuando Carrera gobernó como presidente vitalicio.

CARTA CONSTITUTIVA DE LA REPUBLICA, DECRETADA POR SU ASAMBLEA CONSTITUYENTE, EN 19 DE OCTUBRE DE 1851. EN EL NOMBRE DE DIOS TODOPODEROSO.

(Nota de HoyHistoriaGT: esta referefencia a Dios es un texto común en las leyes espanolas y conservadoras que desapareció en las constituciones liberales).

La asamblea constituyente de Guatemala, convocada por decreto de 24 de mayo de 1848, para mejorar la organización política de la república y dar mas estabilidad á su gobierno; con tan importante objeto, y para asegurar el mantenimiento de la paz y buen orden de los pueblos; en uso del poder que le fué conferido por ellos, decreta las disposiciones contenidas en la siguiente ACTA CONSTITUTIVA.

(Nota de HoyHistoriaGT: La constituyentes fue convocada cuando Carrera estaba en el exilio y Guatemala inmersa en una profunda crisis de gobernabilidad e inestabilidad. Nunca se imaginaron que terminarían haciendo una constitución para el exiliado, ya que en el momento de la convocatoria pesaba sobre él pena de muerta si intentaba regresar al país).

Art. 1 — Son guatemaltecos todos los que hayan nacido en la república, ó que se hallaban en ella al tiempo de hacerse su independencia de la España. Los hijos de padres guatemaltecos, aunque hayan nacido en pais extrangero. — Los naturales de los otros estados de Centro- América, avecindados en la república. Los extrangeros naturalizados con arreglo á las leyes.

(Nota de HoyHistoriaGT: se aceptan a todos los centroamericanos como guatemaltecos sin poner límite alguno. Y también es la última constitución en que se menciona a los españoles que se encontraban en el país al momento de la independencia, ya que para 1879 todos habían fallecido).

Art. 2 — Son ciudadanos los guatemaltecos que tengan una profesión, oficio ó propiedad que les proporcione medios de subsistir con independencia. — Se tienen también como naturalizados y ciudadanos los originarios de las repúblicas hispano-mericanas, y de la monarquía española, que teniendo las otras calidades para el ejercicio de la ciudadanía, y residiendo en la república, fueren nombrados para algún cargo público, ó empleo, si aceptaren el nombramiento.

(Nota de HoyHistoriaGT: la adición de ciudadanos hispanoamericanos y españoles era necesaria ya que muchos de los miembros de partido conservador eran religiosos o aristócratas expulsados de sus países de origen en donde se habían impuesto gobiernos liberales. De hecho, el presidente de la Asamblea Legislativa era un ciudadano español que se había radicado en Guatemala. Nótese que los indígnas analfabetos no eran ciudadanos.).

Art. 3 — Los deberes y derechos de los guatemaltecos, están consignados en la declaración hecha por la asamblea constituyente en 5 de diciembre de 1839, que continuará rigiendo como ley fundamental.

(Nota de HoyHistoriaGT: esta también fue una constitución conservadora, que se emitió luego del derrocamiento del gobierno del jefe de Estado liberal Mariano Gálvez en 1838).

Art. 5 —El presidente de la república será elegido cada cuatro años, por una asamblea general compuesta de la cámara de representantes, del muy reverendo arzobispo metropolitano, de los individuos de la corte de justicia y de los vocales del consejo de estado.

(Nota de HoyHistoriaGT: no hay elecciones populares. Son los diputados aristócratas y las autoridades eclesiásticas las que eligen al presidente).

Art. 9 — En caso de muerte, ó falta absoluta del presidente, se harán cargo del gobierno por el orden de sus nombramientos, los secretarios del despacho; y por su falta, los individuos del consejo de estado, mientras se reúne la cámara, que será inmediatamente convocada, y nombrará en asamblea general la persona que deba ejercerlo. — En el caso de tomar el presidente el mando del ejército, ó por otra falta accidental, el gobierno se ejercerá por el consejo de ministros.

(Nota de HoyHistoriaGT: no nay ni Primer Designado a la Presidencia, ni Vicepresidente, como lo habría en las constituciones posteriores. Así, el decano de los ministros se haría cargo de la presidencia en lo que la Cámara de Representantes designaba a un nuevo gobernante. Esto ocurrió una sola vez: cuando murió Carrera en 1865, el ministro de Relaciones Exteriores, Pedro de Aycinena se hizo cargo de la presidencia interina hasta que la Cámara designó al Mariscal Vicente Cerna como presidente).

Art. 15 — La Cámara de Representantes, con la concurrencia y sanción del gobierno en la forma establecida, podrá adicionar esta acta cuando la necesidad lo requiera. Para hacer cualquiera derogatoria en ella ó en las otras leyes constitutivas, se necesita, ademas, oir previamente el dictamen de las principales autoridades constituidas.

(Nota de HoyHistoriaGT: se quiso seguir el ejemplo de los Estados Unidos, en que se hacen enmiendas esporádicas a la Constitución. Sin embargo, la carta magna de 1851 fue derogada sin mayores preámbulos cuando los liberales rebeldes redactaron el Acta de Patzicía en 1871 y se rigieron por ella hasta 1879).

Art. 16— El presidente de la república al tomar posesión, prestará en manos del muy reverendo arzobispo metropolitano, quien para este acto presidirá la cámara, el juramento siguiente:

[…]

¿Prometéis mantener con todo vuestro poder las leyes de Dios, y hacer que la religión católica se conserve pura é inalterable, y proteger á sus ministros?

(Nota de HoyHistoriaGT: el poder de los eclesiásticos durante el régimen de Carrera fue similar al que tenían durante la colonia. No se toleró ninguna otra religión en el país y todo giraba en torno al catolicismo. Incluso había un Ministro de Asuntos Eclesiásticos).

Art. 18 — Por la primera vez la presente asamblea constituyente elegirá al presidente de la república, á los individuos de la corte de justicia y á los del Consejo de estado, para el período constitucional de 1.° de enero de 1852 á 1.° de enero de 1856.— Los nombrados entrarán á ejercer sus funciones inmediatamente después de su nombramiento.

(Nota de HoyHistoriaGT: todo estaba preparado para que la Asamblea designara al general Rafael Carrera como presidente, tan pronto como renunciara Paredes).

Palacio del gobierno. Guatemala, octubre diez y nueve de mil ochocientos cincuenta y uno.

Cúmplase y publíquese con la debida solemnidad.

• Firmado de mi mano, sellado con el sello mayor de la república y refrendado por los secretarios de estado y del despacho del gobierno.
— (L. S.) — Mariano Paredes

(Nota de HoyHistoriaGT: Fue el último acto oficial de Paredes como presidente, ya que renunció el 22 de octubre.)


BIBLIOGRAFIA:


15 de mayo de 1849: ante el inminente retorno del general Rafael Carrera, se aprueba el convenio firmado entre el presidente Mariano Paredes y el general Agustin Guzman para reincorporar al Estado de Los Altos a Guatemala

15mayo1849
Bandera del Estado de Los Altos.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En 1848 el general Rafael Carrera fue obligado por los criollos a abandonar el poder, pues consideraron que ya no les servia a sus intereses y porque la situacion del pais estaba fuera de control: inseguridad, bandas de asaltantes por doquier e invasiones desde los estados vecinos habian colapsado al pais.

Carrera conocia muy bien el carácter de la élite guatemalteca y por ello aceptó retirarse dócilmente y se fué a vivir a México, desde donde estuvo pacientemente esperando por una oportunidad para regresar a hacerse cargo de la situación. Y no tuvo que esperar mucho. En abril de 1849 la situación ya era mucho peor de como la habia dejado y entonces entró nuevamente al territorio guatemalteco por la frontera con México, estableciendo alianzas con los líderes indígenas de todos los poblados por donde iba pasando.

Aprovechando que Carrera habia abandonado el poder, los criollos liberales formaron nuevamente el Estado de Los Altos pero, tal y como les había ocurrido en 1838 con lo intentaron por primera vez, no contaban con el apoyo de la mayoría indígena. Esta vez, cuando se enteraron que dicha mayoría había ya pactado con Carrera, los criollos de Los Altos tuvieron que negociar con el gobierno de Guatemala para reincorporarse y lograr asi que éste los defendiera de la inminente invasión.

He aqui el Convenio suscrito entre el presidente de Guatemala, general Mariano Paredes y el general Agustín Guzmán, entonces gobernador del Estado de Los Altos, el 15 de mayo de 1849, el cual resume la situación y postura de los criollos altenses:

Reunidos los Sres. general en jefe D. Mariano Paredes, Presidente de la República de Guatemala y general D. Agustín Guzmán, llamado al ejercicio del poder ejecutivo por algunos departamentos de Los Altos, como Segundo Jefe elegido por la Asamblea constituyente de aquel Estado en 27 de diciembre de 1838, que han sostenido el restablecimiento del expresado Estado, con el fin de conferenciar y acordar el medio de poner término a las desaveniencias que esta pretensión ha producido: el primero con la autorización que la Asamblea constituyente de la República dió al gobierno para procurar el restablecimiento de la paz, por su decreto de 25 de abril próximo pasado; y el segundo con la que confiere su carácter de jefe del ejército de su mando, conforme al acta de éste, de cuatro del corriente, celebrado en la villa de Zaragoza.

Guiados ambos de unos mismos deseos y convencidos de que estas desaveniencias debilitan el país y lo arrastran a la ruina, y de que sólo la unión lo puede hacer fuerte y preservarlo de tamaña desgracia, han convenido en los puntos siguientes:

  1. Los pueblos de Los Altos que han estado al mando del general D. Agustín Guzmán, se reincorporan a la República de Guatemala, y entran a formar parte de ella con iguales derechos y cargas que los otros de la misma República.
  2. Las fuerza que manda el expresado general Guzmán, quedan, por tanto, a las órdenes de la República de Guatemala para que las emplee a su servicio.
  3. Los pueblos de Los Altos procederan desde luego a elegir sus diputados para la Asamblea nacional constituyente de la República.
  4. Como los pueblos de Los Altos han quedado en abandono, por consecuencia de la invasión del general Carrera, el gobierno de la República de Guatemala, proveerá inmediatamente a su seguridad, dándoles autoridades que los rijan y la necesaria a su defensa.
  5. Siendo una de las razones por que los pueblos de Los Altos se empeñaban en formar Estado independiente, lo gravoso que les es tener que llevar a la capital de la República sus recursos en material de justicia, y mandar a sus hijos a instruirse a la misma capital, el gobierno de la misma república se encarga de proveer lo uno y a lo otro, haciendo por su parte, desde luego, lo que quepa en sus facultades, y recomendando muy eficazmente a la Asamblea constituyente lo que sea de su resorte.
  6. Quejándose los pueblos de Los Altos de los quebrantos que han sufrido de que el comercio de la República Mejicana esté gravado con los derechos de alcabala, como extranjeros, el gobierno de la República de Guatemala se compromete a rever y revocar el decreto que asi lo establecio sin perjuicio de lo que en esta materia resuelva la Asamblea.
  7. El gobierno de la República de Guatemala se compromete a proveer en igualdad de circunstancias y capacidades en los hijos de los pueblos de Los Altos, los empleos públicos de aquellos departamentos, creados o que se creen por la ley.
  8. El gobierno de la República de Guatemala, se compromete tambien, a que si ha de haber guarnición en los pueblos de Los Altos, ésta sea compuesta en su mayoria de hijos de aquellos mismos pueblos.
  9. El gobierno de la República de Guatemala reconoce como suya la deuda contraida por el gobierno que se dieron los pueblos de Los Altos, desde que proclamaron por primera vez su independencia, con inclusión de sueldos y pensiones civiles y militares, procurando que este pago se haga con las rentas de aquellos departamentos.
  10. El gobierno del a República de Guatemala se encarga de llevar a su ejecución el decreto de erección del puerto de Champerico en la Costa de Suchitepéquez, y de reparar y mejorar los caminos de tráfico de los pueblos de Los Altos, como lo demanda imperiosamente su comercio.
  11. El gobierno de Guatemala dará las ordenes convenientes a los agentes subalternos que tiene o tenga en los departamentos de Los Altos para que en manera alguna persigan a los que hayan tenido opiniones por la erección de Estado.
  12. Con la presente convención se dará cuenta al gobierno de la república para su aprobación. En fé de estar todo así convenido; firmamos la presente en la Antigua ciudad de Guatemala a los ocho días del mes de mayo del año de mil ochocientos cuarenta y nueve.

 

  • Mariano Paredes
  • Agustín Guzmán

APROBACION

Palacio nacional de Guatemala, 15 de mayo de 1849. Habiendo visto y examinado detenidamente todos y cada uno de los artículos contenidos en el precedente convenio, concluído el día ocho del corriente mes, en la Antigua Guatemala, entre los Sres. coronel Dn. Mariano Paredes, Presidente actual de la República y general Dn. Agustín Guzmán jefe de las fuerzas de algunos pueblos de Los Altos, y encontrándolo útil y conveniente para la pacificación de la república, y demás intereses generales de ésta; y a lo dispuesto en el decreto gubernativo del 13 de febrero del presente año, y oído el dictamen del consejo consultivo emitido el 13 del que cursa, el gobierno acuerda:

Se acepta y aprueba en todas supartes el convenio concluído y firmado en la Antigua ciudad de Guatemala el día ocho de este mes entre los Sres. coronel Dn. Mariano Paredes, presidente de la República, y el general Dn. Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas de algunos pueblos de Los Altos, el cual tendrá desde luego su puntual cumplimiento, y se pondrá en conocimiento del cuerpo legislativo en sus próximas sesiones.

El convenio no sirvió de mucho. Poco después de firmado, Carrera tomó la región y la sometió nuevamente por la fuerza para luego entrar triunfalmente a la Ciudad de Guatemala y quedarse de hecho con el poder. Allí intentó combatirlo Guzmán, pero murió en batalla sin alcanzar sus objetivos.


BIBLIOGRAFIA:


26 de febrero de 1849: asesinan a Mariano Rivera Paz, ex-jefe de Estado de Guatemala cuando iba a tomar posesión del corregimiento de Jutiapa en el departamento de Mita

26febrero1849
Retrato el presidente Mariano Rivera Paz (1804-1849). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el exilio del general Rafael Carrera a México en 1848 los criollos se hicieron cargo de la situación del país, pero en lugar de recuperar la armonía y tranquilidad, Guatemala se hundió en una profunda anarquía. Cuando Carrera partió al exilio el 13 de octubre, la Asamblea Legislativa, ahora en poder de los liberales, dictó una disposición por la que se le declaraba fuera de la ley que debía aplicársele la pena de muerte si osaba regresar al país.

Se sucedieron entonces varios presidentes que renunciaron en cuestión de semanas o meses, hasta que finalmente el coronel Mariano Paredes (hasta entonces corregidor de Quetzaltenango), tuvo que ir a la Ciudad de Guatemala para hacerse cargo de la situación.  Pero a pesar de los esfuerzos del presidente Paredes, las luchas internas entre los criollos liberales hicieron que Guatemala entrara en una profunda crisis: había crímenes políticos de importantes personalidades, así como bandoleros sueltos por todo el país; y el Estado de Los Altos aprovechó la debilidad de Guatemala para independizarse. Al gobierno se le iba en dictar leyes que nadie las cumplía y se llegó al punto en que los hermanos Vicente y Serapio Cruz (“Tata Lapo“), se habían alzado y tras imponerle sus condiciones a Paredes, hicieron una entrada triunfal en la ciudad el 10 de febrero de 1849 comportándose como los dueños del país.

En medio de aquella terrible situación el 26 de febrero de 1849, el ex-jefe de estado Mariano Rivera Paz y Gregorio Orantes fueron asesinados cuando el presidente Paredes los nombró como corregidores de Jutiapa y de Jalapa, respectivamente, e iban en camino a tomar posesión de su cargo.  Fueron asesinados por los “lucios” (Roberto Reyes y Agustín Pérez) en la aldea Sampaquisoy cercana a Mataquescuintla y de hecho, la escolta que los iba protegiendo, en lugar de ayudarlos se alió con los asaltantes y terminó ejecutándolos. Y el sucesor de Rivera Paz no corrió con mejor suerte: Paredes nombró al general Vicente Cruz, como corregidor, y lo primero que éste hizo fue salir en persecución de Agustín Pérez, a cuyas fuerzas derrotó, pero cuando Pérez huyó, Cruz salió a perseguirlo sin más armas que su espada y fue víctima fácil de un francotirador que lo mató de un tiro en el pecho.  Poco le duró la gloria y la arrogancia con que había entrado a la ciudad de Guatemala pocos meses antes.  (Por cierto que los corregimientos de Jalapa y Jutiapa pertenecían al departamento de Mita que había sido creado un año antes, el 23 de febrero).

Era una época oscura de crímenes politicos constantes, pues aparte de los corregidores de Jutiapa y de Jalapa, fue asesinado también Marcial Zebadúa, presidente del Tribunal Supremo de Justicia, por lo que no es de extrañar que el primer encargado de la embajada de los Estados Unidos que hubo en Guatemala, Eliah Hise, abandonara la ciudad a tan sólo unos meses de tomar el cargo.

Todo aquel clima de inestabilidad propició el retorno del general Carrera, quien ingresó a Guatemala por el occidente y regresó a la ciudad y al poder en agosto de 1849, haciendo huir a los criollos liberales que buscaron la salvación en El Salvador, mientras que los conservadores, que eran detestados en el resto de Centroamérica, tuvieron que pactar con Carrera para evitar que los masacraran los indígenas con los que éste había pactado durante su retorno al poder.


BIBLIOGRAFIA:


17 de febrero de 1865: muere Juan José de Aycinena y Piñol, Marqués de Aycinena, Obispo de Trajanópolis, rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gobierno de Rafael Carrera

17febrero1865
Retrato del Obispo Juan José de Aycinena y Piñol que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

En Guatemala el marquesado de Aycinena fue el único título nobiliario que se extendió por el Rey de España. Este título fue otorgado a Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen, un ciudadano español que había llegado al Nuevo Mundo a buscar fortuna y había logrado hacer un imperio comercial gracias al transporte de carga en mulas desde los puertos del Atlántico hasta las principales ciudades de la Capitanía General.

Gracias a su imperio comercial y a su origen español, Aycinena y su familia lograron conseguir las mejores posiciones en el gobierno colonial a principios del siglo XIX, al punto que tuvieron puesto que hasta entonces habían estado a cargo únicamente de ciudadanos españoles. Por otra parte, varios de sus miembros ingresaron al clero, tanto regular como secular y gracias a todo esto, la familia alcanzó importantes posiciones gubernamentales que incluyeron el rectorado de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo y diputados ante las Cortes de Cádiz.

En la década de 1810, los Aycinena pelearon junto con los españoles para sofocar cualquier intento independentista en América Central y estuvieron en contra de cualquier movimiento de esa índole ya que implicaba perder el poder que habían conseguido. Pero la debidlidad de la corona española tras la invasion Napoleónica y el fracaso de las Cortes de Cádiz tras el retorno al poder del rey Fernando VII en 1814, llevaron a la Independencia en 1821.

Tras la creación de las Provincias Unidas del Centro de América, los Aycinena y sus familiares se aglutinaron en el partido conservador, el cual promulgaba que no se cambiara absolutamente nada en la estructura política y social del nuevo país, mientras que el resto de criollos no-aristócratas se aglutinaron en el partido liberal y pelearon por un cambio radical en la política: la separaciónde Iglesia y Estado y la eliminación de los títulos nobiliarios, principalmente.

En medio de esta vorágine de acontecimientos vivió el obsipo Juan José de Aycinena y Piñol, quien nació en la Ciudad de Guatemala, el 29 de agosto de 1792 y quien heredó el título de Marqués de Aycinena a la muerte de su padre. En 1825 fue nombrado rector de la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo y estuvo en el cargo hasta que fue expulsado de Centroamérica junto con el resto de su familia en 1829, luego de la invasion liberal liderada por el general Francisco Morazán.

Vivió un tiempo en el exilio, junto con su hermano Mariano de Aycinena, quien había sido el jefe de Estado de Guatemala durante la invasión morazánica y cuando éste no quiso retornar a Guatemala tras el colpaso del gobierno liberal de Mariano Gálvez se convirtió en el líder del partido conservador. Su posición era mucho más débil que cuando estaban en el poder en 1829, así que tuvieron que empezar pactando con el general campesino Rafael Carrera, quien se había convertido en el hombre fuerte de Guatemala tras liderar la revolución indígena-católica que derrocó a los liberales.

Entre 1840 y 1848, ya siendo nombrado nuevamente rector de la Pontifica Universidad, Aycinena fue uno de los principales colaborades de Carrera pero cuando vio que éste parecía perder el control de la situación en 1848, no dudó en pedirle la renuncia y enviarlo al exilio. Carrera midió sus opciones perfectamente y salió del país hacia México sin oponer resistencia, desde donde estuvo esperando que la crisis interna de Guatemala obligara que lo llamaran de vuelta al poder.

Carrera regresó a Guatemala en 1849, tras haber pactado con los líderes indígenas de occidente y cuando se estaba desarrollando una sangrienta Guerra civil en Yucatán, en donde los indígenas estaban masacrando a criollos y europeos. A su retorno, los criollos liberales huyeron hacia El Salvador, pero Aycinena y los criollos conservadores no podían huir porque no eran aceptados en otros país por su tendencia pro-católica, como estaban aterrados de que una guerra civil como la de Yucatán se desatara en Guatemala, tuvieron que pactar con Carrera.

Aycinena y sus familiares se convirtieron en el Consejo de Estado del general Carrera y gobernaron junto con él hasta 1865; Aycinena falleció el 17 de febrero y Carrera el 14 de abril de ese año y puede decirse que fue en ese momento que verdaderamente terminó el gobierno conservador en Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:


 

2 de febrero de 1851: el general Rafael Carrera aplasta a los liberales centroamericanos en la Batalla de la Arada, iniciando por fin el desarrollo de Guatemala

2febrero1851
Retrato del general Rafael Carrera, como fundador de la República de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los primeros treinta años de vida independiente de Guatemala estuvieron marcados por la Guerra Civil Centroamericana, la invasion del general liberal Francisco Morazán en 1829, la expulsión de los aristócratas guatemaltecos, la revolución católico-campesina contra Mariano Gálvez en 1838, el intento de formación del Estado de Los Altos y la segunda invasion de Morazán en 1840, en donde fue derrotado definitivamente por Carrera.

Trasla derrota de Morazán, Carrera se convirtió en el hombre fuerte de Guatemala, pero eso no impidió que hubiera constantes revueltas, invasiones desde El Salvador y Honduras, y que el Soconusco se anexara a México por sentir que estaba abandonado por las autoridades guatemaltecas.  La situación llegó a un punto crítico en 1848, cuando los criollos (tanto liberales como conservadores) le pidieron a Carrera que renunciara al poder para hacerse ellos cargo de la situación.

Carrera se fue a México sin chistar, pues conocía perfectamente la ineptitud política de los criollos y sabía que y la situación se iba a poner todavía peor.  Y tenía razón. El Estado de Los Altos intentó resurgir una vez más, y las rebeliones se recrudecieron.  Por si eso no fuera poco, los efectos de la guerra civil en Yucatán en donde los indígenas se alzaron y empezaron a cometer masacres en contra de los criollos y europeos, aterrorizó a los criollos aristócratas guatemaltecos, que obligados por las circunstancias, tuvieron que pedirle a Carrera que regresa al poder, sabiendo de sus fuertes alianzas con los campesinos indígenas del país.  Los criollos liberales, por su parte, huyeron hacia El Salvador y Honduras, en donde se organizaron con los gobiernos liberales de esos países para acabar de una vez por todas con el régimen católico-aristócrata-campesino que Carrera impuso en Guatemala.

Finalmente, el 28 de enero de 1851 llegó el día en que los criollos liberales lograron formar una fuerza formidable para derrotar al gobierno de Carrera.  Ese día, el presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos, que había acogido a los refugiados liberales desde que Carrera recuperara el poder en 1849, llegó a la frontera con Guatemala al frente de un ejército liberal aliado de El Salvador y Honduras, junto con varios exiliados guatemaltecos, y dirigió al Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala un extenso comunicado, en cual se exigía lo siguiente:

  1. Que el presidente guatemalteco Mariano Paredes abandonara el mando, para que fuera ocupado por un hombre de confianza de los liberales.
  2. Que comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala, general Rafael Carrera, fuera exiliado del país, debiendo ser conducido hacia alguno de los puertos del sur por un regimiento salvadoreño.
  3. Que una vez estuvieran en poder del mando de Guatemala los liberales, se convocara a una Asamblea Constituyente.
  4. Que el ejército salvadoreño ocupara los territorios de Guatemala que considerara conveniente y por un tiempo indefinido.

Ante aquella absurda solicitud, el gobierno de Paredes respondió lacónicamente así:

“No tiene usted autoridad por las leyes de San Salvador para hacer declaratorias de guerra y no pudiendo mandar tropas sin permiso de las cámaras. Al presentarse armado, declarando la guerra a Guatemala, este gobierno, considera a usted y a los que lo acompañan como facciosos ejecutando una atentado en contra de la soberanía y libertad de la República de Guatemala. No nos corresponde, pues, otra cosa que dar conocimiento del anuncio que usted hace de que se introducirá con tropas en este territorio; al general en jefe del ejército de Guatemala que guarnece las fronteras, para que obre al honor y seguridad de la República. Dios guarde a usted muchos años.”

El ejército aliado que comandaba Vasconcelos era el más poderoso visto hasta aquel tiempo en la región; cuatro mil quinientos efectivos militares.  Pero en realidad, los militares que estaban al mando eran:

  • General Isidoro Saget, militar francés muy experimentado en otras guerras contra Guatemala bajo el mando de Francisco Morazán. Se le nombró Jefe del Estado Mayor del Ejército, pero debido a su avanzada edad tuvo muchas dificultades para dirigir a los generales que comandaban las diferentes divisiones.
  • General José Santos Guardiola, comandante de la 1.ª División
  • General Ramón Belloso, comandante de la 2.ª División
  • General Indalecio Cordero, comandante de la 3. ª División
  • General Domingo Asturias, comandante de la 4. ª División.
  • General José Trinidad Cabañas, a cargo de la división hondureña
  • General Gerardo Barrios, Jefe de la división San Miguel.
  • Además mandaban otros cuerpos de tropa, los generales salvadoreños Ciriaco Bran y Carrascosa, además de dos generales guatemaltecos renegados: José Dolores Nufio y Doroteo Monterroso.

De lado de Guatemala llegaron a reunirse dos mil hombres comandados por el teniente general Rafael Carrera, comandante en jefe de las fuerzas armadas de Guatemala; y a diferencia del ejército aliado, en que la oficialidad estaba compuesta por generals que no habían combatido juntos nunca, los oficiales de Carrera eran coroneles que habían luchado con él en numerosas campañas desde 1838. Ellos eran:

  • Coronel Manuel María Bolaños
  • Coronel Vicente Cerna y Cerna, corregidor de Chiquimula
  • Coronel Ignacio García Granados, comandante de la 1.ª división
  • Coronel Joaquín Solares, comandante de la 2. ª división
  • Teniente Coronel Leandro Navas, a cargo de la retaguardia
  • Coronel Mariano Álvarez, oficial de artillería

El 29 de enero, la vanguardia del ejército aliado, compuesta por quinientos hombres,  ingresó a Guatemala por tres lugares diferentes: Piñuelas, Agua Blanca y Jutiapa, mientras que el grueso del ejército marchó desde Metapán. Carrera por su parte, tras observar la forma en que ingresó el enemigo se dió cuenta de que era poderoso pero que no tenía un estratega como Morazán; entonces fingió una retirada, haciendo que el enemigo lo siguiera hasta el sitio que él deseaba. De esta forma, escogió su propio terreno para la lucha, en La Arada, en donde la topografía ayudaba a sus fuerzas. De esta forma, el 1 de febrero de 1851, ambos ejércitos se encontraron en las riberas del río San José.​

Carrera fortifico las estibraciones del cerro de La Arada, aprovechando sus colinas suaves, de aproximadamente cincuenta metros de altura sobre el nivel del río; y también tomó debida nota de que entre dicho cerro y el río había aproximadamente trescientos metros de vegas, mientras alrededor había siembras de caña de azúcar. Luego, dividió sus fuerzas en tres secciones: la izquierda, dirigida por Cerna y Solares; la derecha comandada por Bolaños, y él mandaba personalmente desde el centro, donde colocó la artillería. Finalmente, dejó a quinientos hombres en Chiquimula en defensa de la plaza y previniendo cubrir una posible retirada. De esta forma, solamente utilizó mil quinientos hombres guatemaltecos contra un enemigo de cuatro mil quinientos efectivos, sabiendo que la topografía de La Arada le favorecía.

El 2 de febrero se inició el combate a las 8:30 de la mañana, cuando los aliados tomaron la iniciativa atacando por tres puntos diferentes y abriéndose un fuego muy vivo por ambas partes. La primera carga de los aliados fue repelida por los defensores de la colina; al segundo ataque los aliados lograron tomar la primera línea de trincheras, de donde nuevamente fueron arrojados. A la tercera carga, la fuerza hondura-salvadoreña avanzó más, hasta llegar a confundirse con los soldados guatemaltecos, que peleaban ahora cuerpo a cuerpo y a punta de bayoneta, mientras que la artillería guatemalteca castigaba duramente el grueso de los atacantes.

En el punto más álgido de la batalla, cuando el resultado parecía incierto, Carrera ordenó que se incendiasen los cañaverales que flanqueaba la vega del río donde operaba el ejército invasor. De esta forma rodeó al enemigo ya que ahora tenía frente a sí el fuego vivo del ejército guatemalteco, por los flancos un incendio y hacia atrás el río, que dificultaba la retirada. Al ver esto la división central aliada cundió en pánico y comenzó una retirada desorganizada.

El general Saget ordenó tocar retirada para el cuerpo de Cabañas, la división hondureña que peleaba junto a la salvadoreña en el centro, pero todo el ejército emprendió la huida. Aproximadamente a las cinco de la tarde, se inició un retroceso de las líneas aliadas, que era más bien una fuga, que una retirada estratégica.  Entre el humo y las cenizas quedó el campo poblado de cadáveres, mientras que los quinientos hombres que habían estado en la retaguardia, se lanzaron en persecución de lo que quedaba del ejército aliado, el cual buscaba desesperadamente las fronteras de sus países. El presidente Vasconcelos, por su parte, salió huyendo hacia El Salvador, mientras se vio cruzar en la frontera hondureña a dos generales que montaban el mismo caballo. 

Carrera, a diferencia de muchos de los llamados generales que han gobernado el país, sí combatió junto con sus tropas en el frente. Cuando terminó el combate advirtieron que no aparecía, y lo buscaron entre los muertos hasta que finalmente lo encontraron “tendido a la sombra de un árbol, boca arriba, con los brazos en cruz y respirando lentamente; en su mano derecha sostenía su sable tinto en sangre, el cual no podía soltar pues tenía la mano hinchada por la pelea.”

El recuento final de las pérdidas de los aliados arrojó quinientos veintiocho muertos, doscientos prisioneros, mil fusiles abandonado en el campo de batalla, trece mil cartuchos útiles abandonados, multitud de bestias y equipajes, once cajas de guerra y siete piezas de artillería.   Y Carrera quería más.  Hizo reagrupar al ejército y cruzó la frontera en El Salvador; se encontraba acampando en Santa Ana, cuando recibió órdenes del presidente Mariano Paredes de regresar a Guatemala en vista de que los aliados solicitaban la paz.

Algunos meses después, Carrera se convirtió en el gobernante absoluto de Guatemala, y a partir de entonces se empezó a trabajar en infraestructura y desarrollo en el país, porque por primera vez en treinta años reinó la paz en el territorio guatemateco.  Muy pocos se atrevieron a invadir a Guatemala desde entonces, y aquellos que se aventuraron siempre obtuvieron resultados desastrosos; por esta razón los criollos liberales esperaron pacientemente hasta que pasaran seis años después de la muerte del presidente mestizo para retomar el poder en el país.


BIBLIOGRAFIA:


 

28 de noviembre de 1848: es designado para la presidencia interina de la República de Guatemala el ciudadano José Bernardo Escobar

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Plaza Central de Quetzaltenango en 1840. Bosquejo realizado por Frederick Catherwood y publicado en 1854 en el libro Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan de John Lloyd Stephens.

Tras llegar a la Jefatura del Estado de Guatemala en 1844, el General Rafael Carrera decretó la creación de la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847. Y agradada en su patriotismo por las medidas del “Caudillo Adorado de los Pueblos“, como le llamaban en ese tiempo a Carrera, el 14 de septiembre de 1848 la Asamblea Legislativa emitió el Decreto que ratifica que “Guatemala es una nación soberana, una república libre é independiente“.

Pero la Guatemala de 1848 ya no era la de 1847.  Había muchas rebeliones e inseguridad y los criollos (tanto conservadores como liberales) le habían exigido al presidente Carrera que dejara el poder.  Carrera conocía muy bien a los criollos y había aceptado irse al exilio a México después de dejar el poder, sabiendo que no iba a pasar mucho tiempo antes de que lo llamaran de vuelta.

Y tal como él vaticinó, ocurrió: a los pocos días de la firma del decreto arriba mencionado se inició la rebelión armada del general Vicente Cruz, en Antigua Guatemala que aprovechó la ausencia de Carrera y el hecho de que el general Mariano Paredes, jefe del Ejército, estuviera sometiendo insurrecciones liberales en Los Altos. Es decir, la Ciudad de Guatemala estaba prácticamente abandonada ya que los dos jefes militares más calificados del momento nada podían hacer por ella.

Cruz y sus hombres dejaron la Antigua Guatemala y, dando un rodeo, llegaron a Villa Nueva. Ante tal actitud, el gobierno convocó a la Asamblea, la cual se reunió el 27 de noviembre y ante ella presentó su renuncia el Presidente interino licenciado Juan Antonio Martínez. En el mismo acto la Asamblea aceptó la renuncia y designó presidente interino al liberal José Bernardo Escobar, personaje culto y diputado a la misma Asamblea, de quién “no se podía decir que fuera un pelele en manos de nadie“.

Era el peor momento posible para asumir la presidencia de la República: el ejército de Cruz avanzaba casi sin encontrar resistencia y el primero de diciembre, desde San José Pinula, dirigió una nota al presidente Escobar intimidándole a entregar la plaza, ofreciendo respetar vidas y haciendas, menos las de los Molina, los Arrivillaga, Vidaurre, Manuel Dardón, el expresidente Juan Antonio Martínez, los Zepeda y José Francisco Barrundia, todos ellos, importantes criollos liberales a quienes Cruz consideraba traidores a la causa. A pesar de la situación crítica, haciendo gala de energía y patriotismo Escobar rechazó la petición de los alzados, lo que resultó en que siguieran las hostilidades. Y para colmo de males, en Palencia se encontraba ya el general Serapio Cruz (el famoso “Tata Lapo“), hermano de Vicente Cruz.

El general Cruz repitió su oferta el 12 de diciembre y Escobar sin dinero ni tropas envió varias embajadas a parlamentar, en una de las cuales iba el propio Arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula García Peláez. Por fin Cruz, admitió celebrar conversaciones, pero uno de los puntos que propuso era que se restableciera el Estado de Los Altos diciendo: “El gobierno retirará de Los Altos las fuerzas de Ocupación, para que aquellos pueblos puedan libremente decidir su futuro, para lo cual no se les molestará en nada“. A pesar de ser liberal, Escobar rechazó lo que se le proponía respecto de Los Altos, por el daño que ocasionaría a la integridad territorial de la Guatemala.

Tras el fracaso de la negociación, Escobar buscó un arreglo político: quitó a Basilio Porras del Ministerio de la Guerra y lo colocó en el de Relaciones Exteriores, y entregó la cartera militar al Teniente Coronel de Ingenieros Manuel José Narciso de Jonama y Belsolar, que estaba retirado de la vida pública desde 1829, pero conservaba simpatías entre los liberales y era además amigo personal de Carrera. Pero esta medida tampoco solucionó nada y la rebelión continuó, obligando entonces a Escobar a presentar formalmente su renuncia a la presidencia el 30 de diciembre de 1848. La Asamblea eligió a Manuel Tejada, quién renunció al día siguiente por lo que Escobar tuvo que seguir en el mando.

A principios de 1849 se reunió la Asamblea para elegir sustituto a Escobar y decidió nombrar al general Mariano Paredes quien había logrado la pacificación de Los Altos y detener la revuelta de los Cruz.  Finamente, Escobar pudo entregar la Primera Magistratura el 18 de enero de 1849 y con el fin de evitarse ofensas o represalias se exiló voluntariamente en El Salvador. Pero hasta allí lo siguieron sus enemigos: los hermanos Cruz ordenaron su envenenamiento por haber rechazado sus exigencias.

En cuanto a Carrera, en agosto de 1849 regresó a Guatemala y se convirtió en el verdadero poder tras el presidente Paredes pues se aseguró de conseguir todas las alianzas que pudo entre los indígenas del Occidente guatemalteco, férreos opositores al Estado de Los Altos que pretendían establecer los criollos liberales y obligó a pactar a los criollos conservadores para evitar que los indígenas los lincharan.


BIBLIOGRAFIA:


13 de octubre de 1848: tras presentar su renuncia en agosto de ese año, la Asamblea Legislativa prohibe al teniente general Rafael Carrera regresar a Guatemala so pena de muerte

13octubre1848
El capitán general Rafael Carrera y su amigo y aliado, el Mariscal José Víctor Zavala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 21 de marzo de 1847 el teniente general Rafael Carrera firmó un decreto proclamando a Guatemala como República soberana e independiente, separándola definitivamente de la patria federada centroamericana, y se hizo llamar “fundador de la Nueva República“.  Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos al frente del gobierno, para agosto de 1848 la situación de Guatemala era caótica: Serapio Cruz (conocido como “Tata Lapo“) asaltaba Totonicapán promoviendo revueltas en contra del gobierno; había revueltas en el oriente del país; los criollos liberales y conservadores se mantenían en constante pugna, y en medio de todo esto, el presidente Carrera se dio cuenta que su prestigio se esfumaba y que era conveniente renunciar, lo que hizo con el siguiente manifiesto a la Asamblea Legislativa:

“Estoy resuelto a no permanecer más tiempo en la capital y a trasladarme a un país extranjero.  Suplico a los señores representantes que, en recompensa por mis cortos servicios, se sirvan hacer el sacrificio de mantenerse en sesión permanente hasta admitir mi renuncia y nombrar a quien me suceda.  Yo permaneceré en el despacho, mientras este respetable cuerpo se halle reunido”. 

La Asamblea aceptó encantada la renuncia de Carrera pues los criollos (tanto liberales como conservadores) estaban hartos de que un mestizo los estuviera gobernando y pasaron de inmediato a deliberar quién debería sustituirle. Al final, escogieron al señor Juan Antonio Martínez porque pasaba de los sesenta años, había mantenido una posición prudente con todos los gobiernos, había acrecentado su capital honradamente, su firma gozaba del mejor crédito y era liberal moderado, ejemplar padre de familia, sin vicios y con poca ambición de mando pública.

Carrera decidió vender sus propiades de Palencia, junto a otras que tenía en Agua Caliente, Plan Grande, Los Cubes, El Cangrejito y Lo de Silva y la Asamblea Legislativa cedió las tierras de Palencia a la Orden de Predicadores, a quienes solicitó Carrera que las tierras no fueran comprometidas y que se reuniera a los habitantes pacíficamente para educarlos.

El ahora expresidente partió a México; en su ausencia, la Asamblea Legislativa, ahora en poder de los liberales, dictó el 13 de octubre de 1848 una disposición por la que se le declaraba fuera de la ley que debía aplicársele la pena de muerte si osaba regresar al país.  Al enterarse de la bravuconada de la Asamblea, Carrera se rió de buena gana, pues sabía que no iba a pasar mucho tiempo para que lo llamaran nuevamente a hacerse cargo de la situación.

No pasó mucho tiempo: el 5 de junio de 1849 el nuevo presidente, general Mariano Paredes levantó la proscripción que pesaba sobre Carrera, quien a finales de ese año ya estaba nuevamente a cargo de la situación.  Para entonces, los criollos liberales habían huído hacia El Salvador, mientras que los conservadores decidieron aliarse con Carrera para evitar un alzamiento indígena similar a la Guerra de Castas que estaba ocurriendo en Yucatán y en donde estaban ocurriendo masacres de pobladores criollos.


BIBLIOGRAFIA: