17 de abril de 1838: nace Angel María Arroyo

Nace el Padre Arroyo, influyente colaborador del general J. Rufino Barrios, quien abrazó la causa liberal a pesar de ser sacerdote

Una calle de la ciudad de Guatemala en el siglo XIX. Al fondo se ve la Iglesia del Carmen, de la que el padre Arroyo fue prioste. En el recuadro: el doctor Angel María Arroyo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes influyentes en la política guatemalteca que han caído en el olvido es el doctor Angel María Arroyo, quien era conocido simplemente como «el padre Arroyo» durante el gobierno del general presidente J. Rufino Barrios. En su carrera eclesiástica fue prioste de la Iglesia del Carmen y maestro de ceremonias de la Catedral.1

Arroyo nació el 17 de abril de 1838, en medio de la turbulencia provocada por el derrocamiento del jefe de Estado Mariano Gálvez a manos de la revolución católico campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera.  Dado que se crió durante el régimen de los 30 años, llegó a ser monseñor y prelado doméstico de Su Santidad.  Durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna llegó a la Cámara de Representantes en 1867 y formó parte del grupo de «los avanzados» junto con el mariscal José Víctor Zavala, el licenciado Arcadio Estrada y Miguel García-Granados.1

Tras el triunfo de la revolución de 1871, abrazó la causa liberal a pesar de la persecución a los intereses de la iglesia y formó parte de todas las Asambleas Legislativas y Constiyentes, llegando incluso a ser el presidente de varias de ellas.2  Fue adulador incondicional del general Barrios, a pesar de ser sacerdote, y bautizó a varios hijos de ministros, de quienes el presidente fue el padrino.3,Nota_a

Eventualmente, Barrios lo convenció de dejar los hábito y cuando el presidente pidió permiso a la Asamblea Legislativa para salir de viaje a hacerse cargo personalmente de la negociación del Tratado de Límites con México, el padre Arroyo propuso que el Estado pagara los viáticos del gobernante, a pesar de que era de todos sabido que Barrios utilizaba el erario nacional como si de sus fondos personales se tratara.4  Arroyo dijo en aquella oportunidad: «Nunca imaginé que pudiera presentar la más pequeña dificultad ante la conciencia de ninguno de los señores representantes la moción que, impulsados por un sentimiento de verdadero patriotismo, hemos hecho a la Asamblea varios diputados… Nunca creí que sonara en el seno de la Asamblea la palabra de ‘atravesamos crisis económica’, cuando se está tratando de hacer la erogación más justa y más fundada y ha de ser la base del engrandecimiento y de la riqueza nacional, atendiendo el carácter progresista del ilustre viajero…»  Al final, la Asamblea aprobó la petición, aunque Barrios la rechazó diplomáticamente y Arroyo lo acompañó en el viaje.5

En 1884 a Barrios le interesaba reconciliarse con la iglesia católica para tener más apoyo para su plan de lograr la Unificación Centroamericana, y lo nombró como ministro plenipotenciario de Guatemala ante la Santa Sede, quedando encargado de redactar el Concordato de 1884, el cual quedó listo el 2 de julio de ese año, pero ya no pudo ser discutido por la Asamblea Legislativa porque ésta había cerrado sus sesiones ordinarias para ese período.5,Nota_b

Cuando murió el general Barrios el 2 de abril de 1885, Arroyo era presidente de la Asamblea Legislativa y fue instrumental para evitar que el Ministro de la Guerra, general Juan M. Barrundia, se quedara en el poder.  Consiguió que el primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, renunciara en favor del segundo designado, general Manuel Lisandro Barillas,6 quien a la sazón era Jefe Político de Quetzaltenango y quien llegó a la ciudad a marchas forzadas para hacerse con el poder, en medio del sepelio del fallecido ex-presidente.7

Durante el gobierno de Barillas fue ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, pero su cercanía con el presidente Barrios hizo que fuera víctima de los conservadores por haberse aliado con «el enemigo de la religión y de las tradiciones» sabiendo la corrupción imperante en el régimen y el destino de las propiedades confiscadas.8

Arroyo fue también  miembro fundador de la Academia Guatemalteca de la Lengua y murió en México el 8 de febrero de 1893, a donde había salido exiliado tras la salida del general Manuel Lisandro Barillas de la presidencia el 15 de marzo de 1892; para entonces, había perdido la razón víctima de una enfermedad provocada por sus excesos. Sus restos fueron repatriados en 1901 y fueron colocados en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.9


NOTAS:

  • a: entre ellos estaba Jorge Ubico Castañeda, hijo del licenciado Arturo Ubico Urruela, ministro y embajador durante el gobierno de Barrios.
  • b: este concordato ya nunca fue ratificado por el gobierno del general Barillas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1929]. El libro de las Efemérides: Capítulos de los Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 117.
  2. Ibid., p. 118.
  3. Arroyo, Manuel María (1883). Contestación de la Asamblea Nacional legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional don J. Rufino Barrios le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883. Guatemala: El Progreso.
  4. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226-227.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 149.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. p. 341.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 33-34.
  8. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 120.
  9. Ibid., p. 121.

11 de abril de 1842: el Pacto del Jocote

Morazán firma el Pacto del Jocote con Vicente Villaseñor, quien traicionó al jefe de estado de Costa Rica, Braulio Carrillo.

Cuartel militar de la provincia de Alajuela, cerca de la cual se firmó el Pacto del Jocote. En el recuadro: el jefe de estado de Costa Rica, Braulio Carrillo, traicionado y derrocado por aquel pacto. Imágenes tomadas de «Mi Costa Rica de Antano«.

El ex-presidente de la República Federal de Centro América, general Francisco Morazán, se encontraba exiliado en David, Panamá, cuando un grupo de criollos liberales costarricenses le envió una carta pidiéndole que fuera a Costa Rica para combatir al jefe de Estado conservador Braulio Carrillo, quien el 6 de junio de 1842 se había declarado «jefe perpetuo e inamovible«. Entre aquellos liberales estaban varios enemigos personales de Carrillo, incluyendo al ex-jefe de Estado Juan Mora Fernández, y varios exiliados costarricenses que vieron en Morazán la mejor opción para retomar el poder en su Estado.1

En Perú, Morazán recibió del presidente de aquel país un batallón de cinco mil hombres, y de los desterrados costarricenses un capital de 18 mil pesos, con lo cual compró armamento y arrendó un navío para ir a Costa Rica, a donde llegó el 7 de abril de 1842.  Al enterarse, Carrillo ordenó que una fuerza de setecientos hombres al mando de su protegido, el brigadier salvadoreño Vicente Villaseñor, repelieran la invasión morazanista.1

El general Francisco Morazán desembarcó en el puerto de Calderas en el Estado de Costa Rica junto con sus tropas, y logró atraer a las fuerzas Villaseñor al paraje de El Jocote, cerca de El Coyol en Alajuela. Allí, bajo la sombra de un árbol, firmaron el «Pacto del Jocote«, por medio del cual Villaseñor traicionó al Jefe de Estado de Costa Rica, Braulio Carrillo Colina, y su ejército se unió sin combatir con el de Morazán quien fue proclamado como nuevo jefe de Estado de Costa Rica.2

En abril de 1840,cuando Morazán había salido al exilio tras renunciar como jefe de Estado de El Salvador, intentó desembarcar con sus allegados en el puerto de Puntarenas,3 pero Carrillo no se lo permitió. Ahora que los papeles se habían cambiado, Carrillo fue el que tuvo que embarcarse para salir al exilio en Sudamérica.4

Una vez en el poder, Morazán no perdió el tiempo, pues su principal meta era vengarse de la derrota que sufrió a manos del coronel Rafael Carrera el 19 de marzo de 1840 en la ciudad de Guatemala.  De esta forma, el 10 de julio hizo que se instalara en la ciudad de San José, la Asamblea Constituyente, la cual declaró que el Estado de Costra Rica se reintegraba a la República Federal de Centro América el 20 de ese mismo mes.4

Su siguiente paso fue organizar la invasión de Nicaragua, pero cuando estaba ocupado en esto, las poblaciones de San José, Heredia y Alajuela se levantaron en masa contra él el 11 de septiembre porque no estaban de acuerdo con participar en dicha guerra y, tras derrocarlo, lo fusilaron el 15 de ese mismo mes.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Francisco Morazán llega a Costa Rica para atender llamado de auxilio. Honduras: El Heraldo.
  2. Marure, Alejandro (1895) [1844]. Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa, desde el año de 1821 a 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 130.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1924].  El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 65.
  4. Marure, Alejandro. Efemérides de los hechos notables, p. 131.
  5. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Aquí entregaron y fusilaron al general Francisco Morazán. Honduras: El Heraldo.

8 de abril de 1840: Morazán se embarca para el Perú

Tras ser categóricamente derrotado por el teniente coronel Rafael Carrera en la ciudad de Guatemala, el caudillo Francisco Morazán renuncia a la jefatura de estado de El Salvador y se

Muelle del puerto de «La Libertad» a principios del siglo XX. De aquí se embarcaron Morazán y sus allegados para Perú. En el recuadro: el caudillo Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras ser categóricamente derrotado en la Ciudad de Guatemala por las fuerzas del teniente coronel Rafael Carrera en la madrugada del 19 de marzo de 1840, el general Francisco Morazán, jefe de Estado de El Salvador, tuvo que salir huyendo con sus más allegados correligionarios y gritando «¡Que viva Carrera!«.  Tomó rumbo para el barranco del Incienso y de allí siguió para la Antigua Guatemala, a donde llegó a las once de la mañana.  Después de descansar cuatro horas, partió para El Salvador.1

Morazán iba sumamente apesadumbrado, no solamente porque comprendía que aquella derrota significaba el fin de su carrera política, sino porque había sido derrotado por un «indio salvaje» que de la noche a la mañana se había convertido en un genial estratega y militar.  El ex-presidente federal tenía que enfrentar ahora la situación que él mismo había creado: descontento en su contra en El Salvador, odiado en Nicaragua y Costa Rica y con los conservadores en el poder en Honduras y Guatemala.2

Cuando llegó a El Salvador encontró una panorama desolador: muchos de sus soldados habían desertado y Guatemala, Honduras y Nicaragua estan preparándose para invadirlo. Entonces Morazán se dio cuenta que lo mejor era entregar el mando.  Así pues, convocó a una reunión a sus correligionarios y principales vecinos y les dijo: «Vendrá Guatemala por el occidente con sus tropas de fanáticos, talando siembras e incenciando poblaciones; por el norte Honduras nos invadirá y tropas aliadas hondureñas y nicaragüenses, nos impondrán un cerco que habremos de resistir, sabiendo de antemano que vamos a perecer.  ¿No consideráis más pertinente que deposite el mando en persona de abono político y me retire, a la expectativa de tiempos mejores?»3

Todos aprobaron la propuesta del caudillo liberal, quien entregó el poder a José Antonio Cañas, por ser el consejero más antiguo, y se fue al puerto de La Libertad, en donde se embarcó para el Perú el 8 de abril de 1840.  Junto con é iban el Dr. Pedro Molina, los hijos de éste Felipe y José Molina, Manuel Irungaray, Miguel Alvarez Castro, el ex-jefe de estado salvadoreño Diego Vigil, José Miguel Saravia, el presbítero Isidro Menéndez, Carlos Salazar, Máximo Orellana, Nicolás Angulo, el general Trinidad Cabañas , Enrique Rivas, el futuro presidente de El Salvador Gerardo Barrios, Antonio y Bernardo Rivera, y José María Silva, entre otros.4

Los exiliados abordaron la goleta «Izalco» que Morazán había fletado y partieron hacia Costa Rica. Sin embargo, cuando llegaron a Puntarenas el presidente costarricense Braulio Carillo no les permitió desembarcar y finalmente llegaron a Colombia, en donde Morazán hizo circular el «Manifiesto de David» en el que carga con imprecaciones y amenazas a la familia Aycinena y a Carrera.4 Después partió para Perú en donde el presidente Gamarra lo acogió y le ofreció puestos públicos y el mando de algunas de sus tropas, pero Morazán lo rechazó ya que su en su mente solamente había un objetivo: regresar a Centroamérica para vengarse de Carrera.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 159-161.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924].  El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 62.
  3. Ibid., p. 63
  4. Ibid., p. 64
  5. Ibid., p. 65

11 de marzo de 1844: el convenio de Guadalupe

Tras sofocar un alzamientos en Pinula, el teniente general Rafael Carrera firma con los líderes de los alzados el convenio de Guadalupe, en la villa del mismo nombre, por medio del cual disuelven la Asamblea Constituyente y obligan a los eclesiásticos a dejar sus puestos en el gobierno de Mariano Rivera Paz.

11marzo1844
La ciudad de Guatemala en 1865, aproximadamente, vista desde el Cerrito del Carmen. Se aprecian los volcanes de Pacaya y de Agua al fondo, y entre los edificios se reconocen el Teatro Carrera, y las iglesias de La Merced, San Francisco, Catedral y Santa Teresa. En los recuadros: el teniente general Rafael Carrera, el arzobispo Francisco de Paula García Peláez, el Marqués de Aycinena y Mariano Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 3 de marzo de 1844 arribó el arzobispo coadjuctor Francisco de Paula García y Peláez al territorio guatematleco, después de haber sido consagrado por el obispo Juan Viterio en El Salvador. Tras el Te Deum que le celebraron en la Catedral de la Ciudad de Guatemala los miembros del clero, se dirigieron a la casa de gobierno, que estaba frente a la Iglesia de Santa Rosa y allí sostuvieron una reunión con el Jefe de Estado Mariano Rivera Paz, Consejo y los miembros de la Asamblea Constituyente, dando por confirmada la creación de un Estado elclesiástico en Guatemala. Pero hubo un gran ausente en aquella reunión: el general Rafael Carrera, quien para entonces era el teniente general de las Fuerzas Armadas, y quien se había salido a pacificar a unos pueblos en el oriente del país.1

Aquello era parte de una estratagema del militar, ya que su mutua desconfianza con los eclesiásticos y con los diputados, no permitía que avanzara la agenda de uno ni de los otros.  Así, mientras Carrera estaba ausente, «convenientemente» se armó una revuelta en Pinula cuando aproximadamente mil campesinos se alzaron, provocando el pánico entre los pobladores de la ciudad, quienes todavía tenían frescos en la memoria las invasiones de Francisco Morazán en 1829 y en 1840, y las invasiones de Carrera en 1839.2

Rivera Paz mandó a llamar inmediatamente a Carrera, quien regresó a la ciudad a marchas forzadas y dijo al llegar: «¡Aquí está Carrera, para quien quiera algo de él» ¿Quiénes son los sublevados? ¿Los de Pinula? Pues duerma soesegada la sociedad de Guatemala, que Rafael Carrera está para velar la tranquilidad del vecindario y para poner en cintura, a revoltosos y ambiciosos…»

Carrera se hizo acompañar de su estado mayor y al frente de sus tropas atacó a los alzados, que ya estaban casi a las puertas de la ciudad y tras una escaramuza en donde hubo algunos muertos, los rebeldes pidieron una tregua y firmaron el convenio de Guadalupe, en el poblado del mismo nombre entonces en las afueras al sur de la ciudad.  Aquel convenio demuestra que Carrera tenía un plan bien trazado para salir de sus rivales eclesiásticos y de los diputados constituyentes, y lo reproducimos a continuación por su relevancia histórica:

El teniente general Rafael Carrera, general en jefe del Ejército del Estado de Guatemala, y los jefes de las dos divisiones de los pueblos aliados que operaban hostilmente sobre la capital, hemos convenido en obsequio de la paz pública y de la sangre centroamericana, en que se atiendan las peticiones racionales de dichos jefes y los intereses del Estado bajo los puntos siguientes:

      1. La autoridad de la Asambles Constituyente debe ser subrogada por un Consejo de gobierno con tanta autoridad como la misma Asamblea.  Este cuerpo constituirá el Estado, será electo popularmente y se compondrá de un individuo por cada departamento. Para ser electo miembro de este Consejo, se tendrán las cualidades siguientes: 1°. Ser hijo del Estado y del departamento, mayor de edad, de conocidad probidad y saber, y que en todas épocas haya demostrado ser verdadero patriota, que ama el bienestar de los pueblos; y 2°. ser propietario para que esta circunstancia lo constituya en conservador de la paz.  Que se ocupe en observar la inversión de los caudales públicos y en representar las necesidades de sus ponderantes para que se promueva su fácil remedio.  De esta reducción de representantes resultará más violencia en los asuntos, menos oposición al bien general; más economía al erario; y lo que es más, la desaparición del aspirantismo.
      2. La constitución que dé el Consejo será sancionada por otro Consejo, compuesto por doble número de representantes, electos en los términos expresados en el artículo anterior; y este Consejo que no tiene más objeto que sancionar, podrá ser carga concejil.
      3. Que el Presidente del Estado se le den bastantes facultados por la Asamblea actual antes de disolverse, sin más condición que cada año deberá dar residencia de administración al Consejo.
      4. Como la administración de justicia está algo desvirtuada, y los pueblos creen que por el interés se les despoya de ella, es indispensable que estos destinos y el de los escribanos sean servidos puramente por sueldos y sin cobrar cosa alguna, y por personas que se renovarán según su buena o mala administración por el mismo Consejo el que también nombrará los letrados de probidad y honor que deben dirigir a las partes litigantes en sus asuntos; pues de esto resultará más prontitud en el despacho, menos parcialidad, más rectitud en la administración de justicia. 
      5. Que se dé un nuevo arreglo a la hacienda pública: que se disminuyan los empleados civiles y aun los militares si fuere forzoso; de esto resultará menos gravámenes a los pueblos, menos apuros para el Gobierno, y una economía para aumentar los fondos públicos, los cuales tarde o temprano servirán al ejército, sin necesidad de dejar a los propietarios, pues éstos deben ser protejidos por las leyes.
      6. Promoverá el Supremo Gobierno y el Consejo la prosperidad efectiva de los pueblos por hacer obras públicas de beneficencia, construcción de puentes y fábricas para las poblaciones industriosas que se hallen limitadas a su tejidos, hilados, etc.
      7. Nombrará el Supremo Gobierno, de acuerdo con el Consejo, un solo juez de tierras y un agrimensor para cada dos departamentos, los cuales serán escogidos entre los más honrados de la profesión, quedando sujetos a la formación de causa y pérdida de honorarios si obran mal en su ejercicio.
      8. Que se sobrecargen los drechos a aquellos efectos extranjeros que se introduzcan y puedan fabricarse en el país.
      9. Que los eclesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia.
      10. Que se conceda el fuero de guerra a las milicias del Estado, que en el día lo gozan únicamente los que están en actual servicio.
      11. El ejército de los pueblos aliados, siempre sumiso al Supremo Gobierno, y a su benemérito caudillo y general en jefe del Ejército, deseoso de dar purebas de que si están con las armas en la mano, no es con miras perversas, sino con la de solicitar la mejora de los habitantes del Estado, desde luego quieren que la reforma se haga con toda libertad, y depondrán las armas tan luego como se reuna la Asamblea, y que el Estado se halle organizado según los artículos precedentes, quedando entonces encargado de la realización y cumplimiento de este convenio el Excmo. señor Teniente General y General en jefe del ejército, debiendo advertir que este nuevo régimen adoptado durará por todo el tiempo en que reuslten beneficios al estado; quedando en libertad los pueblos para variarlo según les convenga.
      12. Y por conducto del gobierno, se dé cuenta a la Asamblea Constituyente del Estado con el presente convenio.

Cuartel general en la Villa de Guadalupe, 11 de marzo de 1844.

        • Rafael Carrera
        • Antonio Solares
        • José Clara Lorenzana
        • Manuel figueroa
        • Pedro Velásquez
        • Manuel Solares
        • Manuel Álvarez3

Tras enterarse de este convenio, el Consejero de Estado, Marqués Juan José de Aycinena, renunció a su cargo con fecha retroactiva al 7 de marzo, aunque la Asamblea no aceptó el tratado, obligando a Carrera a seguir moviendo sus piezas para que terminara haciéndolo.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 397.
  2. Ibid., pp. 398.
  3. Ibid., pp. 399-401.
  4. Ibid., pp. 402.

26 de febrero de 1840: Guatemala toma bajo su protección a los pueblos de Los Altos

El gobierno de Mariano Rivera Paz en el Estado de Guatemala toma bajo su protección a los pueblos del Estado de Los Altos tras la derrota de sus autoridades, y elimina el impuesto individual a los indígenas.

26febrero1840
Fachada de la catedral colonial de Quetzaltenango, que es lo único que queda de dicho edificio, destruido por la erupción del volcán Santa María en 1902. La nueva catedral fue construida por detrás de esta fachada. Imagen tomada de Wikimedia Commons. En el recuadro: retrato a lápiz del general mexicano Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas armadas del Estado de Los Altos y héroe militar de los criollos altenses. Imagen tomada de Historia Militar Mexicana.

Los criollos liberales que formaron el Estado de Los Altos tuvieron dos graves problemas: por una lado, la relación entre Los Altos y Guatemala era extremadamente tirante, ya que los altenses se habían quedado con el 50% del territorio y el 75% de la capacidad productiva del Estado de Guatemala cuando se formó su estado en 1838; y, por el otro,  pueblos indígenas de la región se resistían a pagar el impuesto individual que les quería cobrar el gobierno del Estado de Los Altos.  Así pues, bastaba con una excusa para que se rompieran las hostilidades, y ésta se dió con de la masacre en Santa Catarina Ixtahuacán cuando las fuerzas altenses asesinaron a decenas de indígenas que protestaban por el impuesto el 1 de octubre de 1839.1

Después de que los indígenas le pidieran ayuda, el general Rafael Carrera y sus hombres combatieron a las fuerzas altenses al mando del general Agustín Guzmán en Sololá, y tras derrotarlos categóricamente, entraron sin oposición a la ciudad de Quetzaltenango, hasta entonces capital del Estado de Los Altos. En ese momento cesó efectivamente dicho Estado, y los criollos liberales que lo formaron vieron como el gobierno del Estado de Guatemala tomó bajo su protección a los pueblos indígenas que lo componían.2

Tras la derrota de los criollos altentenses, los pueblos indígenas solicitaron al gobierno de Guatemala que reincorporara a la región del Estado de Los Altos a su territorio y que eliminara el impuesto individual.  Los criollos, por su parte, consideraron esto un movimiento ilegal, pero no estaban en posición de hacer valer su posición en ese momento, por lo que el Gobierno de guatemala emitió el siguiente decreto:3

Considerando:

      1. Que los pueblos de los Altos se han pronunciado por medio de sus municipalidades, según consta de las actas que existen en la secretaría, desconociendo las autoridades que estaban establecidas, solicitando quedar bajo la autoridad de este gobierno y ser regidos por las leyes de este estado;
      2. Que en consecuencia de estos pronunciamientos se disolvieron dichas autoridades, desaparecieron casi todos los funcionarios, y habiendo quedado de hecho casi todos los pueblos sin gobierno, se acogieron al amparo del general Carrera, y éste se vió obligado á nombrar provisionalmente jefes políticos y jueces que se encargasen de la administración;
      3. Que posteriormente se ha solicitado con instancia por dichos pueblos que este gobierno los tome bajo su protección, y los preserve de los males que les amenazan si una autoridad respetable no hace guardar en aquellos el orden público;
      4. Que el gobierno de Guatemala en tales circunstancias no puede ver con indiferencia la suerte de unos pueblos hermanos de los que componen este estado, cuya seguridad es también interesada en la tranquilidad general;
      5. Y últimamente, que el gobierno de Guatemala no puede resolver por sí mismo de una manera definitiva sobre la reincorporación que se solicita por los pueblos expresados; mientras se reúne la asamblea constituyente del estado de Guatemala y de conformidad con el parecer del consejo, decreta:

Artículo 1°. — El gobierno de este estado toma bajo su protección a todos los pueblos de los Altos, y se considerarán reincorporados de su propia voluntad al mismo estado, mientras se resuelve lo que convenga sobre el particular por la autoridad a quien corresponda.

Artículo 2°. — En consecuencia, los pueblos de los Altos serán regidos según las leyes decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y el gobiemo designará á los funcionarios que deban encargarse provisionalmente de los diversos ramos de la administración.

Artículo 3°. — No se exigirán a los habitantes de los Altos otras contribuciones que las decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y se tendrá presente que está abolida la que se cobraba con el nombre de capitación. Las que deban pagarse serán recaudadas con arreglo á las leyes decretadas por la misma asamblea de Guatemala.

Artículo 4°. — Los productos de las rentas que quedan vigentes serán invertidos en los gastos de la administración de aquellos departamentos, y se llevará cuenta separada de sus rendimientos é inversión; y los sobrantes, si los hubiere, serán reservados para satisfacer en su caso las deudas contraídas anteriormente según su naturaleza.

Artículo 5°. — El gobierno nombrará, si lo creyere conveniente, un comisionado que visite los pueblos expresados, les manifieste sus deseos de hacerles bien, oiga sus quejas, procure que se consolide entre ellos el orden y la paz que tanto conviene á aquellos habitantes, y proponga al gobierno, y ponga desde luego en ejecución, todas aquellas medidas que parezcan conducentes á su tranquilidad y bienestar.

Artículo 6°. — El secretario de gobernación cuidará de dar cuenta á la Asamblea constituyente de Guatemala con este decreto y documentos relativos al asunto, para que se sirva tomarlo en consideración.3

Por supuesto que los criollos altenses no estaban conformes con esta resolución, por lo que contactaron al general Francisco Morazán, a la sazón Jefe de Estado de El Salvador para que invadiera a Guatemala y restableciera el Estado de Los Altos, a lo que Morazán accedió.  El 17 de marzo de 1840 el caudillo hondureño invadió el territorio de Guatemala y el 19 de ese mes tomó posesión de la Ciudad de Guatemala.  Uno de sus primeros actos fue sacar  al general Agustín Guzmán de las bartolinas de la cárcel en donde estaba desde que Carrera lo humilló públicamente durante su entrada trinfual tras derrotar a Los Altos en enero, y cuando éste pudo recuperarse -pues no podía ni mover las articulaciones- salió al galope para Quetzaltenango para conformar nuevamente el gobierno del Estado de Los Altos.4

Desafortunadamente para Guzmán y los criollos altenses, todo había sido un plan de Carrera, quien hizo creer a Morazán que había tomado la ciudad, solamente para caerle por sorpresa desde El Aceituno por la noche, derrotándolo completamente y obligándolo a huir gritando «¡Que viva Carrera!»  Los criollos altentes, que habían sido advertidos por Carrera en enero de que no les iba a tolerar otra sublevación, sufrieron penosas consecuencias cuando éste llegó nuevamente a Quetzaltenango tras expulsar a Morazán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 122-123.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 48-49.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159-163.
  5. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 70-90.

25 de febrero de 1842: José Venancio López es nombrado presidente del Estado

El licenciado José Venancio López, regente de la Suprema Corte de Justicia y Consejero de Estado es nombrado presidente del Estado en sustitución de Mariano Rivera Paz.

25febrero1842
El templo de Santo Domingo en 1875 en una fotografía de Eadweard Muybridge. En el recuadro: el licenciado José Venancio López. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En los primeros tiempos de la vida de la República Federal de Centro América y del Estado de Guatemala, los gobernantes no se aprovechaban del presupuesto de la nación.  Por ejemplo, el presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga fue obligado a renunciar en 18281 y en 1829 todos sus bienes fueron embargados por Francisco Morazán, quien además lo expulsó del territorio centroamericano junto con los líderes aristócratas.2 Arce intentó regresar al poder, pero no lo consiguió y cuando murió en su natal El Salvador en 1847, estaba prácticamente en la miseria.3

Otro ejemplo se dió cuando el mariscal Vicente Cerna fue derrocado por la Revolución Liberal el 30 de junio de 1871.  Cerna salió huyendo para El Salvador con veinte reales prestados y cuando regresó al país el 2 de julio de 1877, el gobierno de Barrios tuvo que emitir este breve acuerdo para que Cerna no se muriera de hambre en sus últimos días: «habiendo ingresado a esta ciudad el general de división don Vicente Cerna, será alta, de orden del señor general presidente, en el presupuesto respectivo.»3

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30 de enero de 1839: Morazán impone a Salazar como Jefe de Estado

El presidente de la República Federal, general Francisco Morazán, obliga a la Asamblea del Estado de Guatemala a desconocer al jefe de Estado Mariano Rivera Paz y coloca en su lugar a Carlos Salazar.

Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del jefe de estado, Dr. Mariano Gálvez tras la revolución católico-campesina encabezada por el comandante mestizo Rafael Carrera,1 el poder quedó en manos del doctor Pedro Valenzuela, quien tuvo que renunciar en favor de Mariano Rivera Paz2, quien de inmediato derogó los decretos anticlericales y permitió el retorno de los criollos aristócratas expulsados por el general liberal Francisco Morazán en 1829.3

A Morazán, aún presidente de la República Federal de Centro América, no le hizo ninguna gracia que se permitiera el retorno de los conservadores y convocó a la Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala para que se reunieran el 30 de enero de 1839.  En esa reunión, los obligó a cancelar el nombramiento de Rivera Paz y a que emitieran un decreto que dice:

1°. Cesa en el ejercicio del poder ejecutivo y volverá al consejo el presidente del mismo cuerpo [Mariano Rivera Paz].

2°. Se ha por jefe provisorio del Estado, electo por el cuerpo legislativo, el ciudadano Carlos Salazar.

Este decreto tenía que ser presentado a Rivera Paz para que lo firmara para autorizar su ejecución, pero Morazán no lo permitió e hizo que fuera Salazar el que lo firmara. Además, para humillar a Rivera Paz, cuando éste llegó al Palacio del Ejecutivo, se levantó y cuando el aún jefe de Estado llegaba al umbral de su despacho le dió un portazo dejándolo fuera de la sala.  Rivera Paz, lejos de amedrentarse, tranquilamente se fue a su casa y Salazar empezó en sus funciones como jefe de Estado, impuesto por Morazán en una forma claramente ilegal.4

Salazar, quien era salvadoreño, gozaba de cierto prestigio porque había derrotado a Carrera en Antigua Guatemala cuando éste estaba a punto de tomar la capital del Estado antes de que cayera Gálvez.  Pero también había abandonado a Rivera Paz cuando la situación se agravó, permitiendo que varios conservadores llegaran a los ministerios del Estado.5 Su primer acto oficial fue disolver a la Asamblea que lo había impuesto como jefe de Estado, y al día siguiente, 31 de enero, convocó a una nueva asamblea constituyente para que redactar una nueva constitución.  Sin embargo, lo que se necesitaba en ese momento era hacerse cargo de la administración de un Estado prácticamente en ruinas, y no de elaborar nuevas leyes que nadie iba a cumplir.6

Ante esta situación, y luego de conocer de un pacto de alianza entre Honduras y Nicaragua contra Morazán, los grupos guerrilleros campesinos de Mita al mando del ahora teniente coronel Rafael Carrera empezaron a activarse nuevamente y el 24 de marzo de 1839 lanzaron una proclama contra Morazán, desconociendo a Salazar y la Asamblea de Guatemala.7  Morazán había terminado su segundo período como presidente federal y fue sustitudo por Diego Vigil dejando a Salazar todavía más debilitado.  Como sus asesores liberales eran incompetentes, su régimen no tardó en sucumbir, y el 13 de abril de 1839 tuvo que salir huyendo por los techos de las casas para no caer en manos de las hordas de Carrera que entraron a la ciudad, hicieron salir huyendo a los criollos liberales y restituyeron en su puesto a Rivera Paz.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 14-87.
  2. Woodward Jr., Ralph Lee (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. — (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  5. Ibid., p. 173.
  6. Ibid., p. 174.
  7. Marure, Alejandro (1895) Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde al año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  8. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 175.

8 de diciembre de 1844: Rivera Paz renuncia a la presidencia del Estado

El Jefe de Estado Mariano Rivera Paz presente su renuncia irrevocable por la presión del capitán general Rafael Carrera

8diciembre1844
La entrada a Río Dulce en la época en que Mariano Rivera Paz era el Jefe de Estado de Guatemala, según un dibujo del arquitecto británico Frederick Catherwood. En el recuadro: el Jefe de Estado Rivera Paz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Después de que el teniente coronel Rafael Carrera consiguiera que Juan José de Aycinena renunciara a su cargo  el 11 marzo de 1844 tras firmar el convenido de Guadalupe con los alzados de Pinula, el Jefe de Estado Mariano Rivera Paz tuvo que formar un nuevo gabinete el 26 de abril, conformado por moderados.1

Pero luego de un intento de invasión del presidente salvadoreño Francisco Malespín en represalia a una fallida invasión de Manuel José Arce apoyada por Carrera, y del subsiguiente convenio de paz firmado en la hacienda de Quesada el 5 de agosto de 1844, el gobierno guatemalteco se quedó sin dinero para pagar a la tropa, la cual provocó una revuelta para exigir su pago.  Aunque Rafael Carrera en persona disolvió la revuelta e hizo ejecutar a los seis cabecillas, esto aceleró la caída del Jefe de Estado Rivera Paz para quien se hizo cada vez más difícil poder gobernar debido a las exigencias del general Carrera. Finalmente, el 8 de diciembre Rivera Paz declaró que el país necesitaba un cambio de administración y presentó su renuncia irrevocable.2

De inmediato se reunió inmediatamente un Consejo Constituyente, que escogió como su presidente al liberal José Venancio López, mediante el siguiente decreto:

Nosotros, los representantes de los pueblos del Estado de Guatemala en Centro América, reunidos en bastante número a consecuencia de la convocatoria mandada hacer por el decreto de 14 de marzo del presente año; después de haber examinado nuestros respectivos poderes y habiéndolos hallado conformes declaramos:

El consejo constituyente del Estado de Guatemala, libre y soberano, está solemnemente instalado.

Comuníquese al supremo gobierno para su publicación.

Guatemala, en el salón de sus sesiones a ocho de diciembre de mil ochocientos cuarenta y cuatro.

      • José Venancio López, presidente
      • Rafael de Arias y Lavairu
      • Manuel Gálvez
      • Ignacio María Ponciano
      • Rodrigo Arrazola
      • Feliz Juárez
      • Plácido Flores, secretario.
      • M.J. Arango, secretario.2

Este Consejo supuestamente constituyente solamente sirvió para elegir a Carrera para suceder a Rivera Paz, el 11 de diciembre de 1844.  De esta forma, con toda la apariencia de legalidad, Carrera consumó su segundo golpe de estado, y se hizo finalmente con el poder el 14 de diciembre de ese año.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (7 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 7 de marzo de 1844: Renuncia del Ministro, Señor Marqués de Aycinena. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 72-73.

17 de noviembre de 1842: Guatemala se queja ante México por el Soconusco

Guatemala se queja de la decisión de México de apropiarse militarmente de la región del Soconusco

17noviembre1842
Mapa de México en 1847, mostrando la enorme extensión de ese país norteamericano antes de perder sus territorios por el tratado Guadalupe Hidalgo en 1848. En la frontera sur, se aprecia que Soconusco todavía aparecía en Guatemala, pese a la anexión de 1842, ya que el territorio era reclamado por Guatemala. En el recuadro: el presidente mexicano Antonio López de Santa Anna, que anexó Sonocusco en 1842 y perdió California, Colorado, Nuevo México, Arizona y Texas en 1848. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Aunque Anastasio Bustamante y Oseguera, presidente de México de 1839 a 1841, era partidario de anexar al Soconusco a su país, no pudo realizarlo porque durante su corta presidencia tuvo que enfrentar la Guerra de los Pasteles, el Pronunciamiento Federal del 15 de julio de 1840, la rebelión federalista del Plan de Tacubaya el 28 de septiembre de 1841 y su propio derrocamiento el 11 de octubre de 1841 por el movimiento del Plan de Huejotzingo.1

Por ello, cuando el alcalde de Tapachula pidió la anexión a México debido al abandono en que se encontraba su región el 11 de septiembre de 1842, el nuevo presidente mexicano Antonio López de Santa Anna zanjó la cuestión mediante una invasión militar, motivando las protestas de Guatemala.2

La primera protesta formal ante esta situación fue la del 12 de septiembre de 1842, dirigida por el Ministro de Relaciones Exteriores guatemalteco a su homólogo mexicano en la que abundaban datos geográficos, históricos y económicos, que demostraban los derechos de Guatemala y se reiteraba el calificativo de ocupación por la fuerza y terminaba exigiendo al gobierno de México la evacuación de las tropas destacadas en Soconusco, tras advertir que la agresión perpetrada podría ser justificadamente repelida con el uso de la fuerza.2 Pero no se declaró la guerra y tampoco se rompieron las relaciones diplomáticas sencillamente porque en ese momento Guatemala no tenía la capacidad logística para emprender una guerra, ya que estaba prácticamente en la ruina tras la revolución católico-campesina de Rafael Carrera en 1837-38,3 la secesión y posterior guerra contra el Estado de Los Altos (al que pertenecía el Soconusco) entre 1838 y 18404, y la guerra entre Guatemala y las fuerzas invasoras de Francisco Morazán en 1840.5

El 17 de noviembre de 1842 Guatemala hizo llegar a todos los países con los que se tenían establecidas relaciones diplomáticas otra protesta en la que denunciaba la ocupación militar y el decreto de anexión emitido por el Presidente mexicano López de Santa Anna y en la que reafirmaba la vigencia de los derechos guatemaltecos sobre Chiapas y Soconusco. Como la anterior, aquella protesta se quedó en nada debido a la debilidad del estado guatemalteco.2

Guatemala siguió en una situación de anarquía por los siguientes 10 años, y no logró consolidarse sino hasta que el general Rafael Carrera venció a los criollos liberales centroamericanos que intentaban hacerse con el poder del Estado el 2 de febrero de 1851 en la batalla de la Arada.6 Durante todo ese tiempo, como es natural, Guatemala no estaba en capacidad de reclamar a México sus derechos sobre el Soconusco, ya que ella misma estaba en peligro de perder su soberanía como Estado. De esta cuenta, si bien el asunto era el de dos países enfrascados en una relación asimétrica donde el más fuerte se impone sobre el más débil, también se logró «el triunfo del hecho consumado sobre el derecho inadecuadamente defendido«.2

A pesar de esa difícil situación, sí se mantuvieron hasta bien avanzado el siglo y en suficiente vigencia, los derechos que Guatemala defendía. Pero, cuando el presidente guatemalteco, general J. Rufino Barrios se hizo cargo del asunto7, los acontecimientos se precipitaron y culminaron con la firma del desastrozo Tratado de Límites Herrera-Mariscal entre Guatemala y México de 18828, por el que Guatemala renunció para siempre al reclamo sobre el Soconusco, debido a la incapacidad diplomática del presidente guatemalteco y la de los miembros de su cuerpo diplomático.9 De acuerdo al ingeniero Claudio Urrutia, jefe de la Comisión de Límites, «en todo con lo que la cuestión de límites se relacionó durante aquella época, existe algo oculto que nadie ha podido descubrir, y que obligó a las personas que tomaron parte en ello por Guatemala a proceder festinadamente o como si obligados por una presión poderosa, trataron los asuntos con ideas ajenas o de una manera inconsciente10

Es importante destacar que debido a la ineptitud de los militares y dirigentes de México, en la guerra contra los entonces débiles Estados Unidos, el poderoso estado mexicano terminó perdiendo enormes territorios en su frontera norte por el tratado Guadalupe Hidalgo en 1848.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Vigil, J.M., México a través de los siglos, la Reforma, Tomo V, Ed. Cumbre, México D.F., 1958.
  2. Solís Castañeda, Sara (2013). La cuestión limítrofe-territorial guatemalteca en el siglo XIX: casos de Chiapas, Soconusco y Belice. Guatemala: Instituto de Relaciones Internacionales e Investigaciones para la Paz.
  3. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  5. Hernández de León, Federico (13 de marzo de 1926)  «El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala». Guatemla: Nuestro Diario.
  6. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  7. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 431-432.
  8. Salazar, Ramón A. (1892) Colección de Tratados de Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional.
  9. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: período de 20 años corridos del 15 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 249-250.
  10. Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional.

10 de noviembre de 1844: nace Ricardo Casanova y Estrada

Nace en la ciudad de Guatemala el licenciado Ricardo Casanova y Estrada, quien sería arzobispo de Guatemala de 1886 a hasta su muerte en 1913.

10noviembre1844
Catedral de la Ciudad de Guatemala en 1890. En el recuadro: el arzobispo Ricardo Casanova y Estrada en 1897, cuando regresó de su destierro en Costa Rica. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los arzobispos guatemaltecos que luchó por su archidiócesis a pesar de haber sido expulsado del país por el gobierno liberal del general presidente Manuel Lisandro Barillas en 1887 fue el licenciado Ricardo Casanova y Estrada.

Casanova y Estrada nació el 10 de noviembre de 1844 en la Ciudad de Guatemala y era descendiente de una acomodada familia española originaria de Aragón.  Cursó sus primeros estudios en el colegio privado de Juan de Urrutia y Alejandro Urrué, y al recibirse en 1857, ingresó a estudiar filosofía en la Nacional y Pontifica Universidad de San Carlos de Borromeo.  Al mismo tiempo, estudió Matemáticas, contabilidad, retórica y lengua italiana con el progresor particular José Antonio Salazar. Gracias a su avanzada educación obtuvo el título de Bachiller en Filosofía rápidamente, recibiendo el título de manos del rector de la Universidad, el Dr. Juan José de Ayciena, obispo titular de Trajanópolis, el 16 de junio de 1860.1

En 1861 ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad, en donde recibió clases con el Dr. Angel María Arroyo (quien luego sería uno de los principales líderes del partido liberal) y se recibió el 18 de agosto de 1864.  Luego, estudió Derecho Teórico Práctico en donde recibió clases de Derecho Internacional con el escritor e historiador José Milla y Vidaurre.  Finalmente, hizo su pasantía de abogado en el Tribunal del Consulado de Comercio, luego en el Juzgado Mercantil que reemplazó al del Consulado y finalmente reemplazó al licenciado Manuel Ubico en el Tribunal Supremo de Justicia.2

También asistió a clases particulares de literatura con José Milla y a un curso de Medicina Legal en la Universidad en 1866 y 1867, impartido por el Dr. Máximo Soto.  Allí tuvo compañeros a los futuros influyentes políticos hondureños Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, y entre los asistentes estuvo el presidente de la República, mariscal Vicente Cerna y Cerna.  También estudió francés e inglés, así como música, formando parte de la Sociedad Filarmónica de Aficionados. Finalmente, recibió su título de Licenciado el 2 de julio de 1868, y fue incorporado en el Colegio de Abogados.3

A partir de ese momento tuvo importantes cargos públicos: fue prosecretario de la Sociedad Económica, secretario de una Comisión de Inmigración, síndico de la Municipalidad, segundo secretario de la Junta Directiva de la Hermand de Misericordia, síndico de la Junta de Gobierno del Consulado de Comercio, y secretario del Consejo de Estado.3

En marzo de 1871 realizó un viaje por Europa y América, visitando Inglaterra, Francia, España, Suiza y Bélgica, y también las ciudad de Nueva York y San Francisco en los Estados Unidos.  Mientras se encontraba de viaje se produjo la Revolución Liberal que derrocó a Cerna el 30 de junio de 1871, pero al regresar, sus méritos profesionales le permitieron ser nombrado para trabajar en un proyecto para una Ley Hipotecaria.

En 1873, siendo síndico de la municipalidad fue electo como proesor de la cátedra de Literatura Española y Derecho Internacional, en sustitución del profesor titular, José Milla y Vidaurre, quien estaba en un autoimpuesto exilio. Y fue en 1874 cuando se produjo el incidente que lo decidió a abrazar los hábitos.4

Uno de los vecinos de la ciudad, Elegio Baca, solicitó del municipio cierta cantidad de agua potable, pidiendo que se tomara de la que disfrutaba la casa de la extinguida comunidad del Oratorio de San Felipe Neri, que había sido expulsada del país el 27 de mayo de 1872.  Casanova tuvo a su cargo el expediente y dictaminó que «la paja de agua podía adjudicarse, a no ser que vuelvan los religiosos alguna vez a entrar en posesión de su predio, en el cual caso a ellos debe devolvérseles el usufructo de dicha paja de agua«.  Debido a esta cláusula, Casanova fue denunciado ante el general presidente, J. Rufino Barrios, quien en uno de sus acostumbrados arrebatos de ira, lo hizo llamar para insultarlo y abofetearlo, y luego mandó que le pusieran un bonete y una sotana para exhibirlo ante los pobladores de la ciudad y luego que lo llevaran a una celda del Oratorio, en donde lo dejaron por ocho días, obligándolo a no quitarse el hábito so pena de ser apaleado.4 Cuando Barrios consideró que estaba lo suficientemente castigado, y tras insultarlo nuevamente y exigirle que se volviera liberal, le permitió quitarse la sotana.5

Casanova, sumamente irritado por los insultos y vejámenes, dejó de practicar el derecho, renunció a todos sus cargos públicos y decidió tomar los hábitos, siendo ordenado presbítero por el obispo de Chiapas el 21 de septiembre de 1875, ya que el arzobispo de Guatemala, Bernando de Aycinena, había sido expulsado en 1871.  Impartió su primera misa el 27 de febrero de 1876 en la Iglesia Catedral y, al igual que ocurrió con su carrera de abogado, tuvo un ascenso meteórico en la carrera eclesiástica, siendo nombrado administrador interino del arzobispado por el papa Leon XIII en caso de fallecimiento del administrador Raull, quien estaba a cargo de la mitra por la expulsión del arzobispo Aycinena.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Ramírez Colom, José M. (1913). Reseña biográfica del Ilustrísimo y reverendísimo señor Arzobispo de Santiago de Guatemala, Ricardo Casanova y Estrada. Guatemala: Sáchez y de Guise. p. 9.
  2. Ibid. p. 10.
  3. Ibid. p. 11.
  4. Ibid. p. 12.
  5. Ibid. p. 13.
  6. Ibid. p. 15.