17 de junio de 1843: el marqués de Aycinena protesta contra la formación de un gobierno unitario en Centroamérica tras haberlo apoyado a capa y espada en 1824

Plano original de la Mansión Aycinena en la Nueva Guatemala de la Asunción.  Siendo la principal familia del Reino de Guatemala, los aycinena tuvieron un lugar privilegiado con su mansion ubicada en la Plaza de Armas, detrás del portal del Comercio.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de la proclamación de la Independencia en 1821 y de la separación de Centro América del Primer Imperio Mexicano en 1823 se dividió la opinión respecto a la forma de gobierno. Esta fue una razón más para que se formaran los dos bandos criollos que aparecieron; los miembros del partido aristócrata o conservador abogaban por una forma de gobierno unitario, similar a la que había hasta entonces, mientras que los fiebres o liberales apoyaron la creación de una federación similar a la de los Estados Unidos.

Tras largas discusiones los liberales prevalecieron y se estableció la República Federal de Centro América, con cinco estados creados para halagar a los criollos que radicaban en ello y que tenían muy poco en común, salvo un resentimiento hacia las autoridades aristócratas que vivían en Guatemala cuyo líder, el marqués de Aycinena protestó contra la forma federativa y trató en vano de impedir que se implementara. El marqués escribió un folleto en los Estados Unidos contra la Constitución de 1824 que, por estar cubierto por un papel amarillo, se le llamó “El Toro Amarillo“. El líder liberal José Francisco Barrundia respondió a Aycinena, quien respondió con dos publicaciones más pero no logró su cometido.

La situación en Centroamérica cayó en una espiral destructiva que degeneró en la Guerra Civil Centroamericana, la expulsión de los aristócratas del territorio y la separación de la Federación. Para 1842 los aristócratas habían regresado al poder en Guatemala y la cuestión de la Unión Centroamericana resurgió. En abril de dicho año se reunió en Chinandega la Convención de los Estados centroamericanos, a la que asistieron El Salvador, Honduras y Nicaragua con la intención de formar un gobierno unitario para la región. Concluyeron que lo que había qué hacer era establecer un gobierno nacional provisorio nombrado por la Convención el cual sería ejercido por un Supremo Delegado quien, a su vez, nombraría a un Ministro de Relaciones Exteriores e Interiores y dispondría de una milicia nacional. A fin de lograr que el gobierno conservador en Guatemala aceptara lo estipulado en la Convención se propuso preparar lo necesario para establecer un Concordato con la Santa Sede y procurar del Gabinete de Madrid el reconocimiento de la independencia de Centro- América.

El Supremo Delegado fue Antonio José Cañas, quien inmediatamente envió una invitación al gobierno de Mariano Rivera Paz para que entrara en la Convención.
Era el gobierno unitario que tanto habían deseado los aristócratas guatemaltecos. Pero Guatemala presentó una respuesta del marqués Aycinena al licenciado don Francisco Castellón con fecha del 17 de junio de 1843 que leía:

“Mi gobierno se ve en la necesidad de reiterar la protesta que tantas veces ha hecho, de NO ESTIMAR POR OONVENIENTE NI PRACTICABLE en Centro América el establecimiento de una forma de gobierno unitario, porque esto no haría más que sumir al país en mayores desgracias de las que hasta ahora se han sufrido.”

El completo giro en la posición de Aycinena se debe a las persecuiones y expropiaciones contra los aristócratas que ocurrieron tras la invasión a Guatemala por las fuerzas de Francisco Morazán en 1829. En 1842, con el fuerte apoyo del general campesino Rafeal Carrera y la caída en desgracia de Morazán, los conservadores comprendieron que estaban mejor formando su propio estado, y así lo hicieron.

BIBLIOGRAFIA:

26 de abril de 1844: en medio de un rompimiento entre el general Rafael Carrera y el clero guatemalteco, el Jefe de Estado Mariano Rivera Paz forma un nuevo gabinete de gobierno

Ruinas de una Iglesia Catolica en Chiquimula en la década de 1840.  La region oriental del pais tuvo ina marcada influencia durante el gobierno de Mariano Rivera Paz. Imagen tomada del libro Incidents of travel in Central America, Chiapas, and Yucatan de John Lloyd Stevens publicado en 1854.

Después de que se hiciera evidente el distanciamiento entre Rafael Carrera y el clero guatemalteco a principios de 1844, hubo un alzamiento de unos dos mil campesinos que se agruparon en Pinula y Aceituno, cerca de la Ciudad de Guatemala, y declararon estar en contra del gobierno conservador de Mariano Rivera Paz. Después de una breve escaramuza el 11 de marzo de 1844 se firmó un rápido acuerdo de paz en la Villa de Guadalupe, el cual fue conocido como “El Convenio de Guadalupe”, el cual establecía un nuevo balance en el gobierno, dándole mucha mayor influencia a los criollos liberales; entre las principals conseciones que hizo el general Carrera estuvo de la de acceder a que no hubiera miembros del clero en el gabinete de gobierno y que se estableciera el fuero militar, lo que hace sospechar que fue Carrera el que planificó todo el asunto para sacar a los clérigos de los puestos de poder.

Los jefes militares que ratificaron el convenio protestaron que después de cinco años de estar establecida, la Asamblea Constituyente no había sido capaz de redactor una nueva constitución, no había satisfecha las necesidades de Mita y de otros departamentos y que los diputados cobraban sumas exhorbitantes sin hacer nada. De hecho, dijeron que la seguridad del país se lograba únicamente gracias al Comandante en Jefe del Ejército, que era Carrera.

El convenio de Guadalupe muestra que ninguna de las facciones criollas, tanto conservadora como liberal, representaba a las masas rurales, y que más bien, ambas estaban completamente alienadas de los campesinos.

El 26 de abril de 1844, el Jefe del Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz formó un nuevo gabinete, conformado por moderados encabezados por José Mariano Rodríguez como ministro de Gobernación y Relaciones Exteriores. Miguel Rivera Maestre se rehusó a aceptar el Ministerio de Hacienda, y en su lugar fue nombrado José Antonio Azmitia. Este nuevo gobierno se mudó el 2 de mayo a unas elegantes oficinas que habían sido remodeladas en el Palacio Colonial.

Este giro en los acontecimientos era parte de un patrón generalizado en Centroamérica en el que el influyo conservador fue detenido temporalmente. A mediados de la década de 1840, los ex-morazanista ganaron bastante terreno en los estados del centro al mismo tiempo que las fuerzas liberales ganaban terreno en Costa Rica, mientras que la presencia de la Armada Británica y el bloqueo marítimo de ésta, en especial contra Nicaragua, fomentaba un sentimiento anti-británico en todo el istmo, lo que restaba mucho empuje a la hasta entonces creciente influencia del embajador Frederick Chatfield y sus maquinaciones pro-conservadoras.

BIBLIOGRAFIA:

13 de abril de 1839: el general guerrillero Rafael Carrera entra a Guatemala y restituye al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz; se inicia así el gobierno conservador de “los treinta años”

La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala vista desde el tejado de la Catedral Metroplitana, aproximadamente en 1860.  No había cambiado mucho de como estaba en la época en que Carrera entró con sus hordas a la misma en 1839.  A la izquierda está el portal del comercio, a la derecho el antiguo Palacio Colonial (destuido en 1917-18) y en la esquina inferior izquierda el Colegio de Infantes.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Introducción:

El período conservador de los treinta años es una época poco estudiada en Guatemala, debido a que los gobiernos liberales que le siguieron rescribieron la historia para presentarlo como un período de oscurantismo, atraso y de sanguinaria dictadura en el que el grupo criollo aristocrático de la familia Aycinena dominaba la situación y tenía al general mestizo analfabeto Rafael Carrera como su brazo armado para que sofocara cualquier intento de rebelión.

Pero el estudio de documentos de la época muestra que no hubo atraso porque el gobierno no hubiera querido alcanzar el progreso, sino que por las constants invasions y rebeliones de criollos liberales y de sus allegados, formentadas muchas veces desde El Salvador y Honduras, las cuales perduraron hasta que el general Carrera las aplastó en la Batalla de La Arada en 1851. De ese fecha en Adelante empezó un período de paz y progreso, que incluyó la construcción del primer edificio público: el “Teatro Carrera” (luego llamado “Teatro Nacional” y “Teatro Colón”).

Los mismos documentos demuestran que no eran los criollos aristócratas quienes dominaban la situación, sino que era el general Carrera el que verdaderamente mandaba y quien les ponía las condiciones. De hecho, los aristócratas (muchos de ellos miembros del clero regular y secular) se vieron obligados a pactar con el militar mestizo por dos razones:

  1. En su calidad de criollos conservadores no podían abandonar el país, ya que perderían todos sus bienes y porque no los recibirían en las naciones vecinas, en las que gobernaban los liberales.
  2. Las fuerzas alianzas que Carrera tenía con los líderes indígenas, principalmente del occidente de Guatemala, por medio de las cuales evitó que ocurrieran masacres en contra de los criollos, a diferencia de lo que en esa época estaba ocurriendo en Yucatán.

Asimismo, debido a la marcada educación religiosa de Carrera, la influencia de las autoridades eclesiásticas tanto locales como las de la Santa Sede era muy marcada y dirigía en buena medida los destino de la nación. Se llegó incluso a firmar un Concordato con la Santa Sede en 1852, en el cual se entregó la educación a los religiosos a cambio de indulgencies para los soldados guatemaltecos que mataran a soldados liberales, por ser éstos anticlericales.

Por otra parte, aunque a los liberales se les ha acusado de haber hecho concesiones de nuestros recursos naturales a los europeos (la Verapaz a los alemanes de las familias Diesseldorf y Thomae, entre otras) y a los estadounidenses (Izabal a la United Fruit Company), los conservadores no se quedaron atrás. A fin de obtener fondos para armas, uniformes y municiones, el gobierno de Carrera tuvo que prestarle dinero a casas financieras inglesas y tuvo que ceder el territorio comprendido entre el río Belice y el río Sarstún al enclave inglés de Belice. Tambien, otorgó una concesión a perpetuidad a la Compañía Belga de Colonización en Izabal en 1840, aunque esta no prosperó por lo inhóspito de la región.

Si bien el período no fue perfecto ni mucho menos, es la época en que se fundó formalmente la República de Guatemala, en que se alcanzó por fin una paz duradera y en que el desarrollo del país realmente inició.

Descripción:

Reproducimos a continuación la descripción que hace de los eventos del 13 de abril de 1839 el renombrado historiador Federico Hernández de León en su obra “El libro de las Efemérides”:

Se hará cargo el lector de la importancia que entraña la fecha de las efemérides de hoy. Es el alfa de un partido, de un partido que luchaba desde los días de la independencia por ocupar el poder de manera estable. Grandes tipos de sus filas se habían acercado al solio, como don Mariano de Aycinena que se sostuvo durante dos años y medio; pero hasta el aparecimiento de Carrera, el partido no se consideró potente, ni la paz llegó a consolidarse como se consolidara después del año 51 con la batalla de la Arada. Pequeñas convulsiones agitaron el cuerpo social; pero nada comparable con los años vividos.

El general Morazán había colocado en la jefatura del Estado de Guatemala al general don
Carlos Salazar, arrancando de su puesto a don Mariano Rivera Paz, en condiciones un tanto violentas. El general Salazar había derrotado unos meses antes a Carrera, en la acción de Villa Nueva y, de ser más ágiles las fuerzas de Salazar, después de dicha acción, alcanzan al mismo Carrera, y se hubieran sacudido de un element que había de darles muchos e intensos dolores de cabeza. Carrera derrotado y herido de gravedad, pasó de Villa Nueva a la Antigua y de allí, dando un rodeo, volvió a la querencia, a la Montaña, seguido de sus leales.

El triunfo de don Carlos Salazar sobre el guerrillero y sus huestes, le creó una reputación firme y le agració ante los ojos del general Morazán, al grado que inñuyera poderosamente para que se le diese la jefatura del estado. Pero don Carlos, con todo y ser general, le faltaba la energía y el empuje que se necesitaba en aquellos críticos días, y la reacción empezó a tejer sus tramas, poniéndose en comunicación con Carrera que estaba en Mita, repuesto del susto que llevara en la acción de Villa Nueva. Con elementos suficientes. Carrera se pronunció contra el gobierno de Salazar y marchó resuelto a la capital.

Algunos liberales se dieron cabal cuenta de la trascendencia que aparejaba aquel movimiento del guerrillero. Se fueron con el jefe del estado y le hicieron ver la gravedad de la situación. Don Carlos Salazar no dió importancia al asunto.

— Así hemos vivido desde hace tiempo — dijo — ; los de Carrera se conforman con man-
tener la bandera levantada en sus montañas.

Los liberales no lo creían así. Notaban los movimientos interesados de algunos hombres
prominentes, sobre todo del canónigo Larrazábal, que públicamente expresaba su disgusto con un sistema ayuno de representación, sin respaldos morales, sin energías y que contribuía a una perenne excitación. Por otra parte, don Luis Batres se movía con grandes empeños.

Los últimos triunfos de Morazán sobre los conservadores de Honduras, alentaban al señor Salazar, sin comprender que, esos mismos triunfos operaban en el ánimo de los conservadores en un sentido de resguardo y de defensa. La batalla del Espíritu Santo ganada por los salvadoreños mandados por Morazán, contra los ejércitos aliados de Nicaragua y Honduras, provocó la precipitación de los acontecimientos, y Carrera
se presentó a las puertas de Guatemala, como Alarico a las puertas de Roma. Y en el amanecer del 13 de abril de 1839, se oyó un grito angustioso que decía:

— ¡ Los bárbaros de la Montaña están en las garitas de la ciudad!

Carrera y sus gentes habían caminado toda la noche, esquivando los encuentros de particulares y, al clarear el alba estaban en las lindes de la Parroquia Vieja y el Martinico, dirigiendo el ala hacia el barrio de Santo Domingo. Eran muchos los que acompañaban al guerrillero; tipos de aspecto feroz, verdaderas hordas de salvajes, mal vestidos, de recias y escasas barbas, peludos y de mirar siniestro. El que los dirigía,
debía ser un tipo superior, que para manejar aquellos trogloditas se necesitaba de un corazón bien puesto y de unos hígados, mejor puestos aún.

Sonaron los primeros tiros y los vecinos atrancaron sus puertas. Los liberales despertaron en sus lechos con la zozobra en el alma.

— ¡Allí está Carrera! — gritaban azorados los tranquilos vecinos, de casa a casa.

Unos se aventuraban a salir de sus domicilios, para dirigirse a carrera abierta, por el rumbo opuesto al que traían los invasores. Otros, precipitadamente abrían hoyos en los patios, para guardar sus riquezas. Y quiénes, con el espanto en la cara, subían a los cobertizos para guarecerse en los tapancos, en franca familiaridad con las ratas y las cucarachas. Aquel despertar del 13 de abril, fué algo siniestro.

Don Carlos Salazar, el aguerrido militar que derrotara a Carrera en Villa Nueva, que tuviera a su cargo la jefatura del estado, que fuera por suj condición de hombre público, la figura más significada, hizo mi papel desairado. Al enterarse que las hordas entraban por las calles, disparando sus fusiles y atrepellando lo que encontraban, no tuvo arrestos para dirigirse a un cuartel y ponerse a la cabeza de sus hombres. Arrimó nervioso una escalera a ima de las paredes de su casa y, por los tejados, como un gato perseguido, se trasladó a otras casas de amigos y, luego, ridiculamente disfrazado, dejó la ciudad y
abandonó Guatemala…

No era esa la manera de abdicar de un puesto tan elevado. Cuando se llega a tan altas jerarquías, se debe guardar todo el coraje de una vida, para terminar de manera digna.

Salazar llegó a ganar la frontera y se dirigió al Salvador ; luego, a Costa Rica : allá murió
atormentado con el recuerdo de su fuga vergonzosa y con la responsabilidad que le cabía por no haber oído los consejos de sus amigos y las indicaciones de quienes le pedían en la semana anterior al 13 de abril, que se tocase llamada general y se pusiese a la cabeza de un grupo de patriotas, para detener la avalancha de salvajes que se avecinaba.

Carrera, entre tanto, se dirigió resuelta y animosamente a la casa de don Mariano Rivera
Paz y le presentó su espada.

— No venimos — dijo el jefe bravio — a matar gente, sino a restituir a las autoridades. Vuesa merced fué arrancado por Morazán de su puesto y nosotros venimos a colocarlo de nuevo en su lugar ….

Rivera Paz se dejó hacer y acompañado de una improvisada escolta de aquellos feroces, se dirigió a la casa del gobierno y tomó posesión de la jefatura del estado. Inmediatamente llamó a sus hombres al ministerio y se expidió un despacho urgentísimo a don Pedro Nolasco Arriaga, expatriado desde el año 29 en Honduras, para
que pasara a ocupar uno de los sillones ministeriales.

Pero a pesar de las declaraciones de Carrera, sus gentes se dirigieron a las casas de los principales liberales en busca de Barrundia, del doctor Gálvez, de la familia Molina, de don José Bernardo Escobar y de cuantos hombres habían adversado al partido conservador. Los liberales no esperaron ser cogidos en sus casas y se asilaron en conventos y casas particulares de sacerdotes amigos, en donde podían estar a cubierto de las arremetidas.

Desde aquel día. Carrera fué definitivamente el hombre de la situación. Se le llamó el “caudillo adorado de los pueblos”; las turbas le victoreaban, y a su paso solo homenajes de respeto y entusiasmo recibía. El jefe del estado, vivía pendiente de sus labios y todos los señorones de la aristocracia le vieron con verdadero respeto y temor. Se hicieron los nombramientos importantes: don José Antonio Larrave, jefe politico de Guatemala; alcalde, don Marcial Zebadúa; síndico de la Municipalidad, don Manuel Beteta; jefe político de la Antigua, don Andrés Andreu; de Escuintla, don Pantaleón Arce ; de Chimaltenango, don Manuel Gálvez y, de Amatitlán, el inmenso poeta don José Batres y Montúfar.

Al año siguiente, en el mes de marzo, Morazán quiso arrojar a Carrera de Guatemala; el
arrojado fué el propio Morazán, que no paró sino hasta el Perú. A los dos años moría el guerrero hondureno, en tanto que Carrera y los conservadores se regodeaban en Guatemala y lanzaban sus rayos a todo el resto de la América Central.

BIBLIOGRAFIA:

26 de febrero de 1849: asesinan a Mariano Rivera Paz, ex-presidente del Estado de Guatemala cuando iba a tomar posesión del corregimiento de Jalapa en el departamento de Mita

Retrato el presidente Mariano Rivera Paz (1804-1849). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el exilio del general Rafael Carrera a México en 1848 los criollos se hicieron cargo de la situación del país, pero en lugar de recuperar la armonía y tranquilidad, Guatemala se hundió en una profundal anarquía. Cuando Carrera partió al exilio, la Asamblea Legislativa, ahora en poder de los liberales, dictó una disposición por la que se le declaraba fuera de la ley que debía aplicársele la pena de muerte si osaba regresar al país.

Se sucedieron varios presidents que renunciaron en cuestión de semanas o meses, hasta que finalmente el coronel Mariano Paredes (hasta entonces corregidor de Quetzaltenango), tuvo que ir a la Ciudad de Guatemala para hacerse cargo de la situación  Pero a pesar de los esfuerzos de Paredes, Guatemala entró en una profunda crisis: había crímenes políticos de importantes personalidades y bandoleros sueltos por todo el país; el gobierno dictaba leyes, pero nadie las cumplía.

Así, el 26 de febrero de 1849, el ex-presidente Mariano Rivera Paz fue asesinado cuando el presidente Paredes lo nombró como corregidor de Jalapa y Rivera Paz intentó tomar posesión de su cargo.  El ex-presidente (quien había gobernado a Guatemala como Jefe de Estado en 1839 y como presidente de la República de 1842 a 1845) fue asesinado por los “lucios” (Roberto Reyes y Agustín Pérez) en el lugar llamado Sampaquisoy.  Y su sucesor no corrió mejor suerte: Paredes nombró al general Vicente Cruz, hermano de Serapio Cruz (Tata Lapo) como corregidor, pero también fue asesinado sin poder tomar posesión del cargo.

Era una época oscura de crímenes politicos constantes: aparte de los corregidores de Jalapa, fue asesinado Gregorio Orantes, corregidor nombrado para Jutiapa, y Marcial Zebadúa, presidente del Tribunal Supremo de Justicia.  Por cierto que los corregimientos de Jalapa y Jutiapa pertenecían al departamento de Mita que había sido creado un año antes, el 23 de febrero. Este clima de inestabilidad propició el retorno del general Carrera, quien ingresó a Guatemala por el occidente y regresó a la ciudad en agosto de 1849.

BIBLIOGRAFIA:

23 de febrero de 1848: el gobierno del Estado de Guatemala segrega al departamento de Mita del de Chiquimula y lo divide en los de distritos de Jutiapa, Santa Rosa y Jalapa para una mejor administración

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Mapa del curato de Jutiapa, según lo describe el arzobispo Pedro Cortés y Larraz en su reporte pastoral de 1768.  El poblado no hab=a cambiado mucho para 1848 debido a las constants guerras en la region centroamericana.  Imagen tomada del Archivo General de Indias.

La organización territorial de la República Federal de Centro América estuvo ligada directamente a la division eclesiástica que las autoridades de la Iglesia Católica habían hecho de los curatos que había en la región durante la época colonial.  Estos curatos estaban agrupados en grandes regiones que habían sido asignadas a determinadas órdenes de frailes y, dado que esta división administrativa estaba ya prácticamente hecha al momento de la Independencia, la primera delimitación territorial del Estado de Guatemala se basó en ella.

Uno de los departamentos originales era el de Chiquimula, el cual abarcaba prácticamente todo el oriente guatemalteco; así que el 23 de febrero de 1848 fue separado en dos, formado el departamento de Mita, el cual, a su vez, fue dividido en tres distritos (o corregimientos), de acuerdo al decreto que se reproduce a continuación:

  1. El departamento de Mita se divide para su mejor administración en tres distritos que se denominarán, el 1.° de Jutiapa; el 2.° de Santa Rosa; y el 3.° de Jalapa.
  2. El distrito de Jalapa se compondrá de las poblaciones siguientes: Jutiapa, como cabecera; Yupiltepeque, las dos Mitas y sus valles que son Suchitán, San Antonio, Achuapa, Atescatempa, Sapotitlán, Contepeque, Chingo, Quequesque, Limones y Tempisque; Comapa, Jalpatagua, Asulco, Conguatco y Moyuta.
  3. El distrito de Santa Rosa se compondrá de las poblaciones siguientes: Santa Rosa como cabecera; Cuaginiquilapa, Chiquimulilla, Guazacapan, Taxisco, Pasaco, Nancinta, Tecuaco, Sinacantán, Ixguatán, Zacualpa, la Leona, Jumay y Mataquescuintla.
  4. El distrito de Jalapa se compondrá de las poblaciones siguientes: Jalapa, cabecera; Sanarate, Sansaria, San Pedro Pinula, Santo Domingo, Agua Blanca, Espinal, Alzatate y Jutiaplilla; y para mayor claridad se entenderá este distrito dividido del de Jutiapa por el río que sale del Ingenio hasta la laguna de Atescatempa.
  5. Para los distritos de Jutiapa y Jalapa se nombrarán corregidores y jueces de primera instancia que correspondan continuando en el de Santa Rosa los funcionarios que existen.

Estos distritos fueron de corta duración, y cuando fueron suprimidos el 9 de octubre de 1850, todos los poblados regresaron a sus antiguos departamentos.

Los departamentos actuales se formaron hasta la década de 1870.

BIBLIOGRAFIA:

17 de febrero de 1865: muere Juan José de Aycinena y Piñol, Marqués de Aycinena, Obispo de Trajanópolis, rector de la Pontifica Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gobierno de Rafael Carrera

Retrato del Obispo Juan José de Aycinena y Piñol que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

En Guatemala el marquesado de Aycinena fue el único título nobiliario que se extendió por el Rey de España. Este título fue otorgado a Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen, un ciudadano español que había llegado al Nuevo Mundo a buscar fortuna y había logrado hacer un imperio comercial gracias al transporte de carga en mulas desde los puertos del Atlántico hasta las principales ciudad de la Capitanía General.

Gracias a su imperio comercial y a su origen español, Aycinena y su familia lograron conseguir las mejores posiciones en el gobierno colonial a principios del siglo XIX, al punto que tuvieron puesto que hasta entonces habían estado a cargo únicamente de ciudadanos españoles. Por otra parte, varios de sus miembros ingresaron al clero, tanto regular como secular y gracias a todo esto, la familia alcanzó importantes posiciones gubernamentales que incluyeron el rectorado de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo y diputados ante las Cortes de Cádiz.

En la década de 1810, los Aycinena pelearon junto con los españoles para sofocar cualquier intento independentista en América Central y estuvieron en contra de cualquier movimiento de esa índole ya que implicaba perder el poder que habían conseguido. Pero la debidlidad de la corona española tras la invasion Napoleónica y el fracaso de las Cortes de Cádiz tras el retorno al poder de Fernando VII llevaron a la Independencia en 1821.

Tras la creación de las Provincias Unidas del Centro de América, los Aycinena y sus familiares se aglutinaron en el partido conservador, el cual promulgaba que no se cambiara absolutamente nada en la estructura política y social del nuevo país, mientras que el resto de criollos no-aristócratas se aglutinaron en el partido liberal y pelearon por un cambio radical en la política: la separaciónde Iglesia y Estado y la eliminación de los títulos nobiliarios, principalmente.

En medio de esta vorágine de acontecimientos vivió el obsipo Juan José de Aycinena y Piñol, quien nació en la Ciudad de Guatemala, el 29 de agosto de 1792 y quien heredó el título de Marqués de Aycinena a la muerte de su padre. En 1825 fue nombrado rector de la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo y estuvo en el cargo hasta que fue expulsado de Centroamérica junto con el resto de su familia en 1829, luego de la invasion liberal liderada por el general Francisco Morazán.

Vivió un tiempo en el exilio, junto con su hermano Mariano de Aycinena, quien había sido el jefe de Estado de Guatemala durante la invasión morazánica y cuando éste no quiso retornar a Guatemala tras el colpaso del gobierno liberal de Mariano Gálvez se convirtió en el líder del partido conservador. Su posición era mucho más débil que cuando estaban en el poder en 1829, así que tuvieron que empezar pactando con el general campesino Rafael Carrera, quien se había convertido en el hombre fuerte de Guatemala tras liderar la revolución indígena-católica que derrocó a los liberales.

Entre 1840 y 1849, ya siendo nombrado nuevamente rector de la Pontifica Universidad, Aycinena fue uno de los principales colaborades de Carrera pero cuando vio que éste parecía perder el control de la situación en 1848, no dudó en pedirle la renuncia y enviarlo al exilio. Carrera midió sus opciones perfectamente y salió del país hacia México sin oponer resistencia, desde donde estuvo esperando que la crisis interna de Guatemala obligara que lo llamaran de vuelta al poder.

Carrera regresó a Guatemala en 1849, tras haber pactado con los líderes indígenas de occidente y cuando se estaba desarrollando una sangrienta Guerra civil en Yucatán, en donde los indígenas estaban masacrando a criollos y europeos. A su retorno, los criollos liberales huyeron hacia El Salvador, pero Aycinena y los criollos conservadores no podían huir porque no eran aceptados en otros país por su tendencia pro-católica, como estaban aterrados de que una guerra civil como la de Yucatán se desatara en Guaemala, tuvieron que pactar con Carrera.

Aycinena y sus familiares se convirtieron en el Estado Mayor del general Carrera y gobernaron junto con él hasta 1865. Aycinena falleció el 17 de febrero y Carrera el 14 de abril de ese año y puede decirse que fue en ese momento que verdaderamente terminó el gobierno conservador en Gutemala.

BIBLIOGRAFIA:

15 de febrero de 1838: la Asamblea del Estado de Guatemala decide que sea el Congreso Federal de Centro América el que resuelva aceptar o no la creación del Estado de Los Altos

Escudo del Estado de Los Altos, tallado en Piedra en una de las tumbas de los Héroes Altenses en el Cementerio de Quetzaltenango.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 2 de febrero de 1838 los criollos liberales se reunieron en la ciudad de Quetzaltenango y se declararon independientes del Estado de Guatemala.  Se autodenominaron “Estado de Los Altos y contaban con un territorio nada despreciable:  ocupaban Soconusco (actualmente en México) y los departamentos de Quetzaltenango, Totonicapán y Sololá, que en esa época eran enormes y comprendían a los modernos departamentos de Huehuetenango, Quiché, Suchitepéquez, San Marcos y Retalhuleu, además de los ya mencionados.   Con la creación de este estado, los liberales tenían suficiente territorio y recursos naturales para progresar y contaban con salida al Océano Pacífico en las costas de San Marcos, Retalhuleu y Suchitepéquez.

El 15 de febrero de ese año el gobierno del Estado de Guatemala conoció el asunto y lo trasladó al Congreso Federal de Centro América para que resolviera.  Dado que el gobierno de Guatemala estaba controlado por los conservadores católicos y el gobierno federal lo estaba por el general liberal Francisco Morazán, era cuestión de tiempo que se creara formalmente el nuevo estado.

A pesar de la autorización federal, las relaciones entre Guatemala y Los Altos nunca fueron cordiales y ambos estados se armaron hasta los dientes con la ayuda del consul británico Frederick Chatfield, quien había abandonado la capital federal y se había mudado a la Ciudad de Guatemala por sus desaveniencias con el presidente Morazán.

Los criollos liberales impusieron en su nuevo territorio las leyes laicas que Mariano GalvezRafael Carrera y José Francisco Barrundia intentaron establecer infructuosamente en Guatemala y mantuvieron el impuesto indígena que ya había sido derogado por los conservadores.  Esto hizo que los indígenas del estado rechazaran al nuevo gobierno y se mantuvieron protestando hasta que el 1 de octubre de 1839 un grupo de campesinos fue reprimido violentamente en Santa Catarina Ixtahuacán por los militares altenses, provocando por lo menos cuarenta muertos. En los libros de la época, los historiadores liberales refieren el incidente simplemente como “un escarmiento para los bárbaros”, pero esto sería el inicio del fin del Estado de Los Altos, pues los campesinos fueron a Guatemala a pedir ayuda al general mestizo Rafael Carrera quien era el que verdaderamente gobernaba y quien marzo de 1840 ya había recuperado el territorio para Guatemala.

BIBLIOGRAFIA: