2 de octubre de 1926: publican la autopsia del general Orellana

Tras reiniciar sus labores ese mes, el periódico «El Imparcial» publica la autopsia del general José María Orellana realizada por el doctor Federico Mora

2octubre1926
El Hotel Manchén en Antigua Guatemala, en donde falleció el general Orellana el 26 de septiembre de 1926.  En el recuadro, el útimo retrato del general presidente.  Imágenes tomadas del «Diario de Centro América».

El 2 de octubre de 1926, es decir, al día siguiente de haber empezado nuevamente a operar normalmente luego de la restricción a las garantías constitucionales, el periódico «El Imparcial» publicó la autopsia del general José María Orellana, fallecido en el Hotel Manchén en la Antigua Guatemal el 26 de septiembre,1 la cual reproducimos a continuación:2

El veintiséis de este mes en curso a las cuatro y media de la mañana, ayudado por el doctor Ramón Calderón y en presencia de los doctores Juan J. Ortega, Mario J. Wunderlich, Ricardo Alvarez, Rodolfo Robles, Alfonso Castellanos, Jorge E. Alvarado y Leopoldo Aschkel y del juez secto de primera instancia de este departamento, así como de dos oficiales de la Plana Mayor practiqué la autopsia al cadáver del general José María Orellana, en una de las habitaciones de la casa número uno de la octava calle poniente. Por el reconocimiento exterior se pudo ver que se trataba de una persona de buena constitución esquelética y bien nutrida, aunque con el panículo adiposo muy desarrollado en algunas partes del cuerpo.  Como signos que confirmaron la realidad de la muerte se comprobó que ya había manchas lívidas de hipostasis cadavérica en el dorso y que la reigidez comenzaba a establecerse en las cuatro extremidades.

Los legumentos tenían una coloración y un aspecto normales,pero había en las dos regiones maleolares un edema fácilmente visible y que se dejaba deprimir por la presión del dedo.  Además, se encontró una esquimosis rojiza en la cara anterior y tercio medio de la pierna derecha y la picadura de una aguja (¿hipodérmica?) en la fosa ilíaca derecha.  Por los orificios de las aberturas bucal y nasal se escapaba, al mover el cadáver, una abundante cantidad de espuma blanca y espesa.  En las otras cavidades naturales no se encontró nada de anormal. Abierta la cavidad del cráneo que el pericráneo, la bóveda ósea, el seno longitudinal superior y las meninges no presentaban ninguna alteración. El cerebro bien conformado, pesaba un mil trescientos gramos; se notaba al examinarlo exteriormente que los vasos superficiales estaban congestionados, principalmente en la región occipital, lo que indica que se trataba de una congestión pasiva y seguramente agónica o post-mortem.

Por el examen interno del propio cerebro se vió que estaba completamente normal y que los ventrículos laterales estaban libres.  El cerebelo, la protuberancia anular y el bulbo tampoco ofrecían ninguna alteración; la base del cráneo estaba intacta; los senos de la base se hallaban congestionados, aunque no en exceso y la hipófisis estaba completamente sana.

Fue abierta la cavidad toráxica, comprobándose, en primer lugar, que el esqueleto no tenía nada de extraordinario; que los órganos se encontraban en su posición anatómica normal y que las dos cavidades pleurales se encontraban vacías y no presentaban adherencias de ninguna clase.  El pericardio estaba muy recargado de grasa en su cara anterior y contenía en su cavidad unos treinta gramos de líquido, es decir una cantidad normal. El corazón se presentó muy aumentado de tamaño, sobre todo en la mitad izquierda, y con alguna torción sobre su eje vertical a causa del predominio del corazón izquierdo sobre el derecho.

La hoa visceral del pericardio estaba muy sobrecargada de grasa.  El órgano vaciado de la sangre que contenía sus cavidades, pesó quinientos cincuenta gramos, es decir mucho más de lo normal.  La sangre que se le extrajo era fluida y abundante; no se encontraron coágulos de ninguna clase.  El miocardio estaba muy hipertrofiado en la pared del ventrículo izquierdo en donde alcanzaba un espesor de dos centímetros, no observándose en él ninguna degeneración macroscópica.  El endocardio no presentaba ninguna modificación patológica, así como tampoco las válvulas auriculovenriculares y las pulmonares. Las válvulas aórticas, en cambio, presentaban las siguientes lesiones:

        • Retracción consecutiva a una esclerosis muy marcada que se extendía a todo el contorno del orificio aórtico y nódulos endurecidos en el espesor de las propias válvulas.
        • A consecuencia de la retracción valvular el mencionado orificio aórtico se había ensanchado considerablemente, como pudo comprobarse poniendo agua en el tronco de la aorta y asegurándose que pasaba inmediatamente a la cavidad del ventrículo.
        • Dicha cavidad estaba dilatada lo que, con el engrosamiento considerable de la pared del ventrículo demuesta que había una hipertrofia excéntrica, como son las que se observan en la insuficiencia aórtica.

El examen del cayado de la aorta permitió descubrir grandes placas de ateroma, algunas de las cuales tenían una consistencia ósea; esta degeneración de la pared arterial se extendía a toda la aorta toráxica y a causa de ella el vaso daba una sensación de dureza y tenía numerosas nudosidades.  El calibre de la arteria no estaba alterado en ninguna parte de su trayecto, es decir, que no había estrecheces, ni dilatación, ni aneurismas.

Las dos arterias coronarias estaban permeables, sus paredes estaban sanas y no había en el controno de su desembocadura ninguna formación patológica que la estrechara; tampoco había coágulos en el interior de las mencionadas arterias.

Examinados a continuación los órganos de la cavidad bucal y del cuello y los pulmones se pudo anotar lo siguiente:

La lengua tenía un tamaño, una coloración y un aspecto normales, sucediendo otro tanto con las paredes de la cavidad, en el itsmo de las fauces no había  más que un poco de espuma, la que también sse encontraba en la faringe; la laringe estaba normal y no contenía cuerpos extraños; el esófago tenía una mucosa de coloración y aspecto normales; la tráquea y los grandes bronquios estaban llenos de espuma blanca y consistente; el tiroides y las parótidas se hallaban sanas; las venas yugulares estaban muy dilatadas y repletas de sangre; en las parótidas no había nada extraordinario.

Los pulmones se presentaban, al examinarlos por fuera, con un tamaño, un color y una consistencia normales; al hacer corte sobre ellos se notaba que el parénquima no llevaba vestigios de lesiones antiguas, pero que estaba invadido de espuma, siempre blanca y espesa, que brotaba en abundancia al ejercer presiones. No había equimosis subpleurales en ningún lugar; los vasos pulmonares estaban completamente sanos y no se había obstruido ni habían formado focos de infarto pulmonar.

Haciendo la autopsia de la cavidad abdominal se realizaron las siguientes observaciones:

        • El diafragma se encontraba a la altura normal
        • En la cavidad no había ningun líquido o producto patológico de otra clase
        • Los órganos etaban situados en su posición anatómica
        • El hígado pesaba un mil ochocientos gramos y tenía algunas adherencias al diafragma en la cara superior de su lóbulo derecho, hallándose completamente sano en su interior
        • El vaso pesaba doscientos gramos y era normal
        • La vesícula biliar, sana, contenía unos veinte gramos de biis y los conductos biliares estaban permeables
        • El páncreas no tenía nada de anormal, así como tampoco las glándulas suprarenales.
        • El meenterio estaba muy recargado de grasa
        • El estómago, cuyo tamaño, forma y apareicnia externa e interna eran normales contenía en su cavidad unos ciento cincuenta gramos de materias alimenticias en vías de digestión, sin ningun olor especial.
        • Los riñones se hallaban sumergidos entre un exceso de grasa perirenal, pero estaban completamente sanos, hasta donde pudo comprobarse por el examen a simple vista
        • La vejiga contenía cincuenta gramos de orina amarillenta, sin nada en particular, en su aspecto
        • Los intestinos tampoco presentaban ninguna alteración patológica
        • El apéndice estaba atrofiado y adherido al mesenterio
        • Los órganos genitales no tenían nada de anormal.

Por considerarse innecesario no se practicó la apertura de la cavidad raquídea.

Como resumen de los resultados obtenidos por la autopsia de la diversas cavidades puede decirse que únicamente había lesiones graves en el corazón y en la aorta, por lo que es posible afirmar las siguientes conclusiones:

      1. El general José María Orellana falleció a consecuencia de un síncope cardíaco
      2. Dicho síncope fue originado por una insuficiencia aórtica y una aortitis crónica
      3. No se encontrón ninguna lesión traumática
      4. Tampoco se encontró ningún indicio que hiciera sospechar un envenenamiento.

Soy de usted atentamente.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Rodríguez Cerna, José. (26 de septiembre de 1926): “Interesantes detalles del útimo viaje del general Orellana”. Guatemala: Diario de Centro América.
  2. Mora, Federico (2 de octubre de 1926) «Autopsia al cadáver del general Orellana». Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.

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1 de diciembre de 1944: decretan la autonomía universitaria

Entra en vigor el decreto No. 12 de la Junta Revolucionaria de Gobierno que autoriza definitivamente la autonomía económica y administrativa de la Universidad Nacional

1diciembre1944.jpg
El paraningfo universitario, en 1920.  En 1944 se celebró allí la ceremonia en que se le otorgó la autonomía jurídica y administrativa a la Universidad Nacional. En el recuadro: los miembros de la Junta Revolucionaria de Gobierno. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La autonomía de la Universidad Nacional inició el 1 de diciembre de 1944, mediante el decreto No. 12 de la Junta Revolucionaria de Gobierno, el cual se reproduce a continuación por su importancia histórica:1

Decreto No. 12

La Junta Revolucionaria de Gobierno

Considerando: Que uno de los anhelos más legítimos de los sectores intelectuales del país, ha sido la organización de la Universidad Nacional en forma que corresponda a las realizaciones de auténtica cultura que el pueblo esperaba de ella;

Considerando: Que fue fermento valioso de la revolución trascendental que vivimos, la decisión de estudiantes y profesionales dignos, de llegar a la autonomía universitaria para poner al Alma Mater a salvo de las agresiones dictatoriales que la habían convertido en mera fábrica de profesionistas, donde la libre investigación era anulada, y el pensamiento perdía toda su eficacia, al quedar bajo control hasta en sus más mínimos detalles;

Considerando: Que la investigación de los numerosos problemas que confronta el país y la difusión de la cultura exigen nueva orientación para la Universidad, y libertad para decidir acerca de su organización, propósitos y fines;

Por tanto: en uso de las facultades que le confiere el artículo 77 de la Constitución de la República, en su inciso 23, decreta:

Artículo 1°.— La Universidad Nacional de San Carlos, con sede en la capital de la República, es autónoma en el cumplimiento de su misión científica y cultural, y en orden administrativo.

Artículo 2°.— La Universidad Nacional tiene la personalidad jurídica necesaria para el desarrollo de sus fines y para adquirir, administrar, poseer y enajenar bienes, contraer obligaciones y ejercer toda clase de acciones de acuerdo con la ley.

Artículo 3°.— Integran la Universidad Nacional, las siguientes facultades: de Ciencias Jurídicas y Sociales; de Ciencias Médicas; de Ciencias Económicas; de Ciencias Naturales y Farmacia; de Ingeniería; de Odontología; de Humanidades; y las demás facultades e institutos que en lo sucesivo se establezcan.

Artículo 4°.— Mientras se emite la nueva Ley orgánica de la Universidad Nacional y los correspondientes estatutos y reglamentos, estarán en vigencia las leyes que la rigen, en cuanto no afecten el espíritu del presente Decreto.

Artículo 5°.— El Ejecutivo dispondrá la manera de asegurar la autonomía económica de la Universidad Nacional.

Artículo 6°.— La Ley Orgánica decidirá la forma en que el Ejecutivo verificará la suprema inspección que le corresponde de conformidad con lo dispuesto en el artículo 77, inciso 7°., de la Constitución de la República.

Artículo 7°.— Este Decreto entrará en vigor el día primero de diciembre próximo entrante, y se dará cuenta de él a la Asamblea Legislativa de la República en sus próximas sesiones ordinarias.

Dado en el Palacio Nacional: en Guatemala, a los nueve días del mes de noviembre de mil novecientos cuarenta y cuatro.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Méndez, Rosendo P. (1945): Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. LXIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 448-449.

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22 de junio de 1944: la carta de los 311

311 ciudadanos envían una carta al presidente general Jorge Ubico pidiendo que se restituyan las garantías constitucionales

22junio1944
El palacio de la Policía Nacional en la década de 1970, construido durante el gobierno del general Jorge Ubico. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 1 de junio de 1944, el gobierno del general Jorge Ubico incrementó el salario de los empleados públicos en un 15%, pero solo para aquellos que ganaban menos de 15 quetzales mensuales, lo que dejaba fuera a los maestros, quienes reaccionaron con una serie de protestas pacíficas con el fin de ser beneficiados con ese aumento.​ Por su parte, los estudiantes universitarios iniciaron marchas pacíficas para exigir la destitución de sus decanos, ya que, durante el gobierno de Ubico, las Escuelas Facultativas eran dependencia del Ministerio de Instrucción Pública y las autoridades eran nombradas directamente por el presidente de la República.1 Ubico accedió a cambiar a los decanos, pero los sustitutos nombrados por el presidente, no fueron del agrado de los estudiantes, quienes en consecuencia redoblaron sus protestas, siguiendo el ejemplo de la huelga general en El Salvador que había logrado derrocar al general Maximiliano Hernández Martínez el 11 de mayo de ese año, luego de 14 años de férreo gobierno.2

Ubico entonces suprimió la garantías constitucionales y dirigió el siguiente manifiesto a la población:3

El día de hoy, en Consejo de Secretarios de Estado, he decretado la restricción de algunas de las garantías constitucionales.

El primer deber que me concierne como mandatario es, ante todo, la conservación de la paz y del orden interno de la República; y esas dos finalidades del Poder Ejecutivo están amenzadas por la acción perturbadora de elementos que han querido exaltar los ánimos en algunos sectores de la vida nacional.

Se hace indispensable la adopción de medidas enérgicas para contrarretar la acción disolvente de los agitadores; y a esta finalidad conduce la restricción de las garantías. No obstante, la sociedad debe estar tranquila en sus elementos de orden y de trabajo. Las medidas de represión que hayan de adoptarse no regirán con las personas de orden y cumplidoras de sus deberes ciudadanos; y el término de esta situación de emergencia será el que quieran los agitadores.

Cuando vuelvan las corrientes sociales, en los sectores perturbados al cause normal de sus actividades, serán restablecidas inmediatamente las garantías que hoy me veo en el caso de restringir.

Vuestro conciudadano,

        • Jorge Ubico

Guatemala, 22 de junio de 1944.3

Ese mismo día, un grupo de 311 ciudadanos, envalentonado por el ambiente favorable contra los regímenes que hasta el momento el gobierno de los Estados Unidos había apoyado en Guatemala, Honduras y El Salvador, le envió la siguiente misiva al general Ubico:

Señor Presidente de la República:

Los suscritos ciudadanos guatemaltecos, en ejercicio del derecho garantizado por el artículo 22 de la Constitución de la República, nos dirigimos a usted con las muestras de nuestro mayor respeto y exponemos:

El día de hoy promulgó su gobierno el Decreto No. 3114, que restringe las garantías constitucionales. La parte considerativa de esta disposición consigna que elementos disociadores de tendencias nazi-fascistas perturban gravemente la paz de la República procurando obstaculizar al gobierno el mantenimiento del orden. Es por todos conocida la génesis de ese decreto, y la propia Secretaría Presidencial, en un boletín dado a publicidad en la prensa, la funda en la acción de problemas de orden interno de la Universidad.

La opinión pública espontáneamente se ha solidarizado con las aspiraciones de los estudiantes en esta hora trágica en que la flor de la juventud de los países libres ofrendan sus vidas en defensa de los altos ideales de la humanidad y de la democracia, a cuya causa está afiliada nuestra patria.

Es por ello doloroso ver que el Primer Magistrado de la Nación, sin duda basado en informaciones inexactas, tendenciosas e interesadas, haya lanzado a la juventud el grave cargo de nazi-fascismo.​ La juventud, señor Presidente, jamás vibra al impulso de mezquinas tendencias y, por el contrario, interpreta y encarna los ideales más limpios y las más nobles aspiraciones. La de Guatemala no es en este caso una excepción.

Convencidos de la pureza de los ideales de la juventud universitaria guatemalteca, nos sentimos obligados, como ciudadanos conscientes, a solidarizarnos plenamente con sus legítimas aspiraciones.

Es así como, movidos tan sólo por nuestro fervoroso patriotismo, venimos a rogar la ilustrada atención de usted acerca de los apremios de la hora actual y del imperativo del deber, sentido por todos, de que el Gobierno se encauce hacia metas prometedoras que aseguren el derecho y satisfagan las legítimas aspiraciones de la familia guatemalteca. El decreto de suspensión de garantías ha venido a crear una situación de intranquilidad y zozobra que agudiza la angustia de la hora en que vive la humanidad, en vez de asegurar la paz y el orden que pareció inspirarlo.

La restricción de garantías crea una situación de hecho, en la cual el pueblo carece de medios legales para manifestar sus justos anhelos y es susceptible de provocar consecuencias funestas que, como guatemaltecos conscientes, seríamos los primeros en deplorar.

Ante un régimen de derecho, la ciudadanía actúa dentro de la legalidad. Una situación de hecho engendra, tarde o temprano, una reacción de violencia. Con toda hidalguía reconocemos que la actual administración presidida por usted ha hecho, en lo material, obra constructiva. Empero, su labor, como todo lo humano, no ha llegado a satisfacer muchas aspiraciones populares por falta de medios de libre expresión.

Alrededor de los gobernantes actúan y medran fuerzas burocráticas e intereses creados que se fortalecen con el transcurso de los años y que llevan al mandatario visiones falseadas de la realidad ambiente. Por esta razón debe desconfiarse siempre de las “adhesiones” que, nacidas del temor o del interés, llegan hasta el gobernante a través del mecanismo oficial, las cuales jamás presentan el auténtico “sentimiento popular”. Seguramente corresponderá a usted aquilatar muy pronto el valor de tales “adhesiones”, a diferencia de la genuina sinceridad que nos anima.

Guatemala no puede substraerse a los imperativos democráticos de la época. Es imposible frustrar con medidas coercitivas los incontenibles impulsos de la generosa ideología que está reafirmándose en la conciencia universal a través de la más sangrienta de las luchas libradas entre la opresión y la libertad.

Estamos seguros, señor Presidente, de que su espíritu comprensivo acogerá la presente gestión con el mismo interés patriótico que nos mueve a dirigírsela. Confiados en él, pedimos lo siguiente:

        1. El restablecimiento de las garantías suspendidas, para que el pueblo pueda gozar, sin demora, de la plenitud de sus derechos constitucionales; y
        2. Dictar las disposiciones pertinentes a fin de que tales garantías tengan plena efectividad.

Guatemala, 22 de junio de 1944.4

Este memorial fue redactado en casa del doctor Julio Bianchi y firmado por 311 personas en total, entre quienes figuraban destacadas personalidades de la sociedad guatemalteca, como el Dr. Carlos Federico Mora y estudiantes universitarios, como el futuro presidente Julio César Méndez Montenegro. Sin embargo, la carta no tuvo la respuesta que esperaban los firmantes, sino que al contrario, produjo una represión violenta contra manifestantes, que resultó en la muerte de la profesora María Chinchilla el 25 de junio, y que a la larga, resultaría en la renuncia del general Ubico el 1 de julio de 1944.4-5


BIBLIOGRAFIA:

  1. De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  2. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista en latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944. El Salvador: En La Universidad. pp. 52,53.
  3. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. p. CLXXIX.
  4. Estrada, A. (1979). Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. pp. 559-574.
  5. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.

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25 de junio de 1944: muere la profesora María Chinchilla

Muere la profesora María Chinchilla durante una manifestación de maestros en contra el régimen del general Jorge Ubico

25junio1944

La respuesta del gobierno del general Jorge Ubico a la carta de los 311 que recibió el 22 de junio de 1944 con relación a las garantías constitucionales no fue positiva.  Inicialmente había mandado a llamar a un grupo de representantes de los 311 para negociar una salida pacífica al problema de las protestas generalizadas que se estaban dando en la ciudad, pero no se llegó a ningun acuerdo, pues los ciudadanos querían la restitución de las garantías, mientras que el presidente y el gobierno se empecinaban en suspenderlas.  El 25 de junio de 1944 el gobierno accedió a dialogar con los ciudadanos nuevamente, esta vez con el Cuerpo Diplomático como mediador pero mientras estaban reunidos en el Palacio Nacional la policía y el ejército dispararon indiscriminadamente contra los protestantes, hiriendo a la senora Julieta Castro de Rölz Bennett y matando a la profesora María Chinchilla Recinos.1

Ante esta situacion, los miembros de la comision se dieron cuenta de que iban a ser perseguidos y enviaron una misiva al presidente el 26 de junio, en donde describían los hechos antes mencionados, aceptaban sus responsabilidades, y le exigían al presidente su renuncia al cargo como una «solución patriótica y conveniente«. He aquí la carta de aquel 26 de junio:1

Señor Presidente de la República:

El día sábado 24 de junio, a las dieciséis horas, se presentó a usted un memorial suscrito por más de trescientas personas pidiéndole: a) el restablecimiento, sin demora, de las garantías constitucionales; y b) la plena efectividad de tales garantías. Hicieron la entrega de ese memorial, en nombre de los firmantes, los licenciados Federico Carbonell y Jorge A. Serrano, quienes, al día siguiente en la mañana, fueron llamados al Palacio Nacional con el objeto de que reunieran a un grupo de personas firmantes de la solicitud, a fin de discutir la forma más conveniente y patriótica de conjurar la gravísima situación creada en el país. Atendiendo esa insinuación y guiados únicamente por móviles del más puro interés patriótico, celebramos una junta con los secretarios Salazar, Anzueto, Sáenz de Tejada, González Campo y Rivas, y como única gestión posible por nuestra parte ofrecimos acercarnos a los diversos sectores representados en las manifestaciones populares, con el objeto de conocer en forma precisa todas y cada una de sus aspiraciones y transmitirlas al Gobierno de la República. Con ese exclusivo propósito solicitamos que se nos otorgaran por escrito las garantías necesarias: seguridad personal, libertad de prensa, de asociación y de libre expresión de palabra. Ninguna de ellas nos fue concedida, y el acta, que principiaba a redactarse, quedó inconclusa ante la imposibilidad de conciliar dos criterios totalmente opuestos: el nuestro, que consideraba indispensable para solucionar la aguda crisis del país la obtención de los medios indicados; y el del Gobierno, que apelaba a mantener inalterable la situación de fuerza creada por la suspensión de garantías y que se negaba a otorgarnos en lo personal las seguridades por escrito que tan de buena fe le solicitábamos.

En vista de tales circunstancias, dimos por concluida nuestra misión.

En la tarde del propio día de ayer, el Honorable Cuerpo Diplomático acreditado en el país se sirvió convocarnos al edificio de la embajada norteamericana para comunicarnos que el Gobierno de la República había solicitado abocarse con nosotros y conocer si estábamos en disposición de reanudar las conversaciones suspendidas esa mañana. Ante la situación, cada vez más tirante, y a pesar de que ya eran conocidos de todos los incalificables atropellos del mediodía, aceptamos la iniciativa del Gobierno y acudimos nuevamente a Palacio. Encontramos la misma actitud de intransigencia de parte de la Delegación del Gobierno, formada por algunos secretarios de Estado y de la Presidencia. Fueron inútiles todos nuestros razonamientos y esfuerzos por lograr del Gobierno las facilidades que pudieran acercarnos al éxito de la misión que se quería confiarnos y que, por aquellos deplorables sucesos, aparecía cada vez más remoto. Llegados a este punto, solicitamos entrevistarnos directamente con usted esperando encontrar mayor armonía con nuestro criterio.

Usted, señor Presidente, recordará todas nuestras observaciones: la insistencia sincera y razonada con que le hicimos ver el origen popular y espontáneo del movimiento reivindicador que conmueve al país, provocado por los largos años en que el pueblo se ha visto privado del ejercicio de sus derechos; la necesidad ingente de restablecer las garantías ciudadanas; el distanciamiento real en que se ha mantenido usted del pueblo, debido a la falta absoluta de medios de libre expresión; de haberse creado hacia usted, en el país, por su actuación y la de sus colaboradores, más que un sentimiento de respeto, uno de temor individual e inseguridad social; la inconveniente centralización de las funciones públicas; el desequilibrio que significa la existencia de un Gobierno rico frente a un Pueblo pobre; la justificada impaciencia del pueblo de Guatemala ante la inmutabilidad de su Gobierno por el largo espacio de catorce años; su sistema de gobierno en pugna con las realidades del presente; la resistencia de su Administración a realizar las necesarias reformas sociales; los abusos de autoridad reiteradamente cometidos durante su administración; los perturbadores intereses creados entre sus servidores que han contribuido a falsearle la realidad ambiente; y, en fin, señor Presidente, todas aquellas circunstancias que han llevado al país a la presente situación de unánime protesta pública.

En un principio, nuestras esperanzas se vieron alentadas por la actitud receptiva de usted ante la franqueza de nuestras expresiones, ante la sinceridad de nuestros propósitos y ante el común interés patriótico que en usted suponíamos. Nos manifestó usted que la única forma de gobernar al país es la que usted ha puesto en práctica; que no restituiría las garantías constitucionales; que la libertad de imprenta suponía la inseguridad del Gobierno; que la organización de partidos políticos de oposición era incompatible con el orden público y que no los permitiría mientras estuviera en el poder; que el actual movimiento de opinión tiene su origen en corrientes ideológicas que vienen de fuera. Ante nuestra más profunda sorpresa afirmó usted que, por su prestigio y experiencia gubernativa, su alejamiento del poder significaría el caos para Guatemala, dándonos la impresión de conceptuarse insustituible al frente de los destinos del país. Le reiteramos la solicitud ya hecha al Gabinete, de todos los medios necesarios para ponernos en contacto con la opinión pública y traerle una clara expresión de los deseos ciudadanos. Accedió usted únicamente a que, sin hacer reunión de clase alguna, nos pusiéramos en contacto en forma individual con personas de los distintos sectores y le transmitiésemos las verdaderas aspiraciones del pueblo guatemalteco. Para el debido cumplimiento de nuestra gestión patriótica, y con la única garantía que nos fue concedida por usted, salimos del Palacio a cumplir la misión que voluntariamente nos habíamos impuesto.

¡Cuál sería nuestra sorpresa al darnos cuenta de que, mientras parlamentábamos en Palacio, y el Honorable Cuerpo Diplomático estaba dedicado a las nobles funciones de Mediador, la Policía y la tropa acribillaban a balazos a hombres, mujeres y niños que pacíficamente desfilaban por las calles, entre cuyas damas se contaba doña Julieta Castro de Rölz Bennett, esposa de uno de nosotros!

La indignación general por tan reprobables hechos era profunda e incontenible. La sangre de las víctimas robustecía las ansias de libertad. Considerábamos que la crueldad de la fuerza pública era insuperable obstáculo a nuestros propósitos, y así quedó confirmado al entrevistarnos con personas de los diferentes sectores sociales.

Con tan dolorosa convicción volvimos a presencia del Cuerpo Diplomático y le expusimos el fracaso de nuestras gestiones, debido a los últimos acontecimientos, de los cuales ya estaba enterado ese Honorable Cuerpo, cuyos sentimientos humanitarios fueron de nuevo evidenciados.

Esta mañana a las nueve horas fuimos llamados por el señor director general de Policía, quien, en cumplimiento de las instrucciones recibidas del señor Secretario de la Presidencia, nos notificó que la autorización que usted nos había otorgado quedaba sin efecto y que tendríamos que atenernos a las consecuencias emanadas del decreto de suspensión de garantías. La misión patriótica que habíamos aceptado quedaba definitivamente concluida por disposición del Gobierno.

Como obligada consecuencia de los hechos narrados, consideramos que es nuestro deber ineludible, según lo acordado con usted, llevar a su conocimiento la expresión inequívoca de los anhelos populares que hemos podido palpar y que son el verdadero origen de la situación angustiosa por que atraviesa Guatemala. Tales aspiraciones se concretan visiblemente, palmariamente y de manera incontrovertible en la necesidad sentida por todos, como única solución patriótica y conveniente, la de que usted renuncie de forma legal a la Presidencia de la República.

Protestamos al señor Presidente, en nuestra más alta calidad de ciudadanos, que lo que dejamos expuesto se ciñe por entero a la realidad de los hechos y del momento que vive nuestra Patria.

Guatemala, 26 de junio de 1944.1

Curiosamente, ese mismo día, el presidente Ubico emitió un decreto por el cual expropió y nacionalizó un considerable número de fincas de café a ciudadanos alemanes por presiones del gobierno de los Estados Unidos que todavía estaba en guerra con el régimen nacionalsocialista alemán.  Por ese decreto quedaron expropiados y nacionalizados los bonos, acciones y participaciones que nacionales alemanes tenían en alguna o algunas de las fincas que se expropiarion.Entre los propietarios estaban: Kurt Lindener, Sapper & Co. Ltda., Alfredo Schlehauff, José Alf, Emma de F. Forst, Dieseldorff & Co. Sucs., Otto Hussmann, Carlos y E. Hussmann, Rodolfo Sterkel, Rob Schlehauff, Máximo Wohlers, Hugo Droege, Otto Noak, Buschel & Co., Emilio Sterkel, Netty Hussmann, Herederos Hussmann, Nottebohm Hnos., Federico Koper, Hered M. Nowakowski, Conrado Morjan, Rodolfo Reiffen, J. v. de Peitzner, Elsie de Suckau, Alfredo C. Steffen, Herbert Herman y Hno., Carlota Herman, Oscar Lang, Jorge y Fritz Albrecht, Fresse y Rubien, Selma K. de Ockelmann, Máximo Bregartner, Asseburg & Co., J. Franco. Hastedt Suc., Conrado Franke, Giessemann & Co., Federico Hartleben, Otto Jauch, Krische Hnos., Alfredo C. Steffen, Pablo Jelckmann, Alberto Hartleben, Herederos de Max. Mahler y Berta Kauffman & Co.2

Tras unos cuantos días más de protestas, el presidente Ubico renunció el 1 de julio.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Brolo, Javier (2012). «Carta de los 311»Blog de Javier Brolo. Archivado desde el original el 6 de octubre de 2014.
  2. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. pp. 401-402.
  3. Ibid., p. CLXXXII,CLXXXIII

4 de julio de 1944: Ponce Vaides obliga a Asamblea a nombrarlo presidente interino

El triunviro general Federico Ponce Vaides obliga a la Asamblea Legislativa en sesiones extraordinarias a nombrarlo presidente interino

4julio1944
El Palacio Nacional de la Ciudad de Guatemala en la época en que Ponce Vaides exigió ser designado presidente interino.  En el recuadro:  retrato del gobernante guatemalteco.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Contrario a la opinión popular la Revolución de Octubre de 1944 no derrocó al general Jorge Ubico, sino que a su sucesor, el general Federico Ponce Vaides.

Debido a que los Estados Unidos estaban inmersos en la Segunda Guerra Mundial, Ubico no contaba con su principal aliado, la United Fruit Company, ya que ésta había tenido que proporcionar a la marina estadounidense su flota mercante «Great White Fleet» y estaba sufriendo pérdidas considerables cuando los alemanes hundían sus buques.  Los regímenes dictatoriales que apoyaba en Centroamérica empezaron a debilitarse, y así cayó primero el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador en mayo de 1944 tras graves protestas populares en San Salvador.1 La inestabilidad social se extendió a la capital de Guatemala y Ubico entonces perdió el control de la situación ante una ola de protestas contra su régimen y prefirió renunciar el 1 de julio de 1944.2

En su lugar, dejó a los tres generales de menor capacidad que pudo encontrar: Federico Ponce, Trinidad Oliva y Buenaventura Pineda,3 en lo que algunos historiadores consideran como un castigo para Guatemala por pedirle su renuncia, y otros como un juego politico de Roderico Anzueto, quien pensaba utilizar a los triunviros a su antojo.4

Ya en el poder, a los triunviros les correspondía llamar a elecciones, lo cual fue aprovechado por los activistas civiles que se habían movilizado para derrocar el gobierno de Ubico para exigir a la asamblea que se designara como presidente interino al Dr. Carlos Federico Mora, reconocido profesional universitario. Llegaron incluso a enviar comisiones para ir a traer a cada uno de los diputados que faltaban para hacer quorum a su casa de habitación. Ya con los diputados necesarios, el acto de la Asamblea Legislativa se estaba desarrollando con toda intensidad, cuando ingresó al recinto legislativo un contingente de soldados al mando del coronel Alfredo Castañeda y una compañía de Cadetes de la Escuela Politécnica al mando del capitán Jacobo Árbenz Guzmán y ordenaron a todos los presentes desalojar el recinto. Tras el desalojo forzado de la Asamblea, los militares impidieron a los diputados que se retiraran, y éstos designaron al general Ponce Vaides como presidente, en una sesión a puerta cerrada.5

Reproducimos a continuación los importantes decretos que la Asamblea Legislativa emitió aquel día en sesión extraordinaria.  El primero corresponde a la renuncia de los tres designados a la presidencia, y el nombramiento del general Ponce Vaides como Primer Designado:

Decreto Número 2805 

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala,

Considerando: que son justas las razones expuestas por los senores Designados a la Presidencia de la República,para renunciar de los cargos para los cuales fueron electos, ciudadanos General Demetrio R., Maldonado B. senor Carlos Herrera DoriónNota y General Pedro Reyes Reynelas. Por tanto, decreta:

Se aceptan las renuncias presentadas, dando a tan altos dignatarios, los agradecimientos por los servicios nombrados y nombra para que los sustituyan a los ciudadanos General Federico Ponce Vaides, General Domingo Solares S., y Doctor Ramón Calderón, Primero, Segundo y Tercer Designados a la Presidencia de la República, respectivamente.6

El segundo decreto le entregó el poder al general Ponce como Presidente Interino:

Decreto Número 2806

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala,

Considerando: que las razones en que basa su renuncia del cargo de Presidente de la República el ciudadano General Jorge Ubico, son atendibles, es el caso de aceptarla.  Por tanto, decreta:

Artículo 1°. Se admite la renuncia que del cargo de Presidente de la República presentó ante la Asamblea Legislativa el ciudadano General Jorge Ubico, a quien se expresan los agradecimientos por los importantes servicios prestados en el mismo.

Artículo 2°. La Asamblea Legislativa procederá a dar posesión de la Presidencia de la República al Primer Designado, ciudadano General Federico Ponce Vaides, para los efectos que prescribe la Constitución.7

A los pocos días de haber llegado al poder, el nuevo presidente obligó a los indígenas que vivían en la capital del país a desfilar con garrotes para intimidar a la población civil.  Sin embargo, a pesar de estar demostraciones de poder, el gobierno de Ponce sería derrocado por la revolución del 20 de octubre de 1944.5


NOTAS:

BIBLIOGRAFIA:

  1. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944.  El Salvador: En La Universidad. p. 52.
  2. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. pp. CLXXIX-CLXXXII.
  3. Ibid, p. CLXXXIII.
  4. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989). Tomo 1: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica.
  5. Pinelo López, Marco Tulio; Arredondo Crasborn, Iván (24 de febrero de 2012). «Origen de la celebración del día del normalista – 25 de septiembre». Servicios Técnicos Arredondo (Petén, Guatemala).
  6. Méndez, Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. pp. 309-310.
  7. Ibid, p. 310.

28 de julio de 1889: nace Carlos Federico Mora

Nace el eminente médico y catedrático Carlos Federico Mora

28julio1889
Retrato del Dr. Carlos Federico Mora.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El doctor Carlos Federico Mora Portillo fue hijo de Ángela Portillo y de Enecón Mora y realizó sus estudios de secundaria en la Escuela Politécnica y en el Instituto Nacional Central para Varones.  Tras graduarse hizo sus estudios universitarios en la Escuela Facultativa de Medicina y Farmacia en la Ciudad de Guatemala, graduándose de médico el 24 de abril de 1916 con su trabajo de tesis «Consideraciones médico-legales sobre el Código Penal de Guatemala», la cual mereció el segundo lugar del Premio «José Felipe Flores» que otorgaba esa facultad en honor a uno de los mejores médicos coloniales de Guatemala.1

Mora estuvo becado en México, donde efectuó investigaciones contra la rabia y luego prestó servicio médico militar en Puerto Barrios y en el Puerto de San José. Posteriormente realizó un posgrado en la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, donde empezó su formación en ciencias de la conducta y trabajó con John B. Watson, quien influyó en su enfoque experimental de la psiquiatría. Después continuó sus estudios en el Instituto de Medicina Legal de Psiquiatría de París, Francia, y en Roma, en donde estudió la Psicología de los delincuentes. Entre sus profesores estuvieron renombrados médicos y psicólogos como Sigmund Freud, Carl Gustav Jung, Alfred Adler y Julio von Jauregg.1,Nota a

Al regresar a Guatemala fue nombrado director del «Asilo de Alienados» -como se le llamaba entonces al hospital psiquiátrico-, donde se desempeñó de 1923 a 1927, período en el que inició la terapéutica psiquiátrica en el país, y empleó métodos como el absceso de fijación, la hidroterapia, la hipnosis y la malarioterapia.Nota b Asimismo, introdujo en el país el uso de las camisas de fuerza.1 Mientras estaba a cargo de este hospital, en septiembre de 1926 ocurrió la muerte repentina del presidente, general José María Orellana, en Antigua Guatemala y Mora fue uno de los médicos que fueron llamados para realizar la autopsia del fallecido.2

Durante el gobierno del general Lázaro Chacón, el doctor Mora estuvo activo en la docencia creando la Dirección General de Educación y el Consejo Nacional de Educación y promoviendo la Ley Orgánica y Reglamentaria del Personal Docente de la República, aprobada en 1927, la cual fue el antecedente de lo que sería el escalafón magisterial en Guatemala.  También fundó el servicio de Identificación en la Dirección General de la Policía y en 1927 fue trasladado a Hamburgo, Alemania, como cónsul y embajador de Guatemala.1

Mora regresó al país poco después y fue nombrado Ministro de Educación por el general Chacón.1  Sin embargo, la situación económica del país era crítica debido a los efectos de la Gran Depresión en el precio del café, y el gabinete ministerial sufrió varios cambios en 1930; eventualmente, debido a la presión, el 12 de diciembre de 1930, el general Chacón sufrió un derrame cerebral, que lo obligó a renunciar a la presidencia;3 nuevamente, Mora fue llamado para conformar el grupo de médicos que evaluó la condición del presidente y dictaminó que éste no podía seguir en el poder.4

Tras la anarquía que siguió a la enfermedad de Chacón el gobierno de los Estados Unidos intervino para colocar a un presidente que protegiera los intereses estadounidenses en el país, y de esta cuenta resultó electo el general Jorge Ubico Castaneda, quien tomó posesión el 14 de febrero de 1931.5 El doctor Mora siguió trabjando para el gobierno durante el nuevo régimen, estableciendo la cátedra de Psicología en la Escuela Facultativa de Medicina, así como Medicina Legal en la Facultad de Derecho y Notariado en 1932, todo esto mientras estuvo trabajando en el «Asilo de Alienados«.1

Luego de un cambio en la política de los Estados Unidos para con los regímenes totalitarios en Centroamérica, el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez cayó en mayo de 1944 tras varios movimientos civiles en su contra, los que se extendieron a Guatemala.6 De este forma, hubo levantamientos contra el régimen de Ubico en la Ciudad de Guatemala, lo que obligó al presidente a restringir las garantías constitucionesl; entonces, el 22 de junio de 1944 311 ciudadanos firmaron un memorial solicitando al presidente Jorge Ubico Castañeda la reinstauración de dichas garantías.  El Doctor Mora fue uno de los firmantes de dicho documento.7

Eventualmetne, las protestas condujeron a la renuncia de Ubico Castañeda el 1 de julio de 1944, quien dejó en su lugar a un triunvirato militar encabezado por el general Federico Ponce Vaides, quien debía llamar a elecciones. De esta forma, el 4 de julio el pueblo se presentó a las instalaciones de la Asamblea Legislativa y exigió que se designara al Dr. Mora como el presidente interino, pero su nombramiento no se llegó a dar ya que Ponce Vaides envió un destacamento militar que desalojó la sala con amenazas de disparar, y luego obligó a los miembros de la Asamblea a nombrar al propio Ponce Vaides como Presidente del República.8,Nota c

El gobierno de Ponce Vaides a su vez fue derrocado por la Revolución Cívico-Militar del 20 de octubre, tras lo cual el doctor Mora fue nombrado Rector de la Universidad Nacional, y estuvo a cargo de palabras de agradecimiento en el acto en el que le fue conferida autonomía a la Universidad de San Carlos el 1 de diciembre de 1944.1,9

Mora continuó con su larga y fructífera carrera como docente universitario hasta 1970, falleciendo el sábado 9 de septiembre de 1972, a los 83 años, víctima de un accidente cerebrovascular. Fue sepultado en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.1


NOTAS:

    • a: ganador Premio Nobel de Medicina de 1927.
    • b: técnica desarrollada por von Jauregg y que utilizaba la fiebre provocada por la malaria para tratar la parálisis general progresiva.
    • c: el capitán al mando del destacamento de la Escuela Politécnica que ayudó a desalojar el Congreso fue Jacobo Arbenz Guzmán.

BIBLIOGRAFIA:

    1. Villalobos Viato, Roberto (18 de enero de 2015). «Una mente brillante». Prensa Libre (Guatemala).
    2. Mora, Federico (2 de octubre de 1926) “Autopsia al cadáver del general Orellana”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
    3. Nuestro Diario (13 de diciembre de 1930). «Comité de médicos evalúa estado de saludo del señor Presidente de la República». (Guatemala).
    4. Mora, Carlos F. et. al. (12 de diciembre de 1930) “Acta de los médicos en que se declara la imposibilidad del general Chacón para seguir en la presidencia de la República“. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
    5. Department of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. Estados Unidos: Department of State. pp. 172-190.
    6. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944 El Salvador: En La Universidad. p. 52.
    7. Brolo, Javier (26 de octubre de 2012). «Carta de los 311». Blog de Javier Brolo. Archivado desde el original el 2 de junio de 2014.
    8. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica.
    9. Junta Revolucionaria de Gobierno (1944) Decreto No. 12. Guatemala: Tipografía Nacional.

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