7 de junio de 1872: el encargado de la presidencia provisoria, teniente general J. Rufino Barrios, decreta la expropiación de los bienes a las órdenes regulares de la Iglesia Católica

Acto de Crucifixión celebrado en una parroquia de Guatemala a finales del siglo XIX.  Aunque la élite criolla liberal se expulsó al clero regular y redujo al mínimo los privilegios del clero secular, las manifestaciones de fe entre la poblaciónse mantuvieron. Fotografía de Juan José de Jesús Yas, tomada de Wikimedia Commons.

Siendo teniente general del ejército y encargado de la presidencia del gobierno de facto provisorio de la República por ausencia del general Miguel García Granados, el 24 de mayo de 1872, J. Rufino Barrios confiscó algunas propiedades de los religiosos y suprimió a los jesuitas y a otras órdenes regulares. Siendo originario de San Marcos, Barrios era un criollo liberal descendiente de aquellos que intentaron formar el Estado de Los Altos cuando el gobierno conservador apoyado por el general Rafael Carrera tomó el poder en Guatemala; sabiendo que el principal aliado de los conservadores era el clero regular, decidió minar el poderío económico de la iglesia.

He aquí un resumen de las órdenes afectadas:

Orden Logo Tipo de clero Propiedades
expropiadas
Orden de Predicadores Orderofpreachears.png Regular
  • Conventos
  • Haciendas
  • Ingenios azucareros
  • Doctrinas y tierras de indios
Mercedarios Coat of Arms of the Mercedarians.svg Regular
  • Conventos
  • Haciendas
  • Ingenios azucareros
  • Doctrinas
Compañía de Jesús Ihs-logo.svg Regular Los jesuitas habían sido expulsados de Guatemala por el rey de España Carlos III en 1765, pero regresaron durante el gobierno de Rafael Carrera para encargarse de la educación. Cuando fueron expulsado en septiembre de 1871 no tenían mayores posesiones en Guatemala.
Recoletos Dictionarium Annamiticum Lusitanum et Latinum, Propaganda Fide seal.png Regular Conventos
Concepcionistas OrdoIC.jpg Regular Conventos y haciendas
Arquidiócesis de Guatemala Secular Colegio y Seminario Tridentino de Nuestra Señora de la Asunción
Congregación de San Felipe Neri S. F. Nerist.JPG Secular Templo y residencia en Ciudad de Guatemala destruidos hasta sus cimientos.

Cuando el pueblo católico protestó estas disposiciones, Barrios promulgó el siguiente decreto, por medio del cual el ejército ocupó los edificios de las órdenes regulares, y le dio el ultimátum a los religiosos que si querían permanecer en el país que fueran secularizados (es decir, que se convirtieran en curas párrocos y abandonaran el hábito de la orden regular a la que pertenecían):

Decreto N°. 64

Considerando: Que las comunidades de Religiosos carecen de objeto en la República, pues no son las depositarías del Saber, ni un elemento eficaz para morijerar las costumbres;

Que no pudiendo ya como en los siglos medios prestar importantes servicios a la sociedad, los trascendentales defectos inherentes a las asociaciones de esta clase, se hacen mas sensibles, sin que de modo alguno sean excusables;

Que dichos institutos son por naturaleza refractarios a las reformas conquistadas por la civilización moderna, que proscribe la teocracia en nombre de la libertad, del progreso y de la soberanía del pueblo;

Que sustrayéndose en el orden económico a las leyes naturales y bienhechoras de la producción y del consumo, constituyen una excepción injustificable que gravita sobre las clases productoras:

Que debiendo las referidas comunidades su existencia a la ley, a esta corresponde estinguirlas, y de consiguiente disponer en beneficio público de los bienes que poseen;

Y que atendiendo a los principios que presiden á la revolución democrática de Guatemala, es una consecuencia ineludible la extinción de las Comunidades de Religiosos, y al decretarla, un deber del gobierno proporcionar a éstos los medios necesarios para el sostenimiento de su nueva posición social, tengo á bien decretar y

DECRETO:

Art. 1. – Quedan extinguidas en la República las comunidades de Religiosos.

Art. 2. – Se declaran nacionales los bienes que poseen y usufructúan.

Art. 3. – Estos bienes y sus productos se dedicarán de preferencia a sostener y desarrollar la instrucción pública gratuita.

Art. 4. – Los Religiosos exclaustrados quedan en absoluta libertad de residir donde les convenga, o de salir de la República, si así lo quisieren. Podrán adquirir bienes, disponer de ellos en vida o por testamento, tratar y contratar y gozar de todos los derechos que las ley- conceden al resto de los habitantes, sin más limitaciones que las que impone su estado á los eclesiásticos seculares.

Art. 5. – A los Religiosos que deseen salir de la República, se les costeará el viático necesario, y los que prefieran residir en ella, quedan por el mismo hecho secularizados,
no podiendo usar hábito ni distintivo de religioso.

Art. 6. – Las iglesias de las comunidades se conservarán con sus respectivas advocaciones y títulos, lo mismo que con sus vasos sagrados, alhajas, ornamentos y todo cuanto
esté destinado al Culto. En cada una de dichas Iglesias se erigirá una parroquia, a cuyo sostenimiento contribuirá el Gobierno.

Art. 7. – Las librerías de los conventos pasarán a la Biblioteca de la Universidad.

Art. 8. – La hacienda pública pagará, durante un año, a los Religiosos exclaustrados, que aun no se hayan ordenado de Presbíteros, los impedidos de ejercer su ministerio por ancianidad o enfermedad, una pensión de veinticinco pesos al mes, entregándoles la primera mensualidad el mismo dia en que se verifique la exclaustración.

Art. 9.- El Ministro del ramo queda encargado de la ejecución de este decreto, dando al efecto las instrucciones convenientes al Jete Político de este departamento y al Administrador General de Rentas.

Dado en Guatemala, a siete de junio de mil ochocientos setenta y dos

  • J. Rufino Barrios, Teniente general del ejército y Encargado de la Presidencia del Gobierno Provisorio de la República
  • Marco Aurelio Soto, ministro del ramo

BIBLIOGRAFIA:

4 de junio de 1873: el general Miguel Garcia Granados entrega el poder al general J. Rufino Barrios

Retrato de Miguel García Granados que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general Miguel García Granados y Zavala era un criollo muy particular, a quien algunos historiadores han definido como un “aristócrata liberal“. Don Miguel había nacido en Espana y pertenecía a las familias aristocráticas (conocidas en su época como “las familias” o “clan Aycinena“) que conformaron el partido conservador después de la Independencia de Centroamérica, combatió a las fuerzas de los liberales peleando bajo las órdenes de Manuel José Arce, y sufrió el despojo de buena parte de sus bienes por parte Francisco Morazán cuando éste invadió a Guatemala en 1829 y expulsó a los aristócratas del territorio de Centroamerica.  Pero, a diferencia de los Aycinena, a él y a su familia se le permitió permanecer en Guatemala;  en esa época se alió con los criollos liberales, encabezados por Francisco Barrundia  y poco a poco se fue ganando su confianza, ya que recelaban de él por ser aristócrata. 

Cuando los conservadores tomaron el poder en 1840, García Granados permanecio en Guatemala y era crítico de la labor del general presidente Rafael Carrera hasta que un día, luego de una fuerte crónica de don Miguel contra el presidente, durante un elegante almuerzo en el Palacio de Gobierno se produjo el siguiente dialogo entre el genral Carrera y el entonces teniente coronel José Víctor Zavala, quien por cierto, era primo de García Granados:

Estimado Coronel – dijo Carrera -, ¿usted cree que los suenos  nos avisan algo?

General – contestó Zavala, que era un hombre muy preparado – sé de buena fuente que ha habido estudios al respecto, y que en efecto, es posible que los sueños nos digan cosas.  Si me permite preguntarle, ¿por qué le interesan los suenos?

Es que figúrese Ud., coronel, que anoche en mi sueño yo tenía preso aquí en el Palacio a don Miguel, a quien tanto estimamos, y le ordenaba a mi guardia personal que lo condujera al paredón que está aquí detrás del comedor para que lo pasaran por las armas.  Me desperté muy sobresaltado por lo que había hecho y en eso me di cuenta de que se trataba solamente de un sueño.

Todos los presentes, incluyendo García Granados comprendieron a cabalidad el significado del supuesto sueño, pero nadie hizo comentario alguno al respecto.  Algunas horas después, uno de los criollos aristócratas presentes en el almuerzo llegó a la mansión de don Miguel y le dijo que lo más prudente era que partiera en el acto, o que de lo contrario, se cumpliría el sueño.  García Granados y su familia salieron a lomo de mula de Guatemala ese mismo día.

En el exilio, García Granados estrecho sus lazos con los criollos liberales y, logro un lugar preponderante entre ellos cuando propuso que, cuando se recobrara el poder en Guatemala, se hiciera una profunda reforma agrarian para establecer grandes plantaciones de café, y se utilizara a la enorme población indígena del país para la mano de obra que requería dicho cultivo a gran escala  Este plan quedó pospuesto por varios años, ya que Carrera tenía bajo control la situacion en Guatemala, Honduras y El Salvador, además de pactos con los líderes indígenas locales.  Pero tras la muerte del “Caudillo adorado de los pueblos” en 1865, y la de los principales criollos conservadores como el marqués Juan José de Aycinena, el poder del gobierno conservador se fue debilitando y finalmente los liberales recobraron el poder en 1871.  García Granados regresó a Guatemala después de la muerte de Carrera y encabezó movimientos rebeldes por lo que fue hecho prisionero en el Fuerte de San José durante un tiempo.

Como García Granados había propuesto el plan de la reforma agraria para el cultivo del café, fue nombrado como presidente provisorio de Guatemala en el Acta de Patzicía, a pesar de que ya contaba con una edad avanzada.  Sin embargo, dados sus fuertes lazos de consanguinidad con los criollos aristócratas y su escasa disciplina para atender los asuntos de estado (pues llegaba a su despacho pasado del medio día después de una larga noche de tertulia), las reformas que los liberales querían establecer no avanzaban con la prontitud deseada.  Esto no le pareció a sus correligionarios, en especial al joven e impetuoso J. Rufino Barrios, quienes decidieron sustituir al presidente.

Y así se hizo.  El 4 de junio de 1873, García Granados dejo el poder en manos de su joven sucesor, con instrucciones de que convocara a una Asamblea Constituyente lo antes posible para establecer una nueva constitución, ya que él no habia podido hacerlo debido a las constantes rebeliones en el oriente del pais (obviando en su solicitud mención alguna a su escasa aplicacion a los asuntos de Estado).  Ya en el poder, Barrios emprendió profundas reformas para favorecer el cultivo del café y la economía de sus correligionarios amparando en  el Acta de Patzicía, y por fin convoco a una Asamblea Constituyente en 1878.

BIBLIOGRAFIA:

3 de junio de 1871: los rebeldes liberales desconocen al gobierno constitucional del Mariscal Vicente Cerna y nombran presidente provisorio interino a Miguel García Granados en Patzicía

Finca El Naranjo, en las afueras de la Ciudad de Guatemala en la época en la que se firmó el Acta de Patzicia.  Imagen tomada de Wikimeida Commons.

Tras iniciar la invasion por el occidente de Guatemala en abril de 1871, el ejército liberal rebelde fue obteniendo fáciles victorias, y engrosado sus filas con numerosas deserciones, en especial porque esa región era en la que los criollos liberales habían intentado formar el Estado de Los Altos en 1838, por lo que era parcial a la causa.  El gobierno del Mariscal Vicente Cerna se había mantenido en el poder gracias a la fuerte presencia de carácter de su antecessor, el general Rafael Carrera, pero tras seis años de la muerte del “Caudillo adorado de los pueblos“, dicha presencia se había debilitado considerablemente.

Cuando llegaron a Chimaltenango, los liberales confiaban en una victoria segura, por lo que emitieron la siguientes Acta el 3 de junio:

En la Villa de Patzicía a tres de Junio de mil ochocientos setenta y uno, los Jefes y Oficiales del Ejército Libertador reunidos en Consejo, motu propio, y

CONSIDERANDO:

  1. Que el gobierno oligárquico y tiránico del Presidente Cerna se ha hecho intolerable a la Nación por sus repetidos actos arbitrarios y de crueldad y por la violación diaria de las leyes fundamentales de la República y en especial de la de garantías individuales.
  2. Que el Presidente Cerna es también usurpador, por cuanto se ha arrogado facultades que la ley de ninguna manera le concede, atacando la representación nacional y persiguiendo a sus miembros.
  3. Que ha arruinado la Hacienda pública y comprometido en 1o futuro la independencia del país, contratando un empréstito estranjero bajo bases ruinosas y sin facultades para ello,
  4. Que en tales casos los ciudadanos tienen no solamente el derecho sino también el deber de resistir la tiranía. Considerando además, que desde el mes de Abril hemos empuñado las armas con el loable objeto de libertar a la Nación de la tiranía que la oprime; todo bien considerado, hemos convenido en lo siguiente:

ARTICULO 1°.

Desconocemos al gobierno del tirano y usurpador D. Vicente Cerna

ARTICULO 2°.

Nombramos Presidente Provisorio de la República al General Sr. D. Miguel García Granados, ampliamente facultado para organizar el pais bajo las bases que el mismo general ha proclamado en su manifiesto de ocho de mayo próximo pasado.

ARTICULO 3°.

Queda igualmente facultado para cuando las circunstancias lo permitan, reunir una Asamblea Constituyente, que decrete la Carta fundamental que deba rejir definitivamente a la Nación.

ARTICULO 4°.

Todos los Jefes y Oficiales nos comprometemos bajo juramento a no dejar las armas de la mano hasta no haber llevado a debido efecto todos los puntos contenidos en esta acta.

  • General de Brigada, Rufino Barrios
  • (Siguen las firmas de otros oficiales rebeldes)

Esta es el Acta de Patzicía, escrita por los criollos liberales, con la cual gobernó el gobierno provisorio de facto de Miguel García Granados de 1871 a 1873, y luego el gobierno de J. Rufino Barrios de 1873 a 1879, aduciendo que no tenían tiempo para reunir a la Asamblea Nacional Legislativa que la misma acta sugiera. De esta cuenta, cuando por fin se emitió la Constitución de 1879, Barrios llevaba seis años en el poder, y apenas inició su primer período constitucional en 1880.

Los cambios que introdujeron los liberales incluyeron:

  • la expulsión y expropiación de bienes de las órdenes regulares de la Iglesia Catolita, principales terratenientes y miembros del partido consevador
  • derogación de los pactos que el gobierno de Carrera estableció con los campesinos indígenas de la República
  • introducción de la producción de café a gran escala y construcción de infraestructura ferroviaria para facilitarla
  • subasta de tierras ejidales de las comunidades indígenas para favorecer la formación de grandes fincas cafetaleras.

Es conveniente indicar que la “crueldad y tiranía” de Cerna mencionadas en el Acta, estaban dirigidas hacia los criollos liberales (como el caso del Mariscal Serapio Cruz -Tata Lapo- quien murió en batalla y cuya cabeza fue exhibida como trofeo por las tropas gubernamentales), pero que luego palidecerían comparadas con lo ocurrido con los perseguidos políticos durante los gobiernos liberales de Barrios, Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico.  Asimismo, la deuda incurrida con la casa extranjera sería una pequeña fracción de la enorme deuda que dejó el general José María Reina Barrios con los bancos ingleses al morir en 1898 tras el colapso del precio internacional del café y que obligaron a su sucesor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, a establecer una fuerte alianza con los Estados Unidos y evitar así una invasión inglesa para cobrar la deuda.  (Esa deuda la pagó el presidente Ubico el 30 de junio de 1944, luego de años de austeridad en el manejo de la cosa pública).

BIBLIGRAFIA:

18 de mayo de 1827: el presidente de la República Federal de Centro América, Manuel José Arce intentó atacar la plaza de San Salvador con 2000 efectivos, pero es derrotado y expulsado de El Salvador

Retrato del General Presidente Manuel José Arce. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la Independencia pacífica en 1821 y el fiasco de la efímera anexión al Imperio de Agustín de Iturbide, se formaron las Provincias Unidas del Centro de América y luego la República Federal de Centro América; pero para entonces la animosidad entre criollos conservadores y liberales era cada vez mayor y no tardó en desencadenarse la Guerra Civil Centroamericana entre ambos bandos. Puede decirse que la caída del gobierno de la República Federal de Centro América que se produjo luego de la invasión del general Francisco Morazán a Guatemala en 1829, tuvo su origen en la derrota que sufrió el general presidente Manuel José Arce en San Salvador el 18 de mayo de 1827. Dicha derrota la sufrió el presidente debido a su inexperiencia y su afinidad por los salvadoreños, ya que él era oriundo de ese Estado, lo que hizo que su tropa y oficialidad desconfiara de él e incluso desertara tras la derrota. Reproducimos a continuación cómo describe aquella debacle Miguel García Granados, quien peleó para el ejército guatemalteco en aquella oportunidad:

“El 17 de mayo salieron los salvadoreños de sus fortificaciones al mando de Don Tomás Alfaro, que no es military, y bajo la dirección de Saget. Cuando los dos ejércitos estuvieron a la vista, los salvadoreños se creyeron perdidos y lo estaban realmente: se recurrió a la perfidia, engañaron al Presidente con proposiciones de paz, el General salvadoreño pasó al campo del Presidente, y este le dictó un acomodamiento impracticable y peligroso: los dos ejércitos debían entrar juntos en San Salvador aquel día, y juntos, sin contar con el Vice-Jefe de aquel Estado, ni con autoridad alguna fuera de los militares, se daría el decreto de convocatoria para el Nuevo Congreso, segun los preliminaries de Nejapa. Alfaro sólo quería ganar tiempo para retirarse en seguridad, y ofreció al Presidente que iba a conferenciar con sus jefes y oficiales y que contestaría en el acto: la respuesta tardó en llegar, y se observó que los salvadoreños comenzaban a deslizarse, sin hacer la señal convenida de la negativa, que era un tiro de cañón: el Presidente en vez de atacarlos, envió un ayudante a requerir por la respuesta; entonces pasó Saget al campo del Presidente para excusar a su general, porque no había podido reducer a los oficiales a resolver sin el Gobierno: ofreció dar la respuesta al día siguiente, y el Presidente se dió por satisfecho con amanezarlos que en caso contrario atacaría la ciudad el 18.”

“Desde entonces comenzaron a disgustarse la oficialidad y tropas guatemaltecas: creyeron que el Presidente había renunciado a la victoria por ahorrar desgracias a sus paisanos: las opinions vulgares fueron menos favorables a Arce; él no había consultado en esta vez ni con su Segundo el general Cáscaras; poco antes, por una providencia de economía, él mismo en una restive general había dejado a las tropas sin más que una parade por plaza, y el soldado creyó que se le quería entregar al enemigo: la amenza de atacarlos otro día, fue pública, y el vulgo de la tropa lo interpretó como un aviso.”

“Y lo fué en efecto, bien que no haya sido esa la intención de Arce. Pero lo que debía haber causado peor efecto en el ejército ha debido ser el no haber atacado al enemigo el 17 y permitido que se retirase sano y salvo. La superioridad de la tropa federal sobre la salvadoreña era tal, que con la mitad de la fuerza que tenia Arce era segura la Victoria, y conseguida ésta la reistencia que podrían oponer los salvadoreños habría sido nula, y la guerra quedaba concluida. Tuvieron, pues razón la oficilidad y tropa de irritarse, y desde este momento, desconfiar de Arce. ¡Cómo es que los salvadoreños cometieron la torpeza de salir de sus atrincheramientos y presenter batalla al ejército federal, es lo que no tiene explicación, y la única que yo me doy a es que en nada comete la inexperiencia mayors desaciertos y torpezas, que en la guerra!”

Arce intentó tomar San Salvador a través de un foso de grandes dimensiones que detuvo a sus fuerzas, pues no llevaban materiales para terraplenarlo. Y, según cuenta García Granados, “el Presidente colocó las tropas a su orilla el tiempo necesario para llenarlo de cadáveres”. El presidente trató de mandar cargar la cabellería contra las trincheras y los fosos, y cuando vio que no se podia avanzar alguien le dijo “¡Llénenlo de hombres y caballos!”, pero Arce ordenó la retirada por ser imposible salvar el foso. A las cinco y media de la tarde “el reducto deApopa resonaba con los quejidos de más de doscientos heridos, más de cien muertos quedaron en Milingo. No todo el ejército pudo entrar en acción, pero en la retirada, desertó mucha parte de él, y con las bajas de muertos y heridos, podia calcularse un total de quinientos o seiscientos hombres; así, quedaba reducido como a mil cuatrocientos. Cuando el General Presidente ordenó la retirada se habían agotado las municiones y esta fue otra falta, porque no debió emprenderse el ataque sin tenerlas de sobre. Esto obligó al Presidente a retirarse de Apopa en la noche misma del 18 de mayo”.

BIBLIOGRAFIA:

 

9 de abril de 1873: se hacen las correcciones pertinentes al Reglamento de elección del Presidente de la República emitido por el presidente provisorio Miguel García Granados

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El templod de Santo Domingo durante la época en que J. Rufino Barrios fue electo presidente.  Poco después, su convento sería expropiado por el nuevo presidente y convertido en la Dirección General de Rentas.  Imagen tomada de El Porvenir de Centro América de 1892.

La relación entre Miguel García Granados y J. Rufino Barrios estaba muy lejos de ser cordial.  La rivalidad entre ambos líderes se originaba en cuestiones de clase social, ya que mientras García Granados era de ascendencia española y su familia pertenecía a la aristocracia más rancia de Guatemala, Barrios era un criollo hacendado que no veía con buenos ojos a los aristócratas que habían estado en el poder hasta 1871.

Originalmente, el plan de colocar a García Granados como presidente provisorio tenía como fin primordial conseguir una alianza estratégica con los criollos aristócratas, los cuales no tuvieron problema en pactar con el nuevo presidente, es especial en lo relativo a la isodlución de los pactos que el expresidente Rafael Carrera había establecido con los líderes indígenas de la República.  Los criollos conservadores habían tolerado dichos pactos porque no querían que ocurrieran las masacres que se dieron en Yucatán, cuando los indígenas se alzaron y aniquilaron a los europeos y sus descendientes, y porque ningun otro país latinoamericano estaba dispuesto a recibirlos por su orientación conservadora.

Pero lo criollos liberales no estaban de acuerdo con pactos que tomaran mucho tiempo, y presionaron a García Granados para que abandonara el poder en favor del mucho más joven Barrios, quien estaba dispuesto a reformar el país para beneficio suyo y de sus allegados.

La excusa para que García Granados dejara el poder estuvo en las constantes revueltas de los pueblos del oriente guatemalteco, que se resistían a aceptar a las nuevas autoridades, obligando al presidente provisorio a decretar el Estado de Sitio, y retrasando el proceso de redactar una nueva constitución de Guatemala, ya que los liberales la habían desconocido por medio del Acta de Patzicía.

El 29 de marzo, se emitió el siguiente decreto, que refleja la situación del país y el ansia de los liberales por salir del anciano presidente provisorio:

Decreto Num. 95

Considerando: que la intranquilidad en que ha stadoe y aun se encuentra el país no ha permitido a la Asamblea Constituyente emitir la ley fundamental que debe rejir definitivamente en la República;

Que, entre tanto, la prolongación del estado provisorio del Gobierno tiene inconvenientes graves, siendo el principal la falta de confianza que trae consigo una situación precaria y poco estable:

Que aun cuando no se haya emitido la ley fundamental, esto no es obstáculo para que la Nación elija desde luego al ciudadano que deba gobernarla en el primer período constitucional:

Que esta medida podrá en mucha parte contribuir a restablecer la confianza y volver la calma al país.  Todo bien considerado, y en virtud de las amplias facultades de que ha hallo investido.

DECRETO:

Artículo 1.° – Se convocará a la nación a que elije Presidente de la República, para el primer período constitucional.

Artículo 2.° – El electo entrará inmediatamente a ejercer sus funciones y durará en el ejercicio de ellas el tiempo que señale una ley fundmental, computado desde el día de la toma de posesión.

Artículo 3.° – Mientras dicha ley no se de, las atribuciones y poderes del Presidente, serán las que designa el acta de Patzicía al Presidente provisorio.

Artículo 4.° – Las actas de elección serán abiertas por la Asamblea Constituyente, cuyo Presidente la convocará al efecto, y se procederá en todo conforme al reglamento que en esta fecha se emite.

Dado en Guatemala a veintinueve de marzo de mil ochocientos setenta y tres.

Miguel García Granados

Marco Aurelio soto, Ministro de Gobernación, Justicia y Negocios Eclesiásticos

El reglamento mencionado adoleciía de varios defectos, los cuales fueron corregidos el 9 de abril, cuando se procedió formalmente a convocar a las elecciones.

El general Barrios resultó electo por inmensa mayoría, y pese a lo requerido por García Granados, no se hizo una nueva constitución sino hasta en 1879, y cuando esta estuvo lista no se computó el inicio del gobierno de Barrios desde 1873, sino desde el momento en que se aprobó la nueva constitución.  De esta forma, por medio de una Asamblea servil, Barrios se mantuvo en el poder legalmente durante 12 años.

BIBLIOGRAFIA:

11 de marzo de 1823: nace el doctor en Derecho Lorenzo Montúfar y Rivera, principal ideólogo de los criollos liberales guatemaltecos del siglo XIX

Propaganda política del doctor Lorenzo Montúfar durante su campaña presidencial de 1892.  Fue la primera vez que se imprimó una fotografía de un candidato.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Muchos hemos pasado por la intersección de la Calle Montúfar con la Avenida de La Reforma de la Ciudad de Guatemala, en donde está el monumento al licenciado Lorenzo Montúfar, sentado en una silla de diputado.  Sin embargo, este importante personaje de la historia guatemalteca ha quedado relegado de los libros de historia, algo que irónicamente, él hizo con los miembros del Partido Conservador.  De hecho, lo único que muchos guatemaltecos saben del licenciado Montúfar es la leyenda de que en las noches, su espíritu pide un aventón a los automobilistas en la Avenida La Reforma.

¿Quién fue el doctor Lorenzo Montúfar?  Fue el principal ideólogo de los criollos liberales durante la época del gobierno conservador de Rafael Carrera, y Ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica.  Luego, cuando cayó el régimen conservador en 1871, fue uno de los principales consejeros y Ministros de Estado de los gobiernos de Miguel García Granados y de J. Rufino Barrios.

El Dr. Montúfar nació en la ciudad de Guatemala, el 11 de marzo de 1823, cuando esta todavía era parte del Primer Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide. Antes de que triunfara la revolución liberal en 1871, Montúfar entabló una discusión epistolar con el Ministro Plenipotenciario de Guatemala ante el gobierno de los Estados Unidos, Antonio José de Irisarri, sobre quién fue el culpable de la anexión de Centroamérica al Primer Imperio Mexicano en 1822.  Estas cartas y refutaciones están repletas de argumentos a favor y en contra de sus respectivos partidos, redactados en lo que se ha considerado la mejor muestra del castellano en la región.

Montúfar fue instrumental en la política anticlerical de los gobiernos liberales, ya que su animadversión hacia los jesuitas (a quienes profesaba un odio casi irracional) lo llevó a establecer políticas que aseguraran la separación de la Iglesia y el Estado en Guatemala.

En 1882, con motivo de la firma del tratado de límites entre Guatemala y México, Montúfar se opuso radicalmente a que el entonces J. Rufino Barrios renunciara al reclamo territorial que Guatemala tenia sobre el Soconusco, lo que hizo que cayera en desgracia entre los liberales del país.  Pero tras la muerte de Barrios en Chalchuapa en 1885, recuperó su prestigio, llegando incluso a ser candidato a la presidencia de la República de las elecciones de 1892, en las que perdió en contra del general José María Reina Barrios.

Montúfar también fue historiador, y él es el principal responsable de la tergiversación que se hizo del gobierno de Rafael Carrera.  En resumen, hizo ver a los criollos aristócratas de la familia Aycinena como retrógados medievales y al general Carrera como el brazo armado de los conservadores y como un analfabeto que firmaba como “Raca Carraca”.  (En realidad, Carrera tenia el control absoluto de la situación, sabía leer, escribir y hasta canta ópera, y los Aycinena tuvieron que pactar con él para evitar que los indígenas guatemaltecos se alzaran en armas contra ellos).

Lorenzo Montúfar falleció en mayo de 1898, y su memoria fue recordada por el gobierno del general José María Orellana en 1923, con la construcción del monumento en su honor en la Avenida de La Reforma, con motivo de conmemorarse 25 años de su fallecimiento.

BIBLIOGRAFIA:

22 de diciembre de 1871: el gobierno de facto del presidente provisorio Miguel García Granados elimina el diezmo y lo sustituye por una contribución anual de veinte mil pesos a la arquidiócesis

Salón de actos de la Facultad de Medicina y Farmacia del Centro en 1896.  El edificio, (desaparecido durante los terremotos de 1917-18) había sido expropiado a la Orden de los Padres Paulino en la década de 1870.  Imagen tomada de “La Ilustración Guatemalteca“.

La Revolución LIberal de 1871 empezó a atacar frontalmente a la Iglesia Católica desde su triunfo el 30 de junio.  Poco a poco fueron expropiando monasterios y haciendas a las órdenes regulares, principiando por los jesuitas, por quienes tenían un odio casi patológico.  Por su parte, al clero secular lo debilitaron eliminando el diezmo obligatorio, aduciendo que las municipalidades tenían dificultades logísticas para cobrarlo.

En 1871 el gobierno de Guatemala todavía no había denunciado el Concordato establecido con la Santa Sede en 1852 y no podia tomar decisions unilaterales con respecto a los clérigos. Por esta razón, decidieron otorgar una contribución anual de viente mil pesos que el gobierno le daría a la arquidiócesis, además de los cuatro mil pesos anuales estipulados en el Concordato.  Esta erogación fue otorgada únicamente los primeros dos años ya que cuando el general Miguel García Granados fue sustituido por el general J. Rufino Barrios el ataque contra la Iglesia Católica fue frontal.

Barrios expulsó a todas las órdenes religiosas y eliminó por completo el diezmo para el clero secular, lo que dejó a la iglesia guatemalteca en una situación sumamente precaria, la cual se extendió hasta el gobierno del general José María Reina Barrios cuando se permitió el retorno del arzobispo Ricardo Casanova y Estrada luego de un exilio de diez años en Costa Rica.  En cuanto a las órdenes religiosas y los bienes de las mismas, estas no pudieron regresar oficialmente al país sino hasta en 1954, luego del derrocamiento del gobierno del coronel Jacobo Arbenz.

BIBLIOGRAFIA: