28 de agosto de 1871: solicitan la expulsion de los Jesuitas de toda la República

Luego de la Revolución Liberal que triunfó el 30 de junio, empiezan los clamores de los liberales para expulsar a los jesuitas de la República

28agosto1871
Vista general de Quetzaltenango en 1896.  En esta ciudad fue en donde se exigió inicialmente la expulsión de los jesuitas. Imagen publicada por «La Ilustración Guatemalteca«

Tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871 aparecieron numerosos clubes liberales en favor de una reforma radical y rápida, entre los que sobresalían los de la Ciudad de Guatemala y los de Amatitlán. Estos clubes, que se autodenominaban «Junta Patriótica«, eran imitaciones de los iniciados durante el movimiento de la independencia en la década de 1810, aunque las juntas de 1871 eran anticlericales y, de acuerdo a algunos historiadores, dominadas por los masones. Entre los miembros de la junta de la capital se contaban figuras políticas como las de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, quienes luego desmempeñarían papeles politicos prominentes después de que J. Rufino Barrios llegara a la presidencia en 1873. Rosa, por su parte, alcanzó gran notoriedad a través de sus escritos anticlericales. De hecho, todos los miembros de estos grupos eran figuras políticas sobresalientes en la comunidad y ardientes partidarios de Barrios,  que opinaban que con el liderazgo moderado de Miguel García-Granados y Zavala no podría llegarse a la reforma radical que exigían.

Cuando la Junta de Quetzaltenango empezó a exigir la expulsión de los jesuitas de su localidad, algunos escritores respaldaron la expulsión de la compañía de toda la república; por ejemplo, el 28 de agosto de 1871 Inés Ramírez, uno de los miembros de las juntas, acusó a la Compañía de Jesús de acoger «miembros hipócritas, vanidosos, orgullosos y fanáticos empeñados en impedir el progreso y en mantener al mundo entero en la ignorancia». La demanda de Ramírez seguía la de la Junta Patriótica en la capital, la cual había hecho circular un escrito en el que enfatizaba el hecho de que la demanda de expulsión de la república «no implicaba que se considerara un destino similar para las otras sociedades religiosas»; de hecho, la Junta «encontraba mucho que alabar en estas últimas, ya que a través de sus enseñanzas de principios morales ayudaban significativamente a la civilización del pueblo».

Las Juntas consideraban, que los jesuitas «ponían en peligro la estabilidad política a causa de su riqueza, porque pervertían la inteligencia de la juventud; oprimían al clero religioso nacional, cuya misión evangélica era la caridad y la paz, y desviaban a través del fanatismo a los elementos más débiles e inocentes de la sociedad, a quienes los jesuitas habían convencido que religión y jesuita tenían el mismo significado».  Se llegó a decir que esta acción había sido reconocida en todos los países civilizados y aun por el Papa Clemente XIV y se urgía a los superiores religiosos a «apaciguar las mentes perturbadas de los ciudadanos quienes habían sido agitados por los jesuitas para evitar su exilio».

Como quedaría demostrado apenas un año más tarde, lo que a las Juntas les interesaba no era el bienestar de los ciudadanos ni evitar el fanatismo, sino salir del más incómodo de sus rivales políticos: las órdenes regulares de la Iglesia Católica, por ser ellos los propietarios de las mejores haciendas, trapiches e ingenios de la República.  Los jesuitas fueron los primeros en ser expulsados, seguidos de las demás órdenes en 1872.  Los liberales fundaron el Banco Nacional de Guatemala con todos los fondos incautdos a los religiosos y, acto seguido, fueron tras las propiedades comunales de los indígenas, a quienes les despojaron de éstas por medio de hábiles ardides legales en los que hizo una subasta de los ejidos y tierras comunales y no se le permitió ofertar a las comunidades indígenas.  De esta forma, surgieron los grandes latifundios cafetaleros y ganaderos que caracterizaron a la economía guatemalteca del período liberal.


BIBLIOGRAFIA:


20 de julio de 1872: aprueban construir escuelas en Escuintla

Se aprueba un pequeño presupuesto para construir escuelas en varios poblados del departamento de Escuintla

Plaza central de Palín, en Escuintla a principios del siglo XX.  En el recuadro: el general Miguel García-Granados y Zavala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la derogación del Concordato que el gobierno conservador había establecido con la Santa Sede en 1852, de la expulsión de las órdenes religiosas, y de la creación de primaria laica obligatoria, el gobierno de facto provisorio de Miguel García-Granados y Zavala hizo una evaluación de la infraestructura escolar en el país pidiendo a sus Jefes Políticos que le enviaran un informe sobre las escuelas de sus respectivos departamentos. El decreto del 20 de julio de 1872, sobre la situación en Escuintla refleja la situación escolar en el país en ese entonces:

Palacio de Gobierno, 20 de julio de 1872.

Con presencia de la exposición dirígida por el Jefe político de Escuintla. en que manifiesta la necesidad de fundar escuelas de uno y otro sexo en varios pueblos de aquel Departamento, que carecen de ellas, licita para este fin. se asigne alguna suma mensual como se ha hecho en otros departamentos; el Presidente provisorio, en el deseo de que se difunda la instrucción, y mientra asignan á los municipios, los fondos necesarios para fomentar las escuelas primarias, tiene a bien acordar: que la Administración de Rentas de Escuintla cubra mensualmente al Jefe político la suma de cien pesos, que dicho funcionario invertirá precisamente en la fundación de los establecimientos de que se ha hecho mérito, en los pueblos que más los necesiten y destinando el sobrante, si lo hubiere, a mejorar los existentes.— Comuniqúese.

        • Rubricado por el señor Presidente provisorio.
        • Soto. 1

Veinte años después, el arqueólogo británico Alfred Percival Maudslay y su esposa Anne visitaron Guatemala y describieron así como se encontraba la educación guatemalteca en su libro «A glimpse at Guatemala«:

El maestro ladino nos relató que las clases consistían en que los niños indígenas [de San Antonio Palopó, departamento de Sololá] llegaran a clase y luego de pasar lista estuvieran con la cara cubierta por sus libros de trabajo durante tres horas; luego nos confesó que era el mejor método, ya que ni él sabía la lengua de los niños, ni ellos sabían nada de idioma español. A pesar de los esfuerzos hechos por el gobierno guatemalteco, esta era una situación común en el país; incluso supimos de un caso en el que el Jefe Político descubrió que el maestro de una localidad era analfabeto y amenazó con destituirlo en el acto, pero los padres de los niños le rogaron que no lo hiciera, porque así los niños estaban ocupados y tranquilos por las mañanas, mientras sus madres podían dedicarse tranquilamente a hacer las tortillas para las comidas.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881).Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I Guatemala: Tipografía El Progreso.
  2. Maudslay, Alfred Percival; Maudslay, Anne Cary (1899) A glimpse at Guatemala, and some notes on the ancient monuments of Central America (en inglés) Londres: John Murray.

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3 de julio de 1871: denuncian las riquezas de la Iglesia Católica

Tras el triunfo de la revolución liberal el 30 de junio de ese año aparece un artículo denunciando las riquezas de la Iglesia Católica

3julio1871
Plano del Palacio Arzobispal de la Nueva Guatemala de la Asunción.  Incluye el lujoso edificio adyacente a la Catedral Metropolitana y un convento, huerta y cementerio en lo que es hoy en día el Mercado Central.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La primera prueba que afrontó el presidente de facto provisorio Miguel García-Granados y Zavala inmediatamente después del triunfo de la Revolución Liberal el 30 de junio de 1871 fue mantener relaciones armoniosas con la Iglesia Católica, ya que de inmediato surgieron publicaciones anticlericales, que a su vez fueron atacadas por los escritores conservadores. Los autores de ambos bandos solían ocultar su identidad con ingeniosos pseudónimos para poder atacar la vida privada de sus rivales.1

Ambos bandos hacían exigentes demandas.  Por ejemplo, un autor que firmaba simplemente como «Un Guatemalteco» publicó un artículo en que denunciaba la riqueza excesiva del clero, atacando directamente las propiedades del arzobispo Bernardo Piñol y Aycinena, ya que éste era miembro de la poderosa familia Aycinena que había co-gobernado con el general Rafael Carrera desde que éste asumió el control absoluto del país en 1849. Por su parte, un escritor conservador escribió un artículo en que denunciaba la libertad de cultos aduciendo que esto podría conducir a que los librepensadores desecraran los elementos sagrados del culto católico.1

Para tratar de evitar males mayores, el anciano presidente provisorio, quien provenía de una familia aristocrática y tenía lazos de consanguinidad con los Aycinena, emitió un decreto modificando la libertad de expresión, que decía así:2

DECRETO NUM. 5.

Considerando:

        1. Que la libertad absoluta de la comunicación del pensamiento por medio de la palabra y la escritura, y cualquier expresión o signo, siempre que no ofenda a la conducta privada de los individuos, o excite directamente el uso de la fuerza contra la ley o las autoridades constituidas, es la garantía de los derechos que el hombre tiene con anterioridad á todo pacto social;  
        2. Que la ley de 30 de Abril de 1852 es incompatible con el régimen actual de libertad y progreso;
        3. Que entre tanto se reune la representación nacional, a cuya alta competencia corresponde definitivamente la ley de imprenta, se hace necesario dictar alguna providencia para evitar los abusos que puedan ocurrir; DECRETO:
        1. Queda establecida la liberad absoluta de imprenta, y en consecuencia derogada la expresada ley de Abril de 1852.
        2. Bajo esta libertad no se permiten los  delitos declarados tales por las leyes existentes, y especialmente aquellos que afectan la vida privada
          de los individuos.
        3. En los casos de infracción, los jueces comunes procederán a la averiguación del delito y castigo del culpable, con arreglo a las leyes vigentes, debiendo preceder siempre acusaación de partes lejítimas.
        4. Para hacer efectiva la responsabilidad de que habla el artículo anterior, todas las publicaciones deben llevar la firma del autor; y en el caso de que se omita este requisito, la responsabilidad se hará efectiva contra la imprenta.
        5. Los directores de las imprentas en que se publique algún escrito sin la firma del autor, aun cuando este no contenga ninguna de las infracciones expresadas en el artículo 2.° serán multados con una cantidad que no exceda de cien pesos ni baje de diez, según las circunstancias del caso calificadas por los mismos Tribunales comunes.

Dado en Guatemala, a 7 de Julio de 1871

        • Miguel García-Granados2

El alcance del decreto anterior fue muy escaso, ya que luego de que se emitió, lo que se inició como ataques en publicaciones de reducida circulación, poco a poco fue escalando a publicaciones mayores, hasta que finalmente se empezaron a materializar medidas drásticas contra la Iglesia, las que incluyeron la expulsion del arzobispo Piñol y Aycinena, la de los jesuitas y la expropiación y disolución del resto de órdenes monásticas.3 Eventualmente, el propio presidente de facto provisorio fue removido y sustuido por el mucho más joven y radical general J. Rufino Barrios.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Ciudadanos Libertadores (3 de julio de 1871), Colección de Hojas Sueltas 1871-1873  6. Guatemala.
  2. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 6-7.
  3. Ibid. pp. 105-120.
  4. Ibid. p, 196.

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7 de junio de 1872: Barrios decreta expropiación de bienes de las órdenes regulares

El encargado de la presidencia provisoria, teniente general J. Rufino Barrios, decreta la expropiación de los bienes a las órdenes regulares de la Iglesia Católica

7junio1872
Acto de Crucifixión celebrado en una parroquia de Guatemala a finales del siglo XIX. Aunque la élite criolla liberal expulsó al clero regular y redujo al mínimo los privilegios del clero secular, las manifestaciones de fe entre la población se mantuvieron. Fotografía de Juan José de Jesús Yas, tomada de Wikimedia Commons.

Siendo teniente general del ejército y Comandante en Jefe de la región de Los Altos, J. Rufino Barrios fue llamado a la Ciudad de Guatemala a encargarse de la presidencia del gobierno de facto provisorio de la República cuando el capitán general Miguel García-Granados y Zavala tuvo que salir a pacificar al oriente el país el 24 de mayo de 1872.1

Barrios tenía un carácter dominante y no le pedía permiso al presidente provisorio para hacer cuando se le antojara, en especial en lo relacionado con impulsar su agenda liberal. Hasta entonces, había visto con recelo que García Granados estuviera recibiendo a miembros del partido conservador y que estrechara su relación con ellos, así que aprovechando la ausencia del presidente provisorio, emitió varios decretos radicales, particularmente en contra de los intereses del clero regular.1

Barrios ya había expulsado a los Jesuitas del occidente del país, y ahora confiscó propiedades de las órdenes regulares, muchas de las cuales fueron clausuradas. Siendo originario de San Marcos, Barrios era un criollo liberal descendiente de aquellos que intentaron formar el Estado de Los Altos cuando el gobierno conservador apoyado por el general Rafael Carrera tomó el poder en Guatemala.1

Cuando el pueblo católico protestó estas disposiciones, Barrios promulgó el siguiente decreto, por medio del cual el ejército ocupó los edificios de las órdenes regulares, y le dio el ultimátum a los religiosos que si querían permanecer en el país tenían que ser secularizados —es decir, convertirse en curas párrocos y abandonar el hábito de la orden regular a la que pertenecían—:

Decreto N°. 64

Considerando: Que las comunidades de Religiosos carecen de objeto en la República, pues no son las depositarías del Saber, ni un elemento eficaz para mejorar las costumbres;

Que no pudiendo ya como en los siglos medios prestar importantes servicios a la sociedad, los trascendentales defectos inherentes a las asociaciones de esta clase, se hacen más sensibles, sin que de modo alguno sean excusables;

Que dichos institutos son por naturaleza refractarios a las reformas conquistadas por la civilización moderna, que proscribe la teocracia en nombre de la libertad, del progreso y de la soberanía del pueblo;

Que sustrayéndose en el orden económico a las leyes naturales y bienhechoras de la producción y del consumo, constituyen una excepción injustificable que gravita sobre las clases productoras:

Que debiendo las referidas comunidades su existencia a la ley, a esta corresponde extinguirlas, y de consiguiente disponer en beneficio público de los bienes que poseen;

Y que atendiendo a los principios que presiden á la revolución democrática de Guatemala, es una consecuencia ineludible la extinción de las Comunidades de Religiosos, y al decretarla, un deber del gobierno proporcionar a éstos los medios necesarios para el sostenimiento de su nueva posición social, tengo á bien decretar y DECRETO:

Art. 1.°— Quedan extinguidas en la República las comunidades de Religiosos.

Art. 2.°— Se declaran nacionales los bienes que poseen y usufructúan.

Art. 3.°— Estos bienes y sus productos se dedicarán de preferencia a sostener y desarrollar la instrucción pública gratuita.

Art. 4.°— Los Religiosos exclaustrados quedan en absoluta libertad de residir donde les convenga, o de salir de la República, si así lo quisieren. Podrán adquirir bienes, disponer de ellos en vida o por testamento, tratar y contratar y gozar de todos los derechos que las ley- conceden al resto de los habitantes, sin más limitaciones que las que impone su estado á los eclesiásticos seculares.

Art. 5.°— A los Religiosos que deseen salir de la República, se les costeará el viático necesario, y los que prefieran residir en ella, quedan por el mismo hecho secularizados, no podiendo usar hábito ni distintivo de religioso.

Art. 6.°— Las iglesias de las comunidades se conservarán con sus respectivas advocaciones y títulos, lo mismo que con sus vasos sagrados, alhajas, ornamentos y todo cuanto esté destinado al Culto. En cada una de dichas Iglesias se erigirá una parroquia, a cuyo sostenimiento contribuirá el Gobierno.

Art. 7.°— Las librerías de los conventos pasarán a la Biblioteca de la Universidad.

Art. 8.°— La hacienda pública pagará, durante un año, a los Religiosos exclaustrados, que aun no se hayan ordenado de Presbíteros, los impedidos de ejercer su ministerio por ancianidad o enfermedad, una pensión de veinticinco pesos al mes, entregándoles la primera mensualidad el mismo dia en que se verifique la exclaustración.

Art. 9.°— El Ministro del ramo queda encargado de la ejecución de este decreto, dando al efecto las instrucciones convenientes al Jefe Político de este departamento y al Administrador General de Rentas.

Dado en Guatemala, a siete de junio de mil ochocientos setenta y dos

        • J. Rufino Barrios, Teniente general del ejército y Encargado de la Presidencia del Gobierno Provisorio de la República
        • Marco Aurelio Soto, ministro del ramo2,3

Los bienes fueron a parar a manos del Estado, de Barrios y de sus más cercanos colaboradores. Entre ellos, el licenciado Francisco Lainfiesta, quien luego sería ministro de Fomento, que se quedó con la Escuela de Critos, al general Juan Martín Barrundia, Ministro de la Guerra, le correspondió parte del convento de la Concepción y a Delfino Sánchez, quien más tarde sería también ministro de Fomento, parte del convento de Santa Clara.4 Y es que aunque los bienes se vendían en remate público, eran sumamente baratos para los allegados a Barrios, quienes eran los únicos que podían adquirirlos.5

He aquí un resumen de las órdenes afectadas:

Orden Logo Tipo de clero Propiedades expropiadas Beneficiado
Orden de Predicadores Orderofpreachears.png Regular
    • Conventos
    • Haciendas
    • Ingenios azucareros
    • Doctrinas y tierras de indios
El convento se convirtió en la Dirección General de Rentas y en el Conservatorio Nacional de Música
Mercedarios Coat of Arms of the Mercedarians.svg Regular
    • Conventos
    • Haciendas
    • Ingenios azucareros
    • Doctrinas
El convento se convirtió en una estación de policía
Compañía de Jesús Ihs-logo.svg Regular Los jesuitas habían sido expulsados de Guatemala por el rey de España Carlos III en 1767, pero regresaron durante el gobierno de Rafael Carrera. En 1871 no tenían mayores posesiones en el país.  
Recoletos Dictionarium Annamiticum Lusitanum et Latinum, Propaganda Fide seal.png Regular Conventos Se convirtió en la Escuela Politécnica
Concepcionistas OrdoIC.jpg Regular Conventos y haciendas Juan M. Barrundia.
Convirtió el convento en su casa de habitación
Arquidiócesis de Guatemala   Secular Colegio y Seminario Tridentino de Nuestra Señora de la Asunción Se convirtió en el Instituto Nacional Central para Varones
San Felipe Neri S. F. Nerist.JPG Secular Templo y residencia en Ciudad de Guatemala Francisco Lainfiesta.
Convirtió el convento en la Imprenta «El Progreso«
Santa Clara   Regular Templo y residencia en Ciudad de Guatemala Delfino Sánchez
Convirtió el convento en su residencia

BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.
  2. Barrios, J. Rufino (7 de junio de 1872). «Decreto del 7 de junio de 1872 del teniente general J. Rufino Barrios, encargado de la presidencia provisoria de la República». Museo Nacional de Historia (Guatemala).
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 105-120.
  4. Miller, Hubert J. (1976) La Iglesia y el Estado en tiempo de Justo Rufino Barrios. p. 115.
  5. Batres Jáuregui, Antonio. (1949) La América Central ante la Historia, 1821-1921, Memorias de un Siglo. III Guatemala, C.A.

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4 de junio de 1873: García-Granados entrega el poder a Barrios

El capitán general Miguel García-Granados entrega el poder al teniente general J. Rufino Barrios

4junio1873
Retrato de Miguel García-Granados y Zavala que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general Miguel García-Granados y Zavala era un criollo muy particular, a quien algunos historiadores han definido como un «aristócrata liberal«, que había nacido en España y pertenecía a las familias aristocráticas —conocidas en su época como «las familias» o «clan Aycinena«— que conformaron el partido conservador después de la Independencia de Centroamérica.1

Durante la Guerra Civil Centroamericana combatió a las fuerzas de los liberales peleando bajo las órdenes de Manuel José Arce, y sufrió el despojo de buena parte de sus bienes por parte Francisco Morazán cuando éste invadió a Guatemala en 1829 y expulsó a los aristócratas del territorio de Centroamérica. Pero, a diferencia de los Aycinena, a él y a su familia se les permitió permanecer en Guatemala; en esa época se alió con los criollos liberales, encabezados por José Francisco Barrundia y poco a poco se fue ganando su confianza, ya que recelaban de él por ser aristócrata.2

Cuando los conservadores tomaron el poder en 1840, García-Granados y Zavala permanecio en Guatemala y era crítico de la labor del general presidente Rafael Carrera hasta que un día, luego de una fuerte crónica de don Miguel contra el presidente, durante un elegante almuerzo en el Palacio de Gobierno se produjo el siguiente dialogo entre el genral Carrera y el entonces teniente coronel José Víctor Zavala, quien por cierto, era primo de García-Granados:3

Estimado Coronel – dijo Carrera -, ¿usted cree que los sueños nos avisan algo?

General – contestó Zavala, que era un hombre muy preparado – sé de buena fuente que ha habido estudios al respecto, y que en efecto, es posible que los sueños nos digan cosas. Si me permite preguntarle, ¿por qué le interesan a su Excelencia?

Es que figúrese Ud., coronel, que anoche en mi sueño yo tenía preso aquí en el Palacio a don Miguel, a quien tanto estimamos, y le ordenaba a mi guardia personal que lo condujera al paredón que está aquí detrás del comedor para que lo pasaran por las armas. Me desperté muy sobresaltado por lo que había hecho y en eso me di cuenta de que se trataba solamente de un sueño.

Todos los presentes, incluyendo García-Granados comprendieron a cabalidad el significado del supuesto sueño, pero nadie hizo comentario alguno al respecto. Algunas horas después, uno de los criollos aristócratas presentes en el almuerzo llegó a la mansión de don Miguel y le dijo que lo más prudente era que partiera en el acto, o que de lo contrario, se cumpliría el sueño. García-Granados y su familia salieron a lomo de mula de Guatemala ese mismo día.3

En el exilio, García-Granados y Zavala estrecho sus lazos con los criollos liberales y, logro un lugar preponderante entre ellos cuando propuso que, cuando se recobrara el poder en Guatemala, se hiciera una profunda reforma agrarian para establecer grandes plantaciones de café, y se utilizara a la enorme población indígena del país para la mano de obra que requería dicho cultivo a gran escala. Este plan quedó pospuesto por varios años, ya que Carrera tenía bajo control la situacion en Guatemala, Honduras y El Salvador, además de pactos con los líderes indígenas locales. Pero tras la muerte del «Caudillo adorado de los pueblos« en 1865, y la de los principales criollos conservadores como el marqués Juan José de Aycinena, el poder del gobierno conservador se fue debilitando y finalmente los liberales recobraron el poder en 1871. García-Granados había regresado a Guatemala después de la muerte de Carrera y fue uno de los cabecillas de los movimientos rebeldes, por lo que fue hecho prisionero en el Fuerte de San José durante un tiempo.4

Como García-Granados había propuesto el plan de la reforma agraria para el cultivo del café, fue nombrado como presidente provisorio de Guatemala en el Acta de Patzicía, a pesar de que ya contaba con una edad avanzada.5 Sin embargo, dados sus fuertes lazos de consanguinidad con los criollos aristócratas y su escasa disciplina para atender los asuntos de estado —pues llegaba a su despacho pasado del medio día después de una larga noche de tertulia—, las reformas que los liberales querían establecer no avanzaban con la prontitud deseada. Esto no le pareció a sus correligionarios, en especial al joven e impetuoso J. Rufino Barrios, quienes decidieron sustituir al presidente.4

Y así se hizo. El 4 de junio de 1873, García-Granados y Zavala dejo el poder en manos de su joven sucesor, con instrucciones de que convocara a una Asamblea Constituyente lo antes posible para establecer una nueva constitución, ya que él no habia podido hacerlo debido a las constantes rebeliones en el oriente del pais, obviando en su solicitud mención alguna a su escasa aplicacion a los asuntos de Estado. Al salir del poder, la Asamblea lo despidió con este breve decreto:6

La Asamblea Nacional Constituyente de la República de Guatemala,

Considerando: que el ciudadano Capitan GeneraJ Miguel García-Granados inició la revolucion democrática de 1871, con el propósito de proveerel bienestar y el progreso de la Nación: y que por sus importantes servicios en la lucha que sostuvo como Jefe del Gobierno provisorio, para llevar a cabo los expresados fines, se ha hecho acreedor al reconocimiento nacional, por tanto, emite el siguiente Decreto.

Artículo único. Se declara al Ciudadano Capitan General Miguel García-Granados, Benemérito de la patria.

Dado en el Salón de sesiones, a los dos días del mes de junio de mil novecientos setenta y tres.

        • José Antonio Salazar, presidente.
        • E. Martínez Sobral, secretario
        • Manuel Lemus, secretario

Y el primer acto oficial de Barrios como presidente de la República fue aprobar el decreto:

Palacio Nacional de Guatemala: a seis de junio de mil ochocientos setenta y tres.

Cúmplase,

        • J. Rufino Barrios
        • El Secretario de Estado en los despachos de Gobernación, Justicia y Asuntos Eclesiásticos, Marco A. Soto6

Ya en el poder, Barrios emprendió profundas reformas para favorecer el cultivo del café y la su propia economía y de sus correligionarios, amparándose en el Acta de Patzicía, hasta que por fin convoco a una Asamblea Constituyente en 1878.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 359.
  2. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados. 2. Guatemala: Tipografía Nacional.
  3. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua. pp. 146-147.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. pp. 335-346.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: El Progreso. pp. 3-4.
  6. Ibid., p. 196.
  7. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”.

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3 de junio de 1871: el Acta de Patzicía

Los rebeldes liberales desconocen al gobierno constitucional del Mariscal Vicente Cerna y nombran presidente provisorio a Miguel García Granados en Patzicía

3junio1871
Campesinos guatemaltecos durante la cosecha del café en una fotografía de Eadweard Muybridge de 1875. El cultivo a gran escala de este grano fue introducido en Guatemala por los criollos liberales tras el triunfo de la Revolución de 1871.  En el recuadro: el general Miguel García-Granados y Zavala, quien fue nombrado presidente provisorio en el Acta de Patzicía. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El gobierno del Mariscal Vicente Cerna se había mantenido en el poder gracias a la fuerte presencia de carácter de su antecesor, el general Rafael Carrera, pero tras seis años de la muerte del «Caudillo adorado de los pueblos«, el estaba completamente supeditado a la élite conservadora del Clan Aycinena y había perdido el apoyo de la mayoritaria población indígena, que había sido incondicional a Carrera.1 Y no ayudaba en nada la actitud pasiva y piadosa del gobernante, que asistía con frecuencia a todos los actos religiosos que podía y por lo que se ganó el apodo de «Huevo Santo«.2

Para 1868, se empezaron a producir levantamientos contra Cerna, y el gobierno conservador tomó fuertes medidas represivas en la región montañosa, mudando poblados completos a nuevas ubicaciones y evacuando a la población de las regiones en conflicto para debilitar a los rebeldes.3​ Francisco Cruz se alzó en armas desde la hacienda de J. Rufino Barrios Malacatán, San Marcos, pero fue derrotado y pasado por las armas; Barrios huyó a Chiapas y se convirtió en el líder de los liberales guatermalteco, con la ayuda del presidente mexicano Benito Juárez. Mientras tanto, el padre de Barrios fue capturado y torturado en la Ciudad de Guatemala.3

Cerna, intentado legitimar su presidencia, anunció que su período presidencial terminaría el 23 de mayo de 1869 y convocó a una reunión de la asamblea el 17 de enero para elegir nuevo presidente, cuya presidencia terminaría en 1872. Los liberales apoyaron al mariscal José Víctor Zavala como su candidato, a pesar de que era conservador y amigo personal de Carrera, pues consideran que era el único que podría guiar la transición entre los radicales conservadores y los liberales positivistas.​ Pero cuando el mariscal Cerna fue reelecto en la asamblea, los liberales decidieron tomar el control al país por las armas.3

Tras iniciar la invasion por el occidente de Guatemala en abril de 1871, el ejército liberal rebelde fue obteniendo fáciles victorias, y engrosando sus filas con numerosas deserciones,4 en especial porque esa región era en la que los criollos liberales habían intentado formar el Estado de Los Altos en 1838.3 Cuando llegaron a Chimaltenango, los liberales confiaban en una victoria segura, por lo que emitieron la siguientes Acta el 3 de junio:5

En la Villa de Patzicía a tres de Junio de mil ochocientos setenta y uno, los Jefes y Oficiales del Ejército Libertador reunidos en Consejo, motu propio, y considerando:

  1. Que el gobierno oligárquico y tiránico del Presidente Cerna se ha hecho intolerable a la Nación por sus repetidos actos arbitrarios y de crueldad y por la violación diaria de las leyes fundamentales de la República y en especial de la de garantías individuales.
  2. Que el Presidente Cerna es también usurpador, por cuanto se ha arrogado facultades que la ley de ninguna manera le concede, atacando la representación nacional y persiguiendo a sus miembros.
  3. Que ha arruinado la Hacienda pública y comprometido en lo futuro la independencia del país, contratando un empréstito extranjero bajo bases ruinosas y sin facultades para ello,
  4. Que en tales casos los ciudadanos tienen no solamente el derecho sino también el deber de resistir la tiranía. Considerando además, que desde el mes de Abril hemos empuñado las armas con el loable objeto de libertar a la Nación de la tiranía que la oprime; todo bien considerado, hemos convenido en lo siguiente:

Artículo 1°.— Desconocemos al gobierno del tirano y usurpador D. Vicente Cerna

Artículo 2°.— Nombramos Presidente Provisorio de la República al General Sr. D. Miguel García Granados, ampliamente facultado para organizar el pais bajo las bases que el mismo general ha proclamado en su manifiesto de ocho de mayo próximo pasado.

Artículo 3°.— Queda igualmente facultado para cuando las circunstancias lo permitan, reunir una Asamblea Constituyente, que decrete la Carta fundamental que deba rejir definitivamente a la Nación.

Artículo 4°.— Todos los Jefes y Oficiales nos comprometemos bajo juramento a no dejar las armas de la mano hasta no haber llevado a debido efecto todos los puntos contenidos en esta acta.

      • General de Brigada, Rufino Barrios
      • (Siguen las firmas de otros oficiales rebeldes)5

Este documento es conocido como el «Acta de Patzicía» y, dado que la Constitución de 1851 había sido derogada, fue la base del gobierno del presidente provisorio de facto de Miguel García Granados de 1871 a 1873, y luego del presidente J. Rufino Barrios de 1873 a 1879, quien le dió largas a la redacción de una nueva constitución aduciendo que no tenían tiempo para reunir a la Asamblea Nacional Legislativa que la misma acta sugería. De esta cuenta, cuando por fin se emitió la Constitución de 1879, Barrios llevaba seis años en el poder, y apenas inició su primer período constitucional en 1880.6,Nota a

Los cambios que introdujeron los liberales cuando llegaron al gobierno incluyeron:

  • la expulsión y expropiación de bienes de las órdenes regulares de la Iglesia Católica, por entonces los principales terratenientes del país y miembros del partido consevador
  • derogación de los pactos que el gobierno de Carrera había establecido con los campesinos indígenas de la República
  • introducción de la producción de café a gran escala y construcción de infraestructura ferroviaria para facilitar el transporte del mismo
  • subasta de tierras ejidales de las comunidades indígenas para favorecer la formación de grandes fincas cafetaleras
  • subasta de propiedades de las comunidades religiosas, de las cuales se aprovecharon los principales allegados al gobierno, en especial al de J. Rufino Barrios.2

Es conveniente indicar que la “crueldad y tiranía” de Cerna mencionadas en el Acta, estaban dirigidas hacia los criollos liberales —como el caso del Mariscal Serapio Cruz, «Tata Lapo» quien murió en batalla y cuya cabeza fue exhibida como trofeo por las tropas gubernamentales—, pero que luego palidecerían comparadas con lo ocurrido con los perseguidos políticos durante los gobiernos liberales de Barrios,7 Manuel Estrada Cabrera8 y Jorge Ubico.9 Asimismo, la deuda incurrida con la casa extranjera mencionada, sería una pequeña fracción de la enorme deuda que dejó el general José María Reina Barrios con los bancos ingleses al morir en 1898 tras el colapso del precio internacional del café y que obligaron a su sucesor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, a establecer una fuerte alianza con los Estados Unidos y evitar así una invasión inglesa para cobrar la deuda.10, Nota b


NOTAS:

BIBLIGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee Jr. (2012). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala 1821-1871 (en inglés). University of Georgia Press.ISBN 9780820343600. p. 347.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala, período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 5 de abril de 1885. Guatemala: José de Pineda e Ibarra.
  3. Woodward, Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, p. 337.
  4. Aceña, Ramón (1899). Efemérides militares. Guatemala. pp. 20-286.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 3-4.
  6. Asamblea Nacional Constituyente (1899). Ley constitutiva de la República de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 11 de diciembre de 1879 y reformada por el mismo Alto Cuerpo en 5 de noviembre de 1887 y 30 de agosto de 1897; para uso de las escuelas. Guatemala: Tipografía Nacional.
  7. Rodríguez, Guillermo (Mayo de 1886) Exposición y documentos presentados a la Asamblea Nacional Legislativa por Guillermo Rodríguez, acusado y sentenciado con pretexto de la bomba del 13 de abril de 1884. Guatemala: Tipografía de Arenales.
  8. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  9. De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  10. Buchenau, J. (1986). In the Shadow of the Giant, the Making of Mexico’s Central America Policy (1876-1930) (en inglés). Univ of Alabama Pr; Edición: Vintage Intl. ISBN ;0-8173-0829-6.

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18 de mayo de 1827: el desastre de Milingo

El presidente de la República Federal de Centro América, Manuel José Arce intentó atacar la plaza de San Salvador con 2000 efectivos, pero es derrotado y expulsado de El Salvador

18mayo1827
Retrato del presidente federal Manuel José Arce. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la Independencia pacífica en 1821 y el fiasco de la efímera anexión al Imperio de Agustín de Iturbide, se formaron las Provincias Unidas del Centro de América y luego la República Federal de Centro América. Sin embargo, para ese entonces la animosidad entre criollos conservadores y criollos liberales era cada vez mayor y no tardó en desencadenarse la Guerra Civil Centroamericana entre ambos bandos.1 Puede decirse que la caída del gobierno de la República Federal de Centro América que se produjo luego de la invasión del general Francisco Morazán a Guatemala en 1829, tuvo su origen con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, Juan Barrundia, en septiembre de 1826.2

Tras derrotar la invasión salvadoreña en la batalla de Arrazola, el general presidente Federal, Manuel José Arce, invadió El Salvador, y llegó hasta Nejapa, un poblado cercano a la ciudad de San Salvador.  El jefe de Estado de El Salvador, Mariano Prado, le propuso la paz el 24 de abril, pero Arce rechazó la petición y se preparó para la batalla, la cual se llevó a cabo el 18 de mayo de 1827. Arce fue víctima de su afinidad por los salvadoreños durante esa batalla, ya que él era oriundo de ese Estado, lo que hizo que su tropa y oficialidad desconfiara de él e incluso desertara tras la derrota.2 Reproducimos a continuación cómo describe aquella debacle Miguel García-Granados y Zavala, quien peleó para el ejército guatemalteco en aquella oportunidad:3

“El 17 de mayo salieron los salvadoreños de sus fortificaciones al mando de Don Tomás Alfaro, que no es military, y bajo la dirección de Saget. Cuando los dos ejércitos estuvieron a la vista, los salvadoreños se creyeron perdidos y lo estaban realmente: se recurrió a la perfidia, engañaron al Presidente con proposiciones de paz, el General salvadoreño pasó al campo del Presidente, y este le dictó un acomodamiento impracticable y peligroso: los dos ejércitos debían entrar juntos en San Salvador aquel día, y juntos, sin contar con el Vice-Jefe de aquel Estado, ni con autoridad alguna fuera de los militares, se daría el decreto de convocatoria para el Nuevo Congreso, segun los preliminaries de Nejapa. Alfaro sólo quería ganar tiempo para retirarse en seguridad, y ofreció al Presidente que iba a conferenciar con sus jefes y oficiales y que contestaría en el acto: la respuesta tardó en llegar, y se observó que los salvadoreños comenzaban a deslizarse, sin hacer la señal convenida de la negativa, que era un tiro de cañón: el Presidente en vez de atacarlos, envió un ayudante a requerir por la respuesta; entonces pasó Saget al campo del Presidente para excusar a su general, porque no había podido reducer a los oficiales a resolver sin el Gobierno: ofreció dar la respuesta al día siguiente, y el Presidente se dió por satisfecho con amanezarlos que en caso contrario atacaría la ciudad el 18.»

«Desde entonces comenzaron a disgustarse la oficialidad y tropas guatemaltecas: creyeron que el Presidente había renunciado a la victoria por ahorrar desgracias a sus paisanos: las opinions vulgares fueron menos favorables a Arce; él no había consultado en esta vez ni con su Segundo el general Cáscaras; poco antes, por una providencia de economía, él mismo en una restive general había dejado a las tropas sin más que una parade por plaza, y el soldado creyó que se le quería entregar al enemigo: la amenza de atacarlos otro día, fue pública, y el vulgo de la tropa lo interpretó como un aviso.»

«Y lo fué en efecto, bien que no haya sido esa la intención de Arce. Pero lo que debía haber causado peor efecto en el ejército ha debido ser el no haber atacado al enemigo el 17 y permitido que se retirase sano y salvo. La superioridad de la tropa federal sobre la salvadoreña era tal, que con la mitad de la fuerza que tenia Arce era segura la Victoria, y conseguida ésta la reistencia que podrían oponer los salvadoreños habría sido nula, y la guerra quedaba concluida. Tuvieron, pues razón la oficilidad y tropa de irritarse, y desde este momento, desconfiar de Arce. ¡Cómo es que los salvadoreños cometieron la torpeza de salir de sus atrincheramientos y presenter batalla al ejército federal, es lo que no tiene explicación, y la única que yo me doy a es que en nada comete la inexperiencia mayors desaciertos y torpezas, que en la guerra!»3

Arce intentó tomar San Salvador a través de un foso de grandes dimensiones que detuvo a sus fuerzas, pues no llevaban materiales para terraplenarlo. Y, según cuenta García Granados, “el Presidente colocó las tropas a su orilla el tiempo necesario para llenarlo de cadáveres”. El presidente trató de mandar cargar la cabellería contra las trincheras y los fosos, y cuando vio que no se podia avanzar alguien le dijo “¡Llénenlo de hombres y caballos!”, pero Arce ordenó la retirada por ser imposible salvar el foso. A las cinco y media de la tarde, se produjo la retirada, según recuarda García-Granados y Zavala:3

«el reducto de Apopa resonaba con los quejidos de más de doscientos heridos, más de cien muertos quedaron en Milingo. No todo el ejército pudo entrar en acción, pero en la retirada, desertó mucha parte de él, y con las bajas de muertos y heridos, podia calcularse un total de quinientos o seiscientos hombres; así, quedaba reducido como a mil cuatrocientos. Cuando el General Presidente ordenó la retirada se habían agotado las municiones y esta fue otra falta, porque no debió emprenderse el ataque sin tenerlas de sobre. Esto obligó al Presidente a retirarse de Apopa en la noche misma del 18 de mayo».3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-36.
  3. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados1. Guatemala. Tipografia Nacional.

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9 de mayo de 1894: trasladan restos de García-Granados al nuevo Cementerio General

La Asamblea Legislativa ordena el traslado de los restos del general Miguel García Granados del antiguo Cementerio San Juan de Dios al entonces nuevo Cementerio General

9mayo1894
Monumento al general Miguel Garcia Granados que se encuentra en la Avenida de La Reforma.  Fue inaugurado por el presidente José Maria Reina Barrios en junio de 1896.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los restos del general Miguel García Granados, presidente de facto de Guatemala de 1871 a 1873, han sido itinerantes; primero estuvieron en el Cementerio San Juan de Dios, ubicado a la par del hospital del mismo nombre, luego en el Cementerio General, en donde fueron depositados en un monumento a su memoria en 1894, y finalmente fueron trasladados a una tumba sencilla en el mismo cementerio en 2015 cuando deslaves provocados por las lluvias y la falta de tratamiento en el vecino basurero de la zona 3 de la Ciudad de Guatemala socavaron las laderas del cerro en donde estaba el monumento.

El traslado de los restos en 1894 fue un gran acontecimiento y reunió a una enorme comitiva, ya que en esa época la adulación a los personajes del gobierno era excesiva, como consta en el «Acta de la Inhumación de los Restos del General García-Granados«, que reproducimos a continuación:

En la Ciudad de Guatemala, a los treinta días del mes de junio de mil ochocientos noventicuatro;

En virtud de lo dispuesto en el Decreto Legislativo número 255, de 9 de mayo del corriente año, que previene la traslación de los restos del eximio patriota, General Miguel García-Granados, del antiguo al nuevo cementerio, y la erección de un monumento que perpetúe la memoria del digno Jefe de la Revolución Liberal y reformista de 1871, y de entero acuerdo con el programa de los actos que el Ejecutivo decretó para solemnizar tal acontecimiento; estando los restos en el Salón de recepciones del palacio del Poder Ejecutivo, convertido en capilla ardiente – por haber sido trasladados allí, después de efectuada su exhumación el día anterior – se procedió en el orden siguiente:1

        1. A la lectura del referido Decreto número 255.
        2. Ocupó la tribuna el señor Ministro de Relaciones Exteriores, Doctor don Ramón A. Salazar, y pronunció un discurso en que hizo el panegírico del ilustre patricio, General García-Granados.
        3. Organizado incontinenti el cortejo de honor formado por: las Escuelas primarias, el Instituto de Indígenas, la Escuela de Artes y Oficios, la Escuela de Bellas Artes, el Conservatorio, el Instituto Central de Varones, la Academia Central de Maestros, las Facultades de Derecho, Medicina é Ingeniería, las Delegaciones de las Municipalidades de la mayor parte de las poblaciones de la República, de los Clubs politicos, de las clases obreras y demás corporaciones, la Municipalidad de la capital, las autoridades departamentales, la prensa, los Subsecretarios del Gobierno, el Poder Judicial, la Comisión Permanente de la Asamblea, y Diputados presents, el Consejo de Estado, el Cuerpo Diplomático y Consular, los Secretaros de Estado, los señores Presidentes de lost res Podres, cerrando el cortejo la Escuela Politécnica y Cuerpos Militares de fuerza efectiva de esta capital, denominados: Guardia de Honor, Batallón Permanente, Batallón Móvil y Artillería, emprendióse la marcha en la dirección indicada en el programa.
        4. Se dió puesto al féretro en el centro de la comitiva, llevando a la vanguardia los alumnus de los establecimientos de instrucción pública; a la retaguardia, las corporaciones y demás funcionarios y empleados públicos; y a los lados, una custodia formada por los Jefes y Oficiales existentes que tomaron participio en las fatigas de la campaña del 71, llevando los crespones fúnebres los más antiguos Generales del Ejército Nacional, C.C. Julio García-Granados, Felipe Cruz, Luis Molina y Gregorio Solares. 
        5. Llegado el cortejo al Cementerio, se colocó la urna en el catafalco del salón de duelo; y una vez constituido en él todas las coporaciones, los funcionarios, empleados y demás personas invitadas, el ciudadano diputado Rafael Spínola, por comisión del Poder Legislativo, hizo uso de la palabra en términos propios del acto;Nota a continuación habló don Belisario Herrera a nombre de las clases obreras de la capital y por ultimo, el Síndico de la Municipalidad de la propia capital.
        6. Reorganizado el cortejo, fueron conducidos los restos al monument erigido, en donde se depositaron en presencia de todos los concurrentes, y en ese mismo momento se hicieron los honores civiles y militares correspondientes al Benemérito de la Patria y al ilustre ex-presidente de la República, General Miguel García-Granados.

En fe de lo cual, firman la presente acta los Señores Presidentes de los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, los Secretarios de Estado, el Alcalde 1.° Municipal de esta ciudad y el Director de las Casas de Beneficiencia y de este Cementerio, debiendo conservarse este original en el Ministerio de Gobernación y Justicia y depositarse una copia de esta misma acta en el féretro que guarda los restos.


NOTA:

    • El discurso pronunciado por Spínola fue publicado en 1897 en su obra «Artículos y discursos».2

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1896). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1894-95 XIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 70-71.
  2. Spínola, Rafael (1897). Artículos y discursos. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 87-91.

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14 de abril de 1829: Morazán encarcela a las autoridades del Estado y de la Federación

Tras la invasion de Francisco Morazán al Estado de Guatemala y la rendición incondicional del mismo, las autoridades del Estado y de la República Federal son reducidas a prisión

14abril1829
Facsímil del manuscrito original del Acta de la Independencia de Centroamérica en 1821.  Muchos de los firmantes serían enviados al exilio o despojados de su bienes tras la invasion de Francisco Morazán a la Ciudad de Guatemala en 1829.  En el recuadro, el general liberal Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons

El escritor Federico Hernández de León, en su obra «El Libro de las Efemérides» relata claramente la composición social de Centroamérica a principio de la vida independiente y las razones por las que las rivalidades entre los criollos aristócratas y los criollos liberales eran irreconciliables. A continuación reproducimos el relato que hace sobre los hechos ocurridos en la Nueva Guatemala de la Asunción, entonces capital de la República Federal y del Estado de Guatemala, tras la invasión del general liberal hondureño Francisco Morazán:1

«En Centroamérica se vivía en un reino; las costumbres y las castas eran imitaciones de las peninsulares; se traían de allende el Atlántico las virtudes y los vicios; las tendencias y las aspiraciones; los prejuicios y los anhelos : de esta suerte, el afán de crear una nobleza se compaginaba con el espíritu de la época. Hoy nos parece pueril tal afán; pero para aquellos días, era una obligada resultante. Y ya que no hubo procer capaz de dejar su simiente bajo el dombo de nuestro maravilloso cielo, los criollos que se veían en una situación económica desahogada, buscaron la manera de crear su aristocracia y de allí se originaron ‘las familias‘.

Y la consecuencia se perfiló desde luego : una lucha de castas se fomentó, y en los instantes de las resoluciones reventaron las animosidades mantenidas. A la hora de la independencia, los miembros más salientes de las familias fueron corifeos de la obra redentora y la firma de don Mariano de Beltranena es la que se sigue a la del pérfido Gaínza, en la famosa acta del 15 de septiembre de 1821. El señor de Beltranena era por entonces un hombre cuarentón, abogado de los tribunales, que había pertenecido al Ayuntamiento y al consulado de comercio e integraba la diputación provincial. Su dicho en los instantes solemnes de la independencia tenía un peso decisivo. Y ya que me refiero en el presente capítulo a la muerte política, de don Mariano de Beltranena, debo decir que éste tuvo un gesto de noble altivez, que habrá de servir como un ejemplo a imitar, por los ciudadanos que se encuentren en casos similares. Que al fin y al cabo los vencedores militares podrán abatir los cuerpos, pero jamás podrán llegar al espíritu de los hombres dignos.

Entró el general Morazán en la plaza de Guatemala el 13 de abril de 1829, después de firmarse la capitulación, por la cual el jefe vencedor garantizaba las vidas y los bienes de los sitiados. Las tropas invasoras no pudieron ser detenidas y consumaron toda suerte de tropelías. Asaltaron las casas de los principales ciudadanos, se cometieron robos y asesinatos y durante muchos años se conservó el recuerdo de las infamias consumadas. La casa de Beltranena fué blanco de la barbarie: se rompieron las puertas y se realizó toda suerte de infamias.

Sin embargo, aquel mal se soportaba, como una consecuencia de la indisciplina de las tropas. Pero al día siguiente de ser ocupada la plaza, se citó a un número de vecinos distinguidos, entre los que se encontraba el presidente de la República en receso, don Manuel José Arce, el vicepresidente en ejercicio del poder don Mariano de Beltranena, el jefe del Estado de Guatemala, don Mariano de Aycinena, los Ministros de la República y del Estado y otras altas individualidades de la política y la administración.

Cuando todos estos ciudadanos se encontraban en una sala del palacio, a donde llegaran obedientes al llamado, amparados por los artículos de la capitulación y ajenos a toda acechanza, trajeados con sus vestidos de etiqueta, se presentó un oficial y, sin andarse con muchos requilorios, les hizo saber que quedaban presos en virtud de haber roto la capitulación el general Morazán…» Fueron sacados y, puestos en medio de filas de gente armada, trasladados a los cuarteles y prisiones. Muchos se imaginaron que había llegado el último momento. Hubo quiénes pidieran confesores y que se les permitiera testar. ‘Las familias’ se alborotaron y, desde luego, con los antecedentes conocidos, calcularon la inmensa tragedia que iba a desarrollarse.

En aquellos momentos trágicos, don Mariano de Beltranena permaneció altivo, sereno, con la fuerza que da la seguridad de la propia obra. Y requiriendo recado de escribir, formuló la siguiente protesta, redactada en un tono de suprema dignidad. Dice así:

Hallándome en el palacio nacional el día de ayer con los Secretarios del despacho, dedicado a los asuntos del Gobierno, fué ocupada la capital de la República por las fuerzas de los Estados de Honduras y El Salvador, después de haber capitulado la guarnición que la defendía.

El Secretario de Estado dirigió inmediatamente por mi orden mía comunicación al general de dichas fuerzas, en solicitud de que le informase si el Gobierno podía considerarse libre y expedito en el ejercicio de sus funciones; y habiéndosele contestado que desde el momento de la ocupación de la plaza debían de cesar de funcionar todas las autoridades que existían en ella, repuso el Secretario de Estado : que el Gobierno se abstendría de todo acto gubernativo, cediendo al imperio de las circunstancias.

Durante estas comunicaciones, el coronel J. Gregorio Salazar me comunicó de palabra orden de prisión y también la intimó al Secretario de Estado.

Fui arrancado en unión suya del palacio del gobierno, para ser conducido a un cuartel por el mismo jefe y por un oficial subalterno.

Se ha violado en mi persona la suprema autoridad de la nación, y se ha ultrajado al pueblo centroamericano. Yo solo puedo responder de mi administración y de mi conducta a sus representantes: la  ley fundamental que lo prescribe ha sido hollada por el poder de las armas.

Yo protesto solemnemente contra la ilegalidad y contra la violencia de estos procedimientos.

En el cuartel de mi prisión, a 14 de abril de 1829.

        • M. Beltranena
        • El Secretario de Estado y del despacho de relaciones interiores y exteriores, justicia y negocios eclesiásicos, (firmado) J. F. de Sosa.1

El encono político detuvo en las cárceles al señor de Beltranena: de la presidencia de la República de Centro-América había pasado a una celda de presidiario. El señor don Manuel José Arce y don Mariano de Aycinena, se dirigieron al cabo, al general Morazán pidiéndole gracia en su infortunio. Morazán los oyó al transcurso de los meses, los puso en libertad y les expatrió con la condición precisa que no podían ocupar ningún terreno de Centro-América ni de México; el buque los llevó a Nueva Orleans. En tanto don Mariano de Beltranena permaneció sereno, expuesto a las acometividades seguras y, cuando obtuvo la libertad, salió para la Isla de Cuba en donde murió, sin querer volver a la patria. Aún después de haber triunfado los conservadores y a pesar de las continuas insinuaciones para que volviese, el señor de Beltranena se mantuvo en el exilio.»1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.

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9 de abril de 1873: decretan Reglamento de elección del Presidente de la República

Se hacen las correcciones pertinentes al Reglamento de elección del Presidente de la República emitido por el presidente provisorio Miguel García Granados

9abril1873
El templo de Santo Domingo durante la época en que J. Rufino Barrios fue electo presidente.  Poco después, su convento sería expropiado por el nuevo presidente y convertido en la Dirección General de Rentas.  Imagen tomada de El Porvenir de Centro América de 1892.  En los recuadros: retratos de los generales Barrios y Miguel García Granados tomados de Wikimedia Commons.

La relación entre Miguel García-Granados y Zavala y J. Rufino Barrios estaba muy lejos de ser cordial.  De hecho, la rivalidad entre ambos líderes se originaba en cuestiones de clase social, ya que mientras García Granados era de ascendencia española y su familia pertenecía a la familia Aycinena (es decir, a la aristocracia más rancia de Guatemala), Barrios era un criollo hacendado que no veía con buenos ojos a los aristócratas que habían estado en el poder hasta 1871.1,2

Originalmente, el plan de colocar a García Granados como presidente provisorio tenía como fin primordial conseguir una alianza estratégica con los criollos aristócratas, los cuales no tuvieron problema en pactar con el nuevo presidente, en especial en lo relativo a la disolución de los pactos que el fallecido expresidente Rafael Carrera había establecido con los líderes indígenas de la República.  Los criollos conservadores habían tolerado dichos pactos porque no querían que ocurrieran las masacres que se dieron en Yucatán, cuando los indígenas se alzaron y aniquilaron a los europeos y sus descendientes, y porque ningun otro país latinoamericano estaba dispuesto a recibirlos por su orientación conservadora.3

Pero lo criollos liberales no estaban de acuerdo con pactos que tomaran mucho tiempo, y presionaron a García Granados para que abandonara el poder en favor del mucho más joven Barrios, quien estaba dispuesto a reformar el país para beneficio suyo y de sus allegados.

La excusa para que García Granados dejara el poder estuvo en las constantes revueltas de los pueblos del oriente guatemalteco, que se resistían a aceptar a las nuevas autoridades, obligando al presidente provisorio a decretar el Estado de Sitio, y retrasando el proceso de redactar una nueva constitución de Guatemala, ya que los liberales habían desconocido la de 1851 por medio del Acta de Patzicía.4

El 29 de marzo, se emitió el siguiente decreto, que refleja la situación del país y el ansia de los liberales por salir del anciano presidente provisorio:

Decreto Num. 95

Considerando: que la intranquilidad en que ha estado y aun se encuentra el país no ha permitido a la Asamblea Constituyente emitir la ley fundamental que debe regir definitivamente en la República;Que, entre tanto, la prolongación del estado provisorio del Gobierno tiene inconvenientes graves, siendo el principal la falta de confianza que trae consigo una situación precaria y poco estable: Que aun cuando no se haya emitido la ley fundamental, esto no es obstáculo para que la Nación elija desde luego al ciudadano que deba gobernarla en el primer período constitucional:Que esta medida podrá en mucha parte contribuir a restablecer la confianza y volver la calma al país.  Todo bien considerado, y en virtud de las amplias facultades de que ha hallo investido.

DECRETO:

Artículo 1.° – Se convocará a la nación a que elija Presidente de la República, para el primer período constitucional.

Artículo 2.° – El electo entrará inmediatamente a ejercer sus funciones y durará en el ejercicio de ellas el tiempo que señale una ley fundamental, computado desde el día de la toma de posesión.

Artículo 3.° – Mientras dicha ley no se dé, las atribuciones y poderes del Presidente, serán las que designa el acta de Patzicía al Presidente provisorio.

Artículo 4.° – Las actas de elección serán abiertas por la Asamblea Constituyente, cuyo Presidente la convocará al efecto, y se procederá en todo conforme al reglamento que en esta fecha se emite.

Dado en Guatemala a veintinueve de marzo de mil ochocientos setenta y tres.

    • Miguel García-Granados
    • Marco Aurelio Soto, Ministro de Gobernación, Justicia y Negocios Eclesiásticos4

El reglamento mencionado adolecía de varios defectos, los cuales fueron corregidos el 9 de abril, cuando se procedió formalmente a convocar a las elecciones.

El general Barrios resultó electo por inmensa mayoría, y pese a lo requerido por García Granados, no se hizo una nueva constitución sino hasta en 1879, y cuando esta estuvo lista no se computó el inicio del gobierno de Barrios desde 1873, sino desde el momento en que se aprobó la nueva constitución.5  De esta forma, por medio de una Asamblea servil y un pueblo dócil, Barrios se mantuvo en el poder legalmente durante doce años sin necesidad de reelegirse.


BIBLIOGRAFIA:

  1. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados. Tomo 2. Guatemala: Tipografía Nacional.
  2. García Aguilar, Adolfo (1 de julio de 1899). «El general don Miguel García Granados». Revista Militar: órgano de los intereses del Ejército (Guatemala) I (15).
  3. Woodward, Ralph Lee, Jr.  (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  4. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  5. Asamblea Nacional Constituyente (1899). Ley constitutiva de la República de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 11 de diciembre de 1879 y reformada por el mismo Alto Cuerpo en 5 de noviembre de 1887 y 30 de agosto de 1897; para uso de las escuelas. Guatemala: Tipografía Nacional.