16 de marzo de 1968: secuestro del arzobispo Casariego y Acevedo

16marzo1968
Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala. A la izquierda, el Palacio Arzobispal, de donde fue secuestrado el arzobispo Casariego y Acevedo. En el recuadro: retrato oficial del arzobispo quien fue elevado a cardenal por el Papa en 1969. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y de Parroquia Santa María de Todos los Santos.

El gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro estuvo constantemente extendiendo el estado de alarma o el estado de sitio en toda la República y favoreciendo los intereses de las élites económicas ante los constantes ataques y atentados perpetrados por los grupos rebeldes de izquierda.   De hecho, para principios de 1968 había favorecido el fortalecimiento del ejército mediante lo siguiente:

  1. Permitió el ingreso de los Boinas Verdes (Green Berets) del Ejército de los Estados Unidos para entrenar a los miembros del ejército en la lucha contrainsurgente con tácticas aprendidas en las guerras de Corea y de Vietnam.
  2. Recibió 17 millones de dólares de ayuda militar recibida por el gobierno de los Estados Unidos
  3. Creó el Instituto de Previsión Militar y el Centro de Estudios Militares.1

Si bien todo esto iba contra los principios del presidente, quien era de izquierda, éste había firmado un pacto con los militares para poder tomar posesión en 1966 y no le quedaba más que aceptar las condiciones que se le imponían.2  Es más, a principios de 1968 llegó al colmo de dar refugio en el Palacio Nacional a muchos de sus antiguos correligionrios quienes dormían allí en catres y sofás porque ese era el único lugar en donde estaban a salvo de las «listas de la muerte» que el Ejército había preparado en contra de los activistas izquierdistas.3

La estrategia militar estaba a cargo de tres figuras principales: el coronel Carlos Arana Osrio, comandante de la guerra contrainsurgente en Zacapa y jefe de los grupos paramilitarse que aterrorizaban a la población rural; el coronel Manuel Francisco Sosa Avila, director de la Policía Nacional y coordinador de los grupos paramilitares conocidos como «escuadrones de la muerte«, y el coronel Rafael Arriaga Bosque, Ministro de la Defensa Nacional, quienes urdieron un plan para salir definitivamente del presidente Méndez Montenegro.3

El sábado 16 de marzo de 1968, como ya era costumbre, el presidente emitió un decreto, extendiendo el estado de alarma:4

Decreto número 629:

Julio César Méndez Montenegro, Presidente Constitucional de la República,

Considerando: que los enemigos del orden público y la paz social persisten en la comisión de acciones de violencia contra las personas y sus bienes para intranquilizar a la familia guatemalteca, ya sea mediante actos directos de agresión armada o haciendo estallar artefactos explosivos, además de otros hechos graves de terrorismo;

Considerando: que en consecuencia, no habiendo desaparecido totalmente las causas que dieron origen al establecimiento del Estado de Alarma y a la limitación en el libre ejercicio de las garantías individuales en todo el territorio nacional se hace indispensable dictar las medidas necesarias a fin de que el Gobierno legítimamente constituido pueda hacer uso de las facultas de excepción que la Constitución de la República contempla para los casos en que se pretende quebrantar el orden institucional,

Por tanto, […] en Consejo de Ministros, decreta:

Artículo 1°. — A partir del día dieciséis de marzo del año en curso se prorrogan por treinta días más, en todo el territorio nacional, el Estado de Alarma y la limitación en el libre ejercicio de las garantías individuales. […]

Artículo 6°. —Las personas contra quienes existieran indicios fundados de que actúan para alterar el orden público, podrán ser detenidas sin necesidad de mandamiento judicial o apremio.[…]

Artículo 8°. — Los órganos de publicidad está obligados a evitar las publicaciones que puedan causar confusión o pánico, o agraven la situación.

Artículo 9°. — Las providencias, resoluciones o disposiciones que dictaren las autoridades encargadas de mantener el orden público, tendrán carácter eminentemente ejecutivo y los actos derivados de su aplicación no podrán ser impugnados de amparo, sino hasta que cese la vigencia de este decreto.[…]4,Nota_a

A pesar de la prórroga del estado de alarma, ese mismo día por la tarde el arzobispo metropolitano de Guatemala, Mario Casariego y Acevedo fue secuestrado.  El arzobispo era de origen español y nacionalizado guatemalteco y había sido Arzobispo Coadjutor, Vicario General de la Iglesia Católica guatemalteca, y capellán de la Escuela Politécnica, y gracias a la participación de su predecesor, Mariano Rossell y Arellano, en el derrocamiento del gobierno del teniente coronel Jacobo Árbenz Guzmán, contaba con importantes relaciones con el ejército y las élites económicas guatemaltecas.3

Este secuestro correspondía al plan de Arana, Sosa Ávila y Arriaga Bosque, quienes culparon a las Fuerzas Armadas Rebeldes —único grupo guerrillo que existía en ese entonces— de haberlo perpetrado. Los militares pensaron que aquello provocaría un enorme rechazo hacia los grupos guerrilleros y protestas masivas contra el gobierno, tras lo cual darían un golpe de Estado y restaurarían el orden. Finalmente, ya en el poder, harían negociarían con los supuestos guerrilleros y quedarían como los héroes que salvaron la situación y rescataron al arzobipos.5

Como esperaban, inmediatamente después del secuestro, el Presidente tuvo que declarar el Estado de Sitio el lunes 18, el cual fue aprobado por medio del siguiente decreto del Congreso: 6

Decreto Número 1739

El Congreso de la República de Guatemala,

Considerando: Que el pueblo de Guatemala se ha visto conmovido ante el inaudito secuestro de que ha sido víctima el Ilustrísimo y Reverendísimo Arzobispo Metropolitano de Guatemala, Monseñor Mario Casariego, lo cual constituye un ataque a las instituciones sociales, culturales y espirituales de los guatemaltecos, un desprecio a la máxima autoridad católica del país y una perturbación grave de la paz;Nota_b

Considerando: que no obstante haber emitido el Presidente de la República en Consejo de Ministros, el Decreto 629 que impuso el Estado de Alarma por treinta días en todo el territorio nacional, a partir del 16 de marzo del año en curso, se han producido hechos de honda repercusión en la paz social y el orden público, que atentan contra la seguridad el Estado, por lo que el Presidente de la República en Consejo de Ministros ha impuestos el Estado de Sitio a través del Decreto número 630, por treinta días a partir del 18 de marzo en curso, por tanto:

Con base en el artículo 151 de la Constitución de la República, decreta:

Artículo 1°. — Se ratifica el Decreto número 630 emitido por el Presidente de la República en Consejo de Ministros, estableciendo el Estado de Sitio en toda la República por treinta días a partir del 18 de marzo de 1968, limtando el libre ejercicio de las garantías individuales que cita dicho decreto e imponiendo la vigencia de la Ley de Orden Público.[…]

La vigencia del Decreto número 630 del presidente de la República deberá interpretarse en el sentido de que se conservan incólumes los recursos jurisdiccionales que la constitución concede a los habitantes para la defensa de sus recursos.Nota_c

Artículo 2°. — Se faculta a la Corte Suprema de Justicia, para que durante la vigencia del Decreto del presidente de la República, número 630, pueda delegar la práctica de exhibiciones personales en uno o varios Magistrados de la misma, o de la Corte de Apelaciones, cumpliendo con las formalidades que determina la ley.[…]6

Pero el plan de los militares falló, principalmente porque el arzobispo no estuvo de acuerdo con el auto-secuestro y porque los secuestradores atraparon a Casariego prácticamente en la puerta del Palacio Arzobispal, situado a escasos 100 metros del Palacio Nacional, y que en ese momento tenía una fuerte presencia militar y policial.  Por este último detalle fue que algunos periodistas de «El Imparcial» y de «La Hora» hicieron ver de inmediato que los militares podrían estar involucrados en el hecho.5,Nota_d Y por esto, en vez de que hubiera manifestaciones contra el gobierno, lo que hubo fueron manifestaciones contra el Ejército.  Para el 20 de marzo, ya la embajada de los Estados Unidos estaba al tanto de lo que verdaderamente había ocurrido y reportó lo siguiente al Departamento de Estado: «el secuestro del arzobispo is parte de un complot militar/derechista para derrocar al gobierno.  El secuestro parece haber sido perpetrado por miembros de las fuerzas armadas para promover manifestaciones contra el gobierno.»7

En un incidente que parece sacado de una novela, un cartero vió al arzobispo cuando se lo llevaban sus captores, y los siguió en su carro hasta una casa en Villa Canales.  El cartero llamó a la Policía Nacional para reportar el hecho desde un teléfono público cercano, y se llevó una gran sorpresa cuando vió que a los pocos minutos se llevaban al arzobispo a otro lugar. Todavía tuvo tiempo para llamar a los periódicos a darles la primicia antes de ser arrestado por «esparcir rumores maliciosos en detrimento de la seguridad del Estado«.7

Viéndose descubiertos, los militares complotistas buscaron un chivo expiatorio.  El día en que fue liberado Casariego y Acevedo, la Policía Nacional arrestó a dos miembros del grupo paramilitar Movimiento Anticomunista Nacional Organizado (MANO), llamados Raúl Estuardo Lorezana e Inés Mufio Padilla.  Luego, cuando los llevaban a prestar declaración, el carro en el que iban se detuvo y sus custodios se salieron, solo para un carro que iba pasando los rociara con metralla.7

Nuevamente el plan fue contraproducente.  La indignación estalló ante lo burdo del ataque contra Lorenzana y Mufio y el presidente, envalentonado, pidió la renuncia a los tres conspiradores quienes aceptaron, pero no tuvieron que enfrentar cargos. Arriaga Bosque fue enviado a Miami, Florida como Cónsul General, Avila se fue para España como agregado militar, y Arana salió para Nicaragua como embajador y fue recibido por el presidente Anastasio Somoza como a un héroe.8

Cuando Arana regresó a Guatemala, resultó electo presidente en sustitución de Méndez Montenegro en 1970, con lo que llegó al poder constitucionalmente.


NOTAS:

    • a: por este medio se da carta blanca a las fuerzas del estado para actuar como juzguen más conveniente y esperar hasta que pase el estado de alarma para rendir cuentas, si es que alguien se atreviera a hacerlo para entonces.
    • b: nótese la revenrencia que muestran los miembros del congreso ante el arzobispo metropolitano, la cual contrasta con todos los decretos anticlericales emitidos por los gobiernos de J. Rufino Barrios en la que tachaba a la Iglesia Católica de innecesaria y obsoleta.  Esto se debía a que el fallecido arzobispo Mariano Rossell y Arellano fue uno de los principales aliados del Movimiento de Liberación Nacional para derrocar al gobierno de Arbenz, y así recuperar muchos de los privilegios perdidos en 1871.
    • c: este párrafo daba permiso a las élites económicas de utilizar grupos paramilitares para defender sus bienes.  Esto estaba en consonancia con el decreto 2795 emitido el 29 de abril de 1944 por el gobierno del general Jorge Ubico, en el que le daba autorización a las élites económicas y a la United Fruit Company de matar a todo aquel que intentara robar en sus posesiones, sin temor a tener persecusión legal.9
    • d: el periódico «La Hora» era propiedad del vicepresidente de la República, licenciado Clemente Marroquín Rojas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Donoghue, Michael (1995). Army for Progress: the U.S. Militarization of the Guatemalan Political and Social Crisis 1961-1969. University of Rhode Island. p. 146.
  2. Villagrán Kramer, Francisco (1994). Biografía política de Guatemala: Los pactos políticos de 1944 a 1970 (2a. edición). Guatemala: FLACSO.
  3. Chaulón Vélez, Mauricio José (2009). La Hermandad del Señor Sepultado del templo de Santo Domingo, en la Ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, y sus niveles de relación con grupos de poder político y económico durante el siglo XX. Guatemala: Universidad de San Carlos de Guatemala; Escuela de Historia. p. 146.
  4. Azurdia Alfaro, Roberto (19) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, LXXXVII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 121-122.
  5. Donoghue, Michael, Army for Progress, p. 147.
  6. Azurdia Alfaro, Recopilación de las Leyes, p. 60-61.
  7. Donoghue, Michael, Army for Progress, p. 148.
  8. Ibid., p. 149.
  9. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. LXIII. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 304-305. 

5 de febrero de 1953: destituyen a Corte Suprema por amparo contra Reforma Agraria

Tras haber dado lugar a un amparo en contra del presidente Jacobo Arbenz, en su calidad de Organo Supremo de la Reforma Agraria este pide al Congreso de la República que destituya a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia

5febrero1953
Plantaciones bananeras de la United Fruit Company en Izabal en la década de 1910. La poderosa transnacional estadounidense fue la principal afectada por el Decreto 900 de Reforma Agraria promovido por el gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán. Imagen tomada de «Libro Azul de Guatemala«. En el recuadro: retrato oficial del presidente Arbenz. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La situación de Guatemala a principios de 1953 era hostil hacia los tradicionales poderes económicos -los criollos locales y la frutera transnacional estadounidense United Fruit Company– ya que la Reforma Agraria estaba en plena implementación y se estaba autorizando la creación de sindicatos de toda índole.1 La situación era delicada por la tensión que estos cambios generaban, y por ello luego de que las sesiones del Organismo Legislativo cerraran, el 21 de enero de ese año el presidente, coronel Jacobo Arbenz Guzmán, emitió el Decreto 28 del organismo Ejectuvo por el que convocó a sesiones extraordinarias al Congreso de la República:2

Decreto Número 28

El Presidente Constitucional de la República,

Con base en los artículos 105 y 137, inciso 4o de la Constitución de la República, decreta:

Artículo 1°. Convocar a sesiones extraordinarias al Honorable Congreso de la República, para tratar los siguientes asuntos:

      1. Transferencia de partidas del actual Prespuesto General de Ingresos y Gastos de la Nación;
      2. Ley de Rodaje y Conservación de Carreteras;
      3. Iniciativas de ley sobre creación de impuestos y emisión de bonos por Q20,000,000.00 para obras esenciales
      4. Derogatoria del inciso m) del articulo 45 del Decreto numero 573 del Congreso (Ley de Organización de Fincas Nacionales);
      5. Contrato celebrado por el Ejecutivo para explotar maderas en El Petén (PETENSA); y
      6. Demás proyectos de ley enviados por el Ejecutivo y que aun penden de ser votados por ese Alto Organismo.

Artículo 2°. Las sesiones extraordinarias se instalarán el día viernes 23 del mes en curso y durarán el tiempo que se estime necesario.

Dado en el Palacio Nacional: en Guatemala, a los veintiún días del mes de enero de mil novecientos cincuenta y tres.

        • J. Arbenz
        • El Ministro de Gobernación, A. Charnaud Mac Donald2

El Congreso inició sus sesiones mediante el Decreto Legislativo 943 del 21 de enero y el 5 de febrero amplió el decreto 28 para poder destituir a tres de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia que habian admitido un amparo solicitado contra el Presidente Arbenz, en su calidad de máxima autoridad de la Reforma Agraria.3  He aquí el decreto:4

Decreto Número 944

El Congreso de la República de Guatemala, Decreta:

Artículo único – Se amplía el Decreto número 28 del Organismo Ejecutivo de fecha 21 de enero de 1953, por el que se convocó a las presentes sesiones extraordinarias, para conocer y resolver la consulta que hiciera el ciudadano Presidente Constitucional de la República, en su carácter de Organo Supremo de la Reforma Agraria, al Congreso, y para dictar las resoluciones que estimen convenientes.

Dado en el Palacio del Organismo Legislativo, en Guatemala, el 5 de febrero de mil novecientos cincuenta y tres, año noveno de la Revolución.4

Luego de esta amplicación, antes de la una de la madrugada del 6 de febrero, el Congreso en sesión permanente resolvió destituir a cuatro de los Magistrados de la Corte Suprema, dejando solamente a Edmundo López Durán, utilizando como razón legal que al aplicar la Constitución de 1945 sobre la Ley Agraria que prohíbe el conocimiento de sus asuntos a tribunales judiciales, se demostró ineptitud.3  He aquí el Decreto Número 945 por el que el Congreso destituyó a los magistrados mencionados:5

Decreto Número 945:

El Congreso de la República de Guatemala, decreta:

Artículo único. De conformidad con lo establecido en el inciso 9o. del articulo 115 de la Constitución de la República, se destituye de sus cargos, al licenciado Arturo Herbruger Asturias, presidente del Organismo Judicial; a los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, abogados Francisco Carrillo Magaña, Justo Rufino Morales y José Vicente Rodríguez.

Pase al Organismo Ejecutivo para su publicación.

Dado en el Palacio del Organismo Legislativo: en Guatemala, el seis de febrero de mil novecientos cincuenta y tres, año noveno de la Revolución.

        • Julio Estrada de la Hoz, presidente
        • Jaime Barrios Archila, secretario
        • Guillermo Ovando Arriola, secretario5

Ese mismo día el Congreso emitio el Decreto número 946, por medio del cual nombró como presidente del Organismo Judicial al abogado Marcial Méndez Montenegro, y como magistrados de la Corte Suprema de Justicia a los abogados José Arturo Ruano Mejía, Richard Chavez Nachmann y Virgilio Zapata Mendía.5

Pero la presión sobre el régimen arbencista iba en aumento ya que no solamente la situación interna estaba tensa con el poder económico por la Reforma Agraria, sino que también lo estaba la relación con los países vecinos, debido a los gobiernos pro-estadounidenses que estos tenían. De hecho, los embajadores de Honduras y Nicaragua eran espías anticomunistas que mantenían informados a sus respectivos gobiernos de todo lo que acontecía con el gobierno de Arbenz. Y, ademas, la falta de diplomacia del presidente guatemalteco no ayudaba a su causa; por ejemplo, a principios de febrero de ese año hubo un conflicto diplomatico con la Nicaragua del general Anastasio Somoza, reconocido dictador totalitario, cuando el embajador de este país quiso celebrar el cumpleaños del gobernante nicaragüense con una magnífica recepción con baile y cena, y el presidente Arbenz le hizo saber que ni él ni ningún miembro de su gobierno asistiría, por lo que el gobierno nicaragüense decidió presentar una ponencia contra Guatemala en la reunión de Cancilleres que se avecinaba y empezó a planear romper relaciones con el gobierno guatemalteco.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Azurdia Alfaro, Roberto (1959) Recopilación de las leyes de la Republica de Guatemala, 1952-1953, LXXI Guatemala, Tipografía Nacional, pp. 384-650.
  2. Ibid., p. 91.
  3. García Ferreira, Roberto (2016). Diplomaticos y espias en la guerra fria centroamericana. El Faro.
  4. Azurdia Alfaro, Recopilacion de las leyes, p. 69.
  5. Ibid., p. 70.

24 de enero de 1934: Guatemala, Honduras y Nicaragua denuncian Acuerdo de Paz y Amistad

24enero1934
Trabajos de construcción al final de la Avenida de La Reforma y Calle Real de Pamplona para el monumento a Los Próceres en 1934. En el recuadro: el presidente de facto de El Salvador, Maximiliano Hernández Martínez, por quien los gobiernos centroamerianos denunciaron el Pacto de Amistad de 1923 que prohibía reconocer gobiernos de facto. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 7 de febrero de 1923, los gobiernos de las repúblicas centroamericanas firmaron el Acuerdo General de Paz y Amistad de Washington, en los que se comprometían a no reconocer a ningun gobierno de facto en la región.1  Con base en este Acuerdo, cuando ocurrió el golpe de estado en contra del gobierno del licenciado Baudilio Palma en Guatemala el 17 de diciembre de 1930,2 la embajada de los Estados Unidos en el país se negó enfáticamente a aceptar al nuevo gobierno y movió sus piezas para que a la mayor brevedad posible fue electo el general Jorge Ubico.3

La situación cambió drásticamente en 1932, luego del golpe de estado en El Salvador que llevó al general Maximiliano Hernández Martínez al poder y la masacre que éste perpetró en contra de miles de campesinos que habían participado en un alzamiento campesino en contra de las deplorables condiciones de trabajo a que eran sometidos por los hacendados cafetaleros locales y la severa crisis económica que asolaba al país tras el inicio de la Gran Depresión en 1929.  El gobierno de facto de Hernández Martínez, los hacendados criollos y los intelectuales de la capital hicieron ver que el alzamiento no era debido a las difíciles condiciones económicas que afectaban a los campesinos, sino que a las ideas comunistas que se habían infiltrado en el país.   Si bien es cierto que sí hubo participación de los elementos comunistas salvadoreños, y del Socorro Rojo Internacional comandado por Farabundo Martí, la rebelión fue mucho mayor de lo que aquellos pequeños grupos podrían haber organizado.4

En base al Acuerdo de Paz y Amistad el gobierno de Hernández Martínez todavía no era reconocido por el de los Estados Unidos, como había ocurrido con el régimen de Manuel María Orellana en Guatemala en diciembre de 1930, pero la situación política internacional cambió drasticamente con la llegada al poder del presidente Franklin D. Roosevelt en sustitución del presidente Hoover en los Estados Unidos y cuando el gobierno británico reconoció al régimen de Hernández Martínez en septiembre de 1933.4

Ya con el reconocimiento británico y el cambio de gobierno estadounidense al paratido demócrata, Costa Rica denunció el Pacto de Amistad el 23 de diciembre de 1933, seguido del régimen de facto en El Salvador pocos días después. Finalmente, los regímenes militares de Jorge Ubico en Guatemala, Tiburcio Carías Andino en Honduras y del licenciado Juan Bautista Sacasa en Nicaragua —este último bajo la sombra del director de la Guardia Nacional, general Anastasio Somoza García— lo denunciaron simultáneamente el 24 de enero de 1934, forzando así a Roosevelt a denunciarlo el 26 de enero.4

En su mensaje a la Asamblea Legislativa durante la apertura de las sesiones ordinarias de ésta en marzo de 1935, el general Ubico dijo lo siguiente al respecto del Acuerdo de Paz:  «En cuanto a los asuntos intercentroamericanos, tengo la satisfacción de informaros que en enero último se reanudaron en forma oficial, las relaciones diplomáticas con el Gobierno de la hermana República de El Salvador, en virtud de acuerdo con los Gobiernos de Nicaragua y Honduras, firmantes del Tratado General de Paz y Amistad de 1923 y en cumplimiento de la política de Buen Vecio que cuidadosamente he puerto en práctica desde el 14 de febrero de 1931.  Tengo el agrado de informaros que el Excelentísimo señor Presidente de Nicaragua, en nombre de los Gobiernos de Guatemala, Honduras y Nicaragua, especialmente facultados para ello, invitó a los gobiernos de El Salvador y Costa Rica para que concurran a la Primera Conferencia Centroamericana, que se reunirá en esta ciudad el día 15 del corriente mes, Conferencia que tiene por fin primordial determinar las relaciones futuras de los Gobiernos y Pueblos Centroamericanos y cimentar la fraternidad entre ellos, sobre bases de positiva conveniencia y de recíproco apoyo para conservar la paz entre los cinco Estados, desarrollar su progreso efectivo y realizar las nobles aspiraciones de sus respectivos pueblos.»  En otras palabras: el gobierno denunció el Acuerdo de Paz y Amistad de 1923 y estaba buscando establecer uno nuevo que aceptara gobiernos de facto.5

Con este movimiento de piezas, los Estados Unidos habían colocado gobiernos militares en la región para defender sus intereses económicos, principalmente los de la gigantesca corporación transnacional United Fruit Company, cuya subsidiaria International Railways of Central America tenía el monopolio del transporte ferroviario en Guatemala y El Salvador.  Y, por ello, no es casualidad que los regímenes de Hernández Martínez y de Ubico cayeran en cuestión de dos meses el uno del otro en 1944 luego de que la frutera quedara muy debilitada por el hundimiento de su flota mercante durante la Segunda Guerra Mundial.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Asamblea Nacional de la República de Nicaragua (3 de marzo de 1923). Las Convenciones de Washington – Tratado de Paz y Amistad. Nicaragua.
  2. Department of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. Estados Unidos: Department of State. pp. 172-179.
  3. Ibid., pp. 186-190.
  4. Campos, Napoleón(2007) Tropas de El Salvador en Irak. 2003-200? El Salvador: Ojos de Papel.
  5. Méndez, Rosendo P. (1937). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1934-1935. LIII. Guatemala: Tipografía Nacional. p.  viii.
  6. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista en latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944.  El Salvador: En La Universidad. p. 52.

10 de enero de 1812: fundan la Universidad de León

Las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz expiden el Decreto CXVI, creando la Universidad de León, Nicaragua, en el Seminario conciliar de esa ciudad.

2abril1885
El edificio de la Universidad de León en Nicaragua en 2012. En el recuadro: el escudo del Consejo de Regencia del rey Fernando VII durante las Cortes de Cádiz, que estableció la Universidad de León. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 10 de enero de 1812, las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz expidieron el Decreto CXVI, en virtud del cual se crea la Universidad de León, Nicaragua, en el Seminario conciliar de esa ciudad, con las mismas facultades que las demás de América, á solicitud del Obispo Nicolás García Xerez. Aquella nueva universidad, segunda en el Reino de Guatemala después de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en la Nueva Guatemala de la Asunción, fue fundada por un decreto dice así:1

Decreto CXVI

De 10 de enero de 1812

Erección de Universidad en el Seminario conciliar de León de Nicaragua

Atendiendo las Cortes Generales y extraordinarias a las circunstancias particulares en que se halla el seminario conciliar de León de Nicaragua, y a las ventajas que en general resultan a la Nación de fomentar el establecimiento de educación pública, decretan:

      1. En el Seminario conciliar de León de Nicaragua se erigirá universidad con las mismas facultades de las demás de América.
      2. El Consejo de Regencia, con presencia de la solicitud y testimonio remitido por el R. Obispo de León de Nicaragua, y de los establecido en la Península con respecto a las universidades reformadas, ordenará el plan que haya de seguirse en la de León.

Lo tendrá entendido Consejo de Regencia, y dispondrá lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular.

Dado en Cádiz a 10 de enero de 1812.

        • Manuel de Villafañe, presidente
        • Josef Antonio Sambiela, diputado secretario
        • José María Gutiérrez de Terán, diputado secretario.1

Al Consejo de Regencia. Reg. fol. 174.1

Este establecimiento, el único de educación literaria que existía en Nicaragua, y la segunda universidad en el Reino de Guatemala durante la época colonial, casi había desaparecido totalmente durante la inestabilidad que aquejó a Centroamérica tras la formación de las Provincias Unidas del Centro de América el 1 de julio de 1823.2 Finalmente, la universidad fue restablecida el 10 de octubre de 1831, por medio el decreto que se reproduce a continuación y que muestra la fragilidad de la región centroamericana en la época en mención:3

La Asamblea Constituyente del Estado:

considerando: que uno de los medios mas eficaces de promover la felicidad pública, y consolidar el sistema que nos rige, es facilitar la instruccion de la juventud y propagar las luces atendiendo á que esto se logra en mucha parte con los establecimientos literarios, y considerando: que el único que habla en el mismo Estado, que es la Universidad de esta ciudad, al presente se halla reducido á nulidad, suspensa la enseñanza de las ciencias que allí se estudiaban y sin esperanza de su establecimiento sin una especial proteccion de los Supremos Poderes del propio Estado y sin los auxilios pecuniarios que exige la escasez de sus fondos; ha venido en decretar y decreta:

Art. 1°. El Gobierno dispondrá que á la mayor brevedad posible se restablezcan las aulas y la enseñanza de las ciencias que se estudiaban en la Universidad de esta ciudad; dando al efecto las correspondientes órdenes para que el Rector de dicha Universidad, si lo hubiere, y estubiere en la misma ciudad, ó el Doctor más antiguo en su defecto, haga reunir el Claustro, quien acordará y dispondrá lo conveniente á fin de que se verifique el pronto restablecimiento de la espresada enseñanza, siguiendo en todo lo dispuesto por la Constitucion particular de la propia Universidad, y por las demas disposiciones legales.

Art. 2°. El mismo Claustro dispondrá que el Catedrático de Derecho romano dé tambien alternativamente lecciones de Derecho público, y explique asi mismo la Constitucion Federal de la República y la del Estado cuando esté decretada; debiendo los cursantes concurrir á esta aula al mismo tiempo, que cursan la de leyes para poder obtener el grado de Br. en uno ú otro derecho.

Art. 3°. Tambien deberá el Claustro cuidar de que las ciencias que se estudian en la Universidad se expliquen por Autores de buena opinion, y análogos á las luces del siglo.

Art. 4°. La Tesorería de diezmos proveerá a la Universidad del fondo de vacantes que debe ingresar á la Tesorería general, mil doscientos pesos, para el pago de las rentas de los Catedráticos de Gramática, Filosofía, Teología, Moral, Teología dogmática, Cánones, Instituta y Medicina; cuya cantidad se distribuirá en esta forma: cien pesos para el Catedrático de Cánones, la misma cantidad para el de Medicina, y doscientos pesos para los restantes: el mismo Catedrático de Cánones gozará ademas otros cien pesos de los fondos de la Universidad, y el de leyes los doscientos que siempre ha disfrutado de los mismos fondos. Comuníquese al Gobierno para que lo haga cumplir, publicar y circular

Dado en Leon á 21 de octubre de 1825.

      • Gregorio Porras, diputado presidente
      • Silvestre Selva diputado secretario
      • Francisco Parrales, diputado secretario

Es copia fiel de su origen. Ministerio general del Supremo Gobierno. Granada, octubre 10 de 1831.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cortes Generales y Extraordinarias (1812). Colección de los decretos de órdenes que han expedido las Cortes Generales y Extraordinarias. II España: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. p. 50-51.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa. Guatemala: Tipografía Nacional. p.170. 
  3. De la Rocha (s.f.). Recopilación de las Leyes, Decretos y Acuerdos Ejecutivos de la República de Nicaragua en Centro– América. Nicaragua: Asamblea General de la República de Nicaragua.

12 de octubre de 1856: heroismo del coronel Zavala

El coronel José Víctor Zavala, comandante de las fuerzas guatemaltecas, atraviesa el campo de batalla para arrebatar la bandera a los filibusteros de William Walker en Nicaragua.

12octubre1856
Acción de Granada durante la Guerra Nacional de Nicaragua. En el recuadro: retrato del mariscal José Víctor Zavala que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante la Guerra Nacional de Nicaragua, en la que las nacionales centroamericanas dejaron por un lado sus divisiones entre conservadores y liberales y formaron el Ejército Aliado Centroamericano, el oficial guatemalteco José Víctor Zavala se destacó por su valentía y arrojo.

El 12 de octubre de 1856 tuvo lugar la acción más temeraria de Zavala en toda la campaña.  Ese día, arrancó la bandera cubana de la casa que ocupaban los filibusteros de William Walker en la ciudad de Granada en medio de fuego nutrido de las balas enemigas.  Dicha bandera era un ultraje para el patriotismo centroamericano pues era el símbolo de la presencia del filibustero estadounidense y sus mercenarios cubanos intentando convertir a Nicaragua en una colonia esclavista para los Estados Unidos.1

El historiador guatemalteco Federico Hernández de León, describe así aquel hecho:2

«El general Zavala mostraba a cada paso, en los momentos de mayor peligro y en los instantes de vacilación su carácter alborotado y antojadizo, cubierto por el escudo de su valor temerario.  Era el arrojo que dispone los grandes jefes de soldados en lucha, para imprimir valor a sus subordinados.  En este incidente de la toma de Granada, puso en evidencia el general Zavala el valor personal de que disponía, realizando una empresa que no vaciló en juzgar de heroísmo, como que se jugaba la vida en forma abierta.

A eso del mediodía los libertadores ocuparon la plaza de Granada, dejando al margen la iglesia.  Desde las alturas de Jalteva, los filibusteros no cesaban de hacer disparos.  Zavala dispuso atravesar la plaza, solo, para llegar hasta la casa que ocupaba personalmente Walker y apropiarse de una bandera revolucionaria.  Como lo pensó lo hizo.  Atravesó la plaza con e paso ordinario de un hombre que va a paseo, en tanto que una granizada de balas le rodeaba.  Llegó a la casa y tomó la bandera.  Luego, sin alterar los movimientos se volvió al lado de sus soldados que, parapetados en las vías vecinas, esperaban ver caer a su jefe, acribillado por los impactos del enemigo. 

Continuó serenamente Zavala su camino, cuando recibió un tiro en la propia bandera, luego un segundo tiro en el abrigo que llevaba puesto.  No se alteró y llegó hasta integrarse a las filas de sus compañeros, que lo recibieron con las hurras más justificadas. Zavala se limitó a gritarles: ‘¡Ya ven, las balas filibusteras no matan!'»2

Después de vencer a los filibusteros de Walker y expulsarlos de las tierras centroamericanas, Zavala retornó a Guatemala cubierto de gloria. Años después, cuando el cuartel del Aceituno fue convertido en la Brigada Mariscal Zavala en su honor, la bandera filibustera y la espada que portaba en aquella memorable ocasión fueron expuestas durante el acto de inauguración.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua.
  2. Hernández de León, Federico (1930). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. III. Sánchez y de Guise. p. 486.

6 de junio de 1857: premian a militares que combatieron contra Walker

El gobierno de la República de Guatemala premia a los militares que participaron en la campaña de Nicaragua contra William Walker.

6junio1857
La iglesia de La Merced el Volcán «El Viejo» en la ciudad de León, Nicaragua, escenario de varios combates durante la campaña contra William Walker. En el recuadro, el mariscal José Víctor Zavala, general en jefe de las fuerzas guatemaltecas en Nicaragua. Imágenes tomadas de la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

El 1 de mayo de 1857 se logró la victoria de las fuerzas aliadas centroamericanas contra los filibusteros estadounidenses de William Walker y doce días después llegó la noticia a la Ciudad de Guatemala1, en donde el gobierno del capitán general Rafael Carrera emitió el siguiente decreto para premiar a los militares que participaron en la contienda:2

1°. El general, jefes y oficiales que se hallaron en la campaña de Nicaragua, serán condecorados con una cruz de honor, que llevará la inscripción siguiente:

Defensa de Nicaragua
Guatemala al mérito distinguido
1856-1857

2°. El general llevará esta cruz al cuello, pendiente de una cinta de seda encarnada.  Los jefes y oficiales la llevará en el pecho, al lado izquierdo, pendiente de una cinta de seda del mismo color.

3°. Los individuos de la clasa de tropa serán condecorados con una medalla de plata con la misma inscripción, que llevarán también en el pecho y en el lado izquierdo, pendiente de una cinta encarnada.  Al entregarse a éstos las medallas, recibirán, como gratificación, la cantidad correspondiente a un mes del sueldo que disfruten.

4°. Estos distintivos serán distribuidos por el presidente, en un acto solemne al general, jefes y soldados que regresen de Nicaragua: y podrán concederse, oído el informe de los respectivos jefes, a los que habiendo concurrido a la campaña, hubieren vuelto anteriormente y no hayan desmerecido esta honorífica condecoración.2

El general guatemalteco que llevó a las fuerzas aliadas a la victoria fue José Víctor Zavala, amigo personal del general presidente Carrera y primo del líder liberal Miguel García-Granados y Zavala y de la esposas de los líderes conservadores Luis Batres Juarros, José Nájera y José Pavón, todas ellas hermanas de García- Granados.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1871). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1870 II. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 745-746.

15 de junio de 1897: firman un pacto tentativo de la República Mayor de Centroamérica

Guatemala firma un pacto tentativo para unirse a la República Mayor de Centroamérica que formaron El Salvador, Honduras y Nicaragua

15junio1897
Los presidentes de Centroamérica en 1896, cuando El Salvador, Honduras y Nicaragua formaron la República Mayor de Centroamérica e invitaron a Guatemala y a Costa Rica a unirse.  Al centro, el presidente de Guatemala, general José María Reina Barrios,  Imagen tomada de «El Porvenir de Centro América«.

En 1895, se llevó a cabo un intentó de unión materializado en el Pacto de Amapala del 20 de junio, originado como reacción contra las medias coactivas adoptadas por Inglaterra contra Nicaragua al ocupar la Costa de los Mosquitos en 1804.1 En este, Honduras, Nicaragua y El Salvador constituyeron la República Mayor de Centroamérica con la aspiración de incorporar después a Costa Rica y Guatemala. Así, el 15 de junio de 1897 Guatemala y Costa Rica firmaron un tratado previo de Unión de la República Mayor durante un congreso jurfídico que se celebró en la Ciudad de Guatemala en esa fecha.2  Guatemala en ese momento estaba sumida en una profunda crisis económica y política, ya que se había desplomado el precio internacional del café dejando todos los enormes proyectos del gobierno a medias, lo que había obligado al general presidente José María Reina Barrios a disolver la Asamblea y erigirse en dictador.3

El convenio firmado en la Ciudad de Guatemala dice así:2

Tratado de Unión Centro Americana

Los Gobiernos de Guatemala, Costa Rica y el de la República Mayor de Centro América, por medio de sus respectivos Delegados Plenipotenciarios, a saber:

Los señores Licenciados don Antonio Batres Jáuregui, don Mariano Cruz y don Antonio González Saravia, por Guatemala; el señor Licenciado don Leonidas Pacheco, por Costa Rica y los señores Doctores don Tiburcio G. Bonilla y don Manuel Delgado, por la República Mayor de Centro-América;2

Deseando que se realice lo más pronto posible la Unión de la América Central de un modo definitivo, por el inmediato ensanche de sus mutuas relaciones políticas, unificadas desde ahora ante las naciones extranjeras, y teniendo los Estados bases armónicas de legislación, idénticas garantías y principios homogéneos de libertad, orden y progreso;4

al efecto, después de haberse exhibido sus plenos poderes, que se encuentran en forma, y de las conferencias y discusiones del caso, han acordado las estipulaciones siguientes:5

      • Artículo 1.° Las Repúblicas de Guatemala, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y El Salvador, forman desde hoy una sola Nación libre e independiente que se denomina República de Centro América.
      • Artículo 2.° Las Repúblicas signatarias que constituyen la nueva unidad política, conservan su entera libertad e independencia, excepto en los puntos que expresa este Tratado y con referencia a los cuales, debe considerárseles como una sola nacionalidad.
      • Artículo 3.° Conservar su régimen autonómico en cuanto a su administración interna y su unificación tendrá por único objeto el que en sus relaciones internacionales aparezcan como una sola entidad para garantizar su independencia común, derechos y respetabilidad.
      • Artículo 4.° Con este objeto las Repúblicas, que en lo sucesivo se denominarán Estados, convienen en organizar un Poder Ejecutivo Nacional, cuyo Jefe tendrá el carácter de Presidente de la República de Centro América.
      • Artículo 5.° Los Presidentes de las Repúblicas actuales se denominarán Jefes de Estado.
      • Artículo 6.° La Presidencia de la República de Centro América, será ejercida alternativamente en turno por los respectivos Jefes de Estado, en el orden alfabético de naciones así: Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador.
      • Artículo 7.° El turno será anual y principiará el día quince de septiembre del corriente año, si en esa fecha hubiese recibido este Tratado su aprobación definitiva. [Los artículos de 8 al 13 indican las atribuciones del Presidente de Centro América y de su consejo]
      • Artículo 14.° El Consejo queda además autorizado para desarrollar en sus trabajos las bases que conduzcan a unificar los intereses de Centro América, prnicipalemtne en el ramo de legislación.
      • Artículo 15.° La representación diplomática y consular tendrá efecto en lo sucesivo en nombre de la República de Centro América.5

[El resto de artículos estipula la forma en que funcionaría el gobierno de la República.]5

Aquel convenio fue ratificado por el Ejecutivo y por la Asamblea Constituyente que había convocado el general presidente José María Reina Barrios tras erigirse en dictador, por medio de los siguientes decretos:

Decreto Número. 528

José María Reina Barrios

General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala

Considerando:

Que los señores plenipotenciarios, Delegados al Congreso Jurídico Centro-Americano, han suscrito de común acuerdo el día de ayer, un Tratado sobre puntos constituciones y arbitraje, en el cual, teniendo en mira los bien entendidos intereses generales de todas las Repúblicas de Centro América, y armonizándolos convenientemente con los particulares de cada una de ellas, se consignan, entre otras disposiciones de importancia, las bases que han de regir para unificar desde luego su derecho público constitucional y su representación en el exterior, y preparar de un modo eficaz y práctico su definitiva unión política en días no lejanos.

Que las estipulaciones del Tratado en referencia son justas, racionales y equitativas; se hallan conformes con lo que dispone la Carta Fundamental de la República y los principios del derecho moderno; y tienen un objeto eminentemente simpático y noble, cual es el de aproximar lo más posible la anhelada reorganización de la patria común; y

Que a la realización de ese elevado ideal del patriotismo, por medios pacíficos y de recíproca utilidad, están obligados a cooperar todos los buenos centroamericanos y especialmente aquellos a quienes estos pueblos tienen confiada la dirección de sus destinos y elc uidado de promover todo lo que conduzca a su progreso y prosperidad;

Por tanto, de acuerdo con el parecer del Consejo de Ministros y en uso de las facultades que ejerce, decreta:

Artículo único. Apruébanse los cuarenta y dos artículos que forman el Tratado, de que antes se ha hecho mérito; sin perjuicio de someterlo oportunamente a la Asamblea Nacional Constituyente que se convoque para los efectos legales.6

Una vez convocada, la Asamblea Constituyente aprobó el tratado el 27 de agosto:

Decreto N°. 2La Asamblea Constituyente de la República de Guatemala

Artículo 1°. Apruébase en todas sus partes el pacto de Unión Centro-americana, celebrado por el Congreso Jurídico de Plenipotenciarios en esta capital, el 12 de junio del presente año, quedadno así debidamente confirmado el decreto del Ejecutivo, emitido con el mismo fin, el 16 del propio mes.

Artículo 2°. Facúltase al Poder Ejecutivo para que dentro de los límites de la Constitución y en la órbita del propio Tratado, y consultando los intereses generales de Centro América haga o acepte las modificaciones o reformas al referido pacto que tiendan a hacer efectiva y práctica la grandiosa idea de Unión Centro Americana.7

Tiempo después, los tres Estados de la República Mayor junto a Guatemala recién firmante, consideraron que era tiempo de fortalecerse a través de una Constitución permanente, por lo que una Asamblea Constituyente se reunió en junio de 1898, completando sus trabajos el 27 de agosto. El nombre se cambió a Los Estados Unidos de Centroamérica.8  Pero para entonces la situación en Guatemala había cambiado drásticamente:  se habían producido dos grandes revoluciones en contra del presidente, que éste había sofocado a duras penas, aunque la situación quedó tan inestable, que el gobernante fue asesinado el 8 de febrero de 1898 y entre las medidas del nuevo gobierno, el del licenciado Manuel Estrada Cabrera, estuvo declarar nulo todo lo actuado por el fallecido gobernante cuando se erigió en dictador, y todo lo aprobado por la Asamblea Constituyente convocada por Reina Barrios.3

Así, cuando la Constitución Federal de los Estados Unidos de Centroamérica entró en vigor en noviembre de 1898 y un consejo ejecutivo federal tomó asiento en Amapala para la elección del presidente y del congreso federal Guatemala ya había derogado la aprobación del Tratado; y por si eso fuera poco, un golpe de Estado declaró desligado a El Salvador de la República Mayor, lo que provocó que ésta se disolviera definitivamente.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mariñas Otero, Luis (1958). Las constituciones de Guatemala. España: Instituto de estudios políticos. p. 165.
  2. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.
  3. Estrada Paniagua, Felipe (1908) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala 1897-98. XVI Guatemala: Tipografía Nacional. p. 105.
  4. Ibid, p. 106.
  5. Ibid, pp. 107-112.
  6. Ibid, pp. 112-113
  7. Ibid, pp. 401.
  8. Mariñas Otero, Las constituciones de Guatemala, p. 201.
  9. Sandoval Rosales, Rommell Ismael (1996). Desafíos de la Corte Centroamericana de Justicia. El Salvador: Centro de Información Jurídica. Ministerio de Justicia. p. 2.

5 de junio de 1891: Darío deja de publicar «El Correo de la Tarde»

El poeta nicaragüense Rubén Darío deja de publicar el periódico semi-oficial «El Correo de la Tarde» en Guatemala

5junio1891
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX.  Detrás del Palacio Colonial que se aprecia a la izquierda se encontraba la Escuela de Cristo, que fue convertida en la Imprenta La Unión y donde se publicada el periódico «El Correo de la Tarde» de Rubén Darío».  En el recuadro: el gran poeta nicaragüense.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El poeta nicaragüense Rubén Darío estuvo en Guatemala en tres ocasiones: en 1890-91, 1891, en 1892 y en 1915. La primera vez que llegó a Guatemala, fue el 30 de junio de 1890, durante el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas, y se encontró con actos cívicos en las calles celebrando un aniversario más de la Revolución Liberal de 1871.1 Darío venía huyendo del golpe de estado que dió el general Carlos Ezeta en El Salvador el 22 de ese mes, y en donde murió de un infarto el presidente de facto, general Francisco Meléndez, quien era mecenas del poeta y quien había llegado al poder en 1885 tras perpetrar un golpe de estado contra el presidente Rafel Zaldívar.2 Darío había sido director del diario «La Unión» en El Salvador,3 y al llegar a la Ciudad de Guatemala, se hospedó en el hotel Unión y se puso en contacto con su amigo el poeta y catedrático cubano José Joaquín Palma, a quien había conocido en Nicaragua1 y quien se encontraba en Guatemala en calidad de exiliado y encagado de asuntos del gobierno en el exilio que buscaba la independencia de Cuba.4

De acuerdo a Edelberto Torres, uno de sus biógrafos, Darío fue llamado a la presencia del presidente Barillas, y éste le pidió que le contara cual era la situación en El Salvador.  Barillas, al enterarse, le habría peiddo que escribiera un artículo en «El Imparcial» (que no era el periódico de Alejandro Córdova que se fundó en 1922), y que publicó bajo el título “La historia negra. Los sucesos en El Salvador”, firmado con el seudónimo «Tácito».   Otros autores más recientes, no obstante, indican que dicha reunión nunca se produjo, y que Darío escribió su artículo porque ya era un reconocido periodista en Centroamérica.3

Con la autorización de Barillas, los ministros de Hacienda y de Relaciones Exteriores apoyaron a Darío para que creara un diario semioficial, del cual sería director y propietario y que se empezó a publicar el 8 de diciembre de 1890. El periódico se llamó «El Correo de la Tarde» y era editado en la imprenta «La Unión«, propiedad del político y escritor Francisco Lainfiesta.1 (Nota de HoyHistoriaGT: Lainfiesta había establecido su imprenta en el antiguo convento de la Escuela de Cristo en la Ciudad de Guatemala, el cual había adquirido a un precio irrisorio después de que el mismo fuera confiscado a los religiosos durante el gobierno de J. Rufino Barrios, del que Lainfiesta fue Ministro de Fomento5).  Dos de los redactores del periódico de Darío eran José Tible Machado y su sobrino, el entonces adolescente Enrique Gómez Tible1 (quien más tarde cambiaría su nombre por el de Enrique Gómez Carrillo para que no le dijeran «comestible»6).  «El Correo de la Tarde» incluyó artículos políticos principalmente, pero también de otros temas, como industria, comercio, y literatura y Darío publicaba con seudónimos e invitaba a destacadas firmas, para atraer la atención de los lectores.1

Darío frecuentaba los ambientes intelectuales y así conoció al joven escritor Máximo Soto Hall, con quien conformó más adelante, junto a Palma, un grupo intelectual que fue descrito siguiente manera: “El poeta bayamés es el padre; Soto Hall, el hijo; y Darío, el Espíritu Santo”.1  De esta forma, Darío fue mentor de Gómez Carrillo y Soto Hall, quienes diez años más tarde serían los principales ideólogos y promotores del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

A pesar de su diario, Darío estaba pasando por serios aprietos económico y Lainfiesta, le propuso al joven poeta publicar una segunda edición de «Azul«, la cual costeó y le obsequió, para que la vendiera y obtuviera algún beneficio. El libro salió de la imprenta el 20 de octubre de 1890, y en la Ciudad de Guatemala todavía existe una placa conmemorativa en la casa que ocupa el lugar donde antes estuvo la imprenta «La Unión«.1

Después de seis meses hizo traer a su esposa, la cuentista costarricense Rafaela Contreras, y celebraron la boda religiosa el 11 de febrero de 1891, en la capilla del Sagrario en la catedral guatemalteca; en ese momento Darío tenía 23 años, y Rafaela, 21. Los recién casados se fueron a vivir a una casa en en la 10a. calle oriente No. 18 de la Ciudad  de Guatemala.1

Pero, desafortunadamente para los esposos, «El Correo de la Tarde» dejó de circular el 5 de junio de 1891 por lo que la madre de Rafaela los convenció de que viajaran a Costa Rica, donde tenía parientes. Llegó a ese país el 24 de agosto de 1891, y allí nació su primogénito, Rubén Darío Contreras.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hemeróteca PL (18 de enero de 2017).  El paso de Rubén Darío por Guatemala.  Guatemala: Prensa Libre.
  2. García Jordán, Pilar (2011). El Estado en América Latina. Recursos e imaginarios, siglos XIX – XXI.  Barcelona: TEIAA. pp. 27-28.
  3. Cozar, Arnoldo J. (1965) Arcón PatrioII.  Guatemala: José de Pineda Ibarra, Ministerio de Educación.
  4. Evelyn Uhrhan Irving (1963) Ruben Dario in Guatemala, Kentucky Foreign Language Quarterly, 10 (1), doi: 10.1080/00230332.1963.9927637. pp. 14-19.
  5. Miller, Hubert J. (1976) La Iglesia y el Estado en tiempo de Justo Rufino Barrios.  p. 115
  6. Mendoza, Juan Manuel (1946). Enrique Gómez Carrillo; estudio crítico-biográfico: su vida, su obra y su época (2a. edición). Guatemala: Tipografía Nacional.

22 de marzo de 1885: Tratado de Alianza contra la Intentona de Barrios

El Salvador, Costa Rica y Nicaragua firman en Santa Ana, El Salvador el Tratado de Alianza contra la Intentona de Barrios.

22marzo2020
La ciudad de Guatemala en 1885, cuando J. Rufino Barrios empredió su campaña de Unificación de Centroamérica.  En el recuadro: el presidente de Guatemala, J. Rufino Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras presentar con bombos y platillos su decreto de Unión Centroamericana el 28 de febrero de 1885, el presidente de Guatemala, general J. Rufino Barrios, estaba convencido de que el proyecto sería aprobado por los liberales de todos los países de la región.1 Pero aunque la Asamblea Legislativa le era incondicional y lo apoyó al 100%,2 los problemas se dieron de inmediato cuando varios miembros de su gabinete no lo respaldaron, a pesar de que sabían que los iba a destituir de inmediato. Y también tuvo problemas con los representantes diplomáticos, que solamente acusaron recibo del decretro y anunciaron que lo harían del conocimiento de sus gobiernos, con excepción de Alemania, Italia y España; los diplomáticos de los dos primeros felicitaron la iniciativa, dado los fuertes intereses que esos países tenían ya en Guatemala, mientras que el de España indicó que iba a esperar que decía El Salvador al respecto, pues era embajador de esa República también.3

El presidente de Honduras, Luis Bográn, era títere de Barrios, y expresó de inmediato su apoyo a la iniciativa, mientras que el resto de países del área se opusieron a ella. Aquí el caso del presidente salvadoreño, Rafael Zaldívar, fue especial, pues al igual que Bográn había llegado al poder gracias a Barrios e incluso le pasaba un impuesto feudal cada año en reconocimiento por ello.4

Zaldívar estaba en una posición difícil en su país y el 8 de marzo le comunicó a Barrios por telégrafo que aún no podía responder con respecto a la Unión Centroamericana porque debía esperar la resolución del Congreso. Barrios, molesto por la respuesta ambigua de quien era su títere en El Salvador, le contestó: 

«Y usted, de quien por haberse manifestado el más entusiasta y amigo, debí esperar emitiría desde luego un decreto de adhesión, resulta ahora convocando al Congreso para darle conocimiento de mi decreto, en vez de adoptar la resolución inmediata y enérgica que correspondía.»

«Mi determinación es irrevocable, y todo lo que no sea secundar desde luego la idea que he proclamado, será envolver a todo el país en una gran revolución, de la cual a usted y solo a usted y a su  círculo, haré responsables ante Centroamérica. Reunir al Congreso como usted quiere, me parece enteramente inútil, cuando se trata de una causa que todos los gobiernos, por sus respectivas Constituciones, están obligados a abrazar y que ningún centroamericano puede atreverse a combatir.»3

Para intentar hacer ver aquel proyecto como un ideal liberal y no como el resultado de su ambición personal, el 9 de marzo de ese año Barrios publicó un manifiesto afirmando que no aspiraba a la Presidencia de la República de Centroamérica, y estaba decidido a no aceptarla en caso de que se le propusiera ocuparla.5 Pero el riesgo de que intentara lograr la Unión por la fuerza llevó a temer una guerra en Centroamérica; por eso, ante la amenaza de una invasión armada, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador solicitaron de inmediato el apoyo de México, y Honduras optó por aliarse con Guatemala.3

El 10 de marzo de 1885, el presidente mexicano, general Porfirio Díaz, respondió así al proyecto de Barrios:

«La resolución tomada exclusivamente por la Asamblea de esa República es rechazada con energía por gobiernos y pueblos de las demás repúblicas centroamericanas, según telegramas que he recibido de Nicaragua, Costa Rica y El Salvador. Esta circunstancia, y la impresión creciente que la noticia causa en el pueblo mexicano, influirán en la actitud que ha de tomar el Gobierno a mi cargo ante una emergencia que es una amenaza contra la independencia y autonomía de las nacionalidades de este continente.»6

México decía estar a favor de la Unión, siempre y cuando no se realizara de manera forzada y se llevara a cabo por la voluntad de los pueblos involucrados; pero en realidad le convenía que los estados centroamericanos se mantuvieran separados. Poco después, Porfirio Díaz ordenó cerrar la legación de México en Guatemala y trasladar la sede a El Salvador, donde también estaba acreditado el mismo ministro como tal.6

A pesar de este apoyo, en 1885 el gobierno mexicano no mostró señales de que buscaba aprovechar la situación para apoderarse de territorio guatemalteco, pues México atravesaba entonces por una crisis económica grave; situación que había provocado la pérdida de empleos en varios sectores. Esto, no obstante, no impidió que ese país reforzara su frontera a mediados de marzo, cuando Porfirio Díaz ordenó la movilización de alrededor de quince mil hombres a la frontera con Guatemala, pues existía el temor a que Estados Unidos interviniera e incluso aprovechara la situación para apoderarse de territorio centroamericano, lo que colocaría a México en una situación difícil, al tener como vecino a dicho país tanto en el norte como en el sur.6

Con respecto a los Estados Unidos —que entonces todavía no eran la potencia mundial que es en el siglo XXI, aunque sí era poderoso— al principio fue incierto el modo en que procedería el gobierno de ese país ante la acción de Barrios; a esto contribuía que a principios de marzo Grover Cleveland había tomado posesión como presidente de EE UU, siendo el primer demócrata que lo hacía en 16 años.  Pero conforme el conflicto se tornaba más serio, la posición de EE UU se fue esclareciendo; el Senado reprobó la conducta de Barrios, y acordó que cualquier invasión de Guatemala a territorio nicaragüense o costarricense, para constituir la Unión, sería considerada «como una intervención poco amistosa y hostil a los derechos de los Estados Unidos, de Nicaragua y de Costa Rica.» Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense envió cuatro buques a costas guatemaltecas, «para que se presenten en el acto como fuerza moral» y si fuera el caso, para brindarles apoyo material a los países amenazados por Barrios. Si bien Centroamérica carecía de recursos estratégicos, tenía poca población y baja prioridad para las inversiones económicas de EE UU , era importante como zona de tránsito entre los océanos Pacífico y Atlántico. Su interés principal estaba entonces en Nicaragua, donde preveía la construcción de un canal interoceánico, cuyos beneficios el gobierno nicaragüense había invitado a compartir al resto de los países centroamericanos.6

De hecho, en Nicaragua acusaban a Barrios de haber iniciado su intentona de Unión Centroamericana al saber que Nicaragua no había logrado concretar el tratado con los Estados Unidos para construir el Canal Interoceánico en ese país. Y es que al principio Barrios apoyó el proyecto propuesto por Estados Unidos, e incluso había buscado y aceptado su mediación, tanto en 1881 como en los años subsecuentes, para evitar un conflicto con México por la cuestión fronteriza. Sin embargo, cuando proclamó la Unión de Repúblicas Centroamericanas también hizo alusión al riesgo que representaba la pequeñez frente a países más poderosos.3

El 8 de marzo, el Congreso de Nicaragua autorizó al presidente Adán Cárdenas para que, solo o aliado con otros países que quisieran defender su autonomía, organizara la defensa nacional sin omitir esfuerzo ni sacrificio alguno, y responsabilizó a los agresores de las consecuencias que provocara la guerra. Dos días más tarde, la misma Legislatura publicó un manifiesto en el que, luego de reprobar el decreto de la Unión, invitó al pueblo nicaragüense a tomar las armas contra el invasor. El 12 de marzo Nicaragua movilizaba ya a miles de hombres armados a la frontera con Honduras, mientras Costa Rica reunía tropas para moverlas al primer aviso a los límites con territorio nicaragüense, con el fin de detener a los invasores.3

El de 20 de marzo por la tarde llegaron a Santa Ana, El Salvador, los delegados de Nicaragua y Costa Rica quienes se reunieron con el presidente Zaldívar al día siguiente para tratar sobre la posición de las tres repúblicas frente a la inminente invasión armadas de Barrios.  El 22 de marzo, su posición fue publicada por medio del Tratado de alianza entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, para oponerse al «salvaje de San Marcos» —como ellos llamaban al general J. Rufino Barrios— que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. pp. 325-332.
  2. Ibid., pp. 664-666.
  3. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua
  4. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 14.
  5. Guerra, Recoiplación: Las Leyes emitidas por el Gobierno de Guatemala, pp. 339-340.
  6. Carregha Lamadrid, Luz (Mayo/Agosto 2018) Mirando al sur sin perder de vista el norte. México frente a la Unión de Repúblicas Centroamericanas, 1885. Región y sociedad, 30, (72) Hermosillo: Región y sociedad. doi: 10.22198/rys.2018.72.a901 ISSN: 1870-3925

23 de febrero de 1863: derrota de Carrera en El Salvador

Las fuerzas salvadoreñas derrotan al ejército guatemalteco al mando del capitán general Rafael Carrera en Coatepeque, El Salvador.

23febrero1863
Batalla de Coatepeque, tal y como fue esculpida en el Monumento a Gerardo Barrios en El Salvador.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de la batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851 el gobierno de Guatemala vivió tranquilamente, pues sus vecinos centroamericanos quedaron bajo su control, mientras que México estaba hundido en graves guerras civiles.1,2 Pero hacia el final de la vida del general Rafael Carrera, el presidente Gerardo Barrios intentó deponer al fuerte gobierno conservador católico que se había establecido en Guatemala.3

En 1863, el partido de los criollos liberales centroamericanos estaba decidido a acabar con el partido conservador en Nicaragua y, sobre todo, con el aborrecido gobierno conservador de Carrera en Guatemala. Originalmente, el líder liberal Máximo Jerez había propuesto en Nicaragua que se hiciera una nueva república federal y que se le diera la presidencia de la misma a Carrera, estableciendo la capital nuevamente en la Ciudad de Guatemala, pero esto no fue del agrado de los liberales de los otros estados quienes soñaban con una Federación, pero sin los «cachurecos» -es decir, los conservadores guatemaltecos y sus aliados, los miembros del clero-.3

Entre los líderes liberales destacaba el general Gerardo Barrios – quien había estado en Guatemala en enero de 1861 tratando de negociar la unión centroamericana – pero la rivalidad entre él y Carrera les impidió llegar a un acuerdo.4  Así pues, el 6 de enero de 1863 la situación llegó al límite, ya que debido a las campañas de desprestigio llenas de insultos hacia el gobernante guatemalteco y de respuestas mordaces contra el salvadoreño que siguieron a la malograda visita, hicieron que ocurrieron ataques de uno y otro lado de la frontera, cuando las fuerzas de ambos países tanteaban el terreno en preparación para una guerra inminente.5

La rivalidad entre ambos presientes tenía profundas raíces.  Por un lado, el presidente salvadoreño, de descendencia criolla y con preparación universitaria, se consideraba superior al presidente guatemalteco, al que llamaba “indio“, “salvaje“, “ignorante“, y “cachureco” entre otras cosas, y a quien no le perdonaba que lo hubiera derrotado cuando luchaba con Morazán en la batalla de la Ciudad de Guatemala en 1840 y luego cuando participó con Doroteo Vasconcelos en la batalla de la Arada en 1851.  Por el otro lado, Carrera despreciaba a Barrios por haber intentado invadir a Guatemala en esas dos ocasiones y no lo respetaba como militar, ya que él se consideraba muy superior.6

De esta cuenta, a principios de febrero, el gobierno de Gerardo Barrios lanzó una dura proclama en contra del «gobierno cachureco fanático» de Carrera, diciendo que éste «gobernaba con el rosario en la boca y la espada sangrienta en la mano» y que era indispensable derrocar aquel «tirano«.  Como respuesta, el 2 de febrero de 1863, al conmemorar el décimo segundo aniversario de la Batalla de La Arada, Carrera pasó revista a sus tropas en la calle frente al templo de San José en la Ciudad de Guatemala, y el 5 partió al frente de las mismas hacia Jutiapa, a donde llegó el 9 de febrero.3

El 15 de febrero, estaban ya las tropas listas desde Guatemala, Palencia, Mataquescuintla y Santa Rosa, comandadas, entre otros, por el general Serapio Cruz («Tata Lapo») y el también general José Víctor Zavala; solamente faltaba el destacamente de Chiquimula, comandado por el general Vicente Cerna.  El 16, fuerzas compuestas por quinientos hombres salieron para Ahuchapán y la tomaron ese mismo día, mientras que por la tarde, salió Zavala con los batallones de la capital y de Santa Rosa, para que, finalmente, al día siguiente saliera Carrera con el resto de las fuerzas guatemaltecas.3

Aquello significó la declaratoria de guerra y las fuerzas de Carrera, en total de seis mil hombres, ocuparon Chalchuapa. Ya con Ahuchapán tomada, los guatemaltecos avanzaron hacia Santa Ana, en donde los salvadoreños abandonaron la plaza y salieron a atrincherarse a Coatepeque, desde donde atacaron a la retaguardia del ejéricto de Carrera que hacía un reconocimiento del terreno antes de la batalla.3

Al día siguiente, 23 de febrero, a pesar de iniciar con ímpetu desde las cinco de la mañana, las fuerzas guatemaltecas no pudieron someter a Coatepeque, en donde comandaban la batalla Gerardo Barrios y Máximo Jerez, y los salvadoreños, disfrutando de un mejor posición, hicieron estragos entre los atacantes. Debido a la escacez de agua y el calor sofocante, los guatemaltecos tuvieron que emprender la retirada, dejando casi mil muertos y sufriendo una gran cantidad de deserciones.3

El 24 de febrero, ya con el resto de sus fuerzas reorganizadas, Carrera intentó un nuevo ataque, pero nuevamente fue repelido por los salvadoreños, pero de tal forma, que el ejército guatemalteco huyó en desbandada y Carrera tuvo que ordenar la retirada.  Los salvadoreños, no obstante el triunfo obtenido, quedaron tan maltrechos, que no pudieron avanzar sobre la retaguardia y dejaron que se fueran los invasores.3

Carrera regresó a la ciudad de Guatemala el 5 de marzo al frente de dos mil quinientos hombres, y fue recibido con grandes muestras de apoyo, como que si hubiera derrotado al enemigo.  ¡Era tal el servilismo que imperaba en esa época!  Después de dos días de ausentarse de sus obligaciones como presidente por estar indispuesto, Carrera retomó su funciones y empezó a planificar su revancha, que a la larga se cumplió en forma absoluta.3

Carrera invadió El Salvador con tal habilidad, que llegó a tomar la capital de San Salvador tras sitiarla, y cuando ésta se rindió, sustituyó a Barrios por el doctor Francisco Dueñas. Como resultado, en los primeros días de noviembre de 1863, Barrios tuvo que embarcarse en el Puerto de La Unión para huir al exilio, para caer luego en manos de sus enemigos, que lo ejecutaron sin piedad.  Por su parte, Máximo Jerez, que había ayudado a Barrios enormemente en la campaña de Coatepeque, evalentonado por la victoria sobre Carrera se fue a Nicaragua para acabar con los conservadores de esa región, pero solo consiguió una terrible derrota tras la cual fue exiliado a Costa Rica.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 193-197.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 270 y siguientes.
  3. Hernández de León, Federico (22 de febrero de 1926) «El capítulo de las efemérides: 22 de febrero de 1863, Acción de Coatepeque». Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, pp. 339
  5. Ibid, p. 340.