3 de agosto de 1853: se promulga en Guatemala el Concordato con la Santa Sede por medio del cual se le entrega a a Iglesia Católica la educación púbica del país

3agosto1853
Portada de la edición oficial del Concordato entre Guatemala y la Santa Sede.  Tomado del documento digitalizado.

El Concordato fue un tratado entre el presidente, capitán general Rafael Carrera, y la Santa Sede, suscrito en 1852 por el cardena Jacobo Antonelli y por el embajador guatemalteco ante el Vaticano, Fernando Lorenzana.  El documento fue promulgado en Guatemala el 3 de agosto de 1853 y finalmente fue ratificado por ambas partes en 1854, con las firmas de Antonelli, quien era el Secretario de Estado del Vaticano, el general Carrera y Pedro de Aycinena, Ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala.

Por medio de este tratado, Guatemala le otorgó la educación del pueblo guatemalteco a las órdenes regulares de la Iglesia Católica, y se comprometió a respetar las propiedades y los monaterios eclesiásticos, autorizando el diezmo obligatorio y permitendo que los obispos censuraran lo que se publicaba en el país.  En la práctica, esto se tradujo en lo siguiente:

  1. Los jesuitas retornaron a Guatemala tras ser exiliados por la corona Española en 1767 y se hicieron cargo de la educación de la élite guatemalteca, ya que tuvieron a su cargo el Colegio y Seminario Tridentino
  2. Las grandes órdenes religiosas que retornaron al país, recuperaron parte de sus propiedades, incluyendo grandes haciendas e ingenious azucareros.  De esta forma, los frailes recuperaron el poder económico y político que perdieron en 1829.
  3. El diezmo obligatorio sirvió para afianzar el poder económico del clero secular a cargo del arzobispo.  Los curas párrocos tuvieron así una sólida fuente de ingresos, de la que otorgaban un porcentaje a la curia.
  4. Los religiosos censuraron toda la literatura liberal anticlerical que era muy común en América Latina en esa época.

Por su parte, el Vaticano otorgó indulgencias a los miembros del ejército, permitió que quienes hubiesen adquirido las propiedades que los liberales habían expropiado a la Iglesia en 1829 las conservaran, autorizó a que el gobierno guatemalteco percibiera impuestos por lo generado por las propiedades de la Iglesia, y acordó que Guatemala tenía el derecho de juzgar con las leyes guatemaltecas a los eclesiásticos que perpetraran crímenes.  En la práctica, lo que ocurrió fue lo siguiente:

  1. El Vaticano perdonó de pecado mortal a todos los soldados guatemaltecos que mataran a soldados de gobiernos liberales, ya que éstos eran considerados herejes.
  2. Dado que muchos criollos compraron bienes embargados a los frailes por una fracción de su valor real luego de la expulsion de los religiosos en 1829, se logró negociar que estas propiedades no fueran retornadas a los frailes ya que significaría romper a estabilidad socioeconómica del país.
  3. El Vaticano cedió al respecto de que los curas o frailes que infringieran a ley tendrían que pagar las consecuencias ante los tribunales civiles del país.

El Concordato mantuvo la relación estrecha entre Iglesia y Estado en Guatemala que caracterizó al gobierno conservador de los 30 años y estuvo vigente hasta la caída del gobierno conservador del mariscal Vicente Cerna y Cerna.


BIBLIOGRAFIA:


23 de mayo de 1854: los pueblos aclaman como presidente vitalicio de Guatemala al capitán general Rafael Carrera

 

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Acta que declara al capitán general Rafael Carrera como presidente vitalicio de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 23 de mayo de 1854, los representantes civiles, militares, y religiosos de todos los corregimientos  y principales poblaciones del país prácticamente al unísono acordaron nombrar como presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera y Turcios.  Y también los principales miembros de su gobierno estuvieron de acuerdo con este nombramiento.1

El gobierno del general Carrera era muy particular, ya que estaba estructurado por tres grandes grupos de poder:  el propio general Carrera y su férrea personalidad, la familia Aycinena y los altos mandos del clero secular, encabezado por el arzobispo Francisco de Paula García Peláez.  Había incluso personajes que estaban en varios grupos, tal el caso del marqués Juan José de Aycinena, quien no solamente era obsipo de Trajanópolis, sino que además era rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gabinete de Carrera.  Aparte de esto, Carrera tenía una excelente relación con los líderes indígenas y gracias a los pactos que suscribió con éstos mantuvo la integridad de la República.2

Aquel gobierno conservaba la influencia de la Iglesia Católica e incluso celebró un Concordato con la Santa Sede en 1852. 3 Solamente la fuerte personalidad del general Carrera y su gran habilidad militar evitó que las fuerzas de los criollos liberales centroamericanos invadieran el país, aunque lo intentaron varias veces. 2 México, por su parte, inmerso en su propia guerra de Reforma y luego en la guerra contra las fuerzas estadounidenses y francesas, no tuvo injerencia en Guatemala en ese tiempo.

Aunque los autores liberales retrataron al gobierno de Carrera como una época oscura y retrógrada en donde él era simplemente el brazo armado de los Aycinena,4 esto no pudo ser más lejano a la realidad pues fueron los criollos conservadores quienes tuvieron que aceptar a Carrera como presidente para no tener que salir del país ya que no eran bienvenidos por los regímenes liberales del área y, además querían evitar a toda costa que los indígenas los lincharan, como estaba ocurriendo en Yucatán con la Guerra de Castas. Y así el nombramiento como presidente vitalicio fue hecho oficial el 25 de octubre de 1854, por medio de un acta en la que se aconsejaba modificar la constitución para reflejar que Carrera era presidente de por vida.2

He aquí como describe el escritor Federico Hernández de León el momento en que Carrera fue elegido presidente perpetuo:1

“Esta traición a las instituciones políticas, cometida por las generaciones del año 54, alcanza una excusa.

Ya era mucha la fatiga ocasionada con treinta años de guerrear.  No había garantía ni para la persona, ni para los bienes.  La agricultura incipiente, las industrias reducidas, el comercio sin in desarrollo beneficioso, se sentían aún más constreñidos, por causas de las revueltas internas y de las invasiones de los otros Estados. Liberales y conservadores se habían sucedido en el poder y, ni las restricciones, ni los procedimientos drásticos, ni la habilidad política, ni la hombría de bien, ni la astucia, dieran resultado para ordernar tanto alboroto.  Solo Carrera lograra, con la rudeza de su espada, aquietar Los Altos, sofocar los levantamientos de la Montaña, poner en cintura a los agitadores y dar la acción de La Arada, que equivalía al sometimiento de Honduras y El Salvador.1

Y los pobres guatemaltecos de mediados del siglo [XIX] vieron en Carrera a un Salvador y buscaron su arrimo.  No les importó cometer la inmensa traición a los principios de la democracia defendida y preconizada: lo que los pueblos ansiaban era sosiego, una tranquilidad que les prestara garantía de vida y de acción. -¿A qué costo?- A cualquiera: ya no importaban los procedimientos.  Paz era lo que necesitaban; paz a cualquier precio para poder dedicarse a distender las actividades.  Y Carrera daba las seguridades de poner en cintura a todo el mundo, a los de arriba como a los de abajo, a los de fuera como a los de dentro.5

A Carrera le llamaban ‘Caudillo’, ‘Salvador de la Patria’, ‘Protector de la Religión’, ‘Hijo Predilecto’, ‘Enviado de la Providencia’; el clero veía a Carrera con arrobos místicos, la aristocracia con respeto profundo,, los liberales con terror, el pueblo con simpatía. El guerrillero se imponía: el rudo montañés, era por estos tiempos un hombre que ya leía y firmaba, que se trajeaba como un dandy, que conservaba con alguna soltura y salpicaba sus frases de observaciones pertinentes, que galanteaba a las niñas bien y que, cada vez que se avistaba con el consul inglés Mr. Chattfield, le decía con acento de la otra vida: -‘Hallo, Mr. Chattfield; how do you do’?5

[…]

Habrá de confesarse que Carrera no llegó a más porque no quiso.  El país se le ponía bajo sus plantas: el servilismo y el vasallaje de los guatemaltecos, tocaba las lindes.  Triste herencia, que después se repitiera ante la figura del general Barrios y, más tarde, ante la […] de Estrada Cabrera.”5

Y así, Carrera gobernó hasta su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1865.

Entre los firmantes del acta del 25 de octubre hay varios personajes históricos que se pueden clasificar en tres grupos: correligionarios de Carrera durante su época de guerrillero, los miembros del clero y los miembros del partido conservador.  He aquí algunos de ellos:6

  • Francisco:  es el arzobispo Francisco de Paulo García y Peláez, líder del clero secular
  • Manual Francisco Pavón:  miembro prominente del clan Aycinena y ministro de Gobernación y de Asuntos eclesiásticos
  • Pedro de Aycinena: miembro del clan Aycinena y ministro de Relaciones Exteriores
  • Luis Batres Juarros: miembro del clan Aycinena y Consejero de Estado
  • Mariano Paredes: expresidente de Guatemala, y brigadier del ejército
  • Pedro José  Valenzuela: expresidente de Guatemala y vice-rector de la Pontifica Universidad de San Carlos
  • Vicente Cerna: correligionario de Carrera desde la época de las guerrillas campesinas y corregidor de Chiquimula; sería presidente de Guatemala de 1865 a 1871.
  • J. Ignacio Irigoyen: miembro del clan Aycinena, brigadier y corregidor de Quetzaltenango
  • Santos Carrera: hermano y correligionario de Carrera, y coronel del ejército.
  • Joaquín Solares: general y correligionario de Carrera
  • Serapio Cruz (“Tata Lapo“): general, y quien luego sería elevado a héroe liberal por morir en una revolución contra el presidente Vicente Cerna.
  • José Víctor Zavala: general, amigo personal de Carrera y diputado en la Cámara de Representantes
  • Fr. José Ignacio Méndez: superior del convento de Santo Domingo
  • Fr. Julián Hurtado: guardián del Colegio de Cristo
  • José Milla y Vidaurre: escritor, representante en la Cámara y oficial mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores6

El lector interesado puede darse una idea de como era la vida durante la larga presidencia del general Carrera leyendo la obra de José Milla y Vidaurre “Cuadros de Costumbres7 y la de Ramón SalazarEl tiempo viejo: recuerdos de mi juventud8  las cuales describen ese período desde la perspectiva de los criollos conservadores, y la de los liberales, respectivamente.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 335.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  4. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 114-165.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides. pp. 336-337.
  6. Junta General de Autoridades (1854). Acta declarando presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  7. Milla y Vidaurre, José (1865). Cuadros de costumbres guatemaltecas. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  8. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.

14 de mayo de 1897: muere el licenciado Pedro de Aycinena, expresidente de Guatemala y Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del general Rafael Carrera

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Retrato de Pedro de Aycinena. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Pedro de Aycinena fue uno de los líderes más prominentes del partido conservador de Guatemala durante el siglo XIX, no solo como miembro de la familia aristocrática Aycinena sino por su papel como Ministro de Relaciones Exteriores durante el largo gobierno del capitán general Rafael Carrera.

La familia Aycinena inicialmente se opuso férreamente a la Independencia de Centroamérica dadas las grandes conexiones comerciales y políticas que tenía con las autoridades españolas; pero cuando la Independencia se hizo inevitable, se esforzó porque las condiciones sociales, políticas y religiosas no cambiaran en lo absoluto, razón por la que fueron llamados “conservadores” o “cachurecos” por sus rivales, los criollos liberales a quienes ellos, a su vez, llamaban “pirujos“.

Cuando Francisco Morazán invadió Guatemala en 1829 para acabar con el gobierno federal que controlaban los Aycinena en ese momento, no solamente les expropió todos sus bienes sino que los expulsó de Centroamérica.  Junto con los Aycinena, salieron sus principales aliados: los miembros de las órdenes regulares de la Iglesia Católica, dueños de importantes haciendas y edificios en las principales ciudades de la región.

Los conservadores, liderados por el marqués y obispo Juan José de Aycinena, estuvieron en el exilio, esperando el momento justo para retornar a su antigua patria.  Pasaron diez años, pero el trabajo que hicieron los curas párrocos entre el campesinado guatemalteco rindió sus frutos:  lograron convencer a sus feligreses que los liberales eran herejes que se habían aliado con los ingleses para combatir la Santa Religión Católica.  Se inició entonces una guerra de guerrillas de parte de los campesinos contra el gobierno liberal de Mariano Gálvez al que derrotaron en 1838, dirigidos por el general mestizo Rafael Carrera.

Sabiendo que Carrera era mestizo, los Aycinena decidieron regresar a Guatemala para utilizarlo como su hombre fuerte, pero se encontraron con un hombre de gran carisma y de férrea voluntad con quien tuvieron que pactar.  Así surgió una alianza que se prolongó hasta el 14 de abril de 1865, cuando murió Carrera siendo presidente vitalicio de Guatemala.

Cuando Carrera fue presidente sus principales ministros fueron aristócratas de la familia Aycinena:  Manuel Francisco Pavón, Juan José de Aycinena y Pedro de Aycinena.  Este último fungió como Ministro de Relaciones Exteriores y durante su gestión se realizaron dos tratados muy importantes:

  1. El Concordato con la Santa Sede: por medio de este se le entregó a la Iglesia la educación del país, a cambio de la aprobación de indulgencias para todo aquel que matara a un liberal en combate.
  2. El Tratado Wyke-Aycinena:  por medio de este tratado, Guatemala le cedió a la Corona Británica el territorio comprendido desde el río Belice hasta el río Sartún en usufructo a cambio de la construcción de una carretera que uniera a la ciudad de Guatemala con la ciudad de Belice.  La carretera no se construyó porque el general Carrera murió en 1865 y los gobiernos que le siguieron no trabajaron  con los ingleses en este aspecto.

Cuando el general Carrera falleció ya habían muerto sus principales aliados: Manuel Francisco Pavón y Juan José de Aycinena, por lo que fue Pedro de Aycinena el nombrado como presidente interino, cargo que desempeñó hasta que el mariscal Vicente Cerna y Cerna fue designado como presidente de Guatemala el 24 de mayo de 1865.

Luego de la Revolución Liberal de 1871, el partido conservador cayó en desgracia y es poco lo que se menciona a Pedro de Aycinena.  Solamente se sabe que murió el 14 de mayo de 1897, por una escueta publicación que apareció en la revista cultural liberal “La Ilustración Guatemalteca“.


BIBLIOGRAFIA:


 

18 de abril de 1855: muere el líder conservador Manuel Francisco Pavón y Aycinena

 

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Iglesia de La Merced, en donde fue sepultado Pavón y Aycinena.  La foto es de 1906 y fue tomada de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes del régimen conservador más desprestigiado por los historiadores liberales que reescribieron la historia de Guatemala luego de la Revolución Liberal de 1871, fue Manuel Francisco Pavón.

 

De él dice el historiador Federico Hernández de León:  “ha sido pararrayos de las iras liberales y sobre su figura, cuando yo era muchacho, tejí una leyenda en la que aparecía don Manuel Francisco con todas las características del Tenebroso de mis antepasados los quiches”

La figura de Pavón empezó a destacar cuando su primo, Mariano de Aycinena se convirtió en el gobernador del Estado de Guatemala.  Cuando Francisco Morazán y su ejército liberal invadió Guatemala y acabó con la familia Aycinena y el clero regular en el país, Pavón ideó establecer una dictadura para Morazán a fin de mantener la integridad de la Federación Centroamericana, algo que el invasor rechazó pues desconfiaba y aborrecía a los criollos conservadores guatemaltecos.  Dice Hernández de León al respecto:  “Morazán – hay que decirlo rotundamente – no tuvo una vision elevada y, desconfiado, rechazó la oferta. Aquella dictadura habría salvado la Federación, habría impuesto la paz y los destinos de la nacionalidad fueran muy otros”.

Una vez triunfaron los guerrilleros católicos al mando del general campesino Rafael Carrera en 1838, Pavón trabajó incansablemente para que su familia recuperara el poder que había tenido antes de que Morazán les embargara todos sus bienes y los expulsara de Centroamérica en 1829.  Cuando los criollos pensaron que Carrera no podría resolver el caos que se vivía en Guatemala por las bandas de forajidos en invasiones liberales desde Honduras y El Salvador, fue el propio Pavón el que le pidió la renuncia al general presidente.

Cuando Carrera regresó al país definitivamente en 1848, Pavón fue su principal aliado.  Era in trabajador incansable: fue ministro de Estado, diplomático y diputado, entre otras cosas.  Redactó varias leyes, entre ellas la Ley de Pavón de educación pública y colaboró con el Ministro Plenipotenciario Británico, Frederick Chatsfield, entonces de gran influencia en el gobierno guatemalteco.

Por este trabajo incansable, enfermó de gastritis y luego de unas vacaciones en Costa Rica con  Mr. Chatsfield, regresó a Guatemala con molestias estomacales de las que ya no se recuperó.  Falleció en la noche del 18 de abril de 1855 y por orden del presidente Carrera, fue sepultado en las bóvedas de la Iglesia de La Merced, entonces a cargo de los padres jesuitas que habían retornado a Guatemala en 1840.


BIBLIOGRAFIA:


28 de marzo de 1838: nace el poeta y literato guatemalteco Juan Fermín de Aycinena y Aycinena

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Retrato del poeta publicado en “La Ilustración del Pacífico” en 1898.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El poeta y literato guatemalteco Juan Fermín de Aycinena y Aycinena nació el 28 de marzo de 1838 en la Ciudad de Guatemala . Era hijo de Pedro de Aycinena, quien fue ministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno del capitán general Rafael Carrera y presidente interino tras la muerte de éste en 1865.

Aycinena y Aycinena fue diputado ante la Cámara de Representantes en 1870 y consejero de Estado durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna y Cerna.  Tras el derrocamiento de Cerna en 1871, la familia Aycinena se retiró de la política, y Juan Fermín de Aycinena se dedicó a la escritura y poesía.​ Siendo devoto católico, como todos los miembros de su familia, fungió como secretario de la hermandad San Juan de Dios y fue miembro de la Archicofradía del Santísimo Sacramento.

En 1888 fue uno de los miembros fundadores de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

Aycinena y Aycinena era un hombre tranquilo y pacífico que vivía dedicado a su obra literaria, pero a pesar de ello sufrió un violento ataque en su residencia por parte de un desconocido que lo golpeó brutalmente en la cabeza el 23 de diciembre de 1897. Era el período turbulento e inestable que siguió al colapso económico y el autogolpe de estado del general José María Reina Barrios a mediados de ese año. Desafortunadamente, el poeta ya no se pudo recuperar y murió en su casa el 11 de enero de 1898.


BIBLIOGRAFIA:

  • Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario histórico biográfico de Guatemala. Guatemala: Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo. ISBN 99922-44-01-1.
  • La Ilustración del Pacífico (15 de febrero de 1898). «La lírica guatemalteca está de duelo; Ramón Uriarte y Juan Fermín de Aycinena». La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Síguere y Cía.) II (36).