15 de agosto de 1838: las huestes de Mita, al mando del general Rafael Carrera, aplastan a las fuerzas gubernamentales en los llanos de Jalapa

Vista del Arco de Santa Catalina en Antigua Guatemala en 1860, aproximadamente.  Así lucía la ciudad cuando las fuerzas de Rafael Carrera fueron derrotadas por el general salvadoreño Carlos Salazar en septiembre de 1838. Imagen tomada de An Ancient City of Central America, Supplement of Harper’s Weekly

A pesar de haber derrocado al gobierno del doctor Mariano Galvez, los conservadores no pudieron mantener el poder del Estado de Guatemala y lo perdieron a manos del presidente federal Francisco Morazán en marzo de 1838.  Este logró reducir al aguerrido general Carrera y confinarlo a las serranías de Mita retornado temporalmente la calma para los criollos guatemaltecos, tanto liberales como conservadores.

Pero Carrera no se quedó de brazos cruzados y ya en agosto de ese año se enconraba al mando de las “huestes de Mita”, como les llamaban en la ciudad de Guatemala a los campesinos alzados en armas que combatían al gobierno liberal.  Carrera derrotó a las fueras gubernamentales en los llanos de Jalapa de forma tan aplastante, que solamente un puñado de sobrevivientes pudo escapar.

Ante estos hechos, las filas de los campesinos se engrosaron con voluntarios hasta alcanzar los dos mil miembros. Cabe destacar que en esa época peleaban tanto hombres como mujeres, y existe evidencia histórica de que la esposa del general Rafael Carrera, comandante del ejército revolucionario, peleaba en primera fila junto con su esposo.  Tambien hay registro histórico de que los soldados gubernamentales le temían más a ella que al propio Carrera.

Las fueras revolucionarias se dirigieron entonces sobre la capital del Estado, enfrentándose nuevamente con el ejército a inmediaciones de Petapa.  Las fuerzas al mando del coronel Félix Fonseca iban solamente a hacer un reconocimiento, pero por un arranque de temeridad del coronel, atacaron a las fuerzas de Carrera, quienes los derrotaron fácilmente.

Carrera y sus soldados llegaron hasta la Antigua Guatemala, la cual tomaron sin ninguna resistencia el 7 de septiembre, preparándose para el as alto final a la ciudad.  Cupo la suerte para el gobierno liberal que gracias a una densa neblina fuerzas al mando del salvadoreño liberal Carlos Salazar atacaron por sorpresa a Carrera, infringiéndole una sangrienta derrota.   Por esta acción Salazar fue nombrado Jefe de Estado de Guatemala.

Pero esto solamente retrasó lo inevitable:  tras reagruparse y tomar fácillmente las ciudades salvadoreñas de Sonsonate, Ahuachapán y Santa Ana, las huestes de Mita regresaron a Guatemala, en donde se hicieron con el poder definitivo el 13 de abril de 1839, cuando tomaron la ciudad de Guatemala, obligando al jefe de estado interino Carlos Salazar a huir por los tejados de las casas.

BIBLIOGRAFIA:

3 de Agosto de 1853: se promulga en Guatemala el Concordato con la Santa Sede por medio del cual se le entrega a a Iglesia Católica la educación púbica del país

 

Portada de la edición oficial del Concordato entre Guatemala y la Santa Sede.  Tomado del documento digitalizado.

El Concordato fue un tratado entre el presidente, capitán general Rafael Carrera, y la Santa Sede, suscrito en 1852 por el cardena Jacobo Antonelli y por el embajador guatemalteco ante el Vaticano, Fernando Lorenzana.  El document fue promulgado en Guatemala el 3 de Agosto de 1853 y finalmente fue ratificado por ambas partes en 1854, con las firmas de Antonelli, quien era el Secretario de Estado del Vaticano, el general Carrera y Pedro de Aycinena, Ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala.

Por medio de este tratado, Guatemala le otorgó la educación del pueblo guatemalteco a las órdenes regulares de la Iglesia Católica, y se comprometió a respetar las propiedades y los monaterios eclesiásticos, autorizando el diezmo obligatorio y permitendo que los obispos censuraran lo que se publicaba en el país.  En la práctica, esto se tradujo en lo siguiente:

  1. Los jesuitas retornaron a Guatemala tras ser exiliados por la corona Española en 1767 y se hicieron cargo de la educación de la élite guatemalteca, ya que tuvieron a su cargo el Colegio y Seminario Tridentino
  2. Las grandes órdenes religiosas que retornaron al país, recuperaron parte de sus propiedades, incluyendo grandes haciendas e ingenious azucareros.  De esta forma, los frailes recuperaron el poder económico y político que perdieron en 1829.
  3. El diezmo obligatorio sirvió para afianzar el poder económico del clero secular a cargo del arzobispo.  Los curas párrocos tuvieron así una sólida fuente de ingresos, de la que otorgaban un porcentaje a la curia.
  4. Los religiosos censuraron toda la literature liberal anticlerical que era muy común en América Latina en esa época.

Por su parte, el Vaticano otorgó indulgencias a los miembros del ejército, permitió que quienes hubiesen adquirido las propiedades que los liberales habían expropiado a la Iglesia en 1829 las conservaran, autorizó a que el gobierno guatemalteco percibiera impuestos por lo generado por las propiedades de la Iglesia, y acordó que Guatemala tenía el derecho de juzgar con las leyes guatemaltecas a los eclesiásticos que perpetraran crímenes.  En la práctica, lo que ocurrió fue lo siguiente:

  1. El Vaticano perdonó de pecado mortal a todos los soldados guatemaltecos que mataran a soldados de gobiernos liberales, ya que éstos eran considerados herejes.
  2. Dado que muchos criollos compraron bienes embargados a los frailes por una fracción de su valor real luego de la expulsion de los religiosos en 1829, se logró negociar que estas propiedades no fueran retornadas a los frailes ya que significaría romper a estabilidad socioeconómica del país.
  3. El Vaticano cedió al respect de que los curas o frailes que infringieran a ley tendrían que pagar las consecuencias ante los tribunales civiles del país.

El Concordato mantuvo la relación estrecha entre Iglesia y Estado en Guatemala que caracterizó al gobierno conservador de los 30 años y estuvo vigente hasta la caída del gobierno conservador del mariscal Vicente Cerna y Cerna.

BIBLIOGRAFIA:

30 de julio de 1847: pobladores indígenas de Yucatán se rebelan y exterminan a los pobladores blancos en Tepich, dando inicio a la Guerra de Castas. Esta rebelión indígena ayudó a consolidar al gobierno de Rafael Carrera en Guatemala

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Piedras talladas con las principals comunicaciones del gobierno mexicano relacionadas con la Guerra de Castas en Yucatán.  Las piedras están en el Zoológico del Centenerario, en Mérida.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Actualmente la historia de Guatemala ha sido relatada de forma que los indígenas han sido presentados como subyugados desde 1524 tras la conquista dirigida por Pedro de Alvarado.  Pero la conquista de todo el territorio no concluyó sino hasta en 1697, cuando los españoles finalmente lograron aniquilar a los nativos itzáes que se refugiaban en el vasto territorio del Petén y en donde habían logrado mantenerse independientes gracias a los remoto del lugar, a lo difícil de las condiciones climáticas y a su férrea voluntad.

De esta cuenta, los indígenas del sureste de la Península de Yucatán quedaron solo medianamente dominados, aunque reducidos a vasallaje por un método en el que eran sometidos, entre otras formas, por medio de deudas. Un indígena nacía y moría en la hacienda donde trabajaba desarrollando arduas tareas y en la que se le había asignado un pago bajo al arbitrio del hacendado, el cual se realizaba a través de la tienda de raya, propiedad del propio hacendado, donde era obligado a adquirir, a precios también arbitrarios, los elementos básicos para su subsistencia. De esta forma, el indígena quedaba endeudado para siempre y no sólo era incapaz de pagarlo sino que no podia abandonar la hacienda porque era un requisito indispensable pagar sus deudas para poder irse.  Así, si huía, se convertía en fugitivo y era perseguido por las autoridades del estado.  Y, por si fuera poco, las cuentas era hereditarias, de forma que los hijos debían pagar lo que el padre no hubiera podido cubrirle al patrón, perpetuándose la dependencia de la familia y llegándose al extremo de que, para saldar una deuda, al hacendado le era permitido comerciar con sus trabajadores vendiéndolos en el mercado de esclavos de Cuba.​

(Debe anotarse que este sistema de endeudamiento indirecto ha sido utilizado también en Guatemala tras la independencia.  El gobierno del general J. Rufino Barrios estableció el “Reglamento de Jornaleros“, una ley muy similar a la utilizada en Yucatán, y el gobierno del genera Jorge Ubico lo sustituyó por las leyes de “Vagancia” y de “Vialidad”, que perseguían a los indígenas que “no trabajaban” en alguna finca cafetalera y los obligaban a trabajar en los caminos rurales).

Cuando se presentó la oportunidad de rebelarse, los indígenas yucatecos no dejaron dudaron ni un momento.  En 1847, Yucatán no era parte de México, y de hecho armó a un batallón de indígenas para repeler los avances el ejército mexicano que pretendía anexarlo.  Tras la victoria los indígenas se resistieron a devolver las armas y esperaron pacientemente por una oportunidad.  México entones se desentendió de Yucatán porque se tuvo que enfrentar a la invasión estadounidense que terminaría con la pérdida de California, Arizona, Nuevo México, Colorado y Texas, lo que aprovecharon los yucatecos de Mérida (meridianos) y los de Campeche (campechanos) para enfrentarse de una vez por todas y tomar el poder absoluto de la peninsula.

Aprovechando la Guerra civil entre criollos, los indígenas se alzaron, y luego de que fueran reprimidos fuertemente en el poblado de Tepich, el comandante Cecilio Chi atacó el mismo poblado, pero esta vez dió orden de que exterminaran a todos los pobladores blancos.  Era el 30 de julio de 1847.

La guerra se extendió por dos años, en los cuales los ingleses de Belice le proporcionaban armas a los indígenas separatistas, quienes estuvieron a punto de tomar el control de la peninsula y aniquilaron a muchos pobladores blancos.  Sin embargo, en un momento de desesperación, el gobernador yucateco aceptó la ayuda de México a cambio de que Yucatán se convirtiera en estado de ese país. Así, en 1849 lograron derrotar a los indígenas, aunque se mantuvo la inestabilidad pues los indígenas conservaron el control del sureste de la peninsula y organizaban guerras de guerrillas hasta 1901.

En Guatemala, el general Rafael Carrera acaba de regresar de un exilio forzado en México al que lo enviaron los criollos conservadores, antes sus aliados y quienes consideraban que el líder mestizo ya no les era útil. Pero al no poder hacerse cargo del gobierno del estado, se alegraron con el retorno de Carrera al Estado.  Sabían que el general había estado pactando con los líderes indígenas de todo el occidente guatemalteco, y como estaban aterrorizados de que algo similar a la Guerra de Castas ocurriera en el Estado, decidieron reconocer la autoridad del presidente mestizo, el cual se perpetuó en el poder hasta su muerte, gobernando con mano de hierro sobre criollos, mestizos e indígenas hasta su muerte en 1865.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Barrios, Justo Rufino (1877). «Decreto número 177: Reglamentos de jornaleros». El Guatemalteco (Guatemala). Archivado desde el original el 8 de mayo de 2015
  2. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1. 
  3. Don E. Dumond (2005). El Machete y la Cruz: La Sublevación de Campesinos en Yucatán. México: UNAM, pp. 488. ISBN 978-9-70322-309-1.
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  6. Jaulin, Robert (1976). El etnocidio a través de las Américas: textos y documentos. México: Siglo Veintiuno, pp. 70. ISBN 978-9-68230-693-8.
  7. Menéndez, Carlos R (1922). “Historia del infame comercio de indios en Yucatán”,  Mérida, Yucatán.
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  9. (2007). La Guerra de castas de Yucatán. México: Ediciones Era, pp. 131. ISBN 978-9-68411-192-9.
  10. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.
  11. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821-1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X. 
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  13. La Guerra de Castas 1847 – 1901. Archivo General del Estado de Yucatán

 

25 de julio de 1838: con el gobierno liberal prácticamente desmantelado, Mariano Rivera Paz, encargado del gobierno del Estado de Guatemala, anula todos los decretos contra los conservadores y las órdenes religiosas

Retrato official de Mariano Rivera Paz, que se encuentra en el Museno Nacional de Historia. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En julio de 1838 los criollos liberales no sabían qué les había golpeado, pues habían pasado de ser los dueños absolutos de la situación en Centroamérica, a tener en sus manos una crisis sin precedents: Nicaragua y Costa Rica se habían declarado estados independientes y en Guatemala las hordas católicas campesinas habían arrasado con el gobierno laico anticlerical del doctor Mariano Galvez.

Era tal la desesperación de los liberals que el mismo José Francisco Barrundia, quien junto con el doctor Pedro Molina eran los máximos líderes de los liberales guatemaltecos, había solicitado ayuda al general campesino Rafael Carrera para que derrocada a Gálvez.  Y es que a Barrundia le había horrorizado que el personaje que aparece en nuestros billetes de veinte quetzales no tuviera problema alguno en implementar tácticas militares de tierra arrasada en las áreas rurales guatemaltecas para tratar de derrotar a los campesinos católicos alzados.

El lector se preguntará cómo fue que Guatemala llegó a una guerra santa entre católicos y no creyentes siendo, como es ahora en el siglo XXI, un país en donde prácticamente la mitad de los habitantes son católicos, y la otra mitad son protestante. Pues bien, en la época que siguió a la independencia estaban muy de moda los ideales de la Ilustración que veía a la religion católica como la raiz de todos los males; de esta forma, los criollos que querían in nuevo sistema social en la region porque el colonial no los favoreció abrazaron la ideología laica, mientras que aquellos que fueron predominantes durante la colonia, mantuvieron su estrecha relación con el clero.

En 1829, Morazán derrotó a Mariano de Aycinena y tomó el poder de la República Federal de Centro América.  Uno de sus primeros decretos fue expulsar a todos los miembros del partido conservador y de las órdenes religiosas para así apropiarse de sus bienes, en especial las grandes haciendas que tenían los religiosos.  Pero no expulsaron a los curas del clero secular, sino que solamente al arzobispo Casaus y Torres, pensando que con la expulsión del líder y la eliminación del diezmo obligatorio los curas quedarían muy mermados.

Los liberales no contaron con la labor de hormiga que hicieron los curas durante el gobierno de Galvez (1831-1838); los sacerdotes se dedicaron a hacerle ver a los campesinos que los liberales eran herejes pues habían expulsado a las órdenes religiosas y hacían negocios con los protestantes ingleses.  Además, los liberals habían impulsado las leyes del matrimonio civil, el divorcio y los juicios de jurados copiando el código de Livingston que se utilizaba en los Estados Unidos, lo que fue aprovechado por los curas párrocos para decirle a los campesinos que los gobernantes iban en contra de la doctrina católica.

Así pues, bastó in detonante para que estallara la revolución rural en Guatemala y esa fue la epidemia de cólera que se desató en 1837.  Cuando se corrió el rumor de que eran los agentes del gobierno los que envenenaban los ríos, los campesinos se levantaron en armas, y eligieron como su líder a Rafael Carrera.  Aquel sería el principio del fin de los liberales en Guatemala mientras Carrera viviera.

Rivera y Paz se hizo cargo del gobierno del estado debido a todos estos acontecimientos y comprendió que todos los decretos anticlericales y en contra de los conservadores iban a ser utilizados en su contra cuando los campesinos tomaran el poder, así que el 25 de julio de 1838 se curó en salud y decidió decretar un olvido generalizado de todo lo decretado en contra de la iglesia católica y los conservadores desde 1821 hasta 1838.  Empezaba así el regimen conservador de los 30 años.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

12 de julio de 1945: San Cristóbal Cucho recupera la categoría de municipio tras haber sido adscrito a San Pedro Sacatepéquez como aldea por el gobierno de Jorge Ubico en 1935

 

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El general Jorge Ubico durante su primera toma de posesión en 1931.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

San Cristóbal Cucho es un municipio en el departamento de San Marcos, en Guatemala.  El área que ocupa este municipio fue descubierta por los conquistadores españoles al mando de Juan de Dios y Cardona quien ostentaba el cargo de capitán al servicio del Real Ejercito Español en la década de 1520.

 

El poblado original fue fundado el 11 de octubre de 1811 y estuvo constituido por personas descendientes de la etnía Mam, juntamente con comunidades de mestizos, ya hacia el final de la Época Colonial.

Después de la Independencia de Centroamérica, se aprovechó la división territorial que existía en base a los curatos a cargo de las órdenes religiosas y del clero secular, al punto que la constitución del Estado de Guatemala promulgada el 11 de octubre de 1825 creó los distritos y sus circuitos correspondientes para la administración de justicia con esta base.  En esa constitución, ya aparece San Cristóbal Cucho adscrito al cirtuito Del Barrio que pertenecía al Distrito N.°10 (Quezaltenango), junto con los municipios de San Marcos, Tejutla, San Pedro, San Antonio, Maclén, Izlamá, Coatepeque, San Lorenzo, San Pablo, Tajumulco, Santa Lucía Malacatán, San Miguel Ixtahuacán, Zipacapa y Comitancillo.

En el siglo XIX, como ahora en el siglo XXI, las diferencias entre los grandes grupos de criollos eran irreconciliables, y cuando los liberales se dieron cuenta de que iban a perder el poder en el Estado de Guatemala a manos de los conservadores, decidieron formar su propio estado aglutinando a los departamentos del Occidente.  Fue así como el 3 de abril de 1838, San Cristóbal Cucho, junto con el resto del occidente de Guatemala, pasó a formar parte de la región que se independizó constituyó el efímero Estado de Los Altos. Aquella secesión forzó a que el Estado de Guatemala se reorganizara en siete departamentos y dos distritos independientes el 12 de septiembre de 1839.  En ese entonces, Guatemala fue reducida únicamente a los departamentos de Chimaltenango, Chiquimula, Escuintla, Guatemala, Mita, Sacatepéquez, y Verapaz, además de los distritos de Izabal y Petén.

Es importante destacar que actualmente son pocas las personas que conocen este dato histórico; y aun quienes la conocen creen que fue solamente la ciudad o departamento de Quetzaltenango la que se independizó.  En realidad, fueron todos los departamentos del Occidente: Soconusco (entonces parte de Guatemala), Huehuetenango, Quiché, Totonicapán, San Marcos, Quetzaltenango, Sololá, Retalhuleu y Suchitepéquez son los modernos departamentos que formaron parte de Los Altos en 1838.

Pero el Estado de los Altos tenía graves problemas sociales.  Eran los criollos de la región habían mostrado intenciones de obtener mayor autonomía con respecto a las autoridades de la ciudad de Guatemala desde la época colonial, pues consideraban que los criollos capitalinos que tenían el monopolio comercial con España no les daban un trato justo.  Por su parte, los indígenas no simpatizaban en lo absolute con el pensamiento liberal anticlerical ni con la idea de juicios de jurados, el matrimonio civil y el divorcio que eran las principales armas propagandísticas de los liberales.

Este intento de secesión fue aplastado por el general Rafael Carrera, quien reintegró al Estado de Los Altos al Estado de Guatemala en 1840 y luego venció contundentemente al presidente de la República Federal de Centro América, el general liberal Francisco Morazán en la Ciudad de Guatemala unos cuantos meses después.  Esa derrota de Morazán significó la consolidación territorial del Estado de Guatemala, y el fin de la Carrera política de Morazán y del Estado de Los Altos.

En 1931 tomó el poder el general Jorge Ubico, tras una serie de gobiernos fugaces y de golpes de Estado que siguieron a la renuncia del general Lázaro Chacón, quien sufrió in derrame cerebral.  En ese momento, Guatemala estaba inmersa en una profunda crisis económica derivaba de la estrepitosa caída del precio del café causada por la Gran Depresión.  Ubico era un hábil administrador y tomó fuertes medidas de austeridad, que incluyeron la simplificación de la división política de la República para reducir los costos de operación. Así pues, suprimió varios departamentos y municipios, los cuales fueron integrados a sus vecinos. San Cristóbal Cucho fue uno de los municipios afectados: el 11 de diciembre de 1935 fue anexado al municipio de San Pedro Sacatepéquez, también del departamento de San Marcos, en calidad de aldea.

Fue hasta después de Revolución de Octubre de 1944 que la administración, aprovechando que el gobierno del general Ubico dejó la macroeconomía del país en muy buen estado, decidió restaurar algunos municipios.  Así pues, San Cristóbal Cucho recobró la categoría de municipio el 12 de julio de 1945, ya durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo Bermejo.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

10 de julio de 1796: nace la poetisa, periodista e influyente política María Josefa Garcia Granados y Zavala en Cádiz, España

 

Grabado del siglo XIX que representaría a María Josefa García Granados. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

María María Josefa García Granados y Zavala, conocida como “Pepa” o “Pepita” por sus amigos, fue una literata, periodista y poetisa guatemalteca, de origen español, considerada como una de las mayores exponentes intelectuales de la época en que se independizó Guatemala. Puede decirse que fue una feminista adelantada a su tiempo ya que con su carácter fuerte y dominante se impuso en la sociedad guatemalteca de la época. Era hermana del general Miguel García Granados y de Adelaida García Granados, quien fue tutora de Petrona Álvarez, esposa del general Rafael Carrera, presidente conservador vitalicio de Guatemala.   (Por sus fuertes nexos con el gobierno conservador de Rafael Carrera, su trabajo fue dejado en el olvido, a pesar de que hermano Miguel García Granados fue el líder de la revolución liberal de 1871 muchos años después de la muerte de “Pepita“.)

La familia García Granados decidió radicarse en la Capitanía General de Guatemala tras la invasión napoleónica a la Península Ibérica a principios del siglo XIX.  Y por ello Pepita vivió en la region durante la turbulenta época de la Independencia y de la Guerra Civil de Centroamérica que estalló poco después.  Se casó con Ramón Saborío de la Villa, con quien estuvo casada hasta la muerte y de quien tuvo seis hijos.  Como data curioso, su hermano Miguel también  fue su yerno, pues era la costumbre entre las familias pudientes de la época los matrimonios endogámicos y éste se casó con Cristina, hija de María Josefa. (De esta forma, Pepita era abuela y tía al mismo tiempo de María García Granados y Saborío, la famosa “Niña de Guatemala“).

Durante la Guerra Civil Centroamericana, la familia García Granados corrió la misma suerte que los miembros del Clan Aycinena: le fue confiscada la tercera parte de todos sus bienes.  Fue en este momento en que empezó a escribir poemas de sátira sangrienta con los que atacaba a los jefes liberals, a sus esposas y familias; por eso fue perseguida y tuvo que huir a Chiapas a refugiarse junto con su hermano Miguel en Ciudad Real.  (Para entonces, Chiapas ya se había desligado de la República Federal de Centro América y se había anexado a México.)

En su época las mujeres eran relegadas a las labores de su hogar, pero “Pepita” no se adaptó a este molde en lo absoluto.  Utilizando el seudónimo “Juan de las Viñas” fundó dos periódicos y varios boletines en los que daba muestra de su gran ingenio crítico y satírico. Además participaba de las tertulias de las principales figuras políticas del país, sin importar el partido al que pertenecían: así pues, frecuentaba la residencia tanto de Mariano Rivera y Paz como la del general Rafael Carrera.  Fue también una gran amiga del poeta José Batres Montúfar.

 

 

 

En cuanto a su poesía, ésta no era del género lírico, tan común entre las poetisas de su época.  Lejos de ello, son poemas llenos de ingenio, buen humor y crítica hacia Francisco Morazán y la horda de liberales que invadieron Guatemala y expulsaron a los aristócratas y a las hasta entonces poderosas órdenes religiosas.  El resultado fue, entonces, una poesía que retrata sin evasiones, ni romanticismos, los hechos de la élite cultural y política de su época.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

21 de junio de 1839: se restablecen las órdenes religiosas en Guatemala, luego de haber sido expulsadas por Francisco Morazán los liberales en 1829

Iglesia del Colegio de Propaganda Fide en 1875, al fondo del paredón se ve el portón al Convento.  Estos edificios fueron retorandos a los miembros de la congregación religiosa en 1839 luego de que fueran expulsados en 1829.  Imagen de Eadweard Muybridge.

El 13 de abril de 1839 habían entrado los campesinos montañeses a la capital del Estado de Guatemala, comandados por el general mestizo Rafael Carrera.   Aunque los milicianos eran hombres duros y analfabetos con un acérrimo fanatismo católico, respetaban a su general, quien tenía un supremo don de mando.

La bandera de los campesinos era la religión: era en los asuntos de la Iglesia en donde más se hacía sentir el cambio radical en el gobierno del Estado.  Carrera ordenó al presinte Mariano Rivera Paz, hombre de caráter débil pero buen corazón, que reuniera a la Asamblea Legislativa para que se hiciera un decreto que ordenara al gobernador eclesiástico que en todas las iglesias del Estado se hiciera un día de rogación por el acierto de los trabajos de la propia Asamblea.  Era el principio de lo que sería la simbiosis entre la Iglesia Católica y el Estado guatemalteco durante los próximos treinta años.

El cambio en el sentimiento religioso fue muy grande y contrastaba con todos los vejámenes y humillaciones que se le habían hecho a los curas y a los frailes durante el gobierno liberal que empezó en 1829.  Es más, no había arzobispo, sino gobernador eclesiástico, porque al prelado lo habían expulsado los liberales sin mayores contemplaciones.

Una de las primeras medidas en favor de los sacerdotes católicos fue la autorización del retorno de las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo, Merced y Colegio de Misiones de Propaganda Fide (La Recolección) y que se les devolvieran sus iglesias y conventos.  En cuanto a los Jesuitas, estos habían sido expulsado por las autoridades españolas desde 1767 y no poseían conventos ni haciendas en el país.

Los religiosos encontraron así en Guatemala un refugio a la persecución de que eran víctimas en todo el continente americano, pues se les miraba como un símbolo de la dominación española y un atraso en el progreso de los pueblos.  Pero gracias al férreo control de Rafael Carrera sobre el gobierno guatemalteco, pudieron desarrollarse tranquilamente en el país hasta 1871, cuando los liberales por fin retomaron el poder.  Para entones, Carrera llevaba seis años en la tumba.

BIBLIOGRAFIA: