26 de febrero de 1848: la expedición de Modesto Méndez llega a Tikal

Una expedición al mando del Corregidor y Comandante de Petén, Modesto Méndez descrube la ciudad maya de Tikal en la selva petenera.

26febrero1848
El templo II de Tikal en 1902, parcialmente descombrado. El templo se encontraba totalmente invadido por la selva cuando lo visitaron Modesto Méndez y sus hombres en 1848. En el recuadro: el corregidor y comandante de Petén, Modesto Méndez en un retrato que se conserva en el Museo Nacional de Historia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1848,  el gobernador Ambrosio Tut informó de la existencia de unas estructuras en la selva del Petén al Corregidor de ese departamento, el comandante y coronel Modesto Méndez, quien organizó una expedición para certificar que efectivamente éstas existían y así reclamarlas para la República de Guatemala.1

Méndez -cuya expedición estaba compuesta de dos comisiones, una de las cuales era comandaba por el gobernador Tut y había partido unos días antes- salió de la ciudad de Flores el 23 de febrero de 1848 con destino a la cercana población de San José, que está en la orilla norte del lago de Petén-Itzá. Al día siguiente, a las 3 de la mañana, se fueron en canoa al oeste del Lago rumbo hasta que atracaron e iniciaron el recorrido a pie.  A partir de ese momento, estaban en una región completamente inhóspita y a la merced de los indígenas que la habitaban, que en ese tiempo estaban en comunicación con los indígenas alzados que estaban masacrando europeos y criollos en Yucatán.2

Afortunadamente no tuvieron contratiempos y caminaron  cuatro leguas al norte, hasta llegara a la laguna El Tintal, el cual consideraban que era el punto más adecuado para dirigirse a las estructuras de la selva porque la vegetación era menos espesa.   Allí se quedaron a descansar en sus hamacas bajo la sombra de los árboles, y por la tarde llegó el gobernador Tut y su comisión, quien les informó que estaban rectificando el camino, cazando animales y buscando agua.  Al día siguiente, de madrugada, los miembros de la comisión de Tut siguieron su camino hacia San José, mientras que éste se sumó al grupo de Méndez para guiarlos hasta los edificios.  Los exploradores avanzaron bajo la lluvia todo el día, deteniéndose para acampar a las cuatro de la tarde.1

El 26 de febrero estaba lloviendo otra vez, pero continuaron su camino.  Méndez describe así lo que ocurrió después:

«Volvió de nuevo la lluvia con muchos truenos y rayos no comunes en el presente mes, y así, mojados como estábamos, siendo las tres de la tarde, empezamos a observar fragmentos de loza antigua y un monte algo más claro, lo cual vino a despertar la ansiedad natural de aproximarnos al objeto que buscábamos.»

«Poco después, estando en un cerro de regular elevación, se descubrió en otra altura superior el primer palacio, cuya soberbia perspectiva no hubo uno solo de mis compañeros que no quisiese disfrutar. Desde entonces, empezé a sentir un noble orgullo al ver logrados en tan cortos días nuestros trabajos, los deseos de tantos años, con notable oprobio de mis antecesores. Nos aproximamos con mayor entusiasmo, hasta ponernos al pié de una hermosa escalera, cuyo paso nos disputábamos, subiendo por precipicios y escombros, originados tal vez por los temblores y elevados árboles […]»1

Los expedicionarios subieron a un edificio y desde su cima lanzaron una cuerda para toma la primeras mediciones: la pirámide mide cincuenta varas de altura y veinticinco de ancho. Miden las paredes, ingresan al recinto y entonces Méndez les ordena que copien en papel un esbozo del edificio. Desde allí, escribió:

«No es posible hallar expresiones propias para significar el inmenso espacio que se presenta a la vista desde esta altura, en todas direcciones, ofreciéndose el más pintoresco panorama al Oriente del palacio; es preciso verlo para sentir los efectos que inspira una perspectiva tan encantadora […]»1

Sus trabajos de medición terminaron a las cinco de la tarde, y bajaron del edificio para pasar la noche. Al día siguiente, continuaron explorando y descubrieron inscripciones: con «caracteres escritos, caras y animales desconocidos…”. También  encontraron estelas – que Méndez llamó «lápidas» – y varios altares ceremoniales a los que describió como «ruedas de una calesa».  Para entonces, los mozos indígenas que los acompañaban, y que se habían encargado del desbrozamiento desde que llegaron, ya no podían más con el cansancio y Méndez decidió suspender la exploración por ese día.

Finalmente, el 28 intentaron continuar con la exploración, pero la espesura de la selva les dificultó el trabajo considerablemente.  En ese momento ya todos estaban agotados, como deja dicho Méndez en su reporte:

«Fatigados de subir y bajar tantos precipicios, y hundidos en tristes y melancólicas reflexiones, al ver tantos escombros y ruinas, siendo la hora de retirarnos, lo hicimos, mejorando de ideas al encontrar en nuestro dormitorio los garrafones de agua que habíamos pedido; con lo cual quedaron desocupados los mozos destinados a conducir los bejucos…»1

Tras emprender el regreso el 2 de marzo, Méndez escribió un detallado reporte para el gobierno del general presidente Rafael Carrera, el 6 de ese mismo mes, en el que indicó:

«Vengan en hora buena esos viajeros con mayores posibles y facultades intelectuales, hagan excavaciones al pie de las estatuas, rompan los palacios y saquen curiosidades y tesoros que no podrán llevar sin el debido permiso; jamás podrán nulificar ni eclipsar el lugar que me corresponde al haber sido el primero que sin gravar a los fondos públicos, les abrí el camino.»1

Desafortunadamente, el gobierno del general Rafael Carrera estaba en una crisis de gobernabilidad, debido a los alzamientos de «los lucios» en el oriente del país, y el resurgimiento del sentimiento independentista en Los Altos -todo  patrocinado por el gobierno liberal de Doroteo Vasconcelos en El Salvador3– y no pudo prestarle mayor atención al importante descubrimiento realizado por Méndez y Tut.  De hecho, Carrera renunció a la presidencia y salió al exilio en agosto de ese mismo año, y durante su ausencia la anarquía llegó a niveles insostenibles, con numeros crímenes políticos y rebeliones.4

Carrera regresó al país en 1849 y con la colaboración del nuevo presidente, el coronel Mariano Paredes, logró sofocar las rebeliones y estabilizar al país, pero ahora se enfrentaba a una inminente invasión de los criollos liberales desde Honduras y El Salvador, la que finalmente ocurrió el 2 de febrero de 1851, en donde los derrotó categóricamente en la Batalla de La Arada.5

A partir de entonces se inició el desarrollo de Guatemala, pero las arcas estaban vacías y el gobierno tenía otras prioridades distintas a explorar ruinas de la civilización maya en medio de la selva petenera.  Por esta razón, cuando los viajeros extranjeros que mencionó Méndez finalmente llegaron a Tikal en la década de 1870, se dedicaron a sacar del país muchos tesoros mayas, los cuales ahora se exhiben en los museos alrededor del mundo.  De hecho, los dinteles puertas de los templos de Tikal se exhiben en el Museo de las Culturas de Basilea, Suiza, gracias a que el ciudadano suizo Gustav Bernoulli las embarcó con la autorización del gobierno del general J. Rufino Barrios, a quien también le aconsejó que creara la Ley de Vagancia para utilizar la inmensa mayoría indígena del país en la producción de café a gran escala.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Méndez, Modesto (18 de abril de 1848). «Informe del Corregidor del Petén Modesto Méndez de 6 de marzo de 1848». Guatemala: La Gaceta de Guatemala, Imprenta de la Paz.
  2. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 160-163.
  4. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. pp. 112-115.
  5. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 193-197.
  6. Schmölz-Häberlein, Michaela (2005). Carl Gustav Bernoulli. En: Germany and the Americas: Culture, politics and history. (Adam, Thomas, ed.) I. Santa Barbara, California: ABC CLIO. (en inglés) p. 142.