1 de noviembre de 1877: se descubre la “conspiración Kopesky” que pretendía asesinar al presidente J. Rufino Barrios

1noviembre1877
Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala en la época en que los conjurados fueron fusilados frente a la fuente de Carlos III.  Al fondo se aprecia el Palacio Colonial.  La casa del general Barrios estaba  en la esquina opuesta del Palacio y desde allí pudo ver los fusilamientos.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 1 de noviembre de 1877 se descubrió una conspiración cuyo objetivo era asesinar al general presidente J. Rufino Barrios y a otros importantes personajes del gobierno liberal.  Las personas implicadas, incluído el aventurero polaco Antonio Kopesky quien era comandante del Cuartel de Artillería, fueron juzgadas por una Corte Marcial, convictas y confesas, y diecisiete de los implicados fueron sentenciados a la pena capital y a condenas de cárcel.  Los principales conjurados fueron fusilados el 5 y el 7 de noviembre frente a la fuente de Carlos III, entonces en la Plaza Mayor de la Ciudad de Guatemala, y el resto fue indultado al cabo de poco tiempo.1  Las personas fusiladas al pie de la fuente fueron:

  • El 5 de noviembre:
    • José María Guzmán (carpintero)
    • Macario Santa María
    • Tomás González
    • Francisco Carrera Limón
    • Jesús Batres (comerciante, caficultor y ganadero; se mantenía en estado de embriaguez)
  • El 7 de noviembre:
    • Manual (o Gabriel) Aguilar (presbítero)
    • Antonio Kopesky (militar polaco)
    • Francisco de León Rodas (militar conservador guatemalteco)
    • Rafael Segura (poeta y escritor; empleado público)
    • José Lara Pavón (catedrático universitario, miembro de la familia Aycinena; ya era anciano)
    • Lorenzo Leal (conservador, pintor miniaturista)
    • Rafael Gramajo
    • Carlos Alegría
    • Cipriano Montenegro
    • Abraham Carmona
    • Enrique Guzmán (destilador de aguardiente)
    • Desiderio Montenegro2

La conspiración fue organizada por dos militares, el ya mencionado Kopesky y el Capitán Francisco de León Rodas. Kopesky había llegado a México con las tropas del emperador Maximiliano y luego de quedar inválido trabajó como mercenario en Centroamérica, donde había cometido una doble traición en Omoa en 1873 y a quien el presidente Joaquín Chamorro de Nicaragua había expulsado de ese país por conspitar contra su gobierno en 1875. A pesar de esto, había sido reclutado por Barrios para que colaborara en su ejército debido a su especialización en artillería. De León Rodas, por su parte, odiaba a Barrios desde una vez que lo había humillado públicamente. El resto de conspiradores eran dos militares, un grupo de civiles conservadores, otros que eran liberales de oposición y un cura párroco.

¿Cómo fueron los hechos?  El 23 de octubtre de 1877 la Asamblea Nacional Legislativa había cerrado sus sesiones después de declarar que el tiempo propio para hacer la Constitución de la República no había llegado.  Esto significaba que el presidente Barrios podría seguir gobernando con las amplias facultades discrecionales que le concedía el Acta de Patzicía, y extendiendo su período por cuatro años a partir de la emisión de aquel decreto.1 Esto creó mucho descontento entre los opositores de Barrios pues se daban cuenta que el presidente era en realidad un dictador con carta abierta para gobernar como mejor le pareciera.

De acuerdo a la versión oficial, los conspiradores querían emborrachar y narcotizar a los guardias del presidente, para luego entrar a la casa y acabar con todo aquel que se les cruzara por enfrente hasta llegar a Barrios y su familia y matarlos a todos.3  Pero el 31 de octubre de 1877, una anciana tocó insistentemente a la puerta de la casa de Barrios, hasta que fue recibida, y le aseguró al general presidente que era la madre de un soldado de artillería y que a la noche siguiente, un grupo se alzaría para matarlo a él y a su familia.  Barrios mandó a traer un grupo de cincuenta soldados de la Guardia de Honor y los colocó de guardia en el despacho presidencial, que estaba frente a la puerta de su casa (en donde en el siglo XXI se encuenta el Parque Centenerio), para que en caso de un atentado abriran fuego desde la ventana de su oficina.4

He aquí lo que le contró Barrios al presidente de Nicaragua, Pedro Joaquín Chamorro en una carga del 10 de noviembre de ese año:

“[…] he cortado aquí una conspiración de carácter muy grave para toda la sociedad, por el abominable plan de asesinatos en que se basaba. Era dirigda por una sociedad organizada a estilo de los carbonarios, y sus indivuos ligados como aquellos con juramentos terribles para la guarda del secreto. Debía ejecutarse en la noche del 1 de noviembre y darle principio un aventurero inválido llamado Antonio Kopesky, a quien por consideración tenía empleado yo como Comandante de una Brigada de Artillería. Entre los conspiradores figuraban algún individuo de la nobleza y algunos del clero, lo cual pudo colegirse desde que se tomaron los puñales, las mordazas y el veneno preparados para la matanza y demás lances de pillaje y violencia en que pensaban cebarse. Por supuesto, éramos yo y las personas de mi familia las primeras víctimas que debían inmolarse por medio de asesinos contratados para el efecto. Los detalles de ese plan causan horror: no se concibe cómo ha podido germinar en la mente de seres humanos.”5

 

Cuando el complot se descubrió los esbirros del gobierno capturaron a muchas personas, a quienes los juzgaron y sentenciaron a muerte en Corte Marcial como escarmiento para todos los enemigos del general Barrios de acuerdo al siguiente decreto:

“J. Rufino Barrios, General de División y Presidnete de la República de GuatemalaConsiderando: que uno de los más estrictos deberes es conservar la tranquilidad pública.

Que la lenidad de la actual Administración en vez de contener a los sediciosos ha servido para alentarlos en la vía de nuevos crímenes.

Y que los monstruosos atentados que en estos últimos días se proyectaron y comenzaban a ponerse en ejecución son una prueba flagrante de que no han bastado las disposiciones preexistentes para garantizar el honor, la vida y los intereses de los ciudadanos.  Con la mira de prevenir que en lo sucesivo se repitan crímenes de esta naturaleza, en uso de las facultades de que estoy investido,

Decreto:

Artículo 1°. Serán juzgados militarmente todos los reos de sedición, rebelión o conspiración.

Artículo 2°. De la misma manera serán juzgados sus cómplices, auxiliadores o encubridores.

Artículo 3°. Los delincuentes de que hablan los dos artículos anteriores, a más de las penas corporales que les corresponden, conforme a las leyes militares y de las indemnizaciones civiles a que están sujetos todos los reos, sufrirán una multa de la mitad a las dos terceras partes de sus bienes, segun las circunstancias.

Dado en Guatemala, en el Palacio de Gobierno a cinco de noviembre de mil ochocientos setenta y siete.  J. Rufino Barrios.  (Nota de HoyHistoriaGT: entre los firmantes estaban el ministro de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, doctor Lorenzo Montúfar, y el subsecretario encargado del Ministerio de la Guerra, Arturo Ubico).6

 

En virtud del decreto anterior, a todos los implicados los torturaron a palos en los calabozos de las cárceles, un método que era muy utilizado en aquella época.4  Si bien algunos sí estaban implicados, varios autores coinciden en que no todos los fusilados fueron realmente conspiradores, sino simples chivos expiatorios que Barrios utilizó para aterrorizar a la población y hacerle ver que no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera en su camino.Por ejemplo, he aquí lo que dice al respecto Santos Soto, un perseguido político de Barrios, al respecto de Jesús Batres, quien fuera fusilado el 5 de noviembre:

[…] después de la conspiración y fusilaciones de Noviembre de 1877.  Esa conspiración sirvió de pretexto, sin que yo haya tomado en ella ninguna participación.  Jesús Batres, uno de los que fueron entonces fusilados, era primo, compadre e íntimo amigo mío.  Hacíamos en sociedad varios negocios de compras de ganado y otros, en los cuales me daba la tercera parte de las utilidades.  Yo siempre he creído que Batres tampoco tuvo parte en la conspiración de 1877, porque yo conocía muy bien su modo de pensar, y porque siendo tanta la confianza y amistad que conmigo tenía, algo me habría comunicado.  Creo que su muerte debió ser motivada por algunas otras causas, y que Barrios aprovechó aquella oportunidad para matarlo.”7

 

Barrios, por su parte, lo relató así en su carta a Chamorro:

“Descubierto providencialmente a tiempo, pudo prenderse a casi todos los conspiradores principales y cómplices asesinos. Una parte de ellos recibió ya el castigo debido, ejecutándoseles en la Plaza Mayor, entre éstos un sacerdote, y un individuo de la nobleza, el Lcdo. don José Lara Pavón. Es satisfactorio ver que el Ejército compuesto de la clase sencilla y honrada del pueblo, no pudo ser contaminada para aquel funesto plan. Nuestra sociedad, pues, ha pasado días de espanto, imaginando la magnitud del peligro, los desastres sin cuento que debieron tener lugar ejecutados por una turba de ladrones y asesinos desbordada con puñal en mano, y ha presenciado impasible el tremendo castigo de los que tales escenas de barbarie meditaron y se proponían poner por obra. Esta es una lección que debe servirnos para ser aun más vigilantes contra el fanatismo”.4

 

El presidente vió los fusilamientos desde el balcón de su casa, que estaba ubicada en la esquina suroeste de la 6a. avenida y 8a. calle, frente al Palacio de Gobierno.2 Se cuenta que los parientes y amigos que quisieron recoger los cadáveres de los fusilados fueron hechos prisioneros y torturados a palos en las cárceles y cuarteles de la ciudad,8 y que “tan pronto como el paso por las entradas de la plaza quedó libre, una multitud de curiosos de todas las clases y condiciones, entre ellos muchas señoritas elegantemente vestidas, se precipitaron en un tumulto y con avidez para contemplar los sangrientos despojos de aquellos desgraciados“.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 202.
  2. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008) La fuente del caballito. Fe de errata y excusa para documentar la ajetreada historia de la fuente de Carlos III.  Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación.
  3. Contreras, Ana Yolanda (2017) Entre la ficción y la historia; desmitificación del gobierno liberal del general Justo Rufino Barrios en la novela “Sueño de los justos”. Centroamericana 27 (1); ISNN: 2035-1496. p. 68.
  4. Palma, Claudia (1 de noviembre de 2015) Los conjurados. Guatemala: Prensa Libre.
  5. Barrios, J. Rufino (10 de noviembre de 1877) Carta al Sr. don Pedro Joaquín Chamoro, presidente de la República de Nicaragua. Guatemala. p. 1.
  6. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 156.
  7. Rodríguez, Guillermo (Mayo de 1886) Exposición y documentos presentados a la Asamblea Nacional Legislativa por Guillermo Rodríguez, acusado y sentenciado con pretexto de la bomba del 13 de abril de 1884.  Guatemala: Tipografía de Arenales. p. 50.
  8. Alonso, América; Vela, Julia; Zurita, Cecilia (2017) Vida y obra, Lorenzo Leal y Miguel Leal.  Guatemala: Instituto de Investigación en Diseño y Arquitectura, Universidad Rafael Landívar. pp. 11-12.

3 de junio de 1871: los rebeldes liberales desconocen al gobierno constitucional del Mariscal Vicente Cerna y nombran presidente provisorio a Miguel García Granados en Patzicía

3junio1871
Campesinos preparando el terreno en una plantación de café. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras iniciar la invasion por el occidente de Guatemala en abril de 1871, el ejército liberal rebelde fue obteniendo fáciles victorias, y engrosado sus filas con numerosas deserciones, en especial porque esa región era en la que los criollos liberales habían intentado formar el Estado de Los Altos en 1838, por lo que era parcial a la causa.  El gobierno del Mariscal Vicente Cerna se había mantenido en el poder gracias a la fuerte presencia de carácter de su antecesor, el general Rafael Carrera, pero tras seis años de la muerte del “Caudillo adorado de los pueblos“, dicha presencia se había debilitado considerablemente.

Cuando llegaron a Chimaltenango, los liberales confiaban en una victoria segura, por lo que emitieron la siguientes Acta el 3 de junio:

En la Villa de Patzicía a tres de Junio de mil ochocientos setenta y uno, los Jefes y Oficiales del Ejército Libertador reunidos en Consejo, motu propio, yCONSIDERANDO:

  1. Que el gobierno oligárquico y tiránico del Presidente Cerna se ha hecho intolerable a la Nación por sus repetidos actos arbitrarios y de crueldad y por la violación diaria de las leyes fundamentales de la República y en especial de la de garantías individuales.
  2. Que el Presidente Cerna es también usurpador, por cuanto se ha arrogado facultades que la ley de ninguna manera le concede, atacando la representación nacional y persiguiendo a sus miembros.
  3. Que ha arruinado la Hacienda pública y comprometido en 1o futuro la independencia del país, contratando un empréstito estranjero bajo bases ruinosas y sin facultades para ello,
  4. Que en tales casos los ciudadanos tienen no solamente el derecho sino también el deber de resistir la tiranía. Considerando además, que desde el mes de Abril hemos empuñado las armas con el loable objeto de libertar a la Nación de la tiranía que la oprime; todo bien considerado, hemos convenido en lo siguiente:

ARTICULO 1°.

Desconocemos al gobierno del tirano y usurpador D. Vicente Cerna

ARTICULO 2°.

Nombramos Presidente Provisorio de la República al General Sr. D. Miguel García Granados, ampliamente facultado para organizar el pais bajo las bases que el mismo general ha proclamado en su manifiesto de ocho de mayo próximo pasado.

ARTICULO 3°.

Queda igualmente facultado para cuando las circunstancias lo permitan, reunir una Asamblea Constituyente, que decrete la Carta fundamental que deba rejir definitivamente a la Nación.

ARTICULO 4°.

Todos los Jefes y Oficiales nos comprometemos bajo juramento a no dejar las armas de la mano hasta no haber llevado a debido efecto todos los puntos contenidos en esta acta.

  • General de Brigada, Rufino Barrios
  • (Siguen las firmas de otros oficiales rebeldes)

Esta es el Acta de Patzicía, escrita por los criollos liberales, con la cual gobernó el gobierno provisorio de facto de Miguel García Granados de 1871 a 1873, y luego el gobierno de J. Rufino Barrios de 1873 a 1879, aduciendo que no tenían tiempo para reunir a la Asamblea Nacional Legislativa que la misma acta sugería. De esta cuenta, cuando por fin se emitió la Constitución de 1879, Barrios llevaba seis años en el poder, y apenas inició su primer período constitucional en 1880.

Los cambios que introdujeron los liberales incluyeron:

  • la expulsión y expropiación de bienes de las órdenes regulares de la Iglesia Católica, principales terratenientes y miembros del partido consevador
  • derogación de los pactos que el gobierno de Carrera estableció con los campesinos indígenas de la República
  • introducción de la producción de café a gran escala y construcción de infraestructura ferroviaria para facilitarla
  • subasta de tierras ejidales de las comunidades indígenas para favorecer la formación de grandes fincas cafetaleras.

Es conveniente indicar que la “crueldad y tiranía” de Cerna mencionadas en el Acta, estaban dirigidas hacia los criollos liberales (como el caso del Mariscal Serapio Cruz, “Tata Lapo” quien murió en batalla y cuya cabeza fue exhibida como trofeo por las tropas gubernamentales), pero que luego palidecerían comparadas con lo ocurrido con los perseguidos políticos durante los gobiernos liberales de Barrios, Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico.  Asimismo, la deuda incurrida con la casa extranjera sería una pequeña fracción de la enorme deuda que dejó el general José María Reina Barrios con los bancos ingleses al morir en 1898 tras el colapso del precio internacional del café y que obligaron a su sucesor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, a establecer una fuerte alianza con los Estados Unidos y evitar así una invasión inglesa para cobrar la deuda.  (Esa deuda la pagó el presidente Ubico el 30 de junio de 1944, luego de años de austeridad en el manejo de la cosa pública).


BIBLIGRAFIA:


9 de abril de 1873: se hacen las correcciones pertinentes al Reglamento de elección del Presidente de la República emitido por el presidente provisorio Miguel García Granados

9abril1873
El templo de Santo Domingo durante la época en que J. Rufino Barrios fue electo presidente.  Poco después, su convento sería expropiado por el nuevo presidente y convertido en la Dirección General de Rentas.  Imagen tomada de El Porvenir de Centro América de 1892.  En los recuadros: retratos de los generales Barrios y Miguel García Granados tomados de Wikimedia Commons.

La relación entre Miguel García Granados y J. Rufino Barrios estaba muy lejos de ser cordial.  La rivalidad entre ambos líderes se originaba en cuestiones de clase social, ya que mientras García Granados era de ascendencia española y su familia pertenecía a la familia Aycinena (es decir, a la aristocracia más rancia de Guatemala), Barrios era un criollo hacendado que no veía con buenos ojos a los aristócratas que habían estado en el poder hasta 1871.1,2

Originalmente, el plan de colocar a García Granados como presidente provisorio tenía como fin primordial conseguir una alianza estratégica con los criollos aristócratas, los cuales no tuvieron problema en pactar con el nuevo presidente, en especial en lo relativo a la disolución de los pactos que el fallecido expresidente Rafael Carrera había establecido con los líderes indígenas de la República.  Los criollos conservadores habían tolerado dichos pactos porque no querían que ocurrieran las masacres que se dieron en Yucatán, cuando los indígenas se alzaron y aniquilaron a los europeos y sus descendientes, y porque ningun otro país latinoamericano estaba dispuesto a recibirlos por su orientación conservadora.3

Pero lo criollos liberales no estaban de acuerdo con pactos que tomaran mucho tiempo, y presionaron a García Granados para que abandonara el poder en favor del mucho más joven Barrios, quien estaba dispuesto a reformar el país para beneficio suyo y de sus allegados.

La excusa para que García Granados dejara el poder estuvo en las constantes revueltas de los pueblos del oriente guatemalteco, que se resistían a aceptar a las nuevas autoridades, obligando al presidente provisorio a decretar el Estado de Sitio, y retrasando el proceso de redactar una nueva constitución de Guatemala, ya que los liberales habían desconocido la de 1851 por medio del Acta de Patzicía.4

El 29 de marzo, se emitió el siguiente decreto, que refleja la situación del país y el ansia de los liberales por salir del anciano presidente provisorio:

Decreto Num. 95
Considerando: que la intranquilidad en que ha estado y aun se encuentra el país no ha permitido a la Asamblea Constituyente emitir la ley fundamental que debe regir definitivamente en la República;Que, entre tanto, la prolongación del estado provisorio del Gobierno tiene inconvenientes graves, siendo el principal la falta de confianza que trae consigo una situación precaria y poco estable:Que aun cuando no se haya emitido la ley fundamental, esto no es obstáculo para que la Nación elija desde luego al ciudadano que deba gobernarla en el primer período constitucional:Que esta medida podrá en mucha parte contribuir a restablecer la confianza y volver la calma al país.  Todo bien considerado, y en virtud de las amplias facultades de que ha hallo investido.

DECRETO:

Artículo 1.° – Se convocará a la nación a que elija Presidente de la República, para el primer período constitucional.

Artículo 2.° – El electo entrará inmediatamente a ejercer sus funciones y durará en el ejercicio de ellas el tiempo que señale una ley fundamental, computado desde el día de la toma de posesión.

Artículo 3.° – Mientras dicha ley no se dé, las atribuciones y poderes del Presidente, serán las que designa el acta de Patzicía al Presidente provisorio.

Artículo 4.° – Las actas de elección serán abiertas por la Asamblea Constituyente, cuyo Presidente la convocará al efecto, y se procederá en todo conforme al reglamento que en esta fecha se emite.

Dado en Guatemala a veintinueve de marzo de mil ochocientos setenta y tres.

  • Miguel García Granados

El reglamento mencionado adolecía de varios defectos, los cuales fueron corregidos el 9 de abril, cuando se procedió formalmente a convocar a las elecciones.

El general Barrios resultó electo por inmensa mayoría, y pese a lo requerido por García Granados, no se hizo una nueva constitución sino hasta en 1879, y cuando esta estuvo lista no se computó el inicio del gobierno de Barrios desde 1873, sino desde el momento en que se aprobó la nueva constitución.5  De esta forma, por medio de una Asamblea servil y un pueblo dócil, Barrios se mantuvo en el poder legalmente durante 12 años sin necesidad de reelegirse.


BIBLIOGRAFIA:

    1. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados. Tomo 2. Guatemala: Tipografía Nacional.
    2. García Aguilar, Adolfo (1 de julio de 1899). «El general don Miguel García Granados». Revista Militar: órgano de los intereses del Ejército (Guatemala) I (15).
    3. Woodward, Ralph Lee, Jr.  (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
    4. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso.
    5. Asamblea Nacional Constituyente (1899). Ley constitutiva de la República de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 11 de diciembre de 1879 y reformada por el mismo Alto Cuerpo en 5 de noviembre de 1887 y 30 de agosto de 1897; para uso de las escuelas. Guatemala: Tipografía Nacional.

 

10 de agosto de 1871: el gobierno de facto del presidente Miguel García Granados cambia el escudo de la República de Guatemala instituyendo el que se utiliza actualmente

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Todos los escudos utilizados por el Estado o la República de Guatemala desde la Independencia.  Los últimos dos fueron instituidos por el gobierno conservador de Rafael Carrera, y en ellos los colores amarillo y rojo son referencias a España y la Iglesia Católica.  Imagen tomada de Wikipedia en español.

La llamada “Reforma Liberal de 1871” se caracterizó desde un principio por su distanciamiento con los miembros de Partido Conservador que había gobernado a Guatemala desde 1838.  Los criollos liberales esperaron a que el líder conservador Rafael Carrera falleciera y luego que pasaran otros seis años más para al fin hacerse del poder nuevamente en el país.

La revolución que finalmente obtuvo la victoria se inició en 1871, cuando J. Rufino Barrios y cuarenta y cinco voluntarios invadieron Guatemala desde México armados con modernos fusiles que les proporcionó el gobierno liberal anticlerical de Benito Juárez.  Disponiendo de mucho mejor armamento, pero tambien aprovechando el descontento de la tropa guatemalteca y la buena voluntad de los criollos del occidente guatemalteco para con los liberales, los rebeldes pronto ganaron numerosas plazas venciendo a regimientos de más de doscientos hombres y consiguiendo más y más aliados conforme avanzaban.

El 30 de junio entraron triunfalmente en la Ciudad de Guatemala, después de nombrar como presidente provisorio a Miguel García Granados en Patzicía el 3 de junio, y a quien ya habían nombrado capitán general, mientras que a J. Rufino Barrios lo habían nombrado como teniente general.  A partir de ese momento empezaron los grandes cambios que ocurrieron con el gobierno liberal, siendo el principal que se introdujo el cultivo del café en cantidades industriales, lo cual requería enormes cantidades de terreno y mucha disponibilidad de mano de obra.  Por estas razones, se emprendió una Reforma Agraria que eventualmente despojó a las órdenes religiosas y a las comunidades indígenas de grandes extensiones de territorio para formar fincas cafetaleras y se establecieron leyes, como el “Reglamento de Jornaleros“, para obligar a los indígenes a trabajar como colonos en dichas fincas.

Otro frente fue contra la Iglesia Católica, en especial contra las órdenes religiosas, las cuales habían recuperado mucho poder en el país con el gobierno de Carrera, luego de que éste les permitió retornar después de que los liberales de Francisco Morazán los expulsaran en 1829.

Como ocurre en la política nacional, hubo importantes cambios de partido. El líder liberal, Miguel García Granados, quien era de origen español, había sido uno de los afectados por la expropiación hecha por los criollos liberales en 1829, pero al no tener espacio politico durante el gobierno de Carrera, se hizo liberal y terminó siendo líder de la revolución de 1871.  Por sus lazos de amistad y parentezco con los miembros del partido conservador, sus reformas fueron tibias y paulatinas, lo que exasperó a los liberales quienes lo sustituyeron por el mucho más joven e impetuoso J. Rufino Barrios en la presidencia interina en 1873.

Para demostrar su orientación liberal que incluía un acercamiento a una Centroamérica unida bajo un marcado alejamiento de la Iglesia Católica, el gobierno del presidente provisorio emitió el decreto de 10 de agosto de 1871 en el cual se cambiaba el escudo conservador, que incluía numerosas referencias a la Iglesia, por uno con el Quetzal y ramas de olivo.


BIBLIOGRAFIA: