19 de mayo de 1828: el ex-presidente de la República Federal de Centro América, Manuel José Arce, es obligado a solicitar un salvoconducto para poder salir del Estado de Guatemala

Así lucía la Antigua Guatemala en 1827, cuando Arce se retiró del gobierno.  Pintura de George Ackerman.

El declive del general Manuel José Arce inició tras el desastres las tropas a su mando en Milingo el 18 de mayo de 1827.  En tan solo un año fue obligado a dejar el mando supremo del ejército federal,  la Asamblea le aceptó la renuncia al cargo de presidente y se retiró a la Antigua Guatemala.

Ya en la Antigua, quiso recuperar el poder y así lo solicitó a la Asamblea, pero ésta no lo aceptó de Vuelta, dejando en su lugar a Mariano de Beltranena, quien había sido su vicepresidente.  Desalentado por este nuevo fracaso, Arce decidió dejar Guatemala y regresar a El Salvador, su estado natal, en donde intentaría reconciliarse con los criollos liberales.

En el camino hacia El Salvador, se encontró con un mercenario español de apellido Monge, quien montaba guardia en los caminos junto con su escolta por órdenes del gobierno federal.  Tras una tarde de amena conversación ambos personajes se despidieron y cada quién siguió su camino.  Pero al día siguiente, cuando Arce había retomado el camino hascia El Salvador, se aparecieron nuevamente los hombres de Monge, pero esta vez, exigiéndole que les presentara su pasaporte para poder continuar su camino.

Arce quedó estupefacto ante tal solicitud, no solamente porque él era el expresidente de la República Federal, sino porque ya habían matenido una larga conversación con Monge el día anterior.  Cuando se dió cuenta de que no se trataba más de que una maniobra de los miembros de la Asamblea para humillarlo, Arce mandó a uno de sus sirvientes de regresó a la Ciudad de Guatemala para que le consiguiera un salvoconducto para poder continuar su camino.

Aunque el sirviente cumplió con su encargo lo más rápido que pudo, Arce se vió oibligado a pernoctar en una causcha abandonada mientras esperaba, mientras escuchaba las burlas de Monge sobre su situación.  Finalmente, obtuvo el salvoconducto y pudo continuar su camino, pero ya nunca se recobraría de aquella humillación.

BIBLIOGRAFIA:

18 de mayo de 1827: el presidente de la República Federal de Centro América, Manuel José Arce intentó atacar la plaza de San Salvador con 2000 efectivos, pero es derrotado y expulsado de El Salvador

Retrato del General Presidente Manuel José Arce. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la Independencia pacífica en 1821 y el fiasco de la efímera anexión al Imperio de Agustín de Iturbide, se formaron las Provincias Unidas del Centro de América y luego la República Federal de Centro América; pero para entonces la animosidad entre criollos conservadores y liberales era cada vez mayor y no tardó en desencadenarse la Guerra Civil Centroamericana entre ambos bandos. Puede decirse que la caída del gobierno de la República Federal de Centro América que se produjo luego de la invasión del general Francisco Morazán a Guatemala en 1829, tuvo su origen en la derrota que sufrió el general presidente Manuel José Arce en San Salvador el 18 de mayo de 1827. Dicha derrota la sufrió el presidente debido a su inexperiencia y su afinidad por los salvadoreños, ya que él era oriundo de ese Estado, lo que hizo que su tropa y oficialidad desconfiara de él e incluso desertara tras la derrota. Reproducimos a continuación cómo describe aquella debacle Miguel García Granados, quien peleó para el ejército guatemalteco en aquella oportunidad:

“El 17 de mayo salieron los salvadoreños de sus fortificaciones al mando de Don Tomás Alfaro, que no es military, y bajo la dirección de Saget. Cuando los dos ejércitos estuvieron a la vista, los salvadoreños se creyeron perdidos y lo estaban realmente: se recurrió a la perfidia, engañaron al Presidente con proposiciones de paz, el General salvadoreño pasó al campo del Presidente, y este le dictó un acomodamiento impracticable y peligroso: los dos ejércitos debían entrar juntos en San Salvador aquel día, y juntos, sin contar con el Vice-Jefe de aquel Estado, ni con autoridad alguna fuera de los militares, se daría el decreto de convocatoria para el Nuevo Congreso, segun los preliminaries de Nejapa. Alfaro sólo quería ganar tiempo para retirarse en seguridad, y ofreció al Presidente que iba a conferenciar con sus jefes y oficiales y que contestaría en el acto: la respuesta tardó en llegar, y se observó que los salvadoreños comenzaban a deslizarse, sin hacer la señal convenida de la negativa, que era un tiro de cañón: el Presidente en vez de atacarlos, envió un ayudante a requerir por la respuesta; entonces pasó Saget al campo del Presidente para excusar a su general, porque no había podido reducer a los oficiales a resolver sin el Gobierno: ofreció dar la respuesta al día siguiente, y el Presidente se dió por satisfecho con amanezarlos que en caso contrario atacaría la ciudad el 18.”

“Desde entonces comenzaron a disgustarse la oficialidad y tropas guatemaltecas: creyeron que el Presidente había renunciado a la victoria por ahorrar desgracias a sus paisanos: las opinions vulgares fueron menos favorables a Arce; él no había consultado en esta vez ni con su Segundo el general Cáscaras; poco antes, por una providencia de economía, él mismo en una restive general había dejado a las tropas sin más que una parade por plaza, y el soldado creyó que se le quería entregar al enemigo: la amenza de atacarlos otro día, fue pública, y el vulgo de la tropa lo interpretó como un aviso.”

“Y lo fué en efecto, bien que no haya sido esa la intención de Arce. Pero lo que debía haber causado peor efecto en el ejército ha debido ser el no haber atacado al enemigo el 17 y permitido que se retirase sano y salvo. La superioridad de la tropa federal sobre la salvadoreña era tal, que con la mitad de la fuerza que tenia Arce era segura la Victoria, y conseguida ésta la reistencia que podrían oponer los salvadoreños habría sido nula, y la guerra quedaba concluida. Tuvieron, pues razón la oficilidad y tropa de irritarse, y desde este momento, desconfiar de Arce. ¡Cómo es que los salvadoreños cometieron la torpeza de salir de sus atrincheramientos y presenter batalla al ejército federal, es lo que no tiene explicación, y la única que yo me doy a es que en nada comete la inexperiencia mayors desaciertos y torpezas, que en la guerra!”

Arce intentó tomar San Salvador a través de un foso de grandes dimensiones que detuvo a sus fuerzas, pues no llevaban materiales para terraplenarlo. Y, según cuenta García Granados, “el Presidente colocó las tropas a su orilla el tiempo necesario para llenarlo de cadáveres”. El presidente trató de mandar cargar la cabellería contra las trincheras y los fosos, y cuando vio que no se podia avanzar alguien le dijo “¡Llénenlo de hombres y caballos!”, pero Arce ordenó la retirada por ser imposible salvar el foso. A las cinco y media de la tarde “el reducto deApopa resonaba con los quejidos de más de doscientos heridos, más de cien muertos quedaron en Milingo. No todo el ejército pudo entrar en acción, pero en la retirada, desertó mucha parte de él, y con las bajas de muertos y heridos, podia calcularse un total de quinientos o seiscientos hombres; así, quedaba reducido como a mil cuatrocientos. Cuando el General Presidente ordenó la retirada se habían agotado las municiones y esta fue otra falta, porque no debió emprenderse el ataque sin tenerlas de sobre. Esto obligó al Presidente a retirarse de Apopa en la noche misma del 18 de mayo”.

BIBLIOGRAFIA:

 

6 de mayo de 1837: en Mataquescuintla se produce el primer alzamiento contra el gobierno del doctor Mariano Galvez; aparece por primera vez la figura de Rafael Carrera

Miembros del gabinete de gobiero del general Rafael Carrera, cuando ya estaba en la presidencia de Guatemala.  Se reconoce , entre otros, a Pedro de Aycinena, Juan Diéguez Olaverri, el arzobispo Francisco de Paula Garcia y Peláez, José Milla y Vidaurre, Antonio José de Irisarri y el mariscal José Víctor Zavala. Imagen que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

Reproducimos a continuación un fragmento de las memorias del general Rafael Carrera, quien las dictó a su secretario Mariano Chéves mientras estuvo en la presidencia de Guatemala:

Cuando a los pueblos se les quiere atacar en sus costumbres y variárselas repentinamente, causa en ellos una emoción, que por sana que sea la intención con que se quiere varias sus instituciones y costumbres añejas se sublevan. Tal fue lo que sucedió el año de 1937 en Santa Rosa, en cuya época mandaba el Doctor Gálvez el Estado de Guatemala, uno de los que componían la República de Centro-América, el más rico y poblado de la Federación, siendo presidente de la República el General Morazán. Muchas causas habían preparado de antemano el disgusto de los habitantes del Estado: una de ella fue la contribución personal que se había asignado por aquel gobierno a cada uno de los habitantes, a quienes se les señaló dos pesos por persona que pagaban anualmente. Sufrieron este gravamen con resignación, sustituyendo el tributo antes abolido desde que se hizo la Independencia del Gobierno Español. En seguidas jefes militares, no de muy buena conducta fueron desacreditando al Gobierno por el despotismo y arbitrariedades con que obraban, echándose la odiosidad de sus Gobernados.

Otras de las causas que contribuyeron no menos que las primeras, fue el establecimiento del Código en que se variaba enteramente la administración Judicial y la Religión, autorizando a los Jueces para casar y descasar a su antojo echando por tierra de un golpe a la Religión y sus ministros, y variando el Sistema, estableciendo solamente por influencia de unos pocos a quienes parecía bueno el Código, que ellos mismo o entendían; esto causó una alarma general en todo el país, en que por naturaleza las gentes son religiosas. Todavía sufrieron tal providencia; pero en seguidas la cosa subió de punto; sobre tanto conjunto de males, vino la epidemia de Cólera Morbus, epidemia desconocida en este país, y estando todos mal prevenidos con los sucesos anteriores, a la primera orden que dió el gobierno para despejar los pueblos, botar toda la arboleda dentro de ellos y sus inmediaciones, cercar las fuentes de agua de que se surtían los habitantes y establecer cordones sanitarios para evitar la comunicación entre unos pueblos con otros, subió de punto la agitación general y el 6 de mayo de 1837 tuvo lugar el primer levantamiento en Mataquescuintla con el Gobernador, que lo era Don Francisco Aqueche contra quien se amotinaron más dd 1800 personas de ambos sexos. Dicho Gobernador se favoreció en el Convento cuyas puertas forzaban para sacarlo y asesinarlo en la plaza. En medio de tal desorden y no logrando que atendieran a sus súplicas, un tío suyo que era el párroco de aquella población, en tal aprieto ocurrió a un joven que reunía bastante opinion en aquel pueblo y a quien consideraban los habitants, porque a muchos que se hallaban presos por la contribución los sacaba de la cárcel pagando por ellos y desembargando de esta manera sus fierros de labranza y los tratos más precisos para vivir de que se servían privados por los Alcaldes de los Pueblos, quienes acosados por las multas que les imponían sus superiores obraban tan inhumanamente. El joven de que hemos hablado anteriormente era Don Rafael Carrera, hijo de Guatemala, con dos años de vecindario en dicho pueblo y casado con una de las principales familias bastante acomodadas; si edad era de veintitrés años y a pesar de esto ocurrió inmediatamente a salvar al Gobernador lo que logró”.

Como se pues, aquel 6 de mayo de 1837 surgió a la luz pública en Mataquescuintla una figura que sería fundamental en la historia de Guatemala: Rafael Carrera.

BIBLIOGRAFIA:

 

7 de agosto de 1830: el Congreso de la República Federal de Centro América decreta la ley de responsabilidad de los servidores públicos

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Escudo de la República de Guatemala que estuvo vigente entre 1858 y 1871, año en que se public la Recopilación de Leyes de donde se extrajo esta información.  Imagen tomada de la obra de Manuel Pineda de Mont.

Ya desde sus orígenes, los gobernantes de la región centroamericana intentaron poner en orden los asuntos internos por medio de leyes que tipificaran los delitos incurridos por los empleados públicos.  El 7 de agosto de 1830, cuando la Guerra Civil Centroamericana había terminado y los conservadores y eclesiásticos regulares habían sido expulsados de la región, el congreso liberal dispuso emitir la ley de responsabilidad de los empleados públicos.

Dicha ley dice textualmente sobre el presidente, ministros y senadores:

Artículo 6.°: El presidente y vicepresidente de la república; los senadores; ministros de la suprema corte de justicia y jefes militares y de rentas serán habidos y tratados como prevaricadores, siempre que se les compruebe cohecho o soborno en la provisión o presentación para los empleos, aun cuando la propuesta haya tenido efecto en los aspirantes y aun cuando no hubiersen recibido por si mismos, sino por medio de otro, alguna dádiva de estos, o en nombre suyo.  La aceptación de la promesa es por si sola motive bastante para incurrir en la pena de privación del empleo.

No es de extrañar que con semejante rigor, para 1840, los diferentes estados de la región se habían ido separando uno a uno de la República Federal, en la que ya solamente quedaban los estados de El Salvador (donde vivía el presidente liberal Francisco Morazán), Guatemala (en donde los conservadores habían arrebatado el poder a Mariano Gálvez) y Los Altos (a donde se habían ido a refugiar los liberales guatemaltecos).

En abril de 1840 Morazán fue categóricamente derrotado por Rafael Carrera en la Ciudad de Guatemala cuando intentaba mantener por la fuerza lo poco que quedaba de la Federación, dando por finalizada de hecho la República Federal de Centro América.

BIBLIOGRAFIA:

 

11 de mayo de 1827: el jefe del Estado de Guatemala, el líder conservador Mariano de Aycinena, manda a fusilar al mercenario francés José Pierzon quien se había aliado a los liberales y alzado en armas

Cementerio San Juan de Dios, ubicado junto al hospital del mismo nombre en la Nueva Guatemala de la Asunción.  Allí fue sepultado Pierzon tras su fusilamiento en 1827.  La mayoría de las tumbas de este cementerio fueron trasladadas al entonces Nuevo Cementerio General en la década de 1880. Fotografía de Eadweard Muybridge, tomada en 1875.

José Pierzon era un ciudadano francés que llegó a Centroamérica en busca de aventuras y fortuna en 1825, huyendo del despotismo del reinado de Luis XVIII y su primer ministro Richelieu.  Al llegar, se puso a las órdenes del gobierno Federal de Centroamérica, entonces a cargo del presidente Manuel José Arce, quien lo nombró teniente coronel.

Arce envió al recién nombrado teniente coronel a vigilar la frontera de Soconusco y Chiapas (que ya para entonces había abandonado a Centroamérica y se había unido a México), situación que aprovechó Pierzon para buscar fortuna con los mexicanos.  Al enterarse de esto, el presidente federal envió al coronel Manuel Montúfar a sustituir a Pierzon, quien se resistió a entregar su puesto.

Pero, para variar, las constantes pugnas entre los criollos liberales y conservadores marcarían el rumbo de la historia:  las autoridades federales, apoyadas por la familia Aycinena entraron en conflicto con las autoridades del Estado guatemalteco, dirigido por liberales.  Las autoridades del estado salieron de la Nueva Guatemala de la Asunción y se fueron a San Martín Jilotepeque, a donde llegó Pierzon y se puso a las órdenes de los liberales; ya a las órdenes de sus nuevos jefes fue a Chimaltenango, a la Antigua Guatemala y a Quetzaltenango en donde enardeció los ánimos y reclutó a doscientos hombres dispuestos a derrocar a los aristócratas de la ciudad.

Las autoridades federales encarcelaron al jefe de Estado, el liberal Juan Barrundia, mientras que el vicejefe de Estado, el doctor Cirilo Flores fue linchado en Quetzaltenango por un conflicto con los  frailes franciscanos (férreos aliados de los conservadores).  Tras ese asesinato, Pierzon se enfrentó a las fuerzas federales conservadoras en Salcajá y en Malacatán, en donde su escasa preparación militar resultó en sendas derrotas.

Llegó entonces Mariano de Aycinena al poder del estado en Guatemala y emitió duros decretos que le permitían, entre otras cosas, ordenar el fusilamiento de cualquier instigador de rebelión y por ellos empezaron a perseguir a Pierzon, quien salió huyendo a Chiapas.   Pero los mexicanos lo devolvieron a Guatemala tras varias gestiones diplomáticas, y cuando Pierzon huyó de sus captores, le avisaron a las autoridades guatemaltecas del camino que seguía el prófugo.

Pierzon fue capturado y enviado engrilletado y encadenado a la Nueva Guatemala de la Asunción, a donde llegó el 10 de mayo de 1827.  Fue juzgado sumariamente y el jefe de Estado decretó su fusilamiento inmediato. Pierzon fue fusiliado el 11 de mayo, frente a los muros del hospital San Juan de Dios, luego de desfilar desde la Plaza de Armas y fumando un habano, como última gracia.  No permitió que le vendaran los ojos y él mismo ordenó fuego en su contra.

La Guerra Civil Centroamericana y la caída de los aristócratas guatemaltecos, apenas empezaba.

BIBLIOGRAFIA: