24 de abril de 1827: liberales salvadoreños proponen la paz a Aycinena y a Arce

El Palacio Nacional de San Salvador en 1912. En el recuadro: el Jefe de Estado Mariano Prado. Imágenes tomadas de Stephen Grant y de Wikimedia Commons.

La marcada división entre los criollos centroamericanos que se produjo tras la independencia en 1821 fue producto de resentimientos acumulados durante los útimos cincuenta años de la la época colonial, en la que los aristócratas guatemaltecos se aliaron con las autoridades españolas, con quienes hacían lucrativos negocios a costa de la producción agrícola a cargo de los criollos hacendados.  Por supuesto, todo el trabajo era hecho por los campesinos indígenas de la región, pero esto estaba fuera de discusión entre los criollos.

Cuando los aristócratas guatemaltecos se hartaron de los decretos estatales del liberal Juan Barrundia que sistemáticamente atacaban sus privilegios,1 lograron que el presidente federal Manuel José Arce lo hiciera prisionero y que convocara a una nueva elección de jefe de estado.2  En esta elección realizada en noviembre de 1826 fue elegido el líder aristócrata Mariano de Aycinena, lo cual fue el chispazo que inició la rebelión del jefe de estado de El Salvador, el liberal Mariano Prado, quien desconoció la autoridad del presidente Arce y convocó a un congreso en su territorio.3

Luego del inicio de la Guerra Civil Centroamericana y del «Decreto Fatal»  de Aycinena que declaró enemigos de la patria a los liberales guatemaltecos exiliados en El Salvador, los criollos conservadores salieron de tierras salvadoreñas para irse a Guatemala, y los criollos liberales dejaron Guatemala.4

Aquel fue el inicio de la Guerra Civil Centroamericana, ya que Prado envió sus fuerzas militares a invadir Guatemala, aunque éstas fueron rechazadas por el presidente federal Arce en la batalla de Arrazola, aunque los salvadoreños lograron replegarse y rehacerse tras la derrota.  Arce, entonces al mando del ejército federal y de las armas guatemalteca, invadió a El Salvador en represalia. Este fue un punto determinante en la guerra, ya que el presidente federal era salvadoreño y había llegado al poder gracias a los liberales en el Congreso Federal, por lo que iba muy apesadumbrado a atacar a sus coterráneos.4

Prado comprendió la situación y envió al mercenario francés Nicolás Raoult para que conferenciara con el coronel Manuel Montúfar, el enviado de Arce en el poblado de Nejapa, muy cerca de San Salvador, en donde ya estaba concentrado el ejército federal.  El documento que envió Prado el 24 de abril de 1827 decía así:56

Proyecto de concordia entre las autoridades de Centro América

Ha habido un trastorno en la República. Es indudable. No hay Congreso ni Senado federal.  Ambos partidos convienen en la permanencia de la Constitución. ¿Por qué, pues, se hacen la guerra?

El restablecimiento de las autoridades de la Federación es necesario para que sigamos gobernándonos constitucionalmente.  Al efecto, el Presidente, o Vicepresidente de la República intimarán a los senadores y diputados existentes en Guatemala, y demás puntos de la República, que se reunen en este punto; en falta de ellos concurrirán sus suplentes, compeliéndolos, si fuera necesario, del modo que la Junta Preparatoria estime conveniente.6

Los diputados y senadores que debieron renovarse, o sus suplentes, deberán concurrir también, a efecto de que se vea lo más pronto reunida la representación nacional, y ésta dé el decreto de elecciones de los que deban subrogarlos, no abandonando sus asientos hasta que no vengan a ocuparlos sus sucesores; pero el Congreso, entretaton, no podrá tratar sobre acusaciones a los funcionarios públicos, que se versaren acerca de procedimientos en el actual trastorno, hasta que su mitad no sea renovada. Podrá sí, en virtud de sus atribuciones, si a bien lo tuviere, publicar una amnistía general.

El Estado de El Salvador se abstendrá de toda intervención en los negocios de Guatemala. Las autoridades de éste deberán convenir en su propia renovación, si el Congreso pronunciare haber sido nula la elección.

Reunidas las autoridades federales en el Estado de El Salvador, o donde el Congreso decidiere, la fuerza permanente se retirará a los puntos avanzados de su destino, o a donde deban organizarse y completarse: distante treinta leguas de las autoridades federales, volviendo al Estado de Guatemala las que con motivo de los presentes acaecimientos, se hubieren leantado provisoamente en él.

Las tropas residentes de Opica se retirarán inmediatamente, y con noticia de su llegada a Guatemala, se licenciará la guarnición de El Salvador.  Las tropas que existanen Honduras, a las órdenes del comandante Milla, se retirarán también; y en habiendo llegado a Chiquimula, hará lo mismo la división auxiliar de El Salvador, a las órdenes del coronel Ordóñez.

No se intentará jamás por la fuerza la reforma del Código Federal, sino por los medios que el mismo Código previene.  El Estado de El Salvador mediará gustosamente las diferencias con el de Nicaragua, a fin de conseguir el restablecimiento del orden.  Las autoridades de los Estados se abstendrán de todo procedimiento contra las personas que hubieren tomada partido en las presentes circunstancias dejando su derecho a salvo a las personas que hubieren recibido dado para reclamarlo en juicio.6

El presidente federal Arce leyó la petición, pero la rechazó mediante este comunidado al día siguiente:7

Eso es pedir como si no se hubiese peleado; siempre por la expresión de las pasiones y de los intereses privados.  Mi elemento es la paz; mi martirio derramar sangre centroamericana; se agrava si ella es salvadoreña.

Pidan en razón que estoy pronto a convenir; pero pídase luego porque no permitiré que se pierda tiempo.  La base principal de todo acomodamiento debe ser que haya un nuevo Congreso y un Senado en que la Nación esté representada.  Los pueblos deben elegir con presencia de los sucesos ocurridos desde septiembre: sólo así se conseguirá legitimidad. Yo no aspiro a continuar en el Gobierno: he dicho que reunida la representación dimitiré el mando; pero lo he de cumplir.7

El gobierno de El Salvador juzgó como arrogante la respuesta de Arce e hizo prisionero a Raoult, por considerarlo traidor a la causa.  Después Prado se preparó para la defensa y lanzó una proclama en la que dijo: «el presidente pide como un conquistador, que hace sentir en el platillo de la balanza, el peso de los triunfos«.8

Arce se arrepentiría de no haber aceptado aquella propuesta de paz, pues fue derrotado categóricamente en la batalla de Milingo, en donde no solamente perdió ante El Salvador, sino que por esa derrota fue obligado a separarse de a la presidencia, en la que fue sustituido por el aristócrata Mariano de Beltranena.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  3. Flemion, Philip F. (Noviembre de 1973) States’ Rights and Partisan Politics: Manuel José Arce and the Struggle for Central American Union (en inglés) En: 53 (4). pp. 600–618. doi: //doi.org/10.1215/00182168-53.4.600
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 158.
  5. Ibid., p. 159.
  6. Ibid., p. 160.
  7. Ibid., p. 161.
  8. Ibid., p. 162.
  9. García-Granados y Zavala, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.

4 de abril de 1827: tropas guatemaltecas inician el sitio a Tegucigalpa

La Catedral colonial de Tegucigalpa, Honduras. En los recuadros: Dionisio de Herrera, jefe de Estado de Honduras y teniente coronel Justo Milla, jefe de las tropas sitiadores guatemaltecas. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 el liberal Dioniso de Herrera estaba al frente del Estado de Honduras y tenía a Francisco Morazán como secretario. Por su parte, el presbítero criollo Nicolás Irías Midence era el Vicario Capitular y Provisor General de la Iglesia Católica en el estado hondureño y solamente reconocía la autoridad del arzobispo Ramón Casaus y Torres.2

Morazán influía considerablemente en las decisiones del Jefe de Estado quien se había convertido en un dictador benévolo, ya que la primera Asamblea Legislativa que se formó había nombrado a Herrera en el poder y luego había sido disuelta. Además no había consejo de Estado y la Corte de Justicia no estaba conformada porque los miembros electos no habían tomado posesión de sus cargos. Esta situación no le parecía en lo absoluto al prsbítero Irías, quien por su carácter fuerte y autoritario se oponía radicalmente a lo que disponía Herrera. Aquella situación llegó al punto en que Irías pidió a los fieles católicos que se opusieran a todo lo que decretaba Herrera, a quien llamaba «hereje» y «francmasón«; es más, incluso le pidió a los feligreses que no obedecieran las leyes estatales en lo absoluto.   Herrera, por su parte, robusteció el poder público lo que hizo que los ánimos entre los conservadores católicos y los liberales anticlericales se agitaran y bastara una excusa para llegar a la guerra.3

En ese estado de cosas, un día hicieron disparos contra la casa del  jefe de Estado, y mientras los liberales acusaron a los conservadores de atacarlos, los liberales acusaron a los primeros de haber hecho una pantomima burda para alborotar los ánimos.  Herrera ordenó que redujeran a prisión al presbítero Irías en Comayagua, pero éste logró escaparse y acusó al Jefe de Estado de abuso de autoridad, lanzando pronunciamientos en la región de Occidente y hasta en Olancho, y excolmulgó a Herrera aduciendoque tenían influencia masónica y herética. Es más, vendió algunas joyas de las imágenes religiosas para comprar armas en Belice, mientras organizaba a varios cuerpos del ejército que desertaron.4

Cuando las noticias de lo que estaba ocurriendo eh Honduras llegaron a la Nueva Guatemala de la Asunción —entonces capital de la República Federal de Centro América— el presidente Arce envió al teniente coronel José Justo Milla Pineda —padre del escritor José Milla y Vidaurre— para que pusiera orden en el estado hondureño. 4 Sin embargo, como Milla era aristócrata, en lugar de reducir al orden al presbítero Irías, se puso de acuerdo con él  y el 4 de abril de 1827 marchó sobre la ciudad de Tegucigalpa e inició el sitio de la misma.5

El sitio que hizo Milla fue brutal: hubo saqueos, incendios y tierra arrasada en los alrededores de la capital hondureña durante treinta y seis días.  Herrera, viéndose perdido, propuso la paz a Milla varias veces, pero éste no aceptó diciendo que solamente arreglaría con el Jefe de Estado si éste se rendía incondicionalmente y le entregaba las armas.  Por supuesto, ante semejantes condiciones, Herrera prefirió luchar hasta la muerte, pero fue traicionado por un hondureño de apellido Fernández, quien negoció secretamente con Milla y entregó la plaza. Herrera fue hecho prisionero y llevado a Guatemala bajo fuerte escolta, mientras que varios liberales fueron enviados a prisión a Omoa y a otros reclusorios en varias partes de Honduras.5

Sin embargo, el triunfo ante Herrera le saldría muy caro a los aristócratas, al presidente Arce y al clero encabezada por Irías Midencia, pues el secretario de Herrera, el líder liberal Francisco Morazán, quedó profundamente resentido por aquella acción y decidió vengarla a la primera oportunidad.  En primer lugar, el 11 de noviembre de 1827 Morazán venció al ejército de Milla en la Batalla de la Trinidad, y se convirtió en el nuevo Jefe de Estado de Honduras, obligando al ostentoso Irías Midence a salir al exilio, huyendo de los liberales.6

Y luego, al mando del «Ejéricto protecto de la ley» invadió Guatemala, derrotando a las autoridades federales y estatales tras el sitio de la capital, a las que redujo a prisión el 14 de abril de 1829 y eventualmente envió al exilio en septiembre de ese mismo año.7 Entre los exiliados estaban todos los aristócratas de la familia Aycinena, el teniente coronel Justo Milla, los frailes regulares de la Iglesia Católica y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.  Y en venganza a lo hecho por Milla en Tegucigalpa, permitió que sus tropas saquearan las riquezas de los exiliados y cometieran toda clase de atropellos contra los pobladores de la Nueva Guatemala de la Asunción.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 39.
  3. Ibid., p. 40.
  4. Ibid., p. 41.
  5. Ibid., p. 42.
  6. Oyuela, Leticia (1989). «Historia Mínima de Tegucigalpa» En: Colección Códices. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras. p. 70.
  7. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

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1 de abril de 1829: Costa Rica se separa de la República Federal de Centro América

Viendo que la Guerra Civil Centroamericana había dejado prácticamente acéfala a la República Federal, el Estado de Costa Rica decreta la Ley Aprilia, separándose temporalmente de la misma.

1abril1829
Vista de la ciudad de San José, Costa Rica, a principios del siglo XX. En el recuadro: el jefe de Estado de Costa Rica, Juan Mora Fernández, quien aprobó la Ley Aprilia en 1829. Imágenes tomadas de Mi Costa Rica de Antaño y de Wikimedia Commons.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana el Jefe de Estado de Guatemala, el líder aristócrata Mariano de Aycinena, declaró a los liberales guatemaltecos exiliados en El Salvador como enemigos de la patria, lo que agravó aún más la ya frágil situación1 y cuando el presidente Arce fue derrotado categóricamente en Milingo, El Salvador en 1827, fue obligado a retirarse de la presidencia y fue sustituido por el aristócratas Mariano de Beltranena, quien fungía como vice-presidente de la República.2  Después de esto ya no había marcha atrás en la guerra entre los criollos aristócratas y criollos liberales, la cual se agravó en Guatemala cuando los liberales desconocieron a Aycinena en Antigua Guatemala y fueron reprimidos por el gobierno estatal en enero de 1829.3

Aquella fue la excusa que necesitaba el general liberal Francisco Morazán, para invadir Guatemala, y llegar a sitiar la ciudad, en donde se encontraban las autoridades civiles del estado y de la República Federal.  Ante esta situación, el gobierno del Estado de Costa Rica pidió reiteradamente que se llegara a un acuerdo pacífico, pero cuando se hizo evidente que Morazán no iba a parar sino hasta que hubiera tomado la ciudad al frente de su «Ejército Protector de la Ley«,4 el 1 de abril de 1829 el Estado de Costa Rica decidió reasumir la plenitud de su soberanía y se declaró en ejercicio de ella, sin sujeción ni responsabilidad, mientras se restablecían las Supremas autoridades federales, que ya estaban prácticamente derrotadas y solamente buscando como negociar su rendición.5

Al abrirse la quinta legislatura de la Asamblea del Estado de Costa Rica, el Jefe de Estado Juan Mora Fernández dijo: «El gobierno federal no existe ni la representación nacional que formaban los vínculos de la federación. El Estado se halla aislado; su administración, sus relaciones, su conservación, su defensa, su seguridad, todo depende exclusivamente de sus propios recursos y esfuerzos; y en este concepto, los supremos poderes del mismo deben reasumir, en cuanto mira a él, las atribuciones y deberes que gravitan sobre la federación. Bajo esta consideración parece inevitable os sirváis adoptar provisionalmente un régimen unitario, en cuanto al gobierno y aplicación de las rentas que eran destinadas a la federación y los objetos que le eran encargados por la ley, y formar de ellas y las del Estado una masa común para proveer a la administración en todos los conceptos«.6

Así pues, tomando en consideración lo asegurado por Mora Fernández, la Asamblea de Costa Rica emitió el decreto 175, llamado «Ley Aprilia» el cual dice:

La Asamblea Constitucional del Estado libre de Costa Rica, cierta de que a la fech ano existe en ejercicio jerarquía alguna de la Federación Centroamericana; recordando que todas las tentativas para el restablecimiento de aquel ejercicio han sido inútiles; con presencia de que si bien de hecho no existe la Federación, ésta no puede dejar de serlo de recho mientras que los pueblos todos que concurrieron legalmente a formarla, no ocncurran a romperla de la misma manera; reflexionando que en vano ha procurado por su parte Costa Rica obrar siempre sin perder de vista el pacto nacional; considerando que en todo concepto se halla aislada y en absoluta orfandad; atendiendo en fin a que esta situación le acarrea en todo concepto males incalculables, por no haber quien, de parte de la Federación, provea acerca de su prosperidd y seguridad interior y exterior, no poder hacerlo por sí misma ni administrarse, ha venido a declarar y decreta:

Aunque el Estado de Costa Rica es uno de los que componen la República Federal Centro – Americana, reasume en sí , mientras se restablecen las supremas autoridades federales de la misma, la plenitud de su soberanía y se declara en ejercicio de ella sin sujeción, ni responsabilidad a otro que a sí mismo.

Al Consejo representativo.

Dado en el Palacio de la Asamblea Nacional Constituyente, a primero de abril de mil ochocientos veintinueve.

        • Manuel Aguilar, presidente
        • Joaquín Rivas, secretario
        • Juan Diego Bonilla, secretario7

Y tal como lo esperaba Costa Rica, sucedió; el 14 de abril Morazán entró vencedor a la capital guatemalteca, y redujo a prisión a todas las autoridades federales y estatales,8 a quienes mantuvo presos por varios meses hasta que finalmente los expulsó de Centro América.9  Finalmente, en 1831 Morazán fue electo presidente de la República Federal, y Costa Rica se reintegró a la misma, formand parte de ella hasta 1838.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Chamorro, Pedro Joaquín (1951). Historia de la Federación de la América Central, 1823-1840. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica. p. 214.
  2. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 128-132.
  4. Marure, Alejandro (1895): Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América de 1821 a 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 52.
  5. Cartín, Maritza, (2020). Costa Rica en la República Federal de Centro América (1824-1838). Costa Rica: Mi Costa Rica de Antaño.
  6. Dachner, Yolanda T. (1998). Centroamérica: una nación antigua en la modernidad republicana. En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 24 (1-2). Costa Rica: Universidad de Costa Rica. p. 11.
  7. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 47-48.
  8. (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  9. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

12 de marzo de 1828: el «ataque del Viernes Santo» en San Salvador

Las fuerzas federales guatemaltecas atacan San Salvador para tratar de conquistar la plaza que se había rebelado a la autoridad federal tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.

12marzo1828
San Salvador en la década de 1830. En el recuadro: Mariano de Beltranena, quien era el presidente federal en funciones en la Ciudad de Guatemala que ordenó el ataque a San Salvador el viernes santo 12 de marzo de 1828. Imágenes tomadas de EfemeridesSV y Ecured, respectivamente.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 se produce el llamado «Ataque del Viernes Santo» por parte de fuerzas guatemaltecas a las fuerzas salvadorenas que se habían levantado en armas en contra del gobierno del presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga,2 a quien consideraban traidor a la causa liberal por haberse aliado a las causas de los aristócratas guatemaltecos que habían perpetrado el golpe de estado contra Barrundia debido a los decretos que éste había aprobado y que afectaban directamente sus intereses.

Ya para 1828 la guerra civil llevaba dos años y Arce se había separado del gobierno, dejándolo en manos del vice-presidente, Mariano de Beltranena, luego del desastre que sufrieran sus tropas contra los salvadoreños en Milingo en 1827.3 Los Estados de Guatemala y El Salvador habían entablado varias sangrientas batallas, aunque sin resultado favorable para ninguno de los dos.4  Los guatemaltecos llamaban «herejes«, «fiebres» y «anarquistas» a los salvadoreños, mientras que éstos llamaban a los guatemaltecos «serviles» por decir que defendían la defensa de la religión y el mantenimiento de las tradiciones coloniales.5

El 1 de marzo se enfrentaron las fuerzas de ambos estados en la Batalla de Chalchuapa.  El comandante de las tropas federales guatemaltecas era el brigadier Manuel Arzú, mientras que el salvadoreño era el mercenario ecuatoriano Rafael Merino, un individuo borracho y fanfarrón que fue vencido categóricamente por las fuerzas guatemaltecas.  La noticia fue recibida en Guatemala con gran algarabía, que incluyó el repique de campanas, quema de cohetillos y hasta monjas que prendieron velas a las ánimas del purgatorio.6

Los salvadoreños no se quedaron de brazos cruzados y se prepararon para el asalto de la ciudad de San Salvador.  El 11 de marzo recibieron una propuesta de parte de Arzú para firmar la paz, pero la rechazaron por considerarla inaceptable así se prepararon para el asalto final, en el día supuestamente más sagrado para los atacantes que defendían la religión: el Viernes Santo 12 de marzo.7

Arzú llevaba a los coroneles Montúfar, Domínguez y Aycinena al frente de sus cuerpos del ejército y decidió atacar San Salvador por tres puntos diferentes. El ataque de los guatemaltecos fue salvaje y cruel, dejando tras de sí toda clase de crímenes y desolación.  El mismo Arzú dijo en un manifiesto:

«Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.»7

Los salvadoreños, por su parte, hacían añicos a cualquier federal guatemalteco que cayera en sus manos.7

A las once de la mañana del Viernes Santo los guatemaltecos estaban en la ciudad y se entabló un feroz combate que se prolongó por varias.  Arzú, que entonces tenía más de sesenta años de edad pasó tomando licor toda la batalla y ya totalmente embriagado ordenó el cese al fuego a las cinco de la tarde.8 Los salvadoreños habían logrado resistir e incluso incendiaron el parque de los invasores,2 que tuvieron que retirarse a Mejicanos y enviar emisarios para llegar a un acuerdo de paz, mientras en la ciudad de Guatemala pasaron de la euforia a la recriminación.8

Fue aquel el principio del fin para los aristócratas guatemaltecos, que el 14 de abril de 1829 tuvieron que rendirse a las fuerzas invasoras del liberal Francisco Morazán, que los redujo a prisión, les confiscó todos sus bienes, y expulsó a la mayoría de ellos de la región centroamericana.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz en el Palacio. p. 46.
  3. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.
  4. Marure, Efemérides de los hechos notables, pp. 44-45.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 410.
  6. Ibid, p. 411.
  7. Ibid, p. 412.
  8. Ibid, p. 413.
  9. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

15 de febrero de 1829: derrota de Morazán en Mixco

En un intento desesperado por evitar el sitio de la ciudad de Guatemala, las fuerzas estatales logran derrotar a las fuerzas que Francisco Morazán había enviado a Mixco.

15febrero1829
El poblado de Mixco en 1895, en una fotografía de los esposos Maudslay publicada en 1899. En el recuadro: retrato del general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1829, el general hondureño Francisco Morazán era prácticamente invencible. Después de sendos triunfos sobre las fuerzas federales al frente de su «Ejército Protector de la Ley«, Morazán había invadido Guatemala por el oriente del Estado luego de que los criollos liberales hubieran sido reprimidos violentamente tras intentar resistirse al gobierno de Mariano de Aycinena en la Antigua Guatemala.1 Gracias a su habilitad militar, Morazán avanzó fácilmente por el territorio guatemalteco llegando hasta Pinula, en donde un grupo de los liberales que se habían alzado contra Aycinena —liderado por el francés Isidoro Saget— se unió a sus fuerzas.2

El gobierno de Aycinena no contaba con jefes militares capaces de enfrentar a Morazán, ya que el ex-presidente Manuel José Arce se había retirado de la vida política tras ser destituido y se desconfiaba del general italiano Francisco Cáscara por ser leal a Arce.  Eventualmente, Cáscara renunció a la comandancia de armas y el general Agustín Prado, conservador rematado, tomó el mando pero con contaba con la experiencia militar ni con suficientes soldados para contener al ejército invasor. Prado optó por concentrar a sus fuerzas en la Ciudad de Guatemala y se preparó para el sitio final. Por su parte, con el control de las posiciones de Pinula y El Aceituno, Morazán envió a parte de sus soldados a la Antigua Guatemala por el camino de Amatitlán, para que restituyeran a las autoridades que habían sido destituidas tras el golpe de estado de 1826, desconociendo así al gobierno de Aycinena. Además, Morazán envió tropas a Mixco, para cercar completamente la ciudad y cortar el suministro de víveres a la misma.3

En una medida desesperada, el general Prado envió al coronel Pacheco al mando de mil hombres, para que recuperaran la plaza de Mixco. El 14 de febrero por la noche, Pacheco ordenó a sus hombres que marcharon en dos filas a ambos lados del camino, con las armas invertidas para que la luz de la luna no se reflejara en ella, y así llegaron hasta Mixco, en donde atacaron a las fuerzas de Morazán por sorpresa a las altas horas de la madrugada del 15 de febrero. Viéndose en desventaja, parte de las tropas huyó mientras que un grupo se atrincheró en el convento local, desde donde intentó ofrecer resistencia pero sin ningún efecto. Enterado de la derrota, Morazán reagrupó a sus fuerzas y se dirigió a la Antigua Guatemala, desde donde iniciaría el sitio hacia la ciudad. Por su parte, el general Prado no supo que hacer con su victoria y ordenó a las fuerzas guatemaltecas que regresaran a la ciudad a prepararse para el sitio que se avecinaba.4

Eventualmente, Morazán logró regruparse y finalmente tomó la ciudad el 14 de abril, haciendo prisioneros a los criollos aristócratas y a las autoridades federales a quienes expulsó de la región centroamericana junto con los órdenes regulares y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández De León, Federico (1963) [1924] El Libro de las Efemérides; Capítulos de las Historia de América Central. V Guatemala: Tipografía Nacional. p. 266.
  2. Ibid, p. 267.
  3. Ibid, p. 268.
  4. Ibid, p. 269.
  5. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.

10 de octubre de 1826: Arce convoca a un congreso extraordinario

Tras el golpe de Estado y prisión del jefe de Estado de Guatemala, el presidente federal, general Manuel José Arce, convoca a un congreso extraordinario.

10octubre1826
Mapa de México y de la República Federal de Centro América en 1830. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el golpe de estado que se dio en Guatemala con la prisión del Jefe de Estado Juan Barrundia el 25 de septiembre de 1826,1 el presidente federal, general Manuel José Arce y Fagoaga, de propia autoridad y sin consultar al Congreso Federal, convocó para la Villa de Cojutepeque, en el Estado de El Salvador, un Congreso Nacional extraordinario, plenamente autorizado para restablecer el orden constitucional en la República Federal de Centro América. Esto fue sugerido por Mariano Prado, el jefe de gobierno en El Salvador, pero tuvo consecuencias desastrosas para el presidente.2

De acuerdo al propio Arce, hubo tres ataques que se dieron contra su decreto:  el primero consistió en ocurrir al talismán del federalismo, inventando que se proyectaba destruirlo; el segundo fue decir que era obra de los miembros de la familia Aycinena, la cual era detestada por los criollos liberales en toda Centroamérica; y tercero, se dijo que no era un decreto legal porque solamente el Senado podía convocar a un Congreso, según la constitución federal.3 A raiz de esto, empezaron a producirse revueltas en los Estados; por ejemplo, el 13 de octubre de ese año, el vice-Jefe del estado de Guatemala, Cirilo Flores, quien estaba al frente del Estado por la prisión de Juan Barrundia, fue linchado en una iglesia en Quetzaltenango cuando llegó a intentar calmar los ánimos que estaban caldeados por los edictos anticlericales que se habían emitido recientemente; ese mismo día, muchos miembros de la Asamblea y Consejo Representativo fueron perseguidos y tuvieron que huir, dejando prácticamente disueltos los tres poderes del Estado de Guatemala.4

La situación empeoró en el Estado, ya que el 18 de octubre el coronel José Pierzon, quien estaba al mando de las fuerzas del Estado de Guatemala y era leal a Barrundia y Flores, llegó a Salcajá y aniquiló a los autores del motín que le costó la vida a este último;  el gobierno federal, a su vez, envió a sus propias fuerzas a combatir a Pierzon, lo que llevó al combate de Malacatán, en las que las tropas federales al mando del brigadier italiano Francisco Cáscaras batieron y dispersaron a las fuerzas guatemaltecas.4

Por último, en las elecciones que se realizaron en noviembre de 1826, resultó triunfador el líder aristócrata Mariano de Aycinena, y los criollos liberales acusaron a Arce de haberse aliado a los conservadores y de ser un traidor a su causa, por lo que la situación se salió de control en toda la región. Esto desató la Guerra Civil Centroamericana que se extendió inicialmente hasta 1829, cuando las fuerzas liberales al mando del general Francisco Morazán invadieron Guatemala, hicieron prisioneros a sus autoridades y expulsaron de la región centroamericana a los criollos aristócratas y al propio Arce, además de los miembros de las órdenes regulares, principales aliados de los aristócratas conservadores.  Pero, en realidad, el Estado de Guatemala la inestabilidad continuó, ya que siete años después, una revuelta campesino-católicada liberada por el general guerrillero Rafael Carrera derrocó al gobierno del jefe de Estado liberal Mariano Gálvez, dando inicio a un período de anaquía que incluyó la efímera separación del Estado de Los Altos, y que no terminó sino hasta en 1851, tras décadas de endeudamiento y estancamiento por las constantes invasiones, guerras y revueltas.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-36.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 36.
  3. Arce y Fagoaga, Manuel José (1903).  Memoria del general Manuel José Arce primer presidente de Centro América. San Salvador: La Luz. p. 139
  4. Marure, Efemérides de los hechos notables, pp. 37-38.
  5. Woodward, Ralph Lee (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871  (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

25 de septiembre de 1829: retiran obispado de El Salvador a Matías Delgado

Derogan decreto que había dado posesión a Matías Delgado como primer obispo de El Salvador

25septiembre1829
Anverso del desaparecido billete de 5 colones (antigua moneda salvadoreña) que muestra al padre Delgado arengando al pueblo contra la colonia española. En el recuadro: un retrato estilizado del sacerdote salvadoreño. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 24 de abril de 1825 tomó posesión con carácter de primer Obispo electo de El Salvador, el presbítero Dr. Matías Delgado, y comenzó a gobernar su nueva diócesis.  Este paso y los que ya se habían producido a este respecto fueron desaprobados expresamente por el arzobispo metropolitano de Guatemala, Ramón Casaus y Torres en un edito publicado el 21 de junio de 1825 y por la misma Santa Sede en un breve que ésta publicó el 1 de diciembre de 1826.1 La finalidad de aquel nombramiento era parte de la búsqueda de independencia total que tenían en El Salvador, pues para tener la independencia política, consideraban necesaria la eclesiástica.2

Debido a la tensión existente entre Guatemala y El Salvador, tras el golpe de estado en Guatemala que derrocó al jefe de Estado Juan Barrundia luego de que el presidente federal Manuel José Arce lo hiciera prisionero en 1826, estallaron las hostilidades entre los estados,3 resultando en la Guerra Civil Centroamericana  que concluyó con la invasión del general liberal Francisco Morazán al territorio guatemalteco en abril de 1829 y la expulsión de los criollos aristócratas guatemaltecos, los frailes del clero regular y el arzobispo metropolitano.4

Tras la rotunda victoria de los liberales en Guatemala y el derrocamiento del gobierno federal, en El Salvador fue electo el conservador José María Cornejo, y el 25 de septiembre de 1829 la Asamblea Extraordinaria de El Salvador derogó el decreto en que se había mandado dar posesión a Delgado y lo sustituyó por el de Gobernador Eclesiástico.1 Finalmente, dado que ya no procedía buscar la independencia absoluta del estado de El Salvador, el 28 de enero de 1831 se le declaró formalmente destituido de la mitra y aun de la Vicaría de El Salvador por medio del siguiente decreto: 

La Asamblea Legislativa del Estado de El Salvador

Considerando:

Artículo 1°. Que la erección de la Diócesis de este Estado ha llevado por único y principal fin la independencia eclesiástica de esta iglesia para perfeccionar y afirmar lo que en lo político corresponde al Estado.

Artículo 2°. Que con el mismo fin se hizo por el Congreso constituyente la elección de Obispo y se posesionó por la primera legislatura ordinaria, sujetando lo uno y lo otro a la aprobación y confirmación de la silla Apostólica.

Artículo 3°. Que la misma silla ha desaprobado ya la elección y posesión del electo: que de quererlo sostener vendría a obrarse en sentido contrario al designio propuesto, por dificultarse así obtener el obispado.

Artículo 4°. Que la incertidumbre en que subsiste el Estado de la legitimidad de la autoridad eclesiástica que lo rige, por la desaprobatoria de su Santidad, siembra la inquietud en las conciencias y produce disensiones que necesariamente dañan el orden público.

Artículo 5°. Que aunque la Asamblea extraordinaria dio decreto en 25 de septiembre de 1829, procurando conciliar las dificultades refereidas, éste no llenó su fin y es opuesto en su artículo 3°. en la que nombré de Gobernador al Dr. C. José Matías Degaldo, a la atribución 8a. que designa al poder Ejecutivo de artículo 4°. de la Constitución del Estado; y que por esto es en sí mismo nulo el nombramiento.

Artículo 6°. Que el mismo Dr. Delgado, en notas de 29 de julio de 12 de agosto del añ último presentó al Gobierno las dudas que le ocurrían sobre la legitimidad de las facultades que le fueron concedias por el Gobernador eclesiástico de Guatemala, Canónigo José Antonio Alcayaga, en virtud de las cuales obra.

Ha tenido a bien decretar y decreta:

Artículo 1°. Se declara insubsistente el nombramiento de Gobernador eclesiástico hecho en el Dr. José Matías Delgado, por la Asamblea Extraordinaria en el Artículo 3 de la ley de 25 de septiembre de 1829.[…]

Artículo 3°. Se declara asímismo insubsistente la elección de obispo en el mismo Dr. Delgado.[…]

Artículo 8°. Se derogan las leyes y decretos expedidos en el Estado, sobre erección de obispado, elección y posesión del obispo electo en cuanto se opongan a éste.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1895) [1845]. Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 28.
  2. Ayala Benítez, Luis Ernesto (2007). La Iglesia de y la Independencia política de Centroamérica: El Caso de el estado de El Salvador (1808-1833). Roma, Italia: Editrice pontificia,, Universitá Gregoriana.  pp. 271-272.
  3. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  4. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

10 de septiembre de 1829: conservadores se rebelan tras expulsión de Arce y de Aycinena

Unos cuantos conservadores intentan tomar la Ciudad de Guatemala tras el exilio de Manuel José Arce y Mariano de Aycinena

10septiembre1829
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Allí residía el gobierno de la República Federal de Centro América cuando Manuel José Arce era presidente. En el recuadro: el presidente Arce. Imágenes tomadas de la colección de La Calle donde tú vives y Wikimedia Commons.

La prensa partidista en Guatemala siempre ha sido dura con sus oponentes.  Esto queda ejemplificado cuando el periódico liberal «La Antorcha Centro-Americana» publicó las siguiente notas el 10 de septiembre de 1829:

  • Con respecto al exilio del expresidente Manuel José Arce y del ex-jefe de Estado Mariano de Aycinena:  «el 7 del corriente salieron de esta Capital con destino a embarcar a los puertos del norte, el ex-presidente C. Manuel José Arce, y el intruso Jefe de Estado C. Mariano Aycinena.  Este escarmiento en estos dos funcionarios traidores a sus juramentes y a los compromisos que debían a su Patria, es un saludable ejemplar para que los Jefes venideros no lo sigan en suerta tan desgraciada y afrentosa«.1
  • Con respecto a los acontecimientos que siguiente al exilio de los arriba indicados: «Se descubrió una conspiración en esta Capital en que se trataba de apoderarse de la plaza, destruir el orden restablecido, y reponer el imperio de los intrusos.  Uno de los proyectos era degollar a las personas empleadas en el Gobierno, y otras que pudieran resistirse.  Se deduce de la causa que contaban con armas, parque, dinero y algunos hombres. Esta tentativa es una verdadera reacción del partido que sucumbió, y que ha tenido animosidad de intentarla por la indulgencia con que han sido tratados los criminales.  Ellos no se contienen por el sentimiento noble de la gratitud de que debían estar penetrados. Ellos acaso ni aun están bastantemente convencidos de la moderación con que se se ha procedido.  Jamás se han contenido los delitos por dejarlos de castigar; esta máxima que hemos procurado gravar, ha producido contradicciones poco honrosas a sus autores, porque suponen o mucha ignorancia o complicidad en los delitos. Hay filósofos que opinan que todo crimen supone una perturbación en la mente; pero ninguno lo manifiesta tanto, como la conspiración intentada: ella era un verdadero acto de despecho, pues no tenía la más remota probabilidad del suceso. Cuando hubiesen conseguido una sorpresa habría sido momentánea; pues la opinión pública en que se apoya el actual Gobierno lo habría sostenido y destruido a los audaces conspiradores1

Es importante indicar aquí lo siguiente:

  1. El «orden restablecido» se refiere al triunfo de la invasión liberal dirigida por el general Francisco Morazán, que derrocó al jefe de Estado conservadora Mariano de Aycinena y al gobierno federal,2 entonces a cargo del vicepresidente Mariano de Beltranena, ya que el general Manuel José Arce estaba separado del cargo.3  Las autoridades conservadores habían llegado al poder en septiembre de 1826, luego del golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia.4
  2. El «imperio de los intrusos» se refiere al gobierno que presidía Mariano de Aycinena, líder del partido criollo conservador, al que detestaban los criollos liberales por todas las prebendas de que dicho grupo gozaba durante la época colonial.  De hecho, Morazán declaró como usurpador a todo lo actuado por Aycinena y su gobierno.5
  3. El «partido que sucumbió» era el partido conservador. 
  4. No hubo tal «indulgencia para los criminales» ni «moderación«, como asegura el artículo.  Tras la rendición, Morazán ocupó la plaza, y luego invitó a todas las autoridades estatales y federales al Palacio Colonial, a donde llegaron vestidos de gala, y fueron hechos prisioneros en el acto, ya que Morazán declaró unilateralmente nula la rendición.6  Todos estos personajes pasaron en prisión varios meses y sus propiedades fueron confiscadas; además de que se les obligó a devolver los salarios que habían devengado cuando eran miembros del gobierno.2,3  Por otra parte, las tropas de Morazán saquearon cuanto pudieron de las mansiones de los conservadores y de las iglesia católicas, al punto que surgió el dicho popular «se fue con Pancho» por todo lo que se perdió tras la invasión.
  5. La «opinión pública en que se apoya el actual gobierno» era obviamente favorable, pues estaba conformado por los liberales guatemaltecos.  Los conservadores habían sido expulsados del país o reducidos a prisión.

Por supuesto, cuando los conservadores retomaron el poder en 1839, luego del derrocamiento del gobierno del liberal Mariano Gálvez, la prensa que les era favorable publicó artículos similares en contra del caído gobernante y sus malhadados Códigos de Livingston.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. La Gaceta de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala»La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62).
  3. Hernández de León, Federico  (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala. pp. 114-120.
  6. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  7. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.

5 de septiembre de 1826: capturan a Juan Barrundia

El presidente de la República Federal de Centro América, general Manuel José Arce, hace prisionero al jefe de Estado de Guatemala, Juan Barrundia.

5septiembre1826
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala, sede del gobierno Federal durante la época del presidente Manuel José Arce y desaparecido tras los terremotos de 1917-18. En el recuadro: el presidente Arce. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Las tensiones entre los criollos liberales y los criollos conservadores llegaron a su punto más crítico en 1826, cuando se emitió una serie de decretos en contra de los intereses de los frailes del clero regular13 y contra los de los ricos comerciantes guatemaltecos,4 quienes eran los principales miembros del partido conservador.  Éstos empezaron a influir más y más en el presidente federal, general Manuel José Arce y Fagoaga, hasta que llegó un punto en que los liberales planificaron un golpe de estado en contra de éste.

De esta cuenta, el 5 de septiembre de ese año, el presidente federal Manuel José Arce dictó un auto de prisión en contra del Jefe del Estado de Guatemala, Juan Barrundia, luego de que éste se había levantado en armas en contra del presidente federal mandando al capitán Cayetano de la Cerda a atacar con trescientos hombres a un piquete de las fuerzas federales, al mando del capitán José María Espínola.  Barrundia también había preparado un asalto al cuartel federal de la Ciudad de Guatemala programado para el 8 de septiembre, con el objetivo de capturar al presidente federal y derrocar al gobierno, aprovechando la bendición de banderas que iba a haber ese día y los doscientos soldados que había acuartelado en el Convento de San Agustín.5

El decreto emitido por Arce es el siguiente:6

Palacio del Gobierno Federal en Guatemala, a 5 de septiembre de 1826

Visto el parte de la Comandancia General de la Federación a que acompaña la capitulación habida entre el capitán José María Espínola y el capitán Cayetano de la Cerda, en el pueblo de Acasagustlán a 3 del corriente mes y año, y los demás documentos pertenecientes a este negocio;

visto así mismo el oficio del expresado Espínola de la propia fecha, en que manifiesta que la tropa que conduce Cerda es en número de 300 hombres y la de él apenas tiene 50; 

visto por último que por nota del Presidente del Senado con data de ese día, se sabe que este alto cuerpo se ha disuelto, sin resolver la consulta que el Gobierno Supremo le hizo sobre los acontecimientos anteriores entre las tropas de Espínola y Cerda.

Visto también que las providencias del Jefe de Eeste Estado par aimpedir el libre ejercicio de las tropas, que están al servicio de la Federación son terminantemente opuestas a los artículos 94, atribución 5a. y 146 de la Constitución del propio Estado;

visto por otra parte que el Presidente de la República está facultado: 

      1. Para cuidar de la observancia del orden público (artículo 113 de la Constitución Federal)
      2. Para contener insurrecciones (artículo 120)
      3. Para dar órdenes de arresto e interrogar a los que se presuman reos; poniéndolos a la disposición del juez respectivo, cuando sea informado de alguna conspiración (artículo 127)
      4. Para recoger las armas en caso de tumulto o rebelión, o ataque con fuerza armada a las autoridades constituidas (artículo 179)

Visto que el ataque que Cerda ha hecho al capitán Espínola es directo a la autoridad del Gobierno Supremo por cuyas órdenes obraba, el Presidente de República, meditando: 

      1. Que hace tiempo el Jefe del Estado unido a una facción hace la más viva resistencia a la independencia de la Nación, hollando todas las leyes y procurando por todos los medios que están a su alcance alterar la tranquilidad pública.
      2. Que habiendo dado órdenes expresas para atacar las tropas de la Federación, el Gobierno Supremo le ofició para que se abstuviese de tales procedimientos, cuyo oficio no ha contestado hasta ahora, ni ha querido prestarse a obrar de un modo legal y pacífico.
      3. Que consultando el caso al Senado este cuerpo no ha resuelto la consulta y antes bien se ha disuelto por el empeño con que los senadores partidarios de aquel jefe han querido tergiversar los hechos y han manifestado una intención decidida contra el Gobierno Supremo y a favor de la facción perturbadora.
      4. Siendo de la mayor entidad en las circunstancias que rodean a la República mantener a todo trance la tranquilidad y el orden público; sofocando en sus principios el germen de la guerra civil que ya ha comenzado.

Habido todo en consideración:

El Presidente de la República con el único designio de llenar sus deberes y el de cumplir con la patria, ha tenido a bien disponer:

      1. Que el comandante de armas de la Federación con la mayor reserva acuartele esta noche toda la fuerza con su respectiva oficialidad.
      2. Que haga preparar municios competentes para que obren los cuerpos de artillería, infantería y caballería.
      3. Que puesto todo en el mejor estado, para hacer cumplir y ejecutar a viva fuerza las providencias del Gobierno en caso de oposición, proceda a las seis y media de la mañana o a la hora que pueda a arrestar al Jefe de Estado C. Juan Barrundia, reteniéndolo en la Comandancia General hasta nueva orden.
      4. Que al mismo tiempo que se ejecute el arresto o inmediatamente que sea ejecutado, reoja con la fuerza todas las armas que tenga el Gobierno del Estado con sus pertrechos y municiones; trasladándolas con la debida separación al parque y sala de armas.
      5. Que mientras ejecute estas órdenes dé partes por medio de sus ayudantes de todo lo que ocurra.
      6. Que en el caso de resistencia obre fuertemente hasta concluir el arresto y ocupación de las armas.
      7. Que cumplida esta orden se mantenga sobre las armas hasta nueva orden.
        • Arce
        • El Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra, Manuel Arzú.6

Al frente del gobierno quedó el vice-jefe de Estado, Cirilo Flores, y este organizó una sublevación trasladando las autoridades del Estado de Guatemala a San Martín Jilotepeque, desde donde pretendieron activar las milicias «defensoras de la Constitución«, sin éxito.  Los ánimos se exacerbaron a tal punto, que cuando Flores llegó a Quetzaltenango a tratar de calmar los ánimos de los pobladores enardecidos contra la supuesta expulsión de los franciscanos, fue linchado por una turba en el interior de la iglesia.7 Eventualmente, el Jefe de Estado fue el líder conservador Mariano de Aycinena, lo que provocó que los liberales del resto de Centroamérica se alzaran en armas contra Arce y Aycinena, iniciando la Guerra Civil Centroamericana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  2. — (1871). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República II. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. — (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  4. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz
  5. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  6. Ibid., 33-35.
  7. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia. Memorias de un Siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 95.

4 de junio de 1829: Morazán anula lo actuado por gobierno de Aycinena

Decreto federal de Francisco Morazán considera usurpador al gobierno conservador de Guatemala de 1826 al 29 y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias

4junio1829
En la imagen: la antigua Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro a principios del siglo XX. En este edificio funcionó originalmente la Real y Pontificia Universidad de San Carlos y luego el Congreso Federal. Allí fueron hechos prisioneros los conservadores derrotados por Morazán en 1829. Imagen tomada del Museo de la Universidad de San Carlos.

Tras la victoria del general liberal hondureño Francisco Morazán el 12 de abril de 1829, éste hizo prisioneros a los criollos aristócratas, todos ellos miembros o parientes de la familia Aycinena, que había tomado el poder en Guatemala tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.1

Por medio del decreto del 4 de junio de ese año, el gobierno federal declara nulas las elecciones del Estado de Guatemala del 31 de octubre de 1826, considera usurpadores de la soberanía de dicho Estado a todos los que legislaron hasta 1829, y anula sus decretos, órdenes, leyes, reglamentos y providencias.2 De acuerdo al historiador conservador Antonio Batres Jáuregui, aquel decreto «con mengua del derecho natural y de todo sentimiento humanitario, fue, para nuestra desventurada tierra, causa de grandes dolores y fuego voraz que incendió la pasión partidista, a la cual se deben sangrientas luchas, devastaciones, miserias y lágrimas3, Nota_a

Dicho decreto fue recogido en la Recopilacidn de Leyes de la República de Guatemala de 1821 a 1869 escrito por Manuel Pineda de Mont, pero sus artículos 2.° y 3.° fueron editados porque incluían nombres y apellidos de las familias aristócratas que habían sido miembros del gobierno de 1826 a 1829.Nota_b  El decreto dice así:

1.° Se declaran nulas y contrarias a las leyes fundamentales de la República y del Estado las elecciones celebradas en virtud del decreto anti-constitucional del presidente de la República, de 31 de octubre de 1826, y las siguientes de 27 y 28.

2.° Editado

3.° Editado

4.° Son nulas y de ningun valor las determinaciones que con el nombre de leyes, decretos, órdenes, acuerdos, providencias y reglamentos hayan sido dictadas por estos poderes intrusos, y quedan en su vigor y fuerza las emitidas por las legítimas autoridades, hasta el 13 de octubre de 1826.

5.° Se han por válidos y subsistentes los actos emanados de la corte superior y jueces de primera instancia en lo civil y criminal en todas las causas, con excepción de las que se versan sobre materias políticas; pero quedan expeditos a las partes, en las causas puramente civiles, los recursos de nulidad e injusticia notoria, debiendo correr el término designado por la ley desde la publicación de este decreto.5

Aunque eventualmente las penas de muerte fueron conmutadas, los principales miembros del partido conservador fueron condenados al exilio, de acuerdo al decreto del Congreso Federal del 7 de septiembre de 1829, que dice así:

4.° Serán expatriados perpetuamente y confinados fuera la república, al país que designe el gobierno de acuerdo con el senado:

    • Primero: El ex-presidente y ex-vicepresidente de la República Manuel José Arce y Mariano de Beltranena,
    • Segundo: Los ex-secretarios de estado y del despacho de Relaciones Juan Francisco de Sosa, y de Guerra Manuel de Arzú,
    • Tercero: Los jefes de sección que funcionaron como secretarios en los mismos ramos, Francisco María Beteta y Manuel Zea.
    • Cuarto: Los primeros y segundos jefes del ejército federal que sirvió a disposición del gobierno durante la revolución, Francisco Cáscara, Manuel Montúfar y José Justo Milla, pues los demás quedan incluidos en este artículo bajo otros aspectos. 
    • Quinto: El que se tituló jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena.
    • Sexto: Los que le sirvieron en calidad de secretarios, Agustín Prado, José Francisco de Córdova, Antonio José de Irisarri, José de Velasco, Vicente Domínguez y Vicente del Piélago.
    • Séptimo: El comandante general que fue de las armas de la federación y del estado, Antonio del Villar.1

NOTAS:

    • a: a pesar de ser conservador, Batres Jáuregui fue alto funcionario de los gobiernos liberales desde J. Rufino Barrios hasta Manuel Estrada Cabrera.
    • b: los artículos 2.° y 3.° declaran reos de usurpación y traición a los que ejercieron la autoridad en virtud de las elecciones mencionadas en el artículo 1.°, y los listaba con nombres completos y los condenaban a muerte obligándolos antes a devolver lo que habían ganado en concepto de salario durante su gestión. Además, se agregaba la confiscación de bienes a los principales miembros de la familia Aycinena y del gobierno conservador.4
    • c:  José Justo Milla fue el padre del escritor José Milla y Vidaurre.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala. pp. 114-120.
  2. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  3. Batres Jáuregui, Antonio (1946). La América Central ante la Historia. Memorias de un siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 131.
  4. – (1896). Literatos guatemaltecos: Landívar e Irisarri, con un discurso preliminar sobre el desenvolvimiento de las ciencias y las letras en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 185.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 239-240.