11 de junio de 1773: fuerte temblor sacude Santiago de los Caballeros de Guatemala

El 11 de junio de 1773 se siente un fuerte sismo en la ciudad de Santiago de los Caballeros, un día antes del arribo del Capitán General Martín de Mayorga

El valle de Pancho, con las ruinas de la ciudad de Antigua Guatemala a finales del siglo XIX. Imagen tomada de Mizner Scrap Book Central America.

Después del terremoto de San Casimiro en 1751, la capital del Reino de Guatemala no había sufrido mayores problemas con los sismos, aunque los pobladores sí sintieron el terremoto de San Francisco de 1757, el de la Santísima Trinidad de 1765 y el de San Rafael, que destruyó a Suchitepéquez poco después.1

En 1773 se inició un enjambre sísmico que coincidió con la llegada del capitán general Martín de Mayorga. En mayo habían empezado a sentirse unos sismos leves en la ciudad de Santiago, pero el 11 de junio hubo uno fuerte y largo que daño varias casas y templos católicos, seguido de una réplica esa misma noche. Mayorga había llegado al puerto de Omoa en las costa de Honduras en mayo, y desde allí envió una larga carga a los miembros de la Real Audiencia para informales que iba a revisar el Castillo de San Fernando de Omoa, ya que en ella había muerto su antecesor, Pedro Salazar y Herrera Natera de Mendoza, víctima del paludismo y el nuevo capitán general quería recorrer el sitio para dictar las medidas sanitarias necesarias. Después, recorrió la costa norte hasta Izabal, y de allí emprendió largas y cansadas caminatas, durante la temporada de lluvias, para finalmente llegar a la ciudad de Santiago de los Caballeros el 12 de junio.2

Los miembros de la Real Audiencia ordenaron que se adornaran las calles de la entonces preciosa ciudad de Santiago con cortinas, tapices, arcos de flores y alfombras de pino para recibir al capitán general, y que los músicos amenizaran la celebración de la multitud que se agolpó para la ocasión. Incluso, el arzobispo Pedro Cortés y Larraz salió a recibirlo a las puertas del Palacio Arzobispal con toda solemnidad.3

En los días siguientes hubo otros sismos, aunque no tan fuertes ni tan seguidos. Como en esa época las órdenes religiosas y el clero secular todavía tenían casi el control absoluto de los súbditos del Imperio Español —a pesar de la implementación de las reformas borbónicas del rey Carlos III—, se hicieron varias rogativas para que cesaran los temblores. Por ejemplo, en la iglesia de San Franciso expusieron a la veneración pública, y sacaron en procesión por nueve días, la imagen de Nuestra Señora de los Pobres.1

Sin embargo, a pesar de las rogativas, lo peor estaba por llegar: el 29 de julio, a eso de las cuatro de la tarde, se produjo una violenta sacudida que alertó a los pobladores, y pocos minutos después comenzó el terremoto de Santa Marta, que destruyó la capital del reino.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1857) [1808]. Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala. Guatemala: Imprenta de Luna. p. 232.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1925]. El Libro de las Efemérides: Capítulos de las Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 455.
  3. Ibid, p. 456.

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19 de mayo de 1779: Matías de Gálvez continúa el traslado a la Nueva Guatemala

El recién llegado Capitán General Matías de Gálvez y Gallardo continúa con la política de su antecesor, Martín de Mayorga, de forzar el traslado de la destruida Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción.

Ruinas abandonadas en la ciudad de Antigua Guatemala a principios del siglo XX. Las ruinas estuvieron en el abandono desde 1779. En el recuadro: el capitán general Martín de Mayorga. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook Central America y Wikimedia Commons.

El traslado de la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala a la Nueva Guatemala de la Asunción fue lento y penoso, a pesar de las presiones que ejercían las autoridades civiles sobre los pobladores de la capital del Reino de Guatemala.

El traslado oficial se hizo efectivo cuando el ayuntamiento de la ciudad de Santiago de los Caballeros se trasladó a la Nueva Capital el 30 de diciembre de 1775, y celebró su primer cabildo en su establecimiento provisional en la Ermita del Cerrito del Carmen el 2 de enero de 1776. Sin embargo, no todos los pobladores se trasladaron, lo que obligó a Mayorga y a su justicia mayor, Fernando del Sobral, a tomar varias medidas drásticas para forzar a quienes se resistían a mudarse. Pero conforme más órdenes de traslado llegaban a la antigua capital, más se resistían sus pobladores a mudarse, aconsejados por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz.1

A finales de enero de 1776 se empiezan a enviar materiales desde la antigua capital, los cuales eran acarreados por indígenas de Jocotenango, quienes eran hostigados como si fueran bestias de carga. Esta situación llegó a un punto tal, que el presbítero Miguel de Larrave le pidió a las autoridades que cesaran aquel hostigamiento en noviembre de ese año, y ésta, a su vez, informaron que no se podía hostigarles porque ellos preferían huir a medio camino.2

A principios del año siguiente, Mayorga ordenó que se evaluara qué se podía utilizar todavía en los antiguos edificios públicos, para determinar si se podían trasladar a la nueva capital. De esta forma, el 14 de febrero el maestro de obras Vicente Cruz le informó que había abundantes materiales en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, en el colegio de San Borja, en la antigua Compañía de Jesús, en la casa de la Moneda y en otras estructuras.2

El 23 de abril de 1777 Mayorga suprimió la enfermería del ayuntamiento, y el 17 de julio le dió un ultimátum al claustro de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo para que se trasladara a la nueva capital «dentro del término de dos meses, sin réplica ni excusa alguna«.2 Y el 28 de julio, harto de que no atendieran sus órdenes, Mayorga promulgó un bando en el que ordenaba no solo el traslado de los habitantes, sino que se derribaran todas las ruinas que todavía quedaran en pie.; Y no contento con esto, el 11 de septiembre envió una carta al rey, quejándose de que el arzobispo Cortés y Larraz estaba entorpeciendo la final traslación del pueglo de Guatemala argumentando que solamente con expresa licencia del Papa se podía construir una nueva catedral en el Reino.3

El 27 de septiembre, Mayorga visitó la antigua capital, y cuando estuvo en el Palacio de los Capitanes Generales dió órdenes de que arrancaran las puertas, ventajas, rejas, lozas, maderas, tapices, cañerías de agua, búcaros, escudos y todo lo que pudiera utilizarse en la construcción del palacio de la Nueva Guatemala de la Asunción. Y le pidió a su justicia mayor, del Sobral, «que se faltaba piedra en la Nueva Capital, arrancara las piedras de las calles«.3

Finalmente, en noviembre de 1777 el claustro de la Universidad se trasladó a la Nueva Guatemala y lo mismo hicieron los agustinos. Los dominicos ya habían empezado su traslado, y Mayorga le dió un plazo de dos meses a los betlemitas, franciscanos, mercedarios y recoletos para hacer lo mismo.3

En 1778 Mayorga prohibió que hubiera guarnición militar en la antigua capital y que ingresara toda clase de mercaderia a la ciudad, a partir del 1 de enero de 1779. El 4 de abril de 1779 Mayorga fue sustituido por Matías de Gálvez, que nombró como justicia mayor a Guillermo de Macé, quien siguió con la obra de forzar el traslado a la nueva capital. De esta cuenta, el 19 de mayo de 1779 emitió los siguientes bandos:

  • Que incontinenti se cierren todas las tiendas, y que no se venda cosa alguna y que los mencionados efectos se deben sacar de este dicho suelo, dentro del término perentorio de quince días.
  • Por cuando las órdenes de su majestad y bando que ha tenido a bien el Superior Gobierno publicar, en esta ciudad, conspirantes a su despueblo y traslación a la Nueva Capital… ha resuelto el Muy Ilustre Señor Presidente, Gobernador y Capitán General de este Reino, que todos los que ejercen oficios públicos, les amoneste, de su orden, no deben dar un golpe sobre ellos, y si disponer el que se trasladen a la cpaital u otros pueblos, distantes a lo menor cinco leguas de éste… debiendo estar enterados que todo oficial, sea de la profesión que fuere deberá desde el día de hoy, suspender su trabajo y dejar este pueblo, en el preciso y perentorio término de quince días… prevenidos de que de no hacerlo, se remitirán bien asegurados, con partida y el correspondiente oficio, sin permitir ni oir excusa alguna…4

Gálvez finalmente logró que Cortés y Larraz renunciara a la mitra en 1780 y que fuera sustituido por Cayetano de Francos y Monroy, quien ayudó considerablemente a la construcción de la Nueva Guatemala de la Asunción.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 212.
  2. Ibid., p. 213.
  3. Ibid., p. 214.
  4. Ibid., p. 215.

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1 de septiembre de 1793: autorizan construir la bódeva de Santo Domingo

La Corona Española otorga el permiso para construir la bódeva del templo de Santo Domingo en la Nueva Guatemala de la Asunción

1septiembre1793
Templo de Santo Domingo en 1859, durante el gobierno del general Rafael Carrera. En el recuadro: placa conmemorativa de la reconstrucción del templo dominico tras los terremotos de 1917-18. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 4 de junio de 1792 el Procurador General Provincial de la orden de Predicadores de Chiapa y Guatemala, Padre Maestro Fray Vicente de Navas, informó que la obra estaba casi terminada y solicitó permiso para techar con bóveda el templo, pese a que el diseño original indicaba artesonado.  Para entonces el convento llevaba ya catorce años en construcción, con muy buen ritmo gracias a los grandes recursos económicos de la poderosa orden, y ya se había quedado en el olvido el daño que sufriera su templo en Santiago de los Caballeros en 1773.1,2

Reproducimos a continuación la solicitud de los dominicos, por los importantes datos técnicos que presenta:

“Madrid 4 de Junio de 92

Representacion de Fr. Vicente Martinez, Procurador del Convento de Santo Domingo solicitando permiso para cubrir de Bóveda la Iglesia de su nuevo Convento de esta Capital. La Provincia de San Vicente de Chiapa, y Guatemala de la Orden de Predicadores con el debido respeto expone a Vuestra Majestad que su comunidad de Guatemala como tuvo la honra de ser la primera que puso en ejecución las Reales ordenes relativas ala traslacion de aquella ciudad, lo ha sido también como era consiguiente en la construcción de su nuevo Convento, y de su Iglesia. Ésta se halla ya tan adelantada que segun se explica el Prelado Provincial en carta de cinco de febrero próximo, dentro de muy poco tiempo podrá quedar concluida y por ventura será la fábrica de mejores proporciones, y el Templo más hermoso de la Nueva Guatemala. Constantes aquellos Religiosos, como es de su obligación en la obediencia a las órdenes de su Soberano, desean dar al público al concluir su obra, el mismo ejemplo de subordinación, que dieron al principiarla.3, Nota a

Y aunque la experiencia que han ido adquiriendo en el nuevo sitio les ha hecho tocar los graves inconvenientes que resultaran de cubrir su Iglesia de artesón, y no de bóveda, con todo están prontos á ejecutarlo, arreglándose a lo que dispone la instrucción en esta parte como lo han hecho en todas las demás; pero considerando que estas órdenes se fundarían sobre los informes que se tomaron para el efecto; y que en Arte y uso de arquitectura de la orden de predicadores del antiguo convento de Santo Domingo éstos, o por causa del terror que a la sazón tenía sobrecogido, y turbado aquel vecindario, ó por no tenerse todavía un perfecto conocimiento experimental de nuevo sitio, y de todas sus circunstancias, pudo haberse omitido alguna de ellas, la cual si se hubiese tenido presente habría por ventura hecho variar la disposición; les ha parecido conveniente dar órdenes al Procurador para que ponga en la alta consideración de Vuestra Majestad, que en aquel paraje son frecuentes, y abundantísimas las lluvias, de cuyo principio naturalmente se sigue que las cubiertas de las fábricas en aquel sitio deben ser más proporcionadas que en otro alguno, para resistir a los perjuicios que una humedad excesiva debe causar forsozamente, que en aquellas immediaciones se carece de Tierra que tenga aquella unión, y consistencia necesaria para fabricar buena teja, sin la cual no puede ser duradero el artesón; pues por más que se gaste en renovarla de tiempo en tiempo, es preciso que a poco descuido se pudran las maderas.3, Nota b

Que estas tienen contra sí tambien el abundar allí sobremanera la polilla: de modo que taladrando el artesón, dentro de muy poco tiempo no solo no podrá hacer resistencia a los terromotos; pero ni aun sufrir, ni sostener el peso de los tejados, que al paso que en la Ciudad Antigua se arruinaron muchísimas fábricas cubiertas de artesón, quedaron en pie algunos arcos de otras cubiertas de bóveda dando con su misma duracion un testimonio irrefragable de que los temblores de tierra no destruyen con tanta facilidad un arco bien trabajado como un artesón cubierto de mala teja, y compuesta de maderas apolilladas.

Finalmente que a la luz de estas reflexiones nacidas de la experiencia, se ha ido desimpresionando aquel público de la idea que había concebido en orden a la ventaja de los artesones; y parece que de resultas intenta el Cabildo Eclesiástico recurrir a Vuestra Majestad retractando su opinión anterior en esta parte por lo respectivo a la fábrica de la Catedral.Nota c

En vista de todo lo cual, y de que los cimientos de dicha Iglesia tienen según avisa el mismo superior al exponente toda la proporción que es necesaria suplica a Vuestra Majestad que si las reflexiones que deja insinuadas, fueren en realidad de aquel peso que conceptúan los Religiosos de su Convento de Guatemala se digne permitirles que puedan cerrar su iglesia de boveda, bajo las reglas, y con las precauciones que la alta penetración de Vuestra Majestad tuviere por convenientes en que recibirá merced.»

Madrid cuatro de junio de mil setecientos noventa y dos: Fray Vicente de Navas. Es copia de la original de que certífico yo Don José Antonio Cornejo Caballero de la orden de Santiago del concejo de Su Majestad su secretario y Oficial Mayor de la secretaria de la Nueva España. Madrid diez de Noviembre de mil setecientos noventa y dos. Por su indisposición, Ygnacio Sebastian de la Parra.3


NOTAS:

  • a: para 1793 la posición de las órdenes regulares había quedado muy debilitado debido a las Reformas Borbónicas que se enfocaron en separar a la Iglesia del Estado.  De esta cuenta, en 1767 fueron expulsados los jesuitas de todos los territorios de Imperio Español y el resto de órdenes quedó advertida de un destino similar. Así que cuando el capitán Martín de Mayorga recomendó el traslado a una nueva ciudad después de los terremotos de Santa Marta en 1773,2 las órdenes regulares aceptaron dócilmente, al contrario del arzobispo y el clero secular, que resistieron hasta 17784.
  • b: los dominicos fueron los primeros en trasladarse a la Nueva Guatemala debido a que su fastuoso convento de Santiago de los Caballeros quedó completamente destruidos tras el terremoto de Santa Marta.1 Pero después de 20 años, ya el recuerdo de la gravedad de los sismos se fue difuminando y perdieron el miedo a la construcción de bóvedas. La iglesia se derrumbó con los terremotos de 1917-18 y de 1976.
  • c: la iglesia de Santo Domingo era la más lujosa de la ciudad de Santiago de los Caballeros antes de su destrucción, ya que la orden era la más poderosa y tenía suficientes ingresos de sus haciendas y doctrinas. No todas las órdenes y parroquias disponían de los recursos para techar sus templos con bóveda.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Mejía Samayoa, Cristian Fernando (2013). Arte y uso de arquitectura de la Orden de Predicadores del Antiguo Convento de Santo Domingo y una aproximación a la vida monástica masculina en la Nueva Guatemala de la Asunción. Guatemala: Universidad Rafael Landívar, Facultad de Arquitectura. p. 182.
  2. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México). Archivado desde el original el 4 de marzo de 2016. pp. 118-119.
  3. Mejía Samayoa, Arte y uso de arquitectura de la Orden de Predicadores, pp. 183-184.
  4. Belaubre, Christophe (2013). «Francos y Monroy, Cayetano: Aspectos de la vida del arzobispo de Guatemala que vino para retomar el control de un clero guatemalteco en estado de rebelión casi abierto». Archivado desde el original el 22 de julio de 2017.

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28 de enero de 1776: arriba Real Cédula que reglamenta el traslado de la arruinada capital

Arriba la Real Cédula que establece la forma de traslado de la capital desde la arruinada Santiago a la Nueva Guatemala de la Asunción

28enero1776
Mapa del Llano de la Virgen, antes de la fundación de la Nueva Guatemala de la Asunción. En el recuadro: Martín de Mayorga, capitán general de Guatemala durante la época en que se trasladó la capital a la nueva ciudad.

La Real Cédula en la que se regula la forma en que se haría el traslado de la capital del Reino de Guatemala a la Nueva Guatemala de la Asunción fue emitida el 15 de septiembre de 1775 y llegó a la provincia americana el 28 de enero de 1776, casi un mes después de que ya se hubieran trasladado oficialmente las autoridades coloniales a la nueva capital.

En aquella Cédula se explicaban ochenta y seis puntos que había que tener en cuenta para el traslado de la ciudad, de los cuales los más relevantes eran los siguientes:

    • Se comprará el terreno de dos, tres o cuatro leguas cuadradas, por cuenta de la caja real, para emplazar la nueva ciudad.
    • La plaza mayor, plazuela y calles tendrán más extensión y capacidad, especialmente las últimas, según lo permita el terreno, y que tirándose a cordel como lo estaban las más en la destruida ciudad, tenga un ancho de diez y seis varas cuando menos, previendo por este medio cualquier inopinado suceso.
    • Se concederán gratuitamente los terrenos a las comunidades, iglesias matrices y filiales, los mismos que lograban en la asolada Guatemala, y en los propios sitios o parajes con corta diferencia, pero con la limitación o exclusión que propondremos de algunas de estas últimas, por no necesarias y por evitar los inconvenientes y ofensas de Dios que se cometían con la profanación; con advertencia de que, hallándose el terreno de alguna comunidad, iglesia, palacio arzobispal y cualquiera otra semejante, responsable a gravamen o censo consignativo, reservativo, haya de gobernarse este punto por las mismas reglas que se prescribirán para los fondos de los particulares.Nota a
    • A todos los vecinos de la capital se concederá gratuitamente el propio idéntico terreno, y en el mismo lugar, con corta diferencia del que en ella lograban; sujetándose al proporcional y correspondiente gravamen que legal y prudencialmente corresponda al valor intrínseco que se considere tenga o pueda tener algún paraje o sitio donde se señale, cuya pensión deberán reconocerla a favor de aquellas comunidades, capellanías, u obras pías, con que hubiesen estado afectas sus casas, como continuaría en el valor o estimación del suelo, sin embargo de haberse destruido los edificios, teniendo igualmente consideración en este caso al valor de los fragmentos útiles que hubieren quedado y se puedan aprovechar, vender o conducir a la nueva población, deducidos los costos, cuando menos, de su extracción.
    • La demarcación, o delineación de la ciudad sea sustancialmente la misma que tenía en Guatemala, con la circunstancia de dar alguna más extensión a la plaza mayor, plazuelas y calles y aun a algunas manzanas y cuadras, como aquí se les nombra; pues aunque la plaza principal es bastante capaz, según se expresa en el número 1o. de la razón de los templos, juzgamos que, no debiéndose pensar en fábricas altas, ni en lo demás que ha sido objeto de las mayores y considerables ruinas, como son bóvedas y demás semejantes, se hace forzoso dar una más capacidad al ángulo que ocupara el real palacio, al de la catedral, con que se halla habido el del arzobispo, como también al del cabildo, pues los conventos y comunidades lograban comunmente suficientísimo terreno, y en cualquier evento será fácil de aumentársele por la parte que no ofrezca perjuicio a tercero.
    • Para fabricar en la nueva ciudad se ha de guardar precisamente la debida proporción e igualdad en la altura de las casas, la que no deberá pasar de cuatro y media varas, dando al piso, o entresuelo, un poco más o menos, sobre lo cual deberá estar a la mira el Gobierno, la Audiencia, o sus Ministros, y el Ayuntamiento para su puntual observancia, publicándose por bando, de tiempo en tiempo, con la pena de demolición de la obra. Y por este medio se consultaba al decoro y hermosura de la ciudad, y a la mayor seguridad de los edificios, mediante la unión y enlace que mutuamente deben tener entre sí.
    • Que pagado el importe del sitio y terreno para la nueva ciudad, del producto de alcabalas destinado por mí a obras públicas se construyan seis casas iguales, con la posible inmediación al palacio de la Audiencia, para la habitación de los ministros de ella, y se les de sin otro gravamen que el de los reparos menos en atención a su corto sueldo y a la general necesidad de edificios.
    • La Iglesia Catedral es otro edificio, y muy principal, cuya fábrica nos persuadimos corra por cuenta del gobierno español, siempre y cuando no exceda en elevación de la competente y prudentemente regulada por los inteligentes de la Arquitectura Civil, con reflexión a lo expuestas que se hallan todas las Américas, Septentrional y Meridional, a los estragos que causan los temblores, con más repetición y fuerza en algunas partes, como se ha experimentado en la desgraciada Guatemala; pues, aunque discurrimos y tenemos por cierto y lo convencen los efectos, que en este valle no se han sentido con violencia y extraña fortaleza que llevamos dicho, se hace forzoso poner toda atención y posible cuidado en precaver las fábricas de cualquier inopinado suceso, sin que deba permitirse ni tolerarse, con pretexto alguno, arbitrio para lo contrario; estando, por consiguiente, a la mira la potestad secular, Presidente, Oidores, Fiscal y aun el Ayuntamiento, sobre el cumplimiento puntual y exacto de este punto tan importante al beneficio común y particular, como que el golpe y estrépito que causa la destrucción de estos edificios hace, sin la menor duda, notable daño a los de los vecinos, especialmente a los más inmediatos.Nota b
    • Las iglesias matrices o parroquiales, como son la de San Sebastián, la de Candelaria y los Remedios, tienen la aplicación que disponen la municipal y reales cédulas que tratan del asunto, para el caso de su reedificación, fuera del arbitrio o arbitrios que propondremos para con algunos pueblos que deben seguir a la capital y su traslación.Nota c
    • Siguiendo el orden observado de los templos, y pasando al capítulo de iglesias filiales, tenemos dicho lo conveniente en cuanto a la de San Pedro y su Hospital, según se advierte en los números 30 y 31 de este proyecto, y no debiendo quedar otras que la de los terceros del Carmen, la de San Lázaro, y con el tiempo, la del oratorio de Espinosa, fundada por un particular, la del Calvario, las ermitas de la Víacrucis y la de Santa Lucía, no nos parece necesario ni hallamos en la actualidad arbitros para consultar sus reedificios; pero les deberán quedar señalados los propios lugares que tenían en la destruída ciudad, para cuando llegue el caso de hallarse con fodo cada una de ellas con que poder atender a su correspondiente fábrica.

NOTAS:

    • a: lo de profanación se refiere a la Compañía de Jesús, la cual había sido expulsada en 1767 y sus propiedades habían sido traspasadas a los mercedarios; en cuanto a la disposición de los templos, esta es la razón por la que la ubicación de las iglesias y conventos en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala guarda cierta semejanza con el de la Antigua Guatemala.
    • b: se expresa aquí la antigua creencia que tenían los pobladores originales de la Nueva Guatemala de la Asunción, de que la misma no era tan propensa a los terremotos como la antigua capital; aquella creencia fue desvanecida parcialmente con el terremoto de 1830 y disipada completamente con los graves terremotos de 1917-18.
    • c: pueblos como Jocotenango, por ejemplo. Estas parroquias, a cargo del arzobispo Pedro Cortés y Larraz, se resistieron al traslado a la nueva ciudad hasta que el arzobispo fue expulsado de la mitra en 1779.

BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (28 de enero de 1926). «El Capítulo de las Efemérides. 1776, 28 de enero: llega la Real Cédula que estable la forma de traslado de la ciudad«. Guatemala: Nuestro Diario, Talleres SELCA.

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16 de enero de 1775: inician retiro de materiales de las ruinas del Palacio de Capitanes Generales

El maestro mayor de obras Bernardo Ramírez inicia el retiro de los materiales que se podían utilizar de las ruinas del Palacio de Capitanes Generales

16enero1775
Ruinas del Palacio de los Capitanes Generales luego de que se había retirado todo el material utilizable tras los terremotos de 1773 y antes de la reconsttrucción de 1890. Imagen publicada por Harper’s Weekly en el artículo- An Ancient City of Central America, Supplement of Harper’s Weekly En el recuadro: capitán general Martín de Mayorga.

Después de los terremotos de 1751, se renovaron muchos edificios y se construyeron numerosas estructuras nuevas en la arruinada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, de tal modo que para 1773 daba la impresión de que la ciudad era completamente nueva. La mayoría de las casas particulares de la ciudad eran amplias y suntuosas, al punto que tanto las puertas exteriores como las de las habitaciones eran de madera labrada y las ventanas eran de finos cristales y tenían portales muy finos. Era frecuente encontrar en las residencias pinturas de artislas locales con marcos recubiertos de oro, nácar o carey, espejos finos, lámparas de plata, y alfombras delicadas.1

En esa época, la ciudad capital del Reino de Guatemala competía en lujo y elegancia con las principales capitales de las colonias españolas en América.  Pero el 29 de julio de 1773, día de la festividad de Santa Marta de Betania, un enjambre sísmico destruyó la ciudad en medio de una tenaz lluvia que azotaba el lugar. La sacudida ocasionó el destrozo de las edificaciones religiosas, gubernamentales y privadas, la destrucción de acueductos y una grave escasez de alimentos.2 Además se desató una epidemia de tifo entre la población y cuando dos fuertes sismos ocurrieron el 13 de diciembre, desatando un nuevo enjambre sísmico, se reforzó la posición de quienes preferían mudarse a una nueva ciudad.3 En enero de 1774 el Concejo de Indias se pronunció sobre el traslado interino hacia el valle de La Ermita.2

Para ese entonces, el poder de las órdenes regulares y del arzobispo estaba muy debilitado, pues desde que los Borbones tomaron el trono en España se decidieron a conseguir a separación efectiva entre la Iglesia y el Estado.  Cuando el capitán general Martín de Mayorga decidió apoyar el traslado, a los primeros que obligó a mudarse fueron los frailes y monjas de las órdenes, quienes se fueron de sus palaciegos conventos a miserables estructuras de madera en la nueva ciudad.  El arzobispo Pedro Cortés y Larraz, por su parte, comprendiendo las intenciones del capitán general, se resistió al traslado junto con el clero secular que comandaba, hasta que fue expulsado de la Mitra.4

Posiblemente los daños causados por el terremoto fueron serios, pero fueron más serios los que provocó el saqueo y el abandono de la ciudad.5 El 16 de enero de 1775 el maestro mayor de obras Bernardo Ramírez, comenzó a sacar todos los materiales utilizables del edificio para trasladarlos a la nueva capital ya que se había emitido orden legal en la cual se ordenaba que debían ser trasladados al nuevo asentamiento todos los materiales que pudiesen servir en la construcción de edificios y casas. Por esta disposición el Palacio Real fue despojado de puertas, ventanas, balcones, objetos decorativos, y todo lo que pudiera utilizarse.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aceña, Ramón (1896). «La Antigua Guatemala». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala) 1 (9).
  2. Cadena, Felipe (1774). Breve descripción de la noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y puntual noticia de su lamentable ruina ocasionada de un violento terremoto el día veintinueve de julio de 1773. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas. pp. 21-22.
  3. Martínez Durán, Carlos (2009). Las Ciencias Médicas en Guatemala, origen y evolución (4.ª edición). Guatemala: Universitaria, Universidad de San Carlos de Guatemala. ISBN 9789993967583.
  4. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralI. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 382.
  5. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  6. Rodríguez Girón, Zoila; Flores, José Alejandro; Garnica, Marlen (1995). «El real palacio de Antigua Guatemala: arqueología y propuesta de rehabilitación» (versión digital). En Laporte, L.P; Escobedo, H. Simposio de investigaciones arqueológicas en Guatemala (Guatemala: Museo Nacional de Arqueilogía y Etnología). Archivado desde el original el 14 de septiembre de 2011.

2 de enero de 1776: se funda oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción

Se funda oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción, entre edificaciones de madera y estructuras a medio construir,

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La Nueva Guatemala de la Asunción en 1821.  En los recuadros: el arzobispo Pedro Cortés y Larraz y el capitán general Martín de Mayorga, principales protagonistas en el traslado de la ciudad. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El traslado de la capital del Reino de Guatemala no pudo ser menos glamoroso.  De una de las ciudades más desarrolladas y bellas de las colonias españolas, pasó a una nueva ubicación prácticamente despoblada sin la minima infraestructura necesaria para albergar a la ciudad más importante de la Capitanía General.  Aunque no se apreció en su completa magnitud en su momento, la Guerra Civil que estalló entre las provincias centroamericanas poco después de la Independencia demostró lo endeble de la ciudad para afrontar semejante crisis.1-2

Luego de los terremotos de Santa Marta en 1773, las autoridades españolas decidieron que la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala tenía que cambiar de lugar para evitar otro evento de la misma magnitud, pues consideraron que los movimientos telúricos eran causados por los volcanes vecinos a la ciudad y porqueéste era el tercer terremoto de magnitud considerable en el menos de un siglo. Después de largas discusiones, los que apoyaban el traslado de la ciudad —es decir, las autoridades civiles y militares— impusieron su opinión y partieron rumbo al «Valle de la Ermita«, mientras que la oposición —es decir, el clero secular y parte de la población— se quedó en Santiago de los Caballeros a intentar reconstruir la ciudad.1-2

Habiendo hecho estudios sobre los lugares más apropiados para asentar la nueva ciudad se aludía necesariamente a las facilidades para proveer de agua a la nueva capital, mencionándose que en el río de Pinula, en el llano de «la Culebra«, había ya una toma que facilitaba el agua a los pocos vecinos del valle y se acompañaba un plano hecho por el arquitecto mayor Bernardo Ramírez, maestro mayor de obras y fontanero de la Nueva Guatemala de la Asunción. Así pues, el proyecto del acueducto en la nueva ciudad empezó con la propuesta al analizar el traslado de la capital luego del terremoto de 1773.3

El 19 de febrero de 1774, cuando el arquitecto mayor firma otro informe sobre el traslado de la ciudad, ya se hace mención de los trabajos sobre el montículo de «la Culebra» para hacer el que luego sería el Acueducto de Pinula. El montículo también era llamado «Loma de Talpetate» y dividía el llano de «la Culebra» con el de «la Ermita«. Había un inconveniente: la hondonada que formaba el llano de la Culebra obligó a que se construyera un acueducto con arcos, a pesar de que el costo fue considerable, y que la obra quedó expuesta a los efectos de los terremotos —como en efecto ocurrió en 1917-18—. Este es el Acueducto de Pinula, del que únicamente quedan algunos tramos, y que comenzaba en «El Cambray» en Santa Catarina Pinula y que a la larga formó parte de la Hacienda San Agustín las Minas, propiedad del licenciado Arturo Ubico Urruela, y luego de su hijo, el general Jorge Ubico— y llegaba hasta el final de la calle real de Pamplona —conocida como «bulevar Liberación» a partir de 1954—. Un sistema de desniveles cuidadosamente analizado para el acueducto hacía que el agua fuera aumentando velocidad y, con ello, presión para alcanzar su destino final. Junto al de Pinula, el acueducto de Mixco, formaba un sistema de suministro de agua que estuvo en servicio a partir de 1786.3

Para octubre de 1774, ya estaban establecidos en el Valle de la Ermita aproximadamente mil novecientos españoles que tomaban su lugar en 278 ranchos y 2400 mestizos o pardos, que eran alojados en 398 ranchos. Los habitantes recién mudados, convivían conjuntamente con los pobladores originales del Valle de la Ermita que sumaban el total de cinco mil novecientas diecisiete personas alojadas en novecientos veinticinco ranchos. La extensión del «Valle de la Ermita» era de nueve leguas cuadradas, veintidós caballerías, ciento noventa y nueve cuerdas y cuatro mil trescientas setenticinco varas superficiales.

La ciudad fue fundada oficialmente el 2 de enero de 1776, pero ningun edificio oficial ni religioso estaba concluido;  y, para colmo de males, el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se negaba a ceptar el traslado de su arquidiócesis a la nueva ciudad, situación que se mantuvo hasta el 7 de octubre de 1779.4-5

El 26 de noviembre de 1777, cuando por consulta de Cámara, fue nombrado arzobispo de Guatemala Cayetano Francos y Monroy, quien no llegó a su arquidiócesis sino hasta en octubre de 1779, con una escolta de ocho caballeros. Un mes antes, Cortés y Larraz había publicado una carta pastoral denunciando la llegada de un usurpador y amenazando con excomulgarlo, pero Francos y Monroy tomó inmediatamente sus primeras medidas nombrado un cura en el pueblo indígena de Jocotenango y fue a buscar a la destruida Santiago de los Caballeros de Guatemala a las beatas de Santa Rosa. Había decidido que en noviembre de 1779 iba trasladar las imágenes y gastó una gran cantidad de dinero para terminar la construcción de los monasterios Carmelitas y de Capuchinas. Cortés y Larraz no quiso seguir resistiendo y renunció a la mitra, saliendo hacia El Salvador.4

El seis de diciembre de 1782, Francos y Monroy informó al rey que había trasladado a la nueva ciudad la catedral, el colegio seminario, los conventos de religiosos y religiosas, beaterios y demás cuerpos sujetos a la Mitra; todos ellos habían sido trasladados a edificios formales o en construcción. Ahora bien, para terminar estas obras había sido necesario que dejara la obra del palacio Arzobispal por un lado y él tuvo que vivir, hasta entonces, en casa de alquiler con mucha incomodidad y estrechez, careciendo de las principales oficinas y habitación para su familia.4

De hecho, el Palacio de los Capitanes Generales no estuvo terminado sino hasta en 1787, y no era ni la sombra de lo que había sido el esplendoroso palacio de Santiago de los Caballeros.  La Independencia, la Guerra Civil Centroamericana y los constantes combates entre criollos liberales y conservadores retrasaron el desarrollo de la ciudad hasta 1851, cuando por fin se alcanzó una paz duradera y empezaron a terminarse los edificios principales.6

Cuando llegó al poder el general José María Reina Barrios en 1892, aprovechando la bonanza económica existente gracias al elevado precio del café en los mercados internacionales, la ciudad alcanzó su mayor esplendor y fue conocida como la «Tacita de Plata«,7 aunque esto no duró mucho pues los terremotos de 1917-18 destruyeron la ciudad y ya nunca recuperó su brillo.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Moncada Maya, J. Omar (2003). «En torno a la destrucción de la Ciudad de Guatemala, 1773. Una carta del Ingeniero Militar Antonio Marín». Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales (Barcelona: Universidad de Barcelona) VIII (444). ISSN 1138-9796. Archivado desde el original el 23 de junio de 2003.
  2. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  3. Juárez, J. (2002). «El acueducto de Pinula». Edutecsa. Archivado desde el original el 15 de julio de 2015..
  4. Belaubre, Christophe (2013). «Francos y Monroy, Cayetano: Aspectos de la vida del arzobispo de Guatemala que vinó para retomar el control de un clero guatemalteco en estado de rebelión casi abierto». Archivado desde el original el 22 de julio de 2017.
  5. Hernández de León, Federico (1930). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central 3. Sánchez y de Guise.
  6. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.
  7. Bascome Jones, J.; Scoullar, William T.; Soto Hall, Máximo (1915). El Libro azul de Guatemala. Searcy & Pfaff. «Relato é historia sobre la vida de las personas más prominentes; historia condensada de la república; artículos especiales sobre el comercio, agricultura y riqueza mineral, basado sobre las estadísticas oficiales».
  8. Diario de Centro América (enero-junio de 1918). «Efectos del desastre en Guatemala». Diario de Centro América (Guatemala: Tipografía La Unión).

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13 de agosto de 1783: empieza construcción de la Catedral de la Nueva Guatemala

Se inicia oficialmente la construcción de la Catedral de la Nueva Guatemala de la Asunción

13agosto1783
Daguerrotipo de aproximadamente 1860 que muestra la Catedral de Guatemala cuando todavía no tenia sus campanarios.  En el recuadro:  los planos aprobados por el rey de España. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Si bien el capitán general Martín de Mayorga ordenó el traslado de la arruinada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1776, no fue sino hasta principios de la década de 1780 que las autoridades del clero secular finalmente se trasladaron, y eso porque el arzobispo Pedro Cortés y Larraz finalmente se dió por vencido y salió de Guatemala cuando llegó su sucesor, Cayetano de Francos y Monroy en 1778 ya cansado de varios años de amargas disputas con las autoridades civiles.1,2

Mayorga promovió el traslado, pero no la reconstrucción y de hecho se fue a México como Virrey dejando la nueva ciudad, que en ese entonces constaba con muy pocas edificaciones, en manos de su sucesor, Matías de Galvez.2,3

Los edificios fueron surgiendo muy lentamente.  De hecho, las ya muy debilitadas órdenes regulares tuvieron que recurrir a extraer todo el material que pudieron de sus anteriormente lujosos conventos para poder construir los nuevos, y luego se vieron en la obligación de rematar sus antiguas propiedades en la Antigua para sufragar los gastos de construcción.  Por su parte, las autoridades seculars emprendieron la construcción de la Catedral luego de que Cortés y Larraz huyera, consiguiendo el permiso real para construir el edificio el 6 de noviembre de 1779.  De esta forma, la construcción cual se inició el 13 de agosto de 1783 y no se concluyó sino hasta en 1815, aunque sin las torres de sus campanarios y sin algunas puertas.3,4

El hecho de que la ciudad apenas estuviera resurgiendo después de su nefasto traslado, hizo que la Nueva Guatemala de la Asunción no tuviera la fortaleza ni los recursos requeridos para ser la capital de la República Federal de Centro América, y por ello tras una prolongada Guerra civil, la capital se trasladó a San Salvador después de la invasión de Francisco Morazán a Guatemala en 1829.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 116-118.
  2. Belaubre, Christophe (2013). «Francos y Monroy, Cayetano: Aspectos de la vida del arzobispo de Guatemala que vino para retomar el control de un clero guatemalteco en estado de rebelión casi abierto». Archivado desde el original el 22 de julio de 2017.
  3. Juarros, Domingo (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  4. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.

26 de mayo de 1774: epidemia de tifo tras terremotos de Santa Marta

Lenta reacción de autoridades coloniales tras terremotos de Santa Marta, resulta en gran mortandad por epidemia de tifo

26mayo1774
Ruinas de la Iglesia de La Recolección, tal como quedaron tras los terremotos de Santa Marta y el saqueo realizado por los mismo sacerdotes para construir el nuevo templo en la Nueva Guatemala de la Asunción.  Las ruinas fueron destruidas aún más por los terremotos de 1874 y 1917-18.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La recuperación de los poblados luego de los desastres naturales siempre ha sido problemática para las autoridades de turno; pero ha dependido de la firmeza del gobierno mantenerse en el poder a pesar de la lentitud de su respuesta al desastre.

Durante el siglo XVIII, cuando ocurrieron los terremotos de Santa Marta, el poder del Capitán General era indiscutible, mientras que el de las otrora poderosas órdenes regulares y del arzobispo (líder del clero secular) se habían debilitado considerablemente.  De esta cuenta, cuando el Capitán General Martín de Mayorga se hizo cargo de la recuperación de la ciudad y sus resultados no fueron los esperados, no hubo quien se atreviera a hacer críticas al respecto, más que el debilitado arzobispo Pedro Cortés y Larraz.1

El caos se apoderó de la ciudad tras los terremotos, y una epidemia de tifo exantemático provocó más muertes entre la población mestiza e indígena que los propios movimientos telúricos. Para combatir la peste, Mayorga, Cortés y Larraz, los miembros del Ayuntamiento y el puñado de médicos que había en la ciudad unieron esfuerzos y colaboraron tan armoniosamente como pudieron.​ La epidemia empezó cuando los pobladores pobres retornaron a la ciudad, luego de que habían emigrado a las montañas que la rodeaban huyendo de los sismos, en donde tuvieron que subsistir en condiciones sanitarias pésimas durante largo tiempo. Ante esta situación, Mayorga estableció una «Junta de Salud Pública» para que elaborara el plan para erradicar la epidemia, pero esto no ocurrió de inmediato, porque el plan original no había sido aproblado.  Y es que, originalmente, los miembros del Ayuntamiento criollo habían requirido los servicios del doctor Avalos y Porres -entonces octogenario y catedrático de la Cátedra Prima de Medicina– para que elaborara un plan para contrarrestar los efectos del tifo, el cual fue revisado por otros doctores de la ciudad y finalmente enviado a Mayorga, quien no lo aprobó por considerarlo muy precipitado y poco prudente.2, Nota a

En realidad, Mayorga no aprobó el plan propuesto por Avalos y Porres porque dicho plan estaba influenciado por las creencias y prejuicios de la época; he aquí un extracto de lo que decía el venerable medico: «el tifo se debe a las influencias de los astros, que deslíen vitriolo en las aguas y hacen humo todas las materias metálicas, las cuales, libres en la atmósfera, envenenan y coagulan la sangre. El tratamiento debe hacerse con medicamentos que disuelvan los humores viscosos y no puede ser igual para indios y nobles, pues es conocida la resistencia que oponen los aborígenes a toda terapéutica nueva«.​2

Por su parte, el arzobispo Pedro Cortés y Larraz no abandonó a sus feligreses y visitó en persona los lugares infectados.  Como había hecho una meticulosa visita de su diócesis entre 1768 y 1770, el arzobispo​ dedujo las causas de la peste y rápidamente propuso un plan preventivo que era sumamente avanzado para su época;​ además, por no haber estudiado medicina en la Universidad, no estaba influido por las ideas erróneas de su tiempo. Por sus conocimientos de la región determinó que la peste se había originado en el occidente de Guatemala y que la habían llevado a la ciudad los pobladores pobres que habían emigrado precipitadamente tras los terremotos de julio.3

Ya con el lugar de origen identificado, Cortés y Larraz investigó por qué se estaba propagando con tanta rapidez -al punto de provocar hasta cien muertes diarias- y encontró que esto ocurría por las pésimas condiciones sanitarias de los hospitales improvisados, en donde los pacientes eran amontonados y comían en los mismos platos. Recomendó entonces que se construyeran galeras de aislamiento y que se mejorara la alimentación de los pacientes.​ El plan del arzobispo era simple y efectivo, pero se topó con la burocracia colonial y pasaron varios meses antes de que se pudiera implementar debidamente.​3

Tras muchas deliberaciones, y ya cuando la peste iba mermando, el cirujano Alonso de Carriolla emitió un dictamen que resume lo aprendido por los médicos de la ciudad en esos días:​3

Medidas preventivas para evitar la peste de tifo

      1. Buscar los lugares donde el aire corra con más liberatad, y si fuese posible, huir de los lugares contagiados.
      2. Que las habitaciones miren al Norte o al Oriente, a no ser que haya cementerio.
      3. Huir de lugares cenagosos y cerrados.
      4. Que se mantenga fuego en las casas.
      5. Que se enciendan grandes fuegos en las plazas de la ciudad.
      6. Que se eviten los concursos de gentes
      7. Que se rieguen las habitaciones con vinagre
      8. Que se huya de la inmoderada bebida de licores, en particular de los que fácilmente se corrompen o fermentan
      9. Que se modere la cantidad de alimentos
      10. Que las pasiones violentas se moderen
      11. Que el acto prolífico se evite todo lo que se pueda, y debe por lo tanto sacarse a las mujeres públicas, desterrándolas
      12. Que se entierren pronto los cadáveres
      13. Que se limpien calles y plazas
      14. Que los vestidos y muebles se quemen o bien se usen después de algun tiempo, ahumándoles con hierbas olorosas
      15. Que se impidan los baños públicos
        • Alonso de Carriola, 26 de mayo de 17743

NOTAS:

    • a: Es importante destacar aquí que solamente había cinco medicos y un puñado de estudiantes de medicina en toda la ciudad en ese entonces.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Cadena, Felipe (1774). Breve descripción de la noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y puntual noticia de su lamentable ruina ocasionada de un violento terremoto el día veintinueve de julio de 1773. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas.
  2. Comisión del presidente de la Real Audiencia de este Reino de Guatemala (1774). Extracto o Relación Methodologógica de los autos de reconocimiento. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas.
  3. Martínez Durán, Carlos (2009). Las Ciencias Médicas en Guatemala, origen y evolución (4.ª edición). Guatemala: Universitaria, Universidad de San Carlos de Guatemala. ISBN 9789993967583.

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4 de abril de 1779: Martín de Mayorga es ascendido a Virrey de México

El capitán general del Reino de Guatemala, Martín de Mayorga, es ascendido a Virrey de México tras la muerte de Antonio María Bucareli y Ursúa.

4abril1779
Retrato oficial de Martín de Mayorga, que se encuentra en la galería de los Virreyes en México. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Capitán General Martín de Mayorga es, junto con su sucesor Matías de Gálvez, el más conocido de los gobernantes de la Capitanía General de Guatemala, por su papel decisivo en el traslado de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala a la Nueva Guatemala de la Asunción luego de que dicha ciudad fuera parcialmente destruida por los terremotos de Santa Marta en 1773.1-3

Mayorga era originario de Barcelona, España y llegó a Guatemala apenas unos meses antes de que ocurrieran los mencionados sismos.  En ese momento, la relación entre la Iglesia Católica y la Corona Española estaba muy tirante, ya que el Rey estaba impulsando una política para separ al Estado del dominio de los clérigos; de hecho, ya se había dado un fuerte golpe al clero regular, cuando la Compañía de Jesús fue expulsada de todos los territorios españoles en 1767.  Por esa razón, y contrario a lo que había ocurrido en los terremotos de 1717 y 1751 que tambien afectaron en gran medida a la ciudad de Santiago de los Caballeros, Mayorga se opuso rotundamente al deseo de los religiosos de permanecer en la arruinada ciudad.  De hecho, forzó a las órdenes regulares a trasladarse lo antes posible y los frailes de las otrora económicamente poderosas órdenes tuvieron que dejar sus palaciegos conventos y mudarse a endebles estructuras de madera en la nueva ciudad.4,5

Solamente el clero secular se opuso al traslado, liderado férreamente por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien comprendiendo que el traslado los debilitaría sobremanera resistió hasta que fue sustituido por Cayetano Francos y Monroy en 1778.4,5

En 1779, Mayorga fue nombrado virrey de Nueva España tras la muerte de Antonio María Bucareli y Ursúa, el 4 de abril. Aunque quería volver a España junto a su mujer y sus hijos, especialmente por sus continuos achaques y su falta de ambición política, no tuvo más remedio que aceptar tan alto nombramiento, que era el máximo de los funcionarios españoles en América. Y, tal y como ocurrió cuando inició su gobierno en Guatemala, su gestión también comenzó con un desastre natural, ya que una epidemia de viruela causó muchas péridas entre la población mexicana.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Artes e Historia México. «Martín de Mayorga, Caballero de la Orden de Alcántara»
  2. Cadena, Felipe (1774). Breve descripción de la noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y puntual noticia de su lamentable ruina ocasionada de un violento terremoto el día veintinueve de julio de 1773. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas.
  3. Instituto nacional de estudios históricos de las revoluciones de México. «Martín de Mayorga».
  4. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D. F.: Universidad Nacional Autónoma de México). Archivado desde el original el 17 de diciembre de 2014.
  5. Moncada Maya, J. Omar (2003). «En torno a la destrucción de la Ciudad de Guatemala, 1773. Una carta del Ingeniero Militar Antonio Marín». Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales (Barcelona: Universidad de Barcelona) VIII (444). ISSN 1138-9796. Archivado desde el original el 23 de junio de 2003.
  6. Orozco, Fernando. Gobernantes de México (2004 edición). Panorama. p. 484. ISBN 9789683802606.

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