19 de noviembre de 1619: se funda la Ermita del Santo Calvario en la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala

Entrada a la Ermita del Santo Calvario a principios del siglo XX.  Imagen de Arnold Genthe tomada en 1916.

La Ermita del Santo Calvario fue fundada el 19 de noviembre de 1618, cuando el alcalde de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, Juan Luis de Pereira recorrió las estaciones del Via Crucis que los Hermanos Terceros de la orden franciscana guardaban desde su templo en la ciudad, y les donó el terreno que se ubica en donde está la estación XII.

Originalmente los franciscanos colocaron una cruz y poco a poco fueron realizando la construcción del nuevo templo católico, la cual estuvo terminada en 1655.  El santo Hermano Pedro de Betancour participó activamente en la edificación de este templo.

Al respecto de la conclusión de las obras, el historiador Pedro Pérez Valenzuela escribió: “Poco le faltaba el año 1654 para terminar la iglesia del Calvario, situada en el final del muy lindo paseo de La Alameda, el cual comenzaba en el puente de Nuestra Señora de los Remedios. Ya estaba construido el atrio con su portada de bóvedas y las tres capillas al levante, para los pasos de la Pasión de Cristo; y se engalanaban de corolas los dos jardincillos formados a los costados del atrio; y frente al cuerpo de la iglesia ya se había levantado sobre cuatro airosas columnas la bóveda donde se pondría a la veneración el Crucificado”.​

El templo original fue derrumbado por los terremotos de San Miguel en 1717 pero fue rápidamente reparado gracias a la ayuda económica del Capitán General Francisco Rodríguez de Rivas. El templo reconstruido fue abierto al culto el 11 de febrero de 1720.​

El ingeniero y teniente coronel Antonio Marín halló a la ermita «desplomada y cuarteada, amenazando ruina» luego del terremoto de Santa Marta en 1773, y con los temblores de diciembre de 1773, se terminó de caer parte de la media naranja en que estaba el patio de la crucifixión.​

Marín también reportó los daños siguientes:

  • Se hizo pelo en la clave del arco del camarín nuevo
  • Se arruinó el pasadizo al púlpito
  • Aparecieron varias rajaduras horizontales, habiéndose caído una bóveda en el campanario, una bóveda

La iglesia fue nuevamente reconstruida y se mantuvo abierta al culto pero convertida en parroquia, a pesar del traslado de la capital a la Nueva Guatemala de la Asunción.  Los franciscanos, al igual que las otras órdenes regulares fueron obligados a trasladarse en 1776, pero el clero secular dirigido por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se resitió a dicho traslado y permaneció en la destruida ciudad hasta que fue obligado a renunciar cuando arribó su sucesor, el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy.  El nuevo arzobispo permitió a las parroquias que estaban en Antigua Guatemala a seguir abiertas al culto pero trasladó la Catedral a la nueva ciudad.

BIBLIOGRAFIA:

 

  • Gómez Carrillo, Agustín (1886). Estudio histórico de la América Central (3.ª edición). Madrid, España: Imprenta de Hernando. p. 240. 
  • González Bustillo, Juan (1968) [1774]. «Razón particular de los templos, casas de comunidades, de edificios públicos». En Julio García Díaz. Destrucción y traslado de la ciudad de Santiago de Guatemala. Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala. 
  • Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Tomo I. Guatemala: Ignacio Beteta. 
  • — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta. 
  • López, Santiago Sebastián (1985). «Arte iberoamericano desde la colonización a la independencia». Summa Artis. XXIX: El arte iberoamericano del siglo xviii: El barroco tardío. Madrid: Espasa Calpe. 
  • Pardo, José Joaquín; Zamora Castellanos, Pedro; Luján Muñoz, Luis (1969). Guía de la Antigua Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Editorial José de Pineda Ibarra. 
  • Pérez Valenzuela, Pedro (1967). «Le avisaba el corazón». Canturías a Santiago (Crónicas). Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra.

 

4 de octubre de 1716: parte para las Filipinas el hasta entonces presidente de la Real Audiencia de Guatemala, Toribio José de Cosío y Campo

Plaza Central de Antigua Guatemala vista desde el Palacio del Ayuntamiento en 1875.  Obsérvese que el flanco izquierdo del frontispicio del Palacio de los Capitanes Generales no estaba reconstruido todavía.  Fotografía de Eadweard Muybridge.

La historia de la Capitanía General de Guatemala está entremezclada con la de la Real Audiencia de Guatemala y la del Reino de Guatemala, pues es frecuente encontrar a la región centroamericana denominada de una de las tres formas en los libros de historia.  En realidad, la Capitanía General se refería la administración pública, mientras que la Real Audiencia era la encargada de la administración de justicia.  En muchas ocasiones, el presidente de la Real Audiencia y el Capitán General eran la misma persona, pero no ocurrió así en todos los casos.   En cuanto al topónimo “Reino de Guatemala”, éste se utilizaba en documentos oficiales para referirse a la Capitanía General.

El 4 de octubre de 1716 terminó la gestión del presidente de la Real Audiencia, Toribio José de Cosío y Campo, quien había arribado a la region el 30 de Agosto de 1706, para hacerse cargo de la Real Audiencia debido al fallecimiento de su predecesor, el presbítero y doctor Alonso de Ceballos y Villagutierre, quien solamente había estado en el cargo por un año cuando le sobrevino la muerte.  (Aquello no era del todo extraño para la época, pues muchos de los oficiales españoles enviados a Centroamérica contraían malaria en el camino desde el Puerto de Omoa en Honduras hasta la ciudad de Guatemala, y los que no perdían la razón, fallecían sin remedio).

Durante su gobierno se sublevó la provincia de Tzendales en Chiapas, por lo que tuvo que trasladarse hasta allí para restablecer la paz y en premio a su labor, la corona española le otorgó el título de Marqués de Torre-Campo y el puesto de gobernador de Filipinas a donde se trasladó en 1716.  En su lugar llegó Francisco Rodríguez de Rivas, maestre de campo de los Reales Ejércitos, y quien estaba al frente del gobierno cuando ocurrieron los terremotos de San Miguel en 1717, los cuales destruyeron la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala a tal punto que hubo una propuesta formal por parte del arzobispo, jefe del clero secular, para que se trasladara la ciudad a una nueva ubicación.

Rodríguez de Rivas se opuso al traslado e incluso donó de su propio peculio para que la ciudad fuera reconstruida, en especial el oratorio de San Felipe Neri y la parroquia de El Calvario, hechos por los que fue reconocido por la Corona.

BIBLIOGRAFIA:

29 de septiembre de 1717: el terremoto de San Miguel destruye a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala

Ruinas abandonadas del convent de Capuchinas en 1910.  Nótese que las ruinas eran utilizadas para siembras de maiz por personas de escasos recursos que vivían allí. La ciudad no fue declarada como monumento nacional sino hasta en 1944, por el gobierno del general Ubico. Imagen del fotógrafo japonés Juan José de Jesús Yas, tomada de Wikimedia Commons.

Los terremotos más fuertes que vivió la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala (hoy Antigua Guatemala) antes de su traslado definitivo en 1776 fueron los terremotos de San Miguel en 1717. En esa época, el dominio de la Iglesia católica sobre los vasallos de la corona española era absoluto y esto hacía que cualquier desastre natural fuera considerado como un castigo divino. Además, los habitantes de la ciudad también creían que la cercanía de los volcanes y las montañas que rodeaban a la ciudad, en especial el Volcán de Fuego, era la causa de los terremotos (de hecho, el arquitecto mayor Diego de Porres llegó a afimar que los terremotos eran causado por las reventazones del volcán).

Todo se inició en la noche del 27 de agosto cuando hubo una erupción muy fuerte del Volcán de Fuego, que se extendió hasta el 29 de agosto y cuyos retumbos atemorizaron a los pobladores de la ciudad, quienes pidieron auxilio al Santo Cristo de la Catedral Primada de Santiago (hoy parroquia de San José Catedral) y a la Virgen del Socorro (que eran los patronos jurados contra el fuego del volcán) por medio de procesiones, rogativas y novenas.​ El 29 de agosto salió la Virgen del Rosario en procesión después de un siglo sin salir y hubo muchas más procesiones de santos hasta el día 29 de septiembre, día de San Miguel.

Ese día, ocurrieron sismos leves durante la tarde, pero a eso de las 7 de la noche se produjo un fuerte temblor que obligó a los vecinos a salir de sus casas y dañó a la mayoría de las estructuras de la ciudad.​ Los temblores y retumbos siguieron hasta la cuatro de la mañana y los vecinos salieron a la calle y a gritos confesaban sus pecados, pensando lo peor.​ Además de los daños ocasionados por los sismos, el río Pensativo se desbordó pues su cauce quedó obstruido por los escombros de los edificios y con material que cayó por la erupción, lo que provocó una seria inundación en la ciudad.

Los terremotos de San Miguel dañaron la ciudad considerablemente, y hubo un abandono parcial de la ciudad, escasez de alimentos, falta de mano de obra y muchos daños en las construcciones, además de numerosos muertos y heridos.

Como en ese entonces las principales órdenes regulares de la Iglesia Católica (es decir: jesuitas, franciscanos, dominicos y mercedarios) controlaban a las autoridades civiles, el propio capitán general Francisco Rodríguez de Rivas (que gobernó de 1717 a 1724) donó de sus propios fondos para reconstruir el oratorio de San Felipe Neri y la parroquia de El Calvario.  Por su parte, los daños en el Palacio de los Capitanes Generales fueron reparados por Diego de Porres, quien los terminó en 1736.​

El intento de traslado originó un conflicto entre las autoridades reales y el clero secular, ambos entonces con un gran poder sobre la ciudadanía: el obispo Juan Bautista Alvarez de Toledo era partiradio del traslado y el presidente de la Audiencia, Francisco Rodríguez de Rivas y las órdenes regulares se oponían al mismo. El obispo pretendía que el rey lo nombrara presidente de la Audiencia, pero no lo consiguió, pues por real cédula se agradeció al presidente Rodríguez su labor en la reconstrucción de la ciudad, y no se autorizó el traslado de la misma.  (Curiosamente, luego del terremoto de Santa Marta de 1773, las posiciones fueron contrarias el Capitan General apoyó el traslado y el arzobispo se opuso al mismo).  Al final, la ciudad no se movió de ubicación, pero el número de elementos en el Batallón de Dragones para resguardar el orden fue incrementado considerablemente.

Posterior a los sismos que se dieron después de los terremotos de Santa Marta de 1773, en 1776, la Corona española finalmente ordenó que la capital se trasladase a otro sitio, al Valle de la Ermita, donde la actual Ciudad de Guatemala permanece hasta hoy.

BIBLIOGRAFIA:

16 de septiembre de 1896: el gobierno del general presidente José María Reina Barrios inaugura el nuevo edificio del Registro de la Propiedad Inmueble, hoy convertido en Museo Nacional de Historia

registropropiedad1896

El 16 de septiembre de 1896 fue inaugurado el edificio del Registro de la Propiedad​ de la Ciudad de Guatemala— obra del arquitecto José de Bustamante. La institución del Registro es una de las reformas implantadas por la legislación civil guatemalteca de 1877. En la Ciudad de Guatemala de 1896 había un promedio mensual de novecientas inscripciones que incluían enajenaciones de fincas rústicas, enajenaciones de fincas urbanas, hipotecas sobre fincas rústicas, hipotecas sobre fincas urbanas y cancelaciones hipotecarias.

Tiene una planta de setecientos cuarenta y dos metros cuadrados y una altura de catorce metros, con dos plantas y una bóveda para el archivo; es de estilo renacimiento francés y costó doscientos mil pesos guatemaltecos. Está fabricado de ladrillo y hierro y decorado con cemento y mármol y contiene veintidós piezas para oficinas y un sótano que está protegido por rejas y tela metálica.

Fue uno de los pocos edificios construidos por el gobierno del general José María Reina Barrios que sobrevivieron el terremoto de 1917-18.  Posteriormente fue convertido en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

Reina Barrios gobernó durante el período económico más próspero de los regímenes liberales, y aprovechó la bonanza para realizar obras de infraestructura majestuosas, que incluyeron el Palacio de Gobierno, el Pabellón de la Exposición Centroamericana, el Museo de la Avenida de la Reforma, los cuales fueron destruidos por los mencionados terremotos.  El presidente general José María Reina Barrios también había contratado al arquitecto José de Bustamante, para la construcción del Palacio Presidencial o Casa Presidencial. El contrato se aprobó el 8 de febrero de 1895, tres años exactamente antes del asesinato del Presidente, y el edificio se construyó en el predio que ocupaba la huerta ubicada, en el ala suroeste del antiguo Palacio Colonial sobre la 8ª Calle con un costo aproximado de cuatrocientos mil pesos. La obra dio inicio el 1 de enero de 1895 y se inauguró el 24 de diciembre de 1896. Fue la sede de gobierno de Reina Barrios y de su sucesor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera hasta que fue destruido por los terremotos.

BIBLIOGRAFIA:

10 de septiembre de 1541: la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala es destruida por un alud que baja del Volcán de Agua

Portada del document que describe la destrucción de la ciudad de Santiago de los Caballeros, hoy Ciudad Vieja. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El historiador eclesiástico Domingo Juarros describe que la recién fundada ciudad de Santiago de los Caballeros no pudo prosperar porque a los catorce años de fundada fue arruinada por “un formidable torrente de agua que bajó del Volcán de Agua la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541; el torrento trajo consigo grandes rocas que destruyeron una parte de los edificios y maltrataron al resto”. El deslave se produjo a raíz de un un terremoto, el que a su vez era consecuencia de la actividad volcánica del Volcán de Fuego.

La ciudad quedó destruida y los sobrevivientes a la deriva, pues la gobernadora Beatriz de la Cueva había muerto en el desastre, que ocurrió poco después de que muriera su esposo, el Adelantado Pedro de Alvarado y ella fuera nombrada gobernadora por el noble Ayuntamiento.  Como ella había guardado luto riguroso, muchos vecinos estaban indignados y creyeron que había sido culpa suya el deslave que asoló la naciente ciudad.  El recién nombrado Obispo Marroquín tuvo que recurrir a todo su prestigio para evitar que los vecinos arrojaran el cadaver de la Sin Ventura a los perros.

Los pobladores pidieron entonces a Francisco de la Cueva que pusiera a disposición la vara de Adelantado de su difunta hermana y celebró cabildo el 17 y 18 de septiembre, resultando seleccionados el obispo Francisco Marroquín y el propio Francisco de la Cueva como gobernadores interinos. Los vecinos también quisieron tratar el punto del traslado del poblado a un área alejada del volcán de Agua, pero no pudieron porque la sesión —que se celebraba en la catedral del pueblo— fue interrumpido por varios temblores que hicieron que los presentes huyeran.

El 27 de septiembre se eligió una comisión de dos alcaldes y once ciudadanos para que inspeccionaron el área y recomendaran un nuevo lugar para trasladar allí la ciudad, y a los dos días retornaron y asegurando que el sitio idóneo era el Valle de Tianguecillo, a donde ordenó el cabildo que se mudaran los pobladores. Pero, antes de que se realizara el traslado, arribó el ingeniero Juan Bautista Antonelli, constructor de ciudades y villas, quien recomendó que la ciudad fuera trasladada al Valle de Panchoy —o Valle del Tuerto—, porque “en él se aparta el peligro de los volcanes, que nunca podrán inundarla, está resguardada del Norte, con los cerros que la rodean; tiene abundancia de aguas, que naciendo muy altas corren por este valle sobre la faz de la tierra, y se pueden encañar y llevar fácilmente a todas partes; que dicho terreno es llano, y por esto cómodo para la formación de las plazas, calles y casas; y tan dilatado, que por mucho aumento que tome la Ciudad, tendrá suelo donde extenderse, hasta ocho, o nueve leguas de circunvalación. [Además], que dicho sitio en todos tiempos está bañado de Sol, y es tan fértil, que todo el año se ve cubierto de hierba, y por esta parte es bueno para apacentar bestias y ganados. [Finalmente], en sus inmediaciones hay gran proporción para fabricar tejas, ladrillo y adobes, que en los cerros que rodean el valle se encuentran canateras a distancia de dos o tres millas; y no lejos se halla la cal y el yeso”.

En 1895, Anne Cary Maudslay y su esposo, el arqueólogo Alfred Percival Maudslay visitaron el área de Antigua Guatemala como parte de su viaje a través de los monumentos mayas y coloniales de Guatemala, y para escalar el Volcán de Agua; en su libro “A glimpse at Guatemala”  explican que el agua del cráter del volcán no pudo haber destruido la vieja ciudad de Santiago: “La causa de esta catástrofe es generalmente atribuida al rompimiento de uno de los bordes de un lago que se habría formado en el cráter del extinto volcán; pero examinando el cráter, se advierte que esta no es una explicación probable, pues se observa que la apertura que tiene está en la dirección opuesta, y por lo tanto el agua que hubiese salido de allí no habría podido afectar al poblado. Es más, no hay evidencia alguna que muestre que la porción inferior del cráter —que todavía está intacto— haya albergado grandes cantidades de agua. De hecho, lo más probable es que se haya acumulado agua en esos tormentosos días en una obstrucción temporal de las profundas ranuras que hay en las pendientes de esta gran montaña, y posteriormente, un deslizamiento de tierra hay provocado el daño sin que hubiese ninguna erupción ni ninguna apración sobrenatural, como las reportadas por los cronistas de la época”.

Los primeros pobladores creyeron en las palabras del ingeniero Antonelli, y vivieron dos siglos más con la zozobra de las erupciones del volcán de Fuego y las inundaciones provocadas por el crecimiento del río Pensativo, pero eso sí, estuvieron a salvo de posibles deslaves provenientes del volcán de Agua, los cuales no han vuelto a ocurrir.

BIBLIOGRAFIA:​

3 de septiembre de 1874: fuerte terremoto destruye el poblado de Parramos y echa por tierra varios edificios de Antigua Guatemala que habían sobrevivido el terremoto de Santa Marta

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Ruinas de la Iglesia de la Congreación de Cristo Crucificado de Propaganda Fide (La Recolección) en 1840 y en 1875.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los conquistadores y colonos españoles quedaron maravillados por la topografía de Guatemala, y decidieron construir sus principales ciudades al pie de enormes volcanes sin medir las consecuencias.  Como resultado, la capital del Reino de Guatemala, Santiago de los Caballeros, fue destruida por deslaves, y varios terremotos, además de ser periódicamente afectada por inundaciones provocadas por el aumento del caudal del río Pensativo.

Luego de ser finalmente abandonada en 1778 después de los terremotos de Santa Marta de 1773 y la subsiguiente epidemia de tifo, la otrora majestuosa ciudad fue presa de la rapiña y abandono y se convirtió en una simple villa con escasos habitantes.   A pesar de ello, sus magníficos edificios todavía tenían vestigios de lo que alguna vez fueron.

Pero el 3 de septiembre de 1874, muchos de ellos fueron arruinados completamente por lo que el periódico estadounidense The New York Times, el terremoto más devastador de los que se registraron en ese año en todo el mundo.​ No solamente se destruyó lo que quedaba de los edificios en Antigua Guatemala, sino que borró del mapa los poblados de Parramos y de San Miguel Dueñas,​ e incluso hubo bandas de forajidos armados con cuchillos y otras armas punzocortantes que intentaron asaltar a los damnificados y robarles lo poco que les quedaba; afortunadamente.  Eran los tiempos del gobierno de J. Rufino Barrios, y las bandas fueron capturadas por la policía del gobierno y ejecutadas sumariamente.

Los sismos se iniciaron en agosto, pero nadie les puso atención pues la población estaba acostumbrada a que temblara con cierta frecuencia; es más, no impidieron que se celebrara una gran gala en honor al enlace matrimonial del presidente Barrios con su joven esposa, Francisca Aparicio.

Los poblados afectados aparte de Antigua Guatemala, Dueñas, Parramos y Patzicía, fueron Jocotenango, San Pedro Sacatepéquez, Ciudad Vieja y Amatitlán.  De hecho, hubo ciento dieciséis muertos y ochenta y cinco heridos en Patzicía, que fue el epicentro del terremoto.​ Por su parte, en Parramos se reportaron cerca de doscientos fallecidos, ya que dos ríos que bajan de los volcanes cercanos se salieron de sus causes y arrastraron veinte chozas que estaban a las orillas de los mismos, matando a veinte de sus ocupantes.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

19 de agosto de 1919: el presidente en funciones de los Estados Unidos Joseph Patrick Tumulty emite un comunicado indicando que los Estados Unidos no permitarán una cuarta reelección del licenciado Manuel Estrada Cabrera

El tiempo se ha cumplido para el president Estrada Cabrera.  Obra pictórica que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El caso de la familia Bitkov que fue utilizado en 2018 para atacar la gestión de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala tiene por lo menos un antecedente en la historia guatemalteca:  la persecución del Obispo de Faselli, José Piñol y Batres por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.  Este episodio está documentado con todo detalle en la segunda parte del libro “¡Ecce Pericles”!” de Rafael Arévalo Martinez (llamada “Cantar de Gesta“) pero omitiendo algunos detalles muy importantes para que el lector comprenda el verdadero significado de los hechos.

A pesar de que Arévalo Martínez puso una nota al principio de su obra indicando que fue lo más imparcial posible, la verdad es que el libro es un documento sesgado hacia los miembros del partido conservador, en especial a la familia Aycinena.  Y es por esto que Arevalo Martínez no menciona lo siguiente:

  1. El Obispo Piñol y Batres era descendiente directo de la familia Aycinena.  Debe recordarse que los principales colaboradores del gobierno conservador de Rafael Carrera fueron Juan José de Aycinena y Piñol (Obispo de Trajanópolis, marqués de Aycinena, rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos) y Pedro de Aycinena y Piñol (Ministro de Relaciones Exteriores).
  2. Entre quienes colaboraron para proteger al Obispo de Faselli de la persecusión de Estrada Cabrera estaba la familia de Manuel Cobos Batres, descendiente de José Batres Juarros, quien era primo de los Aycinena, además del más importante legislador conservador   Como cosa curiosa, Batres Juarros estaba casado con Adela Garcia Granados y Zavala, quien era hermana del líder liberal Miguel Garcia Granados.

He aquí lo que ocurrió:

El presbítero y doctor José Piñol y Batres, fue electo obispo de Granada en 1913, pero renunció a esa prelatura y entonces obtuvo el título de obispo de Faselli.​ Con el apoyo del su primo, Manuel Cobos Batres, pronunció nueve incendiarias conferencias en el templo de San Francisco durante el mes de mayo de 1919.​ Cobos Batres, por su parte, era un líder conservador, que acababa de retornar a Guatemala luego de concluir sus estudios en el extranjero y vio en el sometimiento social guatemalteco imperante la oportunidad para que su partido recuperara el poder, que había perdido en 1871.​

En la segunda conferencia, Piñol y Batres habló del pésimo estado de la educación, lo cual fue una fuerte crítica al Gobierno que se vanagloriaba de atender a la «juventud estudiosa» y hasta celebraba anualmente las “Fiestas Minervalias” en honor a los estudiantes.  En la cuarta conferencia, que versó sobre la libertad, indicó que los guatemaltecos no siempre podían entrar y salir del país, ni tampoco negociar con los propios bienes.  Además, no se podían hacer valer los derechos personales ante los tribunales, disponer del trabajo personal, elegir sin coacción a sus gobernantes ni emitir libremente el pensamiento.​ Fue a partir de esta conferencia que quienes lo escuchaban empezaron a perder el miedo a los agentes de la policía secreta del presidente.

Para la sexta conferencia, el Obispo alborotó el ánimo de sus oyentes cuando acusó a los administradores de rentas internas de corrupción y dejó claro que después de año y medio de los terremotos de 1917-18 que habían destruido la Ciudad de Guatemala, esta seguía en ruinas y no se había rendido ningún informe de los subsidios donados por Gobiernos extranjeros; además acusó a los aduladores del presidente de ser responsables de haberlo corrompido.  Después de la séptima conferencia, la policía secreta empezó a perseguir al Obispo, aunque pudo terminar las nueve.

Estrada Cabrera estaba muy molesto con las primeras críticas abiertas que recibía en mucho tiempo y decidió sancionar al Obispo.  El prelado fue llevado a la cárcel de Escuintla, pero, cuando los guardias del penal se arrodillaron ante él, las autoridades se dieron cuenta de que no podrían retenerlo en prisión por su alta posición en la jerarquía eclesiástica. Entonces Estrada Cabrera recurrió al arzobispo metropolitano, Julio Ramón Riveiro y Jacinto, O.P., quien había sido nombrado a la mitra guatemalteca tras la muerte de Ricardo Casanova y Estrada en 1913 gracias a las influencias del presidente para que encerrara al al obispo conservador en prisión domiciliaria en el Palacio Arzobispal; además se dió orden ​ de que quienes se atrevieran a visitarlo en dicho palacio, quedarían en prisión.

Al cumplirse tales órdenes, muchas damas y niños de las familias conservadoras dela familia Aycinena fueron hechos prisioneros, haciendo que los hombres no se animaran a visitar al Obispo.  Ante esa situación los conservadores guatemaltecos lograron que las autoridades eclesiásticas de varias partes del mundo solicitaran al presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson que sancionara al Gobierno de Estrada Cabrera por la prisión del obispo. Como consecuencia, el secretario privado de Wilson, Joseph Patrick Tumulty (quien gobernaba de hecho en Estados Unidos porque Wilson ya sufría de parálisis para entonces) emitió un comunicado el 19 de agosto de 1919 en que aseguraba que el Gobierno de los Estados Unidos no permitiría una nueva reelección del presidente guatemalteco.  En realidad, utilizando el pretexto del maltrato al obispo, el Gobierno estadounidense castigaba a Estrada Cabrera por no haber conseguido formar la República Suroriental en 1914 absorbiendo territorio de mexicano aprovechando la revolución de ese país.

El presidente guatemalteco no se preocupó mucho por la sanción norteamericana, ya que su período constitucional finalizaba en 1923, mientras que el de Wilson lo hacía en 1921 y con respecto al nuevo presidente, bastaba con hacer lo que siempre hacía: contribuir con un millón de dólares a la campaña del candidato republicano y con un monto igual a la del demócrata.  ​ Eso sí, dejó en libertad al obispo para evitar polémicas mayores el 21 de agosto de 1919; este salió de su prisión domiciliaria en el Palacio Arzobispal directamente hacia el exilio a los Estados Unidos.

BIBLIOGRAFIA: