17 de noviembre de 1917: con un sismo que destruye el poblado de Amatitlán se inicia el enjambre sísmico que culmina con los terremotos de 1917-18

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Imágenes de edificios destruidos en la Ciudad de Guatemala tras los terremotos de 1917-18.  Tomadas de Wikimedia Commons.

Los pobladores de la Nueva Guatemala de la Asunción vivieron durante casi ciento cuarenta años con la falsa creencia de que el valle en donde se asentaba la capital del país era inmune a terremotos cataclísmicos como los que asolaron a la ciudad de Santiago de los Caballeros.  Esta creencia errada hizo que muchos edificios y casas se construyeran sin protección sísmica, incluyendo muchas de las edificaciones que hizo el gobierno del general José María Reina Barrios entre 1892 y 1898. Aunque sí se habían sentido fuertes temblores en la ciudad, como el 23 de abril de 1830 o el que destruyó a Quetzaltenango en 1902, no hubo mayores daños en la ciudad y eso reforzó la creencia de que la construcción con refuerzo antisísmico no era necesaria en la ciudad.

En 1916 un enjambre sísmico se desató en la ciudad, y aunque al principio causó alarma entre la población, lo continuo de los temblores hizo que los habitantes se acostumbraran a los mismos.   Y así, cuando un nuevo enjambre sísmico empezó el 17 de noviembre de 1917 con su epicentro en el área del lago de Amatitlán, los habitantes de la ciudad no se preocuparon demasiado al respecto, a pesar de que gran parte del poblado de Amatitlán se derrumbó y se produjeron entre diez a treinta temblores diarios.

Fue el día de Navidad de 1917 que la historia de la ciudad cambió: se produjo el primero de los cataclísmicos terremotos conocidos como “de 1917-18”, los cuales se extendieron hasta mayo de 1918 y derrumbaron a la mayoría de edificios públicos y religiosos, así como una gran cantidad de residencias.  Aquel fue el final de la “Tacita de Plata” (que era como se le conocía a la ciudad en ese entonces) y el inicio de los problemas urbanísticos de que adolece la capital guatemalteca.


BIBLIOGRAFIA:


18 de septiembre de 1827: se produce una fuerte erupción del volcán Atitlan, seguida de varios sismos

 

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Lago y volcán de Atitlan, aparecidos en una fotografía de 1897 publicada por Anne Maudslay en su obra “A Glimpse of Guatemala

Reproducimos a continuación lo que relató en 1843 el historiador liberal Alejandro Marure sobre lo ocurrido en el lago de Atitlan el 18 de septiembre de 1827, cuando era jefe de estado de Guatemala Mariano de Aycinena:

“Reventó el volcán Atitlán, situado á las orillas del lago de Panajachel, en el Estado de Guatemala, arrojando una cantidad prodigiosa de mal-pais, arena y cenizas sobre la costa de Suchitepéquez, quedando toda aquella comarca, por más de cincuenta horas, envuelta en profundas tinieblas. Fueron notables los estragos que causó esta erupción, especialmente á causa de los grandes terremotos que la acompañaron. Este mismo fenómeno se repitió á principios de 828, y se ha repetido en años posteriores con
no menor violencia, como está sucediendo en el presente de 1843.

Se deduce de lo referido por Marure que la región del Lago de Atitlan sufrió esporádicamente un enjambre sísmico que se prolongó prácticamente durante todo el gobierno de Dr. Mariano Galvez (1831-1838) y parte del gobierno del licenciado Mariano Rivera Paz (1838-1844).

El volcán Atitlan es el único de los tres que rodean el lago del mismo nombre que ha estado activo en los siglos recientes. Documentos indigenas refieren que estuvo activo alrededor de 1469, mientras que la última erupción de la que se tiene registro data del 3 de junio de 1853, en la que arrojo ceniza que provoco obscurecimiento de la región.


BIBLIOGRAFIA:


25 de agosto de 1927: el gobierno del general Lázaro Chacón forma el barrio “El Gallito” en la Ciudad de Guatemala para ayudar a los damnificados por los terremotos de 1917-18

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Asentamiento formado en el parquet de “San Sebastián” luego de los terremotos de 1917-18.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Varios han sido los gobernantes guatemaltecos cuyos logros y gobiernos han sido borrados o desprestigiados por los historiadores oficiales; los logros de Rafael Carrera, Manuel Lisandro Barillas. Lázaro Chacón y Jacobo Árbenz prácticamente han sido eliminados de los libros de historia y solamente sus errores, reales e inventados, han sido documentados y exagerados en los textos oficiales.

Antes del gobierno arbencista, hubo otro gobierno que se preocupó por mejorar el nivel de vida de las clases medias y bajas de la sociedad guatemalteca y ese fue el del general Lázaro Chacón, quien llegó al poder tras la misteriosa muerte del general José María Orellana en 1926 y luego fue electo presidente venciendo al general Jorge Ubico en los comicios. El gobierno del “presidente bueno“, como le llamaban, es considerado como “incluyente y pluralista” pues hizo un esfuerzo por alfabetizar a la mayoría de la población, (en especial a la indígena), fomentar la educación, y crear y reformar leyes agrarias que favorecieran a los sectores más pobres del país. Por otro lado, también impulsó la creación de bancos.

Una de las razones por las que había sido derrocado el largo gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera fue la pésima respuesta tras los terremotos de 1917-18 que destruyeron la infraestructura de la Ciudad de Guatemala pero que, afortunadamente, solo produjeron un reducido número de víctimas mortales. Dado que el gobierno de Carlos Herrera fue derrocado por un golpe de estado patrocinado por la United Fruit Company y dirigido por Orellana y Ubico apenas un año después del derrocamiento de Estrada Cabrera, hubo retorno al cabrerismo pero sin Estrada Cabrera, lo que se tradujo en que los asentamientos que se habían formado tras los terremotos de 1917-18 siguieron sin atención gubernamental hasta que llegó a la presidencia el general Chacón en 1926.

El gobierno de Chacón decidió formar el barrio obrero “El Gallito” en la parte occidental de la ciudad, que hoy es parte de la zona 3, mediante el acuerdo gubernativo del 25 de agosto de 1927, en donde se dispuso comprar la finca “El Gallito” para lotificarla y distribuirla entre los damnificados por los terremotos. Asimismo, de inmediato se organizó un Comité de Repartición de los lotes.

La adjudicación de las parcelas se hizo por medio de sorteos de 50 lotes y se cedieron tres terrenos: uno para la capilla evangélica, otro para la iglesia católica y otro para el edificio de la cooperativa. Las escrituras de los lotes de “El Gallito” costaron Q200.00 y la madera para la cobstrucciób de las viviendas se obtuvo de los árboles que había la finca. Asimismo, a partir de la emisión del acuerdo del gubernativo del 25 de agosto, se contempló la introducción de 1,500 pajas de agua de “La Verbena“, el 13 de julio de 1928.

Dos años después, ya en medio de la fuerte crisis derivada de la Gran Depresión que afectaba a la economía mundial, el general Lázaro Chacón sufrió un repentino ataque de apoplejía que lo obligó a renunciar al poder el 12 de diciembre de 1930. Esta situación provocó un golpe de estado contra el presidente interino, licenciado Baudilio Palma, el desconocimiento del gobierno de facto del general Manuel María Orellaba por los Estados Unidos y la investidura del licenciado José María Reina Andrade como presidente interino. Gracias a los manejos del embajador de los Estados Unidos y los personeros de la United Fruit Company, el liberal progresista general Jorge Ubico Castañeda fue electo presidente por los grupos liberales y asumió la Presidencia el 14 de febrero de 1931, cuatro meses y medio antes de la fecha que constitucionalmente le correspondía.

Los aduladores del general Ubico se encargaron de borrar al general Chacón de los libros de historia ya que el nuevo presidente no le perdonó que lo hubiera derrotado en las elecciones de 1926.


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13 de junio de 1549: se funda el poblado de San Antonio Suchitepéquez

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Vista de Mazatenango, Suchitepequez en 1875.  Fotografia de Eadweard Muybridge.

Luego de la conquista española, el poblado de San Antonio Suchitepéquez fue fundado oficialmente el 13 de junio de 1549. Tal y como se acostumbraba en esa época, el nombre del poblado consta de dos partes: el nombre del santo católico que se venera el día en que fue fundado (y que era uno de los santos principales de la orden religiosa a la que el poblado había sido otorgado como doctrina) y una descripción con raíz del idioma náhuatl (esto ultimo porque las tropas que invadieron la región en la década de 1520 al mando de Pedro de Alvarado estaban compuestas por alrededor de cien soldados españoles y por varios miles de indígenas tlaxcaltecas y cholultecas). En este caso en particular:

  • San Antonio” proviene de su santo patrono, el franciscano Antonio de Padua
  • Suchitepéquez” se deriva de la voz náhuatl «Xōchitepēke», lo que podría traducirse como “En el Cerro Florido” o «En el Cerro de las Flores“, ya que este vocablo esta formado a su vez por:
    • “Xōchi-“: flor
    • “tepē”: cerro, montaña,  y
    • -“k”: en

Tras la Independencia de Centroamérica, la constitución del Estado de Guatemala promulgada el 11 de octubre de 1825 estableció los circuitos para la administración de justicia en el territorio del Estado y menciona que San Antonio Suchitepéquez era parte del Circuito de Mazatenango en el Distrito N.º11 de Suchitepéquez, junto con el propio Mazatenango, Samayaque, San Lorenzo, Santo Domingo, Retalhuleu, San Gabriel, San Bernardino, Sapotitlán y Santo Tomás.

A partir del 3 de abril de 1838, San Antonio Suchitepéquez fue parte de la región que formó el efímero Estado de Los Altos, el cual fue autorizado por el Congreso de la República Federal de Centro América el 25 de diciembre de ese año forzando a que las autoridades conservadoras que apenas habían retomado el poder en el Estado de Guatemala reorganizaran su territorio en siete departamentos y dos distritos independientes el 12 de septiembre de 1839. La región occidental de Guatemala había mostrado intenciones de obtener mayor autonomía con respecto a las autoridades de la Ciudad de Guatemala desde la época colonial, pues los criollos de la localidad consideraban que los criollos aristócratas capitalinos que tenían el monopolio comercial con España no les daban un trato justo; pero este intento de secesión fue aplastado por el general Rafael Carrera, quien reintegró al Estado de Los Altos al Estado de Guatemala en 1840.

En 1902 el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera publicó la “Demarcación Política de la República“, y en ella se describe así a San Antonio Suchitepéquez: “su cabecera es el pueblo del mismo nombre, a 12 km de Mazatenango, es de clima templado en unas partes y caliente en otras, y los principales cultivos, café, cacao, maíz y frijol. Una parte de la población se dedica a la crianza de ganado. Limita: al Norte, con el departamento de Sololá; al Sur, con el municipio de San José El Idolo; al oriente con el de Estrada Cabrera, y al Occidente, con el de San Bernardino“.

El 6 de agosto de 1942, el poblado fue sacudido por un sismo que se produjo a las 17:37 hora local (23:37 UTC) y tuvo una magnitud de 7.7 en la escala de magnitud de momento (Mw) y 7.9 en la escala de Magnitud de onda superficial (Ms). El epicentro se encontró a lo largo de la costa sur de Guatemala y causó extensos daños en el altiplano central y occidental de Guatemala dejando un saldo de treinta y ocho fallecidos.


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8 de marzo de 1913: fuerte terremoto destruye Cuilapa, la cabecera del departamento de Santa Rosa, y varios pueblos vecinos

El puento sobre el río Los Esclavos, situado cerca del epicentro del terremoto.  No fue afectado por el sismo.  Fotografía de Alberto G. Valdeavellano, tomada en 1897.  Imagen de “La Ilustración del Pacífico

De acuerdo al boletín enviado al presidente Manuel Estrada Cabrera, el 8 de marzo entre las 9 y 10 de la mañana se sintió en Cuilapa un temblor que dejó en completa ruina a esa cabecera departamentos y los puebos vecinos; en las casas se lamentaban hasta quince víctimas pero fue en la Escuela Pública en donde ocurrió la mayor tragedia, pues allí murieron sepultados dos maestros con todos sus alumnos.​ También se derrumbaron los edificios del Cuartel, del Juzgado de Instancia, el de Administración de Rentas y la prisión, quedando los prisioneros sin custodia alguna. El informe también indica que se interrumpió la conexión telegráfica.

Tanto el terremoto inicial como las réplicas destruyeron muchas casas, escuelas e incluso la catedral y la prisión, con una considerable cantidad de víctimas mortales; similar destrucción sufrieron las localidades de Barberena, Cerro Redondo, Llano Grande y El Zapote también sufrieron daños considerables. También fueron dañados seriamente los poblados de Fraijanes, Pueblo Nuevo Viñas, Coatepeque y Jalpatagua.​ En el área del epicentro, el terremoto provocó derrumbes y bloqueo de caminos y carreteras; los vecinos culpaban del terremoto al cerro Los Esclavos, a 4 km de distancia, al punto que creían haber detectado una gran grieta que se veía desde Cuilapa.​ Por su parte, el puente de Los Esclavos, construido durante la época colonial no sufrió daño alguno.

El sismo se sintió en lugares tan remotos como en el municipio de Salamá, departamento de Baja Verapaz y en la ciudad de Guatemala, en donde provocó alarma, pero solamente daños menores en la infraestructura. También se sintió en el departamento de Sololá y en algunos lugares de El Salvador

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4 de marzo de 1751: terremoto de San Casimiro destruye la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala

Templo de la Merced en 1875.  Su robusta reconstrucción realizada después del terremoto de 1751 le permitió soportar los terremotos de 1773, 1874 y 1976.  Fotografía de Eadweard Muybridge.

Los terremotos estuvieron a la orden del día en la vida de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala desde su fundación en el siglo XVI.  De h echo, durante el siglo XVIII sufrió tres terremotos: el de San Miguel den 1717, el de San Casimiro en 1751 y el de Santa Marta en 1773.  La ciudad fue reconstruida cada vez, hasta que por fin en 1773 se decidió trasladarla a otra ubicación aunque por cuestiones políticas más que prácticas.

El 4 de marzo de 1751 ocurrió el terremoto de San Casimiro, el cual dejó a la ciudad en muy mal estado, a pesar de lo cual fue reconstruida con mucho esmero. Entre los daños que relatan los historiadores están los del Palacio de los Capitanes Generales, el cual hubo de ser reconstruido totalmente por el arquitecto mayor Luis Diez de Navarro, a quien las autoridades de la corona española le solicitaron que el edificio se asemejara al edificio de la sede del poder criollo de Guatemala, el Ayuntamiento, y que tuviera un portal de columnas de piedra con cúpulas en cada sector de intercolumnio, además de ser abovedado el techo del conjunto.

El terremoto también dañó completamente el cimborrio de la iglesia de la Compañía de Jesús, obligando a los jesuitas a solicitar la ayuda de los fieles de la comunidad para rehacer el edificio, que nuevamente quedó catalogado como uno de los más hermosos de toda Guatemala.​  De hecho, el 17 de julio de 1753 concluyen las obras de renovación del empedrado del patio del templo de la Compañía de Jesús.

Arreglaron el perímetro de la Plaza Mayor y el nuevo Palacio del Ayuntamiento se terminó de construir entre 1765 y 1768.​ El arquitecto Juan de Dios Estrada estuvo a cargo de la construcción de la Iglesia de La Merced desde 1749 y el templo de estilo ultrabarroco guatemalteco fue inaugurado en 1767 y cuenta con dos torres-campanarios.  La construcción de este edificio le ayudó a soportar los terremotos de Santa Marta de 1773.

Un período de prosperidad comenzó después del terremoto y la ciudad se beneficia de diferentes obras públicas entre las que se encuentran el empedrado de calles y la fabricación de acueductos para traer agua potable. La ciudad quedó magnífica, al punto que cuando estuvo terminada, rivalizaba con la ciudad de México en belleza y elegancia.

El poeta jesuita guatemalteco Rafael Landívar, descendiente del conquistador Bernal Díaz del Castillo, describió los estragos causados por el terremoto de 1751 en el siguiente poema, que escribió en 1765 y que sería publicado junto con su Rusticatio Mexicana tras la expulsión de los jesuitas de las posesiones españolas en 1767.

BIBLIOGRAFIA:

21 de febrero de 1768: arriba a la ciudad de Santiago de los Caballeros don Pedro Cortés y Larraz, tercer arzobispo de Guatemala

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Descripción gráfica de los curatos de San Pedro, Sololá, Panajachel y Atitlan según lo report el arzobispo Pedro Cortés y Larraz en 1770.  Imagen tomada del Archivo General de Indias.

Fue el arzobispo Pedro Cortés y Larraz uno de los que más labor realize durante su trabajo episcopal, recibiendo una arquidiócesis casi en ruinas producto de las rencillas entre las poderosas órdenes regulares de los dominicos y los franciscanos, y de la debilidad en que quedaron las doctrinas de indígenas cuando éstas pasaron de las órdenes regulares a un clero secular muy mal preparado.

Cortés y Larraz emprendió un viaje por toda su arquidiócesis para conocerla de primera mano y dejó para la posteridad una excelente descripción de la vida en el Reino de Guatemala en 1770.  Luego, tras el terremoto de Santa Marta de 1773, organizó al clero secular y rechazó el traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción que ordenó el Capitán General Martín de Mayorga, hasta que fue expulsado de la mitra en 1778.  Y también fue responsible de las únicas medidas sanitarias sensatas tomadas para reducir los nefastos efectos de la epidemia de tifo encemático que se produjo luego del terremoto en la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros.

Cortés y Larraz no quería venir a Guatemala originalmente.  Para que el lector se de una idea de por qué, a continuación reproducimos la narración que hace el historiador Federico Hernández de León de la llegada del arzobispo a su arquidiócesis:

“El prelado había llegado a Guatemala desde la triste y soñolienta Zaragoza en España, de cuya catedral era reverendo canónigo. Por cierto que la noticia de su nombramiento le sonó a escopetazo disparado a mansalva.  Conversaba una tarde otoñal de 1766 con otro de los canónigos zaragozanos, cuando fue llamado violentamente al palacio arzobispal.  Acudió presuroso y allí fue notificado que Su Santidad, como premio a sus virtudes y talentos, lo agraciaba con la mitra guatemalteca.

No tenía muy buena fama la diócesis designada, por las noticias de alborotos y enredos que levantaban los mismos frailes, en sus rivalidades de dominicos y franciscanos, poniéndose de por medio los jesuitos, atizando los rencores de las dos comunidades magnas.  Por esto, a la muerte del arzobispo, doctor don Francisco José de Figueredo y Victoria, un viejecito ciego, de más de ochenta años, fue designado para sustituirlo el doctor don Pedro Marrón, doctoral de Toledo.  Pero el reverendo señor Marrón no aceptó y, de esa cuenta, la pedrada había sido dirigida al señor Cortés y Larraz.

Dejó el señor Cortés y Larraz la quietud beatífica de Zaragoza y se dirigió a México en donde fue consagrado.  Luego enfiló sus pasos a nuestras tierras y el 21 de febrero de 1768 entraba en la capital del reino, bajo el simbólico palio, a lomos de una burra pensativa y escoltado por una larga muchedumbre que le aclamaba a cada paso de la burra.  Salió a recibirlo hasta la puerta del palacio episcopal el señor dean y doctor don Francisco de Palencia, que fuera el encargado de soportar el peso arzobispal, desde la muerte de Figueredo y Victoria, en junio del año 65.  Al llegar el nuevo arzobispo, al lugar de su residencia, levantó en alto la mano con la señal de la cruz, y bendijo a la muchedumbre apiñada a su alrededor.”


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20 de febrero de 1787: se inaugura y bendice la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, en la Nueva Guatemala de la Asunción; conocida coloquialmente como “El Calvario”

El antiguo “Calvario” al final de la Calle Real (hoy sexta Avenida) en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala en 1940.  En la época de la fotografía funcionaba como el Museo Nacional de Historia.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En 1784 se iniciaron los trabajos de construcción de una iglesia definitiva para la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios en la recién fundada ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, específicamente en las faldas del “Cerro del Cielito”, que era el final de la “Calle de los Pasos” (hoy sexta Avenida del Centro Histórico).  En ese entonces, era el límite al sur de la nueva ciudad. La iglesia se inauguró y se bendijo el 20 de febrero de 1787 con el nombre original de “Iglesia de Nuestra Señora De Los Remedios”, aunque la construcción finalizó efectivamente hasta en 1789.

Como la iglesia estaba ubicada en la cima del “Cerro del Cielito”, para poder llegar al atrio principal se construyó una escalinata de cincuenta gradas de treinta centímetros de altura cada una, en un área de ocho por cincuenta metros. Este graderio se iniciaba desde “Calle de la Habana” (hoy 18 calle del Centro Histórico) y su construcción fue costeada por Juan J. González Batres. Por lo difícil del acceso a la iglesia, ésta fue apodada como “El Calvario” por los feligreses.

Tras la Independencia de Centroamérica en 1821, la constitución del Estado de Guatemala promulgada el 11 de octubre de 1825 estableció los circuitos para la administración de justicia en el territorio del Estado; en dicha constitución se menciona que el barrio de Los Remedios, que rodeaba a El Calvario era parte del Circuito Sur-Guatemala, junto con los barrios de la parroquia de Santo Domingo y los poblados de San Pedro Las Huertas, Ciudad Vieja, Guadalupe, Pinula, Arrazola, los Petapas, Mixco, Villa Nueva y Amatitlán.

La estructura resistió muy bien los terremotos de 1917-18, y únicamente perdió uno de sus campanarios, mientras que en su interior solamente se dañaron unas cuantas pinturas coloniales.  A pesar de ello, en 1926 el gobierno del general José María Orellana anunció el proyecto de demolición del viejo Templo del Calvario, ya que esto serviría para prolongar la Calle Real hacia el Cantón Tivoli (ampliando la sexta Avenida lo que hoy es la zona 9 de la Ciudad de Guatemala). Los reclamos y solicitudes de los feligresos consiguieron que la demolición no se realizara de inmediato, y que el gobierno de Orellana se comprometiera a que previamente se construiría un nuevo templo a pocos metros del antiguo, y el cual es el modern templo de “El Calvario”.

El Proyecto fue abandonado por la crisis económica que sobrevino en 1929, y el antiguo Calvario fue convertido en el Museo Nacional de Historia, hasta que finalmente fue demolido durante el gobierno del doctor Juan José Arevalo en 1946.


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16 de enero de 1775: el maestro mayor de obras Bernardo Ramírez inicia el retiro de los materiales que se podían utilizar de las ruinas del Palacio de Capitanes Generales

Ruinas del Palacio de los Capitanes Generales luego de que se había retirado todo el material utilizable tras los terremotos de 1773 y antes de la reconsttrucción de 1890. Imagen publicada por Harper’s Weekly en el artículo- An Ancient City of Central America, Supplement of Harper’s Weekly

Después de los terremotos de 1751, se renovaron muchos edificios y se construyeron numerosas estructuras nuevas en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, de tal modo que para 1773 daba la impresión de que la ciudad era completamente nueva. La mayoría de las casas particulares de la ciudad eran amplias y suntuosas, al punto que tanto las puertas exteriores como las de las habitaciones eran de madera labrada y las ventanas eran de finos cristales y tenían portales de madera labrada. Era frecuente encontrar en las residencias pinturas de artislas locales con marcos recubiertos de oro, nácar o carey, espejos finos, lámparas de plata, y alfombras delicadas.

Pero el 29 de julio de 1773, día de la festividad de Santa Marta de Betania, un enjambre sísmico destruyó la ciudad en medio de una tenaz lluvia que azotaba el lugar. La sacudida ocasionó el destrozo de las edificaciones religiosas, gubernamentales y privadas, así como rompió acueductos y provocó la escasez de alimentos.

El 13 de diciembre dos fuertes sismos sobrevinieron en la zona, desatando un nuevo enjambre sísmico, lo que reforzó la posición de quienes preferían mudarse a una nueva ciuad. En enero de 1774 el Concejo de Indias se pronunció sobre el traslado interino hacia el valle de La Ermita.

Posiblemente los daños causados por el terremoto fueron serios, pero fueron más serios los que provocó el saqueo y el abandono de la ciudad. El 16 de enero de 1775 el maestro mayor de obras Bernardo Ramírez, comenzó a sacar todos los materiales utilizables del edificio para trasladarlos a la nueva capital ya que se había emitido orden legal en la cual se ordenaba que debían ser trasladados al nuevo asentamiento todos los materiales que pudiesen servir en la construcción de edificios y casas. Por esta disposición el Palacio Real fue despojado de puertas, ventanas, balcones, objetos decorativos, y todo lo que pudiera utilizarse.


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2 de enero de 1776: se funda oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción, entre edificaciones de madera y estructuras a medio construir

La Nueva Guatemala de la Asunción en 1821.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El traslado de la capital del Reino de Guatemala no pude ser menos glamoroso.  De una de las ciudades más desarrolladas y bellas de las colonias españolas, pasó a una nueva ubicación prácticamente despoblada sin la minima infraestructura necesaria para albergar a la ciudad más importante de la Capitanía General.  Aunque no se apreció en su completa magnitude en su momento, la Guerra Civil que estalló entre las provincias centroamericanas poco después de la Independencia demostró lo endeble de la ciudad para afrontar semejante crisis.

Luego de los terremotos de «Santa Marta» en 1773, las autoridades españolas decidieron que la ciudad de Guatemala tenía que cambiar de lugar para evitar otro evento de la misma magnitud, pues consideraron que los movimientos telúricos eran causados por los volcanes vecinos a la ciudad y este era el tercer terremoto de magnitud considerable en el ultimo siglo. Después de largas discusiones, los que apoyaban el traslado de la ciudad (es decir, las autoridades civiles y militares) impusieron su opinión y partieron rumbo al “Valle de la Ermita”, mientras que la oposición (es decir, el clero secular y parte de la población) se quedó en Santiago de los Caballeros a reconstruir la ciudad.

Habiendo hecho estudios sobre los lugares más apropiados para asentar la nueva ciudad se aludía necesariamente a las facilidades para proveer de agua a la nueva capital, mencionándose que en el río de Pinula, en el llano de «la Culebra», había ya una toma que facilitaba el agua a los pocos vecinos del valle y se acompañaba un plano hecho por el arquitecto mayor Bernardo Ramírez, maestro mayor de obras y fontanero de la Nueva Guatemala de la Asunción. Así pues, el proyecto del acueducto en la Nueva Guatemala de la Asunción empezó con la propuesta al analizar el traslado de la capital luego del terremoto de 1773.

El 19 de febrero de 1774, cuando el arquitecto mayor firma otro informe sobre el traslado de la ciudad, ya se hace mención de los trabajos sobre el montículo de «la Culebra» para hacer el que luego sería el Acueducto de Pinula. El montículo también era llamado «Loma de Talpetate» y dividía el llano de “la Culebra” con el de “la Ermita”. Había un inconveniente: la hondonada que formaba el llano de la Culebra obligó a que se construyera un acueducto con arcos, a pesar de que el costo fue considerable, y que la obra quedó expuesta a los efectos de los terremotos (como en efecto ocurrió en 1917-18). Este es el Acueducto de Pinula, del que únicamente quedan algunos tramos, y que comenzaba en “El Cambray” en Santa Catarina Pinula y llegaba hasta el final de la calle real de Pamplona (conocida como “bulevar Liberación” a partir de 1954). Un sistema de desniveles cuidadosamente analizado para el acueducto hacía que el agua fuera aumentando velocidad y, con ello, presión para alcanzar su destino final. Junto al de Pinula, el acueducto de Mixco, formaba un sistema de suministro de agua que estuvo en servicio a partir de 1786.

Para octubre de 1774, ya estaban establecidos en el Valle de la Ermita aproximadamente mil novecientos españoles que tomaban su lugar en 278 ranchos y 2400 mestizos o pardos, que eran alojados en 398 ranchos. Los habitantes recién mudados, convivían conjuntamente con los pobladores originales del Valle de la Ermita que sumaban el total de cinco mil novecientas diecisiete personas alojadas en novecientos veinticinco ranchos. La extensión del “Valle de la Ermita” era de nueve leguas cuadradas, veintidós caballerías, ciento noventa y nueve cuerdas y cuatro mil trescientas setenticinco varas superficiales.

La ciudad fue fundada oficialmente el 2 de enero de 1776, pero ningun edificio oficial ni religioso estaba concluido;  y, para colmo de males, el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se negaba a ceptar el traslado de su arquidiócesis a la nueva ciudad.  Esta situación se mantuvo hasta el 7 de octubre de 1779.  El 26 de noviembre de 1777, cuando por consulta de Cámara, fue nombrado arzobispo de Guatemala Cayetano Francos y Monroy, quien no llegó a su arquidiócesis sino hasta en octubre de 1779, con una escolta de ocho caballeros. Un mes antes, Cortés y Larraz había publicado una carta pastoral denunciando la llegada de un usurpador y amenazando con excomulgarlo, pero Francos y Monroy tomó inmediatamente sus primeras medidas nombrado un cura en el pueblo indígena de Jocotenango y fue a buscar a la destruida Santiago de los Caballeros de Guatemala a las beatas de Santa Rosa. Había decidido que en noviembre de 1779 iba trasladar las imágenes y gastó una gran cantidad de dinero para terminar la construcción de los monasterios Carmelitas y de Capuchinas. Cortés y Larraz no quiso seguir resistiendo y huyó hacia El Salvador.   Ese sería el fin de la férrea resistencia al traslado de la capital.

El seis de diciembre de 1782, Francos y Monroy informó al rey que había trasladado a la nueva ciudad la catedral, el colegio seminario, los conventos de religiosos y religiosas, beaterios y demás cuerpos sujetos a la Mitra; todos ellos habían sido trasladados a edificios formales o en construcción. Ahora bien, para terminar estas obras había sido necesario que dejara la obra del palacio Arzobispal por un lado y él tuvo que vivir, hasta entonces, en casa de alquiler con mucha incomodidad y estrechez, careciendo de las principales oficinas y habitación para su familia.

De hecho, el Palacio de los Capitanes Generales no estuvo terminado sino hasta en 1787, y no era ni la sombra de lo que había sido el esplendoroso palacio de Santiago de los Caballeros.  La Independencia, la Guerra Civil Centroamericana y los constantes combates entre criollos liberales y conservadores retrasaron el desarrollo de la ciudad hasta 1851, cuando por fin se alcanzó una paz duradera y empezaron a terminarse los edificios principales.

Cuando llegó al poder el general José María Reina Barrios en 1892, aprovechando la bonanza económica existente gracias al elevado precio del café en los mercados internacionales, la ciudad alcanzó su mayor esplendor y fue conocida como la “Tacita de Plata”, aunque esto no duró mucho pues los terremotos de 1917-18 destruyeron la ciudad y ya nunca recuperó su brillo.


BIBLIOGRAFIA: