3 de septiembre de 1922: el gobierno de facto del general José María Orellana restablece los lineamientos liberales en Guatemala y expulsa al arzobispo Luis Javier Muñoz y Capurón

Sepelio del general José María Orellana en 1926.  Su repentina y misteriosa muerte no sirvió a la causa para conseguir el retorno del expulsado arzobispo, ya que Muñoz y Capurón murió en 1927.  Imagen tomada de Wkimedia Commons.

La situación de la Iglesia Católica en Guatemala durante los regímenes liberales que se sucedieron entre 1871 y 1944 fue precaria.   Los presidentes J. Rufino Barrios y Manuel Lisandro Barillas expulsaron a los arzobispos Bernardo Piñol Aycinena en 1872 y Ricardo Casanova y Estrada en 1887, respectivamente, y luego de la caída del presidente Manuel Estrada Cabrera en 1920, el arzobispo Riveiro tuvo que abandonar el país pues era detestado por la grey católica por haber sido nombrado por el derrocado presidente.

El sucesor de Estrada Cabrera, el ciudadano Carlos Herrera y Luna, inició una política de no renovación de las concesiones a la United Fruit Company, empresa estadounidense que había apoyado el gobierno cabrerista.   Ante situación, la UFCO patrocinó un golpe de estado dirigido por el general José María Orellana, ex-jefe del Estado Mayor de Estrada Cabrera, quien expulsó a Herrera y ratificó las concesiones de la frutera transnacional.

El recién nombrado arzobispo Luis Javier Muñoz y Capurón denunció esta situación, por lo que el 3 de septiembre de 1922 fue expulsado del país por el gobierno de Orellana, junto con numerosos curas párrocos y los sacerdotes jesuitas que habían retornado a principios del siglo XX. Por cierto que entre los expulsados estaba el futuro arzobispo Mariano Rossell y Arellano. A partir de ese momento, Orellana impuso las mismas restricciones anticlericales que habían existido durante el gobierno de Barrios y Barillas: el clero no tenia derecho a tener propiedades y se prohibió la entrada de las órdenes religiosas.

Aunque ya el partido conservador estaba muy debilitado tras ciencuenta años de control liberal y el fiasco que había resultado ser el Partido Unionista, la población permanecía mayoritariamente católica y la medida de la expulsión del arzobispo fue adversada por numerosas personas, en especial las mujeres de alta sociedad.    De hecho, rápidamente iniciaron las gestiones para que se repatriara al arzobispo, quien había ido inicialmente a El Salvador, de donde también fue expulsado.

Orellana murió en 1926 en circunstancias misteriosas mientras estaba en un hotel en Antigua Guatemala pero esto no sirvió a la causa del arzobispo, quien murió en el exilio en Colombia en 1927.

La situación de la Iglesia Católica en Guatemala mejoró durante el gobierno del general Jorge Ubico, pero no se recuperó del todo sino hasta luego de la caída del gobierno del coronel Jacobo Arbenz en 1954, en la que participó activamente el entonces arzobispo Mariano Rossell y Arellano.  Gracias a su activa participación, Rossel consiguió que en la Constitución de 1956 se permitiera nuevamente a la Iglesia Católica tener propiedades, que se restituyera la educación de la religión y que retornaran las órdenes religiosas.  Irónicamente, esto también benefició a las iglesias protestantes estadounidenses que empezaron a proliferar en el país desde entonces.

BIBLIOGRAFIA:

 

30 de agosto de 1881: gobierno de J. Rufino Barrios firma un contrato con Larraondo Hermanos y Compañía para construir el ferrocarril entre la Ciudad de Guatemala y el puerto de Santo Tomás de Castilla

Estación del Ferrocarril del Norte en Puerto Barrios, durante su construcción en 1896. Imagen tomada de “La Ilustración Guatemalteca

Uno de los principales objetivos del gobierno de J. Rufino Barrios era poder exporter el café que se generaba en sus fincas en el occidente guatemalteco, y para ello era indispensable la comunicación primero con la Ciudad de Guatemala y luego con un Puerto en el Atlántico y otro en el Pacífico.

El ferrocarril del sur era más fácil de construir, y fue concluido por la firma de los señores Luis Schlessinger y Guillermo Nanne, quienes se quedaron con la concesión de dicha línea férrea for noventa y nueve años.  A continuación, el 30 de agosto de 1881 el gobierno del general Barrios firmó un contrato con la firma de Larraondo Hermanos y Compañía para construir el ferrocarril desde la Ciudad hasta el puerto de Santo Tomás de Castilla.

El proyecto era ambicioso y por demás difícil, puesto que incluía puentes sobre el caudaloso río Motagua y paso en las montañas que se elevan desde San Agustín Acasaguastlán hasta la ciudad.  El proyecto se inició pero no se pudo concluir porque el general Barrios primero se tomó unas vacaciones en Nueva York y después estuvo más preocupado por la reunificación centroamericana que por cualquier proyecto de infraestructura.

Cuando Barrios murió en la batalla de Chalchuapa el 2 de abril de 1885, todos los proyectos del gobierno quedaron inconclusos y así permanecieron durante los años que gobernó el general Manuel Lisandro Barillas.   No fue sino hasta que el general José María Reina Barrios asumió la presidencia que el ferrocarril del norte se empezó a construir nuevamente, ya con otra compañía, pero nuevamente quedó truncado cuando la economía guatemalteca colapsó en 1897, con el tramo más difícil aún por construir: de San Agustín a la Ciudad de Guatemala.

Finalmente, el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera concluyó el proyecto en 1907, aunque se lo otorgó en usufructo a la compañía estadounidense Internacional Railways of Central America (IRCA), la cual era una subsidiaria del enclave bananero dirigido por la United Fruit Company (UFCO).  La IRCA gozó del monopolio del transporte ferroviario en Guatemala hasta la década de 1960, en la que todavía vendió al Estado toda su chatarra con la que éste formó la empresa estatal “Ferrocarriles de Guatemala” (FEGUA).

BIBLIOGRAFIA:

 

Agosto de 1849: el gobierno de Nicaragua establece secretamente un convenio con una empresa estadounidense para construir un Canal Interocéanico; este hecho marcó el principio del fin del dominio británico en la región

Mapa geológico del Lago de Nicaragua en 1882.  En esta región varios gobiernos han intentado infructuosamente construir el Gran Canal. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de la Independencia de Centroamérica, la Guerra Civil Centroamericana hubo un gran ganador: el gobierno de su Majestad Británica.  Representado en la región por el cónsul Frederick Chatsfield, la Corona Británica quitaba y ponía gobiernos en los países en los que les eran hostiles.  En Guatemala, Chatsfield estableció una excelente relación con el gobierno conservador de Rafael Carrera cuando este se consolidó en 1840 y fue quien le proveyó de armas, municiones y hasta uniformes durante mucho tiempo.

Los ingleses dominaban la situación a su antojo, al punto que tenían establecimientos en Belice, en la isla de Roatán, en la Mosquitia nicaragüense y en algunas islas de Costa Rica sin que ningún débil gobierno centroamericano se atreviera a rechazarlos.  Pero surgió un rival local que haría retroceder a los británicos:  los Estados Unidos.

Cuando el gobierno de los Estados Unidos finalmente se consolidó, se iniciaron sus pretensiones expansionistas.   Primero hacia el Oeste, y luego hacia el Sur; con la compra de los territorios franceses en Luisiana (que no eran solamente el actual estado de ese nombre sino un basto territorio que se extendía hasta Canadá) los estadounidenses empezaron a formar lo que con el tiempo se convertiría en in inmenso imperio.

Los ingleses advirtieron con preocupación este crecimiento, y más cuando en agosto de 1849 se supo que el gobierno nicaragüense había contratado a una compañía estadounidense para construir el canal interoceánico en ese país.  Los británicos protestaron y lograron que se firmara el tratado Clayton-Bulwer por medio del cual se balanceaban las fuerzas de ambas potencias en Centroamérica y se logró que no se construyera el canal.

Puede decirse que fue a partir de ese tratado que la balanza empezó a inclinarse hacia los Estados Unidos, aunque no fue de un día para otro.  Las guerras contra México en la década de 1850, y luego la Guerra civil en la de 1860 retardaron el desarrollo norteamericano, mientras que Inglaterra se reforzaba formando el mayor imperio marítimo conocido.

Pero en Guatemala, la influencia de la nación del norte se reforzó con el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien para evitar que los ingleses cobraran la deuda que el país les tenia, otorgó importantes concesiones a empresas norteamericanas, en especial a la United Fruit Company (UFCO) y a sus subsidiarias International Railways of Central America (IRCA) y la Great White Fleet.

Luego, con la victoria en la Primera Guerra Mundial, la Gran Bretaña quedó como la primera potencia mundial, seguida solamente por Francia. No fue sino hasta que los Estados Unidos fueron el factor decisivo en la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial que la influencia británica decayó considerablemente y la UFCO pasó a dirigir los destinos de Guatemala.

En cuanto a Nicaragua, el canal ha sido siempre un punto de contingencia para sus gobernantes. Incluso en el siglo XXI, cuando la empresa china HKND Group inció la construcción del proyecto en 2014, generando masivas protestas en esa nación.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

21 de julio de 1906: tras ganar fortuitamente la Guerra del Totoposte contra El Salvador, el gobierno de Estrada Cabrera se consolida en la región

tratado_marblehead_01
Los representantes de las naciones en conflicto junto con los Ministros Plenipotenciarios de Estados Unidos y México a bordo del “Marblehead” durante la firma del tratado de paz.  Estados Unidos patrocinó a Guatemala, mientras que México lo hizo con El Salvador y Honduras.  Imagen de “La Locomotora“.

Puede decirse que la hegemonía de los Estados Unidos en Guatemala se inició con el triunfo de su patrocinado, el presidente Manuel Estrada Cabrera, sobre los intentos de agresión de El Salvador y Honduras, patrocinados a su vez por el gobierno del general Porfirio Díaz, presidente de México.

Si Inglaterra había tenido un papel protagónico en la región durante los gobiernos conservadores y liberales del siglo XIX, este imperio fue relegado por los Estados Unidos cuandos estos vencieron a España en la guerra de 1898.  El recién designado presidente Manuel Estrada Cabrera había recibido un país en la ruina tras el colapso de la economía por la caída del precio internacional del café en 1897, y con una gran deuda con Inglaterra.  Viendo cómo los franceses habían invadido a México reclamando lo que éste país les adeudaba, Estrada Cabrera se alió con el gobierno estadounidense y les concedió grandes concesiones para congraciarse con ellos, y así tener un socio fuerte que evitara una potencial invasión inglesa.  Así nació el enclave bananero de la United Fruit Company, y los monopolios de la Great White Fleet en el transporte marítimo de Puerto Barrios y de la International Railways of Central America (IRCA) en los ferrocarriles nacionales.

Al darse cuenta de esto, Porfirio Díaz empezó a apoyar a los gobernantes de El Salvador y de Honduras y así contrarrestar la presencia estadounidense en Centroamérica.  Díaz veía con mucha preocupación el auge norteamericano, especialmente después de que el gobierno de Teddy Roosevelt había independizado a Panamá de Colombia en 1903 para construir el canal interoceánico.

Los tres presidentes de Centroamérica tenían en común un estilo autoritario y dictatorial sobre sus países, al punto que eran conocidos en México y en otros países de América Latina como “los Porfiritos”.  Lo único que los diferenciaba era que Estrada Cabrera era abogado graduado de la Escuela Facultativa de Derecho de Occidente, mientras que el resto eran militares de línea dura.  En 1906, gobernaba en El Salvador Pedro José Escalón como títere del verdadero hombre fuerte, Tomás Regalado, quien era enemigo acérrimo de Cabrera y quien con la ayuda de Díaz, se animó a invadir Guatemala.

Es interesante como la situación era exactamente a la inversa de la fallida intento de J. Rufino Barrios en 1885: en esa ocasión el hombre fuerte de Guatemala invadió a El Salvador, pero murió en la frontera en circunstancias embellecidas por los historiadores liberales, pero que realmente no han sido del todo esclarecidas.  En 1906, Regalado confundió a sus hombres por un batallón guatemalteco de refresco que había llegado con uniformes similares a los salvadoreños, y cuando se acercó a ellos fue acribillado a balazos. Al igual que lo que ocurrió con las fuerzas de Barrios en 1885, cuando cayó Regalado hubo una desbandada general que terminó en una aplastante derrota para el ejército invasor.

El tratado de paz se firmó en el buque “Marblehead” con representantes de las naciones en conflicto y de sus patrocinadores, Estados Unidos y México.  Allí estuvo presente el embajador mexicano en Guatemala, el escritor Federico Gamboa, quien en su diario relata los hechos como una gran derrota para la libertad, cuando en realidad el gran perdedor fue su gobierno.  Años después, en 1945, Rafael Arévalo Martínez copió textualmente grandes partes del diario de Gamboa en su obra “¡Ecce Pericles!“, que se ha convertido en el libro referente sobre el gobierno del licenciado Estrada Cabrera, pero omite decir que Gamboa tenía una fuerte enemistad con el régimen liberal guatemalteco por ser representante del gobierno conservador antiestadounidense de Porfirio Díaz.

Por su parte, ese fue el principio de la hegemonía estadounidense en Guatemala, la cual se ha consolidado a tal punto, que en el siglo XXI es necesario tener el beneplácito del embajador, congreso y presidente estadounidense para poder gobernar en el país.

BIBLIOGRAFIA:

8 de julio de 1954: el coronel Carlos A. Castillo Armas asume el control de un triunvirato militar tras el derrocamiento del coronel Jacobo Arbenz

Retrato del coronel Castillo Armas cuando era presidente de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En medio de la Guerra Fría y cuando el McCartismo estaba en su apogeo en el gobierno del general Dwight Eisenhower persiguiendo a todos los que consideraban comunistas, el gobierno socialista del coronel Jacobo Arbenz Guzmán empredió varios proyectos de infraestructura y tenencia de tierra que afectaban directamente los intereses de los enclaves bananeros de la United Fruit Company en Izabal y Escuintla.

Varios de los más importantes miembros de gabinete de Eisenhower eran accionistas de la United Fruit Company y no les pareció para nada que el gobierno guatemalteco pretendiera expropiar las tierras ociosas que tenían en este país centroamericano.  Entre los personeros del gobierno de Eisenhower estaba John Foster Dulles, Secretario de Estado, y su hermano Allen Dulles, el jefe de la CIA.  Ambos iniciaron una ofensiva contra el gobierno arbencista, utilizando para ellos las operaciones PBFORTUNE y PBSUCCESS acusando a Guatemala de comunista, al punto de lograr que en la X Conferencia de Cancilleres de la OEA en Caracas se aprobara una sanción política contra Guatemala.  Irónicamente, en el siglo XXI se ha conseguido que la OEA otorgue una sanción política contra Venezuela (país con enormes reservas de petróleo) acusada de ser un régimen totalitario que oprime a su pueblo.

La operación PBSUCCESS incluyó una invasión desde Honduras dirigida por el coronel Carlos Castillo Armas, al mando de un grupo de mercenarios y de exiliados guatemaltecos que se hicieron llamar el Movimiento de Liberación Nacional.  Esta invasión no logró ninguna victoria contundente, y más bien habría sido derrotada fácilmente si el Ejército de Guatemala hubiera permanecido fiel al presidente Arbenz.  Pero el Ejército estaba muy preocupado por la inestabilidad que se había generado entre el campesionado por la Reforma Agraria y el cambio radical en la tenencia de tierra y prefería regresar a un sistema como el que había existido durante los gobiernos liberales del licenciado Manuel Estrada Cabrera y del general Jorge Ubico, en el que había tranquilidad en el área rural a fuerza del Reglamento de Jornaleros o de las leyes de Vialidad y de Vagancia que obligaban a los campesinos indígenas a trabajar en las fincas cafetaleras y le otorgaban a los propietarios un poder prácticamente absoluto sobre los jornaleros.

Arbenz había emprendido reformas sociales asesorado por un reducido grupo de miembros del Partido Guatemalteco del Trabajo, el partido comunista de Guatemala, de entre los que se destacaba José Manuel Fortuny, miembro de la Internacional Comunista.  Esto fue aprovechado por las autoridades estadounidenses para llevar a caba la operación PBSUCCESS que resultó en la súbita renuncia de Arbenz, a pesar de que la invasión liberacionista no constituyó nunca una amenaza real a su gobierno.  Es más, el 2 de agosto de 1954 los cadetes de la Escuela Politécnica atacaron a los soldados liberacionistas atrincherados en el recién construido Hospital Roosevelt y los vencioneron fácilmente; pero el embajador estadounidense John Puerifoy los obligó a deponer las armas y a reconocer el triunfo liberacionista amenazándolos con una invasión de Marines norteamericanos.

El gobierno del coronel Carlos Castillo Armas eliminó la Reforma Agraria y con ello la United Fruit Company recuperó sus tierras ociosas y el poder absoluto sobre los gobiernos en Guatemala.  Pero la empresa empezó a tener problemas económicos derivados de sus prácticas monopolistas en América Latina (en donde se conocía como “Mamita Yunai” o “El Pulpo”) y fue investigada por los gobiernos estadounidenses que siguieron al de  Eisenhower, al punto que tuvo que declarase en bancarrota en 1970, convirtiéndose en Chiquita Banana.

BIBLIOGRAFIA:

20 de abril de 1908: el cadete Víctor Vega intenta asesinar al presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera

Edificio original de la Escuela Politcnica.  Había sido el convento de La Recolección en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala  y fue convertido en la Academia Militar tras la Revolución Liberal de 1871.  Imagen de Revista Militar tomada de Wikimedia Commons.

En abril de 1907 se produjo el “Atentado de La Bomba“, del que salió ileso el presidente Manuel Estrada Cabrera, y cuyas represalias fueron terribles no solamente para los autores intelectuales y materiales, sino que para sus familias y numerosos ciudadanos inocentes.

Para 1908 el gobierno cabrerista mantenía su régimen dictatorial y el servilismo estaba en su apogeo; de hecho, la iglesia de Santo Domingo había cambiado el recorrido de su solemne procesión de Viernes Santo para pasar frente a la casa de habitación del presidente, situada en la 7.ª avenida sur de la Ciudad de Guatemala. Esta circunstancia fue tenida en cuenta por varios cadetes y oficiales de la Escuela Politécnica, quienes advirtieron que el capirote del traje de cucurucho (que por esos años cubría el rostro de los penitentes) era ideal para esconder a posibles conspiradores. Los cadetes concibieron un plan sencillo: aprovechando que la procesión iba a pasar frente a la casa del presidente, irían disfrazados de cucuruchos, invadirían la casa presidencial y apresarían a Estrada Cabrera. Pero para el Miércoles Santo de ese año los conjurados estaban presos: dos de ellos, durante una borrachera en una fonda, habían hablado de más y terminado en la cárcel. Estrada Cabrera, una vez que supo de la conjura, puso palizadas frente a su casa, prohibió que la procesión pasara enfrente y prohibió el uso de los capirotes en el traje de cucurucho.​ Uno de los delatores fue el oficial Roderico Anzueto Valencia, agente de Estrada Cabrera, y quien años más tarde sería el brazo derecho del régimen dictatorial del general Jorge Ubico.

El 20 de abril de 1908 estaba planificada la recepción oficial del nuevo ministro plenipotenciario de Estados Unidos, Mr. William Heinke, en el Palacio de Gobierno; esas recepciones se realizaban en el salón de honor del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el viejo palacio colonial y en ellas montaban guardia los cadetes de la Escuela Politécnica, que acababan de relevar a la guardia de línea, que se trasladó al patio del Palacio. De hecho, Estrada Cabrera era muy aficionado a que los cadetes prestaran sus servicios en exhibiciones públicas oficiales.

Estrada Cabrera, vestido de rigurosa etiqueta, llegó a la puerta del salón en el palacio en su coche de punto; el imaginaria avisó a a concurrencia, y el presidente bajó del coche, y atravesaba el corredor público frente al Pabellón Nacional cuando sonó un disparo. El cadete de la Escuela Politécnica Víctor Manuel Vega, en venganza por la prisión y las torturas de sus jefes y amigos, en lugar de presentar el arma le disparó a Estrada Cabrera a quemarropa, pero el proyectil sólo hirió a éste en el dedo meñique de la mano izquierda.​ Por una casualidad increíble, el presidente se salvó porque el corredor público era muy estrecho, y cuando pasó frente a la bandera se quitó el sombrero de copa y apartó la tela de la insignia con la mano izquierda justo cuando salía el disparo de Vega. Estrada Cabrera se tiró al suelo y rápidamente se arrastró hasta la esquina más próxima y se metió a la primera oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se puso a salvo.​ Allí se le unieron el ministro de Relaciones Exteriores, Juan Barrios M. (revólver en mano) y el subsecretario Felipe Estrada Paniagua, además de algunos soldados. Posteriormente fue tratado por los médicos, y salió a un balcón del Palacio para calmar a los ciudadanos y evitar que se produjera la anarquía al saberse de su supuesta muerte.​

La guardia del presidente reaccionó de inmediato, atacando a la compañía entera de los cadetes que montaba guardia, hiriendo y matando a varios de ellos, mientras que el resto fue conducido a los calabozos o logró refugiarse en casas vecinas.​ Los oficiales a cargo del Estado Mayor presidencial eran: brigadier José María Orellana, coronel Mauro de León, tenientes coroneles Ernesto de León y Juan B. Arias, comandante Carlos Jurado, capitán Lisandro Anleu y Silvano Miralles.​ Fue precisamente Anleu quien mató al cadete Vega en el lugar donde intentó perpetrar el magnicidio, quien cayó a los pies de la comitiva de Estrada Cabrera, quedando tendido entre el corredor y la alfombra de la subsecretaría de Relaciones Exteriores. ​

Como había ocurrido tras el atentado de La Bomba los ciudadanos se apresuraron a manifestar su adhesión al Benemétiro presidente y jefe del Partido Liberal. La manifestaciones quedaron recogidas en la obra “El crimen del 20 y el pueblo de Guatemala” de Fernando Somoza Vives, publicada en 1908 y que tenía la siguiente dedicatoria: “‘La Mañana’ y su Redactor dedican este volumen, síntesis del afecto de un pueblo a su Gobernante, al gran Repúblico licenciado don Manuel Estrada Cabrera.”

A continuación se reproducen algunos de los mensajes publicados:

  • Felicitamos a la República por la salvación de su prestigiado Jefe y a la madre amorosa por la salvación del amado hijo
  • Con profunda pena, con dolor inmenso, [en los] corazones leales al hombre generoso, a quien sus […] enemigos gratuitos no tienen más que echarle en cara una perpetua compasión para sus obsecados adversarios
  • Señor Presidente: Guatemala entera, por nuestro medio, os presenta sin reticencias de ningun género con toda espontaneidad y con toda sinceridad también su incondicional y firme adhesión a vuestra causa y a vuestra persona, sus congratulaciones por haberos salvado providencialmente. […] Dignaos de recibir con benevolencia, Señor Presidente, esta sencilla pero ingenua manifetación de simpatía y aprecio que individual y colectivamente vienen a haceros, en esta ocasión solemne, los Representantes del pueblo de Guatemala.
  • [Tras el ataque] volvió el rostro sereno al grupo de homicidas y entró al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde después de enjugarse la preciosa sangre […] comenzó a disponer lo conveniente […] para la Nación, que felizmente permanece inalterable.
  • El pueblo entero ha condenado ese delito incalificable en que no se ve sino la mano misteriosa de alguien que quiere poner en práctica venganzas personales que la moral y el derecho no pueden admitir.

Por el mismo estilo continúan los mensajes provenientes de toda la República y de todas las dependencias estatales, algunos con más de dos mil firmas.

BIBLIOGRAFIA:

 

8 de abril de 1920: tras pactar con los cabreristas, el Partido Unionista que aglutinaba a los conservadores guatemaltecos, consigue que se declare mentalmente incapaz al licenciado Manuel Estrada Cabrera

El armamento de que disponía el licenciado Manuel Estrada Cabrera en su residencia privada en La Palma ubicada en donde ahora se erige el gimnasio “Teodoro Palacios Flores”.  Imagen de Carlos García Solórzano tomada de Wikimedia Commons.

En Guatemala la rivalidad entre criollos (ya sean liberales y conservadores, o comunistas y anticomunistas) ha sido la causante de los golpes de estado, guerras civiles y revoluciones que han retrasado el desarrollo del país.  Esta rivalidad ha sido aprovechada por las potencias internacionales desde el inicio de la vida independiente dada la privilegiada ubicación geográfica del país y su proximidad al Canal Interoceánico de Panamá y al de Nicaragua (que las potencias han estado intentando construir desde 1821).

Hasta 1898 la principal potencia con intereses en e área fue Inglaterra, la cual dominaba la situación desde el enclave comercial en Belice y sus hábiles diplomáticos y banqueros (entre ellos Skinner y Klee) quienes endeudaron a los gobiernos del área gracias a la venta de armas para repeler ataques de sus enemigos. 

En 1871 el gobierno mexicano por fin empezó a poner orden en el vecino del norte y en 1898 los Estados Unidos se consolidaron en el otro gigante local al vencer a España y arrebatarle Cuba y Puerto Rico. Los gobiernos de ambos países empezaron a influir en la política centroamericana, con los Estados Unidos aliándose con Manuel Estrada Cabrera y Porfirio Díaz con las otras naciones del Istmo.   Pero la Revolución Mexicana dió al traste con las aspiraciones porfiristas y los estadounidenses consolidaron su hegemonía en Centroamérica, apoyando al gobierno de Estrada Cabrera por más de 20 años.

Pero el licenciado Manuel Estrada Cabrera perdió el apoyo político de los personeros de la United Fruit Company a finales de 1919 tras no poder aprovechar la revolución Mexicana para forma la República Suroriente con Chiapas y Petén, y se vio obligado a aceptar la oficialización del «Partido Unionista» que formaron los conservadores dirigidos por José Azmitia y miembros prominentes de la familya Aycinena. El 1° de marzo de 1920 en la inauguración del período de sesiones de la Asamblea Nacional Legislativa, se reconoció al partido quedando así oficializada su existencia. A partir de entonces, Estrada Cabrera reiteró públicamente su voluntad de atender los deseos de la comunidad internacional para dar mayor apertura política, pero seguía arrestando a los simpatizantes unionistas.

​El 11 de marzo de 1920, los unionistas convocaron a una manifestación en la que participaron miles de ciudadanos, siendo abanderado de aquella manifestación el ciudadano y dirigente unionista José Azmitia. Pero esta manifestación fue reprimida por el Gobierno; el Ejército disparó contra los indefensos manifestantes, lo que unió a la población y a la comunidad internacional en contra de que Estrada Cabrera continuara en el poder. El 18 de marzo todo el personal de correos y aduanas se unió al nuevo partido, acción que fue inmediatamente imitada por el personal de telégrafos.

Para el 7 de abril de 1920, todo el pueblo de Guatemala estaba afiliado al partido unionista y la autoridad de su directiva en toda la República.​ Con Estrada Cabrera quedaba un grupo reducido de partidarios que todavía buscaban su protección precaria y unos cinco mil hombres de tropa, en su mayoría indígenas de Momostenango, bien armados y en posesión de las dos anticuadas fortalezas de Matamoros y San José y del fuerte contingente military en la residencia presidencial de La Palma. ​ Los unionistas no tenían armas ni habían buscado conexiones militares; Silverio Ortiz, líder obrero, y algunos otros directores habían recibido la promesa de muchos jefes militares de apoyarlos en caso de conflicto armado, pero solo uno de ellos, López Avila, tenía a la sazón tropas a su mando y exigía un decreto de la Asamblea para resguardo de su honor militar.​ Había llegado el momento de dar el golpe decisivo, pero se resolvió, a propuesta de Tácito Molina, que el presidente provisional que sustituyera a Estrada Cabrera fuese un hombre que inspirara plena confianza a la directiva del partido unionista, pero no un miembro relevante de este, dejándose para elecciones posteriores la selección del candidato idóneo.​

Para lograr el acuerdo, fue necesario que los unionistas entraran en componendas con un grupo de diputados liberales cabreristas, y con el presidente de la Asamblea Nacional, que en ese momento era el cabrerista Vidaurre y su segundo, José Beteta; entre los diputados con quienes se pactó estaban: Mariano Cruz, Carlos Herrera y Luna y Manuel Arroyo. Por parte de los unionistas, los que negociaron con los diputados fueron: Tácito Molina, Manuel Cobos Batres, Demetrio Avila y Julio Bianchi.​ Al final, acordaron que el presidente interino fuera Carlos Herrera, mientras que los cabreristas iban a designar a cuatro de sus ministros de gobierno y los unionistas a los otros tres. Escritores unionistas como el propio Bianchi Smout y Rafael Arévalo Martínez aducen que el partido aceptó esta fórmula propuesta por Vidaurre por buena fe y por desconocimiento político, dados los nefastos resultados que tuvo.

Ya acordado como se formaría el gabinete, se procedió a programar la sesión de la Asamblea del 8 de abril. Se acordó que el orden del día sería:

  1. dar la licencia, no solicitada, a Estrada Cabrera para que pudiera ausentarse del país;
  2. elegir a Herrera como presidente provisional, y
  3. emitir un decreto ordenando a todas las fuerzas militares que reconocieran al nuevo Gobierno como la única autoridad legítima de la república.

En la sesión legislativa del 8 de abril de 1920 el líder unionista José Azmitia entregó un documento con las acusaciones contra el presidente, y el diputado Letona —reconocido cabrerista que había hablado con los unionistas la noche anterior— pronunció un discurso que había sido acordado, y en el que proponía derrocar al presidente declarándolo mentalmente incapaz para gobernar, contentando así al pueblo sin que los diputados aparecieran como traidores. Su discurso fue saludado con una gran ovación.

El presidente Estrada Cabrera no se rindió fácilmente y se inició la llamada Semana Trágica, en la que se produjeron bombardeos desde La Palma hacia la Ciudad de Guatemala y finalmente se consiguió que el ejército leal a Estrada Cabrera se rindiera luego que se consiguiera sobornar a sus oficiales cercanos.

BIBLIOGRAFIA: