12 de abril de 1888: muere el doctor José Luna

Fallece el eminente médico José Luna, quien fuera Protomédico de Guatemala de 1860 a 1872.

Sala de pacientes en el antiguo Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. En el recuadro: el Dr. José Luna, protomédico de Guatemala de 1860 a 1872. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons e Historia de la Medicina en Guatemala.

El doctor José Luna nació en Metapán, estado de El Salvador el 1 de septiembre de 1805 y después de recibir una educación esmerada por parte de sus padres, se trasladó a la ciudad de Guatemala, en donde obtuvo el bachillerato en Filosofía en la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en 18251 y luego el grado de licenciado en Medicina y Cirugía Latina el 29 de agosto de 1829  tras haber sido Primer Practicante hasta 1828.1,2 Tras graduarse viajó a Europa, en donde obtuvo el doctorado en la Facultad de Medicina de París el 12 de enero de 1833.3

De regreso en Guatemala muchas habían cambiado, y ya estaba gobernando en el Estado el Dr. Mariano Gálvez, un líder liberal.  Entre los cambios, estaba que ya no existía la Pontifica Universidad, sino que ahora había una Academia de Estudios, dirigida por el Dr. Pedro Molina, en donde Luna impartió adhonorem las cátedras de Historia Natural, Partos y Vendajes y luego fue nombrado por el Dr. Gálvez como catedrático de Prima de Medicina y Cirujano Mayor del Ejército.4

Ahora bien, para entonces los frailes regulares habían sido expulsados y los curas párrocos ya no disfrutaban del diezmo obligatorio quedando una situación precaria.  Por otra parte, también se habían establecido impuestos individuales excesivos a los campesinos así como las leyes laicas del Código de Livingston, las cuales no se aplicaban a la realidad de los campesinos.  En medio de todo esto, se desató una epidema de cólera asiático, que fue la gota que derramo el vaso del descontento popular.5

El gobierno de Gálvez se movió rápidamente.  Desde que se supo del primer brote en Jilotepeque en Chiquimula, el jefe de Estado dictó medidas de resguardo de la salud pública, y organizó juntas de sanidad, fundó cementerios para las víctimas del cólera y no escatimó en gastos para hacer frente a la emergencia.6 Pero cuando intentó establecer cordones sanitarios que impedían a los pobladores ir a sus fuentes de agua, estalló una revuelta campesina en la región de Mataquescuintla, dirigida por el comandante Rafael Carrera.5

En medio de esta crisis, Gálvez perdió el control de su propio partido y se empezaron a circular los rumores de que era el gobierno el que estaba envenenando a las comunidades mandando venenos disfrazados como medicinas, lo que agravó la situación sanitaria.   La enfemedad hizo estragos hasta en la ciudad de Guatemala, y en Jilotepeque la situación llegó a ser tan grave, que ante la gran cantidad de fallecidos, ya no podían enterrarlos bien y los perros los desenterraban, propagando aún más la epidemia.7

Entre los médicos que enfrentaron la enfemedad estuvo el doctor José Luna, quien daba instrucciones a voluntarios para que fueran a las diferentes regiones a aplicar los remedios dada la grave escacez de doctores.  Y él mismo fue al poblado de Petapa, en sustitución del doctor Quirino Flores, en donde logró salvar a muchos enfermos y dió lecciones sobre la profilaxia del cólera y cómo tratar a los afectados.3

Gálvez terminó siendo derrocado por el levantamiento de la montaña y tuvo que salir al exilio mientras que el doctor Luna se quedó en el país colaborando con el gobierno de Mariano Rivera Paz, un estudiante de Medicina que tuvo hacerse cargo de la Jefatura del Estado en medio de aquellas críticas circunstancias.7 En 1841, junto con los doctores Eusebio Murga y Nazarao Toledo pidieron al Rector de la restituida Pontificia Universidad que les concedieran algunos cadáveres del Hospital General para estudiar la Anatomía, ya que en esa época los estudios en esta materia estaban muy atrasados.8

Luego de que Rivera Paz entregara el gobierno al general Rafael Carrera —quien se había convertido en el hombre fuerte de Guatemala tras derrocar a Gálvez—, el doctor Luna partió nuevamente para París, en donde fue a profundizar sus conocimientos médicos durante dos años, al cabo de los cuales regresó a Guatemala y fue catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos de Borromeo.  A finales de 1846 empezó los tratamientos de reumatismo con yoduro de potasio y en 1847 recibió de París «un aparato para romper las piedras en la vejiga» y ensayó, por disposición del gobierno del general Carrera, el entonces nuevo descubrimiento del «etherismo o inhalación del éter que se aplica a los enfermos para evitar los dolores en las operaciones quirúrgicas» reportando en 1850 que sus experimentos fueron exitosos.4

Durante la guerra contra los filibusteros de William Walker en Nicaragua, un soldado desertado de los buques nacionales llegó a la ciudad de Guatemala el 8 de julio de 1857 y murió al día siguiente, afectado por el cólera.  Aquel fue el inicio de una nueva epidemia en el país y el 16 de julio se formó la Junta de Sanidad, de la que formó para el Doctor Luna, junto con José María de Urruela, Buenaventura Lambur, José Balcárcel y Andrés Fuentes Franco. Aquella epidema fue desastrosa para el país, dejando más de diez mil fallecidos y treinta mil infectados, incluyendo a la esposa del presidente capitán general, Rafael Carrera. Entre las víctimas también estuvo el primer médico del Hospital General, doctor Quirino Flores, quien fue sustituido el Dr. Luna.4

En 1858, empleó con éxito el licor de Sistach —un preparado con ácido arnioso— contra las fiebres palustres y el sulfato de quinina contra las disenterías de que adolecían los pacientes que habían tenido cólera.9 Finalmente, en 1860 el Dr. Luna fue nombrado como Protomédico, también en sustitución del Dr. Flores, para lo cual tuvo que doctorarse en Guatemala de conformidad con las leyes que regían en ese entonces.4

El 14 de abril de 1865 fue uno de los médicos que embalsamaron el cadáver del presidente vitalicio Rafael Carrera y En 1868, viendo que la enseñanza de la Medicina era deficiente, nombró una comisión, compuesta de los doctores Manuel Saravia y J. González Mora, para que estudiaran detenidamente el asunto y el 13 de enero de 1869, propusieron que se crearan las cátedras de Terapéutica, Obstetricia, Farmacología Y Medicina Legal, de las cuales solamente se enseñaban nociones, y los estudiantes tenían que pagar a profesores privados para aprenderlas. Aquellas clases se iniciaron inmediatamente, y para ayudar a la Tesorería de la Facultad, cada estudiante tuvo que pagar matrículas extra de un peso al mes para cursarla. El Dr. Luna fue nombrado catedrádico de Obstetricia.9

El Dr. Luna dejó el protomedicato en abril de 1872, y fue sustituido en mayo de ese mismo año por el doctor Nazario Toledo.  Dejó como legado haber sido el primer médico que usó el sulfato de quinina, las inyecciones hipodérmicas, la eterización, la cloroformización, el litotritor, el licor de Sistach y las píldoras de Segond, entre otras.4 Falleció el 12 de abril de 1888 a los 83 años de edad.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Asturias, Francisco (1902). Historia de la Medicina en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional, p. 522.
  2. Ibid., p. 316.
  3. Ibid., p. 523.
  4. Ibid., p. 524.
  5. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-25.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 89.
  7. Ibid., p. 91.
  8. Asturias, Historia de la Medicina en Guatemala, p. 289.
  9. Ibid., p. 388. 

16 de octubre de 1832: primera clase de historia en la Academia de Estudios

Se inauguran las clases de historia universal en la Academia de Estudios de Guatemala, a cargo del licenciado Alejandro Marure

16octubre1832
Vista del complejo arquitectónico de San Francisco desde el antiguo Calvario de la Ciudad de Guatemala a principios de siglo 10. En el antiguo convento de esta iglesia funcionó la Academia de Ciencias y Estudios. En el recuadro: el historiador Alejandro Marure. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En abril de 1829, tras el derrocamiento del gobierno católico conservador de Mariano de Aycinena en Guatemala y del presidente federal interino Mariano de Beltranena —quien había asumido el cargo tras la separación del general presidente Manuel José Arce y Fagoaga—,1 los criollos liberales tomaron el poder en Guatemala e introdujeron una serie de reformas que incluyeron el cierre de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos en marzo de 1832.2

En lugar de la centenaria universidad, el gobierno liberal instituyó la Academia de Estudios, una institución completamente laica e influida por las ideas de la Ilustración, la cual estuvo a cargo del doctor Pedro Molina Mazariegos.  El 16 de octubre de 1832, la Academia inauguró sus clases de Historia Universal, cátedra que estuvo a cargo del historiador oficial Alejandro Marure.

Reproducimos a continuación partes del discurso que pronunciara Marure en aquella importante ocasión para los historiadores guatemaltecos, el cual resalta las razones por las que la Historia no se había enseñado en Guatemala, y en el que ataca directamente a los gobiernos colonial y conservador y a la religión católica, y advierte de no dejarse deslumbrar por las fábulas fantásticas con que todos los pueblos han adornado sus orígenes:3

«El Jefe Supremo del Estado se ha servido poner bajo mi dirección la Clase de Historia cuya apertura tengo hoy el honor de verificar por primera vez.

Un estudio tan interesante fue enteramente desconocido entre nosotros en la época triste de nuestra abyección y esclavitud. Debía serlo.  No era posible que un Gobierno, cuyo poderío y dominación se apoyaban en nuestra imbecilidad diese protección a la enseñanza de la más útil de las ciencias.  Mas este período funesto ha pasado ya, y sólo nos quedan de él recuerdos desagradables. Hemos comenzado a existir y bajo la influencia de un gobierno eminentemente liberal, el genio de la civilización va establecerse entre nosotros.[…]

Yo he tenido el honor de ser asociado a tan noble empresa; mas esta gloria no me deslumbra ni me oculta mi pequeñez. Conozco demasiado mi incapacidad; veo en toda su extensión las grandes dificultades que deben oponerse al establecimiento de una enseñanza enteramente nueva; sé cuando se require y cuantas circunstancias deben reunirse en el individuo encargado de llevar tan arduo empeño; y no tengo la presunción de creer que en mí concurran tantas prendas.

Muy raro sería tenerlas a los veintiséis años de edad en un país que, hasta ahora, no había existido sino para las preocupaciones.[…]

El interés del trono y del sacerdocio y una política cruel, se han levantado contra la razón naciente; han procurado exterminar las verdades que combatían sus usurpaciones y sus crímenes y ahogar entonces en sangre el genio que intentaba trastornar su dominación espantosa.  La superstición, este monstruo que como dice un sabio, fija su apoyo en los cielos para conmover toda la tierra: ese engaño de los pueblos que ha vuelto de la moral un caos y de la verdad pura y sencilla un ser fantástico y oscuro en medio del terror y de las prohibiciones, y propaganda de los abusos más humillantes, consiguió el abatimiento de los hombres y el triunfo de sus errores.[…]

Más si la Historia nos sirve para conocer el verdadero estado y progresos de las ciencias, en sus distintas época, también nos sirve para conocer el origen de todos los errores, de todas las preocupaciones que han engañado tanto tiempo a los hombres y han fatigado tanto al entendimiento humano.  Hallaremos en los tiempos primitivos y en las naciones más remotas, la semilla de todos los absurdos que transformados de mil maneras diferentes han penetrado hasta nuestro siglo a través de todas las revoluciones. Veremos en las orillas del Ganges y en las del Antiguo Egipto, la cuna de la religión y el origen de esa multitud de sistemas que se han difundido por toda la tierra y han dividido a sus habitantes en mil sectas que se combaten las unas con las otras. El estudo de esta sección de la Historia ha servido a los filósofos modernos para manifestar a los pueblos que es un mismo el fundamento de todos los cultos, y mostrarles, como con el dedo, la fuente de todos los absurdos religiosos.[…]

El estudio de la historia ha servido también a muchos sabios para componer sus obras inmoratles. Montesquieu, Voltaire, Condorcet y otros escritos eminentes han ilustrado a los pueblos y destruido las preocupaciones de su siglo por medio de la historia y la filosofía.[…] Ultimamente, el Conde de las Casas parece que compila todas estas sentencias célebres cuando dice en último Atlas: ‘La Historia es la más útil de las ciencias: su estudio nos ofrece la experiencia de lo pasado y nos suministra datos para presagiar lo venidero: es el libro universal en que cada uno haciendo uso de su discernimiento, puede, con seguridad, encontrar la lección que le concierta; ella ilustra al militar y al comerciante aplicado; prepara al hombre de Estado, y manifiesta al filósofo los progresos interesantes y vaciados del espíritu humano; en una palabra, vigoriza el juicio y ameniza el trato de todos los individuos de la sociedad’.[…]

Pero es preciso estudiar la historia con mucha crítica y reflexión; es preciso no dejarnos alucinar.  Los fastos de todas las naciones están sobrecargados de milagros y de hechos portentosos con que seha procurado hacer venerables a la posteridad, las ficciones más extravagantes.  El origen de todos los pueblos está oculto en las sombras de la fábula y de la quimera.  Algunos descienden por línea recta de los mismos dioses, otros han celebrado alianzas y vivido en íntimo contacto con ellos, muchas han sido gobernados por la Divinidad en todo el cursos de sus revoluciones y sus legisladores han recibido de manos del mismo Dios todas las leyes que deberán regirlos.  También los dioses han tomado parte en las guerras y disfrutado de las delicias del amor en el seno de las hijas de los hombres.  Son innumerables las ficciones de esta especia que se hallan consignadas en los anales sagrados de todas las naciones.  Pero lejos de dejarnos engañar por las apariencias misteriosas y servir de velo al artificio, procuremos descubrir los designos que oculta, penetremos en las miras y combinaciones del legislador para no tomar por santo y milagroso, lo que solamente ha sido un recurso que han empleado los hombres hábiles para goernar a sus semejantes y dominarlos a su arbitrio.  Es preciso, igualmente, prevenirnos contra los prejuicos e interpretaciones con que algunos autores respetables han querido hacer creer lo mismo que ellos no creen o que si han creído, no han sido guiados en su creencia por sus luces, sino por respetos a la opinión establecida, o por la influencia de tal. […] No nos dejemos tampoco deslumbrar por la hazañas brillantes de algunos personajes que celebra la historia: distingamos la verdadera gloria de la falsa.»3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. Marure, Alejandro (enero de 1925) [16 de ocutbre de 1832]. Discurso que pronunció el famoso historiador Alejandro Marure, al inaugurar las clases de Historia Universal en la Academia de Estudios.  Guatemala: Anales de la Sociedad de Geografía e Historia. I (3). pp. 226-232.

26 de noviembre de 1813: nace el poeta Juan Diéguez Olaverri

Durante la época colonial, nace en Huehuetenango el poeta Juan diéguez Olaverri

26noviembre1811
El mirador «Juan Diéguez Olaverri» en los Cuchumatanes, nombrado así en honor al célebre poeta guatemalteco que escribió el poema «Los Cuchumatanes».  En el recuadro:  el retrato de Diéguez Olaverri.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Diéguez Olaverri nació en Huehuetenango el 26 de noviembre de 1813 y posteriormente realizó sus estudios en la Academia de Ciencias y Estudios, de donde obtuvo el título de abogado y luego trabajó con la administración de Mariano Gálvez.  Gozaba de mucho prestigio ya que su padre había sido uno de los firmantes del Acta de Independencia en 1821.1

Cuando Gálvez implementó los códigos de Livingston el 1 de enero de 1837, los pueblos campesinos se levantaron contra el régimen no solamente por los códigos, sino por el impuesto personal contra los indígenas que había restablecido Gálvez, mientras que el descontento entre los criollos liberales por la forma selectiva en que se aplicaba el habeas corpus de los códigos hizo que se formulara una queja formal ante la Asamblea Legislativa, reunida el 16 de julio de 1837, lo que dió origen al cisma en el partido liberal entre el Partido Ministerial y el Partido de la Oposición que lucharon con encarnizamiento.  En aquel partido opositor estaban: el vice- Jefe Dr. Pedro Valenzuela, José Francisco Barrundia, Doroteo y Simón Vasconcelos, el Dr. Pedro Molina y sus hijos, Venancio Castellanos, el Dr. D. Mariano Padilla, Miguel García Granados, y el aún joven, Diéguez Olaverri.1 Era tal la rivalidad, que cuando vieron que Gálvez utilizaba política de tierra arrasada contra las aldeas de donde provenían las rebeliones campesinas, no dudaron en aliarse con los rebeldes católicos campesinos dirigidos por un joven general guerrillero llamado Rafael Carrera, quien entonces contaba con tan solo 24 años de edad, concluyendo con el triunfo de los opositores y con la caída del Jefe del Estado el 2 de febrero de 1838.2

Aquellas luchas internas entre los liberales no solamente resultaron en la caída de Gálvez y la toma de la Ciudad de Guatemala por las tropas rebeldes, sino que provocaron que el Dr. Pedro Molina, rector de la Academia de Ciencias, saliera para San Salvador a asistir como facultativo al vice-Presidente de Centro -América Diego Vigil, resultando en que la Academia de Ciencias y Estudios quedara práticamente disuelta a fines de 1838.

Tras la caída de Gálvez, Diéguez fue nombrado jefe de sección del Ministerio y autorizó las providencias generales del Gobierno. Su reputación literaria se formaba en ese período de su vida; por esa época, el escritor José Milla, entonces muy joven, le consultó su primer poema «La Bruja y el Fraile«, que al final no se publicó. En julio de 1842, a propuesta de la Suprema Corte de Justicia, y en atención a su horadez y capacidad, fue nombrado juez de Primera Instancia del departamento de Sacatepéquez, suscrito el despacho por el Jefe del Estado, Mariano Rivera Paz y refrendado por su Ministro el obispo Juan José de Aycinena. Posteriormente, en 1844 desempeñó el mismo cargo de juez en la Ciudad de Guatemala.1

Pero cuando en 1846, como todavía no se había establecido una constitución en el Estado a pesar de haber convocado a constituyentes desde 1838, y viendo cómo Rafael Carrera había manejado la política del estado a su antojo hasta hacerse con el poder, Diéguez formó un partido con jóvenes estudiantes universitarios que decidieron llenar aquel vacío constitucional, convocar una constituyente auténtica, y dar al poder militar una organización regularizada. Así, el 26 de junio de 1846, cuando habrían de celebrarse en la Iglesia Catedral las honras fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres, muerto en la Habana, Diéguez, sabiendo que Carrera habría de concurrir á la función religiosa, dió la orden a los suyos para que fueran armados al templo a asesinar al Jefe de Estado. El plan fracasó y Diéguez y su hermano Manuel tuvieron que salir al exilio a Chiapas tras pasar un tiempo encarcelados en el Castillo de San José.3

Durante su destierro escribió «La Garza«, la cual es considerada como una de sus mejores poesías y en la que se considera que describe su propia personalidad.  Por su parte, en «Tardes de Abril» describe las bellezas naturales de Guatemala.  Otra poesías por las que es reconocido son «A mi Gallo» y «Los Cuchumatanes«.3

Los hermanos Diéguez regresaron a Guatemala en 1860, y eventualmente hicieron las paces con Carrera, quien lo dejó tranquilos mientras vivió.  Juan Diéguez vivió sus últimos años en Quetzaltenango y Antigua Guatemala, y tras la muerte de un hijo suyo y la de su protector, el padre Ocaña, falleció el 28 de junio de 1866 en la Ciudad de Guatemala.  Como su familia no tenía dinero, la Junta del Colegio de Abogados donó doscientos pesos para el sepelio y el gobierno del mariscal Vicente Cerna le concedió a su viuda y sus cinco hijos sobrevivientes una modesta pensión, que luego prorrogó el general Miguel García Granados por unos años más.1

Las poesías de Diéguez Olaverri fueron compiladas por Jorge Arriola, quien eventualmente las publicó.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Ilustración Guatemalteca (15 de septiembre de 1896).  Nuestro grabados.  La Ilustración Guatemalteca: Siguere, Guirola y Cía. Guatemala.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala.
  3. Vela Salvatierra, David (1943). “Juan Diéguez Olaverri”, en Literatura guatemalteca. Guatemala: Unión Tipográfica. 2

17 de julio de 1856: decreto proporciona fondos adicionales a la Universidad

El gobierno del general Rafael Carrera emite un decreto para proporcionar fondos adicionales a la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos

17julio1856
El edificio de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos en 1895, para entonces convertido en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro. Imagen tomada de El Porvenir de Centro América.  En el recuadro: el Dr. y obispo Juan José de Aycinena y Piñol, rector de la universidad en 1856.; retrato que se conserva en el Museo Nacional de Historia.

El 22 de septiembre de 1855, el gobierno del presidente vitalicio, capitán general Rafael Carrera, emitió un decreto reformando los estatutos de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala, por su importancia en el buen orden social, para evitar los abusos que se estaban cometiendo y la actualización de los estudios eclesiásticos basados en lo dispuesto en el Concordato celebrado con la Santa Sede en 1854.1

En primer lugar, el estatuto fundamental de la Pontificia Universidad pasó a ser nuevamente las constituciones de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, aprobado por el rey Carlos II el 20 de febrero de 1686, los cuales se iban a observar tal y como estaban en uso en 1821, al momento de la Independencia de Centroamérica.  Por supuesto, en caso de que hubiera discrepancias derivadas de los cambios que habían ocurrido en el gobierno y la sociedad guatemalteca en los últimos treinta años, el Rector quedaba facultado para decidir lo que más le conviniera a la universidad.1

La influencia de la Iglesia Católica sobre la formación universitaria quedó de manifiesto cuando se formó un claustro de consiliarios que elegiría al rector, conformado de la siguiente forma:2

  • Doctores:
    • Facultad de Cánones: Juan José de Aycinena, marqués de Aycinena, obispo in partibus de Trajanópolis y arcediano de la Catedral Metropolitana
    • Facultad de Teología: Basilio Zeceña, consejero de Estado
    • Facultad de Leyes: Pedro Valenzuela, consejero de Estado
    • Facultad de Medicina: Quirino Flores, protomédico
  • Bachilleres:
    • Padre Nicolás Arellano, prepósito de la congregación de San Felipe Neri
    • Fray Juan Félix de Jesús Zepeda. guardián de la comunidad de San Francisco
    • Francisco Abella
    • Presbítero Vicente Hernández2

El requisito de ingreso a los estudios de bachillerato era haber aprobado latinidad y, en el caso de los estudiantes de medicina y de farmacia, ciencias naturales; ahora bien, el decreto de reforma estipulaba que los alumnos del Colegio Tridentino, del Colegio de Infantes y del Colegio de la Compañía de Jesús podían optar inmediatamente al grado de bachiller, previa certificación.  Las cátedras generales impartidas eran filosofía, y matemática —que incluía geometría, trigonometría y álgebra—, y los planes de estudio eran los siguientes:3

  • Teología: 3 años
    • Dogma
    • Moral
    • Escritura Sagrada
  • Derecho civil y canónico:
    • Cánones
    • Leyes
    • Instituta
    • Derecho natural
  • Medicina:
    • Anatomía descriptiva
    • Fisiología
    • Cirugía
    • Patología externa
    • Medicina legal
    • Patología interna
    • Higiene3

Para el funcionamiento de la institución el gobierno asignó una pensión anual de cuatro mil pesos, y le asignó las matrículas, propinas y derechos para los grados, con la que se esperaba cubrir el presupuesto estimado de seis mil quinientos pesos, pero no fue suficiente.  Así pues, el 17 de julio de 1856, se emitió el siguiente decreto para mejorar las finanzas de la universidad:4

    • Artículo 1°.— Todos los empleados de la administración pública, inclusos los de las corporaciones civiles, y con excepcion de los militares, pagarán a la arca de la universidad, por una sola vez y al librárseles el título, el dos por ciento de la renta o sueldo de un año, siempre que exceda de trescientos pesos; e igual impuesto pagarán los que obtengan beneficios eclesiásticos titulares; si los proventos ó rentas de un año pasaren de trescientos pesos. En los mismos casos pagarán el uno por ciento, si fueren nombrados interinamente.
    • Artículo 2°.— En los casos en que por las leyes vigentes se adeude alcabala por la venta, arrendamiento e imposición de censos, sobre fincas urbanas ó rusticas, en los mismos se pagará el uno por ciento, en beneficio de la universidad.
    • Artículo 3°.— Por la emisión de títulos de abogados, escribanos, médicos y cirujanos, farmacéuticos, agrimensores e ingenieros civiles, se pagará a la universidad por aquellos en cuyo favor se libren la suma de doce pesos; e igual impuesto se pagará por las venias de edad, para administrar bienes, y por los autos de emancipación, no pudiéndose librar los despachos respectivos, sin que previamente se haga constar haberse hecho el entero, con certificación del tesorero de la misma universidad.4
    • Artículo 4°.— Quedan vigentes los derechos de grados mayores y menores, y los de matrículas y exámenes, de la manera que se hallan establecidos; y se derogan las demás disposiciones que fijaron rentas primeramente a la academia de estudios y después a la universidad.5

BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 203-210.
  2. Ibid, p. 204.
  3. Ibid., pp. 205-206.
  4. Ibid., p. 211.
  5. Ibid., p. 212.

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13 de julio de 1837: Gálvez refuerza recaudación de fondos para la Academia de Estudios

El jefe del Estado Mariano Gálvez envía una circular para reforzar la recaudación de fondos para la Academia de Ciencias y Estudios

13julio1837
El patio del edificio en el que funcionó la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.  La universidad abandonó el edificio en 1773, tras los terremotos, pero el mismo fue utilizado como bodega y como parroquia por el clero secular.  Imagen tomada Juan José de Jesús Yas.

Es frecuente escuchar que la Universidad de San Carlos de Guatemala tiene problemas administrativos por falta del pago por parte del gobierno del 5% del presupuesto nacional asignado en la Constitución de la República, lo que hace pensar que éste es un problema generado con la constitución redactada en 1985. Por otra parte, también es frecuente que se diga que los fondos públicos son malversados por las autoridades de turno y que lo recaudado no llega a su destino final, algo que también se atribuye al desorden administrativo de los últimos tiempos.

Sin embargo, en diversas épocas de la vida independiente de Guatemala tanto el financiamiento de la educación superior como el manejo de los fondos públicos ha tenido graves problemas. Por ejemplo, cuando fue creada la Academia de Ciencias y Estudios en sustitución de la Pontificia Universidad de San Carlos en 1832, el gobierno liberal del Estado emitió un decreto que estipulaba cómo iba a ser su financiamiento. Sin embargo, para julio de 1837 había habido tantas anomalías en la reducación de esos fondos por parte de los funcionarios gubernamentales y eclesiásticos encargados de ello que el gobierno tuvo que emitir la siguiente circular:

El jefe del estado no olvidando que la instrucción pública es el primero de los bienes que debe procurar al estado: que ella no puede ser continuada bajo los establecimientos que ha decretado si no hay fondos para sostenerlos. Que los asignados en su decreto de 1°. de diciembre de 1835, son más que suficientes, si no se descuida su recaudación; ha tenido á bien acordar:

      • Que se reimprima el mencionado decreto, de que acompaño a usted un ejemplar.
      • Que sea circulado de nuevo a todos los funcionarios del orden judicial, gubernativo y de hacienda, y a los párrocos por la parte que les respecta.
      • Que los empleados de hacienda, estando encargados de la recaudación de los ramos que forman los de la academia, por el descuido respecto de ellos, sean responsables del importe perdido o defraudado, y que la misma responsabilidad recaiga sobre los párrocos y funcionarios que debiendo dar los avisos necesarios por lo que hace a fallecimientos, conforme al artículo 20 del citado decreto, por falta de ellos, se verifique la pérdida o defraudación.
      • Que los que se apropien bienes de los que, por mostrencos, ó por testamentos ó intestados, pertenecen á la instrucción pública, sean tratados como criminales por hurto, o falsa suposición, o por el título con que hayan hecho la apropiación ilegal.
      • Que aquellos funcionarios que apliquen los bienes mostrencos o que no tienen dueño conocido, á otros objetos, distrayéndolos de su destino queden obligados á reponer su importe a la Academia de Estudios con su propio peculio.
      • Que ningún albacea entre a ejercer funciones de tal, ni a asegurar o inventariar los bienes, sin exhibir al juez del circuito el testamento en que conste su nombramiento, y si lo hiciere se le repute, como intruso, y se proceda a costa de dicho albacea a lo que haya lugar, y aun a procesarle en su caso.
      • Que a los que denuncien cualesquiera intereses de la Academia que le toquen desde 1°. de marzo de 1832 hasta 5 de junio de este año, se le abone un dos por ciento mas del prevenido en el decreto de diciembre, a costa de los ocultadores o usurpadores.
      • Que en los casos en que el juez del circuito sea administrador de rentas y deba intervenir en sus operaciones este funcionario, nombre un representante específico por la Academia de Estudios.
      • Que lo que en dicho decreto de diciembre se encargaba a los jefes departamentales, se entienda ahora con los magistrados ejecutores, los cuales quedan con el deber de velar muy especialmente en que no se defrauden y descuiden los intereses que pertenecen a la Academia.

De más está indicar que la circular no tuvo ningún efecto positivo, no solamente por la negligencia de las autoridades competentes, sino por la revuelta campesina que estalló poco después y que eventualmente llevó al derrocamiento del régimen liberal en 1838. El gobierno de Mariano Rivera Paz, quien sustituyó a Gálvez, restituyó a la Pontificia Universidad de San Carlos en 1840.


BIBLIOGRAFIA:


23 de junio de 1851: muere Alejandro Marure

Muere el licenciado Alejandro Marure, primer historiador oficial y primer catedrático de Geografía e Historia en Guatemala

23junio1851
Retrato del historiador Alejandro Marure, tomado de Wikimedia Commons.

La documentación de la historia de Guatemala se inició con el gobierno del doctor Mariano Gálvez, quien nombró al licenciado Alejandro Marure como historiador oficial de su gobierno con el fin de mostrar todas las bondades del régimen liberal y de denostrar en todo lo posible al partido conservador.1,2

Marure había sido educado en el Seminario Tridentino, como se acostumbraba en la época colonial para los varones de las élites sociales.  Era hijo de Mateo Antonio Marure, quien murió cuando su hijo solamente contaba con seis años de edad durante el gobierno del capitán general José de Bustamante y Guerra. El padre de Marure había estado dos años en prisión tras ser acusado de independentista y murió cuando fue enviado a España, pues había una epidemia de fiebre amarilla en el puerto de La Habana, a donde llegó en una de las escalas de su viaje a la Península.1,2

Por el resentimiento que tenía contra las autoridades españolas, tras la Independencia de Centroamérica se identificó con el partido liberal y por esto, fue llamado por el gobiero del Dr. Gálvez para fungir como juez y para escribir el bosquejo de las revoluciones de independentistas de 1811 y de la Guerra Civil Centroamericana. Además fue nombrado como catedrático de Geografía e Historia de la recién fundada Academia de Ciencias y Estudios, entidad que sustituyó a la Pontificia Universidad de San Carlos durante el régimen de Gálvez, y cuya imprenta publicó las primeras obras de Marure.1,2

Tras el derrocamiento de los liberales en 1838, Marure escribió su obra de «Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América» la cual tiene un marcado sesgo liberal. Sin embargo, el general Rafael Carrera no lo persiguió por ello, sino que lo distinguió con su amistad y mantuvo su prestigio, además de proporcionarle las facilidades para que siguiera desarrollando su actividad historiadora. De hecho, fue Marure quien escribió la proclama por la cual Carrera y Mariano Rivera Paz declararon al Estado de Guatemala desglosado de la Federación Centroamericana.1,2

Para 1841 su relación con Carrera era excelente, al punto que junto con éste, y con el licenciado José Venancio López y el aristócrata Luis Batres Juarros, fueron nombrados por la Asamblea como miembros del consejo de Gobierno, para «sustituir al presidiente del Estado» en caso necesario.  En febrero de 1842 se presentó esta situación por la renuncia de Mariano Rivera Paz a la jefatura del gobierno, aunque Marure no pudo asumir la presidencia debido a que en ese momento fungía como presidente de la Asamblea Legislativa.  Marure, en cambio, ratificó a José Venancio López en el gobierno con carta abierta para solicitar todos los recursos militares que fueran necesarios para contrarrestar la muy posible invasión de Francisco Morazán, quien había retornado a Centroamérica tras ser derrotado por Carrera en Guatemala en 1840.  López no soportó la presión del cargo y renunció a las pocas semanas, devolviendo el poder a Rivera Paz.1,2

Desafortunadamente, Marure era un hombre enfermizo, quien tenía una constitución endeble y padecía de problemas intestinales.  Aunque muy disciplinado en su trabajo, no logró terminar el segundo tomo de la Historia de Centroamérica ni la Recopilación de Leyes, obras que le encomendara el gobierno, ya que la muerte lo sorprendió cuando contaba apenas con cuarenta y seis años de edad.1,2

El lector interesado encontrará aquí algunas de las obras de Marure:3-6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Chinchilla Aguilar, Ernesto (1966). Alejandro Marure. México: Cultura.
  2. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. Peláez Almengor, Oscar Guillermo (febrero de 1993). «Los «Marure Papers» y la Disertación segunda sobre la Historia del Derecho». Estudios.
  4. — (enero de 1993). «Alejandro Marure, su itinerario intelectual». Estudios.
  5. — (1989). Alejandro Marure, la historia y el proyecto político. Guatemala: Universidad de San Carlos.
  6. — (noviembre de 1988). «Dos modos de ver, dos historiadores». Apuntes sobre Historia y Sociedad (Guatemala).
  7. — (23 de octubre de 1988). «156 años de la primera cátedra de historia universal a nivel universitario». Prensa Libre (Guatemala).

1 de marzo de 1832: los liberales crean la Academia de Ciencias y Estudios

El gobierno liberal crea la Academia de Ciencias y Estudios en sustitución de la Pontificia Universidad de San Carlos

Invitación an acto de graduación de la Universidad de San Carlos del bachiller Francisco de Paula García y Peláez (futuro arzobispo de Guatemala) en 1817. La invitación estaba escrita en latín y tenía una oración para el santo al que estaba dedicado el acto.  Imagen tomada de la invitación de García Peláez.

La Universidad de San Carlos de Guatemala, única institución pública de educación superior en Guatemala, ha pasado por varias transformaciones durante su existencia. Dejando por un lado la discusión de que si se trata o no de la misma institución que fue originalmente fundada en 1676, existe una breve etapa que es la menos conocidas de la historia de la educación superior en Guatemala: la Academia de Ciencias y Estudios, que existió entre 1832 y 1840.

En 1832, luego de triunfar en la Guerra Civil Centroamericana, los criollos liberales se habían hecho con el poder en Centroamérica, aprovechando su poder para expulsar a los criollos conservadores aristocráticos de la región y saqueado los tesoros privados y religiosos de la ciudad de Guatemala.1 El nuevo gobierno liberal del Estado de Guatemala consiguió cierta tranquilidad y decidió restablecer la educación pública.

Para que el lector se de una idea de lo escaso de la preparación de la población  guatemalteca de la época, he aquí un listado de las instituciones disposibles para la educación primaria en la ciudad capital:

Para varones:

    • La escuela normal creada el 8 de marzo de 1831.
    • Tres escuelas de primeras letras fundadas en 1829.
    • Dos escuelas de primeras letras creadas por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy a finales del siglo XVIII
    • La escuela de primeras letras del convento de Belén2

Para niñas:

    • Escuela del beaterio de Santa Rosa
    • Escuela del beaterio de Indias
    • Escuela del convento de Belén
    • Colegio «La Presentación«
    • La escuela de la parroquia de San Sebastián
    • La escuela en la parroquia de Candelaria3

Fuera de la capital solamente había escuelas para varones en la cabecera de cada uno de los seis departamentos que existían en ese entonces, y una más para niñas en las cuatro cabeceras que tenían título de ciudades.

La educación secundaria estaba en peores condiciones, ya que estaba concentrada en su totalidad en la ciudad de Guatemala, y era solamente para varones. Existían dos instituciones:

    • El Colegio y Seminario Tridentino, el cual estaba enfocadao a la liturgia, práctica pastoral y ejercicios de predicación.
    • El Colegio de Infantes, el cual estaba encargado del resto de la educación secundaria.4

Para afrontar la educación superior, que había quedado a la deriva durante la Guerra Civil, el gobierno creó una Academia de Ciencias y Estudios la cual quedó a cargo del gobierno del Estado, y para que contara con las mejores posibilidades de éxito se estipuló incorporar a:

    • Todos los doctores, maestros y licenciados de la antigua Universidad de San Carlos.
    • Todos los abogados de los tribunals del estado, esten o no matriculados en su respectivo colegio.
    • Todos los licenciados y habilitados por el protomedicato para el ejercicio de la medicina y cirugía, y profesores de farmacia.
    • Todos lo que en adelante obtuvieran alguno de estos títulos conforme al nuevo arreglo de la instrucción pública.

Además se estipuló que una vez establecida la Academia, se consideraría suprimida la antigua Universidad y el colegio de abogados, que de hecho estaban casi disueltos debido a los desastres causados por la Guerra Civil Centroamericana y se refundieron en la misma los fondos y pertenencias de ambos cuerpos y sus obligaciones respectivas, en especial la que le tocaba al colegio de abogados, de dirigir la academia de derecho teórico-práctico que convirtieron en esa oportunidad en la cátedra de práctica forense.5

La Academia de Ciencias y Estudios funcionó únicamente por cinco años, ya que la revuelta católico-campesina que estalló en 1838 contra las autoridades liberales anticlericales alteró nuevamente la vida del Estado.6

La Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos fue restablecida con sus estatutos y privilegios originales el 5 de noviembre de 1840, ya cuando el regimen liberal había colapsado, aunque ya solamente funcionaba en el Estado de Guatemala.7 Por su parte, el colegio de abogados fue restablecido por decretos del 23 de diciembre de 1851 y del 30 de octubre de 1852.


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  2. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 60.
  3. Ibid., p. 61.
  4. Ibid., p. 65.
  5. Ibid., pp. 66-69.
  6. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-50.
  7. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala., pp. 171-175.

2 de noviembre de 1815: nace el Mariscal José Víctor Zavala

Nace en la Nueva Guatemala de la Asunción el Mariscal José Víctor Zavala, destacado militar en la Guerra contra los Filibusteros

2noviembre1815
Retrato del Mariscal José Víctor Zavala que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En el siglo XXI cuando los guatemaltecos escuchamos «Mariscal Zavala» de inmediato pensamos en una cárcel especial en un cuartel militar que se utiliza para mantener en prisión preventiva a personajes con ciertos privilegios.  Pero muchos desconocen quién fue José Víctor Zavala, el militar y abogado.

José Víctor Ramón Valentín de las Animas Zavala y Córdoba nació en la Nueva Guatemala de la Asunción el 2 de noviembre de 1815, en el seno de una familia de ascendencia española y por ello tuvo la oportunidad de recibir una educación muy esmerada.1 Siendo todavía muy joven, fue enviado a los Estados Unidos y Europa en donde aprendió inglés y francés y al regresar a Guatemala se enroló en la Academia de Ciencias y Estudios —institución que los regímenes liberales crearon en 1832 en lugar de la Pontificia Universidad de San Carlos2—, en la que obtuvo el título de abogado, aunque nunca ejerció como tal.1

Inició su carrera militar cuando ingresó al Ejército al surgir los levantamientos en oriente comandados por Rafael Carrera, de quien irónicamente más tarde fue leal colaborador y amigo.1

Cuando Carrera regresó de su exilio en 1849, Zavala fue enviado a detenerlo en Suchitepéquez, pero éste se puso a las órdenes de Carrera y con ello selló definitivamente el retorno del caudillo conservador.  Su colaboración fue tan estrecha que Carrera envió a Zavala junto con el general Mariano Paredes a combatir a los filibusteros estadounidenses en Nicaragua en 1856, en donde Zavala dió enormes demostraciones de valor, lo que le valió el apodo de «el D’Artagnan Guatemalteco» y un enorme prestigio entre sus conciudadanos.1,3

Cuando Carrera falleció en 1865, hubo varios interesados en que fuera Zavala quien fuera designado como presidente, pero los manejos políticos lo dejaron por un lado y resultó designado el Mariscal Vicente Cerna y Cerna como presidente.  Cerna también había sido aliado y amigo de Carrera, pero a diferencia de Zavala, carecía de estudios y preparación.4

Tras la revolución liberal de 1871, Zavala fue el Ministro de la Guerra transitorio de su primo, el presidente provisorio de facto Miguel García-Granados y Zavala, para poder facilitar la transición entre el régimen conservador y el liberal.5

Su última acción militar fue la Intentona de Barrios, que fracasó estruendosamente en Chalchuapa el 2 de abril de 1885.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua.
  2. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la RepúblicaIII. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 60-69.
  3. Aceña, Ramón (1899). Efemérides militares. Guatemala: Tipografía Nacional.
  4. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: El Progreso.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El Libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 474-476.

28 de octubre de 1840: Rivera Paz restablece la Pontificia Universidad de San Carlos

El jefe de Estado Mariano Rivera Paz restablece la antigua Universidad de San Carlos, que había sido clausurada por los liberales en 1831

28octubre1840
Escudo de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala.

Alrededor de la Universidad de San Carlos de Guatemala existen varios mitos que con el paso de los años se han convertido en dogmas para los estudiantes universitarios.  Muchos creen que la Universidad, fundada originalmente en 1676 es, en efecto, tricentenaria, que siempre ha estado comprometida con las clases populares, y que ha sido siempre autónoma.  Por otra parte, existe también la creencia que la Huelga de Dolores que celebran los estudiantes durante la cuaresma es una tradición que tiene ciento veinte años ininterrumpidos de existencia.  Pero, en realidad, tanto la Universidad como la Huelga de Dolores han sido clausuradas por ciertos períodos de tiempos tras los cuales han vuelto a emerger con profundas transformaciones.

Originalmente, la Real y Pontifica Universidad de San Carlos de Borromeo era una institución totalmente dedicada a la enseñanza de teología católica, estando dirigida por los dominicos o por los más altos cargos del clero secular.  Su facultad de Derecho era especializada en el derecho canónico, mientras que su facultad de Medicina -que se inició hasta en el siglo XVIII – y durante sus primeros cien años de existencia, apenas graduó a un puñado de estudiantes.1  En esa época, únicamente aquellos que pertenecían a las más altas capas sociales podían acceder a los estudios universitarios y sus graduaciones eran celebradas con grandes ceremonias que incluían un Te Deum en la Catedral Primada de Santiago.2

La primera transformación de la Universidad ocurrió durante las reformas borbónicas en el siglo XVIII:  en ese momento se transformó la educación religiosa y empezó a introducirse poco a poco el pensamiento de la Ilustración que se iba adentrando en Europa.2  Además, los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios del monarca español en 1767, lo que dejó a la órdenes regulares advertidas e inició un cambio en la orientación educativa.3

A pesar de todo, estos cambios no fueron tan radicales como lo serían los ocurridos luego de la Independencia de Centroamérica en 1821. Aquel 15 de septiembre de 1821, la Universidad dejó de ser real y pasó a ser únicamente la «Pontificia Universidad de San Carlos«, quedando así hasta la invasión de Francisco Morazán en 1829.4

El triunfo del general liberal significó la expulsion de los frailes de las órdenes regulares y de los altos jerarcas del clero secular, seguido del cierre de la Universidad.5,6 Los liberales confiscaron todos los volúmenes que se almacenaban en las bibliotecas de los conventos y crearon su propia institución de estudios superiores: La Academia de Ciencias y Estudios.  Esta nueva Academia se estableció el 1 de marzo de 1832 y estuvo dirigida por el doctor Pedro Molina, quien desechó por completo la educación religiosa de las aulas universitarias.7

Las guerras en el Estado de Guatemala continuaron y tras el triunfo del general Rafael Carrera en 1838, la Academia de Ciencias quedó prácticamente abandonada.  Finalmente, los conservadores restablecieron la Pontificia Universidad de San Carlos el 26 de febrero de 1840, con unos nuevos estatuos que le otorgaban los privilegios y prerrogativas con que fue creada originalmente durante el Imperio Español.  Pero ahora la situación era diferente:  los conservadores gobernaban únicamente en el Estado de Guatemala, y por esta razón, la Universidad ya no tenía jurisdicción en todo el antiguo territorio de la Capitanía General.  De hecho, cada Estado fundó su propia Universidad.8

La Pontificia Universidad se mantuvo como tal hasta la caída del regimen conservador en 1871.  Entonces, fue definitivamente clausurada y sustituidas por varias Escuelas Facultativas que eran totalmente dependientes del Ministerio de Instrucción Púbica.  Inicialmente estaban solamente en la Ciudad de Guatemala, pero luego la Facultad de Derecho tuvo sede en Quetzaltenango.  Estas facultades totalmente laicas fueron:

Las facultades seguían siendo exclusivamente para la élite de la sociedad guatemalteca.  En un artículo publicado en el diario oficial sobre el número de estudiantes matriculados a principios del siglo XX el total reportado no llega ni a doscientos alumnos.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Martínez Durán, Carlos (2009). Las Ciencias Médicas en Guatemala, origen y evolución (4.ª edición). Guatemala: Universitaria. ISBN 9789993967583.
  2. Paganini, Ricardo (1947). Historia De La Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala. Guatemala, C.A.: Tipografía Nacional. pp. 49-197.
  3. Real Gobierno de España (18050 [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Cazali Ávila, Augusto (1997). Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, época republicana: (1821-1994). Guatemala: Universitaria. 
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  6. Taracena Flores, Arturo (2015). La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Cara Parens, Universidad Rafael Landívar. p. 3.
  7. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 61-65.
  8. Ibid, pp. 167-171.
  9. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 460-461.

24 de julio de 1820: Pedro Molina funda «El Editor Constitucional»

El doctor Pedro Molina funda «El Editor Constitucional», primera publicación privada en la Capitanía General de Guatemala

24julio1820
Retrato de Molina Mazariegos tomado de Wikimedia Commons.

Muchos de nuestros estimados lectores conocen al doctor Pedro Molina como uno de los promotores de la Independencia de Centroamérica, ya que con su periódico «El Editor Constitucional» se dedicó a abogar por la separación de la región de la corona española.  También, son muchos los que saben que su esposa, Dolores Bedoya de Molina, estuvo motivando a las personas que acudieron a la Plaza de Armas el 15 de septiembre de 1821 para que apoyaran la declaración de la Independencia.

Pero, ¿quién fue en realidad el doctor Pedro Molina Mazariegos?  En primer lugar, provenía de una familia criolla y fue uno de los muy escasos médicos que se graduó de la Escuela de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo.1 Además de ser galeno, fue catedrático de la Universidad y miembro del partido criollo que se oponía  a las familias aristocráticas locales.  En una oportunidad, fue consultado sobre las llagas de estigmata que se decía le aparecían a la monja María Teresa Aycinena hacia finales de la época colonial, y como Molina pertenecía al grupo criollo que consideraba que la familia Aycinena tenía demasiados privilegios por sus estrechas relaciones con la Corona Española, quizá esa rivalidad haya influido en el dictamen desfavorable que elaboró sobre la mencionada estigmata.2,3

Viendo que la situación del Reino de Guatemala era precaria y que el gobernante era débil y timorato, Molina inició la publicación de su periódico a favor de la Independencia.  Su ideal era que ya no era posible continuar con las estructuras coloniales y había que establecer un sistema político más progresista, entendiendo por ello, independiente no solamente de la corona, sino que también de las órdenes religiosas que hasta ese momento conservaban aún un buen porcentaje del poder prácticamente absoluto del que habían gozado hasta 1767, cuando fuerzon expulsados los jesuitas.4  Puede decirse que Molina fue el ideólogo de los criollos anticlericales que posteriormente se aglutinaron en el Partido Liberal, opuesto al Conservador.

Tras la Independencia, Molina fue un personaje influyente en la política de la región, oponiéndose al gobierno conservador de Mariano de Aycinena tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826, y llegando incluso a ser electo Jefe del Estado de Guatemala luego de que Francisco Morazán invadiera a Guatemala en 1829 y expulsara a todos los miembros de la Familia Aycinena y de las órdenes regulares de la Iglesia Católica de todo el territorio centroamericano.    Sin embargo, Molina no llegó a tomar posesión del cargo por desaveniencias con Morazán.5

Ya cuando el doctor Mariano Gálvez fue Jefe de Estado de Guatemala, Molina fue nombrado como rector de la Academia de Ciencias y Estudios, que fue la institución laica que fue creada por los liberales en sustitución de la desaparecida Real y Pontificia Universidad el 1 de marzo de 1832, cuando publicaron la reforma educativa del Estado.6 Desafortunadamente, debido a las convulsa situación que se vivía en Guatemala, no se pudo apoyar a la Academia de Ciencias y ésta fue cerrada poco después de que los conservadores retomaron el poder en el país y restablecieran la Pontificia Universidad el 26 de febrero de 1840, solo que ahora únicamente para el Estado de Guatemala.7

La figura de Molina siguió siendo muy relevante incluso cuando ya era de edad avanzada.  Cuando los campesinos liderados por Rafael Carrera  se hicieron con el poder del Estado de Guatemala en febrero 1838,8 todos los liberales huyeron a El Salvador o hacia el Occidente de Guatemala, en donde formaron el Estado de Los Altos.9 De esta cuenta, se establecieron dos frentes para intentar recuperar el poder en Guatemala.  Luego de que el general Rafael Carrera derrotara a Los Altos y los reincorporara a Guatemala por la fuerza,10 Francisco Morazán decidió invadir una vez más a Guatemala en marzo de 1840 para, según él, acabar con Carrera y los conservadores, pero fue derrotado de forma aplastante y tuvo que huir del país.  Fue un hijo de Molina quien ayudó a Morazán a huir de la Ciudad de Guatemala gritando «¡Que viva Carrera y la Santísima Virgen María!«, en donde dejó a sus soldados abandonados a su suerte.11


BIBLIOGRAFIA:

  1. Martínez Durán, Carlos (2009). Las Ciencias Médicas en Guatemala, origen y evolución (4.ª edición). Guatemala: Universitaria, Universidad de San Carlos de Guatemala. ISBN 9789993967583.
  2. Casaús Arzú, Marta Elena (s.f.). «El papel de las redes familiares en la configuración de poder de la élite en Centroamérica». Revista Realidad (Madrid, España). Archivado desde el original el 27 de marzo de 2014.
  3. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena». Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica).
  4. Real Gobierno de España (18050 [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  6. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 61-65.
  7. Ibid, pp. 167-171.
  8. Hernández de León, Federico (27 de febrero de 1959). «El capítulo de las efemérides: Caída del régimen liberal de Mariano Gálvez». Diario La Hora (Guatemala).
  9. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  10. — (29 de enero de 1959). «El capítulo de las efemérides: Reconquista del Estado de los Altos». Diario La Hora.
  11. — (16 de marzo de 1959). «El capítulo de las efemérides: Segunda invasión de Morazán». Diario La Hora (Guatemala).