Efemérides por mes

5 de junio de 1849: el presidente Paredes decreta el regreso del general Carrera

El presidente interino, general Mariano Paredes, decreta que es nulo el decreto legislativo que había impuesto la pena de muerte al expresidente Rafael Carrera si este osaba retornar del exilio en México.

Detalle de la fuente de Jocotenango en 1875. Al fondo, la avenida Simeón Cañas. Fotografía de Eadweard Muybridge, tomada de la recopilación de Luis Luján Muñoz.

El 5 de junio de 1849 gobernaba Guatemala como presidente interino el general Mariano Paredes, quien había llegado al poder el 1 de enero de ese año, luego de que el teniente general Rafael Carrera renunciara al poder en agosto, y que los presidentes Juan Antonio Martínez y Bernardo Escobar apenas estuvieran por muy breves períodos en el poder. Los criollos pensaron que iban a poder hacerse cargo de la situación con la salida de Carrera, y la prensa que manejaban se había dedicado a insultar al ex-presidente exiliado en México, ya que la anarquía que imperaba en el país lo había obligado a separarse del cargo.1

Pero la situación empeoró de tal forma, que el 19 de mayo los miembros de la Asamblea pidieron a Paredes que derogara el decreto del 13 de octubre de 1848, en el que habían declarado a Carrera reo de muerte si intentaba regresar a Guatemala.2 Así pues, el presidente interino emitió el siguiente decreto el 5 de junio, el cual fue publicado por bando a través de un tiraje de hojas sueltas:3

Decreto Número 35

El Presidente interino de la República de Guatemala, facultado por orden especial de la Asamblea Constituyente de 24 de abril último, para obrar respecto del señor General don Rafael Carrera, conforme lo demandan las circunstancias, hasta el completo restablecimiento de la paz; y tiendo en consideración que los artículos 4 y 5 del Decreto de 13 de octubre de 1848, son contrarios a lo que dispone la Ley Constitutiva de Garantías de 5 de diciembre de 1839; oído el dictamente del Consejo Consultivo, decreta:

Artículo 1°.— Se declaran insubsistentes los artículos 4 y 5 del Decreto legislativo de 13 de octubre del año próximo pasado, que prohiben al teniente general don Rafael Carrera, regresar al territorio de la República.3

Artículo 2°.— El gobierno dirigirá, por medio de su Ministro Plenipotenciario, al de la República mexicana, poniendo en su conocimiento el presente decreto para los efectos consiguientes.

Dado en el Palacio de Guatemala, a 5 de junio de 1849.  

        • Mariano Paredes
        • El Ministro de la Guerra, Francisco Cáscara4

Los diputados liberales, ya viendo que el retorno del caudillo es inminente, y sabiendo que había establecido pactos con los líderes indígenas de la región occidental de Guatemala durante su retorno, temían que se desatara una carnicería contra los criollos, como ya estaba ocurriendo en Yucatán.5 Muchos de los liberales se ocultaron, como el joven Lorenzo Montúfar y Rivera —quien era secretario de la Asamblea cuando se firmó el decreto que declaraba a Carrera como reo de muerte— se escondió en la casa del ingeniero Julián Rivera, pariente suyo, y luego huyó del país disfrazado de clérigo. Y no sólo los liberales temían el retorno de Carrera, pues habían sido los criollos conservadores y los miembros del clero los que le habían pedido la renuncia al ex-presidente el 15 de agosto de 1848.6

Y como la situación del país siguiera en completo caos, el 3 de agosto Paredes nombró a Carrera como Comandante General de las Armas de la República por medio de otro bando.  Ahora, la prensa guatemalteco dió un giro completo y en vez de vilipendiar al general Carrera, lo llamaba «general invicto«, «salvador de Guatemala«, «hombre providencial«, «estratega genial y maravilloso«. Y no solamente la prensa se apresuró a adularlo; Quetzaltenango —que poco antes había intentado formar nuevamente el Estado de Los Altos— no solamente firmó un tratado de paz con él, sino que se apresuró a brindarle a los miembros de su ejército para que combatiera a su lado.7

Carrera entró triunfalmente el 8 de agosto, y una comitiva con el presidente Mariano Paredes a la cabeza salió a recibirlo mientras los liberales huían, y los conservadores, que no eran bien recibidos en el resto de Centro América por aristócratas, tuvieron que pactar con él sabiendo que tenía fuertes alianzas con los líderes indígenas y temiendo que los lanzara en su contra.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides: capiítuylos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 394.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 395.
  4. Ibid., p. 396.
  5. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  6. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 258.
  7. Paredes, Mariano; Guzman, Agustin (1849). Convenio. Antigua Guatemala.

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4 de junio de 1856: proclama de William Walker en León, Nicaragua

En preparación a hacerse con el poder en Nicaragua y convertirla en una colonia esclavista de los Estados Unidos, William Walker lanza una proclama en la ciudad de León, donde estaba el gobierno complotando en su contra.

Palacio Presidencial de Walker durante su gobierno en Nicaragua. En el recuadro: retrato de Walker. Imágenes tomadas de «No Particular Plate to Go» y «Nicaragua Community«.

Las rivalidades entre los criollos liberales y los criollos aristócratas o conservadores han sido nefastas para la región Centroamericana. Un claro ejemplo fue que los criollos de un partido le abrieron las puertas al filibustero estadounidense William Walker en Nicaragua para vencer a los criollos rivales y, como resultado, todos los países centroamericanos tuvieron que enviar ejércitos para expulsarlo cuando dió un golpe de estado.1

A principios de 1856, el presidente Juan Rafael Mora de Costa Rica lanzó una proclama en contra el gobierno nicaragüense, por haber nombrado a Walker como general en jefe del ejército, y se preparó para invadir Nicaragua. Aquella proclama de Mora resonó en toda la región y todos los países se empezaron a preparar para combatir la filibustero. En los primeros combates las fuerzas costarricenses se impusieron a las de los mercenarios filibusteros y el presidente nicaragüense Máximo Jerez, optó por trasladar el gobierno a la ciudad de León, la cual estaba aislada en esa época por lo que ayudaba a la conspiración que los criollos planeaban hacer en contra del norteamericano ahora que consideraban que ya no les era útil a sus fines.2

Pero Walker, sospechando lo que se tramaba en su contra, y sabiendo que El Salvador iba a iniciar a enviar hombres a Nicaragua, debido a la amenaza que el filibustero representaba a la soberanía de la región, decidió aprovechar a su favor la retirada de las fuerzas costarricenses el 26 de abril debido a los estragos de la epidemia de cólera que diezmaba las tropas de Mora.  De esta forma, salió de Granada el 31 de mayo y se fue para León, en donde fue recibido con grandes muestras de júbilo por los pobladores que rivalizaban en sus demostraciones de respeto y agradecimiento para con los soldados mercenarios de Walker, sin imaginar que los planes del estadounidense era el de convertir a Nicaragua en una colonia esclavista de los Estados Unidos.3

Walker advirtió que los miembros del gobierno estaban preocupados e inquietos por las noticias de que se estaba preparando el ejército salvadoreño para invadir Nicaragua, y se rumoraba que el presidente de Guatemala, general Rafael Carrera, también estaba por iniciar su avance.3

Cuando Walker se enteró de que el gabinete había propuesto reducir a doscientos hombres la fuerza de los filibusteros al servicio de Nicaragua, Walker se jugó el todo por el todo. Primero, le hizo ver al gobierno que esto era imposible, porque el Estado no estaba en condiciones de pagarle a los mercenarios lo que les debía si los despedía;4 y luego, lanzó el siguiente manifiesto público en preparación a tomar el poder por la fuerza:

Nicaragüenses:

¡Compatriotas!  Os doy este nombre con gusto y alegría y he de estar entre vosotros leoneses, hijos ilustres de la libertad y amantes del progreso. Soy vuestro compatriota porque en Nicaragua mi patria adoptiva, como lo es igualmente de millares de hombres libres que me han acompañado, y que han derramado su sangre, perdido la vida con gloria, porque lo han hecho defendiendo a su patria, y morir así es glorioso.  Los campos de Santa Rosa y de Rivas, son pruebas patentes, así como también lo son de que defendimos con bizarría nuestros fueros patrios, el triunfo obtenido sobre los costarricenses; ellos han sido vencidos y los hechos lo demuestran. ¿En dónde están? En vano pues, escriben falsedades por su calumniosa prensa. Mas nos falta qué hacer todavía; las Repúblicas vecinas injusta y torpemente nos amenazan, es preciso aunque sea doloroso, ir a las armas. Volad pues, valientes leoneses a tomarlas, y creed que el triunfo es seguro. Nuestra bandera es de justicia, orden y libertad.  La civilización os dará la victoria, y la posteridad os verá con envidia: vuestros hijos y las generaciones venidaderas, tomando por herencia  la paz que dejaréis a una patria digna de hombres, os colmará de bendiciones, y la historia os consagrará una página inmortal. Nicaragüenses: conoced vuestros verdaderos intereses, escuchad la voz del Presidente de la República, y unámonos en un solo sentimiento para defendernos, y marchemos si fuere necesario y lo ordenase el Gobierno, contra los enemigos de la humanidad y de todo bien social, que tendrá mucha honra en acompañaros vuestro amigo y compatriota.

        • William Walker, general en jefe del ejército nicaragüense.

León, junio 4 de 1856.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 397.
  2. Ibid., p. 398.
  3. Ibid., p. 400.
  4. Ibid., p. 401.
  5. Ibid., p. 399.

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3 de junio de 1830: los ingleses toman la isla de Roatán

Los ingleses nuevamente toman la Isla de Roatán tras invadirla desde Belice.

Playa de la isla de Roatán, actualmente de Honduras. En el recuadro: escudo de la República Federal de Centro América, a la que la isla pertenecía en 1830. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante la época colonial los piratas y corsarios ingleses, franceses y holandes infestaban las costas del Reino de Guatemala, aunque hacia el final de ese período ya solamente quedaban los ingleses, quienes se fueron a la guerra con España en 1782 y el presidente y teniente general de los Reales Ejércitos, Matías de Gálvez, quien los expulsó de la región, y los obligó a refugiarse en Belice.1

Ahora bien, los ingleses siempre esperaban el momento oportuno para apropiarse de los territorios aislados de la región centroamericana.  En 1642 tomaron la isla de Roatán, aunque fueron expulsados con la ayuda de ejércitos de la provincias de La Habana y de Santo Domingo, pero luego regresaron en 1742 y se asentaron hasta que fueron expulsados por Matías de Gálvez en 1782.  Quince años después regresaron a la isla, llevando consigo a dos mil esclavos africanos para establecerse definitivamente, pero fueron nuevamente expulsados por los españoles con todo y los esclavos.2

Los ingleses eran pacientes, y desde Belice enviaron unos hombres a la isla de Roatán el 3 de junio de 1830, con lo que la tomaron fácilmente, venciendo a la pequeña guarnición de la República Federal de Centro América que allí se encontraba.2 En ese momento, los británicos sabían que el gobierno centroamericano estaba muy debilitado tras las guerra civil que se extendió de 1826 a 1829, y aprovecharon la ocasión.3

El presidente de la República Federal, general Francisco Morazán, consiguió establecer comunicación con el rey Guillermo IV de Inglaterra, y logró que los ingleses que ocuparon Roatán se replegaran nuevamente a Belice, solo para que regresaran a ocupar la isla en 1839,4 aprovechando nuevamente la fragilidad del gobierno centroamericano, esta vez sumido en la anarquía tras la separación de Honduras, Nicaragua y Costa Rica,5 y por el derrocamiento del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez en Guatemala.6 Así pues, solamente el estado de El Salvador —que era gobernado por el expresidente federal Francisco Morazán— y el de Los Altos —que se acababa de formar con el 50% del territorio occidental del de Guatemala7— protestaron formalmente  y en un tratado de paz, amistad y comercio, establecieron de modo terminante que, mientras no se devolvieran las islas ocupadas por los ingleses, las relaciones con Gran Bretaña permanecerían interrumpidas. Incluso, no iban a admitir ni en Los Altos ni en El Salvador, mercadería que procediera de Inglaterra, aunque fuera llevada por buques de otra nacionalidad, ni recibirían mercadería de otros orígenes, si era llevada por buques de bandera británica.8

El cónsul plenipotenciario de Inglaterra en Centroamérica, Frederick Chatfield no estuvo de acuerdo con aquello y en forma arrogante y prepotente se dirigióa  los jefes de Estado de Los Altos y El Salvador exigiendo que levantaran la prohibición.  Y aunque éstos rechazaron las amenazas del diplomático tajantemente, la firme posición de los estados centroamericanos no tardó mucho puesto que ambos fueron derrotados categóricamente pocos meses después en los combates que libraron contra el caudillo guatemalteco Rafael Carrera, cuyo ejército estaba patrocinado por los ingleses.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Real Academia de la Historia (s.f.) Matías Gálvez y Gallardo. España: Real Academia de la Historia.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 388.
  3. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  4. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 389.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  6. Solís, Ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.
  7. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  8. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 390.

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2 de junio de 1765: desastre de la Santísima Trinidad

Una serie de desastres naturales entre el 2 y 4 de junio de 1765 destruyen a la población de Chiquimula de la Sierra.

Grabado del arquitecto Frederick Catherwood realizado en 1840, que muestr alas ruinas de la iglesia de Chiquimula de la Sierra. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La provincia de Chiquimula de la Sierra era una de las diez que conformaban la arquidiócesis de Guatemala, cuando la recorrió el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, durante los años de 1768 a 1790. A mediados del siglo XVIII la población  principal reunía varias construcciones y había llegado a su apogeo. Tenía varias iglesias, siendo la principal la majestuosa iglesia parroquial que estaba frente a la plaza pública, de 75 pies de frente y 250 pies de fondo, con muros de 10 pies de espesor, y una casa de curato adjunta.  Además estaba la Ermita del Calvario, cárceles públicas, cabildo indígena, mesones y viviendas. Como se acostumbraba en esa época, las casas de los encomenderos españoles estaban construidas de adobe y cubiertas de techo de teja, mientras que las de los indígenas y mestizos eran sencillos jacales con paredes de arcillas o varillas de carrizo y con techo de paja, hojas o pajón. Los corregidores vivían en las Casas Reales, en donde también funcionaba la Casa de Justicia; a setenta metros de dichas casas estaba  la Sala de Armas y se alzaba una pila comunal.  El poblado  estaba formado por los barrios de San Nicolás Obispo, San Juan, Santa Cruz, San Sebastián, y el Calvario.1

El historiador Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán describió así a la iglesia principal en la Recordación Florida en 1790: «de gran buque, con no común arquitectura, con sacristía y capilla mayor, con dos elegantes bóvedas… se cubre de la debilidad de la paja frágil […] Su retablo principal con ostentación de grande planta […] con grave y decorosa arquitectura, con elegantes tallas, y retablos, y adornos bien esmerados de bultos y imagen primorosas, de docta y simetría escultura y pintura de gran perfección y viveza2

Chiquimula de la Sierra fue destruido por un evento cataclísmico que incluyó el rompimiento de unos cerros por donde escapó una considerable cantidad de agua que inundó el poblado, seguido de un fuerte terremoto que destruyó las construcciones principales y una tormenta eléctrica que quemó los jacales que habían sobrevivido. Reproducimos a continuación lo que relata el arzobispo de Guatemala, Pedro Cortés y Larraz, quien recorrió toda su arquidiócesis a lomo de mula entre 1768 y 1770, sobre el desastre de la Santísima Trinidad del terremoto del 2 de junio de 1765, y sobre cómo había quedado el poblado después del mismo:3

En el día 2 de junio del año de 1765 hubo en este pueblo y también en el de Zacapa, un huracán sobrado violento, que arruinó algunos edificios y maltrató otros. En el día 3 de los mismos hubo un gran temblor, que derribó edificios, que en el antecedente habían quedado maltratados y como en estos días no habían padecido mucho los jacales por ser de palos y cañas, en el 4 del mismo se formó una gran tempestad, que arrojó varios rajos y los quemó; con lo que dichos pueblos quedaron en lo material, cuasi destruidos enteramente, con muchas muertes y pérdida de sus habitantes.

Con este motivo, habiendo pensado en la reedificación de dichos pueblos, unos vecinos querían permanecer en el sitio, en donde antes estaban, sin duda para aprovechar lo que pudieran los despojos de las ruinas. Otros quisieron establecerlos en diferente sitio y lo que sucedió fue haber hecho unos pueblos de monstruosa dilatación, porque parte de los vecinos quedaron en el sitio en que habían estado hasta entonces; parte fundaron en otro diferente, de modo, que de extremo a extremo del pueblo hay como una hora de camino.Nota a

Quedaron en el sitio antiguo, según parece, las gentes más pobres; porque hasta de presente no se ven en él otros edificios que jacales, la iglesia y casa del cura por tierra para monumento de la ruina y de lo que fueron antes de esta tragedia; pues se ve que la iglesia era, o la mayor y más magnífica de todo el Arzobispado, o que en todo él no había otra que le excediera. En el sitio nuevo se ven ya varias casas edificadas con bastante hermosura, como son las casas reales, la del cula, del Alcalde Mayor y de varios vecinos, que forman buenas calles, buenos edificios y si hubiera providencia es regular que con el tiempo saliera uno de los pueblos mejor formados que habría en el reino.

Dice el cura en sus respuesta bastantemente mal adaptadas y diminutas, que el recibo de este curado asciendo a 2,800 pesos 1/2 real y algunos maravedís más que no se sacaron. Que en los cuatro pueblos se habla el idioma chortí. Que en todo el curato hay personas de confesión 5,253, familias 1,949 y personas de confirmación 2,165.  Que los vicios más dominantes son no pagar exactamente diezmos y primicia y haber mucha libertad en quitar honras.  Que hay tres escuelas en que se les enseña a leer, escribir y toda la doctrina cristiana.  Y que en este partido las vejaciones que los indios han tenido, han sido causadas de la ruina acá, tres años de pestes y necesidades.

Aunque parezca algún extravío del asunto, reflexionar sobre lo acaecido en los días 2, 3 y 4 de junio del año de 1765, no omito decir ser cosa bien irregular y que manifiesta bastantemente hallarse Dios ofendido (y mucho de estos pueblos) según lances semejantes, que nos acuerda la escritura, porincipalmente por el poeta Joel al cap. 1°., y aún debe aumentarse lo sucedido en Petapa, Atheos [en Sonsonate] y otros pueblos con el diluvio, o inundación que sucedió al mismo tiempo y en el mismo año, sin haberlos causado la abundancia de lluvias, sino romperse algunos cerros y salir por sus roturas tanta abundancia de aguas que los inundó con pérdida de los pueblos, de las iglesias y sus alhajas y de muchos bienes y personas, sobre cuyos principios es bien de temer que tales contratiempos tuvieron sus principios en tanta inundación de culpas, como se cometen tan sin respeto a Dios.3,Nota b

La iglesia quedó destruida y para 1840, ya eran solamente ruinas lo que quedaban, tal y como lo describe el explorador estadounidense John L. Stephens, quien estaba en una visita de buena voluntad al gobierno de Mariano Rivera Paz en Guatemala por orden del presidente de los Estados Unidos, Martin Van Buren: «encaminándonos hacia abajo hasta la orilla de la meseta, vimos lo que no había llamado la atención desde la distancia: una gigantesca iglesia en ruinas. Tenía setenta y cinco pies de frente y doscientos cincuenta de fondo, siendo los muros de diez pies de espesor. La fachada estaba adornada con ornamentos e imágenes de santos, más grandes que lo natural. El techo se había derrumbado y en el interior había grandes bloques de piedra y argamasa y una espesa vegetación. Fue edificada por los españoles en el sitio del antiguo pueblo indígena; pero habiendo sido dos veces destrozada por los terremotos, sus habitantes la abandonaron, edificando el pueblo donde se encuentra ahora. El lugar arruinado se utiliza ahora como cementerio; adentro de la iglesia se encontraban los restos de los sacerdotes y monjes, con sus respectivas lápidas«.4


NOTAS:

  • a: debe recordarse que en 1770 no existían los modernos medio de transporte.
  • b: era costumbre en la época en que ocurrió el desastre de la Santísima Trinidad que las catástrofes fueran atribuidas a los pecados de los hombres, en especial no pagar el diezmo obligatorio.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Putzeys, Ivonne; Flores, Sheila (2007) Excavaciones arqueológicas en la Iglesia de la Santísima Trinidad de Chiquimula de la Sierra: Rescate del nombre y el prestigio de una iglesia olvidada. En: XX Simposio de Arqueología en Guatemala. (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía). Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología. pp. 1473-1490.
  2. Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de (1882-1883) [1790]. L. Navarro, ed. Historia de Guatemala: O recordación Florida. Escrita el siglo XVII por el Capitán D. Francisco Antonio de Fuentes Guzmán, que publica por primera vez con notas e ilustraciones D. Justo Zaragoza. Madrid: Colegiata.
  3. Cortés y Larraz, Pedro (1958) [1770] Descripción geográfico-moral de la diócesis de Goathemala. En: Biblioteca «Goathemala» de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. XX. (I). p. 276.
  4. Stephens, John Lloyd; Catherwood, Frederick (1854). Incidents of travel in Central America, Chiapas, and Yucatan (en inglés). Londres, Inglaterra: Arthur Hall, Virtue and Co. p. 42.

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1 de junio de 1839: los liberales protestan tras golpe de estado de Carrera

Tras el golpe de estado de Carrera del 13 de abril de 1839, los diputados liberales que habían de tomar posesión de sus curules en la Asamblea Constituyente convocada para el 1 de junio, publican una enérgica protesta desde Los Altos

Ciudad de Quetzaltenango en la segunda mitad del siglo XIX. Desde aquí protestaron los diputados liberales el no poder participar en la Asamblea constituyente por temor por sus vidas. En el recuadro: el diputado y líder liberal José Francisco Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego del derrocamiento del Dr. Mariano Gálvez, los criollos liberales encabezados por José Francisco Barrundia pensaron que iban a hacerse con el poder fácilmente pero no lo consiguieron, en parte por sus propios errores y en parte por la oposición de la huestes de Mita, comandadas por el teniente coronel Rafael Carrera.

Y la realidad les cayó como balde de agua fría con el golpe de estado que perpetró Carrera el 13 de abril de 1839, por medio del cual forzó a huir al jefe de Estado Carlos Salazar,1 a quien el presidente federal Francisco Morazán había colocado en lugar de Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.2  Tras el golpe de estado, para el 1 de junio se convocó a una asamblea constituyente en la Nueva Guatemala de la Asunción, pero varios los diputados liberales tuvieron que huir al Estado de Los Altos y desde Quetzaltenango, encabezados por Barrundia, lanzaron la siguiente proclama el 1 de junio:3

Elegidos los que suscribimos, por los distritos que se expresan a continuación de nuestro nombres, para representarlos en la Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala; creemos que faltaríamos a los deberos anexos a la alta confianza que hemos merecido de los pueblos, si callásemos en medio de los acontecimientos que han hecho desaparecer el orden público en nuestra afligida patria y sometido sus destinos al imperio brutal de las bayonetas, si consintiésemos por un silencio culpable y deshonroso a la reunión de la Asamblea, cuando se nos ha estorbado y estorba aun por la violencia, llevar a ella la voluntad de nuestro comitentes.

Axioma muy trivial es, del derecho político, el que require la libertad en las deliberaciones para que sea legal la existencia y valederos los acuerods de culaquiera Asamblea representativa. Cuerpos deliberantes y la no intervención de las armas, remota ni inmediata en ellos, son dos idea inseparables; porque sin esto los actos de una Asamblea no serían la expresión del sentimiento general, sino el mandato de lpoder.  Y si en los cuerpos constituidos se considera precisa la libertad, lo es aun mucho más en los constituyentes, cuya misión es incomparablemente de mayor latitud y trascendencia que la de los primeros.

La ocupación de la plaza de Guatemala, verificada por Carrera el día 13 de abril, con escandalosa infracción de los convenios de paz y en desprecio de todas las reglas sociales, ha sustituido en todo el Estado la ley de la Espada y el capricho de aquel caudillo, al orden constitucional.  Desde entonces sus habitantes no tienen derechos ni garantías; pues si bien el enemigo del reposo público, ha querido proclamar la restauración de un Gobierno regularizado, éste, a más de no tener una autoridad incuestionable, solo existe de nombre, no ejerciendo otras funciones que las de echar una sombre de legitimidad sobre los atentados y dominación arbitraria del bandido.  El testimonio, los sentimientos, la exasperación de todas las gentes acreditan nuestra aserción. ¡Verdad amarga pero bien notoria!  El único orden que existe hoy en Guatemala, es el placer de Carrera y de sus colaboradores.  Sujetas las poblaciones a su rapacidad y rabia carnicera; no ha sido este estado de cosas la situación de una hora, de un día ni de una semana; es el régimen permanente, la agonía de todos los momentos desde el infausto trece de abril, hasta la actualidad, que continúa y se prolonga sin un término fijo.  Dígalo sino, el mismo gobernante Rivera Paz, que ha sido repetidas veces insultado personalmente por soldados de Carera, al intentar contener infructuosamente los excesos de los salvajes.

Y, ¿en semejantes circunstancias se pretende aun instalar la Asamblea que ha de producir la regeneración de la sociedad?

Varios de los que suscribimos hemos sido arrojados de nuestros horages por la saña de Carrera y sus hordas; se nos ha dado caza como a fieras, se han profanado hasta los lugares sagrados en pesquisa nuestra, y apenas hemos podido escapar por medio de la fuga, a la persecusión, después de haber visto nuestros cortos haberes hecho presa de los bárbaros y sufrido en el asilo doméstico atropellamientos sin número.  Estamos, al fin, refugiados en un territorio extraño. ¿Podremos concurrir a la sesiones? Es claro que no; y mucho menos cuando el dictador Carrera ha dicho ya ser su irrevocable voluntad que tales y tales diputados no lo sean.  Y cuando habiendo uno de tantos (el ciudadano José Barrundia) reclamado la protección de la ley, como ciudadano y como representante, al que se llama Gobierno, por medio de una protesta que obra en su secretaría, lejos de dispensársele, continuaron los bárbaros persiguiéndole con más encarnizamiento que nunca.  Algunos otros que no hemos estado en los lugares al tiempo del último desastre, nos abstenemos también de partir al desempeño de nuestra comisión, por no exponernos a iguales ultrajes y por no ir a tomar el degradante papel de instrumentos o por lo menos de expectadores pasivos.

Todos los infrascritos tenemos la decidida intención de no concurrir a la Asamblea. La fuerza brutal nos impide que lo hagamos. Entre tanto, los distritos que nos hicieron el honor de elegirnos, no pueden ser privados de sus votos en la formación de la carta constitutiva, no deben carecer de uno o más de sus delegados cuando estos quieren prestarles sus servicios; y ninguna causa justa, ningún obstáculo legal se presenta en contrario.  Tampoco podemos ser reemplazados a virtud de nuevas elecciones, no habiendo renunciado, como no lo hemos hecho, a nuestros nombramientos.  Luego la instalación de la Asamblea constituyente, mutilada como se halla, en cualquier tiempo que se verifique mientras sea el terror, está, por el mismo hecho, viciada, y los acuerdos que emitiere serán nulos y de ningun valor.

Lo son igualmente los actos de las juntas preparatorias y todos los procedimientos de la administración erigida por Carrera. Esta última convicción nos obliga a protestar solemnemente a esa junta de diputados, ante los pueblos del Estado de Guatemala, ante la nación y a la faz del universo civilizado, que tendremos por nulo cuanto se halla acordado o acordare a nombre de la Asamblea constituyente o de las juntas preparatorias, mientras las bandas de Carrera no hayan evacuado la capital y demás poblaciones principales, reduciéndose dichas hordas a sus hogares, y quedando a cubierto de sus ataques la misma corte y el resto del Estado.

Protestamos tambien de nulidad de las autoridades y funcionarios puestos por Carrera, y les hacemos cargos con la responsabilidad a que sean acreedores por haber impedido así la reunión legar de la Constituyente, secundando los actos de Carrera y ejerciendo facultades y poderes que indebidamente se abrogan. 

Estado de los Altos, junio 1 de 1839.

Por supuesto, aquella protesta no prosperó; antes bien, los acontecimientos que se sucedieron los próximos meses dieron fin con el Estado de Los Altos, obligando a Gálvez a partir al exilio a México y a Barrundia a El Salvador.4 Guzmán, por su parte, como era era el jefe de las fuerzas armadas de Los Altos, fue derrotado por Carrera el 29 de enero de 1840 y luego exhibido como trofeo de guerra tanto en Quetzaltenango como en la Nueva Guatemala.5  Esta situación llevó al final definitivo de la República Federal de Centro América cuando Morazán intentó vengar a los Altos y unir a Guatemala con El Salvador por la fuerza, pero fue categóricamente derrotado por Carrera el 19 de marzo de 1840, teniendo que salir exiliado de la región.6

En cuanto a la Asamblea constituyente, ésta nunca presentó su propuesta de constitución y fue sustituida por un Consejo Constituyente tras el convenio de Guadalupe por el que Carrera consiguió que los clérigos salieran del gabinete de Rivera Paz en 1844.7  Carrera se hizo con el poder absoluto en diciembre de 1844 y no aprobó la constitución propuesta en 1845 sobreviviendo a un atentado en su contra perpetrado por estudiantes universitarios en 1846, que querían que se redactara la constitución de una buena vez.8

Carrera fundó la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847 sin que el Consejo Constituyente hubiera emitido una nueva constitución,9 y luego renunció al poder en agosto de 1848 a petición de los criollos de ambos partidos cuando la inestabilidad en el país se hizo insostenible.10 Los liberales se hicieron con el poder, pero no pudieron tomar el control de la situación y Carrera regresó al poder definitivamente en 1849.

Los liberales centroamericanos, liderados por el presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, se aliaron en contra del gobierno guatemalteco e invadieron el país, enfrentando a Carrera en la batalla decisiva en La Arada, el 2 de febrero de 1851.11  No fue sino hasta después del contundente triunfo de Carrera en la Arada que finalmente se aprobó la constitución de 1851, la cual fue redactada para facilitarle gobernar como dictador absoluto.12 De hecho, en 1854 fue nombrado presidente vitalicio y gobernó dictatorialmente hasta su muerte en 1865.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  2. — (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 172-175.
  3. — (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central.VI.  Guatemala: Tipografía Nacional.  p. 375-379.
  4. Ibid., p. 360.
  5. Hernández de León, Libro de las Efemérides, V., pp. 166-168.
  6. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  7. Hernández de León, Libro de las Efemérides, V., pp. 397-402.
  8. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión Tipográfica.
  9. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  10. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. p. 112.
  11. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  12. Asamblea Constituyente de Guatemala (19 de octubre de 1851). Acta Constitutiva de la República de Guatemala, Guatemala.

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31 de mayo de 1952: Arbenz anuncia la Reforma Agraria por cadena radial

En un comunicado radial por cadena nacional, el presidente de Guaatemala, teniente coronel Jacobo Arbenz Guzmán anuncia la implementación de la Reforma Agraria.

Indígenas jornaleras en una plantación cafetalera en la costa sur guatemalteca en 1875. Fotografía de Eadweard Muybridge tomada de Wikimedia Commons. En el recuadro: el presidente Arbenz con un campesino. Fotografía de Edgar Ruano Najarro tomada de Aprende Guatemala.

Los resultados del censo de Guatemala de 1950 reflejó que el 2.3% de la población poseía el 72% del total del suelo mientras que el 76% de los guatemaltecos ocupaban sólo un 9% de ella. En base a esto, el presidente, teniente coronel Jacobo Arbenz Guzmán elevó al Congreso de la República el proyecto la ley de Reforma Agraria.1 Previendo el impacto que tendría la misma, designó a un hombre de negocios que aceptaba la política social del Gobierno arbencista como Ministro de Economía. De hecho, Fanjul era uno de los elementos identificados con los sectores más fuertes de la industria y de las finanzas del país” por lo que su palabra tenía peso y despertaba confianza.2

Ya con el proyecto firme y listo para su aprobación final, Arbenz emitió un comunicado radial por cadena nacional el 31 de mayo de 1952, en el que comunicó la “histórica ley”, diciendo que era una «trascripción fiel de las convicciones por él expresadas a lo largo y lo ancho de todo el territorio de la república durante su campaña, y recordando que constituía un “indeclinable compromiso”. Y es que, de acuerdo al gobierno, las escasas tierras que podían utilizarse para la producción agrícola merecían una distribución más ecuánime.3

De acuerdo al presidente, la reforma agraria tenía por objeto liquidar la propiedad feudal en el campo que se había reforzado con las reformas agracias y laborales implementadas por los gobiernos liberales —especialmente con el de J. Rufino Barrios— para poder desarrollar métodos capitalistas de producción en la agricultura y preparar el camino para la industrialización de Guatemala. Además, declaró que de allí en adelante quedaban abolidas todas las formas de servidumbre y esclavitud y […] prohibidas las prestaciones personales gratuitas de los campesinos, mozos colonos y trabajadores agrícolas, el pago en trabajo del arrendamiento de la tierra y los repartimientos de indígenas.3 En otras palabras, eliminaba las leyes laborares como la de vagancia, la de vialidad y el reglamento de jornaleros,4 que le habían permitido a los grandes cafetaleros incluyendo a expresidente como Barrios y Jorge Ubico, amasar grandes fortunas.5 Y es que cuando los gobiernos liberales introdujeron la producción del café a gran escala, requerían de amplias extensiones de tierra y para su cosecha requerían de grandes cantidades de mano de obra barata. Por ello, hubo expropiación de las tierras comunales a los indígenas y de las órdenes religiosas y se promulgaron las leyes ya mencionadas.3

Ahora bien, no toda la tierra se vería afectada pues que además de las fincas de propiedad estatal -que incluían las fincas que se le habían expropiado a los ciudadanos alemanes durante los gobiernos de Jorge Ubico y Federico Ponce Vaides-, la reforma abarcaba aquellas cuya extensión fuera mayor a 270 hectáreas y que permanecía ociosa sin que se planificara ninguna actividad productiva. También se incluían entre la misma categoría aquellas tierras que tenían entre 90 y 270 hectáreas y cuyas dos terceras partes no tuvieran actividad agrícola alguna. En caso contrario, esas fincas no eran susceptibles de ser repartidas, así como tampoco lo eran las menores a 90 hectáreas, cultivadas o no, así como las tierras de las empresas agrícolas dedicadas a cultivos técnicos; uso que debía comprobarse ante el Estado.3 Eso sí, esta disposición afectaba directamente los intereses económicos de la principal propietaria de tierras en Guatemala: la transnacional estadounidesne United Fruit Company.6

Arbenz explicó que iba a haber una sencilla estructura de autoridades en tres niveles: el Presidente de la República y el Consejo Nacional Agrario; los Consejos Agrarios Departamentales y, en la base, los Comités Agrarios Locales (CAL). Y también explicó que había dos aspectos no menos esenciales:7

  • la tierra sería dada en usufructo vitalicio a los beneficiarios evitando que los finqueros pudieran comprársela y recuperar rápidamente su poder y,
  • la totalidad del trámite podía completarse en solo seis semanas.7

Así pues, el propósito era desmantelar la arcaica estructura rural, creando un mercado local con capacidad para consumir que fuera capaz de sostener el crecimiento industrial, en un sistema en que el Estado, y la figura presidencial en última instancia, ocupaban un lugar central en la propuesta. En otras palabras: una estrategia socialista para alcanzar fines capitalistas.7

Puede decirse que con aquel discurso del 31 de mayo empezaron dos corrientes opuestas en Guatemala: la verdadera revolución socialista del gobierno y la reacción de la derecha que lo empezó a acusar de comunismo. Los grandes propietarios comprendieron inmediatamente que estaban ante un abierto desafío al orden social establecido, completamente novedoso no solamente para Guatemala sino para región.  Como la reforma buscaba modificar drásticamente el sistema de tenencia de la tierra buscando la justicia social, se abrió la pauta para que ésta fuera acusada de comunista.  Y eso sin contar el fuerte rechazo que enfrentaría por parte de la poderosa transnacional frutera estadounidense y las influencias de ésta en el gobierno del general Dwight Eisenhower en los Estados Unidos.8

A pesar de sus buenos propósitos, la Reforma Agraria significó el principio del fin del gobierno arbencista y de todos sus proyectos, y el retorno al sistema previo a la revolución de 1944, con el agregado de que la Iglesia Católica recuperaría muchos de los privilegios perdidos en 1871 y que Guatemala pasaría a ser prácticamente una colonia de los Estados Unidos.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Azurdia Alfaro, Roberto (1959) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1952-1953. LXXI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 20-21.
  2. García Ferreira, Roberto (2012). La Revolución Guatemalteca y el legado del Presidente Arbenz. En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 38. Costa Rica: Universidad de Costa Rica. p. 38.
  3. Ibid., p. 39.
  4. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 69.
  5. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de «El Renacimiento». p. 3-20.
  6. (2008). «Multinational Corporations, Totalitarian Regimes, and Economic Nationalism: United Fruit Company in Central America, 1899-1975». Business History (en inglés) 50 (4): 433-454. doi:10.1080/00076790802106315.
  7. García Ferreria, La Revolución Guatemalteca y el legado de Arbenz, p. 40.
  8. Cullater, Nick. (1994) The United States and Guatemala. 1952-1954. (en ingles). Washington, D.C.: Central Intelligence Agency. p. 84.

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30 de mayo de 1972: declaran al Popol-Vuh como libro nacional

El gobierno del general Carlos Arana Osorio declara al Popol Vuh, considerado en ese momento como el libro sagrado de los k’iche’ como el libro nacional de Guatemala.

Panel mostrando a los héroes gemelos Hunahpú e Ixbalanqué descubierto en sitio arqueológico maya de El Mirador en 2009. En el recuadro: facsímil de una página del manuscrito de fray Francisco Ximénez, O.D.P. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El texto del Popol Vuh se conserva actualmente en un manuscrito bilingüe redactado por fray Francisco Ximénez, O.D.P. quien se identifica como el transcriptor y traductor de un «libro» antiguo, que habría sido escrito alrededor de 1550 por un indígena que, luego de aprender a escribir con caracteres latinos, capturó y escribió la recitación oral de un anciano. Sin embargo, este hipotético autor «nunca revela la fuente de su obra escrita y en su lugar invita al lector a creer lo que quiera», afirmando que el libro original «ya no se ve más«.1

Ximénez transcribió y tradujo el texto en columnas paralelas de k’iche’, y español y posteriormente elaboró una versión en prosa que ocupa los primeros cuarenta capítulos del primer tomo de su «Historia de la provincia de Santo Vicente de Chiapa y Guatemala», que empezó a escribir en 1715.

Los trabajos de Ximénez permanecieron archivados en el Convento de Santo Domingo hasta que estos frailes fueron expulsados del territorio centroamericano junto con otras órdenes religiosas por el general Francisco Morazán, luego de invadir Guatemala y derrotar al gobierno estatal de Mariano de Aycinena y al gobierno federal de Mariano de Beltranena en 1829.2 En 1832 los archivos de las órdenes religiosas fueron trasladados a la Academia de Ciencias —que fue una entidad de educación superior que fue creada por el gobierno liberal en sustitución de la Pontificia Universidad de San Carlos3, y allí estuvieron archivados sin ser revisados debido a la ine​stabilidad política que se vivió en Guatemala en la década de 1830.

Tras la caída del régimen liberal del Dr. Mariano Gálvez en 1838, los criollos aristócratas regresaron al país y empezaron a participar nuevamente en política, junto con los liberales que se habían confabulado para sacar a Gálvez del poder. Pero la inestabilidad política continuaba, y era latente la amenaza de las huestes de Mita, dirigidas por el teniente coronel Rafael Carrera, quienes eran los que verdaderamente habían derrocado a Gálvez en 1838.4 Tras una década de constantes guerras, invasiones, inestabilidad política y golpes de estado, finalmente se alcanzó una paz duradera cuando el general Carrera venció a los criollos liberales centroamericanos en la Batalla de la Arada en 1851,5 tras lo cual Carrera fue nombrado presidente de la República y finalmente empezó el desarrollo del país.6

Para 1854, los frailes habían regresado a Guatemala —que ahora era un estado católico con un concordato firmado con la Santa Sede en 1852— y se abrieron los archivos de los frailes a investigadores extranjeros.7 De esta forma, en 1854, el austríaco Karl Scherzer encontró los manuscrito de Ximénez, y en 1857 publicó en Viena la obra «Las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala». Por otra parte, el abate Charles Étienne Brasseur de Bourbourg sustrajo el escrito original, lo llevó a Europa y lo tradujo al francés publicándolo en 1861 como «Popol Vuh, le livre sacré et les mythes de l’antiquité américaine», acuñando el nombre «Popol Vuh».8 Al morir en 1874, la colección de Brasseur de Bourbourg pasó a Alphonse Pinar quien no estaba interesado en Centroamérica y en 1883 la vendió para reunir fondos para otros estudios. El manuscrito original de Ximénez fue comprado por el coleccionista y hombre de negocios Edward E. Ayer, quien residía en Chicago, Estados Unidos y era miembro del consejo de administración de una biblioteca privada de Chicago. Posteriormente, entre 1897 y 1911, Ayer donó su colección de diecisiete mil piezas a la biblioteca Newberry. Finalmente, en 1947, el reconocido investigador guatemalteco Adrián Recinos localizó el manuscrito en la biblioteca Newberry y publicó la primera edición moderna del Popol Vuh.1

La importancia de la obra fue reconocida por el gobierno guatemalteco, que el 30 de mayo de 1972, el gobierno del general Carlos Arana Osorio declar​ó al Popol Vuh como libro nacional de Guatemala por medio del siguiente acuerdo gubernativo:9

Palacio Nacional: Guatemala, 30 de mayo de 1972.

El presidente de la República,

Considerando: que entre los fines culturales que se ha determinado llevar a cabo el gobierno de la República, está, con carácter fundamental, la difusión y la exaltación del libro;

Considerando: que el año 1972 ha sido proclamado el Año Internacional del Libro, por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO);

Considerando: que el Popol Vuh representa de suyo el libro que configura, y sigue configurando, espiritual y culturalmente a nuestra patria y que, desde el punto de vista universal, representa una de las más valiosas reliquias del pensamiento aborigen,

Por tanto, y en uso de las facultades que le confiere el inciso 4º. del artículo 189 de la Constitución de la República, acuerda:

Artículo 1.º— Se declara el PopolVuh el Libro Nacional de Guatemala.

Artículo 2.º— El gobierno de la República, por medio del Ministerio de Educación, pondrá en obra la reproducción impresa, en edición facsímil, con carácter de homenaje, del texto manuscrito del Popol Vuh.

Artículo 3.º— Se delega en e Ministerio de Educación el cumplimiento del presente Acuerdo, el cual entra en vigor inmediatamente.

Comuníquese,

        • Arana Osorio
        • El Ministro de Educación, Alejandro Maldonado Aguirre9

Es importante indicar, que el contenido de la versión del Popol Vuh que encontró Recinos en 1947 ha sido puesto en duda por varios estudiosos, que señalan que «el Popol Vuh es un libro diseñado y ejecutado con conceptos occidentales. Su unidad de composición es tal que da pie para postular un solo recolector de las narraciones, no parece que este haya sido un autodidacta espontáneo nativo que redactó las memorias de su nación».5​ Esta teoría se basa en ciertos errores de transcripción que comete Ximénez al trasladar el texto, lo cual revela su desconocimiento de la lengua k’iche’. Por ejemplo, las analogías con el libro bíblico del Génesis, si bien mezcladas con conceptos puramente mesoamericanos, han hecho sospechar de una intervención clerical en su composición ya que a los religiosos de esa época les interesaba destruir las tradiciones indígenas para hacer más fácil indoctrinación cristiana de los conquistado.10

El investigador mexicano René Acuña llegó incluso a decir: «Si la fidelidad con que Ximénez copió y tradujo el texto quiché fuera el criterio para establecer la autenticidad del Popol Vuh, habría, de inmediato, que declararlo falso […] Enumerar en detalle todas las inexactitudes que Ximénez introdujo podría justificar un trabajo de páginas cuyo número no se puede cuantificar […] Ante la imposibilidad de efectuar aquí un examen pormenorizado de las traducciones que hizo Ximénez del Popol Vuh, tendré que limitarme a decir que son desiguales y muy infieles y que el fraile omitió traducir un elevado porcentaje del texto. Mi apreciación se basa en el minucioso análisis comparativo que he realizado de las primeras 1,180 líneas del Popol Vuh con las dos versiones españolas de fray Francisco. Pero mi intención no está dirigida a desacreditar la competencia lingüística de este religioso, sino a poner de manifiesto que, con el escaso conocimiento de la lengua k’iche’ que poseía, resulta natural que haya desfigurado la obra al copiarla«.10


BIBLIOGRAFIA:

    1. Woodruff, John M. (2011). «Ma(r)king Popol Vuh». Romance Notes (en inglés) 51 (1): p. 104.
    2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
    3. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 60.
    4. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.
    5. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
    6. Asamblea Constituyente de Guatemala (19 de octubre de 1851). Acta Constitutiva de la República de Guatemala, Guatemala.
    7. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
    8. Brasseeur de Bourbourg, Charles Étienne (1861). Popol Vuh, le livre sacré et les mythes de l’antiquité américaine (en francés). Francia. p. xv.
    9. Azurdia Alfaro, Roberto (1975) Recopilación de la Leyes de la República de Guatemala, 1971-1972, XCI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 638.
    10. Acuña, René (1998). «Temas del Popol Vuh». Ediciones especiales (10) México: UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas. pp. 29-31.

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29 de mayo de 1862: muere Mariano Gálvez

Muere en la ciudad de México el ex-jere de estado de Guatemala, Dr. Mariano Gálvez, quien fuera parte de la Junta Provisional de Gobierno que se formó tras la independencia y jefe de Estado de 1831 a 1838.

El Castillo de Chapultepec en la Ciudad deMéxico, durante la época en que murió en ese ciudad el Dr. Mariano Gálvez. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 2 de junio de 1862, la «Hoja de Avisos» —entonces a cargo del escritor José Milla y Vidaurre— reportó la muerte del ex-jefe de Estado Mariano Gálvez con esta breve nota:

El doctor don Mariano Gálvez, jefe del estado de Guatemala que fué, y que el año de 1839 se ausentó de esta su patria para México, falleció en aquella capital el 29 del próximo pasado mayo. (R.I.P.)1

En esa época gobernaba el capitán general Rafael Carrera, quien había llegado al poder tras el derrocamiento de Gálvez en 1838, y por esta razón la Gaceta Oficial, en donde también trabajaba Milla, no publicó anda al respecto de la muerte del ex-jefe de Estado.1

Tras ser derrocado el 2 de febrero de 1838, el Dr. Gálvez —a pesar de ser líder un gobierno eminentemente anticlerical— se refugió en la casa de un clérigo amigo suyo, y allí estuvo a salvo de sus enemigos liberales hasta el golpe de estado del 13 de abril de 1839, que perpetró Carrera ingresando a la Nueva Guatemala de la Asunción para restituir en el poder a Mariano Rivera Paz, quien había sido removido a la fuerza por el presidente federal, general Francisco Morazán, en enero de ese año. Tras el golpe de Estado, Gálvez huyó de la ciudad, pues temía que las hordas de Carrera lo asesinaran.2

Su recorrido no fue fácil, pues tuvo que sortear innumerables obstáculos para llegar a las afueras de la ciudad, y luego salir en su mula a hacia Chimaltenango. Y no se fue directamente, sino que tuvo que dar grandes rodeos para evitar encontrarse con sus enemigos. Finalmente llegó a Quetzaltenago en donde estuvo un corto tiempo.  A pesar de todo, fue electo diputado por Cahabón a la Asamblea constituyente convocada por Carrera para el 1 de junio, y junto Barrundia y Agustín Guzmán protestaron no poder asistir a las reuniones de dicha asamblea por haber tenido que huir a Los Altos por la persecución de las huestes de Carrera. Tras la caída del Estado de Los Altos en enero de 1840, el nuevo jefe del distrito le ordenó que saliera de la ciudad.2

Finalmente llegó a la ciudad de México, en donde unos antiguos adversarios políticos lo ayudaron a ponerse en contacto con personas que lo podían ayudar. Gracias a ello y a su habilidad como abogado, logró establecer un bufete en México junto con el ex-jefe de Estado de Los Altos, Marcelo Molina, en donde llevó importantes casos que le representaron una gran fortuna y prestigio.3

Gálvez vivió durante veinticinco años en México, a donde se llevó a su familia, y ya nunca quiso regresar a Guatemala. Y allí murió a los sesenta y ocho años de edad, olvidado en Guatemala, en donde no se le hizo reconocimiento alguno al morir. No fue sino hasta en 1924 que sus restos fueron repatriados e inhumados con grandes homenajes en la antigua Facultade de Derecho y Notariado de la Universidad Nacional en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las Efemérides: capítulo de ls Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional:  p. 360.
  2. Ibid., p. 361.
  3. Ibid., p. 362.

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28 de mayo de 1924: publican artículo racista contra el indígena guatemalteco

En una de sus columnas diarias llamada «El capítulo de las Efemérides», el renombrado periodista Federico Hernández de León escribe un artículo cargado de racismo hacia los indígenas guatemaltecos.

Una procesión indígena de principios del siglo XX. Fotografía de Alberto G. Valveavellano. En el recuadro: el periodista Federico Hernández de León. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y «El Libro de las Efemérides«.

Uno de los principales referentes de HoyHistoriaGT es el trabajo del licenciado Federico Hernández de León, quien en sus obras de «El libro de las Efemérides» y «Viajes presidenciales» dejó plasmados en una forma bastante imparcial, amena y muy bien documentada muchas anécdotas y hechos históricos de Guatemala y de Centroamérica.

Sin embargo, en su artículo del 28 de mayo de 1924, llamando «1582 – Una real orden en favor de los indios» —publicado en la primera página de su influyente periódico «Nuestro Diario«— dejó en claro su posición racista y radical hacia el indígena guatemalteco, a pesar de que él mismo reconociera ser mestizo con sangre k’iche’ en otro de sus numerosos artículos.

Reproducimos a continuación aquel infame artículo por su importancia histórica, dado que muestra el pensamiento ladino de la Guatemala de la década de 1920, representado por uno de los principales directores de los periódicos de la época, como lo era «Nuestro Diario.» Hemos respetado la redacción original y queremos dejar en claro que el punto de vista presentado en el artículo es el del licenciado Hernández de León y no el de HoyHistoriaGT:1

Tengo que confesar, entre los innúmeros pecados que pesan sobre mi conciencia, el pecado de no tragar al indio en ninguna forma; a mí el indio me revienta.Nota a Y es que, al indio, sólo lo alcanzo a ver en su condición obstaculizadora, como un estorbo para la vida activa de la sociedad.Nota b El indio presenta tres aspectos: el de haragán permanente y consentido, el de trabajador rural y el de soldado.

El primero es el más generalizado. El indio es haragán por naturaleza y porque así se le tolera. El indio de las zonas templadas siemre su cuerda de milpa: la calza, la cosecha, vende una parte y la otra se la reserva para su personal consumo; y se pasa el resto del año como si no hubiera más mundo que la compañera, a quien le hace el flaco servicio de embarazarla cada nueve meses. Por fortuna, de cada diez hijos se le mueren ocho.Nota c

Las tierras comunales de los indios, son los más cómodos amparos para fomentar la existencia de esa clase de indios. El esfuerzo que supone la siembra y cosecha de su milpa, es un esfuerzo mínimo, en una cantidad de tiempo, mínimo también. Su vestimenta es primitiva y la habitación lo mismo. No tiene necesidades y se conforma con la satisfacción de los instintos animales. Si todos esos indios, que viven encuevados, se pusieran en servicio en los campos, es posible que no anduviéramos tan desastrados en materia de agricultura. El día que una inmigración de trabajadores europeos desplace a tanto indio retardatario, podremos cantar un himno de triunfo y alegría.Nota d

El trabajador rural, que se lleva a las fincas por razón de mandamientos o por su calidad de colono, es también haragán dentro del desarrollo de sus energía. El trabajo de diez indios, equivale al de un solo trabajador apto. Un finquero moviliza un mil mozos y, positivamente, lo que hace es mover cien. Y en los casos de emergencia, en los momentos en que el tiempo es factor resolutivo de problemas inmediatos, el indio llega a obstaculizar la obra urgente con su procedimiento tardo y deficiente.Nota e

El tercer indio, el indio soldado, conocido por el breve nombre de cuque, es el peor de todos. A la hora de la guerra efectiva, sirve de carne de cañón; y en los día de paz, de sostén de tiranías y agente de violencias. El indio soldado es abusivo y cruel. En tiempo de Estrada Cabrera se empleaba a los cabos para aplicar los azotes a los condenados. El indio, ante la carne blanca de los martirizados, sentía una positiva voluptuosidad y dejaba car los golpes con toda la fuerza de su brazo, poniendo cara de complacencia al ver saltar la sangre. El indio soldado como guarda de custodia, es riguroso, duro de entrañas, ventativo e intransigente. Un cuque con mando, es algo de amarrarse los pantalones. Ahora, cuando asciende en la escala jerárquica, es la de plantarse las botas…Nota f

En esas cuestiones tengo que confesar mis prejuicios. Cuando veo tantas personas y tan buenas, desde fray Bartolomé de las Casas y don Alonso de Maldonado, hasta el general Reyna Barrios y Leonardo Lara, empeñados en la defensa de los indios, vacilo en mi propio criterio y estoy por creer que cometo una grande injusticia, al juzgar a los indios como los juzgo. Pero cuando reconsidero mis maneras de ver personales y me asaltan los argumentos reforzadores, no puedo menos que mantenerme en mis trece y desar con todo mi corazón que haya una peste de indios, de la cual no quede uno, ni para muestra.

Es posible que hubiera sido mejor que se acabara con ellos. En la América, las nacionalidades más fuertes, más dignas, más democráticas y más avanzadaqs, son aquellas en que no hay indios. En cambio, en donde los indios quedan en mayoría, son pueblos sin redención posible: tal como pasa en Bolivia y en Guatemala.Notag

¡Qué mejor estaríamos sin abogados indios, ni indios del campo, ni cuques en general! Si los encomenderos hubieran acabado con los indios, a estas horas Guatemala fuera una nación libre, soberana e independiente. Y a la fecha, por culpa de los indios, no lo es a las cabales.1


NOTAS:

  • a. Nótese que Hernández de León utiliza el vocablo «indio» en vez de «indígena» ya que así era como se les llamaba hasta la última década del siglo XX.
  • b. Para los liberales como Hernández de León, la sociedad guatemalteca era únicamente la de los ladinos de la ciudad de Guatemala y de los principales centros urbanos del país. Incluso consideraban que los ciudadanos eran solamente los de descendecia europea.2
  • c. En este duro párrafo, Hernández de León resume la perspectiva de su época sobre los indígenas, especialmente en el deseo de que todos desaparecieran y fueran sustituidos por una «raza superior«. Este anhelo liberal por «mejorar la raza» explica por qué en la sociedad guatemalteca del siglo XXI los miembros de la élite ya no tienen apellidos españoles, sino apellidos alemanes, italianos y belgas.
  • d. Hernández de León indica que los indígenas trabajaban lo mínimo necesario en sus tierras comunales. Sin embargo, olvida mencionar que dichas tierras comunales desaparecieron con la llegada de la Reforma Liberal en 1871, la cual emitió leyes por medio de las cuales se expropiaron legalmente aquellas tierras comunales para convertirlas en fincas cafetaleras.3
  • e. La motivación de la Reforma Liberal fue la de utilizar a los indígenas como mano de obra para las fincas cafetaleras, ya que ésta necesitan una considerable cantidad de empleados para cosechar el grano. De esta forma, se establecieron las leyes de vialidad,4 de vagancia5 y el reglamento de jornaleros6 para obligar a los indígenas a trabajar en las fincas cafetaleras, y se incluyeron mecanismos por medio de los cuales se mantuvo a éstos en calidad prácticamente de esclavos; por ejemplo, pago con monedas que solamente se podían usar en la finca, uso de comisariatos con precios arbitrarios, y deudas que eran heredadas a los hijos. Es lógico que los indígenas no estuvieran motivados para trabajar en tierras que antes les pertenecían y que les fueron arrebatadas por medios con apariencia de legalidad.
  • f. Si bien los indígenas eran soldados, no era por su gusto. Hernández de León olvidó que existían leyes de reclutamientos forzoso de las que solamente los miembros pudientes de la sociedad podían eximirse mediante el pago de una multa.7 Por otro lado, acusa a los indígenas de resentidos sociales al mismo tiempo que les desea la muerte, ya que Hernández De León sufrió torturas a manos de indígenas en la Penitenciaría Central durante el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera.
  • g. Aquí acusa directamente a los indígenas de ser los responsables del atraso del país, ignorando que el papel que tuvieron las guerras civiles de los criollos liberales y conservadores, y la injerencia de los ingleses en el siglo XIX para evitar que se formara una nación centroamericana fuerte, situaciones que él mismo había documentado en su columna diaria de efemérides.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 355-359.
  2. Fuentes Oliva, Regina (4 de junio de 2009). Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir«. En Boletín AFHEC. (41) Guatemala: Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 3-6.
  4. — (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 304-306.
  5. — (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 201-204.
  6. Ibid., pp. 69-73.
  7. García Vetorazzi, María Victoria (2010) Acción subalterna, desigualdades socioespaciales y modernización. La formación de actores y circuitos del comercio indígena en Guatemala, siglos XIX y XX. Louvain-la-Neuve: Université Catholique de Louvian, École des sciences politiques et sociales. p. 196.
  8. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.

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26 de mayo de 1839: el Estado de Los Altos decreta su demarcación territorial

El nuevo estado de Los altos delimita sus departamentos y consigna los derechos y garantías de sus habitantes

Mapa que muestra el área aproximada que tenía el Estado de Los Altos. En ese momento las fronteras con México no estaban bien definidas y Soconusco pertenecía al departamento de Quetzaltenango. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 26 de mayo de 1839, la Asamblea Constituyente de los Altos decretó la demarcación territorial del nuevo Estado, dividiéndolo en cuatro departamentos: Quezaltenango —como se llamaba en ese entonces, y que incluía a lo territorios de Soconusco, Retalhuleu y San Marcos—, Totonicapam — como se llamaban entonces, y que incluía a Huehuetenango y Quiché—, Solóla y Suchitepéquez. En el mismo decreto consignó los derechos y garantías que correspondían a todos sus habitantes y declaraba que el nuevo Estado era uno de los que componían la moribunda Federación Centroamericana, ya que los diputados altenses tenían la esperanza de a enviar a sus representantes al nuevo pacto de confederación que esperaban que se celebrara luego del rompimiento de 1838.1,2

Ese mismo día la Asamblea de Los Altos emitió sus bases constitucionales, mientras se emitía la ley fundamental, cuyo proyecto se encomendó a José Antonio Azmitia, José Matías Quiñones y Francisco Quiñones Sunsín. La intención de los diputadores era que la Constitución de los Altos se basara en el cuadro sinóptico aprobado por la Asamblea el 29 de abril y que contenía los derechos y garantías ya mencionados, basados principios liberales de derecho público, además de que no hacía mención en él de la religión en lo absoluto, y estaba fuertemente influida por la constitución de los Estados Unidos y las primeras enmiendas que se le habían hecho a ésta.1,2

He aquí el cuadro sinóptico:3

Derechos Libertad Libertad personal
Libertad de opinión
Libertad de escribir y publicar sus pensamientos sin previa censura; pero con responabilidad.
Seguridad Nadie puede acusar, arrestar ni detener a un habitante de los Altos, sino con las formalidades y en los casos establecidos previamente por ley.
La casa de un habitante de los Altos es un asilo sagrado, que no puede ser violado, sin crimen.
Propiedad El habitante de los Altos tendrá siempre expedito el libre uso de sus bienes. El poder público del Estado garantiza las propiedades: se compromete a no exigir jamás empréstitos forzosos, a indemnizar previamente el valor de aquella propiedad que exige con urgencia la necesidad pública; y a protegerle en el ejercicio libre de su industria, sin más restricción que la que demande el interés público calificada por su representación popular.
Igualdad Todos los habitantes de los Altos son iguales ante la ley, ya premie ya castigue. La obligación de defender el Estado con las armas y de sostenerle, contribuyendo en proporción a sus haberes es igual.
Garantías Poder electoral Lo ejerce el Pueblo por medio de sus inmediatos elegidos, y éstos eligen diputados, sufragan para magistrados y el jefe de Estado
Poder constituyente Siempre es diverso del legislativo. Es convocado en los casos y de la manera prevenida en la Constitución.
Poder legislativo Lo ejercen las cámaras de Diputadores y Senadores con el veto suspensivo del Ejecutivo, y en un caso del Supremo Tribunal.
Poder ejecutivo Unipersonal, periódico, irrelegible y responsable.
Poder judicial Lo ejercen magistrados electos por el pueblo. Es independiente porque la elección de estos magistrados es para mientras dura su buena conducta, porque no hay translaciones ni promociones, y porque sus sueldos no pueden ser alterados durante la permanence de los electos en el destino.
Poder municipal Lo ejercen las Juntas Departamentales y las Municipalidades: unas y otras encargadas de la Educación Pública.
Excentricidad del P.E. Para este efecto tendrán las Juntas Departamentales la repartición de las contribuciones que decrete la Asamblea y la propuesta de los empleados del departamento.
Derecho de petición
Milicia cívica por toda fuerza pública En caso de estimarse conveniente otra fuerza que no sea cívica, nunca excederá la que se organiza de la quinta parte de la cívica que exista organizada.

En ese momento un grupo considerable de criollos liberales había emigrado a Quetzaltenango, y entre ellos estaban los antiguos líderes del derrocado gobierno del Dr. Mariano Gálvez: José Francisco Barrundia, Juan Barrundia —exjefe de Estado—, el propio Gálvez, Antonio Rivera Cabezas, Simón Vasconcelos, Juan Frem, José Bernardo Escobar, y Gregorio Márquez entre otros, quienes no solamente apoyaron la creación del Estado de Los Altos, con vana la esperanza de que junto con El Salvador —que en ese momento era gobernado por Francisco Morazán, pudieran recuperar el poder en Guatemala— sino que aconsejaron al jefe de Estado Marcelo Molina a que desoyera las invitaciones de los delegados de Guatemala para hacer la guerra a Morazán y El Salvador.4

Debido a que el Estado de los Altos se había formado con el 50% del territorio de Guatemala y contenía el 75% de la capacidad productiva de ésta, además de la importante frontera comercial con México, y salida al mar, era solamente cuestión de tiempo para que estallara la guerra entre ambos estados, como efectivamente ocurrió tras la matanza de indígenas que protestaban contra el impuesto individual en Santa Catarina Ixtahuacán el 1 de octubre de ese mismo año.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Alejandro Marure (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta de la Paz. p. 115.
  2. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 99.
  3. Ibid., p. 279.
  4. Ibid., pp. 96-97.
  5. Ibid., p. 100.

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