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8 de marzo de 1955: decretan que la Ceiba Pentandra sea el Árbol Nacional

El presidente Carlos Castillo Armas decreta que la ceiba Pentranda sea tenida como el Arbol Nacional de Guatemala.

8marzo1955
La ceiba de Palín aproximadamente en 1900 en una fotografía de Juan José de Jesús Yas. En el recuadro: una ceiba a la orilla de una carretera en Guatemala (obsérvese su tamaño comparado con el de los vehículos). Fotografía de Aprende Guatemala.

El 8 de marzo de 1955 el teniente coronel Carlos Castillo Armas, —quien había quedado como Presidente de la República tras la disolución de la Junta de Gobierno el 1 de septiembre de 19541— decidió establecer que la ceiba pentandra se tuviera como Árbol Nacional por medio del siguiente decreto:2

Palacio Nacional: Guatemala, 8 de marzo de 1955.

Considerando: que es aceptable la iniciativa presentada por el botánico guatemalteco Ulises Rojas, sobre que, entre las especies forestales que hay en el país, se designe una de ellas como “Árbol Nacional”, y que tal denominación recaiga en la ceiba, científicamente clasificada con el nombre de ceiba (Pentandra) (L.) Gaertn;

Considerando: que, según se desprende de la tradición indígena del país, la ceiba tenía especial importancia, pues desde tiempos precolombinos bajo su follaje acostumbraban los nativos celebrar sus ritos, considerándola árbol sagrado, y en el transcurso de los siglos no sólo se encuentra en las selvas, sino también sigue figurando en las plazas públicas y otros paseos, siendo del aprecio general;

Por tanto, el Presidente de la República, acuerda:

Que la ceiba (Pentandra) se tenga como exponente del Árbol Nacional, debiendo dignificársele en la celebración anual del Día del Árbol.

Comuníquese,

        • Castillo Armas
        • El Ministro de Agricultura, Lázaro Chacón Pazos
        • El Ministro de Gobernación, Guillermo Vides Castañeda2

BIBLIOGRAFIA:

  1. Azurdia Alfaro, Roberto (1960). Recopilación de la Leyes de la República de Guatemala, 1954-1955. LXXIII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. LXXV
  2. Ibid., p. 573.

7 de marzo de 1885: Barrios decreta la libertad de prensa en Centroamérica

El general J. Rufino Barrios, en calidad de haberse autonombrado Jefe Supremo del Ejército de la Unión Centroamericana, declara que habrá libertad de prensa en toda la región.

7marzo1885
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1875 en una fotografía de Eadweard Muybridge. A la derecha la fuente de Carlos III en donde Barrios hizo fusilar a los supuestos implicados en un complot en su contra en 1877. En el recuadro: el general J. Rufino Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Al momento de embarcarse en su ambicioso proyecto de lograr la Unión Centroamericana, el estado mental del general J. Rufino Barrios estaba sumido en una obsesión en contra de los autores de un atentando en su contra que había ocurrido el 13 de abril de 1884, al punto que, según su ministro de Fomento Francisco Lainfiesta, solamente de eso hablaba en las reuniones de Ministros. 

De acuerdo a Lainfiesta, aquellas reuniones transcurrían de esta manera:1

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos, de la ramerita de [Guillermo]  Rodríguez, del chicherito, etcétera y repentinamente se acercaba a decirnos: “Si ustedes quieren, saquen a esa tal Rodríguez sáquenlo, sáquenlo; pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos.”

Esto decía y repetía con frecuencia, como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: “Si esto no acaba pronto, voy a parar en loco”.

Santos Soto [otro de los acusados] recibió orden de permanecer en el interior y en la hora del movimiento de Palacio, frente a la entrada de la casa, para que todos le viesen entrar y fuese como un fantasma funesto que a muchos había de causar susto. […] Además, pasaba Soto algunas horas en el despacho presidencial, sentado allí entre los ministros, lo que parecía expresamente dispuesto así por Barrios en son de burla o menosprecio de sus altos funcionarios.1

A don Juan Rodríguez lo hizo trasladar al Palacio Nacional, frente por frente de la casa de la presidencia, ocupando el lujoso saloncito destinado al despacho del presidente.  Allí encontré a Rodríguez inesperadamente […] Por la noche le hacía pasar Barrios a la casa y permanecer hasta las nueve, […] tomando parte en la terturlia que allí formaban algunos de los ministros.  Yo estuve una vez en esa terturlia.2

Concluye Lainfiesta su relato diciendo: “Si no fue mediando un verdadero trastorno mental, ¿sería posible imaginar procedimientos tan torcidos y extravagantes como los relacionados?”2

Con respecto a la situación en el país a principios de 1885, dice Lainfiesta: 

El país se encuentra como desmayado o detenido en su anterior derrotero de movimiento y acción.  El precio del café es desfavorable y esto desalienta a los agricultores; la Hacienda Pública, entregada a las más ruinosas transacciones para sobrellevar a medias el peso de las necesidades; el crédito de los ministros de Barrios a excepción de Cruz y Díaz Mérida, y el de varios particulares, comprometidos en fianzas a favor del Tesoro Nacional, arrancadas en son de companerismo y amitad; y la atmósfera general, pesada y oscura a cauas de las crueles zozobras y sufrimientos del ano fatal recién pasado.  Y Barrios delirando siempre con la bomba y con nuevos proyectos de asesinato de su persona; hasta concluir con que era indispensable llevar a cabo la Unión Nacional, único recurso, decía “que nos queda para asegurar la tranquiidad y las conquistas de la revolución de 1871”.3

En medio de esta situación, ante las críticas contra su idea de unión que se estaban dando en Nicaragua, Honduras y El Salvador, y que se referían a él como “el salvaje de San Marcos“, Barrios emitió un decreto aduciendo que iba a permitir la libertad de prensa en toda Centroamérica, tal y como supuestamente lo había estado haciendo en Guatemala bajo los principios liberales.4  Por supuesto, aquello era propaganda para su proyecto unionista, porque en Guatemala no había tal libertad de expresión; basta solamente el ejemplo de la renuncia en 1882 del embajador de Guatemala ante los Estados Unidos, licenciado Lorenzo Montúfar, para darse cuenta de que lo que se publicaba en el país era únicamente alabanzas a favor del presidente.5

Reproducimos a continuación aquel decreto unilateral que emitió Barrios el 7 de marzo de 1885 para que el lector juzgue su contenido:

J. Rufino Barrios, General de División y Supremo Jefe Militar de la Unión de Centro-América,

Considerando: que proclamada la Unión de las Repúblicas de la América Central debe tratarse de alcanzar desdo luego un sus más impotantes objetos, el que sean amplias, electivas y prácticas las garantías de que los ciudadanos, eficazmente amparados por la autoridad y por la ley, han de gozar bajo un régimen verdaderamente liberal;

Que el Jefe de la Unión se ha esforzado por establecer y consolidar en la República de Guatemala tales garantías, y entre ellas, muy principalmente, la libertad de la prensa, sin la que no puede decirse que haya instituciones de- mocráticas ni que el ciudadano sea libre, cuando no tiene el ejercicio de uno de sus más sagrados derechos; pero, ó no se han comprendido é interpretado debidamente los propósitos que a este respecto le inspiran los principios que profesa; ó no han podido secundarse a causa de la incertidumbre y pequeñez en que la desunión ha mantenido a estos pueblos, pequeñez que así como no ha permitido que adquieran riqueza y prosperidad material, tampoco les ha hecho sentir la necesidad de usar de aquellos derechos indispensables en una República realmente digna de este título y formada de hombres libres;

Que hoy es tiempo de que la prensa, sacudiendo todo temor, use de toda la libertad que necesita para ser provechosa y fecunda, y para constituirse en vigorso auxiliar é intérprete de la opinión y en poderosa palanca del progreso; y es tiempo de que comprendiéndose rectamente la intención del Jefe de la Unión de sostener por todos los medios á su alcance, la libertad y respeto de esa salvadora institución; le ayuden todos aprovechándose de ella y procurando los beneficios que de su amplio ejercicio han de resultar;

Que de ese modo se darán á conocer y podrán cor regirse los desmanes en que incurran las personas revestidas de autoridad; y por lo mismo, es preciso impedir severamente que éstas, puedan en algún caso, abusar de su posición, y salirse de los límites que fijan las leyes actuales para el ejercicio de esa libertad, que solo son propiamente los de no emplearla para ejecutar un delito, DECRETA:

Art. 1.° — El Jefe Supremo de la Unión, bajo su más estrecha responsabilidad, ampara, protege y sostiene en todo Centro-América la amplia libertad de la prensa, sin previa censura y sin otras restricciones qne las de la ley vigente.

Art. 2.° — Lejos de oponerse a que se comenten ó censuren sus propios actos oficiales, o los de cualquiera otra autoridad o empleado, excita a todos a que públicamente externen sus opiniones a este respecto, y las defiendan sin ningún miramiento o reserva.

Art. 3.° — Cualquiera autoridad o empleado que, de hecho o abusivamente, fuera de los casos, o sin la forma y garantías que la ley establece,proceda en cualquier sentido, contra periodistas o escritores que por la prensa censu- ren sus actos ó los del Gobierno ó sus agentes, incurrirá en destitución inmediata de su cargo ó empleo é inhabilitación perpetua para ejercerlo.

Dado en Guatemala, a 7 de marzo de 1885,

        • J. Rufino Barrios
        • Fernando Cruz6

A pesar de este decreto y otro emitido el 9 de marzo en el que aseguraba que no buscaba la presidencia de la región para sí, Nicaragua y Costa Rica se pusieron en pie de guerra, y México reforzó su frontera.  Finalmente, el 22 de marzo se firmó el tratado de alianza entre Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, y se declaró la guerra contra Guatemala.4 Irónicamente, el tratado se firmó en El Salvador, cuyo presidente Rafael Zaldívar había sido títere de Barrios desde que éste lo había puesto en el poder en 1876.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  2. Ibid, p. 326.
  3. Ibid, p. 354.
  4. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua
  5. Gobierno de Guatemala (1882). La traición del doctor Lorenzo Montúfar juzgada por los pueblos. Guatemala: El Progreso. pp. 3 y siguientes.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1884-1885IV. Guatemala: Imprenta de la Unión. pp. 338-339.
  7. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala. p. 176.

4 de marzo de 1912: nace Rodolfo Galeotti Torres

Nace en la ciudad de Quetzaltenango el renombrado escultor Rodolfo Galeotti Torres.

4marzo1912
El Monumento a Tecún Umán, héroe nacional de Guatemala, en la ciudad de Quetzaltenango, obra del escultor Rodolfo Galeotti Torres en 1968. En el recuadro: Galeotti Torres. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El escultor guatemalteco Rodolfo Galeotti Torres era hijo del artista italiano Andrés Galeotti Baranttini, quien llegó a Guatemala en la década de 1890 invitado por el general presidente José María Reina Barrios.  Andrés Galeotti se casó con María Concepción Torres, con quien tuvo a Galeotti Torres en la ciudad de Quetzaltenango el 4 de marzo de 1912.1

Galeotti Torres se graduó de bachiller en 1931 en el Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO) y fue enviado por su padre a Italia en donde estudió en la Escuela Libre de la Real Academia de Bellas Artes.  Tres años despuésm debido a su gran capacidad creativa y habilidad escultórica, fue nombrado Profesor Honorario de la Academia de Bellas Artes de Carrara, Italia, lugar en donde aprendió la técnica escultórica sobre mármol.1

Al volver de Italia, Guatemala ya era gobernada por el general Jorge Ubico, y Galeotti Torres entró a trabajar como catedrático en la Academia de Bellas Artes ya que también destacaba en pintura. Su primer obra escultórica fue el “Obelisco de la Victoria“, construido en 1935 en el Cerro El Baúl en Quetzaltenango.2

Entre 1939 y 1943 colaboró en la decoración del Palacio Nacional y en la renovación que hizo el gobierno del general Ubico en el Parque Central, en donde trabajó en la Fuenta Luminosa, la Concha Acústica y el Parque Centenario. En 1947 fue nombrado como Director de la Academia de Bellas Artes y luego colaboró con la decoración del exterior del Palacio Maya en San Marcos.2

En su natal Quetzaltenango trabajó en el Monumento a Tecún Umán y en el Monumento a la Marimba. De hecho, este último simboliza al instrumento nacional y la musa de la música, la cual está representada por una joven mujer indígena con el rostro de la hija del escultor.1

Entre sus obras en la ciudad de Guatemala está el “Tríptico de la Revolución de 1944, la estatua a Dolores Bedoya de Molina en la escuela nacional homónima,el Jugador de Pelota Maya en el Centro Financiero en la zona 4, “La Universidad Popular se abre al Pueblo” en el edificio de la Universidad Popular, el monumento a Tecún Umán en la zona 13, y el monumento al Papa Juan Pablo II ubicado al final de la Avenida de Las Américas — que sería su último trabajo escultórico—.1,2

Otros personajes históricos que esculpió incluyen: el sacerto y poeta Rafael Landívar, el héroe indígena Atanasio Tzul, el Santo Hermano Pedro, el obispo fray Payo Enríquez de Rivera, el célebre cronista Enrique Gómez Carrillo, y el teniente coronel e ingeniero Francisco Vela.3

El escultor falleció el 22 de mayo de 1988, apenas unos cuantos días después de haber sido condecorado con la Medalla Presidencial el 16 de mayo.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gutiérrez Martínez, Francisco Roberto (2017). Rodolfo Galeotti Torres, el Fidias de Centroamérica.   Guatemala: ElPeriódico.
  2. RENAP (2020) Guatemaltecos que dejan huella. Rodolfo Galeotti Torres, escultor. Guatemala: Registro Nacional de Personas.
  3. Escobedo, Juan Carlos (2007). Rodolfo Galeotti Torres. Guatemala: Página de la Literatura Guatemalteca.

 

3 de marzo de 1983: fusilan a 6 condenados por Tribunales de Fuero Especial

Durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont fusilian a seis condenados por los Tribunales de Fuero Especial, tres días antes de la llegada del Papa Juan Pablo II.

3marzo1983
El Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896. En el paredón perimetral fueron fusilados los seis condenados a la pena de muerte por los Tribunales de Fuero Especial. En el recuadro: el Gral. Efraín Ríos Mont, al centro, con su Ministro de la Defensa, general Oscar Humberto Mejía Vítores, a su derecha. El Ministro de la Defensa dirigía los Tribunales de Fuero Especial. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y de Associated Press.

Durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont se establecieron los llamados “Tribunales de Fuero Especial“, los cuales juzgaban sumariamente a los implicados en actividades guerrilleras.  Los tribunales estaban ubicados en el Palacio Nacional —aunque esto no era del dominio público en esa época— y juzgaron más de setenta casos, los cuales resultaron veinte condenas.1

El 17 de septiembre de 1982 fueron fusilados cuatro guerrilleros, siendo aquella la primera ejecución oficial en siete años, aunque el país estaba en medio de una cruenta guerra civil que había dejado ya miles de muertos y que obligaba al gobierno a extender el estado de sitio cada 30 días. 1,2  A estos fusilamientos le siguieron otros dos, el 3 y el 22 de marzo de 1983.  Pero de todos estos, el que ocurrió el 3 de marzo de 1983 fue el que más repercusión mundial tuvo porque ocurrió apenas cuatro días antes de que llegara el Papa Juan Pablo II en su visita oficial a Guatemala.1

Los seis condenados — Walter Vinicio Marroquín González, Sergio Roberto Marroquín González, Héctor Haroldo Morales López, Marco Antonio González (de nacionalidad hondurena), Carlos Subuyug Cuc, y Pedro Raxon Tepet2 — fueron fusilados a las cinco de la manana frente al paredón del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala y los bomberos se encargaron de darles sepultura.  Subuyg Cuc y Raxon Tepet fueron ejecutados por terrorismo, mientras que el resto por secuestro.2  El hondureno González se había entrevistado con representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y les contó que había entrado a Guatemala por un puesto fronterizo en Agua Caliente solamente para ser capturado por el ejército guatemalteco y llevado a la prisión del Cuarto Cuerpo de la Policía Nacional, en donde lo mantuvieron incomunicado y lo hicieron confesar por medio del método de “capucha llanta“.  González le dijo a los representantes de CIDH que esa tortura consistía en colocar una capucha de goma del reo, la cual le cubría toda la cabeza hasta el cuello, y a la que se introducía alcohol mientras el reo está atado de pies y manos, llevándolo casi hasta la asfixia.  La CIDH verificó que los sindicados a los tribunales de Fuero Especial habían confesado luego de sufrir esta tortura.3

Los obispos de Guatemala habían enviado un telegrama al gobierno de Ríos Mont pidiendo clemencia para los condenados, en atención a la llegada del Papa, pero no fueron atendidos.  Es más, el nuncio apostólico en Guatemala, Oriano Quilici, había informado que el Papa había intercedido por los condenados y había solicitado al gobierno dar muestras de clemencia, pero la solicitud fue rechazada por la Corte Suprema de Justica.  Ya cuatro de los que murieron el 3 de marzo se habían salvado el 1 de febrero porque cuando ya estaban en el Cementerio General, veinte minutos antes de ser fusilados llegó la orden de suspender la ejecución.1

Debido a que Ríos Mont pertenecía a la Iglesia Evangélica “El Verbo” se conjeturó que no habría querido otorgar la clemencia por su oposición a la Iglesia Católica, algo que habría quedado corroborado por el desplante que le hizo a Juan Pablo II cuando éste llegó a Guatemala, al negarse a besarle el “Anillo del Pescador“.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Agencias (3 de marzo de 1983). Gran tristeza en la Iglesia de Guatemala por la ejecución de seis personas en vísperas de la visita de Juan Pablo II. España: El País.
  2. Comisión Interamericana de Derechos Humanos (3 de octubre de 1984). Resolución Nº. 15/84 Casos 8094, 9038 y 9080, Guatemala.  Organización de Estados Americanos.
  3. — (1984). Reporte del País: Guatemala.  Organización de Estados Americanos.

2 de marzo de 1900: declaran Benemérito de la Patria a Estrada Cabrera

La Asamblea Nacional Legislativa declara por unanimidad al licenciado Manuel Estrada Cabrera como Benemérito de la Patria

2marzo1900
El licenciado Manuel Estrada Cabrera, presidente de la República y comandante general del Ejército, rodeado de todos los generales y oficiales en 1915. Imagen tomada del “Libro Azul de Guatemala“.

De acuerdo al escritor Rafael Arévalo Martínez en su obra “¡Ecce Pericles!“, durante el primer año del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, éste implementó un sistema de espionaje activo y para el 15 de marzo de 1899 sus amigos y aduladores estaban en los principales puestos del gobierno y la mayoría de los diputados le era fiel.1  Entre aquellos amigos estaban los escritores Rafael Spínola, Ramón Salazar, Joaquín Méndez y Antonio Macías del Real —quienes habían estado a cargo de “La Ilustración Guatemalteca” durante el gobierno del fallecido general José María Reina Barrios2— quienes fueron ministros de estado o muy cercanos colaboradores de Estrada Cabrera3.  Otras figuras que empezaron a trascender fueron los escritores Enrique Gómez Carrillo4 y Máximo Soto Hall,5 quienes lo habían adulado desde “La Idea Liberal” durante las elecciones presidenciales de 1898, y quienes salieron a Europa con puestos diplomáticos. Y en la Asamblea Legislativa ya era presidente el licenciado Arturo Ubico Urruela —padre del general Jorge Ubico—, quien se mantendría en ese puesto durante todo el gobierno de Estrada Cabrera, que terminó hasta en 1920.6

Así pues, no es de extrañar que la Asamblea Legislativa emitiera por unanimidad de votos el Decreto 449 el 2 de marzo de 1900, en el cual declara Benemérito de la Patria al presidente guatemalteco, tan sólo un día después de haber iniciado sus sesiones ordinarias de 1900: 

Decreto Número 449

La Asamblea Nacional Legislativa de la República de Guatemala,

Considerando: que el ciudadano Licenciado Manuel Estrada Cabrera, ha prestado a la Nación relevantes servicios en momentos en que han etsado seriamente amenazados el orden constitucional, la tranquiliad pública y las instituciones liberales;

Que, con su entereza de carácter y valor cívico, puestos a prueba en más de una ocasión, ha demostrado que ha sabido corresponder dignamente a la confianza que los pueblos depositaron en él, al conferirle el elevado cargo de Presidente Constitucional de la República;

Que es un deber del Cuerpo Legislativo, acordar distinciones y honores públicos a los ciudadanos que han prestado eminentes servicios a la Patria, por tanto, decreta:

Artículo Unico. Declárase Benemérito de la Patria, al Licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Pase al Ejecutivo para su publicación.  

Dado en el Palacio del Poder Legislativo, en Guatemala a los dos días del mes de marzo de mil novecientos.

        • Arturo Ubico, Presidente
        • Rafael Spínola, Secretario
        • José A. Beteta, Secretario
        • Como caso excepcional, siguen todas las firmas de los diputados presentes en la sesión.3

Este sería solamente una de las primeras de muchas muestras de servilismo que se dieron durante el largo gobierno del licenciado Estrada Cabrera.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 51.
  2. La Ilustración Guatemalteca (15 de julio de 1897). «Nuestro propósitos»La Ilustración Guatemaleca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) I (24). p. 346.
  3. Estrada Paniagua, Felipe (1908) Recopilacion de las Leyes de la República de Guatemala, 1900-1901. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. pp. 253-254.
  4. Mendoza, Juan Manuel (1946). Enrique Gómez Carrillo; estudio crítico-biográfico: su vida, su obra y su época (2a. edición). Guatemala: Tipografía Nacional.
  5. Soto Hall, Máximo (1915). El Libro Azul de Guatemala. Bascom Jones, J. y Scoullar, William T., eds. Guatemala. pp. 166-167.
  6. Ibid. pp. 118.

1 de marzo de 1735: ayuntamiento solicita expulsión de ingleses sectarios

En una época en que la Iglesia Católica tenía el dominio absoluto de los vasallos del Imperio Espanol, el ayuntamiento criollo pide al presidente del Reino de Guatemala que expulse a los ingleses sectarios protestante.

1marzo1735
El Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad de Santiago de los Caballeros en 1875. El edificio se empezó a construir tras el terremoto de San Casimiro en 1751 y soportó muy bien el de Santa Marta en 1773. Imagen tomada de Mizner Scrapbook Central America.

En la primera mitad del siglo XVIII el dominio de la Iglesia Católica sobre los vasallos del Imperio Español todavía era absoluto.  Es por ello que no es de extrañar que el 1 de marzo de 1735 el ayuntamiento criollo haya acordado solicitar al Presidente del Reino de Guatemala que expulsara a las ingleses sectarios, debido a “los perjuicios gravísimos de que […] permanezcan en [la ciudad de Santiago de los Caballeros]y [Reino de Guatemala], porque no infesten a los que justa y santamente profesan nuestra santa fe“.1

En esa época los católicos llamaban sectarios a los protestantes, y las autoridades religiosos consideraban la doctrina de Martín Lutero, el fundaron de la Reforma, como peligrosa ya que éste había dicho: “Que el Papa no es de derecho divino; que el poder que ha usurpado está lleno de arrogancia y de blasfemias; que todo lo que ha hecho y hace todavía en virtud de este poder, es diabólico; que la Iglesia puede y debe subsistir, sin tener un jefe; que aunque el Papa confesara que no es de derecho divino, sino que ha sido establecido solamente para mantener con más facilidad la unidad de los cristianos contra los sectarios, jamás resultaría nada bueno de semejante autoridad; y que el mejor medio de gobernar y conservar la Iglesia, es que todos los obispos, aunque desiguales en dones, sean iguales en su ministerio, bajo un solo jefe, que es Jesucristo; que en fin el Papa es el vedadero Anticristo“.2

El dominio de la Iglesia empezó a disminuir con la llegada del rey Carlos III al poder en 1759.  El nuevo monarca era de la familia Borbón y estaba influenciado por las ideas de la Ilustración que aprendió mientras se educaba en la corte de Nápoles, de donde era originario.  De hecho, su rompimiento con la Iglesia fue más notorio cuando ordenó que expulsaran a los miembros la Compañía de Jesús de todos sus dominios en 1767 y le pidió al Papa que clausura la orden.3

Debido a la Revolución Francesa en 1791 y a la llegada al poder de Napoleón a principios del siglo XIX, las ideas de la Ilustración se diseminaron más en España, que fue invadida por Francia.  Surgieron entonces movimientos llamados “liberales” que abrazaban un modo de pensar anticlerical y que se extendieron a las colonias americanas, especialmente entre los criollos hacendados que no eran beneficiados por las políticas comerciales de que disfrutaban los criollos aristócratas que vivían en las principales ciudades.4  De esta forma, cuando se produjo la indepencia de las colonias, pronto se iniciaron guerras civiles en América en la que los criollos liberales y los criollos conservadores aristócratas luchaban por el poder de sus respectivas regiones, utilizando como pretexto defender o atacar a la Iglesia.

En el caso de Guatemala, en particular, luego de treinta anos de guerra civil y un período de tranquilidad de veinte anos bajo el control conservador ultra católico del general Rafael Carrera, los criollos liberales terminaron por imponerse en 1871, con lo que expulsaron a las principales órdenes regulares de frailes y redujeron considerablemente el poder del clero secular, llegando al extremo de expulsar a los arzobispos metropolitanos.  También se decretó la libertad de cultos y se permitió el ingreso de protestantes, aunque éstos no llegaban ni al 1% de la población en ese momento.5

La hostilidad hacia la autoridad eclesiásticas disminuyó un tanto en la primera mitad del siglo XX, aunque se mantuvo la prohibición de que se establecieran monasterios en el país.  Sin embargo, gracias a la decisiva participación del arzobispo Mariano Rossell y Arellano en el derrocamiento del régimen del coronel Jacobo Arbenz Guzmán en 1954,6 la iglesia católica recuperó parte de sus anteriores privilegios y algunas órdenes de frailes pudieron retornar al país y recuperar algunos de sus antiguos templos y propiedades.7  Pero, al mismo tiempo, se produjo un gran influjo de iglesias cristianas protestantes —la mayoría con pastores estadounidenses— que han hecho una labor considerable entre los indígenas guatemaltecos, lo que junto con el cambio de enfoque de la Iglesia Católica tras el Concilio Vaticano II y la creación de la Teología de la Liberación que exige una opción preferencia por los pobres y que ha hecho que las élites del país busquen otras religiones8, ha hecho que en el siglo XXI prácticamente la mitad de la población guatemalteca pertenezca a alguna iglesia cristiana protestante.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. J. Joaquín Pardo (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 144.
  2. Benigno Bossuet, Jacobo (1852) Historia de las Variaciones de las Iglesias Protestantes. I. Traductor: Díaz de Baeza, Juan. Barcelona: Librería Religiosa de Pablo Riera. p. 194.
  3. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta.
  4. Payne, Stanley G. (1977). Ejército y sociedad en la España liberal (1808-1936). Madrid: Akal. ISBN 84-7339-215-9OCLC 637325133.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: El Progreso.
  6. Rossell y Arellano, Mariano (1954). Declaración contra la demagogia comunista y liberal. La Iglesia no busca privilegios. Guatemala: Arzobispado de Guatemala.
  7. Azurdia Alfaro, Roberto (1960). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1955-1956LXXIV . Guatemala: Asamblea Nacional Constituyente. pp. 17-39.
  8. Boff, Leonardo (1989) “Teología de a Liberación: Recepción creativa del Vaticano II a partir de la óptica de los pobres”; Desde el lugar del pobre: 9-39. Ediciones Paulinas.
  9. Juárez, Eder (2013). «Iglesias evangélicas proliferan en Guatemala, ¿simple casualidad?»La Hora. Archivado desde el original el 5 de abril de 2014.

28 de febrero de 1909: fallece Francisco Vela

Fallece de malaria el teniente coronel e ingeniero, Francisco Vela, autor del Mapa en Relieve de Guatemala.

28febrero1909
Esquipulas a finales del siglo XIX. En el recuadro: retrato del teniente coronel e ingeniero Francisco Vela. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El teniente coronel e ingeniero Francisco Vela, originario de Quetzaltenango, fue uno de los más importantes ingenieros de finales del siglo XIX en Guatemala. Se graduó a los 19 años de edad en la Escuela Politénica el 23 de enero de 1882 y desde entonces se destacó por el dominio de las Matemáticas, por sus estudios del sistema métrico decimal y por sus trabajos en geografía guatemalteca.1

El ingeniero Vela es más conocido por la construcción del Mapa en Relieve de Guatemala durante el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, aunque ese es solamente uno de sus logros. Vela fue el autor de libros en los temas de matemáticas, topografía, geografía, y pedagogía y además fue editor de la Revista “La Propaganda Científica“.2

Vela desempenó importantes puestos en la administración pública, y tras la construcción del Mapa en Relieve, Vela publicó la obra “Datos de la República de Guatemala “en 1908, y fue nombrado como Segundo Jefe de la la Comisión de Límites con Honduras.3  Ese mismo año, junto con los ingenieros Claudio Urrutia, Carlos Bendfeldt y Emilio Gómez Flores fueron contratados por el gobierno y la municipalidad de la Ciudad de Guatemala para levantar los planos de la misma, por medio del siguiente contrato:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 11 de abril de 1908.

El Presidente Constitucional de la República, acuerda: 

Aprobar el contrato celebrado entre la Municipalidad y los Ingenieros Francisco Vela, Claudio Urrutia, Emilio Gómez Flores y Carlos Bendfeldt, para levantar dos planos de esta Capital y sus contornos, debiéndose cubrir el valor de esos trabajos, que asciende a $40,000, la mitad por la Tesorería Nacional y la otra mitad por los fondos de propios. Comuniqúese.

        • Estrada Cabrera.
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación y Justicia, J. M. Reina Andrade.4

Desafortunadamente, mientras el ingeniero Vela cumplía con su trabajo en la Comisión de Límites, contrajo malaria por lo inhóspito de la región y falleció en Esquipulas, Chiquimula el 28 de febrero de 1909.Por su brillante trayectora, el gobierno de Estrada Cabrera cubrió los gastos del sepelio del ingeniero Vela, de acuerdo al siguiente decreto:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 2 de marzo de 1909.

Habiendo fallecido el Ingeniero don Francisco Vela, distinguido ciudadano que en distintos ramos de la Administración Pública prestó a la Nación sus importantes servicios, y que, actualmente, ocupaba el puesto de Segundo Jefe de la Comisión de Límites con Honduras,

El Presidente Constitucional de la República, acuerda:

Que la Tesorería Nacional, por cuenta del Estado, pague el importe de los gastos de inhumación del cadáver del señor Ingeniero Vela. Comuniqúese.

        • Estrada Cabrera
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda y Crédito Público, encargado del de Relaciones Exteriores, G. Aguirre.5

BIBLIOGRAFIA:

  1. González, Miguel Rómulo (1 de septiembre de 1899). «Escuela Politécnica»Revista Militar: órgano de los intereses del Ejército (Guatemala) I (19).
  2. Francisco Vela Arango»Museo Militar de Guatemala. Guatemala. Archivado desde el original el 23 de noviembre de 2012.
  3. Museo Metropolitano del Mapa en Relieve. Hipódromo del Norte, zona 2. Ciudad de Guatemala.
  4. Estrada Paniagua, Felipe (1910). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1908-1909. XXVII. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. pp. 26-27.
  5. Ibid, p. 331.

27 de febrero de 1767: emiten Real Decreto para coordinar expulsión de los jesuitas

27febrero1767
Ruinas de la Iglesia abandonada de la Companía de Jesús en la ciudad de Antigua Guatemala en 1875. Nótese el paredón y la chimenea construidos posteriormente a los terremotos de 1773, cuando el edificio fue usado como fábrica. En el recuadro: el Conde de Aranda, quien organizó la logística para la expulsión de la Orden en 1767. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El enorme poder político y económico de la orden de la Compañía de Jesús -los Jesuitas- empezó a disminuir en el siglo XVIII, con la difusión a lo largo de ese siglo tanto del jansenismo -que era una doctrina de una fuerte carga antijesuítica- como de las ideas de la Ilustración. Por ello, se empezó a pensar que los métodos educativos de la Compañía, y su concepto de la autoridad y del Estado eran ya anticuados; además, la monarquía española estaba cada vez más laicizada y más absolutista, y empezó a considerar a los jesuitas ya no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos por su oposición al regalismo. Y encima de todo esto, se mantenían vigentes los ancestrales conflictos que los jesuitas tenían con las órdenes religiosas tradicionales.1

La llegada al trono del nuevo rey Carlos III en 1759 supuso un duro golpe para el poder y la influencia de la Compañía, pues el nuevo monarca, a diferencia de sus dos antecesores, no era nada favorable a la orden, ya que estaba influido por su madre -la reina Isabel de Farnesio- y por el ambiente antijesuítico que predominaba en la corte de Nápoles de donde provenía.2

Aunque el rey en su pragmática sanción del 2 de abril de 1767 menciona que hay gravísimas razones que lo obligan a expulsar a los jesuitas, también dice que se reserva para sí explicar cuales eran.3  En realidad, los jesuitas consistían la máxima oposición al regalismo absoluto que Carlos III aspiraba, ya que esta doctrina política defiendía el derecho del estado nacional a intervenir, recibir y organizar las rentas de sus iglesias nacionales y chocaba frontalmente con la absoluta lealtad de los jesuitas hacia el Papa. Tras el motín de Esquilache en 1766, el rey vió la oportunidad que esperaba para salir de la orden y solicitó al fiscal del Consejo de Castilla, Pedro Rodríguez de Campomanes, que abrira una pesquisa secreta sobre el asunto; Campomanes enseguida dirigió su atención hacia los jesuitas a partir de la evidencia de la participación de algunos de ellos en la revuelta mediante la violación del correo, informes de autoridades, delaciones, y confidencias de espías.4

Con la documentación acumulada, Campomanes -un acérrimo antijesuita – presentó su Dictamen ante el Consejo de Castilla en enero de 1767 y acusó a los jesuitas de ser los responsables de los motines con los que pretendían cambiar la forma de gobierno. En sus argumentos inculpatorios recurrió a todos los argumentos antijesuíticos que se habían acumulado en los dos siglos desde su creación, incluyendo su apoyo al tiranicidio -por su supuesta relación con los intentos de magnicidio en Francia y Portugal-, su relajada moral, su afán de poder y riquezas, y sus supuestos malos manejos en las colonias  América. El presidente del Consejo de Castilla, el conde de Aranda, formó un Consejo extraordinario que emitió una consulta en la que consideraba probada la acusación y proponía la expulsión de los jesuitas de España y sus Indias. Para tener mayor seguridad, Carlos III convocó un consejo o junta especial presidida por el duque de Alba e integrada por los cuatro Secretarios de Estado y del Despacho, el cual ratificó la propuesta de expulsión y recomendó al rey no dar explicaciones sobre los motivos de la misma. Tras el real decreto del 27 de febrero, y a lo largo del mes de marzo de 1767, el Conde de Aranda dispuso con el máximo secreto todos los preparativos para proceder a la expulsión de la Compañía.5

Reproducimos aquí aquel Real Decreto, dada su importancia histórica:6

Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real en el extraordinario, que se celebra con motivo de las ocurrencias pasadas, en consulta de veinte y nueve de Enero próximo; y de lo que sobre ella me han expuesto personas del más elevado carácter; estimulado de gravísimas causas, relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad, y justicia a mis Pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias, que reservo en mi Real ánimo; usando de la suprema autoridad económica, que el Todo-Poderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis Vasallos, y respeto de mi Corona; 

He venido en mandar se extrañen de todos mis Dominios de España, e Indias, Islas Filipinas, y demás adyacentes a los Religiosos de la Compañía, así Sacerdotes, como Coadjutores, o Legos, que hayan hecho la primera Profesión, y a los Novicios, que quisieren seguirles; y que se ocupen todas las temporalidades de la Compañía en mis Dominios; y para la ejecución uniforme en todos ellos, os doy plena y privativa autoridad; y para que forméeis las instrucciones, y órdenes necesarias, según lo tenéis entendido, y estimareis para el más efectivo, pronto, y tranquilo cumplimiento.  Y quiero, que no so las Justicias y Tribunales Superiores de estos Reynos, ejecuten puntualmente vuestros mandatos, sino que lo mismo se entienda con los que dirigiereis a los Virreyes, Presidentes, Audiencias, Gobernadores, Corregidores, Alcaldes-Mayores, y otras cualesquiera Justicias de aquellos Reynos, y Provincias; y que en virtud de sus respectivos Requerimientos, cualesquiera Tropas, Milicas o Paisanaje, den el auxilio necesario, sin retardo ni tergiversación alguna, so pena de caer el que fuere omiso en mi Real indignación; y encargo a los Padres Pronviciales, Prepósitos, Rectores y demás Superiores de la Compañía de Jesús se conforme de su parte a lo que se les prevenga puntualmente, y se les tratará en la ejecución con la mayor decencia, atención, humanidad y asistencia; de modo que en todo se proceda conforme a mis Soberanas intenciones.

Tendreislo entendido para su exacto cumplimiento, como lo fio y espero de vuestro celo, actividad y amor a mi Real Servicio; y dares para ellos las órdenes, e Instrucciones necesarias, acompañando ejemplares de este mi Real Decreto, a los cuales, estando firmados de Vos, se les dará la misma fé y crédito que al original.

      • Rubricado de la Real Mano

En el Pardo, a veintisiete de febrero de mil setecientos sesenta y siete. Al Conde de Aranda, Presidente del Consejo.6

El Conde de Aranda, a su vez, dirigió la siguiente orden circular el 27 de marzo a toda las autoridades mencionadas en el Real Decreto:

Carta Circular con remisión del pieglo reservado, a todos los Pueblos en que existan Casas de la Compañía; y se dirigió a sus Jueces Reales Ordinarios.

Incluyo a Ud. el pliego adjunto, que no abrirá hasta el día dos de abril; y enterado entonces de su contenido dará cumplimiento a las Ordenes que comprende.

Debo advertir a Ud. que a nadie ha de comunidad el recibo de esta, ni del pliego reservado para el día determinado que llevo dicho; en inlitencia de que si ahora de pronto, ni después de haberlo abierto a su debido tiempo, resultase haberse traslucido antes del día señalado por descuido, o facilidad de Ud., que existiese en su poder semejante pliego con limitación de término para su uso, será Ud. tratado como quien falta a la reserva de su oficio, y es poco atento a los encargo del Rey, mediando su Real Servicio; pues previniéndose a Ud. con esta precisión el secreto, prudencia, y disimulo que corresponde, y faltando a tan debido obligación, no será tolerable su infracción.

A vuelta de Correo me responderá Ud. contestándome el recibo del pliego, citando la fecha de esta mi Carta, y prometiéndome la observancia de lo expresado; por convenir así al Real Servicio.

Dios Guarde a Ud. muchos años, Madrid 20 de marzo de 1767.

        • El Conde de Aranda.6

El pliego mencionado en la circular contenía órdenes detalladas de qué hacer con la congregaciones de jesuitas el 2 de abril, fecha en que se ejecutó la Pragmática Sanción para el extrañmiento de los Jesuitas.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Domínguez Ortiz, Antonio (2005) [1988]. Carlos III y la España de la Ilustración. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-5970-3. pp. 135-137.
  2. Ibid., pp. 137-138.
  3. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Domínguez Ortiz, Carlos III y la España de la Ilustración, pp. 138-139.
  5. Ibid., pp. 139-140.
  6. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta. pp. 3-4.
  7. Ibid., pp.5-30.

26 de febrero de 1848: la expedición de Modesto Méndez llega a Tikal

Una expedición al mando del Corregidor y Comandante de Petén, Modesto Méndez descrube la ciudad maya de Tikal en la selva petenera.

26febrero1848
El templo II de Tikal en 1902, parcialmente descombrado. El templo se encontraba totalmente invadido por la selva cuando lo visitaron Modesto Méndez y sus hombres en 1848. En el recuadro: el corregidor y comandante de Petén, Modesto Méndez en un retrato que se conserva en el Museo Nacional de Historia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1848,  el gobernador Ambrosio Tut informó de la existencia de unas estructuras en la selva del Petén al Corregidor de ese departamento, el comandante y coronel Modesto Méndez, quien organizó una expedición para certificar que efectivamente éstas existían y así reclamarlas para la República de Guatemala.1

Méndez -cuya expedición estaba compuesta de dos comisiones, una de las cuales era comandaba por el gobernador Tut y había partido unos días antes- salió de la ciudad de Flores el 23 de febrero de 1848 con destino a la cercana población de San José, que está en la orilla norte del lago de Petén-Itzá. Al día siguiente, a las 3 de la mañana, se fueron en canoa al oeste del Lago rumbo hasta que atracaron e iniciaron el recorrido a pie.  A partir de ese momento, estaban en una región completamente inhóspita y a la merced de los indígenas que la habitaban, que en ese tiempo estaban en comunicación con los indígenas alzados que estaban masacrando europeos y criollos en Yucatán.2

Afortunadamente no tuvieron contratiempos y caminaron  cuatro leguas al norte, hasta llegara a la laguna El Tintal, el cual consideraban que era el punto más adecuado para dirigirse a las estructuras de la selva porque la vegetación era menos espesa.   Allí se quedaron a descansar en sus hamacas bajo la sombra de los árboles, y por la tarde llegó el gobernador Tut y su comisión, quien les informó que estaban rectificando el camino, cazando animales y buscando agua.  Al día siguiente, de madrugada, los miembros de la comisión de Tut siguieron su camino hacia San José, mientras que éste se sumó al grupo de Méndez para guiarlos hasta los edificios.  Los exploradores avanzaron bajo la lluvia todo el día, deteniéndose para acampar a las cuatro de la tarde.1

El 26 de febrero estaba lloviendo otra vez, pero continuaron su camino.  Méndez describe así lo que ocurrió después:

“Volvió de nuevo la lluvia con muchos truenos y rayos no comunes en el presente mes, y así, mojados como estábamos, siendo las tres de la tarde, empezamos a observar fragmentos de loza antigua y un monte algo más claro, lo cual vino a despertar la ansiedad natural de aproximarnos al objeto que buscábamos.”

“Poco después, estando en un cerro de regular elevación, se descubrió en otra altura superior el primer palacio, cuya soberbia perspectiva no hubo uno solo de mis compañeros que no quisiese disfrutar. Desde entonces, empezé a sentir un noble orgullo al ver logrados en tan cortos días nuestros trabajos, los deseos de tantos años, con notable oprobio de mis antecesores. Nos aproximamos con mayor entusiasmo, hasta ponernos al pié de una hermosa escalera, cuyo paso nos disputábamos, subiendo por precipicios y escombros, originados tal vez por los temblores y elevados árboles […]”1

Los expedicionarios subieron a un edificio y desde su cima lanzaron una cuerda para toma la primeras mediciones: la pirámide mide cincuenta varas de altura y veinticinco de ancho. Miden las paredes, ingresan al recinto y entonces Méndez les ordena que copien en papel un esbozo del edificio. Desde allí, escribió:

“No es posible hallar expresiones propias para significar el inmenso espacio que se presenta a la vista desde esta altura, en todas direcciones, ofreciéndose el más pintoresco panorama al Oriente del palacio; es preciso verlo para sentir los efectos que inspira una perspectiva tan encantadora […]”1

Sus trabajos de medición terminaron a las cinco de la tarde, y bajaron del edificio para pasar la noche. Al día siguiente, continuaron explorando y descubrieron inscripciones: con “caracteres escritos, caras y animales desconocidos…”. También  encontraron estelas – que Méndez llamó “lápidas” – y varios altares ceremoniales a los que describió como “ruedas de una calesa”.  Para entonces, los mozos indígenas que los acompañaban, y que se habían encargado del desbrozamiento desde que llegaron, ya no podían más con el cansancio y Méndez decidió suspender la exploración por ese día.

Finalmente, el 28 intentaron continuar con la exploración, pero la espesura de la selva les dificultó el trabajo considerablemente.  En ese momento ya todos estaban agotados, como deja dicho Méndez en su reporte:

“Fatigados de subir y bajar tantos precipicios, y hundidos en tristes y melancólicas reflexiones, al ver tantos escombros y ruinas, siendo la hora de retirarnos, lo hicimos, mejorando de ideas al encontrar en nuestro dormitorio los garrafones de agua que habíamos pedido; con lo cual quedaron desocupados los mozos destinados a conducir los bejucos…”1

Tras emprender el regreso el 2 de marzo, Méndez escribió un detallado reporte para el gobierno del general presidente Rafael Carrera, el 6 de ese mismo mes, en el que indicó:

“Vengan en hora buena esos viajeros con mayores posibles y facultades intelectuales, hagan excavaciones al pie de las estatuas, rompan los palacios y saquen curiosidades y tesoros que no podrán llevar sin el debido permiso; jamás podrán nulificar ni eclipsar el lugar que me corresponde al haber sido el primero que sin gravar a los fondos públicos, les abrí el camino.”1

Desafortunadamente, el gobierno del general Rafael Carrera estaba en una crisis de gobernabilidad, debido a los alzamientos de “los lucios” en el oriente del país, y el resurgimiento del sentimiento independentista en Los Altos -todo  patrocinado por el gobierno liberal de Doroteo Vasconcelos en El Salvador3– y no pudo prestarle mayor atención al importante descubrimiento realizado por Méndez y Tut.  De hecho, Carrera renunció a la presidencia y salió al exilio en agosto de ese mismo año, y durante su ausencia la anarquía llegó a niveles insostenibles, con numeros crímenes políticos y rebeliones.4

Carrera regresó al país en 1849 y con la colaboración del nuevo presidente, el coronel Mariano Paredes, logró sofocar las rebeliones y estabilizar al país, pero ahora se enfrentaba a una inminente invasión de los criollos liberales desde Honduras y El Salvador, la que finalmente ocurrió el 2 de febrero de 1851, en donde los derrotó categóricamente en la Batalla de La Arada.5

A partir de entonces se inició el desarrollo de Guatemala, pero las arcas estaban vacías y el gobierno tenía otras prioridades distintas a explorar ruinas de la civilización maya en medio de la selva petenera.  Por esta razón, cuando los viajeros extranjeros que mencionó Méndez finalmente llegaron a Tikal en la década de 1870, se dedicaron a sacar del país muchos tesoros mayas, los cuales ahora se exhiben en los museos alrededor del mundo.  De hecho, los dinteles puertas de los templos de Tikal se exhiben en el Museo de las Culturas de Basilea, Suiza, gracias a que el ciudadano suizo Gustav Bernoulli las embarcó con la autorización del gobierno del general J. Rufino Barrios, a quien también le aconsejó que creara la Ley de Vagancia para utilizar la inmensa mayoría indígena del país en la producción de café a gran escala.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Méndez, Modesto (18 de abril de 1848). «Informe del Corregidor del Petén Modesto Méndez de 6 de marzo de 1848». Guatemala: La Gaceta de Guatemala, Imprenta de la Paz.
  2. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralV. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 160-163.
  4. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. pp. 112-115.
  5. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 193-197.
  6. Schmölz-Häberlein, Michaela (2005).  Carl Gustav Bernoulli. En: Germany and the Americas: Culture, politics and history. (Adam, Thomas, ed.) I. Santa Barbara, California: ABC CLIO. (en inglés) p. 142.

 

26 de febrero de 1840: Guatemala toma bajo su protección a los pueblos de Los Altos

El gobierno de Mariano Rivera Paz en el Estado de Guatemala toma bajo su protección a los pueblos del Estado de Los Altos tras la derrota de sus autoridades, y elimina el impuesto individual a los indígenas.

26febrero1840
Fachada de la catedral colonial de Quetzaltenango, que es lo único que queda de dicho edificio, destruido por la erupción del volcán Santa María en 1902. La nueva catedral fue construida por detrás de esta fachada. Imagen tomada de Wikimedia Commons. En el recuadro: retrato a lápiz del general mexicano Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas armadas del Estado de Los Altos y héroe militar de los criollos altenses. Imagen tomada de Historia Militar Mexicana.

Los criollos liberales que formaron el Estado de Los Altos tuvieron dos graves problemas: por una lado, la relación entre Los Altos y Guatemala era extremadamente tirante, ya que los altenses se habían quedado con el 50% del territorio y el 75% de la capacidad productiva del Estado de Guatemala cuando se formó su estado en 1838; y, por el otro,  pueblos indígenas de la región se resistían a pagar el impuesto individual que les quería cobrar el gobierno del Estado de Los Altos.  Así pues, bastaba con una excusa para que se rompieran las hostilidades, y ésta se dió con de la masacre en Santa Catarina Ixtahuacán cuando las fuerzas altenses asesinaron a decenas de indígenas que protestaban por el impuesto el 1 de octubre de 1839.1

Después de que los indígenas le pidieran ayuda, el general Rafael Carrera y sus hombres combatieron a las fuerzas altenses al mando del general Agustín Guzmán en Sololá, y tras derrotarlos categóricamente, entraron sin oposición a la ciudad de Quetzaltenango, hasta entonces capital del Estado de Los Altos. En ese momento cesó efectivamente dicho Estado, y los criollos liberales que lo formaron vieron como el gobierno del Estado de Guatemala tomó bajo su protección a los pueblos indígenas que lo componían.2

Tras la derrota de los criollos altentenses, los pueblos indígenas solicitaron al gobierno de Guatemala que reincorporara a la región del Estado de Los Altos a su territorio y que eliminara el impuesto individual.  Los criollos, por su parte, consideraron esto un movimiento ilegal, pero no estaban en posición de hacer valer su posición en ese momento, por lo que el Gobierno de guatemala emitió el siguiente decreto:3

Considerando:

      1. Que los pueblos de los Altos se han pronunciado por medio de sus municipalidades, según consta de las actas que existen en la secretaría, desconociendo las autoridades que estaban establecidas, solicitando quedar bajo la autoridad de este gobierno y ser regidos por las leyes de este estado;
      2. Que en consecuencia de estos pronunciamientos se disolvieron dichas autoridades, desaparecieron casi todos los funcionarios, y habiendo quedado de hecho casi todos los pueblos sin gobierno, se acogieron al amparo del general Carrera, y éste se vió obligado á nombrar provisionalmente jefes políticos y jueces que se encargasen de la administración;
      3. Que posteriormente se ha solicitado con instancia por dichos pueblos que este gobierno los tome bajo su protección, y los preserve de los males que les amenazan si una autoridad respetable no hace guardar en aquellos el orden público;
      4. Que el gobierno de Guatemala en tales circunstancias no puede ver con indiferencia la suerte de unos pueblos hermanos de los que componen este estado, cuya seguridad es también interesada en la tranquilidad general;
      5. Y últimamente, que el gobierno de Guatemala no puede resolver por sí mismo de una manera definitiva sobre la reincorporación que se solicita por los pueblos expresados; mientras se reúne la asamblea constituyente del estado de Guatemala y de conformidad con el parecer del consejo, decreta:

Artículo 1°. — El gobierno de este estado toma bajo su protección a todos los pueblos de los Altos, y se considerarán reincorporados de su propia voluntad al mismo estado, mientras se resuelve lo que convenga sobre el particular por la autoridad a quien corresponda.

Artículo 2°. — En consecuencia, los pueblos de los Altos serán regidos según las leyes decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y el gobiemo designará á los funcionarios que deban encargarse provisionalmente de los diversos ramos de la administración.

Artículo 3°. — No se exigirán a los habitantes de los Altos otras contribuciones que las decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y se tendrá presente que está abolida la que se cobraba con el nombre de capitación. Las que deban pagarse serán recaudadas con arreglo á las leyes decretadas por la misma asamblea de Guatemala.

Artículo 4°. — Los productos de las rentas que quedan vigentes serán invertidos en los gastos de la administración de aquellos departamentos, y se llevará cuenta separada de sus rendimientos é inversión; y los sobrantes, si los hubiere, serán reservados para satisfacer en su caso las deudas contraídas anteriormente según su naturaleza.

Artículo 5°. — El gobierno nombrará, si lo creyere conveniente, un comisionado que visite los pueblos expresados, les manifieste sus deseos de hacerles bien, oiga sus quejas, procure que se consolide entre ellos el orden y la paz que tanto conviene á aquellos habitantes, y proponga al gobierno, y ponga desde luego en ejecución, todas aquellas medidas que parezcan conducentes á su tranquilidad y bienestar.

Artículo 6°. — El secretario de gobernación cuidará de dar cuenta á la Asamblea constituyente de Guatemala con este decreto y documentos relativos al asunto, para que se sirva tomarlo en consideración.3

Por supuesto que los criollos altenses no estaban conformes con esta resolución, por lo que contactaron al general Francisco Morazán, a la sazón Jefe de Estado de El Salvador para que invadiera a Guatemala y restableciera el Estado de Los Altos, a lo que Morazán accedió.  El 17 de marzo de 1840 el caudillo hondureño invadió el territorio de Guatemala y el 19 de ese mes tomó posesión de la Ciudad de Guatemala.  Uno de sus primeros actos fue sacar  al general Agustín Guzmán de las bartolinas de la cárcel en donde estaba desde que Carrera lo humilló públicamente durante su entrada trinfual tras derrotar a Los Altos en enero, y cuando éste pudo recuperarse -pues no podía ni mover las articulaciones- salió al galope para Quetzaltenango para conformar nuevamente el gobierno del Estado de Los Altos.4

Desafortunadamente para Guzmán y los criollos altenses, todo había sido un plan de Carrera, quien hizo creer a Morazán que había tomado la ciudad, solamente para caerle por sorpresa desde El Aceituno por la noche, derrotándolo completamente y obligándolo a huir gritando “¡Que viva Carrera!”  Los criollos altentes, que habían sido advertidos por Carrera en enero de que no les iba a tolerar otra sublevación, sufrieron penosas consecuencias cuando éste llegó nuevamente a Quetzaltenango tras expulsar a Morazán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 122-123.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 48-49.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159-163.
  5. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 70-90.