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17 de octubre de 1889: se crea el municipio de El Progreso en el departamento de San Marcos

17octubre1889
Logia Masónica de San Marcos, construida durante los regímenes liberales anticlericales. En el recuadro: el general presidente Manuel Lisandro Barillas, quien gobernó a Guatemala de 1885 a 1892. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El municipio de Nuevo Progreso en el departamento de San Marcos tiene una historia curiosa. Inicialmente fue creado por el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas el 17 de octubre de 1889 con el nombre de “Progreso”, desmembrándolo del municipio de San Marcos mediante los siguientes decretos:1

Decreto N.° 1:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 17 de octubre de 1889.

Vista la exposición del Jefe Político de San Marcos, relativa a que la aldea La Conquista, que depende de la jurisdicción municipal de San Marcos, sea segregada de éste y anexada al distrito de Nueva Plaza, creado por acuerdo de 22 mayo de este año; y

Considerando: Que aquel funcionario informa que no sólo los vecines y las autoridades civiles y militares de La Conquista soicitan esta segregación, sino que la conveniencia pública reclama dicha medida, pues así estarán mejor atendidos los intereses locales respectivos y se evitará el inconveniente de que La Conquista quede dentro de un distrito jurisdiccional a que no pertenece; el Presidente de la República, con presencia de lo pedido por el Fiscal del Gobierno,

Acuerda: De conformidad, quedando en estos términos adicionada la disposición de mayo último.

Comuníquese:

    • Barillas
    • El Secretario de Estado en el despacho de Gobernación y Justicia: Francisco Anguiano

Decreto N.° 2:

Con presencia de la exposición del Jefe Político de San Marcos, relativa a que la comprehensión municipal que forman las aldeas de Nueva Plaza, Ixtal, Río Pajá, Sucuchún, Río Naranja y La Conquista, lleve en lo sucesivo el nombre de Progreso, el Presidente de la República,

Acuerda: De conformidad.

Comuníquese.

    • Barillas
    • El Secretario de Estado en el despacho de Gobernación y Justicia: Francisco Anguiano1

El general Barillas fue el único presidente de la época liberal que realizó elecciones en las que no participó, entregando el poder a su sucesor, el general José María Reina Barrios el 15 de marzo de 1892. Como la mayoría de los pobladores eran originarios de San Antonio Sacatpéquez, El Progreso siguió siendo dependiente de ése, por lo que los pobladores solicitaron al nuevo presidente que  formara definitivamente el municipio de El Progreso. Reina Barrios accedió a la solicitud, mediante el siguiente decreto:2

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 2 de junio de 1,892 

Traído a la vista el expediente formado a solicitud de los vecinos de El Progreso,
departamento de San Marcos, relativo a que se les conceda segregarse de la jurisdicción municipal de San Antonio Sacatepéquez y erigirse en municipio
independiente, compuesto de El Progreso y las aldeas Buena Vista, San José La
Providencia, Santa Clara, San Antonio Ixtal y La Conquista, y

Considerando: Que El Progreso, es centro de fincas importantes de café y de las aldeas mencionadas; y que todas ellas reúnen el número de habitantes y los demás requisitos exigidos por la ley para la erección de un municipio; el Presidente Constitucional de la República con presencia de los informes favorables que constan en el expediente y conformándose con la consulta fiscal,

Acuerda: De conformidad y dispone que por ahora la Corporación Municipal de “El Progreso” se componga de un Alcalde, cuatro Regidores y un Síndico.

Comuníquese.

    • José María Reina Barrios
    • El Secretario de Estado en el despacho de Gobernación y Justicia: 
      Manuel Estrada Cabrera.2

Desafortunadamente para el municipio y para todo el país, tras varios años de bonanza económica y grandes proyectos, la presidencia de Reina Barrios se desmoronó cuando el precio internacional del café se desplomó en 1897, y el gobernante murió asesinado el 8 de febrero de 1898.3

El general Reina Barrios fue sucedido por el primer designado a la presidencia, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien gobernó con mano de hierro durante 22 años.​  En 1902, toda la región del occidente de Guatemala fue afectada por el terremoto de San Perfecto4,5 y la erupción del volcán Santa María, que no solamente acabaron con las plantaciones de café en la zona, sino que destruyeron la infraestructura local.6 El Progreso no fue la excepción, y su cabecera municipal, que originalmente estaba en donde en el siglo XXI se encuentra la aldea Pueblo Viejo, fue totalmente destruida y tuvo que trasladarse a un nuevo terreno, recibiendo el nombre de “Nuevo Progreso”. 

Para entonces, los aduladores del presidente iniciaron un programa en que numerosas obras de infraestructura y municipios fueron bautizados con los apellido del gobernante, y el municipio de El Progreso se convirtió en el municipio “Estrada Cabrera” el 2 de junio de 1905 (además de mover su feria patronal para el 21 de noviembre para celebrar el cumpleaños del presidente), mediante el siguiente decreto:7

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 23 de mayo de 1905.

Vista la solicitud de la Municipalidad, Autoridades, vecinos y finqueros de la jurisdicción de “Nuevo Progreso”, departamento de San Marcos, relativa a que ese Municipio lleve, en lo sucesivo, el nombre de “Estrada Cabrera”, en vez del que hoy tiene; y que la feria que allí se celebra del 29 de abril al 3 de mayo se traslade con la denominación de “Feria del 21 de Noviembre”, a los días 20, 21 y 22 del mes último citado; y

Apareciendo del informe del Jefe Político del departamento respectivo, que conviene a los interes económicos del Municipio solicitante, que se traslade la feria a los días que se indica, pues en ese mes se hace el transporte y venta de los productos que se cultivan en esa zona, y es el más a propósito por haber cesado la época de las lluvias,

El Presidente Constitucional de la República, oído el parecer del Fiscal, y obsquiando además los deseos de los peticionarios,

Acuerda: Acceder a la solicitud en todos los puntos que contiene.

Comuníquese.

    • Manuel Estrada Cabrera
    • Subsecretario del Gobierno encargado del Ministerio de Fomento: José Flamenco7

En 1908, continuando con la adulación desmedida de los partidarios del presidente, el municipio fue renombrado nuevamente, esta vez como “San Joaquín”, en honor de la madre del gobernante, Joaquina Cabrera, quien había fallecido el 3 de julio de ese año.8 (Nota de HoyHistoriaGT: esta información fue obtenida del Plan de Desarrollo de 2010 elaborado por la Secretaría General de Planificación del Gobierno de Guatemala (SEGEPLAN), pero no se encontró un decreto gubernativo en la Recopilación de Leyes de 1908 que lo corrobore).

Finalmente, el municipio recuperó su nombre de “Nuevo Progreso” el 3 de mayo de 1920, cuando el gobierno de Carlos Herrera y Luna, emitió un decreto para remover todas las referencias a Estrada Cabrera y a su madre luego del derrocamiento del expresidente el 14 de abril de ese año.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gómez Carrillo, Agustín (1891). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1889 VIII. Guatemala: Tipografía La Unión. pp. 174-175.
  2. Gobierno de Guatemala (1894). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1892-93 XI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 58-59.
  3. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008). «Disparos en la Obscuridad. El Asesinato del General José María Reina Barrios»Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación (Guatemala).
  4. Gamboa, Federico (1920). Gómez de la Puente, Eusebio (ed.), ed. Mi diario, primera serie III. México: Hispano Americana.
  5. Rockstroh, Edwin (1902). «1902 Earthquake in Guatemala»Nature (en inglés) 66: 150. doi:10.1038/066150a0. p. 150.
  6. Aragón, Magda (2013). «Cuando el día se volvió noche; La erupción del volcán Santa María de 1902»Revista Estudios Digital (Guatemala: Escuela de Historia, Universidad de San Carlos) (No. 1). Archivado desde el original el 8 de noviembre de 2014.
  7. SEGEPLAN (2010) Plan de Desarrollo de Nuevo Progreso, San Marcos. Guatemala: SEGEPLAN.
  8. Villalobos Viato, Roberto (22 de noviembre de 2014). «Sitios con nombres de líderes»D Fondo (Guatemala: Prensa Libre). Archivado desde el original el 21 de noviembre de 2014.

 

16 de octubre de 1832: se inauguran las clases de historia universal en la Academia de Estudios de Guatemala

16octubre1832
Vista del complejo arquitectónico de San Francisco desde el antiguo Calvario de la Ciudad de Guatemala a principios de siglo 10. En el antiguo convento de esta iglesia funcionó la Academia de Ciencias y Estudios. En el recuadro: el historiador Alejandro Marure. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras el derrocamiento del gobierno católico conservador de Mariano de Aycinena y del presidente federal inteniero Mariano de Beltranena (quien había asumido el cargo tras la separación del general presidente Manuel José Arce y Fagoaga) en abril de 1829,1 los criollos liberales tomaron el poder en Guatemala e introdujeron una serie de reformas que incluyeron el cierre de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos en marzo de 1832.2

En lugar de la centenaria universidad, el gobierno liberal instituyó la Academia de Estudios, una institución completamente laica e influida por las ideas de la Ilustración, la cual estuvo a cargo del doctor Pedro Molina Mazariegos.  El 16 de octubre de 1832, la Academia inauguró sus clases de Historia Universal, cátedra que estuvo a cargo del historiador oficial Alejandro Marure.

Reproducimos a continuación partes del discurso que pronunciara Marure en aquella importante ocasión para los historiadores guatemaltecos, el cual resalta las razones por las que la Historia no se había enseñado en Guatemala, y en el que ataca directamente a los gobiernos colonial y conservador y a la religión católica, y advierte de no dejarse deslumbrar por las fábulas fantásticas con que todos los pueblos han adornado sus orígenes:3

“El Jefe Supremo del Estado se ha servido poner bajo mi dirección la Clase de Historia cuya apertura tengo hoy el honor de verificar por primera vez.

Un estudio tan interesante fue enteramente desconocido entre nosotros en la época triste de nuestra abyección y esclavitud. Debía serlo.  No era posible que un Gobierno, cuyo poderío y dominación se apoyaban en nuestra imbecilidad diese protección a la enseñanza de la más útil de las ciencias.  Mas este período funesto ha pasado ya, y sólo nos quedan de él recuerdos desagradables. Hemos comenzado a existir y bajo la influencia de un gobierno eminentemente liberal, el genio de la civilización va establecerse entre nosotros.[…]

Yo he tenido el honor de ser asociado a tan noble empresa; mas esta gloria no me deslumbra ni me oculta mi pequeñez. Conozco demasiado mi incapacidad; veo en toda su extensión las grandes dificultades que deben oponerse al establecimiento de una enseñanza enteramente nueva; sé cuando se require y cuantas circunstancias deben reunirse en el individuo encargado de llevar tan arduo empeño; y no tengo la presunción de creer que en mí concurran tants prendas.

Muy raro sería tenerlas a los veintiséis años de edad en un país que, hasta ahora, no había existido sino para las preocupaciones.[…]

El interés del trono y del sacerdocio y una política cruel, se han levantado contra la razón naciente; han procurado exterminar las verdades que combatían sus usurpaciones y sus crímenes y ahogar entonces en sangre el genio que intentaba trastornar su dominación espantosa.  La superstición, este monstruo que como dice un sabio, fija su apoyo en los cielos para conmover toda la tierra: ese engaño de los pueblos que ha vuelto de la moral un caos y de la verdad pura y sencilla un ser fantástico y oscuro en medio del terror y de las prohibiciones, y propaganda de los abusos más humillantes, consiguió el abatimiento de los hombres y el triunfo de sus errores.[…]

Más si la Historia nos sirve para conocer el verdadero estado y progresos de las ciencias, en sus distintas época, también nos sirve para conocer el origen de todos los errores, de todas las preocupaciones que han engañado tanto tiempo a los hombres y han fatigado tanto al entendimiento humano.  Hallaremos en los tiempos primitivos y en las naciones más remotas, la semilla de todos los absurdos que transformados de mil maneras diferentes han penetrado hasta nuestro siglo a través de todas las revoluciones. Veremos en las orillas del Ganges y en las del Antiguo Egipto, la cuna de la religión y el origen de esa multitud de sistemas que se han difundido por toda la tierra y han dividido a sus habitantes en mil sectas que se combaten las unas con las otras. El estudo de esta sección de la Historia ha servido a los filósofos modernos para manifestar a los pueblos que es un mismo el fundamento de todos los cultos, y mostrarles, como con el dedo, la fuente de todos los absurdos religiosos.[…]

El estudio de la historia ha servido también a muchos sabios para componer sus obras inmoratles. Montesquieu, Voltaire, Condorcet y otros escritos eminentes han ilustrado a los pueblos y destruido las preocupaciones de su siglo por medio de la historia y la filosofía.[…] Ultimamente, el Conde de las Casas parece que compila todas estas sentencias célebres cuando dice en último Atlas: ‘La Historia es la más útil de las ciencias: su estudio nos ofrece la experiencia de lo pasado y nos suministra datos para presagiar lo venidero: es el libro universal en que cada uno haciendo uso de su discernimiento, puede, con seguridad, encontrar la lección que le concierta; ella ilustra al militar y al comerciante aplicado; prepara al hombre de Estado, y manifiesta al filósofo los progresos interesantes y vaciados del espíritu humano; en una palabra, vigoriza el juicio y ameniza el trato de todos los individuos de la sociedad’.[…]

Pero es preciso estudiar la historia con mucha crítica y reflexión; es preciso no dejarnos alucinar.  Los fastos de todas las naciones están sobrecargados de milagros y de hechos portentosos con que seha procurado hacer venerables a la posteridad, las ficciones más extravagantes.  El origen de todos los pueblos está oculto en las sombras de la fábula y de la quimera.  Algunos descienden por línea recta de los mismos dioses, otros han celebrado alianzas y vivido en íntimo contacto con ellos, muchas han sido gobernados por la Divinidad en todo el cursos de sus revoluciones y sus legisladores han recibido de manos del mismo Dios todas las leyes que deberán regirlos.  También los dioses han tomado parte en las guerras y disfrutado de las delicias del amor en el seno de las hijas de los hombres.  Son innumerables las ficciones de esta especia que se hallan consignadas en los anales sagrados de todas las naciones.  Pero lejos de dejarnos engañar por las apariencias misteriosas y servir de velo al artificio, procuremos descubrir los designos que oculta, penetremos en las miras y combinaciones del legislador para no tomar por santo y milagroso, lo que solamente ha sido un recurso que han empleado los hombres hábiles para goernar a sus semejantes y dominarlos a su arbitrio.  Es preciso, igualmente, prevenirnos contra los prejuicos e interpretaciones con que algunos autores respetables han querido hacer creer lo mismo que ellos no creen o que si han creído, no han sido guiados en su creencia por sus luces, sino por respetos a la opinión establecida, o por la influencia de tal. […] No nos dejemos tampoco deslumbrar por la hazañas brillantes de algunos personajes que celebra la historia: distingamos la verdadera gloria de la falsa.”3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  3. Marure, Alejandro (enero de 1925) [16 de ocutbre de 1832]. Discurso que pronunció el famoso historiador Alejandro Marure, al inaugurar las clases de Historia Universal en la Academia de Estudios.  Guatemala: Anales de la Sociedad de Geografía e Historia. I (3). pp. 226-232.

15 de octubre de 1882: el influyente político liberal hondureño Ramón Rosa publica un sentido epitafio tras la muerte de José Milla y Vidaurre

15octubre1882
El entonces lujoso Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896. En esta avenida fue sepultado el escritor José Milla y Vidaurre en 1882; al fondo se observa el ya desaparecido monumento al general Miguel García Granados. En el recuadro: el político y escritor hondureño Ramón Rosa. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En los primeros años del gobierno de J. Rufino Barrios, los hondureños Ramón Rosa y Marco Aurelio Soto tuvieron un papel destacado como ministros de Estado.  De hecho, tuvieron mucho que ver en la reforma educativa que eliminó la educación religiosa e impuso la laica en todo el país.1 A cambio de sus servicios, Barrios colocó a Soto como presidente de Honduras en 1877, y Rosa se fue para allá convertido en un poderoso primer ministro2 (Nota de HoyHistoriaGT: Soto, a su vez, correspondió a esta ayuda de Barrios, enviándole una contribución mensual durante el tiempo que estuvo en el poder3 hasta que fue derrocado por el mismo presidente guatemalteco cuando ya no le era útil para sus planes políticos en 1883).

Soto y Rosa fueron discípulos del connotado literato y político guatemalteco José Milla y Vidaurre en la Facultad de Derecho de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos, y también tuvieron clases particulares de Literatura con el escritor e historiador, en las que compartieron con otros importantes literatos y profesionales guatemaltecos, como Antonio Batres Jáuregui, Salvador Falla y Ricardo Casanova y Estrada (quien sería posteriormente el arzobispo de Guatemala y, por ende, enemigo acérrimo de las políticas liberales).

Tras enterarse de la muerte de Milla y Vidaurre, acaecida el 30 de septiembre de 1882, Rosa (quien todavía era primer ministro en Honduras tras la reelección de Soto en 1881) escribió un artículo al respecto, el cual consideramos es un merecido epitafio para el fallecido escritor y del cual reproducimos algunos párrafos a continuación:4

Jamás se me olvidan las impresiones experimentadas en aquella edad dichosa, en que despierta el alama a la vida del sentimiento y de las ideas.  Allá, por el año de 1864, en las horas de esparcimiento que me dejaban mis asiduos cuanto malogrados estudios de Filosfía escolástica, leía, con el más vivo interés, sintiendo ciertas extrañas palpitaciones del corazón, ‘La Hija del Adelantado’, preciosa novela histórica de José Milla, cuya narración, llena de colorido y de poesía, me hacía ver, rebosando de vida, a doña Leonor de Alvarado, tan joven como hermosa, tan hermosa como enamorada y a doña Beatriz de la Cueva, a la Sin Ventura, cuya firma autógrafa después he visto, muriendo con el alma presa de todos los dolores, en medio de la primera catástrofe de que fue teatro, en el siglo XVI, la Ciudad de Santiago de los Caballeros, edén perdido, que ano haberse conjurado en su contra la naturaleza, aún fuera, después de México, la población más importante de la América Española. […]

Una de mis ilusiones de adolescente, inspirada por la lectura de ‘La Hija del Adelantado’, fue la de conocer al autor de obra tan bella, y que, en mi supina ignorancia, consideraba exenta de todo defecto, y por ende, libre de ser objeto de la más leve crítica.  Me solazaba con los recuerdos históricos, y con las creaciones del sentimiento y de la imaginación del autor; no veía, ni podía ver su obra al trasluz de los principios y de las exigencias del arte.  A los dieciséis años, aun c0n instrucción, de la que he carecido y carezco, no se puede ser crítico; sólo se puede sentir y admirar.  […]

En el año de 1867 ví realizada mi acariciadísima ilusión: conocí a José Milla.  El autor de los “Cuadros de Costumbres” y de “La Hija del Adelantado” daba lecciones privadas de Literatura a los jóvenes más distinguidos de Guatemala y de las Repúblicas vecinas, entre quienes se contaban Antonio Batres Jáuregui, Marco Aurelio Soto, Salvador Falla, y Ricardo Casanova, hoy sacerdote, y sin duda el sacerdote más instruído de la América Central.

¡Cómo tengo grabado el recuerdo de aquellos días y de aquella fecha en que conocí a José Milla! […] Después de haber recorrido, en estudiantil paseo, la bella alamdea del Teatro de Carrera, formada de frondosos amates y de copados naranjos que perfuman el aire con las ricas emanaciones de sus miles de azahares, llegué, acompañado de Marco Aurelio Soto, a la modesta casa de Milla, que vivía a la sazón cerca del barrio de la Merced.  Llegué con toda la timidez y hasta con el encogimiento propio del estudiante provinciano.  Iba a cumplir un gran deseo; pero temía encontrar algo grande que me avasallase, y esto me daba pena; más la presentación cordial de Soto, mi cariñoso amigo, y la buena acogida de Milla, del hombre modesto, afable y civilizado, me hicieron olvidar bien pronto mis secretas inquietudes. […]

Milla, que en aquella época tenía una altísima posición política y literaria, aun viendo en mí lo que podía ver, a un imberbe y pobre estudiante, me recibió con su genial benevolencia, y accedió gustoso a mi deseo, manifestado por Soto, de ser su discípulo en la clase de Literatura.  

Nunca olvidaré las lecciones que Milla nos daba, de cinco a seis de la tarde, en su cuarto escritorio, y a la moribunda luz del sol poniente que penetraba a través de los limpios vidrios de la ventana de la habitación.  Nos explicaba los preceptos del arte del bien decir, las reglas del arte poética, y por vía de ejemplo, pasaba en revista los escritos en prosa y verso de los más afamados clásicos en la literatura española, que conocía profundamente.[…]

A vuelta de muchsa vicisitudes que sólo a mí interesan, vino en mi ayuda la reflexión, y me hice hombre.  Terminé mi carrera de abogado, y tal vez, por mi mal, me inicié en la vida política.  La lógica de las ideas, de las edades y de las circunstancias, me separó de mi maestro de Literatura.  Vino la revolución de 1871 en brazos de la opinión pública: Milla tan docto, tan lleno de experiencia, miraba al pasado: yo, tan indocto, tan inexpecto, miraba al porvenir: él se impuso voluntario destierro, y fuese al extranjero a acrecentar, todavía más el caudal de su rica inteligencia; y yo, joven y entusiasta, quedéme trabjaando, en la escasa medida de mis fuerzas, alentada por ciega fe, cifrada en la regeneración social y política de Centro América.[…]

He estudiado las obras de Milla y he reflexionado sobre ellas; y si hoy no las considero como pdroducto del genio creador, las considero, en su mayor parte, como hijas de un verdadero talento, de una vigorosa imaginación, de una instrucción sólida y variada, y de un delicado gusto en materias literarias.

Nadie que haya leído ‘La Hija del Adelantado’, ‘Los Nazarenos’, ‘El Visitador’, ‘Los Cuadros de Costumbres’, ‘El Libro sin Nombre’, ‘Un Viaje al otro mundo, pasando por otras partes’, y el primer tomo de la ‘Historia de la América Central’, podrá negar a José Milla dotes de eminente escritor.  Nadie podrá negarle un ingenio fecundo, una imaginación amena y chispeando, una erudición vastísima, un selecto y delicado gusto, un estilo lleno de intención y de agudezas, y un lenguaje puro y correcto que valióle el honrosísimo título de Miembro Correspondiente de la Real Academia Española.  Nadie que haya leído y estudiado las muchas obras, de diverso género, de José Milla, del escritor más fecundo de Guatemala, podrá negar que tan isigne hombre de letras es una honra, es una gloria nacional de Centro América.

Y un hombre tan importante, que vivió en medio de una honradísima pobreza, porque Milla fue siempre probo; y literato tan esclarecido que, a costa de penosísimas vigilias, escribía la grande obra de la ‘Historia de la América Central’; y maestro tan desinteresado, benévolo y cariñoso, ha muerto, ha desaparecido para siempre, dejando un gran vacío en los puestos desocupados de las letras centroamericnas, vacío sólo comparable, en su grandeza, a la grandeza de la incedible pena de todos los que sabíamos a estimar a José Milla, por su talento, por sus obras, por ser, en fin el Ilustre Decano de la Literatura Centroamericana.[…]4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Moré Cueto, Julián (15 de noviembre de 1895). «Ex-ministros de Instrucción Pública». El Educacionista: órgano del Ministerio de Instrucción Pública (Guatemala: Tipografía Nacional). Tomo II (16).
  2. Barrientos, Alfonso Enrique (1948). «Ramón Rosa y Guatemala»Revista del archivo y biblioteca nacionales (Honduras) 27 (3-4). Archivado desde el original el 19 de diciembre de 2014.
  3. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 26.
  4. Rosa, Ramón (1896) [1882]. «José Milla y Vidaurre»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía) I (6). pp. 83-85.

 

14 de octubre de 1794: el Rey de España autoriza que se publica la Gazeta de Guatemala en el Reino del mismo nombre

14octubre1794
La Plaza de Armas de la Nueva Guatemala de la Asunción en la década de 1840. Estas estructuras estaban a medio construir en 1796. En el recuadro: facsímil de una de las páginas de la Gazeta de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Un personaje importante para la difusión de la cultura en Guatemala fue el señor Ignacio Beteta, quien aprendió el oficio de encuadernador al lado del español Antonio Sánchez Cubillas, quien le vendió su imprenta el 18 de junio de 1785 cuando éste regresó a España. De hecho, desde algunos días antes de celebrarse el contrato, Beteta ya se había hecho cargo del taller y para 1788 editó el voluminoso “Manual de párrocos“, que luego fue mandado a reimprimir por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy. Además, en 1789 publicó la Descripción de las Exequias de Carlos III, con un lujo y profusión de grabados hasta entonces desconocidos en Guatemala.1 Es importante destacar que para entonces, la capital del Reino se acababa de trasladar de la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción en 1776 y apenas estaba empezando a reconstuirse.2

Deseoso de que en Guatemala se llevasen a cabo publicaciones similares a las que se hacían en las capitales de los virreinatos de Nueva España y el Perú, publicó una “Guía de Forasteros“, a instancia del Capitán General Bernardo Troncoso Martínez del Rincón, en la que consignó la cronología de los capitanes generales y obispos del reino. En base este arduo trabajo, solicitó al Gobierno que se le otorgase privilegio exclusivo para la impresión de las Guías y de los Almanaques; sin embargo, como ya las imprentas de Bracamonte y de la Viuda de Arévalo tenían a su cargo los almanaques, únicamente pudo obtener las Guías ya indicadas, y los almanaques de bolsillo como premio de consolación.1

A mediados de 1793, después de haber visto un ejemplar de “El Mercurio Peruano“, que poco antes había circulado en Lima, tuvo la idea de publicar un periódico en el Reino de Goathemala y para ello envió un ejemplo de su publicación a la Real Audiencia para que lo aprobaran. En estos tiempos, los trámites tardaban años debido a lo lento del transporte, y por ello aunque la aprobación del Rey fue extendida el 14 de octubre de 1794, no se supo en Guatemala sino hasta casi dos años más tarde.1

En vista de la buena acogida que tuvo la Gazeta, Beteta tuvo la idea de publicar dos números al mes, para lo que nuevamente tuvo necesidad hacer las gestiones correspondientes, pero en 1798, con el pretexto de que el papel escaseaba debido a la guerra que había con la Gran Bretaña, le fue notificado que suspendiese la publicación.  Es más, las autoridades peninsulares recomendaron al Capitán general que estuviese pendiente de que en el periódico no se insertasen noticias ni discursos que pudiesen ser perjudiciales a la tranquilidad de sus vasallos, ni a las buenas costumbres.  Y es que no faltaron entre los primeros dignatarios del reino, incluyendo entre ellos a un arzobispo y a un oidor, quienes denunciaran que el periódico de Beteta atentaba contra las máximas de fidelidad al Soberano y hasta a las buenas costumbres.1

Años después, el 16 de septiembre de 1821, con motivo de la Independencia de Centroamérica, Beteta llamó a su establecimiento “Imprenta de la Libertad“, la cual siempre funcionó en la esquina de la Séptima Calle Oriente y Callejón del Pino en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, en donde permaneció en funciones hasta la muerte de Beteta, ocurrida el 2 de septiembre de 1827, a la edad de 70 años.1

Si bien Beteta dejó de publicar la Gazeta de Guatemala en 1816, ésta no murió con él, ya que fue resucitada por el gobierno conservador de Rafael Carrera, que la utilizó como su diario oficial.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fundación Biblioteca Miguel de Cervantes (s.f.). La Imprenta en Guatemala. España: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  2. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).

13 de octubre de 1826: linchan al jefe de Estado Cirilo Flores en Quetzaltenango

13octubre1826
Vista general de la ciudad de Quetzaltenango en la década de 1880. En el recuadro: busto del Jefe de Estado Cirilo Flores que se encuentra en la ciudad de Quetzaltenango. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y del Departamento de Educación de la Universidad Francisco Marroquín.

El primer presidente de la República Federal de Centro América, el general Manuel José Arce y Fogoaga, fue electo en 1825 tras un proceso electoral poco satisfactorio y desde que tomó posesión el 29 de abril de ese año, tuvo que hacer malabares para gobernar a la naciente república federal, intentando mediar entre los criollos aristócratas y los criollos liberales, quienes se odiaban mutuamente. La situación de Arce se vió agravada cuando el jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia decide retornar la capital del Estado a la ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, pues ahora había dos gobiernos constituidos, ubicados a pocas calles uno del otro; cada uno con su propio ejército, y sus propias necesidades y pretensiones.1

La tensión llegó al máximo cuando Barrundia fue destituido y hecho prisionero en septiembre de 1826,2 luego de que los aristócratas rechazaran los decretos anticlericales y el decreto que clausuraba el Consulado de Comercio (los cuales afectaban directamente sus intereses económicos) y consiguieran influir en el presidente Arce para modificarlos.3 Esto llevó a que tanto el Congreso como el Senado federales se declararan disueltos al no aprobar las acciones del presidente federal, quien asumió poderes dictatoriales y llamó a nuevas elecciones legislativas, convocando a un Congreso extraordinario que se habría de reunir en la Villa de Cojutepeque, en el Estado de El Salvador.2

Pero en el estado de Guatemala, la situación estaba lejos de estar bajo control. Tras la destitución de Barrundia, asumió como jefe del Estado Cirilo Flores el 6 de septiembre de 1826, en medio de la persecución política contra los criollos liberales que había lanzado el presidente Arce. Por esto, en una reunión secreta el Consejo de Estado y la Asamblea Legislativa del Estado acordaron trasladar su sede a la ciudad de Quetzaltenango, para iniciar desde allí labores el 15 de septiembre de ese año, pero Flores logró detenerlos en Chimaltenango y acordaron que la Asamblea se instalara en la villa de San Martín Jilotepeque, desde donde emite un decreto llamando a que se establezcan las milicias de “voluntarios defensores de la constitución” para defender la autoridad el Estado el 22 de septiembre.4

Ante esto, el presidente federal los amenazó con disolver la Asamblea por la fuerza, y los diputados decidieron trasladarse definitivamente a Quetzaltenango el 29 de septiembre y así poder para iniciar sesiones allí el 10 de octubre. En esa ciudad, no obstante, ya había un mal ambiente contra el el jefe interino Flores, ya que éste se expresado en público contra algunas preocupaciones religiosas, y porque, algunos días antes, había fomentado el proyecto de introducir el agua a la plaza pública por arquerías hechas con capitales de obras pías.5

Los frailes regulares, principales colaboradores de los criollos aristócratas por sus mutuos intereses económoicos, circularon pastorales subversivas e hicieron correr rumores haciendo creer a sus feligreses que los liberales eran masones y que estaban tratando de acabar con los conventos de religiosos. Además, acusaron a los liberales de que querían remover a los curas seculares de sus curatos, y tomarse la plata y vasos sagrados de las iglesias y el dinero de las cofradías. Incluso se llegó al extremo de asegurar que había intentos de degollar a los sacerdotes. Baste decir que la voz de alarma corrió entre los quetzaltecos, y se regó entre los indígenas de los pueblos vecinos. Flores, mientras tanto, estaba preocupado por una posible agresión del Presidente de la Federación y ordenó las medidas necesarias para la defensa de la ciudad, alistando tropa en todos los pueblos y estableciendo como plaza fuerte la población de Patzún. Como no disponía de dinero de forma inmediata, decretó un empréstito forzoso, lo que no fue bien recibido por la población. Y, por si esto fuera poco, el coronel José Pierson, comandante de las fuerzas del estado, dio orden a algunos de sus oficiales para que, en la misma noche, los sacasen por fuerza a los caballos de casa de sus dueños, armando un alboroto cuando la tropa llegó a un convento y abrió la puerta a sablazos para sacar a las bestias.5

Aquel fue el detonante de la tragedia.

Al día siguiente los frailes franciscanos anunciaron que abandonarían la ciudad por no poder seguir soportando las arbitrariedades de los liberales, lo que enardeció a la población, que empezó a agolparse en la puerta de los conventos. El alboroto iba escalando sin control, por lo el alcalde Pedro Ayerdi y el regidor Tomás Cadenas se presentaron en la casa de Flores para ponerlo al tanto de los sucesos, y éste dispuso ir al convento franciscano a dar explicaciones. Pero fue recibido con improperios e insultos, y tuvo que refugiarse en el convento. Cuando entró al asilo sagrado algunas mujeres se arrojaron sobre él, le arrancaron bruscamente el bastón y el gorro que llevaba en la cabeza, con parte del pelo y le dieron golpes con el mismo bastón, mientras que otras le tiraban de su ropa. Si no hubiera sido por el fraile Antonio Carrascal, que logró llevarlo hasta el púlpito, lo matan allí mismo.5

Flores descubrió entre la multitud a José María Marcelo Molina y Mata, y sabiendo que éste gozaba de algun influjo en la población, lo llamó para que subiese al púlpito, y desde allí hablase a la multitud. Molina y Mata logró llegar, pero apenas pronunció las primeras palabras en favor de Flores, cuando el pueblo gritó “Muera el hereje, y usted no se meta a defenderlo, porque también corre peligro“. Pero Molina y Mata siguió intentando y logró aplacar los ánimos, prometiendo que Jefe de Estado interino saldría desterrado. Pero en ese momento, una descarga de fusilería de la tropa sobre el pueblo echó por tierra todo el plan. El pueblo en masa se echó sobre la tropa, desarmó una parte, y puso en fuga a los demás, mientras que los frailes hicieron a Flores descender del púlpito, atravesaron con él la iglesia y parte del claustro, y le conducían con gran fatiga a la celda del cura. Pero antes de llegar, Longino López lo arrancó de los brazos de los religiosos, le dio el primer golpe con un palo, y lo entregó a la horda fanática y rabiosa, compuesta en su mayor parte de mujeres; como furias desencadenadas se echaron sobre el Flores, con piedras, palos y puñales, golpeándolo e hiriéndolo salvajemente hasta matarlo.5

Tras estos terribles sucesos los criollos aristócratas se hicieron con el poder en Guatemala, pero el resto de estados se alzó en armas iniciando la Guerra Civil Centroamericana, la cual terminó en su primera fase el 14 de abril de 1829, cuando el general liberal hondureño Francisco Morazán invadió Guatemala, hizo prisioneros a los aristócratas6 y al cabo de unos meses expulsó a las órdenes religiosas del territorio centroamericano.6 Irónicamanete, si bien los frailes habían hecho circular noticias alarmantes sobre lo que querían hacer los liberales en 1826 solamente para alterar los ánimos de sus feligreses, todos sus temores se cumplieron en 1829: Morazán expulsó a los frailes y quitó el diezmo obligatorio a los curas párrocos, también les confiscó todos sus bienes, y las tropas liberales se robaron todo lo que pudieron de los vasos sagrados y joyas de los templos. De hecho, los frailes no regresarían a Guatemala sino hasta 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arce, Manuel José (1830). Memoria de la conducta publica y administrativa de Manuel José Arce, durante el periodo de su presidencia : escrita en defensa de las calumnias que contra su persona han vertido los mismos que se rebelaron contra el gobierno y la nación de Centro-América. México: Imprenta de Galván á cargo de Mariano Arévalo. OCLC 054265435.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p.p 32-36.
  3. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  4. Asamblea Legislativa and Guatemala. Departamento de Guerra (22 de septiembre de 1826), Hoja suelta-Decreto, S. Martin Xilotepeque, Guatemala, 22 de septiembre de 1826 San Martin Xilotepeque, Guatemala.
  5. Fernández Ordíñez, Rodrigo (2008) ¡Muerte al hereje!: el linchamiento de Cirilo Flores Estrada. Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.

 

12 de octubre de 1856: el general José Víctor Zavala atraviesa el campo de batalla para arrebatar la bandera a los filibusteros de William Walker

12octubre1856
Acción de Granada durante la Guerra Nacional de Nicaragua. En el recuadro: retrato del mariscal José Víctor Zavala que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante la Guerra Nacional de Nicaragua, en la que las nacionales centroamericanas dejaron por un lado sus divisiones entre conservadores y liberales y formaron el Ejército Aliado Centroamericano, el oficial guatemalteco José Víctor Zavala se destacó por su valentía y arrojo.

El 12 de octubre de 1856 tuvo lugar la acción más temeraria de Zavala en toda la campaña.  Ese día, arrancó la bandera cubana de la casa que ocupaban los filibusteros de William Walker en la ciudad de Granada en medio de fuego nutrido de las balas enemigas.  Dicha bandera era un ultraje para el patriotismo centroamericano pues era el símbolo de la presencia del filibustero estadounidense y sus mercenarios cubanos intentando convertir a Nicaragua en una colonia esclavista para los Estados Unidos.1

El historiador guatemalteco Federico Hernández de León, describe así aquel hecho:2

“El general Zavala mostraba a cada paso, en los momentos de mayor peligro y en los instantes de vacilación su carácter alborotado y antojadizo, cubierto por el escudo de su valor temerario.  Era el arrojo que dispone los grandes jefes de soldados en lucha, para imprimir valor a sus subordinados.  En este incidente de la toma de Granada, puso en evidencia el general Zavala el valor personal de que disponía, realizando una empresa que no vaciló en juzgar de heroísmo, como que se jugaba la vida en forma abierta.

A eso del mediodía los libertadores ocuparon la plaza de Granada, dejando al margen la iglesia.  Desde las alturas de Jalteva, los filibusteros no cesaban de hacer disparos.  Zavala dispuso atravesar la plaza, solo, para llegar hasta la casa que ocupaba personalmente Walker y apropiarse de una bandera revolucionaria.  Como lo pensó lo hizo.  Atravesó la plaza con e paso ordinario de un hombre que va a paseo, en tanto que una granizada de balas le rodeaba.  Llegó a la casa y tomó la bandera.  Luego, sin alterar los movimientos se volvió al lado de sus soldados que, parapetados en las vías vecinas, esperaban ver caer a su jefe, acribillado por los impactos del enemigo. 

Continuó serenamente Zavala su camino, cuando recibió un tiro en la propia bandera, luego un segundo tiro en el abrigo que llevaba puesto.  No se alteró y llegó hasta integrarse a las filas de sus compañeros, que lo recibieron con las hurras más justificadas. Zavala se limitó a gritarles: ‘¡Ya ven, las balas filibusteras no matan!’2

Después de vencer a los filibusteros de Walker y expulsarlos de las tierras centroamericanas, Zavala retornó a Guatemala cubierto de gloria. Años después, cuando el cuartel del Aceituno fue convertido en la Brigada Mariscal Zavala en su honor, la bandera filibustera y la espada que portaba en aquella memorable ocasión fueron expuestas durante el acto de inauguración.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua.
  2. Hernández de León, Federico (1930). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. Tomo III. Sánchez y de Guise.

 

 

11 de octubre de 1954: Uruguay recibe cordialmente a diez exiliados guatemaltecos que se habían asilado en su embajada tras la caída de Arbenz

11octubre1954
Toma de posesión del Dr. Juan José Arévalo Bermejo, el 15 de marzo de 1945. En la fotografía, recibe el abrazo de felicitación del entonces capitán Jacobo Arbenz Guzmán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el triunfo de la Operación PBSUCCES de la CIA estadounidense, patrocinada por la United Fruit Company y usando como pantalla al Movimiento de Liberación Nacional, los principales funcionarios gubernamentales y simpatizantes del gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán tuvieron que solicitar asilo político en diferentes embajadas para intentar evitar la cárcel o el linchamiento por parte de las fuerzas contrarrevolucionarias. Desde la radio clandestina, los anticomunistas ya habían amenazado con fuertes represalias a todo aquel que hubiese colaborado con el gobierno revolucionario, al que tachaban de “títere de Moscú“, por lo que la situación de Guatemala se convirtió en un “asilo político en masa”.1

Naturalmente, fueron las embajadas de los países limítrofes con Guatemala (especialmente México) las preferidas por los asilados, pero la capacidad de las mismas era limitada y por ello las representaciones de países más alejados también recibieron a los perseguidos políticos. Chile, Ecuador, Brasil, Argentina y Uruguay, también recibieron a numerosos guatemaltecos que pretendían huir del país.  Inicialmente Argentina y Brasil ofrecían mejores posibilidades de desarrollo que Uruguay. En el caso de Brasil, este país inicialmente hasta trasladó en un avión militar a los guatemaltecos asilados en la sede uruguaya (abaratando los costos y facilitándole a su vecino cumplir los acuerdos internacionales) de allí en adelante ya no tuvo una actitud cordial para con los guatemaltecos exiliados; este cambio en actitud se debió a que a finales de agosto de 1954 se suicidó el presidente de Brasil, Getulio Vargas, y el Departamento de Estado (dirigido por el accionista de la United Fruit Company John Foster Dulles) presionó con insistencia a los países de la región buscando que se cumpliera la resolución anticomunista aprobaba en Caracas en 1952. En cuanto a la Argentina, el gobierno del general Juan Domingo Perón sintió la presión de los Estados Unidos para que emprendiera acciones contra el comunismo y llegó al extremo de evitar que el ex-embajador del gobierno arbencista impartiera conferencias públicas.1

Ante esta situación, Montevideo, la capital uruguaya, se transformó en un refugio seguro y cordial para desterrados guatemaltecos. Además de respetar una tradición firme sobre el tema, el gobierno de ese entonces era ampliamente favorable hacia los regímenes revolucionarios del Dr. Juan José Arévalo y de coronel Jacobo Arbenz, además de condenar el intervencionismo norteamericano, aunque sin dejar de lado una evidente prudencia dirigida a no enemistarse con Estados Unidos en un momento en que había tensión con el gobierno argentino.1

Y es que la presencia del embajador itinerante Juan José Arévalo en Montevideo los días previos a la invasión de Castillo Armas (que movilizó a una importante cantidad de público) y la excelente imagen que dejara Manuel Galich contribuyeron significativamente para que Uruguay recibiera cordialmente a los exiliados. Las muestras de simpatía fueron varias y provenían de un amplio espectro que abarcaba a los sectores mayoritarios de los partidos tradicionales del país (no solamente el Nacional, sino que también el Colorado, entonces en el gobierno), además de los partidos de izquierda y los minoritarios. La Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) nombró una delegación para esperar a los exiliados en el aerouerto y el influyente semanario “Marcha” y la revista del Partido Socialista les dieron la bienvenida y exhortaron a sus lectores a participar en la ayuda a los exiliados haciendo entrega de donaciones. Por su parte, los comunistas locales, además de publicar notas, le ofrecieron a uno de los emigrados, Miguel Ángel Vázquez que se encargara de las informaciones internacionales.1

El 11 de octubre de 1954, el Directorio del Partido Nacional en pleno recibió en su sede a la maestra Consuelo Pereira de Vázquez, esposa de Miguel Ángel Vásquez, quien tras una breve presentación por parte de uno de los senadores del partidio, ofreció una apasionada conferencia defendiendo los logros de la revolución guatemalteca, y denunciando al imperialismo estadounidense y a la compañía frutera como instigadores del golpe contra Arbenz. Y el el Comité Ejecutivo de la Unión General de Trabajadores de Uruguay exigió al gobierno que declarara “indeseable” al embajador guatemalteco Virgilio Rodríguez Beteta, por ser un “representante genuino de la United Fruit Company y del gobierno de facto de Carlos Castillo Armas en Guatemala“.2

Ahora bien, aquellas gratitudes públicas contrastaban con una celosa y discreta vigilancia del Servicio de Inteligencia y Enlace (SIE) de la Policía de Montevideo, la cual trabajaba para la CIA y por ello contaba hasta con una carpeta con las fotografías originales, firmas y huellas dactilares de los emigrados guatemaltecos, las que fueron tomadas cuando llegaron a Uruguay. El SIE había sido informado de los antecedentes políticos de los recién llegados por comunicación del Comité Nacional de Defensa Contra el Comunismo, un organismo de inteligencia creado en Guatemala por la CIA tras el derrocamiento de Arbenz y que se manejaba en sus menesteres con fondos confidenciales ejecutivos dependiendo directamente del Presidente, lo cual era parte de la Operación PBHISTORY, destinada a destruir la imagen de Arbenz y sus colaboradores.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. García Ferreira (s.f.) José Manuel Fortuny: un comunista clandestino en Montevideo, 1958. Departamento de Historia Americana, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
  2. Cullather, Nick (1999). Secret History: The CIA’s Classified Account of Its Operations in i, 1952–1954. Palo Alto, California, US: Stanford University Press. ISBN 978-0-8047-3311-3

 

10 de octubre de 1826: tras el golpe de Estado en Guatemala, el presidente federal Manuel José Arce convoca a un congreso extraordinario

10octubre1826
Mapa de México y de la República Federal de Centro América en 1830. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el golpe de estado que se dio en Guatemala con la prisión del Jefe de Estado Juan Barrundia el 25 de septiembre de 1826,1 el presidente federal, general Manuel José Arce y Fagoaga, de propia autoridad y sin consultar al Congreso Federal, convocó para la Villa de Cojutepeque, en el Estado de El Salvador, un Congreso Nacional extraordinario, plenamente autorizado para restablecer el orden constitucional en la República Federal de Centro América.2

De acuerdo al propio Arce, hubo tres ataques que se dieron contra su decreto:  el primero consistió en ocurrir al talismán del federalismo, inventado que se proyectaba destruirlo; el segundo fue decir que era obra de los miembros de la familia Aycinena, la cual era detestada por los criollos liberales en toda Centroamérica; y tercero, se dijo que no era un decreto legal porque solamente el Senado podía convocar a un Congreso, según la constitución federal.3 A raiz de esto, empezaron a producirse revueltas en los Estados; por ejemplo, el 13 de octubre de ese año, el vice-Jefe del estado de Guatemala, Cirilo Flores, quien estaba al frente del Estado por la prisión de Juan Barrundia, fue asesinado en una iglesia en Quetzaltenango cuando llegó a intentar calmar los ánimos que estaban caldeados por los edictos anticlericales que se habían emitido recientemente; ese mismo día, muchos miembros de la Asamblea y Consejo Representativo fueron perseguidos y tuvieron que huir, dejando prácticamente disueltos los tres poderes del Estado de Guatemala.4

La situación empeoró en el Estado, ya que el 18 de octubre el coronel José Pierzon, quien estaba al mando de las fuerzas del Estado de Guatemala y era leal a Barrundia y Flores, llegó a Salcajá y aniquiló a los autories del motín que le costó la vida a este último;  el gobierno federal, a su vez, envió a sus propias fuerzas a combatir a Pierzon, lo que llevó al combate de Malacatán, en las que las tropas federales al mando del brigadier Francisco Cáscaras batieron y dispersaron a las fuerzas guatemaltecas.4

La situación se salió de control en toda la región, ya que los criollos liberales acusaban a los criollos aristócratas guatemaltecos de estar detrás de las acciones de Arce, y consideraron al presidente federal como un traidor a su causa, desatando la Guerra Civil Centoramericana que se extendió inicialmente hasta 1829, cuando las fuerzas liberales al mando del general Frncisco Morazán invadieron Guatemala, hicieron prisioneros a sus autoridades y expulsaron de la región centroamericana a los criollos aristócratas y al propio Arce, además de los miembros de las órdenes regulares, principales aliados de los aristócratas conservadores.  Pero, en realidad, el Estado de Guatemala la inestabilidad continuó, ya que siete años después, una revuelta campesino-católicada liberada por el general guerrillero Rafael Carrera derrocó al gobierno del jefe de Estado liberal Mariano Gálvez, dando inicio a un período de inestabilidad y anaquía que incluyó la efímera separación del Estado de Los Altos, y que no terminó sino hasta en 1851, tras décadas de endeudamiento y estancamiento por las constantes invasiones, guerras y revueltas.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-36.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 36.
  3. Arce y Fagoaga, Manuel José (1903).  Memoria del general Manuel José Arce primer presidente de Centro América. San Salvador: La Luz. p. 139
  4. Marure, Efemérides de los hechos notables, pp. 37-38.
  5. Woodward, Ralph Lee (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

 

9 de octubre de 1883: el presidente de la Asamblea Angel María Arroyo envía mensaje al presidente Barrios con motivo de la apertura de sesiones extraordinarias

9octubre1883
El Cerrito del Carmen en 1883. En el recuadro: el padre Angel María Arroyo, quien se convirtió en acérrimo liberal y gran colaborador de J. Rufino Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 25 de septiembre de 1883, el general presidente J. Rufino Barrios convocó a la Asamblea Legislativa para iniciara sesiones extraordinarias a fin de estudiar el convenico celebrado en Londres entre los tenedores de bonos de la deuda inglesa y el Representante de Guatemala, a lo que contestó el presidente del cuerpo legislativo, Manuel María Arroyo (un antiguo sacerdote convertido en acérrimo liberal) al presidente J. Rufino Barrios de la siguiente forma:1

“Contestación de la Asamblea Nacional Legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional Don J. Rufino Barrios, le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883.

Señor General Presidente:

La Representación Nacional, convocada a sesiones extraordinarias por decreto gubernativo de 25 de septiembre de este año, se ha impuesto con vivo interés en el importante Mensaje que os habers servido dirigirla, exponiendo el asunto que principalmente ha motivado la convocatoria.

El celo que el Poder Ejecutivo, dignamente presidido por Vos, demuestra en todos los negocios que se relacionan con los bien entendidos intereses de nuestra patria, no podía menos que extenderse al arreglo equitativo de la deuda exterior, que nos legaran las administraciones anteriores a la glosia revolución de 1871.

No fue ciertamente, la administración que os ha tocado presidir, la que contratara el préstamo británico de 1825; no fue ni pudo ser ella, la que contrajera el empréstito de 1869; tampoco fue vuestro Goberino el que aprovewchara, como lo habría hecho, para obras de pública utilidad, los fondos de esas negociaciones, ya totalmente consumidos al implantarse el régimen liberal y progresista de que habes dotado a la República.  No obstante, la Asamblea reconoce como Vos, que los fundamentos que dan vida a ese régimen bienhecho, la dignidad y decoro inherentes a sus principios, el crédito de Guatemala y el buen nombre de su Gobierno, imponen el deber de aceptar las deudas contraídas y de esforzarse en la esfe de la legalidad y dentro de los límites que señalan los recursos del país, para cumplir obligaciones que ya pesaban sobre el Tesoro Nacional.

(Nota de HoyHistoriaGT: los préstamos aquí aludidos fueron realizados por el gobierno del liberal Juan Barrundia en 1825, cuando Guatemala era parte de la República Federal de Centro América, presidida por el general Manuel José Arce y Fagoaga, mientras que el segundo fue realizado por el gobierno conservador del mariscal Vicente Cerna.  Inglaterra, por intermedio de los banqueros Skinner y Klee, y de su enclave en Belice, daba préstamos de muy buena gana a los países centroamericanos, los que eran utilizados en su mayor parte en pertrechos de guerra).

A fin de llenar ese deber, vuesta solicitud ha querido, con justicia, procurar una combinación que, de seguro, no lastimaba ajenos derechos y consultaba debidamente los positivos intereses de Guatemala. La negociación celebrada por nuestro Ministro en Londres, y que no fue alterada por las bases enteramente diversas bajo las que se había manifestada al Gobierno que podía realiarse un convenio con los tenedores de bonos, es la forma en que se presenta el arreglo de la deuda exterior y el principal motivo que os determinó a convocar extraodinariamente a la Asamblea, para que lejos de retardarse, se conozca el deseo que abrigáis de que se examine y decida tan interesante negociado.

La Asamblea, Señor, declara solemnemente que inspirada en los consejos del bienestar de la República y secundando los patrióticos sentimientos y elevación de ideas de su ilustre Mandatario, examinará ese proyecto a la luz de los principios de la justicia y de los dictados de la equidad; meditará con detenimiento y madurez cada una de las cláusulas que contiene; y, penetrándose de la importancia y trascendencia del asunto, resolverá todo aquello que, pudiendo obtener debido cumplimiento, no extrañe condiciones de que el país pueda en la actualidad o en el futuro, justamente resentirse.

Señor Presidente: vuestro Mensaje es una prueba más del cariñoso afecto que profesais a esta querida patria, que, con razón os estima como el más preclaro de sus hijos.  El Cuerpo Legislativo en su nombre y en representación del pueblo os saluda cordialmente, y se ocmplace en aseguraros que el derecho y la verdadera conveniencia de la República serán, como siempre, en sus deliberaciones, los únicos móviles a que obedezca la Asamblea Nacional.

9 de octubre de 1883.

Angel M. Arroyo, Presidente.”1

Aquel  préstamo no fue aprobado porque contenía estipulaciones que alteraban las existentes en términos muy desfavorables y onerosos para la Nación. Por esta razón, se autorizó al Ejecutivo para “continuara gestiones hasta lograr un arreglo conveniente y equitativo”.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arroyo, Manuel María (1883). Contestación de la Asamblea Nacional legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional don J. Rufino Barrios le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883. Guatemala: El Progreso.
  2. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. p. 632.

8 de octubre de 1992: se firma acuerdo entre las Comisiones Permanentes de refugiados guatemaltecos en México y el gobierno de Guatemala

8octubre1992
Mapa que muestra la Franja Transversal del Norte y el departamento de Petén, región de donde procedían los refugiados guatemaltecos en Chiapas. Nótese que la región es selvática y que se encuentra al norte de los Cuchumatanes. En el recuadro: el logo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, quien medió en el acuerdo de 1992. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

 

Debido a los cruentos combates entre el Ejército y el Ejército Guerrillero de los Pobres y las Fuerzas Armadas Rebeldes en las regiones petroleras de la Franja Transversal del Norte y de La Libertad en el Petén, así como la política de tierra arrasada que implementaron los gobiernos de Fernando Romeo Lucas García y Efraín Ríos Mont entre 1980 y 1982 para hacerse con las regiones petroleras, muchos campesinos guatemaltecos tuvieron que salir huyendo de las comunidades que habitaban y se refugiaron en Chiapas, México.1-3

Los campesinos guatemaltecos estuvieron en calidad de refugiados hasta que finalmente se firmó un acuerdo entre las Comisiones Permanentes de los representantes de los Refugiados y el gobierno de Guatemala, cuyos princiaples puntos fueron:4

  1. El retorno de los refugiados tiene que ser una decisión voluntaria, expresada individualmente, llevado a cabo en forma colectiva y organizada, en condiciones de seguridad y dignidad.
  2. Reconocimiento del derecho de libre asociación y organización de los retornados.
  3. Acompañamiento del retorno. Este consistiría en la persencia física del Procurador de los Derechos Humanos, la Iglesia, el Alto Comisionado de las Nacionales Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Grupo de Apoyo Internacional para el Retorno de Regugiados Guatemaltecos (GRICAR) conforme a sus respectivos mandatos, y organizaciones internacionales, gubernamentales y no gubernamentales.
  4. Libre locomoción dentro del país, salida y entrada del mismo, de los retornados y miembros de las Comisiones Permanentes.
  5. Derecho a la vida e integridad personal y comunitaria.
  6. Acceso a la tierra. A los retornados se les conferiría títulos provisionales o definitivos extendidos por el Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA) u otra depdnencia del Estado. En caso de que a un retornado le fuera muy difícil reivindicar su derecho de propiedad, renunciaría a su derecho y el gobierno de Guatemala le suministraría otra tierra financiada a través del Fondo Nacional para la Paz (FONAPAZ) o el Fondo Nacional para la Tierra (FONATIERRA).
  7. Mediación, seguimiento y verificación: el gobierno de Guatemala manifestó su voluntad de mantenerse abierto a la solución de los problemas que se produjeran durante el retorno, mediante la Comisión Especial para la Atención de Refugiados y Desplazados (CEAR) y las Comisiones Permanentes.4

Aquel convenio fue el primer paso para llevar a cabo el retorno que se efectuó en 1995, y fue firmado por las siguientes personas:4

Institución Representantes
Gobierno de Guatemala
  • Presidente Jorge Serrano Elías
  • Sergio Mollinedo Buckely, Director Ejecutivo de CEAR
Comisiones Permanentes
  • Nicolás Rafael Cardona
  • Ricardo Curtz M. Francisco
  • Miguel Ordóñez Felip
  • Santos Juan Pedro
  • Herminio Cardona Díaz
  • Juan Coc Tut
  • Hermitaneo Monzón de León
  • José Sales Ramírez
  • Antonio Mosquera Aguilar, Asesor Jurídico
  • Alfonso Bauer Paiz, Asesor Jurídico
Instancia Mediadora
  • Ramiro de León Carpio, Procudador de los Derechos Humanos de Guatemala
  • Michel Gabuadan, Encargado de la Misión del Alto comisionado de Naciones Unidas para Refugiados
  • Toribio Pineda, Comisión de Derechos Humanos de Guatemala
  • Jorge Mario Avila del Aguila, Presidente de la Instancia Mediadora
GRICAR
  • Patricia Fuller, Segundo Secretario, Embajada de Canadá en Guatemala
  • Gilbert Faulques, Asuntos Humanitarios, Embajada de Francia en Guatemala
  • Michael Fruhlinh, Primer Secretario, Embajada de Suecia en Guatemala
  • Cecilia Olmos, Representante de ICVA

BIBLIOGRAFIA:

  1. Citation Resources (2013). «Guatemalan Oil Production and Exploration»Oil Council (en inglés) (Perth, Washington, Estados Unidos). Archivado desde el original el 18 de febrero de 2015.
  2. Collectif (2011). «PERENCO: explotar petróleo, cueste lo que cueste»Collectif Guatemala (Guatemala). Archivado desde el original el 18 de febrero de 2015.
  3. Solano, Luis (2012). Contextualización histórica de la Franja Transversal del Norte (FTN). Centro de Estudios y Documentación de la Frontera Occidental de Guatemala, CEDFOG. Archivado desde el original el 31 de noviembre de 2014.
  4. Acuerdos de Paz (1992). Acuerdo suscrito entre las Comisiones Permanentes de Representantes de los Refugiados Guatemaltecos en México y el Gobierno de Guatemala. Colección IDIES.