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5 de abril de 1844: el gobierno de los Estados Unidos notifica al Cónsul General, Antonio de Aycinena, del reconocimiento oficial al Estado Independiente de Guatemala

5abril1844
Descripción gráfica de como viajaba John Lloyd Stephens en Guatemala durante su visita oficial de 1840.  Litografía del libro Incidents of Travel in Central America, Chiapas, and Yucatan realizada por Frederick Catherwood compañero de viaje de Stephens.

Tras el desgaste provocado por la Guerra Civil Centroamericana entre los criollos liberaels y los criollos conservadores, el gobierno de Guatemala finalmente se estabilizó en 1840 cuando el general Rafael Carrera expulsó al presidente de la moribunda Federación Centroamericana, el general Francisco Morazán, luego de que este hubiera invadido el país en represalia por la anexión violenta del Estado de Los Altos unos meses antes.

Para entonces, las relaciones de Guatemala con el gobierno de la Corona Británica eran muy fueres y los Estados Unidos (entonces solo un conglomerado de antiguas colonias agrícolas) quería iniciar un acercamiento con la región.  El presidente Martin Van Buren había enviado a su emisario, John Lloyd Stephens a que realizara una visita de buena voluntad al gobierno de Carrera entre 1838 y 1840, y éste haría un extenso reporte que no solamente describe la violenta guerra y a la inseguridad que se vivía en esos años sino que también los maravillosos sitios arqueológicos mayas de la región.

Aunque había ya un Consulado de Guatemala en los Estados Unidos desde el gobierno de Monroe en 1824, este era del Estado de Guatemala, parte de la República Federal de Centro América. No fue sino hasta el 5 de abril de 1844 que los Estados Unidos reconocieron al Estado Independiente de Guatemala y enviaron la notificación correspondiente al Cónsul General de entonces, Antonio de Aycinena.

La fuerte injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos del país no inició en ese entonces.  Era Inglaterra la que imponía su agenda, por medio de su embajador y las casas de préstamo de las familias Skinner y Klee;  fue hasta en 1898, cuando la deuda inglesa era agobiante que el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera inició in acercamiento con los estadounidenses, que para entonces ha habían extendido su territorio hasta el Océano Pacífico y arrebatado las islas de Cuba y Puerto Rico a España.


BIBLIOGRAFIA:


4 de abril de 1779: Martín de Mayorga deja su puesto como Capitán General de Guatemala

4abril1779
Retrato oficial de Martín de Mayorga, que se encuentra en la galería de los Virreyes en México. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Capitán General Martín de Mayorga es, junto con su sucesor Matías de Gálvez, el más conocido de los gobernantes de la Capitanía General de Guatemala, por su papel decisivo en el traslado de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala a la Nueva Guatemala de la Asunción luego de que dicha ciudad fuera parcialmente destruida por los terremotos de Santa Marta en 1773.1,2,3

Mayorga era originario de Barcelona, España y llegó a Guatemala apenas unos meses antes de que ocurrieran los mencionados sismos.  En ese momento, la relación entre la Iglesia Católica y la Corona Española estaba muy tirante, ya que el Rey estaba impulsando una política para separ al Estado del dominio de los clérigos; de hecho, ya se había dado un fuerte golpe al clero regular, cuando la Compañía de Jesús fue expulsada de todos los territorios españoles en 1767.  Por esa razón, y contrario a lo que había ocurrido en los terremotos de 1717 y 1751 que tambien afectaron en gran medida a la ciudad de Santiago de los Caballeros, Mayorga se opuso rotundamente al deseo de los religiosos de permanecer en la arruinada ciudad.  De hecho, forzó a las órdenes regulares a trasladarse lo antes posible y los frailes de las otrora económicamente poderosas órdenes tuvieron que dejar sus palaciegos conventos y mudarse a endebles estructuras de madera en la nueva ciudad.4,5

Solamente el clero secular se opuso al traslado, liderado férreamente por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien comprendiendo que el traslado los debilitaría sobremanera resistió hasta que fue sustituido por Cayetano Francos y Monroy en 1778.4,5

En 1779, Mayorga fue nombrado virrey de Nueva España tras la muerte de Antonio María Bucareli y Ursúa, el 4 de abril. Aunque quería volver a España junto a su mujer y sus hijos, especialmente por sus continuos achaques y su falta de ambición política, no tuvo más remedio que aceptar tan alto nombramiento, que era el máximo de los funcionarios españoles en América. Y, tal y como ocurrió cuando inició su gobierno en Guatemala, su gestión también comenzó con un desastre natural, ya que una epidemia de viruela causó muchas péridas entre la población mexicana.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Artes e Historia México. «Martín de Mayorga, Caballero de la Orden de Alcántara»
  2. Cadena, Felipe (1774). Breve descripción de la noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y puntual noticia de su lamentable ruina ocasionada de un violento terremoto el día veintinueve de julio de 1773. Mixco, Guatemala: Oficina de Antonio Sánchez Cubillas.
  3. Instituto nacional de estudios históricos de las revoluciones de México. «Martín de Mayorga».
  4. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D. F.: Universidad Nacional Autónoma de México). Archivado desde el original el 17 de diciembre de 2014.
  5. Moncada Maya, J. Omar (2003). «En torno a la destrucción de la Ciudad de Guatemala, 1773. Una carta del Ingeniero Militar Antonio Marín». Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales (Barcelona: Universidad de Barcelona) VIII (444). ISSN 1138-9796. Archivado desde el original el 23 de junio de 2003.
  6. Orozco, Fernando. Gobernantes de México (2004 edición). Panorama. p. 484. ISBN 9789683802606

3 de abril de 1838: en Totonicapán se establece el Estado de Los Altos, que aglutina a los criollos liberales del Estado de Guatemala

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Grabados de la ciudad de Quetzaltenango en la segunda mital del siglo XIX.  Quetzaltenango fue la capital del efímero Estado de Los Altos.  Imágenes tomadas de Appleton’s Guide to Mexico and Guatemala de 1884.

A partir del 3 de abril de 1838, los modernos departamentos de Huehuetenango, Quiché, Sololá, Suchitepéquez, Retalhuleu, San Marcos, Totonicapán y Quetzaltenango – así como la región del Soconusco (ahora en México) establecieron el efímero Estado de Los Altos, el cual fue autorizado por el Congreso de la República Federal de Centro América el 25 de diciembre de ese año forzando a que el Estado de Guatemala se reorganizara en siete departamentos y dos distritos independientes el 12 de septiembre de 1839:

La región occidental de la actual Guatemala había mostrado intenciones de obtener mayor autonomía con respecto a las autoridades de la ciudad de Guatemala desde la época colonial, pues los criollos de la localidad consideraban que los criollos capitalinos tenían el monopolio comercial y politico con España no les daban un trato justo. Así, su representante en las Cortes de Cádiz solicitó la creación de una intendencia en Los Altos, gobernada por autoridades propias. La Independencia de Centroamérica en 1821 canceló esta posibilidad, pero el separatismo de los altenses perduró.

Tras la disolución del Primer Imperio Mexicano y la consecuente separación de las Provincias Unidas del Centro de América del mismo en 1823, Los Altos continuó buscando su separación de Guatemala. Hubo dos condiciones que fueron favorables a las pretensiones de la élite criolla altense: la creación de un marco legal en la constitución centroamericana para la formación de nuevos estados dentro del territorio de la república y la llegada al gobierno de los federalistas liberales, encabezados por Francisco Morazán.

Ahora bien, el área de Los Altos estaba poblada mayoritariamente por indígenas, quienes habían mantenido sus tradiciones ancestrales y sus tierras en el frío altiplano del oeste guatemalteco. Durante toda la época colonial habían existido revueltas en contra del gobierno español.​ Luego de la independencia, los mestizos y criollos locales favorecieron al partido liberal, en tanto que la mayoría indígena era partidaria de la Iglesia Católica y, por ende, conservadora.

Las revueltas indígenas en el Estado de Los Altos fueron constantes y alcanzaron su punto crítico el 1.º de octubre de 1839, en Santa Catarina Ixtahuacán, cuando tropas altenses reprimieron una sublevación y mataron a cuarenta vecinos. Encolerizados, los indígenas acudieron al caudillo conservador Rafael Carrera, en busca de protección. Por otra parte, en octubre de 1839 la tensión comercial entre Guatemala y Los Altos dio paso a movimientos militares; hubo rumores de que el general Agustín Guzmán, un militar mexicano que estaba al mando de las Fuerzas Armadas de Los Altos, estaba organizando un ejército en Sololá con la intención de invadir Guatemala, lo que puso a ésta en máxima alerta.​

Tras algunas escaramuzas, los ejércitos se enfrentaron en Sololá el 25 de enero de 1840; Carrera venció a las fuerzas del general Agustín Guzmán e incluso apresó a éste mientras que el general Doroteo Monterrosa venció a las fuerzas altenses del coronel Antonio Corzo el 28 de enero.​ El gobierno quetzalteco colapsó entonces, pues aparte de las derrotas militares, los poblados indígenas abrazaron la causa conservadora de inmediato; al entrar a Quetzaltenango al frente de dos mil hombres, Carrera fue recibido por una gran multitud que lo saludaba como su “libertador”.

Carrera impuso un régimen duro y hostil para los liberales altenses, pero bondadoso para los indígenas de la región (derogando el impuesto personal) y para los eclesiásticos restituyendo los privilegios de la religión católica.  Carrera llamó a todos los miembros del cabildo criollo les dijo tajantemente que se portaba bondadoso con ellos por ser la primera vez que lo desafiaban, pero que no tendría piedad si había una segunda vez. El general Guzmán, y el jefe del Estado de Los Altos, Marcelo Molina, fueron enviados a la capital de Guatemala, en donde fueron exhibidos como trofeos de guerra durante un destile triunfal el 17 de febrero de 1840; en el caso de Guzmán, engrilletado, con heridas aún sangrantes, y montado en una mula. El 26 de febrero de 1840 el gobierno de Guatemala colocó a Los Altos bajo su autoridad y el 13 de agosto nombró al corregidor de la región, el cual servía también como comandante general del ejército y superintendente.

Los altenses no recuperaron el poder de Guatemala sino hasta después de la Revolución Liberal de 1871, y desde el gobierno del general J. Rufino Barrios hasta el del licenciado Manuel Estrada Cabrera, todos los presidentes fueron oriundos de San Marcos o de Quetzaltenango.


BIBLIOGRAFIA:


2 de abril de 1885: muere el general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, en una de las primeras batallas de su campaña militar para reunificar Centroamérica

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Lugar histórico en donde falleció el general J. Rufino Barrios en Chalchuapa.  Imagen tomada de El Porvenir de Centro-América.

El general J. Rufino Barrios murió el 2 de abril de 1885 tratando de unificar Centroamérica bajo su filosofía liberal.  La historia oficial refiere que Barrios murió peleando al frente de sus tropas, y hay algunas versiones de sus allegados que sugieren que las balas que lo mataron fueron las de los mismo soldados guatemaltecos a quienes habrían sobornado los salvadoreños.

Pero existe tambien una tercera version, relatada por el renombrado historiador e intelectual guatemalteco Antonio Batres Jáuregui en su obra “La América Central ante la Historia, volumen III” que dice asi:

“Yo poseo datos verídicos sobre cómo acaecio la muerte del general Barrios; datos que me fueron suministrados por su asistente, el coronel José Angel Jolón, que se encontraba con él, cuando fue mortalmente herido. Estaba yo en Nueva York, algun tiempo después, para recibir en esa gran ciudad, a la esposa de don Rufino, con sus hijos, todavía pequeños.  La acompañaban, Luciano Barrios, el coronel Jolón y la señorita Luz Ruiz.  Doña Paca Aparicio v. de Barrios, ocupó una casa en la 5a. avenida, frente al Parque Central.  Esa mansión lujosa y bien situada la había comprado don Rufino, pero como la señora no sabía las prácticas domésticas de la gente rica de allá, puso al coronel Jolón de portero, […].  Ya en vísperas de regresar yo a Guatemala, fui, una de tantas veces, a visitar a doña Paca, a quien procure servir, haciendo que entrase, sin pagar derechos, que importaban diez mil dólares, un gran equipaje, varios caballos, y otras muchas cosas, que de aquí se llevo a los Estados Unidos.  En esa oportunidad, el portero Jolón, me suplicó que, si era possible, le consiguiera permiso para volver a Guatemala, ya que no quería continuar llevando aquella vida, en país extraño.  Hice ver a la señora viuda de Barrios, que no le convenía tener a un porter que no hablaba inglés; […]; que Jolón deseaba regresar a Guatemala, aprovechando mi viaje; […].  Quedé convenido que le pagaría ella el pasaje, en primera, y se iría conmigo dicho coronel.

En la larga travesia, […], platicaba yo con Jolón; y el me contó, que una tarde, como a las seis, llegó un viejecito salvadoreño, con un joven, hijo suyo, a hablar con el general Barrios, cuando estaba la batalla de Chalchuapa ya para ganarse, por las tropas unionistas.  Que al ver Barrios, a aquellos mensajeros, dijo a Jolón: “Dejame solo con ellos, aquí en mi tienda de campaña, y volves despues”.  Temeroso el ayudante Jolón, de que sucediese algo a su jefe, se puso, por fuera, a espiar lo que pasaba; y pudo oir claro que el general dijo a aquellos salvadorenos: “Los cincuenta mil pesos están listos, para que ustedes, en las dos mulas que traen, los lleven; pero me explican bien el camino que debo tomar para mi entrada, puesto que todo esta convenido”.  Que entonces, el viejo y el muchacho le contestaron: “Que entrara, con su Estado Mayor, por una vereda, que indicaron; y que ya [Rafael] Zaldívar podría salir, y dejar la plaza, en poder de los guatemaltecos; porque tenía un buque listo para huir, pues quedaría El Salvador revuelto”.  Jolón me aseguró que él, con algunos soldados, ayudaron a dichos mensajeros, a cargar el dinero sobre las mulas.

Esto pasó la víspera de que acaeciese la ocurrencia de los jalapas; y el general Barrios, en compañía de Andrés Téllez, Urbano Sánchez, Jolón y dos militares cuyos nombres no recuerdo, se dirigió el 2 de abril, como a las 7 de la mañana, por un espeso bosque que tenia un camino estrecho; que sobre los árboles, muy ocultos, estaban unos tiradores; y que de repente dispararon, sobre la comitiva, hiriendo en el lado derecho del hombro al general Barrios, y atravesándolo la bala por el corazón dejándolo instantáneamente muerto. […] Sus acompañantes fueron heridos y cayeron muertos por balazos verticales. La herida que sufrió Barrios, por su dirección, indica claramente que fue resultado de un tiro disparado de muy arriba hacia abajo; lo mismo que lo otros disparos, que se han descrito. Viéndose perdido el ejército salvadoreño, es muy verosímil que se valiera su jefe de una estratagema, como la que corrió, por muy válida, a raíz del fallecimiento del Presidente de Guatemala.”

Desde su muerte, los gobiernos liberales que le siguieron se dedicaron a engrandecer su memoria, llamándolo “El Reformador”, culpando a su Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, de todas las atrocidades que ocurrían en contra de los opositores al régimen en las ergástulas de la Penitenciaría Central e ignorando el enriquecimiento ilícito de Barrios durante su largo gobierno.  Por cierto, que Barrundia murió en 1890, tratando de derrocar al gobierno del general Manuel Lisandro Barillas, a bordo del buque estadounidense “Acapulco” que los transportaba de México a El Salvador para unirse a la revuerta de los Ezeta en ese vecino país y que amenazaba con invader Guatemala y derrocar a Barillas.  Desde ese momento, la demonización del personaje de Barrundia fue completa.

A su muerte, Barrios dejó una cuantiosa fortuna acumulada durante su gobierno, la cual fue heredada por su esposa, Francisca Aparicio de Barrios, quien la disfrutó en Nueva York y España.  El documento original del inventario de los bienes de Barrios fue elaborado sobre la base de una auditoría realizada el 3 de agosto de 1885 por Carlos F. Murga, a quien le pagaron seis mil pesos por sus servicios. Al respecto dijo el reputado historiador liberal Federico Hernández De León en 1924:

“Algo se han aquietado las pasiones y los espíritus serenos demarcan el valor legítimo de Barrios. En las responsabilidades que deben deducirse, saldrán los procedimientos crueles, que más tarde perpetuaron como si se tratase de un sistema. Y también se significará el poco escrúpulo en el manejo de la hacienda, que en los días del gobierno conservador, se mantuviera con respeto.  Los presidentes Carrera y Cerna murieron sin dejar mayores bienes de fortuna, en tanto que la testamentaría de don Rufino, alcanzó los millones…”


BIBLIOGRAFIA:


31 de marzo de 1970: comando urbano de las Fuerzas Armadas Rebeldes secuestra al embajador de Alemania Occidental, Karl von Spreti

 

31marzo1970
Monumento a Colón, obra de Tomás Mur, cuando fue inagurado en la Plaza de Armas de Guatemala en 1896, con motivo del IV centenario de Descubrimiento de América.  Fotografía de “La Ilustración Guatemala”, tomada de Wikimedia Commons.

Tras la derrota contrainsurgente en el Oriente de Guatemala en 1968, la cual fue encabezada por el coronel Carlos Arana Osorio (a quien apodaron “El Chacal de Oriente” por sus métodos militares) la guerrilla quedó muy debilitada y casi eliminada.  Para contrarrestar esto, el commando urbano de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) realizó misiones muy ambiciosas, como el fallido secuestro del embajador de los Estados Unidos, John Gordon Mein, quien murió asesinado en la Avenida de la Reforma en agosto de 1968 año cuando se resitió a ser secuestrado.

El 31 de marzo de 1970, en las postrimerías del gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro, cerca del monumento a Cristóbal Colón en la Avenida de las Américas de la Ciudad de Guatemala, secuestraron al embajador de Alemania Occidental, el conde Karl von Spreti. El 1 de abril las FAR confirmaron que el embajador estaba en su poder y exigieron la liberación de numerosas personas detenidas que, a juicio de los insurgentes, corrían peligro de ser asesinadas; y agregaron como exigencia el pago de US$700,000. Establecieron como plazo para cumplir estas condiciones las tres de la tarde del 4 de abril y manifestaron que de lo contrario “procederían a ajusticiar al autor intelectual y material de la política imperialista”.​

Hasta ese momento, parecía que la situación se iba a resolver favorablemente para el embajador, quien incluso envió una nota escrita a su hijo Alessandro, de 11 años de edad, diciéndole que lo estaban tratando bien y que esperaba regresar pronto a su casa. El conde, de 62 años, padecía del corazón.

Pero el 5 de abril, los plagiarios señalaron que el plazo estaba agotado y en la noche la policía descubrió el cadáver del diplomático en San Raimundo, un poblado cercano a la capital guatemalteca, con cuatro disparos en su sien izquierda.  Los restos del diplomático fueron identificados por Gerhard Mikesch, el encargado de negocios de Alemania Occidental en Guatemala.

Dos horas antes de que encontraran el cuerpo, los miembros de las FAR llamaron por teléfono al Nuncio Apostólico, Girolamo Prigione, y le advirtieron que si no les daban los US$700,000 que exigían, y que si no liberaran a 22 prisioneros políticos el embajador sería asesinado.  El Nuncio le avisó de inmediato a los miembros de la embajada alemana y al gobierno guatemalteco, que ya había avisado que no iba a ceder a las demandas de las FAR.

En El Paso, Texas, el canciller de Alemani Occidental, Willy Brandt, criticó al gobierno guatemalteco, por “haber fallado en darle a su embajador la seguridad necesaria”.  Además dijo que el gobierno alemán estaba dispuesto a pagar los US$700,000 de rescate.  Por su parte, la esposa del embajador, la condesa Helena Sabine von Spreti voló desde Lisboa aproximadamente a la misma hora en que encontraron el cuerpo de su esposo.

En represalia, el 7 de abril la MANO, un grupo paramilitar de extrema derecha, secuestró al activista comunista César Montenegro Paniagua y lo asesinó a golpes, dejando su cuerpo cerca de donde apareció el cadáver de von Spreti, con la advertencia de que aquél sería el primero de una serie de crímenes en venganza por la muerte del diplomático alemán.

Un dirigente de las FAR declaró años más tarde a la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas: “El Gobierno no accedió a las presiones y el comando de la región urbana ejecuta al embajador para demostrar que no estaban jugando y que hablaban en serio”.

(Nota de HoyHistoriaGT:

En Guatemala existe mucha confusión acerca de los crímenes cometidos por la guerilla durante la guerra civil de 1960-96 (ahora llamada Conflicto Armado Interno luego de la firma de los Acuerdos de Paz) y esto ha sido utilizado por grupos radicales de derecha y de izquierda para desvirtuar el informe. La confusión provierne del hecho de que la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas acusa al Ejército de haber cometido violaciones a los Derechos Humanos, mientras que a la guerrilla la acusa de haber cometido hechos de violencia. Por las definiciones empleadas en el informe, se desprende que los crímenes cometidos por el ejército contra la población civil constituyen violaciones a los derechos humanos porque el Estado estaba en la obligación de velar por esos derechos de sus ciudadanos; por su parte, de acuerdo al informe, la guerrilla cometió crímenes atroces pero no violaciones de los derechos humanos porque ese grupo operaba al margen de la ley y no tenía obligación de velar por los derechos de la población.

En resumen: ambos bandos durante la guerra civil de 1960-1996 cometieron crímenes, pero la tipicación del delito cometido es diferente debido a las convenciones internacionales existentes. Sin embargo, es innegable que existe un marcado sesgo en perseguir las violaciones a los derechos humanos, y no los hechos de violencia cometidos por la guerrilla.)


BIBLIOGRAFIA:

  • Batres Villagrán, Ariel (13 de noviembre de 2013). «Somos los jóvenes rebeldes; memorias de un guerrillero». Monografías.<
  • Comisión para el Esclarecimiento Histórico: Vol. IV,2 (1999). «Atentados contra la libertad» (edición en línea). Guatemala: memoria del silencio (Programa de Ciencia y Derechos Humanos, Asociación Americana del Avance de la Ciencia). Archivado desde el original el 6 de mayo de 2013.
  • Comisión para el Esclarecimiento Histórico: Caso No. 47 (1999). «Caso ilustrativo No. 47» (edición en línea). Guatemala: memoria del silencio (Programa de Ciencia y Derechos Humanos, Asociación Americana del Avance de la Ciencia). Archivado desde el original el 26 de mayo de 2013.
  • Monsanto, Pablo (2013). Somos los jóvenes rebeldes, Guatemala insurgente. Guatemala: F&G Editores.
  • The New York Times (6 de abril de 1970): Kidnapped German envoi found slain in Guatemala. Nueva York: The New York Times.  (en inglés).

30 de marzo de 1963: el presidente general Miguel Ydígoras Fuentes es derrocado por su ministro de la Defensa, coronel Enrique Peralta Azurdia

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Palacio Nacional de Guatemala en la década de 1960, visto desde el tradicional “peladero” del Parque Centenario.  En el recuadro: el presidente de Guatemala, general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Estando el gobierno del general Miguel Ydígoras Fuentes en la cuerda floja tras la fuertes protestas civiles y estudiantiles de 1962, el presidente autorizó que el expresidente socialista Juan José Arévalo, líder alrededor de quien se unificaba toda la izquierda, regresara al país y fuera candidato para las elecciones de 1963.  La cúpula del Ejército de Guatemala y las élites de la sociedad se opusieron rotundamente, temiendo la posibilidad de que se hubiera un resurgimiento de los gobiernos socialistas de la década de 1944-54, pero a finales de marzo, los rumores de que Arévalo ingresaría al país arreciaron y el 29 de ese mes todos los periódicos del país dieron la noticia en sus portadas de que el ex-presidente estaba en Guatemala.1

Desde hacía un tiempo, el presidente guatemalteco había dejado la Casa Presidencial a un lado del Palacio Nacional, y se había mudado a la Casa Crema, en la Avenida de La Reforma, muy cerca de las instalaciones de la Escuela Politécnica, que entonces funcionaba en el Antiguo Cuartel de Artillería. Así, Ydígoras Fuentes citó para la tarde del  sábado 30 de marzo al pleno del gabinete de gobierno en la Casa Crema para una reunión de emergencia, a la cual invitó también al presidente del Congreso, Manuel Orellana Portilla, y a tres de los candidatos a la presidencia:  Roberto Alejos, del partido Redención, el coronel José Luis Cruz Salazar del MDN y el coronel Luis Urrutia, del Movimiento de Liberación Nacional (MLN). En la junta trataron el problema que planteaba la presencia de Arévalo en el país, pero Ydígoras estaban en clara desventaja pues todos sus ministro, exceptuando al de Relaciones Exteriorers, eran militares de alta graduación más allegados al coronel Enrique Peralta Azurdia, ministro de la Defensa, que al propio presidente de la República.  Aquella reunión sería el último acto oficial de Ydígoras Fuentes, ya que la misma terminó sin llegar una solución a las 6:30 de la tarde, y apenas unas horas después se iniciaron los movimientos militares para derrocarlo. Aparentemente, Ydígoras Fuentes sabía que un golpe se preparaba, pues tres días antes había enviado a México a sus hijos y sus familias.2

Esa misma noche, el golpe militar se inició con los siguientes hechos que se realizaron en forma simultánea:

  1. Capturaron inmeditamente a varios dirigentes y partidarios del Dr. Arévalo.
  2. Atacaron con granadas de mano y tiros de grueso calibre la sede del partido que iba a apoyara la candidatura arevalista.
  3. Tomaron las oficinas y estudios de la Radio Nuevo Mundo, también arevalista.
  4. Tomaron las instalaciones del Congreso de la República.
  5. Allanaron la casa del candidato oficial, Roberto Alejos, en donde habrían encontrado un fuerte arsenal.
  6. Tropas de la Brigada Mariscal Zavala tomaron las instalaciones de la Guardia de Hacienda en la zona 6 de la Ciudad de Guatemala, del Palacio Nacional y las instalaciones de la Guardia Presidencia, ubicadas en el Palacio.3

A eso de las 10:30 de la noche tres coroneles se presentaron a la Casa Crema a informarle al presidente que el Ejército había tomado el poder y a pedirle que renunciara y que se asilara en alguna embajada; aquellos oficiales tenían un plazo de 15 minutos para cumplir su comisión, pues ya la residencia estaba rodeada de tropas de la Guardia de Honor y varias tanquetas se acercaban ya a la puerta.  Los oficiales acusaron a Ydígoras de no haberles ordenado capturar a Arévalo cuando éste ingresó al país y pusieron esa excusa para pedirle la renuncia.3

Ydígoras no quiso renunciar inicialmente e incluso amenazó con suicidarse y hasta llamó a varios cuarteles para averiguar bien que estaba pasando, pero al final cedió cuando las tropas que rodeaban la casa ya solamente le dieron dos minutos para tomar una decisión.  El resto de la ciudad al parecer no se enteró de los hechos, pues había toque de queda a partir de la 8 de la noche desde hacía un tiempo, y lo único que se escuchó fue el ametrallamiento de una vitrina cerca del Palacio Nacional, que era la señal convenida para avisar que todo había terminado.4

Ydígoras se dirigió a las instalaciones de la Fuerza Aérea, mientras el nuevo gobierno militar encontraba una embajada que le quisiera dar asilo.  El hermano del Ministro de la Defensa, el abogado Arturo Peralta, quien era informante de la Embajada de los Estados Unidos, quiso saber si ese país aceptaría al ahora ex-presidente, pero el embajador les dió largas dada la difícil y teatral personalidad de Ydígoras Fuentes.5  Al final, Ydígoras Fuentes y su esposa fueron llevados al Gran Hotel de Managua, en Nicaragua en donde dió una conferencia de prensa el 3 de abril en la que pidió que todos los países reconocieran lo más pronto posible el nuevo gobierno de Guatemala para evitar un “contragolpe comunista“, y que “el desasosiego en Guatemala tenía dos motivos fundamentales: el déficit fiscal y la noticia de la llegada del profesor Juan José Arévalo, ex presidente de Guatemala e introductor del comunismo en nuestro país y puede decirse que en Centroamérica“.6

Por su parte, Arévalo salió de Guatemala cruzando con México el 31 de marzo y llegó a Tapachula en donde declaró que “estaba comprobado el masivo apoyo popular del que goazaba, pero que al mismo tiempo, las minorías reaccionarios disponían de enormes recursos para anular esa popularidad y que el calificativo de comunista era utilizado por las élites para descalificar a las fuerzas progresistas y que si él continuaba dirigiendo dichas fuerzas, el pueblo jamás alcanzaría a llegar al poder“.7

El gobierno de Peralta Azurdia fue una férrea dictadura militar que se enfocó en el combate directo contra la guerrilla que se había establecido en el oriente del país y las organizaciones izquierdistas que se habían formado.  Tampoco permitió las manifestaciones, militarizó los institutos de segunda enseñanza e incluso prohibió que se realizara el tradicional desfile bufo de la Huelga de Dolores el cual volvió a salir hasta el gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro en 1966.


BIBLIOGRAFIA:


28 de marzo de 1838: nace el poeta y literato guatemalteco Juan Fermín de Aycinena y Aycinena

28marzo1838
Retrato del poeta publicado en “La Ilustración del Pacífico” en 1898.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El poeta y literato guatemalteco Juan Fermín de Aycinena y Aycinena nació el 28 de marzo de 1838 en la Ciudad de Guatemala . Era hijo de Pedro de Aycinena, quien fue ministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno del capitán general Rafael Carrera y presidente interino tras la muerte de éste en 1865.

Aycinena y Aycinena fue diputado ante la Cámara de Representantes en 1870 y consejero de Estado durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna y Cerna.  Tras el derrocamiento de Cerna en 1871, la familia Aycinena se retiró de la política, y Juan Fermín de Aycinena se dedicó a la escritura y poesía.​ Siendo devoto católico, como todos los miembros de su familia, fungió como secretario de la hermandad San Juan de Dios y fue miembro de la Archicofradía del Santísimo Sacramento.

En 1888 fue uno de los miembros fundadores de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

Aycinena y Aycinena era un hombre tranquilo y pacífico que vivía dedicado a su obra literaria, pero a pesar de ello sufrió un violento ataque en su residencia por parte de un desconocido que lo golpeó brutalmente en la cabeza el 23 de diciembre de 1897. Era el período turbulento e inestable que siguió al colapso económico y el autogolpe de estado del general José María Reina Barrios a mediados de ese año. Desafortunadamente, el poeta ya no se pudo recuperar y murió en su casa el 11 de enero de 1898.


BIBLIOGRAFIA:

  • Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario histórico biográfico de Guatemala. Guatemala: Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo. ISBN 99922-44-01-1.
  • La Ilustración del Pacífico (15 de febrero de 1898). «La lírica guatemalteca está de duelo; Ramón Uriarte y Juan Fermín de Aycinena». La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Síguere y Cía.) II (36).

27 de marzo de 1829: se lleva a cabo la Conferencia de Ballesteros para intentar terminar la guerra entre las fuerzas de Francisco Morazán y el Estado de Guatemala

27marzo1829
Plaza Central de la Ciudad de Guatemala en la década de 1830.  Imagen tomada del libro Amérique centrale. Colonisation du district de Santo-Thomas de Guatemala par la Communauté de l’Union, fondée par la Compagnie Belge de Colonisation. Collection de renseignements publiés ou recueillis par la Compagnie

Para 1829 el poder del gobierno conservador a cargo de la República Federal de Centro América era cada día más débil.  Las fuerzas del general liberal Francisco Morazán, al frente del autodenominado “Ejército Defensor de la Ley” asediaban a la ciudad de Guatemala desde febrero de ese año.  La situación era delicada, al punto que el Ministro Plenipotenciario de los Países Bajos, el general Veerneer convocó a una conferencia de paz el 27 de marzo para intentar llegar a un acuerdo pacífico.

Es interesante ver los diferentes actores que participaron en esa conferencia:

  • Por un lado estaba Verneer, a quien le preocupaba la construcción de un canal interoceánico en la region de Nicaragua ya que la derrota del gobierno conservador significaba que Holanda perdiera una gran cantidad de tiempo y dinero invertido para la construcción del canal.
  • Tambien estaba la familia Aycinena, criollos conservadores aristocráticos guatemaltecos que abogaban por mantener la misma estructura socioeconómica que había estado vigente durante la época colonial; de hecho, Mariano de Aycinena era el gobernador del Estado de Guatemala y el asesor del presidente federal retirado, el general Manuel José Arce y Fagoaga.
  • Y, por último, estaba el líder criollo liberal Francisco Morazán, quien contaba con el apoyo de Inglaterra y abanderaba la causa del liberalismo anticlerical para expulsar a los conservadores del poder.

La conferencia de Ballesteros no llegó a ningun acuerdo, principalmente porque Morazán estaba decidido a hacerse del poder Federal y a saquear cuanto pudiera de los bienes de los conservadores guatemaltecos y de sus principales aliados: las órdenes regulares de la Iglesia Católica.


BIBLIOGRAFIA:


Huelga de Dolores de 1903: primera víctima mortal en las celebraciones del holgorio universitario (final)

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La Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro, en la época en que ocurrieron estos hechos.  Obsérvese los rieles del tranvía, que era usado por los estudiantes para sacar sus carrozas. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Presentamos la conclusión del artículo del licenciado Federico Hernández de León sobre los hechos acaecidos en la Facultad de Derecho y Notariado del Centro aquel 1 de abril de 1903:

Y hubo de conformarse el gremio con la celebración interior.  Se soltaron los primeros petardos, anunciadores de la fiesta y en la esquina del edificio (9a. avenida y 10a. calle) se improvisó la tribuna y el delegado official dió lectura al Decreto y al Programa.  Gálvez Molina fue el destinado: con voz que se oyera a doscientas varas, soltó la ristra de donaries que componían uno y otro documento.

Las bocacalles estaban apretadas de gentes; un público heterogéneo, desde el varón severo a la damisela escurridiza, reían de buena gana con los flechazos de los estudiantes.  Los hombres del día salían despedazados: Estrada Cabrera, Juan Barrios, Wenceslao Chacón, los ministros y autoridades, amén de unos cuantos catedráticos, satirizados con la más picante travesura.

Resonaron los triquitraques y las sonoridades de la marimba. ¡Adentro todos! Alguien tubo la ocurrencia de llamar un fotógrafo y fue Pepe García el que acudió con su cámara y sus placas.  Se hizo el grupo.  Para evitar que gente extraña se metiera en donde no cabía, se cerraron las puertas y los muchachos se enracimaron en mitad del patio mayor.  Pepe García apenas se las entendía con aquel enjambre de endemoniados.

De pronto, Marciano Castillo, subido en la parte más alta de la Fuente central, gritó

– ¡Muchachos, allí está la policía: fuera con ella!

Varios agentes de la policía trataban, desde la calle, de abrir la puerta de la reja y forcejaban por romper las cadenas que la aseguraban.  Al grito de Marciano, todos los estudiantes volvieron la cara y gritaron a una:

– ¡Fuera! ¡Fuera los orejas! ¡Fueras los sinvergüenzas! ¡Fuera la canalla!

Los agentes cerraban los puños, amenazadores; los estudiantes les cubrían de frases duras y se reían de sus inútiles esfuerzos por franquear la entrada.  En medio de las burlas, se vió que la puerta lateral, una puerta de escape situada al norte se abría violentamente y una corriente impetuosa de policiales, como un desbordante de agua sucia, inundó los corredores. Iban a la cabeza los de la montada, un cuerpo de agentes feroces, célebres por su crueldad, por la sumisión al amo, por la violencia de los procedimientos, por la impunidad de sus actos.  En los momentos graves, los de la montada eran los que resolvían las cuestiones…

Virgilio Mejicanos, un buen compañero, muerto ya, se plantó en medio de uno de los corredores y apostrofó a los policiales.  Un golpe brutal derribó al estudiante.  Miguel Prado, que estaba en el fondo del corredor, no pudo contener su indignación y gritó furiosamente:

– ¡Ah, canallas, no se pega así!

El número de agentes aumentaba, como en un reborbotar maldito.  A las palabras de Prado, enfilaron a él su agresividad y, los palos en alto y las pistolas en guardia, avanzaron con gestos matadores.  Miguel, en aquellos momentos, recordó que llevaba en el bolsillo un revólver, envuelto en un enorme pañuelo de seda; la portación de aquella arma era incidental. Al verse amenazado, valientemente requirió el arma y al sentir los primeros golpes de baton, descargó el primer tiro.  La bala vació un ojo a uno de los esbirros.

En esos momentos, Bernardo Lemus, estudiante salvadoreño, muchacho muy bien parecido, estudioso, apartado de todo lo que significara desorden y que, en aquellos días estaba para someterse al último examen, pasó del corredor que está al oriente, para dirigire por el corridor del norte, busca de la salida.  Al llegar al ángulo, uno de los agentes parapetado tras de la pilastra, disparó secamente su revólver.  Lemus se llevó violentamente las manos al pecho y, sin una sola exclamación, cayó de espaldas.  Un ligero sacudimiento contrajo su cuerpo y no se movió más.  La bala le había partido el corazón.

Los policiales seguían un tiroteo espantoso, sin acertar con el blanco.  Los muchachos se replagaron a la Secretaría y, en esos instantes, se oyó por la calle, pasaba una cabalgata.  Era Estrada Cabrera, metido en su coche y rodeado de edecanes.  Supo lo de la huelga y quiso, en un arranque único, llegar personalmente hasta los estudiantes.  Para resguardarse mandó a la policía por delante, con tan mal suceso, que los esbirros entraron a golpes de palo y disparos de revólver.  Cuando Estrada Cabrera oyó el tiroteo, prudentemente siguió de largo.

Aquel suceso, como todos los sucesos que merecían reprobación, pasó en silencio para los guatemaltecos.  La sangre del estudiante quedó vertida como si se hubiera  tratado de in cordero.  No hubo una protesta, una sola manifestación de reproche; así la tiranía se enseñoreó sobre nuestro pueblo muy merecidamente.


BIBLIOGRAFIA:


Huelga de Dolores de 1903: primera víctima mortal entre los estudiantes de la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado (primera parte)

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Estudiantes de Derecho y Notariado en aquel 1 de abril de 1903. Imagen de José García, tomada momentos antes de la incursión de la guardia del presidente.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el artículo publicado por el renombrado escritor Federico Hernández de León en su obra “El Libro de las Efemérides” en 1924.  Las cosas curiosas que se desprenden de este excelente artículo son:

  1. El gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera ya era una férrea dictadura en 1903.
  2. Solamente las Escuelas Facultativas de Derecho y de Medicina y Farmacia participaban en la Huelga de Dolores.  La de Ingeniería no lo hacía.
  3. El licenciado Hernández de León escribió su artículo en la década de 1920 y se refiere a la Huelga de Dolores en pretérito, ya que la Huelga desapareció en 1908 y no resurgió sino hasta 1921, luego de la caída de Estrada Cabrera.  (Por cierto, la Huelga desapareció nuevamente durante el gobierno del general Jorge Ubico, entre 1931 y 1944).
  4. Las Escuelas Facultativas eran dependencia del Ministerio de Instrucción Pública y el presidente de la República era quien designaba a las autoridades y docentes.
  5. Solamente había doscientos estudiantes universitarios en total, quienes recurrían al ingenio y no a la vulgaridad para realizar sus denuncias.  Lo que no menciona Hernández de León, es que esos doscientos estudiantes eran de las familias criollas del país y de las de la región centroamericana.
  6. La Cervecería de los Castillo ya enviaba el contingente de esta bebida alcohólica para los estudiantes.

He aquí la primera parte del artículo:

Las huelgas anuales de los estudiantes, eran notas seguras en los meses de marzo y abril.  Los estudiantes de Derecho elegían cualquier día de la cuaremas y, los de Medicina, indefectiblemente, el Viernes de Dolores.  Los estudiantes de Ingeniería, sometidos a la seriedad de los números y al prosaísmo de los teodolitos, permanecían alejados de las zalagardas escolares.

Fiscalizadas las imprentas por los sabuesos del regimen, no era dable publicar manifestación alguna que rompiera el ritmo de la paz varsoviana.  Los estudiantes adobaban un Decreto de declaratoria de Huelga y un Programa de los festejos.  En esos documentos había un derroche de ingeniero fresco, jocundo, cascabelero, sin vulgaridades salidas de tono.  El “Vos Diréis” ya no se imprimía ni en la vecina república salvadoreña, así era el espanto que provocaba la dictadura.

Aquel año de 1903, los hijos de Palas eligieron el primer día de abril, del mes cantado por Diéguez, para la declaratoria solemne y bulliciosa de la huelga.  Era decano de la Facultad don Salvador Escobar, el maestro más maestro de cuantos ha dado nuestra próvida tierra, y Ministro de Educación Pública don José Antonio Mandujano, que ya por aquel entonces parecía un escapado del Valle de los Reyes.

Estrada Cabrera entraba en el sexto año de su loco reinado:  cinco años largos y corridos de fastidiar a los guatemaltecos.  Aun no había podido someter a los muchachos, que daban muestras de independencia y sabías ser estudiantes por sus estudiantadas.  De ellos partían las voces de protesta, las frases de insurrección, las manifestaciones de rebeldía y la expresión franca de la inconformidad con el régimen de fuerza imperante. Nacían y morían los periódicos nacionales y, desde las tribunas del gremio, se lanzaban los apóstrofes.  El despotismo no podia con el mundo de los estudiantes.

Por la mañana de aquel primero de abril llegaron los estudiantes a la perspectiva de la huelga.  Los primeros fueron, precisamente, los que llegaban por ultimo a sus clases.  Empezó el revolverse de grupos, el disponer y organizer las comisiones y el comentar la última disposición oficial: los huelguistas no podían salir a la calle, como era uso y costumbre, y su fiesta se celebraría dentro del propio edificio.  La empresa del tranvía se resistió a dar las plataformas que otrora cediera con espontánea largueza, y no era cosa de ponerse a buscar en aquellas horas, carretones en donde meterse toda la muchachada.  Los hermanos Castillo mandaron su contingente de barriles de cerveza, contingente establecido de muchos años atrás.

Continúa…


BIBLIOGRAFIA: