2 de abril de 1885: muere el general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, en una de las primeras batallas de su campaña militar para reunificar Centroamérica

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El general J. Rufino Barrios murió el 2 de abril de 1885 tratando de unificar Centroamérica bajo su filosofía liberal.  Desde entonces, los gobiernos liberales que le siguieron se dedicaron a engrandecer su memoria, llamándolo “El Reformador” y culpando a su Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, de todas las atrocidades que ocurrían en contra de los opositores al regimen en las ergástulas de la Penitenciaría Central.  Por cierto, que Barrundia murió en 1890, tratando de derrocar al gobierno del general Manuel Lisandro Barillas, a bordo del buque estadounidense “Acapulco” que los transportaba de México a El Salvador para unirse a la revuerta de los Ezeta en ese vecino país y que amenazaba con invader Guatemala y derrocar a Barillas.  Desde ese momento, la demonización del personaje de Barrundia fue completa.

A su muerte, Barrios dejó una cuantiosa fortuna acumulada durante su gobierno, la cual fue heredada por su esposa, Francisca Aparicio de Barrios, quien la disfrutó en Nueva York y España.  El documento original del inventario de los bienes de Barrios fue elaborado sobre la base de una auditoría realizada el 3 de agosto de 1885 por Carlos F. Murga, a quien le pagaron seis mil pesos por sus servicios. Al respecto dijo el reputado historiador liberal Federico Hernández De León en 1924:

“Algo se han aquietado las pasiones y los espíritus serenos demarcan el valor legítimo de Barrios. En las responsabilidades que deben deducirse, saldrán los procedimientos crueles, que más tarde perpetuaron como si se tratase de un sistema. Y también se significará el poco escrúpulo en el manejo de la hacienda, que en los días del gobierno conservador, se mantuviera con respeto.  Los presidents Carrera y Cerna murieron sin dejar mayors bienes de fortuna, en tanto que la testamentaría de don Rufino, alcanzó los millones…”

BIBLIOGRAFIA:

 

31 de marzo de 1970: commando urbano de las Fuerzas Armadas Rebeldes secuestra al embajador de Alemania Occidental, Karl von Spreti.

 

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Monumento a Colón, obra de Tomás Mur, cuando fue inagurado en la Plaza de Armas de Guatemala en 1896, con motivo del IV centenario de Descubrimiento de América.  Fotografía de “La Ilustración Guatemala”, tomada de Wikimedia Commons.

 

Tras la derrota contrainsurgente en el Oriente de Guatemala en 1968, la cual fue encabezada por el coronel Carlos Arana Osorio -a quien apodaron “El Chacal de Oriente” por sus métodos militares- la guerrilla quedó muy debilitada y casi eliminada.  Para contrarrestar esto, el commando urbano de las Fuerzas Armadas Rebeldes realizó misiones muy ambiciosas, como el fallido secuestro del embajador de los Estados Unidos, John Gordon Mein, quien murió asesinado en la Avenida de la Reforma en agosto de ese año al resistirse.

El 31 de marzo de 1970, en las proximades del monumento a Cristóbal Colón en la Avenida de las Américas de la Ciudad de Guatemala, secuestraron al embajador de Alemania Occidental, Karl von Spreti. El 1 de abril las FAR confirmaron que el embajador estaba en su poder y exigieron la liberación de numerosas personas detenidas que, a juicio de los insurgentes, corrían peligro de ser asesinadas; y agregaron como exigencia el pago de US$700,000. Establecieron como plazo para cumplir estas condiciones las tres de la tarde del 4 de abril y manifestaron que de lo contrario «procederían a ajusticiar al autor intelectual y material de la política imperialista».​ El 5 de abril, los plagiarios señalaron que el plazo estaba agotado y en la noche la policía descubrió el cadáver del embajador en las cercanías de San Pedro Ayampuc, a diecisiete kilómetros de la capital. Un dirigente de las FAR declaró años más tarde a la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas: «El Gobierno no accedió a las presiones y el comando de la región urbana ejecuta al embajador para demostrar que no estaban jugando y que hablaban en serio».

BIBLIOGRAFIA:

30 de marzo de 1963: general Miguel Ydígoras Fuentes es derrocado por su ministro de la Defensa, coronel Enrique Peralta Azurdia

 

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Palacio Nacional de Guatemala en la década de 1960, visto desde el tradicional “peladero” del Parque Centenario.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Estando el gobierno del general Miguel Ydígoras Fuentes en la cuerda floja tras la fuertes protestas civiles y estudiantiles de 1962, el presidente autorizó que el expresidente socialista Juan José Arévalo, líder alrededor de quien se unificaba toda la izquierda, regresara al país y fuera candidato para las elecciones de 1963.

La cúpula del Ejército de Guatemala y las clases altas de la sociedad se opusieron rotundamente, temiendo la posibilidad de que se hubiera un resurgimiento de los gobiernos socialistas de la década de 1944-54. A finales de marzo, los rumores de que Arévalo ingresaría al país arreciaron. El 29 de marzo todos los periódicos del país dieron la noticia en sus portadas de que Juan José Arévalo estaba en Guatemala.

Al día siguiente, en la madrugada del 30 de marzo de 1963, Miguel Ydígoras Fuentes fue derrocado por su ministro de Defensa, el coronel Enrique Peralta Azurdia, quien inmediatamente declaró el estado de sitio y anuló las elecciones de 1963 acusando a Ydigoras de estar a punto de entregar el poder en las manos del enemigo. Ydigoras fue expulsado del país hacia Panamá.

BIBLIOGRAFIA:

  • Melville, Thomas; Melville, Marjorie (1971). Guatemala – Another Vietnam? (en inglés). EE.UU.: Penguin Books.
  • Palmieri, Jorge (2007). «Autobiografía fotográfica». Blog de Jorge Palmieri. Archivado desde el original el 8 de julio de 2014.

29 de marzo de 1823: tras la caída del Imperio de Iturbide, Vicente Filísola convoca a elecciones para Asamblea Constituyente de Centro América

 

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Vicente Filísola. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de la caída del Imperio de Agustín de Iturbide, el representante del extinto imperio, el mexicano Vicente Filísola (entonces Jefe Superior de Guatemala) convocó a elecciones para para redactar la Constitución de la República Federal Centroamericana 29 de marzo de 1823 con delegados electos en los países que conformaban la República Federal.

 

Las sesiones de la Asamblea se inauguraron el 23 de junio de ese año en el Salón Mayor de la Pontificia Universidad de San Carlos en la Ciudad de Guatemala, y el 1 de julo se declara a Centroamérica independiente de España y de México.

Los conflictos se iniciaron casi de inmediato entre los representantes de los criollos liberales y los de los conservadores. Estos dos grupos estaban conformados por grupos con diferencias irreconciliables: por un lado, los liberales eran todos aquellos criollos que poseían haciendas en las áreas rurales de las provincias centroamericanas mientras que los conservadores residían en las principales ciudad (especialmente en la Nueva Guatemala de la Asunción) y habían colaborado estrechamente con las autoridades civiles, militares y comerciales de España durante la colonia. Adicionalmente, los conservadores eran los principales miembros de las órdenes regulares de la Iglesia Católica, que eran las organizaciones económicamente más fuertes desde la colonia.

Los liberales querían un cambio de gobierno, que les permitiera alcanzar el poder que no habían tenido durante la colonia, mientras que los conservadores se resitían a perderlo. Esto degeneraría en una guerra civil en la que los liberales estuvieron a punto de establecer la República Federal a su medida, si no hubiera sido por el surgimiento del caudillo conservador guatemalteco Rafael Carrera.

BIBLIOGRAFIA:

  • González Davison, Fernando (2008). La montaña infinita; Carrera, caudillo de Guatemala. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 84-89452-81-4.
  • Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  • — (1930). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. Tomo III. Sánchez y de Guise.
  • La Gaceta de Guatemala (1855). «Noticia biográfica del señor D. Manuel Francisco Pavón, Consejero de Estado y Ministro de lo Interior del gobierno de la República de Guatemala». La Gaceta de Guatemala (Guatemala: Imprenta La Paz, Palacio de Gobierno de Guatemala) VII (58-62).
  • López Vallecillos, Italo (1966). Gerardo Barrios y su tiempo. San Salvador, El Salvador: Dirección Nacional de Publicaciones del Ministerio de Educación.
  • Morazán, Francisco (1942) [1842]. Testamento y memorias. Honduras: Talleres tipográficos nacionales. p. 60. «Testamento y memorias del general Francisco Morazán: discursos y artículos relativos al héroe. Publicación conmemorativa del primer centenario de su muerte».
  • Pineda Mont, Manuel (1859). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. Tomo I. Imprenta de la Paz.
  • Reyes, Rafael (1885). Nociones de Historia del Salvador. San Salvador, El Salvador: Imprenta Francisco Sagrin
  • Stephens, John Lloyd; Catherwood, Frederick (1854). Incidents of travel in Central America, Chiapas, and Yucatan (en inglés). Londres, Inglaterra: Arthur Hall, Virtue and Co.
  • Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821-1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.
  • — (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  • Zavala Urtecho, Joaquín (1970). «Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia». Revista conservadora del pensamiento centroamericano (Managua, Nicaragua) 2 (112

28 de marzo de 1838: nace el poeta y literato guatemalteco Juan Fermín de Aycinena y Aycinena

 

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Retrato del poeta publicado en “La Ilustración del Pacífico” en 1898.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Juan Fermín de Aycinena y Aycinena nació el 28 de marzo de 1838 en la Ciudad de guatemala y fue fue un poeta y literato guatemalteco. Era hijo de Pedro de Aycinena, quien fue ministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno del capitán general Rafael Carrera y presidente interino tras la muerte de éste en 1865.

Aycinena y Aycinena fue diputado ante la Cámara de Representantes en 1870 y consejero de Estado durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna y Cerna.  Tras el derrocamiento de Cerna en 1871, la familia Aycinena se retiró de la política, y Juan Fermín de Aycinena se dedicó a la escritura y poesía.​ Siendo devoto católico, como todos los miembros de su familia, fungió como secretario de la hermandad San Juan de Dios y fue miembro de la Archicofradía del Santísimo Sacramento.

En 1888 fue uno de los miembros fundadores de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

Aycinena y Aycinena era un hombre tranquilo y pacífico que vivía dedicado a su obra literaria, pero a pesar de ello sufrió un violento ataque en su residencia por parte de un desconocido que lo golpeó brutalmente en la cabeza el 23 de diciembre de 1897. El poeta ya no se pudo recuperar y murió en su casa el 11 de enero de 1898.

BIBLIOGRAFIA:

  • Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario histórico biográfico de Guatemala. Guatemala: Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo. ISBN 99922-44-01-1. 
  • La Ilustración del Pacífico (15 de febrero de 1898). «La lírica guatemalteca está de duelo; Ramón Uriarte y Juan Fermín de Aycinena». La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Síguere y Cía.) II (36).

27 de marzo de 1829: conferencia de Ballesteros para terminar la guerra entre las fuerzas de Morazán y el Estado de Guatemala

 

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Plaza Central de la Ciudad de Guatemala en la década de 1830.  Imagen tomada del libro Amérique centrale. Colonisation du district de Santo-Thomas de Guatemala par la Communauté de l’Union, fondée par la Compagnie Belge de Colonisation. Collection de renseignements publiés ou recueillis par la Compagnie. 

 

Era 1829 y el poder del gobierno conservador a cargo de la República Federal de Centro América era cada día más débil.  Las fuerzas del general liberal Francisco Morazán, al frente del autodenominado “Ejército Defensor de la Ley” asediaban a la ciudad de Guatemala desde febrero de ese año.  La situación era delicada, al punto que el Ministro Plenipotenciario de los Países Bajos, el general Veerneer convocóa a una conferencia de paz el 27 de marzo para intentar llegar a un acuerdo pacífico.

Es interesante ver los diferentes actores que participaron en esa conferencia; por un lado estaba Verneer, a quien le preocupaba la construcción de un canal interoceánico en la region de Nicaragua.  La derrota del gobierno conservador significaba que Holanda perdiera una gran cantidad de tiempo y dinero invertido para la construcción del canal. Tambien estaba la familia Aycinena, conservadores guatemaltecos que abogaban por mantener la misma estructura socioeconómica que había estado vigente durante la época colonial; de hecho, Mariano de Aycinena era el gobernador del Estado de Guatemala y el asesor del presidente federal, el general Arce y Fagoaga.  Y, por último, estaba el líder criollo liberal Francisco Morazán, quien contaba con el apoyo de Inglaterra y abanderaba la causa del liberalismo anticlerical para expulsar a los conservadores del poder.

La conferencia de Ballesteros no llegó a ningun acuerdo, principalmente porque Morazán estaba decidido a hacerse del poder Federal y a saquear cuanto pudiera de los bienes de los conservadores guatemaltecos y de sus principales aliados: las órdenes regulares de la Iglesia Católica.

BIBLIGRAFIA:

Huelga de Dolores de 1903: primera víctima mortal en las celebraciones del holgorio universitario (final)

 

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La Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro, en la época en que ocurrieron estos hechos.  Observese los rieles del tranvía, ue era usado por los estudiantes para sacar sus carrozas. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Presentamos la conclusión del artículo del licenciado Hernández de León sobre los hechos acaecidos en la Facultad de Derecho y Notariado del Centro aquel 1 de abril de 1903:

Y hubo de conformarse el gremio con la celebración interior.  Se soltaron los primeros petardos, anunciadores de la fiesta y en la esquina del edificio -9a. avenida y 10a. calle- se improvise la tribuna y el delegado official dió lectura al Decreto y al Programa.  Galvez Molina fue el destinado: con voz que se oyera a doscientas varas, soltó la ristra de donaries que componían uno y otro document.

Las bocacalles estaban apretadas de gentes; un público heterogéneo, desde el varón severo a la damisela escurridiza, reían de Buena gana con los flechazos de los estudiantes.  Los hombres del día salían despedazados: Estrada Cabrera, Juan Barrios, Wenceslao Chacón, los ministros y autoridades, amen de unos cuantos catedráticos, satirizados con la más picante traverusa.

Resonaron los triquitraques y las sonoridades de la marimba. ¡Adentro todos! Alguien tubo la ocurrencia de llamar un fotógrafo y fue Pepe Garcia el que acudió con su cámara y sus placas.  Se hizo el grupo.  Para evitar que gente extraña se metiera en donde no cabía, se cerraron las puertas y los muchachos se enracimaron en mitad del patio mayor.  Pepe Garcia apenas se las entendía con aquel enjambre de endemoniados.

De pronto, Marciano Castillo, subido en la parte más alta de la Fuente central, gritó

– ¡Muchachos, allí está la policía: fuera con ella!

Varios agentes de la policía trataban, desde la calle, de abrir la puerta de la reja y forcejaban por romper las cadenas que la aseguraban.  Al grito de Marciano, todos los estudiantes volvieron la cara y gritaron a una:

– ¡Fuera! ¡Fuera los orejas! ¡Fueras los sinvergüenzas! ¡Fuera la canalla!

Los agentes cerraban los puños, amenazadores; los estudiantes les cubrían de frases duras y se reían de sus inútiles esfuerzos por franquear la entrada.  En medio de las burlas, se vió que la puerta lateral, una perta de escape situada al norte se abría violentamente y una corriente impetuosa de policiales, como un desbrdante de agua sucia, inundó los corredores. Iban a la cabeza los de la montada, in cuerpo de agentes feroces, célebres por su crueldadl, por la sumisión al amo, por la violencia de los procedimientos, por la impunidad de sus actos.  En los momentos graves, los de la montada eran los que resolvían las cuestiones…

Virgilio Mejicanos, in buen compañero, muerto ya, se plantó en medio de uno de los corredores y apostrofó a los policiales.  Un golpe brutal derribó al estudiante.  Miguel Prado, que estaba en el fondo del corredor, no pudo contener su indignación y gritó furiosamente:

– ¡Ah, canallas, no se pega así!

El número de agentes aumentaba, como en un reborbotar maldito.  A las palabras de Prado, enfilaron a él su agresividad y, los palos en alto y las pistolas en guardia, avanzaron con gestos matadores.  Miguel, en aquellos momentos, recordó que llevaba en el bolsillo un revolver, envuelto en un enorme pañuelo de seda; la portación de aquella arma era incidental. Al verse amenazado, valientemente requirió el arma y al sentir los primeros golpes de baton, descargó el primer tiro.  La bala vació un ojo a uno de los esbirros.

En esos momentos, Bernardo Lemus, estudiante salvadoreño, muchacho muy bien parecido, estudioso, apartado de todo lo que significara desorden y que, en aquellos días estaba para someterse al último examen, pasó del corredor que está al oriente, para dirigire por el corridor del norte, busca de la salida.  Al llegar al ángulo, uno de los agentes parapetado tras de la pilastra, disparó secamente su revolver.  Lemus se llevó violentamente las manos al pecho y, sin una sola exclamación, cayó de espaldas.  Un ligero sacudimiento contrajo su cuerpo y no se movió más.  La bala le había partido el corazón.

Los policiales seguían in tiroteo espantoso, sin acertar con el blanco.  Los muchachos se replagaron a la Secretaría y, en esos instantes, se oyó por la calle, pasaba una cabalgata.  Era Estrada Cabrera, metido en su coche y rodeado de edecanes.  Supo lo dela huelga y quiso, en in arranque único, llegar personalmente hasta los estudiantes.  Para resguardarse mandó a la policía por delante, con tan mal suceso, que los esbirros entraron a golpes de palo y disparos de revolver.  Cuando Estrada Cabrera oyó el tiroteo, prudentemente siguió de largo.

Aquel suceso, como todos los sucesos que merecían reprobación, pasó en silencio para los guatemaltecos.  La sangre del estudiante quedó vertida como si se hubiera  tratado de in cordero.  No hubo una protesta, una sola manifestación de reproche; así la tiranía se enseñoreó sobre nuestro pueblo muy merecidamente.

BIBLIOGRAFIA: